Edipo
Edipo
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"Con el tiempo, podrás conocer que esto es cierto, ya que sólo el tiempo muestra al hombre justo,
mientras que podrías conocer al perverso en un solo día"
Él mismo se reconocerá a la vez hermano y padre de sus propios hijos; hijo y marido de la mujer
que lo parió, y comarido y asesino de su padre
Fragmento 1
Creonte.- No si me das la palabra como yo a ti mismo. Considera primeramente esto: si crees que
alguien preferiría gobernar entre temores a dormir tranquilo, teniendo el mismo poder. Por lo que a
mí respecta, no tengo más deseo de ser rey que de actuar como si lo fuera, ni ninguna otra persona
que sepa razonar. En efecto, ahora lo obtengo de ti todo sin temor, pero, si fuera yo mismo el que
gobernara, haría muchas cosas también contra mi voluntad. ¿Cómo, pues, iba a ser para mí más
grato el poder absoluto, que un mando y un dominio exentos de sufrimientos? Aún no estoy tan mal
aconsejado como para desear otras cosas que no sean los honores acompañados de provecho.
Actualmente, todos me saludan y me acogen con cariño. Los que ahora tienen necesidad de ti me
halagan, pues en esto está, para ellos, el obtener todo. ¿Cómo iba yo, pues, a pretender aquello
desprendiéndome de esto? Una mente que razona bien no puede volverse torpe. No soy, por tanto,
amigo de esta idea ni soportaría nunca la compañía de quien lo hiciera. Y, como prueba de esto, ve a
Delfos y entérate si te he anunciado fielmente la respuesta del oráculo. Y otra cosa: si me
sorprendes habiendo tramado algo en común con el adivino, tras hacerlo, no me condenes a muerte
por un solo voto, sino por dos, por el tuyo y el mío; pero no me inculpes por tu cuenta a causa de
una suposición no probada. No es justo considerar, sin fundamento, a los malvados honrados ni a
los honrados malvados. Afirmo que es igual rechazar a un buen amigo que a la propia vida, a la que
se estima sobre todas las cosas. Con el tiempo, podrás conocer que esto es cierto, ya que sólo el
tiempo muestra al hombre justo, mientras que podrías conocer al perverso en un solo día.
1ª Bsándote en las ideas de Creonte, haz una exposición sobre las ventajas e inconvenientes del
poder. (Procura establecer relaciones con otros tópicos literarios y textos en los que se reflejen)
2ª "Perder un buen amigo es perder el más preciado bien, la propia vida." Desarrolla en 12 ó 14
líneas esta idea de Creonte, estableciendo relaciones con la actualidad, con el concepto de amistad
hoy en día.
Fragmento 2
" Tiresias. -Me voy; pero diciendo antes aquello por lo que fui llamado, sin temor a tu mirada; que
no tienes poder para quitarme la vida. Así, pues, te digo: ese hombre que tanto tiempo buscas y a
quien amenazas y pregonas como asesino de Layo, está aquí, se le tiene por extranjero domiciliado;
pero pronto se descubrirá que es tebano de nacimiento, y no se regocijará al conocer su desgracia.
Privado de la vista y caído de la opulencia en la pobreza, con un bastón que le indique el camino se
expatriará hacia extraña tierra. Él mismo se reconocerá a la vez hermano y padre de sus propios
hijos; hijo y marido de la mujer que lo parió, y comarido y asesino de su padre. Retírate, pues, y
medita sobre estas cosas; que si me coges en mentira, ya podrás decir que nada entiendo del arte
adivinatorio.
Edipo.-Que no sea lo mejor lo que he hecho, ni tienes que decírmelo ni tampoco darme consejos.
Pues yo no sé con qué ojos, si la vista conservara, hubiera podido mirar a mi padre en llegando al
infierno, ni tampoco a mi infortunada madre, cuando mis crímenes con ellos dos son mayores que
los que expían con la estrangulación. Pero ¿acaso la vista de mis hijos engendrados corno fueron
engendrados podía serme grata? No, de ningún modo; a mis ojos, jamás. Ni la ciudad, ni las torres,
ni las imágenes sagradas de los dioses, de todo lo cual, yo, en mi malaventura siendo el único que
tenía la más alta dignidad en Tebas, me privé a mí mismo al ordenar a todos que expulsaran al
impío, al que los dioses y mi propia familia hacían aparecer como impura pestilencia; y habiendo yo
manifestado tal deshonra como mía, ¿podía mirar con buenos ojos a éstos? De ninguna manera;
porque si del sentido del oído pudiese haber cerradura en las orejas, no aguantaría yo el no
habérselas cerrado a mí desdichado cuerpo, para que fuese ciego y además nada oyese, pues vivir
con el pensamiento apartado de los males es cosa dulce.
(...)
El entonces arrancó los broches de oro que adornaban sus ropas, y enseguida los clavó en sus ojos,
exclamando que así ya no vería más, ni su miseria, ni su crimen En la oscuridad no volverían ver a
quien no debía ver, y que mejor jamás hubieran visto. Gritando así se punzaba los ojos una y otra
vez, la sangre que corría le bañaba hasta la barba, no eran gotitas lo que fluía de sus ojos, era un
torrente oscuro, como una granizada de sangre. En todo esto ambos fueron los artífices, y la
desgracia acabó con la mujer y con el hombre. Su antigua felicidad fue en su momento verdadera.
Ahora no es más que culpa, muerte, vergüenza, de todos los males que tienen nombre, ninguno
falta. "
Cuando la obra de Edipo Rey apareció en escena por primera vez en la Atenas del siglo V, los
personajes y el argumento que en ella aparecían debieron resultar casi seguro muy familiares para
los espectadores. Eso se debe a que la historia que aparece contada en escena está tomada del fondo
legendario de la Mitología Griega que a modo de cuentos o narraciones habían venido circulando
primero de forma oral, y luego por escrito, desde tiempos inmemoriales. En muchos de sus
elementos estas historias poseían un fondo fabuloso que los griegos habían oído relatar, ya desde
pequeños, de boca de sus madres, quizá como aún hoy se puedan contar los cuentos de personajes
tradicionales. Esto explicaría que, cuando volvían a escucharlas o verlas representadas, de
inmediato el público reconociera personajes y argumentos y, si estaban bien contadas, que volvieran
a deleitarse con ellas. Sin embargo, desde nuestra posición de lectores o espectadores modernos,
aquellas historias que formaban parte del acervo legendario de la época clásica ya no nos resultan
muy comprensibles, por lo que antes de situar la obra en todo su contexto literario, conviene
investigar un poco sobre estos temas.
Y lo primero que descubre el lector de hoy, por ejemplo cuando se acerca a un Diccionario de
Mitología Grecorromana, como el de Pierre Grimal, es que la estructura argumental de estas
historias, convertidas en piezas dramáticas, y elevadas por el poeta a la categoría de obras de arte,
parece bastante más compleja que el argumento simple de cualquier cuento moderno.
La historia de Edipo, por ejemplo, está dentro de un conjunto de leyendas más extenso; por eso, su
dramatización no encuentra significación plena si no es en un contexto mucho más amplio: el del
triste sino trágico que, a través de varias generaciones, persigue a la familia real de Tebas, a la
dinastía de los Labdácidas. Edipo es hijo de Layo y de Yocasta y, por tanto, nieto de Lábdaco. Su
ascendencia se remonta hasta el propio Cadmo, el héroe que, tras consultar el oráculo de Delfos y
recibir la ayuda del dios Apolo en la búsqueda de su hermana Europa, raptada por Zeus, fundó en la
Fócide la ciudad de Tebas. La historia sigue más o menos así:
Lábdaco había heredado el trono de Cadmo, pero su descendencia pronto perdería el favor divino. A
su muerte, al ser su hijo Layo demasiado joven, el reinado recayó en un héroe descendiente también
de Cadmo, quien fue asesinado por Zeto y Anfión, apoderándose así del poder. Layo huyó entonces
hasta las tierras de Pélope. Allí se enamoró del joven Crisipo, hijo de Pélope, (para muchos
comentaristas esta es la razón del nombre de Layo, que en griego significa "el torcido o cojo", pues
pasaría por ser el introductor mitológico de la homosexualidad). Dominado por la pasión, lo raptó y
se unió a él, con lo que atrajo sobre sí y sobre las generaciones futuras la maldición de Pélope.
Cuando los usurpadores desaparecieron a su vez, Layo fue llamado por los tebanos a ocupar el
trono. Pero en adelante todos los intentos de evitar que el oráculo se cumpla resultarán inútiles.
Layo, acudió al oráculo de Delfos a consultar a la pitonisa sobre su destino. La divinidad le
aconsejó entonces que evitara tener hijos, pues si llegaba a tener alguno, éste le mataría a él, su
padre, y se casaría con su esposa, y madre del hijo. Pero Layo y su esposa Yocasta engendraron un
niño, pero tan pronto como nació, lo entregaron a un criado para que lo abandonase a las fieras en el
monte Citerón, después de haberle taladrado un pie con un clavo (de ahí le viene el nombre, pues en
griego "Edipo" significa "pie hinchado", por la marca que le dejó aquella antigua herida). Sin
embargo el criado se apiadó del pequeño y se lo entregó a un pastor que andaba por allí para que se
lo llevase lejos. Éste así lo hizo y llevó al niño a tierras de Corinto, su propio país, donde lo entregó
a los reyes Pólibo y Mérope, que, como no tenían descendencia, lo acogieron como hijo propio.
Creció Edipo como un príncipe de noble estirpe, hasta que ya adolescente, tras oír rumores, fue a
consultar el oráculo de Apolo, quien le comunicó que mataría a su padre y se casaría con su madre.
El joven Edipo, aterrorizado, decidió no regresar a Corinto. En la encrucijada de la montaña, al salir
de Delfos, se topó con un coche de caballos; al no querer ceder el paso, se produjo un altercado en
el que perdieron la vida todos menos uno. El dueño del carro resultó ser Layo, el rey de Tebas.
Precisamente a Tebas se dirigió luego Edipo. La ciudad estaba aterrorizada por un terrible monstruo
que la asolaba. La esfinge (monstruo con cabeza de mujer, cuerpo de león y alas) que proponía
enigmas y devoraba a los que eran incapaces de resolverlos; también salió al encuentro de Edipo y
le propuso el enigma del animal que por la mañana camina a cuatro patas, con dos a mediodía y tres
en la tarde; Edipo resolvió el enigma contestando "el hombre"; la esfinge se suicidó y el joven entró
en la ciudad como un héroe salvador. Como reconocimiento a su proeza los tebanos, que se habían
quedado recientemente sin rey, lo elevaron al trono y le dieron en matrimonio a la reina viuda
Yocasta (precisamente el nombre de Yocasta significa en griego "la que sobresale por su hijo").
Ambos tendrán descendencia a la vez que los asuntos de la ciudad prosperan hasta que un día la
ciudad se levanta en medio de una tenaz peste que amenaza con destruir a todos sus habitantes.
Como se puede apreciar, se trata de una complicada y enrevesada historia que el público debía
conocer sobradamente. Pero Sófocles debió manejar la leyenda tradicional según sus intenciones
literarias; los estudiosos consideran que los aspectos que introdujo como elementos nuevos en el
mito fueron:
-elige el punto culminante de este mito, cuando Edipo, ya siendo rey de Tebas, está a punto de
descubrir todo su triste pasado: el parricidio y el matrimonio con su madre.
-hace que Edipo se castigue a sí mismo, y que Yocasta se suicide al descubrir el incesto.
-como luego veremos, cuenta la historia como una investigación personal del personaje sobre su
pasado.
Llegamos así ante el comienzo de la obra. En adelante me ocuparé del análisis detallado de la
estructura externa para luego pasar a hablar de los diversos aspectos relacionados con el comentario
de la misma.
Al plantearse la cuestión de la estructura del drama, después de haber analizado toda la historia
mítica en su conjunto, lo primero que llama la atención es que el autor ha elegido narrar la historia
cuando ya prácticamente se ha cumplido: los hechos a los que se alude constantemente vienen del
pasado. (Para el análisis de la obra sigo el libro de la Ed. Cátedra)
La obra se abre con el Prólogo (pp.185-190). Edipo se dirige a una muchedumbre de ciudadanos,
encabezados por un sacerdote, que se ha congregado para pedir ante el altar de los dioses remedio a
los grandes males que aquejan a la ciudad de Tebas. Por si acaso el propio Edipo ha mandado que se
consulte al oráculo para saber cuál es el origen de la peste que azota la ciudad y el dios contesta que
se debe a que no se ha vengado convenientemente la muerte de Layo, el rey anterior: su sangre
derramada amenaza con destruir a la ciudad hasta que se encuentre y se castigue a los asesinos.
Edipo se compromete a aclararlo todo "desde el principio". Esta simple escena sirve para plantear el
"conflicto" que repercutirá en el desarrollo de toda la obra: sirve para poner en marcha la acción,
que consistirá fundamentalmente en las continuas averiguaciones que haga el rey. Aquí Edipo es
presentado como un rey forastero nada tiránico, sino más bien amante de su pueblo, al que quiere
librarle de la peste. Por todo ello es correspondido con la confianza de su pueblo.
Viene luego la Párodo (pp.190-192). Un coro de tebanos ancianos eleva una especie de plegaria a la
divinidad para que les dé fuerza para eliminar el mal. Le hablan al Oráculo, ruegan a la triada de
dioses y esperan con angustia cualquier respuesta. Esta escena representa el inicio del drama
propiamente dicho.
Se produce el 11 Episodio (pp.192-201). Edipo espera conseguir que el ruego del coro (es decir, de
la colectividad) se haga realidad. Se deja clara la necesidad de conocer al asesino de Layo y la
voluntad con que el rey se enfrenta al problema. Delante de todos pronuncia un bando solemne en el
que conjura a todo el pueblo tebano a que colabore en el esclarecimiento del crimen, pidiendo el
destierro sin compasión del asesino y el castigo de los dioses para quien se atreviera a ayudarlo. El
coro avisa que se ha dicho que fueron varios los asesinos, pero confía en que el adivino Tiresias lo
aclare todo. Se produce un diálogo entre Edipo y Tiresias que degenera en un enfrentamiento, en el
que ambos se intercambian insultos; ante las palabras oscuras del adivino, en el sentido de que
Edipo tiene algo que ver en el asunto Edipo interpreta que se trata de una conspiración del anciano y
de Creonte, el cuñado de Edipo. El adivino se despide con un mal augurio para el asesino de Layo,
que "se marchará tras haber visto".
Tras esto se sucede el Estásimo 11 (pp.201-203). El coro, solo, medita y canta con brevedad y con
lirismo su desconcierto ante las palabras escuchadas: por un lado, quiere remontarse a la causa para
descubrir al culpable que todos buscan; por otro, siente angustia por las imprecaciones, terribles,
pero no probadas, del adivino y, a la vez, por su fidelidad segura a su rey.
Así llegamos al 21 Episodio (pp.203-213). Edipo, Yocasta y Creonte, en presencia del coro, que a
veces interviene, llevan su intervención a una complicación del drama; se revelan datos decisivos
que en lugar de aclarar enredan: se mencionan el oráculo que pesaba sobre la familia de Layo, y,
más tarde, el que pesaba sobre el mismo Edipo; también se habla del motivo del asesinato en un
cruce de camino. Esto último levanta la sospecha de Edipo de que él mismo tenga algo que ver con
los hechos: pero hay dos reseñas distintas (la que habla de varios asaltantes frente a la singularidad
de Edipo). Ante ello hay una gradación en la reacción de cada uno de los personajes: Yocasta
sostiene que los oráculos son falibles; Edipo se muestra más respeto por ellos y, por eso, los sigue
temiendo, mientras que el coro es más religioso y consecuente: es posible que los dos extremos sean
compatibles, pero hasta que no se compruebe cuál es la versión correcta hay esperanzas: se espera
que el único testigo que queda del crimen de Layo resuelva la duda.
Llega el Estásimo 21 (pp.214-215). El coro medita en una lucha interior las terribles palabras de
Tiresias frente al buen concepto en que tiene al soberano. Se preocupa por el oráculo y por el
castigo de Layo: las leyes morales quizá han traído su castigo: Layo sería el culpable, no el actual
rey. Los crímenes de Layo deben ser castigados tal y como muestran los oráculos. Esta es la razón
por la que el coro pide a Zeus que se cumplan las profecías, porque si éstas fallaran se hundiría
también la creencia en los dioses.
En el Episodio 31 (pp.215-223) se espera la solución, pero llega un mensajero inesperado que trae
nuevas noticias sobre los supuestos padres de Edipo en el reino de Corinto. Otra vez, las noticias
que parecían librar a Edipo de culpa introducen elementos muy oscuros del pasado: la reina Yocasta
ya ha comprendido todo el profundo misterio y sale huyendo después de intentar en vano que Edipo
se detenga en su investigación.
Es entonces cuando se produce el Estásimo 31 tan extraño del coro (p. 223). Según [Link], en
esta intervención el coro parece ilusionarse ante el posible origen divino de su rey Edipo, quien está
a punto de descubrir su verdadero pasado. Es la calma que precede a la tormenta, aunque el coro
sigue dando ánimos a Edipo, en una especie de ensueño que más bien parece una huida hacia
delante.
Llega por fin la verdad en el Episodio 41 (pp.223-226). El criado aparece y revela todo el pasado
oculto de ese niño que fue salvado de la muerte para cumplir el oráculo.
El Estásimo 41 (p.226) es un canto de la desdicha en que se ve sumido el coro al recordar lo que ha
sido su rey y lo que es ahora: la prosperidad de los hombres se ha demostrado por los propios
hechos que es un asunto ilusorio, sólo en manos absolutas de los dioses.
El Éxodo (pp.227-238) cuenta a través de un mensajero de la casa todos los detalles cruentos del
suicidio de la reina y la posterior ceguera de sí mismo de Edipo. Sale a escena y alterna su dolor con
el del coro. Las hijas y su cuñado Creonte rematan la escena de dolor.
Los últimos versos del Corifeo son una especie de conclusión o moraleja sobre la fragilidad del
destino humano hasta el último momento.
Hasta aquí el análisis externo de lo que debió ser una obra clásica para el público griego. Pero, ¿y
hoy? )La obra de Edipo puede tener algún valor real para el espectador moderno, o su lectura es
sólo una actividad arqueológica o de carácter histórico? Paradójicamente, para responder a estas y
otras preguntas de un supuesto lector "contemporáneo", podemos utilizar los comentarios de
Aristóteles que siguen vigentes en la actualidad:
Lo más llamativo es que al leer por primera vez la obra y, antes de iniciar un proceso de
información sobre los detalles de su estructura, personajes, etc., la trama parecería que posee en sí
misma una gran fuerza. Ahora bien, )cómo podríamos definir esa "fuerza" y qué sería lo que
propiamente la produce? En su Poética, p.36, Aristóteles menciona la capacidad de la tragedia de
crear un efecto conmovedor, debido a que la tragedia es "una imitación de hechos capaces de
provocar el temor y la compasión". "El reconocimiento y la peripecia" (p.38), y también "lo
patético" (p.39), son los tres elementos que "comportan compasión y temor". Y en página 41,
Aristóteles parece estar pensando precisamente en el personaje de Edipo -como se demuestra al
citarlo explícitamente en p.43-, cuando resume con acierto la sensación que un espectador de hoy
puede tener al ver o al leer esta obra: "La compasión tiene por objeto la persona que no merece ser
desdichada; el temor, el que es igual a nosotros" (p.41). Pero )por qué sentimos los mismos efectos
si en principio esta obra fue concebida para ser representada?: "La obra debe estar compuesta de tal
modo que, aun sin verlos, el que escucha el relato de los hechos se estremezca y sienta compasión
por lo que ocurre, que es la sensación que experimenta el que escucha el relato del destino de
Edipo... "
Pero )no es sorprendente que - apartándose del gusto moderno de ciertas películas, por ejemplo, por
exhibir ad nauseam todo lo que tenga que ver con la sangre- en escena, al llegar a los episodios más
terribles, la violencia o las muertes son sustituidas por las palabras de uno que narra lo sucedido?. Y
sin embargo, el efecto de impacto está plenamente conseguido: )Por qué? Para responder a esta
pregunta conviene que volvamos a Aristóteles: "Es posible que el temor y la compasión resulten por
efecto del espectáculo, pero también pueden resultar del entramado mismo de los hechos, lo cual es
sin duda preferible y propio de un poeta mejor" (p.43). En cuanto a la forma en que la sensación de
temor y compasión se producen, ocurren "por lo general y con preferencia, cuando los hechos
acaecen contra lo que se espera, si bien derivándose el uno del otro, pues provocan así la sorpresa
mejor que si los hechos ocurren automáticamente y por casualidad, ya que incluso los sucesos
casuales son más asombrosos cuando parecen guardar relación con los precedentes" (p.36) Esta y
no otra es la razón interna por la que percibimos en ocasiones que una película de crímenes o
suspense es muy mala -con independencia de que la película lleve 40 semanas en cartel- cuando al
final resulta que el asesino desconocido es un personaje que ni siquiera había aparecido en escena, o
había salido durante unos segundos insignificantes.
Conclusión: "El poeta debe procurar, a través de la imitación, el placer que suscitan el temor y la
compasión", y está claro que "este efecto debe conseguirse por medio de la acción misma" (p.43).
La "acción" de Edipo Rey efectivamente cumple todos esos requisitos. Para comentarlo, vamos a
recurrir a los pasajes en que se muestra la Ironía, uno de los temas que en esta obra más contribuye
a marcar el contraste del personaje: de un rey, al inicio amante de su pueblo y respetado por él, a un
héroe con un destino miserable.
La ironía trágica en Edipo Rey es un elemento que trabaja en favor de lo que Aristóteles, en p.37,
llama "peripecia": "el paso de una situación a su contraria por parte de quienes actúan..., de acuerdo
con la verosimilitud o la necesidad", contribuyendo además a subrayar el efecto de oposición de
ambas situaciones. Aristóteles menciona uno solo de los muchos casos en que se produce la ironía,
uno de los más evidentes, que luego trataré aparte: "llega un personaje para alegrar a Edipo y
tranquilizarlo por lo que respecta a su madre, revelándole su identidad: mas con ello produce,
precisamente el efecto contrario." Pero en esta obra peripecias así constituyen un recurso tan
frecuente y constante que prácticamente casi todas las situaciones o personajes o palabras pueden
tener, si se mira bien, un fondo irónico: unas veces con un sentido premonitorio, otras con una clara
intención de ambigüedad... con tantos matices que sería imposible citarlos aquí todos. Me limitaré a
recoger los más llamativos y a hacer un breve comentario de algunos de ellos:
En p.185 comienza el drama: Edipo habla con afecto a los suplicantes y llega a decir "estad seguro
de que yo aceptaría a enfrentarme a todo..." Seguramente el público sí que sabe que tendrá que
cumplir sus palabras.
En la p.186 es el sacerdote el que contesta a Edipo y, en un momento dado, para demostrarle que lo
considera capacitado para enfrentarse a cualquier problema, le dice: sin llegar a compararte con los
dioses te juzgamos "el primero de los hombres en las desgracias de la vida..." Y más adelante: "Y
que no tengamos que acordarnos de tu mandato porque nos levantamos derechos y caímos
después." Estas palabras, que están dichas al principio como una simple fórmula de afecto, al final
se mostrarán como un resumen nada exagerado de lo sucedido.
En la página siguiente Edipo vuelve a insistir en su condición de infelicidad con unas palabras que,
aunque se adaptan bien a los hechos de la escena en que el dolor de la enfermedad afecta a todos,
para el público o para el lector suenan a una definición del personaje: "...como yo no hay ninguno
que ande igual de mal" o "maldito sería yo de no hacer todo cuanto pudiera indicar la divinidad"
Pero la ironía no sólo puede darse en el plano de los acontecimientos; también puede ser una ironía
semántica o de situación, como la de la página 188, cuando Creonte explica lo que ha dicho el
oráculo: "...dando a entender que la sangre esta de aquí está atormentando a la ciudad" No vemos el
gesto de Creonte, pero )a dónde podría señalar mientras decía estas palabras?
En pp. 189 y 190 vuelve a producirse una ironía que además de apuntar a la contradicción futura de
los hechos es ambigua; termina Edipo la charla con Creonte: "...yo lo aclararé todo desde el
principio... en favor de seres queridos en modo alguno lejanos, sino en favor de mí mismo barreré
esta inmundicia lejos de mí...estad seguros de que yo haré todo" Cuando Edipo menciona el
principio de todo, )no está refiriéndose a su origen, comienzo de todos sus males? También, su
reconocimiento de la autoría podría hacerse extensible al asunto que ha provocado la ira del dios.
El bando que a continuación pronuncia Edipo, pp.192-194, es todo él un cuidadoso recurso irónico,
lleno de palabras que el espectador recordará mientras comprueba que se vuelven contra el mismo
que las pronunció: con ellas se llega al grado máximo de ironía, y el propio personaje las tendrá en
mente cuando lamente haberlas pronunciado: p.233 "...de todo lo cual yo, (el colmo de la osadía!,...,
me privé a mí mismo al indicar de una forma expresa que todos sin excepción expulsaran a este
impío...". De todos modos recojo algunas palabras irónicas que en este duro comunicado hay: "...al
individuo ese, quienquiera que sea, prohibo que en este país... lo admita o le dirija la palabra
alguien...", "...pido que pase él, (miserable!, desgraciadamente una vida desventurada...y que si
llegara compartir mi hogar en mis propias mansiones con conocimiento mío, sufra...", " y puesto
que nos habría surgido comunidad de hijos comunes si no le hubiera salido a él desventurada la
descendencia (pero la realidad es que esa desventura no abatió sobre su cabeza)...", "...en defensa de
él como si de mi propio padre se tratara..." Creo que un personaje no puede decir más claramente
una cosa mientras cree decir otra.
Otras ironías son tan sutiles que sólo el comentario del especialista que traduce el texto y nos llama
la atención con notas a pie de página nos hace caer en ellas (quizá consuele pensar que al público
menos instruido de la época también le pasaran inadvertidas): en la misma página de antes Edipo
termina su bando: "en cambio a vosotros los demás cadmeos, a cuantos estas medidas os son gratas
(ojalá que la Justicia y todos los dioses os asistan..." Comenta la nota que además de irónico es
ambiguo, porque el personaje "sin querer, se excluye de la compañía de la Justicia".
También el coro puede introducir alguna ironía, pues en la intervención de p .195 sus palabras son
premonitorias: "...(mira!, estos conducen al divino vate, en quien, solo entre los hombres, radica la
verdad!" o esta otra de la página 216, que es casi un malentendido lingüístico, en que el coro le
indica a un mensajero el lugar donde puede encontrar la mansión del rey: "La vivienda es esta de
aquí, y él está dentro, extranjero. Y su mujer, la madre... de sus hijos es ésta de aquí
Otras ironías lo son de las apariencias, como la de p.198, en que precisamente Edipo le dice al ciego
adivino: "...eres ciego de oído, de razón y de vista". Sólo en apariencia Edipo "oye", "razona" o
"ve"; al final, resulta que quien carece de todos estos sentidos no es el ciego sino el que le achaca a
Tiresias que no ve: el propio Edipo. Más adelante insiste en el mismo tono, pero esta vez hablando
de sí mismo y de su inteligencia (también comentaré el tema del conocimiento en la trama de la
obra): "En cambio, yo, Edipo, el que según tú no sé nada..." y "...tanto tú como el que tramó esta
intriga vais a expulsar al sacrílego con lágrimas".
Por último, la ironía final en boca de Yocasta sobre el destino de Edipo es puesta en evidencia con
los mismos hechos que se desencadenan casi inmediatamente después: ")Por qué había de temer un
hombre en quien mandan las circunstancias de su destino y cuya previsión no es clara en nada?"
Parece dar este personaje con el tema de todo el drama, el cual, visto así, sería simplemente una
respuesta a esta pregunta.
Junto al tema de la ironía, existe otro planteamiento que se repite abundantemente en la obra y que
forma parte de su estructura: es lo que la mayoría de los críticos llaman los "aspectos ideológicos" o
"pensamiento religioso" de Sófocles. Casi todos los autores consultados coinciden en señalar que
las preocupaciones dominantes en el teatro de este autor del s. V a. de C. se refieren al tema de la
verdad (apariencia o realidad) y del conocimiento humanos. Pero, )cómo aparecen enfocados
concretamente en Edipo? Eso es lo que voy a analizar a continuación:
Una de las primeras intervenciones que aluden explícitamente a estos temas es la del adivino
Tiresias en p.195, quien, tras ser requerido por el rey para explicar las razones de tantos males, se
queja de su condición de adivino: "(Ay, ay! (El saber qué tremendo es cuando no reporta beneficio
al que sabe!" Sin duda, sus palabras se justifican por sí solas en el contexto de quien todo lo sabe
pero no puede hablar; sin embargo, al final de la tragedia comprobamos que estas mismas palabras
podrían aplicarse al desgraciado héroe: por eso, dichas aquí suenan o ambiguas ()las dice el adivino
por él mismo o por su soberano?) o irónicas. Es más, si mantenemos esta frase hasta el final de la
obra y las superponemos a la conclusión del coro, parece que se trata de una frase-resumen de la
condición de toda la humanidad, para la que el conocimiento de algo no la ayudaría a hacerla mejor.
Visto así, la enseñanza de esta historia parece algo pesimista. Pero sigamos.
Pero Edipo no se contenta con intentar averiguar lo que no sabe. El personaje además está
empeñado en dar publicidad a lo que descubra: p. 197: "...no callaré, (eso nunca!, nada de lo que
intuyo." Se opone una vez más la conducta de un hombre mortal, por muy rey o héroe que parezca,
a la actitud más prudente del adivino que de alguna manera está en contacto con la voluntad de los
dioses: (p.196) "En cambio, yo, no hay cuidado de que declare alguna vez mis desgracias...", "...aun
cuando lo oculte yo con mi silencio...", "Ya no aclararé más...", son expresiones de Tiresias, quien al
final acabará cediendo de mala gana a las preguntas de Edipo, y sólo con palabras bastante
enigmáticas para el rey. Por último, el contraste también se produce cuando se enfrentan dos
personajes regios, pues si Edipo está siempre dispuesto a hablar, en cambio su cuñado le dirá
claramente, en p.205: "Pues en las cuestiones que no entiendo me gusta callar". Y de nuevo, lo que
bien pudiera ser una frase hecha, se carga de significado teniendo en cuenta el futuro terrible del
personaje que se afana durante toda la obra por conocer el motivo de todo: )es una pista de lo que
un hombre no debe hacer?
En la p.201 Tiresias se burla irónicamente del limitado conocimiento del Edipo, y sus palabras
podrían aplicarse otra vez a lo que los mismos hechos, si tuvieran voz, le dirían al personaje del rey
en medio de la desgracia última: ")Es que no eras tú muy sagaz para descubrirlo?".
Frente al ansia de conocimiento de Edipo, Yocasta trata de actuar de freno, aunque, evidentemente,
fracasará en su intento, y cuando en la p.221 Yocasta, intuyendo el desenlace final, intenta apartar a
su hijo-marido del sufrimiento recomendándole que olvide todo lo que ha dicho el mensajero, Edipo
se revuelve con gran irritación: "Eso sí que no acontecería, que no haya de aclarar yo mi linaje
luego de haber conseguido datos de tan alto significado". Pero esos datos a los que alude Edipo
vuelven atener un significado ambiguo: )aclararán el linaje que creía descubrir el personaje o,
irónicamente, le llevará ante otro origen inesperado? No es la primera vez que Edipo interpreta
erróneamente los pasos de su búsqueda: ya antes hemos visto cómo erró con las palabras de
Tiresias. Sobre este tema volveré más tarde.
La fase última de toda la "investigación" sobre su propio origen, en lo que empezó siendo una
búsqueda de solución al problema de la ciudad, muestra la recompensa que obtiene quien es capaz
de vencer todas las tentaciones de permanecer ignorante de los hechos:
Así, en p.222, Yocasta expresa el deseo de que no logre lo que busca: "(Oh, desdichado! (Ojalá
nunca llegues a enterarte quién eres!. A lo que, imperturbable, contesta Edipo: "...yo continuaré en
mi deseo de conocer mi casta por humilde que sea" .Ironía fatal, dicen los comentaristas como
Albin Lesky, porque Edipo acabará siendo hijo de reyes. Pero lo que más llama la atención es que
Edipo, una vez más, como parece sucederle a lo largo de toda la obra en los momentos decisivos,
malinterpreta las intenciones o los acontecimientos: no es su destino humilde lo que preocupa a
Yocasta. Casi parece que el personaje que más preocupado está por enterarse de todo es el que
menos se entera de nada ()ironía del poeta hacia el personaje, de los dioses hacia sus criaturas, o de
la vida hacia los hombres?).
Por fin, en p.225, llega el momento de la verdad. El personaje no se vuelve atrás: "(Y yo de oírla (la
cuestión terrorífica), pero sin embargo hay que oírla". Es aquí donde uno, como lector de este
antiguo drama, ve la grandeza heroica del personaje: casi suena a voluntad épica, como la de
Aquiles en la Ilíada que, ante la noticia de su madre de que si venga a su amigo él mismo morirá, el
héroe responde que prefiere morir "vengando la muerte de su fiel compañero que permanecer vivo
como carga inútil sobre la tierra".
Como acabamos de mostrar con las propias palabras de los personajes, los temas de Edipo Rey
también giran en torno a la verdad y su ambigüedad o en torno al tema de su conocimiento y sus
límites, o, por lo menos, la influencia del conocimiento sobre la acción. Pero aún se puede señalar
otra característica de la obra: y es que presenta al personaje en una continua lucha por adquirir ese
conocimiento; así se entiende que en ella aparezcan sucesivos enfrentamientos, que el adivino
Tiresias no duda en calificar como "examen", o verdaderos careos, como el protagonizado por el
mensajero y el criado, en los que los personajes vienen a decir su parte de verdad para que el
investigador vaya reuniendo las piezas del rompecabezas hasta encontrar la solución. Si esta parece
una técnica detectivesca, propia de películas o novelas policíacas, el sufrimiento añadido que
experimenta Edipo malinterpretando continuamente los hechos, le acercan al género del
melodrama, con sus equívocos. Edipo no conoce toda la verdad, sólo los hechos que van
apareciendo, pero se equivoca al analizarlos. Tampoco los personajes conocen el valor de la
información que transmiten. No hay un narrador omnisciente, sino un personaje que al escuchar
sucesivas noticias va relacionándolas con sus conocimientos previos hasta llegar a una visión de
conjunto. Ahora bien, ese conocimiento que Edipo casi obtiene con violencia viene provocado por
continuas pistas o sugerencias que dejan caer diversos personajes a lo largo de la obra. Resumo los
que considero más significativos:
Las tres primeras pistas las da el coro en la página 194: 10) "búsqueda del que envió la comisión de
Febo, para que señale quién puede ser el asesino"; 20) "igual que Febo" está Tiresias, que ve tanto
como Apolo; y 30) menciona los "rumores" de que fueron varios asesinos y no uno solo.
La cuarta sugerencia viene a cargo de Tiresias, quien pregunta a Edipo, señalando irónicamente su
radical ignorancia: "..)Sabes acaso de quién eres?"
Una quinta pista (la que cité en palabras de Aristóteles al principio) la dará Yocasta sin querer, en
p.209, al pretender aclarar la cuestión de la falibilidad de los oráculos: "...y te voy a mostrar una
prueba...a saber, llegó una vez un oráculo a Layo..."
Y la sexta pista, la anterior a la definitiva del criado, la da el mensajero en la página 219, al referirse
al temor infundado, según él, de Edipo por llegar a unirse a su madre: ")sabes que temes una cosa...
sin razón?"
LA IDEOLOGÍA DE SÓFOCLES
Como se puede ver, el análisis detallado de este drama podría hacerse desde muchos puntos de
vista. Sólo he tocado algunos. En cuanto a otros tan importante o más que éstos, como el de la
Ideología o Temática en la obra de Sófocles, puede resumirse lo que dicen algunos autores.
En cuanto a si Edipo es o no lo que hoy llamamos un auténtico "personaje", desgajado del tema
primitivo del Mito, o si es un trasunto mitológico y psicológico, la crítica moderna observa
limitaciones graves como la del aislamiento del único personaje, el cual sólo ofrecería una "forma
estática del pathos, no permitiendo el juego escénico, y, por lo tanto, el desarrollo de la hondura
psicológica". Lesky niega que se trate tan sólo de caracteres, en el sentido de la psicología moderna;
los de Sófocles no son del todo personajes al modo de hoy, pero sí fue un mérito de Sófocles
dotarles de grandes "rasgos esenciales en torno a un núcleo sólido" y hacerles "libres de lo fortuito y
meramente individuales". En Edipo el autor da relieve a un hombre noble, de voluntad inflexible y
le opone en la acción personajes que adaptándose a la vida están dispuestos a evitar el riesgo y a
pactar: Yocasta dice en otra cita ya comentada: "lo mejor es ir viviendo al azar" ",
Pero además de expresar con la máxima pureza lo trágico en la historia de la Literatura, el personaje
de Edipo, según el propio Lesky, expresa muy bien el fenómeno del placer trágico y cita para ello el
epigrama de Hölderlin que dedicó a Sófocles, en el que recoge esta idea: "Más de uno intentó en
vano decir lo más alegre con alegría. / Aquí lo encuentro expresado por fin con el dolor". )De dónde
provienen estos sentimientos de sosiego o casi de alegría después de leer la representación de
Edipo? Lesky lo achaca a que la obra expresa un gran orden perdurable más allá del cambio de las
cosas y de los sufrimientos. Esta enseñanza ideológica está recogida en el canto del coro del v.684
sobre las leyes divinas y eternas: los poderes divinos ejercen su gobierno de manera terrible y de
forma inaccesible al pensamiento humano, pero siempre de manera legítima y digna de veneración:
al final no hay nada que no sea de Zeus. Lesky atribuye esta ideología de Sófocles a su interés por
expresar la repulsa que siente hacia la Sofística en sus ataques a todo lo que santificaba la tradición.
Para Lucas de Dios, en su introducción de Alianza, Sófocles se encuentra a medio camino entre la
concepción heroica tradicional, cuyo ideal está lejos de una visión del todo humana, y la postura
racionalista de la Sofística. Sófocles propugna un nuevo tipo de ideal humano: el héroe es una
mezcla de sufrimiento y error, un tipo de héroe más humanizado, y aunque abandona el esquema
tradicional y aristocrático del hombre, conserva de él algo: la división esencial entre los hombres,
pero, eso sí, no ya una división según la clase, sino según el carácter. Tampoco pretende Sófocles
ningún fin moralizador en el sentido de determinar la posible culpabilidad o inocencia de Edipo: "lo
que debate (y esto a niveles de grandiosidad trágica) es el enfrentamiento entre las leyes divinas y la
naturaleza heroica de Edipo: de un lado la voluntad divina ha puesto proa contra Edipo, y éste a
pesar de sus esfuerzos o grandezas por rehuirla, tiene que caer."
Por su parte, Benavente Barreda, en su estudio de Hernando, destaca en la obra de Sófocles lo que
él llama un "pesimismo de la experiencia": el griego ha superado la visión pesimista de la vida
gracias a la fuerza interior del espíritu; así, al resaltar el horror humano no es pesimista sino realista.
Sófocles enfrenta la esfera de lo divino y lo humano, y en Edipo el personaje no es más que un
hombre que sufre sin saber por qué. Todo procede de la mano de Zeus, sí, pero el sentido de este
proceder no está claro para el hombre: ahí reside sobre todo la intuición y madurez de Sófocles. Por
último, el héroe sofocleo es de una gran nobleza, una excelencia que le lleva a oponerse a las cosas:
esta es la causa de su dolor y angustia; el héroe es inflexible en su obrar y no retrocede; pero esto no
quiere decir que la acción humana esté en Sófocles determinada por la voluntad divina, que no
exista libertad en los mortales. Lo que ocurre es que la esfera de los hombres está subordinada a la
de los inmortales: los que no acatan las leyes escritas de los dioses reciben su castigo.
EL "COMPLEJO DE EDIPO"
Fue Sigmund Freud quien acuñó esta expresión, utilizando para sus fines el nombre del personaje
central de la obra que acabamos de comentar. Desde entonces son muchos los autores que se han
preguntado si esta expresión freudiana es o no apropiada al núcleo de la historia que la Literatura
Griega nos ha transmitido bajo el nombre de Edipo.
En la obra citada en la Bibliografía, Freud atribuye el nombre de "complejo de Edipo" a toda una
construcción psíquica cuya característica principal es el aspecto sexual del niño en determinada fase
de su crecimiento, al proyectar el sujeto infantil sus deseos sexuales sobre las personas más
próximamente afines a él. Freud cita explícitamente el Mito griego y en concreto la obra de Edipo
Rey para ilustrar sus tesis de que los deseos incestuosos son una primitiva herencia humana y de
que el mito griego debió tener esta misma significación.
Recuerda José Vara que en la interpretación sexual de este mito por parte de Freud influyeron
especialmente las palabras que le dirige Yocasta a Edipo sobre el asunto de acostarse en sueños con
la madre. Pero este tema se describe antes que en Sófocles, en las Historias de Herodoto, 6, 107, y
después en Platón, República 9, 571 c, y en Pausanias, 4, 26, 3. En todos estos pasajes se habla de
los deseos que se despiertan cuando la parte racional duerme en los sueños. También con este tema
de fondo, Lucas de Dios comenta que el "complejo de Edipo" de Freud, tal y como Freud lo
entiende, explicaría la emoción y el sobrecogimiento que sentimos en esta obra: se trataría de una
reacción psíquica que se produce porque uno se ve reflejado en el personaje mítico con esta
tendencia general infantil de tener como primer objeto de nuestro impulso sexual a la madre, y del
odio a nuestro padre. Sin embargo, casi todos los críticos coinciden en señalar que el núcleo de la
historia que describe la mitología no se adapta al significado que le da Freud en su expresión. El
principal motivo que citan es que en la leyenda clásica no hay ninguna alusión consciente o
inconsciente al deseo del héroe hacia su madre. Como en los otros casos, Edipo desconoce la
verdadera naturaleza de las cosas: su responsabilidad es sólo de hecho.