Los centros psiquiatricos poseen veracidad real; la visión critica de
David Rosenhan:
Capítulo 1: El eco de los muros blancos
A principios de los años 70, en una época en la que los hospitales psiquiátricos eran lugares
temidos y respetados por igual, un psicólogo con mirada inquisitiva y pensamiento rebelde se
preguntó algo simple, pero profundamente inquietante: ¿Están los psiquiatras realmente
capacitados para distinguir entre locura y cordura?
Ese hombre era David Rosenhan, profesor de psicología y derecho. Observador agudo de las
estructuras sociales, comenzó a notar que muchas personas diagnosticadas con enfermedades
mentales eran tratadas más como etiquetas que como individuos. La deshumanización parecía ser
parte del tratamiento. Y él, incapaz de aceptar la superficialidad del juicio clínico, decidió poner
a prueba el sistema.
Capítulo 2: Los pseudopacientes
Rosenhan reunió a ocho personas: tres mujeres y cinco hombres, todos mentalmente sanos. Su
misión era clara: debían presentarse en distintos hospitales psiquiátricos diciendo que
escuchaban una voz que repetía tres palabras: "hueco", "golpe" y "vacío". Esa fue toda la
mentira. Una vez ingresados, actuarían con total normalidad.
Todos fueron diagnosticados con esquizofrenia y hospitalizados. Ninguno fue identificado como
sano por el personal médico. La voz desaparecía después del ingreso, pero eso no importó. Todo
lo que hacían – desde tomar notas hasta caminar por el pasillo – era reinterpretado como un
síntoma de su supuesta enfermedad.
Rosenhan había comprobado lo que temía: una vez etiquetada como “loca”, una persona se
convertía en prisionera de esa etiqueta, y todo su ser se reinterpretaba desde ese prisma.
Capítulo 3: El manicomio es el síntoma
El experimento fue un golpe brutal a la psiquiatría institucional. Rosenhan argumentó que los
sistemas de salud mental no estaban realmente interesados en sanar, sino en mantener el
control y reafirmar su autoridad profesional. Su crítica se centró en dos pilares:
1. El poder de la etiqueta diagnóstica, que despojaba al individuo de su identidad para
reducirlo a una patología.
2. La despersonalización, donde los pacientes eran tratados más como objetos de estudio o
peligros latentes que como seres humanos.
Él mostró que el comportamiento humano no podía entenderse fuera del contexto en que ocurre.
Una persona “loca” en un manicomio podría no parecer tan distinta de una “cuerda” fuera de él.
¿Dónde comenzaba entonces la enfermedad mental? ¿Y dónde terminaba?
Capítulo 4: El sistema responde
Tras la publicación de su artículo "On Being Sane in Insane Places" en 1973, la comunidad
psiquiátrica estalló. Algunos lo llamaron manipulador; otros, un farsante. Pero lo más irónico fue
la respuesta de un hospital que, decidido a desenmascararlo, lo retó a enviar pseudopacientes
para atraparlos.
Rosenhan aceptó. Durante los siguientes meses, el hospital identificó docenas de supuestos
impostores. El problema: Rosenhan no había enviado a nadie.
Así desenmascaró nuevamente el absurdo: los hospitales estaban tan enfocados en defender su
credibilidad que comenzaron a ver fantasmas en pacientes reales.
Capítulo 5: Más allá del experimento
La crítica de Rosenhan no fue simplemente un ataque contra la psiquiatría, sino una advertencia
contra la arrogancia del sistema médico que pretende entender el alma humana solo desde lo
biológico y estadístico.
Su historia cuestiona el rol de las instituciones que, en lugar de cuidar, reprimen; que
medicalizan la diferencia y hacen del diagnóstico una forma de exclusión. Rosenhan invitaba a
mirar más allá del síntoma y a restaurar la dignidad de quienes son etiquetados como “otros”.
Capítulo 6: El legado invisible
David Rosenhan nunca repitió un experimento tan polémico. Muchos hospitales reformaron sus
protocolos tras su publicación. El movimiento antipsiquiátrico cobró fuerza, y su experimento
sigue siendo uno de los más influyentes y debatidos de la psicología moderna.
Murió en 2012, en silencio. Pero su legado sigue vivo como un susurro en los pasillos de
hospitales psiquiátricos: ¿Y si el loco no era el paciente, sino el sistema?