Libro Autismo (Abril)
Libro Autismo (Abril)
2da Edicion.
Cesar Rengifo
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CONTENIDO
Introducción.
CAPÍTULO I
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Desarrollo motor 45
Autonomía y la crisis de los 2 años 47
Retraso en la adquisición de habilidades 49
2 a 6 años
Lateralización y maduración cerebral 50
Señales de alerta 57
CAPÍTULO 2
Comorbilidades Médicas.
Epilepsia 86
Variabilidad Genética 87
Problemas de la Movilidad 88
Defectos de la Visión 92
Complicaciones Ambientales.
Metales Tóxicos 93
Exposición a Químicos 99
Importancia de la evaluación y tratamiento temprano
Sistema Digestivo 102
Microbiota Intestinal 105
Alergia vs. Intolerancia Alimentaria 109
3
Abordaje y soluciones
Dentición. 112
Alteraciones Inmunológicas 113
Diagnóstico y Rol del Inmunólogo
CAPÍTULO 3
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INTRODUCCION, ACERCA DE ESTE LIBRO.
A pesar de los avances que la medicina ha logrado en el siglo XXI, existen aún
enfermedades y trastornos que cargan con un fuerte estigma, como los trastornos del
neurodesarrollo. Entre estos, se incluyen el Trastorno de Déficit de Atención, el Trastorno
del Espectro Autista (TEA), el Trastorno del Lenguaje y el Síndrome de Down, entre otros.
Estos trastornos pueden generar una gran preocupación en las familias, especialmente en
los padres que reciben un diagnóstico reciente. La incomprensión de las conductas de sus
hijos, las opiniones diversas de familiares y amigos, la información dispersa en internet y las
diferencias de criterio entre los especialistas, son solo algunos de los retos que enfrentan.
Para los profesionales no especialistas en el ámbito del autismo y los trastornos del
neurodesarrollo, este libro ofrece una oportunidad para adentrarse en un tema de gran
complejidad y relevancia. La dispersión de información disponible sobre estos trastornos
puede resultar confusa para los profesionales de la salud, que, aunque bien intencionados,
no cuentan con formación específica en este campo. A lo largo de este libro, se organiza y
sintetiza información clave para que los lectores puedan comprender los distintos aspectos
del autismo y otros trastornos relacionados, y cómo pueden influir en el desarrollo infantil.
Para los profesionales, este contenido puede servir como una base para reconocer las
señales tempranas de estos trastornos y para colaborar de manera más efectiva con los
padres en la implementación de estrategias que favorezcan el bienestar y el progreso de los
niños.
Uno de los elementos más importantes para ayudar a un niño con autismo es el
diagnóstico temprano. Reconocer a tiempo que algo no está funcionando de la manera
esperada permite a los padres acceder a recursos y herramientas que fomentan el
aprendizaje y el desarrollo en las áreas donde el niño presenta dificultades. Este tiempo, en
el ámbito del neurodesarrollo, puede marcar una gran diferencia en cuanto a la adquisición
de habilidades clave para la vida futura. Por esta razón, el libro comienza con una
explicación sobre el desarrollo infantil típico, que servirá como guía para que el lector pueda
entender mejor el desafío al que se enfrentan.
Asimismo, este libro busca empoderar a los padres, brindándoles los
conocimientos necesarios para poder identificar las necesidades y fortalezas tanto del niño
como de la familia. La finalidad de las siguientes secciones es ofrecer una mirada clara y
comprensible sobre los diferentes aspectos del autismo, y facilitar la búsqueda activa de
soluciones para los diversos desafíos que pueden surgir. De esta manera, se procura evitar
el desperdicio de tiempo y recursos económicos, enfocándose en intervenciones que
realmente favorezcan el bienestar y el progreso del niño.
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Es importante también resaltar que, desde la publicación de la primera edición de
este libro en el 2020, la incidencia de Trastorno del Espectro Autista era de 1 en 100 niños,
hoy en día es 1 en 36, y el Trastorno de Déficit Atención e Hiperactividad es uno de los
trastornos del neurodesarrollo más prevalentes en la población infantojuvenil. Por lo cual
ha cobrado gran relevancia la investigación sobre el impacto de factores ambientales
tóxicos, gastrointestinales y sociales en los trastornos del neurodesarrollo.
Estos factores, que han sido identificados como influyentes en una proporción
significativa de los casos de autismo y otros trastornos relacionados, pueden ser clave para
entender las causas subyacentes y las posibles intervenciones. En muchos casos, el
tratamiento adecuado de estas condiciones puede llevar a una mejora sustancial en el
desarrollo del niño. Por ello, el presente libro no solo proporciona una guía comprensible
sobre el autismo, sino que también pone énfasis en la importancia de abordar estos factores
ambientales y biológicos, los cuales representan una parte significativa de los casos
tratables y con potencial de mejora.
También quiero expresar un inmenso agradecimiento a todas aquellas personas
que colaboraron activamente en la elaboración de este libro, sin lo cual no hubiese sido
posible enriquecer esta edición, particularmente a la Dra Karolina López.
El Autor
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NEURODESARROLLO INFANTIL, UNA VISION INTEGRAL
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grupos, sin embargo, experimentaron un aumento en el estrés y la ansiedad debido a la
incertidumbre, la falta de contacto social y las alteraciones en sus rutinas diarias.
Lo que pone en contexto que no existe un único modo "correcto" de ser o
funcionar cognitivamente, sino que el cerebro humano presenta una diversidad natural de
formas de funcionamiento, cada una válida en su contexto. Este enfoque pone en duda las
nociones de "normalidad" o "anomalía", promoviendo una visión más inclusiva y respetuosa
hacia las diferencias neurológicas, tema que abordaremos en mayor profundidad.
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Desarrollo Temprano del Feto. Durante este período, se forman las bases de todos
los órganos, pero muchos aún no están completamente desarrollados o funcionales. A
medida que avanza el primer trimestre, comienzan a formarse estructuras clave como el
sistema nervioso central y el sistema circulatorio. Un hito importante es la aparición de los
latidos del corazón fetal, que generalmente pueden percibirse hacia la sexta semana. A
finales del primer trimestre, los riñones comienzan a funcionar, y el feto ya es capaz de
eliminar líquido amniótico en forma de orina.
El primer trimestre es también el período de mayor riesgo para la pérdida del
embarazo o aborto espontáneo, que puede ocurrir por diversas razones. Aunque muchas
veces no se puede identificar con exactitud la causa de un aborto espontáneo, hay factores
conocidos que aumentan el riesgo, algunos de los cuales son prevenibles. Estos incluyen:
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Categoría B: Medicamentos que han sido administrados a un número limitado
de mujeres embarazadas sin demostrar un aumento en las malformaciones, pero con
evidencia de efectos adversos en estudios animales. Los datos en humanos son inciertos.
Ejemplos: Amoxicilina, paracetamol (acetaminofén).
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adverso, ya sea de origen genético, ambiental o relacionado con la salud de la madre, puede
condicionar el desarrollo del feto y predisponerlo a problemas de salud al momento del
nacimiento.
Enfermedades crónicas de la madre: Enfermedades como el hipotiroidismo,
diabetes, problemas respiratorios o renales, así como otras condiciones crónicas de salud,
aumentan el riesgo de un ambiente alterado que puede afectar el crecimiento fetal y
predisponer a trastornos del neurodesarrollo. Los medicamentos utilizados para tratar
estas afecciones también pueden representar un riesgo para el feto, ya que algunos de ellos
pueden interferir con el desarrollo adecuado de los órganos y sistemas.
La Dieta Materna. Una nutrición adecuada durante este trimestre es fundamental
para asegurar el correcto neurodesarrollo. La dieta materna debe proporcionar los
aminoácidos esenciales, vitaminas y minerales necesarios para el crecimiento y la
maduración del cerebro fetal. Una deficiencia en estos nutrientes puede comprometer el
desarrollo neuronal y aumentar el riesgo de alteraciones en el neurodesarrollo.
La exposición a metales pesados o tóxicos. El mercurio, plomo y arsénico tienen
un impacto negativo directo en el desarrollo cerebral del feto. Estos metales interfieren con
la capacidad de la madre para proveer al feto los nutrientes esenciales necesarios para un
crecimiento saludable (Caitlin G Howe, 2022).
Mercurio: El mercurio afecta directamente el desarrollo neuronal y puede
interferir con la conversión de la hormona tiroidea T3, que es esencial para el
metabolismo y la función cerebral. Además, se ha comprobado que el mercurio agota
las reservas de selenio del feto, un mineral crucial para el adecuado funcionamiento
del sistema nervioso.
Plomo: Este metal afecta en primer lugar los huesos en formación del feto, pero
a medida que avanza el embarazo, el plomo puede atravesar las membranas
neuronales, acumulándose en el cerebro y afectando el desarrollo cognitivo. Al nacer,
los efectos del plomo pueden manifestarse como retardo en el crecimiento,
hiperactividad, deficiencia intelectual y agresividad.
Arsénico: La exposición al arsénico durante el embarazo se ha asociado con
diversas malformaciones congénitas en los recién nacidos, como tumores
abdominales, labios fisurados o leporino y polimalformaciones.
El tercer trimestre del embarazo es una fase crucial de maduración para el feto, ya
que se perfeccionan los órganos, se incrementa su peso y tamaño, y se finalizan los procesos
que permitirán que el bebé pueda vivir de manera independiente fuera del útero. Aunque
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el sistema inmunológico del feto aún está inmaduro, a través de la placenta, la madre
transfiere inmunoglobulinas, proporcionando al bebé protección frente a infecciones en los
primeros meses de vida.
Maduración del Sistema Nervioso Central y la Migración Neuronal. Uno de los
procesos más relevantes durante el tercer trimestre es la maduración del sistema nervioso
central. En esta fase, el cerebro del feto experimenta una intensa organización estructural,
un proceso fundamental para su funcionamiento futuro. Las neuronas continúan su
migración hacia las áreas específicas donde se realizarán sus funciones, un fenómeno crucial
para la configuración de los circuitos neuronales que darán lugar a la cognición, el
movimiento y la respuesta emocional. Etapa, que se extiende hasta el primer año de la
infancia.
El proceso de migración neuronal es acompañado por la mielinización de las fibras
nerviosas, lo que permite la transmisión más rápida de los impulsos nerviosos. La migración
neuronal ineficiente o alterada puede dar lugar a deficiencias en la organización y
remodelación del sistema nervioso en los primeros años de vida, crítica para el
establecimiento de las bases neurológicas del aprendizaje, la memoria y las capacidades
cognitivas.
Desarrollo de los Ritmos Biológicos y la Diferenciación Neuronal. Durante este
trimestre, el feto también comienza a establecer sus ritmos biológicos o ciclos circadianos.
Estos ciclos son patrones regulares de actividad fisiológica que ocurren a intervalos
específicos, y están determinados genéticamente; Ciclos de frecuencia alta: Se refieren a
patrones que ocurren rápidamente, como el latido cardíaco, la frecuencia respiratoria y la
actividad cerebral. Ciclos de frecuencia media: Incluyen los ritmos de sueño y vigilia, que
ocurren generalmente cada 12-24 horas. Ciclos infradianos: Son ciclos más largos, como los
ciclos hormonales que pueden durar más de 24 horas.
La diferenciación neuronal, y la interacción entre ciclos de distintas frecuencias es
un proceso fundamental para el aprendizaje, ya que ayuda a establecer las bases para la
capacidad del cerebro de procesar y responder a estímulos internos y externos del
ambiente, y es clave para la adaptación del feto a su entorno.
Una parte esencial del funcionamiento del cerebro es la comunicación entre
neuronas y con otros órganos a través de neurotransmisores, que son mensajeros químicos
producidos por las propias neuronas. Existen más de 150 sustancias que actúan como
neurotransmisores, transmitiendo información en forma de impulsos nerviosos. Estos
impulsos pueden causar reacciones de excitación o inhibición cerebral, y son esenciales
para una serie de funciones vitales.
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La comunicación neuronal se lleva a cabo a través de un proceso denominado
sinapsis, que implica la liberación de neurotransmisores en el espacio entre dos neuronas,
conocido como hendidura sináptica. Estos neurotransmisores se unen a receptores
específicos en la neurona siguiente, transmitiendo la señal que, en última instancia, da lugar
a una respuesta; Movimiento, contracción y relajación muscular, que permite los
movimientos corporales; Regulación hormonal, los neurotransmisores también juegan un
papel en la secreción de hormonas, lo que contribuye a la regulación de funciones
fisiológicas esenciales como el metabolismo y el crecimiento; Cambio en el estado
emocional, esta interacción entre neuronas es crucial para todo lo que hacemos: pensar,
reaccionar y comunicarnos.
El adecuado equilibrio y funcionamiento de los neurotransmisores es fundamental
para el establecimiento de una función cerebral saludable, el desarrollo motor y la
regulación de las emociones. La naturaleza de la respuesta ante un estímulo depende en
gran medida de la frecuencia, duración e intensidad, de la sinapsis, y el tipo de
neurotransmisor involucrado. Los neurotransmisores se dividen en dos grandes categorías
según su efecto sobre la actividad neuronal: excitatorios e inhibitorios.
Dopamina Serotonina
Noradrenalina
Melatonina
Adrenalina Endorfinas
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Acetilcolina (ACh): La acetilcolina es un neurotransmisor crucial tanto en el sistema
nervioso periférico como central. Fue el primer neurotransmisor descubierto por el biólogo
y premio Nobel Otto Loewi en 1921, lo que marcó un hito en el estudio de la
neurotransmisión. La acetilcolina desempeña un papel fundamental en varios procesos
biológicos esenciales, tanto a nivel físico como cognitivo.
A nivel físico, la acetilcolina es responsable de la contracción muscular, incluyendo
los músculos del sistema gastrointestinal. En este contexto, facilita la movilidad y función
de órganos clave, permitiendo adaptaciones críticas para la supervivencia, como el
movimiento y la digestión. Es el principal responsable de la transmisión del impulso nervioso
hacia los músculos, facilitando desde simples movimientos voluntarios hasta las
contracciones involuntarias del corazón y el intestino.
En el cerebro, la acetilcolina desempeña un papel en funciones cognitivas
superiores como:
Rendimiento intelectual: Facilita el pensamiento rápido, la creatividad y la
flexibilidad mental, lo que permite adaptarse rápidamente a situaciones
cambiantes.
Memoria: Es crucial para la formación de memorias a corto y largo plazo,
interviniendo en procesos de aprendizaje y consolidación de recuerdos. Una
disminución de acetilcolina está asociada con trastornos de la memoria.
Atención y concentración: La acetilcolina también regula la atención y la
concentración, favoreciendo el enfoque en tareas específicas y la capacidad de
mantenerse alerta en ambientes exigentes.
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Este efecto amplificador es útil para el aprendizaje rápido y la adaptación a estímulos
complejos. Sin embargo, si no está adecuadamente regulado, puede tener efectos
negativos.
Si el glutamato actúa de manera descontrolada, puede sobrecargar las neuronas,
llevando a un exceso de actividad excitatoria que destruye las células neuronales llamado
excitotoxicidad. Este fenómeno, puede ocurrir en trastornos como esclerosis lateral
amiotrófica (ELA), accidente cerebrovascular, lesiones cerebrales traumáticas y en el uso de
drogas (Carlos Beas Zárate, 2005).
El exceso de glutamato y acetilcolina puede generar respuestas emocionales
inadecuadas o extremas, como pánico o parálisis emocional, que se manifiesta en
situaciones de miedo o dolor extremo. Este desequilibrio puede llevar a episodios de
colapso nervioso o incluso pérdida de conciencia.
La disfunción de la acetilcolina tiene implicaciones significativas en el trastorno del
neurodesarrollo. Es un neurotransmisor fundamental para la plasticidad sináptica, la
organización neuronal y la comunicación entre áreas del cerebro, procesos esenciales para
un desarrollo neurológico adecuado. Puede influir en déficits funcionales en la atención,
memoria, aprendizaje, regulación emocional y las funciones ejecutivas, lo cual es más
evidente en trastornos como el Trastorno del Espectro Autista (TEA) y el Trastorno por
Déficit de Atención e Hiperactividad (TDAH). Tema que ahondaremos en el siguiente
capítulo.
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gratificación como lograr metas, recibir abrazos, reír, practicar ejercicio físico, y en
experiencias íntimas como las relaciones sexuales.
La dopamina es un neurotransmisor esencial para nuestra vida diaria, vinculada
tanto al placer como a funciones vitales como la atención, la memoria y el aprendizaje. Sin
embargo, su desequilibrio puede contribuir a diversos trastornos, desde problemas
conductuales en la infancia hasta condiciones graves como la psicosis o las adicciones. Los
niños con TDAH suelen presentar niveles desbalanceados de dopamina, adrenalina y
noradrenalina, lo que dificulta el control de la conducta impulsiva. Aunque la hiperactividad
es el síntoma más visible, el verdadero desafío está en el déficit de atención, que afecta el
aprendizaje y el desarrollo de la memoria (Isabel Margarita López, 2009).
Sustancias como el café, el té, la nicotina y otras estimulantes incrementan la
liberación de dopamina. Por ello, estas prácticas son comunes en contextos sociales y
laborales para mejorar la atención, la memoria y el bienestar emocional. Comprender el
funcionamiento de la dopamina y buscar un equilibrio adecuado es clave para promover un
desarrollo saludable y un bienestar emocional sostenible.
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vómitos, especialmente en situaciones de estrés o durante el consumo de alimentos
irritantes. También está relacionada con la sensación de saciedad y de asco, siendo este
último una respuesta protectora del organismo frente a sustancias o experiencias
potencialmente peligrosas, tema que abordaremos en “las Emociones”.
Actúa como precursor de la melatonina, la hormona responsable de regular el ciclo
del sueño y los ritmos circadianos. Esto la convierte en un elemento clave junto al GABA,
para un descanso reparador y para mantener un ciclo sueño-vigilia equilibrado.
A diferencia de la dopamina, la síntesis y liberación de serotonina no puede ser
fácilmente inducida mediante acciones concretas; su producción depende de un
aminoácido esencial llamado triptófano, que se obtiene exclusivamente a través de la dieta.
Alimentos ricos en triptófano favorecen la producción de serotonina: chocolate oscuro,
frutos secos, dátiles, plátanos, carnes de aves y pescados.
Bajos niveles de serotonina están estrechamente asociados con ansiedad,
trastorno obsesivo-compulsivo (TOC) y depresión. Puede aumentar la impulsividad, las
conductas agresivas y la dificultad para manejar emociones intensas, y afecta la síntesis de
melatonina, lo que puede ocasionar insomnio o alteraciones en el ciclo sueño-vigilia. Un
desequilibrio de serotonina en el tracto gastrointestinal puede causar síndrome del
intestino irritable, náuseas o vómitos recurrentes.
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Tipo GABAérgico: Neurotransmisor predominante Ácido Gamma-aminobutírico.
Características: Las personas con una personalidad GABAérgica son relajadas,
tranquilas y a menudo tienen una gran capacidad para manejar el estrés y la ansiedad. Son
más pasivas y prefieren la estabilidad y la paz en sus vidas. Suelen ser personas que buscan
evitar conflictos y tensiones. Tienen una capacidad destacada para calmarse a sí mismas y
a los demás, y pueden ser muy sensibles al estrés.
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Al llegar a la oficina y tomar un vaso de agua, la vasopresina entra en escena,
obligándote a ir al baño. Afortunadamente, el GABA activa el sistema parasimpático,
ayudándote a relajarte y enfocarte en el trabajo.
12:00 PM: El placer del almuerzo
El hambre regresa como un reloj suizo, y con el primer bocado del almuerzo,
comienza la magia. La glicina, el GABA, la serotonina, la dopamina y las endorfinas entran
al escenario en perfecta armonía. El resultado: una mezcla de placer, calma y esa dulce
somnolencia postprandial que te invita a tomar una siesta... aunque estés en tu escritorio.
Tarde: Café y risas para sobrevivir
El cansancio de la tarde pone a prueba tu concentración, que solo dura entre 20 y
30 minutos. Para romper la monotonía, te ríes, te mueves, y alguien sugiere un café. Si estás
cerca del día de pago, quizá lo acompañes con un dulce. Este combo libera dopamina y
endorfinas, inyectándote energía para terminar la jornada laboral.
Noche: Hogar, dulce hogar
Al llegar a casa, el contacto con tu familia eleva los niveles de serotonina y
oxitocina, creando una atmósfera de conexión y calma. Después de la cena, sin que te des
cuenta, el GABA y la melatonina toman el control. El telón comienza a caer lentamente,
llevándote a un sueño profundo. Durante este, se libera hormona de crecimiento,
reparando y restaurando tu cuerpo para un nuevo día.
El Gran Finale
Este ciclo diario, repetido con precisión asombrosa, no es solo un conjunto de
reacciones químicas. Es una sinfonía en la que cada neurotransmisor tiene su papel único,
equilibrando la excitación y la calma. En esta danza neuronal, tu cuerpo elige entre dos
caminos: crecer, aprender y desarrollarse, o activar los sistemas necesarios para defenderse
y sobrevivir. ¿No es fascinante pensar que todo esto ocurre sin que te des cuenta?
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hiperactividad típicas del trastorno. Aumento constante de la excitación fisiológica, lo que
puede dificultar la concentración en tareas específicas y promover una conducta impulsiva.
Elevados niveles de cortisol y adrenalina, que contribuyen a una mayor irritabilidad y
dificultad para gestionar el estrés. El déficit parasimpático no permite relajarse para lograr
un estado de calma, incluso en situaciones que requieren enfoque y atención sostenida.
También hay problemas de sueño, debido a una menor capacidad para disminuir la
activación fisiológica antes de dormir y alteraciones digestivas.
Integración Neurosensorial
La integración neurosensorial se refiere al proceso mediante el cual el sistema
nervioso central organiza, interpreta y responde a la información que recibe de los
diferentes sentidos del cuerpo, como la vista, el oído, el tacto, el gusto, el olfato, y también
las señales internas del cuerpo (como las de los órganos y los músculos). Esta integración es
crucial para la percepción consciente del mundo y para generar respuestas adecuadas a los
estímulos que nos afectan.
Los órganos sensoriales (ojos, oídos, piel, etc.) detectan estímulos del entorno o
del interior del cuerpo. Estos estímulos se convierten en señales eléctricas que viajan desde
los receptores hasta áreas específicas del cerebro a través de las vías neuronales. En el
cerebro, las señales sensoriales son procesadas e interpretadas por áreas especializadas,
como la corteza somatosensorial (para el tacto), la corteza auditiva (para el sonido) o la
corteza visual (para la visión). La corteza insular frontal, juega un rol importante en integrar
información sensorial de dentro del cuerpo, como las señales de los órganos internos
(interocepción).
Después de procesar y organizar los estímulos sensoriales, el cerebro toma
decisiones sobre cómo responder. Esto puede involucrar respuestas motoras (movimiento
físico) y respuestas emocionales (como una reacción de miedo al ver algo peligroso). Las
áreas cerebrales como la corteza motora, el cerebelo y la corteza prefrontal también
intervienen en este proceso. En muchas situaciones, el cerebro no procesa los estímulos de
manera aislada. La integración multisensorial ocurre cuando el cerebro combina la
información de múltiples sentidos para construir una percepción coherente y completa del
entorno:
En una conversación, no solo procesamos lo que alguien está diciendo
(información auditiva), sino que también interpretamos las expresiones faciales y el
lenguaje corporal (información visual) y las intenciones emocionales (información afectiva),
lo que permite que podamos responder de manera adecuada.
Caminar en un entorno oscuro: Aunque no puedas ver bien debido a la falta de luz,
aún puedes caminar utilizando señales de otros sentidos, como el tacto (al sentir el suelo
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bajo tus pies) y el oído (al escuchar ruidos que te indican la proximidad de objetos). El
cerebro integra esta información para guiar tus movimientos.
Al comer, experimentamos una integración neurosensorial de diversos sentidos. El
gusto se combina con el olfato, el tacto y, a veces, la vista para generar una experiencia más
rica y precisa de lo que estamos consumiendo. Además, el cuerpo también recibe señales
internas, como la sensación de saciedad.
La corteza insular es un área clave en la integración de la información sensorial. Es
especialmente importante en la interocepción, que es la percepción de los estados internos
del cuerpo, como el dolor, la temperatura, la presión o el hambre. También tiene un papel
en la integración de la información emocional y cognitiva y en la conciencia de las
sensaciones del cuerpo, permitiendo que la percepción sensorial se convierta en una
experiencia consciente.
Cuando la integración neurosensorial no funciona correctamente, pueden surgir
una variedad de trastornos. A menudo observados en personas con trastorno del espectro
autista (TEA), donde los individuos pueden tener dificultades para procesar y reaccionar a
estímulos sensoriales de una manera que sea adaptativa. Trastornos del procesamiento
sensorial de la corteza insular pueden llevar a dificultades en la integración de señales
sensoriales y emocionales, lo que puede causar alteraciones: en la conciencia corporal, la
percepción emocional, la toma de decisiones, control de impulsos, y capacidad de percibir
los estados internos del cuerpo, como el hambre, el dolor, la sed y otros estados fisiológicos.
Se puede decir que es esencial para el procesamiento de información emocional compleja,
la interacción social y la toma de decisiones bajo condiciones emocionales y físicas.
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Razonamiento Intuitivo, o empatía intuitiva
El pensamiento intuitivo tiene su base en el hemisferio derecho, particularmente
en el sistema límbico y el lóbulo temporal derecho, áreas especializadas en emociones,
instintos, atención y memoria episódica. Este hemisferio piensa en imágenes, símbolos y
sentimientos, conectando experiencias previas con situaciones actuales. Su característica
distintiva es el pensamiento creativo, que relaciona ideas que conscientemente no
vinculamos.
Este razonamiento es rápido, automático y basado en experiencias previas o
instintos. No requiere un análisis profundo y se genera sin un esfuerzo consciente, a
menudo guiado por emociones o patrones de pensamiento habituales. Es útil para
decisiones rápidas, pero puede estar sujeto a sesgos y errores. Este proceso impulsa el
desarrollo de respuestas anticipatorias que llamamos intuición. Estas conductas iniciales
son inconscientes y basadas en emociones y sensaciones, lo que permite al organismo
responder rápida y eficientemente a los cambios del entorno, siempre y cuando la
anticipación sea correcta.
Por ejemplo, cuando un bebé escucha acercarse a alguien, su cuerpo responde con
un estrés anticipatorio: el ritmo cardíaco y la respiración se aceleran, aumentando el flujo
sanguíneo y la oxigenación a órganos clave. Sus sentidos se agudizan para identificar si
quien se aproxima es su madre. Si es ella, el bebé experimenta placer, calma y seguridad. Si
no, surge una respuesta aversiva, que puede manifestarse en llanto o irritación.
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neuronas espejo ya no se activan tanto para aprender mediante imitación, siguen
permitiendo entender las emociones y acciones de los demás. Por esta razón, nos
emocionamos viendo una obra de teatro o una película, a pesar de saber que no es real.
Las respuestas emocionales ante acciones presenciales son más potentes y
estimulantes que sus representaciones, como es el caso de los dispositivos electrónicos.
También el aislamiento social y las restricciones implementadas durante la pandemia de
COVID-19 (reducción de contactos presenciales como abrazos, expresiones faciales y gestos
corporales), tuvieron un impacto significativo en diversos aspectos del desarrollo cerebral,
incluyendo el funcionamiento y crecimiento de las neuronas espejo de los niños y
adolescentes.
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Un ejemplo claro de esta integración ocurre en el trabajo de un escritor. Mientras
el hemisferio izquierdo analiza reglas ortográficas y de sintaxis, el hemisferio derecho
participa construyendo las emociones y sensaciones que acompañan las palabras escritas.
Este proceso conjunto demuestra cómo ambos hemisferios trabajan en armonía para lograr
tareas complejas, como crear una obra que no solo cumpla con estándares técnicos, sino
que también conecte emocionalmente con el lector. Como vimos, cuando hay dificultades
en la integración, pueden surgir problemas en la regulación emocional, el aprendizaje y la
adaptación social.
LAS EMOCIONES
Entre los muchos factores que condicionan y moldean las respuestas conductuales
se encuentran las emociones. Estas actúan como filtros que modifican la percepción de la
realidad y permiten que, en un momento dado, una reacción sea espontánea e intuitiva o,
por el contrario, producto de un pensamiento racional y lógico. Las emociones son innatas,
inconscientes, comunes y universales. De acuerdo con la teoría clásica del psicólogo
estadounidense Paul Ekman, las emociones básicas son seis: felicidad, tristeza, miedo, ira,
sorpresa y asco.
Un ejemplo didáctico de la importancia de las emociones se encuentra en la
película animada Inside Out (Intensamente o Del Revés). Esta obra de Pixar explora cómo
las emociones influyen en las decisiones y el comportamiento de Riley, una niña de 11 años.
A través de sus personajes, que representan las emociones básicas, se muestra cómo estas
actúan como guías esenciales para afrontar los desafíos y adaptarse a los cambios.
En Inside Out 2, Pixar amplía esta exploración emocional al introducir nuevas
emociones, mostrando cómo la complejidad emocional aumenta con la adolescencia. La
narrativa destaca cómo las emociones trabajan en equipo para manejar situaciones más
sofisticadas y desafiantes, como la búsqueda de identidad y las relaciones interpersonales.
Este enfoque refuerza la idea de que todas las emociones, incluso las percibidas como
negativas, cumplen funciones críticas para el desarrollo y la adaptación.
Tristeza. Una de las emociones percibidas como más negativa, la tristeza implica
una disminución de la energía y del estado de ánimo, reduciendo la capacidad de
aprendizaje y la interacción social. Sin embargo, también cumple una función adaptativa
importante, permitiendo enfocar recursos psicológicos en la pérdida, fomentar la
recuperación emocional y generar nuevas estrategias. Está asociada con la creatividad, pues
muchas obras artísticas surgen de momentos de introspección y melancolía. Culturalmente,
la expresión de la tristeza puede estar restringida, especialmente en los varones, lo que
podría llevar a conductas ambivalentes.
Ira. Percibida también como una emoción negativa, la ira genera energía que
prepara al cuerpo para enfrentar situaciones frustrantes o aversivas. Al igual que el miedo,
activa el sistema simpático, incrementando la liberación de neurotransmisores como la
adrenalina. Aunque es una emoción ambigua, ya que no siempre el objeto de la ira está
claramente definido, también cumple una función adaptativa al permitir establecer límites
o resolver conflictos.
Sorpresa. La sorpresa se considera una emoción neutral y breve, que surge ante
eventos inesperados. Su función principal es interrumpir los patrones de pensamiento
automáticos y activar la atención hacia el estímulo novedoso, facilitando una exploración
rápida que deriva en otra emoción, como felicidad, tristeza o miedo.
Asco. El asco es una emoción de protección que nos ayuda a evitar sustancias,
alimentos o situaciones que podrían ser peligrosas o nocivas. Se asocia a una sensación de
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desagrado intenso que puede manifestarse con náuseas o malestar gastrointestinal.
Además, puede tener un carácter social, promoviendo el rechazo hacia conductas o
individuos considerados "tóxicos". Al igual que el miedo, el asco deja una marca profunda
en la memoria.
Las emociones tienen un impacto directo sobre el equilibrio entre los sistemas
nerviosos simpático y parasimpático. Por ejemplo, el miedo y la ira activan
predominantemente el simpático, generando respuestas de lucha o huida que preparan al
organismo para la acción. En cambio, la tristeza podría favorecer la actividad parasimpática,
promoviendo un estado de introspección y recuperación. Este equilibrio entre ambos
sistemas es fundamental para la regulación emocional y el bienestar.
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Las emociones son, en esencia, una forma de comunicación interna y externa. La
interpretación de estas señales determina cómo respondemos y nos relacionamos con
nuestro entorno, permitiendo tanto el crecimiento personal como la supervivencia. A pesar
de que la industria farmacéutica a menudo busca suprimir y medicar las emociones
negativas, estas son fundamentales para nuestro desarrollo y adaptación a lo largo de la
vida.
SISTEMA DE REPRESENTACIÓN
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como "insensibles" si no comprenden su necesidad de moverse y experimentar de forma
física las expresiones de cariño.
REMODELACIÓN CEREBRAL
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como un proceso estático y predeterminado, a una perspectiva dinámica, única e
irrepetible. Como expresamos con anterioridad, términos como neurodiversidad y
neurodivergencia buscan reforzar la idea de que el cerebro es flexible y puede adaptarse a
diversas experiencias a lo largo de la vida.
La estimulación ambiental juega un papel crucial en este proceso. Los circuitos
cerebrales que no se utilizan tienden a desaparecer, mientras que los más utilizados se
refuerzan, un fenómeno conocido como remodelación cerebral. Este proceso es
particularmente intenso durante los primeros seis años de vida, que es cuando se establece
la base para el aprendizaje, la adquisición de nuevas habilidades y hábitos. A través de la
repetición y el entrenamiento, ya sea en habilidades motoras, cognitivas o tecnológicas, se
pueden potenciar diversas capacidades.
Los niños, durante sus primeros años, aprenden intensamente a través de la
imitación y la repetición, por lo que el juego y el ejercicio físico son fundamentales para este
proceso. Los niños universalmente siguen un patrón de desarrollo y de adquisición de
habilidades claras, lo que llamamos hitos del neurodesarrollo. Una nueva habilidad lleva a
otra nueva habilidad, esto no ocurre en forma aleatoria, sino ocurre en forma secuencial
planificada en un momento dado del neurodesarrollo.
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La poda neuronal ocurre en varias etapas del desarrollo. Esta "eliminación" o poda
neuronal es más prominente durante dos períodos críticos: los primeros años de vida
(particularmente en los primeros dos años) y la adolescencia. Inicialmente, en la infancia
hay una exuberancia sináptica, en la cual se forman un gran número de conexiones
neuronales. Con el tiempo, a medida que el cerebro madura, mantiene las conexiones más
fuertes y eficientes, mientras que aquellas que no se activan con suficiente regularidad son
desechadas. Este proceso de poda continua hasta la adolescencia, donde se cree que es
crucial para la maduración de áreas cerebrales clave, lo que a su vez mejora la eficiencia de
la comunicación entre diferentes regiones del cerebro y optimiza las funciones cognitivas,
emocionales y conductuales.
Durante estos dos periodos, el cerebro es altamente plástico, lo que significa que
puede adaptarse y reorganizarse en respuesta a las experiencias sociales y exposición
ambiental. En la infancia, la poda está especialmente vinculada al desarrollo de habilidades
cognitivas y motoras, mientras que, en la adolescencia, afecta áreas como la corteza
prefrontal, que es responsable de funciones ejecutivas como la planificación, el control de
impulsos, la toma de decisiones y el juicio.
La exposición a sustancias como los metales, el alcohol, las drogas o incluso ciertos
contaminantes ambientales pueden interferir con la poda neuronal, alterando su curso
natural, lo que resulta en un desarrollo cerebral menos eficiente. Asimismo, el estrés
crónico, especialmente durante la infancia, puede afectar la actividad del eje hipotálamo-
hipófisis-adrenal, lo que incide directamente en la plasticidad neuronal y la poda (Jennifer
Guadamuz Delgado, 2022).
Una poda neuronal insuficiente o defectuosa puede llevar a la persistencia de
conexiones sinápticas redundantes o inapropiadas, afectando la eficiencia de la
comunicación neuronal, con consecuencias importantes en el desarrollo cognitivo y
emocional. En niños con trastornos del neurodesarrollo como el Trastorno por Déficit de
Atención e Hiperactividad (TDAH) o el Trastorno del Espectro Autista (TEA), se ha observado
que la poda neuronal alterada podría contribuir a las dificultades típicas de estos trastornos,
tales como: Dificultades para concentrarse y aprender tareas complejas. Dificultades en la
toma de decisiones y control de impulsos. Problemas de comunicación y habilidades
sociales.
Durante la adolescencia, las alteraciones en este proceso de poda pueden afectar
gravemente el desarrollo de las funciones ejecutivas, lo que puede resultar en una falta de
madurez en el control emocional, la toma de decisiones impulsivas y problemas en la
regulación de comportamientos complejos. Este fenómeno es particularmente relevante en
los adolescentes con TEA o TDAH, ya que las alteraciones en la poda durante esta etapa
también pueden influir en el riesgo de desarrollar trastornos psiquiátricos concomitantes
35
(ansiedad o depresión), condiciones que son comunes en personas con TEA o TDAH
(Cardozo PL, 2019).
La importancia de la metilación en la poda neuronal. Durante el desarrollo, el
cerebro necesita un equilibrio entre la formación de nuevas conexiones (sinaptogénesis) y
la eliminación de las sinapsis no necesarias (poda). La metilación del ADN es una
modificación química en la que un grupo metilo (CH₃) se une a una de las bases del ADN
(citosina). Este proceso puede modificar la expresión de los genes sin cambiar la secuencia
del ADN (lo que se conoce como un cambio epigenético). La metilación generalmente
silencia o reduce la actividad de los genes, impidiendo que sean leídos y traducidos,
regulando una amplia variedad de procesos biológicos, en respuesta a factores ambientales
como la nutrición, el estrés y las experiencias sociales tempranas. En el cerebro, la
metilación juega un papel clave en la regulación de las funciones neuronales (plasticidad
neuronal, poda, maduración y el desarrollo cerebral).
Alteraciones en los patrones de metilación del ADN pueden tener un impacto
significativo en el proceso de poda neuronal y en el desarrollo cerebral en general. Un
desajuste en este proceso puede contribuir a una variedad de trastornos neurológicos,
como: Trastornos del espectro autista (TEA), Trastornos del aprendizaje o Esquizofrenia en
la adolescencia (Zhang, 2019).
36
acompañamiento en este período son fundamentales para evitar alteraciones en el
crecimiento físico y mental del niño.
Desde el punto de vista médico, la malnutrición o las deficiencias en los primeros
1000 días pueden dar lugar a retrasos en el crecimiento, dificultades cognitivas, problemas
de conducta e incluso contribuir a trastornos metabólicos y enfermedades crónicas en la
vida adulta. El monitoreo de estos aspectos es esencial para garantizar el desarrollo óptimo
de los niños.
El diagnóstico temprano del Trastorno del Espectro Autista (TEA) dentro de este
marco temporal es crucial, ya que los primeros signos del autismo pueden ser evidentes en
los primeros 12 a 18 meses de vida, periodo en el que la plasticidad cerebral es más alta y
las intervenciones tempranas pueden mejorar considerablemente el pronóstico a largo
plazo. Este diagnóstico se basa en la observación y evaluación sistemática de los hitos del
desarrollo, tales como hemos visto: la comunicación social, la reciprocidad emocional, el
desarrollo de la motricidad y el lenguaje adecuado.
El diagnóstico de TEA a menudo involucra una combinación de pruebas clínicas,
evaluaciones psicométricas, entrevistas con los padres y la observación directa del niño. La
identificación temprana de signos de alarma como la falta de contacto visual, la ausencia
de sonrisas sociales o la falta de interés en la interacción con otros niños, puede ser clave
para un diagnóstico temprano.
Intervención prenatal
Como acabamos de ver, muchas sociedades médicas han ampliado el concepto de
atención temprana hasta el periodo prenatal, proponiendo estrategias preventivas para
reducir la exposición del feto a factores adversos que puedan comprometer el
neurodesarrollo durante la gestación. En este contexto, la prevención durante la gestación
no busca realizar un diagnóstico, sino identificar y minimizar riesgos que podrían afectar el
desarrollo del sistema nervioso del feto:
Exposición materna a factores ambientales tóxicos: La exposición de la madre a
factores ambientales tóxicos (metales, disruptores endocrinos, pesticidas), durante el
embarazo puede tener efectos adversos significativos en el desarrollo fetal y la salud
materna. Estos factores pueden afectar de diversas maneras al feto, desde alteraciones en
el neurodesarrollo hasta malformaciones congénitas y problemas de crecimiento. La
gestión y prevención de esta exposición es fundamental para promover un embarazo
saludable, es importante conocer ambientalmente estos riesgos para procurar la reducción
de la exposición a dichos contaminantes (agroquímicos, solventes, plomo, cadmio, mercurio
y medicamentos).
37
Estado nutricional: El estado nutricional durante el embarazo desempeña un papel
fundamental en el desarrollo saludable del feto y en la salud de la madre. Una dieta
equilibrada y la suplementación adecuada, bajo supervisión médica, no solo garantiza que
el bebé reciba los nutrientes esenciales para su crecimiento, sino que también reduce el
riesgo de complicaciones obstétricas y enfermedades a largo plazo en ambos.
PRIMEROS 6 MESES.
Durante los primeros meses de vida, el cerebro del niño continúa desarrollándose,
los primeros seis meses son fundamentales para la adquisición de habilidades motoras y de
comunicación. En este periodo, las conexiones neuronales comienzan a organizarse en
respuesta a la estimulación visual, auditiva y táctil, y la interacción con el entorno. El apego,
por ejemplo, es una de las primeras formas de comunicación emocional en los recién
nacidos, y se establece a través del contacto físico, que favorece el vínculo afectivo y la
confianza (Marinus van Ijzendoorn, 2005).
Durante los primeros 6 meses de vida, la conducta del bebé se convierte en su
principal forma de comunicación, ya que aún no ha desarrollado un lenguaje verbal. Desde
el nacimiento, predominan respuestas automáticas e inconscientes que facilitan la
38
homeostasis o el equilibrio interno del organismo, como las funciones de la frecuencia
cardíaca, respiratoria, digestión, evacuación, sudoración y salivación. Estos mecanismos
fisiológicos permiten la adaptación del bebé a su entorno y le ayudan a sobrevivir,
preparándolo para enfrentar nuevos estímulos y desafíos. Un ejemplo de este proceso
adaptativo es la salivación ante el estímulo del alimento, lo que anticipa la digestión.
A medida que avanzan los meses, el bebé comienza a depender más de sus órganos
sensoriales para interactuar con el mundo. Desde los primeros minutos de vida, el bebé
abre los ojos y puede percibir el entorno, aunque su visión es borrosa y limitada. En este
periodo, los recién nacidos no son capaces de enfocar con precisión ni percibir colores, y su
visión se limita a una percepción en primer plano.
Esta visión difusa les protege de la sobrecarga sensorial, pues el desarrollo visual
es gradual, y en los primeros meses se enfoca en captar los estímulos más cercanos. La
respuesta visual se va afinando gradualmente, y hacia los 2-3 meses, el bebé empieza a
reconocer detalles faciales, especialmente los de la madre, lo que refuerza su vínculo
afectivo. Este es el momento en el que el bebé empieza a mostrar señales claras de interés
social al fijar su mirada y también de desinterés, ya que aprende a dirigir su atención a otra
cosa de manera voluntaria.
Además, a medida que mejora la visión, el bebé desarrolla la capacidad de
distinguir el movimiento y la profundidad, lo que le permite anticipar eventos y ajustar su
comportamiento. Por ejemplo, ante la presencia de una persona conocida o un objeto
familiar, el bebé puede emocionarse, anticipando la interacción, mientras que, si no espera
ese acercamiento, puede sentirse molesto. Este tipo de conducta anticipatoria es una forma
temprana de razonamiento intuitivo, un reflejo del desarrollo cognitivo que se activa
cuando el niño aprende a prever lo que ocurrirá.
La piel, en este período, también juega un papel crucial como un órgano de
comunicación, y algunos autores la consideran la "parte externa del cerebro", dado que
ambos tienen un origen embrionario común. La piel no solo actúa como protección del
cuerpo, sino que también es un importante canal de comunicación sensorial, con
terminaciones nerviosas que permiten una interacción constante entre el sistema nervioso
y el entorno (Ana Francisca Ramírez, 2001).
El contacto físico directo, como el abrazo o las caricias "piel con piel", tiene efectos
profundos sobre el bebé, ya que provoca la liberación de oxitocina, una hormona que
fortalece el vínculo afectivo y emocional, facilitando la formación del apego. Esta hormona
no solo promueve la confianza y el apego a las figuras parentales, sino que también
disminuye el estrés al reducir los niveles de cortisol, la hormona del miedo. La ropa que
impide el contacto físico puede interferir en este proceso de apego, ya que bloquea una de
las formas más efectivas de establecer esta conexión.
39
El apego es el vínculo emocional más significativo en la primera infancia, ya que
establece las bases para el desarrollo cognitivo y afectivo. Un vínculo seguro con los padres
o cuidadores permite al bebé sentirse protegido, lo que le proporciona la seguridad
necesaria para explorar el mundo, aprender a anticipar eventos, comprender la realidad
que lo rodea y establecer metas a futuro. La presencia de estímulos adversos repetidos,
como el estrés o la falta de afecto, puede afectar negativamente este proceso, llevando a
comportamientos de apego inseguro y dificultades emocionales. Los bebés que no logran
establecer un apego seguro pueden experimentar niveles más altos de ansiedad,
desconfianza y temor al abandono, lo que puede dificultar su desarrollo emocional y social.
A medida que el bebé avanza en su desarrollo, también se observan cambios
significativos en las habilidades motoras. Inicialmente, los movimientos son reflejos e
involuntarios, los miembros superiores e inferiores se muevan de modo simétrico, con
movimientos espontáneos, de igual intensidad tanto en brazos como en piernas, estos son
normales y esperados. Esta simetría es un indicador importante del desarrollo neurológico
normal del bebé.
Pero entre los 2 y 3 meses, el bebé empieza a adquirir control sobre su cuerpo y a
realizar movimientos más voluntarios. Esto se observa en la coordinación de la succión y la
prensión, es decir, el bebé es capaz de llevar objetos a la boca y sostenerlos con las manos.
A los 3 meses, se produce la integración de la visión y la prensión, permitiendo al bebé
localizar objetos visualmente y manipularlos activamente. Asimismo, el bebé también
comienza a coordinar la visión y la audición, ya que puede seguir un objeto con la vista si
este hace un sonido o volverse ante la voz de una persona conocida, como su madre.
El sueño en los niños de 0 a 6 meses es una de las etapas más importantes para su
desarrollo, ya que no solo contribuye al descanso físico, sino que también favorece el
crecimiento cerebral y la consolidación de aprendizajes. Durante este periodo, el patrón de
sueño es muy diferente al de los adultos y evoluciona rápidamente conforme el bebé crece.
Los bebés recién nacidos (0-28 días) necesitan entre 16 y 18 horas de sueño al día,
aunque esta cantidad puede variar. El sueño es fragmentado, con periodos de descanso de
2 a 4 horas seguidas, ya que los bebés necesitan alimentarse con frecuencia. Además, su
reloj biológico (el ritmo circadiano) aún no está desarrollado, lo que significa que no tienen
la capacidad de diferenciar entre el día y la noche, lo cual contribuye a la irregularidad de
los tiempos de sueño. A medida que el bebé crece, la cantidad de sueño durante el día
disminuye y se alarga el tiempo de sueño nocturno.
Es importante que los padres ayuden al bebé a regular sus ritmos de sueño a través
de la exposición a la luz natural durante el día y la creación de un ambiente oscuro y
tranquilo por la noche. Establecer una rutina consistente, crear un ambiente adecuado y
comprender las necesidades del bebé durante la noche puede ayudar a promover un buen
descanso para el niño y los padres.
40
Entre los 2 y 6 meses, el patrón de sueño empieza a consolidarse un poco más, y el
bebé suele dormir entre 14 y 16 horas en total, con un sueño nocturno más largo (de 5 a 6
horas seguidas) y varias siestas durante el día. El número total de siestas disminuye de 4 o
5 durante los primeros meses a 3 siestas hacia los 6 meses.
A los 6 meses, la mayoría de los bebés ya han comenzado a adaptarse más a un
horario de sueño regular, durmiendo aproximadamente de 10 a 12 horas por la noche, con
2 a 3 siestas durante el día. Sin embargo, aún pueden despertarse por la noche, sobre todo
si tienen hambre o necesitan consuelo.
41
tanto retrasos en el desarrollo como alteraciones que puedan ser indicativas de condiciones
subyacentes.
Por ello, el uso de estas herramientas de evaluación en esta etapa temprana por
parte de los profesionales (médicos generales, pediatras), es crucial para la detección de
cualquier irregularidad, ya que el diagnóstico precoz permite un mejor abordaje y
tratamiento especializado, optimizando las oportunidades de intervención y el pronóstico
de los niños.
42
alcohol y las drogas. Estos factores pueden afectar de manera directa el desarrollo neuronal
y motor en los primeros meses de vida.
43
Tercer mes: A esta edad, el bebé debería comenzar a sostener la cabeza de
manera firme. La incapacidad para hacerlo y la presencia de asimetría en la actividad de las
manos pueden indicar un posible retraso en el desarrollo motor. La lateralidad precoz, que
es cuando el bebé muestra preferencia por un lado de su cuerpo, también puede ser una
señal de alarma, ya que el control motor debe ser más simétrico en esta etapa.
Final de los 6 meses: A los 6 meses, un bebé que no ha alcanzado hitos
importantes como la risa voluntaria, el balbuceo o los sonidos guturales debe ser evaluado
con mayor detalle. La presencia de rigidez o hipertonía en los miembros y flacidez o
hipotonía en el tronco y cuello también es motivo de preocupación. Estos signos indican
una falta de tono muscular adecuado, lo que puede interferir con el desarrollo de la
motricidad gruesa y fina. Además, la incapacidad para realizar movimientos como rotarse
cuando está acostado o mantener la posición sentada con apoyo es otra señal de que el
desarrollo motor no está avanzando adecuadamente. La ausencia de prensión voluntaria y
la falta de interacción social, como la falta de respuesta a las caras o gestos de las personas
cercanas, también son señales claras de retraso.
El bebé que parece abstraído, menos exigente o activo que sus coetáneos, puede
estar mostrando una desconexión emocional, lo que podría reflejar problemas en el
desarrollo socioemocional. Finalmente, la persistencia del sobresalto ante ruidos, un reflejo
innato que debería desaparecer durante los primeros meses, también puede ser una señal
de que el bebé no está alcanzando el desarrollo esperado.
Es crucial que los cuidadores y profesionales de la salud realicen un seguimiento
adecuado y oportuno para detectar cualquier signo de retraso en el desarrollo. Reiteramos,
si bien muchos de estos retrasos pueden ser transitorios y corregirse con el tiempo, la
intervención temprana es esencial para maximizar el potencial de desarrollo del niño.
Problemas comunes del sueño: Es completamente normal que los bebés recién
nacidos y pequeños se despierten con frecuencia, ya que sus necesidades de alimentación
y confort son más urgentes. Sin embargo, cuando los trastornos del sueño persisten o se
vuelven crónicos, puede ser un indicador temprano de posibles problemas de desarrollo,
tanto físicos como emocionales subyacentes; gastrointestinales, emocionales o incluso
afecciones más complejas como la disfunción en el sistema nervioso central.
Trastornos gastrointestinales: Algunos lactantes presentan reflujo
gastroesofágico, lo cual puede ocasionarles molestias, interrumpiendo su sueño y
provocando despertares frecuentes durante la noche. Asimismo, los cólicos
infantiles son una condición común que genera episodios de incomodidad y llanto
en los bebés, lo que puede llevar a despertares nocturnos. Aunque la etiología
exacta de los cólicos sigue siendo incierta, se sabe que esta afección aflige a un gran
44
número de neonatos entre las 2 y 4 semanas de vida, y puede persistir hasta los 6
meses de edad.
Ansiedad por separación: Aunque los bebés recién nacidos no muestran
ansiedad por separación, alrededor de los 4-6 meses algunos bebés pueden
empezar a sentir ansiedad al ser dejados solos, especialmente en la noche. Esto
puede hacer que se despierten con más frecuencia y que tengan dificultades para
calmarse por sí mismos.
Desarrollo motor. En esta etapa 6-12 meses, los niños progresan de la posición
sentada al gateo y, hacia el final del primer año, pueden empezar a ponerse de pie y caminar
con apoyo. Los hitos motores grueso incluyen la capacidad de caminar sin ayuda a los 18
meses, y hacia los 2 años, muchos niños pueden correr, patear una pelota, arrastrar objetos
al caminar y subir escaleras con apoyo.
Desarrollo motor fino: A medida que los niños adquieren más destrezas
manuales, pueden manipular objetos pequeños, abrir cajones, usar una cuchara para comer
y realizar tareas más complejas como vestirse y desvestirse con ayuda. La pinza entre el
45
pulgar y el índice, que aparece alrededor de los 15 meses, permite a los niños apilar bloques,
hacer garabatos y realizar otras actividades detalladas.
Hacia los 2 años, empieza a observarse la lateralización, cuando un niño muestra
preferencia por usar una mano sobre la otra para ciertas actividades. La lateralización
continúa a medida que el niño desarrolla habilidades motoras, lenguaje y control
emocional, aunque aquí no se observe con claridad la preferencia manual (diestro o zurdo),
esta no está definida completamente hasta los 6 años de edad.
46
Imaginación y creatividad: Entre los 18 meses y los 2 años, los niños
demuestran un avance significativo en sus habilidades cognitivas. La cognición se
manifiesta en su capacidad para reconocer patrones, relacionar objetos con sus
funciones y responder a estímulos de forma cada vez más compleja. La resolución
de problemas emerge de manera práctica, como cuando intentan alcanzar un
juguete fuera de su alcance utilizando una silla. Comienzan a participar en juegos
simbólicos como alimentar muñecos o pilotar naves imaginarias. Pueden también
buscar objetos escondidos, imitar sonidos de animales y completar frases de
canciones conocidas.
Desarrollo de la memoria: En este período, los niños desarrollan la memoria
episódica (recuerdos personales) y la memoria semántica (conocimientos
generales). La memoria también juega un papel importante, ya que permite a los
niños recordar rutinas, personas conocidas, canciones y las consecuencias de ciertas
acciones, lo que guía su comportamiento y aprendizaje. La repetición de actividades
y juegos es crucial para consolidar recuerdos y habilidades. La memoria episódica
se forma a partir de experiencias significativas, mientras que la memoria semántica
está relacionada con el conocimiento de hechos y conceptos generales.
Aprendizaje por repetición: El aprendizaje por repetición en niños de 2 años es
una estrategia clave para el desarrollo de habilidades cognitivas, motoras y del
lenguaje. A través de la repetición constante de actividades como canciones, juegos
o rutinas diarias, los niños fortalecen las conexiones neuronales, lo que les permite
internalizar conceptos y mejorar su capacidad de recordar y aplicar lo aprendido. Se
sabe que el cerebro de los niños es altamente receptivo a las repeticiones. Este
proceso, además de ser natural en esta etapa, brinda seguridad y refuerza su
comprensión del entorno, convirtiendo la repetición en una herramienta esencial
para el aprendizaje temprano.
Autonomía y la crisis de los 2 años. A medida que los niños alcanzan los 2 años,
experimentan un gran avance en su autonomía, lo que puede manifestarse a través de una
conducta más desafiante y una mayor insistencia en hacer las cosas por sí mismos. Esta
etapa se caracteriza por la llamada "crisis del No" u "oposición", donde el niño comienza a
rechazar las instrucciones de los adultos y a afirmar su independencia.
Aunque aún tienen un vocabulario limitado, descubren el poder de la palabra
"no" y la usan para expresar su oposición a las demandas de los padres, y para afirmar su
individualidad (Lois Bloom. 1993). Este comportamiento no debe interpretarse como una
actitud rebelde sino como una etapa normal del desarrollo, en la que el niño empieza a
entender su propia identidad a través de la oposición.
47
Patrones de sueño. El sueño en niños de 6 meses a 2 años experimenta cambios
significativos en cuanto a patrones y necesidades. Durante este período, el sueño sigue
siendo crucial para el desarrollo físico, cognitivo y emocional del niño, pero las
características de su sueño evolucionan conforme a su crecimiento. A continuación, se
detallan los aspectos más relevantes del sueño en esta etapa.
7-12 meses: En esta etapa, los bebés comienzan a consolidar una rutina de sueño
más estable. Muchos de ellos duermen entre 12 y 15 horas en un ciclo de sueño nocturno
más largo, junto con una o dos siestas durante el día.
12-18 meses: El sueño nocturno sigue siendo largo, con una media de 11-14
horas de sueño. La mayoría de los niños de esta edad ya duermen toda la noche, aunque
algunos pueden seguir despertándose para alimentarse o por la necesidad de consuelo. A
esta edad, los bebés pueden tener dificultades para calmarse solos y pueden necesitar la
presencia de los padres para volver a dormirse, lo cual se relaciona con la ansiedad por
separación que comienza a manifestarse en este periodo.
Se establecen más firmemente las siestas diarias, generalmente entre una y
dos. Hacia los 18 meses, algunos niños pueden necesitar una sola siesta de
aproximadamente 2 horas. A esta edad, también se comienza a ver un patrón más
estructurado en cuanto a la hora de dormir y los rituales previos al sueño (como el baño, la
lectura o las canciones de cuna), lo que ayuda a que el niño asocie ciertos momentos con el
descanso.
18-24 meses: Los niños generalmente siguen durmiendo entre 11 y 13 horas
durante la noche, y la mayoría de ellos continúan con una siesta diurna. Sin embargo,
algunos niños pueden comenzar a mostrar señales de estar listos para eliminar la siesta,
especialmente hacia el final de los 2 años.
La transición del sueño de una siesta a dormir toda la noche sin interrupciones
puede ser difícil para algunos niños. Sin embargo, otros simplemente continúan durmiendo
toda la noche con poco o ningún despertar. El sueño en este período también está muy
influenciado por la consistencia de la rutina. Si el niño tiene un ambiente de sueño tranquilo
y predecible, es más probable que pueda dormir sin dificultades.
Los niños de esta edad pueden experimentar despertares nocturnos debido a
pesadillas, ansiedad por separación o simplemente porque aún no tienen la capacidad de
calmarse por sí mismos. A medida que el niño crece, también lo hace la capacidad de
autorregularse en el sueño. Durante el primer año de vida, los niños dependen de los padres
para calmarse y dormirse, pero a medida que alcanzan los 2 años, comienzan a desarrollar
la habilidad de consolarse a sí mismos y a seguir una rutina de sueño más predecible.
Pesadillas: Los niños de esta edad comienzan a desarrollar una imaginación más
activa, aumentando la cantidad de cosas que pueden asustarlos. A veces le es difícil desligar
48
la imaginación de la realidad. En esta etapa aparecen las pesadillas. Este tipo de sueños
suele generar mucho miedo, en él se puede detectar vestigios de impulsos, emociones y
temores que afloran a la consciencia a través del sueño. Sucede en la fase más superficial
del sueño, donde precisamente hay más ensoñación. Genera miedo en el niño, el cual luego
de despertarse le cuesta dormir y busca consuelo de los padres o cuidadores, y en la
mañana generalmente hay recuerdo de la experiencia onírica, pero al ir madurando, el niño
aprenderá que son solo sueños.
2 a 6 AÑOS.
La etapa que abarca de los 2 a los 6 años, es un período crucial en el desarrollo
integral del niño, caracterizado por avances significativos en el lenguaje, la motricidad y la
interacción social. Durante este tiempo, se producen cambios notables en el cerebro y el
cuerpo, sentando las bases para el aprendizaje y las habilidades futuras.
La idea de que el crecimiento cerebral se centra "casi exclusivamente" en el
hemisferio derecho durante los primeros años de vida, y luego se desplaza al izquierdo, es
una simplificación. En realidad, el cerebro humano crece de manera integrada en ambos
50
hemisferios desde las primeras etapas de vida, con diferentes énfasis en las áreas de cada
hemisferio de acuerdo al desarrollo cronológico del niño: el hemisferio derecho con
funciones como el procesamiento de la emoción, la creatividad y el reconocimiento de
patrones, mientras que el hemisferio izquierdo en el lenguaje y el pensamiento lógico.
Desarrollo motor
Entre los 2 y los 6 años, los niños perfeccionan tanto su motricidad gruesa como la
motricidad fina. A los 6 años, la mayoría ya tiene habilidades motoras similares a las de un
adulto en términos de coordinación, precisión y velocidad. Este progreso motor contribuye
a una mayor autonomía, ya que los niños comienzan a realizar tareas básicas de
autocuidado, como vestirse, comer y controlar esfínteres.
Motricidad gruesa: Mejor coordinación y equilibrio, capacidad para correr, saltar
y mantener una postura estable.
51
Hitos clave: Montar correctamente una bicicleta, donde se desarrolla la
integración neuronal de los cuatro miembros y el equilibrio dinámico.
Motricidad fina: Manipular objetos pequeños con precisión, dibujar figuras más
detalladas, escribir, mayor destreza para recortar y usar herramientas como cubiertos.
Hitos clave: Aprender a atarse los cordones, y desarrollar la coordinación ojo-
mano.
Desarrollo cognitivo
En el plano cognitivo, los niños comienzan a comprender conceptos más
abstractos, como la moralidad, las normas y las reglas. Sin embargo, el pensamiento en esta
etapa sigue siendo egocéntrico y mágico, lo que significa que perciben el mundo desde su
perspectiva y creen que pueden influir en los eventos con su imaginación o deseos. Desde
esta perspectiva los hechos los toman en forma literal, los considera inalterables. Los tipos
de pensamiento más comunes incluyen:
Generalización: Asumen que una experiencia siempre se repetirá igual.
Saltar a conclusiones: Llegan a juicios apresurados sin información suficiente.
Magnificación: Ven un error aislado como un fracaso total.
52
Pensamiento catastrófico: Anticipan consecuencias extremas o negativas ante
eventos menores.
El concepto de inteligencias múltiples, desarrollado por el psicólogo Howard
Gardner, plantea que no existe una única forma de ser inteligente, sino que las personas
poseen diferentes tipos de inteligencia que se desarrollan a lo largo de la vida. En la etapa
preescolar (2 a 6 años), estas inteligencias comienzan a manifestarse a través de juegos,
actividades y experiencias cotidianas, moldeadas por el entorno familiar, educativo y social.
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Inteligencia naturalista. Es la capacidad para identificar y clasificar elementos del
entorno natural, como plantas, animales o fenómenos meteorológicos. Disfrute de
actividades al aire libre.
Normas y limites
La etapa preescolar es un periodo crucial para el aprendizaje y la internalización de
normas y límites. Entre los 2 y 6 años, los niños comienzan a desarrollar habilidades
cognitivas, emocionales y sociales que les permiten comprender las reglas del entorno
familiar, escolar y social. El papel de las normas y los límites no solo tienen la función de
disciplinar, sino que también proporcionan al niño un marco de referencia que les genera
seguridad y predictibilidad en su mundo:
Regulación emocional: Las normas enseñan a los niños a manejar sus emociones,
especialmente en situaciones de frustración.
Socialización: Les ayuda a comprender la dinámica de convivencia con otros, como
esperar turnos, compartir y respetar el espacio ajeno.
Autonomía: Los límites claros permiten que el niño desarrolle una estructura
interna para tomar decisiones y autocontrolarse en ausencia de los adultos.
Los niños aprenden las normas y los límites principalmente a través de la
observación del comportamiento de los adultos y de otros niños. Imitan lo que ven y ajustan
su conducta según las reacciones que reciben. La repetición de las reglas y una aplicación
constante de los límites son esenciales para que el niño internalice las normas. Si los límites
varían según la situación o la persona que los establece, el niño puede confundirse y
resistirse a cumplirlos (UNICEF, 2023).
Las rabietas, también conocidas como pataletas, son una manifestación típica de
la etapa preescolar y reflejan el desarrollo emocional del niño. Los niños pequeños tienen
un lenguaje limitado para expresar lo que sienten o quieren, lo que los lleva a experimentar
frustración cuando no logran comunicar sus necesidades (independencia y toma de
decisiones), las pataletas suelen ocurrir cuando sienten que sus deseos no son tomados en
cuenta. Otros factores como el cansancio, la falta de sueño, el hambre o la
sobreestimulación pueden reducir la tolerancia del niño y aumentar la probabilidad de
rabietas.
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Aunque pueden ser desafiantes para los cuidadores, las rabietas son parte normal
del proceso de maduración y representan el intento del niño por expresar su frustración,
deseos, y también pueden ser un medio para probar los límites establecidos por los padres,
y deducir hasta dónde pueden llegar. Se debe abordar las rabietas como oportunidades de
enseñanza, ayudando al niño a desarrollar habilidades de autorregulación y a construir una
base emocional sólida para el futuro.
El establecimiento de normas y límites claros es esencial para reducir la frecuencia
y la intensidad de las pataletas. Los niños necesitan comprender que las reglas no son
arbitrarias, sino que están diseñadas para protegerlos y guiarlos. Al mismo tiempo, es
importante ser flexibles y entender que las rabietas son una forma natural de explorar sus
emociones y límites. Son fundamentales para guiar a los niños en este proceso de
adquisición de normas, la paciencia, la consistencia y el afecto por parte de los adultos
Sueño y siestas.
El sueño sigue teniendo un papel crucial en el avance integral de los niños en la
etapa preescolar, ya que contribuye al crecimiento físico, la consolidación de la memoria,
la regulación emocional, el desarrollo de funciones ejecutivas y el equilibrio metabólico.
Durante este período, los patrones de sueño se estabilizan progresivamente, aunque
pueden surgir desafíos relacionados con hábitos, miedos y comportamientos típicos de esta
etapa.
Los niños de 2 a 6 años necesitan entre 10 y 12 horas de sueño diario, incluyendo
siestas en los más pequeños, que suelen desaparecer gradualmente a partir de los 4 años,
especialmente cuando el niño inicia la escolaridad. Es común que los niños en esta etapa se
resistan a ir a la cama y prefieran jugar o interactuar en lugar de dormir.
También siguen siendo comunes los despertares nocturnos relacionados con las
pesadillas y terrores nocturnos. La enuresis o micción involuntaria durante la noche, que es
común en esta edad, suele resolverse espontáneamente.
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tiene hitos específicos que deben ser monitoreados, ya que cualquier desviación puede
indicar la necesidad de evaluaciones y correcciones oportunas. Hay ventanas para la
adquisición del conocimiento en ciertas áreas, fuera de las cuales el aprendizaje se hace
más difícil e incompleto.
Como hemos expresado aun cuando la plasticidad cerebral perdura toda la vida, el
neurodesarrollo en la etapa preescolar es un período caracterizado por el rápido avance en
habilidades motoras, cognitivas, lingüísticas, sociales y emocionales. Durante esta etapa, la
plasticidad cerebral está en su punto más alto, lo que permite un aprendizaje acelerado y
la consolidación de habilidades fundamentales. Sin embargo, esta plasticidad también
implica una mayor vulnerabilidad a factores adversos, como la falta de estímulos,
enfermedades, un ambiente toxico o un entorno social poco adecuado.
Señales de Alerta
Las señales de alerta en el desarrollo infantil son indicativos de que un niño podría
estar experimentando dificultades que requieren atención profesional. En la etapa
preescolar, algunos de los signos más comunes de un trastorno del neurodesarrollo
incluyen retrasos en el habla y el lenguaje, problemas de comunicación social, falta de
habilidades para interactuar con otros niños o adultos, y patrones de comportamiento
rígidas. Además, puede haber una notable dificultad para comprender las normas sociales
o adaptarse a los cambios en su entorno. La detección temprana y la intervención adecuada
pueden ser clave para ayudar a los prescolares a superar o manejar mejor sus desafíos y
alcanzar su potencial.
Es importante recordar que cada niño tiene su propio ritmo de desarrollo y que no
todos los comportamientos inusuales necesariamente indican un trastorno del
neurodesarrollo. Sin embargo, cuando estas señales de alerta se presentan de forma
persistente y afectan la capacidad del niño para funcionar en su vida diaria, una evaluación
más profunda por parte de un profesional de la salud es esencial. Este proceso permitirá
identificar las posibles dificultades y orientar a los padres y cuidadores sobre las mejores
estrategias de intervención y apoyo para fomentar el bienestar y el desarrollo del niño.
Tema que desarrollaremos en el próximo capitulo.
57
TRASTORNO DEL ESPECTRO AUTISTA (TEA)
Los síntomas están presentes en las primeras fases del período de desarrollo,
aunque pueden no manifestarse hasta que se superen las capacidades limitadas. Los criterios
diagnósticos de este trastorno, sin embargo, pueden solaparse con otras subcategorías
dentro de los trastornos del neurodesarrollo, lo que puede dificultar su diagnóstico precoz y
preciso.
El diagnóstico y la evaluación del TEA se basan en diversas pruebas cognitivas, las
cuales estudian los procesos mentales relacionados con la percepción, la memoria, el
lenguaje y las funciones ejecutivas. Estas pruebas permiten evaluar el grado de deterioro
en el neurodesarrollo, tanto en términos de déficits globales como de limitaciones en áreas
específicas. El TEA de acuerdo al Manual Diagnóstico de Enfermedades Mentales (DSM-V)
y la Clasificación Internacional de Enfermedades (CIE-11), forma parte de un grupo más
amplio de trastornos del neurodesarrollo. Dentro de esta clasificación, el TEA se considera
uno de los trastornos más complejos debido a que puede involucrar la comorbilidad de
varios trastornos simultáneamente.
Es importante subrayar que, en el contexto del diagnóstico, hablamos de
"trastornos" y no de "enfermedades", dado que no existe una correlación directa de causa-
efecto de los factores que inducen la alteración de la salud. Aunque este término es
adecuado desde el punto de vista semántico, no debe entenderse como una minimización
de la gravedad de los trastornos del neurodesarrollo. De hecho, cada uno de los trastornos
que conforman esta clasificación, puede presentarse en diferentes grados de severidad, lo
58
que implica que el grado de compromiso neurológico y la capacidad de adaptación del
paciente pueden variar ampliamente.
Discapacidad Intelectual
Trastornos motores
Trastornos de la
comunicación
Trastornos alimentarios y de
la ingestión de alimentos
Trastorno de la eliminación
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Si nos paseamos por la historia del autismo, resulta que este trastorno, aunque
tiene un nombre moderno, ha estado dando vueltas por la historia mucho antes de que
fuera reconocido oficialmente. La primera vez que alguien lo describió de manera formal
fue en 1943, cuando el psiquiatra Leo Kanner publicó su famoso artículo titulado
«Alteraciones autistas del contacto afectivo». Apenas un año después, el pediatra Hans
Asperger, por su parte, también se dio cuenta de que había niños con síntomas similares y,
como buen académico, publicó su propio artículo titulado «Psicopatía autista en la
infancia».
Ahora bien, aunque estas descripciones son las que sentaron las bases de lo que
hoy conocemos como autismo, la cosa viene de mucho más atrás. Si miramos con una lupa
histórica, encontramos que personas con rasgos autistas, que por lo general tenían
habilidades sensoriales excepcionales (como una visión, gusto u olfato particularmente
afinados), probablemente desempeñaron roles cruciales en la estabilidad de sus
comunidades. Tal vez eran esos individuos con una percepción del mundo distinta que, al
notar detalles que los demás pasaban por alto, se convirtieron en piezas clave para la
supervivencia en tiempos antiguos.
Estos individuos con habilidades excepcionales —desde la memoria prodigiosa
hasta habilidades sobresalientes en arte, música, matemáticas o ingeniería— jugaron un
papel importante en la evolución de los oficios especializados, particularmente en épocas
preindustriales. Los artesanos, por ejemplo, eran personas altamente valoradas, casi
místicas, capaces de transformar materiales en obras de arte funcionales. Su rol estaba
envuelto en un halo de respeto social, ya que su capacidad para crear era algo codiciado.
Sin embargo, la llegada de la Revolución Industrial en el siglo XIX cambió todo. Los
artesanos, que antes eran respetados por sus habilidades únicas, fueron absorbidos por las
fábricas, convirtiéndose en obreros especializados en un proceso de globalización industrial
que transformó radicalmente la dinámica social.
Y si de neologismos hablamos, aquí viene una curiosidad: la palabra autismo
proviene del griego autos (uno mismo) e ismos (condición), y fue acuñada por el psiquiatra
suizo Eugen Bleuler en 1908. Inicialmente, Bleuler la utilizó para describir a pacientes
esquizofrénicos que mostraban un aislamiento extremo, pero no fue sino hasta los estudios
de Kanner y Asperger que el término comenzó a adquirir la forma que conocemos hoy.
Por supuesto, la comunidad médica no estaba totalmente de acuerdo sobre cómo
clasificar el autismo. Mientras algunos médicos pensaban que se trataba de una patología
que afectaba solo a los adultos, otros lo veían como un trastorno infantil. Y fue en las
primeras ediciones de la Clasificación Internacional de Enfermedades (CIE) en 1948 donde
el autismo se incluyó, pero no encontraba su lugar en las secciones dedicadas a los
trastornos de la infancia. ¡Toda una confusión de categorías!
60
No fue hasta los años 80 que el autismo se reconoció oficialmente como un
trastorno infantil en el Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales (DSM)
y pasó a formar parte de los Trastornos Generalizados del Desarrollo y mucho más tarde en
1992 fue incluido en el CIE. Y desde entonces, tras una importante revisión del DSM en el
2013 (versión 5) y en el 2019 el CIE (versión 11), el autismo es reconocido como un trastorno
del neurodesarrollo con afectación en tres áreas principales: interacción social,
comunicación y comportamiento. Luego en el 2022 hubo una revisión (DSM-5-TR) en el cual
no hubo modificaciones estructurales en los criterios diagnósticos del TEA, pero el texto
explicativo fue revisado para mayor claridad y precisión.
No solo los expertos tienen diferentes opiniones sobre el autismo, sino que, en el
ámbito social, también hay un debate en curso. Los profesores de Psiquiatría y Genética de
la Universidad de Yale, Renato Polimanti y Joel Gelernter (2017), por ejemplo, sugieren que
el autismo podría ser un ejemplo de selección positiva en la evolución humana, ya que
algunas de las variantes genéticas asociadas con el trastorno también están relacionadas
con una alta inteligencia. Lo cual, según estos investigadores, podría ser ventajoso para la
evolución humana, ¡como si el autismo fuera una especie de superpoder!. Por otro lado, la
OMS recalca que, aunque algunas personas con autismo pueden tener altas capacidades y
llegar a vivir de manera independiente, otras requieren apoyo constante debido a las
severas limitaciones en sus capacidades.
A pesar de los avances en la comprensión del trastorno, el autismo sigue siendo un
tema estigmatizado, a menudo incomprendido, y desafortunadamente, es un diagnóstico
que genera gran desconcierto en las familias y en la sociedad en general. Muchas veces, los
padres se sienten perdidos, especialmente cuando enfrentan las dificultades que el autismo
impone a lo largo de la vida en los aspectos personales, sociales, académicos y laborales del
paciente.
Una de las grandes ironías de todo esto es que, aunque el autismo suele ser
evidente entre los 12 y los 24 meses de vida, el diagnóstico se realiza, en muchos casos,
mucho después. Es decir, los padres ya han notado ciertas señales, pero los médicos, al ser
cautelosos y no querer sobrevalorar los síntomas, retrasan el diagnóstico. A veces, este
retraso de varios años puede significar la diferencia entre una intervención temprana
efectiva o la oportunidad perdida de apoyar al niño en etapas críticas de su desarrollo.
Y para complicar aún más las cosas, no existen pruebas diagnósticas claras para el
autismo. No hay una simple radiografía, prueba genética o análisis de sangre que pueda dar
la respuesta. Todo se basa en la observación clínica, lo que hace que el diagnóstico dependa
en gran medida de la experiencia y los criterios del profesional que esté evaluando al niño.
Además, los instrumentos (pruebas psicométricas) para detectar el autismo, aunque
existen, no son ampliamente conocidos ni fácilmente accesibles para el personal de
atención primaria, como pediatras, médicos familiares o psicopedagogos. A menudo, el uso
61
de estas herramientas requiere una especialización específica que no siempre está al
alcance de todos.
A pesar de estos desafíos, la buena noticia es que los avances en el diagnóstico y
tratamiento del autismo han sido significativos. Y aunque no estamos aún en una etapa en
la que se pueda hablar de una "cura", el tratamiento temprano, basado en una intervención
multidisciplinaria adecuada, puede marcar una gran diferencia en el desarrollo de la
persona con TEA. Quizá, en el futuro cercano, debamos hablar de autismos, y no de un único
trastorno, pues cada persona en el espectro tiene una experiencia única, ¡y tal vez ahí
radique la verdadera magia!
La detección temprana del Trastorno del Espectro Autista (TEA) es crucial para una
intervención eficaz, que puede mejorar significativamente el pronóstico de los niños
afectados. A medida que el conocimiento sobre el neurodesarrollo y el TEA ha avanzado, se
ha comprendido que cuanto más temprano se diagnostique el trastorno y se inicie la
intervención, mayores son las probabilidades de mejorar las habilidades del niño y reducir
el impacto del trastorno en su vida (Zwaigenbaum, L., 2015).
El neurodesarrollo en las personas con Trastorno del Espectro Autista (TEA) no
sigue una línea uniforme o neurotípica. Este fenómeno se refleja en la adquisición dispareja
de habilidades en distintas áreas: comunicación verbal y gestual, motricidad, interacción
social y conductas. El ritmo de desarrollo no es constante, ya que ciertas áreas pueden
evolucionar más rápido que otras, o incluso pueden mostrarse estancadas. Es importante
comprender que la variabilidad en el desarrollo y la adquisición de habilidades es una
característica intrínseca del TEA, y esta se ve influenciada por diversos factores, que pueden
influir profundamente en la velocidad de adquisición de habilidades y en la manera en que
se procesan los estímulos del entorno (Amitta Shah, 1993). Además, el apoyo especializado
juega un papel crucial en maximizar las oportunidades de desarrollo dentro de las
capacidades individuales del niño. La combinación de apoyo adecuado y la estimulación
correcta de las habilidades puede resultar en avances significativos.
62
Como se había señalado los primeros 1000 días de vida son cruciales debido a la
plasticidad cerebral, que permite que las intervenciones tempranas tengan un impacto
significativo en la adquisición de habilidades, en la adaptación y recuperación del niño.
La detección precoz permite identificar signos de alerta desde las primeras etapas de la
vida y abordar el trastorno con estrategias terapéuticas específicas y eficaces.
63
Este enfoque proactivo puede marcar una diferencia significativa en el pronóstico
del niño, ayudando a evitar complicaciones mayores y facilitando una mejor integración
social y funcional en el futuro.
Entre el nacimiento y los seis meses de vida, los bebés experimentan un proceso
de desarrollo rápido y diverso que sigue un patrón individual. Aunque en esta etapa
temprana no se puede hablar de retraso en el desarrollo, es crucial observar señales de
alarma (no alcanzar hitos del neurodesarrollo) que podrían indicar la necesidad de una
evaluación más detallada. Estas señales pueden surgir en tres áreas clave del desarrollo:
motora, social y emocional.
Desarrollo Motor:
- Persistencia de movimientos reflejos involuntarios más allá del tiempo
esperado (como el reflejo de Moro o de prensión).
- Falta de control intencional del movimiento al final de los seis meses.
- Escasa tonicidad muscular (hipotonía) o rigidez muscular (hipertonía).
Interacción Social:
- Ausencia de contacto visual sostenido con los cuidadores.
- Falta de respuesta emocional ante las interacciones sociales (por ejemplo,
ausencia de sonrisa social).
- Desinterés por los rostros humanos o estímulos sociales, prefiriendo observar
objetos o patrones no sociales.
Emocionalidad y Apego:
- Ausencia de conductas que reflejen apego emocional, como la búsqueda de
cercanía con los cuidadores.
- Escasa o nula reacción a la voz humana o al contacto físico.
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SEÑALES DE TRASTORNO DEL NEURODESARROLLO 6 MESES
No se lleva objetos a la boca a los 4 meses.
Comienza a balbucear, pero no intenta imitar ninguno sonidos a los 4 meses.
No empuja sus piernas hacia abajo al colocar sus pies sobre una superficie firme a los 4 meses.
No presta atención a rostros nuevos o parece asustado con rostros o entornos nuevos.
Tiene problemas para mover uno o ambos ojos en todas las direcciones.
No gira la cabeza para identificar sonidos a los 4 meses.
No se voltea en ninguna dirección (desde la posición boca abajo hacia arriba ni de boca arriba hacia
abajo) a los 5 meses.
No sonríe espontáneamente a los 5 meses.
Parece inconsolable por las noches, después de los 5 meses.
Parece muy rígido, con sus músculos tensos.
Parece demasiado flexible, como una muñeca de trapo.
La cabeza se sigue yendo hacia atrás cuando está sentado.
Alcanza las cosas solamente con una mano.
Se rehúsa a ser abrazado o acurrucado.
No muestra afecto hacia la persona que lo cuida.
No responde a los sonidos a su alrededor.
Tiene dificultad para llevar objetos a su boca.
Tiene problemas gastrointestinales, estreñimiento, gases, reflujo.
Infecciones a repetición, principalmente otitis.
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Exposición prenatal:
Drogas, alcohol y metales (u otras sustancias tóxicas).
Infecciones:
Prenatales o neonatales, que podrían afectar el sistema nervioso central.
Aunque el diagnóstico formal de TEA se realiza típicamente entre los 2-4 años de
edad, si se identifican signos evidentes del trastorno a una edad temprana, el diagnóstico
se basará en los mismos criterios, pero la clasificación y las recomendaciones de
intervención pueden diferir ligeramente en función de la edad y el desarrollo del niño.
Entre los seis meses y los dos años de vida, las señales de alarma de autismo
pueden volverse más evidentes, y muchos padres comienzan a notar que el niño no
responde de manera típica. Los niños con TEA en esta etapa pueden mostrar un marcado
retraso en la comunicación, como el uso limitado de gestos o expresiones faciales, y suelen
tener dificultades para establecer contacto visual. Su interacción con otros niños es escasa,
y aunque algunos muestran cierto afecto hacia sus padres, tienden a preferir la soledad. Un
niño con TEA también podría mostrar un interés limitado por su entorno y, a diferencia de
otros niños, es menos probable que participe en juegos imaginativos o de roles. En su lugar,
el niño puede involucrarse en juegos repetitivos, manipulando objetos de manera reiterada
sin comprender el simbolismo del juego.
La regresión en el desarrollo entre los 6 meses y los 2 años es un signo de alerta
crucial, ya que en esta etapa temprana el cerebro atraviesa un período de intensa poda
neuronal y adquisición de habilidades fundamentales. La pérdida de capacidades
previamente adquiridas, o la detención repentina del aprendizaje, puede indicar la
presencia de trastornos neurológicos, metabólicos, genéticos, enfermedades degenerativas
o presencia de tóxicos. Identificar estos cambios a tiempo permite un abordaje diagnóstico
y terapéutico temprano, lo que aumenta las posibilidades de intervención efectiva y mejora
el pronóstico del desarrollo infantil.
Evaluación Integral
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Es esencial que el diagnóstico del Trastorno del Espectro Autista (TEA) se base
en un enfoque integral, que no se limite solo a las observaciones clínicas, sino que también
considere factores intervinientes respaldados por evidencia científica. Este enfoque
holístico es clave para evitar conclusiones erróneas. Un ejemplo de desinformación que ha
circulado en el pasado es la "hipótesis de la madre fría", que culpaba a la actitud distante
de la madre como la causa del autismo. Afortunadamente, esta teoría ha sido
completamente refutada, ya que se ha demostrado que el TEA tiene bases neurobiológicas
y no está relacionado con la calidad de la relación madre-hijo.
Retrasos en el Lenguaje y la Comunicación: El retraso en el desarrollo del lenguaje
es uno de los primeros signos que suelen preocupar a los padres en niños de 6 meses a 2
años con sospecha de TEA. Estos niños pueden presentar dificultades tanto en el lenguaje
expresivo como receptivo, lo que retrasa su capacidad para comunicarse y comprender el
entorno. Esto se puede manifestar en la falta de balbuceo, el uso limitado de gestos y una
capacidad reducida para interactuar socialmente. Aunque algunos niños pueden repetir
palabras o frases, su lenguaje sigue siendo básico y carece de creatividad, lo que impacta
en su desarrollo cognitivo y social.
Trastornos del Comportamiento: En niños de 6 meses a 2 años con sospecha de
TEA, es común observar comportamientos desafiantes, como rabietas intensas, irritabilidad
o conductas repetitivas (como aleteo de manos o balanceo). Estos comportamientos suelen
ser el resultado de la frustración por dificultades en la comunicación, y pueden ser
indicativos de comorbilidades como trastornos de regulación emocional o ansiedad. Dado
que en esta etapa los niños no comprenden el significado de castigos o correcciones, estas
intervenciones suelen aumentar la frustración en lugar de modificar el comportamiento, lo
que resalta la necesidad de enfoques más adaptados y comprensivos para abordar estas
conductas.
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SEÑALES DE TRASTORNO DEL NEURODESARROLLO 2 AÑO
No puede caminar a los 18 meses.
Camina pero no logra desarrollar una pisada (punta-talón) adecuada, o camina exclusivamente sobre
los dedos de los pies.
Poca destreza para subir y bajar de los muebles sin apoyo.
Poca destreza para agarre de pinza.
No dibuja garabatos.
Poca habilidad para usar objetos cotidianos: cepillo de pelo, teléfono, tenedor, cuchara, vaso.
No usa oraciones de dos palabras a los 2 años.
Muestra poco entusiasmo cuando está en compañía de otros niños, sin Juego imaginativo.
No sigue instrucciones, ni acata normas y límites.
Persiste pataletas, no hay comportamiento desafiante.
Poco o nula interacción social, no imita las acciones o palabras.
Trastorno del sueño
Pruebas de Despistaje.
Las pruebas de despistaje son herramientas clave en la detección temprana de
trastornos del neurodesarrollo, incluido el Trastorno del Espectro Autista (TEA). Estas
pruebas se utilizan para identificar señales de alarma en los primeros años de vida y permitir
que los profesionales de la salud tomen decisiones informadas sobre la necesidad de
evaluaciones más profundas o derivaciones a especialistas.
Estas pruebas por su naturaleza son breves, de fácil aplicación, y
fundamentalmente diseñadas para identificar problemas generales en el neurodesarrollo,
las cuales son especialmente útiles para profesionales no especializados en estos trastornos
(pediatras y médicos generales).
El Cuestionario del Bebé y Niño Pequeño (CSBS DP), está diseñado para ser
utilizado en niños de 6 meses a 2 años y ayuda a detectar problemas en la comunicación
social, el lenguaje expresivo y el lenguaje simbólico. El cuestionario consta de 24 preguntas
que son contestadas por los padres, cuidadores o personas que tienen contacto frecuente
68
con el niño. Las preguntas cubren áreas como la imitación, el interés social, el contacto
visual, la expresión facial y el uso de gestos.
Si el cuestionario arroja puntuaciones bajas, puede indicar un riesgo elevado de un
trastorno del espectro autista o de otros problemas del neurodesarrollo. Aunque no es un
diagnóstico, sirve como una herramienta de detección para derivar a los niños a una
evaluación más detallada por parte de un especialista.
La Evaluación del Estatus del Desarrollo (PEDS), también esta herramienta es útil
para despistaje, utilizada para identificar posibles retrasos o dificultades en el desarrollo de
los niños que ya presentan signos de retraso en el desarrollo. El cuestionario consta de 10
preguntas que son respondidas por los padres, cuidadores o personas cercanas al niño. Las
preguntas están orientadas a identificar posibles retrasos o anomalías en el desarrollo
motor y cognitivo. Se evalúan aspectos como el habla, el comportamiento, las habilidades
motoras, las interacciones sociales y la capacidad para realizar tareas diarias.
El PEDS es utilizado por pediatras, médicos generales y otros profesionales de la
salud, y está aprobado por diversas organizaciones de salud por su validez y confiabilidad
en la detección de problemas de desarrollo (Frances Page Glascoe, 2003). Si las respuestas
sugieren un retraso o preocupación en alguna de las áreas evaluadas, indica la necesidad
de una evaluación formal para determinar si existe un trastorno específico, como el
Trastorno del Espectro Autista (TEA) u otros trastornos del desarrollo.
Las principales sociedades científicas, incluida la Academia Americana de Pediatría,
recomiendan la realización de pruebas psicométricas de despistaje a intervalos regulares (a
los 9, 18 y 24 meses) para detectar posibles trastornos del neurodesarrollo y hacer un
seguimiento hasta los 5 años (CDC, 2024). La detección temprana permite determinar las
fortalezas y desafíos singulares del niño, también puede ayudar a las personas que se
encargan de los niños a determinar qué servicios, programas educativos y terapias
69
conductuales tienen mayor probabilidad de serles útiles a esos niños. Lo que puede hacer
una diferencia significativa en el desarrollo del niño.
Intervención Integral
La intervención terapéutica adecuada en el TEA no se limita únicamente a
tratamientos médicos o psicoterapéuticos parciales de los síntomas visibles. Es importante
que los esfuerzos terapéuticos aborden las comorbilidades en una etapa temprana. Esto
incluye no solo el tratamiento de los aspectos médicos y neurológicos, sino también la
corrección de los factores ambientales y psicoemocionales, que permite una intervención
más efectiva y puede mejorar significativamente el pronóstico del niño a medida que
avanza en su desarrollo.
Durante esta etapa, la evaluación de las comorbilidades debe ser integral y
realizada de manera multidisciplinaria, involucrando a pediatras, psicólogos, terapeutas
ocupacionales, especialistas en lenguaje, entre otros profesionales. Es crucial llevar a cabo
pruebas para identificar factores que puedan contribuir a comorbilidades adicionales. Este
enfoque permite una intervención temprana y más efectiva, mejorando las perspectivas de
desarrollo del niño. Las comorbilidades más comunes incluyen:
Problemas Sensoriales: Los niños con TEA suelen presentar una sensibilidad
sensorial atípica, que puede manifestarse como hipersensibilidad (reacción exagerada) o
hiposensibilidad (baja respuesta) a estímulos como luces, sonidos, texturas o sabores. Estas
alteraciones pueden influir en su comportamiento y adaptación al entorno, generando
respuestas inusuales ante ciertos estímulos. Dado que forman parte integral del diagnóstico
del TEA, su identificación temprana es clave para implementar estrategias de apoyo
adecuadas.
Trastornos del Desarrollo Motor: Algunos niños con sospecha de TEA presentan
retrasos en el desarrollo motor, lo que se manifiesta en dificultades para alcanzar hitos
como sentarse, caminar o manipular objetos. También pueden exhibir movimientos
inusuales, como aleteo de manos o torsión corporal, que podrían indicar un trastorno motor
asociado.
70
Un aspecto relevante en esta etapa es la hiperelasticidad articular
(hipermovilidad), caracterizada por una movilidad excesiva en las articulaciones debido a la
laxitud de los ligamentos. En niños de 6 meses a 2 años, esta condición puede afectar el
desarrollo motor, comprometiendo el control postural y la coordinación. Como
consecuencia, pueden observarse movimientos inestables, torpeza motriz, debilidad
muscular o hipotonía, lo que resalta la importancia de una evaluación temprana para
determinar su impacto en el desarrollo global del niño.
Trastornos del Sueño: Los trastornos del sueño son frecuentes en niños con TEA,
incluso en los primeros dos años de vida (Ashura Williams Buckley, 2020). Pueden
manifestarse como insomnio, despertares nocturnos frecuentes, dificultades para conciliar
el sueño y patrones irregulares de descanso. La falta de un sueño adecuado no solo impacta
el bienestar general del niño, sino que también puede agravar problemas de
comportamiento y dificultades en el aprendizaje, haciendo fundamental su detección y
abordaje temprano.
71
(TEA) pueden resultar en un tratamiento no óptimo, que prolonga y dificulta el desarrollo
de sus habilidades, afectando su calidad de vida e integración social. Además, la familia se
ve profundamente afectada, enfrentando mayores niveles de estrés, frustración y
agotamiento debido a la incertidumbre en torno al futuro del niño. También pueden
generar costos elevados, tanto emocionales como económicos a largo plazo, para las
familias afectadas, los sistemas de salud y educación.
Entre los 2 y 6 años, los signos del Trastorno del Espectro Autista (TEA) se vuelven
más evidentes, lo que generalmente permite un diagnóstico más claro y definitivo. Durante
esta etapa preescolar, los niños con TEA presentan dificultades notables en su capacidad de
comunicación, tanto verbal como no verbal. Este grupo de niños a menudo se muestra
incapaz de utilizar la mirada, la postura y las expresiones faciales para comunicarse, lo que
hace que la interacción social sea limitada. La reciprocidad emocional también está
comprometida: no responden adecuadamente a los gestos de afecto, como un abrazo o un
beso, y tienden a estar más centrados en sí mismos, a menudo encerrados en su propio
mundo, con escasas interacciones con los demás.
A pesar de que en algunos casos se alcanzan ciertos hitos del neurodesarrollo,
como el lenguaje y las habilidades motrices, estas habilidades suelen presentarse de
manera retardada. A los 6 años, muchos niños con TEA tienen dificultad para comprender
las expresiones faciales de los demás y los conceptos abstractos, lo que les impide hacer
preguntas o entender ideas complejas. En cuanto a la comunicación verbal, aunque algunos
pueden emitir frases, es común que utilicen los pronombres de forma incorrecta y que no
comprendan completamente el significado de muchas palabras, lo que limita su capacidad
para mantener una conversación fluida con otros niños de su edad.
Además, en este período también pueden exacerbarse ciertos comportamientos
motores repetitivos, como el caminar con torpeza o realizar movimientos de manos
similares al aleteo. También es frecuente observar una fuerte preferencia por determinadas
rutinas que no tienen un propósito funcional claro, y una preocupación excesiva por objetos
que carecen de valor afectivo o simbólico. Los niños en esta etapa tienden a ser
extremadamente sensibles a cualquier cambio en su rutina diaria, lo que puede generar
altos niveles de frustración, ansiedad y cambios abruptos de humor.
72
los distintos trastornos del neurodesarrollo, incluyendo el TEA. Aunque las pruebas
psicométricas son eficaces para identificar el grado y la localización del déficit, no son
capaces de determinar el origen subyacente de los trastornos. En este sentido, el
diagnóstico del TEA sigue siendo un reto, ya que no existen pruebas biológicas específicas
que confirmen su presencia, lo que hace imprescindible un enfoque multidisciplinario en su
evaluación.
El diagnóstico no solo debe centrarse en los aspectos neuropsicológicos, sino que
debe considerar también la presencia de otras condiciones médicas asociadas (Thinking
Autism, 2021). En la práctica clínica, es común encontrar que los niños con TEA padecen
diversas comorbilidades como trastornos digestivos, hormonales, anemia, problemas
renales, alergias, asma y dermatitis. Estas condiciones pueden complicar el cuadro clínico y
deben ser evaluadas de manera integral para poder ofrecer un tratamiento adecuado.
La evaluación debe considerar los sistemas implicados en el trastorno, como el
sistema neurológico, ocular, auditivo y muscular, así como las condiciones ambientales que
puedan estar influyendo, como una nutrición inadecuada, especialmente en niños que
presentan una alimentación muy selectiva, o la exposición a metales y químicos
neurotóxicos, así como la presencia de trastornos gastrointestinales (estreñimiento,
disbiosis, sibo, reflujo).
Es crucial también considerar aspectos del aparato motor y de la integración
neurosensorial, ya que muchos niños con TEA presentan problemas en el desarrollo motor,
como la dispraxia, la hiperflexibilidad articular o dificultades en la coordinación motora
(Dziuk MA, Larson, 2007). Igualmente, se debe identificar posibles dificultades familiares o
situaciones adversas que puedan estar interfiriendo en el bienestar del niño.
Este enfoque integral es esencial para diseñar un plan de intervención que aborde
todas las áreas del desarrollo y las comorbilidades del niño de manera armónica,
permitiendo avanzar tanto en el tratamiento del TEA como en la mejora de las condiciones
de salud físicas y emocionales asociadas. El objetivo debe ser siempre proporcionar una
intervención que considere todos los aspectos del niño y su entorno, buscando un progreso
armónico, adecuado a la edad y las necesidades específicas del joven. Solo con una visión
integral se podrá promover un desarrollo más equilibrado y efectivo para consolidar las
competencias propias de su edad.
73
EVALUACION DEL AUTISMO EN SUS DIFERENTES ASPECTOS.
Trastorno del
Trastornos Exposición a
comportamiento.
neurológicos metales
Déficit en la
interacción social
Defectos
Retardo del Trastornos del
genéticos
Aprendizaje. sistema
Alteraciones del digestivos
lenguaje. Genetista
Trastorno de la Gastropediatra
movilidad,
Alteraciones
dispraxia
inmunológicas
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El diagnóstico del Trastorno del Espectro Autista (TEA) es un proceso complejo que
requiere la utilización de herramientas especializadas en combinación con la experiencia
clínica. Las pruebas psicométricas desempeñan un papel fundamental para evaluar
características específicas del TEA, la severidad de los síntomas y las áreas del desarrollo
afectadas. Sin embargo, es importante resaltar que estas herramientas no reemplazan el
juicio clínico, sino que lo complementan.
75
También está la Entrevista para el Diagnóstico de Autismo (ADI-R), es una
entrevista clínica que explora tres grandes áreas (lenguaje/comunicación, interacciones
sociales y conductas e intereses restringidos, repetitivos y estereotipados) a través de 93
preguntas que se le hacen al progenitor, cuidador o al propio individuo mayor de 2 años.
Esta prueba permite una evaluación a fondo del sujeto cuando ya se sospecha un Trastorno
del Espectro Autista. Ha demostrado ser muy útil para orientar el diagnostico hacia los
planes educativos y de tratamiento.
Es importante tener en cuenta que las pruebas mencionadas no son todas las que
existen, sino solo algunas de las más representativas de las más de cincuenta y tres pruebas
que se usan tanto para el diagnóstico como la evaluación de la severidad del TEA, pues ellas
se complementan con pruebas de personalidad o déficit para áreas específicas.
Dos pruebas también de importancia en evaluar las comorbilidades: Inventario del
Espectro Autista (IDEA), evalúa la gravedad de las características del TEA, así como de otros
trastornos del neurodesarrollo. Escala de Conners Revisada (EDAH), esta herramienta es
relevante para distinguir entre TEA y TDAH, dos condiciones que a menudo pueden ser
confundidas.
Es importante evaluar la capacidad intelectual general de un niño, así como un
perfil detallado de sus fortalezas y debilidades en áreas específicas de la cognición. Esta
información es útil para los psicólogos y otros profesionales en la identificación de
habilidades cognitivas excepcionales, así como en la detección de posibles retrasos en el
desarrollo intelectual. La Escala de Inteligencia Wechsler para Niños (WISC-V) proporciona
una medida de las dificultades con la memoria de trabajo y con el tiempo que se tarda en
procesar la información (velocidad de procesamiento). A menudo hay dificultades con el
razonamiento perceptivo.
El diagnóstico debe ser un proceso integral y personalizado. La elección de las
pruebas debe adaptarse a las necesidades y características del niño, permitiendo un
abordaje adecuado y una intervención efectiva. Además, es fundamental que los
profesionales comuniquen claramente los resultados a los padres, ayudándoles a
comprender la importancia de un enfoque multidisciplinario para abordar no solo el TEA,
sino también las condiciones asociadas que puedan estar presentes. Este enfoque permitirá
diseñar planes educativos, terapéuticos y médicos que optimicen el desarrollo y el bienestar
del niño.
77
factores genéticos y ambientales, como la exposición a contaminantes, pueden jugar un
papel crucial en el desarrollo de la expresión de los rasgos autistas.
78
Tratamiento Médico y Farmacológico. En los últimos años, el enfoque inicial para
tratar los trastornos de comportamiento en niños con Trastorno del Espectro Autista (TEA)
ha experimentado un cambio significativo. Cada vez más, las intervenciones no
farmacológicas se consideran la primera línea de tratamiento, especialmente en niños
pequeños, priorizando un enfoque integral que aborde las necesidades específicas del niño
y de su entorno. La intervención temprana, basada en un orientación multidisciplinario y
colaborativo, que considere tanto la intervención psicológica, educativa y la prevención
ambiental, y médica farmacológica, es clave para mejorar los resultados a largo plazo
(Kholoud Al Ghamdi, 2024).
79
Intervención de los factores ambientales: Estos juegan un papel crucial en el
comportamiento de los niños con TEA. Un ambiente adecuado, tanto en el hogar como en
la escuela, puede reducir significativamente los trastornos del comportamiento (Bellinger,
2019). Las estrategias de prevención ambiental incluyen:
Reducción de la exposición a tóxicos: Como se mencionó anteriormente, los
niños con TEA pueden ser más susceptibles a los efectos de los metales pesados y otros
contaminantes ambientales. La exposición a sustancias como el aluminio, plomo, mercurio,
y arsénico puede alterar la función neurológica y comportamental, así como aumentar la
hiperactividad y déficit de atención. Asegurarse de que el ambiente sea libre de
contaminantes y es esencial seguir las recomendaciones para reducir la exposición a estos
elementos.
Terapias complementarias: En algunos casos, las terapias con antioxidantes y
suplementos nutricionales, como el glutatión o los ácidos grasos omega-3, pueden ser útiles
para reducir el estrés oxidativo y mejorar la función cerebral. Además, la administración de
vitaminas del complejo B y magnesio podría tener un efecto positivo sobre los síntomas
conductuales.
Manejo del estrés ambiental: Minimizar factores de estrés crónico en el entorno
del niño, como ruidos fuertes, luces brillantes o cambios bruscos en la rutina, puede ayudar
a reducir comportamientos disruptivos. En los casos donde se identifican factores
emocionales y psicológicos como desencadenantes, es clave proveer un ambiente seguro,
estructurado y predecible.
81
Terapias de lenguaje y comunicación: En los casos de trastornos fonológicos, se
pueden utilizar métodos como el método Orton-Gillingham para desarrollar habilidades
fonológicas, pero también puede usar el enfoque global para mejorar el reconocimiento de
palabras de alta frecuencia.
La clave del éxito de este enfoque es la coordinación constante entre los miembros
del equipo para compartir información, ajustar las intervenciones y asegurar que todas las
áreas del desarrollo y aprendizaje del niño sean atendidas de manera adecuada. Esto
implica reuniones regulares y el uso de informes escritos para evaluar el progreso y realizar
ajustes en los tratamientos.
82
postura, los gestos y la mímica. Este proceso, además de regular la conducta social, es clave
para estructurar el pensamiento y la acción.
83
adecuada, tienden a presentar retrasos significativos. Es igualmente importante considerar
el impacto del uso excesivo de pantallas en el desarrollo del lenguaje en algunos niños
(Gago-Galvagno, 2025). En estos casos, el lenguaje que el niño emplea puede ser una simple
imitación de lo que escuchan en programas de televisión o de sus personajes favoritos, sin
comprender su significado o contexto. También en situaciones de estrés, el niño puede
optar por no hablar, evitando interactuar verbalmente.
En muchos casos, los trastornos del lenguaje expresivo pueden estar relacionados
con problemas en la integración sensorial, que afectan la forma en que el niño procesa los
estímulos sensoriales (sonidos, toques, etc.), dificultad para secuenciar ideas, problemas
para entender el contexto y las señales no verbales en las interacciones sociales (Parra
Reyes, 2018). También los trastornos motores y el trastorno del lenguaje no son condiciones
mutuamente excluyentes y pueden coexistir en el mismo niño. La dispraxia motora que es
un trastorno que afecta la coordinación y la planificación de movimientos, puede contribuir
a un trastorno del lenguaje, ya que hay dificultades para coordinar los movimientos de los
músculos orales y faciales que pueden afectar la capacidad de articulación o problemas para
emitir sonidos específicos.
En niños con TEA de mayor funcionamiento, el lenguaje expresivo puede ser
cualitativamente rico, pero carecer del uso social adecuado: dificultades para ajustar el
tono, el volumen y el ritmo del habla según la interacción social. Falta de contacto visual
durante la conversación. Problemas para iniciar o finalizar una conversación, respetar
turnos y cambiar de tema. Limitaciones en la comprensión del lenguaje figurado.
Interpretación literal de metáforas, frases de cortesía, dobles sentidos y giros gramaticales
(Paula Fernanda Pérez Rivero, 2014). Este lenguaje tiene un impacto en la percepción del
interlocutor: Las alteraciones en el tono, las pausas y la entonación del lenguaje dificultan
la interpretación emocional, generando confusión en las intenciones del discurso.
84
Incentivar conversaciones abiertas y pacientes, el uso de apoyos visuales, y el refuerzo
positivo al elogiar los esfuerzos en la comunicación para mejorar la autoestima.
85
cerebrales. A través de esta retroalimentación, el paciente aprende a modificar la actividad
de su cerebro para mejorar ciertos aspectos de su funcionamiento, como la atención, la
autorregulación emocional y el control de impulsos. En el contexto de trastornos del
neurodesarrollo, como el trastorno del espectro autista (TEA), el trastorno por déficit de
atención e hiperactividad (TDAH) y otros trastornos relacionados con la desconexión
cerebral, el neurofeedback ha mostrado ser una intervención prometedora.
En cuanto a la validez en la medicina, el neurofeedback es una técnica en
evolución, y su eficacia sigue siendo un área de discusión. Si bien varios estudios
preliminares han demostrado mejoras en el rendimiento cognitivo y emocional en personas
con trastornos del neurodesarrollo, los resultados no son uniformes, y la evidencia científica
aún no ha alcanzado una robustez que permita su aceptación generalizada como
tratamiento convencional en todas las áreas médicas (Luisa Himmelmeier, 2024).
86
conexiones entre ciertos metales y la epilepsia, especialmente en lo que respecta al estrés
oxidativo y la excitabilidad neuronal, lo que resalta la importancia de monitorear la
presencia de metales y tratar adecuadamente estos trastornos (de la Torre-Munilla P,
2021).
En la última década, ha aumentado significativamente la incidencia de síndromes
inflamatorios autoinmunes que inducen epilepsia donde los anticuerpos atacan el tejido
cerebral. Es importante destacar que la relación entre autoinmunidad y epilepsia es
compleja y bidireccional. Las crisis convulsivas pueden generar disfunción de la barrera
hematoencefálica, permitiendo el paso de células inmunes autorreactivas al cerebro
(Emma Krögh-Orellana, 2021).
87
ambientales, este proceso dinámico permite una gran adaptación a múltiples factores del
entorno, pero también una vulnerabilidad al desarrollo de diversas patologías.
La carga epigenética se refiere a los cambios en la expresión génica que no están
relacionados con alteraciones en la secuencia del ADN, sino con modificaciones en la forma
en que los genes se activan o desactivan. Estos cambios pueden ser influenciados por
factores ambientales modificables, como la exposición producida por la contaminación, el
estrés, la dieta y otros elementos del estilo de vida. Pueden alterar la metilación y la
regulación epigenética, modificando la expresión de genes clave para el desarrollo cerebral
y las funciones cognitivas como el Trastorno del Espectro Autista (TEA) (Mayelin Castillo
Batist, 2023). La disfunción epigenética explica por qué individuos con los mismos genes
pueden expresar el TEA de manera diferente, como en los gemelos.
En términos generales, tanto el padre como la madre tienen una carga epigenética
transmisible, pero la carga epigenética materna suele ser más prominente debido a la
mayor influencia de factores ambientales como la dieta, el estrés o la exposición a toxinas,
que afectan al óvulo, y la regulación temprana de la madre sobre el embrión que ocurre a
través de la placenta. Sin embargo, la epigenética paterna también juega un papel
importante, especialmente en lo que se refiere a aspectos del comportamiento y el
metabolismo, y está sujeta a un interés creciente en la investigación (Feinberg JI, 2015).
A la luz de estos conocimientos, la comprensión integral de los mecanismos
genéticos, epigenéticos y ambientales que influyen en los trastornos del neurodesarrollo,
es esencial considerarlos para abordar estas causas tanto en las intervenciones médicas
como los enfoques preventivos, ya que, a diferencia de las mutaciones genéticas, los
cambios epigenéticos son reversibles. Es fundamental promover hábitos de vida saludables,
que incluyan una dieta rica en antioxidantes, ejercicio físico adecuado, disminuir la
exposición a contaminantes, asimismo, minimizar el estrés crónico, para reducir el impacto
negativo de los radicales libres en la genética y mejorar la salud cerebral en el desarrollo
infantil.
88
Trastorno de la marcha. Los patrones de marcha en niños con Trastorno del
Espectro Autista (TEA) presentan características particulares que pueden variar en su
manifestación, pero que frecuentemente reflejan alteraciones en el desarrollo motor, la
coordinación y la propiocepción (Linlin Gong, 2020).
La propiocepción es esencial para una marcha eficiente y segura, ya que
proporciona al cerebro la información constante y precisa sobre la posición y el movimiento
del cuerpo. Además, su importancia en el crecimiento cerebral no puede subestimarse, ya
que es uno de los estímulos sensoriales más continuos y potentes, por el efecto constante
de la gravedad en el organismo, por lo cual contribuye no solo al desarrollo de las
habilidades motoras, el equilibrio y la coordinación, sino también para el desarrollo
cognitivo y la salud general del cerebro. Las peculiaridades en la marcha suelen ser motivo
de preocupación para los padres y requieren evaluación por especialistas para identificar la
causa subyacente y orientar el tratamiento adecuado.
Caminar de puntillas: Es uno de los patrones más observados en el TEA,
especialmente en etapas tempranas. Puede estar relacionado con la hipersensibilidad táctil
(rechazo a apoyar completamente los pies en el suelo), alteraciones en el tono muscular, o
hábitos motores compensatorios. puede observarse en diferentes manifestaciones clínicas
y puede presentarse con diferentes niveles de gravedad tanto en niños con desarrollo típico
como en niños con un trastorno del neurodesarrollo, incluido el TEA.
Marcha con base amplia: Los niños tienden a caminar con las piernas separadas,
aumentando la base de sustentación para mejorar la estabilidad. Este patrón está asociado
con un intento de compensar alteraciones en el equilibrio o la propiocepción.
Paso corto y lento: La longitud del paso se reduce, lo que resulta en una marcha
más lenta y controlada. Este comportamiento puede deberse a una percepción inadecuada
del espacio o a una falta de confianza en su equilibrio.
Aumento del tiempo de apoyo del pie: Los niños con TEA tienden a mantener más
tiempo el pie en contacto con el suelo durante cada paso. Este fenómeno incrementa el
esfuerzo físico al caminar, lo que puede llevar a fatiga prematura.
Marcha rígida o robótica: Algunos niños presentan movimientos torpes o limitados
en la flexión y extensión de las articulaciones, lo que da lugar a una marcha rígida. Esto
puede deberse a dificultades en la planificación motora o a hipotonía muscular.
Dificultad para alternar ritmos o patrones complejos: Al intentar cambiar el ritmo
o realizar movimientos más complejos, como subir escaleras o correr, los niños con TEA
pueden mostrar una marcada torpeza o falta de coordinación.
89
desarrollo muscular insuficiente. Aunque generalmente no representa una enfermedad,
este cuadro puede retrasar el logro de hitos motores en edades tempranas y, en etapas
escolares, interferir con el desarrollo de habilidades motoras finas como la escritura, cortar
o manipular objetos pesados.
Aunque puede presentarse en la población infantil general, en los niños con
Trastorno del Espectro Autista (TEA) parece tener una mayor prevalencia estimada mayor
al 25% y estar asociada a otros desafíos del desarrollo motor y sensorial (Carolina Baeza-
Velasco, 2018). Es importante diferenciar este cuadro clínico benigno en los niños con TEA
de condiciones genéticas como el síndrome de Ehlers-Danlos o el síndrome de Marfan, que
sí tienen implicaciones médicas significativas. En nuestra experiencia clínica hemos
observado una relación entre la hiperlaxitud articular y la intoxicación por los metales
aluminio, vanadio y mercurio. En la literatura médica esta condición asociada al TEA esta
poco documentada.
La movilidad articular excesiva puede ser evidente en tareas simples, como
flexionar las muñecas, o extender las rodillas o los codos más allá de lo habitual. A menudo,
la hiperlaxitud se combina con un tono muscular bajo (hipotonía), lo que puede dificultar
actividades físicas prolongadas o que requieran esfuerzo, los niños pueden mostrar fatiga
prematura al caminar, correr o participar en actividades deportivas. La falta de estabilidad
en las articulaciones, aumenta el riesgo de lesiones o caídas.
90
La dispraxia y el déficit en la integración neurosensorial están interconectados (Del
Aguilar, 2019). Para realizar una acción motora eficiente, el cerebro necesita integrar
adecuadamente la información sensorial proveniente del medio ambiente y del propio
cuerpo. En niños con TEA, esta integración suele estar alterada, lo que contribuye a las
dificultades de coordinación y planificación motora.
Ambos trastornos pueden manifestarse en niños con Trastorno del Espectro
Autista (TEA), afectando actividades de la vida diaria que requieren automatización motora:
Caminar sin tropezar o esquivar obstáculos. Coordinar movimientos al usar herramientas
como lápices, tijeras, utensilios de comida, o hablar. Realizar tareas que demandan
equilibrio, como subir escaleras o jugar. Por ejemplo: Un niño con hiposensibilidad
propioceptiva puede no percibir adecuadamente la posición de su cuerpo, dificultando
movimientos precisos. Si el sistema vestibular está afectado, el equilibrio y la orientación
espacial también se ven comprometidos, limitando actividades como correr o saltar, así
como orientarse en un espacio.
91
Comorbilidades Médicas: Defectos de la Visión
Aunque no se ha identificado una patología visual específica del autismo, los
defectos refractivos como la miopía, el astigmatismo y la hipermetropía, comunes en la
población infantil, también afectan a muchos niños con TEA. Sin embargo, la evaluación
clínica de estos problemas puede ser desafiante debido a las limitaciones en la
comunicación, características del trastorno. Esto dificulta la detección temprana y la
corrección adecuada de dichos defectos.
92
resultados que el promedio. Esto sugiere que tienen una capacidad única para detectar
detalles que suelen pasar desapercibidos para los demás.
93
Hay otro grupo que está en concentraciones muy reducidas denominados minerales trazas
u oligoelementos, que actúan como catalizadores en procesos enzimáticos. Esta
clasificación es un poco arbitraria pues la mayoría de los minerales, sean esenciales o trazas,
son fundamentales para la buena salud.
Se pudiese pensar que el resto de los 119 elementos metálicos conocidos en la
tabla periódica por no tener valor nutricional o biológico son tóxicos, pero la realidad es que
solo se denominan así a un grupo reducido de metales de uso industrial a los cuales se les
conoce su mecanismo por el cual son dañinos, y tienen límites de exposición establecidos,
siendo los más comunes: aluminio, antimonio, arsénico, berilio, cadmio, mercurio, plomo y
uranio.
La historia está llena de casos de metales que en un principio se creían “seguros”,
sustituyendo industrialmente uno más tóxico, pero en realidad era solo que se desconocía
su mecanismo de acción. Después de la Segunda Guerra Mundial se popularizaron las
baterías secas de óxido de mercurio, sobre todo para la industria fotográfica. Pero debido
a su toxicidad fue sustituido en los años 70 por sales de cadmio (níquel-cadmio) por ser este
último poco tóxico. Resultando que el cadmio es un metal tan reactivo y tóxico como el
mercurio. Ahora están siendo sustituidas por baterías de níquel metal hidruro (NiMh).
Igual sucedió con el aluminio, que siendo uno de los metales más abundantes de
la corteza terrestre, se usa ampliamente en la vida diaria; en la medicina como antiácido,
excipiente en los medicamentos, coadyuvante en las vacunas, antitranspirante en los
desodorantes, base de los cosméticos, clarificante para el agua potable, aditivo como
antiaglomerante en las harinas y la sal refinada, para envasar los alimentos y en utensilios
de cocina. Hoy en día está cuestionado su uso por los efectos neurotóxicos de su
acumulación en el organismo.
94
Aluminio: Algunos autores como el profesor Christopher Exley, bioquímico de la
Universidad de Keele en Inglaterra, y Alfred Bernard, toxicólogo de la Universidad Católica
de Lovaina en Bélgica, opinan que el aluminio carece de utilidad funcional en el organismo,
y es un neurotóxico asociado a una larga lista de trastornos como el TDAH, Alzheimer,
demencia y otras patologías neurodegenerativas (Krista Jones, 2017).
Una vez que la exposición al aluminio excede la capacidad natural del cuerpo de
eliminarlo, este se acumula. Su alta reactividad química le permite unirse a grupos fosfato,
sulfhidrilos y carboxilos, interfiriendo no solo con funciones enzimáticas esenciales, como
la producción de GABA, Serotonina y Dopamina, sino modificando sus receptores
(Fernandes, R., 2020). La principal afección neurológica que produce, sobre todo en los
niños es hiperactividad e hipersensibilidad (sensibilidad anormal a los cambios de
temperatura, aversión al ruido, tacto y olores).
En los últimos tiempos también ha estado en la polémica medica los daños que
puede ocasionar el aluminio en las vacunas. Este se coloca como hidróxido de aluminio
como adyuvante para potenciar y prolongar la reacción del sistema inmunológico al
antígeno vacunal. En un principio se hablaba del efecto directo del aluminio, sin embargo,
desde el 2011 se han venido publicando una serie de trabajos clínicos que describen un
síndrome inflamatorio autoinmune por adyuvantes–ASIA (vasculitis, encefalitis infantil,
neuropatías autoinmunes y disautonomia; desregulación del sistema autónomo), que no
solo produce el aluminio sino otros adyuvante inmunológicos que se colocan en las distintas
vacunas (Jan Willem Cohen Tervaert, 2023).
Hasta ahora se esgrime una predisposición genética en la aparición de este
síndrome, sin embargo, no se sabe a ciencia cierta cómo afecta a esta predisposición, los
niveles de aluminio que se acumulan crónicamente en los primeros meses de vida, por una
ingesta diaria aumentada en los alimentos, ciertos medicamentos y las vacunas. El aluminio
en sí mismo no es generalmente considerado un alérgeno clásico, la relación entre el
aluminio, las alergias ambientales y la autoinmunidad no es completamente directa, y los
mecanismos exactos de cómo el aluminio podría influir en estas respuestas siguen siendo
objeto de estudio.
95
síntomas en órganos que usan mucha energía: hipotonía muscular, cardiopatía,
encefalopatía, neuropatía periférica, contribuyendo al retraso psicomotor y deterioro
cognitivo (Olmos, Valentina. 2018).
Plomo: Este metal carente de valor biológico sustituye minerales esenciales como
el calcio, hierro y zinc, lo que le permite entrar en procesos biológicos, con resultados
96
desastrosos y de difícil eliminación. El plomo inhibe enzimas claves, lo que altera la
señalización celular dependiente de estos minerales, principalmente el calcio.
Inicialmente provoca problemas médicos inespecíficos como anemia, insomnio,
osteoporosis, y posteriormente retardo del crecimiento, nefrotoxicidad y neurotoxicidad,
con reducción de las habilidades cognitivas y desordenes del comportamiento como el
TDAH, incluso a niveles de exposición mucho más bajas de las que hasta ahora se
consideraban peligrosas (González-Alzaga, 2014).
Uranio: Hoy en día con el regreso de las plantas de energía nuclear, hay una
preocupación creciente de la exposición a este metal, contaminando las fuentes de agua
potable, suelos y alimentos. Es tóxico principalmente debido a su afinidad por los fosfatos,
lo que le permite acumularse en los huesos y riñones. El uranio también genera daño en las
membranas celulares y en el ADN favoreciendo mutaciones (ATSDR, 2013).
El uranio se acumula en los riñones, órgano que desempeña un papel crucial en la
eliminación de este y otros metales del cuerpo, causando alteraciones en la función renal.
Los niños pueden ser más susceptibles a los efectos tóxicos del uranio debido a su mayor
tasa de absorción en el tracto gastrointestinal, sobre todo en aquellos casos donde hay
disbiosis con permeabilidad intestinal aumentada, además, el sistema renal infantil aún está
en proceso de maduración, lo que puede hacer que los riñones sean más vulnerables a la
acumulación de sustancias tóxicas como el uranio.
Pero tampoco los minerales están exentos de riesgos a la salud, algunos tienen
rangos máximos de ingesta diaria, por encima del cual la exposición excesiva puede causar
daño al organismo o ser toxico (Hierro, Fosforo, Cromo, Cobre, Zinc, Magnesio, Potasio,
Sodio) Así mismo algunos oligoelementos cuando exceden su rango de seguridad actúan
como tóxicos, particularmente interfiriendo funciones metabólicas críticas (Litio produce
hipotiroidismo, Vanadio da neurotoxicidad, Estaño produce descalcificación de huesos,
Zirconio condiciona neuroinflamación, etc.).
Es importante con el auge del consumo de productos naturales sin prescripción, a
la hora de tomar un suplemento de minerales la asesoría de un médico. Los límites actuales
de exposición a metales y minerales demasiado altos es un tema relevante y en constante
discusión en la comunidad científica. A pesar de que existen normativas y regulaciones
internacionales establecidas por organismos como la Organización Mundial de la Salud, la
Agencia de Protección Ambiental de EE. UU. y la Unión Europea, las investigaciones
continúan sobre si estos límites son adecuados, especialmente a medida que avanzan los
estudios sobre los efectos a largo plazo de la exposición a metales y minerales.
97
Estrés Oxidativo y Salud Cerebral. Durante el metabolismo normal de las células
se generan moléculas inestables de alta energía llamados radicales libres, si estas moléculas
se acumulan en las células (estrés oxidativo), pueden dañarlas, y este daño aumenta el
riesgo de enfermedades.
El estrés oxidativo es un estado en el cual en el organismo la producción de
radicales libres supera la capacidad de los sistemas antioxidantes de neutralizarlos. Esto
genera daño celular que puede afectar múltiples sistemas, especialmente el cerebro. Los
niños, cuyos órganos aún están en desarrollo, son particularmente susceptibles al estrés
oxidativo, lo que puede interferir con el desarrollo físico, la neuroplasticidad, el aprendizaje
y control emocional.
El cuerpo humano produce antioxidantes glutatión, CoQ10, peroxidasas, entre
muchas otras, además de los que se aportan a través de la dieta que incluyen las vitaminas
A, C y E, así como los carotenos y flavonoides derivados de frutas y vegetales. Sin embargo,
la investigación ha mostrado que las dietas ricas en azúcares, grasas, ultra procesados, la
exposición al estrés crónico, los metales y los contaminantes ambientales, pueden
desencadenar un proceso que aumenta la producción de radicales libres y contribuir al
deterioro del organismo, alteraciones epigenéticas, neurodegenerativas, daño
inmunológico y envejecimiento (Serena Galiè, 2019).
El Papel del Óxido Nítrico en el Estrés Oxidativo. El óxido nítrico (NO) es una de
esas moléculas clave que regula múltiples funciones biológicas, que aparte de su rol en
normalizar la presión sanguínea, desempeña un papel considerable en la regulación en la
interacción entre el sistema nervioso central y el sistema inmunológico. Sin embargo, en
condiciones de estrés oxidativo, el NO se produce en exceso y se combina con radicales
libres, lo que genera neurotoxinas capaces de dañar las neuronas y afectar los procesos
cognitivos y conductuales.
Un funcionamiento alterado de estos mecanismos puede contribuir al desarrollo
de enfermedades autoinmunes, donde el desequilibrio entre el estrés oxidativo y los
sistemas antioxidantes genera un estado de inflamación crónica y daño tisular (Jordi
Bañerasa, 2022).
La exposición crónica a factores ambientales como metales, contaminación
atmosférica y otros agentes tóxicos puede alterar la síntesis de óxido nítrico, lo que agrava
el estrés oxidativo y la inflamación cerebral, contribuyendo a la disfunción neurológica. Este
fenómeno puede ser especialmente perjudicial en niños con TEA, quienes ya enfrentan
desafíos en términos de manejo inadecuado del estrés, dietas incorrectas y problemas en
el neurodesarrollo.
Exposición a Químicos
98
La relación entre la exposición a sustancias químicas y los trastornos del
neurodesarrollo, incluido el Trastorno del Espectro Autista (TEA), sigue siendo objeto de
investigación y debate científico. Aunque esta conexión no está tan claramente establecida
como la existente con los metales tóxicos, es un área que genera creciente preocupación
debido al aumento de la exposición a múltiples compuestos químicos en la vida cotidiana.
Estudios liderados por el Dr Haitham Amal de la Facultad de Farmacia de la Universidad
Hebrea de Jerusalén, afirman que actualmente convivimos con más de 80.000 sustancias
químicas, de las cuales al menos 200 son reconocidas como neurotóxicas.
La exposición a toxinas y otros factores ambientales amenaza el frágil equilibrio
entre una vida saludable o una mala salud. Desgraciadamente, mucha de la evidencia que
se ha ido generando en los últimos años también indica que las nuevas generaciones que
ahora nacen -así como especialmente las mujeres embarazadas- serán las más afectadas en
el futuro, siendo siempre la infancia la más vulnerable a las noxas ambientales.
99
La microglía también participa en la poda sináptica y la eliminación de neuronas
poco funcionales. Sin embargo, la exposición a sustancias tóxicas puede interferir en este
delicado equilibrio, provocando una remodelación sináptica anómala. En los periodos
críticos del desarrollo y remodelación neuronal, como el prenatal, los primeros dos años de
vida, y la adolescencia, estas alteraciones contribuyen significativamente al riesgo de
trastornos del neurodesarrollo.
La exposición a sustancias químicas neurotóxicas durante el desarrollo fetal y la
infancia puede alterar procesos clave como la neurogénesis, la sinaptogénesis y la
plasticidad cerebral. Estos cambios estructurales y funcionales pueden tener implicaciones
profundas en las habilidades cognitivas, sociales y de comportamiento de los niños,
aumentando el riesgo de TEA y otros trastornos del neurodesarrollo (American Academy of
Pediatrics. 2020).
100
pruebas en sangre y orina son mucho más específicas, cuando ya se conoce el metal al cual
se está expuesto o verificar la capacidad de eliminación renal del metal en procedimientos
como la quelación.
Un tratamiento temprano y adaptado puede prevenir el deterioro adicional en
niños con TEA, maximizando su potencial de desarrollo. La suplementación "detox" y la
quelación son intervenciones controvertidas en el manejo de problemas de salud,
especialmente en niños con Trastorno del Espectro Autista (TEA). Es fundamental analizar
cuidadosamente los riesgos y beneficios, dado que ambas estrategias no están exentas de
efectos adversos y su eficacia es motivo de debate en la comunidad médica.
Estos tratamientos se fundamentan en la premisa donde la exposición a metales
contribuye al desarrollo de trastornos del desarrollo o exacerba los síntomas, incluyendo al
TEA, lo cual no es aceptada por todas las comunidades médicas. En algunos países aún se
mantiene que no hay pruebas robustas que respalden que los metales sean una causa
subyacente del TEA, ni que su eliminación mejore los síntomas, por ello no aplican
protocolos biomédicos y muchos de sus seguros médicos no cubren estas terapias.
101
Es fundamental monitorear los niveles de metales y los posibles efectos
secundarios: hipocalcemia, daño renal, y en casos extremos, alteraciones cardíacas. Tienen
como ventaja la eliminación rápida del metal en situaciones de exposición aguda.
Hay que evitar terapias no reguladas (zeolita, dióxido de cloro, carbón activado,
sales de Epsom, hidroterapia de colon, pediluvio), la automedicación o la consulta con
profesionales no acreditados que pueden exponer al niño a riesgos innecesarios, sobre todo
con el auge de “coach” en salud, y la difusión de tratamientos “milagrosos” basados en
experiencia anecdótica y no en evidencia médica. Estos protocolos de tratamiento siempre
deben discutirse con un médico especializado en pediatría, toxicología o medicina
integrativa.
Otro aspecto a tomar en cuenta es cuando hay alteraciones hormonales,
disrupción del crecimiento, obesidad, cambios en el neurodesarrollo, la posible exposición
a disruptores endocrinos (Bisfenol A, ftalatos, parabenos, dioxinas) presentes en plásticos
e hidrocarburos. También en regiones agrícolas descartar la presencia de pesticidas o
herbicidas (organofosforados, carbamatos, piretroides), donde crónicamente aparece daño
renal, hepático o pulmonar.
la prevención es la medida más efectiva dado que en muchos casos no existe
antídoto especifico. Se debe Identificar y retirar las fuentes domésticas, laborales o
ambientales de tóxicos (pinturas antiguas, ambientes industriales cercanos, juguetes
contaminados, agua potable, utensilios de cocina, alimentos). También puede ayudar a
mitigar el daño oxidativo asociado una dieta rica en antioxidantes (vitaminas A, C, E; selenio;
zinc).
Por último, debe haber educación sobre el uso seguro de pesticidas. La evidencia
actual subraya la necesidad de políticas más estrictas para regular el uso de químicos y
metales potencialmente peligrosos, promover prácticas agrícolas e industriales seguras y
aumentar la conciencia pública sobre los riesgos asociados con la exposición ambiental a
estas sustancias, especialmente durante el embarazo y la infancia temprana. Pero nos toca
a nosotros las medidas preventivas y el tratamiento en los casos de intoxicación.
102
Es fundamental aclarar un concepto importante: la dieta de un niño, sin importar
cuán limitada o inadecuada pueda ser, no es la causa directa de trastornos como el autismo,
el trastorno por déficit de atención e hiperactividad (TDAH), trastornos de conducta, o las
diversas alteraciones neurológicas que estamos observando en la actualidad. Sin embargo,
los problemas neurológicos subyacentes en estos trastornos, en su mayoría, pueden
contribuir al desarrollo de trastornos alimentarios.
En muchos casos, una dieta inadecuada puede agravar el cuadro clínico, haciendo
que los síntomas se intensifiquen y empeoren el pronóstico general. Por lo tanto, aunque
no se debe simplificar la causa de los problemas a un único factor, la relación entre la
alimentación y los trastornos del neurodesarrollo debe ser comprendida en un contexto
más amplio, donde la interacción de factores biológicos, ambientales y psicológicos juega
un papel fundamental (Bauer, P., 2019).
103
destacando que el 80% era fibras aferentes, es decir que la comunicación es ascendente,
del intestino al cerebro. Esto implica que este eje cerebro-intestino, aunque no es evidente
a primera vista, impacta significativamente en la calidad de vida y tiene implicaciones tanto
en el estado emocional como en la función digestiva:
104
desencadena a través del plexo de Meissner la secreción de enzimas y sustancias esenciales
para la digestión. Estos incluyen:
Amilasa: Descompone los carbohidratos digeribles (fécula y azúcar) en
moléculas más sencillas.
Ácido clorhídrico: Descompone los alimentos y activa enzimas digestivas.
Tripsina y otras enzimas pancreáticas: Degradan proteínas, carbohidratos y
lípidos.
Sales biliares y bicarbonato: Neutralizan la acidez gástrica y facilitan la
emulsificación de grasas.
Este proceso enzimático asegura la adecuada descomposición y absorción de
nutrientes, que son esenciales para el funcionamiento del cuerpo y el cerebro.
Microbiota Intestinal
La interrelación entre la microbiota y el organismo humano trasciende el eje
intestino-cerebro. Los avances de los últimos 15 años han demostrado que los
microorganismos que residen en el intestino no son simples comensales que viven en
simbiosis con su huésped, sino que desempeñan un papel fundamental en el
mantenimiento de la salud general, como lo señalo Cowan en el 2020, en su revisión del
tema. Esto ha motivado un cambio en su denominación, pasando de "flora bacteriana
intestinal", un concepto estático, a "microbiota o microbioma intestinal", que refleja un
cuerpo de microorganismos funcionales y propios de cada individuo.
En el ser humano habitan más de 1.000 especies de bacterias. Aunque colonizan la
piel, cavidad nasal, oral y urogenital, el intestino es la región más densamente poblada. En
el colon se encuentran entre 1010 y 10¹² bacterias por centímetro cúbico, superando en
número a las células del cuerpo humano. Estas bacterias representan el 70% del peso seco
de las heces. En el feto, el sistema digestivo es estéril, pero al nacer y pasar por el canal del
parto o la cesárea, se produce una colonización microbiana que se estabiliza alrededor de
los cuatro años, alcanzando una composición similar a la de un adulto.
La colonización inicial no es aleatoria, sino dirigida por inmunoglobulinas A (IgA),
presentes en la mucosa intestinal, modulado por factores genéticos. Los microorganismos
intestinales están adaptados a su hábitat, interactúan entre ellos y conviven en armonía con
el huésped. Contribuyen a la digestión de proteínas, la degradación de azúcares complejos,
y la producción de vitaminas y ácidos grasos esenciales para la salud. Estas funciones
nutricionales pueden suplir deficiencias dietéticas, destacando la importancia de mantener
una microbiota sana.
En condiciones normales, la microbiota intestinal es relativamente estable a lo
largo de la vida. Inicialmente predominan bacterias del género Lactobacillus debido a la
alimentación láctea exclusiva del lactante. Con la introducción de alimentos más complejos,
105
aumenta la diversidad microbiana, predominando en la adultez bacterias de las familias
Firmicutes y Bacteroidetes. En menor cantidad, pero no por eso menos importantes,
también son residentes de la microbiota intestinal: Actinobacterias, Proteobacterias,
Verrucomicrobios, Fusobacterias y Cyanobacterias, además de enterococos, lactobacilos,
estreptococos, y especies transitorias como las levaduras. Estas bacterias no solo cumplen
funciones metabólicas, sino que también regulan la proliferación de hongos y levaduras en
el intestino.
Los Bacteroidetes por su parte son una familia de bacterias gramnegativas que
desempeñan funciones esenciales en el intestino humano, contribuyendo al equilibrio de la
microbiota y la salud general. Estas bacterias tienen un papel clave en varios procesos:
Digestión y metabolismo, se asocian con una mayor eficiencia en la
degradación de fibras dietéticas que no pueden ser digeridas por las enzimas
humanas, transformando estos compuestos en ácidos grasos de cadena corta
(AGCC), como el acetato y el propionato, que ayudan a regular el metabolismo
energético del cuerpo.
106
Mantenimiento de la barrera intestinal, contribuyen a la producción de moco
y a la integridad del epitelio intestinal, previniendo la translocación de bacterias
o toxinas al torrente sanguíneo.
Competencia con microorganismos patógenos, producen compuestos
antimicrobianos que ayudan a inhibir el crecimiento de bacterias patógenas, lo
que mantiene un equilibrio saludable en el microbioma.
Modulación del sistema inmunológico, interactúan con el sistema
inmunológico para estimular una respuesta controlada, lo que ayuda a prevenir
inflamaciones innecesarias y juegan un papel en limitar la capacidad de
patógenos para establecerse en el intestino.
Producción de vitaminas y metabolitos clave, participan en la síntesis de
vitaminas, como algunas del grupo B, con funciones antiinflamatorias y
antioxidantes.
107
Permeabilidad intestinal. En 2012, la Academia Americana de Pediatría reconoció
por primera vez que la permeabilidad intestinal aumentada, conocida como "intestino
permeable" o "leaky gut", es una condición real y que está directamente relacionada con el
autismo (Daniel L. Coury, 2012). Es importante destacar que, aunque la permeabilidad
intestinal aumentada puede estar presente en individuos con autismo, no se considera una
causa directa del trastorno. Más bien, se reconoce como un factor que puede influir en la
manifestación y gravedad de los síntomas en algunos casos.
La permeabilidad intestinal ocurre cuando la barrera intestinal, formada por una
capa de células epiteliales conectadas por uniones estrechas, se ve comprometida,
permitiendo el paso de sustancias no deseadas desde el intestino hacia el torrente
sanguíneo. Esto favorece la entrada de toxinas, microorganismos y antígenos al torrente
sanguíneo, lo que puede desencadenar: Inflamación sistémica, reacciones autoinmunes,
que puede agravar los síntomas asociados al Trastorno del Espectro Autista (TEA).
Dentro de los principales factores de esta alteración están: Disbiosis intestinal;
desequilibrio en la microbiota que debilita las uniones celulares. Infecciones intestinales;
virus, bacterias o parásitos. Medicamentos; uso crónico de antiinflamatorios (AINEs),
esteroides o antibióticos. Alimentos proinflamatorios; dietas ricas en grasas saturadas,
azúcares refinados y aditivos. Tóxicos; la presencia de sustancias toxicas, particularmente
los metales afectan el balance de la microbiota. Estrés crónico; activación constante del
sistema simpático y disfunción parasimpática (Barker, G, 2017).
Como recordaremos del capítulo anterior, el sistema nervioso autónomo regula las
funciones involuntarias del cuerpo, y su componente parasimpático es responsable de la
"respuesta de descanso y digestión". El sistema parasimpático, a través del nervio vago,
regula la producción de moco intestinal, la secreción de enzimas y la respuesta inmune
local. Su disfunción puede llevar a una inflamación intestinal y debilitar la barrera epitelial.
Cuando existe un desequilibrio hacia una predominancia simpática, disminuyen las
funciones regenerativas y digestivas. Hay disminución del flujo sanguíneo intestinal, con
alteración de la motilidad, que causa estreñimiento o diarrea. Se reduce la capacidad
regenerativa de la mucosa, con inflamación crónica de bajo grado, que contribuye al
deterioro de las uniones estrechas, y aumenta los niveles de cortisol, lo que exacerba la
inflamación y debilita aún más las uniones estrechas (Luis María Bustos-Fernández, 2022).
La alteración de la permeabilidad y la función digestiva puede llevar a la absorción
de proteínas parcialmente digeridas con efectos neurotóxicos. En la década de 1970, el Dr.
Paul Shattock, de la Escuela de Salud Pública de la Universidad Drexel, identificó que en
pacientes con Trastorno del Espectro Autista (TEA) ciertas proteínas no digeridas, como la
casomorfinas del lácteo o las gliadomorfinas del gluten, se depositaban en las neuronas,
alterando el sistema sensorial. Estos compuestos tienen un impacto negativo en
enfermedades mentales, exacerbando síntomas de TEA.
108
Pero en el contexto de la disfunción parasimpática y el aumento de la
permeabilidad intestinal, los estudios han señalado que otras proteínas parcialmente
digeridas no solo producen daño neurotóxico, sino actúan como antígenos, activando
células inmunitarias y desencadenando inflamación local y sistémica, que amplifica la
disfunción parasimpática y el estrés oxidativo, creando un ciclo vicioso:
Gliadina y otras prolaminas. Fuente: Trigo, cebada, centeno, avena.
Caseína. Fuente: Leche y productos lácteos.
Proteínas de la soja. Fuente: Productos de soja, incluidos tofu, leche de soja.
Proteínas de huevo (Ovoalbúmina y ovomucoide). Fuente: Clara de huevo.
Lectinas y glicoproteínas de cereales. Fuente: Frijoles, lentejas, arroz integral.
Proteínas de pescados y mariscos (Tropomiosina). Fuente: Mariscos como
camarones, cangrejos, langostas.
109
Intolerancia Alimentaria. Por otro lado, la intolerancia alimentaria, es mucho más
común que las alergias, tiene diversas etiologías, pero involucra al sistema digestivo, no al
sistema inmunológico. No producen una reacción alérgica, más bien, produce una
respuesta gastrointestinal inflamatoria con síntomas mentales y conductuales que pueden
tardar de horas hasta varios días en aparecer.
Los síntomas de intolerancia alimentaria suelen ser más sutiles y tardíos:
Inflamación, gases, irritabilidad, impulsividad, trastorno del sueño, y menos frecuentes
náuseas, dolor abdominal, diarrea o estreñimiento. Rara vez se presentan prurito o
enrojecimiento cutáneo, característicos de las alergias. Se debe a la dificultad del cuerpo
para digerir o metabolizar ciertos alimentos. Las intolerancias más comunes incluyen:
Deficiencias enzimáticas que no permiten la adecuada digestión del alimento:
Lactosa (azúcar de la leche).
Fructosa (azúcar de las frutas).
Sorbitol (edulcorante en alimentos procesados).
Caseína (leche).
Gluten (cereales).
Proteínas transgénicas (algunos cultivos).
Presencia de toxinas naturales en algunos alimentos:
Escombrotoxina (pescado y mariscos).
Aflatoxina (cereales y granos).
Condiciones propias de los alimentos:
Contaminación bacteriana.
Agroquímicos como glifosato, organofosforados y pesticidas.
110
zonulina, lactulosa/manitol, calprotectina, proteína C reactiva (PCR). Análisis de
microbioma para identificar disbiosis.
Para descartar intolerancias requiere un proceso de observación y dietas
selectivas. Hay que aclarar que actualmente se tiende a simplificar este proceso con
pruebas rápidas que miden inmunoglobulinas G (IgG) para determinar supuestas
“intolerancias alimentarias”. Algunas pruebas comerciales afirman detectar intolerancias
alimentarias midiendo anticuerpos de IgG contra ciertos alimentos, pero al presente no
existe evidencia científica sólida que respalde su utilidad clínica.
La presencia de IgG específica contra un alimento generalmente indica exposición
previa y tolerancia, no intolerancia. Se ha demostrado que las personas sanas pueden tener
niveles elevados de IgG contra alimentos que consumen con frecuencia, sin que esto
signifique que deban evitarlos.
Es fundamental un enfoque integrativo: Restaurar la barrera intestinal. Tratar la
disbiosis intestinal. Reequilibrar el sistema nervioso autónomo a través del ejercicio físico
regular y mantener una rutina de sueño adecuada. Por otra parte, el nutricionista debe
diseñar un plan dietético personalizado para reducir el daño intestinal, controlar la
inflamación y promover una alimentación adecuada. Evaluar patrones alimentarios
deficientes y posibles alimentos problemáticos. Planificar protocolos de eliminación
temporal de alimentos con alto potencial alérgico o intolerante y monitorear la posterior
reintroducción gradual.
Uso de Probioticos. Desde 1908, cuando el premio Nobel ruso Iliá Mechnikov
sugirió que la ingesta de yogur con lactobacilos disminuía el número de bacterias que
producen toxinas en el intestino y contribuía a la longevidad de los campesinos búlgaros, el
uso de probioticos para restaurar el equilibrio microbiano y mejorar la función intestinal es
valioso (Rankola E. et al. 2023).
El uso de probióticos en disbiosis debe ser personalizado, con criterios claros de
tiempo de duración, dosis, y si están complementado con prebióticos, de acuerdo a la
condición clínica que se desee corregir. Su indicación se recomienda siempre bajo
supervisión médica, pues no es un suplemento, en casos como el sobrecrecimiento
bacteriano del intestino delgado (SIBO), enfermedad intestinal severa, su uso debe ser
evaluado con precaución, pues los probióticos pueden empeorar los síntomas.
Este abordaje requiere comunicación constante entre el gastropediatra, el
nutricionista, los padres y, si es posible, un psicólogo o terapeuta que trabaje el impacto
emocional de la condición en el niño. Para muchos padres preocupados por la alimentación
de sus hijos, es fundamental señalar que, sin una consulta adecuada, los cambios dietéticos
basados en pruebas sin valoración por parte de especialistas dentro del contexto clínico,
111
pueden llevar a dietas altamente restrictivas, desnutrición por déficit de nutrientes
esenciales y un posible empeoramiento del trastorno del neurodesarrollo.
Dentición.
La mayoría de los niños con Trastorno del Espectro Autista (TEA) no presentan
anomalías dentales, ya que su morfología dental es generalmente normal. En el periodo
preescolar, a partir de los seis meses de edad, comienzan a aparecer los primeros dientes
temporales, y para el final de este periodo, el niño debe contar con un total de 20 dientes.
Posteriormente, a partir de los seis años, esta dentadura temporal es reemplazada por la
dentadura permanente. La secuencia de aparición de los dientes está genéticamente
determinada.
Sin embargo, ciertas patologías dentales son más frecuentes en niños con TEA,
entre estas se incluyen:
Erupción tardía y mal posicionamiento dental: Estas condiciones pueden estar
relacionadas con una alimentación deficiente, especialmente en niños con
preferencias dietéticas muy restrictivas.
Mineralización dental pobre: La formación de esmalte puede ser deficiente debido
a un desbalance mineral asociado con intoxicación por metales como plomo,
aluminio y estaño. Este defecto en el desarrollo de los dientes permanentes
incrementa el riesgo de caries dentales.
Lesiones orales traumáticas: Las caídas frecuentes pueden ocasionar daños al
esmalte y la dentina.
Bruxismo: El rechinar o apretar los dientes, muchas veces relacionado con un mal
manejo del estrés o crisis convulsivas, puede conducir al desgaste temprano de
los dientes.
Dificultades en la masticación: Un nivel de masticación deficiente puede
comprometer la erupción dental y el proceso digestivo del niño.
Higiene dental deficiente: La capacidad reducida para entender y participar en el
cepillado diario, junto con una baja producción de saliva debido a infecciones
recurrentes y el uso frecuente de antibióticos en la edad preescolar, favorecen la
aparición de caries.
114
Reflexión inicial tras el diagnóstico
Superado el impacto inicial que puede generar un diagnóstico de trastorno del
neurodesarrollo, es importante evitar tomar decisiones apresuradas basadas únicamente
en la urgencia emocional. Antes de inscribir al niño en todas las terapias recomendadas, es
fundamental detenerse a observarlo con una mirada libre de estereotipos. Cada niño es
único, con fortalezas, debilidades y desafíos particulares, como cualquier otro ser humano.
Muchos de los enfoques tradicionales en la intervención de niños con dificultades
del desarrollo tienden a centrarse exclusivamente en la modificación de conductas, la
mejora de habilidades comunicativas o el refuerzo de estrategias educativas. Sin embargo,
con frecuencia, estos métodos no contemplan de forma integral la complejidad
neurobiológica que subyace en cada caso.
Un aspecto esencial, y a menudo subestimado, es el abordaje de las
comorbilidades médicas y ambientales que pueden estar interfiriendo con el
funcionamiento cerebral. Alteraciones metabólicas, trastornos digestivos, cargas tóxicas o
desequilibrios sensoriales pueden incidir significativamente en la regulación emocional, la
atención, el sueño, el lenguaje y la conducta del niño. Ignorar estos factores puede llevar a
intervenciones parciales, que abordan el síntoma, pero no la raíz del problema.
La intervención efectiva debe nacer del conocimiento profundo del niño, con una
visión integradora que articule lo emocional, lo biológico y lo social, y no solo una lista de
técnicas o programas aplicados en serie. Entender y acompañar a un niño con un trastorno
del neurodesarrollo implica, antes que nada, comprender su funcionamiento cerebral y
corporal, para así construir una ruta terapéutica coherente con sus verdaderas necesidades.
0-6 meses.
Recuerde que en esta etapa no se habla de retardo sino señales de alarma. Dado
que el aprendizaje aquí es innato, es decir se aprende por imitación, se debe proporcionar
un ambiente rico en estímulos de los aspectos del neurodesarrollo motor y social, haciendo
énfasis donde no ha alcanzado el nivel esperado para su edad.
1. Debemos estar atento a los factores del desarrollo: peso, talla, circunferencia
cefálica, dentro de los cuales, si están por debajo del percentil esperado para su
edad, debe evaluarse en mayor profundidad.
2. Mantener una comunicación fluida y cercana con el pediatra respecto a los
hábitos de alimentación y el patrón de sueño del niño, resulta fundamental para
garantizar un desarrollo saludable y prevenir posibles alteraciones en estas
áreas clave del crecimiento infantil.
Así mismo se debe mantener una rutina estable, las rutinas brindan seguridad y
estructura al niño. Estrategias prácticas para aplicar en casa:
115
1. Establece rutinas predecibles. Luz solar en la mañana, ambiente oscuro y
silencioso durante las horas de sueño. Comidas a libre demanda, esto significa
ofrecer el pecho cada vez que el bebé lo pida, sin horarios fijos, tanto de día
como de noche. Repite las actividades en el mismo orden cada día, tanto como
sea posible.
2. Incluir momentos diarios de conexión emocional. Dedica al menos 10-15
minutos diarios solo para jugar, abrazar o conversar con tu hijo sin distracciones
(sin pantallas ni multitarea). Estos momentos fortalecen el vínculo emocional,
ayudan al niño a sentirse seguro y estimulan el desarrollo neurosensorial.
Mantén el espacio tranquilo y sin sobrecarga de estímulos. Observa las señales
del bebé: si se ve incómodo, fatigado o sobreestimulado, detén la actividad. La
mejor estimulación es la interacción humana: hablarle, mirarlo, responder a sus
señales.
3. Crear espacios sensoriales.
- Luz tenue (puede ser natural o con lámparas cálidas).
- Sonidos suaves: música instrumental, sonidos de la naturaleza o el ritmo del
corazón.
- Rincón visual. Estimular la atención visual y la exploración boca arriba con:
móviles de alto contraste (blanco, negro y rojo) a una distancia de 20–30 cm.
- Boca abajo o acostado de lado: espejo acrílico seguro en posición horizontal o
vertical. Imágenes simples en cartón o tela para mirar durante el tiempo boca
abajo.
- Estímulo auditivo y ritmo. Voz de los padres hablándole o cantándole (lo más
importante). Usar lenguaje claro y concreto, habla con frases cortas y simples.
Sonajeros suaves o maracas con movimientos lentos. Caja musical con melodías
suaves y repetitivas.
6 meses- 2 años.
116
En esta etapa las señales de retardo o dificultades en el desarrollo en las áreas:
motor, lenguaje o social son más evidentes porque la interacción rebasa las capacidades del
niño, en otros casos hay una regresión con pérdida de las habilidades adquiridas.
Cuando un niño presenta dificultades en el lenguaje, el problema no se reduce
únicamente a una limitación en el vocabulario. Es posible que su sistema nervioso no esté
procesando la información auditiva de manera eficiente, lo que afecta la comprensión y
producción del lenguaje.
Si experimenta crisis emocionales frecuentes, no debe interpretarse simplemente
como un problema conductual. En muchos casos, el sistema nervioso se encuentra en un
estado de hiperalerta constante, sin los recursos neurofisiológicos necesarios para
autorregularse ante estímulos estresantes.
Cuando existen dificultades en la interacción social, no debe asumirse que el niño
carece de interés en socializar. Es probable que su cerebro tenga desafíos para integrar
adecuadamente la información sensorial, dificultando la interpretación de señales sociales
y la emisión de respuestas adaptativas al entorno.
En este contexto, el problema no radica en el niño como tal, sino que hay que
explorar las comorbilidades que pueden estar afectando el desarrollo armónico. Por lo
tanto, no basta solo con el abordaje terapéutico de su neurodesarrollo.
La clave no está en condicionar al niño para que "aprenda" determinadas
habilidades de forma forzada, sino en ofrecerle: un entorno enriquecido, una nutrición
adecuada, estímulos neurofuncionales apropiados, evaluar y corregir factores ambientales
que trastornan el neurodesarrollo, que en conjunto permitan la formación natural de
nuevas conexiones neuronales. Este enfoque, basado en el respeto por los procesos
individuales del desarrollo cerebral, es esencial para favorecer una evolución sostenida en
el tiempo.
Aun cuando el comportamiento disruptivo (crisis de llanto) y la falta de desarrollo
del lenguaje son lo más llamativo, hay señales más sutiles que deben observarse y
abordarse precozmente: trastornos en la alimentación, trastorno del sueño, falta de
reciprocidad social, saltarse la secuencia en el desarrollo motor (pararse antes de gatear).
1. Evaluación multidisciplinario.
Evaluación neurológica: Para descartar afecciones estructurales o funcionales del
sistema nervioso (pediatra del desarrollo y comportamiento o un neuropediatra).
Pruebas de desarrollo: Aplicación de herramientas como cuestionarios o pruebas
psicométricas para identificar retrasos en el logro de hitos específicos, con lo cual
se podrá diseñar un plan de terapia funcional.
117
Descartar presencia de metales. Realizar pruebas toxicológicas específicas
(mineralograma) a fin de detectar y abordar la presencia de metales neurotóxicos
(medico toxicólogo).
Evaluación gastroenterología. Tener el soporte profesional en la introducción de
alimentación sólida y manejo de trastornos del área gastrointestinal (pediatra
nutricionista o asesoramiento por gastropediatria).
Con esta información se podrá estructurar estrategias prácticas para el desarrollo
motor y neurosensorial: terapia ocupacional y conductual (a partir de los 12 meses), pues
sin una integración neurosensorial y motricidad adecuada es difícil para este niño poder
avanzar en el control emocional, interacción social y lenguaje.
2. Desde el hogar.
También podemos complementar el trabajo terapéutico que refuerce el desarrollo
infantil:
- Establecer rutinas estructuradas, mantener horarios consistentes para
actividades diarias.
- Crear un entorno predecible y libre de distractores: Disponer de un espacio
adecuado y tranquilo para realizar las actividades que permite una mayor
concentración y mejor aprovechamiento del tiempo.
- Reforzar positivamente los logros: Valorar y celebrar los avances, por
pequeños que sean, fortalece la autoestima y motivar al niño a continuar
con su proceso de aprendizaje.
- Incorporar el juego como herramienta terapéutica: Utilizar actividades
lúdicas adaptadas a los objetivos del tratamiento facilita la generalización
de habilidades en un contexto natural y significativo.
Estimulación motora.
El objetivo es fortalecer el control postural, la coordinación y la movilidad:
Tiempo boca abajo, practicar diariamente, extendido a mayor tiempo y con
juguetes motivadores delante.
Incentivar el arrastre y el gateo colocando objetos a corta distancia para que el
niño intente alcanzarlos.
Jugar a sentarlo con apoyo (almohadas, regazo) y favorecer que mantenga el
equilibrio.
Hacer juegos suaves de movimientos rítmicos: mecer, levantar suavemente en el
aire, girar con cuidado.
Estimulación neurosensorial.
Permite regular y organizar la información e interacción sensorial del entorno:
Estimular la atención visual, con juguetes de colores vivos y contrastantes, de
diferentes texturas: rugosos, suaves, vibratorios.
118
Fomentar la atención auditiva, hablarle y narrarle lo que ocurre (“Ahora vamos a
bañarte”, “Mira cómo cae el agua”).
Cantar canciones con gestos, repetir rimas y juegos con palmas.
Repetir sonidos vocálicos y consonantes simples (“ma-ma”, “pa-pa”) y
esperar su respuesta.
Jugar con instrumentos musicales sencillos: sonajeros, tambores, campanas.
Estimulación cognitiva.
Promover la curiosidad y la exploración:
Uso de cajas con objetos de diferentes tamaños y colores para explorar (bajo
supervisión).
Juegos con recipientes: llenar y vaciar, abrir y cerrar.
Actividades con agua (jugar con salpicaduras, transferencias entre recipientes).
Las personas con autismo suelen tener intereses limitados y apegarse estrictamente
a las rutinas. En este contexto, es fundamental concentrarse en sus capacidades en lugar
de enfocarse en lo que no pueden hacer. Ayúdalos a adaptarse progresivamente al
cambio: introduce variaciones en sus rutinas diarias. Estos cambios deben implementarse
de manera gradual, con paciencia y determinación, evitando cambios bruscos o un exceso
de información nueva que pueda sobrecargarlos.
Mantener una comunicación constante con el equipo terapéutico: Informar sobre
avances, dificultades o cambios en la conducta del niño en el hogar permite ajustar el plan
de intervención y fortalecer el trabajo colaborativo.
2 - 6 años.
Durante este periodo, resulta pertinente realizar una reevaluación del diagnóstico
inicial, así como una valoración objetiva de los avances del niño en las distintas áreas de su
desempeño. Es importante destacar que este proceso no tiene el propósito de obtener una
segunda opinión ni de cuestionar un posible error diagnóstico. Por el contrario, busca
ofrecer una visión integral que contemple no solo las dificultades en el logro de los hitos del
119
neurodesarrollo, sino también las fortalezas y habilidades del niño, las cuales son
igualmente relevantes y deben ser estimuladas de manera oportuna.
La evaluación multidisciplinaria debe incluir un enfoque integral que haga especial
énfasis en la identificación de comorbilidades, las cuales, en muchos casos, no han sido
exploradas adecuadamente en la etapa inicial del diagnóstico. Esto puede deberse a que,
en una primera aproximación, suele otorgarse mayor relevancia a aspectos sociales como
el lenguaje, la interacción o el comportamiento, dejando de lado otras áreas igualmente
importantes del neurodesarrollo. La detección oportuna y el abordaje adecuado de estas
comorbilidades permiten optimizar el plan terapéutico y mejorar el pronóstico funcional
del niño.
120
base motora estable. Asimismo, se incorporan ejercicios destinados a mejorar la
estabilidad articular y el control del movimiento, procurando siempre evitar
estiramientos pasivos y la sobreextensión de los rangos articulares, especialmente
en casos de hiperlaxitud.
En el caso de niños con dispraxia, las intervenciones se orientan a estimular la
coordinación de movimientos secuenciales y la ejecución de patrones motores
complejos, facilitando la integración de la planificación motora con la acción, a
través de actividades estructuradas, repetitivas y guiadas.
121
- Juego en parques infantiles: trepar, deslizarse, columpiarse y balancearse
promueven la integración sensorial, el tono muscular y la orientación
espacial.
- Paseos imitando animales: caminar como oso, rana o cangrejo permite
trabajar el control postural, la planificación motora y la fuerza en tronco y
extremidades.
- Subir y bajar escalones de uno en uno con apoyo: favorece el control del
movimiento, el equilibrio dinámico y la coordinación de miembros
inferiores.
122
Por tanto, mantener un entorno metabólico equilibrado, a través de una
alimentación adecuada, un abordaje digestivo apropiado y la evaluación de
posibles cargas tóxicas, representa un elemento clave para promover un
desarrollo integral y armónico.
123
- Leer cuentos cortos con apoyo visual permite mejorar la comprensión literal del
lenguaje. Se recomienda pausar para hacer preguntas sencillas como:
¿Qué pasó primero?, ¿qué hizo este personaje?, ¿cómo crees que se siente?
Esto promueve el uso de vocabulario, la secuenciación narrativa y el
reconocimiento de emociones.
124
AUTISMO EN EL ADOLESCENTE Y EL ADULTO JOVEN
Adolescencia y pubertad.
La adolescencia es la etapa final del desarrollo del niño hacia el adulto joven, que
se inicia típicamente con los cambios hormonales propios de la pubertad, aunque no son
sinónimos. Hay un crecimiento general de la estatura, con aumento de la masa muscular, la
grasa corporal, y desarrollo de la dentición completa. Aparición de los caracteres sexuales
secundarios en forma secuencial.
La pubertad universalmente comienza entre los 10 y 12 años en las niñas y los 12
a 14 años en el varón, terminando alrededor de los 18 años. Estos cambios están
determinados genéticamente y son variables en diferentes grupos sociales y orígenes
étnicos. En cambio, hay un consenso más generalizado, que psicológicamente se habla de
adulto joven a partir de los 21 años de edad.
126
sus acciones. El desarrollo de la metacognición (capacidad de pensar sobre el propio
pensamiento) fomenta la introspección y la exploración personal.
127
Desarrollo de la identidad. La adolescencia es un periodo de cambios en la
personalidad., moldeado por factores internos y externos. Buscan construir un sentido de
sí mismos, explorando roles, valores y creencias. Según el psicólogo y psicoanalista Erik
Erikson, esta etapa se centra en la crisis de "identidad frente a confusión de roles", donde
el adolescente busca responder a la pregunta: "¿Quién soy y qué quiero ser?".
La búsqueda de propósito y valores en la adolescencia es un proceso central en el
desarrollo de la identidad. Durante este período, los jóvenes comienzan a reflexionar
profundamente sobre su papel en el mundo, sus metas a largo plazo y los principios que
guiarán su comportamiento y decisiones. Este desarrollo se encuentra influenciado por
factores biológicos, psicológicos, sociales y culturales.
128
Influencia del entorno social. Los amigos y grupos sociales adquieren un papel
central en la formación de la personalidad. Los adolescentes suelen experimentar presión
social, lo que puede influir en su autoestima y toma de decisiones.
Se podría decir que la interacción social en la adolescencia es cuando se usa en su
máxima expresión el lenguaje gestual, y la afectividad aprendida durante la infancia. Una
mirada sostenida, un roce casual, una expresión de doble sentido, son todos elementos
sutiles que juegan un papel importante en esta etapa de la socialización. Las fluctuaciones
emocionales, están influenciadas por elementos tomados de sensaciones o situacionales
pasadas; anticipar conductas en función del contexto en que se producen de acuerdo a la
experiencia acumulada. La estabilidad emocional suele ser menor durante la adolescencia,
dado el desarrollo de estrategias de afrontamiento aún inmaduras.
Liderazgo parental.
129
Una de las herramientas más poderosas para acompañar el desarrollo de un
adolescente con necesidades particulares es el fortalecimiento del liderazgo parental. Este
concepto no se refiere al control autoritario, sino a la capacidad del padre, la madre o el
cuidador de guiar con claridad, contención emocional y coherencia afectiva en los
momentos de mayor desafío.
Aprender y aplicar estrategias de liderazgo parental permite a los adultos manejar
de forma más efectiva las situaciones emocionalmente intensas, responder con mayor
serenidad y firmeza, y evitar respuestas impulsivas o reactivas que puedan intensificar el
malestar del joven. A través de este tipo de liderazgo, los cuidadores se convierten en una
figura de referencia segura, capaz de sostener emocionalmente al adolescente incluso
cuando su sistema nervioso se encuentra desregulado. Algunas de estas estrategias
incluyen:
- Establecer límites claros y consistentes desde un lugar de respeto y contención,
no desde la imposición o el castigo.
- Regular primero las propias emociones, entendiendo que el autocuidado y la
autorregulación del adulto son condiciones esenciales para poder ayudar al
adolescente a regularse.
- Validar las emociones sin sobreproteger ni minimizar, reconociendo lo que siente
y acompañándolo a transitar su experiencia con empatía y estructura.
- Modelar comportamientos saludables frente a la frustración, el estrés y los
cambios, enseñando con el ejemplo.
- Cultivar la presencia consciente en el día a día, dedicando momentos de calidad
en los que el adolescente se sienta visto, escuchado y valorado sin condiciones.
Reevaluación diagnóstica.
Es importante confirmar y ajustar el diagnóstico inicial si es necesario, ya que los
síntomas del TEA pueden cambiar con el tiempo. Se debe valorar el nivel de funcionalidad
del adolescente, incluyendo habilidades sociales, comunicación, independencia y
desempeño académico.
Social: Observación de interacciones sociales, habilidades para entablar relaciones,
y manejo de situaciones sociales complejas.
130
Cognitiva: Identificar fortalezas y debilidades en el aprendizaje, memoria y
resolución de problemas.
Sensorial: Identificar sensibilidades o hiposensibilidades que puedan interferir
con la vida cotidiana.
En estos casos los psicólogos especializados usan pruebas adecuadas a la edad;
como el Cuestionario de Exploración del Espectro del Autismo de Alto Funcionamiento
(ASSQ), en otras circunstancias se usan escalas para calcular la edad mental como el test de
Bender y el test de Karen Machover, o más conocido como de figura humana. También el
Child Behavior Checklist (CBCL) es un cuestionario que tiene una versión que se puede
aplicar a adolescentes de 11-18 años, evalúa comportamiento y problemas emocionales. La
evaluación por psiquiatría es valiosa para la identificación de síntomas relacionados con
ansiedad, depresión o trastornos de la conducta.
Es importante la evaluación cognitiva, suelen tener dificultades con la memoria de
trabajo y con el tiempo que se tarda en procesar la información (velocidad de
procesamiento). A menudo hay dificultades con el razonamiento perceptivo. La Escala de
Inteligencia Wechsler para Adultos (WISK-V) evalúan estas dificultades mediante pruebas
de memoria de trabajo y velocidad de procesamiento.
Apoyo psicológico y emocional. Los adolescentes con TEA pueden luchar con el
autoconocimiento y la aceptación de su condición. La interacción social puede tornarse
estresante, justamente por no comprender el contexto social y temer que su respuesta sea
inapropiada. En muchos casos estas conductas fuera de lugar, “sin filtros”, son parte de un
aprendizaje, pues cuando niños se tomaban a chiste, y no se hacia la orientación pertinente,
pero ya una vez que se hace adolescente, las acciones se tornan inadecuadas e inaceptables,
confundiendo mucho a este joven pues es una conducta aprendida.
Para estos jóvenes en el campo de la terapéutica está teniendo mucha relevancia
la terapia cognitiva conductual (TCC), que ayuda cambiando la forma en que piensan y
manejan los conflictos y mejorar la autoestima. Esta técnica de psicoterapia está basada en
el concepto de que los pensamientos, sentimientos, sensaciones y las acciones están
interconectadas, y que los pensamientos y sentimientos negativos te pueden atrapar en
conductas recurrentes inadecuadas. El analizar las conductas en pequeñas partes ayuda a
identifica y modificar patrones negativos (Xinyuan Wang, 2021).
Aun cuando la TCC no puede remediar los problemas subyacentes de esta
condición, estas intervenciones cortas, permiten a los jóvenes lidiar mejor con sus
sentimientos, ansiedad y depresión, en una forma práctica y dinámica, no enfocado en las
experiencias pasadas, sino en buscar modificar la dirección más apropiado a las conductas
habituales de la vida diaria desarrollando habilidades sociales.
131
Manejo médico y farmacológico. Debe haber una consulta regular con
especialistas: Neurólogo, Psiquiatra o Psicólogo clínico para el seguimiento continuo. En la
adolescencia hay mayor prevalencia de epilepsias y otras condiciones neuropsiquiátricas.
En algunos casos es necesario la intervención y medicación preventiva para las
convulsiones, ansiedad, depresión o TDAH, para evitar que pueda llevar a conductas
disruptivas, agresividad o pensamientos suicida.
132
entrenamiento en habilidades prácticas como manejo de herramientas, tecnología o tareas
específicas.
133
Impacto funcional: Las comorbilidades pueden agravar los desafíos asociados al
diagnóstico principal, afectando áreas como el desempeño académico, social y
emocional.
Estrategias de tratamiento: Un diagnóstico adecuado permite diseñar
intervenciones personalizadas y eficaces.
Prevención de complicaciones: La identificación temprana ayuda a evitar el
deterioro de los síntomas y a mejorar el pronóstico.
134
En casos donde la comunicación verbal sea limitada, se desarrolló la terapia de
integración auditiva (AIT) como una técnica para mejorar la sensibilidad sonora anormal en
personas con trastornos de conducta, incluidos los trastornos del espectro autista. La AIT
por el método Bernard implica escuchar música modificada electrónicamente emitida por
auriculares durante dos sesiones de media hora cada día durante 10 días. El dispositivo AIT
utiliza un filtro para amortiguar las frecuencias pico a las que el individuo es "hipersensible"
y emite sonidos modulados por amortiguación aleatoria de frecuencias e intensidades altas
y bajas.
La terapia sonora Tomatis, utiliza voz humana y música modificada
electrónicamente. Los programas son individualizados, la duración de la terapia varía y se
programan descansos entre los bloques de tratamiento. Terapia de sonido Samonas,
consiste en escuchar a través de auriculares música filtrada, voces y sonidos de la naturaleza
grabados electrónicamente. La terapia se lleva a cabo bajo la supervisión de un terapeuta y
también en el hogar. La duración y frecuencia del tratamiento para cada paciente queda a
criterio del terapeuta y no existen pautas específicas.
Como muchas intervenciones en el TEA, las AIT no están exentas de controversias,
pues para muchos profesionales existen preocupaciones sobre la validez y la base teórica
de la terapia. Los padres deben ser conscientes que, en ausencia de evidencia sólida, el
tratamiento debe considerarse experimental, además del costo que implica seguir estos y
otras terapias sonoras que guardan similitudes con la terapia de integración auditiva. Es
importante evaluar beneficios con el terapeuta del lenguaje y psicólogos.
Con una intervención adecuada, los adolescentes con trastorno del lenguaje
pueden mejorar significativamente sus habilidades comunicativas, lo que facilita su
integración social, su desempeño académico y su calidad de vida en general. Es esencial un
enfoque constante y colaborativo entre la familia, los terapeutas y el entorno educativo.
135
El desequilibrio en el desarrollo de las redes neuronales y la alteración de las
conexiones cerebrales pueden predisponer a los adolescentes a trastornos psiquiátricos
como la depresión, el trastorno bipolar y ansiedad generalizada.
Trastornos gastrointestinales.
Los trastornos gastrointestinales en adolescentes pueden ser bastante comunes,
problemas como estreñimiento, reflujo o dolor abdominal funcional son frecuentes, lo cual
está influenciado por factores emocionales como el estrés crónico. La exposición al estrés
adverso incluye situaciones de trauma, abusos, negligencia, violencia, que pueden tener un
impacto negativo en el bienestar físico y emocional de un joven.
En muchos casos, los adolescentes pueden experimentar dolor abdominal que no
tiene una causa física identificable, pero que se ve exacerbado por el estrés y la ansiedad.
Estos dolores pueden ser recurrentes y pueden interferir con las actividades diarias del
adolescente, debido a la interacción entre el cerebro, el sistema nervioso autónomo y el
sistema digestivo:
Síndrome del intestino irritable (SII): Este es uno de los trastornos
gastrointestinales más frecuentes en adolescentes con antecedentes de estrés o trauma. El
SII se caracteriza por dolor abdominal recurrente, distensión, y cambios en los hábitos
intestinales (diarrea, estreñimiento o ambos). El estrés y la ansiedad pueden desencadenar
o empeorar los síntomas.
Reflujo gastroesofágico (ERGE): La exposición crónica al estrés puede contribuir a
la aparición del reflujo gastroesofágico, donde los ácidos del estómago regresan al esófago,
causando sensación de ardor en el pecho y dificultad para tragar. También puede aparecer
trastorno del sueño con despertares nocturno por ERGE en la madrugada.
136
Úlceras gástricas: El estrés prolongado aunado a trastornos en la alimentación
puede contribuir a la formación de úlceras en el estómago o el intestino delgado. Las úlceras
gástricas pueden causar dolor abdominal, náuseas y vómitos, y al igual que el reflujo es un
factor de trastorno del sueño.
Trastornos de la motilidad intestinal: El estrés y la ansiedad pueden alterar la
motilidad gastrointestinal, lo que puede dar lugar a sensación de plenitud, estreñimiento,
o diarrea. Esta alteración en la motilidad está relacionada con la actividad del sistema
nervioso autónomo.
Retraso en el inicio del sueño: Muchos adolescentes tienden a dormir más tarde,
lo que se conoce como "síndrome de la fase retrasada del sueño". Esto se debe a cambios
en los ritmos circadianos, donde la producción de melatonina ocurre más tarde, lo que
dificulta que se duerman temprano.
137
Apnea del sueño: Se refiere a interrupciones breves en la respiración durante el
sueño. Aunque es más común en adultos, también puede afectar a los adolescentes,
especialmente si tienen sobrepeso, rinitis u otros problemas de salud.
138
sensoriales, pero debido a factores hormonales y de crecimiento, estos trastornos pueden
volverse más evidentes en la adolescencia.
Los adolescentes con trastornos motores pueden ser torpes, descoordinados o
tener dificultades con tareas que requieren fuerza y habilidades motoras fina: uso de
herramientas y equipo de laboratorio, capacidad de escribir con claridad, realizar
procedimientos clínicos (por ejemplo, tomar muestras de sangre, administrar inyecciones o
realizar suturas). Realizar actividades donde deben estar de pie por periodos prolongados
o moverse rápidamente entre diferentes lugares puede ser extenuante.
La presencia de tics motores (movimientos repentinos e involuntarios) y tics
vocales (sonidos repetitivos o palabras involuntarias), suelen comenzar en la infancia, pero
pueden continuar y volverse más notorios durante la adolescencia. Los tics pueden afectar
la comunicación verbal (dificultades en la fluidez verbal o pronunciación), haciendo que
estos jóvenes pueden sentirse incómodos o estigmatizados en un entorno donde la
comunicación clara y precisa es esencial.
139
Implementar ejercicios de coordinación para mejorar la precisión de los movimientos, lo
que resulta crucial para tareas como escribir, caminar o realizar actividades físicas.
Los ejercicios para mejorar el equilibrio y la estabilidad pueden ser especialmente
beneficiosos para los adolescentes con dispraxia o problemas relacionados con la
coordinación motora gruesa. Los deportes adaptados o actividades físicas modificadas
(como natación, ciclismo, karate, caminatas) o actividades en grupo tipo crossfit pueden ser
muy beneficiosos. Estas actividades no solo mejoran la fuerza y la coordinación, sino que el
ejercicio físico intenso tiene un impacto positivo al reducir el estrés y la ansiedad,
mejorando la regulación emocional y la autoconfianza para personas con Trastorno del
Espectro Autista (TEA) (Chrystiane V.A. 2021). Los entrenamientos grupales ofrecen una
oportunidad para practicar la interacción social.
Para algunas personas con TEA el entorno deportivo puede ser ruidoso o
visualmente estimulante, lo que podría ser un desafío por la sobrecarga sensorial. Puede
ser útil considerar entrenar en horarios con menos aglomeración o en un espacio más
tranquilo para hacer una desensibilización gradual a estímulos que le resulten incómodos.
Así mismo los entrenadores especializados en trabajar con personas con TEA deben ajustar
los ejercicios para asegurarse de que sean adecuados, permitiendo que inicialmente los
movimientos sean más sencillos o repetitivos si es necesario.
Los terapeutas ocupacionales pueden trabajar con los adolescentes para mejorar
las habilidades de motricidad fina, que son esenciales para tareas como escribir, abrocharse
los zapatos o usar utensilios o herramientas. Esto se logra a través de ejercicios prácticos y
adaptaciones específicas. También ayudan a los adolescentes a desarrollar estrategias para
llevar a cabo actividades cotidianas de manera más eficiente, como vestirse, organizar su
entorno o manejar el estrés físico relacionado con ciertas actividades.
El uso de herramientas adaptativas (como bolígrafos ergonómicos, teclados
especiales o dispositivos de asistencia) puede facilitar la realización de tareas cotidianas,
permitiendo que el adolescente tenga más control sobre sus movimientos. Para los jóvenes
con hipersensibilidad auditiva, el uso de auriculares con cancelación de ruido durante
situaciones ruidosas puede ser útil, sin embargo, en muchos ambientes educativos y
laborales no son permitidos. Existe tecnología de asistencia como software de dictado por
voz o lectores de pantalla para ayudarles a leer textos.
La terapia cognitivo-conductual (TCC) u otros enfoques terapéuticos pueden ser
útiles para manejar la ansiedad, el estrés y otros aspectos emocionales relacionados con las
dificultades motoras y sensoriales. El apoyo psicológico ayuda a los adolescentes a
desarrollar habilidades de afrontamiento efectivas para lidiar con las frustraciones y las
preocupaciones sociales relacionadas con sus trastornos.
140
Un aspecto prioritario para el manejo del Trastorno del Espectro Autista (TEA) es
la atención interdisciplinaria a la familia, la cual debe convertirse en un verdadero pilar de
apoyo para el paciente. El diagnóstico inicial suele ser un evento traumático para los padres,
quienes ven derrumbarse los sueños y expectativas construidas desde el nacimiento de su
hijo. Este choque emocional trasciende clases sociales y económicas, generando miedo y
desconcierto ante una realidad inesperada y difícil de procesar.
Es natural que, tras recibir el diagnóstico, la familia pase por un proceso de duelo
compuesto por varias etapas: negación, rabia/ira, negociación, depresión y finalmente
aceptación. Se debe aclarar que este desarrollo no es lineal, muchas veces hay retrocesos,
vivencia de dos etapas en simultaneas, que dependen del grado de empatía,
acompañamiento e información que obtenga la familia.
En las etapas iniciales, los padres suelen quedar atrapados en la idea de un
diagnóstico erróneo, buscando múltiples opiniones e interconsultas. La ira es una reacción
emocional de rabia, envidia, resentimiento y hostilidad y es dirigida hacia todo el entorno
que se percibe como sano o responsable del diagnóstico, ya sea personal sanitario,
familiares, amistades, hacia Dios e incluso el propio niño. También incluye la ira u hostilidad
dirigida de los padres hacia sí mismo al culparse de haber provocado la enfermedad, que
pueden conducir al aislamiento social de la familia o incurrir en conductas de riesgo
autodestructivas.
Aunque poco documentada, la dinámica familiar puede ser profundamente
afectada. Un estudio realizado en 2017 por la Dra. Noris Moreno de Flagge, del Servicio de
Neurología Pediátrica del Hospital de Niños de Calidonia, en Panamá, reveló que un 37% de
las familias con hijos autistas son monoparentales, debido principalmente al abandono del
hogar por parte del padre. Aunque algunos continúan brindando apoyo económico, la
madre suele quedar como única cuidadora principal.
Otro desafío es que algunos padres, incluso después de años conviviendo con el
autismo, permanecen "anclados" en etapas iniciales del duelo. Cuando fracasa el proceso
de adaptación frente a una pérdida considerada fundamental, aparece el duelo patológico,
imprevisible en cuanto a duración, consecuencias y secuelas, incapaces de aceptar
plenamente la condición de su hijo. Persisten en la búsqueda de soluciones “milagrosas”, lo
cual retrasa la implementación de terapias efectivas.
Por otro lado, hay quienes, al percibir que la condición no es severa, tienden a
minimizarla, lo que resulta igualmente perjudicial pues es un duelo complicado o no
resuelto. Este grupo incluye frecuentemente a padres de jóvenes con TEA de alto
funcionamiento, quienes requieren igualmente un enfoque terapéutico integral. Además,
algunas familias responden con sobreprotección o resignación, lo que tampoco contribuye
141
al progreso del niño. Estas actitudes, aunque bien intencionadas, refuerzan barreras que
dificultan la inclusión y el desarrollo pleno del paciente.
142
la repetición sistemática y la exposición constante a estímulos pertinentes y bien
estructurados (Lori L. Desautels, (2023). En este sentido, la estimulación en el entorno
familiar constituye un pilar fundamental para la consolidación y generalización de los
avances alcanzados durante las intervenciones terapéuticas. La participación activa de los
cuidadores y la implementación coherente de estrategias en el hogar no solo refuerzan lo
aprendido, sino que también favorecen la transferencia funcional de dichas habilidades a
contextos de la vida diaria, optimizando así el impacto terapéutico a largo plazo.
Es crucial recordar que el Trastorno del Espectro Autista (TEA) es solo un aspecto
de la personalidad del niño. Cada persona es única y merece ser conocida, valorada y
apoyada en su individualidad. Involúcrate activamente en su vida, celebra sus logros y
bríndale herramientas para superar los desafíos. El amor, la paciencia y la comprensión son
los cimientos para construir un camino de inclusión y desarrollo pleno.
143
puertas cerradas, solicita informes detallados. Es tu derecho como padre estar informado,
porque se trata de la vida y el bienestar de tu hijo.
10. Pide ayuda cuando la necesites. Criar a un hijo con TEA es como correr un
maratón. Si sientes que el cansancio te abruma, que no ves una salida o que estás lidiando
con síntomas de depresión, ¡no dudes en pedir ayuda! Cuidarte a ti mismo es esencial para
poder cuidar de tu hijo.
Los niños, especialmente aquellos con desafíos en el neurodesarrollo, son
altamente sensibles al clima emocional que los rodea. Si los padres, el entorno familiar o
los cuidadores se encuentran en un estado de estrés crónico, ansiedad o agotamiento
144
emocional, es muy probable que el niño internalice (de forma inconsciente) ese estado
afectivo. Esta resonancia emocional impacta directamente en el sistema nervioso del niño,
aumentando su reactividad, disminuyendo su capacidad de autorregulación y dificultando
los procesos de aprendizaje y vinculación social.
146
Respete sus Límites. Evite forzar el contacto visual, las interacciones físicas o
actividades que puedan generar incomodidad. El contacto visual, en particular, tiene un
significado social profundo: puede transmitir desafío, interés, afecto o, en su ausencia,
desinterés. Sin embargo, para un joven con Trastorno del Espectro Autista (TEA), la falta de
contacto visual no necesariamente refleja desinterés. Este aspecto puede enseñarse
progresivamente, con paciencia y sensibilidad, destacando su importancia social sin
imponerlo de manera abrupta.
Lo que para una persona neurotípica puede ser motivo de felicidad, para una
persona con TEA podría ser motivo de preocupación. Las emociones actúan como filtros
que moldean la percepción de la realidad, facilitando la toma de decisiones y respuestas
conductuales apropiadas. En las personas con TEA, este aprendizaje intuitivo de las
emociones a menudo no se adquiere de forma típica, lo que puede dificultar la gestión de
sus respuestas y hacerlas parecer inadecuadas a los ojos de los demás.
Cuando una emoción es intensa, no solo se expresa a través de gestos, sino que
también se verbaliza. Sin embargo, para las personas con TEA, este proceso puede generar
ansiedad debido a las dificultades para encontrar las palabras adecuadas que describan lo
que sienten. Esto puede derivar en conductas ambivalentes o confusas, ya que los demás
podrían no comprender el conflicto emocional subyacente.
Mensaje Final
Es importante recordar que el autismo constituye solo una parte del perfil del
niño, pero no lo define en su totalidad. Cada niño es un ser único, con su propia manera de
percibir el mundo, de sentir y de expresarse. Conócelo profundamente, disfrútalo, celebra
cada uno de sus logros —por pequeños que parezcan— y acompáñalo con sensibilidad en
los retos que deba enfrentar.
Tu presencia activa y empática es irremplazable. Involúcrate en sus rutinas, en sus
juegos y en sus terapias, y procura que las personas que lo rodean frecuentemente: abuelos,
tíos, maestros y demás cuidadores, comprendan su estilo de comunicación, sus necesidades
147
particulares y sus formas de vincularse. Esta red de apoyo afectiva y coherente es
fundamental para su bienestar y para potenciar su desarrollo integral.
148
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SOBRE EL AUTOR
161
El libro Azul: Neurodesarrollo y Trastorno del Espectro Autista
– Segunda Edición –
En esta segunda edición de El Libro Azul, ofrecemos una guía clara, accesible y
profunda sobre el neurodesarrollo y el Trastorno del Espectro Autista (TEA), diseñada tanto
para padres que enfrentan un diagnóstico reciente como para profesionales no
especializados. A través de un enfoque integral, exploramos los aspectos clave que definen
el desarrollo infantil, desde sus bases biológicas hasta los factores ambientales que influyen
en la aparición de trastornos del neurodesarrollo, incluyendo el impacto de toxinas y
problemas gastrointestinales, elementos cruciales en un alto porcentaje de los casos
tratables.
Este libro no solo proporciona un marco de
referencia para entender el desarrollo típico y atípico, sino
que también empodera a los padres con la información
necesaria para reconocer las necesidades y
potencialidades individuales de su hijo, facilitando la
búsqueda de soluciones prácticas y efectivas. Además, se
invita a los profesionales a ahondar en un campo tan vasto
como el autismo, desentrañando la dispersión de
información disponible y ofreciendo un enfoque centrado Autor: Abraham Castro, 8 años.
Boceto con bolígrafo durante la consulta médica.
en intervenciones basadas en la evidencia.
El Libro Azul es más que una simple guía; es una
herramienta transformadora para aquellos que buscan comprender y abordar el TEA desde
una perspectiva actual, multidimensional y, sobre todo, esperanzadora.
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