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Expo Ramon

Las frutas y hortalizas son esenciales en la dieta por su alto valor nutricional, pero son vulnerables a la contaminación microbiana a lo largo de su cadena de producción. Factores intrínsecos, como pH y actividad de agua, junto con factores extrínsecos, como temperatura y humedad, influyen en el crecimiento de microorganismos. Las principales vías de contaminación incluyen el uso de agua contaminada, contacto con suelo o estiércol, y manipulación inadecuada durante la cosecha y venta.

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Las frutas y hortalizas son esenciales en la dieta por su alto valor nutricional, pero son vulnerables a la contaminación microbiana a lo largo de su cadena de producción. Factores intrínsecos, como pH y actividad de agua, junto con factores extrínsecos, como temperatura y humedad, influyen en el crecimiento de microorganismos. Las principales vías de contaminación incluyen el uso de agua contaminada, contacto con suelo o estiércol, y manipulación inadecuada durante la cosecha y venta.

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Diapositiva 1: Introducción

Las frutas y hortalizas son alimentos frescos que forman parte esencial de nuestra dieta

diaria debido a su alto valor nutricional, su sabor natural y los múltiples beneficios que

aportan a la salud, como vitaminas, minerales y fibra. Sin embargo, a pesar de todas

estas ventajas, estos productos son muy susceptibles a la contaminación microbiana.

Esto se debe a que desde su cultivo en el campo, pasando por la cosecha, transporte,

almacenamiento y hasta la venta, las frutas y hortalizas están en contacto constante con

diferentes fuentes ambientales que pueden contener microorganismos, algunos de ellos

potencialmente patógenos.

Por ejemplo, el agua utilizada para el riego o el lavado puede estar contaminada si no se

controla correctamente, y lo mismo ocurre con el suelo o el estiércol usado como

fertilizante si no está bien compostado. Además, la manipulación humana y las

condiciones en las que se almacenan después de la cosecha también pueden favorecer

la proliferación de bacterias, hongos o virus. Estos microorganismos no solo afectan la

calidad del alimento, sino que también pueden representar un riesgo para la salud del

consumidor.
Diapositiva 2: Factores que favorecen el crecimiento microbiano

Para entender por qué y cómo crecen los microorganismos en frutas y hortalizas, es

esencial conocer los factores que influyen en su desarrollo, que se dividen en dos

grandes grupos: intrínsecos y extrínsecos.

Factores intrínsecos:

Estos son propios del alimento, es decir, características internas que afectan

directamente el crecimiento microbiano.

pH o acidez: El nivel de acidez o alcalinidad del alimento es crucial. Por ejemplo, un pH

bajo (ácido) como el de la manzana (aprox. 3.5) inhibe muchas bacterias pero favorece

hongos como Penicillium. En contraste, un pH más cercano a neutro permite el

crecimiento de bacterias como Listeria o Salmonella. Esto se debe a que cada

microorganismo tiene un rango óptimo de pH para su desarrollo.

Actividad de agua (aw): Es la cantidad de agua disponible para que los microorganismos

puedan realizar sus funciones metabólicas. Valores cercanos a 1, como en la lechuga

(0.99), significan que hay mucha agua libre, por lo que el alimento es un excelente medio

para que bacterias, hongos y levaduras crezcan rápidamente. Si el aw es bajo, el

crecimiento se ralentiza o detiene.


Nutrientes disponibles: Frutas y hortalizas son ricas en azúcares, vitaminas y minerales,

lo que las convierte en un ambiente muy atractivo para microorganismos. Por ejemplo,

la uva es alta en azúcares, lo que favorece a levaduras como Saccharomyces.

Estructura biológica: La piel o cáscara intacta actúa como una barrera física que protege

el interior del alimento. Sin embargo, si está dañada o pelada, los microorganismos

tienen fácil acceso a nutrientes y agua, facilitando su crecimiento

Potencial redox (Eh): Es una medida que indica si el medio es oxidante o reductor.

Algunos microorganismos, como Clostridium botulinum, prefieren ambientes reductores

(bajo Eh), mientras que otros, como Pseudomonas, crecen mejor en ambientes oxidantes

(alto Eh). Esto afecta la supervivencia y proliferación microbiana.

Factores extrínsecos:

Son las condiciones externas que rodean al alimento y afectan su microbiota.

Temperatura: La mayoría de los microorganismos tienen un rango de temperatura óptimo

para crecer, generalmente entre 5 °C y 60 °C. Por ejemplo, Listeria monocytogenes

puede crecer a temperaturas tan bajas como 4 °C, lo que la hace especialmente

peligrosa en refrigerados.

Humedad relativa: Un ambiente con humedad alta (más del 90%) favorece la

proliferación de hongos y bacterias en frutas almacenadas o en exhibición. Por ejemplo,

una lechuga almacenada a 95% de humedad tiene un mayor riesgo de desarrollar

mohos.
Gases atmosféricos: Los niveles de oxígeno y dióxido de carbono influyen en el

crecimiento microbiano. Bajas concentraciones de oxígeno o altos niveles de CO₂

pueden inhibir hongos y bacterias aerobias, pero estimular otros microorganismos

anaerobios. Por ejemplo, el almacenamiento en atmósfera modificada usa estas

propiedades para prolongar la vida útil de frutas y hortalizas.


Diapositiva 3: Principales vías de contaminación microbiana

Ahora, veamos cómo ocurre la contaminación microbiana en frutas y hortalizas a lo largo

de toda la cadena de producción y comercialización.

Una de las principales vías es el uso de agua contaminada, tanto en el riego como en

el lavado posterior a la cosecha. Si esta agua contiene bacterias como Escherichia coli

o Salmonella, estos patógenos pueden adherirse a la superficie o penetrar en los tejidos

de la fruta o verdura.

El contacto con el suelo o el estiércol sin tratar es otra fuente frecuente de

contaminación. Muchos cultivos utilizan estiércol como fertilizante, y si no se compostea

adecuadamente, puede contener microorganismos patógenos que pasan al alimento.

Los animales y sus excretas también representan un riesgo importante. Aves, insectos

y mamíferos que transitan por los campos pueden depositar excrementos que

contaminan los cultivos con microorganismos peligrosos como Campylobacter o

Cryptosporidium.

La manipulación con herramientas y manos sucias durante la cosecha y

procesamiento puede transferir microorganismos como Staphylococcus o mohos que

afectan la calidad e inocuidad.

En la etapa de postcosecha, los equipos contaminados y el contacto cruzado entre

productos pueden propagar microorganismos como Listeria o Pseudomonas.

Durante el transporte y distribución, la falta de limpieza y el incumplimiento de

condiciones de frío facilitan la proliferación microbiana.


Finalmente, en los puntos de venta, la manipulación constante, la falta de higiene y la

exposición a aerosoles aumentan el riesgo de contaminación, incluso por virus como la

norovirus.

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