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El Balash

Las naga son antiguas criaturas serpentinas con torso humano que han estado en hibernación durante milenios, esperando despertar para enfrentar a su enemigo, la Podredumbre. Existen cinco líneas sanguíneas de naga, cada una con roles específicos en su cultura, y han comenzado a despertar en un mundo cambiado por los humanos. El Balash, un áspid lleno de ira hacia los humanos, busca la guerra, mientras que otros naga, como Dashmar, intentan establecer alianzas con ellos para combatir la Podredumbre.

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El Balash

Las naga son antiguas criaturas serpentinas con torso humano que han estado en hibernación durante milenios, esperando despertar para enfrentar a su enemigo, la Podredumbre. Existen cinco líneas sanguíneas de naga, cada una con roles específicos en su cultura, y han comenzado a despertar en un mundo cambiado por los humanos. El Balash, un áspid lleno de ira hacia los humanos, busca la guerra, mientras que otros naga, como Dashmar, intentan establecer alianzas con ellos para combatir la Podredumbre.

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El Pueblo Naga.

Las naga son criaturas serpentinas con un torso de forma humana, culminado en una cabeza humana.

Son poderosas, antiguas criaturas de las que se dice que han estado viviendo en Rokugan desde antes
de que los humanos cayeran de los cielos.

Una raza misteriosa, gobernaron la tierra antes del nacimiento del Imperio de los hombres. Su hegemonía
era muy clara, y solo el enemigo conocido como “La podredumbre” constituía una amenaza.

Pero justo en el momento de gloria del Imperio naga, sus profetas comprendieron que el tiempo pasaría y
al final la Podredumbre los vencería cuando el efecto de los años cayese sobre ellos. Intentando buscar
una solución, los cobra descubrieron el hechizo que se llamó “el gran sueño”. Utilizándolo, las naga
podrían hibernar hasta el momento en que la Podredumbre fuese una peligro que amenazase con
tragarse toda la realidad. Despertando entonces, su enemigo debería enfrentarse a todo el poder de las
naga. Y así lo hicieron. Las ciudades de los naga se adentraron en el Gran sueño a espera de despertar
cuando el mundo los necesitara.

Las Naga han estado durmiendo miles de años, y ahora han empezado a despertar.

Hay cinco líneas sanguíneas diferentes de las Nagas de Shinomen: Las camaleón, las áspid, las culebra,
las cobra, y las constrictor.

Además de tener diferente apariencia, cada una de ellas también juega un papel diferente y claro en la
cultura naga. Pero a pesar de sus diferencias, las cinco líneas de sangre tienen muchas cosas en común.

La principal de todas ellas es su forma básica. Todas las naga tienen una cola serpentina y un torso y
cintura semejante a los humanos. Ellos también hablan su propia lengua, pero la mayor parte del tiempo
prefiere comunicarse mediante el uso de un lazo telepático que toda la raza comparte. Las naga llaman a
esta conciencia colectiva el “Akasha.”

Se dice que mediante este lazo, todos los recuerdos de toda la especie, pasado y presente, son
compartidos entre todas las naga que viven en la actualidad.

Las culebra son las más numerosas de las cinco. De todas las naga, son las que clase más pequeña,
pero el aspecto físico del que carecen se ve contrarrestado con su inteligencia.

Naturalmente son criaturas que aprenden rápido, las serpientes verdes a menudo realizan el papel de
diplomáticos, salvando la distancia entre la enigmática raza con forma de serpiente y los a menudo
belicosos humanos.

Las áspid son las guerreras del mundo naga. Son mayores que las serpientes verdes, alcanzando
algunas veces los 4 metros de largo y un peso de 350 kilos (casi dos veces el tamaño de sus más
numerosos primos culebra). Aunque son menos que sus congéneres diplomáticos, las áspid son también
una sólida línea sanguínea. Son el segundo tipo de naga más común en Rokugan.

Las cobras son las lanzadoras de hechizos. A menudo del mismo tamaño y peso que las áspid, las cobras
participan de lo que es conocido como la “Magia de la Perla.” De las cinco líneas sanguíneas, las cobra
son las más propensas a sufrir mutaciones, lo que significa que la parte superior de su cuerpo adoptará
Más características serpentinas como cabeza de víbora, largas lenguas bífidas, ojos de serpiente o garras
naturales.

Las constrictor juegan el papel de místicos, astrólogos, y sacerdotes. Ellas también son las más largas de
las cinco líneas sanguíneas, alcanzando con frecuencia los 10 metros y un peso de 525 kilos.

A pesar de la obvia ventaja que les confiere su tamaño, las constrictor son la raza serpentina más
pacífica. Adoptan las responsabilidades de mantener la paz y frecuentemente se convierten en
magistrados en la sociedad naga, preservando las leyes de las de su especie.

Las camaleones son las naga acuáticas. Pueden vivir igual de confortablemente tanto sobre cómo bajo el
agua. Como podéis suponer, las camaleones también tienen la habilidad de modificar el color de su
escamas para adaptarse perfectamente a lo que las rodea.

Las Naga tienen una serie de reglas especiales:

-Las Naga no valoran el Honor de la misma forma que los Samurai.


-Las Naga son inmunes a la corrupción del Jigoku.

El Balash, de los Áspid.

Si alguien entre los Naga desea ver el mundo reducido a fuego y ceniza, es él. El odio que siente contra
los humanos es profundo, ardientes como brasas en sus ojos naranjas. Han destruido el mundo.

Han dejado superar a las Podredumbre, e incluso ahora, cuando amenaza aniquilarlos a todos, no
cesarán sus riñas baladíes para combatir.

Si el Balash pudiese hacer lo que quisiera, las Podredumbre se los habrían tragado a todos, y sería
expurgada con llamas.

Nacido en las arboledas del más profundo bosque, los compañeros de camada de Balash le temieron
desde el día que rompió la cascara del huevo. No se calla sus opiniones, pero arremete con su arco y su
furia, dispuesto a masacrar a los que han cambiado tanto este mundo verde y floreciente.

El Balash fue en su día un simple Ashamana, furioso en su interior y separado del Akasha por el
desequilibrio de sus emociones. Pese a que los Constrictor trataron de ayudarle, no pudieron perforar el
velo poco afectuoso que la cría había sellado en torno a si mismo. Sirvió con los otros niños Áspid,
aprendiendo las sendas de la guerra, recurriendo al Akasha lo justo para recibir sus órdenes y oír las
intenciones de sus líderes.

Cuando el Balash todavía era joven, los constrictor en la ciudad Áspid de Siska se fijaron especialmente
en la cría. Este Áspid Ashamana no asistía a los rituales; no celebraba las fiestas ni los días sagrados. No
hablaría con otros salvo del arte de la guerra, y pasaba cada día trabajando y estudiando para
perfeccionar sus habilidades de lucha.

Los Védicos hicieron todo lo posible para comprender la ira del chico, y para detenerla o reducirla, pero no
había nada que pudieran hacer. Ningún ritual parecía ayudar a la cría, y sólo en el calor de la batalla
parecía estar en paz.

Entonces, finalmente vino el Alto Védico del Ojo Pálido a ver al chico la víspera de que el Ashamana
fuese a finalizar su primera muda, y obtuviera su posición de adulto y su nombre.

-El problema está claro –dijo el Védico tras una breve charla con el joven-. Cada uno de nosotros tiene un
alma creada de recuerdos pasados, pasadas vidas y pasadas glorias. Este pobre chaval ha recibido un
alma llena con solo los recuerdos de batalla y gloria, una época en que los Naga eran una raza más
guerrera. No tiene pensamientos de épocas felices, pues su alma no está llena de ellos. Para darle paz,
debéis encontrarle una guerra.

Las palabras del Védico eran ciertas, y los Áspid de Siska se desesperaban continuamente por encontrar
al chico un lugar en su sociedad. Entonces, uno de los Cobra Jakla tuvo una visión, un sueño desovado
del oscuro borde de las tierras meridionales. Iba a haber una gran guerra, y los que habían dormido mil
años se levantarían para luchar en ella.

El nuevo Balash estaba entre los primeros en dar el paso para abrazar el Gran Sueño. Su alma furiosa lo
llamaba, y la perspectiva de la guerra fascinaba a la cría. Era, después de todo, el destino que cumplir
para el que el Akasha lo creó.

Sin embargo, el Balash no esperaba los enemigos que se iba a encontrar tras su despertar. Estos
hombres-mono, estas pequeñas criaturas, habían cambiado tanto el mundo que apenas merecía luchar
por él. El Balash había pasado mil años aguardando su destino: dirigir a los Jefes Militares y traer a su
pueblo una oportunidad de paz y prosperidad una vez más. Y ahora, sin tierra alguna a la que llamar
suya, y una raza de monos estridentes supurando a su alrededor, incluso si el Balash tenía éxito, su
batalla habría sido para nada.

No se ha reconciliado con el hecho de que la raza Naga está muriendo, y en alguna profunda parte de su
alma, cree que los problemas que azotan a los lechos de huevos han sido causados por los humanos.
Está lleno de ira, ira contra las Podredumbre, contra los dimes y diretes de los Culebra y Cobra que le
niegan el derecho a masacrar a los humanos que se encuentran entre las tierras meridionales y los Naga,
e irá hacia el futuro. Porque incluso si tiene éxito gruñe, solo lo habrá sido para salvar al mundo para
estas “criaturas”. Mejor, quizá, dejar la tierra morir, si es seguro que estos humanos con pinta de mono
van a perecer con ella.

Solo su obediencia al Akasha lo retiene, y es un hijo tenue. Un día, lo requerirá para refrenar su flecha, y
no sostendrá su mano.

Es un Áspid alto, delgado para su edad y un veneno mortal para sus enemigos. Ha “confundido” más de
una unidad humana por no-muertos de las Podredumbre, y sus flechas devastan sin piedad las líneas
humanas.

-Son una plaga para nuestras tierras – sisea - y a veces hay que cortar por lo sano…para amputar la
enfermedad.

La llegada del Daini ha supuesto un cambio en la sociedad naga. El humano se esfuerza por resultar
amigable, aunque sus costumbres y su comportamiento resulte repulsivo.

Dashmar, el jefe de los culebra y, por tanto, el jefe diplomático de los naga, ha decidido poner al humano
al cuidado de Mara, otra culebra.

Pretende evaluar a los humanos, decidir si son de fiar y establecer con ellos un acuerdo contra la
Podredumbre.

Mara, pasa todo el día con Daini, mostrándole las costumbres de su pueblo, enseñándole palabras
rudimentarias en la lengua Naga (aunque él no puede hablar con la ayuda del Akasha, puede expresar
ideas básicas).

A cambio, el Daini la ha proporcionado el mapa del Imperio, contándole los cuantos de su pueblo y
cultura.

Hace unos meses llegaron al bosque los compañeros de viaje de Daini: Hida Toranaga, Katsuhiro,
Kykujiro y Shiko. Venían buscándole.

Las Nagas los sometieron al juicio de Akasha, como hacen con todos aquellos con los que pretenden
mantener relaciones duraderas. El que Katsuhiro fuese uno de los posibles pretendientes al trono de
Rokugan, hace que las naga estén muy interesados en él.

Superaron la prueba y demostraron a los Naga que sus intenciones eran buenas, trayendo una de las
perlas negras que habían provocado el gran sueño y que había sido robado de las ruinas de Nirukti.

Se estableció una relación buena entre humanos y naga, decidiendo que podían ser aliados contra el
enemigo común, la Podredumbre.

Por ello, Dashmar se está preparando para liderar una delegación diplomática al imperio y buscar un
pacto con los humanos. Evaluar si son de fiar y, si es así, luchar juntos contra el enemigo común.

Caso de que no sea posible, Balash tendrá su guerra.

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