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Punto B y C

El sueño se caracteriza por una regresión en la que la excitación se dirige hacia el sistema sensorial en lugar de hacia el motor, permitiendo que las representaciones se transformen en imágenes sensoriales. Esta regresión es influenciada por recuerdos infantiles reprimidos que se manifiestan en el sueño, donde los deseos inconscientes se expresan a través de los restos diurnos. Así, el sueño actúa como un cumplimiento del deseo, reflejando el funcionamiento primario del aparato psíquico.

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Punto B y C

El sueño se caracteriza por una regresión en la que la excitación se dirige hacia el sistema sensorial en lugar de hacia el motor, permitiendo que las representaciones se transformen en imágenes sensoriales. Esta regresión es influenciada por recuerdos infantiles reprimidos que se manifiestan en el sueño, donde los deseos inconscientes se expresan a través de los restos diurnos. Así, el sueño actúa como un cumplimiento del deseo, reflejando el funcionamiento primario del aparato psíquico.

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Sigue de Punto b:

Lo que ocurre en el sueño alucinatorio no podemos describirlo de otro modo que diciendo lo
siguiente: La excitación toma un camino de reflujo. En lugar de propagarse hacia el extremo motor
del aparato, lo hace hacia el extremo sensorial, y por último alcanza el sistema de percepciones. Si a
la dirección según la cual el proceso psíquico se continúa en la vigilia desde el inconsciente la
llamamos progrediente, estamos autorizados a decir que el sueño tiene un carácter regrediente.

Esta regresión es entonces una de las peculiaridades psicológicas del proceso onírico. No exclusiva,
pero si muy importante. Dado que, en la vigilia, esta regresión que se puede reproducir por ejemplo
en el recordar deliberado, de igual forma no va más allá de las imágenes mnémicas: no puede
producir una alucinación de las imágenes perceptivas. ¿Por qué ocurre de otro modo en el sueño?
Cuando hablamos de la operación del trabajo del sueño de condensación, nos referimos también al
supuesto de que las intensidades adheridas a las representaciones son transferidas íntegramente de
una por otra. Esta posibilita que el sistema se las percepciones se invistan hasta la plena vivacidad
sensorial en la dirección inversa, partiendo de pensamientos. Así, llamamos regresión al hecho de
que en el sueño la representación vuelva a mudarse en la imagen sensorial de la que alguna vez
partió.

¿Qué alteración posibilita que esa regresión sea imposible durante el día? Durante el día hay una
corriente continua desde el sistema Psi de las percepciones hasta la motilidad; ella cesa durante la
noche y ya no podía oponer impedimento alguno a una contracorriente de la excitación. Esta sería la
“Clausura del mundo exterior”, permite a explicar la regresión. La regresión se produce a pesar de
una corriente sensorial ininterrumpida en la dirección progrediente.

Respecto de las alucinaciones en la histeria y de la paranoia corresponden también a regresiones,


experimentan una mudanza los pensamientos que mantienen intima vinculación con recuerdos
sofocados o que han permanecido inconscientes. Por ejemplo: uno de sus pacientes más jóvenes, un
joven de 12 años, no le dejaban dormir unos rostros verdes de ojos rojos que lo espantan. Fuentes
de este fenómeno es el recuerdo sofocado de un chico que veía a menudo cuatro años antes y que le
recordaba a un cuadro atemorizante de muchos vicios infantiles, entre ellos el onanismo, que él
mismo se reprochaba en el tratamiento. Su madre le había dicho varias veces que ese chico malcriado
tenía la tez verde y los ojos rojos. De ahí el miedo que le recordaba a la profecía de la madre, que
tales niños se vuelven cretinos, no pueden aprender nada y mueren pronto. El paciente cumple con
esta profecía: no avanza en la escuela, y la segunda parte lo atemoriza.

En estos casos de mudanza regrediente del pensamiento no es posible descuidar el influjo de un


recuerdo sofocado o que ha permanecido inconsciente, las más de veces infantil. A los pensamientos
que están en conexión con él, impedidos de expresarse a causa de la censura, este recuerdo los
arrastra consigo a la regresión. Las escenas infantiles cuando se logra hacerlas concientes, son vistas
de manera alucinatoria y sólo al comunicarlas se borra ese carácter. Además, los recuerdos más
tempranos de la infancia conservan el carácter de la vivacidad sensorial.

Si tenemos presente el papel que en los pensamientos oníricos desempeñan las vivencias infantiles, la
frecuencia con que sus fragmentos reaparecen en el contenido del sueño, y el hecho de que los
deseos oníricos mismos derivan de ahí, entonces debemos tener en cuenta la posibilidad de que la
mudanza de pensamientos en imágenes visuales sea consecuencia de la atracción que ejerce el
recuerdo sobre el pensamiento desconectado de la conciencia y que, desfigurado visualmente, que
lucha por ser reanimado. Entonces el sueño puede pensarse como sustituto de la escena infantil,
alterado por transferencia a lo reciente. La escena infantil debe conformarse con regresar como
sueño. Además, estas son fuente de estímulo visual, fuente de excitación interna desde el órgano de
la visión. Ese estado de excitación es producido por el recuerdo, es el refrescamiento de una
excitación visual que en su momento fue actual.

Por otra parte, Freud explica que la peculiaridad del sueño de trasvasar su contenido de
representaciones en imágenes sensoriales se debe al carácter regrediente. Esta regresión, dijimos, es
un efecto de la resistencia que se opone a la penetración del pensamiento en la conciencia por la vía
normal, así como de la simultanea atracción que sobre el ejercen los recuerdos que subsisten con
vivacidad sensorial. Este carácter regrediente posibilita una total investidura alucinatoria de los
sistemas perceptivos. Lo que describimos como “miramiento por la figurabilidad” se trata de la
atracción selectiva de las escenas visualmente recordadas y con las cuales los pensamientos oníricos
entran en contacto.

Sobre la regresión podemos reconocer tres modos:

Una regresión tópica, en el sentido del esquema desarrollado en sistemas psi

Una regresión temporal, hace referencia a que se trata de una regresión a las huellas más antiguas

Una regresión formal, cuando los modos de expresión sustituyen los habituales.

En el fondo, estos son un solo modo de regresión.

El soñar entonces es una regresión a la condición más temprana del soñante, una reanimación de su
infancia, de las mociones pulsionales que lo gobernaron.
Punto C: Acerca del cumplimiento del deseo
Freud se pregunta de donde proviene el deseo que se realiza en el sueño. Llega a la
conclusión de que los deseos de los restos diurnos, deseos sofocados del día a día, no es
suficiente para crear un sueño. El sueño no se engendraría si el deseo preconciente no hubiera
tenido el esfuerzo de otra parte: del inconsciente. Formula entonces que el deseo conciente
sólo deviene excitador de un sueño si logra despertar otro deseo inconsciente mediante el cual
se refuerza. Estos deseos inconcientes los considera siempre alertas, dispuestos a asociarse
cuando se les ofrece la oportunidad. Estos, además, se encuentran en estado de represión y son
de procedencia infantil. El deseo que se figura en el sueño tiene que ser de procedencia
infantil, por ello en el adulto proviene del inconciente, y en el niño, que todavía no tiene
separación y censura entre Preconciente e Inconciente, es un deseo incumplido de la vida de
vigilia.
Estos restos diurnos son las que introducen las intensidades psíquicas en el estado del dormir.
La característica psicológica del dormir ha de buscarse en las alteraciones de la investidura de
este sistema en particular, que también gobierna el acceso a la motilidad, paralizada mientras
se duerme. A la excitación nocturna en el interior del preconciente no le queda entonces otro
camino que el que toman las excitaciones de deseo que provienen del Icc.

El trabajo del sueño consigue sustituir todas las representaciones penosas por sus contrarias y
sofocar los afectos displacenteros correspondientes. Esto da por resultado un sueño de
satisfacción puro, un cumplimiento del deseo, es decir que estos sueños de displacer son
cumplimientos de deseo. Un deseo inconciente y reprimido cuyo cumplimiento no podía ser
sentido por el yo del soñante sino como penoso, se valió de la oportunidad que le ofrecían los
restos diurnos penosos que seguían investidos, les prestó su apoyo y así los hizo soñables. La
satisfacción por el cumplimiento del deseo reprimido puede resultar tan grande que equilibre
los afectos penosos adheridos a los restos diurnos.
La fuerza impulsora para la formación del sueño tiene que ser proporcionada por un deseo del
inconciente. La diferencia es que en estos sueños no debe imputarselo a lo reprimido sino al
yo. La oposición “conciente”/”inconciente” es remplazada por “reprimido” y “yo”.
Los restos diurnos entonces funcionan como pensamientos de naturaleza satisfactoria que
expresan satisfacciones no permitidas.

La fuerza impulsora tiene que ser aportada por un deseo en el sueño: un pensamiento onírico
desempeñe para el sueño el papel del empresario, pero el empresario que tiene la idea y el
empuje para ponerla en práctica, nada puede hacer sin el capital. Necesita un capitalista que le
costee el gasto y que aporte el gasto psíquico para el sueño. El pensamiento diurno necesita un
deseo que procede del inconsciente para crear el sueño. Ofrecen a lo inconsciente el apoyo
necesario para adherir la transferencia.
¿Por qué durante el sueño lo inconsciente no puede ofrecer nada más que la fuerza pulsionante
para un cumplimiento del deseo? La respuesta a esta pregunta está determinada a arrojar luz
sobre la naturaleza psíquica del desear.
El aparato alcanzó su perfección actual gracias a un largo desarrollo. Nos apoyamos del
supuesto que sostiene que el aparato obedeció primero al afán de mantenerse exento de
estímulos. Por eso adopto el esquema del arco reflejo, que le permitía descargar enseguida por
vías motrices, una excitación que llegaba de un estímulo externo. Pero el apremio de la vida
perturba esta simple función: esta funciona como el envión que produce su constitución
ulterior. El apremio de la vida lo asedia primero en la forma de las grandes necesidades
corporales, como por ejemplo el de la nutrición. La excitación interna buscara una descarga
desde la motilidad, es decir que el niño hambriento llorara, pataleará. Pero sólo puede
sobrevenir un cambio cuando gracias al cuidado de otro experimente entonces la Vivencia
primera de satisfacción que logre cancelar el estímulo. La Imagen mnémica correspondiente a
esta vivencia quedará asociada entonces con la huella mnémica que dejó primero la necesidad.
Y cada vez que la necesidad sobrevenga suscitará una moción psíquica que querrá investir de
nuevo la imagen mnémica de esta primera vivencia de satisfacción. Esta moción psíquica es lo
que llamamos deseo y la reaparición de esta percepción es el cumplimiento del deseo.
Además, luego de este acontecer, nada nos impide suponer que un estado primitivo del aparato
psíquico el desear terminaba en un alucinar. Esta primera actividad psíquica apuntaba
entonces a una identidad perceptiva, es decir, repetir aquella percepción que está enlazada
con la satisfacción de la necesidad.
Sin embargo, como el alucinar no lleva a satisfacer la necesidad puesto que para ello se
necesita de otro, se hace necesario detener la regresión completa. De manera que esta no vaya
más allá de la imagen mnémica y desde esta pueda buscar otro camino que lleve a establecer
desde el mundo exterior la identidad perceptiva deseada. Esta inhibición de la regresión
desvía la excitación que es su consecuencia, y pasan a ser el cometido de un segundo sistema
que gobierna la motilidad voluntaria.
Ahora bien, toda la actividad de pensamientos que surgen desde la imagen mnémica hasta el
establecimiento de la identidad perceptiva por obra del mundo exterior es lo que constituye
un rodeo para el cumplimiento del deseo. Por tanto, el pensar es sustituto del deseo
alucinatorio. El sueño es un cumplimiento del deseo, puesto que solamente un deseo puede
impulsar a trabajar a nuestro aparato psíquico. El sueño entonces es testimonio del modo de
trabajo primario de nuestro aparato psíquico, que se abandonó por inadecuado. Además de ser
en todos los casos un cumplimiento del deseo porque es una operación del sistema
Inconsciente.

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