Valoracion Del Patrimonio
Valoracion Del Patrimonio
Unidad 1 A
Cultura. Conceptos
Se conoce como “alta cultura”. Excelencia en el gusto por las bellas artes y las humanidades,
Los conjuntos de saberes, creencias y pautas de conducta de un grupo social, incluyendo los
medios materiales (tecnologías) que usan sus miembros para comunicarse entre sí y resolver sus
necesidades de todo tipo.
Surgió en Europa, entre los siglo XVIII y XIX, se refería a un proceso de cultivación o
mejora, como en la agricultura u horticultura. En el siglo XIX, pasó primero a referirse al
mejoramiento o refinamiento de lo individual, especialmente a través de la educación, y
luego al logro de las aspiraciones o ideales nacionales. A mediados del siglo XIX, algunos
científicos utilizaron el término "cultura" para referirse a la capacidad humana universal.
En el siglo XX, la "cultura" surgió como un concepto central de la antropología, abarcando todos los
fenómenos humanos.
Mundial, el término se volvió importante, aunque con diferentes significados, en otras disciplinas
como estudios culturales, psicología organizacional, sociología de la cultura y estudios
gerenciales.
¿Qué es CULTURA?
El uso de la palabra CULTURA fue variando a lo largo de los siglos. En el latín hablado en Roma
significaba inicialmente "cultivo de la tierra", y luego, por extensión metafóricamente, "cultivo de las
especies Humanas". Alternaba con civilización, que también deriva del latín1 y se usaba como opuesto a
salvajismo, barbarie o al menos rusticidad. Civilizado era el hombre educado.
Desde el siglo XVIII, el romanticismo impuso una diferencia entre civilización y cultura. El primer
término se reservaba para nombrar el desarrollo económico y tecnológico, lo material; el segundo para
referirse a lo "espiritual", es decir, el "cultivo" de las facultades intelectuales. En el uso de la palabra
"Cultura" cabía, entonces, todo lo que tuviera que ver con la filosofía, la ciencia, el arte, la religión, etc.
Además, se entendía la cualidad de "culto" no tanto como un rasgo social sino como individual. Por eso
podía hablarse de, por ejemplo, un hombre "culto" o "inculto" según hubiera desarrollado sus
condiciones intelectuales y artísticas. Esto es hoy muy frecuente.
Este sentido de la palabra CULTURA implica una concepción mucho más respetuosa de los
seres humanos.
impide la discriminación entre "hombres cultos" y "hombres incultos" que el término podía tener
desde el romanticismo; Se hablará de diferencias culturales, en todo caso.
evita la discriminación de pueblos que, como los nativos de América, fueron vistos por los
europeos como "salvajes" por el solo hecho de tener "cultura" distinta.
Resumiendo, este uso actual del término CULTURA designa, como se dijo arriba, el
conjunto total de las prácticas humanas, de modo que incluye las prácticas:
económicas, políticas, científicas, jurídicas. Religiosas, discursivas, comunicativas,
sociales en general. Algunos autores prefieren restringirse el uso de la palabra
CULTURA a los significados y valores que los hombres de una sociedad atribuyen a
sus prácticas.
Hay que señalar que cuando se estudian los hechos sociales, por ejemplo la economía o el Arte, se
toman esos aspectos en forma parcial auque en la realidad están estrechamente relacionados. Esto
ocurre por la imposibilidad del pensamiento humano abarcarlo en su compleja red de interrelaciones. No
está de más insistir en que no hay práctica social que esté desvinculada de las restantes, formando un
todo complejo y heterogéneo de recíprocas influencias. Así, no puede explicarse cabalmente la historia
del arte, si no se hace referencia a la historia económica, a la política, a las costumbres, la moral, las
creencias, etc., de la época. En las ciencias sociales, el sentido de la palabra cultura es más amplio la
cultura abarca el conjunto de las producciones materiales –objetos- y no materiales de una sociedad -
significados, regularidades normativas creencias y valores.
En la vida cotidiana se utiliza algunas nociones de cultura, a las que se las pueden considerar como
prejuicios que la sociedad posee.
Estos son:
Un estado desarrollado de la mente. (Utilizamos este significado para decir que una persona sabe
mucho o que conoce de arte o que se relaciona con alguna de estas actividades). (resultado)
Los procesos por los cuales se alcanza ese desarrollo o estado, ("Los intereses Culturales"; "las
actividades Culturales") (camino; proceso)
Los productos a través de los cuales se alcanza dicho desarrollo (básicamente, los considerados
productos culturales, como los cuadros las obras musicales y las obras literarias).(medios que
ayudan al camino)
AMPLIACIÓN CONCEPTUAL
Con el aporte de la antropología, la cultura debe incluir: bienes materiales, bienes simbólicos,
instituciones, costumbres, hábitos, leyes y poder. Toda sociedad tiene cultura, y toda cultura es puesta
en práctica, por las personas que se interrelacionan.
La cultura no es algo que se tiene, sino que es una producción colectiva y esa
producción es un universo de significados, ese universo de significado está en
constante modificaciones. No puede ser vista como algo apropiable. Es una producción
colectiva de un universo de significados que son trasmitidos a través de las
generaciones.
Socialización
Todo individuo es social, es decir se integran a la cultura y la sociedad tanto como la cultura lo integra a
él. La socialización comienza con el nacimiento y transforma a los individuos en seres sociales, en
miembros de su sociedad. Mediante las socialización se transmite lenguajes de palabras y gestos,
destrezas técnicas, habilidades de escribir, significados relacionados entre personas y otros objetos,
hábitos, valores, sentido común.
Sobre la base de esos aprendizajes de la socialización, las personas vamos diferenciando, nuestro
gustos, nuestro valores relativos, nuestra forma de ver la vida y nuestro propia escala de valores,
"La cultura o civilización, en sentido etnográfico amplio, es aquel todo complejo que incluye el
conocimiento, las creencias, el arte, la moral, el derecho, las constumbres y cualesquiera otros
hábitos y capacidades adquiridos por el hombre en cuanto miembro de la sociedad." Edward
Tylor.
"La cultura incluye todas las manifestaciones de los hábitos sociales de una comunidad, las
reacciones del individuo en la medida en que se van afectadas por las costumbres del grupo en
que vive, y los productos de las actividades humanas en la medida que se van determinadas por
dichas costumbres" Franz Boas (1930)
"Esta herencia social es el concepto clave de la antropología cultura, la otra rama del estudio
comparativo del hombre. Normalmente se la denomina cultura en la moderna antropología y en
las ciencias sociales. (...) La cultura incluyo los artefactos, bienes, procedimientos técnicos, ideas,
hábitos y valores heredados. La organización social no puede comprenderse verdaderamente
excepto como una parte de la cultura" B. Malinoswki (1931)
"La cultura es una sociedad consiste en todo aquello que conoce o cree con el fin de operar de
una manera aceptable sobre sus miembros. La cultura no es un fenómeno material: no consiste
en cosas, gente, conductas o emociones. Es más bien una organización de todo eso. Es la forma
de las cosas que la gente tiene es su mente, sus modelos de percibirlas, de relacionarlas o de
interpretarlas."
"La cultura se comprende mejor no como complejos de esquemas concretos de conducta –
costumbres, usanzas, tradiciones, conjuntos de hábitos- planes, recetas, fórmulas, reglas,
instrucciones (lo que los ingenieros de computación llaman ‘programas’)- que gobiernan la
conducta" Clifford Geertz (1966)
"La cultura alude al cuerpo de tradiciones sociales adquiridad que aparecen de forma rudimentaria
entre los mamíferos, especialmente entre los primates. Cuando los antropólogos hablan de una
cultura humana normalmente se refieren al estilo de vida total, socialmente adquirido, de un
grupo de personas, que incluye los modos pautados y recurrentes de pensar, sentir y actuar." M.
Harris (1981)
"Cultura se refiere a los valores que comparten los miembros de un grupo dado, a las normas
que pactan y a los bienes materiales que producen. Los valores son ideales abstractos, mientras
que las normas son principios definidos o reglas que las personas deben cumplir". Anthony
Giddens (1989).
La rama de la antropología simbólica, entiende a cada cultura como un contexto en el cual los sujetos,
pueden entender que se está comunicando, cómo debe interpretarse un gesto, una mirada, y por lo
tanto, qué gestos deben hacerse para dar a entender algo, qué palabras deben usarse y cuáles no,
etcétera. Es decir la cultura es una rede de signos que permite, a los individuos que la comparten,
atribuir sentido tanto a las prácticas como a las producciones Sociales.
Esta concepción permite pensar que la cultura es, un contexto social de producción e
interpretación de significados y que, como es un contexto Social, hay tantas culturas
como sociedades. Definir la cultura resulta de interpretar la diversidad de acciones
que realizan los seres humanos para construir sus vidas por medio de su propia
actividad. Uno de los elementos que se deben tener en cuenta para explicar este
fenómeno es el contexto. Siempre para poder asignarle un significado a una cosa
depende del contexto.
En toda sociedad los individuos, una de las cosas que aprendemos es a interpretar estos signos.
Aprendemos a manejar y a producir significados. En el mundo existe, entonces más de una cultura, e
incluso podemos decir, entonces que ¿en cada sociedad hay más de una cultura?.
Para la sociología materialista, que tuvo un amplio desarrollo en la segunda mitad del siglo XX, lo
económico condiciona, aunque no determina lo cultural. Esta corriente sostiene que la cultura no es una
esfera separada del resto de los aspectos sociales, sino que está en relación muy directa con la
estructura económica. La infraestructura es la base material de la sociedad, el ámbito de la producción
de bienes materiales, que hace posible la existencia de los individuos. Está conformada por la fuerza
productiva y las relaciones de producción. Esta últimas pueden ser relaciones de igualdad o desigualdad
entre los participantes en el proceso de producción.
Si nos basamos por los prejuicios enunciados al principio del trabajo está afirmación no sería tal, ya que
se consideraba a la cultura como algo que es propio.
En cambio, ahora que hemos avanzado en el conocimiento del significado de la cultura, está frase puede
ser analizada, por ejemplo, desde el punto de vista de la socialización, ya que nuestros antepasados nos
trasmiten conocimiento social. También podemos analizarla desde el punto de vista de la producción e
interpretación de significados, aprendemos a entender esos significados creados por la sociedad, y que
desde una u otra manera es conocimiento, el cual nos es transmitido.
Así como hablar de los distintos tipos de clases, existentes, gracias a la división del trabajo.
Podemos concluir que la cultura a medida que las generaciones pasan se va trasmitiendo,
es decir vamos "aprovechando el conocimiento.
Identidad cultural
De alguna manera, se puede interpretar que se están reforzando las propuestas tendentes a
reconocer los procesos de identificación en situaciones de policulturalismo (Maffesoli, 1990) o
momentos de identificación (Jenkins, 1996) que se dan en la sociedad -red, emergiendo
pequeños grupos y redes.
Las críticas que se pueden hacer al modelo esencialista son que la cultura no es algo que
se hereda totalmente, y por lo tanto, la identidad cultural tampoco puede ser heredada férrea
e inflexiblemente.
Respecto a la perspectiva constructivista, las críticas que se le pueden hacer son que la
identidad cultural tampoco depende únicamente de factores coetáneos, sino que existe una
transmisión modificable a lo largo del tiempo. No es simplemente una construcción que se
realiza desde cero, sino que existe un sustrato básico sobre el que se trabaja y se moldea
una identidad cultural determinada.
PATRIMONIO CULTURAL
Los bienes inmuebles sí están ligados al suelo, viven en él, y no pueden ser
trasladados; en realidad aunque una tecnología moderna lo permitiera, el bien
perdería con ello su naturaleza contextual, el paisaje humanizado al que da forma
y que le da razón. En este caso, ejemplo de ello es una iglesia, una residencia,
una plaza, etc.
Patrimonio natural. El patrimonio natural está constituido por la variedad de paisajes que
conforman la flora y fauna de un territorio. La UNESCO lo define como aquellos
monumentos naturales, formaciones geológicas, lugares y paisajes naturales, que
tienen un valor relevante desde el punto de vista estético, científico y/o medioambiental. El
patrimonio natural lo constituyen las reservas de la biosfera, los monumentos naturales, las
reservas y parques nacionales, y los espacios de la naturaleza.
Patrimonio Cultural.
El patrimonio cultural está formado por los bienes culturales que la historia le ha
legado a una nación y por aquellos que en el presente se crean y a los que
la sociedad les otorga una especial importancia histórica, científica, simbólica
o estética.
Patrimonio Intangible
El patrimonio intangible está constituido por aquella parte invisible que reside en
espíritu mismo de las culturas. El patrimonio cultural no se limita a las creaciones
materiales. Existen sociedades que han concentrado su saber y sus técnicas, así
como la memoria de sus antepasados, en la tradición oral.
las artes y de las letras", engloba los "modos de vida, los derechos fundamentales del ser
humano, los sistemas de valores, las tradiciones y las creencias" A esta definición hay que
añadir lo que explica su naturaleza dinámica, la capacidad de transformación que la anima, y
los intercambios interculturales en que participa.
El patrimonio intangible está constituido, entre otros elementos, por la poesía, los ritos, los
modos de vida, la medicina tradicional, la religiosidad popular y las tecnologías tradicionales
de nuestra tierra. Integran la cultura popular las diferentes lenguas, los modismos regionales
y locales, la música y los instrumentos musicales tradicionales, las danzas religiosas y los
bailes festivos, los trajes que identifican a regiones, la cocina , los mitos y leyendas; las
adivinanzas y canciones de cuna; los cantos de amor y villancicos; los dichos, juegos
infantiles y creencias mágicas.
La segunda parte de la definición dice: “que hemos heredado del pasado”. Aquí vamos a
partir de la idea de que el pasado no tiene que ser remoto, aunque en el presente también
estamos generando y reconociendo patrimonio. El Patrimonio Cultural es el resultado de una
serie de constantes cambios, construcciones y destrucciones, la mayoría de ellos inconscientes
respecto al daño que pudiera hacer a lo que ahora consideraríamos elementos patrimoniales,
que se ha producido a lo largo de nuestra historia.
“que hemos decidido que merecen ser protegidos” alude al hecho de que no todo lo que
nos rodea, por bello o antiguo que pueda parecernos, es automáticamente Patrimonio
Cultural. Los bienes se convierten en Patrimonio gracias a una voluntad social, a un
verdadero acto de amor procedente de una institución de un gobierno, de una asociación o de
una persona, hacia un objeto o un conjunto de objetos, hacia un edificio o un pueblo, hacia
una tradición; nos gusta, nos hace sentir orgullo cultural o histórico, nos diferencia, nos
define o contribuye a ello, os enriquece, nos procura felicidad… Proponemos que se considere
Patrimonio Cultural, que se declare o se inventaríe y que se proteja, que los mecanismos de
gestión establecidos se pongan en práctica, para que las generaciones futuras puedan
también disfrutarlos.
En general la conservación del patrimonio cultural pretende tres objetivos que son
complementarios:
El derecho de propiedad tiene un carácter absoluto, el propietario puede hacer su voluntad sin
limitación por lo que algunos monumentos quedan dañados por obras o reformas que no
respetan su valor cultural y artístico. Los bienes muebles se pueden comprar y vender.
Las principales medidas que se adoptan en estas leyes para proteger el patrimonio
son:
Introducción
Por lo tanto, se habla de “patrimonio nacional”, como tal, el patrimonio pertenece a algún
grupo de una manera trans -temporal: es algo para ser disfrutado, no sólo por ciertas
personas de esta generación sino también durante periodos futuros indefinidamente largos
por sus descendientes. El patrimonio, en contraste con la herencia, se puede definir como el
conjunto de bienes valorados positivamente, que han sido traspasados desde el pasado al
presente, la integridad de los cuales hay que proteger, de los que se puede disfrutar y que se
pueden incrementar pero no disminuir ni gastar antes de ser traspasados a las generaciones
futuras.
La Convención del Patrimonio Mundial reconoce que hay algunos lugares en los que se
entremezclan estos valores, en la medida en que se combinan las principales características
desde el punto de vista de lo natural y de lo cultural:
Las creaciones del ser humano o las creaciones combinadas de la naturaleza y del ser
humano, y de las zonas, incluyendo los sitios arqueológicos, que son de valor universal
sobresaliente desde el punto de vista histórico, estético, etnológico o antropológico.
La distinción de primer plano entre el patrimonio natural y el cultural fue puesta en duda
fundamentalmente en la década de los noventa, llevando a la adopción de la noción de “los
paisajes culturales”, como una categoría para la protección en la Convención del Patrimonio
Mundial.
Mechthild Rössler indica que los paisajes culturales ilustran la evolución de sociedades y
establecimientos humanos a través de épocas influenciadas por las ventajas o las limitaciones
de su ambiente natural y social.
Son, por tanto, una adición a las propiedades mixtas, más que una sustitución de éstas tanto
bajo criterios naturales como culturales.
Los paisajes culturales reconocen directamente la acción conjunta del ser humano y de las
fuerzas naturales en la generación de ciertos sitios del patrimonio, pero esta nueva categoría
también genera cuestiones respecto a la primacía del valor natural o del cultural de los sitios
protegidos. Se puede argumentar que los sitios de patrimonio cultural, adquieren en parte su
valor por su contraste con un ambiente natural, como en este caso es la selva tropical,
mientras que el valor de sitios de patrimonio natural, como el Parque Nacional de Talampaya
, depende parcialmente del contraste con zonas transformadas por los seres humanos. Estas
circunstancias hacen oportuna una revaluación de la relación entre naturaleza y cultura con
relación a la noción de patrimonio natural.
Por una parte, hay los que suponen que ha llegado el “fin de la naturaleza” ya que la
colonización activa, el transporte aéreo que afecta a toda la superficie terrestre y su
atmósfera, áreas subterráneas y submarinas exploradas (e incluso parte del espacio
extraterrestre), han sido afectadas por la actividad humana. Además, el cambio climático
global inducido por la quema a gran escala de hidrocarburos durante los últimos sesenta
años afectará las condiciones básicas para la mayoría, si no la totalidad, de los seres vivos de
planeta. Por lo tanto, podemos preguntarnos si queda todavía “auténtica” naturaleza que
proteger, no alterada aún por el ser humano. Por otro lado, el estudio de los paisajes
culturales nos ha llevado a dudar si las áreas de naturaleza “pura” son realmente tan
deseables, ya que bajo ciertas condiciones se pueden encontrar índices de diversidad
biológica más elevados en áreas activamente modificadas por el ser humano que en áreas sin
su presencia.
Finalmente, algunos proponen que, si se separan ciertas áreas para designarlas parques
nacionales o reservas naturales, se extirpa de esas áreas precisamente la esencia de lo
natural: lo silvestre y agreste. El argumento es que la verdadera naturaleza, lo silvestre, tiene
que ser “libre”, sin embargo, una vez que un área se designa como parque o reserva, se
ponen cercas, los animales a menudo son equipados con radiotransmisores para poder seguir
sus migraciones, regularmente hay caza selectiva si su densidad en el parque resulta
excesiva, se suprimen los fuegos, y generalmente el área entera está bajo observación e
intervención intensiva. Es evidente que estas medidas se toman para proteger tales áreas de
incursiones externas y para mantener el equilibrio ecológico del ecosistema, pero,
irónicamente, a través de este proceso, tales áreas pierden parte de las cualidades silvestres
originales por cuya razón fueron puestas inicialmente bajo protección.
En cuanto a la asociación de la naturaleza con el peligro, tiene que ser objeto de cuidadosa
reflexión. Los llamados “desastres naturales”, como incendios, inundaciones o terremotos,
que causan estragos en las comunidades, vidas y bienes humanos, en parte son debidos a
decisiones que han tomado los seres humanos, como establecer sus asentamientos en áreas
que implican riesgo (vivir en la cercanía inmediata de algún bosque, en tierras donde puede
haber riadas, en zonas de actividad sísmica, etcétera).
Cada sociedad elabora distinciones sobre el entorno con el que interactúa. Aunque otras
sociedades no han percibido la necesidad de distinguir entre lo hecho y lo no-hecho por los
humanos en la manera en que los pueblos de orígenes culturales europeos lo hacen, no hay
razones para suponer que la distinción nos es inútil y sin base alguna.
E.B. Tylor definió el término “cultura” como “La totalidad que incluye el
conocimiento, las creencias, el arte, la moral, las costumbres y otras
capacidades y hábitos adquiridos por un individuo como miembro de la
sociedad”.
Lee Cronk nos cuenta que desde los tiempos de Tylor ha habido una
tendencia a limitar el concepto de “cultura” a los componentes
cognoscitivos.
La cuestión crucial es, sin embargo, qué responsabilidad tienen los seres humanos hacia su
ambiente natural. Tras el análisis de la idea de patrimonio trazada arriba, la noción de
patrimonio natural implica la suposición de responsabilidad para con la conservación de por lo
menos algunas partes de la naturaleza. Lo que podríamos llamar “culturización” consiste en
preservar y sacar a la luz ciertas cualidades inherentes a las cosas o procesos, por tanto, la
aplicación de esta noción a la naturaleza tiene consecuencias importantes para la práctica de
la conservación. Desde esta perspectiva la cuestión es:
¿Cómo pueden relacionarse los seres humanos con la naturaleza para respetar su
espontaneidad, o sea, respetar la expresión de sus cualidades específicas, en un
cierto lugar, proceso o ser?
La conservación del patrimonio natural, por ejemplo, puede concebirse como una manera de
comprometerse con una cultura de la naturaleza. Esto, sin embargo, es reconocer que
designar una parte de la naturaleza como patrimonio implica un compromiso activo y
concertado con los espacios y procesos naturales —aun si sólo es para prevenir más
intervenciones humanas de tipo dañino.
En lugar de apoyar una política del apartheid entre los seres humanos y la naturaleza en
áreas restringidas, dejando el resto a disposición de los que sólo piensan en maximizar las
ganancias, la cultura de la naturaleza abre la perspectiva de una reflexión más profunda
sobre nuestro impacto en la naturaleza. Desde este punto de vista, la presencia humana
puede ser aceptable, aun en ciertos parques y reservas naturales, dependiendo del tipo de
compromiso que se tenga para con el ambiente. Por ejemplo, en muchas partes de la
Amazonia los indígenas y colonos que extraen productos naturales de la selva practican el
uso sostenible de ríos y bosques, respetando la espontaneidad de los sistemas naturales.
El que podamos comprometernos con una cultura de la naturaleza significa, entre otras cosas,
que la conservación de la naturaleza y la preservación de sitios de patrimonio natural (que
tienen como fin dar espacio a la espontaneidad de la naturaleza) en muchos casos no tiene
por qué excluir a la población nativa. Esta perspectiva apoya los esfuerzos de las poblaciones
locales que intentan proteger el uso y la ocupación tradicional y sostenible de sus tierras.
Esta perspectiva, además, está de acuerdo con iniciativas recientes que favorecen la inclusión
de las poblaciones tradicionales residentes en las reservas de la biosfera y en parques
nacionales si sus actividades no suprimen la expresión de la naturaleza.
La creación de parques y reservas naturales puede ser muy útil, pero también plantea sus
propios problemas. Frecuentemente continúa la explotación desenfrenada de las áreas
circundantes a pesar de los impactos de esas actividades en las áreas naturales protegidas.
Por ejemplo, podemos tener la impresión de que un parque está bien protegido por reglas
que impiden el acceso de personas a sus áreas centrales especialmente vulnerables. Sin
embargo, si las áreas circundantes, o las que rodean el parque, se establecen como espacios
“recreativos” o de
“múltiples usos”, el resultado puede ser que la conservación de las áreas centrales sea
meramente nominal al poco tiempo. Las rutas migratorias pueden acabar interrumpidas
debido a la falta de espacios protegidos que estén ligados entre sí; las áreas centrales pueden
estar afectadas por desechos de minería, o por ríos llenos de troncos y escombros debido a
malas prácticas de tala de bosques, o por la reducción de la biodiversidad a causa de la caza
en áreas adyacentes, etcétera.
Una vez que reconocemos que la designación y la conservación de ciertas áreas como
parques y reservas son asuntos fundamentalmente culturales, y si consideramos que la
protección de tales áreas separadas son de por sí insuficientes para impedir la degradación
ambiental de una cierta región, necesitamos revaluar autocríticamente los supuestos
culturales de nuestra sociedad. Desde esta perspectiva, más que el estatus de zona
protegida, las áreas naturales requieren el desarrollo de actitudes apropiadas en los visitantes
y los residentes de zonas circundantes. Como tal, una cultura de la naturaleza que se
compromete con el bienestar de la naturaleza transformará las actividades humanas en todos
los ambientes, independientemente de si éstas afectan principalmente a las áreas designadas
para uso humano o a áreas consideradas como reservas naturales.
Es importante aprender de los pueblos y sociedades que han tenido contacto directo, de
forma diacrónica y en un largo plazo, con los espacios naturales, que han desarrollado
conocimientos locales de sus Ambientes, y han adoptado maneras sofisticadas de cohabitar
respetuosamente con la naturaleza.
Esta es una combinación difícil de lograr, pero, justamente por esta razón, quizás es aún más
notable donde tiene éxito.
Su razón de ser es social. Con otras palabras: o sus valores pueden ser
disfrutados por toda la sociedad, o dejan de tener sentido como Patrimonio
Cultural.
Esta cualidad resulta también un foco de problemas si recordamos que el Derecho del mundo
mediterráneo en el que vivimos, heredero del romano, presenta como punto de arranque el
principio de la propiedad privada. Hacer compatible esa propiedad con la prerrogativa de la
sociedad a acceder y disfrutar en ese bien no es, evidentemente, fácil.
Además , los bienes patrimoniales más relevantes, cuando han sido declarados Bienes de
Interés Cultural (BIC), pasan a estar sometidos a la necesidad de autorización administrativa
para casi cualquier cosa que se quiera hacer con ellos: comprarlos o venderlos, restaurarlos o
adecuarlos, modificarlos, etc. Por su parte, los bienes arqueológicos –declarados o no- suben
un grado más en su razón de ser social: se consideran “de dominio público”, se excluyen por
lo tanto, del tráfico jurídico privado y necesitan igual que los BIC autorización administrativa
para casi todo.
Son aquellos cuya titularidad corresponde a las administraciones públicas. Se destinan a usos
generales, como una playa, o un parque, o un río; o a un servicio público, como una escuela,
un museo, etc.
Los Bienes de Interés Cultural (BIC), sean de propiedad pública o privada, están sujetos a
una limitación en su uso. Esta limitación obliga a la propiedad a solicitar permiso, y llegar a
acuerdos ante cualquier obra, modificación, venta, etc, que se desee hacer con el bien
declarado.
Pues que los mecanismos de protección que las administraciones han diseñado y utilizan para
la salvaguarda de los bienes culturales han de basarse más en la planificación y la prevención
que ante los hechos consumados. En definitiva, por lo que hay que luchar, en lo que hay que
educar a la ciudadanía, es por conseguir que el daño no se produzca, más que incidir en
poner una multa a quien lo ha causado. Más vale prevenir que intervenir, educar que
castigar.
La tercera de las características afectar a muchos de los bienes culturales, aunque no a todos:
en un gran número –sobre todo los arqueológicos- pertenecen a contextos sociales olvidados,
por lo que pueden resultar difíciles de comprender y necesitan un tratamiento didáctico
específico. Así, las personas especializadas en Arqueología pueden llegar, a la conclusión de
un enterratorio colectivo, de la época neolítica o de la Edad de Bronce. Pero para cualquier
visitante sin educación arqueológica eso no es evidente, porque en nuestro mundo actual los
cementerios son muy diferentes. Hay que explicarlo de forma didáctica y comprensible., lo
que no es necesario, cuando se trata de visitar un bien cultural que, aunque sea antiguo,
sigue teniendo el mismo uso en la actualidad, como puede ser el caso de una iglesia catedral.
Esta necesidad de una didáctica especial abre, por un lado, un amplio camino para la
creación de puestos de trabajo; pero, por otro, coloca a las personas que la practican en una
situación casi siempre difícil. Porque hay que contar historias, hay que relatar algo que pueda
atraer a la gente en general, que esa gente pueda comprender. No basta con enumerar o
describir los objetos, sino que hay que hablar de su significado social, hay que “interpretar”, y
eso nos introduce a un campo teórico pleno de complejidades, responsabilidades y dudas.
Para construir la historia, para tener pruebas de un pasado, para dar raíces y consistencia a
una determinada sociedad, para elevar el nivel cultural de las personas, para sentir y generar
orgullo, para conservar el medio en el que se encuentra el bien, para atraer visitantes y con
ello crear puestos de trabajo y riqueza.
Nuestra historia, está unida al desarrollo del concepto de Patrimonio Cultural como seña de
identidad histórica. Si buscamos una utilidad realmente práctica a los bienes culturales,
hemos de pensar en el desarrollo turístico.
Enclaves con una economía deprimida y con población escasa y envejecida pueden
convertirse en lugares turísticos en los que la oferta se centre en la paz, el aire puro, la visita
a un sitio patrimonial abierto al público y un espacio natural de gran valor paisajístico. Así los
elementos existentes de nuestro Patrimonio Cultural han comenzado a revalorizarse, a
mirarse con unas expectativas distintas a las que antes se sentían ante un conjunto
patrimonial; este fenómeno, que pueden llegar a ser conflictivo, aunque es también una luz
de expectativa para el futuro de los propios bienes.
Los monumentos, nuestras costumbres tradicionales, yacimientos, u otros bienes tienen una
característica común: no tienen voz propia. Para reclamar sus derechos, luchar por su
supervivencia o manifestar sus deseos de darse a conocer, la única voz que pueden utilizar es
la de las personas. Quienes formamos la sociedad y vivimos en ella, somos la voz del
Patrimonio Cultural.
Una gran parte de la ciudadanía puede desarrollar en nuestro tiempo toda una vida
profesional, normal e incluso variada, sin llegar a tener nunca la conciencia de que en su
entorno hay elementos culturales que han de ser protegidos y considerados como Patrimonio
Cultural e Histórico.
Poco a poco la sociedad civil comienza a desempeñar cierto papel en la gestión y protección
de los bienes culturales. En este campo, las fundaciones y las asociaciones culturales, son
piezas clave, llamadas a tener mucho futuro; pero por ahora no dejan de ser excepciones.
Las administraciones competentes en materia de Cultura, son las que gestionan y protegen el
Patrimonio Cultural. Una gran parte de esa protección tiene que ver con la difusión, con lo
que se consigue enlazar con la ciudadanía e incluso con las otras administraciones.
De la misma manera que existe una herencia individual también debe existir
una herencia colectiva. Para los habitantes de las praderas, ríos, cascadas,
valles y mesetas constituían una especie de patrimonio colectivo lleno de
significados simbólicos, hoy coinciden que son patrimonio histórico,
patrimonio cultural y como tal, sujetos a cambios en función de
circunstancias históricas y sociales.
Si como hemos visto la idea de patrimonio se asocia a cosa de valor y al mismo tiempo
comprendemos que este valor sirve para establecer algún tipo de vínculo entre individuos, es
decir, que genera un nexo entre transmisor y receptor, podemos resumir diciendo, al menos,
que patrimonio es un activo valioso que transcurre del pasado al futuro relacionando a las
distintas generaciones.
El poeta inglés [Link] expresó hablando de cultura que “incluso el más humilde de los
objetos materiales, que es producto y símbolo de una particular civilización es un emisario de
la cultura de la cual proviene”. La idea de que los objetos actúan como emisarios, de que el
patrimonio histórico es mensajero de cultura, es fascinante y es central con relación al tema
que nos ocupa.
La noción de patrimonio está asociada a la idea de paso del tiempo. El transcurrir del tiempo
hace que los individuos y los grupos contrapongan presente y pasado, fundamentando las
nociones de continuidad o cambio histórico y cultural. Por varias razones, la comparación
entre espacios de tiempo diferentes adquiere perfiles muy nítidos si hay objetos de por medio
que ayuden a contrastar: así comprendemos que los objetos gracias a sus propiedades,
fundamentalmente materialidad y solidez tienen la ventaja de durar; a menudo más que las
personas, presentándose a nuestros sentidos de una forma que admite poca discusión, puesto
que no ha lugar a opinar sobre su existencia al hacerse presentes ante nuestros sentidos en
todo momento, y además se pueden tocar.
La materialidad y durabilidad propia de los objetos, los hace buenos objetos transmisores de
mensajes a través del tiempo, puesto que las trazas de hechos de civilización, de datos de
contenido cultural, permanecer inscritos en esos objetos de forma indeleble por un lapso más
o menos largo, apareciendo nítidamente ante el observador atento, instruido y capaz de
discriminar. Se trata de darse cuenta, quizás a simple vista, de los signos y señales inscritos
en los objetos, quizás sólo después de una atenta observación y un riguroso análisis, para
ahondar luego en su interpretación. La idea de que alguna cosa ha sucedido entre el tiempo
del objeto y nuestro tiempo, o de una manera más abstracta, las nociones de continuidad y
cambio, contraste o falta de contraste, o identificación entre pasado y presente, se dibujan
con gruesos caracteres gracias al objeto.
El patrimonio está formado por objetos que permanecen a pesar del paso del tiempo, sea en
uso, sea en un museo; y ya que el paso del tiempo es la esencia de la historia, es interesante
en cierto sentido contemplar al patrimonio, como los objetos de la historia. Obtenemos un
principio integrador de toda una serie enormemente diversa, casi inabarcable, de testimonios
materiales del quehacer humano, unos muy imponentes y celebrados, otros muy modestos y
apenas noticiados, que comunican cosas a quien quiera interesarse por ellas, que hablan de
culturas y civilizaciones, de prácticas y costumbres, de creencias y rituales. Así incluimos en
el mismo saco patrimonial objetos artísticos como un cuadro de Soldi, objetos monumentales
como las Pirámides de Teotihuacán, documentos escritos como el texto original de la
Constitución, objetos arqueológicos como unos restos de cerámica ceremonial antiguo, u
objetos etnográficos como un vestido tradicional entre otras muy distintas cosas.
Historiadores, antropólogos, arqueólogos y otros científicos abordan el patrimonio desde
diversas épocas y a partir de tradiciones disciplinarias distintas. Para ellos el patrimonio,
historia materializada es insustituible como objeto de estudio, porque sirve de acceso al
pasado, conjuntamente con la memoria y la historia escrita. Es motivo de inspiración,
estímulo a la imaginación, motivación a la curiosidad, compendio de lecciones, fuente de
sensaciones, y catalizador de emociones.
La mayoría de las personas a partir de cierta edad empiezan a valorar en forma especial la
memoria. Los años que pasan obligan a buscar espacio en los recovecos de la mente o fuera
de ella para almacenar historias y vivencias sobre cosas y lugares que han formado parte del
paisaje cotidiano real de la juventud pero que actualmente ya no existen. Objetos y memoria
interactúan necesariamente mientras se van perdiendo. En el plano colectivo de los pueblos
pasan cosas parecidas: cuanto más rápido crece un país y más se desarrolla
económicamente, más probable es que sufra un fuerte deterioro el legado material e
inmaterial de su historia, y mientras tanto la memoria colectiva se hace más necesaria. El
llamado progreso con su lógica a cambio y transformación se lleva por delante casi
inevitablemente fragmentos enteros de un entorno cultural construido poco a poco. Con el
paso del tiempo se pierden los lazos tangibles –las obras, objetos - y también la memoria,
que ponen en contacto a las personas y los colectivos con el pasado y las generaciones
precedentes.
Entendemos por gestión del patrimonio, pues, al conjunto de actuaciones programadas con el
objetivo de conseguir una óptima conservación de los bienes patrimoniales y un uso de estos
bienes adecuado a las exigencias sociales contemporáneas. Superando las concepciones
tradicionales que limitaban el cuidado o tutela del patrimonio al estudio y la conservación,
nuestra época ha redescubierto las posibilidades de una gestión integral del patrimonio que se
plantea, además del reto de la conservación, entrar los mejores usos para nuestro patrimonio
histórico común, sin menoscabo de su preservación ni su valorización social.
Las sociedades avanzadas en particular no paran de crear patrimonio, esto es, ceden a la
presión social a favor de patrimonializar una parte considerable de su entorno. Existe hoy día
el peligro de patrimonializar en exceso, confundir, dejarse llevar para la nostalgia, querer
recrear un mundo que de hecho nunca existió. Hay muchas razones para ello; quizás es
crucial la conciencia del peligro que supone la amenaza real de desaparición de una parte del
legado material. La idea de rescatar el pasado de la muerte y el olvido constituye en nuestra
sociedad un impulso tremendo. Pero también existe la tentación de utilizar políticamente el
patrimonio, dada la fascinación que despierta en nuestras sociedades y lo fácilmente
manipulable que es. En cualquier caso parece que pesa fuertemente la percepción profunda
de que la ruptura entre pasado y presente es hoy.
La gestión patrimonial debe partir, en la práctica, del hecho de que existe una limitación clara
del potencial de recursos a explotar. Todo recurso, sea natural o cultural, es por definición
escaso, es decir, tiene un límite, y en el caso particular del patrimonio histórico, estamos
considerando además un tipo de bien que es no renovable. Cuando decimos que se trata de
bienes no renovables, nos estamos refiriendo al hecho de que cuando un bien arquitectónico
se pierde no puede ser sustituido por otro que se ha salvado.
Además los potenciales recursos patrimoniales vienen limitados por procesos naturales de
sustitución: una casa nueva sustituye en el mismo lugar a una casa antigua; de forma
parecida, en cierto momento una iglesia gótica sustituyó a una de romántica en el mismo sitio
por necesidades de ampliación y modernización del lugar de culto. Por otro lado, no todos los
bienes que integran el patrimonio histórico ofrecen las mismas posibilidades, tienen el mismo
valor científico o educativo, son estimables en la misma medida, están por igual a nuestro
alcance, ni están al mismo modo amenazados.
La gestión del patrimonio en nuestros días tiene como primera misión la realización de una
cuidadosa selección. Debe saber escoger que objetos de la historia merecen por encima de
otros ser salvados y traspasados a las generaciones que por encima de otros ser salvados y
traspasados a las generaciones que vienen, venciendo las presiones del presente. En segundo
lugar, debe encontrar los usos más adecuados y socialmente más beneficiosos para los bienes
que se han decidido preservar.
En relación a la cuestión clave de la selección, hay que insistir en que no existen unos
criterios asépticos, diáfanos ni totalmente coherentes, es decir, perfectamente válidos y
universalmente aceptados. Siempre son procesos singulares que aunque se apoyan en
criterios generales como mérito, representatividad y utilidad, en cada lugar presentan facetas
distintas y al final se resuelven por decantación histórica. Aun cuando casi siempre interviene
el dictamen experto, la selección viene determinada históricamente y socialmente de alguna
forma u otra, ya que los individuos y las organizaciones que la llevan a cabo son producto del
tiempo en que viven.
Existe un cuarto destino que es el consumo individual de bienes patrimoniales. Pero este
destino no puede ponerse a la altura de los demás en este apartado por su carácter
fundamentalmente no público y por quedar al margen del control social. En cualquier caso el
consumo individual excluye a las demás personas del disfrute del bien consumido.
¿Quién selecciona?
Antes de hablar de las personas o las instituciones responsables de los procesos de selección
hay que referirse a los contextos de selección. Tales contextos funcionan con bastante
autonomía aunque interactúan entre ellos y mutuamente se influyen.
Todos estos contextos de selección están mediatizados por el ambiente, las tradiciones, las
modas, las ideas vigentes, etc. En el seno de los mismos se originan las instituciones y
organizaciones concretas que se relacionan con el patrimonio.
¿Qué se selecciona?
Es una forma de atribuir valor. El proceso de selección y puesta en valor se hace a partir de
unos valores. Tales valores referencia no pueden entenderse como absolutos, puesto que son
siempre valores que dependen de un determinado contexto cultural, histórico e incluso
psicológico. En función del contexto, unos recursos son más apreciados en un momento dado
que otros. Los contextos de atribución de valor se configuran en torno a circunstancias muy
determinadas, tales como: las relaciones económicas dominantes, los criterios de gusto
dominantes, las ideas y creencias sociales, las presiones políticas, etc. En función de las
estructuras de la investigación científica teoría y aplicada, la provisión para la formación en
los ámbitos de las ciencias sociales y las humanidades, las posibilidades de financiación del
Estado y los agentes sociales y económicos.
nuestro legado material, y nos guían sobre la forma de elaborar una base de datos, por
ejemplo, que permita clasificar y reunir toda la información que se puede extraer de tales
bienes –documentación -. Los museos y determinados agentes profesionales, públicos y
privados, serán los encargados de desarrollar las tareas específicas de documentación,
conservación y restauración requeridas. Las políticas medioambientales y urbanísticas podrán
trazar las líneas maestras de las actuaciones que contribuyan a facilitar la integración de los
bienes patrimoniales en la ciudad o en el territorio. Escuelas, universidades, museos y
profesionales independientes, así como diversos organismos gubernamentales, evaluarán y
pondrán los medios y los conocimientos para cubrir las necesidades de interpretación y
divulgación del patrimonio. El mercado, las galerías de arte y los anticuarios podrán asimismo
en funcionamiento sus mecanismos de divulgación y distribución, que también contribuyen a
administrar los recursos patrimoniales existentes.
Se puede enumerar las funciones precisas que realizan, con la ayuda de prácticas y
procedimientos específicos, los museos y demás instituciones responsables de la gestión del
patrimonio.
Las principales funciones que tienen encomendadas estas instituciones son seis, a
saber:
Las primeras tres funciones más el estudio constituyen la base del trabajo de cualquier
institución patrimonial, siendo las funciones más tradicionales e históricamente más
conocidas, que nosotros llamaremos internas, para entendernos. Las otras dos, más el
estudio o investigación, que aparece como elemento irrenunciable desde ambas facetas,
tienen sobre todo que ver con la dimensión pública o social de la gestión patrimonial.
El mismo proceso de selección prefigura a menudo un uso posterior del bien preservado, de
manera que a la hora de utilizar el bien con fines sociales pedagógicos surge el problema de
la contextualización. Es muy probable que el valor adjudicado al bien, o la forma como es
apreciado en el presente, difiera del valor dado al mismo bien en un momento determinado
del pasado. Para mantener intacto su valor patrimonial en el presente, es muy importante
que el objeto, a pesar de los posibles cambios de mano y función, no haya perdido en el
transcurso de su itinerario por el tiempo y el espacio, una cierta relación con el contexto
original de producción y uso. Ese objetivo sólo se consigue, una vez el bien ha sido
recuperado, mediante el estudio.
En nuestra sociedad avanzada y consumista, una de las principales amenazas que se ciernen
sobre el patrimonio es la pérdida de sentido por el uso. Esta pérdida de sentido se origina
debido a variadas circunstancias, como estamos viendo, por sobre todo aparece cuando
transformamos los bienes patrimoniales en un objeto de consumo más. Cuando el patrimonio,
es visto sólo como recurso en un sentido economicista del término, se tiende a priorizar un
uso consumista del mismo, a convertirlo en mercancía. En el contexto de la modernidad de
nuestro tiempo el patrimonio es potencialmente el recurso primario de una industria potente,
la industria del turismo, y como tal debe generar por encima de todo renta. Es obvio que
existe una dimensión del patrimonio que tiene que ver con la economía y la generación de
recursos económicos, pero esta dimensión no debe tener un carácter predominante.
Su origen, se remonta al siglo anterior, cuando se desarrolla una nueva filosofía de la historia
(posibilitada por los ataques de los filósofos empiristas a las concepciones cartesianas). La
Ilustración continuó profundizando en la renovación de la ciencia histórica, dotándola al
mismo tiempo de sus contenidos más característicos como el desprecio por algunas épocas
consideradas oscuras y una concepción uniforme de la naturaleza humana. Serán Rousseau y
Herder los encargados de relativizar esos conceptos y, así sentar las bases del nuevo edificio
histórico del romanticismo cuya más completa configuración es la filosofía de la historia de
Hegel y cuyos dos pilares fundamentales serán el historicismo y el nacionalismo.
De esa manera la coherencia interna de cada civilización y de cada sociedad es total: no hay
desarmonía entre las prácticas espirituales y sus modelos políticos, ideológicos y religiosos,
pero también es punto de referencia para un desarrollo posterior de la historia. Supone la
consolidación de un proyecto, una estrategia que busca un nuevo consenso para cimentar el
orden social, asustada tras 1815 por el avance de las ideas revolucionarias en las clases
populares.
Se va a comenzar a restaurar los edificios, lo que no solo supone mejorar su estado físico,
sino que supone darle además un contenido ideológico. Se valora no objetivamente sino como
símbolo de la nación, lo que lleva a reconstruir una imagen ideal que no tiene una
correspondencia real con el pasado, símbolo de la armonía del pueblo. Por razones distintas,
éticas, estéticas, científicas y otras, surge y se desarrolla un movimiento social que valora el
legado o herencia transmitido por las sociedades precedentes y que alimenta un discurso
nuevo sobre ese legado, identificado como patrimonio cultural.
Las circunstancias históricas hacen comprensible éste distinto objetivo -las ciudades históricas
europeas frente a los grandes espacios naturales vírgenes norteamericanos-, pero ambos
responden a estímulos equivalentes, como reacción frente a las amenazas de destrucción que
el desarrollo de la sociedad capitalista industrial cierne sobre el entorno natural y sobre el
entorno humano.
La eclosión del maquinismo y de las formas de producción del XIX generaron los cambios en
la vida cotidiana y en el entorno de la existencia de las personas que habitaban en las
ciudades, provocando un sentimiento de desconcierto, incomodidad o admirada resignación.
En particular la noción del tiempo cambió, de un tiempo laxo, basado en los ciclos naturales
se pasó a un tiempo fijo, obsesivamente recordado por el reloj que regula la vida de las
personas con sus señales auditivas características. A la vez que pasaban las horas, pasaban
las cosas con el aumento de ritmo, muchas cosas se quedan anacrónicas. Ante esos cambios
se reacciona mediante la evocación nostálgica de la tierra natal, la idealización de la vida del
mundo rural, la revalorización del trabajo manual, y las críticas a la destrucción de la
arquitectura tradicional y de los monumentos y restos arqueológicos. El desarrollo del
concepto de patrimonio está ligado a una actitud crítica hacia la industria en la que
participaba la propia sociedad enriquecida gracias a ella.
La primera característica que define a los objetos patrimoniales será la de objeto bello,
asociada a la concepción del arte definida en el siglo XVII en Francia, como consecuencia de
la importancia que las artes plásticas habían adquirido desde el Renacimiento que separa al
artista de los artesanos. La obra de arte se conserva a través del coleccionismo y del interés
por lo clásico.
Ya entrado el siglo XIX con el desarrollo del historicismo y la ampliación del concepto de
belleza se valoraron también los objetos de la prehistoria y luego los de la edad media, lo que
no impidió que se destruyeran una cantidad importante de bienes en este siglo. Es el
momento de las restauraciones en estilo, en las que se reconstruye un edificio ideal, de las
que ya hemos hablado, pero también de la valoración de la ruina, de la sacralización de la
obra a la que no se puede tocar.
Pero será, sobre todo, en la segunda mitad del siglo XX, cuando el concepto de patrimonio
histórico supere la idea del monumento del pasado, como obra de arte del genio humano, y
se refiera a todo el conjunto de bienes que se refieren a la actividad humana. A partir de
entonces ya no va a ser sólo el monumento el objeto central de atención de la conservación
del Patrimonio y tampoco será la práctica restauratoria el eje de toda política de intervención,
como todavía se desprende de la Carta de Atenas de 1931 y de la Carta de Venecia de
1964.
Del mismo modo el interés se amplía del monumento al conjunto, donde se refleja de un
modo más completo la huella de las civilizaciones humanas. Esto queda plasmado en la Carta
de Ámsterdam de 1975, donde se habla por primera vez de "Conservación Integrada",
considerando inseparables la restauración material y la rehabilitación funcional, y en la
Recomendación de Nairobi de 1976, verdadero código en materia de tratamiento de los
conjuntos históricos en el que se apuesta por una visión moderna e integral del problema
sobre la base del planeamiento urbanístico como instrumento técnico.
Esta ampliación conceptual conlleva una espacial: el ámbito de percepción del patrimonio
sobrepasa el conjunto histórico, se habla ahora de rutas, canales o paisajes culturales, es
decir una dimensión territorial. Esto no significa que todo haya de ser protegido y que, por
tanto, no se puedan transformar los usos del territorio, sino que se debe planificar a escala
territorial, analizando cual debe ser la estrategia de revitalización y cuáles son los respectivos
niveles de protección (según el papel que desempeñan cada uno de los elementos en el
funcionamiento general). Lo importante es que no se puede comprender el verdadero
significado de los bienes culturales sino tenemos en cuenta el medio en el que están
integrados.
Como afirma Salvador Forner "la tendencia es en este caso manifiestamente favorable: desde
concepciones fundamentalmente artísticas - y en consecuencia enormemente subjetivas - del
patrimonio como elemento-símbolo del pasado, que en su día dio origen a la política de
protección y conservación de los monumentos nacionales, hemos desembocado en una
extensión del contenido del concepto mucho más acorde con los intereses generales de una
sociedad y con la responsabilidad de la misma, en tanto que transmisora de una herencia
histórica que no puede dilapidarse" (1989,18). Desde esta perspectiva se pueden estudiar
todos los elementos que configuran la red urbana, tanto los monumentos singulares, como
todo el patrimonio residencial y productivo, también el natural más o menos antropizado. Y,
por tanto, también el patrimonio industrial.
En ese sentido podemos decir que solo cuando el concepto de Patrimonio pierde sus
prejuicios ideológicos románticos, de legitimación de la burguesía , puede incluir al patrimonio
industrial. No es casual que el primer concepto de patrimonio separara al monumento del
resto de objetos o lugares no patrimoniales : al ampliarse el concepto de patrimonio tanto en
lo conceptual como en lo territorial, pasará de centrarse solo en monumentos "excepcionales"
y vinculados a la burguesía, o a las clases dirigentes anteriores de las que la burguesía
pretende mostrarse como sucesora para incluir también otros espacios tanto residenciales
como productivos, más habituales pero no por ello menos significativos de una sociedad, ya
que reflejan la vida de la mayoría de la población. Es decir se hacen visibles, de pronto, las
clases subalternas, en el caso del patrimonio industrial la clase obrera.
El patrimonio industrial se nos presenta por tanto, no ello, en forma de monumentos que
testimonian “el progreso” en sentido positivista, sino, como afirma Franco Borsi, como
espacios, paisajes que nos muestran la dialéctica social, la lucha de clases, la suma de
sacrificios humanos que han tenido su desarrollo en la fábrica, en la construcción de las redes
de comunicaciones, etc.
Aún hay que relativizar otro aspecto de la concepción tradicional de Patrimonio para
acercarnos al patrimonio industrial, se trata de la idea de antigüedad, ya que muchos objetos
de la época industrial se pueden considerar conceptualmente antiguos, debido a la
"obsolescencia" característica de la sociedad industrial, por lo que objetos, edificios,
espacios... pierden, de repente, su función, son sustituidos por otros nuevos continuamente.
RETROSPECTIVA DE LA RESTAURACIÓN Y
CONSERVACION
El arte, como el hombre, tiene un destino perecedero. Es difícil determinar con exactitud
cuando se empieza a conservar y restaurar, el simple mantenimiento de una obra preciada es
ya un primario tratamiento de conservación. Desde la Antigüedad clásica, en Grecia y Roma
se han hecho restauraciones. Plinio el Viejo y Vitrubio relatan ya traslados de frescos, se
utilizaban aceites como protección, restituciones de elementos dañados o desaparecidos por
robos, guerras etc. incluso en el siglo III d.C. San Cipriano hace ya crítica de la restauración,
en fin las restauraciones, en general pretendían restablecer el aspecto original alterado de la
obra o la comprensión del tema.
En la Edad Media se restauraban los cuadros religiosos, fuera para conservar su sentido
piadoso, fuera para adecuarlos a los nuevos gustos de la época. Y con todo, fue ésta su mejor
suerte, pues la indiferencia de los siglos XVII y XVIII hacia las pinturas medievales hizo que
se destruyeran una gran cantidad de ellas.
En los siglos XIII y XIV, se encargaba al artista limpiar o arreglar pinturas o esculturas y
además corregir composiciones, todo por razones devocionales o adaptaciones al nuevo estilo.
Así fue como en 1564, Daniel de Velterra recibió el encargo de recubrir los
desnudos que había pintado Miguel Ángel en el "Juicio Final" de la Capilla Sixtina.
En 1576, el IV Concilio Provincial de Milán recomendaba a los obispos quemar las imágenes
piadosas que estuvieran muy deterioradas y colocar las cenizas resultantes en la iglesia para
evitar cualquier tipo de profanación. Pero asimismo aconsejaba "renovar" aquellas que
estuvieran mejor conservadas, a fin de reafirmar la devoción. En consecuencia, los cuadros
de las iglesias debieron ser restaurados, lo que viene a significar que fueron "repintados".
Los cuadros considerados como parte del mobiliario, eran frecuentemente agrandados o
disminuidos, según la decoración a la que estaban destinados Desde la segunda mitad del
siglo XVII se hizo frecuente el "forrado" o "reentelado", intervención que consistía en reforzar
el lienzo original, con la adición de otro.
Apareció a mediados del siglo XVIII una gran novedad técnica, la "transposición",
que consiste en sustituir el soporte original de aquellos cuadros cuya pintura se
desprende, hasta el punto de hacer peligrar la obra.
Según parece, este invento de la transposición, que data del primer cuarto del s. XVIII,
provenía de Italia y llegó a Francia a través de Bruselas. Pero fue en París, donde Robert
Picault puso en práctica esta operación, según un misterioso procedimiento.
El segundo invento técnico importante, relativo a los paneles pintados, fue, en 1770, el que
permitió pasar del entarimado fijo a un entarimado móvil o corredizo y su autor fue el propio
Jean-Louis Hacquin, ebanista de formación. De este modo, en Francia, en vísperas de la
Revolución, existía ya la Restauración como disciplina independiente y contaba con las
técnicas esenciales, en cuanto a tratamiento de los soportes: la renovación del lienzo, la
transposición y el entarimado móvil o corredizo.
Los restauradores, siempre pintores, retocaban las obras en su calidad de artistas. Sus
conocimientos de restauración eran empíricos y los retoques practicados se guardaban
celosamente en secreto. Su trabajo era de carácter "ilusionista" y el cuadro restaurado debía
mostrar el aspecto de una obra nueva e intacta.
En 1958, unos cuantos países, miembros de la UNESCO, crearon el Centro Internacional para
estudios de la conservación y la restauración de bienes culturales ICCROM, cuya sede se
ubicó en Roma. Este centro se ocupa de coordinar y difundir los métodos de restauración de
obras de arte y de favorecer la creación de laboratorios especializados, muy especialmente en
los países en vías de desarrollo.
A lo largo de los siglos vamos atesorando objetos de todo tipo que por sus características
particulares consideramos especialmente valiosos. Así, vamos formando un pequeño “tesoro”
de la humanidad. Nombrado de un modo institucional y a gran escala, es lo que llamamos
Patrimonio de la humanidad. Pero si dejamos a un lado a las instituciones, todos estos
objetos, símbolos del fetichismo del ser humano, son sencillamente “arte” o “bienes
culturales”.
Tampoco resulta fácil delimitar bien ambas categorías, definir el arte y el concepto de “bien
cultural” es aún más complicado, pero basta que una sociedad señale algo con el dedo
mágico de la cultura para que se convierta en un objeto digno de ser protegido. Pero ¿cómo
protegerlo? El problema es aparentemente sencillo, pero se complica cuando nos lo
planteamos a fondo. Cuál debería ser el criterio último que debe guiar las tareas de
restauración. La idea primera es dejar la obra como nueva. Realmente eso no es posible. Al
parecer todo indica que la respuesta a esta pregunta es sencillamente no. Se puede restaurar
a gusto del consumidor: que la obra quede como espera verla el “cliente”. También se pueden
considerar sólo criterios históricos: respetar las señales del paso del tiempo como marcas de
la historia, que a menudo pueden despertar más curiosidad que la propia obra de arte. Se
pueden seguir criterios artísticos: intentar rescatar la “técnica” y colores que quiso utilizar el
pintor original, o incluso con criterios “químicos” limpiar absolutamente todo lo que no sea
pintura original.
gustos personales y variables culturales, y por eso hay tantas restauraciones tan
polémicas.
James Beck 3 es uno de los estudiosos que repetidamente ha denunciado lo que él considera
auténticos atentados contra el patrimonio de la humanidad, como la restauración de la Capilla
Sixtina. Según Beck, esta restauración ha ejecutado una traición a la genialidad de Miguel
Ángel, que vuelve a estar en el centro de la discusión al hilo del quinto centenario de su
David, o la restauración y limpieza de la fachada de la basílica de San Petronio en Bolonia, o
como quedo la del
Tomamos el pasado en nuestras manos, para intentar que siga siendo valioso, pero a
menudo lo que hacemos es destrozarlo. Existe toda una gama de enfoques, técnicas y
metodologías que rivalizan entre sí por conseguir la aceptación final y que en el negocio de la
restauración de obras de arte se mueven considerables sumas de dinero. Aquí el riesgo afecta
tanto a los aspectos históricos, económicos e incluso al buen nombre de los restauradores,
entonces que debemos hacer con nuestras obras de arte, cómo debemos intervenirlas ? En
principio debemos valorar que la restauración en sí misma no es sólo deseable sino incluso
esencial, no debemos rechazar la restauración sino la peligrosa retórica utilizada en ciertos
círculos afectos a la restauración, que sin un previo análisis integral, la utilizan para
demostrar que una obra de arte puede recuperar su “belleza original”.
Sería entonces necesario únicamente conservar las obras de arte tal y como se encuentren en
el momento de la conservación. Esto es intentar que no se deteriore nada más, pero sin que
para ello haya que cambiar algo de la propia obra. Y es que, el intentar dejar una obra de
arte como fue concebida en un principio, es cosa imposible, ya que nada permanece sin
alterarse un ápice.
Sin embargo es más importante y valioso ver la obra de arte conservada, intervenida pero
cuidadosamente, evidenciando su deterioro e imperfección, con ese sabor a antiguo. Es cierto
que ojalá tuviéramos las obras de arte tal y como fueron concebidas en el taller del artista.
Pero esto es imposible, pero siempre es mejor el intentar reconstruir algo desde una obra
distinta a la puramente original.
Es decir, que si se quiere saber cómo era tal obra en su propio momento de
creación, hasta podría intentarse, hoy existen una inmensidad de técnicas que lo
permitirían, se podría hacer una réplica, reproducir la obra como se cree que
originalmente fue concebida, pero aceptar a la original tal cual los restos del
pasado la han dejado.
Todas las sociedades a lo largo de la historia, han sido sometidas por otras de mayor
desarrollo y poder, imponiéndoles nuevas costumbres y creencias, este proceso llevaba a la
confrontación y por tanto a la destrucción de monumentos que reflejaban su identidad,
desarrollo y forma de vida, el inevitable deterioro de las civilizaciones encuentran sus raíces
en lo que hoy reconocemos como ruinas, creando en el hombre la necesidad de reencontrar
su identidad, reflejada en sus objetos valiosos, en sus monumentos, en fin en todos los
símbolos importantes de su trascendencia y recorrido histórico que se han plasmado en
signos tangibles de su actividad creadora y superación social.
Para el surgimiento de la restauración tal y como la concebimos hoy en día, fue necesario que
exista una conciencia de la necesidad de la profesión, lo cual se da a raíz de los avances,
tanto tecnológicos como científicos a nivel mundial, que dieron como resultado la aparición de
los artistas y luego como evolución de estos dentro del campo del rescate patrimonial, nace el
restaurador que es el encargado del perfeccionamiento de la profesión en base a estudios
adquiridos en escuelas e institutos creados para la formación de profesionales que tenga a su
cargo la responsabilidad de la correcta aplicación de la metodología adquirida en base a esta
importante evolución. La restauración tiene su razón de ser en momentos de crisis histórica,
en las guerras, cuando los ataques a las ciudades abarcan también los bienes históricos y
artísticos. Hasta la época contemporánea no existió un solo criterio en las intervenciones que
permitiesen, la conservación de los bienes culturales. En su mayoría fueron soluciones
prácticas sin sentido crítico o científico. El interés por la conservación no tendrá su desarrollo
hasta los descubrimientos arqueológicos en el siglo XVIII. Los primeros juicios y conceptos,
respecto de la teoría de la restauración nacen con el momento social de cambio que tuvo
lugar con la revolución francesa. En momentos en los que propugnaban la destrucción de los
símbolos del anterior régimen, entre estos los edificios arquitectónicos, también se iba
generando una conciencia de respeto por las historicidades y los legados culturales -sociales.
Por la destrucción nace la conciencia de la restauración y conservación o sea la permanencia
de la memoria histórica de los pueblos.
Esta teoría atendía a dos postulados fundamentales: originalidad de estilo y unidad de estilo:
La primera dota de máximo valor al estilo original de la obra de arte, donde admite la
eliminación de transformaciones posteriores para a través de la restauración recuperar su
estado original.
Por lo tanto implica un valor histórico, entendido este, como la recuperación del supuesto
estado original, en contradicción con el valor historicista de la obra de arte, tal y como se
comprende en la actualidad, donde se respetan las modificaciones históricas experimentadas
por la obra de arte en todo su discurrir temporal, desde su origen hasta nuestros días. La
segunda busca ese estado completo, ideal y primigenio, que concibió su autor, estado que
pudo o no lograr.
Es pues interpretar y completar lo que el autor no pudo. Este estado debería presentar la
obra de arte tras la restauración: perfección, completa, luminosa como si fuera nueva,
dotándole de un “valor de novedad”.
Le Duc plantea en sus teorías la diversidad de alternativas que cada caso concreto propone,
las contradicciones entre lo posible y necesario, entre la teoría y la práctica. Pero sin duda
Viollet Le Duc dio muchos aportes a la restauración, siendo su metodología una guía y
ejemplo a seguir hasta la actualidad.
se caracteriza por la recomposición del monumento con sus piezas originales, anastilosis, y
por la distinción entre las partes reintegradas y las originales.
Pío VII, a principios del siglo XIX publica su famoso “quirógrafo”, primer instrumento
operativo completo, en materia de bellas artes, con lo que procuraba una administración
severa del patrimonio histórico artístico en los dominios del pontificado. Así mismo el gobierno
napoleónico en 1809 creó diversas comisiones para la inspección y conservación especial de
los monumentos antiguos y modernos.
Otro de los teóricos del siglo XIX es Jhon Ruskin (1819-1900), en 1850 plantea su doctrina de
“no intervención” en antagonismo frente a los excesos y falsificaciones que se venían
practicando en Europa bajo el esquema de la restauración estilística. Defiende la autenticidad
del bien, su valor como testimonio, en contraposición de la mixtificación de los monumentos
se plantea la “estricta conservación”, como único instrumento legitimo para preservar las
obras de arte, llevándolo a preferir las ruinas a la reconstrucción de los monumentos.
A mediados del siglo XIX se crea un debate en contra de las restauraciones que se realizaban
en Venecia basadas en los planteamientos de la restauración estilística de Viollet -L-Duc, con
Ruskin y su seguidor Alvise Piero Zorzi, también notable crítico de la restauración, quienes
crean un frente marcado contra los argumentos Viollentinos.
Afirman que la restauración es aplicable a todo aquello que no tiene importancia arqueológica,
sino puramente artística. Este último es reconocido por su capacidad en nuevas alternativas
tecnológicas al principio genérico de la conservación, permitiendo con ello preservar la pátina
y mantener la imagen estratificada de los siglos, como signo de autenticidad. En 1877 William
Morris, siguiendo los planteamientos de Ruskin, “elabora un programa de protección de los
edificios históricos, más tarde llamada Anti -Scrape Society, consiguiendo que se formen
comisiones consultivas para censurar las intervenciones que no cumplan con los principios de
la conservación. Este fue el “detente” para la restauración que se venía practicando y dio
paso a la conservación, quedando así consolidados los principios definidos por Ruskin, lo que
en definitiva deja sentado los conceptos de conservación y restauración como opuestos.
Boito defiende una posición intermedia, excluye las falsificaciones y evidencia los añadidos,
para así legitimar la restauración admitiendo los límites de la misma.
Surge otro teórico de la Restauración Gustavo Giovannoni (1873-1947) quien aporta con una
sistematización de estudios, trabajos y metodologías, mediante la definición y clasificación de
1.2.5 El siglo XX
Cesare Brandi (1906 -1986) es uno de los teóricos que más aporta a la Filosofía
de Restauración actual, marcando un hito importante en el actuar de esta
disciplina. “la restauración constituye el momento metodológico del
reconocimiento de la obra de arte, en su conciencia física y en su doble polaridad
estética e histórica, en orden a su transmisión al futuro”.
Es una unidad figurativa, esta singular unidad es cualitativa y absoluta. Todo esto aleja la
restauración de los procedimientos que se basan en la experiencia práctica y no en la
reflexión teórica. Por lo tanto la restauración no se limita a las intervenciones prácticas sobre
la materia de la obra de arte sino que abarca cualquier medida que pretende asegurar la
conservación hacia el futuro.
El largo camino recorrido por esta disciplina, desemboca en la restauración preventiva, esta
exigencia es un imperativo categórico y moral que determina el ámbito de la restauración
preventiva como defensa frente al peligro, en la seguridad de unas condiciones favorables.
Esta intenta evitar que se llegue a esa situación de emergencia inaplazable, de la que
seguramente la obra no podrá recuperarse completamente, por eso ha de concentrarse el
máximo esfuerzo en la restauración preventiva.
Todos estos criterios y planteamientos fueron tomando fuerza y aplicación con el surgimiento
de Cartas Internacionales como: La Carta de Atenas (1931), Carta de Venecia (1964), Carta
de Ámsterdam (1975), documentos suscritos por expertos de todo el mundo que han ido
inspirando las legislaciones de todos los países, guiando el camino de las intervenciones en los
monumentos y objetos culturales dentro de en un campo científico que hasta entonces nunca
había sido tratado.
BIBLIOGRAFIA. U1A
Unidad 1 B
Nuestras generaciones, desde al menos el primer tercio del siglo XX, tomaron la decisión de
hacer lo posible por conservarlos o protegerlos de algún modo. Debemos saber cuáles son,
dónde están, en qué estado se encuentran, quien los posee, cómo se usan, en qué tipo de
suelo se sitúan, qué riesgos corren a corto y medio plazo, que pasado han tenido y qué futuro
pueden tener.
Ese conocimiento, permitirá en primer lugar jerarquizar los bienes según su importancia o
relevancia, con el fin de tomar decisiones sobre el grado de protección que ha de
atribuírseles. Esta labor de “selección” absolutamente imprescindibles porque no se puede
proteger todo ni investigar todo ni abrirlo al público, constituye un apartado muy poco
trabajado en el campo de la gestión patrimonial.
Ya que no todo lo que nos rodea es Patrimonio, que no toda manifestación cultural lo es,
supone una toma de conciencia algo difícil. Conocer lo que hay sirve para tomar decisiones al
respecto.
El Patrimonio Cultural y Ambiental forman parte de nuestra historia personal y colectiva; por
ello merece ser conocido y protegido de manera rigurosa y eficaz, pues es la huella viva,
monumental e irrepetible que nos han legado nuestros antepasados y que debe ser disfrutada
por los ciudadanos presentes y por las generaciones futuras.
Contar con la colaboración y concurso del mundo universitario es básico, así como lograr la
complicidad de los medios de comunicación y del tejido asociativo.
La necesidad de mantener vivos y originales los monumentos, los bienes, los paisajes, las
tradiciones, las fiestas, es labor de todos, evitando desnaturalizar su función y contexto.
También deberíamos valorar la posibilidad de la creación de voluntarios, una figura que existe
y tiene mucho prestigio en los países de habla anglosajona, pues supone la implicación activa
y directa del ciudadano en la gestión y difusión de nuestros bienes, de nuestros museos. La
singularidad de nuestros edificios, pueblos, paisajes, son muy valorados por ciudadanos de
otros países, que carecen de las huellas históricas que nosotros sí tenemos. La rehabilitación
del Patrimonio Industrial, del Patrimonio Cultural son motores de progreso y futuro, dado que
generan trabajo en numerosos sectores: guías, albañiles, pintores, restauradores, vigilantes,
a la par que alimentan al sector servicios al potenciar la restauración.
Los circuitos pedagógicos son un elemento fundamental para que todos, seamos o no
estudiantes y/o turistas, podamos conocer con rigor y en directo, nuestra historia, nuestro
pasado, nuestra evolución social, política, cultural. Insistir en que el desarrollo de programas
pedagógicos y de rutas o circuitos, debe ser diseñado e impartido por expertos cualificados.
Las ciudades deben contar con guías profesionales, vinculados a las instituciones públicas.
Los conjuntos históricos, los monumentos, los bienes protegidos tienen que tener una utilidad
y un sentido social visible para los ciudadanos de hoy. Acabar con la obsesión absurda de
convertir cualquier ruina o edificio en museo es urgente. Tampoco se debe desnaturalizar los
monumentos protegidos, pero sí deben tener una utilidad. Muchos inmuebles pueden
convertirse en bibliotecas, centros sociales, espacios expositivos o teatros, salas de cine. Pero
evitando alterar su estructura de manera perversa.
Nuestro patrimonio cultural es muy vasto y diverso; protegerlo es deber y derecho de todos.
Sin embargo, para asegurar su conservación es indispensable la participación de especialistas
en diversos ámbitos. Buscando facilitar su estudio y conservación, se ha dividido el patrimonio
cultural en diferentes categorías:
Se refiere a los bienes culturales que no pueden trasladarse y abarca tanto los sitios
arqueológicos (huacas, cementerios, templos, cuevas, andenes, etc.) como las edificaciones
coloniales y republicanas.
Incluye todos los bienes culturales que pueden trasladarse de un lugar a otro, es decir,
objetos como pinturas, cerámicas, orfebrería, mobiliario, esculturas, monedas, libros,
documentos y textiles, entre otros.
Dependiendo de la época en que fue creado, el patrimonio mueble como inmueble se divide
en dos grandes categorías: patrimonio arqueológico, que son básicamente los bienes
culturales provenientes de la época prehispánica; y patrimonio histórico, que son aquellos
fechados a partir de la llegada de los españoles.
Patrimonio inmaterial
Se refiere a lo que llamamos cultura viva, como lo es el folclor, la medicina tradicional, el arte
popular, las leyendas, la cocina típica, las ceremonias y costumbres, etc. Se trata de los usos,
representaciones, expresiones, conocimientos y técnicas, asociados a los instrumentos,
objetos, artefactos y espacios culturales que les son propios, que son transmitidos de
generación en generación, a menudo a viva voz o a través de demostraciones prácticas.
Son todos los vestigios de la existencia humana con carácter cultural, histórico y
arqueológico, que han estado total o parcialmente sumergidos en el agua, en forma periódica
o continua, por lo menos durante 100 años.
Patrimonio industrial
Se refiere a todos los bienes inmuebles y muebles adquiridos o producidos por una sociedad
en relación a sus actividades industriales de adquisición, producción o transformación; a
todos los productos generados a partir de estas actividades y, al material documental
relacionado.
Patrimonio documental
Introducción
El propósito es el de proteger, conservar en su caso y difundir los bienes culturales para que
puedan ejercer la función social por la que se definen y para que puedan ser transmitidos a
las generaciones futuras. Las diligencias pertinentes para ello son muchas e incumben a toda
la sociedad, muy en especial a todas las administraciones públicas, y más concretamente a
las administraciones de Cultura.
En los últimos años se ha venido dotando de una gran cantidad de mecanismos que le
permiten poner en práctica. Se trata de los mecanismos de la Gestión del Patrimonio
Cultural, en los que con el fin de facilitar su explicación, vamos a definir cuatro acciones
principales: conocer, planificar, controlar y difundir.
Planificar. Las actividades de la gestión planificadora son, sin duda, las más
numerosas y variadas y se podrían definir como todas aquellas que se destinan a
programar lo que en el futuro se va a hacer con los bienes culturales. Así cuando
un grupo de personas, se reúne para tomar la decisión de publicar una nueva
norma al respecto o modificar otra, se está planificando; lo mismo ocurre cuando
otro grupo de personas discute una protección especial debida a cuestiones
patrimoniales. Se planifica cuando se decide la atribución financiera anual. Este
grupo de actividades es especialmente propio de las administraciones públicas,
bien sean de Cultura, bien de otras áreas como Medio Ambiente, Urbanismo o
Como es lógico, para que todas estas condiciones se cumplan, es necesaria una gran cantidad
de gente trabajando en las actividades de control: inspecciones, seguimiento de denuncias,
concesión de autorizaciones para distintos asuntos, formación de personal especializado. Casi
todos estos contextos son también administrativos; no obstante, la sociedad civil puede
desempeñar un importante papel, ya que como veremos, la denuncia ante un acto de daño,
destrozo de bienes culturales puede iniciarla cualquier persona de la ciudadanía, con
independencia de que trabaje o no en alguna administración pública. Basta que tenga
voluntad y conocimiento para ello.
La gestión difusora reúne todas las labores relacionadas con la entrega a la sociedad de los
bienes patrimoniales, desde la publicación de una guía temática hasta la propia acción de
dotar a los bienes de una infraestructura didáctica para su visita pública. Las actividades que
entran, por lo tanto en este apartado son numerosísimas.
Las cuatro acciones en las que hemos dividido la Gestión del Patrimonio Cultural están
relacionadas entre sí; el orden razonable sería: primero conocer, luego planificar, después
ejecutar con control y por último difundir. Aunque a veces se difunden, también las
labores de inventariado, o de planificación, o de control, o simplemente se llevan a cabo
difusiones sin que estén conectadas con las otras dos áreas. En todo caso, y al menos dentro
de las administraciones públicas, todos estos trabajos deben estar coordinados forzosamente,
y ay que de cada uno de ellos lo que queda al final es un documento –propuesta, norma,
declaración, mapa, inventario, multa, acta, expediente, informe, memoria, etc. -
debería existir en cada administración responsable.
Gestión, Intervención.
Si repasamos cada una de las labores que hemos estado enumerando a modo de ejemplos en
los cuatro grupos o áreas de la Gestión, nos daremos cuenta de que ninguna de ellas incide
directamente en los bienes culturales, es decir, que no los toca, ni los manipula, ni los altera
físicamente. La gestión, por lo tanto no tiene que ver de forma directa con esos trabajos que
si se relacionan y alteran y que estamos acostumbrados a ver, en nuestros monumentos, en
nuestros campos y talleres especializados. La rehabilitación de los edificios patrimoniales, a la
restauración de obras de arte como pinturas, esculturas, textiles antiguos, cerámicas, o bien a
las prospecciones y excavaciones arqueológicas, tan frecuentes.
En este cuadro se resume la definición y propuesto algunos ejemplos de cada una, con el fin
de que no se pierda de vista la distinción. La diferencia entre gestionar e intervenir no es tan
determinante. A veces encontramos una relación directa y evidente entre una y otra.
Aparecen los distintos tipos de intervenciones en el Patrimonio Cultural, desde la más simple
hasta la más compleja; el último tipo, las emergencias, es el menos recomendable, ya que no
ha podido ser planificado, difícilmente podrá ser controlado y en pocos casos sus resultados
darán lugar a una difusión digna. Es cierto que los accidentes naturales y otros pocos eventos
incontrolables pueden producir situaciones inesperadas, pero en nuestro entorno se trata de
algo excepcional. No es razonable denominar emergencia o urgencia a una intervención
derivada, por ejemplo de una obra o movimiento de tierras que se venía planificando o
preparando desde hacía tiempo. No se trata de emergencia ni urgencia, sino de mala gestión.
En el mundo de los bienes culturales muebles las intervenciones más numerosas son las de
mantenimiento y las de restauración; en muy pocos casos se producen las de investigación –
es decir, las que tienen como propósito inicial el conocimiento, es evidente que cualquier
restauración, ej., de un cuadro, debe llevar en sí misma una labor de investigación aplicada.
En cuanto al contexto de los inmuebles, la situación es distinta. Algunos de ellos, como los
yacimientos, prácticamente sólo son intervenidos cuando son investigados o difundidos. Hay
intervenciones en inmuebles, sobre todo en monumentos que unen la labor de restauración o
rehabilitación con la investigación histórica, puesto que en los resultados de esta última se
basa la primera.
1. Organizaciones dependientes
2. Organizaciones autónomas
3. Organizaciones independientes no lucrativas
4. Organizaciones privadas.
Este tipo de organizaciones tiene una estructura propia interna muy parecida en todos los
casos, que adopta la forma de pirámide jerárquica, con un director. Bajo este la organización
se estructura generalmente en departamentos o secciones de carácter disciplinario o no
disciplinario según el caso y tamaño, para la realización de las funciones propias de gestión
del patrimonio que tiene encomendadas. Tales departamentos o secciones integran a
especialistas y técnicos (conservadores, restauradores, técnicos de laboratorio, becarios,
investigadores…) que cubren en el mejor de los casos, con sus conocimientos y habilidades,
los requerimientos que exigen las tareas encomendadas.
El limitado resquicio que ocupan este tipo de organizaciones en la esfera del patrimonio tiene
a ampliarse en nuestro tiempo; sin embargo su futuro depende de la evolución que tome su
regulación, que tiene entre sus apartados vitales el trato fiscal concedido a este tipo de
organizaciones de arte generalmente por cesión contractual del organismo propietario del bien
(el Estado, un Municipio, un particular o empresa) a la entidad gestora.
Son entidades regidas por un Consejo con plenos poderes para actuar
públicamente que asume la plena responsabilidad legal y económica de la entidad
de acuerdo con la legislación específica de cada lugar.
Los bienes patrimoniales a su cargo, así como las instalaciones, suelen pertenecer a la propia
organización o entidad y alguna administración pública e incluso un particular o empresa.
Organizaciones privadas
Recursos y financiación
La gestión del patrimonio tiene hoy día en todo el mundo una dimensión económica clara
como potencial generadora de renta y trabajo. Hablamos de renta en el sentido de ingresos
obtenidos de la explotación económica del patrimonio entendido como recurso: hablamos de
trabajo en el sentido de promoción de nuevas profesiones que la gestión del patrimonio lleva
aparejadas. Junto a todo ello deberíamos valorar además la incidencia multifacética –
especialización docente, extensión curricular, profundización en los programas de estudio,
gama potencial de actividades fuera del aula, facilitación del trabajo interdisciplinar...- sobre
el sistema educativo de la puesta en valor y uso del patrimonio.
El futuro de una parte del patrimonio histórico como recurso económico está garantizado de
cualquier manera. La demanda de bienes culturales en todo el mundo crece a gran ritmo no
solo en algunos países en desarrollo. Vacaciones, facilidades para viajar, tiempo libre y ansia
por enriquecerse culturalmente son los ingredientes principales que aseguran la persistencia
de una demanda creciente de consumo cultural que traspasa fronteras. Países como Egipto,
cifran hoy en día sus posibilidades de subsistencia en progreso y bienestar, siendo
fundamental ya que representa la promoción de su patrimonio histórico.
Pero tampoco hay que lanzar las campanas al vuelo ingenuamente, sino poner las cosas en su
sitio en todo lo que conlleva este “negocio” del patrimonio. La economía no es el único
terreno común de entendimiento entre los individuos y los pueblos: no puede sustituir a los
valores de la cultura. Hay que dar a la cultura lo que es de la cultura y a la economía lo que
corresponde. Un economicismo desbocado de nuevo perfil sólo puede redundar en perjuicio
del bien patrimonial y causar un mayor empobrecimiento aún que el expolio ciego e
insensible tradicional. El patrimonio histórico no es ni puede ser una mercancía como
cualquier otra, como ya hemos visto.
El dominio tradicional de lo público en este terreno –sólo el Estado tenía capacidad de atender
las necesidades derivadas de la conservación del patrimonio por su carácter especializado y su
volumen- representado por el Estado central en la mayoría de los países latinos, y la
preeminencia de las prácticas tradicionales de administración y tutela del patrimonio, en las
que la vertiente conservacionista sobresalía, ya no responden a las demandas de la sociedad
plural del presente.
Nuestros días se caracterizan por una doble perspectiva en este campo: entender la cultura
como un “valor en alza” entre los valores que perfilan el llamado “estado del bienestar” y
evaluar adecuadamente el coste económico que representa el goce social de la cultura. A este
respecto, la necesidad de incorporar el análisis económico y la contabilidad financiera a las
propuestas de intervención sobre el patrimonio –tengan estas un alcance estrictamente
científico o conlleven una activación del patrimonio como recursos educativo y turístico-
deben significar un enorme revulsivo.
Un planteamiento actual del problema de la financiación del patrimonio pasa por asumir la
dimensión social del patrimonio con las cargas que ello conlleva, mientras se concede espacio
para el desarrollo de formas de gestión abiertas y participativas que faciliten la emancipación
de la tutela del Estado y una mayor orientación al mercado, sobre todo en aquellos aspectos
de la gestión del patrimonio que tienen que ver con la corriente divulgadora.
1. Todo lo que tiene que ver con la preservación, conservación y mantenimiento de los
bienes patrimoniales, incluida la documentación, debería garantizarse por parte del
Estado, debiendo proceder los fondos necesarios de los presupuestos de los organismos
públicos.
2. Todo lo que tiene que ver con el estudio y la investigación, en su mayor parte puede
considerarse que está incluido en el apartado anterior, y en cualquier caso goza de sus
propios sistemas de financiación. Esta financiación, mayor o menor, también
procedente de fondos públicos y fluye fundamentalmente vía universidad y mundo
académico en general. Se entiende que la función investigadora, que en el caso del
patrimonio tiene mucho de investigación básica, representa una inversión a fondo
perdido en valor de conocimiento que sólo puede producir un valor económico, de uso
a largo plazo.
3. La vertiente de divulgación/comunicación del patrimonio, la dimensión pública del
patrimonio, se muestra a través de los programas educativos y las actividades de
divulgación, dirigidas al gran público. Este es el ámbito de la gestión más propenso a la
emancipación de la tutela estatal, donde las organizaciones deben procurar valerse por
sí mismas y obtener fuentes alternativas de financiación.
En las últimas décadas este planteamiento se refleja en la consolidación del patrimonio como
uno de los ejes fundamentales de las políticas culturales impulsadas por los diferentes
organismos internacionales y desarrolladas por los Estados. Las políticas patrimoniales se
diseñan para lograr la ordenación del sector patrimonial, incluyendo no sólo acciones para la
conservación, sino también para su puesta en valor, su uso social y el turístico.
Los retos que tiene que afrontar el patrimonio cultural durante el nuevo milenio quedaron
reflejados en los objetivos 3 y 4.
La UNESCO, en relación con el patrimonio, actúa en torno a tres ejes básicos: la prevención,
la gestión y la intervención, elementos básicos para garantizar la conservación y el uso social
del patrimonio.
En los últimos años, han aumentado las acciones para la preservación y revitalización del
patrimonio inmaterial o intangible hasta ocupar una de sus líneas prioritarias.
Así, la UNESCO proclamó el 18 de mayo de 2001 las primeras obras maestras del patrimonio
oral e inmaterial de la humanidad. Entre las diecinueve obras seleccionadas se encuentran,
los carnavales de Oruro (Bolivia), la lengua, la danzas y la música de los garífuna (Belice), y
el patrimonio oral y las manifestaciones culturales de los zapara (Ecuador y Perú).
De igual modo, han pasado a formar parte de esta nueva concepción del patrimonio cultural
las manifestaciones contemporáneas de la cultura, es decir el trabajo reciente o actual de los
creadores en lenguajes tanto tradicionales como innovadores y no solamente aquellas
consagradas por el tiempo.
Mejía señala que uno de los principales cambios en el sector del patrimonio es la
ampliación del concepto hacia otros elementos de la multiculturalidad.
Es posible conservar trazas materiales de este patrimonio en los escritos, las partituras
musicales, las imágenes fotográficas o las bases de datos informáSticos, pero no resulta tan
fácil cuando se trata, por ejemplo, de un espectáculo o de la evolución histórica de un
determinado estilo de representación o interpretación. Por esto, los legisladores están
tratando de añadir a los textos ciertos cambios importantes en lo que respecta a la protección
de la integridad de las ideas creadoras y de los derechos generados por los espectáculos.
Por ser un factor positivo del desarrollo, debería contribuir a atender las necesidades de las
comunidades pobres y de la sociedad más en general, como una forma de capital cultural que
puede proporcionar puestos de trabajo, generar ingresos y movilizar a las comunidades para
atenuar la pobreza. En los centros urbanos históricos la recuperación de los monumentos
históricos para fines distintos de los originales ha dado buenos resultados y ha contribuido a
modernizar la base económica; entidades financieras como el Banco Interamericano de
Desarrollo y el Banco Mundial ya están realizando importantes inversiones en este ámbito. Se
trata de conciliar las posibilidades económicas y la conservación, preservando la vida de
barrio y la trama urbana tradicional. No se debe menoscabar este “capital cultural”; antes
bien, hay que consolidarlo, principio éste que se ha menospreciado con frecuencia,
sucediendo en este caso lo mismo que con otros fallos de los planteamientos “verticalistas”,
que dieron lugar a un profundo distanciamiento entre la vida cívica ordinaria y la
preocupación oficial por el pasado cultural y, con harta frecuencia, una explotación
incontrolada por intereses privados.
La función del turismo como fuente de recursos con miras a la conservación del patrimonio y
el desarrollo en general es una cuestión fundamental. En una reciente mesa redonda de
expertos organizada por la UNESCO se reconocieron las vastas posibilidades que ofrece el
turismo, pero también se advirtió de que hay que abordarlo en el marco de una estrategia
global, en virtud de la cual se establezcan mecanismos que permitan a la población local
extraer del turismo “beneficios económicos y un sentimiento de satisfacción, es decir,
empleos, ingresos y orgullo de lo propio. Las autoridades nacionales o locales deben sacar
provecho de los recursos del patrimonio cobrando impuestos directos o indirectos y realizando
su imagen y reconocimiento internacional”. En los países industrializados el problema es
similar, aunque diferente: el patrimonio ha pasado a ser un componente esencial de la cultura
de masas, en el que la tradición y el pasado se han convertido, para pesar de muchos, en “un
juguete comercializado del futuro, producto de nuevas formas de mercantilizar nuestros
orígenes, con lo que se ha transformado en uno de los productos en venta más
importantes…”. El mercado mundial brinda indudablemente nuevas posibilidades de revitalizar
y compartir el patrimonio, pero entraña riesgos que se pueden minimizar si se logra que el
bien público tenga precedencia sobre los intereses privados.
En algunos países el desarrollo del turismo constituye la única razón para proteger
monumentos, barrios históricos y paisajes culturales, cuando éstos son considerados lugares
de interés.
De todos modos el turismo masivo sin control, sin políticas y acciones de conservación
supone un peligro tal y como se desprende del informe del ICOMOS:
En el último tercio del siglo XX los estudios sobre memoria empresarial han
ocupado un rol cada vez más relevante en las estrategias comerciales y de
comunicación con el cliente en general.
Si esto es moneda casi corriente en empresas de Europa y Estados Unidos, no puede decirse
lo mismo del entorno empresario local. Aquí, todo parecería remitirse a una fórmula
inclaudicable: tecnología de punta, estrategias inteligentes, posicionamiento y una rigurosa
política de control de costos. En este contexto, pareciera que no existe margen para lujos
como el patrimonio cultural, un tema que, hasta no hace mucho tiempo, pocos empresarios
pensaban que podía servir para algo.
Sin embargo, la cultura de la que aquí hablamos poco tiene en común con las historias a
ultranza contadas en aniversarios empresarios que echan mano a los orígenes, casi como un
saldo de ocasión. La cultura empresaria a la que nos referimos, es la que incorpora una visión
dinámica de la trayectoria empresaria, examinando la historia desde el hoy, de cara al futuro.
De tal forma que, el patrimonio cultural, la memoria misma de una empresa, es revalorizado
sin caer en anacronismos ni excesos de nostalgia, sino como una forma de fortalecer y
mantener viva la cultura colectiva de una organización. Este principio posee una importancia
capital en este rescate: para ser efectiva, la revalorización de las raíces nunca debe operarse
en oposición a los últimos adelantos en organización empresaria.
Transitar este camino en los tiempos que corren no es fácil. Especialmente porque son pocas
las empresas entrenadas para lograr un necesario equilibrio entre lo que pasa y lo que surge
como una nueva tradición. Y también porque toda derivación presupuestaria a estos temas,
es sinónimo de gasto y no de inversiones, en la lógica empresaria.
En algunas empresas tendrán valor testimonial sus escaparates tradicionales, sus marcas, su
maquinaria, su propaganda y publicidad, que reflejan etapas significativas de su desarrollo y
evolución. En otras, aspectos intangibles, como la tradición de buen trato a los clientes,
antiguas melodías de publicidades radiales o de TV, etc. Unos y otros serán componentes
valiosos de su propia identidad.
En el contexto local, son pocas las empresas que se detuvieron a reflexionar sobre su propio
pasado. Algunas iniciaron programas de inventario, publicaciones, videos, cd rom, eventos y
demás formas de difusión. A pesar de las limitaciones, abrieron un camino poco transitado, y
casi exclusivamente remitido al denominado “marketing filantrópico” y al sponsoreo de
actividades culturales externas a la historia de la propia empresa.
Las historias externas a la empresa y los eternos aniversarios de poco servirán, si cada
organización no toma conciencia que, construir la historia desde el presente es forjar su
identidad del mañana. Es, por sobre todo, proyectarse en sus realizaciones futuras con la
misma intensidad con que hoy lo hace respecto de su pasado.
PATRIMONIO Y DIVERSIDAD
La definición actual de cultura se aleja definitivamente de la que era habitual entre nosotros
no más de medio siglo atrás. Ya no se trata de un conjunto de objetos, edificios, obras de
arte, libros, que se pueden identificar con cierta facilidad. Tampoco puede considerarse algo
que sea siempre de la misma manera. De aquí que, la cultura en los tiempos que corren
implica deba definirse en condiciones de multiculturalidad, pues básicamente se trata de
procesos sociales que manifiestan de qué forma un mismo objeto puede cambiar, modificar o
alterar en distinta medida su uso y significación.
Hoy millones de personas se trasladan de un lado a otro, dentro y fuera de sus continentes,
viven en forma más o menos permanente en sociedades distintas de las que nacieron, y en
cualquiera de estos lugares - a modo de ejemplo - en un aparato de TV pueden ver su
programa favorito en español, inglés, francés o mandarín, por citar sólo algunas
probabilidades.
De allí que, como bien señalan García Canclini y otros pensadores de hoy, a pesar de que en
muchos de los países de nuestro continente la cultura todavía se entiende como algo
estrictamente vinculado a las bellas artes, la cultura es considerada como algo constitutivo de
la persona, presente en su trabajo y en sus interacciones cotidianas.
Como decíamos antes, lejos están los procesos que van construyendo las sociedades de hoy,
en los que identidad y cultura son elementos dinámicos en adaptación permanente, donde lo
local y lo global se entrelazan, de los criterios y categorías conservacionistas con que se
abordaban los conceptos de identidad y cultura promediando el siglo pasado.
Y esta perspectiva renovada para examinar los conceptos de identidad, capaz de integrar no
solamente a lo similar sino también a lo diferente, resulta de particular interés en un país
aluvional como el nuestro, en especial para analizar el rico mosaico de identidades que lo
conforman.
Otra de las incertidumbres o desafíos (aunque particularmente detesto el uso y abuso que se
hace hoy de este último término) del momento actual parece centrarse en la pregunta ¿Cómo
globalizarnos sin enajenarnos ? La clave, para García Canclini, estaría en la glocalización, es
decir, pensar globalmente y actuar localmente. Una tentadora y nada desdeñable alternativa,
útil al concepto de identidad como una raíz que se inserta en el corazón mismo de una
comunidad y que se convierte en uno de los vehículos apropiados para que ésta llegue a
consolidarse auténtica y verdaderamente, repensando lo universal en conexión con lo propio.
Por su parte Ramón Gutiérrez, otro paladín de los estudios sobre identidad en
Latinoamericana, plantea abordar lo distinto, lo que nos diferencia de otras naciones, como
una oportunidad para poder mirar con un sentido más plural lo diverso que existe entre
nosotros. En su visión, pertenencia y el pluralismo constituyen condiciones internas de la
identidad, a las que es preciso añadirles dos nuevas condiciones: una de ellas es la
participación, en la que el individuo se transforma en un operador activo en la construcción de
su propia identidad. Otra condición es la personalización, en la que el individuo se asume
como ser social que crece y proyecta sus intereses en comunidad. Ambas condiciones, la
dimensión social personalista y la participación activa, resultarían esenciales en el proceso de
afirmación cultural y social, a través del cual identidades múltiples interactúan, sin diluir ni
sepultar para siempre sus diferencias. Se trata, por sobre todo, de crear nuevas formas de
encuentro y acción, en una proyección transformadora del propio individuo y articuladora con
la identidad comunitaria.
Sin esta lectura abarcante, integradora y plural, resulta muy difícil entender lo que hoy somos
y lo que, por sobre todo, no podemos ser. Porque, tentados casi en forma recurrente, en
inventarnos un lustroso y brillante pasado, caemos en comparaciones dislocadas y
contradictorias con nuestro ayer y nuestro presente.
Pareciera que todo esto forma parte de un pasado bastante lejano. Pero lo cierto es que,
recién en los últimos veinte años, el concepto de patrimonio cultural en nuestros organismos
encargados de protegerlo, se ha ido ampliando, e incorporando expresiones de otros períodos
históricos, otras temáticas y tipologías. Este concepto antropológico integrador, fue el que
poco a poco permitió considerar bienes que reflejasen el pluralismo cultural que nos
caracteriza.
Hoy poseemos monumentos que no sólo hablan del pasado colonial, sino de las sucesivas
corrientes migratorias que poblaron nuestro país, de sitios arqueológicos prehispánicos, de la
producción fabril y rural, de la arquitectura vernácula, de la excelente arquitectura del
historicismo, y también de obras contemporáneas de gran calidad. Y esto es coherente con
nuestro hábitat cotidiano, con la mayor parte del paisaje cultural que nos rodea, y el que
constituye el ámbito natural de lo cotidiano en nuestros pueblos y ciudades: difícilmente
llegue a superar los doscientos años de historia. Aquello que es juventud en otra latitud, en
nuestro contexto constituyen piezas claves de una memoria que es preciso preservar si
pretendemos algún día alcanzar una madurez plena y verdadera.
Qué sería de nuestra historia si desapareciesen, por ejemplo, los paisajes culturales creados a
partir del ferrocarril y la industria a lo largo del territorio ? ¿Cómo serían nuestras ciudades si
Es que, mal que nos pese, no siempre las convicciones de nuestras sociedades fueron
conscientes de la necesidad de sustentarse en las raíces de su pasado para construir un
presente armónico e integrador. Procesos de ruptura, apuestas a futuros grandilocuentes y
desprecios del pasado limitaron las lecturas continuas que toda sociedad debería brindar para
la mejor comprensión de sus ciclos históricos. La fragmentación reinó durante prolongados
períodos de nuestra historia.
Pero, ¿por qué querer rescatar los aspectos de nuestra cultura pasada, de nuestro patrimonio,
en la era de la globalización, de la ciencia y de la técnica ? En primer lugar porque la cultura
de nuestro país es el punto de referencia esencial que nos posibilita avanzar creativamente;
en segundo: porque la libertad de crear un hecho futuro se condiciona en la conciencia actual
del pasado y el ámbito principal de nuestro patrimonio, el lugar donde se desarrolla o se
desvanece es la memoria. En la memoria de las comunidades se encuentra la totalidad de
una cultura, y por ello para poder conocerla, reconstruirla y difundirla es necesario
ejercitarla.
Uno de los mayores desafíos del hombre de hoy es alcanzar un desarrollo verdaderamente
humano que no comprometa los recursos naturales, culturales y espirituales de las
generaciones futuras. Un desarrollo sustentable en el que será esencial una visión amplia de
la cultura que, lejos de yuxtaponer momentos y experiencias históricas vaya nutriéndose en
el saber y el hacer de quienes habitaron desde sus orígenes la tierra y se alimente de la
memoria histórica.
Este patrimonio es el que, en suma, nos da identidad y certezas, expresa nuestras tradiciones
y nos ofrece un basamento para enriquecerlas con las expresiones tangibles e intangibles de
nuestro tiempo. Proteger, perfeccionar y hacer crecer esta herencia, es reforzar la
construcción de una identidad en permanente construcción, afianzándonos en los valores de
un patrimonio intangible que constituye la trama de nuestra propia cultura manifestada en
usos y costumbres.
Es preciso erradicar esa actitud de estar viviendo en un no lugar, como nos pasa a muchos
argentinos. Como si nuestro país fuera un gran hotel, un lugar donde nadie sabe donde
pertenece, en el que pensábamos estar sólo por un tiempo y en el cual nos podíamos limpiar
los zapatos con las cortinas, como explica Ernesto Sábato al referirse a nuestro descuido por
lo público, por lo permanente, por la historia y por una temporalidad permanente de objetos
que no son considerados de uno, de su propio lugar.
Clase 3
Unidad 1 C
Se dividen en 5 grupos:
Las áreas protegidas son espacios creados por la sociedad en su conjunto, articulando
esfuerzos que garanticen la vida en condiciones de bienestar, es decir la conservación de la
biodiversidad así como el mantenimiento de los procesos ecológicos necesarios para su
preservación y el desarrollo del Homo.
La República Argentina es uno de los países con mayor cantidad de eco-regiones y por ello
cuenta con parques y reservas naturales que pertenecen al Estado Nacional Argentino y que,
por tanto, son patrimonio de todos los ciudadanos argentinos, formando un sistema nacional
de áreas protegidas por ley de fauna.
Antecedentes
Tal territorio le había sido asignado a Moreno por el estado nacional — mediando el Congreso
de la Nación— como premio a sus servicios. Moreno, en lugar de quedárselo como una
estancia, decidió devolverlo al Estado. En cierto modo con esto hacía una devolución (a su
modo) a la población originaria de la región (poyuches y vuriloches) y con ella, también, a
toda la Nación Argentina.
Moreno expresó:
Ese primer Parque Nacional, creado en 1903, fue claramente delimitado en 1937 y llamado
Parque Nacional del Sur, para ser luego el actual Parque Nacional Nahuel Huapi. En los 1920s
el presidente Hipólito Yrigoyen decretó que se ampliaran las áreas a resguardar incluyendo la
adquisición de unas 75.000 ha en torno a las Cataratas del Iguazú en donde se crearía el
"Parque Nacional del Norte" (actual Parque Nacional Iguazú) por el cual bregó el paisajista
Carlos Thays. Sin embargo es el 9 de octubre de 1934 que se promulga la ley 12.103 por
iniciativa de Exequiel Bustillo para instituir la Dirección de Parques Nacionales de Argentina.
En 1936 la provincia de Tucumán definió las dos primeras áreas naturales protegidas
administradas provincialmente: el parque natural La Florida (actualmente Reserva Forestal La
Florida)1 (con 10.200 ha y que no debe se confundida con su homónima sanluiseña) y, la
Reserva Forestal Aconquija.
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A inicios de 2008 Argentina posee una red de áreas naturales protegidas, 39 de las cuales son
administradas nacionalmente reuniendo 3,7 millones de ha, esto es casi el 7% de la
Argentina Continental Americana (incluyendo un sector de la Isla Grande de Tierra del
Fuego); aparte de esto la red de áreas naturales protegidas bajo jurisdicciones provinciales,
municipales etc. posee 400 integrantes incluidas en el SIFAP (Sistema Federal de Áreas
Protegidas) con 22 millones de hectáreas pero apenas el 20% de tales áreas tiene un grado
de protección aceptable o suficiente (lo que es poco más que la red administrada por Parques
Nacionales).
Área Protegida Nacional: esta categoría es muy amplia y abarca toda zona en la
cual se protege, en diversos grados, la naturaleza y la cultura del país.
Parque Nacional: Los Parques Nacionales en Argentina suelen ser, como su
denominación sugiere, un área natural de especial belleza paisajística, o, en su defecto,
un área de alto valor ecológico. En un parque nacional, la actividad antrópica se reduce
al mínimo.
Reserva Natural: las reservas naturales suelen ser contiguas a los P.N., aunque en
ciertos casos son áreas aisladas en las cuales se preserva o un paisaje, o un
ecosistema o una especie (tal es el caso de la Reserva Natural Nacional Formosa,
creada para salvaguardar a los armadillos gigantes llamados tatú carreta y a los
yaguaretés). En una R.N. se permiten actividades económicas humanas limitadas, que
no afecten negativamente al patrimonio natural.
Monumento Natural: esta categoría incluye a las zonas en las cuales lo interesante
es principalmente inherente al reino mineral, por ejemplo geoformas —formaciones
geológicas curiosas o atractivas—. Se consideran asimismo Monumentos Naturales a
especies vivientes tales como la taruca, la ballena franca austral, el huemul, el
yaguareté, el aguará guazú, el pino del cerro, el lahuán o alerce patagónico. Siendo
candidatos a tal tipo de protección el oso de anteojos, la vicuña, el cóndor, el guazú ti
o venado pampeano, el pehuén o araucaria araucana, el curí o araucaria misionera etc.
Parque Natural Marino: en febrero de 2008 fue establecida esta nueva categoría que
actualmente tiene como integrante al Parque Interjurisdiccional Marino Costero
Patagonia Austral en la provincia del Chubut.
Reserva Natural Estricta: esta categoría significa a zonas que son refugio de
especies autóctonas o ecosistemas bajo grave riesgo.
Reserva Silvestre y Educativa: en esta categoría se incluyen, tal cual la
denominación lo indica, zonas que pueden ser útiles para la didáctica en la
preservación de la ecología y la vida silvestre.
El sistema de áreas naturales protegidas en Argentina está coordinado por la Red Nacional de
Cooperación Técnica en Áreas Protegidas, y se mantiene cierto contralor desde la Secretaría
de Recursos Naturales Renovables.
En el 2010 la Fundación Vida Silvestre Argentina comunica que cada ecosistema requiere
tener por lo menos un 15% de su área protegida para preservar la existencia del mismo.
Parques Nacionales
Los primeros parques fueron el Nahuel Huapi (éste, gracias al Francisco Pascasio Moreno y a
Exequiel Bustillo) y el Iguazú, ambos creados en 1934. Entre los últimos están el San
Guillermo (1998), el Copo (2000) y El Leoncito (2002) y el Parque nacional Monte León
(2004), que es el primer parque marino continental de la Argentina.
La APN también administra cuatro especies animales: la ballena franca austral, el huemul, el
yaguareté y la taruca, bajo las figuras de monumentos naturales.
Además de los parques, existen alrededor de 250 predios protegidos que se encuentran bajo
jurisdicción municipal, provincial o gestión privada. Son conocidos con diversas
denominaciones: parques provinciales, reservas forestales, refugios educativos, reservas de la
biosfera, y reservas naturales.
Patrimonios de la Humanidad
En Argentina, junto a monumentos debidos a la mano humana como la Cueva de las manos, ,
la Quebrada de Humahuaca en Jujuy la Manzana Jesuítica de la ciudad de Córdoba, las Ruinas
Jesuíticas de Misiones, existen con el rango de Patrimonios de la Humanidad conferido por la
Unesco las siguientes áreas naturales: El Parque Nacional Los Glaciares en la provincia de
Santa Cruz, la Península Valdés en Chubut, el Parque Nacional Iguazú en Misiones, el Parque
Nacional Talampaya -Ischigualasto en La Rioja y San Juan, incorporados a la Lista indicativa
nacional los casos de los Esteros del Iberá en Corrientes, Las Parinas en Catamarca, Parque
Los Alerces, Campos Volcánicos en Mendoza y Pehuenco en Provincia de Buenos Aires..
Parques en proceso de creación
El 6 de agosto de 2011 se anunció la futura creación del parque nacional La Fidelidad, con
148 000 hectáreas de la provincia del Chaco, confirmándose en el mes de junio de 2012 su
creación.
Parque interjurisdiccional marino Isla Pingüino: se acordó su creación por acuerdo entre
la Nación y la provincia de Santa Cruz el 15 de febrero de 2010. El acuerdo fue
ratificado por el gobierno de Santa Cruz el 4 de junio de 2010 3 y aprobado por ley
provincial el 12 de agosto de 2010 , restando la aprobación nacional. Abarca una
superficie de 159 526 hectáreas.
Parque interjurisdiccional marino Makenke: se acordó su creación por acuerdo entre la
Nación y la provincia de Santa Cruz el 17 de septiembre del 2010. El acuerdo fue
ratificado por el gobierno de Santa Cruz el 9 de marzo de 2011 (decreto Nº 234),
restando su aprobación por ley provincial y por ley de la Nación. Abarca una extensión
de 71 271 hectáreas.
Están coordinadas por el sistema global «Mab» («Man and biosphera»/ «Hombre y biosfera»)
de la Unesco, casi todas estas reservas tienen la característica de que la mayor parte de su
territorio puede estar habitada por seres humanos y en tal territorio se pueden realizar
actividades que se consideran no afectan negativamente al medioambiente, por ejemplo
ganadería extensiva y racional o actividades de explotación forestal sustentable.
En el 2005 se contaban las siguientes reservas de biosfera argentinas dentro del «Plan
Mab»:}
Los sitios Ramsar son humedales designados como áreas protegidas por la importancia que
revisten como hábitat de aves acuáticas migratorias y de fauna y flora características, como
reguladores de los regímenes hidrológicos y porque constituyen un recurso de gran valor
económico, cultural, científico y recreativo. Hasta el 2011 son veinte los sitios Ramsar
designados en Argentina.
Los primeros parques naturales provinciales datan de 1936 cuando el gobierno de la provincia
de Tucumán creó la reserva forestal La Florida y la reserva forestal Aconquija con, entonces,
10 200 y 500 ha respectivamente, a Tucumán le siguió e 1937 la provincia de Buenos Aires
creando el Parque Provincial Ernesto Tornquist.
Pero es de notar que aún en el 2008 muchas Reservas Naturales bajo supuesta
Las "buffer" o "de amortiguación", sólo pueden usarse para actividades científicas,
educativas, recreativas y turísticas. Sus límites están bien delimitados, rodea la zona núcleo o
está junto a ella. Las actividades que aquí se desarrollan están organizadas de modo que no
sean obstáculo para los objetivos de conservación de la zona núcleo, sino que aseguren la
protección de ésta.
En los Sistema de Información Geográfica, se define como el polígono que encierra el área de
influencia resultante de dar una determinada distancia en torno a un punto, línea o polígono.
Se utiliza mucho para procesos de análisis espacial.
Conjuntos históricos
Son aquellas agrupaciones de bienes inmuebles que forman una unidad de asentamiento
continua o dispersa, claramente identificable y con interés suficiente en su totalidad.
Los Conjuntos Históricos, al igual que los Monumentos, contarán con un entorno de
protección
Comprendemos el paisaje urbano desde dos perspectivas: una en relación con la región
geográfica donde la ciudad está ubicada, otra interna, que es interurbana.
El paisaje urbano en su perspectiva externa es una interacción de las vistas desde la ciudad
sobre su región y entorno natural: montañas, bosques, ríos y pueblos cercanos de la ciudad,
así como de sus vistas bajo todos sus ángulos desde el exterior. Muchos dibujantes, pintores
y fotógrafos han retratado el paisaje urbano desde el interior como desde el exterior.
La Unesco en el año 2009- por especial interés para la cuestión del patrimonio de los centros
históricos, el paisaje urbano y el innegable dinamismo urbano inherente al concepto mismo
de ciudad.
Señaló:
Actualmente, un 50% de los ciudadanos del mundo viven en ciudades contextos urbanos. Esta
cifra continuará aumentando en los años próximos. Asimismo, el Comité de Patrimonio
Mundial ha presenciado en los últimos años un crecimiento del número de situaciones
problemáticas tales como edificios de muchos pisos en o alrededor de los centros históricos
inscritos en la Lista de Patrimonio Mundial o rupturas en la estructura urbana debido a la
construcción de la ambiciosa arquitectura contemporánea.
Considerando que los conjuntos históricos forman parte del medio cotidiano de los seres
humanos en todos los países, que constituyen la presencia viva del pasado que los ha
plasmado y que garantizan al marco de vida la variedad necesaria para responder a la
diversidad de la sociedad y que, por ello mismo, adquieren una dimensión y un valor humano
suplementarios,
Considerando que los conjuntos históricos ofrecen a través de las edades los testimonios
mas tangibles de la riqueza y de la diversidad de las creaciones culturales, religiosas y
sociales de la humanidad, y que su salvaguardia y su integración en la vida de la sociedad
contemporánea es un factor básico del urbanismo y la ordenación del territorio,
Considerando que esta situación entraña una responsabilidad para cada ciudadano e impone
a los poderes públicos obligaciones que solo ellos pueden asumir,
Considerando que, ante tales peligros de deterioro, e incluso de desaparición total, todos los
Estados deben actuar para salvar esos valores irremplazables adoptando urgentemente una
política global y activa de protección y de reanimación de los conjuntos históricos y de su
medio, en el marco de la planificación nacional, regional o local,
Comprobando que en muchos países falta una legislación suficientemente eficaz y flexible
sobre el patrimonio arquitectónico y sus relaciones con el acondicionamiento del territorio,
Deseando completar y ampliar el alcance de las normas y los principios formulados en esos
instrumentos internacionales,
Habiendo decidido, en su 18ª reunión que este asunto sería objeto de una Recomendación a
los Estados Miembros,
La Conferencia General recomienda a los Estados Miembros que apliquen las disposiciones
siguientes adoptando medidas, en forma de ley nacional o en otra forma, encaminadas a dar
efecto, en los territorios sometidos a su jurisdicción, a los principios y normas formulados en
la presente Recomendación.
La Conferencia General recomienda a los Estados Miembros que le presenten, en las fechas y
en la forma que ella determine, informes relativos a la manera en que hayan aplicado la
presente Recomendación.
I. DEFINICIONES
4. Los conjuntos históricos y su medio deberían ser protegidos activamente contra toda clase
de deterioros, en especial los resultantes de un uso inapropiado, aditamentos parásitos y
transformaciones abusivas o desprovistas de sensibilidad que dañan su autenticidad, así como
los provocados por cualquier forma de contaminación. Todas las obras de restauración que se
emprendan deberían basarse en principios científicos. Asimismo, debería prestarse especial
7. En cada Estado Miembro debería formularse, con arreglo a sus condiciones propias en
materia de distribución de poderes, una política nacional, regional y local con objeto de que
las autoridades nacionales, regionales o locales tomen medidas jurídicas, técnicas,
económicas y sociales con miras a salvaguardar los conjuntos históricos y su medio y
adaptarlos a las exigencias de la vida contemporánea. Esta política debería influir en el
planeamiento nacional, regional o local y orientar la planificación urbana y la ordenación
regional y rural en todos los niveles. Las acciones resultantes de ese planeamiento deberían
integrarse en la formulación de los objetivos y programas, en la distribución de las funciones
y en la ejecución de las operaciones. Debería recabarse la colaboración de los individuos y de
las asociaciones privadas para la aplicación de la política de salvaguardia.
0HGLGDVMXUtGLFDV\DGPLQLVWUDWLYDV
10. Las disposiciones que establezcan un sistema de salvaguardia de los conjuntos históricos
deberían enunciar los principios generales relativos al establecimiento de los planes
necesarios y, en particular:
13. Debería imponerse, tanto a las colectividades públicas como a los particulares, el respeto
de las medidas de salvaguardia. Sin embargo, debería establecerse un mecanismo de recurso
contra las decisiones arbitrarias o injustas.
15. En particular, habría que formular o revisar las disposiciones relativas a los locales y
manzanas insalubres, así como a la construcción de viviendas sociales, no sólo de modo que
se ajustaran a la política de salvaguardia, sino también de que contribuyeran a ella. El
régimen de posibles subvenciones debería establecerse y modularse en consecuencia, en
particular para facilitar la construcción de viviendas subvencionadas y las construcciones
públicas rehabilitando antiguos edificios. Las demoliciones deberían autorizarse para los
edificios sin valor histórico ni arquitectónico y deberían controlarse estrictamente las
subvenciones a que esas demoliciones pudieran dar lugar. Además, una parte suficiente de los
créditos previstos para la construcción de alojamientos sociales deber-fa destinarse a
rehabilitar edificios antiguos.
17. Teniendo debidamente en cuenta las condiciones propias de cada país y la distribución de
funciones de las diversas administraciones nacionales, regionales y locales, la ejecución de las
obras de salvaguardia debería inspirarse en los siguientes principios:
18. Se debería establecer, en el plano nacional, regional o local, una lista de los conjuntos
históricos y de su medio que hayan de salvaguardarse. En esa lista deberían indicarse unas
prioridades, para facilitar una asignación racional de los limitados recursos disponibles con
fines de salvaguardia. Las medidas de protección, de cualquier tipo, que tengan carácter
urgente deberían tomarse sin esperar a que se establezcan planes de salvaguardia.
19. Debería hacerse un análisis de todo el conjunto, incluida su evolución espacial, que
integrase los datos arqueológicos, históricos, arquitectónicos, técnicos y económicos. debería
establecerse un documento analítico encaminado a determinar los inmuebles o los grupos de
inmuebles que deben protegerse cuidadosamente, conservarse en ciertas condiciones, o, en
circunstancias absolutamente excepcionales y documentadas con escrupulosidad, destruirse,
lo que permitiría a las autoridades suspender todos los trabajos incompatibles con esta
Recomendación. Además, deberla establecerse, con ese mismo fin, un inventario de los
espacios abiertos, públicos y privados, así como de su vegetación.
20. Además de esta investigación arquitectónica, se necesitan estudios detallados de los datos
y las estructuras sociales, económicas, culturales y técnicas, así como del contexto urbano o
regional mas amplio. Esos estudios deberían incluir, a ser posible, datos demográficos y un
análisis de las actividades económicas, sociales y culturales, los modos de vida y las
relaciones sociales, los problemas del régimen de propiedad del suelo, la infraestructura
urbana, el estado de las vías urbanas, las redes de comunicación y las relaciones reciprocas
entre la zona protegida y las zonas circundantes. Las autoridades competentes deberían
atribuir suma importancia a esos estudios y comprender que sin ellos no cabe establecer
planes validos de salvaguardia.
21. Antes de formular planes y normas de salvaguardia y después del análisis que se acaba
de describir, procedería, en principio, establecer una programación que tenga en cuenta a la
vez el respeto de los datos urbanísticos, arquitectónicos, económicos y sociales, y la
capacidad de la trama urbana y rural para acoger funciones compatibles con su carácter
22. Una vez establecidos los planes y las normas de salvaguardia, y aprobados por la
autoridad pública competente, sería conveniente que sus autores se encargaran de su
ejecución o la dirigiesen.
23. En los conjuntos históricos que posean elementos de varios periodos diferentes, la
salvaguardia debe hacerse teniendo en cuenta las manifestaciones de todos esos periodos.
24. Cuando existan planes de salvaguardia podrán autorizarse, de conformidad con ellos, los
programas de saneamiento urbano o de adecentamiento de suburbios que consistan en
demoler inmuebles desprovistos de interés arquitectónico o histórico, o demasiado vetustos
para ser conservados, en suprimir aditamentos y construcciones superpuestas sin valor e
incluso, en demoler edificios recientes que rompan la unidad del conjunto.
26. Es necesaria una vigilancia permanente para evitar que esas operaciones reporten
beneficios excesivos o se utilicen con fine s contrarios a los objetivos del plan.
28. Se debería poner especial cuidado en reglamentar y controlar las construcciones nuevas
para conseguir que su arquitectura encaje armoniosamente en las estructuras espaciales y en
el ambiente de los conjuntos históricos. Con ese objeto, un análisis del contexto urbano
deberla proceder a toda nueva construcción no solo para definir el carácter general del
conjunto, sino también para analizar sus dominantes: armonía de las alturas, colores,
materiales y formas, constantes de ordenación de las fachadas y los tejados, relaciones de los
volúmenes construidos y de los espacios, así como sus proporciones medias y la implantación
de los edificios. Se debería prestar especial atención a la dimensión de las parcelas, por
cuanto toda modificación de ellas podría tener un efecto de masa perjudicial para la
disposición del conjunto.
29. No se deberla dar autorización para aislar un monumento demoliendo lo que le rodea;
asimismo, solo excepcionalmente y por razones de fuerza mayor se deberla decidir su
desplazamiento.
30. Deberían protegerse los conjuntos históricos y su medio contra la desfiguración resultante
de la instalación de soportes, cables eléctricos o telefónicos, antenas de televisión y signos
publicitarios en gran escala. Cuando ya existan, se tomaran medidas adecuadas para
suprimirlos. Se deberían estudiar y controlar con el mayor cuidado los carteles, la publicidad,
luminosa o no, los letreros comerciales, el mobiliario urbano y el revestimiento del suelo,
para integrarlos armoniosamente en el conjunto. Se desplegaran especiales esfuerzos para
impedir todas las formas de vandalismo.
31. Los Estados Miembros y las colectividades interesadas deberían proteger los conjuntos
históricos y su medio contra los danos cada vez mas graves causados por ciertos adelantos
tecnológicos (como las diversas formas de contaminación), prohibiendo la implantación de
industrias nocivas en sus cercanías y adoptando medidas preventivas contra los efectos
destructores del ruido, los choques y las vibraciones producidos por las maquinas y los
vehículos. Asimismo, se deberían prever medidas contra los deterioros provocados por una
explotación turística excesiva.
32. Dado el conflicto que existe el la mayor parte de los conjuntos históricos entre el transito
automóvil, por una parte, la densidad de la trama urbana y las cualidades arquitectónicas, por
otra, los Estados Miembros deberían incitar y ayudar a las autoridades locales a buscar
medios de resolver este problema. p ara lograrlo y para favorecer el transito de peatones,
convendría estudiar con sumo cuidado el emplazamiento y el acceso de los parques de
estacionamiento periféricos, e incluso centrales, y establecer redes de transporte que
facilitaran al mismo tiempo la circulación de los peatones y los servicios de transportes
públicos. Numerosas operaciones de rehabilitación - entre otras, la instalación subterránea de
redes eléctricas - que serian demasiado costosas si se hicieran por separado, podrían
entonces coordinarse fácil y económicamente con el ordenamiento de la red de vías públicas.
deberían ser compatibles con el contexto económico y social, urbano, regional o nacional en
el que se inserten. El costo de las operaciones de salvaguardia no deberla evaluarse
solamente en función del valor cultural de las construcciones sino también con su valor
derivado de la utilización que puede hacerse de ellas. Solo cabe plantear correctamente los
problemas sociales haciendo referencia a esas dos escalas de valor. Esas funciones tendrían
que adaptarse a las necesidades sociales, culturales y económicas de los habitantes, sin ir en
detrimento del carácter especifico del conjunto de que se trate. Una política de animación
cultural debería convertir los conjuntos históricos en polos de actividades culturales y darles
un papel esencial en el desarrollo cultural de las comunidades circundantes.
34. En las zonas rurales, todos les trabajos que impliquen una degradación del paisaje así
como todos los cambios en las estructuras económicas y sociales deberían controlarse
cuidadosamente a fin de preservar la integridad de las comunidades rurales históricas en su
ambiente.
37. Las inversiones públicas previstas por los planes de salvaguardia de los conjuntos
históricos y de su medio deberían garantizarse con la asignación de créditos adecuados en los
presupuestos de las autoridades centrales, regionales y locales. El conjunto de esos créditos
debería administrarse en forma centralizada por los organismos de derecho público, privado o
mixtos encargados de coordinar en los niveles nacional, regional o local todas las formas de
ayuda financiera y de orientarlas hacia una aplicación global.
38. La ayuda pública, en todas las formas descritas en los párrafos siguientes, debería partir
del principio de que las colectividades intervendrán allí donde sea necesario y conveniente,
teniendo en cuenta el “sobrecosto” de la restauración, es decir, el costo suplementario
impuesto al propietario en relación con el nuevo valor venal o locativo del edificio,
39. En general, esas inversiones públicas deberían servir ante todo para conservar los
edificios existentes, en particular las viviendas de renta reducida y solo aplicarse a nuevas
construcciones en la medida en que estas no constituyen una amenaza para la utilización y
las funciones de los edificios existentes.
42. Además, todos los servicios y administraciones que intervengan en la construcción publica
deberían organizar sus programas y presupuestos de tal manera que contribuyeran a
rehabilitar conjuntos históricos, financiando obras que correspondan a la vez a sus propios
objetivos y a los del plan de salvaguardia.
43. Para aumentar los medios financieros disponibles, los Estados Miembros deberían
fomentar la creación de establecimientos financieros públicos y privados para la salvaguardia
de los conjuntos históricos y de su medio, dotados de personalidad moral y que pudiesen
recibir donaciones de particulares, de fundaciones y de empresas industriales y comerciales.
Los donantes podrían disfrutar de exenciones fiscales.
44. Las instituciones públicas y los establecimientos de crédito privados podrían facilitar la
financiación de obras de todo tipo encaminadas a proteger los conjuntos históricos y su
medio, instituyendo un organismo que se encargaría de otorgar préstamos a los propietarios
a intereses módicos y con largos plazos de reembolso.
45. Los Estados Miembros y las autoridades interesadas de todos los niveles podrían facilitar
la creación de asociaciones sin fines lucrativos que se ocuparan de adquirir los inmuebles y,
eventualmente, de venderlos previa restauración, empleando unos fondos de operaciones
especialmente destinados a mantener en los conjuntos históricos a unos propietarios
deseosos de protegerlos y de preservar su carácter.
46. Es esencial evitar que las medidas de salvaguardia acarreen una ruptura de la trama
social. Con objeto de evitar en los inmuebles o en los conjuntos que se hayan de restaurar los
traslados de habitantes, en detrimento de los menos favorecidos, se podrían conceder
indemnizaciones que compensaran la subida de alquiler, para que los ocupantes pudiesen
conservar sus alojamientos, sus locales comerciales y sus talleres, así como su régimen de
vida y sus ocupaciones tradicionales, en especial la artesanía rural, la agricultura en pequeña
escala, la pesca, etc. Esas indemnizaciones, determinadas en función de los ingresos,
ayudarían a los interesados a hacer frente al aumento de los alquileres causados por las obras
realizadas.
47. Para mejorar la competencia de los especialistas y de los artesanos necesarios así como
para fomentar el interés y la participación de toda la población en la labor de salvaguardia,
los Estados Miembros deberían tomar las siguientes medidas, en consonancia con su
competencia legislativa y constitucional.
48. Los Estados Miembros y todos los grupos interesados deberían fomentar las
investigaciones y los estudios sistemáticos sobre:
49. Deberían instaurarse y desarrollarse enseñanzas especificas sobre los temas antedichos,
con inclusión de cursillos de formación práctica. Además, es indispensable fomentar la
formación de artesanos y especialistas en la salvaguardia de conjuntos históricos y de los
espacios circundantes. También es necesario fomentar las propias técnicas artesanales que
están amenazadas por los procesos de industrialización. Es conveniente que las instituciones
interesadas cooperen en esta esfera con los organismos especializados en la materia tales
como el Centro de Estudios para la Conservación y la Restauración de los Bienes Culturales
de Roma, el Consejo Internacional de Monumentos y Lugares de Interés Artístico e Histórico
(ICOMOS) y el Consejo Internacional de Museos (ICOM).
52. En todos los grados de la educación, y sobre todo en la enseñanza de la historia, deberla
incluirse el estudio de los conjuntos históricos, con objeto de inculcar en el espíritu de los
jóvenes la comprensión y el respeto de las obras del pasado y de mostrar el papel de ese
patrimonio en la vida contemporánea. Esa enseñanza deberla recurrir ampliamente a los
medios audiovisuales, y a las visitas de conjuntos históricos.
53. Deberían facilitarse los cursos de perfeccionamiento para personal docente y para guías,
así como la formación de instructores para ayudar a los grupos de jóvenes y adultos deseosos
de iniciarse en el conocimiento de los conjuntos históricos.
54. Los Estados Miembros deberían colaborar, en lo que se refiere a la salvaguardia de los
conjuntos históricos y de su medio, recabando la ayuda cuando parezca conveniente, de
organizaciones internacionales, intergubernamentales y no gubernamentales, y en particular
del Centro de Documentación UNESCO-ICOM-ICOMOS. Esta cooperación multilateral o
bilateral deberla coordinarse juiciosamente y plasmarse en medidas tales como las siguientes:
55. De conformidad con el espíritu y los principios de esta recomendación, ningún Estado
Miembro debería tomar medida alguna para demoler o alterar el carácter de los barrios,
ciudades y lugares históricos situados en territorios ocupados por ese Estado.
“El nuevo concepto abarcado por los itinerarios puede dotar a la política de
preservación de una amplitud territorial, una integridad cultural y una
armonización de acciones y contenidos que pocas veces se ha logrado hasta
ahora”.
“El itinerario cultural constituye en sí mismo un bien cultural adaptado a las
diversas culturas que ha ido fecundando y a las cuales transciende como un
valor de conjunto al ofrecer una serie sustantiva de características y escalas de
valores compartidos. Dentro de su identidad global, el valor de sus partes reside
en su interés común, plural y participativo. De esta forma contribuye a lograr
una asunción más completa y enriquecedora de la propia identidad, al tener en
cuenta que ésta se inscribe en una dimensión más amplia, representada por la
realidad cultural compartida, dentro de los lazos culturales universales”.
“Se hace así evidente que en el tratamiento que demos a la identidad cultural es
donde reside la esperanza de salvaguardar la riqueza cultural que corresponde a
la humanidad en su conjunto, a través de la reafirmación y el respeto a lo
particular. Y es precisamente en ese ámbito y sentido de lo particular o singular
donde se debe procurar el diálogo cultural con otros pueblos, y no la imposición
o la intolerancia. El desarrollo humano, tal y como hoy en día lo conocemos, es
en gran medida resultado de los itinerarios culturales que tendieron puentes de
comunicación, intercambio y entendimiento entre distintos pueblos. A través de
Y, desde el punto de vista conceptual, en la reunión de expertos sobre “Los Itinerarios como
parte de nuestro Patrimonio Cultural” que, con motivo del interés despertado por dicha
inscripción, se celebró en Madrid en noviembre de 1994. Los trabajos llevados a cabo por el
Comité Científico Internacional de Itinerarios Culturales (CIIC) de ICOMOS a través de sus
numerosos encuentros científicos internacionales, así como mediante la identificación e
investigación sistemática de algunos itinerarios culturales de gran importancia, han
desembocado en una definición precisa y en la concreción de los factores conceptuales y
operativos que determinan la existencia de esta nueva categoría.
Resulta necesario aclarar que los itinerarios culturales, desde el punto de vista
científico, nada tienen que ver con la idea común - y hoy muy extendida- de que
un itinerario cultural se crea con la imaginación y la voluntad de establecer
conjuntos asociativos de bienes culturales que poseen rasgos comunes. Así, en el
continente europeo, donde- dada su actual configuración geopolítica- se tratan de
reforzar los rasgos comunes de identidad, el Consejo de Europa utiliza el
No deja de ser interesante y resulta muy legítimo que se fomenten todas esas formas de
asociar elementos entre sí o de resaltar episodios históricos. Incluso puede resultar muy
positivo desde el punto de vista del turismo cultural. Pero ello no supone que su creación
artificial o “virtual”, mediante un proceso intelectual de carácter inductivo, pueda dar carta de
naturaleza a una categoría científica patrimonial de nuevo cuño. Por el contrario, los
itinerarios culturales, en sentido científico, son realidades históricas y culturales de profundos
y evidentes contenidos patrimoniales surgidos en torno a su propia y sustantiva dinámica.
Conviene, por tanto, centrarnos en la definición científica de los Itinerarios Culturales que,
como se ha expuesto anteriormente, parte de las observaciones y conclusiones de la reunión
de Madrid de 1994, motivada ésta por la inclusión del Camino de Santiago en el Patrimonio
Mundial, la cual se manifestó como un complejo concepto cultural sin precedentes hasta
entonces.
Si la reunión de 1994 consistió en una primera “discusión” sobre el tema – como se hace
constar en el borrador de revisión de las Directrices para la aplicación de la Convención de
1972- , hay que destacar que la definición se materializó finalmente en la segunda reunión de
expertos, celebrada también en Madrid en Mayo del presente año, cuyas conclusiones se
atuvieron estrictamente al desarrollo doctrinal llevado a cabo por el CIIC.
II- Por lo que se refiere al Anexo IV, relativo a las “Directrices sobre la inclusión
de tipos específicos de bienes en la Lista del Patrimonio Mundial”, se recomendó
introducir las siguientes precisiones para ilustrar y enriquecer el texto del
borrador:
A) de Carácter introductorio:
B) de Carácter sustantivo:
1) Una definición, útil para la general comprensión del concepto y hasta ahora inexistente, de
los itinerarios culturales como categoría científica. Tal definición es la siguiente:
Por lo que se refiere a su duración temporal: los que ya no se utilizan pero proporcionan
una evidencia arqueológica del pasado, o los que siguen siendo utilizados y que, por su
genuina naturaleza, se ha desarrollado y continuarán desarrollándose bajo las influencias de
intercambios socioeconómicos, administrativos, espirituales y culturales.
siguientes características:
Corredor turístico
Trayecto dentro de una ruta turística o que parte de ella, hasta un centro receptor y que
contiene atractivos y facilidades turísticas.
A través del tiempo el ser humano ha viajado de un lugar a otro para muchos fines, por
ejemplo para procurarse la existencia, para adquirir recursos naturales, para llevar o traer
mensajes o visitar parajes. Sabemos que desde siempre las sociedades han tendido a la
creación de vías terrestres para la movilización de bienes o de individuos, así como el uso de
otras vías naturales como las acuáticas (ríos, costas, estrechos, lagos). Si nos remontamos a
la época prehispánica en Baja California, tenemos que después del contacto con los españoles
las comunidades nativas crearon a través de cientos de años un extenso circuito de senderos
que se extiende como una red a todo lo largo de la península; y, por supuesto, está vinculado
con California, Arizona y Sonora. Este circuito representa la comunicación y el traslado de
muchos pueblos de distintas lenguas ubicados en diferentes territorios a través de milenios.
(Ibid).
Los persas, los romanos y los españoles crearon extensos caminos. En España a estos
senderos se les denominó caminos reales y eran rutas que comunicaban a las distintas
regiones dominadas por el monarca español, y a su vez estaban bajo la vigilancia del ejército.
siglos desde el inicio de la conquista. (Crosby, 1974:48). Por ello es importante que el público
sepa que el corredor histórico "Camino real misionero de las Californias" surge con el
establecimiento de la Misión de Nuestra Señora de Loreto fundada en 1697. Y continúa hacia
el sur, en la región de los Cabos, y hacia el norte cruza la actual línea fronteriza con los
Estados Unidos, hasta llegar a lo que actualmente es la región de Sonoma, Ca.
La necesidad de los jesuitas por caminos se dio tan pronto como ellos consolidaron su primer
centro religioso (la Misión de Nuestra Señora de Loreto), y empezaron a viajar para
evangelizar comunidades nativas aledañas. La primera consignación en un documento escrito
de trabajo realizado para construir el camino fue en 1698; y en 1699 se construye el camino
que atraviesa la Sierra La Gigantia hacia el Oeste para fundar la Misión de San Francisco
Javier de Biaundó. Desde este inicio se extendió el camino con el establecimiento de cada
misión hacia el norte y hacia el sur.
El carácter del camino real durante su utilización fue el de una ruta construida
cuidadosamente, a todo lo largo de la península que se adaptaba a ciertas demandas y
limitaciones. En síntesis estos requerimientos consistían que el camino comunicara a los
centros misionales, y que pasara cerca de fuentes de agua y atravesara terrenos que fueran
accesibles, es decir, lo menos accidentados posible (Ibíd, pp. 1-9)
Una de las metas del concepto del corredor histórico es la conservación de los
recursos históricos, naturales y culturales que existen en toda su longitud;
aspectos que le dan un carácter especial, de ahí que creemos que se le debe
tratar como un todo compuesto por muchas partes aisladas, como lo son los sitios
misionales, minas, ranchos, pueblos, casas antiguas, sitios arqueológicos, y un
sin fi de importantes zonas ecológicas. Es decir, que un corredor histórico incluye
una suma de componentes individuales que lo enriquecen.
La Red Cultural Mercosur surgió en 1998 como asociación civil sin fines de lucro, bajo el
concepto de trabajo en red, y con el objetivo de discutir y superar los problemas que hacen a
la circulación de productos y bienes culturales en el bloque. En suma, buscar estrategias
comunes para trabajar el concepto de integración regional a partir de la formación de
corredores culturales, señaló María Victoria Alcaraz, directora del Centro Cultural General San
Martín y presidenta de la Red en entrevista con Mercosurabc.
En primera instancia, en 1998 se conformó como una red de artistas y productores artísticos
y después de a poco fueron ingresando otras personas vinculadas a la cultura y en la última
etapa, en la que me incluyo, comenzamos a ingresar gran cantidad de gestores culturales,
especialistas en lograr que el público y el artista se puedan juntar y puedan disfrutarse
mutuamente.
Los artistas y productores artísticos se encontraron para discutir los problemas y las
dificultades que hay para la circulación de productos y de bienes culturales en el bloque.
Simplemente, cómo hace un productor teatral o de una muestra de artes plásticas para
hacerla itinerar por el MERCOSUR. La dificultad para que alguien cruce la aduana con obras
de arte plástica es muy grande y compleja, con lo que hubo que empezar a buscar
estrategias comunes para trabajar el concepto de la integración regional a partir de la cultura,
atendiendo a cuestiones propias del quehacer cultural.
Algunos de los proyectos que se puedan mencionar, para que se vea cuál es el tono
del trabajo.
Desde que se creó la red hay una actividad, una acción, un proyecto, que es un
poco la bandera de la red, que es la de trabajar por instaurar corredores
culturales.
Es una herramienta casi simbólica, la necesidad de abrir caminos por donde pueda circular la
producción artística y cultural y nos parece que el mejor modo es a través de los corredores
culturales. Lo logramos uniendo ciudades, puntos por donde pueda ir itinerando, pueda ir
pasando la actividad cultural. Entonces, lo que armamos y pusimos en marcha en noviembre
del año pasado, en la asamblea que se hizo aquí en la ciudad de Buenos Aires, fue el primer
corredor multilateral de la red, con una pequeña muestra compuesta por un ciclo de
documentales, un ciclo de video experimental y animación, y una exposición de fotografías,
las tres muestras representativas de la región, con artistas de todos los países. Entonces,
arrancó acá en Buenos Aires, pasó a Uruguay, a Montevideo, ahora está en Venezuela;
seguirá dando la vuelta y va a terminar en San Pablo, en Brasil, que es dónde se hace la
próxima asamblea a fin de año, y dónde va a empezar la muestra itinerante del año 2009.
Todo este año está dando la vuelta esta muestra, y se cierra a fin de año en San Pablo,
donde se abre, se inaugura otra nueva muestra que abre el año que viene que va a itinerar
ya por otros puntos, por otras ciudades. La del 2008, cuándo termine de itinerar, va a circular
por afuera de la región, nosotros queremos trabajar mucho el tema de la integración entre
nosotros, pero a su vez la difusión hacia fuera de la región de que tipo de cultura, que tipo de
producción, que tipo de contenidos culturales, trabajamos y creamos en la región. Fuera de la
región latinoamericana en Estados Unidos, en Europa, ya tenemos algunos compromisos
asumidos, entonces es una manera de difundir, que es el MERCOSUR, en términos culturales,
que es lo que hacemos, lo que producimos, que clase de artistas tenemos, para que nos
conozcan en otros lugares.
Claro, este que he mencionado es el multilateral, porque atraviesa todos los países pero
después en cada uno de los países donde llega, se abre a su vez el corredor nacional. Es
decir, paso por Montevideo como punto de la itinerancia, una vez que paso por Montevideo,
después puede ir a Tacuarembó, es decir queda como “habilitado” en todo el país, para que
se vaya desdoblando, ramificando, la muestra se va multiplicando.
listado de 8 ciudades por donde va a estar itinerando aunque, es como un collar de perlas de
los cuales a su vez penden muchas otras puntas que se van abriendo, trabajamos físicamente
con la noción de red de telaraña, la forma en que se va multiplicando la comunicación.
Lo que más nos interesa es pedir el apoyo de la UNESCO para que albergara toda esa
información en sus servidores, para no depender de la voluntad individual de cualquiera de
los miembros, tenemos que buscar un socio estable, y ya hace un año venimos trabajando
este tema, y contamos con ese apoyo, así que ahora lo que viene es la etapa de desarrollar
el programa informático. Nosotros vamos a hacer ese trabajo y vamos a ponerlo a disposición
a través de la propia página de la red, de la página de la UNESCO y de cuanta institución
quiera utilizarla. Ese es el segundo proyecto que está en marcha que está en plena
elaboración, pero va bastante avanzado.
Estamos organizando un foro de cultura para el año 2010 en el marco de los bicentenarios
que comienzan aquí en la ciudad de Buenos Aires, donde vamos a conjugar debate reflexión
con actividad artística y con el intercambio cultural regional. Ahí tendría un papel protagónico
el centro cultural General San Martín. La idea es la de hacerlo acá en el centro cultural y
contaríamos con el apoyo del Ministerio de Cultura de la Ciudad de Buenos Aires. Ya quedaría
como enmarcado dentro de las actividades del bicentenario que organiza la ciudad.
Estos son los 3 ejes más fuertes que estamos desarrollando en la red, independientemente de
esto tenemos cientos de pequeñas acciones y actividades y vasos comunicantes que
continuamente estamos estableciendo que es realmente un trabajo en red, de apoyo,
asistencia, ayuda, de información. Al que quiera contactarse esta en el sitio web del centro
cultural, ahí está el dato de cada coordinador de cada uno de los países, para entrar en
contacto, estamos sumando miembros así que es muy fácil, hay que presentar una carta y
algún aval de alguno de los miembros ya existentes.
Me parece que los grados de avance son muy satisfactorios en lo que se refiere a la sociedad
civil. Hay que discutirlo, que decidirlo, buscar el financiamiento y hacerlo, o sea que no
contamos con las dificultades, normas y reglas de juego muy estrictas que tienen los estados
nacionales que cuando dialogan entre dos tienen que hacer compatibles dos modos, inclusive
intereses, otros temas que hay en la agenda.
Es mucho más dinámico, rápido y flexible y de hecho muy útil para los estados nacionales.
Todas las conversaciones que hemos mantenido con representantes de todos los gobiernos,
todos nos recibieron con los brazos abiertos. Por ejemplo, en la anterior reunión de Ministros
y altas autoridades de cultura del MERCOSUR, en las últimas dos actas, se citaba la necesidad
de establecer corredores culturales regionales. En vez de hacerlo de cero apoyen lo que
nosotros estamos haciendo y úsenlo. Hay muchas cosas que nosotros podemos fácilmente
instrumentar, con el apoyo de los estados nacionales, es mucho mejor, mucho más fácil.
Es una dimensión que permite a la gente visualizar mucho mas lo que es el Mercosur como
mercado común o los aranceles. El Mercosur cultural es una idea viva.
La Convención del Patrimonio Cultural de 1972 está realizando una Lista del Patrimonio de la
Humanidad para la que los Estados Participantes puedan designar paisajes culturales y
naturales o jardines de "valor universal sobresaliente". Esta Convención de la UNESCO es uno
de los pocos esfuerzos exitosos de la política cultural en todo el mundo. La Convención ya ha
realizado contribuciones ampliamente aceptadas al desarrollo de la conservación y
restauración en la teoría y en la práctica.
Sin embargo, en Asia, África, América y Australia hay más monumentos de la naturaleza que
paisajes culturales: Wood Buffalo National Park y Canadian Rocky Mountain Parks en Canadá,
Hawai Volcanoes National Park y Grand Canyon National Park en Estados Unidos, Parque
Nacional Serra da Capivara en Brasil, Parque Nacional Manu en Perú, Islas Galápagos en
Ecuador, Great Barrier Reef, Willandra Lakes Region and Tasmania Wildernes en Australia.
1.0 PREÁMBULO
2.6 La presencia del presidente del Comité Popular de Hanoi, el presidente de la Comisión
nacional vietnamita para la UNESCO, los responsables vietnamitas de los ministerios de
cultura, deportes y turismo, construcción y asuntos exteriores, y el rector de la Facultad de
Arquitectura de Hanoi evidencia el gran interés de las autoridades nacionales de la República
Socialista de Vietnam por cuestiones relativas al patrimonio en general y los paisajes urbanos
históricos en particular, en una época de rápidas transformaciones urbanas en Hanoi.
Además, esta presencia de alto nivel en el seminario coincide con la Resolución 181EX/45,
párrafo 4 del Consejo Ejecutivo de la UNESCO sobre la celebración del 1000 aniversario de la
ciudad de Hanoi;
2.7 La presencia en el seminario de los presidentes de las asociaciones vietnamitas del
patrimonio, arquitectos, responsables de planificación urbana e historiadores demuestra el
compromiso de los profesionales con la protección del patrimonio de Hanoi. Así pues, el
interés de las comunidades académicas y profesionales de Hanoi en este seminario simboliza
el intercambio de valores humanos en arquitectura y urbanismo;
2.8 El ministerio de cultura, deportes y turismo, el ministerio de la construcción de la
República Socialista de Vietnam y el Comité Popular de Hanoi han realizado muchos esfuerzos
por proteger y promover el patrimonio cultural de la ciudad de Hanoi, como el templo de la
literatura, la pagoda de un solo pilar, la ciudadela de Thang Long en Hanoi y los barrios
antiguos franceses, ilustrando así la gran prioridad conferida al desarrollo sostenible de
ciudades modernas, tomando sus valores tradicionales en consideración;
2.9 Se agradece a las autoridades del Comité Popular de Hanoi y la Universidad de
Arquitectura de Hanoi por haber acogido tan amable y satisfactoriamente el seminario en
Hanoi, siendo una ciudad de diversidad cultural en vísperas de la celebración de su 1000
aniversario;
2.10 El compromiso común del Comité Popular de Hanoi y de la Universidad de Arquitectura
de Hanoi en la organización de este seminario es una iniciativa encomiable para concienciar a
las universidades vietnamitas y al público en general sobre:
a/ la importancia de proteger el patrimonio urbano significativo en una época de rápidos
progresos urbanos y de aceleraciones como en la ciudad de Hanoi;
b/ la necesidad de un desarrollo sostenible de las ciudades para estar integrado con la
consideración de los valores y de las identidades culturales del patrimonio;
c/ la urgencia de incluir consideraciones medioambientales junto con las políticas de
conservación del patrimonio;
d/ la necesidad de poner en contacto a los profesionales del patrimonio y a las comunidades
académicas con las autoridades de la ciudad;
y e/ el papel integral de las comunidades y de la población local en la identificación,
conservación y el desarrollo de los valores del patrimonio; en particular, con respecto a
los paisajes urbanos históricos,
2.11 Los esfuerzos institucionales realizados durante los últimos diez años por la UNESCO
han ampliado el diálogo sobre paisajes urbanos históricos como concepto holístico para la
ciudad que incluye el desarrollo físico, social, cultural, medioambiental y económico
sostenible;
2.12 Los debates sobre paisajes urbanos históricos han propiciado gran variedad de
opiniones en los 378 resúmenes enviados, demostrando así el interés de la comunidad
académica mundial sobre temas de la integridad visual, funcional y física de los paisajes
urbanos históricos;
3.1 Se debería apoyar al Comité y al Centro del Patrimonio Mundial en sus esfuerzos por
promover una nueva Recomendación de la UNESCO, integrar ideas relevantes debatidas en
este seminario y desarrollar una plataforma más permanente para el diálogo entre la
UNESCO y la red Forum UNESCO - Universidad y Patrimonio;
3.2 Los debates referentes a la importancia de los paisajes urbanos históricos en la puesta en
práctica de la Convención sobre el Patrimonio Mundial de 1972 se deben reflejar en los planes
de estudios de Educación Superior y especialmente en la investigación por medio de las
cátedras UNESCO adecuadas y otro especialistas;
3.3 Las actas de este seminario se deberían poder a disposición del Comité del Patrimonio
Mundial, de sus órganos consultivos y del Centro del Patrimonio Mundial;
3.4 Forum UNESCO - Universidad y Patrimonio debería continuar la interacción con la
reflexión continua de la UNESCO e instituciones relacionadas para fomentar la participación
de universidades locales y nacionales en programas, investigación y formación y vincular a la
UNESCO con iniciativas básicas que son tan importantes como decisiones verticalistas; se
debería fomentar la investigación aplicada en conjunción o coordinación con las autoridades
locales o nacionales, para determinar conjuntamente temas prioritarios;
3.5 La UNESCO debería animar a sus Estados Miembros y al sector privado a contribuir al
trabajo de Forum UNESCO - Universidad y Patrimonio a través de la provisión de fondos para
becas que permitirán que los miembros participen en sus futuras actividades;
3.6 Los miembros de Forum UNESCO - Universidad y Patrimonio como investigadores y
profesionales del patrimonio implicados activamente con las comunidades urbanas a nivel
local y nacional, tienen una responsabilidad de aumentar la concienciación, el conocimiento y
la comprensión de los paisajes urbanos históricos;
3.7 La UNESCO y su Comité del Patrimonio Mundial debería sacar provecho de los recursos
humanos de los miembros de Forum UNESCO - Universidad y Patrimonio y más
especialmente los titulares de cátedras UNESCO tienen una responsabilidad a través de sus
licenciados de formar a formadores y de vincular sus actividades de conservación y de
adaptación tecnológica y material para la evolución continua de los paisajes urbanos históricos
con las comunidades y otras instituciones;
3.8 La comunidad académica puede permanecer en la base con una acción menos
estructurada que los organismos internacionales pero con visiones más plurales,
complementarias y diversas;
3.9 Se debería impulsar la traducción y la publicación en vietnamita de los textos clave que
reflejan el concepto actual del patrimonio cultural como integrado y holístico;
3.10 Las universidades vietnamitas deberían proporcionar los medios para realizar
investigación y formación sobre aspectos relacionados con el patrimonio en general y la
Convención del Patrimonio Mundial en particular;
3.11 Se debería crear un centro de formación en Hanoi para formar al personal involucrado
en la conservación y la gestión de sitios culturales en o alrededor de la capital incluyendo la
ciudadela de Thang Long -Hanoi así como el personal administrativo empleado por el comité
Popular de Hanoi; esta institución debería también formar a guías sobre aspectos, principios y
prácticas del patrimonio;
3.12 La formación de los medios de comunicación en patrimonio se debería considerar
esencial;
3.13 Las universidades tienen una contribución importante para convertir los paisajes
urbanos históricos en un extenso nuevo territorio conceptual para explorar;
3.14 Los 378 resúmenes enviados a este Seminario demuestran el interés por los paisajes
urbanos históricos desde la comunidad académica de todo el mundo. Además, los trabajos
presentados reflejan la gran variedad de herramientas disponibles y las espectaculares
interpretaciones y opiniones culturales de los paisajes urbanos históricos. Las diferentes
inquietudes despertadas con respecto a la amplitud del concepto demuestran la extensión del
territorio conceptual de los paisajes urbanos históricos, que todavía debe ser explorado por
medio de la investigación;
3.15 Se debería fomentar la investigación sobre los paisajes urbanos históricos,
RESUMEN
Para enfrentar esta situación, los poderes públicos toman medidas normativas (catalogación
de edificios, designación de áreas protegidas), que a menudo originan conflictos
característicos, al enfrentar los derechos de propiedad privados con los beneficios sociales y
culturales comunitarios.
En este marco, el objetivo del presente trabajo será el de analizar algunas de las variables
mencionadas, las relaciones que las vinculan y potencian, y los efectos que se producen
desde el punto de vista físico, cultural, social y económico.
Teniendo en cuenta las anteriores premisas, el trabajo desarrolla centralmente los siguientes
aspectos:
Si nos centramos en el punto de vista económico, eje de este trabajo, el patrimonio cultural
inmueble (especialmente si es de pertenencia privada) forma parte del mercado inmobiliario y
está sujeto a sus leyes. Sus propietarios u ocupantes toman decisiones acerca de las
transacciones que se realizan (venta, alquiler), así como de su conservación y,
eventualmente, de su ruina o demolición. Sin embargo, los bienes materiales “ambientales”
(entendiendo por tal a los de la naturaleza y a los de la cultura) tienen particulares
características que colisionan con el proceso anterior.
Como muchos de los atributos propios de los paisajes históricos urbanos pueden ser gozados
gratuitamente, no se generan fondos para financiar la conservación y ese “precio 0” suele
incentivar el sobreuso y la falta de mantenimiento (por ejemplo, el uso recreativo del Paseo
del Bosque de La Plata, sector incluido en el proyecto fundacional).
Aun en los casos en que se genera un beneficio económico, a través de derechos de acceso,
resulta difícil cobrar a los usuarios el precio óptimo, es decir, aquél que maximice el retorno
de beneficios netos hacia el bien (fenómeno de subprecio) (Pearce, et al.,1998:5). Por esta
razón, debe surgir el Estado, otros “patrones” u organizaciones filantrópicas que, mediante
subsidios u otros incentivos económicos, aseguren que el desarrollo de estas actividades se
acerque al nivel que socialmente es considerado como óptimo. Históricamente siempre ha
sucedido así; en el pasado, la nobleza, o más tarde, sectores poderosos invertían parte de
sus ingresos en productos culturales y su conservación, más como manifestación de poder o
nivel económico que por razones de beneficio social (Cassey at al., 1996:5).
En los países en desarrollo (para referirnos al contexto que más nos interesa), las actividades
destinadas a la preservación suelen pasar por tres fases. La primera está caracterizada por la
presión que ejercen algunas élites culturales para que se establezca algún control o
legislación al respecto. Ello trae como consecuencia, en general, intervenciones aisladas en
monumentos específicos, en general financiadas por filántropos privados. Muchos de estos
edificios se destinan a usos públicos, lo que suele llevar a una conservación no sustentable:
se realizan inversiones una y otra vez, debido a la falta de un mantenimiento sistemático y al
uso inapropiado.
Esta participación del Estado, en principio saludable, trae aparejados otros problemas: la falta
de continuidad en los esfuerzos de conservación debido a restricciones presupuestarias y la
evolución poco predecible de los recursos públicos. El Banco de Desarrollo Interamericano,
que otorga créditos para conservación, especialmente a municipios, ha advertido que el
proceso de conservación, como corrientemente se lo organiza y financia, no es sustentable a
largo plazo y representa una pesada carga en los presupuestos del sector público que,
además, deben priorizar en estos países, los problemas relativos a la pobreza (Rojas, 2001:
392-393).
La tendencia debería ser el avance hacia una tercera fase, en la que la preservación del
patrimonio histórico se convierta en responsabilidad de la comunidad como un todo,
incluyendo al sector privado. La sustentabilidad a largo plazo se logra cuando los edificios y
espacios públicos se usan adecuadamente, y cuando todos los actores sociales involucrados
colaboran con este objetivo.
Esta concepción un tanto maniquea no parece muy útil para enfrentar o tratar de solucionar
el problema del deterioro urbano. Es necesario analizar sus causas, que no dependen en
realidad de una “sensibilidad cultural” sino de una lógica económica, regida por las leyes de la
economía de mercado, en la que todos estamos inmersos. La rehabilitación sólo será viable si
incorpora una estrategia económica de intervención que invierta la lógica de los procesos de
deterioro.
Incluso en zonas comerciales que continúan siendo activas (como es el caso de una vía con
alto valor patrimonial, la Diagonal 80, en La Plata), se observa una situación particular: las
plantas bajas se han modificado drásticamente, mostrando mejores condiciones de
habitabilidad pero, al mismo tiempo, la pérdida irreparable de su arquitectura original;
mientras que las plantas altas, de las cuales las anteriores parecen estar separadas por una
especie de “medianera horizontal”, conservan sus características primeras pero en un estado
de degradación alarmante: se encuentran desocupadas, son utilizadas como depósitos o se
alquilan a sectores socialmente deprimidos.
En lo referente a centralidad, se entiende por tal cuando el sitio es requerido por actividades
sociales dominantes, como los usos terciarios especializados (por ejemplo, clínicas dedicadas
Desde la óptica privada, son diversas las acciones agresivas, muchas de ellas originadas en la
lógica económica del mercado. Cuando se produce un impacto económico positivo, ello
inmediatamente deriva en consecuencias físicas que, de no existir una normativa estricta pero
de aplicación factible, redunda en inmediatas consecuencias negativas para el patrimonio. Por
ejemplo, en nuestro país, en áreas agropecuarias con exitosas cosechas, los productores se
vuelcan a invertir parte de sus ganancias en el mercado inmobiliario de áreas urbanas
cercanas, que al no poseer una normativa específica para el patrimonio construido, acaban
con los edificios de valor patrimonial doméstico para alcanzar la máxima explotación
permitida del suelo.
4. ALGUNOS EJEMPLOS
En primer lugar, porque las intervenciones suelen ser de tan magnitud que es imposible para
el sector público el afrontarlas en forma aislada. En segundo lugar, porque en una sociedad
democrática la normativa se aplica con éxito cuando existe un mínimo consenso entre todos
los sectores involucrados, de manera que las ventajas de la conservación sean percibidas y
acordadas entre las partes.
También se evidencian los problemas sociales asociados a los procesos de preservación. Los
centros históricos suele contar con un antiguo stock de viviendas, más o menos intacto, con
frecuencia caracterizado por su alto valor patrimonial y arquitectónico. Al anunciarse o
realizarse mejoras edilicias y de infraestructura urbana, esta situación ejerce atractivo sobre
sectores económicamente pudientes, fenómeno que se conoce actualmente como
“gentrification” (proviene del inglés “gentry”, que significa “pequeña nobleza”, y que a veces
se traduce al español como “elitización”). La concentración de ciertos grupos económicamente
poderosos en el centro acelera la división espacial de las funciones, y expulsa a las rubros
comerciales o residenciales que no pueden competir con un nivel de renta inmobiliaria tan
elevada (Polèse, 2005: 344).
El objetivo fue el de preservar el patrimonio histórico y cultural del área y al mismo tiempo
diversificar la economía local a través del turismo y actividades recreativas. En el momento en
que el gobierno comenzó sus esfuerzos para rehabilitar el área, el barrio se encontraba en un
estado tal de decadencia que los propietarios de tierras no recibían ninguna renta ni
realizaban inversión alguna (Rojas, 1999:30).
Otro caso de interés es el de Lima, Perú (Figuras 2 y 3). Esta ciudad nace formalmente el 18
de enero de 1535. Por sus altos valores, el centro histórico fue inscripto en 1991 en la lista de
Patrimonio Mundial de la UNESCO. El avanzado deterioro hace que el centro enfrente hoy
graves problemas sociales que atentan contra la conservación de su valioso patrimonio
cultural. Lima es hoy una metrópoli que alberga a aproximadamente un tercio de la población
nacional; unas 28.000 familias habitan el centro histórico, con una amplia tugurización de
inmuebles residenciales que originalmente eran unifamiliares y hoy albergan hasta diez
familias.
El Plan Maestro de Lima es publicado en la prensa en 1999 y cuenta entre sus objetivos:
Por su parte, el Plan Estratégico para la Recuperación del Centro Histórico de Lima prevé
acciones para el período 2006 - 2035 ([Link]). Dicho Plan se basa en tres
soportes considerados imprescindibles para que este proceso sea sustentable:
Normativa unificada.
Seguridad ciudadana.
El Plan prevé la capacitación de la población residente, de modo que participe en las tareas de
demolición de tugurios, construcción de nuevas edificaciones y restauración de la zona
monumental. Una de las zonas prioritarias de trabajo se sitúa en las inmediaciones del
convento de San Francisco (declarado Patrimonio de la Humanidad y luego englobado en la
posterior declaratoria del centro histórico de Lima). Incluye al menos cinco inmuebles de gran
valor en estado ruinoso, con un alto grado de conflicto social y permanente confrontación
entre propietarios y ocupantes precarios.
Para la construcción de nuevas viviendas se han utilizado las áreas no intangibles del centro
monumental, respetando dicho contexto. Se trata de “viviendas productivas” de alrededor de
100 m2, que cuentan con áreas destinadas al desarrollo de actividades económicas vinculadas
al turismo. Como etapa de transición, se montaron fuera de la zona y en terrenos
municipales, alojamientos temporales con servicios comunes.
Como incentivo para la conservación privada, se instrumentó un sistema por el que los
propietarios de la llamada Microzona de Tratamiento pueden canjear su deuda en materia de
impuestos y tasas invirtiendo en la recuperación del inmueble de su propiedad (por cada sol
de inversión, es un sol de deuda cancelada).
Los estudios económicos emprendidos para este proyecto tuvieron en cuenta la teoría y los
instrumentos que han sido desarrollados en las últimas décadas en el nivel internacional en
relación a la economía del patrimonio cultural construido:
También se realizó una regresión, con el fin de estimar la influencia de las variables
explicativas (las ya mencionadas en el párrafo anterior) sobre la variable independiente (la
valuación fiscal). Una conclusión importante resultó que la valuación fiscal sólo se centra en la
cuantificación de inmuebles, desconociendo los múltiples aspectos cualitativos de los mismos,
entre ellos, su valor en tanto que patrimonio cultural y la potencialidad económica que de ello
deriva.
Valor fiscal y de mercado del suelo: en esta comparación se advirtió una marcada
diferencia, en la que el valor fiscal resulta 67% inferior al precio de mercado
medio área.
Importancia del área para el fisco municipal: esta investigación tuvo como
propósito estimar la potencial recaudación fiscal en concepto de ingresos y
contribuciones, lo que se relaciona con potenciales incentivos a los propietarios en
la áreas APH (Áreas de Protección Histórica) para mantenimiento y conservación
en la zona.
5. REFLEXIONES FINALES
Algunas de estas medidas a veces dependen más del sentido común y de una gestión
adecuada que de la inversión de cuantiosos presupuestos, aunque es cierto que algunos
resultados no son de esperar a corto plazo.
BIBLIOGRAFÍA
Clase 4