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2019-06 Sgdo Cor Catequesis-HoraSanta

El documento es una guía para una Hora Santa en la Parroquia San Miguel Arcángel, que invita a los participantes a abrir sus corazones a Dios y a reflexionar sobre el amor de Cristo. Incluye lecturas bíblicas, oraciones y meditaciones sobre la Eucaristía y la Pasión de Cristo, enfatizando la importancia de acompañar a Jesús en su sufrimiento y la necesidad de amor y unidad entre los creyentes. Se concluye con un llamado a la adoración y la entrega personal a Dios.

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El documento es una guía para una Hora Santa en la Parroquia San Miguel Arcángel, que invita a los participantes a abrir sus corazones a Dios y a reflexionar sobre el amor de Cristo. Incluye lecturas bíblicas, oraciones y meditaciones sobre la Eucaristía y la Pasión de Cristo, enfatizando la importancia de acompañar a Jesús en su sufrimiento y la necesidad de amor y unidad entre los creyentes. Se concluye con un llamado a la adoración y la entrega personal a Dios.

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1

Hora santa

Consolando el Corazón de
Jesús
Parroquia San Miguel
Arcángel
Texistepec ver.
2

Monición de entrada (en pie)

Monitor: “Abrid vuestro corazón a Dios, dejad sorprenderos por


Cristo. Dadle el «derecho a hablaros». Abrid las puertas de vuestra
libertad a su amor misericordioso. Presentad vuestras alegrías y
vuestras penas a Cristo, dejando que Él ilumine con su luz vuestra
mente y acaricie con su gracia vuestro corazón” (Benedicto XVI a los
jóvenes en Colonia 20 de agosto 2005) es la invitación apremiante que
nos hace esta noche el Papa Benedicto XVI cuando nos ponemos
delante del sagrario al comenzar esta hora santa.
Jesús venciendo nuestros miedos nos invita a vivir esta noche
dándole a Él nuestra vida. Desde la custodia nos dice: “Yo soy el
camino, la verdad y la vida”. Me doy por ti, por cada una de vosotras,
en ofrenda obediente al Padre.
Mi entrega de amor se hace ahora más presente que nunca.
Agradecidos por esa entrega, no queremos dejarle solo, queremos
acompañarle para recibir de Él la fuerza de su gracia.
¡Acojamos su don, su ofrenda, su despojamiento!,
acompañémosle en silencio, dejándonos quemar por el fuego de su
corazón.

Todos: “Me amó... y se entregó a la muerte por mí”. Su cruz nos ha


salvado.

Monitor: El amor de Dios se ha manifestado en la persona de Cristo y


por Él en todos los que lo acogen en sus vidas.

(Sentados)
Lectura. Rm. 8, 28-39.

“Hermanos, sabemos que a los que aman a Dios todo les sirve
para el bien: a los que ha llamado conforme a su designio. A los que
había escogido, Dios los predestinó a ser imagen de su Hijo, para que
Él fuera el primogénito de muchos hermanos. A los que predestinó,
los llamó; a los que llamó, los justificó; a los que justificó, los
glorificó. ¿Cabe decir más? Si Dios está con nosotros,
¿quién estará contra nosotros? El que no perdonó a su propio Hijo,
sino que lo entregó por todos nosotros, ¿cómo no nos dará todo con
Él? ¿Quién acusará a los elegidos de Dios? ¿Dios, el que justifica?
¿Quién condenará? ¿Será acaso Cristo, que murió, más aún, resucitó
y está a la derecha de Dios, y que intercede por nosotros? ¿Quién
podrá apartarnos del amor de Cristo?, ¿la aflicción?, ¿la angustia?, ¿la
persecución?, ¿el hambre?, ¿la desnudez?, ¿el peligro?, ¿la espada?,
como dice la Escritura: “Por tu causa nos degüellan cada día, nos
tratan como a ovejas de matanza”. Pero en todo esto vencemos
fácilmente por aquél que nos ha amado. Pues estoy convencido de
que ni muerte, ni vida, ni ángeles, ni principados, ni presente, ni
futuro, ni potencias, ni altura, ni profundidad, ni criatura alguna
podrá apartarnos del amor de Dios manifestado en Cristo Jesús,
Señor nuestro.”

Todos: El amor de Dios hace a los hombres hermanos.

Lector 1: Podeos contemplar dos escenas en un solo acto, el día de


Jueves Santo. Una en el Cenáculo. Momento de intimidad, de
confidencias, de consejos, del don de Sí mismo, de la promesa del
Espíritu Santo. El Corazón de Cristo goza con los suyos. El segundo
momento, de oración angustiada, de soledad profunda, de abandono,
de hastío, de lucha terrible, de abandono de todo consuelo, de
sufrimiento atroz... Y todo vivido en rendimiento total a la Voluntad
del Padre. Sigamos a Cristo. Acompañémosle esta noche santa.
3

Todos: “Ardientemente he deseado celebrar esta Pascua con vosotros”.

Lector 1: La Palabra hecha carne, Jesucristo, está presente hoy en la


Eucaristía. Este es el sacramento de la presencia de Cristo que se nos
da porque nos ama. Él nos ama a cada uno personalmente en la vida
concreta de cada día. Es hermoso estar con Él y palpar el amor
infinito de su corazón.

Todos: “Señor, repetimos con San Pedro, ¿a quién iremos?, Tú tienes


palabras de vida eterna”.

Lector 2: Dejemos que la Eucaristía modele nuestra vida; que nos


haga sembrar comunión y vida de familia en nuestros ambientes.
“Cristo el Señor [...] consagró en su mesa el misterio de nuestra paz
y unidad. El que recibe el misterio de la unidad y no posee el vínculo
de la paz, no recibe un misterio para provecho propio, sino un
testimonio contra sí” (EEu, 40).

Todos: “Yo he venido para que tengan vida y la tengan en


abundancia”. (De rodillas)

Monitor:

Preguntas de Amor
(Fray Luis de León)

Si pan es lo que vemos, ¿cómo


dura, sin que comiendo del se nos
acabe?
Si Dios, ¿cómo en el gusto a pan nos sabe?
¿Cómo de sólo pan tiene figura?
Si pan, ¿cómo le adora la criatura?
Si Dios, ¿cómo en tan chico espacio
cabe? Si pan, ¿cómo por ciencia no
sabe?
Si Dios, ¿cómo le come su
hechura? Si pan, ¿cómo nos harta
siendo poco? Si Dios, ¿cómo
puede ser partido?
Si pan, ¿cómo en el alma hace
tanto? Si Dios, ¿cómo le miro y
le toco?
Si pan, ¿cómo del cielo ha
descendido? Si Dios, ¿cómo no
muero yo de espanto?

(En pie)

Coro 1: Gracias, Señor, por desear ardientemente celebrar la


Pascua con nosotros a pesar de nuestras infidelidades...

Coro 2: Gracias, Señor, porque en el pan y el vino nos entregas tu vida


y nos llenas de tu presencia...

Coro 1: Gracias, Señor, porque en la Eucaristía nos haces UNO contigo,


nos unes a tu vida en la medida en que estamos dispuestos a entregar
la nuestra.
Coro 2: Gracias, Señor, porque todo el día puede ser una
preparación para celebrar y compartir la Eucaristía y una acción
de gracias continuada por recibirte en nuestros corazones.
4

Coro 1: Gracias, Señor, porque compartir la Eucaristía supone


mirar con la mirada limpia, compartir la vida, el trabajo, el dolor y
el gozo.

Coro 2: Gracias, Señor, porque cada día podemos volver a empezar


nuestro camino de fraternidad con los hermanos, transformándonos
cada vez más en Ti.

Coro 1: Gracias, Señor, porque en estos momentos podemos adorar


tu Cuerpo y tu Sangre, ocultos, pero misteriosamente presentes en el
pan y vino. (Sentados)

Lector 1: En la Eucaristía hallamos la fuente de felicidad que


estamos buscando sin cesar. “Feliz la que ha creído” (Lc 1, 45):
María ha anticipado también en el misterio de la Encarnación la fe
eucarística de la Iglesia. Cuando, en la Visitación, lleva en su seno
el Verbo hecho carne, se convierte de algún modo en
“tabernáculo”, el primer “tabernáculo” de la Historia, donde el Hijo
de Dios, todavía invisible a los ojos de los hombres, se ofrece a la
adoración de Isabel, como “irradiando” su luz a través de los ojos
y la voz de María.

Lector 2: “En realidad, es a Jesús a quien buscáis cuando soñáis la


felicidad; es Él quien os espera cuando no os satisface nada de lo que
encontráis; es Él la belleza que tanto os atrae; es Él quien os provoca
con esa sed de radicalidad que no os permite dejaros llevar del
conformismo; es Él quien os lee en el corazón las decisiones más
auténticas que otros querrían sofocar” (Juan Pablo II, Discurso en la Vigilia de
oración. XV Jornada Mundial de la Juventud, Roma 2000) .

Monitor: Jesús nos promete su Espíritu Santo, fortaleza y consuelo


para nuestro peregrinar al Padre, y nos da a conocer su
testamento, su última voluntad.

Todos: “Os doy un mandamiento nuevo: que os améis unos a otros como
Yo os he amado”.

Lector 1: Este amor ha de ser universal y abierto a todos, superando


cualquier barrera que pueda aparecer entre los hombres.

Lector 2: Cuando Jesús da a sus apóstoles el mandamiento nuevo nos


pide que amemos al prójimo como a nosotros mismos, como lo ama
Él mismo, como le amará hasta la consumación de los siglos. (De
rodillas)

Canción:

Ante Ti, Señor, me postro con amor


y te adoro a Ti que eres todo humildad,
que te entregas a nosotros bajo la forma de pan,
me enamoras de tu manso Corazón.
A mis ojos ocultas tu Humanidad,
escondiendo tu belleza y Tu poder,
es la fe la que descubre en Ti a mi Dios y
Señor y se rinde ante tanta caridad.

Jesús Hostia santa que sobre el altar


hoy se inmola, al Padre alaba, gracias da,
que me alcanza a mí la gracia, pobre
pecador, que enciende la fe, esperanza, me
hace amar.
5

Getsemaní (Sentados)

Monitor: La Pascua ha sido el último momento gozoso del Maestro.


Ahora empieza la hora de las tinieblas. “No es el siervo más que su
señor. Si a Mí me persiguieron, también a vosotros os
perseguirán”.

Todos: “Nadie tiene mayor amor que el que da la vida por sus
amigos”.

Lector 1: Acabada la Cena, Jesús se dirigió con sus apóstoles, que


tantas confidencias habían recibido de Él, al huerto de Getsemaní.
Con ellos vamos también nosotros. Era de noche, Jesús
acostumbraba a ir a rezar allí. Era un lugar familiar. A Jesús le
gustaba rezar de noche.

Lector 2: Getsemaní es cita obligada para el que quiere un encuentro


profundo con Cristo. Allí se abren los ojos de nuestra debilidad,
pero se abre a la vez el corazón del amor misericordioso de Cristo.
Orar en Getsemaní es humillarse ante Dios y solamente repetir con
Jesús “Abba”. Jesús, aunque sometido a una prueba terrible, no huye
ante su “hora”: “¿Qué voy a decir? ¡Padre, líbrame de esta hora!
Pero ¡si he llegado a esta hora para esto!” (Jn 12, 27). Desea que los
discípulos le acompañen y, sin embargo, debe experimentar la
soledad y el abandono: “¿No habéis podido velar una hora conmigo?
Velad y orad, para que no caigáis en tentación” (Mt 26, 40-41).

Todos: Señor, déjanos acompañarte en ese largo camino.

Lector 1: Llega con los suyos. Acaba de darles todo. Y, sin embargo,
ellos están cansados y se quedan dormidos. Su alma se muere de
tristeza. Ahora su misión llega al final. Hoy se presiente en el Corazón
de Cristo sabor a amargura, a fracaso, a abandono. ¿Dónde están mis
amigos? “Busqué quien me consolara y no lo hallé”.

Todos: Señor, no te quedes solo en esta noche, recibe nuestro


consuelo. Nos has comprado, Señor, con tu sangre.

Lector 2: Ha dejado a los apóstoles dormidos y se ha retirado un poco


de ellos..., a lo mejor para no despertarlos. Y comienza la oración
de Jesús. Su agonía hecha oración, su oración hecha agonía.

Todos: “Padre, si es posible, aparta de mí este cáliz pero no se haga


mi voluntad sino la tuya”. Ayúdanos a buscar siempre la voluntad de
Dios.

Monitor: “Ser pequeño ante Dios es orar. Ser pequeños y orar son dos
cosas que forzosamente van juntas” (P. Morales, Pensamientos). Y Jesús
ora. Repite una y otra vez su oración al Padre.

Lector 1: ¿Qué pasaría en aquellos momentos por el Corazón de


Cristo? ¡Qué misterio de amor para ser contemplado, para ser
rezado! No se entiende, pero se adora. ¡Silencio! escucha lo que te
dice en esta noche santa, late al unísono con su Corazón amante y
dale una respuesta de amor.
6

Lector 2: “Yo enseñaré a los pecadores que la misericordia de mi


Corazón es inagotable [...], a las almas que me están consagradas
(…) les pediré una vez más, que me den su amor y no duden nunca
del mío; pero, sobre todo, que me den su confianza y no duden de mi
misericordia, ¡Es tan fácil esperarlo todo de mi Corazón!...” (Sor Josefa
Menéndez, Un llamamiento al amor).

Todos: “Tomad, Señor, y recibid, toda mi libertad, mi memoria, mi


entendimiento y toda mi voluntad. Todo mi haber y mi poseer. Vos
me lo disteis, a Vos, Señor, lo torno. Todo es vuestro, disponed a
toda vuestra voluntad. Dadme vuestro amor y gracia, que ésta me
basta” (San Ignacio de Loyola).

Lector 1: Y Cristo sigue en agonía. Toda su vida ha sido agradar al


Padre. Se ha hecho obediente hasta la muerte, y muerte de cruz.
Ahora, le gustaría recoger todo el fruto de amor de los hombres,
sus hermanos, y presentarlos, con sus manos limpias, al Padre.
“Mira, Padre, ésta es la humanidad. Los hombres, a quienes
quieres locamente y por cuya salvación tu amor te llevó a
entregarme a mí a la cruz”.

Todos: Carga en sí el pecado de la humanidad, por tus culpas lleva


todo el mal.

Lector 2: Por los ojos limpios de Jesús han pasado las miradas
pecadoras de todos los tiempos, de todos los hombres. Tus
desconfianzas, tus abandonos, tus cansancios, tus miedos, etc... La
mirada de tantos que le han vuelto la espalda y viven haciéndose
daño a ellos y a otros. Padre, perdónalos, ha musitado Jesús.

Todos: “Padre, si es posible aparta de mí este cáliz. Pero no se haga


mi voluntad sino la tuya”.
Lector 1: Únete a la Pasión del corazón que sufre Cristo por ti, por
cada uno. Él ama hasta dar la vida a cambio y ve cuántos le volverán
la espalda, cuántos no agradecerán su sangre derramada, cuántas
almas le abandonarán después de conocerle íntimamente, cuántos
querrán salvarse a sí mismos sin aceptar con amor la cruz preparada
por Dios desde siempre... Y Jesús sufre.

Todos: “Triste está mi alma hasta la muerte”.

Lector 2: Jesús espera de ti esta noche cercanía, consuelo, amor,


reparación por tantos olvidos y pecados. Al contemplarle orando
en agonía te infundirá fuerza para unirte a la voluntad del Padre.

Todos: Sufrir por amor ya no es sufrir. En nuestros Getsemanís,


físicos o morales, si nos unimos al suyo, Él está presente, nos ama y
nos habla; eso nos basta, aunque muchas veces no sintamos la
consolación. (De rodillas)
7

NO ME MUEVE MI DIOS
(Anónima)

No me mueve, mi Dios, para quererte


el cielo que me tienes prometido,
ni me mueve el infierno tan temido
para dejar por eso de ofenderte.

Tú me mueves, Señor, muéveme el verte


clavado en una cruz y escarnecido,
muéveme el ver tu cuerpo tan herido,
muévenme tus afrentas y tu muerte.

Muéveme al fin tu
amor y en tal manera
que,
aunque no hubiera cielo, yo te amara y,
aunque no hubiera infierno, te temiera.

No me tienes que dar porque te quiera,


pues, aunque lo que espero no esperara,
lo mismo que te quiero te quisiera.

(En pie)

Todos: “He aquí que vengo, oh Dios, a hacer tu voluntad”.

Coro 1: “Abre la puerta a Cristo y entrará. Échate en brazos de aquel


a quien buscas; acércate a Él y serás iluminado; no le dejes marchar:
ruégale que no se vaya.

Coro 2: Que tu alma viva pendiente de su palabra. Sea constante en


encontrar las huellas de su voz celestial, pues pasa velozmente” (S.
Ambrosio)

Monitor: Adoremos a nuestro Salvador que en la última Cena, la


noche misma en que iba a ser entregado, confió a su Iglesia la
celebración perenne del memorial de su muerte y resurrección;
oremos diciendo:

Todos: Santifica, Señor, al pueblo que redimiste con tu sangre.

Lector 1: Redentor nuestro, concédenos que, por la penitencia, nos


unamos más plenamente a tu pasión, para que consigamos la gloria
de la resurrección.

Todos: Santifica, Señor, al pueblo que redimiste con tu sangre.

Lector 2: Concédenos la protección de tu Madre, consuelo de los


afligidos, para que podamos confortar a los que están atribulados,
mediante el consuelo con que Tú nos confortas.

Todos: Santifica, Señor, al pueblo que redimiste con tu sangre.

Lector 1: Haz que tus fieles participen en tu pasión mediante los


sufrimientos de su vida, para que se manifiesten en ellos los
frutos de tu salvación.

Todos: Santifica, Señor, al pueblo que redimiste con tu sangre.


8

Lector 2: Tú que te humillaste haciéndote obediente hasta la muerte


y una muerte de cruz, enseña a tus fieles a ser obedientes y a tener
paciencia.

Todos: Santifica, Señor, al pueblo que redimiste con tu sangre.

Lector 1: Haz que los difuntos sean transformados a semejanza de


tu cuerpo glorioso, y a nosotros danos un día parte en su felicidad.

Todos: Santifica, Señor, al pueblo que redimiste con tu sangre.

Todos: Padre nuestro...


Oración final.

Monitor: Señor Dios todopoderoso, que para gloria tuya y salvación


de los hombres constituiste a Cristo Sumo y Eterno Sacerdote,
concede al pueblo cristiano, adquirido para Ti por la sangre preciosa
de Tu Hijo, recibir en la Eucaristía, memorial del Señor, el fruto de la
pasión y resurrección de Cristo. Él, que vive y reina contigo por los
siglos de los siglos. Todos: Amén.

Canción final eucarística

¡Sagrado Corazón de Jesús, en Vos confío!

******************************

CORO: DIVINA MISERICORDIA

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