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Alta Crítica

La Alta Crítica es el examen de los orígenes literarios y valores históricos de la Biblia, buscando llegar al texto más puro posible. Esta crítica, que se distingue de la crítica textual, se centra en aspectos como la autoría y la composición de los libros sagrados, y ha evolucionado desde el siglo XVIII con aportes de diversos críticos. A pesar de su enfoque científico, la Alta Crítica enfrenta tensiones entre la fe y el análisis crítico, reflejando la complejidad de la interpretación bíblica a lo largo de la historia.

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Alta Crítica

La Alta Crítica es el examen de los orígenes literarios y valores históricos de la Biblia, buscando llegar al texto más puro posible. Esta crítica, que se distingue de la crítica textual, se centra en aspectos como la autoría y la composición de los libros sagrados, y ha evolucionado desde el siglo XVIII con aportes de diversos críticos. A pesar de su enfoque científico, la Alta Crítica enfrenta tensiones entre la fe y el análisis crítico, reflejando la complejidad de la interpretación bíblica a lo largo de la historia.

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Alta Crítica

Visión general

La crítica bíblica en su más completa comprensión es el examen de los orígenes literarios y valores
históricos de los libros que componen la Biblia, junto con el estado en que están en el
[Link] que las sagradas escrituras no shan llegado en gran variedad de copias y
versiones antiguas, que muestras más o menos divergencias en los textos, la crítica bíblica,
llamada textual o más baja, tiene como finalidad estudiar estos documentos para llegar al texto
más puro posible de los libros sagrados.

El nombre “Alta Crítica” la empleó por primera vez el especialista bíblico alemán por Eichhorn, en
la segunda edición de su “Einleitung” (Introducción) que apareció en 1787. No es, como
supusieron algunos, una denominación arrogante, como si asumiera una sabiduría superior, pero
ha llegado a usarse porque este tipo de crítica trata de los aspectos más universales de la Biblia, es
decir, la autoría, fecha, composición y autoridad de libros completos o grandes secciones, para
distinguirla de la discusión de minucias textuales que es el campo de la crítica baja o textual (ver el
artículo CRITICA TEXTUAL)

Tomada en este sentido limitado, la crítica bíblica, a la luz de las modernas ciencias filológicas,
históricas y arqueológicas y de métodos de desarrollo reciente, somete a severas pruebas las
posturas tradicionalmente aceptadas y tradicionales sobre la autoría humana, el tiempo y manera
de la composición de los libros sagrados y hace distinciones sobre su valor histórico.

Para alcanzar los resultados da más valor a las pruebas internas de los libros que en las tradiciones
externas o testimonios y su innegable efecto es en gran medida la depreciación de la tradición de
manera que hay una clara línea divisoria entre los exégetas críticos y los de la escuela tradicional.
En el proceso que lleva a los críticos a sus conclusiones hay divergencia de actitud hacia lo
sobrenatural en las sagradas escrituras. Los del ala racionalista ignoran, y tácitamente niegan, la
inspiración en el sentido teológico del término y si preocupaciones doctrinales, excepto
animosidad hacia lo sobrenatural, proceden a aplicar los tests críticos a la Escritura de la misma
manera que se aplica a las producciones humanas.

Los críticos moderados de procedencia protestante – escuela dominante en Gran Bretaña -


mantiene la inspiración y revelación pero con una libertad incompatible con la ortodoxia católica.
Los críticos bíblicos católicos mientras que admiten como postulados la inspiración plenaria y la
inerrancia de la Sagrada Escritura, admiten en gran medida las conclusiones históricas y literarias a
las que llegan los no-católicos que trabajan en estos campos y mantiene que no están excluidas
por la fe católica.. Con excepción del Abbé Loisy y sus seguidores, ningún investigador católico ha
reclamado autonomía o completa independencia para la crítica, porque todos tienen en cuenta el
principio de que no se puede valida y puede que ni legalmente contradecir las enseñanzas
dogmáticas establecidas en la doctrina de la Iglesia. Los investigadores cristianos insisten en que
una crítica reverente entra dentro de su derecho está dentro de su derecho a comprobar los
elementos que entran en los aspectos humanos de la Biblia, como medios para entender mejor la
palabra escrita, puesto que las partes componentes recibieron su forma de hombres que vivían en
ciertos ambientes históricos y bajo las limitaciones de su época y lugar y más aún, la inspiración no
renuencia al esfuerzo de los métodos y conocimientos humanos de la composición literaria ( Ver
INSPIRACION).

La Alta Critica puede ser llamada ciencia, aunque su proceso y resultados no admitan las sutilezas
del control y demostración, ya que sus principios son más de orden moral-psicológico. De aquí que
las conclusiones, hasta en las circunstancias más favorables, no tienen a más fuerza que la que
surge de la convergencia de probabilidades, produciendo una convicción moral.

Mientras que se ha intentado para elaborar un sistema de normas para la alta crítica, no se ha
definido, ni probablemente se haga, un código de principios y reglas estrictamente definido y
generalmente aceptado. Algunos principios generales, sin embargo son aceptados por los críticos.
Uno de los fundamentales es que la obra literaria siempre refleja la impronta de la edad y del
ambiente en el que se produjo; otro, es que la pluralidad de autores se demuestra por las
diferencias de dicción y estilo bien marcadas, al menos cuando coinciden con distinciones en los
puntos de vista o discrepancias en el doble tratamiento del mismo tema; y un tercer principio
mantiene la disimilitud radical entre los métodos semíticos de composición antiguos y los
modernos occidentales o arios.

Historia

Antes del siglo XVIII

Los primeros escritores eclesiásticos no eran conscientes de casi ninguno de los problemas que ha
suscitado la crítica. Su atención estaba concentrada en el contenido teológico y en la autoridad de
la Escritura, mirando casi exclusivamente a la parte teológica, consideraban sin importancia las
cuestiones sobre el autor, fecha de composición, aceptando sin reservas las tradiciones tales como
fueron trasmitidas por el judaísmo y la iglesia, teniendo en cuenta que el mismo Cristo había dado
a varias de estas tradiciones su confirmación suprema.

Respecto Nuevo Testamento, la tradición fue el factor determinante. Como excepciones podemos
anotar que Orígenes excluyó, en parte por evidencia interna, que S. Pablo difícilmente pudo
escribir la Epístola a los Hebreos y que su discípulo Dionisio aportó adujo bases lingüísticas para
rechazar el Apocalipsis como obra de S. Juan.

Los Padres vieron en cada frase de la Escritura un preñado oráculo divino. Las aparentes
contradicciones y otras dificultades se solucionaban teniendo en cuenta las posibles
imperfecciones humanas. Solo unos pocos y asilados pasajes de S. Jerónimo, en cuanto tales,
parecen apuntar en esa dirección, en conexión con la historia. Excepto sobre la conservación del
texto sagrado nada permitía emitir una crítica sobre la Biblia en tiempos de los Padres y esto se
aplica también al período escolástico.

Ni siquiera el espíritu humanista que precedió la Reforma dio impulso al espíritu crítico más allá de
promover el estudio de la Escritura en los idiomas originales. Y no fue un reformador humanista,
sino algo más errático, Carlstadio, quien rompió en primer lugar con la tradición sobre la autoría
de un libro inspirado declarando que Moisés no pudo haber escrito el Pentateuco, porque la
narración de su muerte es del mismo estilo que el resto del libro. Aunque Carlstadio adujo un
argumento crítico, no puede ser considerado como crítico. Hobbes (1651), Pereyre (1655),
Espinosa (1670) atacaron la autoría mosaica pero incidentalmente, en obras en las una crítica
sistemática no tiene lugar.

Richard Simon (1638-1712), un cura francés, fue el primero en someter las preguntas generales
sobre al Biblia a un tratamiento comprensivo y metódico. Simón es el adelantado de la crítica
bíblica moderna. La ampliación de las oportunidades para estudiar las lenguas orientales, una
aguda y metódica mente, y también probablemente una reacción contra las rígidas posturas que
dominaban a católicos y protestantes de su época fueron los factores que llevaron a que Simón
produjera su primera gran obra "Histoire critique du Vieux Testament”, publicada en 1678. En ella
llama la atención a las dobles narrativas y a las variaciones en el estilo del Pentateuco de lo que
dedujo que , aparte de la parte legal, que Moisés mismo habría puesto por escrito, mucho del
resto era obra de varios analistas inspirados, un grupo al que se deben los últimos libros históricos
y que en las generaciones siguientes añadieron toques a las historias inspiradas de sus
predecesores.

La teoría no sobrevivió a su autor pero el uso de pruebas internas que Simón utilizó de merece el
título de padre e la crítica bíblica moderna. Su novedosa visión de los sobros mosaicos excitó
condenas solamente y su obra crítica, siendo un esfuerzo aislado que no tuvo el apoyo de una
escuela, solamente fue apreciado mucho después. La Alta Critica no se iba a desarrollar hasta
mediado el siglo XVIII.

Pero hay que hacer una distinción cuando se aplica al Antiguo y al Nuevo Testamento. En ambos
casos han seguido diferentes caminos. La crítica del A.T. se ha desarrollado a lo largo de las líneas
de las investigación lingüística –histórica. Los prejuicios filosófico –religiosos se han dejado en a un
lado. Pero con respecto al N.T., la crítica comenzó como un resultado de especulaciones filosóficas
de carácter anti-cristiano y cuando es ejercida por los protestantes racionalistas y liberales, aun no
se ha librado de esos principios apriori, aunque haya tendido a ser más positiva – es decir más
genuinamente crítica – en sus métodos.

Desde el siglo XVIII

Critica del Antiguo Testamento fuera de la Iglesia

En 1753 Jean Astruc, un médico francés muy notable publicó un librito "Conjectures sur les
mémoires originaux dont il paraît que Moïse s'est servi pour composer le livre de la Genèse", en el
que conjeturaba, por el uso alternativo de los nombres de Dios en el Génesis hebreo, que Moisés
había incorporado allí dos documentos preexistentes, uno de los cuales empleaba Elohim y el otro
Jehovah. La idea no llamó la atención hasta que la tomó un investigador alemán, que sin embargo,
dice que se le ocurrió a él independientemente. Era Johann Gottfried Eichhorn, el autor de la
Introducción al A.T. publicada en 1780-83, que se distinguió por su vigor y acumen científico.
Eichorn debía no poco a su amigo Herder, el notable littérateur alemán y ambos conjuntamente
dieron origen al hábito de mirar el A.T. como una colección de literatura oriental cuyas diferentes
partes deben ser leídas como los productos del genio semítico. Eichhorn desarrollo ampliamente
las hipótesis de Astruc observando que las secciones Elohim y Jehová del Génesis tienen otras
características y extendiendo el análisis a todo el Pentateuco. Pero el sabio alemán no era tan
ortodoxo y convencido de la autoría mosaica como Astruc, puesto que le dejó al legislador hebreo
solo un parte incierta de la obra.

Cuando Eichorn compuso su “Introducción” estaba algo influido por las posturas del
librepensamiento que después aún se acentuaron. Su crítica, por consiguiente, tiene sus
antecedentes no solo en la fértil conjetura de Astruc y la visión poética de Herder sobre la
literatura oriental sino también por el racionalismo alemán del siglo XVIII. Este era el terreno
natural en el que crecía y consiguió mucha nutrición de las ideas de los Deístas ingleses y de los
Escépticos que florecían a finales del siglo XVII y en la primera parte del XVIII. Autores como Blunt
(1654-93) y de los escritos del A. T. El punto de vista del orientalista alemán Reimarus era el de los
Deístas ingleses. Todo el significado de su "Wolfenbüttel Fragments", (1774-78) es el antagonismo
contra lo sobrenatural.

Lessing (1729-81), sin separase tan ofensivamente del camino de la ortodoxia defendió la mayor
libertad de discusión en las cuestiones teológicas. Contemporáneo de Lessing era J. S. Semler, que
rechazaba la inspiración, atribuía un carácter mítico a los episodios de los libros históricos del A.T y
en paralelo a la filosofía de la religión de Lessing distinguía en la Escritura elementos de valor
permanente y otros de valor transitorio y poco importante.

Eichhorn es el primer y típico representante de la moderna crítica bíblica, cuya hogar especial ha
sido Alemania. El dio el primer impulso para el análisis literario de las Escrituras aplicándolo no
solo al Pentateuco sino también a Isaías y otras partes del A.T. Fuera de Alemania los puntos de
vista de Eichorn y su escuela no fueron muy seguidos. Y sin embargo fue un cura católico de origen
escocés, Alexander Geddes (1737-1802), quien introdujo una teoría sobre el origen del los Cinco
Libros (a los que unió Josué) que excedía en atrevimiento tanto a Simón como a Eichorn. Fue la
bien conocida hipótesis del “Fragmento”, que reducía el Pentateuco a una colección de secciones
fragmentarias parte de origen mosaico, pero reunidos durante el reino de Salomón. La opinión de
Geddes fue introducida en Alemania en 1805 por Vater. Para una información más extensa sobre
el desarrollo de la crítica y el Pentateuco, ver arriba.

La Crítica Histórica de la Biblia comenzó con algunos ensayos del joven De Wette, publicados en
1805 – 07. De Wette añadió a las pruebas proporcionadas por el vocabulario y el estilo (es decir,
las de la crítica literaria) argumentos sacados de la historia, contenidas en las narraciones sagradas
mismas y en los descubrimientos de la investigación de los anticuarios. Rehusó encontrar otra cosa
que leyendas y poesía en el Pentateuco, aunque concedía que había en un plan unificador y un
desarrollo de acuerdo con su concepción de la historia de Israel, con lo que puso los fundamentos
de la hipótesis principal de su época. Las ideas de De Wette proporcionaron también la base para
la Hipótesis Suplementaria, sistematizada más tarde por Bleek y otros. Fue el primero en atacar el
carácter histórico del libro de los Paralipómenos o Crónicas. Bleek (1793-1859), Ewald (1803-75), y
los “Catholic Movers” (1806-56), aunque que seguían métodos críticos, se oponían a la pura crítica
negativa de De Wette y su escuela, buscando salvar la autenticidad de alguno libros mosaicos y
salmos davídicos, sacrificando la de los otros. Bleek revivió y atrajo la atención sobre la conclusión
de Geddes de que el libro de Josué está en una cercana conexión con los cinco primero libros de la
Biblia y por consiguiente la idea de un Haxateuco, u obra de seis libros, ha sido mantenida por
exégetas avanzados. Hupfeld en 1853 halló cuatro, en vez de tres documentos en el Pentateuco,
es decir el primero el Elohista, que comprendía la ley sacerdotal, un segundo Elohista (hasta
entonces no sospechado por nadie excepto por el investigador Ilgen), El Yahvista y el
Deuteronomista. A ninguno de ellos les atribuía origen mosaico. Con los puntos de vista de
Hupfeld, comenzó a tomar cuerpo la idea de una gran fuente o Grundschrift, suplementada por
otras más pequeñas, es decir comenzó a dejar paso a la hipótesis del “Documento”. Mientras
tanto , estas conclusiones tan subversivas de las antiguas tradiciones sobre los Cinco Libros
hallaron la oposición contante de varios especialistas alemanes, entre los que sobresalen Ranke,
Hävernick, Hengstenberg y Keil, entre los protestantes y Jahn, Hug, Herbst y Welte, entre los
católicos. Estos al mismo tiempo que trataban de impedir que se desechara el testimonio de la
tradición judía, se vieron obligados a usar los métodos de su adversarios pera defender los puntos
de vista de la tradición. Estas cuestiones se agitaban solo en los países donde dominaba el
protestantismo, entre ellos Inglaterra donde las tradiciones conservadores se habían atrincherado
fuertemente La disección crítica de los libros se realiza entonces y ahora por la diversidad de
vocabulario y estilo, por el fenómeno de las narraciones dobles sobre el mismo suceso que
variaban unas de otras, se decía, hasta el punto de discrepar y por las diferencias de las
concepciones religiosas.

Los críticos apelaban para confirma este análisis literario a los libros históricos. Por ejemplo,
Moisés no pudo crear una legislación ritual para un pueblo que vivía como nómada en el desierto,
especialmente porque (dicen los críticos) no encontramos traza de su observancia en los primeros
periodos de la vida de Israel ya asentado. Este y otros tests parecido se aplican a todos los libros
del A, T y producen conclusiones que, si se siguen, modifican profundamente las creencias
tradicionales sobre los autores e integridad de estas Escrituras y son incompatibles con cualquier
noción estricta de su inerrancia.

El principio hegeliano de la evolución ha influido sin duda en la crítica alemana e indirectamente


en la crítica bíblica en general. Aplicado a la religión, ha ayudado poderosamente a crear la
tendencia a mirar la religión de Israel como resultado evolutivo de procesos que no transcienden
la naturaleza, desde una adoración politeísta de los elementos a un monoteísmo ético espiritual.
Esta teoría fue elaborada por primera vez por Abram Kuenen, un teólogo holandés en su "Religion
of Israel" (1869-70). Sin esencial, está en armonía con la crítica del Pentateuco, a veces llamada
“Hipótesis del desarrollo “pero más conocida como “Grafian”, aceptada por la gran parte de los
eruditos no católicos. Hace del Pentateuco algo que ha surgido formado por piezas e
interrelaciones de documentos de distintas épocas, de las que la más antigua es la Jahvista o J, que
data del siglo nueve a.C. ; E, de Elohista, compuesto más tarde. Estos elementos son proféticos en
su espíritu en la narrativa y en la materia; D, el código Deuteronomista que fue el órgano de la
reforma profética bajo Josías y que apareció en 621 a.C ; P el gran documento que contiene el
código sacerdotal redactado después del Exilio de Babilonia y es el resultado del formalismo
sacerdotal y ritual que distinguía a la comunidad judía restaurada; data del siglo quinto a.C.

Esta ingeniosa y coherente hipótesis fue formulada por primera vez por E. Reuss de la universidad
de Estrasburgo pero fue presentada en público muchos años después (1886) por su discípulo H. K.
Graf. Fue hábilmente elaborada por Julius Wellhausen, profesor de Göttingen (en 1908) en obras
publicadas en 1883 y 1889 ("Prolegómenos a la Historia de Israel y "Composición del Hexateuco y
los libros Históricos del A. T”), y que durante mucho tiempo dominó el tratamiento crítico del
Hexateuco.

El cambio del Código Sacerdotal (antes llamado Primer Elohista) desde los antiguos a los más
modernos tiempos, una características del sistema de Grafian, ha tenido un notable influencia el
curso de la crítica del A. T en general y sobre todo respecto a los Paralipómenos. Ha invertido el
orden cronológico de los elementos sacerdotales y proféticos de la mayor parte del A.T.

En las tierras de habla inglesa la crítica ha tardado en progresar y eso ha sido posible por la
moderación de su portavoz allí. Entre estos semi-ortodoxos críticos el más sobresaliente era el
profesor Driver de Oxford cuya "Introduction to the Literature of the Old Testament" apareció en
1891. W. Robertson Smithen "The Old Testament and the Jewish Church" ya había presentado la
hipótesis Grafian al mundo angloparlante. El resultado de la crítica británica conservadora se
pueden ver en el “Diccionario e la Biblia “de Hastings, mientras que el ala radical está
representada por la "Encyclopædia Biblica" editada por los profesores Cheyne y Black.

En America la mayoría de las conclusiones de la crítica alemana han tenido defensores en los
profesores C.H. Briggs ("The Bible, the Church and Reason", 1892; "Higher Criticism of the
Hexateuch", 1893), H.P. Smith, y C.H. Toy. La crítica Alta afirma que ha logrado discernir grandes
desigualdades en el valor de las partes de A.T. escritas en forma histórica. En el mismo libro
podemos encontrar, dicen mitos leyendas y material de verdadero valor histórico, que abunda en
Jueces, Reyes aunque hay que cribar muy fino. En partes del Hexateuco, especialmente en el
documento sacerdotal y en Paralipómenos, la historia es idealizada libremente y las instituciones
existentes en ese momento son proyectadas artificialmente al pasado remoto. Ester, Tobías, Judit,
Jonás y partes de II Macabeos pertenecen a la clase de Haggadah judío, o ficciones moralizantes.
Los Salmos tiene pocos, en caso de que haya alguno, compuesto por David: son la poesía religiosa
de Israel. Isaías es una amalgama que contiene mensajes de los profetas muy separados en el
tiempo y circunstancias. Los profetas hablaban y escribían en primer lugar a la vista de una
situación contemporánea definida. Job es una obra épica y el Cantar un drama pastoral. El Libro de
Daniel es un Apocalipsis del período Macabeo que describe la historia del pasado y presente bajo
la semejanza de visón del futuro. Y para concluir esta exposición de los resultados de la crítica, al
elemento humano en la Escritura se le da preeminencia y se representa vestido con olas
limitaciones, imperfecciones y errores de los tiempos de su origen. Muchos libros se presentan
como el resultado de acumulaciones literarias, excluyendo la unidad de autor. De hecho, para la
mayoría de las historias los desconocidos autores se retiran a la sombra para dejar paso a los
trabajos unificadores de los igualmente desconocidos “redactor” o “redactores”.

La reacción contra la Critica

Esta reacción ha recibido la ayuda de la antítesis entre las conclusiones de ciertos asiriólogos
conocidos (como A. H. Sayce y F. Hommel) y la escuela principal de la crítica. Los descubrimientos
en Egipto, Mesopotamia y Persia demuestran que existía una civilización desarrollada en Asia
occidental en tiempos contemporáneos de Abraham y anteriores (Ver BABILONIA; ASIRIA.). La
conclusión que sacan los científicos citados (Sayce, "Higher Criticism and the Verdict of the
Monuments", 1895; Hommel, "Ancient Hebrew Tradition", tr., 1897) es que el elaborado ritual y
código legal de los Israelitas pudo haber sido haber sido hecho por Moisés. Afirman que no se han
tenido en cuenta suficientemente los descubrimientos orientales y arguyen que, puesto que los
monumentos confirman la verdad sustancial de algunos de los libros históricos, se debe
presumirse a favor de la veracidad de la literatura hebrea en general. El carácter histórico de las
narraciones se mantiene por otras consideraciones de naturaleza más precisa y técnica. En
América las antiguas posturas sobre la Biblia eran defendidas con gran celo y conocimiento por le
Dr. William H. Green, de Princeton, autor de una serie de obras bíblicas que se extienden desde
1863 a 1899; también E.C. Bissel y W. L. Baxter. En gran Bretaña los conservadores estuvieron
representados por Alfred Cave, J.J. Lias, y otros. En Alemania J. K. F. Keil, fallecido en 1888, exégeta
de fama internacional que defendió la tradición sin compromisos.

Pero un grupo de protestantes alemanes, teólogos y orientalistas han defendido las afirmaciones
de que el Antiguo Testamento es literatura divinamente inspirada, cuyas narraciones, como un
todo, son dignas de fe. Entre ellos sobresale el Dr. F. E. König de Bonn ("Neue Prinzipien der
alttestamentlichen Kritik", 1902, "Bibel-Babel Frage und die wissenschaftliche Methode", 1904);
Julius Böhm, pastor; Dr. Samuel Oettli, profesor en Greifswald.

La resistencia a la llamada crítica científica en Alemania fue estimulada por las posturas radicales
de los asiriólogos, comenzando por una conferencia que dio en 1902 ante la corte alemana
Friedrich Delitzsch. La discusión que provocó se conoce como la controversia Biblia-Babel.
Delitzsch, Jensen, y sus seguidores defienden que las historias bíblicas de la creación, la Caída, el
Diluvio etc., fueron copiadas por los hebreos de Babilonia donde existían en su forma pura y
original. Esta escuela relega a todos los personajes y sucesos del Génesis a la región de los mitos y
atribuye un origen caldeo a la concepción judía del Paraíso y el Sheol, Ángeles y demonios.

Aun son más extravagantes las teorías de los mitos astrales defendida por Stucken, Winckler y
Jeremias, según la cual las narraciones no solo del Pentateuco sino de grandes partes de otros
libros representan en forma humana la naturaleza y movimientos de los cuerpos celestes.

En su réplica a los sistemas de crítica, los conservadores, tanto católicos como protestantes
refuerzan sus argumentos con la tradición judía y cristiana y con métodos tomados de sus
oponentes: a las distinciones lingüísticas oponen argumentos lingüísticos. Los tradicionalistas
también emplean el proceso de comparación de datos de un libro con otro en un intento de
armonizarlo todo.

No se está contra los métodos sino contra las concusiones. La diferencia está en la interpretación.
Sin embargo los conservadores se quejan de que los críticos desechan arbitrariamente como
interpolaciones o comentarios tardíos los pasajes que son desfavorables a sus hipótesis. Los
defensores de la tradición también acusan a la escuela opuesta que se dejan llevar por
imaginaciones puramente subjetivas y en el caso de críticas más avanzadas, por prejuicios
filosófico –religiosos. Más aún afirman que la formación de un libro por sucesivos estratos, como
se dice para muchas partes del A.T. no tiene parangón en la historia de la literatura. La crítica
católica del A.T. se describirá en una sección separada de este artículo.

Critica del Nuevo Testamento fuera de la Iglesia

Antes del siglo XVIII la crítica del Nuevo Testamento no iba más allá de los textos latinos y griegos,
si exceptuamos las antiguas reticencias ya mencionadas sobre la autoria la Epístola a los Hebreos y
el Apocalipsis. Cuando el racionalismo alemán del siglo dieciocho, imitando al Deísmo inglés del
diecisiete, descartó lo sobrenatural, el Nuevo testamento se convirtió en objeto de ataque
sistemático. Reimarus (1694-1768) atacó los motivos de sus autores y arrojó dudas sobre la
honestidad del mismo Jesús. J.S. Semler (1725-91) usó la más grande libertad en discutir el origen
y credibilidad de las Escrituras arguyendo que estos temas debieran ser tratados sin tener en
cuenta ningún contenido divino Samler fue el primero en cuestionar la autenticidad de los libros
del N.T. desde un punto de vista crítico. Si se admitían sus principios exegéticos, la autoridad de los
Evangelios quedaría muy demolida. Paulus (1761-1851), profesor en Jena Heidelberg, concedió
que los Evangelios eran genuinos y que el propósito de sus autores era honesto, pero enseñó que
al narrar los episodios milagrosos, sobrenaturales, los Apóstoles y Evangelistas narraban sus
fantasías y que todos los sucesos sobrehumanos deben ser explicados meramente por causas
naturales. Eichhorn, el pionero de la moderna crítica alemana llevó sus investigaciones al terreno
del Nuevo Testamento y , ya en 1794, propuso una teoría para explicar las similitudes uy
diferencias de los Evangelios Sinópticos, es decir, de Mateo, Marcos y Lucas.

Algunas de las fases de lo que se conoce como “El problema sinóptico” fueron examinadas por
Griesbach ya en 1776 y de nuevo en 1781 en un ensayo póstumo de Lessing que trataba de los
evangelistas “considerados simplemente como historiadores humanos”. Lachmann formuló el
problema por primera vez de forma clara en 1835. Y las peligrosas tendencias del os escritores
racionalistas fueron hábilmente combatidas por J. L. Hug, exégeta católico, cuya “Introducción al
Nuevo Testamento” fue terminada en 1808.

Schleiermacher (1768-1834) fue el primero de los teólogos alemanes que reconocieron la fuerza
religiosa de los escritos sagrados, pero puso en peligro su autoridad por el tratamiento libre e
independiente de su origen y contenidos históricos. Su visión de N.T. estaba influenciada por la
crítica de Samler. Parecida a la actitud de Schleiermacher fue la de De Wette, pero sus
conclusiones son con frecuencia negativas y dudosas.
La escuela evangelista de comentadores protestantes alemanes anteriormente representada por
Guericke, Olshausen, Neander y Bleek, fueron los principales defensores de que los evangelios
eran genuinos y veraces, aunque estaban influidos por las tendencias conciliadoras o mítico-
racionalistas de Schleiermacher. Son los especialistas de N.T de 1823 a 1859. La “Vida de Jesús” de
David Friedrich Strauss, que apareció en 1835, marca un Nuevo punto de vista respecto al Nuevo
Testamento. Causó una gran sensación Strauss era hegeliano y uno de aquellos para los que las
“ideas” obscurecen los hechos objetivos, mientras se apoyaba en ellos. Mantenía que la
concepción ortodoxa de Cristo era creación de las ardientes esperanzas mesiánicas de los judeo-
cristianos de la primitiva Iglesia que imaginaron que Jesús cumplía las profecías del A.T. y que,
después de su muerte, invistieron su personalidad y todo el tenor de su vida con cualidades
místicas en la que no había apenas un ápice de verdad., es decir la existencia de un rabí llamado
Jesús, hombre de extraordinario poder espiritual y de convicción que reunió en torno a sí un grupo
de discípulos. Ecos de estas ideas se hallan en la “vida de Jesús “de Renan. La relativamente
refinada filosofía de la religión de Strauss, estaba más en el espíritu de la época que el moribundo
y crudo naturalismo de Paulus, aunque solo sustituía una forma de racionalismo por otra.

La “Vida de Jesús” enseguida provocó refutaciones, pero en los avanzados círculos del
pensamiento alemán el golpe final no fue se dio hasta que, en 1845, Ferdinand Christian Baur, el
fundador de la “Tendencia” de Tübingen, escuela de exégesis y crítica, publicó el fruto maduro de
sus especulaciones bajo el título "Paulus der Apostel Jesu Christi". Baur, como Strauss, era
discípulo de Hegel, pero había tomado de él una clave diferente respecto al significado del N.T., es
decir, el principio de la evolución de toda verdad por medio de la conciliación de las
contradicciones. Enseñó que el N.T. es el resultado del antagonismo entre las tendencias judías, o
petrinas, y paulinas en la primitiva Iglesia. El concepto paulino de la cristiandad – de orden
filosófico y universal –está representado por las Epístolas a los Romanos, Corintios y Gálatas que
Baur admite como las únicas obras ciertamente auténticas de Pablo. El Apocalipsis fue compuesto
en directa oposición al espíritu de los escritos paulinos.

Estas obras fueron escritas antes del año 70. Entre el 70 y el 140 apareció el evangelio de S.
Mateo, de carácter petrino, el de S. Lucas, paulino, aunque retocado con espíritu conciliador; Los
Hechos, adaptados como S. Lucas, y por fin el evangelio de S. Marcos, también de tipo irenista. El
segundo período es de transición entre el antagonismo y la reconciliación completa, que es la
característica del tercer período que llega hasta el 170 d.C. y en él se produjeron el Evangelio y las
Epístolas que llevan el nombre de S. Juan y las Epístolas pastorales, que, por ende, no pueden ser
de S. Pablo. Este esquema excluía la autenticidad de todos los Evangelios. La teoría de Bauer no ha
subsistido, excepto en la forma mitigada que se refleja en las obras de Hilgenfeld y Pfleiderer. Sin
embargo, dejando aparte sus posturas filosóficas, los principios de Bauer han dejado una profunda
impresión en la crítica posterior del N.T. Primero practicó con un consistente y desarrollado plan el
hábito de escudriñar los documentos sagrados mismos buscando pruebas de los tiempos en los
que nacieron y abrió camino en las tendencias críticas hacia una división del Nuevo Testamento en
elementos judaicos, paulinos y juaninos.
Las ideas de Tübingen produjeron una reacción contra sus destructivas conclusiones puramente
racionalistas Este movimiento ha sido doble: por una parte los protestantes ortodoxos, aunque
críticos en el método, que es la continuación natural de las anteriores exégesis evangélicas y tiene
como representantes a Zahn, B. Weiss y Godet; la otra rama es en parte producto de la escuela de
Schleiermacher y reconoce como su fundador a Albert Ritschl, cuyo alejamiento del grupo de
Tubinga (1857) fue un serio golpe contra el sistema de Baur. La teología de Ritschl insiste en el
valor religioso del N.T., especialmente en la impresión que hace en el alma individual su
descripción Cristo y por otra parte da rienda suelta a la más atrevida y penetrante crítica sobre el
origen y valor histórico de los libros del N.T., en una ciega confianza mística de manera que nada
que la crítica haga podrá dañar su valor religioso.

La indiferencia de los seguidores de Ritsch respecto a las consecuencia s del la crítica se muestra
también sobre los elementos milagrosos de la vida del Señor y en general del N.T. Esta tendencia
es muy clara en otros críticos alemanes que aunque influidos por Ritschl pertenecen más bien a la
escuela “científica” y evolucionista. Holtzmann, Bousset, Jülicher, Harnack, Schmiedel eliminan de
los Evangelios o al menos dudan con sus métodos críticos de todos los elementos milagrosos y
reducen la divinidad de cristo a una filiación moral preeminente de Dios y , por una extraña
inconsecuencia, ensalzan el poder salvador e iluminador de su personalidad. Esta escuela, sin
embargo, admite fechas que se aproximan más a las tradicionales que a las de Baur.

Harnack, además de afirmar que las cartas de S. Pablo son genuinas, excepto las pastorales, así
como los evangelios de Marcos y Lucas, coloca los sinópticos entre el 65 d.C. y el 93 y fija el 110
como e límite más tardío para los Evangelios y Epístolas de S. Juan y el Apocalipsis.

En Gran Bretaña la crítica ha sido, con pocas excepciones, moderada y en conjunto, conservadora.
Los teólogos J. B. Lightfoot, B. F. Westcott, W. H. Sanday u otros han hecho un excelente servicio
en defensa de libros discutidos. Holanda ha producido un pequeño grupo de críticos radicales, Van
Manen, Pierson, Loman, quien con Steck en Alemania han revivido la total negación de
autenticidad de Bruno Bauer sobre las cartas de S. Pablo. En Francia y la Suiza francesa lo clave ha
sido el conservadurismo de los investigadores protestantes Pressensé y Godet; Sabatier mantiene
un evolucionismo racionalizante y sobre la obra del Abbé Loisy hablaremos más abajo.

Sigue un sumario breve de la situación de algunos libros particulares en la crítica no-católica.

Los Evangelios Sinópticos: La idea dominante de la solución más general es la hipótesis de dos-
documentos” que explica lo que es común en todos ellos suponiendo que Mateo y Lucas se
inspiraron del primer evangelio que llevaba el nombre de Marcos o de un documento apostólico
anterior en el que se basa marcos y refiere el material que es común a Mateo y Lucas a una fuente
primitiva aramea compilada por un o más de los discípulos inmediatos de Cristo, posiblemente S.
Mateo. El evangelio de S. Lucas se reconoce como auténtico. Y el marcos canónico, al menos
virtualmente también.

Los Hechos de los Apóstoles: También la integridad y autoria de los Hechos de los Apóstoles ha
sido abordada por la crítica: Hilgenfeld, Spitta, Clemen, que aunque no están de acuerdo en los
detalles, consideran que la obra está compuesta de ciertas secciones de diferentes autores,
incluido S. Lucas, que ha sido arreglada por sucesivos editores y que contiene materiales de
distinto valor. No se utilizaron falsificaciones conscientemente pero aún así lograron entrar
subrepticiamente narraciones legendarias.

Epístolas de San Pablo: Romanos, Corintios y Gálatas son reconocidos por los investigadores serios
como auténticas obras del Apóstol de los Gentiles. Hay distintas opiniones sobre Efesios,
Colosenses, Filipenses, Tesalonicenses y Filemón. 1 Tesalonicenses se admite en general como
genuina, pero la autoría paulina de la segunda es muy contestada. El peso de las opiniones críticas
protestantes está contra la autenticidad de las epístolas pastorales, es decir, las dos a Timoteo y
una a Tito. La Epístola a los Hebreos se atribuye a un judío alejandrino converso, contemporáneo,
o casi, de S. Pablo y discípulo suyo por las doctrinas. También piensa lo mismo los exégetas
católicos de la nueva escuela. La Primera de Pedro en general se acepta como genuina pero la
composición de la Segunda de Pedro se pospone al siglo segundo,; algunos católicos también se
inclinan por esta [Link] cuestión de si las epístolas de Santiago y S. Judas son genuinas de ambos
apóstoles tiene opiniones para todos los gustos fuera de la [Link] question whether the
Epistles of St. James and St. Jude are from the pens of the Apostles of those names is variously
answered outside the Church.

Los escritos de San Juan: La autenticidad y autoría del evangelio de S. Juan fue la gran batalla de la
Crítica del N. T. Ya en 1792 un tal Evanson se manifestó en contra. La mayoría se inclina a la
postura de Harnack, es decir, el Cuarto Evangelio fue compuesto por Juan el Presbítero o “el
mayor”, al que se refiere un fragmento de Papías y que los seguidores de Harnack distinguen del
Apóstol, del que fue discípulo, y que escribió a principios del siglo segundo. Loisy lo atribuye a un
escritor desconocido del siglo Segundo que nada tenía que ver con S. Juan.

Pero la cuestión vital de este evangelio es el valor histórico. La escuela alemana de Crítica
caracteriza este evangelio como teología y simbolismo, no como historia. Loisy está de acuerdo
con ellos. La autoría apostólica y la historicidad del Cuarto Evangelio ha sido reivindicada por otros
críticos como Sanday, Stanton y Drummond en Inglaterra, Zahn y B. Weiss en Alemania. Los
exégetas católicos ortodoxos, aunque mantiene la tradición católica de la autoría de S. Juan y de
su calidad histórica, admiten sin embargo que la teología de S. Juan indica reflexión y desarrollo
sobre y más allá de los sinópticos.

La Primera Epístola de S. Juan es universalmente admitida como del mismo autor que el Evangelio.
La crítica del Apocalipsis aún no está del todo definida. Hay mucha diversidad de puntos de vista
sobre el autor. La escuela anglicana se inclina a S. Juan. Vischer y Harnack dicen que el libro es un
Apocalipsis judío retocado por u cristiano. Casi todos los críticos admiten que hay mucho
Apocalipsis en él admitiendo que algunas de las visiones dibujan de forma velada situaciones
históricas bajo el disfraz de sucesos futuros.

El Movimiento Crítico dentro de la Iglesia


Crítica del Antiguo Testamento: Francia, el país de Richard Simon y Astruc, ha sido también donde
ha comenzado la Crítica católica contemporánea. François Lenormant, distinguido orientalista
católico en el prefacio a su "Origines de l'histoire d'après la Bible et les traditions des peuples
Orientaux" (1880-84), declaraba que ya no se puede sostener la unidad de autor del Pentateuco y
daba por probado que las fuentes fundamentales de los primeros cuatro libros eran un
documento Yahvista y un Elohista, cada uno inspirado u unido por “redactor final”. Existe entre
ellos discrepancias menores. Los primeros capítulos de Génesis contiene elementos míticos y
legendarios comunes a los pueblos semíticos que en manos de los escritores inspirados se
convirtieron “vestimentas figuradas de verdades eternas”. Este mismo prefacio reclama entera
libertad para el crítico en materia de fechas y autores. Pero la obra de Lenormant acabó en el
Índice, el 19 de diciembre de 1887. La base de su análisis literario fue suministrada por las
conclusiones de la alta crítica, por entonces no aceptada, al menos públicamente, por ningún
especialista católico. E. Reuss, un profesor protestante liberal de la universidad de Estrasburgo
había publicado en partís, en 1879 "L'Histoire Sainte et la Loi; Pentateuque et Josué". En 1883
apareció la influyente obra de Wellhausen "Prolegómenos a la Historia de Israel", re-editada en
1889 bajo el título, "Composición del Hexateuco y los Libros Históricos del A.T.”

Alfred Loisy, entonces profesor de Sagrada Escritura en el Institut Catholique de París, en la lección
inaugural del curso 1892-3 hizo una clara petición de libertad en el ejercicio de la crítica en el
estudio de la parte humana de la Biblia ("Enseignement Biblique", Nov.-Dec., 1892; reimpreso en
"Les études bibliques", 1894). En u ensayo que apareció en 1893, Loisy discutía la “Cuestión
Bíblica” afirmando el derecho de la ciencia católica de tratar críticamente los aspectos generales
de la Sagrada escritura y también sus interpretaciones, rechazando la inerrancia absoluta
inerrancia, mientras que mantenía la inspiración total. Las partes histórica ofrecen datos que
tienen una verdad relativa, es decir, respecto a la época en que fueron escritos. El autor
enumeraba conclusiones de la crítica que consideraba fijos, como la no-autoría mosaica del
Pentateuco, el carácter ahistóricos de los primeros capítulos del Génesis y el desarrollo de la
doctrina bíblica

A principios de ese mismo año Monseñor. d'Hulst, rector del Institut Catholique de Paris, había
llamado la atención al progreso de las ideas críticas en los círculos católicos científicos, en un
artículo en el "Correspondant" de 25 de enero, 1893, titulado "La Question Biblique", en el que
expresaba la opinión de que la admisión de inexactitudes en la Escritura es teológicamente
sostenible.

La discusión de estos temas fue la ocasión de la encíclica "Providentissimus Deus", de León XIII, del
18 noviembre, 1893, en la que se declaraba que la inerrancia total de la Biblia era la consecuencia
necesaria de su inspiración. Las concesiones gratuitas de los escritores católicos a la crítica
racionalista y el exclusive uso de argumentos internos contra la autoridad histórica se condenaban
como contrarios a los correctos principios de la crítica. Se recomendaba una crítica sana.
Recomendaciones similares se daban en la Carta Apostólica "Vigilantiæ", al establecer la Comisión
Bíblica, el 30 de octubre de 1902.
El P. M. J. Lagrange, superior de la Escuela Dominicana de Estudios Bíblicos de Jerusalén en un
artículo leído ante el Congreso de Científicos Católicos de Friburgo en 1897 (Revue Biblique, enero,
1898), defendía un análisis literario y la evolución del Pentateuco sustancialmente idéntico con los
de la hipótesis Graf-Wellhausen. Distinguía entre la tradición de Moisés como autor histórico o
fundador del Pentateuco, que él mantenía, y la tradición de la autoría literario mosaica, que
abandonó. Como Loisy, el sabio dominico mantenía que los métodos literarios del antiguo oriente
son muy diferentes de los de nuestra civilización. Muchos especialistas bíblicos católicos se han
unido a la que se ha llamado escuela ”progresiva” y en sustancia, aunque no estén de acuerdo en
los detalles, mantienen:

• la textura compuesta y la progresiva formación de algunos libros sagrados y abandonando por


consiguiente su tradicional unidad de autor;

• permitir el desarrollo teológico y moral en el Antiguo Testamento;

• admitir una extensa y tácita inserción de tradiciones populares y fuentes escritas que contiene
afirmaciones ahistóricas.

Sin embargo, estos exégetas mantienen firmemente la verdad objetiva de las líneas esenciales y
largas de la historia de Antiguo Pacto tal cual se refleja en la Biblia. Afirman en general que la
cuestión del procedimiento literario de los escritores bíblicos no es una cuestión de fe. Esta
postura ha sido atacada frecuentemente por católicos que se adhieren a la escuela conservadora,
que presentan argumentos sacados principalmente de que creen irreconciliables los nuevos
puntos de vista con la tradición dogmática católica de la inspiración e inerrancia, como se testifica,
dicen, en el Nuevo Testamento, los Padres, las enseñanzas de los Concilios de Trento y Vaticano I y
particularmente la encíclica de León XIII (ver INSPIRACION). Los principales adversarios de las
conclusiones avanzadas son los jesuitas Delattre (Autour de la question biblique, 1904), Brucker
(contribuciones a "Etudes" entre 1894 y 1905), Fontaine, Fonck, Pesch, (De Inspiratione Sac. Scrip.,
1906), Murillo, Billot; también el profesor Hoberg y el Abbé Mangenot (L'Authenticité du
Pentateuque, 1907).

La Comisión Bíblica , cuyas decisiones tiene la fuerza de leyes de las Congregaciones Romanas,
declaró el 13 de febrero de 1905 que la falibilidad de citas implícitas en la Biblia puede ser
admitida, siempre que argumentos sólidos demuestren que son citas reales y que el escritor
sagrado no las adopta como suyas. La Comisión concedió el 23 de junio de 1903 que algunos
pasajes pueden ser históricos solo en apariencia, salvando siempre el juicio y sentido de la iglesia.
El 27 de junio de 1906 la comisión declaró que los argumentos aportados por los críticos no
refutan la autoria mosaica sustancial del Pentateuco. Esta decisión ha modificado necesariamente
la actitud de los escritores católicos y profesores que apoyaban en mayor o menor grado las
conclusiones de la hipótesis Graf-Wellhausen. El decreto de la Inquisición "Lamentabili" (3 julio,
1907) y la encíclica "Pascendi Dominici Gregis" (8 septiembre, 1907) reafirmaba contra los
Modernistas los sanos principios católicos que hay que seguir en el estudio de la Sagrada
Escritura.çç
Crítica del Nuevo Testamento: Los investigadores católicos que querían aceptar algunas de las
teorías críticas han trazado una línea para distinguir la Critica del Antiguo Testamento y la del
Nuevo testamento, no solo por la mayor delicadeza de éste ultimo sino porque reconocen que los
documentos del Antiguo y del Nuevo Testamento se produjeron en condiciones muy diferentes.
En la alta crítica del N.T. los católicos han defendido la autenticidad, integridad y veracidad
tradicionales de los libros en cuestión. Algunos exégetas admiten de alguna manera ligeras
divergencias en las narraciones evangélicas y el uso de documentos más antiguos por al menos
dos de los escritores sinópticos. Respecto al “Problema Sinóptico” se concede que al menos S.
Lucas utilizó el evangelio de S. marcos; así Batiffol, Minocchi, Lagrange, Loisy, Bonaccorsi, Gigot.

Loisy, demasiado influido por la crítica alemana contemporánea rompió con las tradiciones
ortodoxas de la exégesis del N.T. En una réplica al libro de Harnack “¿Qué es el Cristianismo?”
defendió el dogma católico como evolución con sus raíces en la Primitiva Iglesia, pero hizo
concesiones peligrosas respecto a la afirmación de la divinidad de Cristo, su vocación mesiánica,
conocimiento, milagros y resurrección ("L'Evangile et l'Eglise", 1902; "Autour d'un petit livre",
1903). En "Le Quatrième Evangile" (1903) Loisy rechaza la autoría de S. Juan y la historicidad del
Cuarto Evangelio, mientras que la Comisión Bíblica afirmaba ambas cosas (29 de mayo 1907). Su
sistema separa virtualmente la fe católica de sus credenciales históricas como se hallan en el N.T. y
estas obras han sido condenadas por la Congregación del Índice. Han extraído varias refutaciones
de los apologistas cristianos, como del "Jésus Messie et Fils de Dieu" (1904) del Abbé Lepin.
Después Loisy publicó una obra sobre los Evangelios Sinópticos (Les évangiles synoptiques, 1908)
en la que sigue la más extravagante crítica racionalista. Loisy fue excomulgado el 7 de marzo de
1908.

Como se ha advertido la Iglesia recomienda encarecidamente el ejercicio de la crítica según los


sólidos principios no desviados por las presuposiciones racionalistas, pero debe condenar la
referencia indebida a escritores heterodoxos y las conclusiones que se desvían de la verdad
revelada. Cuando surge la duda sobre si una hipótesis está permitida la autoridad eclesiástica ha
de decidir hasta donde es coincidente con el depósito de la fe o conviene a la seguridad de la
religión.

La expansión de la teología de la Alta Crítica – Parte 2

25/10/2019

En América Latina, los movimientos de independencia fueron mayormente influenciados por el


liberalismo de la Revolución Francesa. Esa corriente busca la libertad del hombre frente a todas las
autoridades, incluyendo a Dios y la iglesia. (Eso a diferencia de la independencia de los Estados
Unidos, donde había un fuerte componente cristiano.) Ese liberalismo tenía fuertes nexos con la
teología de la Alta Crítica (por lo cual se le llama también “teología liberal”); porque también la
Alta Crítica quiere “liberar” la teología de la autoridad de Dios, y estudia la Biblia “como si Dios no
existiera”. – Ahora, cuando los evangélicos pudieron por primera vez entrar a las antiguas colonias
españolas después de la independencia, encontraron que los (políticamente) liberales eran sus
aliados naturales, porque ambos tenían una meta en común: conseguir libertad religiosa frente al
dominio de la iglesia católica. Esta alianza histórica entre evangélicos y liberales explica por qué
también en América Latina la Alta Crítica encontró puertas abiertas en la mayoría de las
denominaciones evangélicas.

Infiltración encubierta

Un factor adicional es que esta teología normalmente infiltra las iglesias de manera encubierta,
por lo menos en los inicios. Se está “incubando” por mucho tiempo en los ámbitos apartados de
los seminarios teológicos, de los gremios ecuménicos, y de ciertas ONGs y sociedades misioneras
extranjeras, sin que los miembros o aun los líderes de las iglesias locales tengan conocimiento de
ello. En esta etapa, los teólogos modernistas evitan hablar de sus ideas afuera de los círculos
cerrados de esas organizaciones. A sus estudiantes les transmiten la impresión de que están
siendo iniciados en una “verdad” tan sublime que los “laicos” o “ineducados” no la podrán
entender. Entonces, también sus estudiantes aplican el método “histórico-crítico” sin comentar de
eso con nadie afuera de los círculos académicos. Así se forma poco a poco una comunidad de
teólogos críticos que comienzan a infiltrar más instituciones: los liderazgos nacionales de las
denominaciones eclesiásticas; los institutos bíblicos de menor nivel académico; y particularmente
las organizaciones que se dedican a la traducción, impresión y difusión de la Biblia.
Estos círculos son vulnerables a la infiltración por la Alta Crítica, porque allí existe mucho orgullo
académico e idolatría hacia los títulos universitarios; entonces se sienten halagados al poder
contar con la colaboración de unos “teólogos eminentes”. También empiezan a adquirir el hábito
de los teólogos críticos, de menospreciar y ridiculizar a los cristianos fieles a las Escrituras, a
quienes tildan de “biblicistas”, “fundamentalistas”, “no científicos”, “extremistas”, y similares. Aun
en esta etapa, la mayoría de los líderes y miembros de las iglesias locales todavía no tienen
ninguna idea de lo que está pasando. Así se impone la teología crítica poco a poco desde arriba,
desde los máximos niveles del liderazgo, hasta que por fin alcanza también las iglesias locales.

Lenguaje codificado

La teología crítica se encubre también detrás de un lenguaje religioso y “bíblico”. Los miembros de
las iglesias (y aun muchos de sus líderes) no saben que los teólogos críticos han cambiado
encubiertamente el significado de las palabras que usan. En las reflexiones anteriores hemos visto
que en el fondo, esta teología niega todas las verdades fundamentales de la fe cristiana. Sin
embargo, desde Barth y Bultmann, cada teólogo crítico afirmará enfáticamente que él sí “cree”,
que “tiene fe”, que sería un insulto y una calumnia llamarle un “incrédulo”. Pero si le preguntamos
por el contenido exacto de su “fe”, encontraremos que es algo muy diferente: Su “fe” no tiene que
ver con lo que dice la Biblia; ni con lo que afirmaron todas las iglesias cristianas antes del siglo 19.
Por ejemplo, si preguntamos a los teólogos críticos si creen en la resurrección de Jesús, la mayoría
de ellos dirán que sí. Pero si les preguntamos: “¿Qué significa esta expresión, ‘Jesús ha
resucitado’?” – allí recibiremos definiciones nebulosas como: “Significa que la esperanza
continúa.” – “Significa que hay una fuerza para siempre comenzar de nuevo.” – “Significa que las
ideas de Cristo siguen vivas en los corazones de sus seguidores.” – Cuando ellos hablan de
“resurrección”, no se refieren a que Jesús haya revivido físicamente después de morir; en eso no
creen. – De manera similar, ellos redefinieron el significado de expresiones como “evangelio”,
“conversión”, “fe”, y muchas otras. Por eso, muchos líderes evangélicos han recibido a los teólogos
críticos como sus “hermanos en Cristo”, sin conocer sus verdaderas convicciones.

Quien no tiene contactos cercanos con los centros de poder, difícilmente puede imaginarse hasta
qué punto las iglesias evangélicas ya están dominadas por la teología crítica. Pero hoy en día, en
muchas iglesias e instituciones evangélicas, es más probable que un teólogo fiel a la Biblia sea
censurado y “puesto en disciplina” por defender la inspiración divina e inerrancia de la Biblia, a
que un teólogo crítico sea censurado por enseñar el método “histórico-crítico”.

La motivación de fondo

Pero el mayor aliado de la teología crítica es la mente caída del hombre. Nuestra mente natural
dice: “Yo mismo puedo conocer la verdad, no he caído, no necesito revelación divina.” Este es el
orgullo y la corrupción que hay en nosotros desde la caída de Adán. El hombre natural no puede
percibir las cosas espirituales (1 Corintios 2:14), sin embargo cree saber todo. Esto es exactamente
el “método histórico-crítico”: Examinar la Biblia con nuestra mente natural, como si no existiera la
revelación divina.
Se establece un círculo vicioso: El hombre desobedece a la Palabra de Dios. Entonces encuentra
que la crítica de la Biblia le da un pretexto conveniente para desobedecer: “De toda manera, esto
no es la palabra de Dios infalible, sólo es un invento humano.” Entonces aplica los métodos
críticos, lo que produce más desobediencia, etc.
En otras palabras: La razón más importante por qué la teología crítica se difunde tanto, no es
porque fuera “científica”, ni porque fuera convincente. La razón más importante es que el hombre
busca un pretexto para seguir pecando.
Aun cuando una persona se convierte a Cristo, su mente no cambia milagrosamente. Es necesario
hacer un esfuerzo consciente para arrepentirnos de nuestro orgullo intelectual, y humillarnos ante
la revelación de Dios. Aun el cristiano necesita renovar su mente constantemente (Romanos 12:2).
Si no lo hace, será una presa fácil para la teología crítica. Necesitamos hacer una decisión
consciente de someter nuestras vidas y nuestros pensamientos bajo la autoridad de las palabras
del Señor.

La expansión de la teología de la Alta Crítica – Parte 1

En la reflexión anterior hemos examinado brevemente la teología de la Alta Crítica (también


conocida como “teología científica”, “teología modernista”, “ciencias bíblicas”, y varios otros
nombres). A pesar de sus muchas incoherencias, esa teología se extendió a más y más países, y a
más y más denominaciones. En la actualidad, la abrumadora mayoría de los teólogos académicos
de todas las confesiones y denominaciones aplican el método “histórico-crítico”, y lo enseñan a
sus estudiantes, los futuros pastores de las congregaciones. De hecho, cuanto más avanzado es el
grado académico de un teólogo, mayor es la probabilidad de que se trate de un modernista, un
seguidor de la Alta Crítica. Los lectores que usan comentarios bíblicos modernos, sin duda ya
habrán encontrado en esos comentarios el uno u otro punto mencionado en la reflexión anterior.
(Excepto si tuvieron la suerte de toparse con uno de los muy pocos comentarios que son todavía
fieles a la palabra de Dios.)

Nos preguntamos: ¿Cómo fue posible que esta teología falsa encontrara una tan amplia difusión y
aceptación?

Primeramente, en las iglesias luteranas alemanas del siglo 19 ya no había muchos cristianos
nacidos de nuevo. La iglesia luterana, como iglesia estatal y basada en el bautismo de infantes,
sigue con el mismo problema como la iglesia católica: Para ser miembro, no se requiere
arrepentimiento ni nuevo nacimiento. La membresía es “automática”; por tanto la gran mayoría
de los miembros (¡y de los líderes!) no son cristianos según el Nuevo Testamento. ¿Por qué
entonces deberían tomar la palabra de Dios en serio, si el Espíritu de Dios no vive en ellos? Sus
futuros pastores y teólogos estudian teología como se estudia cualquier otro tema académico, de
una manera puramente intelectual. Por eso, una teología racionalista les convenía. Cuando los
líderes han perdido la sustancia de la fe, buscan una justificación intelectual de su incredulidad.

Una de las semillas del racionalismo había sido sembrada por el mismo Lutero. Él abolió el
sacerdocio católico romano, pero en su lugar estableció el magisterio como la función central (y
casi única) del liderazgo de la iglesia. Un pastor luterano es esencialmente un teólogo académico
que expone sus enseñanzas ante sus oyentes. Así fue natural que la iglesia luterana sobrevalorara
la enseñanza intelectual, y eso la hizo propensa al racionalismo.
Por esta misma razón, se aceptaba sin cuestionar todo lo que un “erudito” enseñaba. Sus títulos
académicos fueron suficientes para darle una autoridad incuestionable; nadie preguntaba si su
enseñanza estaba conforme con la palabra de Dios (o siquiera con la declaración de fe oficial de la
iglesia). Aun hoy en día, esa es una razón importante por qué muchos evangélicos aceptan los
razonamientos de la Alta Crítica: están idolatrando la erudición académica, y no se atreven a
cuestionar lo que enseña un “doctor en teología”.

En muchos otros países se dieron situaciones similares, lo que facilitó la expansión internacional
de la teología crítica.

Además, diversos movimientos opuestos al cristianismo bíblico encontraron en la teología crítica


una herramienta útil para sus fines.
– La iglesia romana, que inicialmente había rechazado esta teología, más tarde la aceptó, y
comenzó a usar algunos de sus argumentos para combatir el postulado reformado de que las
Sagradas Escrituras son la autoridad suprema sobre la iglesia.
– El comunismo usó la teología crítica para combatir el cristianismo en general. La propaganda
ateísta en la Unión Soviética y en otros países comunistas se fundamentaba básicamente en los
argumentos de la Alta Crítica, para denigrar y ridiculizar las declaraciones de la Biblia. Para los
ateos fue y es una estrategia muy eficaz, decirles a los cristianos: “Vuestros propios teólogos dicen
…”. Por eso, la teología crítica se difundía rápidamente aun en círculos completamente ajenos a las
iglesias cristianas.
Consecuencias de la Alta Crítica

Y de verdad, los peligros del ocuparse con la teología crítica no deben subestimarse. Como
pequeña muestra, sigue el testimonio de un cristiano que se volvió ateo por la influencia de esta
teología:

“Yo era muy cristocéntrico en mis creencias. Yo estudiaba mucho. Me hice bastante experto en la
perspectiva erudita acerca del desarrollo del Nuevo Testamento. Los teólogos científicos eran casi
unánimes en que los elementos sobrenaturales del Nuevo Testamento fueron añadidos después
de que los documentos originales habían sido escritos. Ellos lo llamaron ‘la cristología en
desarrollo’ o algo parecido.
Esa fue una revelación asombrosa para mí, y fundamentalmente socavó la base de mis creencias.
Lentamente llegué a darme cuenta de que la religión no era nada más que un asunto de
interpretar el mundo – una plataforma de vista, para decir así. Unos tres días después, de repente
me di cuenta de que la religión es un punto de vista – y eso es todo lo que es.
Yo creo que la mayoría de la gente religiosa tiene buenas intenciones. Yo creo que la religión
ciertamente tuvo su parte (y quizás sigue teniéndola) en las vidas y culturas de los ineducados.
Tenemos mucho que agradecer a la religión.
Pero para mí, un matemático, científico, aficionado a las computadoras, y vendedor de libros
usados, al final del siglo 20, la religión ya no es para mí …”

(De un foro de discusión en internet.)

Hacia el fin del siglo 19 ya se manifestó el fruto de la teología crítica en aquellas iglesias donde
dominaba: Las iglesias murieron espiritualmente, y los pastores se quedaban ante auditorios
vacíos. Fue en aquel tiempo que el filósofo Nietzsche escandalizó a sus contemporáneos con su
dicho: “Dios está muerto.” Pero estaríamos entendiendo mal a Nietzsche, si pensáramos que él
quiso solamente lanzar un torpe ataque contra la existencia de Dios. Al contrario, Nietzsche
declaró una profunda verdad acerca de la situación de la iglesia de su tiempo, porque en el mismo
contexto dijo: “Nosotros lo hemos matado – ¡ustedes y yo! ¡Nosotros somos sus asesinos! (…) Lo
más sagrado y poderoso que existía en este mundo, se desangró bajo nuestros cuchillos – ¿quién
nos limpiará de esta sangre?” – Y también: “¿Qué más son estas iglesias, si no los sepulcros de
Dios?” – De hecho, la teología crítica había “matado a Dios”, o mejor dicho, había matado la fe en
Dios en las iglesias. El mismo Nietzsche había perdido su fe en Dios por la influencia de los libros
de dos personas: Charles Darwin, el gran propagandista de la teoría de la evolución; y David
Friedrich Strauss, uno de los proponentes más influenciales de la Alta Crítica.

Karl Barth y la “neo-ortodoxia”

Los teólogos académicos del siglo 20 intentaron remediar esa situación, pero no estaban
dispuestos a abandonar el método “histórico-crítico”. La teología académica del siglo 20 fue un
único esfuerzo gigantesco por “salvar” la teología crítica, intentando evitar al mismo tiempo sus
efectos destructores sobre las iglesias.
El primero de esos intentos fue la teología “neo-ortodoxa”. Karl Barth intentaba restaurar la fe en
Dios, aunque él (como teólogo crítico) estaba convencido de que la Biblia contenía muchos
errores. Él enseñaba que a pesar de esos errores, una “palabra” puede llegar desde Dios hacia los
hombres. Pero él no pudo explicar racionalmente cuál es el contenido de esa “palabra”. O sea,
para “creer” en el sentido de Barth, uno tendría que partir su ser en dos partes completamente
separadas: Una parte racional que estudia la Biblia críticamente y la ve llena de errores y
contradicciones; y una parte irracional que sin embargo puede experimentar una especie de
encuentro con Dios, pero sin ningún contenido racional.
Esa “neo-ortodoxia” en realidad no es nada “ortodoxa”, porque sigue negando la inspiración
divina de la Biblia. Barth dice que la Biblia “se convierte” en palabra de Dios (cuando sucede ese
encuentro irracional con Dios), pero niega que su contenido sea la palabra revelada de Dios. En
particular, niega que los sucesos relatados en la Biblia sean históricamente verídicas. Entonces, si
un seguidor de Barth usa la expresión “palabra de Dios”, la usa en un sentido muy distinto de un
cristiano que se apoya en la verdad de la Biblia.
Barth intenta devolver al hombre una “fe”; pero al mismo tiempo le quita toda razón por qué
debería creer. Con eso, él destruyó completamente el significado de los términos “creer” y “fe”.
Antes del siglo 19, en todas las iglesias era claro que “creer” o “tener fe” (en el sentido cristiano)
significa apoyarse en Jesucristo quien vivió, murió y resucitó, físicamente y como hecho
histórico. “Y si Cristo no hubiera revivido, entonces nuestro anuncio sería sin valor, y también
vuestra fe sería sin valor; también seríamos encontrados falsos testigos de Dios …” (1 Corintios
15:14-15). Pero según Barth, “creer” o “tener fe” significa apoyarse en algo irracional que ni
siquiera se puede explicar con palabras – mientras que Cristo se habría podrido en la tumba.

Rudolf Bultmann, la “desmitologización” y la “interpretación existencial”

Como seguidor de la teología crítica, Rudolf Bultmann califica los relatos bíblicos como “mitología”
que no se basaría en ninguna realidad histórica. A pesar de eso, Bultmann quiere rescatar el valor
de la Biblia para el “hombre moderno” (o sea: el hombre que ya no cree en lo sobrenatural). Para
este fin, él hace la pregunta: ¿Cómo podemos hoy en lenguaje “científico” expresar lo que los
autores del Nuevo Testamento expresaron en “lenguaje mitológico”? Y llega a la conclusión de
que las historias bíblicas describirían en realidad unas experiencias religiosas o psicológicas que
ocurren dentro del hombre. Según Bultmann, Dios no se revela en el mundo ni en sucesos
históricos reales, sino solamente en la existencia humana. O sea, el “Dios” de Bultmann no sería
nada más que un invento para describir emociones e impresiones humanas (aunque Bultmann no
lo diría directamente así). Entonces, para que la Biblia siga siendo relevante para el hombre
moderno, habría que “desmitologizarla”, e interpretarla de manera “existencial”, o sea desde las
experiencias existenciales del hombre.
Así por ejemplo la resurrección de Cristo, en la interpretación de Bultmann, no describiría ningún
suceso histórico; pero expresaría la experiencia de que el “mensaje de Cristo” tiene poder
(independientemente de si Cristo resucitó o no), y la posibilidad del hombre de tener “fe” aun
cuando todo parece perdido. (En este contexto, Bultmann entiende “fe” de la misma manera
irracional como Barth.) De hecho, Bultmann critica el término “resurrección” como un término
“mitológico”. En su propia enseñanza, él usa en su lugar el término “suceso de la Pascua”.
Bultmann dice que no se puede saber o explicar en qué exactamente consistía ese “suceso”;
solamente se puede saber que ese “suceso” irracional dio valor y poder a los discípulos después de
la muerte de Jesús.

Bultmann expresó con la mayor claridad el desprecio de los teólogos críticos hacia las verdades
fundamentales del evangelio:

“El anuncio (del Nuevo Testamento) habla en lenguaje mitológico: Dios envió a su hijo, un ser
divino preexistente, que aparece en la tierra como hombre (…) Todo esto es lenguaje mitológico, y
los distintos motivos se pueden fácilmente reducir a la mitología contemporánea de la apocalíptica
judía y del mito gnóstico acerca del redentor. Ahora, ya que es lenguaje mitológico, no tiene
credibilidad para el hombre de hoy, porque para él la cosmovisión mítica es algo del pasado. (…)
¿Puede la prédica de hoy exigir que el hombre de hoy acepte la cosmovisión mítica como verdad?
Esto es sin sentido e imposible. (…) ¿Cómo puede mi culpa ser expiada por la muerte de un
inocente (si un tal siquiera existe)? ¿Qué conceptos primitivos acerca de la culpa y la justicia
fundamentan una tal imaginación? ¿Qué concepto primitivo acerca de Dios? (…) Igualmente es
imposible que el hombre moderno comprenda la resurrección de Jesús como un suceso que
hubiera librado un poder de la vida, y que uno pueda ahora participar de ese poder mediante los
sacramentos. (…) Tampoco se puede creer en un fenómeno milagroso como el regreso de un
muerto a la vida; y además, el hombre moderno no puede comprender cómo un tal suceso podría
ser una acción de Dios que le concierne personalmente.”
(Rudolf Bultmann, “Neues Testament und Mythologie” (“Nuevo Testamento y Mitología”), 1941)

Que el lector me disculpe que haya citado tales blasfemias; pero es importante entender cuáles
son las verdaderas convicciones de los teólogos críticos. La mayoría de ellos no hablan tan
abiertamente como Bultmann. Muchos de ellos se presentan como cristianos evangélicos
“creyentes”; pero en el fondo tienen las mismas convicciones como Bultmann, porque de otro
modo no aplicarían el método “histórico-crítico”.

Lo paradójico es que aun así, negando todas las verdades fundamentales del evangelio, un
seguidor de Bultmann puede predicar de manera convincente como si fuera un verdadero
cristiano, cuando hace aplicaciones de los textos bíblicos a la vida personal. Por ejemplo, al
predicar sobre Marcos 4:35-41, un seguidor de Bultmann podría decir que “Jesús calma nuestras
tormentas interiores, que en él encontramos paz cuando estamos atormentados”, etc, de la
misma manera como lo diría un verdadero cristiano. En sus aplicaciones a la vida no veríamos
mucha diferencia. La gran diferencia consiste en que el seguidor de Bultmann no cree que Jesús
alguna vez hubiera calmado una tormenta real. (Pero eso no lo mencionará en su prédica.)

La “desmitologización” abrió el camino para que la teología académica se llenara de toda clase de
contenidos que no tienen nada que ver con el verdadero mensaje de la Biblia. Si la “fe” es algo
irracional, entonces se puede defender cualquier “fe”, y se puede utilizar la Biblia para
fundamentar esa “fe” (interpretándola con los métodos de la Alta Crítica). Por eso, en la segunda
mitad del siglo 20 surgió una multitud de “teologías” que reclaman la Biblia para su propio
programa político o ideológico: “Teología de la liberación” (marxismo), “Teología feminista”,
“Teología interreligiosa” (que considera cualquier religión como igualmente válida que el
cristianismo), “Teología homosexual”, “Teología del Dios muerto” (ateísmo), diversas “teologías
indígenas” (que desean reavivar las religiones indígenas paganas), etc. Así la teología crítica sirve a
los intereses de muchas diversas corrientes ideológicas y políticas, que incluso reclaman el
cristianismo y las iglesias para sus propósitos. Esta es una razón adicional por la amplia difusión de
esta teología.

La autoridad de las Sagradas Escrituras y la supuesta “teología científica”La autoridad de las


Sagradas Escrituras está actualmente bajo ataque a nivel mundial, y en prácticamente todas las
iglesias, desde el siglo 19. Se trata de una falsa enseñanza que hoy en día es aceptada por la gran
mayoría de los líderes de las iglesias, tanto católicos como reformados y evangélicos. Esta falsa
enseñanza tuvo un éxito tan asombroso porque no se presenta como alguna “revelación nueva”,
ni como alguna interpretación desviada de ciertos pasajes bíblicos, y ni siquiera como un mensaje
religioso en absoluto. Mas bien se presenta bajo la apariencia de “erudición teológica” y de
“autoridad científica”. Si hoy en día escuchamos a alguien sosteniendo su punto de vista, diciendo
“La teología científica dice …”, o “Los expertos dicen …”, o “Los eruditos de la Biblia dicen …”, es
casi seguro que se trata de un representante de esta falsa enseñanza.

Todo comenzó en las universidades luteranas de Alemania, en el siglo 19. Allí dominaba la filosofía
del racionalismo; o sea la idea de que el hombre es capaz de descubrir toda la verdad por sí
mismo, con su propia razón, y que por tanto no hay necesidad de alguna revelación divina. En
consecuencia, el racionalismo rechaza toda idea de lo sobrenatural, porque lo sobrenatural no se
puede explicar con la razón humana.
Ahora, en Alemania los pastores de las iglesias luteranas reciben su formación teológica en las
universidades estatales. Así que a partir del siglo 19, los futuros pastores y teólogos fueron
enseñados por profesores racionalistas, y muchos de ellos se convirtieron ellos mismos en
racionalistas. Entonces decidieron estudiar la Biblia según los principios y métodos racionalistas. O
sea, ellos desecharon todo respeto ante la Biblia como palabra de Dios. La estudiaron como si
fuera un producto del pensamiento humano, lleno de errores y contradicciones. En particular,
rechazaron todo lo sobrenatural en la Biblia: los milagros, las profecías cumplidas, en general toda
intervención de Dios en este mundo. Todo eso, según los racionalistas, no podía ser verdad
histórica, porque no se puede explicar con la razón, y porque hoy en día “normalmente” no
sucede.
Este método racionalista recibió el nombre de “Método histórico-crítico”. – Se llama “crítico”,
porque los representantes de este método no se sujetan a la Biblia como palabra autoritativa de
Dios, sino que la critican y se creen en una posición de corregir los errores que la Biblia (según
ellos) contiene. – Y se llama “histórico”, porque sus representantes usan criterios supuestamente
“históricos” para distinguir entre las partes de la Biblia que aceptan, y las que rechazan: Se acepta
lo que es “históricamente posible” o probable (según criterios racionalistas). Se rechaza lo que es
“históricamente imposible” o improbable – y a esta categoría pertenece todo lo sobrenatural.
Este método de tratar la Biblia, y la corriente de pensamiento racionalista detrás del método, es
también conocido bajo muchos otros nombres, como por ejemplo: “Teología científica”, “Teología
moderna”, “Teología liberal”, “Alta Crítica”, “Ciencias bíblicas”, y diversos otros.

Alteración de la historia bíblica

En el transcurso del siglo 19, esta teología crítica de la Biblia comenzó a establecer sus propias
teorías acerca de la entera historia bíblica y acerca del origen de los mismos libros bíblicos, en
contradicción contra lo que la Biblia enseña explícitamente. Por ejemplo:

– Historias como la creación, el diluvio, y otras, se consideraron “leyendas” o “mitología”, porque


son cosas que hoy en día no suceden, entonces (según los teólogos críticos) no pueden ser verdad
histórica. Se encontraron relatos similares en otras culturas y religiones, pero con ciertos rasgos
legendarios; entonces los teólogos críticos concluyeron que los israelitas habían escuchado esas
“leyendas” y las habían adaptado a su propia religión, y que por eso se encuentran estas historias
en la Biblia. (Basándose en la Biblia como palabra de Dios, uno argumentaría al revés: Las otras
naciones añadieron elementos legendarios a estas historias, mientras que los israelitas
preservaron los relatos verdaderos y auténticos.)

– La historia del Éxodo también se consideraba como “no histórica”, por los milagros asociados a
esta historia, y porque se consideraba “imposible” que un pueblo tan grande pudiera alimentarse
tanto tiempo en el desierto. (Claro que sería imposible sin la intervención de Dios; y el asunto aquí
es precisamente que la teología crítica no cree en las intervenciones de Dios.) Entonces los
teólogos críticos desarrollaron toda una teoría “alternativa” acerca de la historia de Israel, con
variaciones entre un teólogo y otro, pero los grandes rasgos son los siguientes:

Los patriarcas Abraham, Isaac y Jacob nunca habrían existido como personas reales. El pueblo de
Israel se habría formado a partir de diversas tribus o grupos de personas no relacionados entre sí,
entre ellos posiblemente un pequeño grupo de esclavos que había huído de Egipto bajo Moisés.

Estos grupos o tribus habrían llegado poco a poco a Canaán; no habría sucedido ninguna conquista
en conjunto como la describe el libro de Josué.

Estas diversas tribus no se habrían unido hasta el tiempo de David, quien habría creado por
primera vez un reino unificado.

Se nota aquí que el “método histórico-crítico” en realidad no es “histórico” en absoluto. Un


historiador serio toma en cuenta todas las fuentes escritas, y no descarta a ninguna de antemano.
Pero los teólogos críticos desechan de antemano el valor histórico de la Biblia, a base de su
prejuicio racionalista, únicamente porque la Biblia relata eventos que ellos consideran
“improbables” o “irracionales”. – Un historiador serio no hace afirmaciones que no tienen apoyo
en las fuentes escritas; pero los teólogos críticos hacen una reconstrucción completamente
imaginaria de la historia de Israel. No existe ninguna fuente histórica escrita que confirmaría las
afirmaciones arriba mencionadas.
El “método histórico-crítico” tampoco es verdaderamente “crítico”. Aunque critica la Biblia; pero
este método no permite criticar sus propias presuposiciones, de que las intervenciones
sobrenaturales de Dios no existan.

Alteración del origen de la Biblia

En consecuencia de esta reconstrucción de la historia de Israel, los teólogos críticos elaboraron


también nuevas teorías acerca del origen de los libros bíblicos, en contradicción contra lo que la
Biblia misma afirma:

Recién en el tiempo de los reyes, los israelitas habrían empezado a adorar a un único Dios (bajo la
influencia de los profetas); y recién en ese tiempo se habrían escrito los libros de Génesis, Éxodo, y
Números. (Entonces los teólogos críticos niegan que Moisés sea el autor de estos libros.)

A medida que los sacerdotes ganaban más poder en Israel, habrían alterado los textos
tradicionales acerca de los patriarcas y de Moisés, para afirmar su sistema del culto en el templo.
Así que los libros de Génesis, Éxodo, y Números contendrían añadiduras y “redacciones”
posteriores por la mano de los sacerdotes, quienes habrían también añadido el libro de Levítico.

El libro encontrado bajo el reinado de Josías (2 Reyes 22:8) habría sido básicamente el libro de
Deuteronomio; y no habría sido encontrado, sino recién escrito en ese tiempo.

Una de las razones principales para escribir el Deuteronomio, habría sido para justificar
posteriormente la concentración de la adoración en Jerusalén (Deuteronomio cap.12).

De manera similar se elaboraron teorías críticas acerca del origen y trasfondo de los otros libros
bíblicos y su contenido. Nuevamente constatamos que no existen fuentes escritas que apoyarían
estas teorías. Por ejemplo, no existe ningún manuscrito que presentase los libros Génesis, Éxodo, y
Números en su estado antes de la supuesta alteración por los sacerdotes. Tampoco existe algún
manuscrito que contendría alguna de las supuestes “fuentes” que compondrían estos libros. (Los
teólogos críticos hablan de cuatro distintas “fuentes” contradictorias entre sí, cuyo contenido se
habría mezclado en los cinco libros de Moisés.)

– Los teólogos críticos tienen un gran interés en afirmar que los libros históricos de la Biblia
habrían sido escritos mucho tiempo después de los eventos que relatan. (En el caso de los libros
de Moisés, dicen que habrían sido escritos varios siglos después de Moisés.) Así pueden decir que
después de tanto tiempo ya no se podía saber qué sucedió realmente, y por tanto dichos libros no
serían confiables. También en el Nuevo Testamento intentan afirmar que sus libros fueron escritos
mucho tiempo después de la crucifixión y resurrección de Jesús, y que fueron posteriormente
alterados por “redactores”. Aunque para el Nuevo Testamento el margen de tiempo posible no es
tan grande, porque los escritores del segundo siglo ya testifican de la existencia de estos libros.
Pero el argumento de la “redacción tardía” se vuelve en contra de los mismos teólogos críticos: Si
un libro escrito 50 años o 100 años después de los eventos ya no es confiable, ¿cuán confiable es
la opinión de un teólogo que 1800 años más tarde hace conjeturas acerca del supuesto origen de
ese libro? Seguramente, las opiniones teológicas desarrolladas 1800 años después de los eventos
son aun mucho menos confiables que un libro escrito 100 años después de los eventos. ¿Cómo
puede un teólogo del siglo 19 pretender que él entiende un libro del siglo 1 mejor que el propio
autor del libro?

Niega la profecía bíblica

La teología crítica lo considera imposible que Dios pueda revelar el futuro a algún hombre. Por
tanto, esta teología se esfuerza por eliminar de la Biblia toda evidencia histórica de profecías
cumplidas. En consecuencia, dicen por ejemplo que aquellos pasajes en Isaías que profetizan el
regreso de la cautividad babilónica, no podrían haber sido escritos por Isaías, sino por otro profeta
que lo escribió cuando todo ya se había cumplido. De la misma manera dicen que el libro de Daniel
no podría haber sido escrito por Daniel, sino unos trescientos años después, cuando ya se habían
cumplido las profecías exactas de Daniel acerca de aquella época. Y en el Nuevo Testamento dicen
que los pasajes en los Evangelios donde Jesús profetiza la destrucción del templo, no podrían
haber sido escritos antes del año 70 cuando se cumplió aquella profecía.
En otras palabras, la teología crítica dice que la profecía bíblica sería un engaño: se trataría de
profecías inventadas después de que los eventos ya habían sucedido, y después falsamente
atribuidos a profetas que vivían varias décadas o siglos antes.
Nuevamente, no existe ningún apoyo en fuentes escritas para esta opinión. Excepto el hecho de
que las profecías efectivamente se cumplieron, y que eso sería “imposible” según el prejuicio
racionalista de los teólogos críticos.
(En el caso de Daniel, tenemos además una predicción exacta del año de la crucifixión de Jesús
(Daniel 9:25-26). Aun los teólogos críticos no se atreven a decir que el libro de Daniel se haya
escrito recién después de la crucifixión, porque existe evidencia irrefutable de que el libro existía
antes de Jesús.)

Niega la resurrección de Jesús

En el Nuevo Testamento, el ataque de la Alta Crítica se centra principalmente en la resurrección de


Jesús. Ya que “normalmente” los muertos no resucitan, según la teología crítica, Jesús no puede
haber resucitado físicamente. Por tanto, se establecen teorías que pretenden explicar el origen de
los relatos sobre la resurrección de alguna otra manera. Por ejemplo, los evangelios según Mateo,
Marcos y Lucas tienen muchas partes en común, pero al mismo tiempo existen pequeñas
diferencias entre las versiones que presenta cada uno de ellos. Los teólogos críticos explican esto
con que supuestamente los evangelistas habrían copiado los unos de los otros, pero que al mismo
tiempo habrían alterado el texto que encontraron, y lo habrían mezclado con textos de otras
“fuentes”. Todo eso para llegar a la conclusión de que los relatos en los Evangelios no serían
confiables, y que sus autores no habrían sido testigos de los hechos. (Según la mayoría de los
teólogos críticos, ninguno de los cuatro Evangelios sería auténtico; o sea, ninguno habría sido
escrito por el autor que su título menciona.)
A esto se añade la teoría de que el “Jesús histórico” nunca habría hecho milagros. Los discípulos
habrían inventado posteriormente los relatos acerca de los milagros y la resurrección, para
contarlos en las reuniones de los cristianos. Y aun más tarde, alguien desconocido habría escrito
esos relatos.
Para fundamentar estas suposiciones, los teólogos críticos citan muchos pasajes donde
supuestamente habría contradicciones entre los evangelios, o diferencias en el vocabulario o estilo
entre pasajes del mismo evangelio, de manera que atribuyen estos pasajes a distintas “fuentes”.
Se han realizado esfuerzos impresionantes de análisis lingüístico en los idiomas originales de la
Biblia, para encontrar esas supuestas contradicciones y diferencias. Eso da la impresión de que
todas las conclusiones serían “científicamente demostradas”. Ese gran aparato de ciencias
auxiliares (lingüística, historia, estudio comparativo de religiones, filosofía, etc.) oscurece el hecho
de que en realidad las conclusiones apuntan hacia un único blanco: desprestigiar los relatos de los
milagros y de la resurrección de Jesús como “no históricos” y “no confiables”. En realidad, ninguna
de las conclusiones que los teólogos críticos sacan de sus análisis, se impone lógicamente. Todas
sus observaciones se pueden explicar también (a menudo de manera más sencilla) desde la
perspectiva de que la Biblia es la palabra verdadera de Dios.
Por ejemplo, el hecho de que los Evangelios contienen muchos pasajes en común, pero que no
coinciden literalmente, se puede explicar fácilmente con el hecho de que fueron escritos por tres
testigos distintos que observaron los mismos sucesos.* En este caso se esperaría que en gran
parte aparecerían las mismas escenas en los tres relatos, pero que cada testigo las relate con sus
propias palabras; y eso es lo que efectivamente encontramos al comparar estos Evangelios entre
sí.

*Para ser exacto, Lucas no fue testigo presencial, pero relató lo que él escuchó de los testigos que
entrevistó, como él mismo dice en el prólogo a su evangelio (Lucas 1:1-4). También Marcos
probablemente fue testigo presencial solamente de una parte de los hechos; unos escritores de la
iglesia temprana dicen que Marcos escribió lo que escuchó de Pedro. Pero eso no tiene injerencia
en el argumento aquí; el punto es que se trata de tres relatos auténticos, independientes, de
testigos distintos; no de “copias” ni de “redacciones posteriores” ni de “tradiciones orales de la
comunidad”, como afirman los teólogos críticos.

Para dar otro ejemplo: Una supuesta “contradicción” se encuentra entre Mateo 20:29-34 y Marcos
10:46-52, donde Mateo relata la curación de dos ciegos, mientras que Marcos menciona a uno
solo, Bartimeo. ¿Fueron dos ciegos o fue uno solo? ¿Será que uno de los evangelistas no dice la
verdad? – Esta pregunta no tiene por qué inquietarnos, porque es normal que al relatar un suceso
no se dan todos los detalles. Para Marcos, obviamente, Bartimeo era importante, por eso lo
menciona con nombre. Pero eso no impide que otro ciego haya sido curado junto con él; porque
Marcos no dice que Bartimeo haya sido el único ciego que fue curado allí. Entonces no se trata de
una contradicción, solamente de una omisión. Mateo omite los nombres de los ciegos, y Marcos
omite el hecho de que un segundo ciego estaba presente.
De manera similar se pueden refutar otros argumentos semejantes de la teología crítica. Ninguno
de sus hallazgos nos obligaría necesariamente a creer que la Biblia no fuera confiable.

Una cuestión de las presuposiciones fundamentales

Podríamos seguir mencionando ejemplos de la argumentación de esta supuesta “teología


científica”, pero pienso que estas pocas muestras ya dan una idea de lo que se trata. Esta teología
propone muchos argumentos intelectuales, supuestamente “científicos”, en su intento de
demostrar que los libros de la Biblia contendrían errores y que no serían inspirados por Dios. Estos
argumentos suenan convincentes para quienes ya han aceptado las suposiciones básicas de la Alta
Crítica; o sea, quienes desde un inicio ya están buscando razones para no tomar la Biblia en serio
como palabra de Dios. Pero en realidad, como hemos visto, los argumentos de la Alta Crítica
tienen muy poca base en evidencias reales. Podríamos refutarlos uno por uno, pero sería una
pérdida de tiempo.
Mucho más importante es afirmar las bases de la fe, y de la confianza en la autoridad de las
Escrituras. Fue la intención de Dios, darnos las enseñanzas inspiradas de los apóstoles por escrito.
Estas enseñanzas sirven de defensa contra “los que hablan cosas tergiversadas”, y entre estos
últimos seguramente tenemos que incluir también a los representantes de estas falsamente así
llamadas “ciencias bíblicas”. Podemos presentar razonamientos intelectuales a favor de la
autoridad de la Biblia; eso puede ser útil como “muleta” para aquellos cristianos que fueron
confundidos por la Alta Crítica y buscan respuestas a algunos puntos concretos. Pero un teólogo
crítico no se dejará convencer por tales razonamientos, porque él ya tomó partido, ya hizo su
decisión: Él no quiere creer que la Biblia es la palabra de Dios autoritativa, y no se va a someter a
ella, aunque le presentemos mil argumentos a favor. (Excepto si Dios en su soberanía lo quebranta
y lo lleva a la conversión.) – Y un cristiano enseñable y dedicado a Dios no tiene necesidad de tales
argumentos; porque para él existe una prueba mucho mejor y más eficaz para comprobar la
veracidad de la palabra de Dios:
“Mi enseñanza no es mía, sino del que me envió. Si alguien quiere hacer su voluntad, conocerá
acerca de la enseñanza si es de Dios o si yo hablo desde mí mismo.” (Juan 7:16-17) – O sea, la
autoridad y la eficacia de la palabra de Dios se puede experimentar cuando uno decide
obedecerle, y actúa conforme a ella. El que se limita a analizar intelectualmente la palabra de Dios,
la encontrará “letra muerta”. Pero el que comienza a vivir de acuerdo a la palabra de Dios,
encontrará que es “viva y eficaz” (Hebreos 4:12). El que pone su confianza en las promesas de Dios
(y cumple las condiciones respectivas), experimentará que estas promesas se cumplen. El que vive
en una relación personal de confianza con Dios, no tiene motivos para buscar errores y
contradicciones en Su palabra, porque conoce al Autor de estas palabras.

Ataques contra la autoridad de las Sagradas Escrituras en la iglesia

En la reflexión anterior hemos explicado por qué la iglesia es fundamentada sobre las Sagradas
Escrituras, y particularmente sobre las enseñanzas del Nuevo Testamento. Este es el principio que
fue rescatado durante la Reforma, bajo el lema de “Sola Scriptura”: “Solamente por las Escrituras”
tenemos la auténtica y autoritativa palabra de Dios; solamente por las Escrituras podemos
distinguir con seguridad entre la verdad y el error en la iglesia. Pero este principio está hoy en día
nuevamente bajo ataque, aun en las iglesias que surgieron de la Reforma. Aun en congregaciones
que en la teoría afirman que las Escrituras son su autoridad suprema, en la práctica encontramos
que la palabra del pastor o de otros líderes tiene más peso que la palabra de Dios.

En una congregación que respeta la autoridad de las Escrituras, aunque la mayoría de la gente
haya caído temporalmente en un error, un solo “miembro común” puede levantarse con la Biblia
en la mano y declarar que la mayoría está equivocada, y la mayoría se dejará corregir por la
palabra de Dios. En una iglesia según el diseño de Dios, una sola persona respaldada por la palabra
de Dios tiene mayor autoridad que una entera junta directiva que contradice o tuerce la palabra
de Dios. Eso fue la esencia de los principios reformados. (Nota: La historia testifica que aun las
mismas iglesias reformadas a menudo actuaron en contra de estos principios. Pero no son sus
acciones que debemos tomar como ejemplo, son sus principios que se deben rescatar, y esos
principios son correctos y bíblicos.)
Pero ¿en cuántas congregaciones contemporáneas se respeta todavía esta autoridad de la palabra
de Dios? ¿Cuántas congregaciones se dejan todavía corregir por la palabra de Dios?
¿Cuántos líderes de congregaciones se dejan corregir por un “miembro común” que se apoya en la
palabra de Dios? Si los asuntos se deciden por el dictado de los líderes, o por el voto de la mayoría,
allí no gobierna la palabra de Dios; y entonces no se trata de una iglesia según el Nuevo
Testamento.

La autoridad de las Sagradas Escrituras está siendo atacada principalmente desde dos lados. El
Señor nos advirtió a no “añadir” ni “quitar” nada de Sus palabras (Apocalipsis 22:18-19). Podemos
caracterizar los dos lados como los que “añaden”, y los que “quitan”.

La iglesia católica romana enseña que la autoridad de las Escrituras depende de la autoridad de la
iglesia misma. Dice que las Escrituras son un producto de la iglesia, que tienen autoridad no por sí
mismas, sino porque la iglesia las declaró autoritativas, y que por tanto – esta es la conclusión
crítica – la jerarquía de la iglesia tiene también hoy en día la autoridad de decidir
autoritativamente lo que la Biblia quiere decir y qué no quiere decir. Ellos añaden una autoridad
adicional a la autoridad de las Escrituras; la autoridad de sus propios maestros.

La misma idea está también en el fondo de diversas corrientes evangélicas autoritarias (vea esta
reflexión y las siguientes), aunque con matices un poco diferentes. Lo que decimos a continuación
acerca del romanismo, aplica de manera similar también a esas corrientes.

Primeramente, esta argumentación se fundamenta sobre una afirmación históricamente falsa. La


mayor parte de la Biblia – el entero Antiguo Testamento – no fue de ninguna manera producido
por la iglesia. El Antiguo Testamento existía ya mucho tiempo antes de que existiera la iglesia. Si
quisiéramos nombrar alguna comunidad humana como “origen” de la Biblia (haciendo caso omiso
a su inspiración divina), entonces tendríamos que nombrar en primer lugar al pueblo judío. Y
entonces, si quisiéramos seguir la línea de argumentación romana, tendríamos que decir que son
en primer lugar los judíos que tienen la autoridad de definir lo que la Biblia quiere decir o no
quiere decir. (Por lo menos en el caso del Antiguo Testamento; pero también los autores del
Nuevo Testamento fueron todos judíos, con la excepción de Lucas.) Pero es bien conocido que los
rabinos de mayor prestigio decidieron que las profecías bíblicas no señalarían a Jesús como el
Mesías. Entonces la argumentación romana, aplicada consistentemente, nos llevaría a la
conclusión de que los primeros apóstatas hubieran sido los mismos cristianos, porque se pusieron
en contradicción contra la interpretación “autoritativa” judía de las Escrituras.
Aun si limitáramos nuestro enfoque al Nuevo Testamento, no podremos evadir el hecho de que
una gran parte de las enseñanzas del Nuevo Testamento se basan explícitamente sobre el Antiguo
Testamento. Si la comunidad humana donde se originaron las Escrituras fuera tan “autoritativa”
como supone el argumento romano, entonces no hay manera de desautorizar a los maestros
judíos.
Si por el otro lado se quiere mantener que el pueblo judío se desautorizó a sí mismo, ya que
rechazaron a Jesús y a los apóstoles, entonces el argumento recae sobre la misma iglesia romana:
Si hubo razones para rechazar la autoridad de los maestros judíos, a base de lo que Jesús y los
apóstoles hicieron y enseñaron, entonces igualmente hay razones para rechazar la autoridad de
los maestros de la iglesia de Roma, porque mucho de lo que ellos enseñan y practican, también
contradice lo que Jesús y los apóstoles hicieron y enseñaron.

También la segunda base de la argumentación romana es cuestionable: ¿Realmente las Escrituras


no tendrían ninguna autoridad, si “la iglesia” no hubiera reconocido su autoridad? Eso es como
decir que las leyes tienen autoridad solamente porque los jueces las aplican. Eso es confundir
causa y efecto. No es el juez quien hace que las leyes se vuelvan autoritativas; el juez aplica las
leyes porque ya son autoritativas. De la misma manera, la iglesia de los primeros siglos se sometió
a las Escrituras porque esas Escrituras ya tenían autoridad. La autoridad de la enseñanza de los
apóstoles se originó en Jesús mismo, y en la obra del Espíritu Santo tal como Jesús lo prometió.
Esta autoridad no depende del reconocimiento de generaciones posteriores.

También tenemos que preguntar en este contexto, por qué la iglesia siquiera hizo una distinción
tan clara entre los libros canónicos del Nuevo Testamento, y los libros no inspirados. Si la
“tradición” tuviese la misma autoridad apostólica como el Nuevo Testamento, entonces ¿por qué
no se declararon “autoritativos” o “inspirados” también la “Didajé”, o la carta de Clemente de
Roma, o los escritos de Ireneo? ¿Por qué se estableció siquiera un “canon” de los libros
inspirados? El mismo hecho de que se hizo esta distinción, ya refuta el punto de vista romano: Es
una enseñanza esencial de la “tradición” de la iglesia, que la autoridad de esa “tradición” es
inmensamente inferior a la autoridad de los libros inspirados del Nuevo Testamento.

Por fin tenemos que preguntar qué entiende la doctrina romana con “iglesia”. ¿La “iglesia” que
produjo el Nuevo Testamento, es la misma como la “iglesia” que hoy en día supuestamente tiene
autoridad para imponer su interpretación? ¿Y es idéntica con lo que el Nuevo Testamento mismo
llama “iglesia”?
Los autores (humanos) de los libros del Nuevo Testamento eran personas individuales que
fueron individualmente autorizados e inspirados por Dios para escribir; no como miembros de
algún gremio imaginario llamado “iglesia”. Donde el Nuevo Testamento habla de “iglesia”, siempre
se refiere a los receptores, no a los escritores de estos libros. Entonces, desde un inicio la doctrina
romana usa el término “iglesia” de una manera ajena al Nuevo Testamento.
También al hablar de la iglesia actual, la doctrina romana no se adhiere al uso bíblico del término.
La supuesta autoridad para interpretar la Biblia autoritativamente, está concentrada en el papa y
los concilios. El Señor Jesús, en cambio, describió la iglesia como una comunidad donde “uno es su
Maestro, el Cristo; y todos ustedes son hermanos.” (Mateo 23:8.) Bíblicamente, cada cristiano está
autorizado para usar, comprender, interpretar y aplicar la Biblia. Esto es confirmado por los
pasajes citados en la reflexión anterior, que exhortan a la iglesia entera (o sea, a cada cristiano) a
“juzgar” o “examinar” lo que se enseña, a base del evangelio original.
Y tenemos que preguntar si efectivamente existe una continuidad, o incluso una identidad, entre
la autoridad de los apóstoles originales y los líderes de la “iglesia” actual. La iglesia romana
enfatiza que sí. Ese es el concepto de la sucesión apostólica que examinaremos en otra
oportunidad. Pero pienso que sería suficiente comparar la personalidad de los líderes actuales con
la personalidad de los apóstoles originales (después de Pentecostés), para darse cuenta de que
existe una diferencia abismal.

Mientras que la doctrina romana implica que los líderes actuales de la iglesia serían igual de
“inspirados” por Dios como los apóstoles originales, existe un segundo ataque contra la autoridad
de las Escrituras, el cual declara que ni siquiera los apóstoles eran inspirados. O sea, esta
corriente quita de las palabras de Dios. Muchos teólogos seguidores de la Alta Crítica – y eso
incluye a muchos evangélicos – dicen que los autores del Nuevo Testamento no habrían tenido la
intención o la conciencia de escribir bajo la inspiración de Dios, y que la iglesia temprana no habría
considerado estos libros como Sagrada Escritura.
Este argumento resulta bastante débil a la luz de la evidencia. Jesús mismo, por supuesto, estaba
consciente de que Él, como Hijo de Dios y enviado por Él, hablaba las palabras de Dios. “El cielo y
la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán.” (Mateo 24:35, Marcos 13:31). “La multitud se
agolpaba sobre él para escuchar la palabra de Dios.” (Lucas 5:1). “La semilla es la palabra de Dios”
(Lucas 8:11). “Mas bien muy felices los que escuchan la palabra de Dios y la guardan.” (Lucas
11:28). “Porque el que Dios comisionó, éste habla los dichos de Dios.” (Juan 3:34). “Entonces lo
que hablo, como me ha dicho el Padre, así hablo.” (Juan 12:50).
También el apóstol Pablo sabía muy bien que su mensaje le fue encomendado por Dios mismo:
“Esto hablamos también, no en palabras aprendidas de la educación humana, sino en palabras
aprendidas del Espíritu Santo …” (1 Corintios 2:13) – “Pero les doy a conocer, hermanos, el
evangelio que fue evangelizado por mí, que no es según un hombre. Porque yo tampoco lo recibí
de un hombre, ni fui enseñado, sino por una revelación de Jesucristo.” (Gálatas1:11-12). “…
porque cuando ustedes acogieron la palabra de nuestro mensaje acerca de Dios, la recibieron no
como palabra de hombres, sino como es verdaderamente, como palabra de Dios, la que también
es eficaz en ustedes los creyentes.” (1 Tesalonicenses 2:13). – Pedro llama las cartas de Pablo
“[sagrada] Escritura” (2 Pedro 3:15-16). También dice que la palabra del evangelio que él anuncia,
es “palabra del Señor” al igual como el Antiguo Testamento (1 Pedro 1:25). – Todos los apóstoles
habían recibido su misión desde la misma boca de Jesús: “Vayan por todo el mundo, y anuncien el
evangelio a toda criatura … enseñándoles a guardar todo lo que yo les he mandado” (Marcos
16:15, Mateo 28:20).
Así recibió también la primera iglesia las enseñanzas de los apóstoles. Ninguno de los escritores
cristianos de los primeros siglos (con excepción de los falsos maestros) expresa algún
cuestionamiento acerca de la autoridad de las enseñanzas escritas de los apóstoles originales. Por
tanto, las afirmaciones de los teólogos críticos realmente no tienen fundamento.
Se da viña en arrendamiento “Cuando venga, pues, el señor de la viña, ¿qué hará a aquellos
labradores? – Le dijeron: A los malos destruirá sin misericordia, y arrendará su viña a otros
labradores, que le paguen el fruto a su tiempo. (…) Por tanto os digo, que el reino de Dios será
quitado de vosotros, y será dado a gente que produzca los frutos de él.”

Esta es la conclusión de una parábola que el Señor Jesús contó acerca de los labradores malvados
en la viña del Señor. (Vea Mateo 21:33-46.) En aquel tiempo, los labradores malvados eran los
líderes del pueblo judío. Ellos, en vez de entregar al Señor el “fruto” de Su viña, se apoderaron de
ella. Y al fin, cuando el Señor envió a Su propio Hijo para pedirles cuenta, lo agarraron, lo
maltrataron, lo mataron, y lo echaron fuera de la viña. Por tanto, el Señor tuvo que encomendar
Su viña “a otros labradores”.

Efectivamente podemos ver en los primeros siglos de la historia de la iglesia una transición gradual
desde el pueblo judío hacia los pueblos “gentiles” (no judíos). Los apóstoles del Señor eran todavía
todos judíos; pero con los viajes de Pablo, ya vemos que el Evangelio encontró mucho más
resonancia entre los “gentiles” que entre los judíos. Y en el siglo II, los judíos ya eran una pequeña
minoría en la iglesia y en su liderazgo. – Paralelamente a eso, Dios permitió que en el año 70
Jerusalén fuera destruído; y en el segundo siglo, los romanos expulsaron a los judíos
definitivamente de su tierra. Con eso, el “traspaso” de la viña del Señor era prácticamente
completo.

Pero esta historia se ha repetido varias veces a lo largo de los siglos. Durante mil años
aproximadamente, las dos ramas principales del catolicismo estuvieron firmemente a cargo de la
“viña” (o sea, el catolicismo romano en el occidente y la iglesia “ortodoxa” en el oriente). Pero
ellos hicieron lo mismo como los sacerdotes y fariseos en el tiempo de Jesús: Los líderes se
apoderaron de la “viña”; o sea, se enseñorearon de los miembros de sus iglesias, en vez de
permitir que cada uno siga personalmente al Señor. También empezaron a maltratar al Señor, al
negar más y más de Sus mandamientos, remplazándolos por mandamientos eclesiásticos hechos
por hombres. Finalmente lo echaron de la viña, al declarar que la autoridad de los líderes de la
iglesia está por encima de la palabra escrita del Señor.

Entonces vino la Reforma. Dios envió nuevamente a unos siervos Suyos para pedir el fruto de la
viña que le correspondía. Y nuevamente, Sus siervos fueron golpeados y matados. Pero entonces
Dios empezó a traspasar Su viña a un pueblo nuevo. La iglesia católica comenzó a perder su
influencia política y doctrinal, y las iglesias de la Reforma se convirtieron en los representantes
principales de la fe bíblica. Podemos ver la conclusión de este proceso en la Revolución Francesa a
fines del siglo XVIII y en la independencia de las colonias españolas a inicios del siglo XIX, donde se
acabaron los poderes seculares de la iglesia católica.

Pero menos conocido es el hecho de que al mismo tiempo ya se había iniciado la apostasía de las
iglesias de la Reforma. Durante la primera mitad del siglo XIX, unos teólogos luteranos en
Alemania asentaron las bases para una “teología” sumamente destructiva, una teología que niega
la inspiración divina de la Biblia y busca en ella errores y contradicciones, para así “demostrar” que
la Biblia no es confiable. Esta teología – conocida bajo los nombres de “teología modernista”,
“teología liberal”, “teología científica”, “Alta Crítica”, “Ciencias Bíblicas”, y varios otros nombres –
empezó poco a poco a infiltrar las iglesias del mundo entero, comenzando con las iglesias de la
Reforma. (Pero también la iglesia católica usa ahora esta teología crítica.) En consecuencia, estas
iglesias empezaron a morir espiritualmente. Sus miembros, aunque se llaman “cristianos”, no
creen en casi ninguna de las enseñanzas de la Biblia, y tampoco llevan vidas cristianas. Al negar
que la Biblia es la palabra de Dios inspirada, habían echado nuevamente al Señor de Su viña.

En consecuencia, estas iglesias (luteranas y afines) empezaron a perder miembros, y su


contribución a la evangelización del mundo empezó a disminuir hasta desaparecer casi por
completo. Desde la segunda mitad del siglo XX, la extensión del Evangelio bíblico en el mundo es
asumida casi únicamente por las iglesias evangélicas y pentecostales – las cuales también se
identifican como herederos de la Reforma, pero tienen su origen en avivamientos posteriores. Se
distinguen de las iglesias reformadas por el hecho de que en aquellos avivamientos, se enfatizó la
importancia del nuevo nacimiento y de una vida santificada como evidencia de la conversión.

Podemos decir entonces que entre 1850 y 1950 aproximadamente sucedió un nuevo “traspaso”
de la viña del Señor, aunque de una manera más silenciosa, desde las iglesias reformadas de la
“primera generación” (luteranas, calvinistas, anglicanas, etc.) hacia las iglesias de “segunda
generación” (evangélicos, bautistas, pentecostales, etc.). Pero parece que a medida que se acerca
el fin, la historia se acelera. Ahora las mismas iglesias evangélicas se han a su vez encaminado
hacia la apostasía. Ya están tan infectadas por la teología modernista como lo eran las iglesias
luteranas hace pocas décadas; y ya están también abiertamente y a nivel mundial colaborando con
el movimiento ecuménico. (Vea “Pacto entre la Alianza Evangélico, el ecumenismo y el vaticano“.)
Además, es difícil hoy en día encontrar a un solo líder evangélico importante que vive todavía
según los estándares bíblicos de integridad, honestidad y pureza. Abunda ahora la deshonestidad
financiera, la inmoralidad sexual, el abuso del poder, y la manipulación para encubrir todo eso. Al
mismo tiempo, esos líderes se adueñan de la viña del Señor, tratando a los miembros de sus
congregaciones como si fueran su propiedad personal.

Con esto coincide el trato que las iglesias evangélicas dan a los siervos que el Señor envía para
pedirles el fruto de la viña. Aunque todavía no hay muchos casos de violencia física – eso es
solamente porque vivimos en tiempos diferentes; las iglesias católicas y reformadas también han
dejado de perseguir con violencia a los que consideran “herejes”. Pero los siervos del Señor que se
atreven a amonestar a los líderes evangélicos desde la Biblia, son expulsados de sus
congregaciones, son difamados desde los púlpitos, sus escritos son declarados literatura
prohibida, y a menudo los líderes hacen todos los esfuerzos posibles para separar a estos siervos
de sus amistades cristianas.

Por tanto presenciamos actualmente el comienzo de la muerte espiritual de las iglesias


evangélicas. Entre sus miembros quedan todavía algunos que tuvieron una experiencia personal
con el Señor, nacieron de nuevo y viven una vida agradable a Dios; pero son una pequeña minoría.
Las iglesias recién fundadas todavía crecen numéricamente; pero en las que tienen mayor tiempo,
ya está disminuyendo la membresía. En mi entorno encuentro por cada miembro activo de una
iglesia evangélica a tres ex-miembros desilusionados; y muchos de ellos abandonaron no
solamente su congregación, sino también la fe cristiana en general. Esta observación personal
coincide con estadísticas recientes a mayor escala.

Por eso, el Señor ha colgado nuevamente sobre Su viña el letrero: “Se da en arrendamiento”. Ya se
avecina un nuevo traspaso. Una posibilidad de como esto podría suceder, nos muestra la historia
de China. En la “revolución cultural” bajo Mao, todos los misioneros extranjeros fueron
expulsados, y muchos líderes cristianos chinos fueron encarcelados. La iglesia china pasó por un
tiempo de sufrimientos indescriptibles. Sin embargo, muchos hombres de Dios en China hoy en día
dan gracias a Dios por aquellos tiempos. Dicen que gracias a Mao, los cristianos chinos en su
aislamiento no fueron contagiados por la decadencia moral y espiritual de las iglesias occidentales.
En cambio, recibieron una oportunidad para comenzar de nuevo, basándose únicamente en la
palabra de Dios, sin la influencia de enseñanzas denominacionales desde afuera. Así surgió un
nuevo tipo de iglesias, desconocido en el mundo libre, pero probablemente más cercano a la
iglesia del Nuevo Testamento que cualquier otro tipo de iglesias existentes hoy: las iglesias caseras
clandestinas. Y ellas son las que hoy en día llevan adelante el trabajo en la viña del Señor.

Personalmente espero que aquí en el occidente podamos experimentar un “traspaso” más


pacífico; pero en vista del estado desolado de las iglesias actuales no sé si eso será posible. El gran
problema es que aquí todavía no existe ningún movimiento cristiano nuevo que podría fungir
como sucesor de las fallidas iglesias evangélicas. Es cierto que hay unos predicadores de
arrepentimiento que llaman a un regreso al cristianismo del Nuevo Testamento; pero son pocos
quienes los escuchan. También existen ahora movimientos de “iglesias en casa” en varios países, y
algunos de ellos incluso se inspiran en las iglesias chinas. Algunos de estos movimientos parecen
bastante espirituales; pero otros parecen simplemente acogerse a la idea “novedosa” de reunirse
en casas en vez de templos, mientras les faltan unos puntos esenciales, tales como un concepto
bíblico del Nuevo Nacimiento, estructuras familiares en vez de institucionales, o la integridad en el
liderazgo. Tengo la impresión de que estos movimientos todavía tendrán que madurar bastante
hasta que el Señor les pueda encomendar Su viña. Por mientras, el Señor sigue buscando
labradores para Su viña. ¿Quién asumirá la responsabilidad?

Por qué digo que las iglesias están siendo infiltradas por el anticristo

En respuesta a mi serie de artículos “¡Infiltración!”


([Link] recibí un correo de un lector que mencionó
algunas otras corrientes actuales, opinando que estas eran mucho más importantes que las
mencionadas en mis artículos. Dijo:

“Por ejemplo, ustedes no han considerado cuánto se ha debilitado la cristología cuando se ha


llegado a decir que Cristo no vino para ser el mesias, dicho por (representantes del movimiento
carismático extremo).
Por otra parte, y en un plano màs sutil y ambiguo, los invito a que reflexiones si algunas enseñanza
del Dispensacionalismo llevan a un cristología débil, cuando, por ejemplo, se da cabida a ideas
como la de que la edad de la Iglesia, es decir, la “dispensación de la gracia”, es un “paréntesis”, lo
cual incluye la obra expiatoria de Cristo.”

Puesto que estos asuntos son de interés general, decidí publicar aquí mi respuesta a aquel lector:

1. Me parece que Ud. considera las influencias únicamente en el plano doctrinal. Pero una
infiltración se caracteriza por lo que es tanto doctrinal como PERSONAL y ORGANIZACIONAL.
Mientras se trata solamente de una doctrina y nada más, entonces hay una libre competencia de
ideas: cada uno es libre de pronunciarse a favor o en contra, y de usar los mejores argumentos que
tiene a disposición. Existe también transparencia, porque cada uno se identifica abiertamente con
la doctrina que representa.
– No es así con las formas de infiltración que he descrito en mis artículos. Estas infiltraciones
tienen como aspecto adicional, que sus representantes entran a las iglesias con su PERSONA, pero
ENCUBIERTAMENTE, para desviar y esclavizar la ORGANIZACIÓN entera. Por ejemplo, muchas
denominaciones grandes hoy en día tienen líderes regionales y nacionales que predican contra el
ecumenismo desde sus púlpitos, pero son personalmente colaboradores de organizaciones
ecuménicas y trabajan detrás del escenario para ampliar la influencia de estas organizaciones en el
mundo evangélico. (Algunos ejemplos están documentados en los artículos originales.) Como
consecuencia, se extiende no solamente la doctrina falsa, pero se multiplican también los líderes
que ACTÚAN CON FALSEDAD; y este es el aspecto más peligroso de la infiltración.

2. En cuanto al movimiento carismático extremo, le puedo asegurar que todavía existen


DENOMINACIONES ENTERAS que denuncian estas corrientes como herejía. (Concretamente, casi
todas que no son pentecostales o carismáticas; y también algunos de los pentecostales clásicos.)
Por tanto, yo diría que en este campo todavía funciona la “libre competencia de las ideas”: El
cristiano promedio tiene toda oportunidad de escuchar ambos lados del asunto, y así evaluándolo
tiene la posibilidad de distinguir entre la verdad y el error. Incluso tiene la posibilidad de encontrar
una iglesia que rechaza claramente esta corriente.

En esta área, todavía no he escuchado de líderes carismáticos que se hubieran infiltrado en una
denominación no carismática con el propósito de arrastrar secretamente a la denominación
entera detrás del movimiento carismático (como lo hacen los ecumenistas, los teólogos críticos y
los agentes de cambio del “Nuevo Orden Mundial”). Por tanto, yo hablaría en este caso
simplemente de una doctrina falsa, pero no de una infiltración.

3. En cuanto al dispensacionalismo, es probablemente una corriente más difundida en las iglesias


actuales. Pero en este caso también, existen todavía algunas denominaciones enteras que no son
dispensacionalistas, y algunos de sus líderes refutan abiertamente el dispensacionalismo. (Más
notablemente los de tradición calvinista.) – Y según mi conocimiento, los dispensacionalistas
tampoco tienen un propósito político de someter otras denominaciones a su corriente y de
dominar personalmente sus organizaciones. Por tanto, en este caso yo tampoco hablaría de
“infiltración”.

4. A diferencia de estas corrientes mencionadas, encontré que la teología de la Alta Crítica, el


movimiento ecuménico, y los planes políticos de la “Nueva Era”, ya son aceptados generalmente
en el mundo evangélico – incluso en aquellas denominaciones que con su declaración de fe oficial
se oponen a estas corrientes. Lo que demuestra que en efecto hubo una infiltración encubierta:
las iglesias practican una cosa muy distinta de la que confiesan y enseñan oficialmente. Por
ejemplo, todavía no escuché de ningún líder evangélico importante que hubiera advertido
públicamente contra las publicaciones de las Sociedades Bíblicas que difunden la Alta Crítica. No
escuché de ningún líder evangélico aquí en el Perú que hubiera protestado públicamente contra la
elección de ecumenistas a la Junta Directiva y la presidencia del CONEP (la Alianza Evangélica
nacional en este país). No escuché de ninguno que se hubiera pronunicado públicamente en
contra de los actuales (pongo énfasis en la palabra actuales) esfuerzos para establecer un gobierno
mundial, ni en contra del control del estado sobre las iglesias, la educación y la salud (estas dos
últimas áreas afectan también grandemente a la iglesia), ni en contra de los currículos escolares
actuales que promueven todas estas ideas. O sea, dentro del liderazgo evangélico ya existe un
consenso casi universal a favor de estas corrientes anticristianas. Pero nunca hubo una
competencia libre de ideas, porque el cristiano promedio (y aun el pastor local promedio) nunca
siquiera se enteró de qué se trata. Y aquellos que se enteraron, fueron silenciados por medio de
una “disciplina eclesiástica” aplicada de manera abusiva, sin poder exponer abiertamente sus
argumentos. Ahora simplemente resulta que si alguien se posiciona en contra de alguna de estas
corrientes, se encuentra no solamente afuera de su propia iglesia: se encuentra afuera de la
comunidad evangélica completa. En última consecuencia, esto significa que los altos liderazgos de
las iglesias evangélicas, casi en su totalidad, ya han sido acondicionados para incorporarse al
sistema político-religioso del anticristo en un futuro no muy lejano. Y esto sin que los miembros
comunes, y aun muchos pastores locales, siquiera se hubieran enterado.

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