momento en el que sabes el cómo, empiezas a morir un poco. El artista nunca sabe del todo.
Adivinamos. Podemos estar equivocados, pero nos lanzamos una y otra vez en la
oscuridad».
AGNES DE MILLE «Pareceré un idiota», decimos, recordando imágenes de nuestra
primera clase de teatro, nuestro primer y torpe relato, nuestros terribles dibujos. Aquí, parte
del juego consiste en poner en fila a los maestros y medir nuestros pasos de bebé con su
oficio de años. No comparamos nuestras películas de estudiantes con las películas que hizo
George Lucas de estudiante: las comparamos con La guerra de las galaxias.
Negamos que para hacer algo bien primero tengamos que estar dispuestos a hacerlo
mal. Así que optamos por fijar el límite en aquel punto en el que estamos convencidos de
nuestro éxito. Viviendo dentro de estas fronteras tal vez nos sintamos asfixiados, ahogados,
desesperados, aburridos. Pero, sí, nos sentimos seguros. Y la seguridad es una ilusión muy
cara.
Para arriesgar hay que deshacerse de nuestros límites asumidos. Debemos romper
con los «No puedo porque...». ¿Porque soy demasiado viejo, demasiado pobre, demasiado
tímido, demasiado arrogante? ¿Porque estoy a la defensiva? ¿Porque soy un timorato?
Normalmente, cuando decimos que no podemos hacer algo, lo que queremos decir
es que no haremos algo a no ser que podamos garantizar que lo haremos perfectamente. Los
artistas en activo saben la locura que supone esta postura. Entre los directores hay un chiste
habitual: «Oh, sí, siempre sé exactamente cómo hay que dirigir la película. Después de
haberla dirigido».
Como artistas bloqueados esperamos de forma poco realista y nos exigimos éxito a
nosotros mismos, así como el reconocimiento de ese éxito en los demás. Con exigencia
muda muchas cosas permanecen fuera de nuestra esfera de posibilidades. Como actores
tendemos a permitirnos que se nos encasille en lugar de trabajar en expandir nuestro
abanico de personajes. Como cantantes estamos casados con nuestro repertorio seguro.
Como compositores intentamos repetir la fórmula de un hit. De esta manera, los artistas que
no parecen bloqueados a ojos ajenos experimentan un bloqueo interno, al ser incapaces de
asumir el riesgo de moverse a un territorio artístico nuevo y más satisfactorio.
«No podemos escapar del miedo. Sólo podemos transformarlo en un compañero que viene
con nosotros en todas nuestras emocionantes aventuras... Asume un riesgo al día, un toque
leve o audaz que te hará sentir bien después de hacerlo».
SUSAN JEFFERS Una vez que estemos dispuestos a aceptar que cualquier cosa que
merezca la pena hacer posiblemente merezca la pena aunque lo hagamos mal, nuestras
opciones aumentarán. «Si no tuviera que hacerlo perfectamente, probaría a...»:
1. Hacer monólogos cómicos.
2. Danza moderna.
3. Rafting en aguas bravas.
4. Arquería.
5. Aprender alemán.
6. Dibujo.
7. Patinaje artístico.
8. Ser rubia platino.
9. Manejar marionetas.
10. Trapecio.
11. Natación sincronizada.
12. Polo.
13. Usar pintalabios rojo.
14. Apuntarme a clases de costura.
15. Escribir relatos.
16. Leer mis poemas en público.
17. Unas vacaciones tropicales improvisadas.
18. Aprender a rodar vídeos.
19. Aprender a montar en bici.
20. Apuntarme a clases de acuarela.
En la película Toro salvaje, el mánager y hermano del boxeador Jack La Motta le
explica por qué debería perder algo de peso y pelear contra un oponente desconocido.
Después de un discurso intrincado que deja perplejo a La Motta, concluye: «Así que hazlo.
Si ganas, ganas, y si pierdes, ganas».
Siempre es así a la hora de asumir riesgos.
«Apunta a la luna. Incluso si fallas, caerás entre las estrellas».
LES BROWN Por decirlo con otras palabras: muchas veces merece la pena asumir un
riesgo sencillamente por el hecho de asumirlo. Hay algo revitalizante en ampliar nuestra
definición de nosotros mismos, y eso es exactamente lo que hace un riesgo. Escoger un
desafío y enfrentarse a él crea una sensación de poder personal que se convierte en la base
de nuevos y exitosos desafíos. Visto de esta manera, correr un maratón aumenta tus
posibilidades de escribir una obra dramática de dos horas. Y escribir una obra dramática te
da más puntos a la hora de conseguir correr un maratón.
«No hay deber en el arte porque el arte es libre».
WASSILY KANDINSKY Completa la siguiente frase: «Si no tuviera que hacerlo
perfectamente, probaría a...».
ENVIDIA
Según he oído muchas veces, la envidia es una emoción humana normal. Cuando
escucho eso, pienso: «Puede que tu envidia lo sea; la mía, no».
Mi envidia ruge en mi cabeza, me oprime el pecho, me agarra las paredes del
estómago con un puño frío buscando cómo hacerme más daño. Hace mucho que considero
que la envidia es mi mayor debilidad; hace muy poco que he descubierto que, en realidad,
es una amiga que brinda un amor cruel.
La envidia es un mapa. Es distinto en cada uno de nosotros y a cada uno de nosotros
probablemente nos sorprendan algunas de las cosas que descubriremos en nuestros
respectivos mapas de la envidia. A mí, por ejemplo, nunca me ha reconcomido el
resentimiento por el éxito de las mujeres novelistas, pero sentía un interés insano en las
venturas y desventuras de las mujeres dramaturgas. Era su crítica más feroz, hasta que
escribí mi primera obra. Con aquella acción, mi envidia desapareció y se vio sustituida por
un sentimiento de camaradería. Mi envidia, en realidad, era una máscara del miedo a hacer
algo que quería hacer pero para lo cual aún no tenía la suficiente valentía.
La envidia siempre es una máscara del miedo: miedo a no ser capaces de conseguir
lo que queremos; frustración por que otra persona parece estar logrando lo que por derecho
nos pertenece a nosotros, incluso aunque tengamos demasiado miedo de alcanzarlo. En su
raíz, la envidia es una emoción tacaña. No permite la abundancia y multiplicidad del
universo. La envidia nos dice que sólo hay sitio para uno: un poeta, un pintor, un lo que sea
que tú sueñes con ser.
«Con coraje te atreverás a correr riesgos, tendrás la fortaleza de ser compasivo y la
sabiduría para ser humilde. El coraje es el fundamento de la integridad».
KESHAVAN NAIR La verdad revelada por las acciones que realizamos en favor de
nuestros sueños es que hay sitio para todos nosotros. Pero la envidia produce visión túnel,
disminuye nuestra capacidad para ver las cosas con perspectiva, nos despoja de nuestra
habilidad para contemplar otras opciones. La mayor mentira que nos cuenta la envidia es
que no tenemos más opción que sentir envidia. De manera perversa la envidia nos priva de
nuestra voluntad de actuar, cuando es la acción la que guarda las llaves de nuestra libertad.
EL MAPA DE LA ENVIDIA, UN EJERCICIO
Nuestro mapa de la envidia estará compuesto por tres columnas. En la primera
columna nombra a las personas que te generan envidia. Al lado de cada nombre escribe por
qué. Sé tan específico y concreto como puedas. En la tercera columna apunta una acción
que puedas emprender para salir de la envidia y dirigirte hacia el riesgo creativo. Cuando la
envidia te muerde, requiere un antídoto inmediato, como la mordedura de una serpiente.
Sobre el papel, haz tu mapa de la envidia.
QUIÉNPOR QUÉACCIÓN/ANTÍDOTO
Mi hermana Libby.
Tiene un verdadero estudio de arte.
Arreglar el cuarto de invitados.
Mi amigo Ed.
Escribe buenas novelas policíacas.
Prueba a escribir una.
Anne Sexton.
Es una poeta famosa.
Publicar los poemas que tengo guardados desde hace años.
Hasta los cambios más importantes empiezan con las modificaciones más
insignificantes. El verde es el color de la envidia pero también el de la esperanza. Cuando
aprendes a embridar su feroz energía en tu propio beneficio, la envidia es parte del
combustible que te impulsa hacia un futuro más fértil y lleno de verdor.
ARQUEOLOGÍA, UN EJERCICIO
Las frases que siguen suponen trabajo detectivesco, pues hay muchas partes
enterradas de nosotros mismos que podemos descubrir excavando un poco. Tus respuestas
no sólo te dirán qué se te perdió en el pasado, también te dirán lo que podrías estar
haciendo ahora para reconfortar a tu niño artista. No es demasiado tarde, te diga tu ego lo
que te diga.