Valoracion Del Patrimonio
Valoracion Del Patrimonio
Unidad 3
Unidad 3 A
En este punto me interesa resaltar la importancia que tiene la perspectiva histórica para
abordar la problemática del patrimonio en nuestro tiempo, resaltando del pasado los
acontecimientos más significativos, algunos personajes y las tendencias o movimientos
colectivos que no se pueden dejar de lado.
Historia es conocimiento, conocimiento necesario en cualquier visión de conjunto sobre una realidad
como la que pretendemos ofrecer aquí. Ciertamente una historia del patrimonio no equivale a una
historia del coleccionismo. Como muy bien dice Llorens Prats (1997), “los tesoros de los monarcas de la
antigüedad las bibliotecas de los monasterios benedictinos o los gabinetes de curiosidades ilustrados son
realidades distintas entre sí y distintas de lo que hoy entendemos por patrimonio”. Sin embargo,
cualquier colección, cualquier museo, sólo pueden explicarse a través de su historia. Por ello aunque
seguimos una secuencia temporal que impide un tratamiento más transversal de los temas suscitados,
hemos procurado resaltar la idea de las distintas funciones y significados que tienen lo que hoy
llamamos patrimonio para las gentes de distintos momentos del pasado. Cuando estamos refiriéndonos
a la existencia constatada de realidades tales como la conservación y el uso de elementos del pasado,
presumiendo en cualquier caso de que tales conciencias tienen un contenido y un alcance distintos. Es
como en historia, cuando se habla de orígenes de la civilización y luego de plenitud. No existe, una
supuesta fase inicial y una supuesta fase final de un proceso único, representa un punto significativo de
inflexión, que nos sirve para articular un discurso que hemos dividido en uno lejano y otro próximo a
nuestras realidades y sensibilidades.
Tiempo histórico y conciencia patrimonial. El tiempo histórico es el tiempo que pasa, aquel del que
tenemos conciencia de que transcurre, que se contrapone al tiempo que perdura, el presente eterno.
Determinadas civilizaciones primitivas sólo conocen el tiempo que perdura, del que emanan los mitos y
determinadas formas de expresión ritual propias de una cultura circular. Aquí el individuo vive una
existencia grupal poco diferenciada en un mundo en el que nunca pasa nada (por contraste con nuestro
mundo), cosa que convierte en innecesaria toda conquista individual del futuro, integrándose el
individuo en el medio de una forma tal que lo hace difícilmente distinguible del entorno. La conciencia
del paso del tiempo va ligada, en cambio, al descubrimiento de la autonomía del ser humano y de su
destino singular. Es este tomar conciencia diferenciada de uno mismo y del grupo lo que da paso al
sentido de la historia. El tiempo histórico adquiere su pleno sentido en la noción del cambio, de la que
se desprenden indefectiblemente don nociones opuestas: progreso y retroceso. Filósofos y profetas han
oteado ese futuro nacido del progreso y allí han plantado sus útopias sobre el Estado y la sociedad.
Otras veces la vuelta al pasado se ha impuesto ante el vértigo de lo venidero. En ocasiones el pasado
absolutizado se ha interpretado a la luz del presente con esperanza y quizás con nostalgia.
En cualquier caso, sin tiempo histórico no hay conciencia patrimonial (en el sentido de legado material).
Sólo cuando existe una clara percepción del paso del tiempo y su repercusión sobre las personas y las
cosas, empieza a adquirir sentido conservar los testimonios acumulados, los relatos épicos y
hagiográficos, los memoriales. Por eso no es extraño que junto a los relatos históricos aparezcan al
mismo tiempo las bibliotecas para guardar tales relatos, los archivos para recoger los demás
documentos escritos, y los museos para conservar los objetos más preciados, al tiempo que se
levantan monumentos a la memoria de seres humanos singulares. Archivos, bibliotecas y museos
adquieren carta de identidad al unísono en la historia. Pero la noción de paso del tiempo no adquiere su
verdadero sentido sin la noción de espacio, puesto que el tiempo precisa del soporte físico del espacio
para poder aferrarse. Las civilizaciones históricas han tendido a crecer y ampliar el espacio ocupado,
transformándolo y llenándolo de sus creaciones materiales, sus objetos. Sin delimitación del espacio
geográfico, dimensión asociada a las perspectivas de reproducción, continuidad y progreso, no hay
plena conciencia del paso del tiempo. Históricamente, fue Alejandro Magno quien con sus conquistas,
acompañadas de grandes aportes de riqueza y trofeos, seguramente propicio para Occidente una
definitiva dimensión del espacio que faltaba para sentir con toda su plenitud el paso del tiempo.
Cuando el ser humano designa a determinados objetos como merecedores de un futuro, está intentando
fijar en esos objetos el tiempo que se escurre. Por eso podemos decir que patrimonio son huellas del
tiempo que pasa, recogidas en trazas físicas perdurables, o, lo que es lo mismo, tiempo encapsulado
que se hace presente en la materialidad del testimonio conservado, que sirve de puente entre el pasado
y el futuro. Al favorecer el tránsito del pasado al futuro y viceversa, el patrimonio adquiere un valor
superior; por eso afirmamos que es herencia y memoria que no podemos permitirnos el lujo de
dilapidar, parque debe servir al porvenir.
Los seres humanos separan determinados objetos del resto para conservarlos y proceden a reunir
grupos de objetos especialmente designados a los que se adscribe un determinado significado
relacionado con el paso del tiempo. A esa práctica tan universal y antigua la podemos llamar
coleccionismo cuando se refiere a los objetos muebles, a falta de otra mejor. Esa forma de actuar del
ser humano desborda a menudo al campo en el que se desenvuelven las nociones de herencia y
memoria, todo coleccionismo se asocia a la noción de tiempo (conservar, no dejar morir o desaparecer,
alcanzar la eternidad). El coleccionismo se asocia a patrimonialización cuando predomina el sesgo
público o colectivo. Existen unos factores de fondo que explican el ansia coleccionista y conservacionista
de la humanidad, que apenas se diferencian de Oriente a Occidente y que persisten desde el pasado
más remoto para llegar al presente más actual, aunque hay que insistir que no todas las sociedades han
practicado necesariamente formas de coleccionismo como las que conocemos en la cultura occidental.
El elemento que más ha pesado históricamente en el fenómeno del coleccionismo ha sido quizás la
búsqueda de la trascendencia. Las reliquias constituyen en este sentido el ejemplo más claro, porque en
su doble naturaleza de testimonio y misterio han seducido a los seres humanos desde la más remota
antigüedad. Sectas, iglesias y religiones han conservado las reliquias de sus santos así como
numerosos objetos rituales y sagrados. Tanto en el Japón budista como en la China confucionista o en
la Europa romana pagana existieron receptáculos cerca de los lugares de culto para albergar y exponer
públicamente ofrendas y reliquias que prefiguran lejanamente esta institución relativamente moderna
que llamamos museo.
A veces es difícil distinguir entre mera acumulación de objetos valiosos y coleccionismo. Acumulación
indica ansia de posesión, apego a cosas materiales y exteriorización de determinadas capacidades o
poderes. El coleccionismo además de reproducir los rasgos y los beneficios derivados de la acumulación,
implica algo más, el reconocimiento de un orden en los objetos atesorados, orden generador de lógicas
internas estructuradoras de significado, y una revuelta contra el deterioro y la muerte de las cosas. La
pura acumulación de objetos valiosos aparece con peculiar fuerza en distintos momentos históricos
camuflando otras posibles finalidades en la intención del recolector.
Italia, fundamentalmente en los siglos XV y XVI, y otras partes de Europa a lo largo del siglo XVI
propiciaron el florecimiento de distintas formas de coleccionismo que dieron lugar a una variada
tipología de espacios y conceptos para el trato con las colecciones, que prefiguró en algunos casos los
futuros tipos de museo. Tal eclosión conllevó el uso de distintos nombres para designar en algunos
casos, cosas parecidas. Así los nombres para designar, en algunos casos, cosas parecidas. Así, los
nombres de theatrum, galería de pinturas, galería de retratos, museo, gabinete de curiosidades, cámara
de maravillas, gabinete de antigüedades, aparecen designando colecciones privadas en distintos
destinos. Estos espacios para las colecciones respondían a discursos bien elaborados, llenos de
significado para sus propietarios, mostrando, a través de su organización interna, de las interrelaciones
entre las partes una manera coherente de contemplar el mundo.
Uno de los paradigmas del coleccionismo del Renacimiento es el gabinete de curiosidades. Francis Bacon
decía de ellos que debían llenarse de cosas que la mano del hombre por medio de su arte e ingenio
llegase a transformar en objetos dignos de la curiosidad, fuese por la forma de los materiales o el
movimiento que mostrasen. Y así fue; de naturaleza enciclopédica, los gabinetes contenían
particularmente colecciones de objetos de origen natural que habían sido modificados a mano con el fin
de transformarlos en trofeos, en una especie de homenaje a la pericia y la habilidad humanas.
La Italia manierista realizó una interpretación muy interesante de la cámara de las maravillas
centroeuropea. Inventaron un pequeño espacio cerrado, profusamente decorado, concebido para su uso
privado y secreto, donde reunió elementos de la naturaleza y muestras del artificio humano, que
interpretaban curiosas relaciones, constituyendo un microcosmos perfectamente ordenado y coherente
que representaba la imagen del mundo que se había forjado su dueño. Las grandes casas reales de
Europa se iniciaban en el coleccionismo.
Hacia 1565 se publicó un tratado sobre la manera de organizar colecciones de carácter enciclopédico
reunidas en gabinetes o cámaras de maravillas, recomendando principios sistematizadores. Vemos cómo
la colección de libros o biblioteca tenía su trasunto en la colección de armas o armería. A veces existía
un espacio diferenciado para los trofeos de guerra y no faltaba en palacio una galería de pinturas y un
anticuario. Finalmente, en lo más profundo de las posesiones del monarca existía alguna forma de
cámara de las maravillas o gabinete de curiosidades para uso privativo, conteniendo las joyas más
preciadas obtenidas como coleccionista.
La colección de pinturas del rey Felipe de España llegó a ser la mejor de Europa y su armería,
trasladada en 1562 a un nuevo edificio frente al Alcázar Real de Madrid, el lugar ideal para escenificar el
poder de la monarquía. En el mismo Alcázar, el rey poseía en la llamada cámara del tesoro una
verdadera cámara de las maravillas en la que destacaban los instrumentos científicos –relojes,
astrolabios, autómatas…- y numerosos objetos curiosos y raros, de origen natural o realizados por mano
humana. Felipe II creó un nuevo ombligo desde el que posicionarse para dominar el mundo: El Escorial.
Allí trasladó parte de sus colecciones que articuló físicamente alrededor de una extraordinaria biblioteca.
Centro de un universo coherente que el rey presidía, en la biblioteca de El Escorial vinieron a coincidir
saber científico y pensamiento humanístico: libros, pintura, retratos de grandes personalidades, objetos
científicos, antigüedades, especímenes naturales, dando forma al mejor destino museístico que pudiera
imaginarse en la Europa de su tiempo.
Sus principios hacen cambiar las formas del coleccionismo y las actitudes de los
coleccionistas. El espejismo de una visión armoniosa del mundo se desvanece, mientras se
rompe la concepción unitaria del conocimiento que prevalecía hasta el siglo XVI. Se abre,
pues, el camino hacia una especialización que confiere estatus destacado a tres grandes
áreas de conocimiento, objeto de especial dedicación coleccionista: arte, historia/arqueología
y ciencias de la naturaleza. El dominio de las ciencias de la naturaleza es el que evoluciona
más consistentemente en la dirección de considerar a los especímenes naturales como
documentos que hablan sobre las realidades del mundo físico. Así, el jardín botánico se
concibe como una herramienta para la producción de conocimiento científico, tal como Ulises
Aldrovandi se encarga es clave para la historia del coleccionismo científico en Italia, la
colección de plantas, -muchas de ellas traídas de América- y el jardín sevillano del doctor
Monardes destacan por llevar a su cumbre la tradición mediterránea del hortus con valor
médico-científico. Es en el norte de Europa donde más rápidamente progresa el coleccionismo
científico a partir de mediados del siglo XVI, con ejemplos alemanes, holandese y
escandinavos que siguen los empeños metódicos de pioneros, autor en 1565 del catálogo de
una colección de historia natural de Dresden, o el danés Olaus Worm.
De forma parecida, los objetos creados por el ser humano tenderán a ser apreciados no sólo
por sus valores estéticos sino especialmente como testimonios de la evolución de las
sociedades. El interés por los testimonios materiales auténticos y su análisis crítico aparece
ya a finales del XVI.
Esta época debía progresar con la ayuda del conocimiento taxonómico, por lo que la labor de
los coleccionistas científicos se orienta a establecer series morfológicamente similares y
presentarlas según los rasgos físicos que evidencian. Los especialistas en arte persiguen
establecer pautas significativas en la presentación de las creaciones artísticas, decantándose
hacia mediados del XVIII por la exposición según “escuelas”. Tales labores de ordenación y
estudio requieren de infraestructuras mayores que las habituales hasta entonces y de
verdaderos especialistas. No cabe duda de que el coleccionismo va adquiriendo una
dimensión que sobrepasa las posibilidades de las individualidades. Asociaciones como las de
los Anticuarios de Londres, fundada en 1718, muestran una preocupación gremial por la
conservación del patrimonio. El coleccionismo no sólo deja de ser un negocio privado y
privativo para abrirse a unas elites ansiosas de conocimiento, sino que también va
requiriendo, más allá de las asociaciones privadas, de la intervención de instituciones
complejas como sociedades y academias, e incluso del propio Estado.
Fueron los Medici en 1650 quienes fundaron la primera sociedad de sabios, la Academia del
Cimento. Su labor en una Italia en decadencia quedó oscurecida por la de instituciones
emergentes parecidas surgidas pronto en otras partes de Europa, como por ejemplo, la Royal
Society. Bajo iniciativa privada civil, en 1660 nacía en Londres. Su trayectoria es muy
ilustrativa: las ingentes colecciones de historia natural que reúne sirven de base para un
estudio científico de la naturaleza que aspira, a partir de establecer un sistema clasificatorio lo
más completo y universal posible, a un conocimiento objetivo de la realidad. Su éxito es su
fracaso, puesto que un siglo después ya no es capaz de mantener sus colecciones, por lo que
se ve obligada a cederlas a un flamante Museo Británico. La universidad europea va a la zaga
de las academias. En 1671, el Ayuntamiento de Basilea compra una colección privada para
cederla a la Universidad, con lo que se funda el primer museo universitario con colecciones
destinadas a un uso científico- educativo directo. El patrocinio privado beneficia a la
Universidad de Turín que recibe la colección de arqueología y también a la Universidad de
Oxford que reúne en 1683, para formar lo que será el primer gran museo universitario abierto
al público, las colecciones de dos particulares: la de los hermanos aventureros Tradescant y
la del sabio Elías Ashmole.
La aurora de la modernidad
El siglo XVIII es el siglo de la razón y del nacimiento de la gran utopía del progreso. Razón y
progreso se relacionan necesariamente con un claro sentido de la historia, puesto que la
seductora idea de que la humanidad progresa por si misma emana de una nueva clarividencia
que nada tiene que ver ya con la teología sino sólo con la filosofía y la historia. Por lo tanto
el Siglo de las Luces se inaugura con una conciencia mayor sobre la importancia del cambio
histórico para la evolución de las sociedades. Pensadores como Vico, Voltaire o Turgot
rechazarán una visión providencialista de la historia para abrazar un pensamiento histórico
basado en la razón que pivotará sobre la idea de la historicidad del ser humano, inseparable
de su naturaleza humana. La importancia del estudio de la historia, que utilizará con
largueza, además de documentos escritos monumentos y restos arqueológicos, residirá en su
valor para explicar el progreso de las distintas academias como la de los Desconfiados de
Barcelona en 1700 o la de la Historia en Madrid a partir de 1736, será una obsesión de los
tiempos y deberá contar con ayudas tan decisivas como la realización de inventarios de
monumentos, la reunión de colecciones de antigüedad y la excavación de lugares con restos
arqueológicos. Dos grandes destinos arqueológicos brillan con luz propia durante el siglo:
Pompeya y Herculano en Europa y las antiguas ciudades precolombinas en América. En
ambos lugares las evidencias descubiertas dan lugar casi en paralelo, al nacimiento de la
arqueología moderna como procedimiento de investigación del pasado. Historia, arqueología y
las ciencias que explican la naturaleza. Buffon y Lamarck convierten el Jardín de Plantas del
rey en París en una institución científica y museística. En Barcelona, en 1740 Josep Salvador
abre su colección privada de naturalista al público interesado de la ciudad. Para los Ilustrados
el museo, o la colección ubicada en la casa de un aristócrata, en la universidad o en una
academia, adquieren el rango de instrumento de la ciencia al servicio de la verdad, en el que
se conservan las pruebas y evidencias que sirven, al conocimiento, así como las mejores
creaciones de la humanidad.
El paso de la salvaguarda de unos bienes a su difusión pública se hace de forma natural. Así
es como se impuso la apertura al pueblo de los palacios de la monarquía. En 1793 en base a
las colecciones reales se crean dos grandes museos nacionales: el Museo Central de las Artes,
en el mismo Louvre y el Museo de Historia Natural, en el real jardín botánico, en España.
Los monumentos conforman una riqueza colectiva que es preciso salvaguardar a favor del
Los principios básicos de una gestión patrimonial, trasunto de una conciencia patrimonial
pública que hemos visto despuntar, aparecen en la doctrina que empieza a elaborarse junto al
cambio de siglo. Los objetos históricos y artísticos deben conservarse “para servir a las artes,
la ciencia y la enseñanza”. El carácter educativo de los bienes culturales: las colecciones
constituyen un patrimonio de alto valor cultural. Solo poniéndolas al alcance del público
pueden convertirse en objeto de verdadero estudio, de manera que, con cada ventaja
obtenida de esta forma, se obtiene una nueva ganancia para el bien común.
Hacia 1825, Víctor Hugo expresó: “por más derechos de propiedad que se reconozcan, la
destrucción de un edificio histórico y monumental no ha de permitirse a los especuladores, a
quienes ciega y deshonra el interés… hay dos cosas a valorar en un edificio: el uso y la
belleza. El uso pertenece al propietario; la belleza nos pertenece a todos.”
Una de las fuerzas aliadas del romanticismo que impulsa el movimiento conservacionista es el
nacionalismo. Retornan de los campos de batalla cargada de tesoros de la cultura y el arte
de los pueblos que ha ocupado; sin embargo, sin quererlo ha sembrado a su paso la semilla
del nacionalismo. Al cesar el conflicto el patrimonio de los pueblos contribuirá decisivamente
en cada lugar a salvar la memoria del pasado y desvelar una conciencia nacional. El
Congreso de Viena de 1815 abrió la vía para proceder a una operación sin precedentes de
devolución de patrimonio confiscado a sus países de origen. Se reclamo el valor distintivo
para su lugar de origen. Pero al retornar los tesoros artísticos a sus países de origen, no
fueron en muchos casos restituidos a sus antiguos propietarios, sino que, en nombre de los
principios proclamados por la revolución liberal, pasaron a formar parte de los nuevos
nacionales que se fueron creando.
Buenos Aires tuvo un museo de Ciencias Naturales en 1812 y Brasil creó en 1818 gracias a
unas colecciones de arte donadas por el rey de Portugal, su Museo Nacional en la ciudad de
Río de Janeiro. En 1824, tras la independencia, Bogotá asistía a la apertura del Museo
Nacional colombiano. Por su parte México instituyó en 1825 su Museo Nacional ubicado en la
universidad capitalina, orientado a velar por los restos arqueológicos y los monumentos del
país.
La misión del museo nacionalizado será dar a la idea de nación una dimensión tangible,
corpórea, en la forma de los objetos reales depositados en el museo, que reflejaría los logros
materiales y espirituales tanto de la sociedad entera como muy especialmente de la propia
nación. Ese palacio de las artes al mismo tiempo en que se convierte el museo, pronto
adquirirá una dimensión utilitaria añadida: la de servir a la educación de la ciudadanía. No es
extraño que nuevas administraciones del estado nación vayan amparándose de las
instituciones museísticas y perfilen una incipiente gestión patrimonial. Francia, crea una red
de museos departamentales dependientes de la administración educativa desde 1814.
Una larga época dorada espera al museo institución hacia mediados del siglo XIX, que dura al
menos hasta la primera gran guerra. El museo deviene un instrumento socializador al servicio
de las elites y un instrumento científico al servicio del progreso. Si hablamos de ciencia
debemos recordar que el historicismo es el sistema de pensamiento que orienta la museología
y la conservación de monumentos durante la segunda mitad del siglo XIX, aliado con el
positivismo. Para el historicismo, sin historia no hay conocimiento, aplíquese ello al estudio de
las sociedades o al estudio de la naturaleza. Así, un monumento u objeto histórico o un
espécimen natural valen en tanto que su historicidad se encarna en un lugar y un momento
precisos, decantándose, por lo tanto, por la explicación generativa. Los museos tienden a
mostrar el cambio, probar a los ojos de los visitantes la idea del progreso: evolución de la
cultura material, caso de los museos de arqueología, evolución y distribución geográfica de las
razas, caso de los museos de etnografía, etc. El positivismo añade rigor a toda búsqueda –
cada vez más, los datos extraídos de la realidad pesan más que cualquier otra consideración,
así como el esfuerzo por verificar todos los hechos-. El historicismo y el positivismo
favorecen, en definitiva, la compartimentación y especialización de los saberes, cosa que
facilita la formación de corpus sistemáticos de conocimientos apoyados en la ordenación y la
categorización la conservación y el espacio metódico de los fondos reunidos en los museos
especializados.
El impacto social del museo crece extraordinariamente a lo largo del siglo XIX con la ayuda de
la gran capacidad de simbolización que atesora y el prestigio intelectual que cosecha.
Protegidos y financiados por los poderes públicos, los grandes museos reflejaran en sus
fachadas sus atributos queriendo semejar verdaderas catedrales laicas del saber. Para el
hombre corriente que apenas viaja y sólo dispone de la prensa para entrar en contacto con lo
que sucede más allá de sus narices, el museo es un verdadero escaparate del mundo, una
gran ventana abierta a la que asomarse, que prolonga en el tiempo y ofrece el detalle la
apasionante experiencia de las grandes exposiciones universales, acercando las maravillas del
mundo a grandes y pequeñas ciudades. Como las magnas exposiciones de las que saca
enseñanzas, el museo quiere proporcionar a los ciudadanos de los países en desarrollo una
experiencia instructiva, enriquecedora, en fin una experiencia totalizadora.
En Gran Bretaña, tras cerrarse la primera Exposición Universal de 1851 con sede en el
Criystal Palace de Londres, se abrió con parte de los objetos expuestos, el Museum of
Manufacture, con vocación de perdurar como testimonio de los progresos de la
industrialización del siglo. Años después, aquel museo se convertiría en el Museo Victoria &
Albert de artes industriales y decorativas, mientras se creaba un nuevo museo llamado Museo
de la Ciencia con el fin de alojar los objetos tecnológicos. Así se enfatiza una doble lectura
para los productos de la era de la industria, la lectura artística y la científico-tecnológica. Pero
las arqueologías nacionales también requerían de museos para su consagración.
En 1870 fue también crucial para los museos de los Estados Unidos de América. Se crean
tres grandes museos: el Metropolitan Museum of Art de Nueva York, el American Museum of
Natural History de la misma ciudad y el Museum of Fine Arts de Boston, mientras que la
Institución Smithsoniana, fundada en 1846 adquiere un perfil de gran institución museística
nacional. En todos estos museos ha existido una estrecha colaboración ente patrocinio
privado y corresponsabilización pública. En el campo de las ciencias naturales destaca la
abertura al público en 1881 del Natural History Museum de Londres con colecciones
procedentes del Museo Britanico, alojadas ahora en un nuevo edificio situado en South
Kensington. En Barcelona la iniciativa particular se presenta en el inicio de los museos de
ciencia: el Museo Martorell, creado en 1882 con las colecciones de su dueño y el Museo de
Geología del Seminario, fundado en 1874.
Una de las grandes aportaciones del siglo a la museología proviene del descubrimiento en
Europa de las culturas populares nacionales. 1870 vuelve a ser un año crucial a efectos de
grandes realizaciones. La doctrina del Volksgeist inspirada en Herder y en el movimiento
romántico, al destacar el carácter singular de los pueblos, se tradujo en la revalorización de la
lengua, las tradiciones y las costumbres ancestrales, precisamente en un momento de
cambio, de transición en Europa de las sociedades agrarias a las sociedades industriales.
Paralelamente en los Estados Unidos, se desarrolla la idea de los parques nacionales sobre
grandes extensiones de tierra salvaje del Oeste como hito conservacionista. Aquí es la tierra
primigenia, su carácter y sus bellezas lo que adquiere valor totémico. Y ello coincide
significativamente con la apertura de las primeras reservas para los indios americanos.
El interés por las raíces históricas de los pueblos, no tiene un origen intelectual únicamente:
las mismas clases medias y los estamentos políticos y administrativos están interesados en
llegar a comprender el espíritu que mueve a los pueblos, base de las naciones modernas, que
los distingue de otros pueblos. De esta manera nace en el área escandinava un nuevo
proyecto museístico, el museo folk, que se interesa por las tradiciones y busca poner de
relieve las diferencias entre el pasado y el presenta a base de recuperar la cultura campesina,
la propia cultura vernácula que es donde se piensa que reside la ciencia de las naciones
modernas. El museo folk reúne los objetos comunes de la gente del pueblo como
herramientas y vestidos, útiles domésticos y sencillos objetos decorativos, sin olvidar las
mismas casas, casi siempre de madera en las latitudes septentrionales y recupera tradiciones
festivas, poesía popular, cuentos y canciones. En sus propuestas, como veremos, nunca deja
de lado la interacción comunidad local-medio ambiente. Noruegos y daneses crearon sus
propios museos folk al aire libre./p>
El valor de lo local
En el campo de la etnología regional no agota sus posibilidades en los museos llamados folk,
con su sección al aire libre. En Francia, el culto por el terruño lleva en 1879 a la creación en
París de un Museo Etnográfico de ámbito nacional que pretende mostrar la riqueza cultural de
las regiones de Francia en una época que presiente la uniformización y se ve dominada por
poderosas fuerzas centrípetas. Pero el amor al terruño se traduce especialmente en el auge
que experimenta el museo local al agotarse el siglo. En Alemania surge el fenómeno de los
museos locales, que se caracterizan por exaltar el valor de la cultura popular del lugar
enmarcada en el denominador común de lo germano y del pangermanismo.
En el Reino Unido se configura una tupida red de museos locales que hacen de contrapeso
popular a una estructura de museos nacionales orientada hacia la investigación. En los
Estados Unidos cristaliza un modelo de pequeños museos locales de historia fruto de la
actividad individual y el entusiasmo patriótico de las sociedades históricas, que complementa
la labor museística de una institución ejemplar de alcance federal como es la Smithsonian
Institution localizada en Washington. En la Italia recién unificada aparece el museo cívico para
atender a la diversidad de las realidades regionales y locales. En los países escandinavos se
impone la orientación etnográfica regional y local que reproduce a escala, en las ciudades
pequeñas.
Lo local visto desde la ciudad que crece rápidamente y se transforma en museos como el
Museo Carnavalet en París, creado 1866 por iniciativa del urbanista y reformador Haussman
como museo de historia de la ciudad, para mayor gloria de la nueva capital cultural del
mundo. Muchos otros en distintas ciudades, Barcelona, Varsovia, Amsterdam… nacerán para
celebrar un pasado urbano que se pretende glorioso pero que periclita y desaparece engullido
ante el avance de la modernidad.
En Cataluña, el amor a la tierra se mide, a finales del siglo XIX, por la afición a las cosas
antiguas, hasta el punto que el apelativo catalanista se hace sinónimo de amante de la
arqueología.
Para conocer el arte, la historia y la arqueología del país se impone el excursionismo, escuela
de conservacionistas renombrados como Puig i Cadafalch o Jeroni Martorell, que promocionan
entidades como la Associació Catalana d´Excursiones o, desde 1891, el Centre Excursionista
de Catalunya. Estas entidades desde el sector privado o sociedad civil intervienen
activamente en la conservación del patrimonio del país tanto con sus propios proyectos como
ejerciendo una fuerte presión sobre la Administración. Numerosos ejemplos son fruto de la
iniciativa individual local creados al margen de las estructuras oficiales de base provincial o
nacional.
Ciertamente la primacía del derecho a la propiedad privada frente a los intereses públicos y su
consecuencia, la insuficiencia de los instrumentos legales y gubernativos puestos a disposición
de la conservación pesaron mucho, así como pesó una frágil voluntad política que se tradujo
en una débil exigencia en el cumplimiento de la ley y en una insuficiente asignación de
fondos. El mito del progreso y los intereses creados frenaron a las elites los únicos sectores
sociales que podrían reclamar con fuerza una mayor conservación del patrimonio, y ello a
pesar de su supuesto “patriotismo”.
Las pérdidas patrimoniales provocadas por la Primera Guerra Mundial fueron un gran golpe
para las conciencias. Las democracias que renacen, más sensibles a los problemas sociales y
culturales de la sociedad, dan pasos seguros hacia adelante en relación a la salvaguarda y
conservación del patrimonio.
Principios del siglo XXI representa la culminación de toda una época, donde los grandes
museos-templos del saber levantan con orgullo sus imponentes fachadas decimonónicas en
distintas ciudades occidentales. En su interior, salas de exposición y almacenes se ven
repletos de tesoros traídos de distintas partes del orbe. Muchos de estos tesoros, obtenidos
gracias al colonialismo, provienen de países lejanos y exóticos. En 1897 se puso en marcha la
que sería la primera Asociación de Amigos de los Museos, para contribuir al desarrollo de
los museos de Berlín. Finaliza una época dorada en la que ha sido relativamente fácil amasar
tesoros del arte y la cultura.
uso social del patrimonio enraiza y se generaliza a partir de los años 1920-30, al tiempo que
se clarifica y amplia la misma noción de patrimonio.
Tras la Segunda Guerra Mundial más que nunca son los Estados Unidos y Canadá los países
que afrontan con mayor seguridad y medios la renovación. Allí el crecimiento en el número
de museos será espectacular, hasta asumir un liderazgo que no sólo será cuantitativo, y que
por unos años sólo será disputado por museos de Japón y Australia. La arquitectura de los
museos se abre paso de forma espectacular siguiendo los pasos de la obra emblemática de F
Ll Wright en 1959 para el museo Guggenheim de Nueva York. Los Estados Unidos lideran
también el mercado del arte, cosa que afectará directamente a muchos museos, llegando a
generar un verdadero boom del arte contemporáneo. Sin embargo, controvertido procesos
renovadores situados en las antípodas de lo que sucede en el Primer Mundo aparecen con la
descolonización, procedentes de Asia, África y el Pacífico.
El dinamismo que muestran los nuevos países que salen de la descolonización, la autoestima
de la que hacen gala y las demandas que plantean al Primer Mundo en el terreno de los
bienes culturales contribuyen a la aparición de una nueva percepción más global e intensa
sobre el valor del patrimonio de los pueblos. Esta toma de conciencia, auspiciada también por
la evidencia de los desastres causados por la gran guerra, conduce a una revalorización del
patrimonio histórico y cultural, que de la mano de instituciones como la UNESCO se traducirá
en un impulso más democrático y universal a favor de la conservación. La UNESCO, que
asumirá un papel arbitral en la búsqueda de un compromiso entre los países del norte y del
sur en litigio por la posesión de determinados bienes culturales transferidos ilícitamente
defenderá en paralelo el valor del patrimonio como factor clave a favor de la paz y el
entendimiento entre los pueblos.
Las décadas que siguen a la última gran guerra representan para los bienes de la cultura una
etapa de asentamiento institucional y de progresos en el ámbito organizativo y profesional.
La UNESCO será la organización clave en este proceso. En el terreno organizativo el mismo
año de su fundación 1946, la UNESCO crea en París el Consejo Internacional de
Museos –ICOM- como organización profesional no gubernamental de los museos, basada en
comités nacionales. El ICOM promueve la creación de comités específicos de estudio y
discusión a alto nivel de los problemas que afectan la conservación y difusión del patrimonio
en el mundo y publica, proporciona asesoramiento y ayuda a formular políticas
patrimoniales, a la propia UNESCO. En 1959 la UNESCO instituye en Roma el ICCROM,
un centro internacional para el estudio, la conservación y la restauración de bienes culturales.
La misión de esta organización intergubernamental de carácter científico-técnico será
contribuir a mejorar la conservación a los países más necesitados. Al mismo nivel de las
anteriores organizaciones se instituirá el ICOMOS –Consejo Internacional de Monumentos y
Lugares Históricos- destinado desde 1965 a velar por los monumentos y los lugares o sitios
históricos. En 1984 el ICOMOS crea ICAHM –Comité Internacional para la Gestión del
Patrimonio Arqueológico- para atender a las nuevas demandas de gestión del patrimonio
arqueológico.
internacional a favor de la preservación del patrimonio, cosa que la llevará a intervenir, con
la ayuda de sus organizaciones, en proyectos de preservación del patrimonio histórico de
países necesitados de ayuda exterior. Desde 1960 la UNESCO ha lanzado una treintena de
campañas internacionales con estos objetivos. También publica la revista especializada Museo
en varios idiomas así como estudios sobre el patrimonio cultural. Si a nivel de opinión pública
estas acciones tienen una gran repercusión, la intervención de la UNESCO, a escala mundial
en el plano institucional adquirirá un valor de referente. En este plano destacarán sus
recomendaciones a los Estados sobre cómo abordar la salvaguarda del patrimonio, así como
las convenciones que promoverá, las cuales conllevarán la asunción, por parte de los estados
firmantes, de una legislación inédita de ámbito internacional de contenido conservacionista. La
relación cultura-naturaleza.
Uno de los hitos del ICOMOS será la adopción de la Carta de Venecia, redactada en 1964
fundamentalmente por profesionales de la arquitectura. Este documento sobre la
conservación y la restauración de monumentos y parajes reforzará los criterios asumidos en
Atenas en 1931 –Carta de Atenas- y hará suyos puntos de vista renovadores alrededor de
las cuestiones tradicionalmente planteadas. Aparecerá la moción de entorno en el doble
sentido de entorno como monumento y entorno como elemento necesario de
contextualización de un bien cultural. La Carta, en su artículo 7 dice El monumento es
inseparable de la historia de la cual es testimonio y del lugar en el que se encuentra”.
Inspirado por las cartas de Atenas y Venecia, el ICAHM, preocupado por la correcta gestión
de los yacimientos arqueológicos, aprueba en 1990, una Carta para la protección y la gestión
del Patrimonio Arqueológico.
El museo tradicional es una institución envarada, superada por la vida y por ende
obsoleta.
Los museos acostumbran a servir solo a los poderosos y nunca al pueblo llano.
Los museos reproducen los convencionalismos de la cultura establecidos.
El mercado de la cultura coloca en sus estanterías al patrimonio como objeto más de uso y
consumo. Los medios de comunicación, la extensión de la escolarización, la ampliación de
intereses del mundo educativo incorporando recursos didácticos externos como el mismo
patrimonio, el auge del fenómeno turístico, etc., han hecho posible que tanto el patrimonio
natural pasen a ser parte de la demanda de consumo cultural habitual de las sociedades
contemporáneas, sobre todo de las más avanzadas. La historia como pasado no sólo es objeto
de consumo gracias a la literatura, el cine, los parques temáticos y las grandes exposiciones,
sino que se transforma en materia prima, en los mismos objetos reales del pasado y en los
monumentos, de una industria nueva que tiende sus ramificaciones hacia la educación, el
ocio y el turismo.
Como todo en este mundo estos desarrollos tienen su parte buena y su parte mala. Existe el
peligro de pérdida de sustancia, empobrecimiento y simplificación de los mensajes y
banalización de los valores de la cultura. Pero también es cierto que el patrimonio sale
beneficiado al constituirse como una verdadera industria cultural en competencia o a la zaga
con la industria del cine o la industria editorial, de entrada porque llega a más gente.
Actualmente las industrias culturales son el subsector económico que más crece en los países
más desarrollados y uno de los que crea empleos más especialización a los que accede gente
más diversa.
Existe una forma aceptada y tradicional de clasificar a los museos según la disciplina a la que
se refieren las colecciones que conservan. Así, podemos hablar de museos de arte, museos de
historia, museos de ciencia y técnica, etc., y nos entendemos bastante bien, aunque no
solucionemos el problema del todo ante la diversidad que presenta el panorama museístico y
la natural tendencia a la plurisdisciplinariedad de muchos museos. La museología o ciencia de
los museos, preocupada por el rigor científico de su quehacer, ha procurado establecer orden
en la maraña de los museos aportando criterios clasificatorios, aunque sin pretender fijar un
sistema definitivo, ya que una clasificación universalmente aceptada y válida para existir. El
ICOM ha participado en este debate taxonómico y ha establecido su Sistema de Clasificación
de Museos, atendiendo a la naturaleza de las colecciones.
Museos de arte
Museos de pintura
Museos de escultura
Museos de grabado
Museos de artes gráficas
Museos de arqueología
Museos de artes decorativas y aplicadas
Museos de arte religioso
Museos de música
Museos de arte dramático, teatro y danza
Museos históricos
Museos biográficos (de grupo)
Museos de objetos y recuerdos de época.
Museos conmemorativos
Museos biográficos (de un personaje) o casa-museo
Museos de historia de una ciudad. De un barrio
Museos históricos arqueológicos
Museos de la guerra y el ejército o museos militares
Museos de la marina
Museos de agricultura
Estas u otras categorías funcionan como herramientas útiles en muchos casos para trabajar
con los museos. Sin embargo, como apuntábamos, no pueden entenderse como axiomas,
especialmente en nuestros días, cuando los museos tienden a abrirse cada vez más al
mundo; atentos al desarrollo de las ciencias humanas y sociales, a puntos de vista
renovadores del papel del hombre en sociedad y de su forma de intervenir en el medio y, por
ende, a una exigencia de mayor interdisciplinariedad, buscan la integración de saberes y
experiencias y la experimentación con nuevas formas de comunicación. Las barreras se
difuminan de forma gradual. Quizás ha sido el ecologismo el punto de vista que más ha
contribuido a poner de relieve la necesidad de integrar y generalizar. El paradigma ecologista
ha llamado la atención sobre la necesidad de contemplar la evolución del entorno en su
globalidad, con la acción humana como primer elemento transformador. Cultura y
ecosistemas constituirán dos sistemas complejos en continua interacción, separarlos también
museológicamente constituye un error.
A partir de una clasificación más sencilla que la propiciada por el ICOM, se distingue en cinco
grandes campos tradicionales: museos de arte, museos de historia, museos de etnología,
museos de ciencia y técnica, y museos de ciencias naturales. Esta categorización no se
distancia en esencia de la propuesta por el ICOM, pero es más simple y fácil de manejar,
además de enfatizar el punto de vista temporal en algunos casos, contribuye a la integración
de propuestas al suavizar el dictado férreo de la especialización.
Museos de arte. Los más grandes y prestigiosos del mundo son reconocidos como museos
de arte aun cuando mantienen un carácter generalista de acuerdo con su estatus nacional y
su trayectoria histórica. Entre ellos el Louvre de París, o el British Museum de Londres. Otros
como los Uffizi de Florencia, el Prado de Madrid, el Hermitage de San Petersburgo, o la
National Gallery de Londres, fundados originalmente como colecciones privadas de una casa
real, han conservado rasgos de sus primeros tiempos, como su especialización en pintura.
Otros como el Museo de Arte Moderno de Nueva York, se han dedicado al arte del siglo XX.
Todos los países del mundo han pretendido crear algún gran museo nacional de arte que
fuera espejo de los mejor que podía ofrecer el país. Dada la diversidad de museos en el
mundo que se postulan de arte, conviene precisar que es realmente un museo de arte.
Se consideran museos de arte aquellos museos que reúnen colecciones de obra artística,
formadas por objetos cuyo mérito principal reside en los valores estéticos que atesoran, la
mayoría de los museos de arte se originan a partir de un coleccionismo de elite, privado o
publico, que reúne objetos excepcionales, fruto de la actividad artística especifica y dotados
de una alta calidad formal. Las colecciones de arte han sido tradicionalmente divididas en tres
categorías según el tipo de objeto que perseguían.
* bellas artes: que reúne objetos artísticos, fundamentalmente obras de arte de pintura,
escultura y grabado, que deben su existencia a un acto creativo singular. La musica es
ciertamente una de las bellas artes, por lo que la mayoría de los llamados museos de musica
son de historia de la música.
* artes decorativas, que reúne objetos artísticos que han sido creados para ser
directamente útiles, es decir, subordinados determinados fines, sin menoscabar una alta
calidad estética. Ej. Museo Victoria & Alberto de Londres.
* artes populares, objetos creados por la gente corriente de acuerdo a una tradición y no
por artistas. Advirtamos que como consecuencia de su autoría, las colecciones de arte
populares a veces se confunden con las colecciones etnográficas. Aunque también sucede a
menudo que colecciones de objetos artísticos en museos de arte estén formadas mayormente
por objetos obtenidos fruto de actividades arqueológicas.
El museo de arte puede tener diversos cometidos, aparte de conservar un patrimonio para la
posteridad: explicar la historia del arte por fases o etapas, mostrar la trayectoria artística de
una región o país en determinadas etapas de su historia, difundir los méritos de un artista o
escuela, educar el gusto del público, estimular la creatividad de la gente y el aprecio general
ha ia el arte, servir de laboratorio de experiencias artísticas de modo que aparte de conservar
manifestaciones artísticas de modo que aparte de conservar manifestaciones artísticas sea
sobre todo un espacio para la creación. El museo de arte puede aparecer como un lugar
elitista, tanto si conserva las esencias artísticas del pasado como el arte de nuestros días, sin
embargo, raro es el museo de arte que no pretenda acercar estos frutos escogidos de la
inspiración y el genio al gran público y particularmente a los niños y jóvenes.
El alto valor económico alcanzado por el mercado del arte en las últimas décadas, la alta
difusión del prestigio del arte entre las capas medias de la población y el proceso de ritual del
Museos de historia
El interés por el pasado de los pueblos es un fenómeno constata le desde la antigüedad, por
ello puede rastrearse el origen de los museos de historia en la misma antigüedad. En el
Renacimiento fue la época en que se pusieron las bases del mundo de historia moderno con
su culto a los grandes hombres y su fervor por mis logros de la civilización. El siglo XIX
representara la gran eclosión de este tipo de museos al calor del historicismo que los verá
proliferar. El interés por el pasado no ha cesado en el siglo XX, al contrario por la historia, la
formulación histórica o el museo de historia. Sigue llamando a la imaginación de los hombres
y mujeres de hoy.
La gama de los museos de historia es enorme, sobre todo si incluimos los conjuntos históricos
arqueológicos monumentales y los yacimientos asimilables a museos, que la definición que
hemos propuesto de museo de historia.
La idea de los museos etnológicos se remonta al último tercio del siglo XIX en plena era
colonial, cuando Occidente descubre el atractivo del patrimonio de los otros, de las sociedades
primitivas coetáneas, localizadas en regiones lejanas y exóticas. Industrialización y
nacionalismo hacen aumentar el interés por las propias raíces, con la consiguiente
revalorización del interés por los modos de vida tradicionales y sus productos culturales. De
los primeros nacen los museos llamados etnográficos y de los segundos los museos de
folklore o de artes y tradiciones populares.
herramientas didácticas o interpretativas, sino como tema alrededor del cual se construye el
discurso museográfico, lo que da lugar a museos especializados de cine o televisión, no ya
como herramientas didácticas o interpretativas sino como tema alrededor del cual se
construye el discursos museográfico, lo que da lugar a museos especializados de cine o
televisión.
Hacia mediados del siglo XX muy en consonancia con la nueva cultura de la televisión y los
medios audiovisuales, aparece una alternativa muy potente al modelo museístico tradicional
representado por el Deutsches: son los centros de exploración y experimentación científica
llamados a menudo exploratoriums. Estas instituciones tienden a prescindir de las colecciones
para centrarse en la pura divulgación a través de métodos que enfatizan una didáctica lúdica.
Los visitantes experimentan libremente con los principios científicos y juegan con los
instrumentos de la tecnología actual. Lo importante es interactuar, observar, recoger
información, manipular, accionar, tocar, con los objetos expuestos que ya no son bienes
culturales sino objetos mediáticos. Estos centros incorporan generalmente en su oferta un
sofisticado planetarium. Los EEUU concentran hoy día los mayores y más espectaculares
museos y centros de exploración de esta naturaleza en el mundo, a favor de los cuales la
industria punta ejerce un generoso mecenazgo a cambio de publicidad. El Museo de Ciencia
de Barcelona es un émulo ya veterano de estos experimentos en nuestros pagos.
Los gabinetes de curiosidades y las cámaras de las maravillas del Renacimiento tardío y el
Barroco reunían abundantes muestras de naturalia, especímenes naturales para nosotros y
curiosidades de la naturaleza, en verdaderos documentos para la ciencia. Los primeros
museos nacionales enciclopédicos como el Museo Británico, fieles a la idea de la unidad y la
universalidad de los saberes, reunían bajo unos mismos muros colecciones de historia natural
y colecciones de historia humana, pero hacia finales del siglo XVIII las colecciones llamadas
científicas tendieron a ser reinstaladas en museos creados a propósito, los museos de historia
natural, que en lugares como París se asociaron a extensos jardines en los que experimentar
con las plantas. Este fue el proyecto inicial del Prado en Madrid, que debía fundarse como
colección científica junto a los muros del jardín botánico y cerca del observatorio astronómico.
El aumento del tamaño de las colecciones, la necesidad de sistematización de los
conocimientos y los progresos experimentados en el método científico dan lugar en el siglo
XIX a una mayor especialización disciplinar con la consiguiente aparición de museos
especializados en zoología, geología, paleontología, etc. El estudio de colecciones sistemáticas
seguirá siendo por muchos anos una actividad obligada e insustituible para la elaboración de
teorías científicas sobre la naturaleza y la vida.
Hoy día estos museos conservan colecciones de gran valor histórico y científico, aunque a
diferencia de tiempos anteriores estos museos difícilmente pueden seguir siendo hoy punta de
lanza de la investigación científica, que se ha trasladado en parte a universidades,
laboratorios y empresas. Sus actividades de investigación siguen siendo, no obstante,
fundamentales sobre todo en el terreno de la taxonomía y la investigación básica, aunque a
nivel de calle sean apreciados sobre todo por su labor pedagógica y divulgadora. En estos
tiempos su valor social se acrecienta si cabe en el contexto de la necesaria educación
ambiental. Al hilo de esta necesidad han surgido recientemente en muchos países museos de
la naturaleza, de ámbito municipal o regional orientados a la divulgación de los valores
ambientales y científicos de la comunidad.
Las nuevas museologías de los años setenta y siguientes han puesto énfasis en los nuevos
paradigmas teoréticos que han ido consolidándose en los últimos anos. Viendo el rol que han
tenido el ecologismo y las ciencias ambientales, y la contribución de la antropología, la
filosofía de la ciencia, diferentes teorías como el funcionalismo y la teoría de los sistemas y
formas de pensar y sentir distintas incluyendo al feminismo.
Los criterios de las nuevas museologías convergen en los años ochenta en la nueva
museología como corriente organizada. Heredera del desencanto y la radicalidad de los años
setenta, se erige en la conciencia crítica de los museos. Está influenciada por la antropología,
plantea una nueva definición de museo más compleja, más integral y con pretensiones
totalizadoras, aunque por ello más confusa, contribuyendo decisivamente a que hoy en día se
hable más de patrimonio en general que de museos en particular. Su pretensión integradora
lleva a considerar como patrimonio todo lo que interviene en el desarrollo cultural del
individuo y las sociedades, derramándose la acción de unos museos más abiertos que nunca
por todo el territorio. Su afán social supone que la museología pugne por reintegrar el
patrimonio a sus legítimos propietarios, eso es, las comunidades locales, para que de esa
forma el museo devenga un elemento social y políticamente útil, cuya función identidaria no
se corrompa y malogre. Además, la nueva museología critica con la antropología la forma
tradicional de apropiación y uso del patrimonio por parte de los museos, responsables de
marcados sesgos etnocéntricos y androcéntricos. Así, propone tres cambios fundamentales en
Las realizaciones prácticas directas de la nueva museología son muy limitadas, habida cuenta
de su carga crítica y su intención utópica; en cualquier caso su más preclaro vástago ha sido
el desarrollo del concepto ecomuseo, fórmula y aspiración de gran entidad y complejidad,
que como hemos visto sólo ha podido dar unos contados frutos. En los años noventa los
ecomuseos han ido confundiéndose con otras propuestas parecidas pero de mera marca para
avalar un producto que muchas veces poco tiene que ver con la idea inicial de ecomuseo.
El eco más cercano de las convulsiones que han afectado la museología contemporánea se
deja oír los llamados museos de civilización o sociedad, desde principios de los años
noventa.
Los museos de sociedad son unos museos que prefieren ser identificados como centros
patrimoniales, y que colocan al individuo o la comunidad como referencia y no a una
determinada disciplina o colección. Su carta de identidad son las exposiciones temporales que
tienden a abordar problemas actuales y mostrar sin tapujos las tensiones sociales vigentes.
Distintos museos aparecidos en los últimos años en el mundo han tendido a ajustarse a este
modelo.
La museología y las ciencias del patrimonio de los últimos tiempos han ido incorporando a su
acervo una serie de ideas que a menudo funcionan como verdaderos paradigmas,
fundamentalmente:
3. PATRIMONIO Y SOCIEDAD
Una de las funciones básicas de las instituciones patrimoniales es dar a conocer al público los
bienes patrimoniales que custodian, hacerlos accesibles a todo el mundo. Pero difundir no es
solo comunicar la información inherente a un objeto o lugar, es estimular, hacer reflexionar,
provocar y comprometer. Para ello disponemos de la herramienta de la interpretación. Las
estrategias de difusión del patrimonio se definen a partir de un proceso de investigación en el
que se parte de los elementos y conjuntos patrimoniales existentes –el patrimonio
arquitectónico, los equipamientos museográficos, los testimonios del pasado, el entorno
natural- junto con otros elementos de la identidad local tales como las fiestas, el folklore y la
gastronomía. Pero como veremos también, la interpretación no es factible si no es dentro de
un proyecto global de comunicación.
Accesibilidad física.
Reforma de los edificios para facilitar tanto la visita pública como el movimiento de las
colecciones para su estudio y conservación.
Eliminación de barreras físicas. Ampliación de salas de exposiciones permanentes.
Ampliación de las salas de reserva y creación de espacios centralizados.
Dotación de servicios inexistentes y mejora de los existentes
Racionalización de accesos y recorridos
La inclusión de los museos en los programas educativos parece una aspiración logística a la
hora de completar la infraestructura educativa de nuestro país. Y para ello se precisa el
desarrollo de las áreas de difusión y la inserción del Museo en los planes de estudio
relacionados con todos los niveles de la enseñanza, implicación en los cursos de postgrado
Habida cuenta de que la mayoría de las colecciones de los museos está en manos de las
administraciones públicas, significa que ese patrimonio histórico es propiedad de todos los
ciudadanos, independientemente de la titularidad, concepto que se ha interpretado en
ocasiones como un campo para la disputa y no como un terreno para la confluencia de
responsabilidades. En este sentido, es urgente confeccionar y promulgar las nuevas normas
de inventario, catalogación y acceso a las colecciones, y que también converjan en el terreno
del inventario, para obtener una visión precisa de ese patrimonio que a todos nos pertenece y
cuyos garantes, en la gran mayoría de los casos, son los museos.
Este conocimiento cuantitativo y cualitativo del patrimonio permitiría igualmente establecer
las oportunas prioridades en materia de conservación y restauración. Es verdad que se ha
llevado a cabo una labor ingente en los últimos años, pero también lo es que el nivel de
exigencia de nuestra sociedad hacia el estado en que se encuentra el patrimonio histórico
sigue una curva ascendente que nos obliga a estar en guardia permanente.
garantizar unos estándares mínimos. Esas redes o sistemas no pueden convertirse en la letra
mojada de los ya establecidos, que se solapan en el papel que no actúan, sino que deben
convertirse en auténticos órganos de gestión museísticos. También en esta línea es preciso
desarrollar al máximo las potencialidades de los muesos, de modo que podamos convertirlos
en elementos generadores de actividad cultural en la propia sociedad adecuado sus
actividades a la demanda existente.
Accesibilidad laboral
4. Museos
Descargar
El mundo del museo (Descargar desde el aula)
Unidad 3 B
DEFINICIONES
1. INVENTARIO
2. CATALOGACIÓN
El término Catálogo, utilizado desde el siglo XIII, deriva del griego, que significa enumerar
o enlistar.
No existe pues, desde el punto de vista histórico y lexicográfico una diferencia clara y precisa
entre los dos términos.
REGISTRO
Relatorio preliminar sobre los criterios y los métodos de clasificación del patrimonio artístico y
arqueológico de Europa.
1. Identificación
2. Protección
3. Conservación
4. Rehabilitación
ITALIA. Decreto Ley 657 de 1974. Creación del Ministerio para los Bienes
Culturales y para el Ambiente.
ESPAÑA. Ley 23 de 1982 del Patrimonio Nacional (modif. Por Ley 21 de 1986)
establece la formación de inventarios del PH Español, reglamentada por Real Decreto
de 1987, referida sólo a cierto tipo de monumentos del Estado español.
Ley 16 de 1985, del Patrimonio Histórico Español. Los bienes más relevantes deberán
ser inventariados o declarados de interés cultural.
LATINOAMÉRICA
Desde su creación, prácticamente la totalidad de las disposiciones legales que crean los
organismos dedicados a la protección de monumentos en Latinoamérica, contemplaron
y hasta obligaron a estas instituciones a las tareas de registro y catalogación del
patrimonio:
Perú: 1929, Ley 6634, establece el Inventario General de los Inmuebles y
objetos arqueológicos, así como obliga el registro de anticuarios y coleccionistas
particulares.
1939. Ley 8853. Se crea el Consejo Nacional de Conservación y
Restauración de Monumentos Históricos, y establece entre sus misiones
hacer un inventario general de bienes de bienes artísticos o históricos.
Bolivia: Instituto Boliviano de Cultura, organismo estatal encargado de
promover la cultura en todas su manifestaciones, tiene entre sus funciones
Recién en los años recientes, luego de un proceso lento, que intenta seguir los
pasos de países que reconocen hasta ambientes como objetos legítimos de
inventario y protección, esta valoración ha ido modificándose.
Aun así, se percibe que, los inventarios sistemáticos de bienes inmuebles han
sufrido desde los ´70 una saludable adaptación al medio americano, esto es, a
nuestros tiempos, escalas geográficas, temáticas y criterios, escasez crónica de
recursos y discontinuidades.
Cada vez son menos los inventarios como crónica de una muerte anunciada
El término inventario es usado a partir del siglo XVI y significa el: Asiento de bienes y
demás cosas pertenecientes a una persona o comunidad, hecho con orden y distinción.
Implica la idea de encontrar o descubrir. A partir del siglo XIX el uso legal ha dado al término
INVENTARIO, el carácter de totalidad en cuanto al asiento de bienes, y el uso comercial
administrativo ha añadido la definición precisa de valor económico.
Catálogo: desde el siglo XIII, deriva del griego que significa enumerar o enlistar. La lista.
memoria o inventario, cosas o sucesos puestos en orden. Ni en la teoría ni en la práctica ha
implicado el carácter de totalidad.
A partir del siglo XIX y específicamente en área de monumentos, catálogo ha venido a ser la
yuxtaposición de pequeñas monografías descriptas de casos notables o excepcionales.
No hay pues desde el punto de vista histórico y lexicográfico una diferencia clara y precisa
entre los dos términos. Sin embargo la teoría contemporánea de la Administración, ha
preferido el término Inventario, al que define como : la determinación de las dimensiones de
un recurso que tiene valor”.
ficha de inventario: debe contener en forma esquemática pero completa los datos
necesarios para individualizar, conocer y localizar el bien que se está inventariando.
La ficha se divide en dos partes: una fundamental (anverso), otra complementaria (reverso).
La cara anterior comprende la denominación, la ubicación y la descripción sumaria del bien,
además de los datos relativos a la época a que pertenece y el grado de protección respectivo.
En esta cara de la ficha se incluye también la documentación gráfica y fotográfica y las
observaciones generales que sean necesarias para completar la información de base. La cara
posterior de la ficha se encuentra subdividida en cuatro áreas y corresponde a la información
de datos tipológicos, cronológicos técnicos y legales. Esta ficha se encuentra complementada
por otra donde se incluye la documentación gráfica y fotográfica adicional, con el objeto de
lograr una mayor claridad en la información compilada.
Conceptos:
Registro Un texto escrito o impreso o en otro medio permanente que busca perpetuar con
conocimiento de objetos o hechos.
Padrón nómina o lista que se hace para identificar por sus nombres los bienes o personas
poseedoras de los mismos. No registra mayores datos individuales, sobre los bienes, sino
como totalidad. Es un primer registro.
Bien cultural todo documento material que puede ser materia de conocimiento o sensibilidad
de parte del hombre, incluso este mismo, con propósito de estudio de investigación. Los
bienes culturales pueden ser muebles e inmuebles. Objeto que testifica la acción humana.
Puede ser desde un simple cacharro hasta una pintura, y desde un basural prehistórico hasta
un complejo arquitectónico; incluye el documento audiovisual.
Objeto cultural producto de la actividad creadora del hombre. Incluye lo que se denomina
obra u objeto artístico, que es generalmente una calificación subjetiva.
ignorancia de la cantidad y calidad de los bienes objetos que poseen las naciones;
falta de coordinación dentro de los medios de tecnología y sistemas de inventario
abandono y deterioro de los bienes por la metodología y sistemas dentro del inventario.
Descargar
Metodología y Técnica del fichaje (Descargar desde el aula)
Ante las amenazas que sufre el patrimonio, tanto de origen antrópico como por desastres
naturales, el inventario de protección debe convertirse en un instrumento legal y técnico
de protección de inmuebles.
a. Obtener lo más pronto posible una imagen comprensiva de todos los bienes del país
con algún valor cultural.
b. Servir, a largo plazo, como un reservorio oficial de toda la información relacionada con
el patrimonio cultural inmueble del país.
2. Asignar prioridades según el grado de urgencia que requiera o según la importancia, a fin
de realizar intervenciones para mantener sus valores o mediante las declaratorias de
Monumentos o Interés en distintas escalas (nacional, provincial o municipal) orientando a los
organismos gubernamentales en sus planes y concreciones.
4. Promover
4.3. la participación de sectores comunales identificados con sus bienes culturales, en todos
los niveles de la sociedad.
5. Legislar
6. Permitir
Dentro del campo especializado, la distinción en las obras de elementos posibles de ser
modificados y dentro de que grado de intervención de modo tal que no comprometan su
pérdida de valores esenciales ni su deterioro físico para su preservación, restauración y
refuncionalización.
La existencia de un inventario sistemático de b.c. permite que los aspectos culturales sean
contemplados en la planificación territorial y urbana, realizada por organismos no siempre
sensibles a estas cuestiones.
No es sin razón que muchos de los inventarios en Brasil contaron con el apoyo financiero de
la Secretaría de Planificación de la Nación.
Desde la exposición de los resultados del inventario ante la comunidad, hasta publicaciones,
exposiciones, eventos y página Web.
Por ejemplo, los ejemplares del inventario de Bahía fueron distribuidos gratuitamente en
bibliotecas, universidades, escuelas, etc.
Más eco tienen las campañas auspiciadas por periódicos contra la demolición de edificios
incluidos en el inventario, y en algunos casos los propietarios han desistido la demolición por
presión de la opinión pública, en otros casos, se ha logrado su clasificación rápidamente, por
la misma razón.
En Bahía, por ejemplo, se enviaba a cada uno de los propietarios de edificios inventariados
una separata conteniendo la ficha de su inmueble y un oficio en donde nos ofrecemos para
asesorarlos en las modificaciones que desean o en la obtención de financiación para la
restauración del edificio.
Se hacía lo mismo con el alcalde y con el cura local. Recibían muchas correspondencias de
estas personas, pidiendo aclaración sobre qué significa la clasificación, cuales son sus
derechos, cómo obtener ayuda para conservar su casa, cómo instalar un baño o pidiendo otra
copia de la separata para enviar a un pariente que vive en otra ciudad.
Un inventario del patrimonio cultural debe ser dinámico, periódicamente actualizado. Una
ciudad crece, un inmueble se recupera o se deteriora. Para que los datos sean confiables es
necesario que sean actuales.
4. Subproductos.
Otra forma más activa de explotar esta información son los subproductos derivados de la
Catalogación, a partir de la información obtenida. En el caso de Bahía, por ejemplo, se utilizó
para:
Como se ve, algunos inventarios tienden a ser de carácter más simple, con la meta a la
vista de distribuir información a un gran grupo de personas. Otros tienden a ser más
técnicos, dirigidos principalmente a especialistas en conservación o pretenden ser
utilizados mayormente a niveles burocráticos y de planificación.
Pero, aún el manual técnico de inventario más explícito y extenso tiene poco
valor sin un componente vital: un interés genuino y un compromiso sincero de parte
de todas las personas y entidades involucradas. Sin esto, el sistema más perfecto
elaborado en papel está destinado a fallar.
Por otra parte, cuando existe genuina dedicación a un propósito es mucho lo que se
puede lograr aún cuando los medios son limitados y las circunstancias adversas.
Descargar
Política integral de inventario (Descargar desde el aula)
Descargar
Pasos básicos de un inventario (Descargar desde el aula)
Descargar
Registro Inventario Recursos Turísticos (Descargar desde el aula)
Descargar
Técnicas De Pre-Relevamiento Para La Preservacion Y Rehabilitacion De
Areas Urbanas (Descargar desde el aula)
Descargar
Instructivo para el llenado de fichas (Descargar desde el aula)
Diseñar una ficha de relevamiento correspondiente a un bien cultural, sea este mueble o
inmueble, determinando campos o ítems. Desarrollar un ejemplo concreto del territorio o
ciudad de cada alumno.
Unidad 3 C
Valoración patrimonial:
Los valores históricos se relacionan con la trayectoria de cada bien, desde su origen hasta el
presente, y su proyección en la vida de la comunidad a través de los años.
anécdota histórica.
relación con el desarrollo de la comunidad.
valor simbólico.
referencias al autor del proyecto y al comitente, etc.
Valoración estético-arquitectónica
Se tienen en cuenta características o aspectos de la obra en sí misma, en especial los de
estilo, calidad de diseño, características funcionales, constructivas y tipológicas.
Interés artístico-arquitectónico.
tipologías (prototipo-arquetipo)
singularidad.
formales: morfología, ornamentación.
funcionales.
tecnológico-constructivas.
Valoración paisajístico-ambiental
Son los referidos a su relación con el entorno. Se tendrá en cuenta si existe armonía o
ruptura con el entorno urbano circundante; si hay equipamiento urbano e infraestructura que
perjudica la imagen exterior del inmueble; retiros de edificación, vegetación; y el valor visual
resultante del tipo de emplazamiento.
VH1. Edificios o sitios que por sus cualidades intrínsecas constituyen ejemplos sobresalientes
en relación con su estilo y época y con su ambiente local o regional.
VH2. Engloba a aquellos que no constituyen ejemplos sobresalientes por sus cualidades
intrínsecas y son sin embargo importantes porque aparecen como único testimonio en
relación con su estilo y con su época o con su ámbito local o regional.
VH3. incluye edificios o sitios que por sus cualidades intrínsecas son ejemplos importantes en
relación con su estilo y época y con su ámbito local o regional. Obras menores de creadores
sobresalientes.
Grado de autenticidad
Corresponde identificar el estado del bien en relación a su originalidad, ésta podrá ser
evaluada por su diseño, tipología, materiales, técnicas constructivas e intervenciones.
Grado de singularidad
Ambiente
Se relaciona bien con el lugar y otros edificios existentes en el área?
Contribuye positivamente, por su escala o efecto estético, al carácter del
vecindario?
Su escenario local es apropiado (follaje, jardines, verja, etc.)?
Guarda el vecindario el carácter apropiado para la obra?
La obra o grupo de obras es visible o accesible al público?
Niveles de protección
Se trata de establecer tipos indicativos, correspondiendo los más restrictivos a los edificios
con mayores atributos históricos, arquitectónicos, paisajísticos y económicos, teniendo en
cuenta el principio: a mayor valoración, mayor protección.
Protección Alta
Comprende aquellas edificaciones que merecen ser conservadas sin alterar ninguna de sus
partes o características esenciales tanto exteriores como interiores.
Protección Media
Protección Baja
Este tipo de protección comprende obras de escaso valor intrínseco que en su mayoría han
sufrido intervenciones, y de las que sólo interesa conservar parcialmente algunos de sus
rasgos característicos, correspondiente a la catalogación como protección cautelar.
Tipos de protección
c/ protección de referencia que interese como relación con un perímetro, pudiendo ser
demolido y reconstruido otro con control.
d/ protección de referencia, que interese como relación cuya demolición sea auspiuciosa sin
reconstrucción, en función de visuales de interés.
Grados De Adaptabilidad
Valoración económica
Además de las valoraciones económicas tradicionales se considerarán las relacionadas con sus
características constructivas y su emplazamiento.
Nivel de deterioro
Deterioro alto
Deterioro medio
Deterioro bajo
Inmuebles sobre los que deben practicarse intervenciones de escasa magnitud, y que
generalmente se dirigen a solucionar deterioros puntuales y superficiales.
Grado de riesgo
Refiere al grado de peligro ante alteraciones o modificaciones a que puede ser expuesto el
bien, así como su estado de conservación, falta de protección legal, estado de dominio.
Puede ser:
inexistente
débil
medio
fuerte
Consignar la predisposición por parte del municipio, la provincia, las instituciones culturales y
educativas: la existencia de material de difusión, información, guías que acompañen al
visitante. Si existen conmemoraciones que pongan al bien como marco.
Valores culturales
El objetivo de las clasificaciones dadas a continuación, es identificar los varios tipos de valores
que se discuten usualmente, y entender su relación con el bien, el sitio y su contexto. Están
tomadas del “Manual para el manejo de los sitios culturales del Patrimonio Mundial” de
Bernard M. Fielden y Jukka Jokilehto, Iccrom, UNESCO, ICOMOS, 1993.
Este grupo de valores está relacionado con los lazos emocionales de la sociedad hacia objetos
y sitios específicos. Pueden incluir las siguientes características: edad, tradición, continuidad,
conmemoración, leyenda: o bien vínculos sentimentales, espirituales o religiosos. Pueden
también ser simbólicos, patrióticos o nacionalistas.
Estos valores pueden fortalecer el tratamiento del bien, sin embargo pueden algunas veces
ocasionar una sobre-restauración. A su vez, la carencia de esta identidad puede llevar al
abandono y la destrucción. Estos valores pueden ser promovidos a través de la educación y
el entrenamiento.
los elementos sobresalientes que conciernen al bien en relación con su propio tiempo, con
otros períodos, y con el presente.. Estos proporcionan una base para la clasificación y el
registro, así como una estrategia para el tratamiento.
Esta clase de valores relacionan al bien con otras construcciones del mismo tipo, estilo,
constructor, período, región, o combinación de éstos; definen la originalidad delbien, su
representatividad o singularidad.
Valores socioeconómicos
Valor económico
Puesto que la economía fomenta la distribución óptima de los recursos para adecuarlos a una
amplia gama de necesidades, el valor económico puede no restringirse a un valor financiero.
En términos de patrimonio cultural, el valor económico puede entenderse como un valor
generado por el bien cultural o por la acción de conservación.
Los valores económicos tiene cuatro posibles fuentes de ingreso: el turismo, el comercio, el
uso o las atracciones en el sitio. El manejo de cualquiera de estas fuentes puede llevar a un
desarrollo indeseable, o incluso a la destrucción del bien cultural. Este sucede generalmente
cuando, el valor de las utilidades se mide erróneamente, en vez de usar un adecuado enfoque
colectivo de costo-beneficio.
Valor funcional
Valor educativo
Valor social
El valor social de un bien de patrimonio se relaciona con las actividades sociales tradicionales
y con el uso compatible actual. Incluye la interacción social actual con la comunidad, y juega
un papel en el establecimiento de la identidad social y cultural.
Los valores sociales pueden generar la preocupación por el entorno local, y ello acarrea el
mantenimeinto y reparación de las obras de un bien cultural. Una carencia de esta
coherencia y apreciación social pueden afectar la posibilidad de una conservación. Dichos
intereses de origen popular han sido los creadores de los movimientos de acción cívica.
Valor político
El valor político generalmente está relacionado con eventos específicos de la historia del bien
cultural, asociados a su vez con la región o el país. La relevancia actual del bien puede estar
influenciada por esos eventos en tanto que coincidan con las intenciones de las prioridades
vigentes.
Analizaremos esta temática de la Cultura, Patrimonio y Arquitectura, desde una mirada del
hecho cotidiano. Para alcanzar una lógica valorización del patrimonio construido, debemos
referenciar que como tal me refiero no solamente a los edificios sino también a las plazas,
monumentos escultóricos, vegetación, etc., en tanto sean testimonios de vida y
circunstancias.
Por un lado se encuentran quienes sostienen que sólo pueden preservarse determinados
ejemplos aislados de acuerdo con su importancia histórica; así lo enfocó hasta 1983 la
Comisión Nacional de Museos, de Monumentos y Lugares Históricos. A partir de esa fecha, un
nuevo criterio valorizó los conjuntos y el entorno, así como los testimonios industriales.
“Hay en toda ciudad y en su arquitectura instancias y situaciones que con mayor fuerza
definen algunos aspectos de la identidad de una sociedad o de una cultura… Hay en la misma
ciudad tantísimos otros casos que en menor medida hacen su aporte a esa definición de una
imagen identificatoria, pero que oportunamente acompañan a las otras, constituyendo el
marco y entorno necesario. Cada una de dichas situaciones tienen su propia identidad, tiene
rasgos que definen su esencia; su desconocimiento significa alteración no sólo para el lugar
que se interviene, sino para la ciudad toda”, dice el arquitecto Horacio Gnemmi, Puntos de
Vista, sobre la conservación del patrimonio arquitectónico y urbano. Ediciones
Eudecor, Córdoba, 1997.
encuentros en los que se discute sobre tópico, lo cual es alentador. Tendríamos que
preguntarnos si el patrimonio se ha convertido en un tema de moda; si así fuera, esta no
sería feliz, ya que ella es efímera y, por otra parte, la antesala de lo pasado de moda.
La correcta intervención en los edificios con validez patrimonial no debe cifrarse solamente en
aquellos ejemplos de gran importancia y despliegue ornamental; los testimonios más sencillos
y aun los más modestos son igualmente dignos de un cuidadoso tratamiento. Unos y otros
son testigos de la memoria ciudadana, y como tal respetables por ser el resultado de
diferentes necesidades socioculturales.
Descargar
La valoración de nuestros monumentos (Descargar desde el aula)
Arq. Jorge D. Tartarini
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Las Trazas De Ciudades Históricas Iberoamericanas Y Su Valor
Testimonial. Algunos Casos De La Argentina Hispánica (Descargar
desde el aula)
Alberto S. J. de Paula (Argentina)
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LOS VALORES Y SIGNIFICADOS DEL PATRIMONIO VERNACULO EN
TIERRA
Su relación con la conservación y con la construcción de nuevas
obras en la región
de Cuyo - Argentina (Descargar desde el aula)
Silvia A. Cirvini* - José A. Gómez Voltan
Objetivo general
Objetivos específicos
Objetivo general
Conocer de manera real, sistemática y ordenada los recursos turísticos del país, a fin de que
sirva de base para el desarrollo de políticas y planes sectoriales.
Objetivos específicos
Esquema Metodológico
Fase I: ordenar y clasificar los lugares, objetos, acontecimientos y otros de interés turístico
de los recursos turísticos del país, región o área determinada. Proceso que se refiere a la
recopilación de información, ordenamiento y clasificación de los datos.
Fase II: evaluación y jerarquización de los recursos turísticos, que comprende el proceso de
ponderación de los recursos, con el fin de determinar su grado de importancia.
Procedimiento
El procedimiento a seguir consistirá en desarrollar las etapas de cada una de las fases antes
indicadas.
Fase I. la metodología a utilizar, corresponde a un sistema de fichas con los datos de cada
recurso turístico. La fase I se realizara en 5 etapas.
Primera etapa
Segunda etapa
Tercera etapa
1. Nombre
2. Ubicación geográfica en la que se encuentra cada recurso turístico.
3. Categoría, tipo y subtipo
4. Descripción
5. Particularidades (no todos los recursos cuentan con características singulares que lo
hacen único en su género, otorgándole gran importancia)
6. Estado actual
7. Tipo de visitantes
8. Tipos de medios de acceso (todos los que hacen posible llegar al recurso), y
distancia/tiempo (desde la capital de provincia)
9. Tipo de ingreso al recurso
10. Época propicia de visita al recurso turístico (considerar la mejor temporada para ser
visitado)
Cuarta etapa
Unidad 3 D
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El Patrimonio Urbano del Siglo XXI (Descargar desde el aula)
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Enfoque teórico y conceptual para el estudio de las urbanizaciones
cerradas (Descargar desde el aula)
Matilde Malizia**
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Ciudades Latinoamericanas (Descargar desde el aula)
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Centros Históricos y Cultura Urbana en América Latina (Descargar
desde el aula)
Descargar
Seminario Internacional de Ciudades Históricas del Área
Iberoamericana (CIHIB). Toledo (España) 16 a 20 de junio de 2001
(Descargar desde el aula)
Descargar
Centros históricos y turismo en América Latina (Descargar desde el
aula)
Descargar
Los retos de la conservación del patrimonio edificado en el siglo XXI
(Descargar desde el aula)
Unidad 3 E
El acceso de los turistas a los recursos patrimoniales se tiene que basar en la adecuada
gestión del flujo de los visitantes, los horarios y las condiciones de accesibilidad.
La sobrecarga turística tiene una incidencia importante en centros históricos, museos estrella,
monumentos destacados o lugares de celebración de eventos destacados (festivales,
exposiciones…) por lo que se vuelve necesario recurrir a la investigación sobre la capacidad
de carga y en especial, sobre la gestión de la sobrecarga de los productos patrimoniales.
La problemática de las cargas turísticas se plantean aquí a dos niveles: uno de tipo técnico de
planificación de flojos de afluencia sobre los lugares más concurridos, con medidas más o
menos sofisticadas de escalonamiento, de restricción o de disuasión, de selección de criterios,
todos ellos discutibles; otro más político, que consiste en el arbitraje de distintas funciones
que pueden resultar incompatibles en un mismo lugar.
Debemos considerar que la cualificación de las visitas exige tanto como la adopción de
medidas de protección del patrimonio como de regulación del turismo, a fin de crear unas
condiciones de percepción adecuadas que permitan el disfrute de la arquitectura y el “lugar” y
la aprehensión de sus valores.
Y respecto al visitante:
A fin de lograr un equilibrio entre capacidad física y capacidad de acogida del monumento y
garantizar unos niveles aceptables de uso, ha adoptado las siguientes medidas de control de
capacidades de carga y regulación de flujos turísticos:
Este sistema ha permitido una mejor distribución de visitantes a lo largo del año y la
consecución de un mayor equilibrio entre la capacidad física y la capacidad de acogida del
monumento al superarse los problemas de insuficiencia espacial que planteaba la visita a
estos espacios.
Debemos establecer que es necesaria una buena coordinación entre las autoridades culturales
y turísticas y los dueños administrativos, eclesiásticos, civiles del patrimonio. La finalidad es
mejorar la propia accesibilidad, entre los criterios adaptando los horarios y estableciendo
sistemas de señalización y comunicación turística de monumentos, rutas, itinerarios y
circuitos.
Descargar
¿Cómo hacer visible una vivienda? (Descargar desde el aula)
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LA INTERPRETACIÓN DEL PATRIMONIO NATURAL Y CULTURAL:
TODO UN CAMINO POR RECORRER (Descargar desde el aula)
Junta de Andalucía. Instituto Andaluz de Patrimonio Histórico
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LA INTERPRETACIÓN DEL PATRIMONIO (Descargar desde el aula)
Descargar
LA INTERPRETACIÓN: UN MÉTODO DINÁMICO PARA PROMOVER EL
USO
SOCIAL DEL PATRIMONIO CULTURAL Y NATURAL. (Descargar desde el
aula)
J. Padro
6. EL PATRIMONIO Y EL TURISMO
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El Patrimonio y el Turismo (Descargar desde el aula)
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El rol del turismo en la conservación del patrimonio (Descargar desde
el aula)
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Patrimonio como identidad de marca (Descargar desde el aula)
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La cooperación en la gestión del patrimonio para uso turístico
(Descargar desde el aula)
10. Patrimonio
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Patrimonio (Descargar desde el aula)
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LAS AYUDAS DE COOPERACIÓN CULTURAL DE LA UNIÓN EUROPEA
(Descargar desde el aula)
Clase 12.
Clase 13.
Explicitar a través de ejemplos del rol del turismo en la conservación del patrimonio
cultural y natural. Tendencias y desafíos.
A partir de ejemplos de su región determinar que es un recurso turístico patrimonial,
un producto turístico cultural. Determinar capacidades
Definir los diversos pasos que comprenden en la gestión de puesta en valor del
patrimonio como recurso turístico. Explicitar a través de ejemplos.