UNIVERSIDAD LAICA ELOY ALFARO DE MANABÍ
FACULTAD DE INGENIERIA INDUSTRIA Y ARQUITECTURA
CARRERA DE INGENIERIA CIVIL
ASIGNATURA:
ETICA PROFESIONAL
NOMBRE:
MILENA HEIDY MENDOZA TOMALÁ
DOCENTE:
ING. MARIA KARINA PILOSO PIN
CIUDAD:
MANABÍ-MANTA
Tarea Final – Unidad 3
Ética Profesional – Cuarto Semestre de Ingeniería Civil
Título de la Tarea:
Ingeniería con propósito: mi compromiso ético con la sociedad, el prójimo y
conmigo mismo.
Objetivo:
Reflexionar de forma crítica sobre los conceptos de ética de la felicidad,
autodeterminación y responsabilidad profesional, relacionándolos con un caso real o
hipotético de la ingeniería civil.
Caso hipotético
Corrupción en la construcción de una planta de tratamiento de aguas
residuales
Análisis del bienestar ético y cómo el caso afecta a los involucrados.
La corrupción es uno de los principales desafíos que enfrenta la ética profesional
en la ingeniería civil, especialmente en proyectos de infraestructura pública. Cuando
intereses económicos o políticos se imponen sobre el bienestar colectivo, los
profesionales enfrentan decisiones difíciles que pueden afectar su integridad y la vida de
muchas personas. Este caso hipotético expone una situación donde el ingeniero
responsable debe enfrentar una red de corrupción dentro de una obra pública y decidir si
actuar conforme a los principios éticos o ceder a las presiones institucionales.
En la ciudad de San Gregorio, el gobierno municipal adjudicó la construcción de
una planta de tratamiento de aguas residuales (PTAR) a las empresas Holcim y Metal
Hierro, mediante un proceso de contratación que, aunque presentado como público,
mostró señales de favoritismo. Esta planta tenía como finalidad mejorar el saneamiento
ambiental de dos comunidades aledañas, proteger el ecosistema de la cuenca local y
garantizar condiciones mínimas de salud para los habitantes. El contrato fue firmado por
un monto de 3 millones de dólares y debía ejecutarse en un plazo de 12 meses.
Se contrató a un ingeniero residente con experiencia moderada en obras
hidráulicas. Durante los primeros meses, el profesional demostró responsabilidad técnica
y compromiso. Sin embargo, comenzó a notar múltiples irregularidades: el uso de tuberías
de menor diámetro al especificado, concretos de baja resistencia, materiales con precios
inflados, personal técnico sin capacitación y procedimientos constructivos mal
ejecutados.
Al revisar los documentos del proyecto, descubrió que ciertos pagos habían sido
aprobados por el fiscalizador municipal pese a que las actividades descritas no se habían
realizado o no cumplían con los estándares técnicos. Además, obtuvo información de que
parte del presupuesto había sido desviado en sobornos a funcionarios públicos y a
directivos de las empresas contratistas.
Ejercicio de la libertad y decisiones éticas en el caso.
Lo más responsable habría sido redactar un informe técnico con evidencia
fotográfica, resultados de laboratorio y comparaciones contra las especificaciones del
proyecto, con el fin de denunciar que los contratistas, el fiscalizador y varios trabajadores
estaban actuando sin el compromiso técnico ni ético necesario para entregar una obra
segura y funcional a la comunidad.
Desde la perspectiva de la ética de la felicidad, Aranguren (1996) afirma que las
acciones deben orientarse al bienestar colectivo. En este caso, la corrupción compromete
ese bienestar: una planta de tratamiento mal construida puede no solo fallar en su función
de saneamiento, sino también convertirse en un foco de contaminación. Esto pondría en
riesgo la salud de cientos de personas, deterioraría los recursos naturales y comprometería
la confianza ciudadana en las instituciones públicas.
Estas prácticas no solo violan normas técnicas, sino que vulneran los principios
de justicia, equidad y dignidad. La ética del ingeniero, por tanto, no puede desligarse del
impacto humano y ambiental de sus decisiones. Como indica la UNESCO (2002), el
profesional tiene el deber de anteponer el interés de la sociedad a cualquier beneficio
personal, institucional o político.
Ejercer la libertad profesional también implica tomar decisiones responsables y
valientes. Un ingeniero es libre cuando prioriza el cumplimiento de los estándares de
seguridad, aunque eso le enfrente a presiones económicas o políticas que intenten abaratar
costos sin medir consecuencias. Como se señala en Ética, Libertad e Ingeniería (p. 8), la
autonomía profesional está profundamente vinculada con la responsabilidad.
Savater (1997) sostiene que la libertad consiste en actuar según principios, no
según conveniencia. Firmar un informe técnico sabiendo que oculta falencias, aunque
facilite conservar el cargo, convertiría al profesional en cómplice de una cadena de
corrupción que afecta a toda una comunidad.
La autodeterminación profesional implica tener el coraje de actuar desde la verdad
técnica y moral, incluso en contextos adversos. La ética no se demuestra con palabras,
sino con decisiones incómodas pero necesarias. Guardar silencio ante la corrupción
también es una forma de traición profesional.
El Código de Ética de la Sociedad Americana de Ingenieros Civiles (ASCE) lo
deja claro: los ingenieros deben “rechazar cualquier forma de corrupción o práctica
deshonesta” y “proteger la vida, la salud y la seguridad pública” (ASCE, 2023).
En el ejercicio de la ingeniería civil, la responsabilidad ética no se limita a cumplir
normas técnicas o administrativas; abarca también un compromiso profundo con la
sociedad, con las personas directamente impactadas por la obra, y con la integridad del
profesional. Esta triple dimensión es fundamental cuando se trata de proyectos que
pueden comprometer la salud pública y el equilibrio ambiental.
Reflexión sobre la responsabilidad profesional
La responsabilidad con la sociedad exige que cada decisión técnica se oriente al
bien común. La infraestructura sanitaria es más que un conjunto de tuberías y tanques; es
una solución concreta para evitar enfermedades, proteger el medioambiente y mejorar la
calidad de vida. Ignorar fallas o aceptar irregularidades representa una amenaza directa a
ese bienestar.
También está la responsabilidad con el prójimo. Las comunidades que esperaban
una planta funcional para reducir la contaminación y mejorar el acceso al agua limpia
confían en que la obra será ejecutada con responsabilidad. Esa confianza no debe ser
traicionada. Cada paso mal dado en la construcción puede traer consecuencias graves para
la salud de cientos de personas.
Propuesta de intervención ética
En un caso como este, donde la corrupción afecta la calidad y funcionalidad de
una planta de tratamiento, es fundamental actuar de manera firme y ética. Lo correcto
sería recopilar pruebas sólidas: fotografías, registros técnicos, muestras de materiales,
testimonios y cualquier documentación que evidencie las irregularidades. Con esa base,
elaborar un informe técnico formal y presentarlo ante el Colegio de Ingenieros, la
Contraloría o la autoridad ambiental competente.
Además, si las condiciones lo permiten, se debería solicitar una suspensión
temporal de la obra para garantizar una auditoría independiente. En caso de que las
autoridades no respondan y las irregularidades persistan, el ingeniero debe considerar
renunciar, dejando constancia clara de los motivos y protegiendo así su integridad
profesional.
Toda acción debe estar orientada a asegurar que la infraestructura que se entrega
a la comunidad sea segura, funcional y ética. El profesional debe poder dormir tranquilo
sabiendo que actuó conforme a los principios que definen su carrera.
Referencia Bibliográfica
• UNESCO. (2002). Engineering: Issues, Challenges and Opportunities for
Development. Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia
y la Cultura. Recuperado de:
[Link]
• American Society of Civil Engineers (ASCE). (2023). ASCE Code of Ethics.
Recuperado de: [Link]