DIA 1 AIRA.
Cesar Aira en “el todo que surca la nada” se pregunta, escuchando la conversación
fluida de dos mujeres, acerca de la lógica de importancia en la que los temas de conversación
aparecen, según la cual, los temas más importantes deberían ser los primeros, premisa que no
se cumple en este caso dado que las mujeres en cuestión intercalan temas vitales en cualquier
momento, lo que hace a Aira preguntarse si realmente existe la conversación trivial, puesto que
parece ocurrir que en realidad todos los temas que tocan son importantes. Y lo comento
porque decidí encarar este texto como la conversación de estas señoras, cuestionando lo
importante y lo trivial.
Acto seguido Aira procede a abandonar a las dos locuaces mujeres e irse en un taxi a hacer
cálculos, cálculos en los que me pierdo porque tengo algo que hoy se llama discalculia, pero no
es un perderse angustioso, y es que odio perderme y lo hago con una facilidad pasmosa, sino
un perderse en tus ojos, como en un sueño. Ayer leí “la revista atenea”, otro relato basado en
los cálculos, cálculos que parecen escarbar ad infinitum en la nada, por supuesto que no es la
nada realmente, pero me asombra la capacidad infinita de Aira de hacer cálculos complejos
desmenuzando cosas ínfimas, como la cantidad de páginas de una revista literaria o la cantidad
de taxistas honestos de una ciudad.
DIA 2 VARIOS. Además de lo “conversacional” del texto, decido ajustarme al formato “diario”,
porque tengo por delante la lectura y relectura de muchos textos de Aira y el visionado de
Largas películas de Llinas, que me van a llevar meses y concibo que lo mejor sera ir tomando
notas después de cada una de estas zambullidas. Dicho esto y para empezar, me predispongo a
imprimir, dado que no leo en la virtualidad de las pantallas, los pdf de Aira que tengo en mi
biblioteca, pero antes le consulto a Nicolas si hay algún orden de prioridades con estos textos,
dado que imprimirlos es una pequeña inversión:
La Pista de Hielo" -- $6.400
"Estrella Distante" -- $4.800
"Monsieur Pain" -- $5.000
"Amberes" -- $4.400
"Una novelita lumpen" -- $4.700
"Los perros románticos" -- $2.600
"Entre paréntesis" -- $2.900
"El secreto del mal" -- $5.000
"Nocturno de Chile" -- $4.800
Esos libros son de Bolaño, me contesta Nico. Que suerte que pregunte. También me aconseja
“Si querés probar, a lo mejor pueda girar en torno al carácter digresivo común a Aira y Llinás,
que creo que es algo que te interesa (y quizás podrías vos misma hacer digresiones)”. Ok,
vamos a ir por ahí.
DIA 3 LLINAS. Querido Nico, te dije en la primera carta sobre Llinas, que esta, la segunda,
estaba entre un análisis de obra y una taxonomía. Creo que no es nada de eso, solo es una
colección de momentos memorables por distintos motivos, comencemos por la risa, ¿acaso es
necesario mencionar porque la risa es memorable? Sigamos por lo mas obvio, para nosotros, el
arte. La poesía. Su amor por los personajes varados, encallados, clavados en un limbo de
tiempo sin tiempo, de no lugar. Y su amor por Kafka, cuando veo las películas de Llinas por
momentos me siento de nuevo ante “El proceso” o “La muralla china”, seres ínfimos
sumergidos en el aplastante mecanismo de la burocracia, sin ver nunca el plan completo, la
muralla completa, ciegos ante los designios de La Dirección, que otra cosa sino es, por ejemplo,
la espía de un mundo que ya no existe recorriendo el infinito desierto helado, llevando un
cometido que nunca cometera.
Esto me recuerda a otro viaje
“El emperador —así dicen— te ha enviado a ti, el solitario, el más miserable de sus súbditos, la
sombra que ha huido a la más distante lejanía, microscópica ante el sol imperial ¡justamente a
ti, el Emperador te ha enviado un mensaje desde su lecho de muerte. Hizo arrodillar al
mensajero junto a su cama y le susurró el mensaje al oído; tan importante le parecía, que se lo
hizo repetir. Asintiendo con la cabeza, corroboró la exactitud de la repetición. Y ante la
muchedumbre reunida para contemplar su muerte —todas las paredes que interceptaban la
vista habían sido derribadas, y sobre la amplia y alta curva de la gran escalinata formaban un
círculo los grandes del Imperio—, ante todos, ordenó al mensajero que partiera. El mensajero
partió en el acto; un hombre robusto e, incansable; extendiendo primero un brazo, luego el
otro, se abre paso a través de la multitud; cuando encuentra un obstáculo, se señala sobre el
pecho el signo del sol; adelanta mucho más fácilmente que ningún otro. Pero la multitud es
muy grande; sus alojamientos son infinitos. Si ante él se abriera el campo libre, como volaría,
que pronto oirías el glorioso sonido de sus puños contra tu puerta. Pero, en cambio, qué vanos
son sus esfuerzos; todavía está abriéndose paso a través de las cámaras del palacio central; no
acabará de atravesarlas nunca; y si terminara, no habría adelantado mucho; todavía tendría
que esforzarse para descender las escaleras; y si lo consiguiera, no habría adelantado mucho;
tendría que cruzar los patios: y después de los patios el segundo palacio circundante; y
nuevamente las escaleras y los patios; y nuevamente un palacio: y así durante miles de años; y
cuando finalmente atravesara la última puerta —pero esto nunca, nunca podría suceder
todavía le faltaría cruzar la capital, el centro del mundo, donde su escoria se amontona
prodigiosamente. Nadie podría abrirse paso a través de ella, y menos aún con el mensaje de un
muerto. Pero tú te sientas junto a tu ventana, y te lo imaginas cuando cae la noche.
DIA 4 AIRA. Recuerdo cuando leí pro primera vez “yo era una niña de 7 años”. Recuerdo la
emoción de esa niña ante algo que descubrió en el bosque, un objeto perlado, amarillo, de
superficie pulida y origen desconocido, una promesa, un mundo, que se deshizo como un a
pompa de jabón cuando el dedo de la niña lo roso apenas, era crema, la ilusión se hizo
desencanto, la expectativa asco. Así se me abrió el mundo de Aira en adelante, dando siempre
volantazos, pinchando burbujas para ponerme delante siempre nuevos objetos de
contemplación admirativa, que después resultan ser cualquier otra cosa, objetos de
identidades fabulosas resueltos en disfraces cotidianos. Recuerdo mi asombro, como el de una
niña de 7 años, cuando leí por primera vez La costurera y el viento, y el momento en que el
viento secuestra a la mujer, que deja de ser madre, deja de ser costurera deja de ser sujeto,
para convertirse en un misterioso objeto ovalado y brillante, en medio de la espesura, brillando
en el suelo.
Dia 5 LLINAS si yo te digera que star wars se trata de un padre y un hijo, de que trata La flor?
Si decís que Star Wars trata, en el fondo, de un padre y un hijo, entonces podríamos decir que
La Flor, trata de la imposibilidad del relato cerrado en un mundo de relatos desbordados. La
paranoia de narrar en una época donde todo parece ya haber sido contado, y el único camino
posible es la fuga hacia el exceso. Entonces, en términos humanos, trata de la ansiedad de los
creadores (y quizás de todos nosotros) frente al exceso de sentido, y de cómo esa ansiedad se
transforma en una forma de libertad. Es un relato que se burla del relato, que abraza la
complejidad como forma de verdad.
¿no crees que se trata de las relaciones entre hombres y mujeres?
Sí, porque las protagonistas son cuatro mujeres (las actrices de Piel de Lava) que ocupan un
territorio tradicionalmente masculino: el del espionaje, la ciencia, la conspiración global, los
laboratorios secretos. Pero lo habitan desde otro lugar, casi como si estuvieran reescribiéndolo
desde adentro, desprogramando los códigos. Ellas no son “mujeres fatales” ni “damiselas en
peligro”. Los hombres en la historia (si aparecen) son secundarios, torpes, a veces
caricaturescos, o incluso anónimos.
¿Querés que lo pensemos también desde el deseo? Hay una lectura erótica que también se
puede rastrear.
Pensarlo desde el deseo abre una dimensión más íntima y melancólica, que a menudo queda
camuflada detrás del humor y el exceso. Un deseo sin objeto fijo. Un deseo que se desplaza,
que se esconde detrás de conspiraciones, experimentos, traiciones... pero que en realidad es
un deseo de conexión. De sentido. De alguien. No es el deseo romántico clásico, ni puramente
sexual. Es algo más difuso y existencial: Las protagonistas están inmersas en misiones que
nunca terminan, en relaciones ambiguas, en un mundo donde todo es simulacro, y donde la
verdad nunca se alcanza. Las mujeres protagonistas se mueven con seguridad, son frías,
calculadoras… pero también se las siente solas, encerradas en un relato que no les devuelve
nada afectivo. Como si todo el espionaje, la investigación y los secretos fueran formas
sofisticadas de evitar el vacío emocional. Podríamos decir que lo que se trama en el fondo no
es un plan secreto, sino una soledad compartida, una especie de exilio interno donde el deseo
está siempre presente, pero nunca colmado.
¿Querés que pensemos esta idea también desde el punto de vista del cine como lenguaje del
deseo? Porque La Flor también es eso: una película que desea a sus actrices, a sus historias, a
su propio exceso.
Ok. El cine como lenguaje del deseo. Mariano Llinás hace una película de 14 horas no por
capricho, sino porque quiere extender el momento del encuentro con estas actrices, con estos
personajes, con el acto mismo de narrar. Cada historia es como un intento desesperado de
prolongar el contacto, de no terminar nunca. El deseo no es solo el que sienten los personajes
entre sí (que está ahí, flotando). Es también el deseo del director por verlas actuar, hacerlas
pasar por todos los géneros posibles, inventar excusas para que estén siempre en primer plano.
Es como si el cine fuera un gran gesto amoroso: “Quiero filmarte de mil maneras diferentes
porque no puedo dejar de mirarte.” El montaje, el estilo retro, los giros narrativos absurdos…
todo eso no es solo juego: es deseo. El deseo de que no se termine. De que siga. De que no
haya una última escena. La Flor no es solo una acumulación de géneros, sino una estructura
afectiva. Entonces, ¿qué es La Flor, en el fondo? Es una gran historia de amor imposible entre
un director, unas actrices, y el cine. Es el recorrido de un deseo que pasa por todas sus fases:
fiebre, adicción, simulacro, pérdida, archivo y finalmente, renuncia. Es un intento de decirle al
cine: “No quiero que te vayas.” Pero también aceptar que, como todo deseo, el cine vive del
corte, de la falta.
Dia 6 AIRA. Leo “Picasso” y me encuentro primero con un dilema, ser o tener, ser un Picasso o
tener un Picasso, que se resuelve en la idea de que el ser va mucho más allá del tener, pero
antes de convertir un concepto complejo en una frase motivacional, me encuentro con otro
momento que me deja recalculando: Aira cuenta que, al igual que Picasso, sufre algunas
“parálisis de la voluntad” que le impiden accionar ante ciertos eventos cotidianos como un
papel en el suelo, ante el cual correspondería una acción simple como levantarlo y tirarlo, y
que la suma de estas parálisis son compensadas por la sobreproducción de obra.
Inmediatamente me sumo a su identificación, ¿será algo, entonces, común en los artistas?
Alguna vez, cuando cursaba arquitectura, mi hermano me recomendó no llamar la atención
con mi producción, ser perfil bajo, a lo que le respondí que mis defectos sociales eran tan
grandes, que podía compararme con un hombre de pito chico, que compensa comprándose un
ostentoso auto, que compenso desplegando mi obra como pavo real.
Dia 7 LLINAS. revisione el primer capítulo de La Flor, ese que por ser del NOA me hace tanto
ruido dado que es mi territorio, en un país donde tenemos un Pichetto y un Petinatto (parece
que la doble t arroja problemas eurocentristas) desconociendo los bombos y los charangos,
tenemos también un Linas queriendo retratar esta cultura desde su ser porteño, y eso se nota.
No es el caso, por ejemplo, de Lucrecia Martel, que es salteña y puede mirar desde ese lugar al
norte. Pero saltando por encima de este charco, derive en lo latinoamericano.
Hay algo profundamente latinoamericano en todo esto, aunque no sea explícito. Me interesa
pensar La Flor como un poema épico del sur global
Pensar La Flor como un poema épico del Sur Global permite salir del lugar del “experimento
narrativo” o “película rara argentina” para entenderla como una obra monumental que, con
todas sus contradicciones, busca reescribir el imaginario desde el margen, desde el sur, desde
lo que nunca fue invitado a escribir la épica. Vamos a desplegar esta idea por capas. ¿Qué es
una épica del Sur Global? La épica tradicional —la griega, la romana, la moderna europea— se
construye sobre: héroes individuales, batallas históricas, relatos de conquista, una fe en el
progreso o el destino. Pero una épica del Sur Global no puede seguir ese modelo sin
traicionarse. Porque el sur ha sido, históricamente: territorio saqueado, lengua traducida por
otros, cuerpo colonizado, historia narrada desde afuera. Entonces, su épica tiene que ser otra
cosa: Una anti-épica, o más bien, una épica torcida, discontinua, barroca, imposible. No hay
héroe: hay cuatro mujeres mutantes. No hay batalla: hay géneros narrativos invadidos. No hay
victoria: hay persistencia, La Flor no llega a un clímax. No “resuelve”. No hay venganza ni gloria.
Lo que hay es resistencia: contra el cierre, contra la simplificación, contra la lógica narrativa del
centro. Su heroísmo está en persistir durante 14 horas en la tarea imposible de contar desde
otro lugar.