SEMINARIO MAYOR “LOS DOCE APÓSTOLES”
Materia: Liturgia Fundamental y Temporal.
Docente: Pbro. Juan David Alzate Cortés.
Estudiante: César Alexander Sánchez Aguirre.
Fecha: 15/03/2024
INFORME DE LECTURA: CARTA APOSTÓLICA DIES DOMINI DE SAN JUAN
PABLO II
“Dies Domini” es una carta apostólica del Papa Juan Pablo II, publicado el 31 de mayo de
1998; va dirigida al episcopado, al clero y a los fieles acerca de la santificación del
domingo y se encuentra estructurada en cinco capítulos.
La Introducción marca de primera mano que el domingo recuerda el día de la resurrección
de Cristo, que es la “Pascua de la semana” donde se celebra la victoria de Jesús sobre el
pecado y la muerte, dando inicio a una nueva creación. El domingo es una invitación al
gozo, gozo que le es característico a la liturgia de Pascua, de esta manera, la resurrección de
Jesús fundamenta la fe cristiana, puesto que no solamente es percibida a la luz de la fe, sino
también porque es históricamente atestiguada por las mujeres y sus discípulos.
De esta manera, se celebra cada semana, cada domingo el día de su resurrección. Sin
embargo, con el pasar del tiempo se ha ido perdiendo el valor de la santificación del
domingo, viéndolo la sociedad actual como un día incluido en el denominado “fin de
semana”, tiempo para descanso, pasar fuera de casa y asistir de actividades festivas
seculares y culturales. Por ello, el Papa hace hincapié en devolver el sentido de la
santificación del domingo como el día del Señor, donde el fiel da acción de gracias a través
de la celebración comunitaria de la Liturgia.
En el primer capítulo, titulado “Dies Domini” resalta que el domingo es una fiesta pascual,
que está iluminada por la gloria de Cristo Resucitado, es la celebración de la “nueva
creación”, que tiene su profundidad en el relato bíblico de la creación y la Encarnación del
Hijo de Dios. El domingo es un himno a la bondad de la creación, plasmada por la mano de
Dios; a la luz de la creación, y de su relación con el Creador, se conoce la realidad del
“trabajo”, en especial en la relación entre el hombre, colaborador de Dios, y lo creado.
Dios concluye la obra creadora en el séptimo día, y descansó; de este modo se estableció el
“shabbat” para el gozoso descanso del Creador, transformado ahora en la importancia del
domingo como día del Señor, pues es un día que Él mismo bendijo y santificó como el día
del Señor, dándose el paso del sábado al domingo por la resurrección.
El segundo capítulo titulado “Dies Christi”, hace hincapié en que cada domingo es una
Pascua semanal, porque se celebra la resurrección de Jesucristo, pues tuvo lugar el primer
día de la semana, después del sábado (Mc 16, 2.9). La progresiva acogida del domingo
como el día más importante del cristianismo y su diferenciación con el sábado según lo
establecido en la tradición veterotestamentaria, es tarea de una catequesis a las
comunidades, para que comprendan que el domingo es el día en el cual debe recordar su
salvación ofrecida en el bautismo. El Papa también muestra aquí al domingo como el día
del don de Espíritu Santo por el acontecimiento de Pentecostés, también un domingo. Por
último, el domingo es el día de la fe, memoria viva de la Iglesia.
El tercer capítulo titulado “Dies Ecclesia” muestra a la asamblea eucarística, centro del
domingo, que tiene la presencia del Resucitado; es una asamblea que tiene en la Eucaristía
su fuente, que la alimenta y moldea. El carácter eclesial de la Eucaristía es que la asamblea
se congrega como comunidad para celebrar y conmemorar juntos la resurrección del Señor.
La Eucaristía dominical es en su naturaleza, manifestación de Dios en la Iglesia, realizada
en una comunidad que tiene a un Pastor como cabeza que genera una unidad. Así las cosas,
es por ello que el domingo es el día de la Iglesia, porque se muestra como un pueblo
peregrino hacia la eternidad, es un día de la esperanza a participar de la cena del Señor, al
banquete escatológico. La Iglesia es, por tanto, mesa de la Palabra y la mesa del Cuerpo de
Cristo donde se da el banquete pascual y un encuentro fraterno que después hace un
llamado a la misión. La misa dominical debe ser una celebración gozosa y animada por el
canto, que sea atrayente y participada.
En el cuarto capítulo titulado como “Dies Hominis”, que resalta al domingo como día de la
alegría, una alegría plena en Cristo; el día del descanso, sabiendo la diferenciación entre el
sábado judío y el domingo cristiano; y el día de la solidaridad, que invita a los fieles a la
actividades de la caridad, la misericordia y el apostolado.
El quinto capítulo titulado “Dies Dierum”, establece la importancia del domingo como
fiesta primordial, reveladora del sentido del tiempo, pues en éste último Dios se ha
manifestado, en la creación, en la historia de salvación y en la Encarnación de Cristo, Alfa
y Omega en el tiempo. Los acontecimientos de la historia que fundamentan la vida de la
Iglesia son la resurrección y Pentecostés, y todo celebrado en domingo, lo que muestra que
el domingo es el día por excelencia para celebrar solemnidades del año litúrgico.
Finalmente, cabe resaltar la riqueza espiritual. Pastoral y litúrgica del domingo, que es un
día de gozo para los cristianos, que tiene su fundamento en el Misterio Pascual de Cristo, de
quien brota la Liturgia. Frente a todo esto, queda el reto pastoral de no dejar perder el valor
del domingo como día del Señor, devolviéndole su importancia, puesto que la sociedad
actual ve al domingo como un simple día festivo dedicado al cese de las actividades pero
yendo a otras fiestas, para que así, tome conciencia de que es el día para darle gracias a
Dios por todo, brindarle culto junto con toda una comunidad y comprender que es en la
celebración del Misterio Pascual donde toda su vida cobra sentido.