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Valoracion Del Patrimonio

El documento aborda el concepto de cultura desde diversas perspectivas, destacando su evolución histórica y su relevancia en la antropología contemporánea. Se define cultura como un conjunto de prácticas humanas que incluyen aspectos económicos, políticos, artísticos y sociales, enfatizando su naturaleza colectiva y en constante cambio. Además, se exploran las relaciones entre cultura e identidad, así como el proceso de socialización que permite la transmisión de valores y significados a lo largo de las generaciones.

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Valoracion Del Patrimonio

El documento aborda el concepto de cultura desde diversas perspectivas, destacando su evolución histórica y su relevancia en la antropología contemporánea. Se define cultura como un conjunto de prácticas humanas que incluyen aspectos económicos, políticos, artísticos y sociales, enfatizando su naturaleza colectiva y en constante cambio. Además, se exploran las relaciones entre cultura e identidad, así como el proceso de socialización que permite la transmisión de valores y significados a lo largo de las generaciones.

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Valoración y protección del patrimonio monumental y natural

Unidad 1 - Marco Teórico Conceptual

Unidad 1 A

Cultura. Conceptos

Cultura (en latín: cultura, 'cultivo') 1 es un término que tiene significados


interrelacionados.

Dos conceptos diferentes:

Se conoce como “alta cultura”. Excelencia en el gusto por las bellas artes y las humanidades,
Los conjuntos de saberes, creencias y pautas de conducta de un grupo social, incluyendo los
medios materiales (tecnologías) que usan sus miembros para comunicarse entre sí y resolver sus
necesidades de todo tipo.

Surgió en Europa, entre los siglo XVIII y XIX, se refería a un proceso de cultivación o
mejora, como en la agricultura u horticultura. En el siglo XIX, pasó primero a referirse al
mejoramiento o refinamiento de lo individual, especialmente a través de la educación, y
luego al logro de las aspiraciones o ideales nacionales. A mediados del siglo XIX, algunos
científicos utilizaron el término "cultura" para referirse a la capacidad humana universal.

En el siglo XX, la "cultura" surgió como un concepto central de la antropología, abarcando todos los
fenómenos humanos.

Específicamente, el término "cultura" en la antropología americana tiene dos significados:

la evolucionada capacidad humana de clasificar y representar las experiencias con símbolos y


actuar de forma imaginativa y creativa; y
las distintas maneras en que la gente vive en diferentes partes del mundo, clasificando y
representando sus experiencias y actuando creativamente. Después de la Segunda Guerra

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Mundial, el término se volvió importante, aunque con diferentes significados, en otras disciplinas
como estudios culturales, psicología organizacional, sociología de la cultura y estudios
gerenciales.

¿Qué es CULTURA?

El uso de la palabra CULTURA fue variando a lo largo de los siglos. En el latín hablado en Roma
significaba inicialmente "cultivo de la tierra", y luego, por extensión metafóricamente, "cultivo de las
especies Humanas". Alternaba con civilización, que también deriva del latín1 y se usaba como opuesto a
salvajismo, barbarie o al menos rusticidad. Civilizado era el hombre educado.

Desde el siglo XVIII, el romanticismo impuso una diferencia entre civilización y cultura. El primer
término se reservaba para nombrar el desarrollo económico y tecnológico, lo material; el segundo para
referirse a lo "espiritual", es decir, el "cultivo" de las facultades intelectuales. En el uso de la palabra
"Cultura" cabía, entonces, todo lo que tuviera que ver con la filosofía, la ciencia, el arte, la religión, etc.
Además, se entendía la cualidad de "culto" no tanto como un rasgo social sino como individual. Por eso
podía hablarse de, por ejemplo, un hombre "culto" o "inculto" según hubiera desarrollado sus
condiciones intelectuales y artísticas. Esto es hoy muy frecuente.

Las nuevas corrientes teóricas de sociología y la antropología contemporáneas


redefinieron este término, contradiciendo la conceptualización Romántica. Se entiende
CULTURA en un sentido social. Cuando se dice "CULTURA China", "CULTURA Maya" se
está haciendo uso muy distinto de aquel, se refiere a los diversos aspectos de la vida
en esas sociedades. En general, hoy se piensa a la CULTURA como el conjunto total
de los actos humanos en una comunidad dada, ya sean éstos prácticas económicas,
artísticas, científicas o cualesquiera otras. Toda práctica humana que supere la
naturaleza biológica es una práctica cultural.

Este sentido de la palabra CULTURA implica una concepción mucho más respetuosa de los
seres humanos.

impide la discriminación entre "hombres cultos" y "hombres incultos" que el término podía tener
desde el romanticismo; Se hablará de diferencias culturales, en todo caso.
evita la discriminación de pueblos que, como los nativos de América, fueron vistos por los
europeos como "salvajes" por el solo hecho de tener "cultura" distinta.

Resumiendo, este uso actual del término CULTURA designa, como se dijo arriba, el
conjunto total de las prácticas humanas, de modo que incluye las prácticas:
económicas, políticas, científicas, jurídicas. Religiosas, discursivas, comunicativas,
sociales en general. Algunos autores prefieren restringirse el uso de la palabra
CULTURA a los significados y valores que los hombres de una sociedad atribuyen a
sus prácticas.

Hay que señalar que cuando se estudian los hechos sociales, por ejemplo la economía o el Arte, se
toman esos aspectos en forma parcial auque en la realidad están estrechamente relacionados. Esto
ocurre por la imposibilidad del pensamiento humano abarcarlo en su compleja red de interrelaciones. No
está de más insistir en que no hay práctica social que esté desvinculada de las restantes, formando un
todo complejo y heterogéneo de recíprocas influencias. Así, no puede explicarse cabalmente la historia

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del arte, si no se hace referencia a la historia económica, a la política, a las costumbres, la moral, las
creencias, etc., de la época. En las ciencias sociales, el sentido de la palabra cultura es más amplio la
cultura abarca el conjunto de las producciones materiales –objetos- y no materiales de una sociedad -
significados, regularidades normativas creencias y valores.

Empleos de la Palabra Cultura.

En la vida cotidiana se utiliza algunas nociones de cultura, a las que se las pueden considerar como
prejuicios que la sociedad posee.

Estos son:

Un estado desarrollado de la mente. (Utilizamos este significado para decir que una persona sabe
mucho o que conoce de arte o que se relaciona con alguna de estas actividades). (resultado)
Los procesos por los cuales se alcanza ese desarrollo o estado, ("Los intereses Culturales"; "las
actividades Culturales") (camino; proceso)
Los productos a través de los cuales se alcanza dicho desarrollo (básicamente, los considerados
productos culturales, como los cuadros las obras musicales y las obras literarias).(medios que
ayudan al camino)

AMPLIACIÓN CONCEPTUAL

Con el aporte de la antropología, la cultura debe incluir: bienes materiales, bienes simbólicos,
instituciones, costumbres, hábitos, leyes y poder. Toda sociedad tiene cultura, y toda cultura es puesta
en práctica, por las personas que se interrelacionan.

La cultura no es algo que se tiene, sino que es una producción colectiva y esa
producción es un universo de significados, ese universo de significado está en
constante modificaciones. No puede ser vista como algo apropiable. Es una producción
colectiva de un universo de significados que son trasmitidos a través de las
generaciones.

Socialización

La socialización es el mecanismo Socio -Cultural básico por el cual un conjunto social


asegura su continuidad. Cumplen la fusión de trasmitir los valores y las creencias de
su mundo socio-cultural , así como los significados otorgados en su mundo socio-
cultural a las relaciones interpersonales y a los objetos .Las generaciones adultas
trasmiten la cultura como patrimonio o legado.

Todo individuo es social, es decir se integran a la cultura y la sociedad tanto como la cultura lo integra a
él. La socialización comienza con el nacimiento y transforma a los individuos en seres sociales, en
miembros de su sociedad. Mediante las socialización se transmite lenguajes de palabras y gestos,
destrezas técnicas, habilidades de escribir, significados relacionados entre personas y otros objetos,
hábitos, valores, sentido común.

Aspectos individuales de la cultura

Sobre la base de esos aprendizajes de la socialización, las personas vamos diferenciando, nuestro
gustos, nuestro valores relativos, nuestra forma de ver la vida y nuestro propia escala de valores,

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aunque este último cambia con el tiempo y la sociedad.

Es el proceso mediante el cual una persona llega a ser individuo.

Diferentes nociones de la cultura.

"La cultura o civilización, en sentido etnográfico amplio, es aquel todo complejo que incluye el
conocimiento, las creencias, el arte, la moral, el derecho, las constumbres y cualesquiera otros
hábitos y capacidades adquiridos por el hombre en cuanto miembro de la sociedad." Edward
Tylor.
"La cultura incluye todas las manifestaciones de los hábitos sociales de una comunidad, las
reacciones del individuo en la medida en que se van afectadas por las costumbres del grupo en
que vive, y los productos de las actividades humanas en la medida que se van determinadas por
dichas costumbres" Franz Boas (1930)
"Esta herencia social es el concepto clave de la antropología cultura, la otra rama del estudio
comparativo del hombre. Normalmente se la denomina cultura en la moderna antropología y en
las ciencias sociales. (...) La cultura incluyo los artefactos, bienes, procedimientos técnicos, ideas,
hábitos y valores heredados. La organización social no puede comprenderse verdaderamente
excepto como una parte de la cultura" B. Malinoswki (1931)
"La cultura es una sociedad consiste en todo aquello que conoce o cree con el fin de operar de
una manera aceptable sobre sus miembros. La cultura no es un fenómeno material: no consiste
en cosas, gente, conductas o emociones. Es más bien una organización de todo eso. Es la forma
de las cosas que la gente tiene es su mente, sus modelos de percibirlas, de relacionarlas o de
interpretarlas."
"La cultura se comprende mejor no como complejos de esquemas concretos de conducta –
costumbres, usanzas, tradiciones, conjuntos de hábitos- planes, recetas, fórmulas, reglas,
instrucciones (lo que los ingenieros de computación llaman ‘programas’)- que gobiernan la
conducta" Clifford Geertz (1966)
"La cultura alude al cuerpo de tradiciones sociales adquiridad que aparecen de forma rudimentaria
entre los mamíferos, especialmente entre los primates. Cuando los antropólogos hablan de una
cultura humana normalmente se refieren al estilo de vida total, socialmente adquirido, de un
grupo de personas, que incluye los modos pautados y recurrentes de pensar, sentir y actuar." M.
Harris (1981)
"Cultura se refiere a los valores que comparten los miembros de un grupo dado, a las normas
que pactan y a los bienes materiales que producen. Los valores son ideales abstractos, mientras
que las normas son principios definidos o reglas que las personas deben cumplir". Anthony
Giddens (1989).

La cultura como contexto de producción e interpretación de significados

La rama de la antropología simbólica, entiende a cada cultura como un contexto en el cual los sujetos,
pueden entender que se está comunicando, cómo debe interpretarse un gesto, una mirada, y por lo
tanto, qué gestos deben hacerse para dar a entender algo, qué palabras deben usarse y cuáles no,
etcétera. Es decir la cultura es una rede de signos que permite, a los individuos que la comparten,
atribuir sentido tanto a las prácticas como a las producciones Sociales.

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Esta concepción permite pensar que la cultura es, un contexto social de producción e
interpretación de significados y que, como es un contexto Social, hay tantas culturas
como sociedades. Definir la cultura resulta de interpretar la diversidad de acciones
que realizan los seres humanos para construir sus vidas por medio de su propia
actividad. Uno de los elementos que se deben tener en cuenta para explicar este
fenómeno es el contexto. Siempre para poder asignarle un significado a una cosa
depende del contexto.

En toda sociedad los individuos, una de las cosas que aprendemos es a interpretar estos signos.
Aprendemos a manejar y a producir significados. En el mundo existe, entonces más de una cultura, e
incluso podemos decir, entonces que ¿en cada sociedad hay más de una cultura?.

Relaciones sociales de producción

Para la sociología materialista, que tuvo un amplio desarrollo en la segunda mitad del siglo XX, lo
económico condiciona, aunque no determina lo cultural. Esta corriente sostiene que la cultura no es una
esfera separada del resto de los aspectos sociales, sino que está en relación muy directa con la
estructura económica. La infraestructura es la base material de la sociedad, el ámbito de la producción
de bienes materiales, que hace posible la existencia de los individuos. Está conformada por la fuerza
productiva y las relaciones de producción. Esta últimas pueden ser relaciones de igualdad o desigualdad
entre los participantes en el proceso de producción.

La superestructura es la forma que adoptan la vida social, la organización política, jurídica y


social, las instrumentaciones, la cultura, la ideología, el arte, entre otros ámbitos de la vida
social.

"Cultura, es el aprovechamiento social del conocimiento" (Gabriel García Marqués).

Si nos basamos por los prejuicios enunciados al principio del trabajo está afirmación no sería tal, ya que
se consideraba a la cultura como algo que es propio.

En cambio, ahora que hemos avanzado en el conocimiento del significado de la cultura, está frase puede
ser analizada, por ejemplo, desde el punto de vista de la socialización, ya que nuestros antepasados nos
trasmiten conocimiento social. También podemos analizarla desde el punto de vista de la producción e
interpretación de significados, aprendemos a entender esos significados creados por la sociedad, y que
desde una u otra manera es conocimiento, el cual nos es transmitido.

Así como hablar de los distintos tipos de clases, existentes, gracias a la división del trabajo.
Podemos concluir que la cultura a medida que las generaciones pasan se va trasmitiendo,
es decir vamos "aprovechando el conocimiento.

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Identidad cultural

Identidad cultural es el conjunto de valores, orgullos, tradiciones,


símbolos, creencias y modos de comportamiento que funcionan como
elementos dentro de un grupo social y que actúan para que los individuos
que lo forman puedan fundamentar su sentimiento de pertenencia que
hacen parte a la diversidad al interior de las mismas en respuesta a los
intereses, códigos, normas y rituales que comparten dichos grupos dentro
de la cultura dominante.

La construcción de identidades es “un fenómeno que surge de la dialéctica entre el individuo y


la sociedad” (Berger y Luckman, 1988). Las identidades se construyen a través de un proceso
de individualización por los propios actores para los que son fuentes de sentido (Giddens,
1995) y aunque se puedan originar en las instituciones dominantes, sólo lo son si los actores
sociales las interiorizan y sobre esto último construyen su sentido. En esta línea, Castells
(1998), diferencia los roles definidos por normas estructuradas por las instituciones y
organizaciones de la sociedad (e influyen en la conducta según las negociaciones entre
individuos y dichas instituciones, organizando así las funciones) y las identidades definidas
como proceso de construcción del sentido atendiendo a un atributo o conjunto de atributos
culturales (organizando dicho sentido, entendido como la identificación simbólica que realiza
un actor social del objetivo de su acción).

De alguna manera, se puede interpretar que se están reforzando las propuestas tendentes a
reconocer los procesos de identificación en situaciones de policulturalismo (Maffesoli, 1990) o
momentos de identificación (Jenkins, 1996) que se dan en la sociedad -red, emergiendo
pequeños grupos y redes.

Modelos de estudio de la identidad cultural

Existen dos corrientes en antropología a la hora de abordar el fenómeno de la


identidad cultural

La perspectiva esencialista estudia los conflictos de identidad como algo inminente y


hereditario culturalmente. Esta aproximación considera que los diversos rasgos
culturales son transmitidos por generaciones, configurando identidad cultural a través
del tiempo.
La perspectiva constructivista, en cambio, señala que la identidad no es algo que se
hereda, sino algo que se construye. Por lo tanto, la identidad no es algo estático, sólido
o inmutable, sino que es dinámico, maleable y manipulable.

Las críticas que se pueden hacer al modelo esencialista son que la cultura no es algo que

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se hereda totalmente, y por lo tanto, la identidad cultural tampoco puede ser heredada férrea
e inflexiblemente.

Respecto a la perspectiva constructivista, las críticas que se le pueden hacer son que la
identidad cultural tampoco depende únicamente de factores coetáneos, sino que existe una
transmisión modificable a lo largo del tiempo. No es simplemente una construcción que se
realiza desde cero, sino que existe un sustrato básico sobre el que se trabaja y se moldea
una identidad cultural determinada.

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PATRIMONIO CULTURAL

El Patrimonio Cultural es el conjunto de bienes muebles, inmuebles e


inmateriales que hemos heredado del pasado y que hemos decidido
que merecen ser protegidos como parte de nuestras señas de
identidad social e histórica. Estos bienes son el resultado de la obra
humana. Por eso, para nombrarlos, utilizamos los adjetivos “cultural” o
“histórico”. Muchos bienes de la naturaleza, a los que denominamos
patrimonio natural, les damos un tratamiento cultural.

Un bien mueble es a que puede ser trasladado, es decir cuya vida y


conservación no está ligada al suelo. Un ejemplo es, en el contexto que nos
interesa, un cuadro de Soldi, pero también un abanico o una antigua máquina de
coser.

Los bienes inmuebles sí están ligados al suelo, viven en él, y no pueden ser
trasladados; en realidad aunque una tecnología moderna lo permitiera, el bien
perdería con ello su naturaleza contextual, el paisaje humanizado al que da forma
y que le da razón. En este caso, ejemplo de ello es una iglesia, una residencia,
una plaza, etc.

Los bienes de carácter inmaterial, como su propio nombre lo indica, son


frágiles y son tales como, canciones, bailes, ceremoniales, sistemas de
comunicación, modos de hacer, técnicas, rituales o fiestas. Ejemplos: tradicional
sonido de las campanas, que constituyen en si mismo un lenguaje con el que se
transmitían mensajes concretos mensajes concretos a la población en una época
anterior a los móviles.

Patrimonio natural. El patrimonio natural está constituido por la variedad de paisajes que
conforman la flora y fauna de un territorio. La UNESCO lo define como aquellos
monumentos naturales, formaciones geológicas, lugares y paisajes naturales, que
tienen un valor relevante desde el punto de vista estético, científico y/o medioambiental. El
patrimonio natural lo constituyen las reservas de la biosfera, los monumentos naturales, las
reservas y parques nacionales, y los espacios de la naturaleza.

Patrimonio Cultural.

El patrimonio cultural está formado por los bienes culturales que la historia le ha
legado a una nación y por aquellos que en el presente se crean y a los que
la sociedad les otorga una especial importancia histórica, científica, simbólica
o estética.

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Es la herencia recibida de los antepasados, y que viene a ser el testimonio de su


existencia, de su visión de mundo, de sus formas de vida y de su manera de ser, y es
también el legado que se deja a las generaciones futuras.

El Patrimonio Cultural se divide en dos Tipos Tangible e Intangible.

El patrimonio tangible es la expresión de las culturas a través de grandes realizaciones


materiales. A su vez, el patrimonio tangible se puede clasificar en Mueble e Inmueble.

Patrimonio Tangible Mueble

El patrimonio tangible mueble comprende los objetos arqueológicos, históricos,


artísticos, etnográficos, tecnológicos, religiosos y aquellos de origen artesanal o
folklórico que constituyen colecciones importantes para las ciencias, la historia del
arte y la conservación de la diversidad cultural del país. Entre ellos cabe
mencionar las obras de arte, libros manuscritos, documentos, artefactos
históricos, grabaciones, fotografías, películas, documentos audiovisuales,
artesanías y otros objetos de carácter arqueológico, histórico, científico y
artístico.

Patrimonio Tangible Inmueble.

El patrimonio tangible inmueble está constituido por los lugares, sitios,


edificaciones, obras de ingeniería, centros industriales, conjuntos arquitectónicos,
zonas típicas y monumentos de interés o valor relevante desde el punto de vista
arquitectónico, arqueológico, histórico, artístico o científico, reconocidos y
registrados como tales. Estos bienes culturales inmuebles son obras o
producciones humanas que no pueden ser trasladadas de un lugar a otro, ya sea
porque son estructuras (por ejemplo, un edificio), o porque están en inseparable
relación con el terreno (por ejemplo, un sitio arqueológico).

Patrimonio Intangible

El patrimonio intangible está constituido por aquella parte invisible que reside en
espíritu mismo de las culturas. El patrimonio cultural no se limita a las creaciones
materiales. Existen sociedades que han concentrado su saber y sus técnicas, así
como la memoria de sus antepasados, en la tradición oral.

La noción de patrimonio intangible o inmaterial prácticamente coincide con la de cultura,


entendida en sentido amplio como "el conjunto de rasgos distintivos, espirituales y materiales,
intelectuales y afectivos que caracterizan una sociedad o un grupo social" y que, "más allá de

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las artes y de las letras", engloba los "modos de vida, los derechos fundamentales del ser
humano, los sistemas de valores, las tradiciones y las creencias" A esta definición hay que
añadir lo que explica su naturaleza dinámica, la capacidad de transformación que la anima, y
los intercambios interculturales en que participa.

El patrimonio intangible está constituido, entre otros elementos, por la poesía, los ritos, los
modos de vida, la medicina tradicional, la religiosidad popular y las tecnologías tradicionales
de nuestra tierra. Integran la cultura popular las diferentes lenguas, los modismos regionales
y locales, la música y los instrumentos musicales tradicionales, las danzas religiosas y los
bailes festivos, los trajes que identifican a regiones, la cocina , los mitos y leyendas; las
adivinanzas y canciones de cuna; los cantos de amor y villancicos; los dichos, juegos
infantiles y creencias mágicas.

La segunda parte de la definición dice: “que hemos heredado del pasado”. Aquí vamos a
partir de la idea de que el pasado no tiene que ser remoto, aunque en el presente también
estamos generando y reconociendo patrimonio. El Patrimonio Cultural es el resultado de una
serie de constantes cambios, construcciones y destrucciones, la mayoría de ellos inconscientes
respecto al daño que pudiera hacer a lo que ahora consideraríamos elementos patrimoniales,
que se ha producido a lo largo de nuestra historia.

“que hemos decidido que merecen ser protegidos” alude al hecho de que no todo lo que
nos rodea, por bello o antiguo que pueda parecernos, es automáticamente Patrimonio
Cultural. Los bienes se convierten en Patrimonio gracias a una voluntad social, a un
verdadero acto de amor procedente de una institución de un gobierno, de una asociación o de
una persona, hacia un objeto o un conjunto de objetos, hacia un edificio o un pueblo, hacia
una tradición; nos gusta, nos hace sentir orgullo cultural o histórico, nos diferencia, nos
define o contribuye a ello, os enriquece, nos procura felicidad… Proponemos que se considere
Patrimonio Cultural, que se declare o se inventaríe y que se proteja, que los mecanismos de
gestión establecidos se pongan en práctica, para que las generaciones futuras puedan
también disfrutarlos.

Las señas de identidad social e histórica. La identificación étnica a través de objetos o de


ritos, mediante elementos culturales materiales o no, presenta la mayoría de los problemas
que se derivan de tratar algo cambiante y móvil como si fuera fijo e inmutable. Nuestras
costumbres, nuestra relación con el medio ambiente, nuestra manera de construir.

PATRIMONIO CULTURAL, CONCEPTO Y EVOLUCIÓN

Significado del patrimonio cultural.

El patrimonio cultural está formado por aquellos elementos de valor


histórico y artístico que reflejan la herencia de las generaciones pasadas y
que permiten comprender la historia y la forma de ser de un pueblo o más
ampliamente, de una civilización.

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En general la conservación del patrimonio cultural pretende tres objetivos que son
complementarios:

Objetivo histórico: el patrimonio refleja las señas de identidad, forma de ser de un


pueblo.
Estético: los bienes que integran el patrimonio cultural pertenecen al campo de las
bellas artes, arquitectura, pintura, escultura, música... y tienen por lo tanto un
significado cultural.
Socioeconómico: el patrimonio sobre todo en los últimos años ha demostrado que es
una fuente de recursos económicos, de puestos de trabajo y de actividad empresarial.
Desde otro punto de vista el patrimonio puede ser objeto de varios enfoques
científicos:
Científico- jurídico: el estudio de las normas que regulan este patrimonio, su
protección, conservación, comercio...
Científico- artístico: el patrimonio como objeto de la historia del arte que estudia por
tanto escuelas, estilos, niveles de calidad artística.
Científico- patrimonio cultural: la sociología y al economía del patrimonio y en
particular del turismo cultural.

El derecho de propiedad tiene un carácter absoluto, el propietario puede hacer su voluntad sin
limitación por lo que algunos monumentos quedan dañados por obras o reformas que no
respetan su valor cultural y artístico. Los bienes muebles se pueden comprar y vender.

Falta de sensibilidad para apreciar el valor del patrimonio es un daño grave de lo


que surge la falta de atención adecuada a los monumentos.

Solo el esfuerzo personal de algunos académicos hace que en la segunda mitad


del XIX empiece un movimiento a favor del patrimonio, se crean los museos
provinciales de Bellas Artes y Arqueológico, se hacen catálogos y estudios sobre
los monumentos y se reclama de la administración pública una mayor atención
hacia el patrimonio.

Las principales medidas que se adoptan en estas leyes para proteger el patrimonio
son:

La necesidad de autorización de la administración para realizar ciertas obras o


actuaciones sobre los bienes que integran el patrimonio, el propietario no puede
hacer su voluntad sino que tiene que pedir autorización a la administración.

Control del comercio de obras de arte, fuerte límite a la posibilidad de exportar al


extranjero obras del patrimonio.

Inversión de las administraciones públicas de recursos para restaurar los


monumentos para mejorar la situación de los museos o para promocionar la
cultura por medio de exposiciones y demás actividades.

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NATURALEZA, CULTURA, Y PATRIMONIO NATURAL

Introducción

La inclusión de “ los paisajes culturales” como una categoría de espacios


protegidos en la Convención del Patrimonio Mundial en la década de los
noventa incita a una revaluación de la distinción entre patrimonio natural
y cultural y, en este contexto, de la relación entre naturaleza y cultura.

La naturaleza es una categoría importante y autónoma, a pesar de la interrelación de lo


natural con la intervención humana. Además, aduzco razones que muestran que no es
necesario concebir Cultura y Naturaleza como conceptos opuestos. Tiene sentido hablar de
una cultura de la naturaleza, y es posible poner en práctica dicha cultura.

Naturaleza y Cultura. Los Conceptos de Patrimonio Natural y Patrimonio Cultural

La idea de patrimonio, como la idea de herencia, implica la referencia a algo


que viene del pasado y es poseído legítimamente por alguna persona o
personas en el presente. El patrimonio implica, además, la referencia a algo
compartido de manera fundamental, quizás por todos los que pertenecen.

Por lo tanto, se habla de “patrimonio nacional”, como tal, el patrimonio pertenece a algún
grupo de una manera trans -temporal: es algo para ser disfrutado, no sólo por ciertas
personas de esta generación sino también durante periodos futuros indefinidamente largos
por sus descendientes. El patrimonio, en contraste con la herencia, se puede definir como el
conjunto de bienes valorados positivamente, que han sido traspasados desde el pasado al
presente, la integridad de los cuales hay que proteger, de los que se puede disfrutar y que se
pueden incrementar pero no disminuir ni gastar antes de ser traspasados a las generaciones
futuras.

La distinción entre patrimonio natural y patrimonio cultural se concibe en términos


concernientes a sus procedencias: lo natural no-humano y lo humano, respectivamente, que
implican valores distintivos. Los términos “patrimonio natural” y “patrimonio cultural” han
sido reconocidos como determinantes de valiosos componentes de nuestro mundo desde que
se firmó la Convención Respecto a la Protección del Patrimonio Cultural y Natural Mundiales
(Convención del Patrimonio Mundial), originalmente adoptada por la Conferencia General de la
UNESCO el 16 de noviembre de 1972.

En la “declaración de objetivos” de la Convención se describen los 2 tipos de


patrimonio de la siguiente manera:

El patrimonio cultural se refiere a monumentos, conjuntos de edificios y lugares con

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valor histórico, estético, arqueológico, científico, etnológico o antropológico.


El patrimonio natural se refiere a formaciones excepcionales desde el punto de vista
de la física, la biología y la geología, los hábitats, y áreas con valor científico, con valor
de conservación o con valor estético.

La Convención del Patrimonio Mundial reconoce que hay algunos lugares en los que se
entremezclan estos valores, en la medida en que se combinan las principales características
desde el punto de vista de lo natural y de lo cultural:

Las creaciones del ser humano o las creaciones combinadas de la naturaleza y del ser
humano, y de las zonas, incluyendo los sitios arqueológicos, que son de valor universal
sobresaliente desde el punto de vista histórico, estético, etnológico o antropológico.

La distinción de primer plano entre el patrimonio natural y el cultural fue puesta en duda
fundamentalmente en la década de los noventa, llevando a la adopción de la noción de “los
paisajes culturales”, como una categoría para la protección en la Convención del Patrimonio
Mundial.

Mechthild Rössler indica que los paisajes culturales ilustran la evolución de sociedades y
establecimientos humanos a través de épocas influenciadas por las ventajas o las limitaciones
de su ambiente natural y social.
Son, por tanto, una adición a las propiedades mixtas, más que una sustitución de éstas tanto
bajo criterios naturales como culturales.

Los paisajes culturales reconocen directamente la acción conjunta del ser humano y de las
fuerzas naturales en la generación de ciertos sitios del patrimonio, pero esta nueva categoría
también genera cuestiones respecto a la primacía del valor natural o del cultural de los sitios
protegidos. Se puede argumentar que los sitios de patrimonio cultural, adquieren en parte su
valor por su contraste con un ambiente natural, como en este caso es la selva tropical,
mientras que el valor de sitios de patrimonio natural, como el Parque Nacional de Talampaya
, depende parcialmente del contraste con zonas transformadas por los seres humanos. Estas
circunstancias hacen oportuna una revaluación de la relación entre naturaleza y cultura con
relación a la noción de patrimonio natural.

Cuestionando el concepto de Naturaleza.

Hasta la fecha, gran parte de la motivación para el establecimiento de


reservas naturales y de parques nacionales, y la designación de algunas
áreas como “patrimonio mundial”, han surgido a partir de la convicción
de que lo poco que queda de naturaleza “pura”, sin tocar por los seres
humanos, debe ser preservada en su estado original. Como resultado, las
poblaciones de residentes humanos han sido trasladadas fuera de tales
áreas protegidas -mientras se permite la entrada a los equipos directivos de
parques, guardias e investigadores científicos -. Pero recientemente esta
idea de protección de áreas naturales ha sufrido críticas diversas.

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Por una parte, hay los que suponen que ha llegado el “fin de la naturaleza” ya que la
colonización activa, el transporte aéreo que afecta a toda la superficie terrestre y su
atmósfera, áreas subterráneas y submarinas exploradas (e incluso parte del espacio
extraterrestre), han sido afectadas por la actividad humana. Además, el cambio climático
global inducido por la quema a gran escala de hidrocarburos durante los últimos sesenta
años afectará las condiciones básicas para la mayoría, si no la totalidad, de los seres vivos de
planeta. Por lo tanto, podemos preguntarnos si queda todavía “auténtica” naturaleza que
proteger, no alterada aún por el ser humano. Por otro lado, el estudio de los paisajes
culturales nos ha llevado a dudar si las áreas de naturaleza “pura” son realmente tan
deseables, ya que bajo ciertas condiciones se pueden encontrar índices de diversidad
biológica más elevados en áreas activamente modificadas por el ser humano que en áreas sin
su presencia.

Finalmente, algunos proponen que, si se separan ciertas áreas para designarlas parques
nacionales o reservas naturales, se extirpa de esas áreas precisamente la esencia de lo
natural: lo silvestre y agreste. El argumento es que la verdadera naturaleza, lo silvestre, tiene
que ser “libre”, sin embargo, una vez que un área se designa como parque o reserva, se
ponen cercas, los animales a menudo son equipados con radiotransmisores para poder seguir
sus migraciones, regularmente hay caza selectiva si su densidad en el parque resulta
excesiva, se suprimen los fuegos, y generalmente el área entera está bajo observación e
intervención intensiva. Es evidente que estas medidas se toman para proteger tales áreas de
incursiones externas y para mantener el equilibrio ecológico del ecosistema, pero,
irónicamente, a través de este proceso, tales áreas pierden parte de las cualidades silvestres
originales por cuya razón fueron puestas inicialmente bajo protección.

A la luz de estas diversas consideraciones puede parecer desaconsejable insistir en la


conservación de ciertos lugares por su valor de patrimonio “natural”, en contraste con su
valor como patrimonio “cultural”, ya que a fin de cuentas lo natural parece ser cultural.

¿Son opuestos entre sí los términos Naturaleza y Cultura?

Hay muchos autores que directamente suponen que Naturaleza y Cultura se


oponen entre sí, al identificar la cultura con las realizaciones humanas
mientras que se considera la naturaleza como el ámbito no tocado por los
seres humanos. Aunque esta forma de distinguir naturaleza y cultura refleja
un tópico común, hay razones para revaluar su utilidad. Comenzando con la
noción de Naturaleza, es notable que algunas de las cosas que hacen y
producen los seres humanos caben más bien dentro de la categoría de lo
“natural”.

“La cultura”, además, es un término con un complejo conjunto de referentes. Se puede


estipular que el término significa cualquier cosa y acción realizada por los seres humanos,
pero teniendo en cuenta las conductas humanas “naturales”, podemos considerar términos
más precisos para lo hecho por los humanos, a saber, “artefacto” y “artificial”. Desde un

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punto de vista pragmático, la categoría de lo “natural” simplemente separa lo no-artificial de


lo artificial. Si concebimos lo hecho por los humanos como artefactos (lo artificial), esta forma
de proceder tiene además la ventaja de que en la artificialidad fácilmente se pueden
reconocer distintos grados de intensidad de la intervención humana.

Podemos preguntarnos, sin embargo, qué es exactamente lo que le da el carácter artificial a


algo si finalmente la “materia prima” para la actividad humana siempre es algo natural. En un
principio puede parecernos que el grado de artificialidad de alguna cosa simplemente depende
de la cantidad de “arte”, o sea técnica o intervención tecnológica, que se aplica a la materia
natural prexistente. Sin embargo, esta idea nos lleva a consecuencias intuitivamente
paradójicas, ya que a menudo las intervenciones con tecnologías más sofisticadas son las que
causan menos transformación de la naturaleza.

En cuanto a la asociación de la naturaleza con el peligro, tiene que ser objeto de cuidadosa
reflexión. Los llamados “desastres naturales”, como incendios, inundaciones o terremotos,
que causan estragos en las comunidades, vidas y bienes humanos, en parte son debidos a
decisiones que han tomado los seres humanos, como establecer sus asentamientos en áreas
que implican riesgo (vivir en la cercanía inmediata de algún bosque, en tierras donde puede
haber riadas, en zonas de actividad sísmica, etcétera).

La dependencia humana del funcionamiento autónomo de la naturaleza y del suministro


continuo por parte de ésta de bienes sumamente importantes para nosotros, como los
recursos biológicos básicos y la reconversión de los desechos, que la naturaleza nos ofrece de
manera esencialmente gratuita, pone en evidencia su papel benéfico para la humanidad.

Cada sociedad elabora distinciones sobre el entorno con el que interactúa. Aunque otras
sociedades no han percibido la necesidad de distinguir entre lo hecho y lo no-hecho por los
humanos en la manera en que los pueblos de orígenes culturales europeos lo hacen, no hay
razones para suponer que la distinción nos es inútil y sin base alguna.

Esto nos remite a la cuestión de si tiene sentido preservar ciertas áreas


como ejemplos de naturaleza “pura” ya que, al menos en algunos casos,
ciertos índices de lo natural, tales como la biodiversidad, parecen aumentar
a partir de la intervención humana. Antes de ocuparnos de esta cuestión
quiero tratar con más detalle la relación entre naturaleza y cultura,
considerando la definición del término “cultura” en antropología.

La Cultura de la Naturaleza. La Cultura.

E.B. Tylor definió el término “cultura” como “La totalidad que incluye el
conocimiento, las creencias, el arte, la moral, las costumbres y otras
capacidades y hábitos adquiridos por un individuo como miembro de la
sociedad”.

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Lee Cronk nos cuenta que desde los tiempos de Tylor ha habido una
tendencia a limitar el concepto de “cultura” a los componentes
cognoscitivos.

J.H. Barkow, considera la cultura como “un sistema de información


transmitida socialmente”. Otros acentúan el hecho de que la cultura no es
algo privado, que por el contrario, significa la participación de más de un
individuo.

J. Tooby y L. Cosmides definen la cultura como “lo común en la mentalidad,


la conducta o lo material compartido por varios individuos”.

Consideramos a la cultura como constituida por maneras de actuar y percibir, basadas en


habilidades, creencias, conocimientos y hábitos que están más o menos diseminados entre las
personas, que no son innatos sino que han sido inventados, modificados y transmitidos, y
que son valorados positivamente porque ponen al descubierto ciertas cualidades inherentes
en alguna cosa, capacidad o proceso. Utilizando esta acepción del término “cultura”, nos
podemos preguntar cuál es la relación entre naturaleza y cultura.

Poniendo en práctica la Cultura de la Naturaleza.

La cultura de la naturaleza implica prevenir que las cosas naturales se


hagan artificiales: que los bosques no se transformen en plantaciones, que
las praderas no se incorporen de manera total a las industrias del alimento,
o que los organismos naturales no acaben genéticamente modificados.

Una cultura de la naturaleza demanda que hagamos intervenciones a favor de la protección


de los sitios y de los procesos naturales para facilitar la expresión de su espontaneidad. Esto
se aplica igualmente a áreas (aparentemente) prístinas como a aquellas donde ya existe
cohabitación entre los seres humanos y la naturaleza. En los lugares que ya han sido
modificados culturalmente, una cultura de la naturaleza puede ayudar a producir y a percibir
cualidades naturales que quizás no prosperarían o no se harían evidentes.

Como ya puntualizamos antes, en algunos lugares y épocas, las formas tradicionales de la


agricultura y ciertas formas de la arquitectura paisajista han producido paisajes culturales con
una complejidad de nichos ecológicos que favorecen una diversidad biológica mayor que la
que se encontraría en tales ambientes si fueran trabajados con técnicas agrícolas industriales
o si no fueran trabajados en absoluto.

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Conclusiones. Consecuencias para la Conservación del Patrimonio Natural.

La idea de que ciertos tipos de actividad humana son compatibles con el


respeto por la integridad de la naturaleza y por lo tanto tienen un lugar
legítimo, no es completamente nueva. Diversos poetas, científicos y filósofos
interesados en la naturaleza, tales como Charles Darwin, Johann Wolfgang
von Goethe y Alexander von Humboldt, asumieron esta perspectiva.

La cuestión crucial es, sin embargo, qué responsabilidad tienen los seres humanos hacia su
ambiente natural. Tras el análisis de la idea de patrimonio trazada arriba, la noción de
patrimonio natural implica la suposición de responsabilidad para con la conservación de por lo
menos algunas partes de la naturaleza. Lo que podríamos llamar “culturización” consiste en
preservar y sacar a la luz ciertas cualidades inherentes a las cosas o procesos, por tanto, la
aplicación de esta noción a la naturaleza tiene consecuencias importantes para la práctica de
la conservación. Desde esta perspectiva la cuestión es:

¿Cómo pueden relacionarse los seres humanos con la naturaleza para respetar su
espontaneidad, o sea, respetar la expresión de sus cualidades específicas, en un
cierto lugar, proceso o ser?

La conservación del patrimonio natural, por ejemplo, puede concebirse como una manera de
comprometerse con una cultura de la naturaleza. Esto, sin embargo, es reconocer que
designar una parte de la naturaleza como patrimonio implica un compromiso activo y
concertado con los espacios y procesos naturales —aun si sólo es para prevenir más
intervenciones humanas de tipo dañino.

En primer lugar, dado que en este momento de la historia de nuestro planeta la


interacción humana con la naturaleza, a muchos niveles y de varias maneras, es
inevitable, necesitamos reflexionar sobre cuál puede ser la mejor manera de
avanzar.

En lugar de apoyar una política del apartheid entre los seres humanos y la naturaleza en
áreas restringidas, dejando el resto a disposición de los que sólo piensan en maximizar las
ganancias, la cultura de la naturaleza abre la perspectiva de una reflexión más profunda
sobre nuestro impacto en la naturaleza. Desde este punto de vista, la presencia humana
puede ser aceptable, aun en ciertos parques y reservas naturales, dependiendo del tipo de
compromiso que se tenga para con el ambiente. Por ejemplo, en muchas partes de la
Amazonia los indígenas y colonos que extraen productos naturales de la selva practican el
uso sostenible de ríos y bosques, respetando la espontaneidad de los sistemas naturales.

El que podamos comprometernos con una cultura de la naturaleza significa, entre otras cosas,
que la conservación de la naturaleza y la preservación de sitios de patrimonio natural (que
tienen como fin dar espacio a la espontaneidad de la naturaleza) en muchos casos no tiene
por qué excluir a la población nativa. Esta perspectiva apoya los esfuerzos de las poblaciones

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locales que intentan proteger el uso y la ocupación tradicional y sostenible de sus tierras.
Esta perspectiva, además, está de acuerdo con iniciativas recientes que favorecen la inclusión
de las poblaciones tradicionales residentes en las reservas de la biosfera y en parques
nacionales si sus actividades no suprimen la expresión de la naturaleza.

En segundo lugar, este enfoque reconoce abiertamente que la designación de


ciertas áreas como parques o reservas naturales depende de perspectivas
culturales y conduce a la reflexión acerca de la relativa arbitrariedad de los
límites territoriales que se han establecido para estos espacios protegidos.

La creación de parques y reservas naturales puede ser muy útil, pero también plantea sus
propios problemas. Frecuentemente continúa la explotación desenfrenada de las áreas
circundantes a pesar de los impactos de esas actividades en las áreas naturales protegidas.
Por ejemplo, podemos tener la impresión de que un parque está bien protegido por reglas
que impiden el acceso de personas a sus áreas centrales especialmente vulnerables. Sin
embargo, si las áreas circundantes, o las que rodean el parque, se establecen como espacios
“recreativos” o de
“múltiples usos”, el resultado puede ser que la conservación de las áreas centrales sea
meramente nominal al poco tiempo. Las rutas migratorias pueden acabar interrumpidas
debido a la falta de espacios protegidos que estén ligados entre sí; las áreas centrales pueden
estar afectadas por desechos de minería, o por ríos llenos de troncos y escombros debido a
malas prácticas de tala de bosques, o por la reducción de la biodiversidad a causa de la caza
en áreas adyacentes, etcétera.

Una vez que reconocemos que la designación y la conservación de ciertas áreas como
parques y reservas son asuntos fundamentalmente culturales, y si consideramos que la
protección de tales áreas separadas son de por sí insuficientes para impedir la degradación
ambiental de una cierta región, necesitamos revaluar autocríticamente los supuestos
culturales de nuestra sociedad. Desde esta perspectiva, más que el estatus de zona
protegida, las áreas naturales requieren el desarrollo de actitudes apropiadas en los visitantes
y los residentes de zonas circundantes. Como tal, una cultura de la naturaleza que se
compromete con el bienestar de la naturaleza transformará las actividades humanas en todos
los ambientes, independientemente de si éstas afectan principalmente a las áreas designadas
para uso humano o a áreas consideradas como reservas naturales.

En tercer lugar, bajo esta perspectiva es notable la interdependencia de ciertas


culturas de la naturaleza y la conservación de ciertos ambientes naturales.

Es importante aprender de los pueblos y sociedades que han tenido contacto directo, de
forma diacrónica y en un largo plazo, con los espacios naturales, que han desarrollado
conocimientos locales de sus Ambientes, y han adoptado maneras sofisticadas de cohabitar
respetuosamente con la naturaleza.

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El Continuum de los Sitios de Patrimonio Natural y Cultural.

Concebir el patrimonio natural como una forma de cultura de la naturaleza implica el


continuum de los lugares de patrimonio natural y cultural. El factor crucial que determina si
un sitio es más un ejemplo de patrimonio natural o cultural es el valor predominante que
intentamos proteger: la espontaneidad de la naturaleza o la espontaneidad humana.

En un sitio los esfuerzos de los conservacionistas están enfocados en su mayor parte en la


protección de los edificios y de los trabajos escultóricos contra los efectos del ambiente
húmedo de la selva.

Así se beneficia estéticamente de la espontaneidad de la naturaleza con su


magnífica localización, sus valores arquitectónicos también sufren daños a causa
de la poderosa vegetación que la rodea directamente y a veces sepulta sus
edificios.

En algunos parques la situación se invierte: los esfuerzos de conservacionistas y


preservacionistas se enfocan en la protección de su condición relativamente silvestre y poco
transformada por los seres humanos.

Aunque el parque se beneficia estéticamente del contraste que le proporciona la urbanización


del resto del país, sufre daños a causa de su carácter especial, que atrae cada vez más
turistas, y por los contaminantes industriales que llegan hasta él.

Los paisajes culturales constituyen ejemplos de una cultura de interacción


entre la naturaleza y el ser humano. El valor que los conservacionistas
tratan de mantener es una clase de espontaneidad humana que no agobia la
espontaneidad de la naturaleza —en estos lugares ambas formas de
espontaneidad se apoyan recíprocamente.

Esta es una combinación difícil de lograr, pero, justamente por esta razón, quizás es aún más
notable donde tiene éxito.

He analizado la relación entre naturaleza y cultura en el contexto de la conservación y de la


preservación del patrimonio natural, y he concluido que la cultura no tiene que ser concebida
necesariamente como antagónica a la naturaleza. Por el contrario, una cultura que afirma la
integridad de la naturaleza es posible.

En la medida en que el patrimonio natural requiere el reconocimiento y respeto de ciertos


espacios no creados por el artificio humano, como las reservas naturales y los parques
nacionales, la conservación del patrimonio natural puede constituir una forma de cultura de la
naturaleza.

Si además admitimos que la espontaneidad natural y la humana pueden entremezclarse de


manera armoniosa, hay razones entonces también para considerar la conservación de los
paisajes culturales como una forma de cultura de la naturaleza.

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CARACTERES BÁSICOS DEL PATRIMONIO CULTURAL

Su razón de ser es social. Con otras palabras: o sus valores pueden ser
disfrutados por toda la sociedad, o dejan de tener sentido como Patrimonio
Cultural.

Esta cualidad resulta también un foco de problemas si recordamos que el Derecho del mundo
mediterráneo en el que vivimos, heredero del romano, presenta como punto de arranque el
principio de la propiedad privada. Hacer compatible esa propiedad con la prerrogativa de la
sociedad a acceder y disfrutar en ese bien no es, evidentemente, fácil.

Además , los bienes patrimoniales más relevantes, cuando han sido declarados Bienes de
Interés Cultural (BIC), pasan a estar sometidos a la necesidad de autorización administrativa
para casi cualquier cosa que se quiera hacer con ellos: comprarlos o venderlos, restaurarlos o
adecuarlos, modificarlos, etc. Por su parte, los bienes arqueológicos –declarados o no- suben
un grado más en su razón de ser social: se consideran “de dominio público”, se excluyen por
lo tanto, del tráfico jurídico privado y necesitan igual que los BIC autorización administrativa
para casi todo.

¿Qué es el dominio Público?

Son aquellos cuya titularidad corresponde a las administraciones públicas. Se destinan a usos
generales, como una playa, o un parque, o un río; o a un servicio público, como una escuela,
un museo, etc.

Los Bienes de Interés Cultural (BIC), sean de propiedad pública o privada, están sujetos a
una limitación en su uso. Esta limitación obliga a la propiedad a solicitar permiso, y llegar a
acuerdos ante cualquier obra, modificación, venta, etc, que se desee hacer con el bien
declarado.

El segundo de los caracteres básicos del Patrimonio Cultural es su naturaleza “no


regenerable”, lo que quiere decir que su destrucción es irrevesible. Se comprende mejor esta
cualidad si comparamos, un inmueble del Patrimonio Cultural, como un yacimiento
arqueológico, con un bien medioambiental, como un bosque. Es evidente que la destrucción
tanto de uno como de otro es una pérdida lamentable. El bosque puede volver a existir. El
yacimiento no volverá a crecer. Y no puede reconstruirse; su destrucción no tiene vuelta
atrás.

¿Qué significa esto realmente?

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Pues que los mecanismos de protección que las administraciones han diseñado y utilizan para
la salvaguarda de los bienes culturales han de basarse más en la planificación y la prevención
que ante los hechos consumados. En definitiva, por lo que hay que luchar, en lo que hay que
educar a la ciudadanía, es por conseguir que el daño no se produzca, más que incidir en
poner una multa a quien lo ha causado. Más vale prevenir que intervenir, educar que
castigar.

La tercera de las características afectar a muchos de los bienes culturales, aunque no a todos:
en un gran número –sobre todo los arqueológicos- pertenecen a contextos sociales olvidados,
por lo que pueden resultar difíciles de comprender y necesitan un tratamiento didáctico
específico. Así, las personas especializadas en Arqueología pueden llegar, a la conclusión de
un enterratorio colectivo, de la época neolítica o de la Edad de Bronce. Pero para cualquier
visitante sin educación arqueológica eso no es evidente, porque en nuestro mundo actual los
cementerios son muy diferentes. Hay que explicarlo de forma didáctica y comprensible., lo
que no es necesario, cuando se trata de visitar un bien cultural que, aunque sea antiguo,
sigue teniendo el mismo uso en la actualidad, como puede ser el caso de una iglesia catedral.

Esta necesidad de una didáctica especial abre, por un lado, un amplio camino para la
creación de puestos de trabajo; pero, por otro, coloca a las personas que la practican en una
situación casi siempre difícil. Porque hay que contar historias, hay que relatar algo que pueda
atraer a la gente en general, que esa gente pueda comprender. No basta con enumerar o
describir los objetos, sino que hay que hablar de su significado social, hay que “interpretar”, y
eso nos introduce a un campo teórico pleno de complejidades, responsabilidades y dudas.

¿Para qué sirve el Patrimonio Cultural?

Para construir la historia, para tener pruebas de un pasado, para dar raíces y consistencia a
una determinada sociedad, para elevar el nivel cultural de las personas, para sentir y generar
orgullo, para conservar el medio en el que se encuentra el bien, para atraer visitantes y con
ello crear puestos de trabajo y riqueza.

Nuestra historia, está unida al desarrollo del concepto de Patrimonio Cultural como seña de
identidad histórica. Si buscamos una utilidad realmente práctica a los bienes culturales,
hemos de pensar en el desarrollo turístico.

Enclaves con una economía deprimida y con población escasa y envejecida pueden
convertirse en lugares turísticos en los que la oferta se centre en la paz, el aire puro, la visita
a un sitio patrimonial abierto al público y un espacio natural de gran valor paisajístico. Así los
elementos existentes de nuestro Patrimonio Cultural han comenzado a revalorizarse, a
mirarse con unas expectativas distintas a las que antes se sentían ante un conjunto
patrimonial; este fenómeno, que pueden llegar a ser conflictivo, aunque es también una luz
de expectativa para el futuro de los propios bienes.

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¿Quién protege el Patrimonio Cultural?

Los monumentos, nuestras costumbres tradicionales, yacimientos, u otros bienes tienen una
característica común: no tienen voz propia. Para reclamar sus derechos, luchar por su
supervivencia o manifestar sus deseos de darse a conocer, la única voz que pueden utilizar es
la de las personas. Quienes formamos la sociedad y vivimos en ella, somos la voz del
Patrimonio Cultural.

De acuerdo a esto, la única respuesta correcta es: toda la sociedad, toda la


gente es quién protege el Patrimonio Cultural.

Una gran parte de la ciudadanía puede desarrollar en nuestro tiempo toda una vida
profesional, normal e incluso variada, sin llegar a tener nunca la conciencia de que en su
entorno hay elementos culturales que han de ser protegidos y considerados como Patrimonio
Cultural e Histórico.

Poco a poco la sociedad civil comienza a desempeñar cierto papel en la gestión y protección
de los bienes culturales. En este campo, las fundaciones y las asociaciones culturales, son
piezas clave, llamadas a tener mucho futuro; pero por ahora no dejan de ser excepciones.

Las administraciones competentes en materia de Cultura, son las que gestionan y protegen el
Patrimonio Cultural. Una gran parte de esa protección tiene que ver con la difusión, con lo
que se consigue enlazar con la ciudadanía e incluso con las otras administraciones.

El Patrimonio y Cultura como herencia

De la misma manera que existe una herencia individual también debe existir
una herencia colectiva. Para los habitantes de las praderas, ríos, cascadas,
valles y mesetas constituían una especie de patrimonio colectivo lleno de
significados simbólicos, hoy coinciden que son patrimonio histórico,
patrimonio cultural y como tal, sujetos a cambios en función de
circunstancias históricas y sociales.

Nuestra sociedad moderna ha elaborado su propia versión de patrimonio colectivo, incluyendo


bienes culturales y naturaleza, y presuponiendo la existencia de un patrimonio de toda la
humanidad. Reconocemos como el legado de las civilizaciones antiguas es reconocido como
un bien superior para la humanidad y es amparado por las instituciones nacionales e
internacionales, es beneficio del enriquecimiento cultural de todos los pueblos. De esta
manera se reconoce de forma universal que existen bienes especialmente apreciados que son
resultado de una herencia colectiva y que en justicia nos merecemos por igual todos los seres
humanos. Así pues, de la misma manera que reconocemos un patrimonio común natural
irrenunciable, reconocemos también un patrimonio común de carácter cultural, un legado de
las civilizaciones, asimismo irrenunciable.

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Si como hemos visto la idea de patrimonio se asocia a cosa de valor y al mismo tiempo
comprendemos que este valor sirve para establecer algún tipo de vínculo entre individuos, es
decir, que genera un nexo entre transmisor y receptor, podemos resumir diciendo, al menos,
que patrimonio es un activo valioso que transcurre del pasado al futuro relacionando a las
distintas generaciones.

El patrimonio histórico como mensajero de Cultura

Herencia cultural o patrimonio cultural es un concepto muy extenso que


incluye bienes materiales e inmateriales. El concepto de patrimonio material
tiene que ver con transmisión de mensajes culturales vía objetos, unos
objetos (objetos grandes o pequeños, trazas, edificios, objetos muebles o
inmuebles) que hacen de verdaderos mensajeros de cultura, así como de
permanentes testimonios de hechos de civilización.

El poeta inglés [Link] expresó hablando de cultura que “incluso el más humilde de los
objetos materiales, que es producto y símbolo de una particular civilización es un emisario de
la cultura de la cual proviene”. La idea de que los objetos actúan como emisarios, de que el
patrimonio histórico es mensajero de cultura, es fascinante y es central con relación al tema
que nos ocupa.

La noción de patrimonio está asociada a la idea de paso del tiempo. El transcurrir del tiempo
hace que los individuos y los grupos contrapongan presente y pasado, fundamentando las
nociones de continuidad o cambio histórico y cultural. Por varias razones, la comparación
entre espacios de tiempo diferentes adquiere perfiles muy nítidos si hay objetos de por medio
que ayuden a contrastar: así comprendemos que los objetos gracias a sus propiedades,
fundamentalmente materialidad y solidez tienen la ventaja de durar; a menudo más que las
personas, presentándose a nuestros sentidos de una forma que admite poca discusión, puesto
que no ha lugar a opinar sobre su existencia al hacerse presentes ante nuestros sentidos en
todo momento, y además se pueden tocar.

La materialidad y durabilidad propia de los objetos, los hace buenos objetos transmisores de
mensajes a través del tiempo, puesto que las trazas de hechos de civilización, de datos de
contenido cultural, permanecer inscritos en esos objetos de forma indeleble por un lapso más
o menos largo, apareciendo nítidamente ante el observador atento, instruido y capaz de
discriminar. Se trata de darse cuenta, quizás a simple vista, de los signos y señales inscritos
en los objetos, quizás sólo después de una atenta observación y un riguroso análisis, para
ahondar luego en su interpretación. La idea de que alguna cosa ha sucedido entre el tiempo
del objeto y nuestro tiempo, o de una manera más abstracta, las nociones de continuidad y
cambio, contraste o falta de contraste, o identificación entre pasado y presente, se dibujan
con gruesos caracteres gracias al objeto.

Un ejemplo nos puede bastar para ilustrar como un objeto histórico


adquiere con el transcurso del tiempo un trasfondo cultural distintivo.

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El patrimonio está formado por objetos que permanecen a pesar del paso del tiempo, sea en
uso, sea en un museo; y ya que el paso del tiempo es la esencia de la historia, es interesante
en cierto sentido contemplar al patrimonio, como los objetos de la historia. Obtenemos un
principio integrador de toda una serie enormemente diversa, casi inabarcable, de testimonios
materiales del quehacer humano, unos muy imponentes y celebrados, otros muy modestos y
apenas noticiados, que comunican cosas a quien quiera interesarse por ellas, que hablan de
culturas y civilizaciones, de prácticas y costumbres, de creencias y rituales. Así incluimos en
el mismo saco patrimonial objetos artísticos como un cuadro de Soldi, objetos monumentales
como las Pirámides de Teotihuacán, documentos escritos como el texto original de la
Constitución, objetos arqueológicos como unos restos de cerámica ceremonial antiguo, u
objetos etnográficos como un vestido tradicional entre otras muy distintas cosas.
Historiadores, antropólogos, arqueólogos y otros científicos abordan el patrimonio desde
diversas épocas y a partir de tradiciones disciplinarias distintas. Para ellos el patrimonio,
historia materializada es insustituible como objeto de estudio, porque sirve de acceso al
pasado, conjuntamente con la memoria y la historia escrita. Es motivo de inspiración,
estímulo a la imaginación, motivación a la curiosidad, compendio de lecciones, fuente de
sensaciones, y catalizador de emociones.

¿Para qué conservamos?

La mayoría de las personas a partir de cierta edad empiezan a valorar en forma especial la
memoria. Los años que pasan obligan a buscar espacio en los recovecos de la mente o fuera
de ella para almacenar historias y vivencias sobre cosas y lugares que han formado parte del
paisaje cotidiano real de la juventud pero que actualmente ya no existen. Objetos y memoria
interactúan necesariamente mientras se van perdiendo. En el plano colectivo de los pueblos
pasan cosas parecidas: cuanto más rápido crece un país y más se desarrolla
económicamente, más probable es que sufra un fuerte deterioro el legado material e
inmaterial de su historia, y mientras tanto la memoria colectiva se hace más necesaria. El
llamado progreso con su lógica a cambio y transformación se lleva por delante casi
inevitablemente fragmentos enteros de un entorno cultural construido poco a poco. Con el
paso del tiempo se pierden los lazos tangibles –las obras, objetos - y también la memoria,
que ponen en contacto a las personas y los colectivos con el pasado y las generaciones
precedentes.

Como eso representa una pérdida, la humanidad históricamente ha reaccionado desarrollando


prácticas conservacionistas. En la era de la realidad virtual y la simulación informática, los
objetos de la historia cumplen su misión tradicional del mismo modo que siempre, sin
embargo, la nueva visión del mundo que se genera los hace más insustituible y permanente
de las obras de los seres humanos sobre la que podemos ir y volver.

Fundamentos de la gestión patrimonial.

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Como veremos más adelante la conciencia patrimonial es un fenómeno


antiguo que ha desarrollado distintas estrategias preservacionistas. La
conciencia patrimonial ha descubierto también que la conservación por la
conservación puede llegar a ser un absurdo, por ello ha debido pensar en
nuevos usos para el legado preservado. De todo ello se ha ocupado la
gestión patrimonial.

Entendemos por gestión del patrimonio, pues, al conjunto de actuaciones programadas con el
objetivo de conseguir una óptima conservación de los bienes patrimoniales y un uso de estos
bienes adecuado a las exigencias sociales contemporáneas. Superando las concepciones
tradicionales que limitaban el cuidado o tutela del patrimonio al estudio y la conservación,
nuestra época ha redescubierto las posibilidades de una gestión integral del patrimonio que se
plantea, además del reto de la conservación, entrar los mejores usos para nuestro patrimonio
histórico común, sin menoscabo de su preservación ni su valorización social.

La gestión del patrimonio histórico tiene como punto de partida la conservación de


determinados objetos, producidos por la actividad humana en un pasado más o menos lejano,
que han perdurado hasta el presente. Estos objetos y a menudo estos paisajes –conservamos
lugares y paisajes- se presentan a nuestra consideración de forma muy diversa. Algunos
mantienen un uso que apenas se diferencia del uso que han tenido siempre, como pasa con
tantos edificios, por ejemplo una iglesia neogótica que sigue cumpliendo sus funciones. Otros
objetos se nos presentan aislados, como desgajados de su lugar de origen, ajenos al contexto
que pensamos que les es propio, encerrados en un museo. Muchos no tienen ninguna utilidad
práctica debido al paso del tiempo; sin embargo, atraen la administración y la estima de la
gente, quizás por su belleza o acaso por sus valores simbólicos. Aun existen otros que, más
que objetos, son lugares, puntos en un mapa, como el paraje en el que tuvo lugar tal o cual
batalla o el rincón de tal ciudad en el que sucedió un rememorado acontecimiento. Existen
también unos determinados objetos o lugares especialmente designados que llamamos
monumentos, consagrados de forma específica a la memoria histórica de una comunidad o un
pueblo.

Las sociedades avanzadas en particular no paran de crear patrimonio, esto es, ceden a la
presión social a favor de patrimonializar una parte considerable de su entorno. Existe hoy día
el peligro de patrimonializar en exceso, confundir, dejarse llevar para la nostalgia, querer
recrear un mundo que de hecho nunca existió. Hay muchas razones para ello; quizás es
crucial la conciencia del peligro que supone la amenaza real de desaparición de una parte del
legado material. La idea de rescatar el pasado de la muerte y el olvido constituye en nuestra
sociedad un impulso tremendo. Pero también existe la tentación de utilizar políticamente el
patrimonio, dada la fascinación que despierta en nuestras sociedades y lo fácilmente
manipulable que es. En cualquier caso parece que pesa fuertemente la percepción profunda
de que la ruptura entre pasado y presente es hoy.

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Los procesos de selección. Recursos patrimoniales potenciales y patrimoniales


efectivos

Una forma moderna de contemplar la gestión la gestión patrimonial es


considerar al patrimonio como un recurso cultural que está ahí a nuestro
alcance para sacarle partido. Se ha explicado el enorme potencial que
atesora el patrimonio por el hecho de que puede constituir un depósito
enorme de objetos, que de tan grande parece inagotable.

No obstante se ha hecho referencia al grado de destrucción a que está expuesto el


patrimonio, sobre todo debido a los embates del progreso. Constatamos que la frecuencia de
destrucción del patrimonio crece exponencialmente en nuestro tiempo, en especial en
determinados países y lugares, aun a pesar de los esfuerzos preservacionistas empleados.

La gestión patrimonial debe partir, en la práctica, del hecho de que existe una limitación clara
del potencial de recursos a explotar. Todo recurso, sea natural o cultural, es por definición
escaso, es decir, tiene un límite, y en el caso particular del patrimonio histórico, estamos
considerando además un tipo de bien que es no renovable. Cuando decimos que se trata de
bienes no renovables, nos estamos refiriendo al hecho de que cuando un bien arquitectónico
se pierde no puede ser sustituido por otro que se ha salvado.

Además los potenciales recursos patrimoniales vienen limitados por procesos naturales de
sustitución: una casa nueva sustituye en el mismo lugar a una casa antigua; de forma
parecida, en cierto momento una iglesia gótica sustituyó a una de romántica en el mismo sitio
por necesidades de ampliación y modernización del lugar de culto. Por otro lado, no todos los
bienes que integran el patrimonio histórico ofrecen las mismas posibilidades, tienen el mismo
valor científico o educativo, son estimables en la misma medida, están por igual a nuestro
alcance, ni están al mismo modo amenazados.

El sentido común y la limitación natural de los recursos económicos, en última instancia,


alejan cualquier idea de ese tenor. La relativa escasez de ese recurso, la fragilidad natural y
la ambigüedad con que nos figuramos unos potenciales recursos patrimoniales, aconsejan el
establecimiento de un método para abordar su problemática. Este método parte de establecer
unas prioridades con el fin de orientar los esfuerzos investigadores y de conservación hacia
los elementos más importantes, representativos y ricos en posibilidades de uso, según los
criterios dominantes en cada momento, procediéndose necesariamente a una selección que,
no obstante, estará condicionada siempre, como mas tarde estudiaremos, por factores
externos de carácter legislativo, administrativo, económico y político.

La gestión del patrimonio en nuestros días tiene como primera misión la realización de una
cuidadosa selección. Debe saber escoger que objetos de la historia merecen por encima de
otros ser salvados y traspasados a las generaciones que por encima de otros ser salvados y
traspasados a las generaciones que vienen, venciendo las presiones del presente. En segundo
lugar, debe encontrar los usos más adecuados y socialmente más beneficiosos para los bienes
que se han decidido preservar.

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En relación a la cuestión clave de la selección, hay que insistir en que no existen unos
criterios asépticos, diáfanos ni totalmente coherentes, es decir, perfectamente válidos y
universalmente aceptados. Siempre son procesos singulares que aunque se apoyan en
criterios generales como mérito, representatividad y utilidad, en cada lugar presentan facetas
distintas y al final se resuelven por decantación histórica. Aun cuando casi siempre interviene
el dictamen experto, la selección viene determinada históricamente y socialmente de alguna
forma u otra, ya que los individuos y las organizaciones que la llevan a cabo son producto del
tiempo en que viven.

Hay que determinar el destino de una gestión.

En principio existen tres grandes destinos diferenciados, no necesariamente


excluyentes los dos primeros, que son:

1. El estudio, es decir, el bien útil a la ciencia reservándosele a tal fin.


2. La explotación con fines sociales, el bien revierte a favor de la sociedad como
instrumento educativo, como atracción generalizada, monumentalizado, rehabilitado y
reutilizado, como polo coadyuvante al desarrollo sostenible de una zona, etc.
3. La reserva, la fracción de patrimonio identificada que se protege y sella para
reservar sus beneficios solo para el futuro. Esta provisión es especialmente importante
en arqueología.

Existe un cuarto destino que es el consumo individual de bienes patrimoniales. Pero este
destino no puede ponerse a la altura de los demás en este apartado por su carácter
fundamentalmente no público y por quedar al margen del control social. En cualquier caso el
consumo individual excluye a las demás personas del disfrute del bien consumido.

¿Quién selecciona?

Antes de hablar de las personas o las instituciones responsables de los procesos de selección
hay que referirse a los contextos de selección. Tales contextos funcionan con bastante
autonomía aunque interactúan entre ellos y mutuamente se influyen.

Un contexto científico-profesional, enmarcado por la actividad académica y


de investigación, con la universidad y las instituciones científicas al frente y los
propios museos, así como las organizaciones profesionales, que aplican políticas
de adquisición y conservación y desarrollan programas de investigación y
difusión.

Un contexto societario-civil representado por la vida civil y la actividad


asociacionista, asociaciones culturales y conservacionistas, organizaciones no
gubernamentales y entidades sin ánimo de lucro involucradas en la difusión del
patrimonio.

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Un contexto político-administrativo enmarcado por las administraciones


públicas, que actúan de acuerdo con la ley y ejecutan las provisiones establecidas
por las normativas existentes. También se toman iniciativas preservacionistas a
través de los representantes políticos, a menudo a instancias de representantes
de los demás contextos y de acuerdo con las demandas que en una sociedad
democrática plantea la opinión pública a través de sus medios de comunicación y
presión.

Un contexto económico enmarcado por las relaciones económicas que tienen


lugar en la sociedad, donde los agentes acuden al mercado que sopesa y pone
precio a los bienes culturales y a las iniciativas de conservación.

Todos estos contextos de selección están mediatizados por el ambiente, las tradiciones, las
modas, las ideas vigentes, etc. En el seno de los mismos se originan las instituciones y
organizaciones concretas que se relacionan con el patrimonio.

¿Qué se selecciona?

Es una forma de atribuir valor. El proceso de selección y puesta en valor se hace a partir de
unos valores. Tales valores referencia no pueden entenderse como absolutos, puesto que son
siempre valores que dependen de un determinado contexto cultural, histórico e incluso
psicológico. En función del contexto, unos recursos son más apreciados en un momento dado
que otros. Los contextos de atribución de valor se configuran en torno a circunstancias muy
determinadas, tales como: las relaciones económicas dominantes, los criterios de gusto
dominantes, las ideas y creencias sociales, las presiones políticas, etc. En función de las
estructuras de la investigación científica teoría y aplicada, la provisión para la formación en
los ámbitos de las ciencias sociales y las humanidades, las posibilidades de financiación del
Estado y los agentes sociales y económicos.

Las funciones de la gestión patrimonial.

Hemos visto que la selección se produce previa atribución de valor. A partir de


aquí se pone en marcha la máquina de la gestión patrimonial.

La gestión patrimonial responde y se adapta al tipo de construcción patrimonial activada.


Tras la selección regida por principios y criterios propios de nuestro entorno contemporáneo,
como hemos podido ver cosa que deberá condicionar las relaciones que se establecerán en el
futuro entre objetos y público, se produce normalmente una segregación del objeto respecto
del lugar o contexto original en que se descubre, segregación que muchas veces es incluso
física (transporte a un museo) con la intención de reubicarlo en relación a otros objetos
seleccionados. Es la fase taxonómica del proceso de construcción patrimonial que persigue
catalogar los objetos en base a unos principios clasificatorios regidos por criterios
científicos y normas culturales. Así pues, el conocimiento científico y disciplinar nos indica
la manera de proceder para identificar correctamente los objetos que pasaran a ser parte de

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nuestro legado material, y nos guían sobre la forma de elaborar una base de datos, por
ejemplo, que permita clasificar y reunir toda la información que se puede extraer de tales
bienes –documentación -. Los museos y determinados agentes profesionales, públicos y
privados, serán los encargados de desarrollar las tareas específicas de documentación,
conservación y restauración requeridas. Las políticas medioambientales y urbanísticas podrán
trazar las líneas maestras de las actuaciones que contribuyan a facilitar la integración de los
bienes patrimoniales en la ciudad o en el territorio. Escuelas, universidades, museos y
profesionales independientes, así como diversos organismos gubernamentales, evaluarán y
pondrán los medios y los conocimientos para cubrir las necesidades de interpretación y
divulgación del patrimonio. El mercado, las galerías de arte y los anticuarios podrán asimismo
en funcionamiento sus mecanismos de divulgación y distribución, que también contribuyen a
administrar los recursos patrimoniales existentes.

Se puede enumerar las funciones precisas que realizan, con la ayuda de prácticas y
procedimientos específicos, los museos y demás instituciones responsables de la gestión del
patrimonio.

Las principales funciones que tienen encomendadas estas instituciones son seis, a
saber:

1. Identificar, recuperar y reunir grupos de objetos y colecciones.


2. Documentarlos.
3. Conservarlos
4. Estudiarlos
5. Presentarlos y exponerlos públicamente
6. Interpretarlos o explicarlos.

Las primeras tres funciones más el estudio constituyen la base del trabajo de cualquier
institución patrimonial, siendo las funciones más tradicionales e históricamente más
conocidas, que nosotros llamaremos internas, para entendernos. Las otras dos, más el
estudio o investigación, que aparece como elemento irrenunciable desde ambas facetas,
tienen sobre todo que ver con la dimensión pública o social de la gestión patrimonial.

El uso social y la contextualización del bien preservado.

El mismo proceso de selección prefigura a menudo un uso posterior del bien preservado, de
manera que a la hora de utilizar el bien con fines sociales pedagógicos surge el problema de
la contextualización. Es muy probable que el valor adjudicado al bien, o la forma como es
apreciado en el presente, difiera del valor dado al mismo bien en un momento determinado
del pasado. Para mantener intacto su valor patrimonial en el presente, es muy importante
que el objeto, a pesar de los posibles cambios de mano y función, no haya perdido en el
transcurso de su itinerario por el tiempo y el espacio, una cierta relación con el contexto
original de producción y uso. Ese objetivo sólo se consigue, una vez el bien ha sido
recuperado, mediante el estudio.

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La pérdida de relación con el contexto original puede provocar en muchos objetos


patrimoniales una pérdida crucial de valor y sentido. En estos casos, los procesos de
deterioro de los objetos pueden, además, acelerarse. Pensemos por un momento qué puede
suceder, no ya cuando una capilla de una casa veraniega se convierte en un depósito por
abandono, o una cerámica se convierte en un cenicero en un hotel, sino en lo que ocurre en
muchos museos con los objetos que presentan, tan a menudo alejados de los contextos que
les son propios.

La segregación de los objetos de su contexto físico original y su conservación en el entorno


artificial de un museo a favor de su conservación no son, con frecuencia, garantía suficiente
de nada. No hace falta recurrir al problema de la manipulación política que tan a menudo ha
afectado la presentación del patrimonio. En el museo, por falta de estudio y adecuada
interpretación, los objetos pueden acabar representando y comunicando cosas absolutamente
ajenas a su sentido original, aun sin voluntad expresa de manipulación en ningún sentido. Un
fragmento de pintura rupestre en una exposición puede ser vista como un ejemplo de una
sofisticada decoración mural, y un arma ritual interpretase como un instrumento de matar.
Los problemas aparecen también en los conjuntos conservados in situ. Un grupo de casas
italianizantes, según se interpreten y presenten, pueden aparecer representado una forma de
vida curiosa o simplemente “distinta” convenientemente escenificada quizás, pero que poco
tiene que ver con las ideas y sensaciones que en su lugar deberían transmitirse.

En nuestra sociedad avanzada y consumista, una de las principales amenazas que se ciernen
sobre el patrimonio es la pérdida de sentido por el uso. Esta pérdida de sentido se origina
debido a variadas circunstancias, como estamos viendo, por sobre todo aparece cuando
transformamos los bienes patrimoniales en un objeto de consumo más. Cuando el patrimonio,
es visto sólo como recurso en un sentido economicista del término, se tiende a priorizar un
uso consumista del mismo, a convertirlo en mercancía. En el contexto de la modernidad de
nuestro tiempo el patrimonio es potencialmente el recurso primario de una industria potente,
la industria del turismo, y como tal debe generar por encima de todo renta. Es obvio que
existe una dimensión del patrimonio que tiene que ver con la economía y la generación de
recursos económicos, pero esta dimensión no debe tener un carácter predominante.

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Concepto de Patrimonio Histórico, del Monumento al


Territorio

El concepto de patrimonio es producto de la aparición de la Historia como


disciplina autónoma en la primera mitad del siglo XIX.

Su origen, se remonta al siglo anterior, cuando se desarrolla una nueva filosofía de la historia
(posibilitada por los ataques de los filósofos empiristas a las concepciones cartesianas). La
Ilustración continuó profundizando en la renovación de la ciencia histórica, dotándola al
mismo tiempo de sus contenidos más característicos como el desprecio por algunas épocas
consideradas oscuras y una concepción uniforme de la naturaleza humana. Serán Rousseau y
Herder los encargados de relativizar esos conceptos y, así sentar las bases del nuevo edificio
histórico del romanticismo cuya más completa configuración es la filosofía de la historia de
Hegel y cuyos dos pilares fundamentales serán el historicismo y el nacionalismo.

El historicismo supone la idea de que lo que ha sucedido en el pasado, con


atención prioritaria a su ubicación espacio-temporal, aclara y justifica los
hechos históricos y, sobre todo, explica el presente al considerarse a éste
como el último eslabón de ese largo proceso evolutivo.

De esa manera la coherencia interna de cada civilización y de cada sociedad es total: no hay
desarmonía entre las prácticas espirituales y sus modelos políticos, ideológicos y religiosos,
pero también es punto de referencia para un desarrollo posterior de la historia. Supone la
consolidación de un proyecto, una estrategia que busca un nuevo consenso para cimentar el
orden social, asustada tras 1815 por el avance de las ideas revolucionarias en las clases
populares.

Para lo cual se apoya en el nacionalismo, se intenta reconstruir la historia de la nación, que


gracias a la revolución liberal burguesa se constituye como unidad indivisible, basada en la
raza, la lengua y la misma historia. Se busca en la historia el sentimiento de unidad nacional,
asociado a valores como el sentimiento cristiano, el heroísmo, la libertad el patriotismo. Esos
valores se encarnan en personajes históricos, en ese momento abundan las biografías,
además cada uno de estos personajes históricos es la representación del genio colectivo. A
través de desenterrar los acontecimientos más representativos en los que se plasman
aquellos valores, se intenta configurar una memoria colectiva nacional. De ese modo el
historicismo romántico sirve a los intereses y la manipulación de la historia que tiene las
conclusiones señaladas a priori.

De esa manera la noción de patrimonio, viene a ser un instrumento más


en esa búsqueda de identidad nacional, los Monumentos se constituyen en
símbolos del espíritu del pueblo, en ejemplos de la manifestación de éste a
lo largo de la historia.

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Las raíces de la cultura de la conservación, se encuentran, por tanto, en la sociedad


occidental ilustrada, y en su inmediato producto, el Romanticismo, vinculadas al ya citado
historicismo. Surge la conciencia social de que se vive en una época de transformación, que
supone un corte radical respecto al pasado. Es esta conciencia de ruptura y discontinuidad la
que estimula la aparición de una cultura de la preservación, que busca mantener la memoria
del pasado común, convertido en referencia cultural de la propia sociedad moderna.

Se va a comenzar a restaurar los edificios, lo que no solo supone mejorar su estado físico,
sino que supone darle además un contenido ideológico. Se valora no objetivamente sino como
símbolo de la nación, lo que lleva a reconstruir una imagen ideal que no tiene una
correspondencia real con el pasado, símbolo de la armonía del pueblo. Por razones distintas,
éticas, estéticas, científicas y otras, surge y se desarrolla un movimiento social que valora el
legado o herencia transmitido por las sociedades precedentes y que alimenta un discurso
nuevo sobre ese legado, identificado como patrimonio cultural.

Se trata de un proceso de legitimación de los referentes simbólicos a partir de las fuentes de


autoridad extraculturales, esenciales y, por tanto inmutables que tiene su origen en el
romanticismo. Estas fuentes de autoridad son la naturaleza, la historia y la inspiración
creativa cuya fuerza para legitimar la realidad social proviene más allá del orden social y sus
leyes.

la naturaleza concebida idealmente, no maleada por el hombre, sus fuerzas


desatadas y peligros escapa al control humano y revela la existencia de unos
poderes que no se pliegan al orden social.

la historia, el pasado (también el futuro) también escapa a nuestro control al


estar más allá de nuestro presente inmediato,

la inspiración creativa, el genio, representa la excepcionalidad cultural, la


individualidad que trasciende y por tanto transgrede las reglas que rigen para el
común de los mortales.

Su origen divino, lo decisivo es su ubicación más allá de los límites de la cultura y de la


capacidad de control social que les confiere el principio de autoridad absoluta. Este es el
mecanismo que la sociedad utiliza para legitimar su irresistible ascenso, la ideología
romántica que ennoblece las políticas sociales.

Es interesante observar, que el interés por el patrimonio histórico en Europa


surge de manera paralela al desarrollo en Estados Unidos del interés por el
patrimonio natural.

Las circunstancias históricas hacen comprensible éste distinto objetivo -las ciudades históricas
europeas frente a los grandes espacios naturales vírgenes norteamericanos-, pero ambos

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responden a estímulos equivalentes, como reacción frente a las amenazas de destrucción que
el desarrollo de la sociedad capitalista industrial cierne sobre el entorno natural y sobre el
entorno humano.

La eclosión del maquinismo y de las formas de producción del XIX generaron los cambios en
la vida cotidiana y en el entorno de la existencia de las personas que habitaban en las
ciudades, provocando un sentimiento de desconcierto, incomodidad o admirada resignación.
En particular la noción del tiempo cambió, de un tiempo laxo, basado en los ciclos naturales
se pasó a un tiempo fijo, obsesivamente recordado por el reloj que regula la vida de las
personas con sus señales auditivas características. A la vez que pasaban las horas, pasaban
las cosas con el aumento de ritmo, muchas cosas se quedan anacrónicas. Ante esos cambios
se reacciona mediante la evocación nostálgica de la tierra natal, la idealización de la vida del
mundo rural, la revalorización del trabajo manual, y las críticas a la destrucción de la
arquitectura tradicional y de los monumentos y restos arqueológicos. El desarrollo del
concepto de patrimonio está ligado a una actitud crítica hacia la industria en la que
participaba la propia sociedad enriquecida gracias a ella.

Evolución y ampliación del concepto de patrimonio.

La inicial visión del Patrimonio va a ser muy reducida, limitada al campo


estético, a la obra de arte singular, es el concepto de monumento.

La primera característica que define a los objetos patrimoniales será la de objeto bello,
asociada a la concepción del arte definida en el siglo XVII en Francia, como consecuencia de
la importancia que las artes plásticas habían adquirido desde el Renacimiento que separa al
artista de los artesanos. La obra de arte se conserva a través del coleccionismo y del interés
por lo clásico.

La otra gran característica para definir a los objetos patrimoniales es el concepto de


antigüedad que surge de la conciencia de estar en una época nueva, con el desarrollo de la
industrialización. Son estos dos conceptos los que se usan para definir el patrimonio a finales
del XVIII y a principios del XIX, el concepto de antigüedad se asoció a los objetos de los
imperios mediterráneos de la Antigüedad que se añadía al supuesto valor estético.

Ya entrado el siglo XIX con el desarrollo del historicismo y la ampliación del concepto de
belleza se valoraron también los objetos de la prehistoria y luego los de la edad media, lo que
no impidió que se destruyeran una cantidad importante de bienes en este siglo. Es el
momento de las restauraciones en estilo, en las que se reconstruye un edificio ideal, de las
que ya hemos hablado, pero también de la valoración de la ruina, de la sacralización de la
obra a la que no se puede tocar.

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Esta última concepción desarrollada en Inglaterra por Ruskin es solo


aparentemente contradictoria con la reconstrucción en estilo, ya que
responde en realidad a la misma ideología burguesa nacionalista, que
convierte al gótico en símbolo nacional.

Posteriormente se van a añadir otras dos características al concepto de patrimonio,


importantes para la apreciación del Patrimonio Industrial. La primera es la de objeto
testimonio de una época, que procede de la etnología que comenzó a valorar los objetos no
artísticos de las sociedades no industriales. Y la otra es la de bien histórico como objeto de
estudio, con la finalidad de comprender las sociedades del pasado, aportada por la
arqueología, cuando ésta dejó de buscar solamente piezas de valor y empezó a usar los
restos del pasado para estudiarlos e interpretarlos.

Pero será, sobre todo, en la segunda mitad del siglo XX, cuando el concepto de patrimonio
histórico supere la idea del monumento del pasado, como obra de arte del genio humano, y
se refiera a todo el conjunto de bienes que se refieren a la actividad humana. A partir de
entonces ya no va a ser sólo el monumento el objeto central de atención de la conservación
del Patrimonio y tampoco será la práctica restauratoria el eje de toda política de intervención,
como todavía se desprende de la Carta de Atenas de 1931 y de la Carta de Venecia de
1964.

Es a partir de los años 60 y 70 cuando se produce en el ámbito internacional un vuelco en


esta apreciación. Dicho cambio proviene en gran parte de los colectivos ciudadanos,
profesionales y políticos cercanos al urbanismo y conocedores de la realidad y graves
problemas que estaban surgiendo en los centros históricos de las principales ciudades. Tiende
a romperse el aislacionismo clásico de la actividad de conservación del patrimonio y a
integrarlo en las demás estrategias encaminadas al bienestar social y cultural de sus
habitantes.

Del mismo modo el interés se amplía del monumento al conjunto, donde se refleja de un
modo más completo la huella de las civilizaciones humanas. Esto queda plasmado en la Carta
de Ámsterdam de 1975, donde se habla por primera vez de "Conservación Integrada",
considerando inseparables la restauración material y la rehabilitación funcional, y en la
Recomendación de Nairobi de 1976, verdadero código en materia de tratamiento de los
conjuntos históricos en el que se apuesta por una visión moderna e integral del problema
sobre la base del planeamiento urbanístico como instrumento técnico.

Recientemente el concepto se ha enriquecido aún más gracias a la aportación de


zonas del planeta alejadas de la perspectiva occidental, en la conciencia creciente
de que es la diversidad cultural del mundo el principal objeto del patrimonio
cultural.

Actualmente en la línea de lo ocurrido en los años 60 se amplía el concepto de bien cultural,


hacia un concepto más comprensivo del mismo, menos ligado a lo estrictamente

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arquitectónico y más a lo antropológico. Interesan aspectos como la arquitectura popular, el


patrimonio industrial, rutas de comunicación e intercambios.

Esta ampliación conceptual conlleva una espacial: el ámbito de percepción del patrimonio
sobrepasa el conjunto histórico, se habla ahora de rutas, canales o paisajes culturales, es
decir una dimensión territorial. Esto no significa que todo haya de ser protegido y que, por
tanto, no se puedan transformar los usos del territorio, sino que se debe planificar a escala
territorial, analizando cual debe ser la estrategia de revitalización y cuáles son los respectivos
niveles de protección (según el papel que desempeñan cada uno de los elementos en el
funcionamiento general). Lo importante es que no se puede comprender el verdadero
significado de los bienes culturales sino tenemos en cuenta el medio en el que están
integrados.

Como afirma Salvador Forner "la tendencia es en este caso manifiestamente favorable: desde
concepciones fundamentalmente artísticas - y en consecuencia enormemente subjetivas - del
patrimonio como elemento-símbolo del pasado, que en su día dio origen a la política de
protección y conservación de los monumentos nacionales, hemos desembocado en una
extensión del contenido del concepto mucho más acorde con los intereses generales de una
sociedad y con la responsabilidad de la misma, en tanto que transmisora de una herencia
histórica que no puede dilapidarse" (1989,18). Desde esta perspectiva se pueden estudiar
todos los elementos que configuran la red urbana, tanto los monumentos singulares, como
todo el patrimonio residencial y productivo, también el natural más o menos antropizado. Y,
por tanto, también el patrimonio industrial.

El patrimonio industrial adquiere su verdadero valor contemplado como


una parte integrante del patrimonio urbano, "entendiendo como tal el
conjunto de elementos, edificios, paisajes urbanos y estructuras espaciales
que poseen un valor documental de los procesos históricos que los
generaron". El patrimonio industrial supone cuestionar la concepción
tradicional del territorio como elemento singular, aislado, para concebir una
estructura histórica del territorio.

En ese sentido podemos decir que solo cuando el concepto de Patrimonio pierde sus
prejuicios ideológicos románticos, de legitimación de la burguesía , puede incluir al patrimonio
industrial. No es casual que el primer concepto de patrimonio separara al monumento del
resto de objetos o lugares no patrimoniales : al ampliarse el concepto de patrimonio tanto en
lo conceptual como en lo territorial, pasará de centrarse solo en monumentos "excepcionales"
y vinculados a la burguesía, o a las clases dirigentes anteriores de las que la burguesía
pretende mostrarse como sucesora para incluir también otros espacios tanto residenciales
como productivos, más habituales pero no por ello menos significativos de una sociedad, ya
que reflejan la vida de la mayoría de la población. Es decir se hacen visibles, de pronto, las
clases subalternas, en el caso del patrimonio industrial la clase obrera.

El patrimonio industrial se nos presenta por tanto, no ello, en forma de monumentos que

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testimonian “el progreso” en sentido positivista, sino, como afirma Franco Borsi, como
espacios, paisajes que nos muestran la dialéctica social, la lucha de clases, la suma de
sacrificios humanos que han tenido su desarrollo en la fábrica, en la construcción de las redes
de comunicaciones, etc.

Aún hay que relativizar otro aspecto de la concepción tradicional de Patrimonio para
acercarnos al patrimonio industrial, se trata de la idea de antigüedad, ya que muchos objetos
de la época industrial se pueden considerar conceptualmente antiguos, debido a la
"obsolescencia" característica de la sociedad industrial, por lo que objetos, edificios,
espacios... pierden, de repente, su función, son sustituidos por otros nuevos continuamente.

"Hemos de ser conscientes de que somos la primera generación que hemos de


considerar como bienes patrimoniales objetos que nosotros mismos, al menos los
que tenemos más edad, hemos usado en años pasados".

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RETROSPECTIVA DE LA RESTAURACIÓN Y
CONSERVACION

1. 1. Las intervenciones en el pasado

La conservación y la restauración son tan antiguas como la misma obra de


arte, pues el proceso de degradación comienza ya durante la propia
creación.

El arte, como el hombre, tiene un destino perecedero. Es difícil determinar con exactitud
cuando se empieza a conservar y restaurar, el simple mantenimiento de una obra preciada es
ya un primario tratamiento de conservación. Desde la Antigüedad clásica, en Grecia y Roma
se han hecho restauraciones. Plinio el Viejo y Vitrubio relatan ya traslados de frescos, se
utilizaban aceites como protección, restituciones de elementos dañados o desaparecidos por
robos, guerras etc. incluso en el siglo III d.C. San Cipriano hace ya crítica de la restauración,
en fin las restauraciones, en general pretendían restablecer el aspecto original alterado de la
obra o la comprensión del tema.

En la Edad Media se restauraban los cuadros religiosos, fuera para conservar su sentido
piadoso, fuera para adecuarlos a los nuevos gustos de la época. Y con todo, fue ésta su mejor
suerte, pues la indiferencia de los siglos XVII y XVIII hacia las pinturas medievales hizo que
se destruyeran una gran cantidad de ellas.

En la época de la contrarreforma, como consecuencia de las decisiones tomadas en el Concilio


de Trento (1545-1563), se repintaron las decoraciones religiosas y se las hizo más conformes
a ciertas prescripciones encaminadas a favorecer la devoción. Las desnudeces, las alusiones
profanas y las representaciones poco respetuosas del clero debieron taparse o corregirse.

En los siglos XIII y XIV, se encargaba al artista limpiar o arreglar pinturas o esculturas y
además corregir composiciones, todo por razones devocionales o adaptaciones al nuevo estilo.

Así fue como en 1564, Daniel de Velterra recibió el encargo de recubrir los
desnudos que había pintado Miguel Ángel en el "Juicio Final" de la Capilla Sixtina.

En 1576, el IV Concilio Provincial de Milán recomendaba a los obispos quemar las imágenes
piadosas que estuvieran muy deterioradas y colocar las cenizas resultantes en la iglesia para
evitar cualquier tipo de profanación. Pero asimismo aconsejaba "renovar" aquellas que
estuvieran mejor conservadas, a fin de reafirmar la devoción. En consecuencia, los cuadros
de las iglesias debieron ser restaurados, lo que viene a significar que fueron "repintados".

Fue con la instalación de las colecciones de Francisco I en Fontainebleau, como aparecieron


menciones relativas al estado de conservación y restauración de cuadros en Francia:
intervenciones consistentes en "lavar", "limpiar" y "reavivar".

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Los cuadros considerados como parte del mobiliario, eran frecuentemente agrandados o
disminuidos, según la decoración a la que estaban destinados Desde la segunda mitad del
siglo XVII se hizo frecuente el "forrado" o "reentelado", intervención que consistía en reforzar
el lienzo original, con la adición de otro.

Apareció a mediados del siglo XVIII una gran novedad técnica, la "transposición",
que consiste en sustituir el soporte original de aquellos cuadros cuya pintura se
desprende, hasta el punto de hacer peligrar la obra.

Según parece, este invento de la transposición, que data del primer cuarto del s. XVIII,
provenía de Italia y llegó a Francia a través de Bruselas. Pero fue en París, donde Robert
Picault puso en práctica esta operación, según un misterioso procedimiento.

El segundo invento técnico importante, relativo a los paneles pintados, fue, en 1770, el que
permitió pasar del entarimado fijo a un entarimado móvil o corredizo y su autor fue el propio
Jean-Louis Hacquin, ebanista de formación. De este modo, en Francia, en vísperas de la
Revolución, existía ya la Restauración como disciplina independiente y contaba con las
técnicas esenciales, en cuanto a tratamiento de los soportes: la renovación del lienzo, la
transposición y el entarimado móvil o corredizo.

En Francia, en el siglo XIX, la transposición fue trabajo corriente, y el entarimado, conforme a


una hábil concepción, se difundió. Ambas técnicas se emplearon sistemáticamente y eran
ejecutadas por los "reenteladores" o renovadores de lienzos y por ebanistas.

Los restauradores, siempre pintores, retocaban las obras en su calidad de artistas. Sus
conocimientos de restauración eran empíricos y los retoques practicados se guardaban
celosamente en secreto. Su trabajo era de carácter "ilusionista" y el cuadro restaurado debía
mostrar el aspecto de una obra nueva e intacta.

Es en el siglo XX cuando la restauración, poco a poco va apartándose de este empirismo para


entrar en una era más "científica". En respuesta a la toma de conciencia, progresivamente
más intensa, que los conservadores de los museos experimentaban respecto a los problemas
de restauración, la Oficina Internacional de Cooperación Intelectual sometió a estudio la
restauración de las pinturas y tras ello en abril de 1945 publicó un informe y en2 1948, con
ocasión de la primera conferencia general del I.C.O.M., o Consejo Internacional de Museos
(organización internacional no gubernamental adscrita a la UNESCO), se reunió en Londres un
comité para el tratamiento de las pinturas, compuesto por especialistas de doce países; un
comité análogo se reunió en Roma en 1949, en París en 1950 y en Bruselas en 1951, y desde
entonces continúa celebrando sesiones regularmente. Fue dentro de este contexto como
surgió, en 1950, el enfrentamiento entre los partidarios de la eliminación de los barnices y los
partidarios de un lijado suave: los anglosajones se mostraron favorables a las intervenciones
radicales y los latinos, a las "leves", posiciones que todavía actualmente se mantienen
enfrentadas.

En 1950 se creó el I.I.C. o Instituto Internacional para la Conservación de Objetos Artísticos e

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Históricos (agrupación interprofesional), cuya sede se halla en Londres. Su objetivo


fundamental es contribuir al desarrollo científico y técnico del estudio de la conservación y
restauración de estos objetos.

En 1958, unos cuantos países, miembros de la UNESCO, crearon el Centro Internacional para
estudios de la conservación y la restauración de bienes culturales ICCROM, cuya sede se
ubicó en Roma. Este centro se ocupa de coordinar y difundir los métodos de restauración de
obras de arte y de favorecer la creación de laboratorios especializados, muy especialmente en
los países en vías de desarrollo.

1.2 Antecedentes históricos

Las bases filosóficas, su evolución con el aparecimiento de varios


pensadores, nos procuran nuevas visiones que presentan, cada vez más, a
la restauración como una ciencia teórica, metodológica y sistemática. Estos
planteamientos a su vez abren la posibilidad de comprender una actividad
que respeta la importancia histórica, la autenticidad, la integridad estética,
atiende cuestiones compositivas unitarias y, concibe que la materia y la
historia son la base fundamental de un bien cultural.

A lo largo de los siglos vamos atesorando objetos de todo tipo que por sus características
particulares consideramos especialmente valiosos. Así, vamos formando un pequeño “tesoro”
de la humanidad. Nombrado de un modo institucional y a gran escala, es lo que llamamos
Patrimonio de la humanidad. Pero si dejamos a un lado a las instituciones, todos estos
objetos, símbolos del fetichismo del ser humano, son sencillamente “arte” o “bienes
culturales”.

Tampoco resulta fácil delimitar bien ambas categorías, definir el arte y el concepto de “bien
cultural” es aún más complicado, pero basta que una sociedad señale algo con el dedo
mágico de la cultura para que se convierta en un objeto digno de ser protegido. Pero ¿cómo
protegerlo? El problema es aparentemente sencillo, pero se complica cuando nos lo
planteamos a fondo. Cuál debería ser el criterio último que debe guiar las tareas de
restauración. La idea primera es dejar la obra como nueva. Realmente eso no es posible. Al
parecer todo indica que la respuesta a esta pregunta es sencillamente no. Se puede restaurar
a gusto del consumidor: que la obra quede como espera verla el “cliente”. También se pueden
considerar sólo criterios históricos: respetar las señales del paso del tiempo como marcas de
la historia, que a menudo pueden despertar más curiosidad que la propia obra de arte. Se
pueden seguir criterios artísticos: intentar rescatar la “técnica” y colores que quiso utilizar el
pintor original, o incluso con criterios “químicos” limpiar absolutamente todo lo que no sea
pintura original.

Aplicar cualquiera de estos criterios de un modo unilateral es muy aventurado


casi una barbaridad. En toda obra de arte entran en juego muchos intereses,

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gustos personales y variables culturales, y por eso hay tantas restauraciones tan
polémicas.

James Beck 3 es uno de los estudiosos que repetidamente ha denunciado lo que él considera
auténticos atentados contra el patrimonio de la humanidad, como la restauración de la Capilla
Sixtina. Según Beck, esta restauración ha ejecutado una traición a la genialidad de Miguel
Ángel, que vuelve a estar en el centro de la discusión al hilo del quinto centenario de su
David, o la restauración y limpieza de la fachada de la basílica de San Petronio en Bolonia, o
como quedo la del

Caballero de la mano en el pecho. La restauración termina imponiendo el gusto de una época


(siempre la presente) sobre otra, que además no puede defenderse.

Tomamos el pasado en nuestras manos, para intentar que siga siendo valioso, pero a
menudo lo que hacemos es destrozarlo. Existe toda una gama de enfoques, técnicas y
metodologías que rivalizan entre sí por conseguir la aceptación final y que en el negocio de la
restauración de obras de arte se mueven considerables sumas de dinero. Aquí el riesgo afecta
tanto a los aspectos históricos, económicos e incluso al buen nombre de los restauradores,
entonces que debemos hacer con nuestras obras de arte, cómo debemos intervenirlas ? En
principio debemos valorar que la restauración en sí misma no es sólo deseable sino incluso
esencial, no debemos rechazar la restauración sino la peligrosa retórica utilizada en ciertos
círculos afectos a la restauración, que sin un previo análisis integral, la utilizan para
demostrar que una obra de arte puede recuperar su “belleza original”.

Tales conceptos pueden conducirnos a desastres irreversibles. Tanta es la


indignación de autores como Beck, que se ha creado una Fundación en defensa
de los derechos del arte, con informes muy críticos sobre intervenciones en obras
cumbres de la Historia del arte.

Sería entonces necesario únicamente conservar las obras de arte tal y como se encuentren en
el momento de la conservación. Esto es intentar que no se deteriore nada más, pero sin que
para ello haya que cambiar algo de la propia obra. Y es que, el intentar dejar una obra de
arte como fue concebida en un principio, es cosa imposible, ya que nada permanece sin
alterarse un ápice.

Sin embargo es más importante y valioso ver la obra de arte conservada, intervenida pero
cuidadosamente, evidenciando su deterioro e imperfección, con ese sabor a antiguo. Es cierto
que ojalá tuviéramos las obras de arte tal y como fueron concebidas en el taller del artista.
Pero esto es imposible, pero siempre es mejor el intentar reconstruir algo desde una obra
distinta a la puramente original.

Es decir, que si se quiere saber cómo era tal obra en su propio momento de
creación, hasta podría intentarse, hoy existen una inmensidad de técnicas que lo
permitirían, se podría hacer una réplica, reproducir la obra como se cree que

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originalmente fue concebida, pero aceptar a la original tal cual los restos del
pasado la han dejado.

Todas las sociedades a lo largo de la historia, han sido sometidas por otras de mayor
desarrollo y poder, imponiéndoles nuevas costumbres y creencias, este proceso llevaba a la
confrontación y por tanto a la destrucción de monumentos que reflejaban su identidad,
desarrollo y forma de vida, el inevitable deterioro de las civilizaciones encuentran sus raíces
en lo que hoy reconocemos como ruinas, creando en el hombre la necesidad de reencontrar
su identidad, reflejada en sus objetos valiosos, en sus monumentos, en fin en todos los
símbolos importantes de su trascendencia y recorrido histórico que se han plasmado en
signos tangibles de su actividad creadora y superación social.

Para el surgimiento de la restauración tal y como la concebimos hoy en día, fue necesario que
exista una conciencia de la necesidad de la profesión, lo cual se da a raíz de los avances,
tanto tecnológicos como científicos a nivel mundial, que dieron como resultado la aparición de
los artistas y luego como evolución de estos dentro del campo del rescate patrimonial, nace el
restaurador que es el encargado del perfeccionamiento de la profesión en base a estudios
adquiridos en escuelas e institutos creados para la formación de profesionales que tenga a su
cargo la responsabilidad de la correcta aplicación de la metodología adquirida en base a esta
importante evolución. La restauración tiene su razón de ser en momentos de crisis histórica,
en las guerras, cuando los ataques a las ciudades abarcan también los bienes históricos y
artísticos. Hasta la época contemporánea no existió un solo criterio en las intervenciones que
permitiesen, la conservación de los bienes culturales. En su mayoría fueron soluciones
prácticas sin sentido crítico o científico. El interés por la conservación no tendrá su desarrollo
hasta los descubrimientos arqueológicos en el siglo XVIII. Los primeros juicios y conceptos,
respecto de la teoría de la restauración nacen con el momento social de cambio que tuvo
lugar con la revolución francesa. En momentos en los que propugnaban la destrucción de los
símbolos del anterior régimen, entre estos los edificios arquitectónicos, también se iba
generando una conciencia de respeto por las historicidades y los legados culturales -sociales.
Por la destrucción nace la conciencia de la restauración y conservación o sea la permanencia
de la memoria histórica de los pueblos.

1.2.1 Viollet Le Duc

Una de las primeras y principales teorías que trata sobre la conservación y


restauración en el siglo XIX es la “Restauración estilística” que proclama el
arquitecto Eugene Viollet-Le Duc (1814-1879) quien rescataba y reconstruía
edificios históricos destruidos por las guerras o por el tiempo. Principalmente
menciona que la restauración es entendida “como la adquisición de un
estado ideal, planteando la vuelta a un origen más puro, aunque difiera del
que fue su origen natural, esto es no solo recuperar la obra como era en su
estado natural y original, sino tal como debería ser una obra de arte
perfecta”.

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Esta teoría atendía a dos postulados fundamentales: originalidad de estilo y unidad de estilo:
La primera dota de máximo valor al estilo original de la obra de arte, donde admite la
eliminación de transformaciones posteriores para a través de la restauración recuperar su
estado original.

Por lo tanto implica un valor histórico, entendido este, como la recuperación del supuesto
estado original, en contradicción con el valor historicista de la obra de arte, tal y como se
comprende en la actualidad, donde se respetan las modificaciones históricas experimentadas
por la obra de arte en todo su discurrir temporal, desde su origen hasta nuestros días. La
segunda busca ese estado completo, ideal y primigenio, que concibió su autor, estado que
pudo o no lograr.

Es pues interpretar y completar lo que el autor no pudo. Este estado debería presentar la
obra de arte tras la restauración: perfección, completa, luminosa como si fuera nueva,
dotándole de un “valor de novedad”.

“La originalidad de estilo busca con la restauración recuperar el estado original


de la obra de arte y la unidad de estilo, busca el estado completo que debe
tener la obra de arte tras la restauración. Según estos principios cada obra de
arte, debe restaurarse de acuerdo con las leyes del estilo al que pertenece”.

Le Duc plantea en sus teorías la diversidad de alternativas que cada caso concreto propone,
las contradicciones entre lo posible y necesario, entre la teoría y la práctica. Pero sin duda
Viollet Le Duc dio muchos aportes a la restauración, siendo su metodología una guía y
ejemplo a seguir hasta la actualidad.

El ideal de la restauración pretendía el conocimiento profundo del estilo arquitectónico de


cada monumento, que permita conocer su esencia para así dotarle del mismo carácter a
todos los elementos y lograr la integridad del conjunto. Esto se lograba muy bien con los
estilos gótico, clasicista, que eran estilos lógicos con un sistema invariable y coherente. Estos
planteamientos fueron muy utilizados en el siglo XIX y los bienes restaurados fueron
convertidos en un “falso histórico”, reconstruyendo, completando e insertando elementos
nuevos y originales sin dejar evidencias del tiempo, de la restauración o de la creación.
“Restaurar un edificio no es mantenerlo, repararlo o rehacerlo, es restituirlo a un estado
completo que quizás no haya existido nunca”,8 sin embargo su teoría ha sido muy
cuestionada y criticada, pero es indispensable conocerla para comprender no solo la historia
de la restauración, sino incluso muchas de las claves del debate actual que plantean
constantemente la relectura de los principios históricos de esta disciplina.

Luego se da lugar a otros espacios alternativos a la restauración en estilo. En Roma se


consolidan principios científicos de la disciplina, la escuela romana de “restauración
arqueológica” que define una rigurosa metodología para las intervenciones de monumentos
antiguos y se establecen medidas institucionales para la protección del patrimonio histórico,

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se caracteriza por la recomposición del monumento con sus piezas originales, anastilosis, y
por la distinción entre las partes reintegradas y las originales.

Pío VII, a principios del siglo XIX publica su famoso “quirógrafo”, primer instrumento
operativo completo, en materia de bellas artes, con lo que procuraba una administración
severa del patrimonio histórico artístico en los dominios del pontificado. Así mismo el gobierno
napoleónico en 1809 creó diversas comisiones para la inspección y conservación especial de
los monumentos antiguos y modernos.

1.2.2 John Ruskin

Otro de los teóricos del siglo XIX es Jhon Ruskin (1819-1900), en 1850 plantea su doctrina de
“no intervención” en antagonismo frente a los excesos y falsificaciones que se venían
practicando en Europa bajo el esquema de la restauración estilística. Defiende la autenticidad
del bien, su valor como testimonio, en contraposición de la mixtificación de los monumentos
se plantea la “estricta conservación”, como único instrumento legitimo para preservar las
obras de arte, llevándolo a preferir las ruinas a la reconstrucción de los monumentos.

“Los signos de envejecimiento, plasmados en los monumentos, dan el valor de la


obra de arte como símbolo de autenticidad de la misma”.

La conservación de los bienes culturales consiste no solo en el cuidado de los objetos


materiales y concretos, sino también en la conservación de las cualidades morales que los
objetos encierran como símbolos y signos de la historia, lo que deduce que la conservación
encierra un importante componente ético, al actuar sobre los objetos que son signo de los
valores y conducen un mensaje de la civilización a las generaciones futuras que debe
conservarse con respeto religioso.

Ruskin considera que la falsificación de la imagen y la estructura de la obra de arte no solo


atenta contra la integridad física de la misma, si no contra la moral. La conservación de la
autenticidad del objeto histórico nos une al pasado, aunque en su visión idealista, asume que
la conservación procurará la trascendencia de la acumulación de la memoria incluida en el
monumento hasta que la naturaleza así lo permita dotando de carácter biológico el inevitable
fin con la destrucción natural de la obra.

Sus planteamientos introducen un nuevo esquema en donde se concibe un


valor ético y moral a la intervención, toma lugar un estricto respeto hacia la
originalidad de la obra, en donde el paso del tiempo se ha incorporado a la
autenticidad del bien, el cual deja huella e historia.

A mediados del siglo XIX se crea un debate en contra de las restauraciones que se realizaban
en Venecia basadas en los planteamientos de la restauración estilística de Viollet -L-Duc, con
Ruskin y su seguidor Alvise Piero Zorzi, también notable crítico de la restauración, quienes
crean un frente marcado contra los argumentos Viollentinos.

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Afirman que la restauración es aplicable a todo aquello que no tiene importancia arqueológica,
sino puramente artística. Este último es reconocido por su capacidad en nuevas alternativas
tecnológicas al principio genérico de la conservación, permitiendo con ello preservar la pátina
y mantener la imagen estratificada de los siglos, como signo de autenticidad. En 1877 William
Morris, siguiendo los planteamientos de Ruskin, “elabora un programa de protección de los
edificios históricos, más tarde llamada Anti -Scrape Society, consiguiendo que se formen
comisiones consultivas para censurar las intervenciones que no cumplan con los principios de
la conservación. Este fue el “detente” para la restauración que se venía practicando y dio
paso a la conservación, quedando así consolidados los principios definidos por Ruskin, lo que
en definitiva deja sentado los conceptos de conservación y restauración como opuestos.

La primera fundamenta el hecho de acciones que eviten el deterioro y la segunda elimina la


real naturaleza del bien, creando uno nuevo. Muchos de estos planteamientos han sido
aceptados en la conciencia de la práctica de la conservación moderna, sin embargo su visión
fatalista del inevitable fin del monumento ha sido contestada por la escuela del restauro
científico.

1.2.3 Camilo Boito

Entre la criticada restauración estilística y el método histórico analítico, surge


Camilo Boito con la “Restauración científica” y afirma el método de la llamada
“restauración histórica”, naciendo así un nuevo posicionamientos, en donde la
restauración se basa sólo en análisis filológicos, en investigaciones históricas
ciertas, o sea, no se restaura tal como debería haber sido, sino tal como fue, en
síntesis se procura devolver su imagen real, mediante fuentes iconográficas,
documentos, estudios en donde no se permiten interpretaciones.

Boito defiende una posición intermedia, excluye las falsificaciones y evidencia los añadidos,
para así legitimar la restauración admitiendo los límites de la misma.

Acepta la necesidad de la conservación, mantenimiento y prevención que aseguran la


perdurabilidad del valor histórico pero no acepta el posicionamiento no intervencionista.

Acertadamente divide sus criterios en tres grupos: Restauración arqueológica, pictórica y


arquitectónica, los cuales condicionan, según la naturaleza del bien, los alcances de la
restauración. En la restauración, el genio del siglo que resarce los monumentos debería
fundirse con el genio del siglo que los imaginó y construyó.

1.2.4 Gustavo Giovannoni

Surge otro teórico de la Restauración Gustavo Giovannoni (1873-1947) quien aporta con una
sistematización de estudios, trabajos y metodologías, mediante la definición y clasificación de

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los diversos tipos de edificios y el carácter de las intervenciones.

En su tratado se incluyen nuevos planteamientos teóricos, como prácticos.

Propone un esquema normativo en niveles y parámetros de intervención, creando así nuevas


bases metodológicas-filosóficas que engloban corrientes expuestas anteriormente.

1.2.5 El siglo XX

En el siglo XX se percibe una evolución de los criterios filosóficos de la


conservación y la restauración, caracterizada prioritariamente por el valor
testimonial histórico que recupera sobre su valor estético. Se amplía el concepto
de patrimonio, en donde se integran otros objetos y otros legados a categorías de
bienes culturales, existe mucho interés lo cual se traduce en foros y congresos,
para consensuar y encontrar nuevas alternativas y actuar correctamente sobre el
patrimonio.

1.2.6 Cesare Brandi

Cesare Brandi (1906 -1986) es uno de los teóricos que más aporta a la Filosofía
de Restauración actual, marcando un hito importante en el actuar de esta
disciplina. “la restauración constituye el momento metodológico del
reconocimiento de la obra de arte, en su conciencia física y en su doble polaridad
estética e histórica, en orden a su transmisión al futuro”.

Brandi unifica criterios y metodologías, resaltando la preparación científica, en la que no


puede admitirse disparidad de métodos o diversidad de rigor. Pretende manejar todos los
procesos bajo un solo esquema, el cual se basa en la práctica y experiencia adquirida,
logrando generar definitivamente una definición teórica de la restauración.

La base de sus planteamientos radica en la conservación y recuperación de la lectura integral


de la obra, empleando una metodología guiada por estudios históricos, analíticos, estéticos y
técnicos que respalden las intervenciones a seguir, siempre aplicando el criterio de la mínima
intervención que demande la obra. “se restaura solo la materia de la obra de arte”,14
cuidando siempre de usar los correctos medios físicos para lograr transmitir al futuro el
mensaje que guarda el bien cultural, sin cometer falsificación artística ni histórica.

Es necesario comprender la composición integral de la obra de arte, ésta


forma parte de una unidad que se refiere a un todo más no a una totalidad
considerada compuesta por partes.

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Es una unidad figurativa, esta singular unidad es cualitativa y absoluta. Todo esto aleja la
restauración de los procedimientos que se basan en la experiencia práctica y no en la
reflexión teórica. Por lo tanto la restauración no se limita a las intervenciones prácticas sobre
la materia de la obra de arte sino que abarca cualquier medida que pretende asegurar la
conservación hacia el futuro.

El largo camino recorrido por esta disciplina, desemboca en la restauración preventiva, esta
exigencia es un imperativo categórico y moral que determina el ámbito de la restauración
preventiva como defensa frente al peligro, en la seguridad de unas condiciones favorables.
Esta intenta evitar que se llegue a esa situación de emergencia inaplazable, de la que
seguramente la obra no podrá recuperarse completamente, por eso ha de concentrarse el
máximo esfuerzo en la restauración preventiva.

Se deduce entonces que Brandi proporciona una definición moderna que ha


presidido y guiado a la restauración en los últimos cuarenta años: debe
dirigirse al restablecimiento de la unidad potencial de la obra de arte,
siempre que esto sea posible sin cometer falsificación histórica y sin borrar
huella alguna del transcurso del tiempo.

Todos estos criterios y planteamientos fueron tomando fuerza y aplicación con el surgimiento
de Cartas Internacionales como: La Carta de Atenas (1931), Carta de Venecia (1964), Carta
de Ámsterdam (1975), documentos suscritos por expertos de todo el mundo que han ido
inspirando las legislaciones de todos los países, guiando el camino de las intervenciones en los
monumentos y objetos culturales dentro de en un campo científico que hasta entonces nunca
había sido tratado.

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Trabajo Práctico. U1A

Clase 1. Cultura Conceptos, en relación a su proyección en la historia, su ampliación


respecto al aporte de la antropología, la sociología y la producción e interpretación de
los significados.
Identidad cultural. Patrimonio Cultural, concepto, objetivos y su clasificación. Definir y
presentar 2 ejemplos de cada uno de su región o ciudad presentando foto y
características que lo definen.
Relación Patrimonio Natural y Cultural.
Gestión del Patrimonio. Desde donde y definir destinos y contexto a través de un
ejemplo.

Clase 2. Explicitar la evolución y funciones del concepto de Patrimonio.


Explicitar las diferentes posiciones doctrinas respecto a las teorías de la conservación y
la restauración de bienes patrimoniales por autor destacados y ejemplificar.

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BIBLIOGRAFIA. U1A

Cultura: Una reseña crítica de conceptos y definiciones. Alfred Kroeber y Clyde


Kluckhohn, compilaron definiciones, 1952,
Cuche, Denys (1999): La noción de cultura en las ciencias sociales. Nueva Visión.
Buenos Aires.
Girard, René (2006): Los orígenes de la cultura. Trotta. Madrid.Lévi-Strauss, Claude
(1977) [1953]: Antropología estructural. Eudeba. Buenos Aires.
Rappaport, Roy (1998) [1955]: "IX. Naturaleza, cultura y antropología ecológica", en:
Shapiro, H.: Hombre, cultura y sociedad. p. 261-292. Fondo de Cultura Económica.
México.
Schwanitz, Dietrich (2002): La Cultura. Todo lo que hay que saber. Taurus. Madrid.
Ballart, Josep, (1997) El patrimonio histórico como recurso: valor y uso, Ariel.
Borsi, Franco, Introduzione alla Archeologia Industriale, Officina Ed., Firenze 1978.
Gosse, Marc (1997) Introducción a la mesa: El territorio como periferia, en AAVV.
Conferencia Internacional sobre Conservación de Centros Históricos y del Patrimonio
Edificado, Universidad de Valladolid.
Hernando Carrasco, Francisco Javier, (1995) El pensamiento romántico y el arte en
España, Cátedra, Madrid, 1995.
Prats Canals, Llorenç (1997) Antropología y patrimonio, Ariel.
Ortega Valcárcel, José, (1997) El patrimonio territorial: el territorio como recurso
cultural y económico, en AAVV. Conferencia Internacional sobre Conservación de
Centros Históricos y del Patrimonio Edificado, Universidad de Valladolid.
Roch, Fernando (1997), El territorio como recurso, en AAVV. Conferencia Internacional
sobre Conservación de Centros Históricos y del Patrimonio Edificado, Universidad de
Valladolid. Macarrón Ana,.”Historia de la Conservación y la Restauración”, Desde la
Antigüedad Hasta finales del Siglo XIX, Editorial Tecnos, S.A. 1995, p. 19
Beck James con Michael Daley, ”La Restauración de obras de arte”, negocio cultura
controversia y escándalo, Ediciones Serbal, 1997
Le Duc Viollet, “Metamorfosis de los monumentos y teorías de la restauración,
Macarrón Ana,.”Historia de la Conservación y la Restauración”, Desde la Antigüedad
Hasta finales del Siglo XIX, Editorial Tecnos, S.A. 1995, pp 155,156
Boito Camilo, I Restauri di San Marco, Milan 1880, vol XVIII
“I Restauri dei Monumenti ed il recenté Congreso Storico. Bolletino della Societá degli
ingegnieri degli Architetti Italiani.
Brandi Cesare “Teoría de la Restauración”, Alianza Editorial,SA.,Madrid. 2000, pp 15-45

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Unidad 1 B

LA GESTION. PRIMER PASO: CONOCER.

Nuestras generaciones, desde al menos el primer tercio del siglo XX, tomaron la decisión de
hacer lo posible por conservarlos o protegerlos de algún modo. Debemos saber cuáles son,
dónde están, en qué estado se encuentran, quien los posee, cómo se usan, en qué tipo de
suelo se sitúan, qué riesgos corren a corto y medio plazo, que pasado han tenido y qué futuro
pueden tener.

Por esa razón, la primera parte de la Gestión la denominamos Conocer.

Ese conocimiento, permitirá en primer lugar jerarquizar los bienes según su importancia o
relevancia, con el fin de tomar decisiones sobre el grado de protección que ha de
atribuírseles. Esta labor de “selección” absolutamente imprescindibles porque no se puede
proteger todo ni investigar todo ni abrirlo al público, constituye un apartado muy poco
trabajado en el campo de la gestión patrimonial.

Ya que no todo lo que nos rodea es Patrimonio, que no toda manifestación cultural lo es,
supone una toma de conciencia algo difícil. Conocer lo que hay sirve para tomar decisiones al
respecto.

Para defender el Patrimonio Cultural y Ambiental de nuestra tierra, de pueblos y ciudades, es


fundamental conocer nuestra historia y singulares tradiciones, dado que nos hacen seres
únicos e irrepetibles, como integrantes de una comunidad, de una sociedad enlazada por
usos, costumbres, lengua, tradiciones, monumentos, paisajes.

La globalización intenta acabar con el aprecio de nuestra herencia cultural, de nuestras


lenguas nativas, impulsando un consumo turístico veloz y unas ciudades y pueblos sin
personalidad, totalmente iguales en su mediocridad y carentes de alma, originalidad.

El Patrimonio Cultural y Ambiental forman parte de nuestra historia personal y colectiva; por
ello merece ser conocido y protegido de manera rigurosa y eficaz, pues es la huella viva,
monumental e irrepetible que nos han legado nuestros antepasados y que debe ser disfrutada
por los ciudadanos presentes y por las generaciones futuras.

Es fundamental que el conocimiento y revalorización de nuestro abundante


Patrimonio Histórico, Artístico y Ambiental, se efectúe desde temprana edad,
ofreciéndose circuitos culturales a los niños y jóvenes, que deben ser diseñado y
realizado por expertos cualificados, enfocándose desde una óptica divertida y
participativa.

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Contar con la colaboración y concurso del mundo universitario es básico, así como lograr la
complicidad de los medios de comunicación y del tejido asociativo.

La necesidad de mantener vivos y originales los monumentos, los bienes, los paisajes, las
tradiciones, las fiestas, es labor de todos, evitando desnaturalizar su función y contexto.

Mantener, recuperar, rehabilitar, difundir el Patrimonio Cultural de nuestras ciudades, de


nuestros pueblos, no es una tarea exclusiva de las instituciones públicas. Todos nosotros
debemos asumir un papel activo, denunciando los atropellos, actos vandálicos, expolios,
abandonos, olvidos, que se puedan cometer contra nuestros monumentos y bienes
protegidos.

También deberíamos valorar la posibilidad de la creación de voluntarios, una figura que existe
y tiene mucho prestigio en los países de habla anglosajona, pues supone la implicación activa
y directa del ciudadano en la gestión y difusión de nuestros bienes, de nuestros museos. La
singularidad de nuestros edificios, pueblos, paisajes, son muy valorados por ciudadanos de
otros países, que carecen de las huellas históricas que nosotros sí tenemos. La rehabilitación
del Patrimonio Industrial, del Patrimonio Cultural son motores de progreso y futuro, dado que
generan trabajo en numerosos sectores: guías, albañiles, pintores, restauradores, vigilantes,
a la par que alimentan al sector servicios al potenciar la restauración.

Urge la aplicación de medidas que premian (a través de exenciones fiscales y/o


subvenciones) a todos aquellos ciudadanos y propietarios de bienes, que tengan
a bien rehabilitar, proteger y difundir su legado patrimonial privado con el debido
rigor técnico y normativo.

Los circuitos pedagógicos son un elemento fundamental para que todos, seamos o no
estudiantes y/o turistas, podamos conocer con rigor y en directo, nuestra historia, nuestro
pasado, nuestra evolución social, política, cultural. Insistir en que el desarrollo de programas
pedagógicos y de rutas o circuitos, debe ser diseñado e impartido por expertos cualificados.
Las ciudades deben contar con guías profesionales, vinculados a las instituciones públicas.

Los conjuntos históricos, los monumentos, los bienes protegidos tienen que tener una utilidad
y un sentido social visible para los ciudadanos de hoy. Acabar con la obsesión absurda de
convertir cualquier ruina o edificio en museo es urgente. Tampoco se debe desnaturalizar los
monumentos protegidos, pero sí deben tener una utilidad. Muchos inmuebles pueden
convertirse en bibliotecas, centros sociales, espacios expositivos o teatros, salas de cine. Pero
evitando alterar su estructura de manera perversa.

Categorías de patrimonio cultural

Nuestro patrimonio cultural es muy vasto y diverso; protegerlo es deber y derecho de todos.
Sin embargo, para asegurar su conservación es indispensable la participación de especialistas
en diversos ámbitos. Buscando facilitar su estudio y conservación, se ha dividido el patrimonio
cultural en diferentes categorías:

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Patrimonio material inmueble

Se refiere a los bienes culturales que no pueden trasladarse y abarca tanto los sitios
arqueológicos (huacas, cementerios, templos, cuevas, andenes, etc.) como las edificaciones
coloniales y republicanas.

Patrimonio material mueble

Incluye todos los bienes culturales que pueden trasladarse de un lugar a otro, es decir,
objetos como pinturas, cerámicas, orfebrería, mobiliario, esculturas, monedas, libros,
documentos y textiles, entre otros.

Dependiendo de la época en que fue creado, el patrimonio mueble como inmueble se divide
en dos grandes categorías: patrimonio arqueológico, que son básicamente los bienes
culturales provenientes de la época prehispánica; y patrimonio histórico, que son aquellos
fechados a partir de la llegada de los españoles.

Patrimonio inmaterial

Se refiere a lo que llamamos cultura viva, como lo es el folclor, la medicina tradicional, el arte
popular, las leyendas, la cocina típica, las ceremonias y costumbres, etc. Se trata de los usos,
representaciones, expresiones, conocimientos y técnicas, asociados a los instrumentos,
objetos, artefactos y espacios culturales que les son propios, que son transmitidos de
generación en generación, a menudo a viva voz o a través de demostraciones prácticas.

Patrimonio cultural subacuático

Son todos los vestigios de la existencia humana con carácter cultural, histórico y
arqueológico, que han estado total o parcialmente sumergidos en el agua, en forma periódica
o continua, por lo menos durante 100 años.

Patrimonio industrial

Se refiere a todos los bienes inmuebles y muebles adquiridos o producidos por una sociedad
en relación a sus actividades industriales de adquisición, producción o transformación; a
todos los productos generados a partir de estas actividades y, al material documental
relacionado.

Patrimonio documental

Como lo indica su nombre, se refiere básicamente a la documentación que se conserva en


archivos e instituciones similares. El patrimonio bibliográfico, a su vez, se refiere a los libros,
periódicos, revistas y otro material impreso, guardados principalmente en bibliotecas. Aunque
en el sentido más estricto de la palabra se refiere a documentos y textos impresos sobre
papel, con la nueva tecnología también consideramos como documentos las grabaciones,
medios digitales, audiovisuales y otros.

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La Gestión del Patrimonio Cultural

¿QUÉ ES LA GESTIÓN DEL PATRIMONIO CULTURAL?

Introducción

Es el conjunto de actividades destinadas a la protección y difusión de los bienes


del Patrimonio Cultural; la mayoría de ellas son llevadas a cabo por distintas
administraciones públicas.

Gestionar es en realidad realizar las diligencias pertinentes para el logro de un propósito. De


esta definición se desprende que se gestiona tal propósito para lograr su cumplimiento, pero
que a veces es posible que no se logre y no por ello no se ha gestionado –o se halla
gestionado mal.

El propósito es el de proteger, conservar en su caso y difundir los bienes culturales para que
puedan ejercer la función social por la que se definen y para que puedan ser transmitidos a
las generaciones futuras. Las diligencias pertinentes para ello son muchas e incumben a toda
la sociedad, muy en especial a todas las administraciones públicas, y más concretamente a
las administraciones de Cultura.

En los últimos años se ha venido dotando de una gran cantidad de mecanismos que le
permiten poner en práctica. Se trata de los mecanismos de la Gestión del Patrimonio
Cultural, en los que con el fin de facilitar su explicación, vamos a definir cuatro acciones
principales: conocer, planificar, controlar y difundir.

Conocer. En muchas ocasiones se ha escrito que sólo se puede proteger aquello


que se conoce. Evidentemente, el conocimiento de lo que se tiene, de su estado
de conservación, de sus caracteres jurídicos de propiedad, etc., va a ser un punto
de partida imprescindible para el diseño de cualquier política de Gestión.

Planificar. Las actividades de la gestión planificadora son, sin duda, las más
numerosas y variadas y se podrían definir como todas aquellas que se destinan a
programar lo que en el futuro se va a hacer con los bienes culturales. Así cuando
un grupo de personas, se reúne para tomar la decisión de publicar una nueva
norma al respecto o modificar otra, se está planificando; lo mismo ocurre cuando
otro grupo de personas discute una protección especial debida a cuestiones
patrimoniales. Se planifica cuando se decide la atribución financiera anual. Este
grupo de actividades es especialmente propio de las administraciones públicas,
bien sean de Cultura, bien de otras áreas como Medio Ambiente, Urbanismo o

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Educación. La sociedad civil tiene muy poco espacio, ninguno en la práctica, en


esta especialidad.

Controlar. Las normativas presentan y establecen una larga serie de


obligaciones tanto para las personas propietarias de algún bien cultural, como
para aquellas que viven en uno –lo cual es bastante frecuente en nuestras
ciudades- o para quienes pretenden comerciar con ellos. También desarrollan
listas de acciones inapropiadas, cuya ejecución será penalizado.

Como es lógico, para que todas estas condiciones se cumplan, es necesaria una gran cantidad
de gente trabajando en las actividades de control: inspecciones, seguimiento de denuncias,
concesión de autorizaciones para distintos asuntos, formación de personal especializado. Casi
todos estos contextos son también administrativos; no obstante, la sociedad civil puede
desempeñar un importante papel, ya que como veremos, la denuncia ante un acto de daño,
destrozo de bienes culturales puede iniciarla cualquier persona de la ciudadanía, con
independencia de que trabaje o no en alguna administración pública. Basta que tenga
voluntad y conocimiento para ello.

Difundir. Podría suponerse que la gestión difusora es muy preferida, porque me


dedico a ella, pero su importancia no es mayor que la de los tres grupos
anteriores; de hecho, depende de ellos, ya que una actividad que no parte de un
conocimiento de lo que se tiene, que no se planifica y no se controla, no puede
después difundirse debidamente.

La gestión difusora reúne todas las labores relacionadas con la entrega a la sociedad de los
bienes patrimoniales, desde la publicación de una guía temática hasta la propia acción de
dotar a los bienes de una infraestructura didáctica para su visita pública. Las actividades que
entran, por lo tanto en este apartado son numerosísimas.

Las cuatro acciones en las que hemos dividido la Gestión del Patrimonio Cultural están
relacionadas entre sí; el orden razonable sería: primero conocer, luego planificar, después
ejecutar con control y por último difundir. Aunque a veces se difunden, también las
labores de inventariado, o de planificación, o de control, o simplemente se llevan a cabo
difusiones sin que estén conectadas con las otras dos áreas. En todo caso, y al menos dentro
de las administraciones públicas, todos estos trabajos deben estar coordinados forzosamente,
y ay que de cada uno de ellos lo que queda al final es un documento –propuesta, norma,
declaración, mapa, inventario, multa, acta, expediente, informe, memoria, etc. -
debería existir en cada administración responsable.

Gestión, Intervención.

Si repasamos cada una de las labores que hemos estado enumerando a modo de ejemplos en

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los cuatro grupos o áreas de la Gestión, nos daremos cuenta de que ninguna de ellas incide
directamente en los bienes culturales, es decir, que no los toca, ni los manipula, ni los altera
físicamente. La gestión, por lo tanto no tiene que ver de forma directa con esos trabajos que
si se relacionan y alteran y que estamos acostumbrados a ver, en nuestros monumentos, en
nuestros campos y talleres especializados. La rehabilitación de los edificios patrimoniales, a la
restauración de obras de arte como pinturas, esculturas, textiles antiguos, cerámicas, o bien a
las prospecciones y excavaciones arqueológicas, tan frecuentes.

Definición de Gestión del Patrimonio Cultural. El conjunto de


actividades, en su mayoría realizadas por distintas administraciones
públicas, destinadas a la protección y difusión de los bienes culturales.

1. Diseñar el contenido de una ficha de Inventario para el Patrimonio etnológico.


2. Dar una conferencia sobre los peligros que conlleva el uso no autorizado de los
detectores de metales
3. Organizar una exposición sobre el Patrimonio Industrial de una región
4. Tomar decisiones sobre el reparto de las subvenciones relacionadas con algún tema de
conservación del Patrimonio Cultural.

Definición de Intervención en el Patrimonio Cultural. Cualquier


actividad que modifique o altere un bien cultural mueble, inmueble o
inmaterial.

1. Una excavación arqueológica


2. La restauración de un cuadro del siglo XIX
3. La rehabilitación de un edificio patrimonial
4. La prohibición de realizar una actividad, por considerar que conlleva peligro para la
población.

En este cuadro se resume la definición y propuesto algunos ejemplos de cada una, con el fin
de que no se pierda de vista la distinción. La diferencia entre gestionar e intervenir no es tan
determinante. A veces encontramos una relación directa y evidente entre una y otra.

Tipos de intervenciones en el Patrimonio Cultural.

Intervenciones de preservación y mantenimiento. Las que tienen por finalidad


impedir el deterioro o degradación de los bienes.
Intervenciones de restauración. recuperar la materia, la forma y la función del
bien.
Intervenciones de investigación. Las que tienen por finalidad principal el aumento
del conocimiento histórico.

1. Exclusivas o sistemáticas. No motivadas más que por la intención investigadora:


investigación pura.

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2. Preventivas o auxiliares: provocadas por un proyecto o realización de obra:


investigación aplicada.

Intervenciones de emergencia. Las que no han podido ser planificadas porque se


deben a incidencias no previstas.

Aparecen los distintos tipos de intervenciones en el Patrimonio Cultural, desde la más simple
hasta la más compleja; el último tipo, las emergencias, es el menos recomendable, ya que no
ha podido ser planificado, difícilmente podrá ser controlado y en pocos casos sus resultados
darán lugar a una difusión digna. Es cierto que los accidentes naturales y otros pocos eventos
incontrolables pueden producir situaciones inesperadas, pero en nuestro entorno se trata de
algo excepcional. No es razonable denominar emergencia o urgencia a una intervención
derivada, por ejemplo de una obra o movimiento de tierras que se venía planificando o
preparando desde hacía tiempo. No se trata de emergencia ni urgencia, sino de mala gestión.

En el mundo de los bienes culturales muebles las intervenciones más numerosas son las de
mantenimiento y las de restauración; en muy pocos casos se producen las de investigación –
es decir, las que tienen como propósito inicial el conocimiento, es evidente que cualquier
restauración, ej., de un cuadro, debe llevar en sí misma una labor de investigación aplicada.

En cuanto al contexto de los inmuebles, la situación es distinta. Algunos de ellos, como los
yacimientos, prácticamente sólo son intervenidos cuando son investigados o difundidos. Hay
intervenciones en inmuebles, sobre todo en monumentos que unen la labor de restauración o
rehabilitación con la investigación histórica, puesto que en los resultados de esta última se
basa la primera.

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Las organizaciones y la gestión del patrimonio

Organizaciones gestoras y modelos de gestión

Las organizaciones e instituciones gestoras que gestionan monumentos,


museos, parques arqueológicos, y demás bienes patrimoniales se
estructuran de forma diversa según la autoridad que asume la
responsabilidad legal y económica de la organización, que dominaremos
autoridad tutelar. Similarmente, la forma de gestionarse a sí mismas como
organizaciones y de gestionar el patrimonio que tiene a su cargo también
puede variar sustancialmente.

Podemos distinguir en el mundo cuatro grandes tipos diferentes de


organizaciones, en función del tipo de autoridad tutelar que tienen y
particularmente, de la estructura que adoptan:

1. Organizaciones dependientes
2. Organizaciones autónomas
3. Organizaciones independientes no lucrativas
4. Organizaciones privadas.

Las organizaciones dependientes

Son organizaciones dependientes todas las que dependen orgánicamente de


un organismo de la Administración público (sea el Estado), o de una gran
institución social, como por ejemplo la universidad, o también una empresa
pública o privada.

Lo importante es aquí el hecho de depender orgánicamente, es decir, de formar


parte totalmente, como cualquier otra dependencia o departamento de la misma
Administración o empresa, del organismo o ente tutelar.

Consecuentemente, estas organizaciones no gozan de autonomía de gestión, ni administrativa


ni económico -financiera. Es el caso de muchos museos públicos, prácticamente todos los
museos de empresas y los dependientes de departamentos universitarios así como muchos
conjuntos monumentales gestionados directamente por una dependencia de las
Administraciones públicas.

Este tipo de organizaciones tiene una estructura propia interna muy parecida en todos los
casos, que adopta la forma de pirámide jerárquica, con un director. Bajo este la organización
se estructura generalmente en departamentos o secciones de carácter disciplinario o no

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disciplinario según el caso y tamaño, para la realización de las funciones propias de gestión
del patrimonio que tiene encomendadas. Tales departamentos o secciones integran a
especialistas y técnicos (conservadores, restauradores, técnicos de laboratorio, becarios,
investigadores…) que cubren en el mejor de los casos, con sus conocimientos y habilidades,
los requerimientos que exigen las tareas encomendadas.

La financiación de este tipo de organizaciones proviene directamente y de forma casi


exclusiva, del ente tutelar. Generalmente se trata de una asignación anual fija prevista con
antelación y convenientemente reflejada en los presupuestos generales del organismo tutelar.

La falta de autonomía administrativa y financiera limita enormemente la libertad de


movimientos de la organización, condiciona su trabajo y a veces afecta su eficacia.

Los empleados de la organización son generalmente de tres tipos: personal funcionario


(propio fijo), personal contratado y personal becado eventual. Los bienes patrimoniales que
gestiona la organización así como las instalaciones, son propiedad de la autoridad tutelar.

Las organizaciones autónomas

Son organizaciones autónomas las que, aun dependiendo orgánicamente de


un organismo tutelar, han sido investidas de un cierto nivel de autonomía
de gestión bajo la responsabilidad de un patronato, junta o consejo.

Esta cesión de poderes en el ámbito de la gestión se debe a la intención de la autoridad


tutelar de conferir mayor libertad de movimientos a la organización en aras de un mejor
cumplimiento de las tareas encomentadas, que pueda gestionar con mayor libertad los bienes
custodiados, así como favorecen la posibilidad de diversificar las fuentes de financiación. Este
tipo de organizaciones, dada la creciente complejidad de las organizaciones y de la labor que
realizan, está actualmente muy en voga en el ámbito de las administraciones públicas.

El sistema de financiación de la organización autónoma es parecido al sistema de las


organizaciones dependientes. Sin embargo, en tanto que también goza de cierto carácter
autónomo en lo económico, se tiende hoy día en muchos lugares a sustituir la asignación
anual por una subvención anual. La diferencia más significativa entre ambas figuras estriba en
la cantidad, que ya no es fija, cosa que estimula a la organización autónoma a buscarse sus
propios medios complementarios de financiación. Con caja propia para subvenir a las
necesidades económicas del día a día, las organizaciones autónomas pueden implementar
actividades comerciales en su seno, en su propio favor. Es el caso de las típicas tiendas de
museo cuyos beneficios revierten directamente en la organización, no yendo a parar a la caja
común del ente tutelar.

Los empleados de la organización acostumbran también a ser de tres tipos: personal


funcionario, personal contratado y personal becario. También en los tres casos el empleador

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es el ente tutelar, nunca la organización. Colecciones, edificios, instalaciones, etc., pueden


pertenecer al organismo tutelar o darse el caso de que unas pertenezcan a una autoridad
tutelar y otras, incluidas las instalaciones a otra autoridad representada.

Organizaciones independientes no lucrativas

Las organizaciones no lucrativas son organizaciones independientes


reglamentadas por la correspondiente ley, cuyo ánimo no es el lucro sino el
servicio a la comunidad. Acostumbran a tener la forma de asociaciones o
fundaciones.

El limitado resquicio que ocupan este tipo de organizaciones en la esfera del patrimonio tiene
a ampliarse en nuestro tiempo; sin embargo su futuro depende de la evolución que tome su
regulación, que tiene entre sus apartados vitales el trato fiscal concedido a este tipo de
organizaciones de arte generalmente por cesión contractual del organismo propietario del bien
(el Estado, un Municipio, un particular o empresa) a la entidad gestora.

Son entidades regidas por un Consejo con plenos poderes para actuar
públicamente que asume la plena responsabilidad legal y económica de la entidad
de acuerdo con la legislación específica de cada lugar.

La estructura interna de la organización sigue el modelo de pirámide jerárquica o el modelo


por grupos de trabajo, según conveniencia o costumbre. La financiación de este tipo de
entidades es compleja necesariamente ya que deben procurarse sus medios
independientemente. En general obtienen, dado su carácter no lucrativo, subvenciones de las
administraciones públicas para la realización de programas específicos que deben
complementar con ingresos procedentes de la realización de actividades comerciales. Sin
embargo para emprender inversiones deben procurarse a menudo fondos extra procedentes
de donaciones en especie o contribuciones en fondos económicos,-que la legislación sobre
mecenazgo puede favorecer o entorpecer-, que realizan miembros de la entidad presentes
representándose a si mismo o representando otras entidades ciudadanas y empresas
comprometidas con el propósitos de la entidad.

Los bienes patrimoniales a su cargo, así como las instalaciones, suelen pertenecer a la propia
organización o entidad y alguna administración pública e incluso un particular o empresa.

Organizaciones privadas

Aunque el ICOM (Consejo Internacional de Museos) no admite en la


calificación de museo a las organizaciones que explotan bienes patrimoniales
como negocio privado, no por ello tiene que quedar al margen en tanto que
organizaciones que pueden tener responsabilidades en la conservación y la

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divulgación de una parte del patrimonio.

En cualquier caso se trata de organizaciones –empresas privadas unipersonales o sociedades-


que gestionan bienes patrimoniales de forma privada con el propósito principal de obtener un
beneficio empresarial.

El empresario o la sociedad, responsable último legal y económico de la organización,


contrata a un director para las fundaciones ejecutivas, así como el personal requerido. Los
fondos necesarios se obtienen de la propia explotación del bien que gestionan, sin otras
ayudas generalmente. En tanto que negocio, estas organizaciones funcionan necesariamente
según criterios estrictos de eficiencia económica-financiera.

Recursos y financiación

Para muchos sectores públicos, el patrimonio es un motivo de preocupación


y una fuente permanente de gasto, cuando no un obstáculo que frena o
retarda el desarrollo de ambiciosos proyectos urbanísticos. Qué duda cabe
de que el patrimonio es una fuente de gasto, pero para alguien con una
mirada futura, también puede y debe ser una fuente de progreso para la
comunidad que proporcione abundantes beneficios sociales, e incluso en
bastantes casos una fuente de ingresos económicos. La obtención de
beneficios sociales tangibles e intangibles así como la obtención de posibles
beneficios económicos directos y netos, son dos metas irrenunciables en
estos tiempos de la gestión del patrimonio.

La gestión del patrimonio tiene hoy día en todo el mundo una dimensión económica clara
como potencial generadora de renta y trabajo. Hablamos de renta en el sentido de ingresos
obtenidos de la explotación económica del patrimonio entendido como recurso: hablamos de
trabajo en el sentido de promoción de nuevas profesiones que la gestión del patrimonio lleva
aparejadas. Junto a todo ello deberíamos valorar además la incidencia multifacética –
especialización docente, extensión curricular, profundización en los programas de estudio,
gama potencial de actividades fuera del aula, facilitación del trabajo interdisciplinar...- sobre
el sistema educativo de la puesta en valor y uso del patrimonio.

El futuro de una parte del patrimonio histórico como recurso económico está garantizado de
cualquier manera. La demanda de bienes culturales en todo el mundo crece a gran ritmo no
solo en algunos países en desarrollo. Vacaciones, facilidades para viajar, tiempo libre y ansia
por enriquecerse culturalmente son los ingredientes principales que aseguran la persistencia
de una demanda creciente de consumo cultural que traspasa fronteras. Países como Egipto,
cifran hoy en día sus posibilidades de subsistencia en progreso y bienestar, siendo
fundamental ya que representa la promoción de su patrimonio histórico.

Pero tampoco hay que lanzar las campanas al vuelo ingenuamente, sino poner las cosas en su

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sitio en todo lo que conlleva este “negocio” del patrimonio. La economía no es el único
terreno común de entendimiento entre los individuos y los pueblos: no puede sustituir a los
valores de la cultura. Hay que dar a la cultura lo que es de la cultura y a la economía lo que
corresponde. Un economicismo desbocado de nuevo perfil sólo puede redundar en perjuicio
del bien patrimonial y causar un mayor empobrecimiento aún que el expolio ciego e
insensible tradicional. El patrimonio histórico no es ni puede ser una mercancía como
cualquier otra, como ya hemos visto.

Rol del Estado y Financiamiento

Hasta hace un poco se ha tendido a ver como causante del tradicional


divorcio entre economía y cultura el papel asumido por el Estado, diríamos
que de forma “natural” en la gestión del patrimonio.

El dominio tradicional de lo público en este terreno –sólo el Estado tenía capacidad de atender
las necesidades derivadas de la conservación del patrimonio por su carácter especializado y su
volumen- representado por el Estado central en la mayoría de los países latinos, y la
preeminencia de las prácticas tradicionales de administración y tutela del patrimonio, en las
que la vertiente conservacionista sobresalía, ya no responden a las demandas de la sociedad
plural del presente.

Nuestros días se caracterizan por una doble perspectiva en este campo: entender la cultura
como un “valor en alza” entre los valores que perfilan el llamado “estado del bienestar” y
evaluar adecuadamente el coste económico que representa el goce social de la cultura. A este
respecto, la necesidad de incorporar el análisis económico y la contabilidad financiera a las
propuestas de intervención sobre el patrimonio –tengan estas un alcance estrictamente
científico o conlleven una activación del patrimonio como recursos educativo y turístico-
deben significar un enorme revulsivo.

En este contexto, la exigencia social de una mayor eficiencia de lo público y de


dar mayor protagonismo a modelos alternativos de gestión del patrimonio, con
mayor participación de la iniciativa privada, son hechos que no pueden escapar a
nuestra atención.

Todo esto no resta protagonismo al Estado; al contrario, lo coloca en su justo lugar. Si el


patrimonio tiene que seguir cumpliendo su triple cometido como bien público en una sociedad
democrática moderna, servir a la memoria colectiva, contribuir a la educación de todos en
valores y afectos, y proporcionar recursos a su industria cultural, poca duda cabe de que
deberá seguir dependiendo en gran parte de la Administración pública.

Un planteamiento actual del problema de la financiación del patrimonio pasa por asumir la
dimensión social del patrimonio con las cargas que ello conlleva, mientras se concede espacio
para el desarrollo de formas de gestión abiertas y participativas que faciliten la emancipación

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de la tutela del Estado y una mayor orientación al mercado, sobre todo en aquellos aspectos
de la gestión del patrimonio que tienen que ver con la corriente divulgadora.

Así, podemos establecer un criterio orientador para abordar el problema de la


financiación del patrimonio, basado en las siguientes premisas:

1. Todo lo que tiene que ver con la preservación, conservación y mantenimiento de los
bienes patrimoniales, incluida la documentación, debería garantizarse por parte del
Estado, debiendo proceder los fondos necesarios de los presupuestos de los organismos
públicos.
2. Todo lo que tiene que ver con el estudio y la investigación, en su mayor parte puede
considerarse que está incluido en el apartado anterior, y en cualquier caso goza de sus
propios sistemas de financiación. Esta financiación, mayor o menor, también
procedente de fondos públicos y fluye fundamentalmente vía universidad y mundo
académico en general. Se entiende que la función investigadora, que en el caso del
patrimonio tiene mucho de investigación básica, representa una inversión a fondo
perdido en valor de conocimiento que sólo puede producir un valor económico, de uso
a largo plazo.
3. La vertiente de divulgación/comunicación del patrimonio, la dimensión pública del
patrimonio, se muestra a través de los programas educativos y las actividades de
divulgación, dirigidas al gran público. Este es el ámbito de la gestión más propenso a la
emancipación de la tutela estatal, donde las organizaciones deben procurar valerse por
sí mismas y obtener fuentes alternativas de financiación.

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Las políticas culturales y el uso social del patrimonio

La sociedad cada vez es más consciente de la ineludible necesidad de


plantear el valor social y el uso del patrimonio. Precisamente en función del
uso que le otorgue la comunidad éste puede ser un instrumento de
identificación colectiva, un recurso educativo o un elemento clave para el
desarrollo turístico como atracción.

En las últimas décadas este planteamiento se refleja en la consolidación del patrimonio como
uno de los ejes fundamentales de las políticas culturales impulsadas por los diferentes
organismos internacionales y desarrolladas por los Estados. Las políticas patrimoniales se
diseñan para lograr la ordenación del sector patrimonial, incluyendo no sólo acciones para la
conservación, sino también para su puesta en valor, su uso social y el turístico.

En 1998, la UNESCO, presentó un plan de acciones en el marco de la


Conferencia Intergubernamental sobre Políticas Culturales para el
Desarrollo, celebrada en Estocolmo.

Los retos que tiene que afrontar el patrimonio cultural durante el nuevo milenio quedaron
reflejados en los objetivos 3 y 4.

Objetivo 3: Reestructurar las políticas y las prácticas a fin de conservar y


acentuar la importancia del patrimonio tangible e intangible, mueble e
inmueble, y promover las industrias culturales.

Renovar y fortalecer el compromiso de los estados miembros de aplicar los convenios


y recomendaciones de la UNESCO referentes a la conservación del patrimonio tangible
e intangible, la protección de la cultura tradicional y popular, la condición del artista y
otros temas conexos.
Fortalecer la eficiencia en el sector cultural mediante programas de formación para
especialistas nacionales, administradores y directivos culturales y garantizar la igualdad
de oportunidades para la mujer en dichos ámbitos.
Renovar la definición tradicional de patrimonio, el cual hoy tiene que ser entendido
como todos los elementos naturales y culturales, tangibles e intangibles, que son
heredados o creados recientemente. Mediante estos elementos, grupos sociales
reconocer su identidad y se someten a pasarla a las generaciones futuras de una
manera mejor y enriquecida.
Reconocer la aparición de nuevas categorías en el área de patrimonio cultural, como el
paisaje cultural, el patrimonio industrial y el turismo cultural.
Fortalecer el estudio, el inventario, el registro y la catalogación del patrimonio,

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incluida la tradición oral, para posibilitar el diseño de instrumentos adecuados, y


eficaces para la ejecución de políticas de conservación tradicionales y científicas al
mismo tiempo
Fomentar por todos los medios jurídicos y diplomáticos la restitución y la devolución
de los bienes culturales a su país de origen.
Incluir y asegurar la protección de edificios, sitios, conjuntos y paisajes de valor
cultural en planos urbanos y regionales de desarrollo, programas y políticas.
Lograr una participación directa de los ciudadanos y las comunidades locales en los
programas de conservación del patrimonio y establecer una lista de las mejores
prácticas para las políticas de patrimonio.
Asegurar que el turismo guarde respeto hacia las culturas y el medio ambiente y velar
por que los ingresos generados por el turismo se utilicen para conservar de modo
equitativo los recursos del patrimonio y para fortalecer el desarrollo cultural.

Objetivo 4: Promover la diversidad cultural lingüística en y para la sociedad


de la información.

Fomentar el conocimiento del patrimonio cultural y natural mediante los medios


virtuales que permiten las nuevas tecnologías.

La ampliación del concepto de patrimonio.

En los últimos años, la noción de patrimonio cultural se ha ampliado


considerablemente, y la importancia mucho mayor que ahora se le concede se
basa en la conciencia cada vez más extendida de su riqueza y vulnerabilidad.

Las actuales tecnológicas de la información y de las comunicaciones, junto con el turismo,


permiten atender mejor la demanda social. En cuanto al patrimonio, debe ser asumido y
vuelto accesible de manera más imaginativa, compartido más ampliamente entre los países y
dentro de ellos, empleado de forma más creativa para reinventar una cultura viva –que en
breve será considerada el patrimonio del futuro - y, en el último lugar pero no por orden de
importancia, cuidado mas prudentemente como fuerte importante de ingresos y empleo. Pues
bien, hoy día la distancia entre los fines y los medios es aún mayor; las guerras las
catástrofes naturales, la urbanización y la industrialización siguen amenazándolo y su relación
con el desarrollo es cada día más compleja.

Si la visión tradicional del patrimonio cultural consideraba los bienes artísticos y


monumentales heredados del pasado, como las obras del arte escultórico y pictórico o las
grandes obras arquitectónicas, ahora hay una conciencia cada vez mayor de que este
patrimonio comprende también las manifestaciones culturales intangibles, como son las
tradiciones orales, la música, las festividades y las lenguas.

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La UNESCO, en relación con el patrimonio, actúa en torno a tres ejes básicos: la prevención,
la gestión y la intervención, elementos básicos para garantizar la conservación y el uso social
del patrimonio.

En los últimos años, han aumentado las acciones para la preservación y revitalización del
patrimonio inmaterial o intangible hasta ocupar una de sus líneas prioritarias.

El concepto de patrimonio inmaterial o intangible es para la UNESCO “el


conjunto de formas de cultura tradicional y popular o folklórico, es decir: las
obras colectivas que emanan de una cultura y se basan en la tradición.
Estas tradiciones se transmiten oralmente o mediante gestos y se modifican
con el transcurso del tiempo a través de un proceso de recreación colectiva.
Se incluyen en ellas las tradiciones orales, las costumbres, las lenguas, la
música, los bailes, los rituales, las fiestas, la medicina tradicional y la
farmacopea, las artes culinarias y todas las habilidades especiales
relacionadas con los aspectos materiales de la cultura, tales como las
herramientas y el hábitat.”

Así, la UNESCO proclamó el 18 de mayo de 2001 las primeras obras maestras del patrimonio
oral e inmaterial de la humanidad. Entre las diecinueve obras seleccionadas se encuentran,
los carnavales de Oruro (Bolivia), la lengua, la danzas y la música de los garífuna (Belice), y
el patrimonio oral y las manifestaciones culturales de los zapara (Ecuador y Perú).

De igual modo, han pasado a formar parte de esta nueva concepción del patrimonio cultural
las manifestaciones contemporáneas de la cultura, es decir el trabajo reciente o actual de los
creadores en lenguajes tanto tradicionales como innovadores y no solamente aquellas
consagradas por el tiempo.

Los participantes en las reuniones de ministros de Cultura coincidieron en que el concepto de


patrimonio ha evolucionado sustancialmente y que hoy debe incorporar una visión al futuro,
comprender la creación cultural contemporánea, así como la participación activa de otros
sectores de la sociedad. De igual manera, se reconoció el innegable valor del patrimonio en el
contexto de las políticas sociales, económicas y de desarrollo sostenible. Lo cual adquiere
especial importancia para los países en desarrollo. En este sentido se acordó fortalecer los
vínculos con los sectores de financiamiento.

La UNESCO ha tomado la decisión y el compromiso de emprender acciones que orienten a la


salvaguarda y la pervivencia de las expresiones del género humano plasmadas en las
producciones culturales de nuestros pueblos. Estas manifestaciones están a menudo
amenazadas con desparecer por la escasa valoración o falta de medios de protección, o por
acelerados procesos de trasformación que ponen en peligro su continuidad o la pervivencia de
su intimidad y originalidad.

Mejía señala que uno de los principales cambios en el sector del patrimonio es la
ampliación del concepto hacia otros elementos de la multiculturalidad.

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De todas formas advierten que, al ampliarse el concepto de patrimonio a lo intangible


inclusive, se vuelve fundamental la necesidad de contar con una legislación sobre protección
de los derechos de autor y los derechos colectivos de las comunidades. No obstante, delimitar
esta amplitud del concepto de patrimonio demanda un sabio criterio. Asimismo sugirió que el
concepto de desarrollo sostenible se debe incorporar al del patrimonio.

Es importante la inclusión del patrimonio intelectual en el patrimonio intangible,


es decir, las creaciones de la mente, como la literatura, las teorías científicas y
filosóficas, la religión los ritos y la música, así como los patrones de
comportamiento y culturales que se expresan en las técnicas, la historia oral, la
música y la danza.

Es posible conservar trazas materiales de este patrimonio en los escritos, las partituras
musicales, las imágenes fotográficas o las bases de datos informáSticos, pero no resulta tan
fácil cuando se trata, por ejemplo, de un espectáculo o de la evolución histórica de un
determinado estilo de representación o interpretación. Por esto, los legisladores están
tratando de añadir a los textos ciertos cambios importantes en lo que respecta a la protección
de la integridad de las ideas creadoras y de los derechos generados por los espectáculos.

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El patrimonio como motor de desarrollo

El patrimonio, ya sea material o inmaterial, se percibe y utilizar cada vez


más como recurso económico. No obstante, habida cuenta de que no es un
recurso renovable, no siempre se enfoca del modo más equitativo y
sostenible.

Por ser un factor positivo del desarrollo, debería contribuir a atender las necesidades de las
comunidades pobres y de la sociedad más en general, como una forma de capital cultural que
puede proporcionar puestos de trabajo, generar ingresos y movilizar a las comunidades para
atenuar la pobreza. En los centros urbanos históricos la recuperación de los monumentos
históricos para fines distintos de los originales ha dado buenos resultados y ha contribuido a
modernizar la base económica; entidades financieras como el Banco Interamericano de
Desarrollo y el Banco Mundial ya están realizando importantes inversiones en este ámbito. Se
trata de conciliar las posibilidades económicas y la conservación, preservando la vida de
barrio y la trama urbana tradicional. No se debe menoscabar este “capital cultural”; antes
bien, hay que consolidarlo, principio éste que se ha menospreciado con frecuencia,
sucediendo en este caso lo mismo que con otros fallos de los planteamientos “verticalistas”,
que dieron lugar a un profundo distanciamiento entre la vida cívica ordinaria y la
preocupación oficial por el pasado cultural y, con harta frecuencia, una explotación
incontrolada por intereses privados.

La función del turismo como fuente de recursos con miras a la conservación del patrimonio y
el desarrollo en general es una cuestión fundamental. En una reciente mesa redonda de
expertos organizada por la UNESCO se reconocieron las vastas posibilidades que ofrece el
turismo, pero también se advirtió de que hay que abordarlo en el marco de una estrategia
global, en virtud de la cual se establezcan mecanismos que permitan a la población local
extraer del turismo “beneficios económicos y un sentimiento de satisfacción, es decir,
empleos, ingresos y orgullo de lo propio. Las autoridades nacionales o locales deben sacar
provecho de los recursos del patrimonio cobrando impuestos directos o indirectos y realizando
su imagen y reconocimiento internacional”. En los países industrializados el problema es
similar, aunque diferente: el patrimonio ha pasado a ser un componente esencial de la cultura
de masas, en el que la tradición y el pasado se han convertido, para pesar de muchos, en “un
juguete comercializado del futuro, producto de nuevas formas de mercantilizar nuestros
orígenes, con lo que se ha transformado en uno de los productos en venta más
importantes…”. El mercado mundial brinda indudablemente nuevas posibilidades de revitalizar
y compartir el patrimonio, pero entraña riesgos que se pueden minimizar si se logra que el
bien público tenga precedencia sobre los intereses privados.

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La preservación y el uso creativo del patrimonio cultural en el desarrollo


económico y social constituyen componentes importantes del desarrollo humano
sostenible y deberían utilizarse para mejorar la calidad de vida de los pueblos,
particularmente la de los grupos desfavorecidos, y sensibilizar a los jóvenes a
través de la educación.

En algunos países el desarrollo del turismo constituye la única razón para proteger
monumentos, barrios históricos y paisajes culturales, cuando éstos son considerados lugares
de interés.

De todos modos el turismo masivo sin control, sin políticas y acciones de conservación
supone un peligro tal y como se desprende del informe del ICOMOS:

“Es decepcionante comprobar que, a pesar de todas las garantías expresadas en


las innumerables conferencias que han tenido lugar sobre el tema del turismo y
la preservación, la industria turística siga sin comprometerse en este sentido,
aun siendo actualmente, con sus ventas de miles de millones, el sector industrial
más importante a escala mundial. El turismo explota el patrimonio cultural
mediante un uso excesivo, a veces ruinoso, pero no aporta ninguna ayuda
financiera para la protección y preservación del patrimonio cultural”.

El patrimonio, especialmente cuando está asociado a lugares naturales atractivos, es uno de


los principales motores del desarrollo turístico, fundamentalmente como forma de difusión y
encuentro vivo con los valores culturales. Este encuentro contribuye al desarrollo social y
constituye al mismo tiempo una fuente muy importante de recursos para la realización de
proyectos de investigación, estudio, exploración, rescate, preservación, y difusión del
patrimonio cultural, ya sea el conservado en su lugar de origen o bien el que resguardan los
museos. La vinculación adecuada de estas esferas supone garantizar el respeto, por parte de
todos los actores involucrados, tanto del patrimonio como de las comunidades que le son más
próximas en lo cultural. Es de gran interés que no sólo el desarrollo turístico, sino también
otros tipos de desarrollo, como el urbano, el económico y el industrial, contemplen el respeto
y la salvaguarda plenos del patrimonio como una condición básica. Se trata, en general, de
que la responsabilidad de los gobiernos en la preservación del patrimonio se sustente en el
compromiso de todo individuo y grupo de valorarlo y protegerlo. Este compromiso debe
arraigarse paulatinamente, como se ha ido arraigando uno similar con el medio ambiente.
Para ello, resulta fundamental el desarrollo de programas educativos que despierten esta
conciencia desde los niveles escolares básicos.

Los beneficios de una participación más diversificada en la preservación del patrimonio


pueden reconocerse en la labor de asociaciones civiles, fideicomisos y otros actores culturales
de la sociedad civil. Su creciente presencia ha significado la realización de proyectos de
rescate, conservación y difusión del patrimonio que de otra forma no hubiera sido posible
concretar. Por su capacidad de convocar voluntades y esfuerzos, reunir recursos financieros,
intermediar y realizar tareas, muchas veces en colaboración de o con la asesoría de

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instituciones públicas, el fortalecimiento y la multiplicación de estos actores es fundamental.


Para esta multiplicación de actores es indispensable una profunda y amplia conciencia pública.
Esta conciencia es base, entre otras cosas, de un marco jurídico adecuado de preservación del
patrimonio cultural. Un marco jurídico, por más ventajoso que sea, jamás compensara una
falta de conciencia pública a favor de la cultura y su conservación. De cualquier forma, se
requiere de leyes adecuadas a la realidad contemporánea y los desafíos que la distinguen. El
ámbito internacional y la situación de cada nación marcan condiciones para la preservación
del patrimonio mundial y de los estados que demandan la generación de consensos y su
traducción en legislaciones que favorezcan los mejores mecanismos de preservación del
patrimonio cultural y el acceso al mismo por parte del mayor número posible de personas.

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LAS EMPRESAS Y EL PATRIMONIO CULTURAL

Arq. Jorge Tartarini.

En el último tercio del siglo XX los estudios sobre memoria empresarial han
ocupado un rol cada vez más relevante en las estrategias comerciales y de
comunicación con el cliente en general.

Estos trabajos evidenciaron que, tan importante como la modernización tecnológica y la


búsqueda constante de la excelencia en la calidad de los productos, es la presencia del
patrimonio cultural empresario como una tradición viva y omnipresente que otorga ciertas
ventajas competitivas a unas organizaciones sobre otras a la hora de las presentaciones.

Si esto es moneda casi corriente en empresas de Europa y Estados Unidos, no puede decirse
lo mismo del entorno empresario local. Aquí, todo parecería remitirse a una fórmula
inclaudicable: tecnología de punta, estrategias inteligentes, posicionamiento y una rigurosa
política de control de costos. En este contexto, pareciera que no existe margen para lujos
como el patrimonio cultural, un tema que, hasta no hace mucho tiempo, pocos empresarios
pensaban que podía servir para algo.

Sin embargo, la cultura de la que aquí hablamos poco tiene en común con las historias a
ultranza contadas en aniversarios empresarios que echan mano a los orígenes, casi como un
saldo de ocasión. La cultura empresaria a la que nos referimos, es la que incorpora una visión
dinámica de la trayectoria empresaria, examinando la historia desde el hoy, de cara al futuro.
De tal forma que, el patrimonio cultural, la memoria misma de una empresa, es revalorizado
sin caer en anacronismos ni excesos de nostalgia, sino como una forma de fortalecer y
mantener viva la cultura colectiva de una organización. Este principio posee una importancia
capital en este rescate: para ser efectiva, la revalorización de las raíces nunca debe operarse
en oposición a los últimos adelantos en organización empresaria.

Transitar este camino en los tiempos que corren no es fácil. Especialmente porque son pocas
las empresas entrenadas para lograr un necesario equilibrio entre lo que pasa y lo que surge
como una nueva tradición. Y también porque toda derivación presupuestaria a estos temas,
es sinónimo de gasto y no de inversiones, en la lógica empresaria.

Entre nosotros, el ejercicio de rescate más difundido es el que se asocia al


aprovechamiento marcas tradicionales, y los valores que poseen para el
cliente y la comunidad en general, asociados al reconocimiento, la seguridad
y la confianza. Una lectura bastante restringida del potencial que podría
tener la memoria humana de las empresas.

En realidad, más allá de las estrategias publicitarias y de promoción comercial, el patrimonio

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cultural es un concepto que se instala en la vida misma de una organización. Un patrimonio


vinculado a la sabiduría acumulada y a las historias de vida que una empresa fue forjando
desde su origen hasta el presente. Y que se encuentra vivo en infinidad de testimonios que
hablan de la cultura de la producción y del trabajo.

En algunas empresas tendrán valor testimonial sus escaparates tradicionales, sus marcas, su
maquinaria, su propaganda y publicidad, que reflejan etapas significativas de su desarrollo y
evolución. En otras, aspectos intangibles, como la tradición de buen trato a los clientes,
antiguas melodías de publicidades radiales o de TV, etc. Unos y otros serán componentes
valiosos de su propia identidad.

En el presente, tanto el derroche de recursos como el cercenamiento de la memoria no son


aceptados llanamente como décadas atrás, especialmente en los países más adelantados,
económica y socialmente. En ellos, ya casi nadie discute la importancia de la recuperación
dinámica del pasado en la vida de una empresa, y, por sobre todo, en el hábitat del hombre
contemporáneo. La modernidad, es, hoy por hoy, respetar el patrimonio cultural.

En el contexto local, son pocas las empresas que se detuvieron a reflexionar sobre su propio
pasado. Algunas iniciaron programas de inventario, publicaciones, videos, cd rom, eventos y
demás formas de difusión. A pesar de las limitaciones, abrieron un camino poco transitado, y
casi exclusivamente remitido al denominado “marketing filantrópico” y al sponsoreo de
actividades culturales externas a la historia de la propia empresa.

No obstante, en pocos casos se aprovecha el magnífico vínculo que establece entre


comunidad y empresa el patrimonio cultural que ambas fueron forjando en estrecha comunión
a través de los años. Una limitación que también se percibe de puertas hacia adentro.

Las historias externas a la empresa y los eternos aniversarios de poco servirán, si cada
organización no toma conciencia que, construir la historia desde el presente es forjar su
identidad del mañana. Es, por sobre todo, proyectarse en sus realizaciones futuras con la
misma intensidad con que hoy lo hace respecto de su pasado.

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PATRIMONIO Y DIVERSIDAD

Arq. Jorge D. Tartarini(1)

Quisiera compartir con ustedes algunas notas que he ido acumulando en


estos últimos tiempos referidas a Cultura, Identidad y Patrimonio, y que he
ordenado para esta oportunidad.

La definición actual de cultura se aleja definitivamente de la que era habitual entre nosotros
no más de medio siglo atrás. Ya no se trata de un conjunto de objetos, edificios, obras de
arte, libros, que se pueden identificar con cierta facilidad. Tampoco puede considerarse algo
que sea siempre de la misma manera. De aquí que, la cultura en los tiempos que corren
implica deba definirse en condiciones de multiculturalidad, pues básicamente se trata de
procesos sociales que manifiestan de qué forma un mismo objeto puede cambiar, modificar o
alterar en distinta medida su uso y significación.

Hoy millones de personas se trasladan de un lado a otro, dentro y fuera de sus continentes,
viven en forma más o menos permanente en sociedades distintas de las que nacieron, y en
cualquiera de estos lugares - a modo de ejemplo - en un aparato de TV pueden ver su
programa favorito en español, inglés, francés o mandarín, por citar sólo algunas
probabilidades.

En el presente, su definición se enlaza, vincula y condiciona con la de procesos sociales


erosionados por fenómenos tales como la globalización de las tecnologías comunicacionales.
Hoy la cultura es algo que se produce, circula, se consume. Entonces, afirmar -como se ha
venido haciendo tradicionalmente- que la cultura es la instancia simbólica en la que cada
grupo organiza su identidad, en un contexto globalizado donde las condiciones de producción,
consumo y circulación de los bienes culturales han cambiado radicalmente, es decir muy
poco.

De allí que, como bien señalan García Canclini y otros pensadores de hoy, a pesar de que en
muchos de los países de nuestro continente la cultura todavía se entiende como algo
estrictamente vinculado a las bellas artes, la cultura es considerada como algo constitutivo de
la persona, presente en su trabajo y en sus interacciones cotidianas.

En realidad, cualquier ciudad del presente puede considerarse multicultural y, inmersa en


estos procesos hiperdinámicos y entrelazados, la cultura no es algo que pueda definirse de
una vez para siempre. Cómo repensar entonces la identidad en esta época globalizada, sin
considerar estos flujos constantes, estas interrelaciones que le permiten reproducirse,
trasladarse y recrearse a sí misma en otros lugares distantes y distintos al de su origen. Se
trata de una identidad multicultural que nutrida en tantos repertorios culturales como
desplazamientos e interacciones sufra a través del tiempo.

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Como decíamos antes, lejos están los procesos que van construyendo las sociedades de hoy,
en los que identidad y cultura son elementos dinámicos en adaptación permanente, donde lo
local y lo global se entrelazan, de los criterios y categorías conservacionistas con que se
abordaban los conceptos de identidad y cultura promediando el siglo pasado.

El último tercio del siglo XX marcó un punto de inflexión importante en la necesaria


comprensión de estos procesos, y por sobre todo, de la consideración de la identidad no como
algo congelado sino como un proceso de afirmación, en el que surgen incertidumbres sobre
las identidades de origen, y surge la necesidad de examinar lo distinto dentro de lo
presuntamente común, similar y sin fisuras. De allí que, desde distintas disciplinas se aborda
el estudio de lo heterogéneo dentro de identidades que interactúan, confrontan y cambian.
Por el contrario, estudios precedentes, se preocupaban más por examinar otras identidades
en apariencia intactas sin fisuras.

Y esta perspectiva renovada para examinar los conceptos de identidad, capaz de integrar no
solamente a lo similar sino también a lo diferente, resulta de particular interés en un país
aluvional como el nuestro, en especial para analizar el rico mosaico de identidades que lo
conforman.

Otra de las incertidumbres o desafíos (aunque particularmente detesto el uso y abuso que se
hace hoy de este último término) del momento actual parece centrarse en la pregunta ¿Cómo
globalizarnos sin enajenarnos ? La clave, para García Canclini, estaría en la glocalización, es
decir, pensar globalmente y actuar localmente. Una tentadora y nada desdeñable alternativa,
útil al concepto de identidad como una raíz que se inserta en el corazón mismo de una
comunidad y que se convierte en uno de los vehículos apropiados para que ésta llegue a
consolidarse auténtica y verdaderamente, repensando lo universal en conexión con lo propio.

Por su parte Ramón Gutiérrez, otro paladín de los estudios sobre identidad en
Latinoamericana, plantea abordar lo distinto, lo que nos diferencia de otras naciones, como
una oportunidad para poder mirar con un sentido más plural lo diverso que existe entre
nosotros. En su visión, pertenencia y el pluralismo constituyen condiciones internas de la
identidad, a las que es preciso añadirles dos nuevas condiciones: una de ellas es la
participación, en la que el individuo se transforma en un operador activo en la construcción de
su propia identidad. Otra condición es la personalización, en la que el individuo se asume
como ser social que crece y proyecta sus intereses en comunidad. Ambas condiciones, la
dimensión social personalista y la participación activa, resultarían esenciales en el proceso de
afirmación cultural y social, a través del cual identidades múltiples interactúan, sin diluir ni
sepultar para siempre sus diferencias. Se trata, por sobre todo, de crear nuevas formas de
encuentro y acción, en una proyección transformadora del propio individuo y articuladora con
la identidad comunitaria.

Concebida de esta forma, la identidad encuentra claves precisas de expresión y comunicación


en el patrimonio tangible e intangible que anida en la memoria acumulada por la sociedad.
Cultivar la memoria, no para anclarnos en la nostalgia ni caer en posturas congelacionistas de

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nuestro pasado, contribuye a la necesaria tarea de no sólo reestablecer la continuidad con


esa suerte de pasado “único” lejano y desvinculado, sino con todos nuestros pasados
desconectados entre sí y con nosotros mismos.

Sin esta lectura abarcante, integradora y plural, resulta muy difícil entender lo que hoy somos
y lo que, por sobre todo, no podemos ser. Porque, tentados casi en forma recurrente, en
inventarnos un lustroso y brillante pasado, caemos en comparaciones dislocadas y
contradictorias con nuestro ayer y nuestro presente.

Esta suerte de estigma de considerarnos jóvenes y sin historia se alimentó casi


invariablemente de subvaloraciones hacia lo propio y de admiración hacia pasados de otras
latitudes, bastante alejados de estas tierras. Aquello era lo consagrado por la historia; lo
nuestro, algo modesto y periférico que, aunque valioso, poco podía hacer frente a las
grandes creaciones del arte, la arquitectura y el urbanismo occidentales.

Esta visión, cronológica y temáticamente sesgada, acorde a aquel momento histórico,


también tuvo que ver con esa percepción de país joven, de Nación que debía exaltar,
proteger, y hasta recrear, los símbolos nacionales representados en lo hispano colonial, en el
gaucho, y en los grandes edificios cívicos y religiosos del siglo XIX. Fueron años en los que se
recuperaron dignamente monumentos nacionales que estaban desfigurados, como la Casa de
Tucumán y el Cabildo, pero también, en los que, en un alarde revisionista, se demolieron
construcciones coloniales originales para construir otras que simulaban serlo -como sucedió
en el centro histórico de Salta- y se levantaron réplicas de edificios históricos para albergar
museos de la tradición en los lugares más dispares, sin importar demasiado lo genuino, la
autenticidad y la claridad del mensaje que se quería trasmitir.

Pareciera que todo esto forma parte de un pasado bastante lejano. Pero lo cierto es que,
recién en los últimos veinte años, el concepto de patrimonio cultural en nuestros organismos
encargados de protegerlo, se ha ido ampliando, e incorporando expresiones de otros períodos
históricos, otras temáticas y tipologías. Este concepto antropológico integrador, fue el que
poco a poco permitió considerar bienes que reflejasen el pluralismo cultural que nos
caracteriza.

Hoy poseemos monumentos que no sólo hablan del pasado colonial, sino de las sucesivas
corrientes migratorias que poblaron nuestro país, de sitios arqueológicos prehispánicos, de la
producción fabril y rural, de la arquitectura vernácula, de la excelente arquitectura del
historicismo, y también de obras contemporáneas de gran calidad. Y esto es coherente con
nuestro hábitat cotidiano, con la mayor parte del paisaje cultural que nos rodea, y el que
constituye el ámbito natural de lo cotidiano en nuestros pueblos y ciudades: difícilmente
llegue a superar los doscientos años de historia. Aquello que es juventud en otra latitud, en
nuestro contexto constituyen piezas claves de una memoria que es preciso preservar si
pretendemos algún día alcanzar una madurez plena y verdadera.

Qué sería de nuestra historia si desapareciesen, por ejemplo, los paisajes culturales creados a
partir del ferrocarril y la industria a lo largo del territorio ? ¿Cómo serían nuestras ciudades si

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no preserváramos la excelente arquitectura residencial de los años 1880 -1950 que da


carácter e identidad a muchos de los lugares y barrios que las conforman? Apenas ayer, para
algunos. Toda una gesta para nosotros.

Es que, mal que nos pese, no siempre las convicciones de nuestras sociedades fueron
conscientes de la necesidad de sustentarse en las raíces de su pasado para construir un
presente armónico e integrador. Procesos de ruptura, apuestas a futuros grandilocuentes y
desprecios del pasado limitaron las lecturas continuas que toda sociedad debería brindar para
la mejor comprensión de sus ciclos históricos. La fragmentación reinó durante prolongados
períodos de nuestra historia.

No pretendo extenderme más de lo debido en el tema. Sólo recalcar la necesidad de acceder


a la globalización desde nuestra propia circunstancia, sin desmedro de nuestros modos de
vida y formas de pensamiento. Sin reinventar lo que fuimos. Pues en ello, aunque no lo
parezca, se encuentra comprometido el bienestar de la propia sociedad y el afianzamiento de
su personalidad cultural. En este afianzamiento de valores y de identidad el patrimonio, en su
dimensión social, cultural y económica, juega un papel fundamental.

Pero, ¿por qué querer rescatar los aspectos de nuestra cultura pasada, de nuestro patrimonio,
en la era de la globalización, de la ciencia y de la técnica ? En primer lugar porque la cultura
de nuestro país es el punto de referencia esencial que nos posibilita avanzar creativamente;
en segundo: porque la libertad de crear un hecho futuro se condiciona en la conciencia actual
del pasado y el ámbito principal de nuestro patrimonio, el lugar donde se desarrolla o se
desvanece es la memoria. En la memoria de las comunidades se encuentra la totalidad de
una cultura, y por ello para poder conocerla, reconstruirla y difundirla es necesario
ejercitarla.

Uno de los mayores desafíos del hombre de hoy es alcanzar un desarrollo verdaderamente
humano que no comprometa los recursos naturales, culturales y espirituales de las
generaciones futuras. Un desarrollo sustentable en el que será esencial una visión amplia de
la cultura que, lejos de yuxtaponer momentos y experiencias históricas vaya nutriéndose en
el saber y el hacer de quienes habitaron desde sus orígenes la tierra y se alimente de la
memoria histórica.

Este patrimonio es el que, en suma, nos da identidad y certezas, expresa nuestras tradiciones
y nos ofrece un basamento para enriquecerlas con las expresiones tangibles e intangibles de
nuestro tiempo. Proteger, perfeccionar y hacer crecer esta herencia, es reforzar la
construcción de una identidad en permanente construcción, afianzándonos en los valores de
un patrimonio intangible que constituye la trama de nuestra propia cultura manifestada en
usos y costumbres.

Es preciso erradicar esa actitud de estar viviendo en un no lugar, como nos pasa a muchos
argentinos. Como si nuestro país fuera un gran hotel, un lugar donde nadie sabe donde
pertenece, en el que pensábamos estar sólo por un tiempo y en el cual nos podíamos limpiar
los zapatos con las cortinas, como explica Ernesto Sábato al referirse a nuestro descuido por

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lo público, por lo permanente, por la historia y por una temporalidad permanente de objetos
que no son considerados de uno, de su propio lugar.

Retomando lo expresado por R. Gutiérrez, el patrimonio no es solamente un bien cultural sino


también un bien de uso. Compatibilizar desarrollo y preservación del patrimonio constituye
uno de los desafíos claves para el próximo milenio. Para ello es preciso entender que el factor
cultural, como decíamos al principio, es un valor esencial para el desarrollo armónico y que
no habrá rescate posible del patrimonio sin dar al mismo tiempo respuesta a las demandas
sociales. Un rescate que permita superar períodos de postergación y decadencia, que sea
conciente de nuestro pasado y, por sobre todo, de nuestra propia circunstancia y nuestros
requerimientos.

(1) Especialista en Preservación de Patrimonio Urbano Arquitectónico. Consultor de UNESCO, OEA,


PNUD, World Monuments Fund, Arte Viva, Fondo Argentino de Cooperación Horizontal, etc. Ex
Becario de la Fundación Guggenheim de Nueva York (2001). Profesor en Cursos de Postgrado sobre
Preservación del Patrimonio Cultural -e industrial en particular- en el país y en el exterior. Cargos
actuales: Vicepresidente 2° de la Comisión Nacional de Museos, Monumentos y Lugares Históricos,
Director del Museo del Agua (AySA), Director Académico de la Diplomatura sobre Gestión Cultural,
Patrimonio y Turismo Sustentable de la Fundación Ortega y Gasset de Argentina, e Investigador de
Carrera del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET).

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Trabajo Práctico. U1B

Clase 3

Determinar cuál es el primer paso de la gestión del patrimonio. Ejemplificar.


Identificar los 5 principios de la gestión del patrimonio y las consideraciones para una
gestión exitosa, explicitando su comprensión, a través de ejemplos de su región.
Establecer los tipos de gestión, desarrollar sus conceptos a través de ejemplos
concretos.
A través de un ejemplo concreto de su entorno inmediato representar los pasos de la
cadena lógica de intervención del patrimonio.
Proponer algún caso ejemplificador de su territorio que pueda fundamentar el concepto
de patrimonio de empresas y desarrollar su comprensión.

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Unidad 1 C

Zonas protegidas naturales

Las áreas protegidas son espacios determinados por un Estado sujeto a


un marco legal e institucional definido para garantizar la conservación de
sus particularidades y riquezas medioambientales y culturales.

Se dividen en 5 grupos:

áreas de protección de flora y fauna,


parques nacionales,
áreas de protección de recursos naturales,
reserva de la biosfera y
áreas de recreación urbana.

La Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza, UICN (1994)


define a las áreas protegidas como: «Una superficie de tierra o mar
especialmente dedicada a la protección y mantenimiento de la Biodiversidad
y de los recursos naturales y culturales asociados; manejada a través de
medios legales, o de otros medios efectivos».

De acuerdo con esta definición, e independientemente de su carácter antropocentrista, las


áreas protegidas son territorios de manejo especial destinados a la administración, manejo y
protección del ambiente y los recursos naturales renovables —tanto florísticos como
faunísticos— que albergan.

Las áreas protegidas son espacios creados por la sociedad en su conjunto, articulando
esfuerzos que garanticen la vida en condiciones de bienestar, es decir la conservación de la
biodiversidad así como el mantenimiento de los procesos ecológicos necesarios para su
preservación y el desarrollo del Homo.

La República Argentina es uno de los países con mayor cantidad de eco-regiones y por ello
cuenta con parques y reservas naturales que pertenecen al Estado Nacional Argentino y que,
por tanto, son patrimonio de todos los ciudadanos argentinos, formando un sistema nacional
de áreas protegidas por ley de fauna.

Aunque la cantidad de Parques Nacionales, reservas naturales y Monumentos Naturales es


numerosa, la cifra aún puede incrementarse dado que existen sitios de gran valor paisajístico
natural, o de gran valor ecológico natural, o ambas cuestiones a la vez, que les ameritan para
ser integrados dentro del Sistema Nacional Argentino de Áreas Protegidas. Incluso este
sistema puede involucrar áreas culturales (con más precisión: arqueológicas —como la Cueva

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de las Manos—, históricas, o de otro tipo).

Antecedentes

Argentina es un estado pionero en el establecimiento de Parques Nacionales


naturales, el primer Parque Nacional se origina el 6 de noviembre de 1903 a
partir de la donación que hizo el perito Francisco Pascasio Moreno de un extenso
y bello territorio a orillas del lago Nahuel Huapi (‘isla del yaguar‘ en idioma
mapudungun).

Tal territorio le había sido asignado a Moreno por el estado nacional — mediando el Congreso
de la Nación— como premio a sus servicios. Moreno, en lugar de quedárselo como una
estancia, decidió devolverlo al Estado. En cierto modo con esto hacía una devolución (a su
modo) a la población originaria de la región (poyuches y vuriloches) y con ella, también, a
toda la Nación Argentina.

Moreno expresó:

”que la Nación Argentina conservara la propiedad de algunos lugares


excepcionalmente hermosos para el mejor provecho de las generaciones
presentes y venideras.”

El 1 de febrero de 1904 al ser aceptado el legado de F.P. Moreno la República Argentina


resultó ser el tercer país de toda América, precedida entonces por Estados Unidos (que fue el
primer país en el mundo) y Canadá (entonces aún colonia o dominio del Reino Unido), en
poseer un Parque Natural Nacional; fuera de América solo antecedieron a la Argentina, Nueva
Zelanda y Australia.

Ese primer Parque Nacional, creado en 1903, fue claramente delimitado en 1937 y llamado
Parque Nacional del Sur, para ser luego el actual Parque Nacional Nahuel Huapi. En los 1920s
el presidente Hipólito Yrigoyen decretó que se ampliaran las áreas a resguardar incluyendo la
adquisición de unas 75.000 ha en torno a las Cataratas del Iguazú en donde se crearía el
"Parque Nacional del Norte" (actual Parque Nacional Iguazú) por el cual bregó el paisajista
Carlos Thays. Sin embargo es el 9 de octubre de 1934 que se promulga la ley 12.103 por
iniciativa de Exequiel Bustillo para instituir la Dirección de Parques Nacionales de Argentina.

En 1936 la provincia de Tucumán definió las dos primeras áreas naturales protegidas
administradas provincialmente: el parque natural La Florida (actualmente Reserva Forestal La
Florida)1 (con 10.200 ha y que no debe se confundida con su homónima sanluiseña) y, la
Reserva Forestal Aconquija.

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Organización actual del sistema

A inicios de 2008 Argentina posee una red de áreas naturales protegidas, 39 de las cuales son
administradas nacionalmente reuniendo 3,7 millones de ha, esto es casi el 7% de la
Argentina Continental Americana (incluyendo un sector de la Isla Grande de Tierra del
Fuego); aparte de esto la red de áreas naturales protegidas bajo jurisdicciones provinciales,
municipales etc. posee 400 integrantes incluidas en el SIFAP (Sistema Federal de Áreas
Protegidas) con 22 millones de hectáreas pero apenas el 20% de tales áreas tiene un grado
de protección aceptable o suficiente (lo que es poco más que la red administrada por Parques
Nacionales).

La APN (Administración de Parques Nacionales, de la cual no dependen los parques


provinciales ni municipales ni las reservas privadas) se rige por la Ley 22.351.

El sistema nacional de áreas protegidas tiene actualmente las siguientes


categorías:

Área Protegida Nacional: esta categoría es muy amplia y abarca toda zona en la
cual se protege, en diversos grados, la naturaleza y la cultura del país.
Parque Nacional: Los Parques Nacionales en Argentina suelen ser, como su
denominación sugiere, un área natural de especial belleza paisajística, o, en su defecto,
un área de alto valor ecológico. En un parque nacional, la actividad antrópica se reduce
al mínimo.
Reserva Natural: las reservas naturales suelen ser contiguas a los P.N., aunque en
ciertos casos son áreas aisladas en las cuales se preserva o un paisaje, o un
ecosistema o una especie (tal es el caso de la Reserva Natural Nacional Formosa,
creada para salvaguardar a los armadillos gigantes llamados tatú carreta y a los
yaguaretés). En una R.N. se permiten actividades económicas humanas limitadas, que
no afecten negativamente al patrimonio natural.
Monumento Natural: esta categoría incluye a las zonas en las cuales lo interesante
es principalmente inherente al reino mineral, por ejemplo geoformas —formaciones
geológicas curiosas o atractivas—. Se consideran asimismo Monumentos Naturales a
especies vivientes tales como la taruca, la ballena franca austral, el huemul, el
yaguareté, el aguará guazú, el pino del cerro, el lahuán o alerce patagónico. Siendo
candidatos a tal tipo de protección el oso de anteojos, la vicuña, el cóndor, el guazú ti
o venado pampeano, el pehuén o araucaria araucana, el curí o araucaria misionera etc.
Parque Natural Marino: en febrero de 2008 fue establecida esta nueva categoría que
actualmente tiene como integrante al Parque Interjurisdiccional Marino Costero
Patagonia Austral en la provincia del Chubut.
Reserva Natural Estricta: esta categoría significa a zonas que son refugio de
especies autóctonas o ecosistemas bajo grave riesgo.
Reserva Silvestre y Educativa: en esta categoría se incluyen, tal cual la
denominación lo indica, zonas que pueden ser útiles para la didáctica en la
preservación de la ecología y la vida silvestre.

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En diversos regímenes (áreas naturales de jurisdicción nacional, de jurisdicción provincial,


municipal, o administradas por universidades nacionales o por ONG) a finales de 2005 se
consideraba la existencia de una red constituida por 250 áreas naturales protegidas en
Argentina. Del total, sólo el 22% de la superficie correspondía a la categoría de áreas
protegidas estrictas, esto es: aquellas en las cuales la única actividad humana permitida es la
visita o un turismo agreste y de aventura, el 78% de la superficie de las áreas naturales
(especialmente las «Plan Mab», las provinciales y las municipales y las administradas por
ciertas ONG) permite actividades humanas consideradas compatibles con el resguardo
ambiental: de este modo en muchas de estas áreas "no excluyentes" se permite la residencia
de pobladores y la práctica de actividades rurales que incluyen la ganadería y la explotación
forestal.

El sistema de áreas naturales protegidas en Argentina está coordinado por la Red Nacional de
Cooperación Técnica en Áreas Protegidas, y se mantiene cierto contralor desde la Secretaría
de Recursos Naturales Renovables.

En el 2010 la Fundación Vida Silvestre Argentina comunica que cada ecosistema requiere
tener por lo menos un 15% de su área protegida para preservar la existencia del mismo.

Áreas naturales protegidas de Argentina (descargar archivo)

Áreas con figuras de protección internacional

Parques Nacionales

La República Argentina cuenta con un sistema de parques nacionales destinado a proteger el


patrimonio natural y cultural del país.

Los primeros parques fueron el Nahuel Huapi (éste, gracias al Francisco Pascasio Moreno y a
Exequiel Bustillo) y el Iguazú, ambos creados en 1934. Entre los últimos están el San
Guillermo (1998), el Copo (2000) y El Leoncito (2002) y el Parque nacional Monte León
(2004), que es el primer parque marino continental de la Argentina.

En total hay 30 parques nacionales (mayo de 2012) (además de 3 parques


intejurisdiccionales, 6 reservas naturales y 3 monumentos naturales). Ocupan casi un 4% del
territorio argentino, unos 3,8 millones de hectáreas, cuidados por 200 guardaparques
aproximadamente. La Administración de Parques Nacionales, regulada por Ley 22 351 de
1980, tiene su sede en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires. Su gestión está descentralizada
y depende del Ministerio de Turismo de la Nación. Su rol es gestionar un sistema de áreas
protegidas como una de las herramientas de conservación fundamentales para el
mantenimiento de la diversidad biológica, el patrimonio natural y cultural y los rasgos

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paisajísticos sobresalientes del país.

La APN también administra cuatro especies animales: la ballena franca austral, el huemul, el
yaguareté y la taruca, bajo las figuras de monumentos naturales.

Además de los parques, existen alrededor de 250 predios protegidos que se encuentran bajo
jurisdicción municipal, provincial o gestión privada. Son conocidos con diversas
denominaciones: parques provinciales, reservas forestales, refugios educativos, reservas de la
biosfera, y reservas naturales.

Parque nacionales de Argentina (descargar archivo)

Patrimonios de la Humanidad

En Argentina, junto a monumentos debidos a la mano humana como la Cueva de las manos, ,
la Quebrada de Humahuaca en Jujuy la Manzana Jesuítica de la ciudad de Córdoba, las Ruinas
Jesuíticas de Misiones, existen con el rango de Patrimonios de la Humanidad conferido por la
Unesco las siguientes áreas naturales: El Parque Nacional Los Glaciares en la provincia de
Santa Cruz, la Península Valdés en Chubut, el Parque Nacional Iguazú en Misiones, el Parque
Nacional Talampaya -Ischigualasto en La Rioja y San Juan, incorporados a la Lista indicativa
nacional los casos de los Esteros del Iberá en Corrientes, Las Parinas en Catamarca, Parque
Los Alerces, Campos Volcánicos en Mendoza y Pehuenco en Provincia de Buenos Aires..
Parques en proceso de creación

El 6 de agosto de 2011 se anunció la futura creación del parque nacional La Fidelidad, con
148 000 hectáreas de la provincia del Chaco, confirmándose en el mes de junio de 2012 su
creación.

Dos parques interjurisdiccionales en la provincia de Santa Cruz están en


proceso de creación:

Parque interjurisdiccional marino Isla Pingüino: se acordó su creación por acuerdo entre
la Nación y la provincia de Santa Cruz el 15 de febrero de 2010. El acuerdo fue
ratificado por el gobierno de Santa Cruz el 4 de junio de 2010 3 y aprobado por ley
provincial el 12 de agosto de 2010 , restando la aprobación nacional. Abarca una
superficie de 159 526 hectáreas.
Parque interjurisdiccional marino Makenke: se acordó su creación por acuerdo entre la
Nación y la provincia de Santa Cruz el 17 de septiembre del 2010. El acuerdo fue
ratificado por el gobierno de Santa Cruz el 9 de marzo de 2011 (decreto Nº 234),
restando su aprobación por ley provincial y por ley de la Nación. Abarca una extensión
de 71 271 hectáreas.

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Reservas de Biosfera Mab

Están coordinadas por el sistema global «Mab» («Man and biosphera»/ «Hombre y biosfera»)
de la Unesco, casi todas estas reservas tienen la característica de que la mayor parte de su
territorio puede estar habitada por seres humanos y en tal territorio se pueden realizar
actividades que se consideran no afectan negativamente al medioambiente, por ejemplo
ganadería extensiva y racional o actividades de explotación forestal sustentable.

En el 2005 se contaban las siguientes reservas de biosfera argentinas dentro del «Plan
Mab»:}

Reservas de Biosfera (descargar archivo)

Sitios RAMSAR en Argentina

Los sitios Ramsar son humedales designados como áreas protegidas por la importancia que
revisten como hábitat de aves acuáticas migratorias y de fauna y flora características, como
reguladores de los regímenes hidrológicos y porque constituyen un recurso de gran valor
económico, cultural, científico y recreativo. Hasta el 2011 son veinte los sitios Ramsar
designados en Argentina.

Otras áreas naturales protegidas en Argentina

Paralelamente al reseñado sistema de Parques, Resevas y Monumentos Nacionales


administrados por el Estado Argentino; se cuentan otras zonas protegidas que corresponden a
jurisdicciones provinciales, municipales, ONG - i.e.: Fundación Vida Silvestre Argentina- ,e
incluso emprendimientos privados. Listado de Monumentos Naturales en la Argentina.

Monumentos Naturales Nacionales en la Argentina (descargar archivo)

Áreas Naturales protegidas por los estados provinciales argentinos

Los primeros parques naturales provinciales datan de 1936 cuando el gobierno de la provincia
de Tucumán creó la reserva forestal La Florida y la reserva forestal Aconquija con, entonces,
10 200 y 500 ha respectivamente, a Tucumán le siguió e 1937 la provincia de Buenos Aires
creando el Parque Provincial Ernesto Tornquist.

Pero es de notar que aún en el 2008 muchas Reservas Naturales bajo supuesta

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administración provincial, departamental, partidal, municipal o privada sólo figuran en los


expedientes de su fundación por este motivo extraoficialmente son calificadas de "reservas de
papel".

Advertencia preliminar: la siguiente Tabla es provisional, ya que en gran parte de las


provincias el hecho de que una zona se encuentre categorizada como Reserva Natural o afín,
aún suele estar sujeta a las veleidades de los gobiernos o de las legislaturas. Un ejemplo de
ello es el de la reserva natural Campo Pizarro, en territorio de contacto entre la yunga y el
chaco salteño, con una extensión de unas 20 000 ha, que prácticamente en un día (el 22 de
abril de 2004) bajo el gobierno de Juan Carlos Romero, pasó de estar resguardado como
Reserva Natural Provincial a ser zona privatizada susceptible de explotación forestal y
siembra posterior (desde octubre de 2005 existe un proyecto del Poder Ejecutivo Nacional
para resguardar ese territorio categorizándolo como Parque Nacional). Otro ejemplo es el de
Paramillos de Uspallata (Mendoza), una restringida área en la que se concentran importantes
yacimientos paleontológicos y arqueológicos, las ruinas mineras de los Jesuitas, una biósfera
singular, con especies de fauna en peligro de extinción (ñandú cordillerano, cóndores,
guanacos, gato de la montaña, etc.) y una flora propia de la zona (el cardonal); como
también una geología digna de ser preservada y bellezas panorámicas únicas. El proyecto
para declararla «Área Natural Protegida» se halla en tratamiento en la legislatura desde el
año 2010.

Áreas Naturales protegidas por los estados provinciales argentinos


(descargar archivo)

Proyectos de nuevos Parques y Reservas Nacionales

Proyectos de nuevos Parques y Reservas Nacionales (descargar


archivo)

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¿Qué es un buffer? almacenador, intermediario o


amortiguamiento

Un buffer o también conocido como zona de amortiguamiento es una


zona adyacente a las zonas de protección, que por su naturaleza y
ubicación requieren un tratamiento especial para garantizar la conservación
del área protegida. Según los requerimientos de cada área se define la
extensión que corresponda a su zona de amortiguamiento. Las actividades
que se realicen en las zonas de amortiguamiento no deben poner en riesgo
el cumplimiento de los fines del Área Protegida.

Las "buffer" o "de amortiguación", sólo pueden usarse para actividades científicas,
educativas, recreativas y turísticas. Sus límites están bien delimitados, rodea la zona núcleo o
está junto a ella. Las actividades que aquí se desarrollan están organizadas de modo que no
sean obstáculo para los objetivos de conservación de la zona núcleo, sino que aseguren la
protección de ésta.

Aquí se puede llevar a cabo la investigación experimental para hallar formas de


manejo de la vegetación natural, tierras de cultivo, bosques o pesca, con el fin de
mejorar la producción a la vez que se conservan los procesos naturales y la
diversidad biológica, incluyendo el suelo, en el máximo grado posible.

En los Sistema de Información Geográfica, se define como el polígono que encierra el área de
influencia resultante de dar una determinada distancia en torno a un punto, línea o polígono.
Se utiliza mucho para procesos de análisis espacial.

Un Sistema de Información Geográfica ( SIG o GIS) es una colección


organizada de hardware, software, datos geográficos y personal, diseñado
para capturar, almacenar, manipular, analizar y desplegar en todas sus
formas la información geográficamente referenciada con el fin de resolver
problemas complejos de planificación y gestión. También puede definirse
como un modelo de una parte de la realidad referido a un sistema de
coordenadas terrestre y construido para satisfacer unas necesidades
concretas de información.

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Conjuntos históricos y paisajes

Conjuntos históricos

Son aquellas agrupaciones de bienes inmuebles que forman una unidad de asentamiento
continua o dispersa, claramente identificable y con interés suficiente en su totalidad.

Asimismo podrán considerarse Conjunto Histórico aquellos lugares o parajes de


interés etnográfico derivados de la relación tradicional entre el medio natural y la
población, así como aquellos lugares o parajes que constituyan testimonios
significativos de la evolución de la minería y la industria.

Los Conjuntos Históricos, al igual que los Monumentos, contarán con un entorno de
protección

Definición de Paisaje Cultural

Comprendemos el paisaje urbano desde dos perspectivas: una en relación con la región
geográfica donde la ciudad está ubicada, otra interna, que es interurbana.

Dice Vidal de la Blache “la naturaleza prepara el sitio, y el hombre lo organiza de


tal manera que satisfaga sus necesidades y deseos.”

Concepto de paisaje urbano

La perspectiva externa del paisaje urbano

El paisaje urbano en su perspectiva externa es una interacción de las vistas desde la ciudad
sobre su región y entorno natural: montañas, bosques, ríos y pueblos cercanos de la ciudad,
así como de sus vistas bajo todos sus ángulos desde el exterior. Muchos dibujantes, pintores
y fotógrafos han retratado el paisaje urbano desde el interior como desde el exterior.

La perspectiva interna del paisaje urbano

“El paisaje urbano es el resultado de la interacción de tres variables que son: el


plano, el uso del suelo y la edificación. Según Harold Carter, las tres varían con
independencia entre sí, dando lugar a una variedad infinita de escenarios
urbano. Cada una de ella debe ser analizada en forma sistemática, debiendo
luego establecerse la correlación existente para lograr una síntesis del paisaje
urbano: El paisaje urbano se asienta en el marco y medio natural.”

Se entiende por paisaje cultural el resultado de la acción del desarrollo de


actividades humanas en un territorio concreto, cuyos componentes
identificativos son:

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El sustrato natural (orografía, suelo, vegetación, agua)

Acción humana: modificación y/o alteración de los elementos naturales y construcciones


para una finalidad concreta

Edificación y Actividad desarrollada componente funcional en relación con la economía,


formas de vida, creencias, cultura

El paisaje cultural es una realidad compleja, integrada por componentes naturales y


culturales, tangibles e intangibles, cuya combinación configura el carácter que lo identifica
como tal, por ello debe abordarse desde diferentes perspectivas.

Tipos de paisajes culturales, según la Convención del Patrimonio Mundial de UNESCO:

Paisaje claramente definido, creado y diseñado intencionadamente por el ser


humano. Se trata de paisajes ajardinados y parques, construidos por razones
estéticas que generalmente, aunque no siempre, se encuentran asociados a
edificios religiosos o monumentos de otra índole.

Paisaje evolucionado orgánicamente, debido a un imperativo inicial de


carácter social, económico, administrativo y/o religioso, y que ha evolucionado
hasta su forma actual como respuesta a la adecuación a su entorno natural. Este
proceso se refleja de formas diferentes, por lo que se establecen dos subtipos:

Paisaje vestigio (o fósil), es aquel en el que su proceso evolutivo


concluyó en algún momento del pasado, pero sus rasgos característicos
son todavía visibles materialmente.

Paisaje activo, es el que conserva un papel social activo en la sociedad


contemporánea asociado con el modo de vida tradicional, y cuyo proceso
de evolución sigue activo.

Paisajes culturales asociativos son aquellos en los que existen poderosas


asociaciones, religiosas, artísticas o culturales con el medio natural, en lugar de
pruebas culturales materiales, que pueden ser inexistentes o poco significativas.

Clasificación de paisajes culturales: Urbanos / Rurales / Arqueológicos / Industriales

El concepto de Paisaje Urbano Histórico según la UNESCO

La Unesco en el año 2009- por especial interés para la cuestión del patrimonio de los centros
históricos, el paisaje urbano y el innegable dinamismo urbano inherente al concepto mismo
de ciudad.

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Señaló:

El concepto de Paisaje Urbano Histórico (PUH) aborda el contexto


paisajístico y territorial más amplio y, por tanto, va más allá de los centros
o conjuntos históricos.

Esto refleja y ha propiciado la configuración de una sociedad moderna y consecuentemente


resulta ser de gran valor para la comprensión de nuestra actual forma de vida. Integrado por
elementos definitorios incluidos los usos del suelo y patrones, organización espacial,
relaciones visuales, topografía y tierras, vegetación, y todos los elementos de la
infraestructura técnica, incluyendo objetos a pequeña escala y detalles de construcción
(bordillos, pavimento, canales de desagüe, luces, etc.). Es crucial entender el paisaje
urbano histórico antes de llevar a cabo cualquier proyecto arquitectónico
contemporáneo. El impulso de la modernización es legítimo pero es crucial reflejar
primero su impacto(s) en la identidad de la ciudad y en los estilos de vida de las
comunidades.

Actualmente, un 50% de los ciudadanos del mundo viven en ciudades contextos urbanos. Esta
cifra continuará aumentando en los años próximos. Asimismo, el Comité de Patrimonio
Mundial ha presenciado en los últimos años un crecimiento del número de situaciones
problemáticas tales como edificios de muchos pisos en o alrededor de los centros históricos
inscritos en la Lista de Patrimonio Mundial o rupturas en la estructura urbana debido a la
construcción de la ambiciosa arquitectura contemporánea.

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Recomendación relativa a la Salvaguardia de los


Conjuntos Históricos o Tradicionales y su Función en la
Vida Contemporánea

Nairobi, 26 de noviembre de 1976

La Conferencia General de la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la


Ciencia y la Cultura, en su 19a reunión, celebrada en Nairobi, del 26 de octubre al 30 de
noviembre de 1976,

Considerando que los conjuntos históricos forman parte del medio cotidiano de los seres
humanos en todos los países, que constituyen la presencia viva del pasado que los ha
plasmado y que garantizan al marco de vida la variedad necesaria para responder a la
diversidad de la sociedad y que, por ello mismo, adquieren una dimensión y un valor humano
suplementarios,

Considerando que los conjuntos históricos ofrecen a través de las edades los testimonios
mas tangibles de la riqueza y de la diversidad de las creaciones culturales, religiosas y
sociales de la humanidad, y que su salvaguardia y su integración en la vida de la sociedad
contemporánea es un factor básico del urbanismo y la ordenación del territorio,

Considerando que, frente a los peligros de uniformización y de despersonalización que se


manifiestan con frecuencia en nuestra época, esos testimonios vivos de épocas pasadas
adquieren importancia vital para los hombres y para las naciones, que encuentran en ellos la
expresión de su cultura y, al mismo tiempo, uno de les fundamentos de su identidad,

Comprobando que, en el mundo entere, so pretexto de expansión o de modernismo se


procede a destrucciones ignorantes de lo que destruyen y a reconstrucciones irreflexivas e
inadecuadas que ocasionan un grave perjuicio a ese patrimonio histórico,

Considerando que los conjuntos históricos constituyen un patrimonio inmueble cuya


destrucción provoca a menudo perturbaciones sociales, aun cuando no acarree
pérdidas económicas,

Considerando que esta situación entraña una responsabilidad para cada ciudadano e impone
a los poderes públicos obligaciones que solo ellos pueden asumir,

Considerando que, ante tales peligros de deterioro, e incluso de desaparición total, todos los
Estados deben actuar para salvar esos valores irremplazables adoptando urgentemente una
política global y activa de protección y de reanimación de los conjuntos históricos y de su
medio, en el marco de la planificación nacional, regional o local,

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Comprobando que en muchos países falta una legislación suficientemente eficaz y flexible
sobre el patrimonio arquitectónico y sus relaciones con el acondicionamiento del territorio,

Observando que la Conferencia General ha aprobado ya instrumentos internacionales para


proteger el patrimonio cultural y natural, como la Recomendación que define los Principios
Internacionales que deberían aplicarse a las Excavaciones Arqueológicas (1956), la
Recomendación relativa a la Protección de la Belleza y el Carácter de los Lugares y Paisajes
(1962) y la Recomendación sobre la Conservación de los Bienes Culturales que la Ejecución
de Obras Públicas o Privadas pueda poner en Peligro (1968), y la Recomendación sobre la
Protección, en el Ámbito Nacional, del Patrimonio Cultural y Natural (1972),

Deseando completar y ampliar el alcance de las normas y los principios formulados en esos
instrumentos internacionales,

Habiéndole sido presentadas propuestas relativas a la salvaguardia de los conjuntos históricos


y su función en la vida contemporánea cuestión que constituye el punto 27 del orden del día
de la reunión,

Habiendo decidido, en su 18ª reunión que este asunto sería objeto de una Recomendación a
los Estados Miembros,

Aprueba, el 26 de noviembre de 1976, la presente Recomendación.

La Conferencia General recomienda a los Estados Miembros que apliquen las disposiciones
siguientes adoptando medidas, en forma de ley nacional o en otra forma, encaminadas a dar
efecto, en los territorios sometidos a su jurisdicción, a los principios y normas formulados en
la presente Recomendación.

La Conferencia General recomienda a los Estados Miembros que pongan la presente


Recomendación en conocimiento de las autoridades nacionales, regionales y locales, así como
de las instituciones, servicios u organismos y asociaciones interesados en la salvaguardia de
los conjuntos históricos y de su medio.

La Conferencia General recomienda a los Estados Miembros que le presenten, en las fechas y
en la forma que ella determine, informes relativos a la manera en que hayan aplicado la
presente Recomendación.

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I. DEFINICIONES

1. A efectos de la presente Recomendación:

a) Se considera “conjunto histórico o tradicional” todo grupo de construcciones ,y


de espacios, inclusive los lugares arqueológicos y paleontológicos, que
constituyan un asentamiento humano tanto en medio urbano como en medio
rural y cuya cohesión y valor son reconocidos desde el punto de vista
arqueológico, arquitectónico, prehistórico, histórico, estético o sociocultural.
Entre esos “conjuntos”, que son muy variados, pueden distinguirse en especial:
los lugares prehistóricos, las ciudades históricas, los antiguos barrios urbanos,
las aldeas y los caseríos, así como los conjuntos monumentales homogéneos,
quedando entendido que estos últimos deberán por lo común ser conservados
cuidadosamente sin alteración.

b) Se considera “medio” de los conjuntos históricos el marco natural o construido


que influye en la percepción estática o dinámica de esos conjuntos o se vincula a
ellos de manera inmediata en el espacio o por lazos sociales, económicos o
culturales.

c) Se entiende por “salvaguardia” la identificación, la protección, la conservación,


la restauración, la rehabilitación, el mantenimiento, y la revitalización de los
conjuntos históricos o tradicionales y de su medio.

II. PRINCIPIOS GENERALES

2. Deberla considerarse que los conjuntos históricos y su medio constituyen un patrimonio


universal irremplazable. Su salvaguardia y su integración en la vida colectiva de nuestra
época deberían ser una obligación para los gobiernos y para los ciudadanos de los Estados en
cuyos territorios se encuentran. Deberían ser responsables de ello, en interés de todos los
ciudadanos y de la comunidad internacional, las autoridades nacionales, regionales o locales,
según las condiciones propias de cada Estado en materia de distribución de poderes.

3. Cada conjunto histórico y su medio deberían considerarse globalmente como un todo


coherente cuyo equilibrio y carácter específico dependen de la síntesis de los elementos que
lo componen y que comprenden tanto las actividades humanas como los edificios, la
estructura espacial y las zonas circundantes. Así pues, todos los elementos válidos, incluidas
las actividades humanas (por modestas que sean), tienen en relación con el conjunto, un
significado que procede respetar.

4. Los conjuntos históricos y su medio deberían ser protegidos activamente contra toda clase
de deterioros, en especial los resultantes de un uso inapropiado, aditamentos parásitos y
transformaciones abusivas o desprovistas de sensibilidad que dañan su autenticidad, así como
los provocados por cualquier forma de contaminación. Todas las obras de restauración que se
emprendan deberían basarse en principios científicos. Asimismo, debería prestarse especial

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atención a la armonía y a la emoción estética resultantes del encadenamiento o de los


contrastes de los diferentes elementos que componen los conjuntos y que dan a cada uno de
ellos su carácter particular.

5. En las condiciones del urbanismo moderno, que produce un aumento considerable en la


escala y en la densidad de las construcciones, al peligro de destrucción directa de los
conjuntos históricos se añade el peligro real de que los nuevos conjuntos destruyan el medio
y el carácter de los conjuntos históricos adyacentes. Los arquitectos y los urbanistas deberían
procurar que la vista de los monumentos y los conjuntos históricos, o desde ellos, no se
deteriore y de que dichos conjuntos se integren armoniosamente en la vida contemporánea.

6. En una época en que la creciente universalidad de las técnicas de construcción y de las


formas arquitectónicas presentan el riesgo de crear un medio uniforme en todo el mundo, la
salvaguardia de los conjuntos históricos puede contribuir de una manera sobresaliente a
mantener y desarrollar los valores culturales y sociales de cada nación, así como al
enriquecimiento arquitectónico del patrimonio cultural mundial.

III. POLITICA NACIONAL, REGIONAL Y LOCAL

7. En cada Estado Miembro debería formularse, con arreglo a sus condiciones propias en
materia de distribución de poderes, una política nacional, regional y local con objeto de que
las autoridades nacionales, regionales o locales tomen medidas jurídicas, técnicas,
económicas y sociales con miras a salvaguardar los conjuntos históricos y su medio y
adaptarlos a las exigencias de la vida contemporánea. Esta política debería influir en el
planeamiento nacional, regional o local y orientar la planificación urbana y la ordenación
regional y rural en todos los niveles. Las acciones resultantes de ese planeamiento deberían
integrarse en la formulación de los objetivos y programas, en la distribución de las funciones
y en la ejecución de las operaciones. Debería recabarse la colaboración de los individuos y de
las asociaciones privadas para la aplicación de la política de salvaguardia.

IV. MEDIDAS DE SALVAGUARDIA

8. La salvaguardia de los conjuntos históricos y de su medio debería ajustarse a los principios


antes enunciados y a los métodos que se exponen a continuación, determinándose las
medidas concretas con arreglo a las competencias legislativas y constitucionales y a la
organización social y económica de cada Estado.

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9. La aplicación de una política global de salvaguardia de los conjuntos históricos y de su


medio debería fundarse en principios validos para cada país en su conjunto. Los Estados
Miembros deberían adaptar las disposiciones existentes o, en su caso, promulgar nuevos
textos legislativos y reglamentos con objeto de asegurar la salvaguardia de los conjuntos
históricos y de su medio, teniendo en cuenta las disposiciones contenidas en este capítulo y
en los siguientes. Convendría revisar las leyes relativas a la ordenación del territorio, al
urbanismo y a las viviendas, para coordinar y armonizar sus disposiciones con las leyes
relativas a la salvaguardia del patrimonio arquitectónico. Esas legislaciones deberían fomentar
la adaptación o la adopción de disposiciones en los planos regional o local, encaminadas a
dicha salvaguardia.

10. Las disposiciones que establezcan un sistema de salvaguardia de los conjuntos históricos
deberían enunciar los principios generales relativos al establecimiento de los planes
necesarios y, en particular:

las condiciones y las restricciones generales aplicables a las zonas protegidas


y sus inmediaciones;
la indicación de los programas y operaciones que habrán de preverse en
materia de conservación e infraestructuras de servicios;
las funciones de mantenimiento y la designación de los encargados de
desempeñarlas;
los campos en que podrán aplicarse las actividades de urbanismo,
reestructuración y ordenación rural;
la designación del organismo encargado de autorizar toda restauración,
reforma, nueva construcción o demolición en el perímetro protegido;
las modalidades de financiamiento y de ejecución de los programas de
salvaguardia.

11. Los planes de salvaguardia deberían definir:

las zonas y los elementos protegidos;


las condiciones y las restricciones especificas que les son aplicables;
las normas que regulan los trabajos de mantenimiento, de restauración y de
mejoramiento;
las condiciones generales de instalación de las redes de suministro y de los
servicios necesarios para la vida urbana o rural;
las condiciones que regirán las nuevas construcciones.

12. La legislación de salvaguardia debería ir acompañada, en principio, de disposiciones


preventivas contra las infracciones al reglamento de salvaguardia y contra toda alza
especulativa de los valores inmobiliarios en las zonas protegidas, que pueda comprometer una
protección y una restauración concebidas en función del interés colectivo. Podría tratarse de
medidas de urbanismo que influyan en el precio de los solares por construir, tales como el
establecimiento de planes de ordenamiento de barriada o de extensión más reducida, la

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concesión del derecho preferente de compra a un organismo público, la expropiación en


beneficio de la salvaguardia o la intervención de oficio en caso de incapacidad o
incumplimiento por parte de los propietarios, e instituir sanciones efectivas como la
suspensión de las obras, la obligación de reconstruir, y/o una multa adecuada.

13. Debería imponerse, tanto a las colectividades públicas como a los particulares, el respeto
de las medidas de salvaguardia. Sin embargo, debería establecerse un mecanismo de recurso
contra las decisiones arbitrarias o injustas.

14. Las disposiciones referentes a la construcción de edificios para organismos públicos y


privados, y a las obras públicas y privadas, deberían adaptarse a la reglamentación de
salvaguardia de los conjuntos históricos y de su medio.

15. En particular, habría que formular o revisar las disposiciones relativas a los locales y
manzanas insalubres, así como a la construcción de viviendas sociales, no sólo de modo que
se ajustaran a la política de salvaguardia, sino también de que contribuyeran a ella. El
régimen de posibles subvenciones debería establecerse y modularse en consecuencia, en
particular para facilitar la construcción de viviendas subvencionadas y las construcciones
públicas rehabilitando antiguos edificios. Las demoliciones deberían autorizarse para los
edificios sin valor histórico ni arquitectónico y deberían controlarse estrictamente las
subvenciones a que esas demoliciones pudieran dar lugar. Además, una parte suficiente de los
créditos previstos para la construcción de alojamientos sociales deber-fa destinarse a
rehabilitar edificios antiguos.

16. Deberían darse a conocer al público y registrarse en un organismo oficialmente


competente las consecuencias jurídicas de las medidas de protección de edificios y terrenos.

17. Teniendo debidamente en cuenta las condiciones propias de cada país y la distribución de
funciones de las diversas administraciones nacionales, regionales y locales, la ejecución de las
obras de salvaguardia debería inspirarse en los siguientes principios:

a) una autoridad especial deberla encargarse de la coordinación permanente de todas las


partes interesadas: servicios públicos nacionales, regionales y locales o agrupaciones de
particulares;
b) los planes y documentos de salvaguardia se deberían preparar después de haberse
efectuado todos los estudios históricos necesarios por equipos pluridisciplinarios compuestos,
en particular, de

- especialistas en conservación y restauración, incluidos los historiadores del


arte;
- arquitectos y urbanistas;
- sociólogos y economistas;
- ecólogos y arquitectos paisajistas;

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- especialistas en sanidad pública y bienestar social;


y, en general, de todos los especialistas en disciplinas relacionadas con la
protección y el realce de los conjuntos históricos;

c) las autoridades deberían tomar la iniciativa de organizar la consulta y la participación de la


población interesada;
d) los planes de salvaguardia deberían ser aprobados por el organismo que designe la ley;
e) los servicios públicos encargados de aplicar las disposiciones de salvaguardia en todos los
niveles - nacional, regional y local - deberían contar con el personal necesario y con medios
técnicos, administrativos y financieros adecuados.

Medidas técnicas, económicas y sociales

18. Se debería establecer, en el plano nacional, regional o local, una lista de los conjuntos
históricos y de su medio que hayan de salvaguardarse. En esa lista deberían indicarse unas
prioridades, para facilitar una asignación racional de los limitados recursos disponibles con
fines de salvaguardia. Las medidas de protección, de cualquier tipo, que tengan carácter
urgente deberían tomarse sin esperar a que se establezcan planes de salvaguardia.

19. Debería hacerse un análisis de todo el conjunto, incluida su evolución espacial, que
integrase los datos arqueológicos, históricos, arquitectónicos, técnicos y económicos. debería
establecerse un documento analítico encaminado a determinar los inmuebles o los grupos de
inmuebles que deben protegerse cuidadosamente, conservarse en ciertas condiciones, o, en
circunstancias absolutamente excepcionales y documentadas con escrupulosidad, destruirse,
lo que permitiría a las autoridades suspender todos los trabajos incompatibles con esta
Recomendación. Además, deberla establecerse, con ese mismo fin, un inventario de los
espacios abiertos, públicos y privados, así como de su vegetación.

20. Además de esta investigación arquitectónica, se necesitan estudios detallados de los datos
y las estructuras sociales, económicas, culturales y técnicas, así como del contexto urbano o
regional mas amplio. Esos estudios deberían incluir, a ser posible, datos demográficos y un
análisis de las actividades económicas, sociales y culturales, los modos de vida y las
relaciones sociales, los problemas del régimen de propiedad del suelo, la infraestructura
urbana, el estado de las vías urbanas, las redes de comunicación y las relaciones reciprocas
entre la zona protegida y las zonas circundantes. Las autoridades competentes deberían
atribuir suma importancia a esos estudios y comprender que sin ellos no cabe establecer
planes validos de salvaguardia.

21. Antes de formular planes y normas de salvaguardia y después del análisis que se acaba
de describir, procedería, en principio, establecer una programación que tenga en cuenta a la
vez el respeto de los datos urbanísticos, arquitectónicos, económicos y sociales, y la
capacidad de la trama urbana y rural para acoger funciones compatibles con su carácter

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específico. La programación deberla tender a adaptar las densidades de ocupación y a prever


el escalonamiento de las operaciones, así como los alojamientos temporales necesarios
durante las obras y los locales para el realojamiento permanente de los habitantes que no
pueden regresar a su anterior vivienda. Esta programación debería establecerse asociando a
su elaboración en la mayor medida posible a las colectividades y las poblaciones interesadas.
Como el contexto social, económico y físico de los conjuntos históricos y de su medio cambia
constantemente, los estudios y las investigaciones deberían ponerse regularmente al día. Por
ello ser[ia indispensable emprender la preparación de los planes de salvaguardia y su
ejecución tomando como base los estudios ya disponibles, en vez de aplazarlos
indefinidamente mientras se perfecciona el proceso de planificación.

22. Una vez establecidos los planes y las normas de salvaguardia, y aprobados por la
autoridad pública competente, sería conveniente que sus autores se encargaran de su
ejecución o la dirigiesen.

23. En los conjuntos históricos que posean elementos de varios periodos diferentes, la
salvaguardia debe hacerse teniendo en cuenta las manifestaciones de todos esos periodos.

24. Cuando existan planes de salvaguardia podrán autorizarse, de conformidad con ellos, los
programas de saneamiento urbano o de adecentamiento de suburbios que consistan en
demoler inmuebles desprovistos de interés arquitectónico o histórico, o demasiado vetustos
para ser conservados, en suprimir aditamentos y construcciones superpuestas sin valor e
incluso, en demoler edificios recientes que rompan la unidad del conjunto.

25. Los programas de saneamiento urbano o de adecentamiento de suburbios aplicables a


zonas que no están incluidas en planes de salvaguardia deberían respetar los edificios y otros
elementos que tengan un valor arquitectónico o histórico. Si tales elementos pueden sufrir
danos con esos programas deberían trazarse necesariamente antes de su demolición los
planes de salvaguardia pertinentes.

26. Es necesaria una vigilancia permanente para evitar que esas operaciones reporten
beneficios excesivos o se utilicen con fine s contrarios a los objetivos del plan.

27. En toda operación de saneamiento urbano o de adecentamiento de suburbios que afecte a


un conjunto histórico deberían observarse las normas generales de seguridad relativas a
incendios y catástrofes naturales a condición de que ello sea compatible con los criterios
aplicables a la salvaguardia del patrimonio cultural. En caso contrario, deberían buscarse
soluciones particulares en colaboración con todos los servicios interesados, a fin de conseguir
la máxima seguridad sin detrimento del patrimonio cultural.

28. Se debería poner especial cuidado en reglamentar y controlar las construcciones nuevas
para conseguir que su arquitectura encaje armoniosamente en las estructuras espaciales y en

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el ambiente de los conjuntos históricos. Con ese objeto, un análisis del contexto urbano
deberla proceder a toda nueva construcción no solo para definir el carácter general del
conjunto, sino también para analizar sus dominantes: armonía de las alturas, colores,
materiales y formas, constantes de ordenación de las fachadas y los tejados, relaciones de los
volúmenes construidos y de los espacios, así como sus proporciones medias y la implantación
de los edificios. Se debería prestar especial atención a la dimensión de las parcelas, por
cuanto toda modificación de ellas podría tener un efecto de masa perjudicial para la
disposición del conjunto.

29. No se deberla dar autorización para aislar un monumento demoliendo lo que le rodea;
asimismo, solo excepcionalmente y por razones de fuerza mayor se deberla decidir su
desplazamiento.

30. Deberían protegerse los conjuntos históricos y su medio contra la desfiguración resultante
de la instalación de soportes, cables eléctricos o telefónicos, antenas de televisión y signos
publicitarios en gran escala. Cuando ya existan, se tomaran medidas adecuadas para
suprimirlos. Se deberían estudiar y controlar con el mayor cuidado los carteles, la publicidad,
luminosa o no, los letreros comerciales, el mobiliario urbano y el revestimiento del suelo,
para integrarlos armoniosamente en el conjunto. Se desplegaran especiales esfuerzos para
impedir todas las formas de vandalismo.

31. Los Estados Miembros y las colectividades interesadas deberían proteger los conjuntos
históricos y su medio contra los danos cada vez mas graves causados por ciertos adelantos
tecnológicos (como las diversas formas de contaminación), prohibiendo la implantación de
industrias nocivas en sus cercanías y adoptando medidas preventivas contra los efectos
destructores del ruido, los choques y las vibraciones producidos por las maquinas y los
vehículos. Asimismo, se deberían prever medidas contra los deterioros provocados por una
explotación turística excesiva.

32. Dado el conflicto que existe el la mayor parte de los conjuntos históricos entre el transito
automóvil, por una parte, la densidad de la trama urbana y las cualidades arquitectónicas, por
otra, los Estados Miembros deberían incitar y ayudar a las autoridades locales a buscar
medios de resolver este problema. p ara lograrlo y para favorecer el transito de peatones,
convendría estudiar con sumo cuidado el emplazamiento y el acceso de los parques de
estacionamiento periféricos, e incluso centrales, y establecer redes de transporte que
facilitaran al mismo tiempo la circulación de los peatones y los servicios de transportes
públicos. Numerosas operaciones de rehabilitación - entre otras, la instalación subterránea de
redes eléctricas - que serian demasiado costosas si se hicieran por separado, podrían
entonces coordinarse fácil y económicamente con el ordenamiento de la red de vías públicas.

33. La protección y la restauración deberían ir acampanadas de actividades de reanimación.


Por tanto, seria esencial mantener las funciones existentes que sean apropiadas, y en
particular, el comercio y la artesanía, y crear otras nuevas que, para ser viables a largo plazo,

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deberían ser compatibles con el contexto económico y social, urbano, regional o nacional en
el que se inserten. El costo de las operaciones de salvaguardia no deberla evaluarse
solamente en función del valor cultural de las construcciones sino también con su valor
derivado de la utilización que puede hacerse de ellas. Solo cabe plantear correctamente los
problemas sociales haciendo referencia a esas dos escalas de valor. Esas funciones tendrían
que adaptarse a las necesidades sociales, culturales y económicas de los habitantes, sin ir en
detrimento del carácter especifico del conjunto de que se trate. Una política de animación
cultural debería convertir los conjuntos históricos en polos de actividades culturales y darles
un papel esencial en el desarrollo cultural de las comunidades circundantes.

34. En las zonas rurales, todos les trabajos que impliquen una degradación del paisaje así
como todos los cambios en las estructuras económicas y sociales deberían controlarse
cuidadosamente a fin de preservar la integridad de las comunidades rurales históricas en su
ambiente.

35. La acción de salvaguardia debería asociar la contribución de la autoridad publica a la de


los propietarios particulares o colectivos y de los habitantes y usuarios, aislados o en grupo,
cuyas iniciativas se estimularon. Se debería establecer, pues, una cooperación constante en
todos los niveles entre las colectividades y los particulares, sobre todo por los medios
siguientes: información adaptada a los tipos de personas de que se trate; encuestas
preparadas con la participación de las personas interrogadas; creación de grupos consultivos
en los organismos de planificación; representación de los propietarios, los habitantes y los
usuarios a titulo consultivo en los organismos de decisión, de gestión y de animación de las
operaciones relacionadas con los planes de salvaguardia; o creación de organismos de
economía mixta que participen en la ejecución.

36. Se debería estimular la fundación de agrupaciones voluntarias de salvaguardia y de


asociaciones de carácter no lucrativo y la institución de recompensas honoríficas o pecuniarias
para que se reconozcan las obras ejemplares en todos los aspectos de la salvaguardia.

37. Las inversiones públicas previstas por los planes de salvaguardia de los conjuntos
históricos y de su medio deberían garantizarse con la asignación de créditos adecuados en los
presupuestos de las autoridades centrales, regionales y locales. El conjunto de esos créditos
debería administrarse en forma centralizada por los organismos de derecho público, privado o
mixtos encargados de coordinar en los niveles nacional, regional o local todas las formas de
ayuda financiera y de orientarlas hacia una aplicación global.

38. La ayuda pública, en todas las formas descritas en los párrafos siguientes, debería partir
del principio de que las colectividades intervendrán allí donde sea necesario y conveniente,
teniendo en cuenta el “sobrecosto” de la restauración, es decir, el costo suplementario
impuesto al propietario en relación con el nuevo valor venal o locativo del edificio,

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39. En general, esas inversiones públicas deberían servir ante todo para conservar los
edificios existentes, en particular las viviendas de renta reducida y solo aplicarse a nuevas
construcciones en la medida en que estas no constituyen una amenaza para la utilización y
las funciones de los edificios existentes.

40. Deberían otorgarse donaciones, ventajas fiscales, subsidios o prestamos en condiciones


favorables a los propietarios privados y a los usuarios que efectuaran las obras establecidas
en los planes de salvaguardia, con arreglo a las normas fijadas en esos planes. Tales ventajas
fiscales, donaciones y préstamos podrían concederse con carácter prioritario a agrupaciones
de propietarios o de usuarios de viviendas y locales comerciales, por resultar las operaciones
agrupadas económicamente más ventajosas que las acciones individuales. Las ventajas
financieras que se concedieran a los propietarios privados y a los usuarios quedarían
subordinadas eventualmente al respeto de ciertas condiciones impuestas en interés del
público, tales como garantizar la integridad de los edificios, la posibilidad de visitar los
inmuebles, tener acceso a los parques, jardines o lugares, hacer fotografías, etc.

41. En los presupuestos de los organismos públicos o privados deberían establecerse


consignaciones especiales para la protección de los conjuntos históricos que la ejecución de
grandes obras públicas o la contaminación puedan poner en peligro. Las autoridades deberían
consignar también fondos especiales para reparar los daños causados por desastres
naturales.

42. Además, todos los servicios y administraciones que intervengan en la construcción publica
deberían organizar sus programas y presupuestos de tal manera que contribuyeran a
rehabilitar conjuntos históricos, financiando obras que correspondan a la vez a sus propios
objetivos y a los del plan de salvaguardia.

43. Para aumentar los medios financieros disponibles, los Estados Miembros deberían
fomentar la creación de establecimientos financieros públicos y privados para la salvaguardia
de los conjuntos históricos y de su medio, dotados de personalidad moral y que pudiesen
recibir donaciones de particulares, de fundaciones y de empresas industriales y comerciales.
Los donantes podrían disfrutar de exenciones fiscales.

44. Las instituciones públicas y los establecimientos de crédito privados podrían facilitar la
financiación de obras de todo tipo encaminadas a proteger los conjuntos históricos y su
medio, instituyendo un organismo que se encargaría de otorgar préstamos a los propietarios
a intereses módicos y con largos plazos de reembolso.

45. Los Estados Miembros y las autoridades interesadas de todos los niveles podrían facilitar
la creación de asociaciones sin fines lucrativos que se ocuparan de adquirir los inmuebles y,
eventualmente, de venderlos previa restauración, empleando unos fondos de operaciones
especialmente destinados a mantener en los conjuntos históricos a unos propietarios
deseosos de protegerlos y de preservar su carácter.

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46. Es esencial evitar que las medidas de salvaguardia acarreen una ruptura de la trama
social. Con objeto de evitar en los inmuebles o en los conjuntos que se hayan de restaurar los
traslados de habitantes, en detrimento de los menos favorecidos, se podrían conceder
indemnizaciones que compensaran la subida de alquiler, para que los ocupantes pudiesen
conservar sus alojamientos, sus locales comerciales y sus talleres, así como su régimen de
vida y sus ocupaciones tradicionales, en especial la artesanía rural, la agricultura en pequeña
escala, la pesca, etc. Esas indemnizaciones, determinadas en función de los ingresos,
ayudarían a los interesados a hacer frente al aumento de los alquileres causados por las obras
realizadas.

V. INVESTIGACION, ENSENANZA E INFORMACION

47. Para mejorar la competencia de los especialistas y de los artesanos necesarios así como
para fomentar el interés y la participación de toda la población en la labor de salvaguardia,
los Estados Miembros deberían tomar las siguientes medidas, en consonancia con su
competencia legislativa y constitucional.

48. Los Estados Miembros y todos los grupos interesados deberían fomentar las
investigaciones y los estudios sistemáticos sobre:

los aspectos urbanísticos de los conjuntos históricos y de su medio;


las interconexiones entre salvaguardia, urbanismo y planificación del territorio;
los métodos de conservación aplicables a los conjuntos históricos;
la alteración de los materiales;
la aplicación de las técnicas modernas al trabajo de conservación;
las técnicas artesanales indispensables para la salvaguardia.

49. Deberían instaurarse y desarrollarse enseñanzas especificas sobre los temas antedichos,
con inclusión de cursillos de formación práctica. Además, es indispensable fomentar la
formación de artesanos y especialistas en la salvaguardia de conjuntos históricos y de los
espacios circundantes. También es necesario fomentar las propias técnicas artesanales que
están amenazadas por los procesos de industrialización. Es conveniente que las instituciones
interesadas cooperen en esta esfera con los organismos especializados en la materia tales
como el Centro de Estudios para la Conservación y la Restauración de los Bienes Culturales
de Roma, el Consejo Internacional de Monumentos y Lugares de Interés Artístico e Histórico
(ICOMOS) y el Consejo Internacional de Museos (ICOM).

50. La formación del personal administrativo encargado de las operaciones de salvaguardia, a


nivel local, de los conjuntos históricos, deberla ser financiada y dirigida donde sea adecuado y
necesario, por las autoridades competentes, con arreglo a un programa a largo plazo.

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51. A través de la educación escolar, postescolar y universitaria y de los medios de


información como los libros, la prensa, la televisión, la radio, el cine y las exposiciones
ambulantes debería hacerse todo lo posible para que el publico comprendiera la necesidad de
la salvaguardia. Las ventajas no solamente estéticas y culturales sino también sociales y
económicas que puede ofrecer una política bien llevada de salvaguardia de los conjuntos
antiguos y de su medio deberían ser objeto de una información clara y completa. Esta
información debería difundirse ampliamente entre los organismos especializados, tanto
privados como oficiales, nacionales, regionales y locales, y entre la población a fin de que se
sepa por que y cómo pueden mejorar su marco de vida.

52. En todos los grados de la educación, y sobre todo en la enseñanza de la historia, deberla
incluirse el estudio de los conjuntos históricos, con objeto de inculcar en el espíritu de los
jóvenes la comprensión y el respeto de las obras del pasado y de mostrar el papel de ese
patrimonio en la vida contemporánea. Esa enseñanza deberla recurrir ampliamente a los
medios audiovisuales, y a las visitas de conjuntos históricos.

53. Deberían facilitarse los cursos de perfeccionamiento para personal docente y para guías,
así como la formación de instructores para ayudar a los grupos de jóvenes y adultos deseosos
de iniciarse en el conocimiento de los conjuntos históricos.

VI. COOPERACION INTERNACIONAL

54. Los Estados Miembros deberían colaborar, en lo que se refiere a la salvaguardia de los
conjuntos históricos y de su medio, recabando la ayuda cuando parezca conveniente, de
organizaciones internacionales, intergubernamentales y no gubernamentales, y en particular
del Centro de Documentación UNESCO-ICOM-ICOMOS. Esta cooperación multilateral o
bilateral deberla coordinarse juiciosamente y plasmarse en medidas tales como las siguientes:

a) intercambio de información en todas sus formas y de publicaciones científicas


y técnicas;
b) organización de seminarios y de grupos de trabajo sobre temas precisos;
c) concesión de becas de estudios y de viaje, envió de personal científico,
técnico y administrativo y suministro de material;
d) lucha contra todas las formas de contaminación;
e) ejecución de grandes proyectos de conservación, restauración y rehabilitación
de conjuntos históricos y difusión de la experiencia adquirida. En las regiones
situadas a uno y otro lado de una frontera y en las que se planteen problemas
comunes de ordenación y salvaguardia de conjuntos históricos y de su medio,
los Estados Miembros deberían coordinar sus políticas y sus acciones con objeto
de lograr una utilización y protección optimas de ese patrimonio;
f) asistencia mutua entre países vecinos para la salvaguardia de conjuntos de
interés común característicos del desarrollo histórico y cultural de la región.

55. De conformidad con el espíritu y los principios de esta recomendación, ningún Estado
Miembro debería tomar medida alguna para demoler o alterar el carácter de los barrios,
ciudades y lugares históricos situados en territorios ocupados por ese Estado.

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Evolución conceptual y de contenidos. Los itinerarios


culturales dentro de las nuevas categorías de
Patrimonio.

Los itinerarios culturales representan un cambio cualitativo de la noción de


conservación del patrimonio.

Poco a poco se ha ido ampliando la noción de monumento en su consideración como obra


aislada de su contexto, e introduciendo la de centros, barrios, poblaciones históricas, y
paisaje cultural como categorías patrimoniales. Nuevos contenidos sustantivos, como el
patrimonio industrial y tecnológico, o la eliminación de barreras cronológicas, han ido dando
entrada a la valoración de nuevos elementos como bienes integrantes del patrimonio y a
nuevas aproximaciones a su tratamiento dentro de un contexto mucho más amplio que trata
de explicar y salvaguardar sus relaciones significativas con el medio cultural e histórico
dentro del cual se han generado.

La consideración de los itinerarios culturales como un nuevo concepto o categoría


patrimonial no se opone a ninguna de las categorías ya consagradas. Antes bien, las reconoce
y ensalza, ampliando su significado dentro de un marco más integrador, multidisciplinar y
compartido. Tampoco se solapa con otras categorías (monumentos, ciudades, paisajes
culturales, patrimonio industrial, etc.) que pueden existir en su seno. Simplemente las
interrelaciona dentro de una perspectiva de mayor comprensión histórica, más plural y más
justa, favoreciendo la comunicación y la cooperación entre los pueblos para la conservación
del patrimonio.
Hechas estas observaciones preliminares, lo que voy a leer a continuación son extractos de
las aportaciones realizadas por miembros de todo el mundo del Comité Científico Internacional
de Itinerarios Culturales (CIIC) de ICOMOS[1], las cuales servirán para explicar la definición
de los mismos y sus términos operativos.

“Actualmente, el estado del patrimonio cultural es preocupante. Su integridad


cultural se halla destruida, su patrimonio común está fragmentado en sistemas
nacionales cerrados y, en la mayoría de los casos, es poco conocido en el
mundo. No existen políticas coordinadas para la protección y promoción del
patrimonio. Las crisis económicas, la legislación obsoleta de los países en
transición, los conflictos, tanto militares como étnicos, y las catástrofes naturales
no solo afectan negativamente sino que ponen en serio peligro al patrimonio
cultural que resulta muy vulnerable. La identificación, el estudio y la promoción
de los itinerarios culturales deben ayudar a poner fin a este estado de cosas,
lanzando y divulgando la idea de este nuevo papel que corresponde al
patrimonio cultural y definir, por vez primera, la macro estructura del patrimonio
dentro de los itinerarios culturales regionales e internacionales. El patrimonio
debe ser identificado como un sistema, una comunidad unida que cuenta con

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sus propias infraestructuras, redes de células, zonas y centros, y no solamente


como una mera suma de sistemas nacionales aislados”.

“El nuevo concepto abarcado por los itinerarios puede dotar a la política de
preservación de una amplitud territorial, una integridad cultural y una
armonización de acciones y contenidos que pocas veces se ha logrado hasta
ahora”.
“El itinerario cultural constituye en sí mismo un bien cultural adaptado a las
diversas culturas que ha ido fecundando y a las cuales transciende como un
valor de conjunto al ofrecer una serie sustantiva de características y escalas de
valores compartidos. Dentro de su identidad global, el valor de sus partes reside
en su interés común, plural y participativo. De esta forma contribuye a lograr
una asunción más completa y enriquecedora de la propia identidad, al tener en
cuenta que ésta se inscribe en una dimensión más amplia, representada por la
realidad cultural compartida, dentro de los lazos culturales universales”.

“Esta trascendencia de escala permite, en primera instancia, una vinculación


cultural entre pueblos, ciudades, regiones y continentes. Esta amplitud es
importante desde el punto de vista territorial y del tratamiento integral de los
diversos elementos patrimoniales que incluye pero, a su vez, se constituye en
una alternativa a un proceso de homogeneización cultural. Desde esta
perspectiva, los itinerarios se erigen en un posible punto de reencuentro con una
historia y una geografía debilitadas en sus contenidos, en una recuperación del
tiempo y el espacio propios de cada cultura. Ofrecen así mismo la oportunidad
de volver a compartir un espacio cultural común y vincular el territorio con un
patrimonio intangible de gran valor para la vida tradicional de las comunidades
implicadas en su trayecto”.

“En un contexto universal, ya no es válida la idea de seres y países


individualistas encerrados en una dinámica meramente interna. Especialmente
ante los aspectos negativos de la globalización actual, interesa reconocer que
formamos parte de grupos culturales unidos por factores comunes de cohesión
entre nuestras respectivas identidades, así como por intereses compartidos. Los
itinerarios culturales nos brindan la oportunidad de revalorizar nuestra propia
identidad, y también nuestros principios como individuos y como grupo cultural”.

“Se hace así evidente que en el tratamiento que demos a la identidad cultural es
donde reside la esperanza de salvaguardar la riqueza cultural que corresponde a
la humanidad en su conjunto, a través de la reafirmación y el respeto a lo
particular. Y es precisamente en ese ámbito y sentido de lo particular o singular
donde se debe procurar el diálogo cultural con otros pueblos, y no la imposición
o la intolerancia. El desarrollo humano, tal y como hoy en día lo conocemos, es
en gran medida resultado de los itinerarios culturales que tendieron puentes de
comunicación, intercambio y entendimiento entre distintos pueblos. A través de

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ellos, los seres humanos se entremezclaron dando lugar a una diversidad


cultural con identidades compartidas y diferentes matices y, al mismo tiempo,
con personalidad local propia en el patrimonio construido e intangible. Todos y
cada uno de los pueblos han aportado conocimiento y cultura que, merced al
efecto multiplicador de los intercambios, se han ido introduciendo entre la
humanidad, adoptando formas y características propias en cada caso. El análisis
e interpretación de esos cruces permiten afirmar nuestros rasgos peculiares y
característicos y, simultáneamente, nos proporcionan otra imagen más integral
de nosotros mismos”.

“Tradicionalmente, la carga emocional que ha acompañado a muchos itinerarios


culturales históricos ha sido muy negativa. Sin embargo, éstos pueden ilustrar
por sí mismos los resultados positivos del encuentro y la mezcla de gentes de
diferentes grupos del mundo que han llegado a producir una particular forma de
vida y a generar una “cultura específica”. Además, las historias comunes y las
culturas vivas de diferentes comunidades humanas, relacionadas a través de un
itinerario cultural, ofrecen un factor favorable para el entendimiento y la
solidaridad entre los pueblos”

“Los itinerarios culturales históricos no han supuesto únicamente el


desplazamiento de los hombres, sino también el de sus ideas, así como el de la
política, las guerras y la paz, el mal y el bien. Por las rutas culturales han pasado
las misiones religiosas, las caravanas de peregrinos, los viajeros, los invasores y
las caravanas comerciales. Estos desplazamientos han jugado un papel muy
importante en el enriquecimiento de la civilización y su difusión en el mundo. La
civilización, en un sentido amplio, ha sido el fruto de un encuentro universal
entre los pueblos y una creación mutua”.

Por lo que se refiere al patrimonio intangible, no cabe duda de que “La


dimensión inmaterial del patrimonio es resultado conjunto de la autenticidad e
integridad histórica de los mensajes del patrimonio físico, los monumentos y los
sitios, y de la interdependencia de los elementos significativos de los itinerarios
culturales. El estudio de los valores intangibles refuerza la comprensión de los
valores tangibles que se encuentran directamente asociados a la conservación
tradicional del patrimonio. Esta realidad es especialmente importante para ... la
protección de un valor superior a la suma de los elementos que constituyen el
itinerario cultural y que le confiere su sentido”.

“Además de una realidad de carácter material, los itinerarios culturales entrañan


un elemento dinamizador que actúa como un hilo conductor o cauce a través del
cual han fluido los vasos comunicantes del proceso civilizador. En su seno, y a lo
largo de la historia, se han producido múltiples flujos y reflujos con aportaciones
enriquecedoras para el conjunto, emanadas desde los diversos puntos de su
recorrido. Ese fluido vital de la cultura se manifiesta en el espíritu y las

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tradiciones que constituyen el patrimonio intangible de los itinerarios culturales.


Así, junto a los bienes patrimoniales de carácter material o tangible, dichos
itinerarios representan un crisol de bienes inmateriales que explican el alma de
los pueblos. Si a través del estudio y promoción de un itinerario cultural
logramos que esa esencia profunda sirva para construir un espacio de
reencuentros, habremos contribuido de forma sustantiva a superar algunos de
los grandes lastres que la humanidad aún sigue arrastrando: el racismo, la
segregación, la discriminación, el aislacionismo, la falta de solidaridad, las
barreras a la información y al conocimiento, etc. A través de los itinerarios
culturales entendidos como elementos dinamizadores de la sociedad, el
patrimonio histórico puede ser considerado en su dimensión viva, como pilar de
desarrollo integral y sostenible”.

“En los itinerarios culturales, en fin, se combinan de forma armónica las


diferentes disciplinas de la conservación del patrimonio cultural
internacionalmente reconocidas por ICOMOS como la arqueología, los paisajes
culturales, las ciudades históricas, la arquitectura vernácula, los materiales
constructivos, el turismo cultural, y las cuestiones jurídicas, entre otras”.

2. Definición científica de los itinerarios culturales

La definición científica de los itinerarios culturales no ha supuesto rupturas


ni contradicciones en su desarrollo, aunque sí ha experimentado una
enriquecedora evolución en el último decenio. Sus antecedentes, desde el
punto de vista de la realidad como materia de estudio, se encuentran en la
inscripción del Camino de Santiago como Patrimonio Mundial en 1993.

Y, desde el punto de vista conceptual, en la reunión de expertos sobre “Los Itinerarios como
parte de nuestro Patrimonio Cultural” que, con motivo del interés despertado por dicha
inscripción, se celebró en Madrid en noviembre de 1994. Los trabajos llevados a cabo por el
Comité Científico Internacional de Itinerarios Culturales (CIIC) de ICOMOS a través de sus
numerosos encuentros científicos internacionales, así como mediante la identificación e
investigación sistemática de algunos itinerarios culturales de gran importancia, han
desembocado en una definición precisa y en la concreción de los factores conceptuales y
operativos que determinan la existencia de esta nueva categoría.

Resulta necesario aclarar que los itinerarios culturales, desde el punto de vista
científico, nada tienen que ver con la idea común - y hoy muy extendida- de que
un itinerario cultural se crea con la imaginación y la voluntad de establecer
conjuntos asociativos de bienes culturales que poseen rasgos comunes. Así, en el
continente europeo, donde- dada su actual configuración geopolítica- se tratan de
reforzar los rasgos comunes de identidad, el Consejo de Europa utiliza el

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siguiente slogan: “Cree usted su propio itinerario cultural”.

Pero un itinerario cultural no es una mera asociación de ideas o elementos, como no lo es


tampoco una expedición bélica, un avance militar ni un viaje de exploración, aventuras o
descubrimientos, sin mayor continuidad, aunque hayan tenido una gran trascendencia
histórica. Tampoco pueden incluirse dentro de la categoría de itinerarios culturales los
movimientos migratorios que no hayan generado un patrimonio derivado de intercambios
culturales mantenidos durante un período apreciable de la historia.

No deja de ser interesante y resulta muy legítimo que se fomenten todas esas formas de
asociar elementos entre sí o de resaltar episodios históricos. Incluso puede resultar muy
positivo desde el punto de vista del turismo cultural. Pero ello no supone que su creación
artificial o “virtual”, mediante un proceso intelectual de carácter inductivo, pueda dar carta de
naturaleza a una categoría científica patrimonial de nuevo cuño. Por el contrario, los
itinerarios culturales, en sentido científico, son realidades históricas y culturales de profundos
y evidentes contenidos patrimoniales surgidos en torno a su propia y sustantiva dinámica.

Conviene, por tanto, centrarnos en la definición científica de los Itinerarios Culturales que,
como se ha expuesto anteriormente, parte de las observaciones y conclusiones de la reunión
de Madrid de 1994, motivada ésta por la inclusión del Camino de Santiago en el Patrimonio
Mundial, la cual se manifestó como un complejo concepto cultural sin precedentes hasta
entonces.

Si la reunión de 1994 consistió en una primera “discusión” sobre el tema – como se hace
constar en el borrador de revisión de las Directrices para la aplicación de la Convención de
1972- , hay que destacar que la definición se materializó finalmente en la segunda reunión de
expertos, celebrada también en Madrid en Mayo del presente año, cuyas conclusiones se
atuvieron estrictamente al desarrollo doctrinal llevado a cabo por el CIIC.

Los resultados de la reunión se materializaron principalmente en los siguientes


aspectos:

I- Respecto al artículo C.12 de la Sección II del borrador de revisión de las


Directrices de la Convención del Patrimonio Mundial, relativo al “Establecimiento
de la Lista del Patrimonio Mundial”: VER ANEXO 1

II- Por lo que se refiere al Anexo IV, relativo a las “Directrices sobre la inclusión
de tipos específicos de bienes en la Lista del Patrimonio Mundial”, se recomendó
introducir las siguientes precisiones para ilustrar y enriquecer el texto del
borrador:

A) de Carácter introductorio:

“El concepto de “rutas” o itinerarios culturales fue discutido primeramente en la reunión de


expertos sobre “Las Rutas como Parte de nuestro Patrimonio Cultural” (Madrid, España,

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Noviembre 1994) y finalmente definido en la segunda reunión de expertos (Madrid, España,


Mayo 2003) sobre la base del desarrollo doctrinal llevado a cabo por el Comité Científico
Internacional de Itinerarios Culturales (CIIC) de ICOMOS (1997-2002)”.

B) de Carácter sustantivo:
1) Una definición, útil para la general comprensión del concepto y hasta ahora inexistente, de
los itinerarios culturales como categoría científica. Tal definición es la siguiente:

Debe entenderse por itinerario cultural:

“Toda vía de comunicación terrestre, acuática o de otro tipo, físicamente


determinada y caracterizada por poseer su propia y específica dinámica y
funcionalidad histórica que reúna las siguientes características: a) ser resultado
y reflejo de movimientos interactivos de personas, así como de intercambios
multidimensionales, continuos y recíprocos de bienes, ideas, conocimientos y
valores dentro de un país o entre varios países y regiones, a lo largo de
considerables períodos de tiempo; b) haber generado una fecundación múltiple y
recíproca de las culturas en el espacio y en el tiempo que se manifiesta tanto en
su patrimonio tangible como intangible”.

2) Las dos siguientes precisiones abonan el concepto y resaltan el significado y funcionalidad


de los itinerarios culturales:

Teniendo en cuenta la riqueza y variedad tanto de las interrelaciones como de


los bienes culturales que pueden existir dentro de un itinerario cultural
(monumentos, restos arqueológicos, arquitectura vernácula, patrimonio industrial
y tecnológico, obras públicas, paisajes culturales, medios de transporte y otros
exponentes de la aplicación de conocimientos específicos y habilidades técnicas),
los itinerarios culturales constituyen un instrumento idóneo para ilustrar el hecho
de que la realidad cultural es una evidencia polifacética que requiere una
aproximación multidisciplinar. Así mismo renuevan las hipótesis científicas y
permiten acrecentar los conocimientos técnicos, artísticos y culturales.

3) Por lo que se refiere a las diferentes categorías de los itinerarios culturales, se


determinaron las siguientes:

Atendiendo a su dimensión territorial actual: nacional o internacional.

De acuerdo a su dimensión cultural: dentro de una región cultural determinada o a lo


largo de diversas áreas culturales que compartan un proceso de influencias recíprocas en
la formación o evolución de sus valores culturales.

Por su objetivo inicial o aún existente: social, económico, comercial, administrativo,


cultural y espiritual. Estas características pueden tener una naturaleza compartida dentro
de un contexto multidimensional.

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Por lo que se refiere a su duración temporal: los que ya no se utilizan pero proporcionan
una evidencia arqueológica del pasado, o los que siguen siendo utilizados y que, por su
genuina naturaleza, se ha desarrollado y continuarán desarrollándose bajo las influencias de
intercambios socioeconómicos, administrativos, espirituales y culturales.

En cuanto a su marco histórico -geográfico: terrestres, acuáticos, mixtos o de otra


naturaleza física.

4) en lo relativo al término “itinerarios patrimoniales” utilizando en el borrador de revisión de


las directrices, se indicó la conveniencia de sustituirlo por el de “Itinerarios Culturales”.

En cuanto a su marco histórico- geográfico: terrestres, acuáticos, mixtos o de otra naturaleza


física.

5) Respecto a la “Inclusión de Itinerarios Culturales en la Lista del Patrimonio


Mundial”, se propuso lo siguiente:

La identificación de un itinerario cultural debe basarse necesariamente en un


conjunto de evidencias y elementos tangibles, testimonio del significado del
itinerario propiamente dicho. El itinerario se determinará teniendo también en
cuenta su contexto natural, su configuración estructural ya sea esta lineal,
en forma de cinturón, cruciforme o en red, y su dimensión simbólica y
espiritual, la cual contribuirá a identificar y explicar su significado.

La prueba de autenticidad y la valoración de las condiciones de integridad


deberán aplicarse en cada caso (región, país, etc.) a los aspectos
materiales, así como al significado histórico y mensaje del itinerario
cultural, y a los elementos espirituales que lo definen. Su importancia en
cuanto a su duración y el uso de cada sección serán tenidos en cuenta, al
igual que las legítimas aspiraciones de desarrollo de las poblaciones involucradas.

Aunque algunos tramos materiales del itinerario cultural no parezcan claramente


conservados, la existencia y el valor del mismo en su conjunto puede ser
evidente a través de los aspectos inmateriales existentes.

La protección, conservación / preservación y promoción de un itinerario cultural


requiere tanto de la conciencia social como de la participación de los
habitantes de las áreas concernidas, y del establecimiento de instrumentos
adaptados a la protección contra todo tipo de riesgos, especialmente contra
los efectos negativos del turismo, así como de un adecuado desarrollo de
políticas de aprovechamiento del suelo que, en armonía con los planes
nacionales, regionales o internacionales, se encaminen hacia un desarrollo
sostenible.

Con vistas a la identificación y evaluación, podrán tenerse en cuenta las

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siguientes características:

Expresiones de procesos dinámicos sociales, económicos, comerciales,


administrativos, culturales y espirituales que sean resultado de
intercambios entre áreas relacionadas entre sí;
Características distintivas y compartidas de áreas conectadas por lazos
históricos y culturales;
Manifestaciones de movilidad y relaciones entre pueblos o grupos étnicos
de diferentes culturas;· Rasgos culturales específicos enraizados en la vida
tradicional de diferentes comunidades;
Bienes culturales relacionados con prácticas culturales tales como
ceremonias, festivales y celebraciones religiosas representativas de valores
compartidos entre diferentes comunidades dentro de una o diversas áreas
culturales e históricas;
Bienes culturales relacionados con el sentido y funcionalidad del propio
itinerario.

6) El Comité de Patrimonio Mundial, en el marco de la Estrategia Global para una Lista


equilibrada, representativa y creíble del Patrimonio Mundial, ha recurrido a una serie de
reuniones regionales y temáticas de expertos en diferentes tipos de bienes con el fin de
orientar a los Estados en la preparación de candidaturas. Puesto que los informes emitidos se
hallan publicados en el correspondiente sitio web de dicho Centro, se recomendó incluir la
información insertada en el sitio web del CIIC ([Link] -[Link]) que contiene las
conclusiones elaboradas en sus reuniones de expertos y la relativa a sus publicaciones,
estudios y proyectos.

De igual forma, se recomendó añadir las referencias concretas a la información científica de


cada encuentro del CIIC a la lista de los estudios comparativos y temáticos elaborados por los
Organismos Consultivos para cumplir sus cometidos respecto a la evaluación de candidaturas.

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Corredor turístico

Se puede definir como la línea de unión entre áreas, polos, zonas,


complejos, núcleos, atractivos o puertos de destino, que sirven para el
traslado de unos a otros por rutas seleccionadas entre aquellas que cuentan
con una mayor distribución lineal de atractivos ubicados sobre las mismas o
fácilmente conectados a ellas y que pueden ser visitados a lo largo del
trayecto. (OEA.73).

Trayecto dentro de una ruta turística o que parte de ella, hasta un centro receptor y que
contiene atractivos y facilidades turísticas.

Qué es un corredor histórico

"... es una ruta históricamente significativa a lo largo de la cual se han


trasladado gente o bienes; donde existe evidencia de que el medio ambiente
natural ha sido modificado por el ser humano. Es un paisaje cultural lineal que
combina lo cultural con la naturaleza" (Cameron, 5: 1993).

A través del tiempo el ser humano ha viajado de un lugar a otro para muchos fines, por
ejemplo para procurarse la existencia, para adquirir recursos naturales, para llevar o traer
mensajes o visitar parajes. Sabemos que desde siempre las sociedades han tendido a la
creación de vías terrestres para la movilización de bienes o de individuos, así como el uso de
otras vías naturales como las acuáticas (ríos, costas, estrechos, lagos). Si nos remontamos a
la época prehispánica en Baja California, tenemos que después del contacto con los españoles
las comunidades nativas crearon a través de cientos de años un extenso circuito de senderos
que se extiende como una red a todo lo largo de la península; y, por supuesto, está vinculado
con California, Arizona y Sonora. Este circuito representa la comunicación y el traslado de
muchos pueblos de distintas lenguas ubicados en diferentes territorios a través de milenios.
(Ibid).

Los persas, los romanos y los españoles crearon extensos caminos. En España a estos
senderos se les denominó caminos reales y eran rutas que comunicaban a las distintas
regiones dominadas por el monarca español, y a su vez estaban bajo la vigilancia del ejército.

Durante y después de la conquista se construyeron caminos en la Nueva España que


recibieron el mismo apelativo. Crosby cita una carta que escribió el padre Joseph Echeverria
el 10 de febrero de 1730, al marqués de Villapuente en donde le dice que en lo que se refiere
a caminos --caminos que eran realmente transitables --, en California en sólo treinta y,
cuatro años se ha hecho más trabajo al respecto que lo realizado en España durante dos

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siglos desde el inicio de la conquista. (Crosby, 1974:48). Por ello es importante que el público
sepa que el corredor histórico "Camino real misionero de las Californias" surge con el
establecimiento de la Misión de Nuestra Señora de Loreto fundada en 1697. Y continúa hacia
el sur, en la región de los Cabos, y hacia el norte cruza la actual línea fronteriza con los
Estados Unidos, hasta llegar a lo que actualmente es la región de Sonoma, Ca.

La necesidad de los jesuitas por caminos se dio tan pronto como ellos consolidaron su primer
centro religioso (la Misión de Nuestra Señora de Loreto), y empezaron a viajar para
evangelizar comunidades nativas aledañas. La primera consignación en un documento escrito
de trabajo realizado para construir el camino fue en 1698; y en 1699 se construye el camino
que atraviesa la Sierra La Gigantia hacia el Oeste para fundar la Misión de San Francisco
Javier de Biaundó. Desde este inicio se extendió el camino con el establecimiento de cada
misión hacia el norte y hacia el sur.

El carácter del camino real durante su utilización fue el de una ruta construida
cuidadosamente, a todo lo largo de la península que se adaptaba a ciertas demandas y
limitaciones. En síntesis estos requerimientos consistían que el camino comunicara a los
centros misionales, y que pasara cerca de fuentes de agua y atravesara terrenos que fueran
accesibles, es decir, lo menos accidentados posible (Ibíd, pp. 1-9)

El corredor histórico es un modelo para la conservación

Una de las metas del concepto del corredor histórico es la conservación de los
recursos históricos, naturales y culturales que existen en toda su longitud;
aspectos que le dan un carácter especial, de ahí que creemos que se le debe
tratar como un todo compuesto por muchas partes aisladas, como lo son los sitios
misionales, minas, ranchos, pueblos, casas antiguas, sitios arqueológicos, y un
sin fi de importantes zonas ecológicas. Es decir, que un corredor histórico incluye
una suma de componentes individuales que lo enriquecen.

Es importante señalar que el concepto de corredor histórico conlleva lo que se


denomina turismo cultural, porque esta clase de turismo involucra a un segmento
del público viajero que busca establecer contacto con sus propios antecedentes o
con los de otras regiones o países (Sánchez, pp 25-27. 1989).

Los corredores culturales del Mercosur.

La Red Cultural Mercosur surgió en 1998 como asociación civil sin fines de lucro, bajo el
concepto de trabajo en red, y con el objetivo de discutir y superar los problemas que hacen a
la circulación de productos y bienes culturales en el bloque. En suma, buscar estrategias
comunes para trabajar el concepto de integración regional a partir de la formación de

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corredores culturales, señaló María Victoria Alcaraz, directora del Centro Cultural General San
Martín y presidenta de la Red en entrevista con Mercosurabc.

¿Cómo surge la idea de constituir una Red Cultural Mercosur?

En primera instancia, en 1998 se conformó como una red de artistas y productores artísticos
y después de a poco fueron ingresando otras personas vinculadas a la cultura y en la última
etapa, en la que me incluyo, comenzamos a ingresar gran cantidad de gestores culturales,
especialistas en lograr que el público y el artista se puedan juntar y puedan disfrutarse
mutuamente.

Los artistas y productores artísticos se encontraron para discutir los problemas y las
dificultades que hay para la circulación de productos y de bienes culturales en el bloque.
Simplemente, cómo hace un productor teatral o de una muestra de artes plásticas para
hacerla itinerar por el MERCOSUR. La dificultad para que alguien cruce la aduana con obras
de arte plástica es muy grande y compleja, con lo que hubo que empezar a buscar
estrategias comunes para trabajar el concepto de la integración regional a partir de la cultura,
atendiendo a cuestiones propias del quehacer cultural.

¿Cómo está integrada esta red a la institucionalidad del Mercosur?

La Red Cultural Mercosur no se trata de un organismo internacional; es una institución pura y


representativa de la sociedad civil. Nos interesa lo regional pero no seguimos exactamente al
pie de la letra los ritmos del organismo MERCOSUR, no tenemos ninguna dependencia con él.
Esto hace que, por ejemplo, el año pasado en la Asamblea se resolviera incorporar a
Venezuela, mientras en aquel entonces, en el Mercosur se estaba discutiendo el trámite de
incorporación de Venezuela como miembro pleno. Nosotros evaluamos, decidimos y bueno,
incorporamos a miembros de Venezuela, y de hecho ya estamos trabajando con ese país.

Entonces, no necesariamente tenemos que ir exactamente al mismo ritmo y tiempo que el


organismo. Apostamos a una práctica mucho más dinámica, más fácil, más plural, más
democrática. Buscamos proyectos, acciones conjuntas, buscamos el financiamiento y
tratamos de llevarlos adelante.

Además de artistas, productores y gestores culturales, hay también en el seno de la red


instituciones públicas y privadas en muy poquito porcentaje. Hace dos años se aprobó el
ingreso de instituciones de Chile, de Argentina, de Brasil, de Paraguay, de Bolivia y
Venezuela, exactamente en un plano de igualdad, todos los miembros. Digamos que no hay
países, somos todos miembros plenos, tiene una estructura de conducción muy simple, hay
una presidencia y un consejo directivo, integrado por el presidente, que tiene un mandato de
2 años, y un representante, un coordinador nacional por cada uno de los países, más una
secretaría ejecutiva, que es la que mantiene la vinculación diaria entre todos, y después todo
el mundo a trabajar.

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El primer corredor cultural. Una muestra itinerante.

Algunos de los proyectos que se puedan mencionar, para que se vea cuál es el tono
del trabajo.

Desde que se creó la red hay una actividad, una acción, un proyecto, que es un
poco la bandera de la red, que es la de trabajar por instaurar corredores
culturales.

Es una herramienta casi simbólica, la necesidad de abrir caminos por donde pueda circular la
producción artística y cultural y nos parece que el mejor modo es a través de los corredores
culturales. Lo logramos uniendo ciudades, puntos por donde pueda ir itinerando, pueda ir
pasando la actividad cultural. Entonces, lo que armamos y pusimos en marcha en noviembre
del año pasado, en la asamblea que se hizo aquí en la ciudad de Buenos Aires, fue el primer
corredor multilateral de la red, con una pequeña muestra compuesta por un ciclo de
documentales, un ciclo de video experimental y animación, y una exposición de fotografías,
las tres muestras representativas de la región, con artistas de todos los países. Entonces,
arrancó acá en Buenos Aires, pasó a Uruguay, a Montevideo, ahora está en Venezuela;
seguirá dando la vuelta y va a terminar en San Pablo, en Brasil, que es dónde se hace la
próxima asamblea a fin de año, y dónde va a empezar la muestra itinerante del año 2009.

Todo este año está dando la vuelta esta muestra, y se cierra a fin de año en San Pablo,
donde se abre, se inaugura otra nueva muestra que abre el año que viene que va a itinerar
ya por otros puntos, por otras ciudades. La del 2008, cuándo termine de itinerar, va a circular
por afuera de la región, nosotros queremos trabajar mucho el tema de la integración entre
nosotros, pero a su vez la difusión hacia fuera de la región de que tipo de cultura, que tipo de
producción, que tipo de contenidos culturales, trabajamos y creamos en la región. Fuera de la
región latinoamericana en Estados Unidos, en Europa, ya tenemos algunos compromisos
asumidos, entonces es una manera de difundir, que es el MERCOSUR, en términos culturales,
que es lo que hacemos, lo que producimos, que clase de artistas tenemos, para que nos
conozcan en otros lugares.

En la declaración de principios de la RCM he leído que hay tres tipos de


corredores geográfico-culturales: los nacionales, bilaterales y multilaterales.

Claro, este que he mencionado es el multilateral, porque atraviesa todos los países pero
después en cada uno de los países donde llega, se abre a su vez el corredor nacional. Es
decir, paso por Montevideo como punto de la itinerancia, una vez que paso por Montevideo,
después puede ir a Tacuarembó, es decir queda como “habilitado” en todo el país, para que
se vaya desdoblando, ramificando, la muestra se va multiplicando.

O sea, de las grandes ciudades pasa a la red de ciudades. No necesariamente va a las


grandes ciudades, cuándo toca el primer punto del país, sea grande o pequeño, a partir de
ahí, esa coordinación nacional de ese país, queda habilitado, para armar una red nacional,
cosa que está pasando, tanto ahora en la Argentina, como en Uruguay. En Uruguay hay un

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listado de 8 ciudades por donde va a estar itinerando aunque, es como un collar de perlas de
los cuales a su vez penden muchas otras puntas que se van abriendo, trabajamos físicamente
con la noción de red de telaraña, la forma en que se va multiplicando la comunicación.

El centro de información virtual.

El segundo proyecto sobre el que estamos trabajando es el de la creación de un


centro virtual de información cultural del MERCOSUR.

Si los corredores son trabajar el tema de la integración a través de la actividad artística, el


centro virtual es trabajar el tema de la integración a través de un servicio que presta la red;
nosotros queremos ser útiles, no solamente sentarnos a hablar de cómo tenemos que trabajar
entre nosotros, queremos ser útiles a nuestras sociedades, e inclusive a la gente que está
fuera de la región.

Cuando pensamos este centro, yo lo que tuve en la cabeza es a un desconocido señor


austríaco, preguntándose que tendrá el MERCOSUR en el museo? Que habrá en teatro ? Que
tipo de artistas tenemos? Que la gente pueda acceder ahí y tener esa información. La primera
etapa de creación de este centro de información es hacer un inventario de inventarios, qué es
lo que ya hay hecho. Entonces, cada uno de los coordinadores nacionales tiene la tarea de
hacer un relevamiento de todo lo que ya hay en su país, por ejemplo, en Chile se viene
trabajando hace años en lo que ellos llaman la cartografía cultural de Chile. Museos, todos los
museos de la región, ya hay menúes hechos entonces no vamos a empezar de nuevo a armar
la guía de los museos del MERCOSUR, que hay en los estados nacionales, en lo nacional,
primero en lo regional, en lo nacional, en lo provincial, y en lo local, lo que ya hay hecho, lo
cargamos y esto nos va a dar un diagnóstico de qué es lo que falta. Entonces, la segunda
etapa del centro virtual va a ser empezar a trabajar sobre lo que falta para aportar a ese
centro, todo esto va a estar trabajado con la UNESCO.

Lo que más nos interesa es pedir el apoyo de la UNESCO para que albergara toda esa
información en sus servidores, para no depender de la voluntad individual de cualquiera de
los miembros, tenemos que buscar un socio estable, y ya hace un año venimos trabajando
este tema, y contamos con ese apoyo, así que ahora lo que viene es la etapa de desarrollar
el programa informático. Nosotros vamos a hacer ese trabajo y vamos a ponerlo a disposición
a través de la propia página de la red, de la página de la UNESCO y de cuanta institución
quiera utilizarla. Ese es el segundo proyecto que está en marcha que está en plena
elaboración, pero va bastante avanzado.

El debate sobre intercambio regional.

Y el tercer proyecto, es trabajar el tema de la integración regional a través de la


reflexión y el debate.

Estamos organizando un foro de cultura para el año 2010 en el marco de los bicentenarios

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que comienzan aquí en la ciudad de Buenos Aires, donde vamos a conjugar debate reflexión
con actividad artística y con el intercambio cultural regional. Ahí tendría un papel protagónico
el centro cultural General San Martín. La idea es la de hacerlo acá en el centro cultural y
contaríamos con el apoyo del Ministerio de Cultura de la Ciudad de Buenos Aires. Ya quedaría
como enmarcado dentro de las actividades del bicentenario que organiza la ciudad.

Estos son los 3 ejes más fuertes que estamos desarrollando en la red, independientemente de
esto tenemos cientos de pequeñas acciones y actividades y vasos comunicantes que
continuamente estamos estableciendo que es realmente un trabajo en red, de apoyo,
asistencia, ayuda, de información. Al que quiera contactarse esta en el sitio web del centro
cultural, ahí está el dato de cada coordinador de cada uno de los países, para entrar en
contacto, estamos sumando miembros así que es muy fácil, hay que presentar una carta y
algún aval de alguno de los miembros ya existentes.

¿Son satisfactorios los avances en materia de integración cultural?

Me parece que los grados de avance son muy satisfactorios en lo que se refiere a la sociedad
civil. Hay que discutirlo, que decidirlo, buscar el financiamiento y hacerlo, o sea que no
contamos con las dificultades, normas y reglas de juego muy estrictas que tienen los estados
nacionales que cuando dialogan entre dos tienen que hacer compatibles dos modos, inclusive
intereses, otros temas que hay en la agenda.

Es mucho más dinámico, rápido y flexible y de hecho muy útil para los estados nacionales.
Todas las conversaciones que hemos mantenido con representantes de todos los gobiernos,
todos nos recibieron con los brazos abiertos. Por ejemplo, en la anterior reunión de Ministros
y altas autoridades de cultura del MERCOSUR, en las últimas dos actas, se citaba la necesidad
de establecer corredores culturales regionales. En vez de hacerlo de cero apoyen lo que
nosotros estamos haciendo y úsenlo. Hay muchas cosas que nosotros podemos fácilmente
instrumentar, con el apoyo de los estados nacionales, es mucho mejor, mucho más fácil.

Es una dimensión que permite a la gente visualizar mucho mas lo que es el Mercosur como
mercado común o los aranceles. El Mercosur cultural es una idea viva.

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Paisajes Culturales y Monumentos de la Naturaleza

Luigi Zangheri, Presidente del Comité Internacional de ICOMOS-IFLA sobre


Paisajes Culturales

La Convención del Patrimonio Cultural de 1972 está realizando una Lista del Patrimonio de la
Humanidad para la que los Estados Participantes puedan designar paisajes culturales y
naturales o jardines de "valor universal sobresaliente". Esta Convención de la UNESCO es uno
de los pocos esfuerzos exitosos de la política cultural en todo el mundo. La Convención ya ha
realizado contribuciones ampliamente aceptadas al desarrollo de la conservación y
restauración en la teoría y en la práctica.

Un ejemplo es el Documento de Nara sobre Autenticidad de 1994 que


condujo a una nueva definición de los auténticos valores de monumentos y
sitios. Hasta el día de hoy alrededor de cien paisajes culturales han sido
incluidos en la Lista del Patrimonio de la Humanidad, que corresponde a
alrededor del 7 % del número total de bienes culturales y naturales.

El término "paisaje cultural" como un Patrimonio de la Humanidad fue


introducido después de una larga e intensiva serie de encuentros de
expertos internacionales.

Finalmente acordaron en la definición de que los paisajes culturales "son propiedades


culturales y representan los 'trabajos combinados de la naturaleza y el hombre', ilustrativos
de la evolución de la sociedad y los asentamientos humanos a través del tiempo, bajo la
influencia de las restricciones y/u oportunidades físicas presentadas por su medio ambiente
natural y las sucesivas fuerzas sociales, económicas y culturales, tanto externas como
internas."

El concepto de "paisaje cultural" puede dividirse en dos categorías principales.

La primera categoría incluye "paisaje claramente definido diseñado y creado


intencionalmente por el hombre". Esto puede abarcar desde jardín y paisaje de
parque hasta pólderes.

La segunda categoría principal es llamada el "paisaje evolucionado


orgánicamente". Es el paisaje que "ha desarrollado su forma actual por asociación
y en respuesta al medio ambiente natural".

En Europa predominan los jardines históricos en la Lista de Patrimonio de la Humanidad:

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Schönbrunn en Austria, Versailles y Fontainebleau en Francia, Würzburg, Potsdam y Wörlitz


en Alemania, Jardín Botánico en Padua, Villa Adriana, Villa d'Este, Caserta en Italia, Alhambra
y Aranjuez en España, Drottningholm en Suecia, Jardines Blenheim y Kew en el Reino Unido.

Sin embargo, en Asia, África, América y Australia hay más monumentos de la naturaleza que
paisajes culturales: Wood Buffalo National Park y Canadian Rocky Mountain Parks en Canadá,
Hawai Volcanoes National Park y Grand Canyon National Park en Estados Unidos, Parque
Nacional Serra da Capivara en Brasil, Parque Nacional Manu en Perú, Islas Galápagos en
Ecuador, Great Barrier Reef, Willandra Lakes Region and Tasmania Wildernes en Australia.

En 1982, el Comité Internacional sobre Paisajes Culturales de ICOMOS-IFLA tomó a su cargo


la edición de la Carta de Florencia para la restauración de jardines históricos. Este año se ha
comprometido a proponer un inventario y/o carta internacional con el objeto de celebrar con
dignidad el tema de "Paisajes Culturales y Monumentos de la Naturaleza", designado por la
UNESCO como el Día Internacional de los Monumentos y Sitios. Esta carta fue creada como
un requisito indispensable para el registro y compilación de jardines históricos, pero también
se puede aplicar a otras clases de paisajes culturales.

Una primera edición de esta carta se presentó en el encuentro de nuestro Comité


Científico Internacional en Verbania en octubre de 2006.

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DECLARACIÓN DE HANOI SOBRE PAISAJES URBANOS


HISTÓRICOS

1.0 PREÁMBULO

Los 380 participantes de 26 países en el XII seminario internacional de Forum UNESCO -


Universidad y Patrimonio llevado a cabo en Hanoi, República Socialista de Vietnam (5-10de
abril de 2009) con el título: “Paisajes urbanos históricos: ¿Un nuevo concepto?

¿Una nueva categoría de características del patrimonio mundial?”

2.0 CONSIDERANDO QUE especialmente con respecto a Forum UNESCO -


Universidad y Patrimonio

2.1 El papel y la responsabilidad fundamental de Forum UNESCO-Universidad y Patrimonio es


fomentar la comprensión, intercambio y cooperación entre universidades, agencias, y
profesionales que llevan a cabo investigación, formación y trabajo con elpatrimonio. Como
plataforma para compartir conocimiento y diálogo es una contribuciónfundamental para las
funciones y responsabilidades más amplias de la UNESCO;
2.2 Dicha investigación, formación y trabajo práctico debería tener en consideración las
aspiraciones y los requisitos de las comunidades afectadas por la gestión de los centros
históricos;
2.3 La presencia en Hanoi de seis cátedras UNESCO (Universidad Politécnica de
Brandenburgo, Cottbus, Alemania; Academia de las Artes y Diseño de Bezalel, Israel;
Universidad de Deakin, Melbourne, Australia; Universidad de Dresden, Alemania; Universidad
de Ritsumeikan, Japón y Centro Internacional Raymond Lemaire para la conservación en la
Universidad Católica de Lovaina, Bélgica) evidencia el gran interés de Forum UNESCO -
Universidad y Patrimonio como herramienta única que combina la Educación Superior con el
Patrimonio;
2.4 Esta herramienta se debería coordinar, continuar, desarrollar y orientar para informar,
concienciar y educar al personal académico y a los profesionales por medio de programas de
investigación de postgrado sobre nuevas tendencias y reflexiones expresadas por la UNESCO
en los campos del patrimonio en general y del Patrimonio mundial en particular, incluyendo
encuentros de intercambio, simposios y conferencias académicas;
2.5 Los participantes en este seminario han valorado y han reconocido los esfuerzos de
investigación hechos por los investigadores vietnamitas e internacionales para estudiar y
entender el patrimonio cultural de la ciudad de Hanoi;

en especial con respecto a la ciudad de Hanoi

2.6 La presencia del presidente del Comité Popular de Hanoi, el presidente de la Comisión
nacional vietnamita para la UNESCO, los responsables vietnamitas de los ministerios de
cultura, deportes y turismo, construcción y asuntos exteriores, y el rector de la Facultad de
Arquitectura de Hanoi evidencia el gran interés de las autoridades nacionales de la República

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Socialista de Vietnam por cuestiones relativas al patrimonio en general y los paisajes urbanos
históricos en particular, en una época de rápidas transformaciones urbanas en Hanoi.
Además, esta presencia de alto nivel en el seminario coincide con la Resolución 181EX/45,
párrafo 4 del Consejo Ejecutivo de la UNESCO sobre la celebración del 1000 aniversario de la
ciudad de Hanoi;
2.7 La presencia en el seminario de los presidentes de las asociaciones vietnamitas del
patrimonio, arquitectos, responsables de planificación urbana e historiadores demuestra el
compromiso de los profesionales con la protección del patrimonio de Hanoi. Así pues, el
interés de las comunidades académicas y profesionales de Hanoi en este seminario simboliza
el intercambio de valores humanos en arquitectura y urbanismo;
2.8 El ministerio de cultura, deportes y turismo, el ministerio de la construcción de la
República Socialista de Vietnam y el Comité Popular de Hanoi han realizado muchos esfuerzos
por proteger y promover el patrimonio cultural de la ciudad de Hanoi, como el templo de la
literatura, la pagoda de un solo pilar, la ciudadela de Thang Long en Hanoi y los barrios
antiguos franceses, ilustrando así la gran prioridad conferida al desarrollo sostenible de
ciudades modernas, tomando sus valores tradicionales en consideración;
2.9 Se agradece a las autoridades del Comité Popular de Hanoi y la Universidad de
Arquitectura de Hanoi por haber acogido tan amable y satisfactoriamente el seminario en
Hanoi, siendo una ciudad de diversidad cultural en vísperas de la celebración de su 1000
aniversario;
2.10 El compromiso común del Comité Popular de Hanoi y de la Universidad de Arquitectura
de Hanoi en la organización de este seminario es una iniciativa encomiable para concienciar a
las universidades vietnamitas y al público en general sobre:
a/ la importancia de proteger el patrimonio urbano significativo en una época de rápidos
progresos urbanos y de aceleraciones como en la ciudad de Hanoi;
b/ la necesidad de un desarrollo sostenible de las ciudades para estar integrado con la
consideración de los valores y de las identidades culturales del patrimonio;
c/ la urgencia de incluir consideraciones medioambientales junto con las políticas de
conservación del patrimonio;
d/ la necesidad de poner en contacto a los profesionales del patrimonio y a las comunidades
académicas con las autoridades de la ciudad;
y e/ el papel integral de las comunidades y de la población local en la identificación,
conservación y el desarrollo de los valores del patrimonio; en particular, con respecto a
los paisajes urbanos históricos,
2.11 Los esfuerzos institucionales realizados durante los últimos diez años por la UNESCO
han ampliado el diálogo sobre paisajes urbanos históricos como concepto holístico para la
ciudad que incluye el desarrollo físico, social, cultural, medioambiental y económico
sostenible;
2.12 Los debates sobre paisajes urbanos históricos han propiciado gran variedad de
opiniones en los 378 resúmenes enviados, demostrando así el interés de la comunidad
académica mundial sobre temas de la integridad visual, funcional y física de los paisajes
urbanos históricos;

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2.13 Los numerosos procedimientos metodológicos y operativos con respecto a la


identificación, la evaluación, la administración y la supervisión debatidos por los participantes
han proporcionado una contribución significativa a la actual reflexión sobre paisajes urbanos
históricos;
2.14 los paisajes urbanos históricos son una parte fundamental e integral del entorno de las
comunidades que viven en ellas o que tienen asociación con ellas; y que ni la designación de
paisajes urbanos históricos ni la investigación académica sobre paisajes urbanos históricos
debería estar en detrimento de las comunidades locales;
2.15 Todas las políticas en lo que concierne y afecta a los centros urbanos y a las ciudades
históricas deben respetar las formas de vida de las comunidades que habitan y que trabajan
en dichos paisajes urbanos históricos puesto que estos estilos de vida representan un
componente significativo del patrimonio cultural inmaterial de las comunidades y tener
previstos los apropiados requisitos de acceso y derechos culturales;
2.16 Estos estilos de vida, requisitos de acceso y derechos culturales se deberían respetar
tanto como los elementos tangibles de los paisajes urbanos históricos a pesar de que en
ocasiones pueden implicar relaciones invisibles o inmateriales o valores que necesitan
herramientas innovadoras para que los especialistas y los profesionales las perciban, valoren,
o clasifiquen;
2.17 los paisajes urbanos históricos son una expresión de la diversidad cultural resultante de
un proceso permanente y continuo de estratificación cultural que tiene forma tangible a la
cual se añaden valores simbólicos e intangibles y se entienden por medio de los sentidos, el
conocimiento local y la investigación de las interconexiones entre estos estratos.
2.18 La principal consideración en lo referente a la acción es el valor del patrimonio de los
paisajes urbanos históricos;

3.0 RECOMIENDAN QUE respecto a Forum UNESCO - Universidad y Patrimonio

3.1 Se debería apoyar al Comité y al Centro del Patrimonio Mundial en sus esfuerzos por
promover una nueva Recomendación de la UNESCO, integrar ideas relevantes debatidas en
este seminario y desarrollar una plataforma más permanente para el diálogo entre la
UNESCO y la red Forum UNESCO - Universidad y Patrimonio;
3.2 Los debates referentes a la importancia de los paisajes urbanos históricos en la puesta en
práctica de la Convención sobre el Patrimonio Mundial de 1972 se deben reflejar en los planes
de estudios de Educación Superior y especialmente en la investigación por medio de las
cátedras UNESCO adecuadas y otro especialistas;
3.3 Las actas de este seminario se deberían poder a disposición del Comité del Patrimonio
Mundial, de sus órganos consultivos y del Centro del Patrimonio Mundial;
3.4 Forum UNESCO - Universidad y Patrimonio debería continuar la interacción con la
reflexión continua de la UNESCO e instituciones relacionadas para fomentar la participación
de universidades locales y nacionales en programas, investigación y formación y vincular a la
UNESCO con iniciativas básicas que son tan importantes como decisiones verticalistas; se
debería fomentar la investigación aplicada en conjunción o coordinación con las autoridades
locales o nacionales, para determinar conjuntamente temas prioritarios;

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3.5 La UNESCO debería animar a sus Estados Miembros y al sector privado a contribuir al
trabajo de Forum UNESCO - Universidad y Patrimonio a través de la provisión de fondos para
becas que permitirán que los miembros participen en sus futuras actividades;
3.6 Los miembros de Forum UNESCO - Universidad y Patrimonio como investigadores y
profesionales del patrimonio implicados activamente con las comunidades urbanas a nivel
local y nacional, tienen una responsabilidad de aumentar la concienciación, el conocimiento y
la comprensión de los paisajes urbanos históricos;
3.7 La UNESCO y su Comité del Patrimonio Mundial debería sacar provecho de los recursos
humanos de los miembros de Forum UNESCO - Universidad y Patrimonio y más
especialmente los titulares de cátedras UNESCO tienen una responsabilidad a través de sus
licenciados de formar a formadores y de vincular sus actividades de conservación y de
adaptación tecnológica y material para la evolución continua de los paisajes urbanos históricos
con las comunidades y otras instituciones;
3.8 La comunidad académica puede permanecer en la base con una acción menos
estructurada que los organismos internacionales pero con visiones más plurales,
complementarias y diversas;

respecto a la ciudad de Hanoi

3.9 Se debería impulsar la traducción y la publicación en vietnamita de los textos clave que
reflejan el concepto actual del patrimonio cultural como integrado y holístico;
3.10 Las universidades vietnamitas deberían proporcionar los medios para realizar
investigación y formación sobre aspectos relacionados con el patrimonio en general y la
Convención del Patrimonio Mundial en particular;
3.11 Se debería crear un centro de formación en Hanoi para formar al personal involucrado
en la conservación y la gestión de sitios culturales en o alrededor de la capital incluyendo la
ciudadela de Thang Long -Hanoi así como el personal administrativo empleado por el comité
Popular de Hanoi; esta institución debería también formar a guías sobre aspectos, principios y
prácticas del patrimonio;
3.12 La formación de los medios de comunicación en patrimonio se debería considerar
esencial;

respecto a los paisajes urbanos históricos

3.13 Las universidades tienen una contribución importante para convertir los paisajes
urbanos históricos en un extenso nuevo territorio conceptual para explorar;
3.14 Los 378 resúmenes enviados a este Seminario demuestran el interés por los paisajes
urbanos históricos desde la comunidad académica de todo el mundo. Además, los trabajos
presentados reflejan la gran variedad de herramientas disponibles y las espectaculares
interpretaciones y opiniones culturales de los paisajes urbanos históricos. Las diferentes
inquietudes despertadas con respecto a la amplitud del concepto demuestran la extensión del
territorio conceptual de los paisajes urbanos históricos, que todavía debe ser explorado por
medio de la investigación;
3.15 Se debería fomentar la investigación sobre los paisajes urbanos históricos,

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especialmente la educación y la investigación aplicada con beneficios para las comunidades


urbanas. Se debería llevar a cabo el uso de herramientas y de metodologías conocidas así
como la prueba de otras nuevas;
3.16 Informar periódicamente a los miembros de la red Forum UNESCO - Universidad y
Patrimonio sobre el progreso de la reflexión actual del Comité del Patrimonio Mundial, desus
decisiones y de las futuras decisiones de la Conferencia General de la UNESCO sobrepaisajes
urbanos históricos;
3.17 Difundir ampliamente los resultados de este seminario para concienciar a la comunidad
académica de aspectos de los paisajes urbanos históricos, de principios y de metodologías
multidisciplinares de investigación;
3.18 Forum UNESCO - Universidad y Patrimonio debería continuar destacando los aspectos de
los paisajes urbanos históricos a nivel local con su boletín bimensual y su sitio web. Debería
emplear la comunicación y la red establecidas con ocasión de este seminario para desarrollar
la cooperación para difundir y compartir conocimiento. Hanoi, 10 de abril de 2009

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INFLUENCIA DE FACTORES ECONÓMICOS EN LA


CONSERVACIÓN DEL PATRIMONIO URBANO

Arq. Beatriz Cecilia Amarilla

RESUMEN

El patrimonio material urbano constituye una frágil materia en constante peligro de


degradación, ruina o desaparición. Los factores que conducen a dicha situación (muchos de
origen económico) son múltiples y entre ellos se suele producir un efecto de sinergia.

Para enfrentar esta situación, los poderes públicos toman medidas normativas (catalogación
de edificios, designación de áreas protegidas), que a menudo originan conflictos
característicos, al enfrentar los derechos de propiedad privados con los beneficios sociales y
culturales comunitarios.

En este marco, el objetivo del presente trabajo será el de analizar algunas de las variables
mencionadas, las relaciones que las vinculan y potencian, y los efectos que se producen
desde el punto de vista físico, cultural, social y económico.

Teniendo en cuenta las anteriores premisas, el trabajo desarrolla centralmente los siguientes
aspectos:

Conceptos acerca de la naturaleza económica de los bienes patrimoniales y de su


conservación.
Procesos urbanos de decadencia y de renovación.
El papel del “progreso” y el desarrollo económico en la degradación del patrimonio
urbano.
Análisis de ejemplos referidos a procesos de deterioro y rehabilitación de paisajes
históricos urbanos.

1. BREVES CONCEPTOS ACERCA DE LA NATURALEZA ECONÓMICA DE LOS BIENES


PATRIMONIALES Y DE SU CONSERVACIÓN

En lo que concierne a los paisajes históricos urbanos, una simple


observación de los casos que nos rodean demuestra que las causas de
degradación son múltiples, y que muchas veces actúan simultáneamente.
Dejando de lado a los fenómenos naturales, podemos identificar, entre
otras, a las siguientes causas: las cuestiones de beneficio económico, el
progreso, la dinámica urbana, los intereses sociales opuestos (y a veces

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igualmente legítimos), es decir, los factores de origen antrópico en todas


sus formas.

Si nos centramos en el punto de vista económico, eje de este trabajo, el patrimonio cultural
inmueble (especialmente si es de pertenencia privada) forma parte del mercado inmobiliario y
está sujeto a sus leyes. Sus propietarios u ocupantes toman decisiones acerca de las
transacciones que se realizan (venta, alquiler), así como de su conservación y,
eventualmente, de su ruina o demolición. Sin embargo, los bienes materiales “ambientales”
(entendiendo por tal a los de la naturaleza y a los de la cultura) tienen particulares
características que colisionan con el proceso anterior.

No parece oportuno entrar aquí en consideraciones de la teoría económica, y quien así lo


desee puede ampliar la información en la bibliografía especializada (ver, por ejemplo,
Azqueta, 2002). La cuestión, en síntesis, es que los bienes ambientales tienen atributos no
intercambiables en el mercado (no existe un mercado del aire y de su nivel de contaminación,
del nivel sonoro del tránsito, del valor histórico de una propiedad en la que habitó un prócer,
del valor estético de una fachada). Muchos de estos atributos pueden ser gozados o sufridos
(provocando lo que los economistas llaman externalidades positivas o negativas,
respectivamente), sin que medie una transacción económica explícita, característica de un
sistema de mercado.

Como muchos de los atributos propios de los paisajes históricos urbanos pueden ser gozados
gratuitamente, no se generan fondos para financiar la conservación y ese “precio 0” suele
incentivar el sobreuso y la falta de mantenimiento (por ejemplo, el uso recreativo del Paseo
del Bosque de La Plata, sector incluido en el proyecto fundacional).

Aun en los casos en que se genera un beneficio económico, a través de derechos de acceso,
resulta difícil cobrar a los usuarios el precio óptimo, es decir, aquél que maximice el retorno
de beneficios netos hacia el bien (fenómeno de subprecio) (Pearce, et al.,1998:5). Por esta
razón, debe surgir el Estado, otros “patrones” u organizaciones filantrópicas que, mediante
subsidios u otros incentivos económicos, aseguren que el desarrollo de estas actividades se
acerque al nivel que socialmente es considerado como óptimo. Históricamente siempre ha
sucedido así; en el pasado, la nobleza, o más tarde, sectores poderosos invertían parte de
sus ingresos en productos culturales y su conservación, más como manifestación de poder o
nivel económico que por razones de beneficio social (Cassey at al., 1996:5).

En los países en desarrollo (para referirnos al contexto que más nos interesa), las actividades
destinadas a la preservación suelen pasar por tres fases. La primera está caracterizada por la
presión que ejercen algunas élites culturales para que se establezca algún control o
legislación al respecto. Ello trae como consecuencia, en general, intervenciones aisladas en
monumentos específicos, en general financiadas por filántropos privados. Muchos de estos
edificios se destinan a usos públicos, lo que suele llevar a una conservación no sustentable:
se realizan inversiones una y otra vez, debido a la falta de un mantenimiento sistemático y al
uso inapropiado.

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En América Latina, algunos países han alcanzado, al menos en forma parcial, la


segunda fase, en la que los gobiernos asumen responsabilidades en la
conservación.

Esta participación del Estado, en principio saludable, trae aparejados otros problemas: la falta
de continuidad en los esfuerzos de conservación debido a restricciones presupuestarias y la
evolución poco predecible de los recursos públicos. El Banco de Desarrollo Interamericano,
que otorga créditos para conservación, especialmente a municipios, ha advertido que el
proceso de conservación, como corrientemente se lo organiza y financia, no es sustentable a
largo plazo y representa una pesada carga en los presupuestos del sector público que,
además, deben priorizar en estos países, los problemas relativos a la pobreza (Rojas, 2001:
392-393).

La tendencia debería ser el avance hacia una tercera fase, en la que la preservación del
patrimonio histórico se convierta en responsabilidad de la comunidad como un todo,
incluyendo al sector privado. La sustentabilidad a largo plazo se logra cuando los edificios y
espacios públicos se usan adecuadamente, y cuando todos los actores sociales involucrados
colaboran con este objetivo.

2. PROCESOS DE DETERIORO URBANO: DECADENCIA Y RENOVACIÓN

El deterioro del patrimonio construido urbano ha sido estudiado


generalmente desde el punto e vista histórico y artístico, resaltando la
pérdida que ese proceso produce para la identidad, la calidad del ambiente
urbano y para el patrimonio de una comunidad. En menos frecuente que se
introduzcan los factores económicos en este análisis, y cuando se hace, los
argumentos suelen referirse a la “especulación”, que representa la acción de
mezquinos sectores económicos sin sensibilidad estética y cultural, ante los
cuales las “fuerzas de la cultura” poco pueden hacer (Gago Llorente, 1986:
41).

Esta concepción un tanto maniquea no parece muy útil para enfrentar o tratar de solucionar
el problema del deterioro urbano. Es necesario analizar sus causas, que no dependen en
realidad de una “sensibilidad cultural” sino de una lógica económica, regida por las leyes de la
economía de mercado, en la que todos estamos inmersos. La rehabilitación sólo será viable si
incorpora una estrategia económica de intervención que invierta la lógica de los procesos de
deterioro.

En términos generales, y en conocimiento que se trata de una simplificación del planteo,


existen dos grandes tipos de procesos de deterioro urbano: la “decadencia generalizada”,
ligada a una marginalidad funcional de las áreas involucradas y la “renovación predominante”.
Las mismas, en algunos casos, suelen mimetizarse, y no es posible apreciar la situación en
términos tan claros.

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La decadencia generalizada se suele producir en áreas de edificación antigua y en avanzado


estado de deterioro. En ciudades antiguas europeas, por ejemplo, estas circunstancias se han
dado en tejidos preindustriales y en suburbios con un estado parcelario caracterizado por una
gran división y con calles angostas poco aptas para el tránsito vehicular, con deterioro físico y
marginalidad funcional. Esta marginalidad se suele dar independientemente de su ubicación,
que muchas veces es muy próxima al centro de la ciudad, como sucede en áreas de
Constitución o de la Boca, en Buenos Aires o en la calle Nueva York de Berisso. Estas zonas
justamente se caracterizan porque las actividades dominantes, que en algún momento
histórico existieron allí, han emigrado, provocando una depresión económica y social. Se dice
que esa desvalorización se traduce en una “depreciación” en términos económicos y en un
“desprecio” en términos sociales (Gago Llorente, 1986: 47).

Esta situación se refleja directamente en la conservación de los edificios. Las


viviendas son ocupadas por el estrato más desfavorecido del mercado
inmobiliario, que por definición, no puede destinar dinero a actividades de
conservación, por lo que se crea un proceso progresivo de deterioro físico y
obsolescencia funcional.

Incluso en zonas comerciales que continúan siendo activas (como es el caso de una vía con
alto valor patrimonial, la Diagonal 80, en La Plata), se observa una situación particular: las
plantas bajas se han modificado drásticamente, mostrando mejores condiciones de
habitabilidad pero, al mismo tiempo, la pérdida irreparable de su arquitectura original;
mientras que las plantas altas, de las cuales las anteriores parecen estar separadas por una
especie de “medianera horizontal”, conservan sus características primeras pero en un estado
de degradación alarmante: se encuentran desocupadas, son utilizadas como depósitos o se
alquilan a sectores socialmente deprimidos.

En la renovación predominante, en cambio, y por causas diversas como veremos, se observa


una presión para el desarrollo de un proceso de sustitución de edificios. El abandono, la falta
de mantenimiento y la ruina son pasos que conducen a la sustitución por construcción nueva.
Las condiciones necesarias para que este proceso se vea favorecido son: en primer lugar, la
existencia de una normativa urbanística que permita una importante remodelación física de
los inmuebles o, en segundo lugar, la existencia de una fuerte centralidad (actual o potencial)
en términos económicos y sociales.

En el primer caso, la normativa vigente permite incrementar o multiplicar el volumen


edificado, lo que crea una rentabilidad diferencial entre lo existente y lo que se puede
construir. La construcción nueva o una remodelación profunda no sólo permiten el incremento
de la superficie edificada, sino una más cómoda adaptación a las tipologías constructivas o
usos de mayor demanda en el mercado local.

En lo referente a centralidad, se entiende por tal cuando el sitio es requerido por actividades
sociales dominantes, como los usos terciarios especializados (por ejemplo, clínicas dedicadas

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a la estética corporal, colegios bilingües, etc.) y la residencia de clases sociales medias y


altas. Esas actividades desplazan al resto de funciones urbanas mediante la elevación del
precio del suelo y de los inmuebles.

Este proceso se da en viviendas ocupadas por sus propietarios o alquiladas, aunque de


diferente manera. En el primer caso, las viviendas antiguas suelen ser casas familiares que
están ocupadas por personas que ya no son jóvenes, en situación de retiro y con magros
ingresos; por lo tanto la posibilidad de venta a corto plazo resulta muy atractiva. En el
segundo caso, suelen ser viviendas alquiladas a bajo costo por su estado de deterioro,
especialmente en referencia al mal estado de sus servicios. A veces, la decisión de los
propietarios de no mantenerlas y convertirlas en ruinosas es una estrategia que conduce al
desalojo de ocupantes y a la disponibilidad del terreno para nuevos emprendimientos
económicos.

Si pensamos en el “paisaje urbano” de los últimos años en la zona del


Abasto o áreas de Palermo en Buenos Aires, todos hemos registrado la
proliferación de carteles de inmobiliarias que ofrecen terrenos, especificando
sus dimensiones y la denominación de la zona según código (en relación a
su potencial constructivo), cuando lo que vemos es una casa, muchas veces
de evidente valor patrimonial y en condiciones físicas que la hacen
merecedora de un rescate.

3. EL PAPEL DEL “PROGRESO” Y EL DESARROLLO ECONÓMICO

Es curioso observar que, así como la degradación del patrimonio generalmente


está relacionada con los bajos presupuestos que se le destinan, su desaparición
suele estar asociada a situaciones que se vinculan con el progreso y el
crecimiento económico.

Desde el punto de vista público, la construcción de infraestructura de transporte, por ejemplo,


si no está adecuadamente planificada, resulta muy dañina para el patrimonio natural y
cultural: se expropian o dividen tierras que quitan integridad e identidad a los bienes, se
produce contaminación atmosférica y sonora, se alteran las condiciones de evacuación de
aguas, los ecosistemas lindantes se modifican, se originan desperdicios no degradables, etc.
Ello es evidente tanto en el ámbito rural, afectando a establecimientos con valor patrimonial,
como en el urbano, especialmente en áreas vecinas al ensanche de calles y construcción de
autopistas.

Podemos analizar a algunos de esos factores un poco más en detalle:

Construcción de obras de infraestructura: aunque existe cierta posibilidad de


traslado de bienes inmuebles (el caso de Abu Simbel es paradigmático en ese
sentido), ello es técnica y económicamente difícil, lo que conduce a elegir entre

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“infraestructura” y “patrimonio”, como cuestión particular de un dilema más


amplio (desarrollo versus conservación, desarrollo versus ambiente).

Contaminación atmosférica, cuyos componentes ácidos, como los óxidos de


azufre, deterioran materiales y edificios. En muchos países (como sucedió en la
Europa del Este), la confluencia del aumento de la actividad industrial con unas
cinco décadas de ausencia de mantenimiento sistemático, condujo a un profundo
estado de degradación a ciudades con alto valor patrimonial, como es el caso de
Praga.

Desarrollo turístico: es conocido el doble papel del turismo en relación al


patrimonio, como potencial agente para su conservación si se lo concibe en forma
sustentable, o como agente destructor, si no se equilibra la capacidad de carga
con los beneficios económicos deseados.

Desde la óptica privada, son diversas las acciones agresivas, muchas de ellas originadas en la
lógica económica del mercado. Cuando se produce un impacto económico positivo, ello
inmediatamente deriva en consecuencias físicas que, de no existir una normativa estricta pero
de aplicación factible, redunda en inmediatas consecuencias negativas para el patrimonio. Por
ejemplo, en nuestro país, en áreas agropecuarias con exitosas cosechas, los productores se
vuelcan a invertir parte de sus ganancias en el mercado inmobiliario de áreas urbanas
cercanas, que al no poseer una normativa específica para el patrimonio construido, acaban
con los edificios de valor patrimonial doméstico para alcanzar la máxima explotación
permitida del suelo.

También es conocido, en muchas zonas no controladas suficientemente, el caso de las


demoliciones urbanas que se realizan durante los feriados, de modo de arribar al próximo día
hábil con una situación de hecho irreversible.

4. ALGUNOS EJEMPLOS

Haremos a continuación algunos comentarios sobre operatorias y proyectos


para algunas ciudades latinoamericanas. En todos los casos, se presta
especial atención a planes e ideas destinadas a lograr áreas urbanas
sustentables, es decir, en las que la conservación del patrimonio se
desarrolle en un marco de dinamismo económico y social. Surge como
necesidad básica la cooperación entre el sector público y el privado.

En primer lugar, porque las intervenciones suelen ser de tan magnitud que es imposible para
el sector público el afrontarlas en forma aislada. En segundo lugar, porque en una sociedad
democrática la normativa se aplica con éxito cuando existe un mínimo consenso entre todos
los sectores involucrados, de manera que las ventajas de la conservación sean percibidas y
acordadas entre las partes.

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También se evidencian los problemas sociales asociados a los procesos de preservación. Los
centros históricos suele contar con un antiguo stock de viviendas, más o menos intacto, con
frecuencia caracterizado por su alto valor patrimonial y arquitectónico. Al anunciarse o
realizarse mejoras edilicias y de infraestructura urbana, esta situación ejerce atractivo sobre
sectores económicamente pudientes, fenómeno que se conoce actualmente como
“gentrification” (proviene del inglés “gentry”, que significa “pequeña nobleza”, y que a veces
se traduce al español como “elitización”). La concentración de ciertos grupos económicamente
poderosos en el centro acelera la división espacial de las funciones, y expulsa a las rubros
comerciales o residenciales que no pueden competir con un nivel de renta inmobiliaria tan
elevada (Polèse, 2005: 344).

Un buen ejemplo de cooperación entre el sector público y el privado es el


del área del Bom Jesus en Recife, Brasil (Figura 1). Luego de más de 40
años de decadencia, la Municipalidad y el Estado de Pernambuco
desarrollaron, a partir de 1993, un plan para revitalizar el área en el que la
histórica ciudad de Recife fue fundada en el siglo XVII.

El objetivo fue el de preservar el patrimonio histórico y cultural del área y al mismo tiempo
diversificar la economía local a través del turismo y actividades recreativas. En el momento en
que el gobierno comenzó sus esfuerzos para rehabilitar el área, el barrio se encontraba en un
estado tal de decadencia que los propietarios de tierras no recibían ninguna renta ni
realizaban inversión alguna (Rojas, 1999:30).

La asociación entre inversiones públicas y privadas fue directa. La secuencia de acciones


siguió el patrón clásico, que indica comenzar por la mejora de la infraestructura y los
espacios públicos, continuando con el ofrecimiento de ventajas económicas (incentivos en
tasas, impuestos) a los inversores privados. Estos incentivos no resultaron suficientes al
comienzo debido a la magnitud del deterioro. La Municipalidad expropió y rehabilitó
propiedades valiosas cuyos dueños no estaban dispuestos a participar en el emprendimiento.
Estas acciones constituyen una señal para el sector privado, ya que muestran el compromiso
público con la revitalización y al mismo tiempo demuestran la viabilidad de rehabilitar viejos
edificios para nuevos usos (Rojas, 1999:63-64). La asociación entre los sectores público y
privado, en este caso, no siguió una estrategia específica, sino que incorporó una variedad de
modos de intervención, enfrentando la necesidad de promover inversiones conjuntas bajo
circunstancias particularmente adversas (Rojas, 1999:36-37).

Otro caso de interés es el de Lima, Perú (Figuras 2 y 3). Esta ciudad nace formalmente el 18
de enero de 1535. Por sus altos valores, el centro histórico fue inscripto en 1991 en la lista de
Patrimonio Mundial de la UNESCO. El avanzado deterioro hace que el centro enfrente hoy
graves problemas sociales que atentan contra la conservación de su valioso patrimonio
cultural. Lima es hoy una metrópoli que alberga a aproximadamente un tercio de la población
nacional; unas 28.000 familias habitan el centro histórico, con una amplia tugurización de
inmuebles residenciales que originalmente eran unifamiliares y hoy albergan hasta diez
familias.

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El Plan Maestro de Lima es publicado en la prensa en 1999 y cuenta entre sus objetivos:

Fortalecimiento y ordenamiento de la gestión de la Municipalidad Metropolitana


para orientar y ejecutar las acciones prioritarias de desarrollo urbano,
coherentemente con un desarrollo humano y con el Plan Metropolitano,
promoviendo y orientando la inversión pública y privada.

Procurar la revitalización de las estructuras espaciales y sociales de valor cultural


y la unidad física del centro histórico, para lo que se impulsará un tratamiento
urbanístico compatible con su conservación y rehabilitación.

Descongestionar y regenerar el tejido urbano de las zonas tugurizadas,


propiciando la mejora de las condiciones de vida para los pobladores residentes.

Preservar y mejorar los espacios públicos y garantizar la seguridad ciudadana en


el ámbito de su jurisdicción.

Por su parte, el Plan Estratégico para la Recuperación del Centro Histórico de Lima prevé
acciones para el período 2006 - 2035 ([Link]). Dicho Plan se basa en tres
soportes considerados imprescindibles para que este proceso sea sustentable:

Normativa unificada.

Un órgano municipal de gestión capaz de instrumentar mecanismos que faciliten


la inversión privada con participación directa o asociada en la recuperación
inmobiliaria.

Un fondo de financiamiento para asegurar las intervenciones prioritarias en los


espacios públicos y en las área degradadas del centro histórico.

Además, la parte programática determina tres niveles de intervención:

Renovación urbana y recuperación de los espacios públicos.

Modernización de la infraestructura urbana.

Seguridad ciudadana.

Más allá de la recuperación de los inmuebles monumentales, el Plan Estratégico incluye la


eliminación de tugurios y la construcción de nuevas viviendas para las familias que los
ocupaban. Se halló un elevado índice de deterioro y posibilidades de colapso de estructuras.
Esta población vive en extrema pobreza y es marginal al sistema financiero tradicional, por lo
que el programa se apoya en Fondo Municipal de Renovación Urbana.

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El Plan prevé la capacitación de la población residente, de modo que participe en las tareas de
demolición de tugurios, construcción de nuevas edificaciones y restauración de la zona
monumental. Una de las zonas prioritarias de trabajo se sitúa en las inmediaciones del
convento de San Francisco (declarado Patrimonio de la Humanidad y luego englobado en la
posterior declaratoria del centro histórico de Lima). Incluye al menos cinco inmuebles de gran
valor en estado ruinoso, con un alto grado de conflicto social y permanente confrontación
entre propietarios y ocupantes precarios.

Para la construcción de nuevas viviendas se han utilizado las áreas no intangibles del centro
monumental, respetando dicho contexto. Se trata de “viviendas productivas” de alrededor de
100 m2, que cuentan con áreas destinadas al desarrollo de actividades económicas vinculadas
al turismo. Como etapa de transición, se montaron fuera de la zona y en terrenos
municipales, alojamientos temporales con servicios comunes.

Como incentivo para la conservación privada, se instrumentó un sistema por el que los
propietarios de la llamada Microzona de Tratamiento pueden canjear su deuda en materia de
impuestos y tasas invirtiendo en la recuperación del inmueble de su propiedad (por cada sol
de inversión, es un sol de deuda cancelada).

Por último, comentaremos algunas cuestiones económicas referidas al Proyecto de


Normativa Especial Área Bancaria y Diagonal Norte, Buenos Aires. El área forma parte
del trazado fundacional, se encuentra en el Área Centro y es identificada como la “City
porteña”, sede de la actividad bancaria y de las principales transacciones financieras y
administrativas del país. Actualmente su integridad se ve en riesgo, con zonas deprimidas o
depreciadas, congestión vehicular y otras amenazas que evidencian la necesidad de
desarrollar una normativa de protección.

Los estudios económicos emprendidos para este proyecto tuvieron en cuenta la teoría y los
instrumentos que han sido desarrollados en las últimas décadas en el nivel internacional en
relación a la economía del patrimonio cultural construido:

El patrimonio cultural es parte indivisible del ambiente y debe contribuir al


proceso de desarrollo sin resultar degradado.

La valoración de mercado resulta insuficiente para estimar el verdadero impacto


económico y social del patrimonio. Los métodos de valoración de intangibles
resultan de gran ayuda en estos casos.

Ante la escasez de capital y la envergadura de las intervenciones, deben


emplearse instrumentos teóricos existentes para priorizar inversiones en el sector
(por ejemplo, análisis multiatributos).

Se deben estudiar y desarrollar formas creativas de cooperación entre el sector


público y el privado. La carga económica del Estado no debe resultar excesiva, al
tiempo que es conveniente mantener una actitud realista con la afectación de los
intereses económicos privados.

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En el área específicamente, se detectó la necesidad de promover la diversificación de


actividades sustentables, de manera de dinamizar la zona fuera de los horarios de actividad
bancaria, generando empleo y otros beneficios secundarios. En cuanto a la capacidad
constructiva transferible (CCT, instrumento ya existente en el Código de Planeamiento Ley
449/2000), el sistema debe ser tal que no penalice en forma sustancial a los inversores (por
ejemplo, que la CCT se transfiera a terrenos de mucho menor valor económico), sin relegar
por ello los objetivos de conservación propuestos.

Dentro del estudio económico, se vio la necesidad de profundizar el relevamiento de


inmuebles existentes, discriminando usos comerciales, las tendencias actuales en la dinámica
de la zona, características geométricas y tamaños de las parcelas, valuación fiscal, etc. Para
ello resultó muy útil la base de datos inmobiliarios USIG que tiene la Ciudad Autónoma de
Buenos Aires. Como respuesta a esta cuestión, se seleccionó una muestra de alrededor de 50
casos entre edificios estándar y aquéllos que tenían algún grado de protección, con inclusión
total de monumentos históricos y edificios catalogados. Respecto de ellos se estudiaron
variables cuantitativas (por ejemplo, valuación fiscal, superficie del lote, antigüedad, usos,
etc.) y otras cualitativas (grado de protección, dominio público o privado, geometría del lote,
tipo de calle, etc.). Ello permitió arribar a conclusiones surgidas del cruce de estas variables.

También se realizó una regresión, con el fin de estimar la influencia de las variables
explicativas (las ya mencionadas en el párrafo anterior) sobre la variable independiente (la
valuación fiscal). Una conclusión importante resultó que la valuación fiscal sólo se centra en la
cuantificación de inmuebles, desconociendo los múltiples aspectos cualitativos de los mismos,
entre ellos, su valor en tanto que patrimonio cultural y la potencialidad económica que de ello
deriva.

Otros análisis económicos incluyeron:

Impacto del turismo y su efecto multiplicador: a partir de datos existentes sobre


la ciudad de Buenos Aires, se realizó una proyección del desembolso de visitantes
para el año 2004, y su efecto multiplicador. También se estudió, a partir de
determinadas hipótesis, la evolución de la cantidad de visitantes en un período de
10 años, así como el desembolso anual de los visitantes del Área y el efecto
multiplicador derivado.

Valor fiscal y de mercado del suelo: en esta comparación se advirtió una marcada
diferencia, en la que el valor fiscal resulta 67% inferior al precio de mercado
medio área.

Importancia del área para el fisco municipal: esta investigación tuvo como
propósito estimar la potencial recaudación fiscal en concepto de ingresos y
contribuciones, lo que se relaciona con potenciales incentivos a los propietarios en
la áreas APH (Áreas de Protección Histórica) para mantenimiento y conservación
en la zona.

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Estudio de la difusión del patrimonio en el presupuesto fiscal municipal de 2004:


se llegó a la conclusión que dicho presupuesto es escaso, y específicamente, la
“gestión del patrimonio como recurso económico” sólo representa un 10% de ese
total.

Alternativas de esquemas de incentivos: se estudió el tipo de eximiciones posibles


y el compromiso fiscal que representan, concluyendo que la opción
recomendable, dentro de un horizonte de 10 años, varía según la etapa
considerada.

5. REFLEXIONES FINALES

Las apreciaciones vertidas al comienzo parecen conducir a un panorama


sombrío acerca de las posibilidades de conservación de nuestro patrimonio
ante las amenazas económicas. Si bien el tema presenta desafíos
importantes, los ejemplos comentados señalan que hay muchas tareas que
pueden ser emprendidas para mejorar esta situación.

Algunas de estas medidas a veces dependen más del sentido común y de una gestión
adecuada que de la inversión de cuantiosos presupuestos, aunque es cierto que algunos
resultados no son de esperar a corto plazo.

En primer lugar, sólo un diagnóstico integral conduce a soluciones realistas y factibles. La


situación es de alta complejidad; en consecuencia, la ausencia de conservación no debe ser
sólo adjudicada, en forma esquemática, a una falta de sensibilidad pública y privada acerca
de la alta significación del patrimonio. Por el contrario, deben analizarse sus múltiples causas
y cómo estas se potencian, para poder actuar en consecuencia. Así, a las causas anunciadas
al comienzo deben agregarse otras, de naturaleza diversa, como aquéllas relacionadas con las
fallas normativas, los usos no compatibles, la escasa formación profesional de grado en el
tema (que suele conducir en la práctica a intervenciones o pautas de gestión inadecuadas), la
falta de una visión multidisciplinar y multisocial de los problemas, la ausencia de continuidad
en las políticas públicas, la carencia de datos estadísticos sobre los que basar los estudios,
etc. Más allá del interés espiritual y cultural que todos conocemos y suscribimos, resulta de
interés social estudiar cual es la ventaja económica que la financiación pública o la inversión
privada pueden obtener a partir de recobrar o calificar los paisajes históricos urbanos. En este
sentido, cebe remontarse a los conceptos que la Carta de Machu Picchu introdujo en forma
pionera, hace más de treinta años, en relación a la consideración del valor material que
subyace en la conservación de los centros históricos, uniendo el valor económico al cultural
“... la acción de preservar, restaurar y reciclar los ambientes históricos y los monumentos
arquitectónicos, debe ser integrada en el proceso vital del desarrollo urbano, incluso porque
es la única forma para financiar y administrar esta operación”.

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BIBLIOGRAFÍA

Amarilla, Beatriz: “Progreso, economía y patrimonio cultural construido”. Revista


Hábitat Año 6 No. 36, Buenos Aires, 2001.
Amarilla, B. y Sbattella, A.: “Asesoría sobre Economía Urbana”. Proyecto de Normativa
Especial Área Bancaria. Dirección General de Patrimonio. GCBA, 2004.
Azqueta, Diego: “Introducción a la economía ambiental”. McGraw-Hill, Madrid, 2002.
Carta de Machu Picchu. En: Revista Summa 124, Buenos Aires, 1978, pág. 60-62.
Gago Llorente: “La lógica económica del deterioro y la rehabilitación como política
económica urbana”. Curso de Rehabilitación, Tomo 1. Colegio Oficial de Arquitectos de
Madrid, 1986.
Pearce, David and S. Mourato: “The economics of cultural heritage”. CSERGE,
University College, London, 1998.
Rojas, E.: “Old cities, new assets”. John Hopkins University Press, Washington, 1999.

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Trabajo Práctico. U1C

Clase 4

A partir del sistema nacional de áreas protegidas, determinar la categorización en que


se clasifica el patrimonio natural. Dar ejemplos específicos caracterizándolos
patrimonialmente y graficar.
Determinar conceptualmente un conjunto histórico y un paisaje urbano. Ejemplificar.
Determinar la clasificación de tipos de paisajes culturales, según la Convención del
Patrimonio Mundial de la UNESCO, expresando concepto y ejemplos.
Conceptualizar Patrimonio Natural y Cultural. Clasificación de los paisajes culturales,
ejemplos.
Qué es un itinerario cultural y un corredor turístico cultural. Evolución conceptual y
ejemplos.

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