CAPÍTULO 1: LA TEOLOGÍA DE LA VIDA ESPIRITUAL.
EL HOMBRE ES
IMAGEN DE DIOS
¿Qué es la Teología espiritual?
La teología de la vida cristiana entendida como una vida espiritual que tiene como centro
la relación personal con Dios Trinidad (con Jesucristo, con Dios Padre y con el Espíritu
Santo), de la que deriva una concepción de sí mismo, de los demás, del mundo en el que
vivimos y de la propia vida (el fin de la existencia y el sentido y juicio sobre las propias
acciones), que se va desplegando en una biografía personal dentro de la historia de los
hombres.
2. El objeto de la teología espiritual
2.1 Categoría central: El hombre como imagen de Dios
El enfoque de la Teología se fija en la vida espiritual de la persona concreta. Quiere saber
la naturaleza de dicha vida y cómo crece y se despliega. Interesa la relación de la persona
con Dios y con otras personas.
Algo esencial para entender la vida espiritual cristiana es conocer el fundamento
antropológico sobrenatural de la vida cristiana, el hombre desde el aspecto cristológico y
trinitario. Desde la perspectiva trinitaria se subraya que es vida de hijos de Dios Padre
en el Hijo por el Espíritu Santo. Desde el punto de vista cristológico se muestra a
Jesucristo como camino hacia el Padre. La vida Cristian es vida en Cristo con la Trinidad.
La vida cristiana es la vida espiritual del hombre elevado por la gracia. Ahí es preciso
subrayar las reacciones entre la creación, la redención y la escatología; con respecto a lo
natural, lo sobrenatural y la gloria.
El punto de partida entonces es el considerar al ser humano como imagen de Dios, imagen
unipersonal de Dios tripersonal. La teología presenta esa definición bíblica como
definición del ser humano. El hombre ocupa un lugar único en la creación: llamado a
participar en la vida de Dios por el conocimiento y el amor. Para este fin ha sido creado
y ésta es la razón fundamental de su dignidad: la razón más alta de la dignidad humana
consiste en la vocación del hombre a la unión con Dios (GS19)
2.1.1 El hombre es imagen de Dios. Visión clásica
La visión clásica resalta la espiritualidad el hombre, con capacidad de conocer y amar,
llamado a la comunión con Dios:
1) Espiritualidad
La persona es sustancia individual de naturaleza racional, unión de alma espiritual y
cuerpo. Ser racional implica las siguientes características:
• Subsistir por sí. Existe por encima de lo meramente material, está abierto a la
verdad, amor, belleza.
• Obrar por sí. Actúa por sí mismo, con libertad, no por mero instinto.
• Dominio de los propios actos: Actúa sabiendo lo que hace, por qué lo hace y
queriendo hacerlo.
• Causa propia en el obrar: La persona es causa de su actuar y es responsable de
sus obras.
Del ser espiritual se despliega el obrar espiritual que se caracteriza por:
• Inmanencia: La persona tiene un mundo interior, además de sus funciones
corporales.
• Apertura al infinito: Siempre abierta a algo más pues el amor, la verdad y belleza
no se acaban.
• Capacidad de actuar con un fin determinado
• Vuelta sobre sí mismo: nuestro obrar muestra quiénes somos y la vez nos va
configurando.
La vida espiritual está marcada por la inteligencia y la voluntad. La felicidad humana
está en poseer la verdad, especialmente la Verdad suprema que es Dios. Esa apropiación
se da por medio del amor.
2) Comunión con Dios
▪ El hombre es capaz de Dios (capax Dei), hecho para la comunión con Dios, que es
Trinidad de Personas, comunión perfecta. La vida espiritual es vida trinitaria. Si
el hombre no busca conocer y amar a Dios, su vida es un absurdo.
▪ La persona es ese juego continuo de verdad, amor y libertad, entra en comunión
con otras personas y con Dios, pero se determina por la alianza con Dios, la vida
espiritual presupone la redención completa del ser humano por la elevación al
plano sobrenatural, especialmente por los sacramentos.
▪ La gracia no destruye la naturaleza sino la asume y eleva, por eso la vida cristiana
es realmente la vida humana llevada a un grado de especial plenitud.
▪ La persona entra en relación con los demás, pero también esas relaciones deben
estar determinadas por la llamada a la comunión con el Padre, el Hijo y el Espíritu
Santo.
2.1.2. Los acentos contemporáneos de la imago Dei. Visión actual
La teología contemporánea destaca más la relacionalidad como un elemento del ser
persona. La persona es relación con los demás.
▪ Relacionalidad
➢ Un sujeto único e irrepetible capaz de conocerse a sí mismo (por la inteligencia de
sí mismo), de poseerse (por el dominio de sí radicado en la propia voluntad) y de
darse libremente a los demás.
➢ La relación personal está caracterizada siempre por el salir de uno mismo, para
dirigirse al otro y darse a él, en distintos grados según la relación de que se trate.
La persona “no puede encontrar su propia plenitud si no es en la entrega sincera
de sí misma a los demás” (Gaudium et Spes, n. 24).
➢ Pero la relación que se puede establecer con los demás seres -Dios y el mundo-
depende de la propia individualidad, es decir, de la verdad propia y del dominio
de sí mismo.
➢ Este conocer, aceptar y querer la verdad de la propia vida nos lleva a la relación
con los demás seres; una relación de conocimiento y amor mutuo que se
perfecciona en la entrega del propio ser a Dios y a los demás, porque la verdad de
mi vida se resume en el amar a Dios y al prójimo.
➢ En estas relaciones mutuas se da cierta circularidad
▪ Persona, historia y mundo.
La relación del hombre con la tierra debe ser una relación de servicio. La imagen de Dios
está ligada desde el Génesis al dominio sobre la creación. “creced, multiplicaos, llenad la
tierra y dominadla” (Génesis 1, 28).
La corporalidad hace que la persona humana tenga tiempo e historia. El núcleo de la
imagen de Dios radica en la espiritualidad, pero no se agota en ella. La espiritualidad,
que constituye el centro del ser humano, afecta a la totalidad de sus dimensiones
incluidas la corporalidad y la relación con el conjunto de la realidad creada.
La corporalidad hace que la persona humana tenga tiempo e historia. La persona debe
crecer progresivamente en el tiempo: en el conocimiento de la propia verdad; en el
dominio propio ante las distintas situaciones; en la integración de todas las actividades
hacia el cumplimiento de la propia vocación a la santidad.
Esta progresividad hace del hombre un ser con historia, tanto personal como colectiva.
▪ Historia colectiva porque nuestro ser y nuestras acciones interactúan con
el mundo exterior, afectando y siendo afectados por las personas y las
cosas.
▪ Historia personal porque los acontecimientos de la vida se van «pegando»
al alma.
La vida espiritual es por tanto la vida de comunión con Dios en cuanto hijos de Dios.
Pero sólo uniendo los tres elementos de la vida espiritual de que hablamos –vida de
comunión con Dios, vida humana integral y vida auténtica–, podemos entender
plenamente que «la gloria de Dios es el hombre vivo, y la vida del hombre es la visión de
Dios”.
Persona e imagen de Dios: un ser para los demás.
1. Una encrucijada cultural: la persona como ser para los demás
En el siglo XX se puesto mucho énfasis en la persona humana. Junto con el concepto de
persona se consideran realidades tales como el amor, la libertad, etc.
Un aspecto importante en este redescubrimiento de la persona humana es la concepción
de la historia como el lugar de realización de la persona.
Sin embargo, en el mundo actual la propuesta cristiana a veces choca con lo que piensa
la sociedad. Coincidimos en las verdades y valores destacables, pero no en las exigencias
prácticas que esos valores comportan.
Podríamos hablar de un choque cultural entre concepciones de vida distintas, cuyo centro
es la noción de persona. La persona como ser-para los demás sería la perspectiva
cristiana; la persona como individuo –ser cerrado en sí mismo y para sí mismo– o como
colectividad, serían las perspectivas de los distintos individualismos o colectivismos, hoy
preponderantes
1.1. El hombre es imagen de Dios: amor a la propia verdad.
La clave del ser no es el ser-solo, completamente autosuficiente, que se basta a sí mismo,
sino el ser-de-otro y el ser-para-otro. La clave de la unidad y de la vida, por tanto, no es
la unicidad física -la autonomía del átomo- sino la comunión entre varios, una comunión
personal, es decir, a través de la verdad y del amor.
La persona vista desde el individualismo liberal o desde el colectivismo marxista,
no consigue guardar el equilibrio entre su ser y obrar. Frente a esto, necesitamos
lo que podríamos denominar una comprensión social de la persona humana.
Máximo descubrimiento sobre el ser (de Dios): la Trinidad. Unidad-comunión de vida y
amor del Padre, Hijo y Espíritu Santo. De un modo análogo a nuestro ser.
El significado de persona cobra relevancia cuando se comienza a usar en la
comprensión cristiana del Dios trino y de la figura de Jesús de Nazaret. En el Dios
único emerge una especie de diálogo, como un nosotros, en ocasiones como un yo
y un tú que se comunican. Aquí va a entrar el concepto persona; y unido a él, el
tema de la relación
La persona humana no está cerrada en sí, sino que es un ser abierto. La persona es
relación, la persona es comunión personal, la persona es ser a-partir-de otros, ser-con
otros y ser-para otros.
San Agustín: ¿qué cosa es tan tuya como tú mismo?, ¿y qué cosa tan no tuya como
tú? (Tratado sobre Evangelio de Juan 29,3)
1.2. El ser Dios y el ser hombre
• Dios es libertad, poder, independencia: Dios Padre es el Ser-para. Que el hombre
sea imagen de Dios significa ese poder, esa libertad, esa independencia, pero como
hombre no como Dios. Sin embargo, del mismo tipo: una libertad para realizar el
bien, para ser justo y misericordioso, para hacer la verdad y amar la verdad.
• Dios es amor, don, comunión: Dios Espíritu Santo es el Ser-con. En el hombre esa
comunión es el espacio o ámbito para la libertad, la justicia y la misericordia, la
realización de la verdad y del amor. La persona se realiza a través del don sincero
de sí mismo.
• Dios es Verdad, Verbo, Hijo: Jesucristo, Verbo encarnado es el Ser-a partir de. La
imagen visible del Dios invisible es Jesucristo, y por esto el misterio de Jesucristo
explica el misterio del hombre, su verdad. El cristiano debe seguir los pasos de
Cristo, identificarse con Cristo para ser imagen de Dios en el mundo hoy. El amor
a la verdad es la unión o comunión de amor que resulta de la verdad, tanto en el
plano ontológico como en el plano existencial. Somos eso, vivimos eso.
La vida espiritual es ese despliegue de la propia personalidad, que solo será definitivo y
perfecto en el cielo, pero que ya se inicia ahora.
En conclusión, podríamos afirmar que ser imagen de Dios significa la unidad como
comunión de amor a la verdad elegida en libertad. A la verdad de Dios, a la verdad de mi
ser, a la verdad del ser de cada persona, a la verdad del mundo creado.
CAPÍTULO 2: VOCACIÓN SANTIDAD Y MISIÓN
“Hemos sido elegidos en Cristo antes de la creación del mundo para que seamos santos e
inmaculados por el amor” (Ef 1, 4)
Introducción:
Ser cristiano es una condición vocacional (Iglesia y Teología del siglo XX)
▪ “Dios cuenta contigo”. Esta profunda realidad nos permite una visión global de la
vida espiritual, ya que la vocación cristiana es omniabarcante respecto a la
persona y además integra los misterios de la creación y redención en Cristo y la
misión de la Iglesia y del cristiano. Especialmente, la vocación pone de relieve la
singularidad de la relación entre Dios y la persona y la condición histórica del ser
humano, puesto que la respuesta a Dios se configura con la vida entera.
▪ El cristianismo es ante todo acontecimiento: ha ocurrido la creación, la
encarnación, la redención, la Iglesia, la eucaristía, etc. Dios ha actuado en la
Historia y esos hechos me interpelan. Si Dios se ha implicado en la historia de los
hombres, yo-hombre no puedo ser indiferente ante los hechos de Dios. Esto explica
la vida, como muestra san Pablo: “la vida que vivo ahora en la carne la vivo en la
fe del Hijo de Dios, que me amó y se entregó a sí mismo por mí” (Gal 2, 20). Dios
se ha encarnado, Dios ha muerto por mí, Dios me ama; ahora queda a cada uno
ver qué hace.
▪ La vocación pone de manifiesto cómo el plan salvífico de Dios: la entera historia
de la salvación en Cristo (creación-redención-Iglesia-cielo), se concentra en la
llamada a una persona: “hemos sido elegidos en Cristo antes de la creación del
mundo para que fuéramos santos e inmaculados en su presencia por el amor” (Ef
1, 4). Toda la historia de los hombres no es más que el escenario, en el que el Dios
Padre-Hijo-Espíritu Santo dirige su llamada a cada persona (a todas, pero una a
una), para que con su sí, el hombre entre en comunión de vida y amor con Dios, y
con todos los demás hombres.
▪ 3 aspectos importantes: Vocación, Santidad y misión
1. Vocación
¿Qué quiere Dios de mí?, o ¿cuál es mi vocación? ¿Cómo descubrirla? ¿Debo seguir mi
vocación? ¿Qué pasa si no?
▪ La libertad: ¿soy libre para escoger una vocación; y soy libre para perseverar en
esa vocación? Y, ¿es posible una libertad para toda la vida: ¿es decir, es posible el
compromiso para siempre o es simple ilusión?
▪ Unido a esto, ¿seré feliz? La felicidad, ¿se encuentra en la propia vocación o no
están para nada asociadas vocación y felicidad?
Libertad y felicidad llevan a la esencia: ¿qué es la vocación?
▪ La vocación, ¿es algo interno o externo?, ¿intrínseco a la persona o extrínseco?
¿Algo que me encuentro como por casualidad en el camino de la vida, una perla o
un tesoro, que estaban ahí y yo llego a descubrirlos; o algo que está en mi interior,
de algún modo, ¿desde siempre?
▪ Vocación es llamada, pero uno no se puede llamar a sí mismo en el sentido radical.
Solo Dios.
▪ Dios llama, pero ¿llama a todos?, ¿la vocación es para todos o solo para algunos?
1.1. La vocación en la Biblia
1. La idea de persona: Dios y el hombre:
Si una idea recorre la Sagrada Escritura es la idea de persona. Principalmente que Dios
es un ser personal; y en consecuencia que los hombres podemos tratarle personalmente.
No sólo porque el hombre necesita a Dios, sino sobre todo porque Dios ha colmado la
distancia que existe con la humanidad.
2. El Antiguo Testamento
El AT anuncia la constitución de Israel como pueblo de Dios y la vida del pueblo en
relación con Dios. Dios se revela progresivamente y el pueblo de Israel va profundizando
en el conocimiento y amor de Dios, y en lo que ello supone para la vida de cada día,
siempre con vistas a la llegada del Mesías prometido.
Junto a esta llamada colectiva, marco de las distintas actuaciones y situaciones de la
Biblia, es preciso prestar atención a las historias personales que allí se relatan: Abraham,
Moisés, David, Samuel, los profetas y muchos otros. Dios se comunica a personas
concretas y los hace verdaderos protagonistas de sus acciones entre los hombres. En
todas las historias observamos una dimensión individual, pero también una dimensión
colectiva. Su respuesta personal afecta a la vocación de Israel. Además, podemos decir
que estos relatos tienen un carácter paradigmático: no se agotan en sí mismos, sino que
son el modelo de la llamada a cada persona.
3. Nuevo Testamento
Sin embargo, la cercanía de Dios, la existencia de un proyecto divino respecto a la
humanidad y respecto a cada persona singular alcanza su plenitud con la vida de Jesús
de Nazaret.
Las narraciones evangélicas mencionan el anuncio de la proximidad del reino de Dios y
la llamada a la conversión desde el inicio de la predicación de Jesús (Mc 2, 17). En las
páginas que siguen, Jesús se dirige a grupos de población cada vez más amplios
proclamando el cumplimiento definitivo de las promesas divinas. En este sentido el
evangelio, del principio al final, implica una llamada.
Narran escenas de vocación, muy parecidas en algunos aspectos a las
veterotestamentarias. Jesús llama a personas concretas a ser sus discípulos.
Las diversas invitaciones dirigidas por Jesús a sus discípulos, presuponen como
trasfondo la realidad de Jesús y su misión. Jesús, su predicación, su muerte y su
resurrección, desvela definitiva y plenamente el sentido del plan salvador divino.
La vocación de los discípulos forma parte de ese momento único de la historia de la
salvación que va desde la encarnación hasta el envío del Espíritu Santo. Tiene un doble
punto de referencia: Jesús y la Iglesia; y en este sentido son irrepetibles, aunque a la vez
integran la llamada de la que brota la Iglesia.
La invitación a la fe es vocación, llamada, Por eso aparece con gran frecuencia la
terminología sobre la vocación (kaleo-llamar, klésis-llamada o kletós-persona llamada);
y en diversos pasajes “llamado”, “elegido”, “discípulo” son aplicados a quienes se
incorporan a la comunidad cristiana no por la predicación de Jesús, sino por la de los
apóstoles.
1.2. Teología de la vocación. Llamada de Dios, vida y misión. 3 niveles
1. Existencia humana como vocación: Creación
▪ La pregunta por el sentido
▪ Creado por amor y para amar: llamada fuerte
La verdad de la creación implica que la existencia de la persona es una llamada de Dios
a una comunión de amor: “el hombre ha sido creado por amor y para amar”. Para vivir
desde mi libertad una vida de amor a Dios y a los demás.
Toda persona se pregunta por el sentido de su vida, porque lleva escrito en los genes que
la vida humana no es un pasar los días sin más, sino que tiene un por qué y un para qué.
Para poder hablar de una llamada en el sentido fuerte del término, es necesario partir
de un Dios tal y como manifiesta la fe cristiana. Un Dios que ha creado el mundo y el
hombre, que me ha creado a mí, por amor y como fruto de un plan cuyo sentido se nos ha
desvelado de modo definitivo en Jesús.
El dogma de la creación habla de un origen y de un fin. Cada hombre es creado para ser
feliz durante su vida en la tierra y para gozar de la vida eterna. Y Dios está detrás de
este fin.
El hombre nace marcado, desde el primer momento, por una vocación en el sentido más
fuerte del término. El hombre es un hijo deseado: llamado a la existencia y a una
existencia finalizada. De ahí también que la vocación abarque toda la realidad
existencial. La persona que es creada por amor y para amar es la persona concreta con
todas sus determinaciones, con su personalidad, con su mundo-entorno, con su biografía
y su historia.
2. Encarnación: la vocación divina del hombre
▪ GS 19: la razón más alta de la dignidad humana
▪ GS 22: el misterio del hombre en el misterio del Verbo Encarnado
La vida está dotada de sentido, pero ¿cuál es su sentido y su fin?, ¿cómo y a quién amar?
La encarnación del Verbo no sólo confirma la conciencia de sentido, sino que desvela la
meta hacia la que la historia se dirige y de la que depende el sentido.
La realidad de Cristo, Hijo de Dios hecho hombre, implica para el sujeto humano saberse
llamado a una vida cuya meta es la comunión íntima con Dios; comunión que no sólo se
anuncia, sino que ya hoy y ahora se anticipa.
Esta es la enseñanza rotunda del Concilio:
“la razón más alta de la dignidad
humana consiste en la vocación
a la comunión con Dios”. GS 19
Y más adelante: “Realmente el misterio del hombre sólo se esclarece en el misterio del
Verbo encarnado. Pues Adán, el primer hombre, era figura del que había de venir (cfr.
Rm 5, 14), es decir, de Cristo, el Señor. Cristo, el nuevo Adán, en la misma revelación
del misterio del Padre y de su amor, manifiesta plenamente el hombre al propio hombre
y le descubre la grandeza de su vocación”. GS 22
En Cristo, Dios y hombre, se revela la intimidad de la comunión de Dios Trino con el
hombre y la magnitud del amor del hombre, llamado a amar a Dios como Jesús. Esa es
su vocación. Esa debe ser su meta. Y así debe ser su vida.
3. La Iglesia: la condición cristiana como vocación
▪ Dimensión teologal
▪ Dimensión apostólica
Jesucristo revela la vocación del hombre. Pero Cristo ha fundado la Iglesia, para que
prolongue su misión en la tierra. Dios no habla desde el cielo, sino que tiene la Iglesia:
sacramento universal de salvación, convocación de Dios a todos los hombres. Por esto, la
incorporación a la Iglesia -la condición cristiana- es vocación, llamada del mismo Dios
que crea a la persona en Cristo.
Ser bautizado es ser elegido y llamado por Dios, es decir, ser cristiano es una vocación.
El hombre entra en comunión con Cristo, con Dios Padre y con el Espíritu Santo a través
de la Iglesia. En la Iglesia encuentra su vocación específica y desarrolla la misión para la
que ha sido llamado, contribuyendo a realizar la misión de la Iglesia, que continúa la
vida/misión de Jesús en la historia de la humanidad.
Pero, ¿qué define o caracteriza a la vocación cristiana en cuanto tal? Por tanto, continuar
la misión de Cristo implica revelar y redimir; hacer resonar su mensaje a través del tiempo
e, inseparablemente, testificarlo con el propio vivir, más aún, identificarse con Cristo
hasta participar con la propia vida en su entrega redentora. La vocación cristiana es, en
consecuencia, llamada a la santidad y al apostolado; tiene dimensiones no sólo teologales
y contemplativas, sino también apostólicas, de anuncio y testimonio, de información
cristiana de la realidad y de mediación sacerdotal. Ello se predica de todo cristiano,
concretándose según la condición, el estado, el oficio o la tarea que a ese cristiano le sean
propias.
4. Identidad: historia personal
❖ Nuestra vida es el relato, la historia de nuestra verdad
La vocación engloba un significado rico y complejo. Quizá el concepto que mejor
determina su significado sea conocer la voluntad de Dios para mí y amarla, como resume
San Anselmo: “la verdad del hombre, la luz que dota de brillo y fulgor a su vida, consiste
en realizar el ser para el que Dios le ha creado”.
❖ Hoy día: el hombre es creador de sí mismo.
Desde distintos puntos de partida, en los últimos siglos se ha abierto camino la idea de
que el hombre es creador de sí mismo. Al proponerse objetivos y llevarlos a cabo, sin
imposiciones externas ni ayuda de nadie, el hombre consigue hacerse a sí mismo. La
vocación así vista surge de dentro, no de fuera. Pero a la vez, surge como de la nada, de
la pura voluntad de afirmarse a uno mismo, sin reconocer la existencia de algo previo y
trascendente: Dios, la Iglesia -con la tradición y la comunidad que nos precede- y el
mundo con su historia.
¡La vocación es una historia real, jamás contada! “Caminante, no hay camino: se hace
camino al andar”. La biografía personal de cada uno está hecha de sus decisiones libres
con sus consecuencias, y de las oportunidades que se presentan. La elección es siempre
libre, pero también es siempre aquí y ahora: en el mundo real y concreto, no en el mundo
ideal y abstracto de infinitas posibilidades.
❖ La libertad hace la historia y nuestra historia lleva la salvación, porque ahí
es donde nos tropezamos con Dios…
Que se hace el encontradizo. Encontramos aquí dos temas teológicos de profundo calado:
la relación entre libertad de la persona y libertad de Dios; y la relación entre historia,
salvación y naturaleza.
“La vocación es una realidad que se encarna en la vida y se precisa con la vida.
Cualquier presentación del designio divino, y de la vocación que lo refleja, como una
historia escrita antes de la historia, sería una caricatura que deforma las relaciones
entre eternidad y tiempo y, por tanto, falsifica la realidad”.
❖ Relación entre salvación, historia y naturaleza
¿Cómo se relacionan la esencia y lo histórico, la naturaleza y la historia?
Tradicionalmente el problema se ha estudiado a partir de la separación entre platonismo
y cristianismo; ahora se ha añadido la etapa la marxista, de revolución y ruptura. Así se
ha llegado al punto culminante de separación o discontinuidad entre esencia e historia:
en realidad, no hay esencia o naturaleza del hombre como medida de las realizaciones
humanas. El hombre es lo que hace de sí, su auto-realización sin límites ni
condicionantes, ni de la propia naturaleza (por ejemplo, el cuerpo, el sexo, etc.) ni de las
decisiones anteriores (solo cuenta el ahora, lo espontáneo e instantáneo).
De esta manera el problema de como la historia media para llegar a la naturaleza y
realizarla, ha pasado a ser el problema de la naturaleza en sí. ¿Hay continuidad en el ser
humano? ¿Debe haberla? ¿Puede existir un compromiso de futuro, o todo se renegocia
cada instante? Ratzinger afirma que esta pregunta expresa la decisión básica espiritual
de nuestro tiempo.
Hay que buscar la unidad entre naturaleza e historia. Y la forma de hacerlo es afirmar
la continuidad del ser humano y la historia como mediación no como meta. Aquí radica
también el tema de la vocación personal. Precisamente es el punto más saliente de la
unidad entre naturaleza e historia: la persona se configura a partir de sus decisiones
libres aquí y ahora, que vienen de un pasado, responden al presente y hacen posible el
futuro.
Si el para siempre es posibilitado por el hoy, y el hoy queda incorporado al sujeto gracias
a la virtud, entonces la naturaleza hace posible la libertad y viceversa. Eso sí debemos
comprender la naturaleza de manera dinámica, no estática ni abstracta. No hay un deber
ser para todos, universal, totalmente configurado, desde siempre y para siempre, fuera
de la historia aquí ahora, de un tiempo y un espacio determinados, de una persona y su
historia personal.
Afirmar que la persona tiene una biografía, una continuidad, implica afirmar que existe
una naturaleza humana y una virtud humana, insertadas en un dinamismo. La libertad
es constructiva y sobre las decisiones libres vamos edificando nuestra historia personal.
No se comienza de cero a cada instante. Hay condiciones, a veces excluyentes o
impedientes. Pero hay también crecimiento personal, conforme nuestras decisiones libres
se van incorporando a nuestra vida por la virtud y nos hacen más capaces. Las historias
de Dios empiezan muy pequeñas, hay que creer, es cuestión de fe.
A medida que el ser humano toma conciencia de su propia libertad, se empeña en ser el
principio de sus propios actos. Por eso, el surgimiento de la libertad revela la auténtica
naturaleza de la virtud. Como apunta Pinckaers, la virtud no es un hábito formado por
la repetición de actos materiales que engendran en nosotros un mecanismo psíquico. No
es tampoco una reproducción fastidiosa y sin historia de actos de obediencia, como sería
la copia de un modelo o la ejecución de un plan preestablecido. La virtud es un verdadero
principio de vida, una capacidad de acción siempre nueva.
5. Discernimiento
La elección libre hecha por un sujeto apto y rectamente intencionado. La idoneidad, la
ausencia de impedimentos y la recta intención deben considerarse como una gracia de
Dios, como un impulso del Espíritu Santo. Pero si todo queda a la libre elección, ¿qué
lleva a una persona a optar por un camino u otro?
Con la conciencia clara de la llamada de Dios, debemos acudir a la comprensión de los
signos de la presencia y voluntad de Dios en nuestra vida.
1) la rectitud de intención
▪ La vocación no es para la auto-realización, sino para la salvación.
2) la aptitud de la persona.
▪ disponer en la vida ordinaria de las cualidades requeridas por el camino y la misión
concretos
▪ la situación existencial y vocacional actual o presente
▪ la historia familiar
▪ la historia personal (particularmente la vivencia del estudio o trabajo y de la
sexualidad)
▪ la información acerca de su personalidad, tanto el auto-concepto de sí mismo como
de sus ideales (yo-real y yo-ideal)
TEMA SANTIDAD Y APOSTOLADO EN LA IGLESIA
La santidad es algo radical: la santidad de Dios comunicada en Cristo: “Porque el Hijo de
Dios se hizo hombre para hacernos Dios. “Dios me llama en Cristo a la santidad, para
transformar mi realidad humana elevándola a la comunión con la Trinidad edificando la
Iglesia”. Dios no se limita a manifestarnos cómo es, sino que nos comunica su Vida.
La santidad es un tema actual, Juan Pablo II afirmaba que conviene “descubrir en todo
su valor programático el capítulo 5 de la Constitución dogmática Lumen Gentium sobre
la Iglesia, dedicado a la «vocación universal a la santidad». Este don de santidad, por así
decir, objetiva, se da a cada bautizado. Pero el don se plasma a su vez en un compromiso
que ha de dirigir toda la vida cristiana: «Ésta es la voluntad de Dios: vuestra
santificación» (1 Ts 4, 3). Es un compromiso que no afecta sólo a algunos cristianos:
«Todos los cristianos, de cualquier clase o condición, están llamados a la plenitud de la
vida cristiana y a la perfección del amor» (Lumen gentium, n. 40)”.
“Significa expresar la convicción de que, si el bautismo es una verdadera entrada en la
santidad de Dios por medio de la inserción en Cristo y la inhabitación de su Espíritu,
sería un contrasentido contentarse con una vida mediocre, vivida según una ética
minimalista y una religiosidad superficial. Preguntar a un catecúmeno, «¿quieres recibir
el Bautismo?», significa al mismo tiempo preguntarle, «¿quieres ser santo?» Significa
ponerle en el camino del Sermón de la Montaña: «Sed perfectos como es perfecto vuestro
Padre celestial» (Mt 5,48)”.
Santidad en la Escritura
Antiguo Testamento
▪ sólo Dios es Santo por su trascendencia absoluta, alejado de todo pecado e
imperfección, pero también por la plenitud de su vida, su poder y bondad.
▪ la santidad divina se comunica: en la literatura sacerdotal, la santidad se manifiesta
en el culto y así es santo el Templo, el sábado, los sacerdotes, en cuanto dedicados a
Dios; los profetas subrayan los aspectos morales y salvíficos de la santidad de Dios
Nuevo Testamento
▪ Jesús de Nazaret– “el que nacerá Santo será llamado Hijo de Dios” (Lc 1, 35).–
Jesús, “lleno del Espíritu Santo”
▪ “Yo me santifico, para que también ellos sean santificados” (Jn 17, 19)
▪ La vida del cristiano puede ser descrita como vida abierta a la santificación, según
la conocida afirmación de San Pablo: “ésta es la voluntad de Dios: vuestra
santificación” (1 Ts 4, 3).
1. Santidad ontológica y santidad existencial
En este sentido, el indicativo cristiano (ser) debe traducirse en un imperativo (deber ser):
conviértete en lo que ya eres, informa todos los niveles de tu existencia con lo que ya eres
en el nivel más profundo de tu identidad, en el núcleo ontológico de tu persona.
❖ Por el hecho de que yo-cristiano soy realmente hijo de Dios puedo y debo actuar
como hijo de Dios
❖ La santidad cristiana incluye toda la existencia humana, porque deriva del nuevo
ser.
❖ La santidad es perfección, lo cual apunta a la idea de la obtención del término de
un proceso.
2. Dinamismo: don de Dios y libre aceptación de la persona
▪ La vocación personal: a partir del Bautismo.
o Todo cristiano está llamado a ser santo
▪ Llamada a: la plenitud de la vida cristiana = la perfección de la caridad
o Una respuesta de entrega por amor que abarca toda la existencia.
o Una vida auténtica, un proceso de crecimiento hasta la plenitud del amor, a
partir de la propia libertad.
3. Santidad y apostolado
➢ Ser y misión: Cristo, Iglesia, cristiano.
o “una Iglesia en salida” (Papa Francisco)
➢ Esta base teológica ilumina dos argumentos:
o Unidad de ser y misión: la relación entre Cristo (Hijo y Redentor) y el
cristiano que hace de todo cristiano un santo y apóstol;
o Unidad y diversidad: la existencia en la Iglesia de diversidad de fieles y de
funciones en unidad demisión, que tiene como consecuencia la diferencia
de espiritualidades.
CAPÍTULO IX: LA GRANDEZA EN LA VIDA ORDINARIA
La vida teologal implica una existencia sacerdotal/cultual
El cristiano configurado con Cristo por el bautismo, la confirmación y la eucaristía,
participa del único sacerdocio de Jesucristo.
mediador entre Dios y los hombres. Su vida entera debe ser para la gloria de Dios, su
misión es llevar a Dios su propia vida, los demás hombres y el universo entero.
Dos consecuencias:
1) La caridad o amor de Dios es sobre todo amor a Dios Trino y por eso mismo
adoración.
“amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma, con toda tu mente
y con todas tus fuerzas” (Deut 6; Mt 22, 37).
2) La vida espiritual guiada por este amor a Dios es un culto espiritual.
El cristiano es así “sacerdote de la propia existencia” (SAN JOSEMARÍA, Es Cristo que
pasa), y la vida cristiana es un culto espiritual.
1. El sacerdocio de Jesucristo y el sacerdocio cristiano.
Jesús realiza un culto únicamente existencial u ontológico
❖ Adora a Dios en espíritu y en verdad, lo que entrega/ofrece y alcanza la salvación
es el sacrificio de su propia vida (en la Cruz, toda su vida con sus virtudes:
pobreza, humildad, obediencia, etc.).
❖ En la revelación a Israel la relación entre religión y moral va cobrando fuerza
progresivamente: “misericordia quiero, no sacrificio, y conocimiento de Dios más
que holocaustos” (Oseas 6, 6). El verdadero sacrificio que debemos ofrecer a Dios
no son cosas materiales, sino cosas nuestras, espirituales.
❖ El misterio de Jesucristo implica que Cristo es el único Sacerdote y su ofrenda en
la Cruz el único sacrificio. Junto a eso, y como parte del mismo misterio, Jesús
quiere perpetuar su acción en la historia con la eucaristía y el sacerdocio cristiano.
Aquí radica tanto la necesidad como la existencia de la liturgia cristiana.
¿Cuáles son las consecuencias?
a) El amor, la caridad es adoración; y la vida es darse, entregarse
b) Liturgia y vida.
c) Liturgia, oración y sacrificio.
d) El tiempo: comenzar y recomenzar.
e) En definitiva, la Eucaristía es fuente y culmen de la vida de la Iglesia
La Grandeza en la vida ordinaria
1. Introducción: grandeza de la vida corriente
La expresión “vida ordinaria” o “vida corriente” puede entenderse en dos sentidos:
a) vida en la que no hay hechos extraordinarios
b) la vida propia de los cristianos y ciudadanos corrientes, o sea los fieles laicos.
Jesús de Nazaret al asumir todo lo humano ha cambiado su significado.
La vida de Jesús, su Humanidad Santísima, en familia, con el trabajo, en medio
de su pueblo, día a día, ha transformado el sentido de la vida ordinaria. La vida
nueva de Cristo que vive el cristiano afecta a todas las realidades humanas.
La santidad es la plenitud de la caridad:
“Hemos creído en el amor que Dios nos tiene” (1Jn 4, 16); la esperanza se
fundamenta en el amor incondicional de Jesucristo. En este sentido, debemos
explicar como la dinámica de la caridad tiene la capacidad de integrar toda la
vida personal.
La novedad de la caridad cristiana como amor a Dios y amor al prójimo en unidad.
▪ la caridad es la forma de todas las virtudes
▪ la vida espiritual es la vida ordinaria vivida desde el amor de Dios que
transforma toda la realidad personal.
▪ la caridad nos descubre su dimensión social.
o Los cristianos construyen la sociedad con la entrega que implica su amor
2. Una existencia marcada por el amor de Dios.
La vida cristiana es la vida de cada día vivida en comunión con la Trinidad y con todos
los hombres.
Vivir santamente la vida ordinaria.
a través de la santidad y el apostolado del cristiano, se cumple en la historia la
“recapitulación de todas las cosas en Cristo Jesús”, el que toda la creación (todos
los hombres, todas las cosas) vuelva al Padre por la acción de Jesucristo y del
Espíritu Santo en la Iglesia.
¿Cómo recapitular de todas las cosas en Cristo?
La vida cristiana consiste en identificarse con Jesucristo.
la mejor biografía de Jesús es el doble precepto del amor
¿Novedad de este amor?
▪ El amor es la única realidad capaz de unificar a la persona, desde lo más profundo
o interior de su ser, hasta lo más externo porque cada uno de los actos de la
persona puede estar movido por su amor.
▪ La vida nueva que procede de la resurrección de Jesús
▪ La novedad del amor cristiano radica en la novedad del amor de Jesucristo.
o amar a Dios Padre sobre todas las cosas y amar al prójimo como a uno
mismo,
o amor acompañado con obras
3. La caridad y las virtudes en la vida ordinaria
La función unificadora del amor en la vida cristiana
Dos campos:
1) la relación entre el amor y las virtudes, enraizada en la enseñanza de la caridad
como forma de las virtudes;
2) y el amor al prójimo, que lleva a considerar la dimensión social de la caridad
Amor es querer lo mismo y rechazar lo mismo (idem velle, idem nolle)
▪ comunión de voluntad crece en la comunión del pensamiento y del
sentimiento,
▪ nuestro querer y la voluntad de Dios coinciden cada vez más: la voluntad de
Dios para mí
Las virtudes abarcan y ordenan toda la vida de la persona y su relación con todas las
cosas, armonizándolas con el fin último: la unión de amor con Dios.
▪ el amor de Dios es el principio motor de toda la existencia.
▪ se dirige a Dios, los demás y uno mismo
4. Amor y virtud
El desarrollo de la persona implica la integración o unificación de todas sus fuerzas.
• unir el núcleo espiritual de la inteligencia y la voluntad con la afectividad, los
sentimientos y las acciones concretas de cada día
La virtud es la ordenación correcta de la relación entre la persona en su totalidad, la
facultad o potencia de la persona que se ve directamente afectada en la acción
(inteligencia, voluntad, afectividad...) y el bien creado.
• la lucha ascética
• ser humano como espíritu encarnado y su complejidad, marcada por la afectividad
y las pasiones, y el desorden proveniente del pecado.
• conseguir la integración de todas sus potencias bajo la guía de la razón y el señorío
de la voluntad
La virtud es un hábito operativo bueno, que hace bueno tanto al sujeto que actúa como
su operación
• para que el hombre actúe de acuerdo a la verdad, al amor y a la libertad, es
necesario no solamente que la razón esté bien dispuesta por el hábito de la virtud
intelectual, sino también que la voluntad y los demás apetitos estén bien
dispuestos por el hábito de la virtud moral.
Las virtudes no actúan de manera aislada, sino que se hayan interconectadas: forman
un organismo, como una segunda naturaleza.
➢ conexión entre las virtudes morales (prudencia, justicia, fortaleza y templanza).
5. El amor, forma de las virtudes.
La conexión entre las virtudes morales y las virtudes teologales:
▪ La fe, la esperanza y la caridad ofrecen a las virtudes morales el fin de la
existencia de la persona, y de esta manera dotan al conjunto del obrar de la
orientación escatológica necesaria para llegar a la unión con Dios y con los
hermanos por el amor.
▪ Las virtudes morales necesitan de las virtudes teologales, especialmente de la
caridad. Porque la virtud cristiana no es un fin en sí misma, como para los griegos
(para Aristóteles lo bueno es ser virtuoso).
▪ El fin de la virtud cristiana no es el autodominio, la auto perfección en sí, sino el
amor a Dios y a los demás
Santo Tomás de Aquino: “profunda unidad de la vida teologal y su acentuada dimensión
escatológica”
➢ la vida espiritual es una profunda unidad, marcada por lo teologal (la capacidad
de tratar directamente con Diosa través de la fe, esperanza y caridad) y por lo
escatológico (esa vida con Dios es real en el tiempo presente, pero sólo será plena
en la vida eterna).
➢ La fe, que abre la inteligencia a Dios y de su plan, da fundamento a la existencia
humana.
➢ La esperanza ordena el desear propio del corazón humano hacia Dios.
➢ La caridad conduce a plenitud, unificando e informando por el amor todos los
impulsos y afanes.
o La caridad para ser verdadera debe ir acompañada de las virtudes morales
o San Agustín: “ama y haz lo que quieras”.
La caridad como forma de las virtudes.
▪ En la acción, la forma proviene del fin que mueve a actuar.
▪ Cada acto y cada virtud tiene su fin particular, pero la persona tiene un fin último:
amar a Dios /prójimo.
▪ La única virtud que nos une directamente a este fin es la caridad o amor divino.
▪ El amor es el acto más profundo y propio de la voluntad.
▪ De esta manera, la persona puede unir cada acción concreta con su fin inmediato
al fin último del amor a Dios.
6. Amor a Dios y amor al prójimo
El amor cristiano es el mismo amor de Dios: a Dios, el prójimo o uno mismo.
▪ el amor al prójimo implica por su propia naturaleza el amor a Dios, y el crecimiento
en el amor al prójimo está intrínsecamente unido al crecimiento en el amor a Dios
porque son el mismo amor
La unidad con el amor a Dios hace posible el amor al prójimo enunciado por Jesús.
➢ en Dios y con Dios, amo también a la persona que no me agrada o ni siquiera conozco;
el prójimo es cualquier persona.
Mirar desde la perspectiva de Jesucristo.
▪ descubro en la otra persona algo que ve Dios, y el que sabe amar: la necesidad vital
de ser amado
▪ puedo dar más que cosas externas necesarias: la mirada de amor que necesita.
▪ ver a Dios en el otro, ver lo divino en el otro. No ver solamente al otro, sin conseguir
reconocer en él la imagen divina.
Sólo mi disponibilidad para ayudar al prójimo, me hace sensible también ante Dios.
▪ el prójimo abre mis ojos a lo que Dios hace por mí y a lo mucho que me ama.
El amor cristiano al prójimo tiene estas características:
a) Universal; b) Concreto; c) Presente y escatológico; d) Humano.
Las implicaciones sociales de este amor al prójimo son evidentes.
❖ la vida espiritual necesariamente lleve al cristiano a transformar la sociedad en la
que vive
CAPÍTULO 10: VIDA ESPIRITUAL Y REALIDADES SECULARES
La caridad como compromiso
Familia, trabajo y sociedad
Las realidades seculares de la vida espiritual
Tesis:
• La vida cristiana fundada en la caridad es esencial para la construcción de la
sociedad.
• Y al revés: el cristiano debe contribuir al desarrollo humano transformando todas
las realidades seculares desde dentro, en su mismo hacerse.
• ¿Cómo?: por el dinamismo de la fe por la caridad como amor de Jesucristo.
Ahora bien, ¿cuáles son las actividades que engloban la vida ordinaria de la persona?
El hombre se desarrolla en la familia; con el trabajo; y mediante su participación en la
vida pública
▪ el Catecismo afirma que hay dos comunidades directamente relacionadas con la
naturaleza de la persona: la familia y la ciudad.
▪ Taylor: la vida corriente es la vida marcada por la producción (el conseguir lo
necesario para las necesidades vitales: trabajo-economía) y la reproducción
(familia), frente a la vida buena de Aristóteles que consiste en la contemplación
teórica y en la acción ciudadana (política).
La persona se realiza en el don de sí, ¿cuáles son las donaciones que configuran a la
persona?
▪ el hombre ha sido creado a imagen de Dios: en el mandato de poblar la tierra, de
someterla con el cuidado de nuestro trabajo y de saber contemplar y disfrutar de
la maravilla de la creación (Génesis).
Dos premisas:
• La primacía de la persona
• La convicción de que la persona debe “santificar la vida ordinaria, santificarse en
la vida ordinaria, santificar a los demás en la vida ordinaria”
La familia: El matrimonio. El amor conyugal y el amor a los hijos
1. El matrimonio y la familia
La familia: prisma para reflejar la verdad sobre el amor, la fuerza de la sexualidad, el
Dios creador y redentor, la misión del hombre en el mundo. El encuentro con Cristo
amplía el horizonte de la existencia al descubrir la gran llamada de la vocación al amor.
El matrimonio como vocación a la santidad
❖ El matrimonio en los planes de Dios es el camino vocacional de la mayoría de los
fieles cristianos, llamados a seguirlo para conocer y amar a Dios, y cumplir la
misión evangelizadora que a cada uno corresponde.
❖ La vocación cristiana es un compromiso de amor, pero de un amor humano y
divino al mismo tiempo. No es una realidad solo biológica y psicológica, sino
espiritual. Lo biológico debe expresar lo espiritual y a la vez ayudar a vivificarlo.
❖ El compromiso de fe y amor creado con el matrimonio debe ser continuado en la
vida de los esposos y de la familia.
“La vocación a la santidad inherente a cada cristiano por el bautismo, después de la celebración
del matrimonio reviste en los casados la concreción y la modalidad específica –sólo propia de ellos-
de realizarse por medio y a través de las relaciones conyugales y familiares. Tan sólo como marido
y mujer –que incluyen en sí la paternidad y la maternidad (al menos la disposición a la paternidad
y a la maternidad)- pueden acercarse a Dios los casados y llevar hasta Él a los demás” A. Sarmiento
❖ La santidad matrimonial no es sólo la vida matrimonial vivida lo mejor posible,
sino la vivificación de la vida matrimonial por el amor de Cristo.
“La vida familiar, las relaciones conyugales, el cuidado y la educación de los hijos, el esfuerzo por
sacar económicamente adelante a la familia y por asegurarla y mejorarla, el trato con las otras
personas que constituyen la comunidad social, todo eso son situaciones humanas y corrientes que
los esposos cristianos deben sobrenaturalizar”. S. Josemaría
2. Amor a Cristo y amor conyugal
▪ Solo en Cristo el amor es salvación y está redimido por cuanto es la donación de
sí mismo, una donación total de la propia vida: en la armonía del espíritu y el
cuerpo, y en la conjunción de lo divino y lo humano.
▪ Solo en Cristo, puedo amar como una persona se merece. Así lo refiere también la
analogía de doble dirección de Efesios 5 entre el amor de Cristo y la Iglesia y el
amor de los cónyuges. El amor de Cristo es como el amor conyugal; y el amor
conyugal debe ser como el amor de Cristo.
o El matrimonio corresponde a la vocación de los cristianos únicamente
cuando refleja el amor que Cristo-Esposo dona a la Iglesia, su Esposa, y
con el que la Iglesia trata de corresponder a Cristo. El amor redentor se
transforma en amor nupcial: Cristo, al entregarse a sí mismo por la Iglesia,
con el mismo acto redentor se ha unido de una vez para siempre con ella,
como el esposo con la esposa, como el marido con la mujer, entregándose a
través de todo lo que, de una vez para siempre, está incluido en ese su
«darse a sí mismo» por la Iglesia.
▪ Cristo revela que el hombre está llamado al amor: a amar a Dios sobre todas las
cosas y amar al prójimo como a sí mismo. Siendo el amor a Dios y el amor al
prójimo inseparables.
o Sólo podemos amar a Dios a través de Cristo, pero además sólo podemos
amar al prójimo como se merece a través de Cristo. ¿Por qué? Porque sólo
Jesús nos enseña la verdad más profunda de cada persona, que es hija de
Dios, que su existencia responde al amor infinito de Dios, y por tanto que
nuestra actitud respecto a cada persona, quienquiera que sea, es la de un
sujeto que merece ser tratado con un amor infinito, incondicional, por ser
quien es y no por lo que hace o deje de hacer, por sus méritos, talentos,
dones, dinero, belleza, etc.
3. El amor de los cónyuges
El matrimonio es la “íntima comunidad conyugal de vida y amor”,
fundada por el Creador y en posesión de sus propias leyes, establecida
sobre la alianza de los cónyuges. GS 48
El paso adelante es tan claro como relevante: el matrimonio es cuestión de amor. Pero,
entonces, ¿cuándo se acaba el amor, se acaba el matrimonio? Esta paradoja nos empuja
a volver a la pregunta sobre cómo es el amor conyugal que origina una comunidad de
vida familiar y cuál es la especificidad del amor cristiano.
Una teología del cuerpo: la donación esponsal
▪ La teología del cuerpo tiene como objetivo “comprender la razón y las consecuencias
de la decisión del Creador de que el ser humano exista sólo siempre como mujer y
como varón”.
▪ La principal de esas consecuencias es la naturaleza relacional del ser humano, que se
manifiesta en la dimensión esponsal del cuerpo, es decir, en su capacidad de expresar
el amor.
▪ La revelación y el descubrimiento originario del significado esponsalicio del cuerpo,
consiste en presentar al hombre, varón y mujer, en toda la verdad de su cuerpo y sexo,
y a la vez, en la plena libertad de toda coacción del cuerpo y del sexo.
▪ El cuerpo humano, orientado interiormente por el don sincero de la persona, revela
no sólo su masculinidad o feminidad físicas, sino que revela también un valor y una
belleza que sobrepasan la dimensión simplemente física de la sexualidad.
▪ La belleza de una persona que se entrega a sí misma plenamente -con su cuerpo- a
otra persona, como varón o como mujer respectivamente y, por amor, es decir,
respetando la verdad y la libertad plena del otro.
Conciencia del significado esponsalicio del cuerpo.
❖ Por un lado, este significado indica una particular capacidad de expresar el amor, en
el que la persona se convierte en don.
❖ Por otro, le corresponde la capacidad y la disponibilidad a la afirmación de la persona,
esto es, la capacidad de vivir el hecho de que el otro -la mujer para el varón y el varón
para la mujer- es, por medio del cuerpo, alguien a quien ha querido el Creador por sí
mismo, único e irrepetible, alguien elegido por el Amor eterno.
❖ Esta afirmación de la persona es la acogida del don, la cual, mediante la reciprocidad,
crea la comunión de las personas. Esta comunión se construye desde dentro, es decir,
desde esa acogida recíproca en la que consiste el amor; pero comprendiendo también
toda la exterioridad del hombre, esto es, todo lo que constituye el cuerpo en su
masculinidad y feminidad.
❖ Este significado esponsalicio del cuerpo humano se puede comprender solamente en
el contexto de la persona. El cuerpo tiene su significado esponsalicio porque la
persona humana es una criatura que Dios ha querido por sí misma y que, al mismo
tiempo, no puede encontrar su plenitud si no es mediante el don de sí.
4. El amor conyugal y el amor a los hijos
La unión cuerpo-espíritu y la verdad del don hombre-mujer: el amor de los cónyuges se
desarrolla en el amor a los hijos.
▪ Fines principales: el amor a los hijos (procreación, crianza y educación) y el amor
entre los esposos.
▪ Estructura la vida matrimonial y familiar, y la vida en sociedad.
Para comprender el amor humano: el significado de la unión entre amor unitivo y amor
procreativo, entre el amor de los cónyuges y su apertura a la vida. Humanae Vitae
▪ Como el amor es fecundo, esa unidad llena de sentido no sólo el acto conyugal,
sino toda la vida matrimonial.
El padre y la madre se encuentran en el hijo, porque el hijo es de los dos.
▪ en el hijo culmina el sentido unitivo del amor de los padres.
▪ la educación del hijo es familiar, es decir, ante todo corresponde a los padres.
▪ fin del matrimonio: generación y educación de los hijos, como proyecto común de
los esposos
o ¿cuándo se educa mejor? Cuando el amor al hijo es una prolongación del
amor entre los esposos.
o El hijo completa la realidad del matrimonio: realmente el hijo es un don
para los padres.
La espiritualidad conyugal: vivir según el Espíritu, el don de la sexualidad y el don de la
vida otorgado por Dios, respetando su dignidad divina.
▪ Los esposos cristianos: santidad en y a través de la vida conyugal y familiar.
▪ “Hay un punto donde el amor de la pareja alcanza su mayor liberación y se
convierte en un espacio de sana autonomía: cuando cada uno descubre que el otro
no es suyo, sino que tiene un dueño mucho más importante, su único Señor”. PP.FI
La vida espiritual y el trabajo
1. El trabajo desde la fe en Cristo: la noción
En las sociedades modernas, el trabajo ha adquirido una relevancia evidente.
• el principal influjo que la persona puede realizar en la sociedad en que vive es su
trabajo.
• repensar el concepto de trabajo
❖ El trabajo desde la fe en Cristo: la noción Jesucristo ha cambiado la realidad del
trabajo, por eso el punto de partida está en su misterio. La vida oculta de Jesús
nos muestra su vida sencilla, ordinaria, humana: porque Jesucristo es perfecto
Hombre.
❖ La visión de la vida escondida de Jesús en Nazaret se complementa por el misterio
pascual, mediante el cual Cristo atrae hacia sí toda la creación renovándola y
dirigiéndola a Dios Padre. Desde la fe podemos subrayar que el trabajo es un don
de Dios.
❖ La dimensión humana del trabajo constituye una parte relevante de la dignidad
del hombre, el desarrollo de la personalidad y el vínculo con los demás: la familia,
los compañeros, la sociedad.
❖ Colocar el trabajo a partir de Cristo en el contexto de la creación y la redención,
implica situarlo dentro de la relación trabajo y amor.
El trabajo desde este punto de vista trascendental manifiesta el amor, se identifica con
el amor.
▪ En el trabajo, el hombre imagen de Dios manifiesta y derrama el amor de Dios al
mundo, el amor de la creación y el amor de la redención.
▪ El trabajo forma parte del culto espiritual a Dios propio de la persona. Es gloria
a Dios que da el hombre con su vida, introduciendo el mundo material en su
adoración.
2. Trabajo y vida cristiana: la santificación
Dos aspectos fundamentales.
1. el trabajo es “santificable”: la dimensión sobrenatural del trabajo no es algo
yuxtapuesto a su dimensión humana natural. No es “hacer algo santo” mientras
se trabaja, sino hacer santo el trabajo mismo.
2. el trabajo santificado es “santificador”: el hombre no se santifica y santifica a los
demás y al mundo mientras trabaja, sino precisamente mediante su trabajo.
“Santificar el trabajo, santificarse en el trabajo, santificar con el trabajo”:
▪ no suponen tres finalidades yuxtapuestas, sino tres dimensiones de un fenómeno
unitario.
▪ el trabajo en cuanto acción humana de trabajar y el trabajo en cuanto efecto
exterior de esa acción
▪ santificar el trabajo es hacer santa la actividad humana de trabajar
▪ el trabajo es santo cuando la actividad de todas las virtudes (intelectuales y
morales) está informada por el amor a Dios y a los demás por Dios.
Un paso más: descubrir a Dios no solo en nuestro trabajo, sino a través de nuestro
trabajo.
▪ En el trabajo, el papel de la inteligencia es conocer y utilizar la verdad de las cosas
desde el respeto a su autonomía, sin manipular ni corromper esa verdad propia.
▪ Esa verdad proviene de la verdad puesta por el Padre en las cosas y redimida por
Cristo.
▪ “El trabajo de la inteligencia debe -aunque sea con un duro trabajo- desentrañar
el sentido divino que ya naturalmente tienen todas las cosas; y con la luz de la fe,
percibimos también su sentido sobrenatural, el que resulta de nuestra elevación
al orden de la gracia”
3. El trabajo fuerza transformadora en la sociedad
Primacía de la dimensión subjetiva del trabajo.
❖ El trabajo esencialmente es algo de la persona -y algo importante-.
o La persona se realiza con su trabajo, y se realiza cuando a lo largo de todas
esas horas de trabajar (la jornada laboral estándar son ocho horas diarias o
cuarenta semanales) puede expresarse ella misma: su inteligencia del mundo
y su amor por las personas y las cosas.
❖ la persona humaniza cada vez más el mundo
❖ este humanizar o espiritualizar el mundo consiste en otorgar el orden querido por
Dios Padre en la creación y reconstruido por Jesucristo con la redención.
La Historia contemporánea quizá es el resultado de la batalla por el establecimiento de
un orden individualista según las ideologías capitalistas o colectivista según las filosofías
marxistas. En ambos casos por encima de la persona, como señala claramente la doctrina
social de la Iglesia, especialmente Juan Pablo II en Centesimus Annus (1991), pero
también Benedicto XVI en Caritas in veritate y Francisco en Laudato si’.
▪ Frente a eso, el cristianismo plantea la posibilidad de un nuevo orden social, la
civilización del amor, fundado en la primacía de la persona y que genere una sociedad
libre e igualitaria con respeto de la diversidad.
El evangelio del trabajo como amor, como servicio de una persona a las demás personas:
nueva civilización del amor no utópica.
▪ si las leyes internas del mundo del trabajo se redimen en unión con Cristo.
▪ con la acción del cristiano desde el mundo del trabajo y a través del mundo del
trabajo
La vida social
Los valores esenciales, fundamento de la sociedad
1. Un primer elemento es el carácter incondicional con que la dignidad humana y
los derechos humanos deben presentarse como valores que preceden a cualquier
jurisdicción estatal.
2. Otro elemento en el que aparece la identidad de toda sociedad, muchas veces el
motivo de sus crisis y siempre la solución para su correcto desarrollo, es el papel
del matrimonio y la familia.
3. Finalmente, un aspecto fundamental para todas las culturas es el respeto a lo que
es sagrado para otra persona, y particularmente el respeto por lo sagrado en el
sentido más alto, por Dios. Es lícito suponer que se puede encontrar este respeto
en quien no está dispuesto a creer en Dios. El respeto a la libertad religiosa.
Fiesta y trabajo
La relación entre fiesta y trabajo
La fiesta es totalmente necesaria porque es algo fundamental para la vida.
▪ Es la manera de celebrar los valores de la vida, la maravilla de la vida. Si no lo
celebramos, nos olvidamos de su belleza
¿Con qué elementos tiene que ver la fiesta?
▪ La fiesta tiene que ver con la comunidad.
▪ La fiesta, la celebración tiene mucha relación con la alegría.
▪ Esta libertad y esta alegría de ser yo mismo tiene que responder a la verdad: mi
libertad y mi alegría son reales.
o En este sentido, la fiesta no es una evasión de lo cotidiano hacia el mundo de
la verdad y la belleza, un huir ilusorio de la verdad terrible del mundo; sino
un celebrar mi existencia.
o En el trasfondo de la fiesta está la pregunta de las preguntas: la fuerza del
dolor y de la muerte. La fiesta, la celebración es la afirmación de que la vida
trasciende el sufrimiento y la muerte.
La felicidad.
• Es principalmente contemplación: yo no soy el creador, hacedor de todo; pero formo
parte del todo y puedo disfrutarlo con mi vida.
• Con la condición de no dominarlo, y corromperlo.
• La felicidad es contemplar porque solo contemplar es un regalo, poseer la verdad y el
ser que se ama, sin manipularlo; todo lo contrario, valorándolo más, afirmándolo.
La relación entre fiesta y trabajo
Desde el inicio de la civilización, la contemplación como actividad contemplativa u ociosa
cuyo núcleo es la fiesta, ha estado unida al trabajo o negocio (no-ocio).
▪ Así aparece en las sociedades fundamentadas en la Biblia: desde el Génesis
▪ En la civilización griega.
▪ ¿Hoy día? La primacía otorgada a la praxis y al trabajo del hombre frente a la
teoría o contemplación ha implicado no solo el cambio de la relación entre ambos,
sino del propio concepto de trabajo y de fiesta
Necesitamos descansar, porque el ritmo de la vida nos agota, no somos máquinas.
▪ El cansancio es fruto de la alienación.
▪ Y la alienación se produce por la falta de sentido de las cosas.
El hombre es creador de sí mismo.
▪ El mundo de hoy está marcado por este ideal de la autonomía absoluta.
1) La tiranía del resultado: el nuevo imperativo de la sociedad del rendimiento
2) El sentimentalismo sin espíritu.
3) La consecuencia definitiva es mundo cansado, desanimado, desesperado y
marcado por la pobreza de horizontes. La juventud vive la época de la indiferencia
nihilista, la era de la depresión
La fiesta que corresponde a esta primacía del trabajo es principalmente descontrol,
transgresión, salirse de la norma y del imperio de lo útil.
La necesidad de fiesta y poder transformador
La fiesta es totalmente necesaria porque es algo fundamental para la vida.
▪ Es la manera de celebrar los valores de la vida, la maravilla de la vida. Si no lo
celebramos, nos olvidamos de su belleza
¿Con qué elementos tiene que ver la fiesta?
▪ La fiesta tiene que ver con la comunidad.
▪ La fiesta, la celebración tiene mucha relación con la alegría.
▪ Esta libertad y esta alegría de ser yo mismo tiene que responder a la verdad: mi
libertad y mi alegría son reales.
o En este sentido, la fiesta no es una evasión de lo cotidiano hacia el mundo de
la verdad y la belleza, un huir ilusorio de la verdad terrible del mundo; sino
un celebrar mi existencia.
o En el trasfondo de la fiesta está la pregunta de las preguntas: la fuerza del
dolor y de la muerte. La fiesta, la celebración es la afirmación de que la vida
trasciende el sufrimiento y la muerte
▪ La felicidad
o Es principalmente contemplación: yo no soy el creador, hacedor de todo; pero
formo parte del todo y puedo disfrutarlo con mi vida
o Con la condición de no dominarlo, y corromperlo.
o La felicidad es contemplar porque solo contemplar es un regalo, poseer la
verdad y el ser que se ama, sin manipularlo; todo lo contrario, valorándolo
más, afirmándolo.
Fiesta y formación
La importancia de la fiesta para la educación y desarrollo de la persona es crucial.
• Efectivamente para transformar el mundo, lo más eficaz y propio es transformar la
fiesta
Volver a llenar de sentido las fiestas (la boda, fiesta entre las fiestas).
Comprender la radicalidad del precepto de santificar las fiestas, y su relación bisagra
entre el amor a Dios y el amor a los demás en el Decálogo.
▪ En el cristianismo el culto es el culto a la eucaristía, de ahí que el estilo de vida
eucarístico de los cristianos, el vivir el tiempo a partir del domingo, el vivir la fiesta
en sintonía con las fiestas sacramentales –bodas, bautizos, comuniones y
confirmaciones, exequias- y las fiestas patronales de la religiosidad popular sea la vía
para la nueva evangelización