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PF y Imv

El documento detalla las prestaciones familiares en España, incluyendo asignaciones económicas por hijo o menor acogido, y prestaciones por nacimiento o adopción en familias numerosas o monoparentales. Estas ayudas están diseñadas para apoyar a familias en situaciones de vulnerabilidad y se dividen en modalidades contributivas y no contributivas, con requisitos específicos para su acceso. Además, se establece la gestión y financiación de estas prestaciones, así como las obligaciones de los beneficiarios.
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PF y Imv

El documento detalla las prestaciones familiares en España, incluyendo asignaciones económicas por hijo o menor acogido, y prestaciones por nacimiento o adopción en familias numerosas o monoparentales. Estas ayudas están diseñadas para apoyar a familias en situaciones de vulnerabilidad y se dividen en modalidades contributivas y no contributivas, con requisitos específicos para su acceso. Además, se establece la gestión y financiación de estas prestaciones, así como las obligaciones de los beneficiarios.
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3.14. Prestaciones familiares.

3.15. Asignación económica por hijo o menor acogido a cargo.


3.16. Prestación económica por nacimiento o adopción de hijo en supuestos de familias
numerosas o monoparentales y en los casos de madres discapacitadas.
3.17. Prestación por parto o adopción múltiples.
3.18. Prestaciones familiares en la modalidad contributiva.
3.19. El Ingreso Mínimo Vital: Concepto.
3.20. Ámbito subjetivo del IMV.
3.21. Requisitos y su acreditación del IMV.
3.22. Duración del IMV.
3.23. Suspensión y extinción del derecho del IMV.
3.24. Obligaciones de los beneficiarios del IMV.
3.25. Cuantías, pago, reintegro de prestaciones indebidas del IMV.

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3.14. Prestaciones familiares.

La protección de la familia en España se asienta en el artículo


39 de la Constitución, que encomienda a los poderes públicos
el deber de garantizar la protección social, económica y jurídica
de la familia, así como la tutela integral de los hijos y de las
madres. En el marco de la Seguridad Social, las prestaciones
familiares tienen por objeto contribuir al sostenimiento de las
cargas derivadas del nacimiento, la adopción y el cuidado de
los hijos, particularmente en situaciones de especial
vulnerabilidad —familias numerosas, monoparentales,
discapacidad del menor o de la madre—, y forman parte
integrante de la acción protectora del sistema.

Estas prestaciones se articulan en dos grandes modalidades.


La modalidad contributiva, de carácter profesional, reconoce
como períodos efectivamente cotizados aquellos en los que el
trabajador dedica tiempo al cuidado de familiares, a efectos de
prestaciones de jubilación, incapacidad permanente, muerte y
supervivencia. La modalidad no contributiva, orientada a
quienes no han alcanzado cotizaciones suficientes, consiste en
prestaciones económicas periódicas o únicas, reguladas por el
Título VI de la Ley General de la Seguridad Social.

En la modalidad contributiva, el Estatuto de los Trabajadores y


la LGSS contemplan que la excedencia por cuidado de cada hijo
natural, adoptado o acogido (hasta tres años desde el
nacimiento o resolución administrativa) se compute
íntegramente como cotización efectiva. De igual modo, la
excedencia por cuidado de cónyuge o familiar hasta segundo
grado incapacitado (duración máxima de dos años) se
considera cotizada durante los tres primeros años. Estos
derechos se reiteran por cada nuevo periodo de cuidado cuando
nazca o sea acogido otro hijo.

Asimismo, la reducción de jornada por guarda legal de menores


de hasta 12 años o por cuidado de personas con discapacidad,
así como el cuidado de lactantes (hasta 12 meses) y de
menores afectados por enfermedades graves, se equiparan a
periodos cotizados y, durante los primeros tres años, la base
se incrementa hasta el 100 % de la base reguladora de la
jornada completa. En casos de discapacidad grave del menor,
este derecho puede prolongarse hasta los 26 años.

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Los efectos de estos periodos equiparados son amplios: el
trabajador se mantiene de alta, conserva el derecho a la
asistencia sanitaria, los periodos se computan para la
antigüedad y para el cumplimiento de los requisitos de acceso
a prestaciones contributivas (jubilación, viudedad, orfandad y
supervivencia). No obstante, no se tienen en cuenta para
prestaciones de incapacidad temporal ni desempleo, salvo
excepciones específicas. De este modo, se garantiza la
continuidad de la carrera de cotización pese a las
interrupciones por motivos familiares.

En la modalidad no contributiva, la prestación económica por


hijo o menor acogido a cargo está orientada a aquellos con
discapacidad igual o superior al 33 % (o al 65 % si son mayores
de edad) que dependan económicamente del beneficiario. Se
presume dependencia cuando convivan juntos, aun si el menor
realiza trabajo remunerado por debajo del 100 % del SMI, y no
se interrumpe la convivencia por separaciones transitorias
justificadas (estudios, tratamientos médicos, internamiento).

Complementariamente, existe la prestación económica única


por nacimiento o adopción en supuestos de familias
numerosas, monoparentales o progenitores con discapacidad,
condicionada al cumplimiento de límites de ingresos familiares.
Su cuantía puede elevarse en caso de parto o adopción
múltiples para cubrir los gastos extraordinarios asociados a
gemelos o mellizos. Además, la Ley 35/2007 introduce una
deducción fiscal en el IRPF de hasta 1 200 € anuales (100 €
mensuales durante tres años) por nacimiento o adopción, que
se coordina con estas prestaciones.

La gestión de las prestaciones contributivas corresponde


centralmente al Ministerio de Inclusión, Seguridad Social y
Migraciones y se financian con fondos de la Seguridad Social;
las prestaciones no contributivas las gestionan las
comunidades autónomas con competencias transferidas (a
través del IMSERSO) y se abonan con cargo a los Presupuestos
Generales del Estado mediante transferencias al sistema de
Seguridad Social. En conjunto, este entramado garantiza una
protección integral de la familia en todas las fases de la crianza
y del cuidado, combinando el reconocimiento de cotizaciones
equivalentes con ayudas económicas adaptadas a la situación
de cada unidad familiar.
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3.15. Asignación económica por hijo o menor acogido a cargo.

La asignación económica por hijo o menor acogido a cargo es


una prestación no contributiva regulada en el Título VI de la
Ley General de la Seguridad Social (artículos 351 a 362) y en
el Real Decreto 1335/2005 (capítulo III), cuyo objetivo es
proporcionar un apoyo financiero a las familias que tienen a su
cargo hijos o menores con discapacidad, cubriendo los gastos
derivados de su cuidado y garantizando la igualdad de
oportunidades.

Son sujetos causantes de la prestación los hijos menores de 18


años con un grado de discapacidad igual o superior al 33 % y,
si son mayores de edad, aquellos con discapacidad igual o
superior al 65 %, así como los menores en régimen de
acogimiento familiar permanente o guarda con fines de
adopción que cumplan los mismos requisitos de discapacidad.
La condición de “a cargo” exige convivencia y dependencia
económica del solicitante, presumida siempre que el menor
conviva con él o ella, aunque se permitan ausencias transitorias
justificadas —por estudios, tratamientos médicos, traslados
laborales o ingreso en centro— sin que se interrumpa el
cómputo de convivencia.

La prestación no se extingue si el hijo realiza trabajo


remunerado, siempre que sus ingresos anuales no superen el
100 % del Salario Mínimo Interprofesional (SMI) en cómputo
de 14 pagas; de superarse, la prestación queda suspendida
mientras persista el exceso, recuperándose automáticamente
al cesar éste. En cambio, se pierde definitivamente la condición
de causante si el menor percibe una pensión contributiva
distinta de la orfandad o de las pensiones a favor de familiares
de nietos y hermanos.

Además de los progenitores, pueden ser beneficiarios quienes


ostenten la guarda o tutela legal, las instituciones de acogida,
los huérfanos absolutos con discapacidad y los propios mayores
de edad con discapacidad, siempre que reúnan los requisitos
de grado de discapacidad y de residencia legal en España. La
nacionalidad no es un requisito, bastando con la residencia
legal continuada en territorio nacional, que tampoco se ve
interrumpida por ausencias breves o desplazamientos al
extranjero por motivos laborales.
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El reconocimiento y la calificación del grado de discapacidad
corresponde a los órganos competentes de las comunidades
autónomas o al IMSERSO en Ceuta y Melilla, siguiendo
baremos establecidos —deficiencias corporales, limitaciones en
la actividad, restricciones en la participación y factores
contextuales— que determinan porcentajes de discapacidad y
la necesidad de ayuda de otra persona para actos esenciales
de la vida diaria.

La cuantía de la asignación, fijada anualmente en los


Presupuestos Generales del Estado y sin exigencia de límite de
recursos cuando se trata de personas con discapacidad, para
el año 2025 es la siguiente:

• 1 000 € anuales (83,33 € mensuales) por cada hijo


menor de 18 años con discapacidad ≥ 33 %.
• 5 805,60 € anuales (483,80 € mensuales) por cada
persona mayor de 18 años con discapacidad ≥ 65 %.
• 8 707,20 € anuales (725,60 € mensuales) por cada
persona mayor de 18 años con discapacidad ≥ 75 % que
precise ayuda de otra persona para los actos más
esenciales de la vida diaria.

El devengo del derecho comienza el primer día del trimestre natural


siguiente al de la presentación de la solicitud, con efectos económicos
retroactivos que pueden alcanzar hasta tres meses antes de la misma.
El abono corre a cargo de la Tesorería General de la Seguridad Social
y, con carácter general, se efectúa de forma semestral por trimestre
vencido; sin embargo, para las asignaciones de hijos mayores de 18
años con discapacidad, el pago es mensual por mensualidad vencida.

Para el mantenimiento de la prestación, los beneficiarios deben


comunicar al Instituto Nacional de la Seguridad Social cualquier
variación en las circunstancias que motivan el derecho —cambio de
residencia, grado de discapacidad, percepción de pensión o variación
de ingresos del menor— en el plazo de 30 días desde que se produzca,
con el fin de evitar la suspensión o extinción del derecho.

La asignación económica por hijo o menor acogido a cargo, por tanto,


constituye un instrumento clave de la política social española,
asegurando un respaldo económico estable y adaptado al grado de
discapacidad del menor o joven, y articulando un sistema de controles
y revisiones que preserva la correcta aplicación de los recursos
públicos.

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3.16. Prestación económica por nacimiento o adopción de hijo en
supuestos de familias numerosas o monoparentales y en los casos de
madres discapacitadas.

La prestación económica por nacimiento o adopción de hijo en


supuestos de familias numerosas, monoparentales y en los
casos de madres o padres con discapacidad es una ayuda no
contributiva del sistema de la Seguridad Social cuyo propósito
es aliviar los costes extraordinarios derivados de la
incorporación de un nuevo miembro a la familia en situaciones
de especial vulnerabilidad. Reglada en los artículos 357, 358 y
361 de la Ley General de la Seguridad Social y desarrollada por
el Real Decreto 1335/2005, esta prestación sustituye a la
antigua prestación por nacimiento o adopción de tercer hijo y
sucesivos, ampliando su cobertura a familias numerosas,
monoparentales y progenitores con discapacidad igual o
superior al 65 %.

Se configura en tres supuestos de hecho: primero, cuando el


nacimiento o adopción se produce en una familia numerosa o
en la que, con ocasión de ello, se adquiere dicha condición;
segundo, cuando se trata de una familia monoparental; y
tercero, cuando la madre o el padre padecen una discapacidad
igual o superior al 65 % en el momento del parto o de la
adopción. A estos efectos, se entiende por familia numerosa la
definida en la Ley 40/2003, por familia monoparental aquella
constituida por un solo progenitor conviviente que sustenta
económicamente al hijo, y por progenitor discapacitado quien
ostenta un grado de discapacidad reconocido igual o superior
al 65 %.

Los causantes de la prestación son los hijos nacidos en territorio


español o adoptados o reconocidos por autoridad española
competente, siempre que el hecho causante encaje en alguno de los
tres supuestos anteriores. Por lo que respecta a los beneficiarios,
pueden solicitarla indistintamente la madre o el padre —siempre que
tengan acuerdo entre ambos, ostentando la madre la condición de
beneficiaria en caso de desacuerdo—; prevalece, además, el progenitor
integrado en algún régimen de la Seguridad Social en caso de
convivencia de ambos. Cuando los progenitores no conviven, el
beneficiario es quien tenga atribuida la guarda y custodia del menor.

Para ser beneficiario es requisito residir legalmente en España, no


percibir otras prestaciones de naturaleza análoga (salvo opción

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expresa) y no superar determinados límites de ingresos. Estos límites,
fijados anualmente en la Ley de Presupuestos Generales del Estado
para la asignación por hijo a cargo, ascienden en 2025 a 14 952 €
anuales para unidades familiares generales y a 22 501 € anuales para
familias numerosas, incrementándose en 3 646 € por cada hijo a partir
del cuarto. Si la suma de ingresos de los progenitores convivientes
excede dichos límites, no se reconoce la prestación; sin embargo,
puede abonarse una cuantía parcial equivalente a la diferencia entre
los ingresos percibidos y el límite incrementado en 1 000 € cuando
éstos no superen dicho umbral.

La cuantía de la prestación es un pago único de 1 000 € por nacimiento


o adopción. Si los ingresos del beneficiario se sitúan por encima del
límite aplicable pero por debajo de la suma de ese límite más 1 000 €,
se abona la diferencia entre ambos importes. No obstante, si dicho
cálculo arroja un importe anual inferior a 10 € (equivalente a la
asignación mensual por hijo sin discapacidad), la prestación no se
reconoce.

La financiación corre íntegramente a cargo de los Presupuestos


Generales del Estado, mediante transferencias al sistema de la
Seguridad Social. Su gestión administrativa corresponde al Instituto
Nacional de la Seguridad Social, que verifica el cumplimiento de los
requisitos de residencia, convivencia, ausencia de prestaciones
incompatibles e ingresos, sin perjuicio de la calificación de
discapacidad, que corresponde a los órganos competentes de las
comunidades autónomas o al IMSERSO en Ceuta y Melilla.

En cuanto al régimen de compatibilidades, esta prestación puede


conjugarse con la de parto o adopción múltiples, con la asignación
económica por hijo o menor acogido a cargo y con ayudas análogas de
administraciones locales o autonómicas; en cambio, resulta
incompatible con cualquier otra prestación de idéntica naturaleza de
cualquier régimen público de protección social, debiendo optarse por
una sola en caso de concurrencia de derechos.

El derecho nace desde el momento del nacimiento con vida del hijo o
desde la resolución administrativa o judicial de la adopción, debiendo
presentarse la solicitud en el plazo previsto para obtener la cobertura
económica. En casos de discrepancia sobre la titularidad del derecho o
el cumplimiento de requisitos, la normativa y la jurisprudencia
establecen criterios claros —acuerdo de progenitores, prevalencia del
régimen de Seguridad Social, custodia legal y cómputo de ingresos—
que garantizan la correcta asignación de la ayuda a quien
efectivamente asume el cuidado y la carga económica del nuevo
miembro familiar.

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3.17. Prestación por parto o adopción múltiples.

La prestación económica por parto o adopción múltiples es una


ayuda de naturaleza no contributiva, de abono único, cuyo
objetivo es aliviar el impacto económico que supone para las
familias el nacimiento o la adopción simultánea de dos o más
hijos. Está regulada por la Ley General de la Seguridad Social
y desarrollada en su reglamento, y se concede cuando el
número de criaturas nacidas o incorporadas por una adopción
múltiple es igual o superior a dos.

Son causantes de la prestación todos los hijos que hayan


venido al mundo o hayan sido adoptados como parte de un
parto o de una adopción múltiples, siempre que el hecho se
produzca en territorio español o, si ocurre en el extranjero, se
acredite que el menor se integra de forma inmediata en un
núcleo familiar con residencia en España. Cuando alguno de
esos hijos presenta un grado de discapacidad igual o superior
al 33 %, cada uno de ellos computa doble a efectos de
determinar la cuantía, aunque no basta la llegada de un solo
hijo con discapacidad para desencadenar la prestación.

Pueden ser beneficiarios tanto la madre como el padre o, en su


caso, ambos de común acuerdo; de faltar tal acuerdo, tiene
preferencia la madre. Si los progenitores o adoptantes no
conviven, estaremos ante el caso de custodia individualizada,
y la persona que ejerza la guarda y custodia se convierte en
beneficiaria. Asimismo, cuando los hijos causantes queden
huérfanos de ambos progenitores o sean abandonados, la
persona que asuma legalmente su cuidado ostenta el derecho
a solicitar la prestación. Uno de los requisitos indispensables es
la residencia legal en España, condición que también se
reconoce a los trabajadores desplazados por sus empresas al
extranjero siempre que sigan cotizando en el sistema de
Seguridad Social español.

La prestación resulta incompatible con cualquier otra ayuda de


idéntica naturaleza concedida por otros regímenes públicos de
protección social: si los progenitores tuviesen derecho a la
misma prestación en distintos regímenes, deberán optar por
uno solo. En cambio, es compatible tanto con la ayuda por
familia numerosa, monoparental o de padre o madre con

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discapacidad, como con las asignaciones económicas por hijo o
menor acogido a cargo, la pensión de orfandad o las ayudas
locales y autonómicas de naturaleza análoga, así como con el
subsidio especial de maternidad que se concede en supuestos
de parto múltiple.

La cuantía de la prestación se calcula multiplicando el importe mensual


del Salario Mínimo Interprofesional (SMI) por un coeficiente que
depende del número de hijos simultáneos. Para el año 2025, con un
SMI fijado en 1 184 € mensuales en catorce pagas, el abono único
queda establecido de la siguiente manera:

Para dos hijos, la familia recibe un pago equivalente a cuatro veces


el SMI mensual (4 × 1 184 € = 4 736 €).

Para tres hijos, ocho veces el SMI (8 × 1 184 € = 9 472 €).

Para cuatro o más hijos, doce veces el SMI (12 × 1 184 € = 14 208
€).

Cuando uno o varios de los hijos cuenten con discapacidad reconocida


igual o superior al 33 %, cada uno de ellos se computa como dos hijos
a efectos de determinar el coeficiente, lo que puede doblar la cuantía
en determinados casos.

El derecho nace desde el mismo momento del parto o de la resolución


administrativa o judicial de adopción múltiples, y la solicitud debe
presentarse ante el Instituto Nacional de la Seguridad Social en el plazo
que establezca la normativa, aportando documentación acreditativa del
hecho causante (certificado de nacimiento o resolución de adopción),
de la condición de familia numerosa o monoparental en su caso, del
grado de discapacidad cuando proceda, así como de la residencia y del
vínculo entre solicitante y causantes. El reconocimiento se formaliza
mediante resolución del INSS, que también tramita el pago en un único
plazo tras verificar el cumplimiento de todos los requisitos.

Esta prestación, de carácter urgente y de abono inmediato, refuerza la


política de protección familiar al concentrar recursos en las unidades
con cargas más intensas derivadas de nacimientos o adopciones
múltiples. Al combinar un procedimiento ágil con criterios claros de
acceso y cuantía, se asegura que las familias puedan atender con
mayor garantía los costes extraordinarios de equipamiento, cuidados y
adaptación del hogar que implica la llegada simultánea de varios
menores. De este modo, se fomenta la corresponsabilidad parental y
se contribuye a la igualdad de oportunidades desde el inicio de la vida
de los hijos.

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3.18. Prestaciones familiares en la modalidad contributiva.

La modalidad contributiva de las prestaciones familiares


constituye un mecanismo mediante el cual el tiempo dedicado
al cuidado de determinados familiares se reconoce como
período de cotización efectiva para el acceso a prestaciones de
jubilación, incapacidad permanente, muerte y supervivencia.
Está regulada por los artículos 236 y 237 de la Ley General de
la Seguridad Social, junto con los preceptos correspondientes
del Estatuto de los Trabajadores y el Real Decreto 1335/2005.
Su finalidad es garantizar que la carrera de cotización de los
trabajadores no se vea penalizada cuando interrumpen o
reducen su actividad laboral para atender a hijos, cónyuges o
familiares dependientes, reforzando así la protección social de
quienes compatibilizan empleo y responsabilidades de cuidado.

En primer lugar, se consideran períodos efectivamente


cotizados las excedencias por cuidado de cada hijo natural,
adoptado o acogido hasta un máximo de tres años desde el
nacimiento o la resolución administrativa o judicial. Si la
excedencia no se toma de forma íntegra, solo se computa el
tiempo realmente disfrutado, y en caso de que se inicien
nuevas excedencias por el cuidado de sucesivos hijos, cada una
de ellas genera su propio período de cotización. De manera
paralela, existe un derecho análogo para el cuidado de
cónyuge, pareja de hecho o familiar de hasta segundo grado
que no desempeñe actividad retribuida por razones de edad,
accidente, enfermedad o discapacidad: aunque la duración de
esta excedencia puede pactarse hasta dos años, los primeros
tres años se equiparan a cotización efectiva.

Además de las excedencias, la reducción de jornada por guarda


legal o cuidado directo de determinados familiares también es
objeto de reconocimiento. En concreto, los trabajadores
pueden reducir su jornada para el cuidado de menores de hasta
doce años o de personas con discapacidad que no realicen
actividad retribuida, y durante los primeros tres años de esa
reducción las bases de cotización se incrementan hasta el 100
% de la base completa que correspondería a la jornada sin
reducción. Este mismo tratamiento se aplica al cuidado de
lactantes hasta que cumplan doce meses, con reducción
proporcional de salario desde el noveno mes, y al cuidado
continuado de menores afectados por cáncer u otras
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enfermedades graves que requieran hospitalizaciones
prolongadas, pudiéndose extender el derecho hasta los
veintitrés años, e incluso hasta los veintiséis años si antes de
los veintitrés se acredita una discapacidad grave del
beneficiario.

El régimen de cómputo integrador de períodos cotizados se completa


con varias categorías de “cotizaciones ficticias” previstas en la Ley
General de la Seguridad Social. Entre ellas se incluyen las cotizaciones
durante los tres primeros años de reducción de jornada por cuidado de
menor o familiar, así como los periodos de duración íntegra de la
prestación por incapacidad temporal cuando esta no se agota
completamente. Asimismo, para el acceso a prestaciones que exigen
un período previo de cotización, se equiparan a cotización efectiva los
tiempos de desempleo, los convenios especiales, los periodos de
suspensión de contrato por violencia de género o sexual, y los períodos
de interrupción del convenio por maternidad o adopción múltiple, que
otorgan 112 días de cotización por cada parto de hijo único y 14 días
adicionales por cada hijo a partir del segundo.

Los efectos de todos estos períodos equiparados son significativos.


Durante las excedencias o reducciones de jornada computadas, el
trabajador mantiene la situación de alta y conserva el derecho a la
asistencia sanitaria. El período se tiene en cuenta para calcular la base
reguladora de futuras prestaciones contributivas —tomando como
referencia el promedio de las bases de cotización de los seis meses
anteriores al inicio del período—, así como para determinar la
antigüedad en la empresa. También se preserva el derecho a la
formación profesional. No obstante, estos períodos no computan a
efectos de prestaciones de incapacidad temporal ni de desempleo,
salvo disposiciones particulares que amplíen el cómputo en
determinadas circunstancias.

El reconocimiento de la prestación contributiva por cuidado familiar es


imprescriptible: el trabajador puede solicitar su reconocimiento en
cualquier momento, incluso tras haber accedido a prestaciones
contributivas sin haber considerado dichos períodos como cotizados, y
obtener efectos económicos retroactivos hasta tres meses antes de la
presentación de la solicitud. Por su parte, las empresas tienen la
obligación de comunicar a la Tesorería General de la Seguridad Social,
en el plazo de quince días, tanto el inicio como la finalización de las
excedencias por cuidado de hijos, menores acogidos u otros familiares
con derecho a reserva de puesto de trabajo; el incumplimiento de esta
obligación conlleva sanciones de carácter leve.

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3.19. El Ingreso Mínimo Vital: Concepto.

El Ingreso Mínimo Vital (IMV) es una prestación no contributiva


del sistema de la Seguridad Social diseñada para garantizar un
umbral mínimo de ingresos a las personas y unidades de
convivencia que se encuentren en situación de vulnerabilidad
económica extrema. Su aprobación en la normativa estatal
supuso el reconocimiento de un derecho subjetivo, consolidado
por la Ley 19/2021, que lo incorpora al ordenamiento jurídico
español como un instrumento permanente de cobertura y
redistribución, válido de manera uniforme en todo el territorio
nacional.
La esencia del IMV radica en su carácter asistencial: no
requiere períodos previos de cotización ni vinculación con el
historial laboral de quienes lo perciben, y se financia
íntegramente con cargo a los Presupuestos Generales del
Estado. A efectos de gestión, se confía al Instituto Nacional de
la Seguridad Social, sin que este enfoque implique la obligación
de cotizar por parte de empleadores o beneficiarios,
salvaguardando así su naturaleza de ayuda directa y
redistributiva.
El cálculo de la cuantía mensual del IMV se basa en la diferencia
existente entre la renta garantizada —establecida legalmente
en función del tamaño y la composición de la unidad de
convivencia— y los recursos económicos reales de sus
miembros durante el ejercicio previo. Para que proceda su
abono, esa brecha debe ser al menos de diez euros al mes,
umbral mínimo que evita pagos marginales de escasa
relevancia práctica. Esta metodología asegura que la
prestación se focalice en los hogares donde los ingresos y
patrimonios no cubren las necesidades básicas.
Entre las características más destacadas del IMV figura su
condición de inembargable e intransferible, salvo en el caso de
obligaciones alimenticias a favor de cónyuge o hijos y de
deudas con la Seguridad Social. Esta limitación protege la
integridad del recurso, evitando que pueda ser objeto de
embargos o cesiones que desvíen su propósito asistencial.
La regulación del Ingreso Mínimo Vital descansa sobre una
serie de principios rectores: igualdad de acceso en todo el
Estado, objetividad en la aplicación de los requisitos, inclusión
social como fin último y coordinación con el resto de políticas
públicas. Así, aunque las comunidades autónomas pueden

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colaborar en la gestión administrativa, no tienen competencia
para alterar los criterios esenciales establecidos a escala
estatal, de modo que los derechos y las condiciones de acceso
permanecen homogéneos en todo el país.
Para facilitar a los potenciales beneficiarios la evaluación de su
derecho al IMV, se ha puesto a disposición un simulador oficial
en línea que estima de modo aproximado la cuantía a percibir,
partiendo de los datos de ingresos y la composición familiar.
Esta herramienta incrementa la transparencia y contribuye a
una planificación más realista de las finanzas de los hogares en
situación de necesidad.
Más allá de su dimensión económica, el IMV se concibe como
un instrumento de inserción y autonomía. La normativa prevé
la elaboración de planes personalizados de inclusión para
aquellos hogares que lo reciben, con el objetivo de promover
la búsqueda activa de empleo, el acceso a la formación y la
coordinación con los servicios sociales. De este modo, la
prestación no se limita a cubrir necesidades inmediatas, sino
que impulsa la transición hacia la plena participación social y
laboral.
Otro aspecto relevante es la exención de las cantidades
percibidas del IRPF. El IMV no se integra en la base imponible
ni afecta a otras deducciones, lo que garantiza que el apoyo
económico llegue íntegramente al beneficiario y no se diluya en
el ámbito tributario. Esta previsión jurídica refuerza la eficacia
de la ayuda y evita que su percepción genere efectos fiscales
adversos.
Para acceder al IMV, es preciso acreditar una situación de
vulnerabilidad económica, entendida como la insuficiencia de
ingresos, rentas o patrimonio para atender las necesidades
básicas. Además, se exige la residencia legal y efectiva en
España durante, al menos, un año inmediatamente anterior a
la solicitud, con excepciones específicas para colectivos
especialmente vulnerables —como víctimas de violencia de
género, de trata de seres humanos o jóvenes egresados de
centros de protección de menores—, quienes pueden acceder
sin cumplir el requisito de permanencia.
La edad mínima general para solicitar el IMV es de 23 años,
salvo en casos en que el solicitante forme parte de una unidad
de convivencia con hijos o se encuentre en situaciones de
especial protección previstas por la normativa, lo cual flexibiliza
el acceso a hogares más jóvenes o en circunstancias de riesgo.

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3.20. Ámbito subjetivo del IMV.

El ámbito subjetivo del Ingreso Mínimo Vital determina quiénes


pueden acceder a esta prestación no contributiva pensada para
combatir la pobreza extrema y promover la inclusión social.
Tanto las personas en nombre individual como las unidades de
convivencia constituyen potenciales beneficiarias, siempre que
cumplan los requisitos de capacidad, edad, convivencia y
residencia establecidos en la norma.

En primer lugar, pueden solicitar el Ingreso Mínimo Vital todas aquellas


personas con plena capacidad de obrar, mayores de veintitrés años,
que no formen parte de una unidad de convivencia bajo los criterios
legales de parentesco o vinculación afectiva, ni se hallen casadas o en
pareja de hecho, salvo que hayan iniciado formalmente su separación
o divorcio. Esta edad mínima se flexibiliza cuando el solicitante
pertenece a una unidad de convivencia —por ejemplo, en hogares con
hijos menores o en guarda con fines de adopción—, permitiendo el
acceso a personas emancipadas o mayores de edad
independientemente de que aún no hayan cumplido los veintitrés años.
También quedan eximidos del requisito de edad aquellos colectivos en
situación de especial vulnerabilidad —mujeres víctimas de violencia de
género, de trata de seres humanos o de explotación sexual—, así como
quienes recién egresen de centros de protección de menores o
personas liberadas de prisión tras cumplir condenas de más de seis
meses.

El legislador otorga un papel central a las unidades de convivencia,


concepto que engloba a las personas que comparten domicilio y
mantienen entre sí las relaciones de parentesco, afinidad o adopción
previstas en la ley, así como a quienes convivan bajo vínculos
asimilables debidamente acreditados. En estos supuestos, no basta la
mera cohabitación; es preciso que exista un proyecto de vida común
y, en algunos casos, la aportación de un informe de servicios sociales
que avale la inexistencia de otra unidad de convivencia previa. De este
modo se reconducen situaciones de emancipación anticipada, cuidado
compartido de menores y otros arreglos familiares fuera del tradicional
núcleo biológico.

Además de la edad y la integración en unidad de convivencia, el acceso


al Ingreso Mínimo Vital exige acreditar residencia legal y efectiva en
España durante un año ininterrumpido antes de presentar la solicitud,
aunque esta exigencia se suaviza para colectivos como víctimas de
violencia de género o de trata, menores incorporados recientemente al
hogar por adopción o acogimiento, y personas desplazadas por causas
de fuerza mayor. Quienes viven solos —sin integrarse en una unidad

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de convivencia— enfrentan reglas adicionales: los menores de treinta
años deben demostrar dos años de residencia independiente, mientras
que los mayores de treinta únicamente requieren justificar que, en el
año previo, han habitado en un domicilio propio distinto al de sus
progenitores o tutores. Estos matices buscan evitar solicitudes
indebidas sin penalizar a quienes, por circunstancias extremas, se han
visto obligados a establecer un hogar autónomo.

Otro elemento clave es la consideración de servicios residenciales como


extensión de la unidad de convivencia. Los usuarios de centros de
carácter social, sanitario o sociosanitario —incluidas las víctimas de
violencia de género en programas de acogida— se integran al régimen
del IMV como si residieran en su hogar habitual, de modo que el hecho
de ocupar temporalmente una plaza en un recurso no impide el
reconocimiento de la ayuda. Esta previsión amplía la cobertura del
Ingreso Mínimo Vital a quienes, por razones de fragilidad social o de
salud, no pueden desarrollar su vida cotidiana en un domicilio
convencional.

Conviene destacar, asimismo, que el cargo de administrador de una


sociedad mercantil en ejercicio impide tanto la percepción individual de
la prestación como la inclusión de la unidad de convivencia en el IMV,
dado que se presume una capacidad económica suficiente. Sin
embargo, el cese efectivo en la administración —acreditado mediante
escritura pública u otros medios fehacientes— restituye el derecho a
solicitar y recibir la ayuda. Esta medida responde al principio de
selectividad: el IMV se orienta exclusivamente a quienes carecen de
recursos laborales o empresariales sustanciales.

En todos los casos, la titularidad de la prestación recae en la persona que


solicita el Ingreso Mínimo Vital, ya sea en su propio nombre o como
representante de la unidad de convivencia. Cuando existen varias personas
con potencial derecho de solicitud, la norma otorga prioridad a quien reúna
mejores condiciones de vulnerabilidad —por ejemplo, mujeres víctimas de
violencia de género— o, en defecto de ello, establece que el titular sea quien
inicie la petición formal, salvo pacto en contrario entre los interesados.

Finalmente, todos los beneficiarios deben mantener las condiciones de


capacidad, convivencia y residencia durante el tiempo de disfrute del IMV.
Cualquier cambio significativo —como variaciones en el domicilio,
alteraciones en la composición del hogar o modificaciones en la situación
legal— debe comunicarse en plazos cortos para evitar suspensiones o
extinciones. De este modo, el ámbito subjetivo del Ingreso Mínimo Vital se
configura como un entramado que equilibra la universalidad de la cobertura
con salvaguardas que garantizan que los recursos lleguen realmente a
quienes carecen de ingresos suficientes, reforzando la protección de quienes
atraviesan las situaciones de mayor fragilidad social.

15
3.21. Requisitos y su acreditación del IMV.

Para acceder al Ingreso Mínimo Vital es preciso cumplir una


serie de requisitos que garantizan que la ayuda llegue a
quienes verdaderamente carecen de recursos suficientes para
atender sus necesidades básicas. En primer lugar, debe
demostrarse una situación de vulnerabilidad económica: los
ingresos y el patrimonio de la unidad de convivencia —salarios,
pensiones, prestaciones, rentas de capital— no pueden
alcanzar la cuantía mínima garantizada, calculada según el
tamaño y la composición del hogar. Solo cuando la brecha
entre esa renta garantizada y los recursos disponibles supera
diez euros al mes nace el derecho a percibir la prestación.

El concepto de unidad de convivencia resulta clave: engloba a quienes


comparten domicilio y mantienen entre sí vínculos de parentesco,
adopción, afinidad o afectivos reconocidos legalmente, así como a
quienes convivan bajo proyectos de vida común acreditados. Se
contemplan parejas de hecho o casadas (con o sin hijos), hogares
monoparentales, núcleos intergeneracionales y otras configuraciones
en las que exista un trueque de cuidados o apoyos. No basta la mera
cohabitación; en ocasiones es necesario un informe de los servicios
sociales para certificar la existencia de un proyecto de vida compartido,
el cuidado de menores o la cooperación en situaciones de dependencia.

La edad mínima general para solicitar la prestación es de 23 años. Sin


embargo, este límite se flexibiliza en dos supuestos: quienes formen
parte de una unidad de convivencia con hijos menores o menores en
guarda con fines de adopción pueden solicitarla con anterioridad a esa
edad; y determinados colectivos vulnerables —víctimas de violencia de
género, de trata de seres humanos o de explotación, jóvenes
egresados de centros de protección de menores y personas liberadas
de prisión tras condenas de más de seis meses— quedan exentos del
requisito y pueden acceder al Ingreso Mínimo Vital aunque no alcancen
la edad ordinaria.

Otro requisito esencial es la residencia legal y efectiva en España


durante, al menos, un año ininterrumpido antes de la solicitud, con
excepciones para colectivos especialmente vulnerables. Víctimas de
violencia de género o de trata, menores adoptados o acogidos y
personas desplazadas por causas de fuerza mayor pueden acceder sin
cumplir el año completo de residencia. Para acreditar este requisito
basta con presentar certificados de empadronamiento, autorizaciones
de residencia o visados vigentes, junto con justificantes de ausencias
temporales cuando proceda.

16
La ley también contempla a quienes residen en centros de carácter social,
sanitario o sociosanitario: su plaza se considera una extensión de su unidad
de convivencia de origen, de modo que la estancia temporal en un recurso
no impide el acceso al Ingreso Mínimo Vital. En estos casos, basta con un
certificado del centro que acredite la naturaleza y duración de la estancia.

Para delimitar la vulnerabilidad económica, se establecen umbrales de renta


y patrimonio según el número de miembros de la unidad de convivencia. Los
ingresos computables incluyen todas las rentas del trabajo (asalariados y
autónomos), pensiones, prestaciones por desempleo o discapacidad, rentas
de alquiler y rendimientos de capital mobiliario e inmobiliario. En cuanto al
patrimonio, se fijan límites que incluyen el valor catastral de bienes inmuebles
y el valor de bienes muebles, descontando la vivienda habitual hasta un
importe máximo. Toda esta información se acredita mediante la declaración
de la renta del ejercicio anterior, certificados de imputaciones fiscales, notas
simples de la propiedad, recibos de alquiler o hipoteca y extractos bancarios.

Existen exclusiones específicas: quienes ejerzan como administradores de


sociedades mercantiles están presumiblemente dotados de capacidad
económica suficiente y, por tanto, quedan fuera, salvo que acrediten su cese
efectivo en el cargo; quienes perciban otras ayudas incompatibles de idéntica
naturaleza o quienes ya reciban el Ingreso Mínimo Vital en otra unidad de
convivencia tampco pueden solicitarlo. Estas reglas buscan evitar
solapamientos de prestaciones y mantener la focalización de recursos.

El procedimiento de acreditación se canaliza a través de la presentación de la


documentación en el Instituto Nacional de la Seguridad Social o por vía
telemática. Además de los certificados ya mencionados, el solicitante debe
aportar documento de identidad, libro de familia o certificados de nacimiento
de los hijos, y en su caso sentencias de separación, títulos de familia
numerosa o documentos que acrediten estado de vulnerabilidad (como
dictámenes de violencia de género). Una vez recibida la solicitud, el órgano
competente realiza consultas automatizadas a registros administrativos —
Hacienda, padrón, catastro, Seguridad Social— y puede requerir aclaraciones
o documentos adicionales si detecta discrepancias.

La resolución se emite en plazos breves y, de resultar favorable, el derecho


al abono nace desde la fecha de presentación de la solicitud, abonándose
mensualmente en la cuenta indicada por el beneficiario. Para mantener el
derecho, los perceptores deben comunicar cualquier variación relevante en
un plazo máximo de treinta días: cambios de domicilio, alteraciones en la
composición del hogar, modificaciones de los ingresos o del patrimonio. El
incumplimiento de esta obligación de actualización puede ocasionar la
suspensión o extinción de la prestación.

En caso de superación temporal de los umbrales de ingresos o residencia, la


normativa prevé mecanismos de suspensión con posibilidad de reactivación
automática si la situación vuelve a cumplir los requisitos. Asimismo, se
permite la solicitud de solicitudes de reanudación sin necesidad de tramitar
una nueva petición desde cero, siempre que se acredite la vuelta a la situación
de vulnerabilidad.

17
3.22. Duración del IMV.

La prestación del Ingreso Mínimo Vital (IMV) no tiene un plazo


de caducidad: se abona de forma continua mientras persistan
las condiciones que justificaron su concesión y se cumplan las
obligaciones establecidas. Una vez aprobado, el derecho nace
el primer día del mes siguiente a la solicitud y puede producir
efectos retroactivos hasta tres meses atrás, garantizando así
la cobertura de periodos previos a la tramitación.

El pago se realiza mensualmente por transferencia al titular


designado, sin límite de duración, siempre que se mantenga la
situación de vulnerabilidad económica (es decir, que los
recursos de la unidad de convivencia no alcancen la renta
garantizada), la residencia legal y efectiva en España, los
límites de ingresos y patrimonio, y la composición familiar que
dio lugar al derecho. Para que la administración pueda ajustar
la ayuda, los beneficiarios están obligados a informar en un
plazo de treinta días sobre cualquier cambio relevante —
variaciones de ingresos, incorporación o salida de miembros de
la unidad, modificación de la residencia o del patrimonio—. La
falta de comunicación puede dar lugar a la suspensión del
abono.

Existen dos mecanismos para interrumpir o poner fin al IMV:


1. Suspensión temporal

Se activa cuando desaparece alguno de los requisitos


esenciales —por ejemplo, si los ingresos superan el umbral
establecido— o si hay indicios de fraude. A partir del primer día
del mes siguiente al que se produzca el hecho, el abono queda
paralizado. Si la causa se resuelve en un plazo inferior a un
año, el IMV se reanuda de oficio o a instancia del beneficiario,
con efectos desde el primer día del mes siguiente a la
declaración de nueva compatibilidad, sin necesidad de
presentar una solicitud completa.

2. Extinción definitiva

Se produce cuando el incumplimiento persiste más de doce


meses, o bien por renuncia expresa del titular, fallecimiento,
traslado permanente fuera de España o detección de fraude
grave. En estos casos, para reanudar el cobro es necesario

18
iniciar un nuevo procedimiento y demostrar de nuevo el
cumplimiento de todos los requisitos.

Cada año se revisa la cuantía de la prestación de acuerdo con


los umbrales fijados en los Presupuestos Generales del Estado
y los ingresos contemplados en la declaración fiscal del
ejercicio anterior. Esta actualización anual afecta únicamente
al importe a percibir, sin modificar la continuidad del derecho
mientras se mantengan las circunstancias de necesidad.

La gestión del IMV aprovecha las consultas automáticas a registros


administrativos (Hacienda, padrón, catastro, Seguridad Social) para
verificar datos de ingresos, residencia y patrimonio, lo que agiliza los
procesos y reduce la carga documental. Aun así, la responsabilidad de
comunicar cambios recae en el beneficiario, que debe hacerlo dentro
del plazo establecido para evitar suspensiones o extinciones indebidas.

El diseño indefinido del IMV ofrece estabilidad a las familias en


situación de pobreza severa, al no exigir renovaciones periódicas ni
límites de meses de percepción. A diferencia de otras ayudas con
duración máxima, el IMV garantiza un respaldo continuado hasta que
los beneficiarios salgan de la vulnerabilidad o incumplan alguna norma.
Cuando vuelven a necesitar el apoyo tras un cambio temporal de
circunstancias, la reactivación automática tras la suspensión breve
facilita la recuperación inmediata de la prestación.

El conjunto de reglas de suspensión, extinción y reanudación


automática crea un sistema flexible y focalizado en la necesidad real
de las unidades de convivencia. Los beneficiarios cuentan con la
seguridad de que, mientras cumplan sus compromisos de información
y mantengan las condiciones, recibirán el IMV sin interrupciones. Por
su parte, la administración dispone de herramientas de control y de
actualización dinámica de cuantías, garantizando así la correcta
asignación de recursos públicos.

En definitiva, la duración del Ingreso Mínimo Vital se caracteriza por su


carácter indefinido y condicionado: permanece activo mientras se
mantengan los requisitos de vulnerabilidad, residencia, composición de
la unidad y límites de renta y patrimonio, y ofrece procedimientos
claros de suspensión y extinción que aseguran la focalización en
quienes de verdad lo necesitan, al tiempo que permiten la reanudación
ágil cuando las circunstancias vuelven a ser compatibles.

19
3.23. Suspensión y extinción del derecho del IMV.

La suspensión y extinción del derecho al Ingreso Mínimo Vital


(IMV) son mecanismos establecidos para asegurar que esta
prestación se mantenga únicamente en los casos en que
realmente se cumplen los requisitos exigidos. El IMV, diseñado
como una renta de carácter indefinido mientras persista la
situación de vulnerabilidad económica, puede interrumpirse o
cesar cuando se produce un cambio relevante en las
condiciones del beneficiario o de su unidad de convivencia, o
cuando se incumplen las obligaciones vinculadas al disfrute de
la ayuda.

La suspensión del derecho implica la interrupción temporal del


pago de la prestación. Esta medida puede ser adoptada por
diversas causas. Una de las más comunes es la pérdida
temporal de alguno de los requisitos establecidos, como la
residencia legal y efectiva en España, el mantenimiento de la
unidad de convivencia o el límite de ingresos y patrimonio.
También se puede suspender el derecho si el titular o los
miembros de la unidad no cumplen con sus obligaciones
formales, como presentar la documentación necesaria o
comunicar dentro del plazo establecido cualquier cambio que
afecte al cumplimiento de los requisitos. Además, se puede
suspender la prestación de forma cautelar si existen indicios
fundados de fraude o cuando se inicia un procedimiento de
verificación que requiere la paralización del pago hasta que se
aclaren los hechos.

La suspensión comienza a partir del primer día del mes


siguiente a aquel en que se produce el incumplimiento o la
causa que la motiva. No se trata de una medida definitiva, ya
que si el impedimento desaparece en un plazo máximo de 12
meses, la prestación puede ser reanudada, bien de oficio o a
instancia del interesado. En este caso, el derecho se recupera
con efectos desde el primer día del mes siguiente a aquel en
que se reconoce que se han vuelto a cumplir las condiciones
exigidas.

En caso de que la situación que originó la suspensión se


prolongue durante más de un año sin que se regularice, se
procederá a la extinción definitiva del derecho. La extinción

20
también puede producirse por otras causas no relacionadas con
la suspensión previa. Entre ellas destacan el fallecimiento del
titular, la renuncia voluntaria a la prestación, el traslado
permanente al extranjero sin justificación válida, la falsedad en
los datos aportados, o cualquier otro supuesto de fraude o
actuación dolosa que haya servido para obtener o mantener
indebidamente la ayuda.

Una vez extinguido el derecho, si la persona interesada desea volver a


percibir el IMV, deberá presentar una nueva solicitud, aportando toda
la documentación necesaria y acreditando que en ese momento cumple
de nuevo con todos los requisitos exigidos. Esto implica que se pierde
el carácter continuo del derecho, que solo puede mantenerse si no se
incurre en las causas de extinción.

Cabe destacar que, tanto en los casos de suspensión como en los de


extinción, la administración puede reclamar las cantidades
indebidamente percibidas si se demuestra que el beneficiario no tenía
derecho a ellas. La persona afectada estará obligada a reintegrar
dichas sumas, y si se detecta fraude, se podrán imponer además
sanciones administrativas y, en los casos más graves, se podría llegar
a actuar por la vía penal.

El sistema de suspensión y extinción del IMV está diseñado con el


objetivo de mantener la prestación solo mientras se respeten las
condiciones que justifican su concesión, pero también busca ofrecer
flexibilidad y posibilidades de recuperación del derecho cuando los
incumplimientos son corregidos en plazo. Esta estructura permite una
gestión más eficiente y justa del recurso público, centrando la ayuda
en quienes realmente la necesitan.

En resumen, la suspensión supone una parada temporal del pago


cuando hay incumplimientos o dudas razonables sobre el cumplimiento
de las condiciones, y puede revertirse si se regulariza la situación antes
de un año. Por su parte, la extinción marca el fin definitivo del derecho
cuando la situación de incumplimiento se prolonga, cuando se produce
una renuncia voluntaria, un fallecimiento, o se detecta fraude o
traslado injustificado al extranjero. Ambos mecanismos garantizan que
el IMV se mantenga como un instrumento dirigido realmente a quienes
se encuentran en situación de necesidad económica sostenida,
reforzando la integridad del sistema y su orientación social.

21
3.24. Obligaciones de los beneficiarios del IMV.

Los beneficiarios del Ingreso Mínimo Vital (IMV) deben cumplir


una serie de obligaciones que garantizan tanto el correcto uso
de la prestación como su adecuada gestión y seguimiento.
Estas obligaciones son esenciales para asegurar que los
recursos públicos lleguen a quienes realmente los necesitan y
que se mantenga la coherencia del sistema de protección
social. El incumplimiento de estas obligaciones puede derivar
en la suspensión o extinción del derecho, e incluso en la
devolución de las cantidades indebidamente percibidas o la
imposición de sanciones.

Una de las principales obligaciones es mantener la residencia


legal y efectiva en España. Esta condición debe cumplirse de
forma continuada, y cualquier ausencia del territorio nacional
superior a 90 días por año natural debe estar debidamente
justificada. Salidas por razones médicas, laborales o
humanitarias pueden admitirse, siempre que se acrediten
convenientemente. Si el titular o los miembros de la unidad de
convivencia pierden la residencia o se trasladan de manera
indefinida al extranjero sin causa justificada, se incumple un
requisito esencial del IMV.

Otro deber básico es comunicar cualquier cambio que pueda


afectar a los requisitos del derecho o a la cuantía de la
prestación. Esto incluye modificaciones en los ingresos, en el
patrimonio, en la composición de la unidad de convivencia (por
ejemplo, nacimiento, fallecimiento, separaciones o
incorporaciones), en el domicilio, o en cualquier circunstancia
que altere el cumplimiento de las condiciones. Esta
comunicación debe realizarse en un plazo máximo de 30 días
naturales desde que se produce el cambio. No hacerlo puede
suponer no solo la suspensión del pago, sino también la
obligación de devolver cantidades indebidas si el IMV ya no era
compatible con la nueva situación.

Los beneficiarios también tienen la obligación de presentar anualmente


la declaración del Impuesto sobre la Renta de las Personas Físicas
(IRPF), independientemente de que sus ingresos estén por debajo del
mínimo exigido para declarar. Esto aplica tanto al titular como a todos
los miembros de la unidad de convivencia obligados por ley. La
presentación de esta declaración permite verificar los ingresos reales y

22
mantener actualizada la situación económica del hogar.

En el ámbito de la inserción laboral y social, las personas beneficiarias


deben participar activamente en las estrategias que promuevan su
autonomía económica. En este sentido, se prevé su inclusión en
itinerarios de inclusión social, formación o inserción laboral, que
pueden estar gestionados por las administraciones públicas o por
entidades del tercer sector. Estos itinerarios pueden implicar cursos de
formación, orientación laboral, búsqueda activa de empleo,
colaboración con servicios sociales, entre otras acciones. La
participación en estos programas es obligatoria si se le requiere
formalmente, y su negativa injustificada puede conllevar
consecuencias negativas para la percepción del IMV.

Otro punto fundamental es la obligación de colaborar con la


administración en la verificación del cumplimiento de los requisitos.
Esto incluye proporcionar la documentación necesaria, permitir el cruce
de datos entre organismos, y facilitar las actuaciones de comprobación
que se consideren oportunas. Los beneficiarios deben conservar los
documentos justificativos durante al menos cuatro años, para poder
acreditar la información suministrada cuando se les requiera.

Además, los titulares deben reintegrar las cantidades indebidamente


percibidas en los casos en que, por error o incumplimiento, se haya
cobrado una cuantía mayor de la que correspondía o se haya perdido
el derecho. La administración puede exigir dicho reintegro una vez
detectada la irregularidad, y si se comprueba que hubo dolo o fraude,
se podrán imponer sanciones e incluso abrir procedimientos penales.

También existe la obligación de no superar los límites de patrimonio


establecidos. Aunque en el momento inicial se evalúa este requisito
para acceder al IMV, si posteriormente el patrimonio del hogar
aumenta por herencias, donaciones u otros motivos, y supera los
umbrales fijados, el beneficiario está obligado a comunicarlo, ya que
puede afectar a la continuidad del derecho.

En definitiva, los beneficiarios del Ingreso Mínimo Vital no solo tienen


derecho a recibir una ayuda económica mensual, sino que también
están sujetos a una serie de compromisos que garantizan la equidad
del sistema. Estas obligaciones abarcan desde mantener la residencia,
comunicar cambios relevantes, declarar la renta, participar en
programas de inclusión, colaborar con la administración y devolver
importes indebidos. Su cumplimiento es imprescindible para que el IMV
cumpla su función de manera justa, transparente y eficiente, evitando
abusos y asegurando que llegue a quienes realmente lo necesitan
durante el tiempo que lo necesiten.

23
3.25. Cuantías, pago, reintegro de prestaciones indebidas del IMV.

La determinación de la cuantía del Ingreso Mínimo Vital (IMV)


se basa en la diferencia entre la renta garantizada según la
composición de la unidad de convivencia y los ingresos
efectivamente registrados en el ejercicio anterior. Sólo existe
derecho si esa diferencia alcanza al menos 10 € mensuales. La
renta garantizada varía según el tipo de hogar: un adulto solo
en 2025 percibe 658,81 €/mes; un adulto y un menor o dos
adultos, 856,46 €; esta cifra aumenta progresivamente según
el número de miembros del hogar, alcanzando hasta
1.449,39 € en unidades con cuatro o más menores o
combinaciones familiares similares. Además, las unidades
monoparentales reciben un complemento del 22 %, elevando
las cuantías mensuales hasta 1.594,33 € para hogares con
cuatro o más menores. Si alguno de los miembros tiene una
discapacidad igual o superior al 65 %, se añade otro 22 %
adicional. A su vez, se abona un complemento por infancia:
115 €/mes por menores de 3 años, 80,50 € entre 3 y 6 años y
57,50 € entre 6 y 18 años, lo que refuerza la cobertura familiar.

El abono del IMV se realiza de forma mensual mediante


transferencia a la cuenta designada por el titular. El derecho
nace el primer día del mes siguiente a la presentación de la
solicitud, y comienza a devengarse desde ese momento.
Además, si la solicitud se presenta en tiempo, se generan
efectos retroactivos hasta tres meses antes, lo que protege a
las familias de posibles retrasos administrativos.

La actualización de cuantías se revisa cada año, generalmente


el 1 de enero, tomando como base los umbrales establecidos
en los Presupuestos Generales y las rentas del ejercicio
anterior. Este ajuste modifica sólo la cantidad a percibir, sin
alterar la continuidad del derecho mientras se mantengan las
condiciones de vulnerabilidad.

Cuando se detecta un cobro indebido —por error en los datos


o cambios no comunicados—, nace la obligación de reintegrar
las cantidades percibidas en exceso. La Seguridad Social inicia
un procedimiento que puede culminar en una resolución
administrativa. El beneficiario dispone de un plazo para
presentar alegaciones y, en caso de que proceda la devolución,

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puede pagar la deuda de forma fraccionada: el período no
puede superar cinco años, y cada abono ha de ser al menos de
100 €/mes. Si se incumplen los pagos durante tres meses
consecutivas, el aplazamiento se revoca y se aplican intereses
de demora.

El importe a reintegrar puede compensarse con futuras


prestaciones del propio IMV u otras ayudas gestionadas por la
misma entidad, si el beneficiario no puede abonar la deuda en
un único pago. El descuento se practica automáticamente,
salvo que se opte por otra modalidad. En situaciones de
emergencia económica, el Ministerio ha desarrollado
modificaciones para minimizar el impacto, incluso permitiendo
condonaciones parciales y tramitaciones amistosas, aunque la
normativa vigente aún exige la reintegración, salvo en casos
de errores atribuibles a la Administración donde se considera
la buena fe del perceptor.

El reintegro prescribe a los cuatro años desde el cobro indebido


o desde que fue posible ejercer la acción, lo que da seguridad
jurídica al beneficiario. En supuestos de fraude —por ocultación
intencional o falsedad—, no sólo se exige la devolución sino
que pueden aplicarse sanciones como suspender la prestación
hasta seis meses o anularla definitivamente, así como
mantener la obligación de pagar hasta seis mensualidades.

En atención a la vulnerabilidad de los perceptores, el sistema


contempla modalidades de compensación y devoluciones progresivas,
evitando que deudas acumuladas e intereses impongan cargas
impagables. Sin embargo, si el beneficiario no solicita el
fraccionamiento y no paga, comienza la vía de apremio con recargo y
posterior embargo.

En resumen, el IMV combina una estructura de cuantías variables


según la situación familiar y disponibilidad de renta, con una forma de
abono mensual y retroactivo. Asimismo, establece normas claras para
reclamar y recuperar fondos pagados indebidamente, garantizando al
mismo tiempo la protección de las personas más vulnerables y la
coherencia del gasto público. El sistema busca equilibrar la necesidad
de respaldo a las familias con mecanismos de control que preserven la
sostenibilidad y prevención de fraudes, ofreciendo flexibilidad y plazos
comprensibles para afrontar eventuales devoluciones.

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