Tema 4
Tema 4
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Existe otra categoría: los derechos humanos. Aunque la doctrina no es unánime, se
acepta que los derechos humanos son aquellos inherentes al ser humano, de carácter y
reconocimiento universal, mientras que los derechos fundamentales serían derechos
humanos positivizados, normalmente en la Constitución. Los derechos humanos
pertenecen al patrimonio cultural de toda la humanidad (Occidente) y su existencia es
autónoma e independiente de cualquier voluntad política, la cual solo puede configurar
cómo se reconocen y el grado de sus garantías concretas. Se trata de una categoría que
no se utiliza tanto en Derecho Constitucional como sobre todo en Derecho Internacional
(ius cogens, Declaración Universal de los Derechos Humanos) o en ámbitos no jurídicos
(Sociología, Ciencias Políticas, etc.).
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derechos atribuidos a “el hombre y al ciudadano”. Se proclamaba que todos los
hombres eran iguales, se suprimieron los privilegios, las elecciones eran libres,
etc.
- La Declaración de Independencia de 4 de julio de 1776 proclamaba como
“inalienables” los derechos “a la vida, la libertad y la búsqueda de la felicidad” y
reconocía como “verdad evidente” que todos los hombres nacían iguales, pero
excluía amplios sectores sociales como las mujeres, los pueblos indígenas y los
esclavos.
- La Constitución de 1787 no contenía una declaración de derechos, la cual fue
incorporada en 1791 mediante las primeras diez enmiendas constitucionales. Se
considera que estos derechos son los primeros “fundamentales”, no tanto por
su incorporación a este Bill of Rights como, sobre todo, porque la sentencia
Marbury vs. Madison (1803), dictada por el juez Marshall, estableció la
supremacía de la Constitución (incluyendo los derechos de las enmiendas) y el
control de constitucionalidad de las leyes por el Tribunal Supremo
norteamericano.
Es en Francia donde tienen lugar las principales construcciones teóricas del
constitucionalismo liberal y donde se sentencia, en el artículo 16 de la Declaración de
los derechos del hombre y del ciudadano (1789), que “toda sociedad en que la garantía
de los derechos no esté asegurada, ni la separación de poderes determinada, no tiene
Constitución”, aunque éste era un texto más programático que jurídico. La Declaración
de los Derechos del Hombre y del Ciudadano fue aprobada en 1789 por la Asamblea
Nacional Constituyente de Francia, constituida durante la Revolución Francesa (1789-
1799); y forma parte de la actual Constitución de 4 de octubre de 1958. Esta declaración
es un producto de la Revolución francesa y, por tanto, de la colaboración entre la
burguesía y sectores populares y urbanos. La impronta de la burguesía queda reflejada
en el hecho de situar en el epicentro de la Declaración el derecho de propiedad como
derecho “sagrado e inviolable”, junto con los otros tres principales derechos
fundamentales del liberalismo burgués: libertad, igualdad y seguridad personal. Las
mujeres no consiguieron entrar en el discurso de los derechos humanos hasta que la
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activista Marie Gouze, bajo el pseudónimo de Olympe de Gouges, escribiera en 1791 la
Declaración de los derechos de la mujer y de la ciudadana.
El constitucionalismo francés causó un gran impacto en el español, por ejemplo en la
Constitución de Cádiz de 1812 y la Constitución de 1837, que fue la primera en
contemplar una declaración de derechos. Más adelante, la revolución francesa de 1848
marcó un punto de inflexión en la evolución del constitucionalismo liberal: por primera
vez, se generaliza la idea que los intereses del “tercer estado” (la burguesía) no son los
mismos que los del “cuarto estado” (los trabajadores y sectores populares).
A finales del siglo XIX y principios del siglo XX, como consecuencia de una nueva crisis
política, social y económica de muchas autocracias y regímenes monárquicos, empiezan
a tomar fuerza las luchas por los derechos sindicales, como la huelga o la libertad
sindical, los derechos de las mujeres y la abolición de la esclavitud. En 1848 destaca el
Manifiesto Comunista de Marx y Engels y la Declaración de Seneca Falls (Nueva York),
que se manifestó en contra de la negación de los derechos de las mujeres. De este modo,
el constitucionalismo liberal se abre hacia el constitucionalismo social, que pretendía
no solo imponer límites al poder público sino también a los poderes privados. La
Revolución Mexicana de 1910 dio lugar en la Constitución de Querétaro de 1917, la
primera al recoger, junto con los derechos civiles y políticos, un amplio catálogo de
derechos sociales.
La alemana Constitución de Weimar de 1919 cambió sustancialmente la concepción de
los clásicos derechos civiles y políticos al vincularlos al reconocimiento de un amplio
catálogo de derechos sociales y a la imposición de cargas y límites al derecho de
propiedad. Siguiendo esta misma tendencia, encontramos la Constitución de la
República Austríaca de 1920 y la de la Segunda República Española de 1931, que
contemplaba derechos sociales específicos y la extensión de los derechos de
participación (sufragio femenino o libertad sindical), así como el recurso de amparo ante
el Tribunal de Garantías Constitucionales.
Como consecuencia del impacto de la Segunda Guerra Mundial y la consiguiente Guerra
Fría entre EE. UU. y la URSS, surge una nueva forma de Estado, el Estado social, que
suponía aceptar una moderación de las expectativas de democratización política y
económica de entreguerras a cambio del blindaje constitucional de ciertos derechos
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civiles, políticos y sociales básicos. Por su parte, a finales de los años sesenta surgieron
nuevas demandas, como las de los pueblos dominados y colonizados por el derecho a la
autodeterminación, de las mujeres y minorías sexuales, de las minorías étnicas y
nacionales, de los trabajadores excluidos de los “pactos sociales” de la posguerra, y en
favor de la defensa del medio ambiente.
A finales del siglo XX, la crisis de la gestión socialcristiana y socialdemócrata de los
programas constitucionales de posguerra dio paso a una creciente hegemonía de
políticas neoliberales y neoconservadoras, que impulsaron medidas privatizadoras en
las constituciones de posguerra, a través de reformas constitucionales, cambios
infraconstitucionales o cambios de interpretación constitucional. Esta tendencia se
agudizó a partir de los años noventa, con la caída del muro de Berlín y la intensificación
de la globalización.
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creencia de que existían diferencias y jerarquías entre los derechos civiles y políticos y
los derechos económicos, sociales y culturales.
Estos textos internacionales, con otros aprobados en el ámbito de la ONU, han
contribuido a delimitar el estándar de protección de los derechos reconocidos en el
interior de los Estados (en España, art. 10.2 CE) y han generado mecanismos
internacionales de supervisión y garantía. Tanto el Comité de Derechos Humanos
(PIDCP) como el Comité de Derechos Económicos, Sociales y Culturales (PIDESC) emiten
dictámenes y recomendaciones y reciben quejas de particulares y de Estados.
Finalmente, tenemos que destacar la conocida como “Declaración de los Derechos de
las Mujeres”: la Convención sobre la eliminación de todas las formas de discriminación
contra la mujer (CEDAW), de la ONU (1979; ratificada por España en 1982).
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3.3. La protección de los derechos en la Unión Europea.
El proceso de integración en la Unión Europea que arranca con el Tratado de París de
1951 por el cual se constituía la Comunidad Europea del Carbón y el Acero (CECA), no se
inicia con el objetivo de mejorar la protección de los derechos humanos (como el
Consejo de Europa), sino con el de instaurar una economía de mercado abierta y de libre
competencia. Por eso, la tutela de los derechos fundamentales quedó subordinada a las
libertades y derechos económicos (libre circulación de trabajadores, bienes, capitales,
servicios y establecimiento). Solo a medida que resultara útil para la construcción del
mercado común, fueron adquiriendo cada vez más protagonismo.
A medida que las instituciones comunitarias asumieron más competencias y a raíz de la
atribución al Derecho europeo de primacía y eficacia directa, los tribunales
constitucional alemán (Solange) e italiano (contralimitti) advirtieron que no permitirían
que el Derecho europeo erosionara los estándares de protección de los derechos
previstos en las constituciones estatales. Es entonces cuando el Tribunal de Justicia de
las Comunidades Europeas afirmó, a partir de la sentencia Stauder (1969), que la
protección de los derechos fundamentales formaba parte de los “principios generales
del Derecho comunitario” y que debían definirse a partir de las “tradiciones
constitucionales comunes de los Estados miembros” y del CEDH.
El Tratado de la Unión Europea de Maastricht (1992) estableció la “ciudadanía de la
Unión”, lo que impulsó derechos políticos y civiles como por ejemplo el derecho a votar
y ser elegido en las elecciones europeas y municipales, el derecho a recurrir al Defensor
del Pueblo Europeo, a la protección diplomática y consular o a circular y residir
libremente en el territorio de los Estados de la Unión. El Tratado de Ámsterdam de 1997
obligó a los Estados miembros a respetar los derechos sociales recogidos en la Carta
comunitaria de los derechos sociales fundamentales de los trabajadores (1989).
Asimismo, estableció la posibilidad de que los derechos de los Estados como miembros
de la UE pudieron ser suspendidos en caso de que se constatara la existencia de una
violación “grave y persistente” de los principios de libertad, democracia y respecto a los
derechos humanos, a las libertades fundamentales y al Estado de derecho (actual art.
7.2 TUE). Por su parte, el Tratado de Niza (2001) añadió un control preventivo en caso
de “riesgo claro de violación grave” de los principios y derechos (actual art. 7.1 TUE).
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En el año 2000 se proclamó la Carta de derechos fundamentales de la Unión Europa
(CDFUE), que introducía derechos nuevos como los vinculados al ámbito de la bioética,
la buena administración o el acceso a servicios gratuitos de colocación laboral. Ahora
bien, fue una carta “proclamada”, pero no “incorporada” a los Tratados, lo cual le
privaba de eficacia vinculante, aunque los órganos de la Unión empezaron a invocarla.
Con el vigente Tratado de Lisboa (2007), el art. 6.1 TUE establece que la CDFUE tiene,
ahora sí, el mismo valor jurídico que los Tratados.
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(tesis historicista), puesto que tiene la virtud del análisis del derecho en su contexto, lo
cual contribuye a comprender por qué los derechos se reconocen o no en un momento
determinado de la historia, cuáles son sus titulares y hasta donde llega su contenido.
Los derechos pueden clasificarse de la siguiente manera:
- Derechos civiles: Derechos y libertades básicas de la persona frente el Estado
que protegen intereses individuales (derecho a la vida, libertad de expresión,
etc.).
- Derechos políticos: Derechos de la ciudadanía a la participación en la
organización de la comunidad política (sufragio, asociación, etc.).
- Derechos sociales: Derechos de prestación que reclaman una actuación por
parte del Estado (derechos laborales, sanidad, educación, etc.).
- Derechos culturales: Derechos que se derivan de la dimensión social del ser
humano (derecho a la propia lengua, a las tradiciones, etc.).
Los derechos civiles, políticos y culturales son “derechos de libertad”: exigen una
abstención de los poderes públicos (actitud negativa). En cambio, los derechos sociales,
como “derechos de prestación”, exigen una actitud activa de los poderes públicos (por
ejemplo, el derecho a la educación requiere la existencia de centros educativos).
Al mismo tiempo, los derechos pueden agruparse en “generaciones” (siguiendo el
modelo de René Cassin):
ÉPOCA DE TIPO
GENERACIÓN VALOR FUNCIÓN EJEMPLOS
ACEPTACIÓN DE DERECHOS
Limitar la Derecho a la
acción del vida, libertad,
Civiles y poder y seguridad,
Primera S. XVIII y XIX Libertad
políticos garantizar la propiedad,
participación voto,
política asociación...
Garantizar Derecho a la
Económicos, unas salud,
Segunda S. XIX y XX sociales y Igualdad condiciones educación,
culturales de vida trabajo,
dignas vivienda…
Derecho a un
Justicia, paz Promover medio
Tercera S. XX y XXI y Solidaridad relaciones ambiente
solidaridad pacíficas limpio, a la
paz…
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La clasificación por generaciones, no obstante, conduce a confusión, porque los
derechos no evolucionaron de manera unidireccional, como auténticas “generaciones”
que se suceden automáticamente una detrás la otra. Al contrario, en la conflictiva
historia de los derechos podemos encontrar avances y retrocesos en cuanto al
contenido, en cuanto a los titulares y sujetos obligados y en cuanto a los mecanismos de
tutela o garantía. Ahora bien, sí podemos constatar una evolución desde una concepción
de los derechos fundamentales como límite frente a los abusos de poder (garantizabas
frente el legislador) y como derechos subjetivos de protección (Estado legal de Derecho),
hacia una consideración de los derechos como mandatos de actuación (Estado
constitucional de Derecho), fruto del surgimiento del Estado social.
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La pretensión es una expectativa de acción jurídica que una norma (en este caso, la
Constitución) reconoce a un persona, individual o colectiva (sujeto activo o titular)
frente a un otra (sujeto pasivo) por la cual se establece entre ellas una relación jurídica
que permite al titular el uso y disfrute del conjunto de facultades que conforman el
contenido del derecho, quedando el sujeto pasivo obligado por aquellas.
La pretensión, que cuenta con un sistema de protección o garantía que la hace efectiva,
puede consistir en que un tercero actúe, que no actúe o que permita ejercer un poder
propio capaz de incidir en una relación jurídica determinada (competencia).
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ocasiones, legitimar restricciones al ejercicio de algunos derechos para proteger
otros derechos o bienes constitucionalmente protegidos.
- Hacia los poderes públicos: Los derechos funcionan como mandatos de
optimización (normas-principios) que imponen a los poderes públicos la
obligación de actuar positivamente en favor de su mayor eficacia.
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La “vinculación” comprende la eficacia positiva y negativa, razón por la
cual solo se utiliza el término en relación con los poderes públicos. Los
ciudadanos solo tienen la obligación de no vulnerar los derechos
(vinculación negativa), pero no una vinculación positiva.
o Eficacia horizontal o eficacia entre particulares: Conforme el art. 9.1 CE,
los ciudadanos están sujetos en la Constitución y al resto del
ordenamiento jurídico. Los particulares solo quedan vinculados
negativamente: su obligación es no vulnerar los derechos fundamentales.
Aquéllos que han visto lesionados sus derechos en las relaciones entre
particulares pueden obtener la tutela de los jueces y tribunales y, si la
lesión no es reparada por éstos, se entiende, a efectos del recurso de
amparo ante el TC, que ha sido el órgano judicial, como poder público, el
autor de la lesión.
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o Límites externos: La norma constitucional o los poderes públicos han
introducido alguna restricción en el contenido estructural del derecho.
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- El límite externo o restricción no puede afectar al contenido esencial del
derecho.
- Cualquier restricción del derecho, aunque no afecte al contenido esencial, tiene
que respetar el principio de proporcionalidad entre la restricción introducida y
el mantenimiento de la fuerza y la eficacia del derecho regulado, lo que se evalúa
mediante los siguientes criterios (test de constitucionalidad):
o Adecuación o idoneidad: La medida adoptada tiene que ser un
instrumento adecuado para conseguir el fin legítimo pretendido.
o Cláusula menos onerosa o principio de necesidad: La restricción no tiene
otra alternativa o medida menos agresiva para poder obtener la finalidad
que se pretende.
o Proporcionalidad estricta o razonabilidad: Tiene que producirse un
equilibrio razonable entre la porción rechazada del derecho y el bien que,
en cambio, se consigue.
Se puede hablar también de límites implícitos para referirse a las limitaciones
producidas para la defensa de bienes generales no expresamente enunciados en la
Constitución y que son exigibles como consecuencia de determinaciones jurídicas
extraconstitucionales (tratados internacionales o derivados de la pertenencia a
organizaciones internacionales).
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Constitución reconoce se interpretarán en conformidad con la DUDH y los
tratados y acuerdos internacionales sobre estas materias ratificados por España:
o Por esta vía no se puede dar rango constitucional a los derechos y
libertades internacionales proclamados si no lo están también en la
Constitución.
o No ampara una interpretación más restrictiva que la establecida en la
Constitución.
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6.2. La regulación de los derechos en los Estatutos de autonomía.
La mayor parte de los Estados compuestos (federales o regionales) reconocen catálogos
de derechos en las instancias central y descentralizadas. Como regla general, la
Constitución federal o de la instancia central asegura un régimen básico de los derechos
que actúa como denominador común para todo el territorio y para el conjunto de
poderes públicos y ciudadanos del Estado. Además, dentro de ese marco, las instancias
subestatales disponen de un margen para adaptar el reconocimiento de los derechos a
su ejercicio del autogobierno, en el ámbito de sus competencias y sin contradecir la
Constitución federal o estatal.
Los Estatutos de Autonomía resultantes de las reformas iniciadas en 2006 incorporaron
a su articulado catálogos de derechos, pudiendo distinguir dos categorías:
- Estatutos que recogen declaraciones amplias de derechos, deberes y principios
rectores, así como mecanismos específicos de garantía y previsiones concretas
dirigidas a reforzar su efectividad. Es el caso de los Estatutos de Catalunya,
Andalucía o, en cierta medida, Castilla y León.
- Estatutos con un listado más selectivo y sintético. Es el caso de la Comunitat
Valenciana, Illes Balears y Aragón.
Los derechos consagrados son, en la mayoría de los casos, reformulaciones y
actualizaciones de derechos ya reconocidos en la Constitución, en la legislación ordinaria
estatal o autonómica y en declaraciones y tratados internacionales.
En el Estatuto de Autonomía de la Comunitat Valenciana el catálogo de derechos lo
encontramos en el Título II, “De los derechos de los valencianos y valencianas” (arts. 8 a
19).
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CAPÍTULO ARTÍCULOS DERECHOS / CONTENIDO DENOMINACIÓN
Fundamentos del
orden político y la
paz social y cláusula
Art. 10
internacional de
interpretación de los
derechos.
Capítulo I. De los
españoles y los Arts. 11-13
extranjeros.
Capítulo II. Derechos y libertades.
Art. 14 Igualdad ante la ley.
Derechos civiles y de Derechos
participación y constitucionales
Sección 1ª. De los
derechos sociales fundamentales o
derechos
Arts. 15-29 como el derecho a la derechos
fundamentales y de
educación, la fundamentales
las libertades públicas.
libertad sindical y la [disfrutan de todas
huelga. las garantías]
Derechos
patrimoniales, como
Derechos
el derecho de
Sección 2ª. De los constitucionales no
propiedad y la
derechos y deberes de Arts. 30-38 fundamentales
libertad de empresa,
los ciudadanos. [tienen una
y derechos sociales
protección reducida]
laborales, como el
derecho al trabajo.
Derechos sociales no
laborales, como a la Principios rectores o
Capítulo III. De los
protección de la mandatos [su eficacia
principios rectores de
Arts. 39-52 salud, la cultura, el dependerá de su
la política social y
medio ambiente configuración por
económica.
adecuado y la parte del legislador]
vivienda.
Capítulo IV. De las
garantías de las
Arts. 53-54
libertades y derechos
fundamentales.
Capítulo V. De la
suspensión de los Art. 55
derechos y libertades.
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Aunque existe en la Constitución una confusión terminológica, consideraremos como
“derechos constitucionales” todos los reconocidos en el texto constitucional, tanto los
del Título I como los situados fuera, tanto aquellos reconocidos mediante normas
completas y directamente exigibles como aquellos reconocidos en normas incompletas
cuya exigibilidad vendrá determinada por el desarrollo legislativo correspondiente. En
cambio, limitaremos los “derechos fundamentales” a los reconocidos en la Sección 1ª
del Capítulo II del Título I de la Constitución.
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“1. Los derechos y libertades reconocidos en el Capítulo segundo del presente Título vinculan a todos
los poderes públicos. Sólo por ley, que en todo caso deberá respetar su contenido esencial, podrá
regularse el ejercicio de tales derechos y libertades, que se tutelarán de acuerdo con lo previsto en el
artículo 161, 1, a).
2. Cualquier ciudadano podrá recabar la tutela de las libertades y derechos reconocidos en el artículo 14
y la Sección primera del Capítulo segundo ante los Tribunales ordinarios por un procedimiento basado en
los principios de preferencia y sumariedad y, en su caso, a través del recurso de amparo ante el Tribunal
Constitucional. Este último recurso será aplicable a la objeción de conciencia reconocida en el artículo 30.
3. El reconocimiento, el respeto y la protección de los principios reconocidos en el Capítulo tercero
informarán la legislación positiva, la práctica judicial y la actuación de los poderes públicos. Sólo podrán
ser alegados ante la Jurisdicción ordinaria de acuerdo con lo que dispongan las leyes que los desarrollen”.
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▪ “Desarrollo” debe interpretarse en sentido estricto: La ley debe
ser orgánica sólo si pretende un “desarrollo legislativo directo”
que afecte a las cuestiones básicas y esenciales de los derechos o
libertades, pero será ordinaria si sólo incluye una regulación que
incida en su esfera o los afecte indirectamente.
▪ “de los derechos fundamentales y de las libertades públicas”:
Queda reducido a los derechos y libertades que están regulados
en la Sección 1ª del Capítulo II del Título I CE y el art. 14 CE.
o Respecto del contenido esencial intangible (arte. 53.1 CE): Según la STC
11/1981, el contenido esencial de un derecho es aquella parte del
contenido de un derecho sin la cual éste pierde su peculiaridad y que es
ineludiblemente necesaria para que el derecho permita a su titular la
satisfacción de aquellos intereses para cuya consecución se otorga el
derecho.
o Procedimiento judicial preferente y sumario (art. 53.2 CE).
o Recurso de amparo ante el Tribunal Constitucional (art. 53.2 CE).
También cabe para la objeción de conciencia del art. 30.2 CE.
o Recurso de inconstitucionalidad (art. 161.1.a) CE).
- Sección 2ª – Capítulo II – Título I:
o Eficacia inmediata (art. 9.1 CE).
o Vinculación a todos los poderes públicos (art. 53.1 CE).
o Reserva de ley ordinaria para regular su ejercicio (art. 53.1 CE y, a sensu
contrario, art. 81.1 CE).
o Respecto del contenido esencial intangible (art. 53.1 CE).
o Recurso de inconstitucionalidad (art. 161.1.a) CE).
- Capítulo III – Título I: Los principios rectores de la política social y económica
informan la legislación positiva, la práctica judicial y la actuación de los poderes
públicos, pero no son derechos subjetivos directos. Son principios a desarrollar
mediante una ley con posible forma de derechos. Su eficacia no es inmediata,
sino mediata, carecen de contenido esencial, no existe reserva específica de ley
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y su sola advocación constitucional no es objeto de protección jurisdiccional
directa.
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a la autoridad y disciplina militar de la actuación del poder público, bajo
la dirección del Gobierno.
o Requisitos: Declaración por la mayoría absoluta del Congreso de los
Diputados, a propuesta exclusiva del Gobierno. El Congreso determinará
el ámbito territorial, la duración y las condiciones.
- ESTADO DE ALARMA (art. 116.2 CE): El estado de alarma, el único que se ha
declarado2, no comporta una suspensión de derechos o libertades
fundamentales, pero sí una posible limitación de su ejercicio. Su efecto
fundamental es la concentración de todo el personal de las Administraciones
Públicas bajo la dirección de una sola autoridad: el Gobierno o el Presidente de
la Comunidad Autónoma por delegación de aquél.
o Motivos:
▪ Catástrofes, calamidades o desgracias públicas como terremotos,
inundaciones, incendios urbanos y forestales o accidentes de gran
magnitud.
▪ Crisis sanitarias como epidemias o situaciones de contaminación
graves.
▪ Paralización de servicios públicos esenciales para la comunidad.
▪ Situaciones de desabastecimiento de productos de primera
necesidad.
o Requisitos: Declaración por el Gobierno mediante un Decreto acordado
en Consejo de Ministros, por un plazo máximo de quince días; tendrá que
dar cuenta en el Congreso de los Diputados, que será reunido
inmediatamente a tal efecto, y este plazo no podrá ser prorrogado sin la
autorización de esta misma Cámara. El Decreto determinará el ámbito
territorial al cual se extienden los efectos de la declaración.
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Real Decreto 1673/2010, de 4 de diciembre, por el que se declara el estado de alarma para la
normalización del servicio público esencial del transporte aéreo; Real Decreto 463/2020, de 14 de marzo,
por el que se declara el estado de alarma para la gestión de la situación de crisis sanitaria ocasionada por
el COVID-19; Real Decreto 900/2020, de 9 de octubre, por el que se declara el estado de alarma para
responder ante situaciones de especial riesgo por transmisión no controlada de infecciones causadas por
el SARS-CoV-2; Real Decreto 926/2020, de 25 de octubre, por el que se declara el estado de alarma para
contener la propagación de infecciones causadas por el SARS-CoV-2.
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Derechos y libertades afectados:
- Derechos y libertades que pueden ser suspendidos en los estados de excepción
y sitio:
o Libertad y seguridad personales (art. 17 CE): Detención durante un plazo
máximo de 10 días, debiendo comunicarse la detención al juez en 24
horas. No afecta al habeas corpus. Sólo en el estado de sitio es posible la
suspensión de las garantías del detenido del art. 17.3 CE: información de
derechos y razones de la detención y asistencia letrada durante las
diligencias policiales y judiciales.
o Derecho a la inviolabilidad del domicilio (art. 18.2 CE).
o Derecho al secreto de las comunicaciones (art. 18.3 CE).
o Libertad de circulación y residencia (art. 19 CE).
o Derechos a la libertad de expresión e información (art. 20.1.a y d CE) y el
secuestro de las publicaciones, grabaciones u otro medio de información
(art. 20.5 CE). No afecta a la prohibición de censura previa.
o Derechos de reunión y manifestación (art. 21 CE). Se excluyen las
realizadas por partidos políticos, sindicatos u organizaciones
empresariales.
o Derechos de huelga y adopción de medidas de conflicto colectivo (arts.
28.2 y 37.2 CE).
- Derechos y libertades que pueden ser limitados en el estado de alarma (entre
otros): Es posible:
o Limitar la circulación a determinadas horas o lugares.
o Intervenir y ocupar transitoriamente locales, excepto domicilios
privados.
o Limitar o racionalizar el uso de servicios y el consumo de artículos de
primera necesidad.
o Intervenir empresas o servicios.
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Garantías de la suspensión:
- La suspensión es una medida excepcional que tiene que adoptarse con carácter
transitorio y de forma proporcionada a las circunstancias, debiendo durar el
tiempo mínimo indispensable para el restablecimiento de la normalidad
constitucional.
- El Congreso no podrá ser disuelto mientras estén declarados algunos de los
estados excepcionales y durante la vigencia de éstos no podrá interrumpirse el
funcionamiento de las Cámaras ni el de los otros poderes constitucionales del
Estado (art. 116.5 CE).
- Todos los actos de la autoridad gubernativa adoptados durante su vigencia son
impugnables en vía jurisdiccional (art. 116.6 CE).
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