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Muñoz Karl Marx

El documento analiza la filosofía de la historia de Karl Marx, destacando su continuidad con corrientes ideológicas del siglo XIX y su enfoque en el materialismo histórico. Marx argumenta que las relaciones de producción determinan la conciencia social y que las contradicciones entre fuerzas productivas y relaciones de propiedad impulsan el cambio social. Se enfatiza la lucha de clases como motor de la historia y la importancia de las condiciones materiales en la evolución de las sociedades.

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Muñoz Karl Marx

El documento analiza la filosofía de la historia de Karl Marx, destacando su continuidad con corrientes ideológicas del siglo XIX y su enfoque en el materialismo histórico. Marx argumenta que las relaciones de producción determinan la conciencia social y que las contradicciones entre fuerzas productivas y relaciones de propiedad impulsan el cambio social. Se enfatiza la lucha de clases como motor de la historia y la importancia de las condiciones materiales en la evolución de las sociedades.

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r

238 jACOBO MuÑOZ FILOSOFÍA DE LA HISTORIA 239

ca de la misma-, que constituye uno de los ejes del pensamiento


1. KARL MARX marxiano globalmente considerado, apenas fue desarrollada, cuan­
to menos sistemáticamente, por el autor de El Capital Sus años de
«Marx es el continuador y consumador genial de las tres madurez estuvieron dedicados, en efecto, a la elaboración in extenso
principales corrientes ideológicas del siglo XIX, que tuvieron de su «crítica de la economía política», a la que fue muy pronto ani­
por cuna a los tres países más avanzados de la humanidad: la mado por Engels2. Y, sin embargo, es en ese espacio teórico donde
filosofía clásica alemana, la economía política inglesa y el socia­ hay que buscar el silencioso, pero no por ello menos potente, des­
lismo francés, unido a las doctrinas revolucionarias francesas en pliegue del materialismo histórico, por mucho que en textos como
general», dice la famosa fórmula sintetizadora de Lenin 1. Si nos La Ideología alemana de 1846 o el propio Manifiesto comunista, re­
referimos, más concretamente, a su teoría de la historia, podría dactado por Marx y Engels a solicitud del segundo congreso de la
matizarse el análisis diciendo que Marx es el continuador del Liga Comunista y publicado en Londres en 18483, ofrecieran ya
racionalismo ilustrado del siglo XVIII, de la economía política importantes aproximaciones al mismo. E incluso, como en este úl­
inglesa, del socialismo francés y de la dialéctica hegeliana. No timo documento, una presentación sintética de sus rasgos esenciales
es difícil darse cuenta -y ya lo hemos ido sugiriendo en apar­ y una reconsideración, fiel a ellos, de la historia universal.
tados anteriores- que estas cuatro corrientes tienen un tronco Lo cierto es, en cualquier caso, que el texto fundamental al
común, fluyen de una misma fuente y que sus aguas se con­ respecto, que parece obligado reproducir, es el famoso Prefacio
funden con frecuencia. Llama, por lo demás, la atención que a la Contribución a la crítica de la economía política4, tantas ve­
Marx y Engels se entregaran a la elaboración de esta síntesis, ces repetido como mal interpretado:
enriquecida y elevada a producto enteramente nuevo por lo
que ellos aportaron, en momentos en que el mundo académico El resultado general a que llegué y que, una vez obtenido,
marchaba por otros derroteros y rechazaba -o ignoraba- la me sirvió de guía para mis estudios, puede formularse breve­
mayor parte de los elementos integrados en ella. mente de este modo: en la producción social de su existencia,
los hombres entran en relaciones determinadas, necesarias, in­
dependientes de su voluntad; estas relaciones de producción
2. LA TEORÍA MARXIANA DE LA HISTORIA corresponden a un grado determinado de desarrollo de sus fuer­
zas productivas materiales. El conjunto de estas relaciones de
Marx, que heredó y reformuló, sin duda, la tesis dialéctica del ca­ producción constituye la estructura económica de la sociedad,
rácter productivo de la negatividad, no elaboró nunca una filosofía la base real, sobre la que se eleva una superestructura jurídica y
especulativa teleológicamente orientada de la historia al modo de la
agustiniana o de la hegeliana, a las que nuestra tradición cultural debe, 2 Engels publicó en los Anales franco-alemanes a comienzos de la cuarta
por cierto, aunque no sin notables precedentes, tanto el descubrimien­ década del siglo XIX un «Esbozo de crítica de la economía política» que
to de la historicidad como los primeros esfuerzos sistemáticos en el ca­ animó a Marx a estudiar economía, con el conocido resultado inicial de sus
mino de la construcción de una (posible) inteligi,bilidadde la historia. Manuscritos del 44, que no verían la luz hasta 1932, fecha de su publicación
Y la teoría marxiana de la historia --en realidad: una filosofía críti- por Landshut y Mayer.
3 Marx, K. y Engels, F., Manifiesto comunista, edición de Jacobo Mu­
ñoz, Madrid, Biblioteca Nueva, 2000.
1
V. l. Lenin, «Carlos Marx», en Obras Escogidas, Moscú, Progreso, 4 Marx, K., Contribución a la crítica de la economía política, trad. case.
1970, I, pág. 28. de J. Merino, Madrid, Alberto Corazón, 1970.
240 ]ACOBO MuÑOZ FILOSOFÍA DE LA HISTORIA 241

política y a la que corresponden unas formas determinadas de tantas épocas progresivas de la formación social económica. Las
conciencia. El modo de producción de la vida material condi­ relaciones burguesas de producción son la última forma anta­
ciona el proceso de vida social, política e intelectual en general. gónica del proceso de producción social, no en el sentido de un
No es la conciencia de los hombres la que determina su ser; por antagonismo individual, sino en el de un antagonismo que nace
el contrario, su ser social es el que determina su conciencia. Du­ de las condiciones sociales de existencia de los individuos; las
rante el curso de su desarrollo, las fuerzas productoras de la so­ fuerzas productoras que se desarrollan en el seno de la sociedad
ciedad entran en contradicción con las relaciones de producción burguesa crean al mismo tiempo las condiciones materiales para
existentes, o, lo cual no es más que su expresión jurídica, con las resolver este antagonismo. Con esta formación social termina,
relaciones de propiedad, en cuyo interior se habían movido has­ pues, la prehistoria de la sociedad humana5 .
ta entonces. De formas de desarrollo de las fuerzas productivas
que eran, escas relaciones se convierten en trabas de estas fuerzas. Con laconismo tan intenso como teóricamente
Entonces se abre una era de revolución social. El cambio que cargado Marx expone en este célebre texto las grandes
se ha producido en la base económica trastorna más o menos hipótesis de lo que durante mucho tiempo se llamó la
rápidamente toda la. colosal superestructura. Al considerar estos «interpretación materialista de la historia»:
trastornos importa siempre distinguir entre el trastorno mate­
rial de las condiciones de producción --que se debe comprobar - la hipótesis materialista, de acuerdo con la cual la clave
fielmente con ayuda de las ciencias físicas y naturales- y las última del proceso de la vida social, política y espiritual
formas jurídicas, políticas, religiosas, artísticas o filosóficas; en en general debe buscarse en el modo de producción de la
una palabra, las formas ideológicas bajo las cuales los hombres vida material, lo que, por otra parte, conlleva que no sea
adquieren conciencia de este conflicto y lo resuelven. Así como la conciencia del hombre lo que determina su ser, sino su
no se juzga a un individuo por la idea que él tenga de sí mismo, ser social lo que determina su conciencia;
tampoco se puede juzgar tal época de trastorno por la conciencia - la hipótesis de la contradicción, en un determinado período
de sí misma; es preciso, por el contrario, explicar esta conciencia o fase del desarrollo, de las «fuerzas productivas materiales
por las contradicciones de la vida material, por el conflicto que de la sociedad» con las «relaciones de propiedad dentro de
existe entre las fuerzas productoras sociales y las relaciones de las que se han desenvuelto hasta ese momento». Como tal
producción. Una formación social no desaparece nunca antes «contradicción» se han entendido, ciertamente, varias cosas.
de que sean desarrolladas todas las fuerzas productoras que pue­ Por ejemplo, el contraste cada vez más pronunciado entre
da contener, y unas relaciones de producción nuevas y superio­ la socialización de la principal fuerza productiva, el trabajo,
res no sustituyen jamás a otras antes de que las condiciones ma­ crecientemente «social», y las relaciones vigentes de produc­
teriales de existencia de esas relaciones hayan sido incubadas en ción, cada vez más «privadas». Pero también se ha enten­
el seno mismo de la vieja sociedad. Por eso la humanidad no se dido como tal «contradicción» el supuesto «freno» que las
propone nunca más que los problemas que puede resolver, pues, relaciones de producción vendrían a imponer a un ulterior
mirando más de cerca, se verá siempre que el problema mismo desarrollo de las fuerzas productivas -como pudo ocurrir,
no se presenta más que cuando las condiciones materiales para por ejemplo, en las postrimerías del feudalismo--, siendo
resolverlo existen o se encuentran en estado de existir. Esboza­
dos a grandes rasgos, los modos de producción asiático, antiguo, 5 Marx, K., Contribución a la crítica de la economía política, trad. case.
feudal y burgués moderno pueden ser designados como otras de J. Merino, Madrid, Alberto Corazón, 1970, págs. 37-38.
242 ]Acoao MuÑoz FILOSOFÍA DE LA HISTORIA 243

este freno uno de los motores del impulso social transforma­ - la hipótesis de la capacidad periodizadora del concepto de
dor. Es evidente, por otra parte, que esta hipótesis da lugar modo de producción, que entronca, en el planteamiento
a algunas ambigüedades. Porque hay, en efecto, en Marx un de Marx, con la concepción, algo más antigua, de los
énfasis alternativo bien en la acción conscientemente revo­ estadios6 . Marx señala cuatro formaciones sociales liga­
lucionaria del proletariado industrial en cuanto «clase uni­ das a determinados modos de producción: el asiático, el
versal», sustentadora de la especie -dado su papel central antiguo, el feudal y el burgués moderno. Posteriormente
en la producción- y portadora del único sistema de valores se añadirían, a ambos extremos de la serie, los correspon­
realmente universalizable, bien en esta misma contradicción dientes el comunismo primitivo y el socialismo.
como condición estructural de posibilidad del cambio;
- la hipótesis de la revolución material y social. En la medida El propio Marx ofrecería pronto muestras muy precisas de
en que en el proceso de desarrollo histórico las fuerzas aplicación de estos principios generales. Al hablar, por ejemplo,
productivas progresan, cambian, mientras que las rela­ en El dieciocho Brumario de Luis Bonaparte del enfrentamiento
ciones de propiedad existentes tienden a perpetuarse, entre legitimistas y orleanistas, representantes para él de la gran
inmovilizadas por los sectores que se benefician de ellas, propiedad territorial y del capitalismo industrial y financiero
se produce un desfase entre unas y otras. Las relaciones emergente, respectivamente, sacaría el siguiente balance: «Lo
fosilizadas se convierten así -y ésta es, sin duda, una que, por tanto, separaba a esas fracciones no era eso que se
de las hipótesis de mayor potencia histórico-analítica de llaman principios; eran sus condiciones materiales de vida, dos
Marx- en un freno al progreso de las fuerzas produc­ tipos distintos de propiedad; era la vieja antítesis entre la ciu­
tivas al progreso de la sociedad, y engendran una era de dad y el campo, la rivalidad entre el capital y la propiedad del
revolución social, tendente a establecer una nueva es­ suelo. Que, al mismo tiempo, había viejos recuerdos, enemis­
tructuración, acorde con las necesidades objetivas de la tades personales, temores y esperanzas, simpatías y antipatías,
nueva situación. El cambio que se produce en la base va convicciones, artículos de fe y principios, que los mantenían
modificando lentamente la totalidad social. Por otra par­ unidos a una u otra dinastía, ¿quién lo niega? Sobre las diversas
te, es en los estratos superiores -en el ámbito sobrees­ formas de propiedad, sobre las condiciones sociales de existen­
tructural de las ideologías- donde los hombres toman cia, se levanta toda una sobreestructura de sentimientos, ilusio­
consciencia de sus conflictos básicos; nes, modos de pensar y concepciones de vida diversos y plas­
- la hipótesis de la lucha de clases como motor de la historia mados de un modo particular. La clase entera los crea y plasma,
que confiere una particular relevancia al concepto de ex­ derivándolos de sus bases materiales y de las relaciones sociales
plotación, de extracción de plusvalía, estructuralmente correspondientes. El individuo suelto, a quien se los imbuye
condicionada. Lo que, por una parte, da sentido al con­ la tradición y la educación, podrá creer que son los verdaderos
cepto de clase social, y, por otra, ilumina esa interacción móviles y el punto de partida de su conducta» 7 .
de teoría de la historia y teoría de la acción que parece
inevitable cuantas veces se recurre a explicaciones por
6 La periodización marxiana no procede directamente de Hegel, como
«razones», intereses o motivos, conscientes o no. En este
caso, desde luego no primariamente conscientes, toda a veces se ha sostenido. Su correcta filiación debería buscarse más bien,
como quedó ya sugerido, en la secuencia Smith-Roberrson-Engels.
vez que para Marx los sujetos de la acción social de clase 7 Marx, K., El dieciocho Brumario de Luis Bonaparte, trad. case. de
«no lo saben, pero lo hacen»; W. Roces, Madrid, Europa-América, 1936, pág. 38.
244 ]ACOSO MUÑOZ FILOSOFÍA DE LA HISTORIA 245

Poco después, y contra lo que cabría esperar de un «econo­ Pues bien, cuando algunos de sus lectores rusos pensaron en gene­
micista» estricto, no dudaría en advertir, sin embargo, contra el ralizar este análisis al caso ruso, Marx no dudó en explicarles que
peligro de reducir los móviles de la actuación de la pequeña bur­ «el capítulo de mi libro que versa sobre la acumulación originaria
guesía y de sus aliados a unos intereses inmediatos y mezquinos: se propone señalar simplemente el camino por el que en la Europa
«No vaya nadie a formarse la idea limitada de que la pequeña Occidental nació el régimen capitalista del seno del régimen econó­
burguesía quiere imponer por principio un interés egoísta de cla­ mico feudal», pasando seguidamente a criticar a cuantos pretendan
se. Ella cree, por el contrario, que las condiciones especiales de su «convertir mi esbozo histórico sobre los orígenes del capitalismo
emancipación son las condiciones generales, fuera de las que no en la Europa Occidental en una teoría filosófico-histórica sobre la
puede salvarse la sociedad moderna y evitarse la lucha de clases. trayectoria general a que se hallan sometidos fatalmente todos los
Tam poco debe creerse que los representantes democráticos son pueblos, cualesquiera que sean las circunstancias históricas que en
todos «tenderos» o gentes que se entusiasman con ellos. Pueden ellos concurran».
estar a un mundo de distancia de ellos, por su cultura y su situa­ Y no contento con esta observación general, recurre al ejem­
ción individual. Lo que los hace representantes de la pequeña plo de Roma y de la expropiación de los plebeyos, que en lu­
burguesía es que no van tnás allá, en cuanto a mentalidad, de gar de coadyuvar al nacimiento de mecanismos capitalistas de
donde van aquéllos en cuanto a sistema de vida; el que, por tan­ producción trajo consigo un régimen esclavista, sacando la si­
to, se ven teóricamente impulsados a los mismos problemas y a guiente conclusión:
las mismas soluciones a que impulsan a aquéllos, prácticamente,
el interés material y la situación social. Tal es, en general, la rela­ He aquí, pues, dos clases de acontecimientos que, aún
ción que media entre los representantes políticos y literarios de una presentando palmaria analogía, se desarrollan en diferen­
clase y la clase por ellos representada»8 • tes medios históricos y conducen, por tanto, a resultantes
Las hipótesis transcritas no son, por otra parte, sino indicaciones completamente distintos. Estudiando cada uno de estos
esquemáticas: indicaciones metodológicas que ni aspiran a presen­ procesos por separado y comparándolos luego entre sí
tarse como patrones explicativos ni deben ser elevadas a esa con­ encontraremos fácilmente la clave para explicar estos fe­
dición. Su ámbito de incidencia específico no debe ser nunca des­ nómenos, resultado que jamás lograríamos, en cambio,
bordado. Marx fue el primero en desautorizar cualesquiera posibles con la clave universal de una teoría filosófico-histórica
extrapolaciones de sus análisis históricos concretos. Los testimonios general cuya mayor excelencia fuera, precisamente, la de
podrían multiplicarse. En el tomo primero de El Capital por ejem­ ser una teoría suprahistórica'º.
plo, se ocupa con detalle del problema del paso, en Europa Occi­
dental, del modo de producción feudal del capitalismo. Al centrar * * *
su atención en la «acumulación originaria» (o «primitiva»), que es
lo que ha hecho posible tan vasta transformación, establece cierto El materialismo histórico ----que es, por cierto, perfectamente
paralelismo entre el proceso de expropiacion de los campesinos in­ consciente de su propia historicidad- afirma, pues, la existencia
gleses y la transformación de una economía feudal en capitalista9 • de una relación no epidérmica ni meramente contingente entre los

8 Ibíd., pág. 41. 1 ° Carca deMarx ala revista rusa «Hojas patrióticas» de fines de 1877, pu­
9 Marx, K., El Capital, erad. case. de V. Roces, México, DF, FCE., I, blicada en la edición de El Capital citada en la nota anterior, I, págs. 771-712.
págs. 610-624. (Hemos modificado ligeramente la trad. de Roces).
246 ]ACOBO M UÑOZ FILOSOFÍA DE LA HISTORIA 247

fundamentos económicos de una formación social, entendidos en como los de trabajo social, modo de producción, fuerzas producti­
términos estructurales y no coyunturales, su organización jurídico­ vas y relaciones de producción, sucesión de modos de producción
política, con las correspondientes instituciones y «aparatos de esta­ en una serie que permite conocer la dirección -no necesariamente
do», y sus objetivaciones culturales e ideológicas. Pero con ello lo orientada en un sentido teleológico-- de la evolución histórico­
que ante todo se afirma es el primado de la totalidad social. Y así social en la ordenación de su desarrollo lógico, por no citar sino los
es como tiene que entenderse la hipótesis de la función directiva más relevantes, como unas hipótesis heurísticas de carácter metahis:
que en toda formación social, así como en la evolución histórico­ tórico. Entre unas y otras existe, sin duda, relaciones muy estrechas.
social misma, asume la estructura económica, de la que todas las Tan estrechas como para poder sugerir, sin mayor violencia herme­
manifestaciones sociales vendrían a depender concéntricamente y a neútica, la posibilidad de subsumir la primera en el cuerpo reticular
poder, a la vez, reinfluir sobre ella. Le!_ sociedad queda así definida, de las segundas, una vez aceptada, claro es, la trivialidad de que
pues, como un todo orgánico, entre cuyas partes existe una relación no hay explicación científica que pueda prescindir de regularidades,
dialéctica muy compleja. Queda, además, igualmente subrayada por tendenciales que puedan ser. O sean. Y a conciencia de que en
la existencia de una relación inequívoca, pero siempre a concretar, definitiva las «leyes» no son sino hipótesis actualizadas.
entre las transformaciones económicas y los cambios en los otros Es evidente que el énfasis en el materialismo histórico
círculos de dicha totalidad dinámica. En el bien entendido, claro como teoría de la macroevolución histórico-social ha susci­
es, de que esa relación de «determinación» sólo es tal en los procesos tado en ocasiones la identificación del mismo con el trazado
de cambio a largo plazo. -hegelianizante al fin- de un desarrollo unilineal, necesa­
Por otra parte, la especifidad de esa función directiva de lo rio, ininterrumpido y ascendente de un macrosujeto hacia lo
económico ocurre a nivel social, no personal ni individual. Marx que en El Capital se define como la «verdadera historia»,. esto
nunca ha defendido que sea el sometimiento a los factores econó­ es, la que algún día se hará bajo la dirección consciente y ra­
micos lo que condiciona al hombre aislado, por mucho que éste cional de hombres libremente asociados. Pero la conscienci<).
tenga que «producir su vida». Son las clases sociales, los grupos del carácter hipotético y heurístico de ese conjunto de princi­
humanos amplios, quienes toman consciencia de la necesidad de pios -o incluso leyes, si se quiere- ha permitido, a su vez,
que se proceda a una transformación, a través de una experien­ corregir toda acusación de «determinismo» y de teleologismo
cia cotidiana que les muestra la falta de adecuación de la forma a Marx. Toda sospecha de hipóstasis suprahistórica, en fin, de
en que está organizada la sociedad para responder a las nuevas lo que a lo sumo podrían ser prognosis basadas en tendencias,
exigencias que se le plantean; no es el individuo el que toma con­ incluida la del supuesto «paso» al socialismo. (Paso acerca de
ciencia de unos problemas en cuanto afectan a sus intereses, es el cuya necesidad, «lógica» o de cualquier otro tipo que no sea
grupo social el que reacciona a un problema colectivo e infunde el estrictamente moral, Iyfarx nunca habló en el cuerpo desa­
a sus miembros unos talantes y actitudes concretos. rrollado de sus escritos mayores.) En el marco de la evolución
Sobre la toma de conciencia de sus necesidades como clase histórica no hay lugar para profecías. Marx no era, desde lue­
los hombres erigen un haz de ideas-fuerza (usualmente clasifi­ go, «historicista» en el sentido popperiano. El proceso his­
cado con el ambiguo rótulo de «ideología»), que les guiará en tórico fue -siempre- para Marx un proceso abierto._ Y no
. su práctica social y política. dejó de considerar ni siquiera la posibilidad extrema de que
Pero el materialismo histórico es algo más que un método. Es la lucha de clases acabaría un día, tras guerras y siglos de de­
también --o quizá sobre todo- una teoría de la macroevoluci6n predación del medio natural, sin supervivientes, esto es, en «el
social de la que forman parte esencial tanto una serie de conceptos mutuo hundimiento de las clases en lucha».
248 )AcoBo MuÑoz FILOSOFÍA DE LA HISTORIA 24 9

Lejos de ser herramientas de las que se sirven la Idea o la toria gue por fuerza tendrían que ser suprahistóricas. El Capital
. Razón para su despliegue en una serie de pasos normados, los es, en efecto, una investigación ---0 una reconstrucción teórica,
. sujetos de la historia -una historia finalmente «profana», esto si se prefiere, dado que Marx se sirva en él y en toda su obra de
es, libre ya de su secular sacralización por el idealismo- no madurez de un lenguaje que pretende seguir el movimiento del
son, en última y definitiva instancia sino «los individuos cor­ objeto- de los mecanismos legaliformes que rigen el modo ca­
porales que existen bajo condiciones sociales mediadas por la pitalista de producción y las relaciones de producción a él corres­
relación práctica con la naturaleza»11. Consciente de que el fac­ pondientes. «La finalidad de esta obra», llegaría a escribir, «es ...
tor decisivo en ese proceso abierto que es la historia no es, en descubrir la ley económica que preside el movimiento de la so­
última instancia, sino la producción y reproducción de la vida, ciedad moderna» 1 3 . Marx concebía, de hecho, el desarrollo de la
el propio Marx nunca habló de leyes de la historia, sino de leyes formación económica de la sociedad como un proceso histórico­
en la historia, esto es, de regularidades vigentes en unas for­ natural, en un sentido muy preciso sobre el que él mismo arrojó
maciones sociales dadas y dentro de sus límites, cuyo estudio luz suficiente: «Lo que de por sí nos interesa... no es precisamen­
correspondería a los científicos sociales. Engels formuló muy te el grado más o menos alto de desarrollo de las contradicciones
pregnantemente este principio de concreción en una carta que sociales que brotan de las leyes naturales de la producción capi­
en 1890 escribió a C. Schmidt: «Nuestra concepción de la his­ talista. Nos interesan más bien estas leyes de por sí (estas leyes en
toria es sobre todo una guía para el estudio y nunca una palan­ cuanto a tales), estas tendencias que actúan y se imponen con
ca para levantar construcciones a la manera del hegelianismo. férrea necesidad14. Su método «no arranca», pues, del hombre en
Hay que estudiar de nuevo toda la historia, investigar en detalle general, sino de «un período social concreto». Y, por otra parte_,
las condiciones de vida de las diversas formaciones sociales an­ tampoco considera al hombre responsable de unas relaciones de
tes de ponerse a derivar de ellas las ideas políticas, del derecho las que es socialmente criatura.
privado, estéticas, filosóficas, religiosas, etc. Aquí necesitamos La expresión «ley natural» no remite a un posible «orden natu­
fuerzas ingentes que nos ayuden»12• ral» (ni el ordre naturel de los iusnaturalistas ni el mundo tal como
Pero la cuestión de la legaliformidad social en Marx desbordó es concebido por el mecanicismo), sino al hecho, que está en la raíz
con mucho los límites del debate sobre �u presunto determinis:­ de la teoría marxiana del fetichismo -según la cual los objetos que
mo y su no menos presunta postulación de unas leyes de la his-_ producen los mismos hombres se les en&entan como dotados de
un poder propio y ajeno a ellos-, del que lQS individuos que partí::
11 Cfr. Mesa, Ciro, Emancipación frustrada. Sobre el concepto de historia
�ipan en el proceso económico son ignorantes, dada la opacidad de
de Marx, Madrid, Biblioteca Nueva, 2004, págs. 29 y sigs. las relaciones sociales dominadas por el modo de producción capi­
12 Llevado de la necesidad de refutar tanto los excesos hermeneúticos
de unos como las críticas sin fundamento de otros, Engels, el primer y más
talista, de su estructura profonda. Y si los hombres se someten a estas
relevante divulgador del «marxismo», escribió al final de sus días una serie leyes no es de forma consciente o primariamente intencional. Son
de cartas a corresponsales como Mehring, Srarkenberg o el ya citado Schmi­ los «mecanismos», las condiciones de las relaciones de producción
dt, del mayor interés sobre estas «cuestiones disputadas». Todas estas cartas las que les someten a ellas, que no en vano se les presentan como
han sido editadas por Iring Fetscher en: Engels, F., «Briefe über materialis­ «naturales», esto es, pétreas e inamovibles. Al nivel fenoménico el
rishe Geschichtsinterpretation» en Marx-Engels, Studienausgabe, Fráncfort, proceso económico se les presenta a los hombres como un proceso
Fischer, 1966, I, págs. 223-238. Un interesante análisis del problema es el
desarrollado por Rodolfo Mondolfo en el cap. XII, «Determinismo econó­
mico y materialismo histórico» de su libro El materialismo histórico de Engels 13 Marx, Karl, El Capital, loe. cit., pág. XV.
y otros ensayos, Buenos Aires, Raiga!, 1956, págs. 265-330. 14
Ibíd., pág. XIV.
250 JACOBO MuÑOZ FILOSOFÍA DE LA HISTORIA 251

objetivo que transcurre más allá de ellos mismos, independiente­ servido de la obra histórica de otros, pero los hechos de la his­
mente de ellos, de acuerdo con una legalidad que creen natural­ toria económica permanecían confinados en una sección aparte.
mente necesaria y que según la posición que ocupan en el proceso Entraban en la teoría, si es que entraban en ella, sólo a título de
de producción se les aparece como el poder impersonal del capital, ejemplo o, eventualmente, para confirmar resultados, fundién­
la fatalidad o esa misteriosa necesidad que hace que las cosas sean dose con la teoría de una manera exclusivamente mecánica. En
como son: «Ley natural» y «ley social>) se confunden, pues, aquí Marx la fusión es de naturaleza química. Dicho de otro modo,
como dos caras de una misma moneda. Lo único que varía es la aquí los hechos se introducen en el corazón del razonamiento
perspectiva desde la que cal ley es contemplada. por el cual brotan los resultados. Marx fue el primer gran econo­
Esta situación de opacidad es para Marx, la raíz de las prin­ mista que entendió y enseñó de una manera sistemática cómo la
cipales ideologías, entendidas, en uno de los posibles significa­ teoría económica puede transformarse en análisis histórico y el
dos del término, como formas de «falsa consciencia». También relato histórico en histoire raisonné» 16.
lo es del «reflejo religioso», de la ilusión que no pueden menos Así, pues, analizando el capital en sus articulaciones inter­
de hacerse quienes viven una vida que requiere de ilusiones, sin nas, desarrollando ese aspecto del capital que es, por ejemplo,
mayores matizaciones. En·efecto: «El reflejo religioso del mundo la propiedad moderna de la cierra, Marx ofrece claves decisivas
real sólo podrá desaparecer por siempre cuando las condiciones para la comprensión paralela del tránsito histórico de la propie­
de la vida diaria, laboriosa y activa, representen para los hombres dad feudal de la tierra al capitalismo. El tránsito de la sociedad
las relaciones claras y racionales entre sí y respecto a la natura­ feudal a la sociedad burguesa no es, pues, captado mediante un
leza. La forma del proceso social de vida, o lo que es lo mis­ razonamiento que de algún modo se situara, sobrevolándolas,
mo, del proceso material de producción, sólo se despojará de su por encima o más allá de ambas formaciones económicas de la
halo místico cuando ese proceso sea obra de hombres libremente sociedad. Es precisamente el estudio de la trama interna de la
socializados y esté puesto bajo su mando consciente y racional. más desarrollada lo que le permite comprender el nexo existente
Mas para ello la sociedad necesitará contar con una base mate­ entre ambas. El análisis de Marx se abre, pues, a la comprension
rial, o con una serie de condiciones materiales de existencia, que de la historia general cuando se adentra en el capitalismo mo­
son, a su vez, fruto natural de una larga y penosa evolución» 15• derno, en sus legaliformidades y sus antagonismos internos que
El trabajo de Marx en El Capital se mueve, por último, a dos por reflejo iluminan -siempre bajo la disciplina del principio
niveles, interconectados de modo no meramente accidental: el de concreción- las formaciones anteriores de la sociedad.
del análisis sistémico del capitalismo y el de su génesis histórica
-independientemente de otras dimensiones de la obra, como
la crítico-ideológica, la ético-política o la metacientífica-. Dos
niveles, el de la teoría económica y el de la historia económica o
historia tout court, que «funde» de manera «química)>, como en
su día hizo ver, con la debida rotundidad, Joseph A. Schumpe­
ter: «Marx ha hecho algo de importancia fundamental para la
metodología económica. Los economistas habían realizado una
obra personal en el campo de la historia económica o se habían

15
Marx, Karl, El Capital loe. cit., pág. 44.

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