Buenos días.
Hoy quiero hablarles sobre dos momentos clave en la vida de Rigoberta
Menchú, cuya lucha por los derechos humanos la llevó al exilio, pero también al
reconocimiento mundial.
Para entender la vida y lucha de Rigoberta Menchú, es fundamental conocer el contexto en
el que creció. Guatemala vivió una guerra civil de 36 años, desde 1960 hasta 1996, un
conflicto marcado por la desigualdad social, la represión y la violencia. Durante este
período, miles de comunidades indígenas fueron víctimas de masacres, desplazamientos
forzados y violaciones a los derechos humanos, en lo que se considera un genocidio.
Rigoberta sufrió en carne propia la violencia del conflicto. Su madre fue brutalmente
torturada ysu padre Vicente Menchú y su primo Francisco Tum pierden la vida en la
Masacre de la Embajada de España en 1980, cuando la Policía Nacional de
Guatemala quemó vivas con fósforo blanco el edificio con 37 personas dentro. Desde muy
joven, se unió al Comité de Unidad Campesina para luchar por los derechos de los pueblos
indígenas, pero la persecución militar la obligó a exiliarse en México en 1981. Allí, con el
apoyo de grupos católicos militantes, se le brinda acilo político y continuó denunciando las
atrocidades en Guatemala y es allí donde participó en foros internacionales para visibilizar
la lucha de su pueblo."
En 1982, recorrió el mundo con su mensaje y consiguió ser escuchada en las Naciones
Unidas, comenzó a trabajar en la Subcomisión de Prevención de Discriminaciones y
Protección de Minorías de la ONU, y en 1991 contribuyó a la Declaración de los Derechos
de los Pueblos Indígenas. Su incansable labor fue reconocida en 1992 con el Premio Nobel
de la Paz , convirtiéndose en la primera persona indígena y la más joven en recibirlo, según
el Libro Guinness de los Récords. Con los fondos del premio, creó la Fundación Vicente
Menchú Tum, nombre en honor a su padre y primo enfocada en la educación y la defensa
de los pueblos indígenas.
Además, es importante resaltar que ha sido reconocido con importantes premios por su
trabajo en defensa de los derechos humanos y los pueblos indígenas. En 1998, recibió el
Premio Príncipe de Asturias de Cooperación Internacional por su trabajo en la
dignificación de la mujer y la lucha por la justicia social. En 2006, fue nombrada
Embajadora de Buena Voluntad de la UNESCO por su compromiso con la paz y los
derechos de los pueblos originarios. En 2014, se le otorgó el Premio Odebrecht en
reconocimiento a su liderazgo en el desarrollo sostenible y la educación También se
promovió la Ley de Idiomas Nacionales , que reconoce los 23 idiomas indígenas de
Guatemala y garantiza su uso en servicios públicos como la educación y la salud.
A pesar de la persecución y el exilio, Rigoberta Menchú nunca dejó de luchar,
convirtiéndose en un símbolo de resistencia y dignidad para los pueblos indígenas en
Guatemala y el mundo.