0% encontró este documento útil (0 votos)
33 vistas18 páginas

Fallo N M C

La sentencia definitiva N° 119.223 aborda el caso de despido de María Cecilia Nesci por parte de QBOX S.A., donde se discute la validez del despido y la existencia de justa causa. El tribunal confirma la decisión de primera instancia, argumentando que la demandada no acreditó el incumplimiento que justificara el despido y que la discrepancia médica no fue adecuadamente resuelta. Además, se desestima la reparación por daño moral, considerándose que no hubo conducta ilícita por parte del empleador.

Cargado por

nalarcon
Derechos de autor
© © All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como PDF, TXT o lee en línea desde Scribd
0% encontró este documento útil (0 votos)
33 vistas18 páginas

Fallo N M C

La sentencia definitiva N° 119.223 aborda el caso de despido de María Cecilia Nesci por parte de QBOX S.A., donde se discute la validez del despido y la existencia de justa causa. El tribunal confirma la decisión de primera instancia, argumentando que la demandada no acreditó el incumplimiento que justificara el despido y que la discrepancia médica no fue adecuadamente resuelta. Además, se desestima la reparación por daño moral, considerándose que no hubo conducta ilícita por parte del empleador.

Cargado por

nalarcon
Derechos de autor
© © All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como PDF, TXT o lee en línea desde Scribd

SENTENCIA DEFINITIVA N° 119.

223 CAUSA N° 13301/2021 - SALA IV


-“NESCI, MARIA CECILIA c/ QBOX S.A. s/DESPIDO” - JUZGADO Nº 43 .
En la ciudad de Buenos Aires, capital de la República Argentina, a los 14 días de
abril de 2025, reunidos en la Sala de Acuerdos quienes integran el Tribunal en
carácter de vocales, a fin de considerar los recursos interpuestos contra la
sentencia apelada, se procede a oír sus opiniones en el orden de sorteo
practicado al efecto, resultando así la siguiente exposición de fundamentos y
votación:
El doctor Héctor C. Guisado dijo:
I. Contra la sentencia de primera instancia se alza la accionada a
tenor del memorial de agravios que obra en soporte digital, que recibió réplica de
la contraria. También cuestiona la accionada los estipendios de la parte actora y
de los peritos por elevados, mientras que el letrado de la recurrente y el perito
psiquiatra cuestionan los suyos al reputarlos insuficientes.
II. La recurrente se agravia de que el sentenciante de grado no haya
considerado acreditado el despido con justa causa, pese a las pruebas
aportadas en autos. Sostiene que el magistrado erróneamente interpretó que la
actora negó la totalidad de los hechos, cuando en realidad reconoció el control
médico ejercido por la demandada y solo discrepó con las conclusiones de los
profesionales intervinientes respecto de su aptitud para retomar sus labores.
Asimismo, la recurrente aduce que acreditó la justa causa del despido
mediante un acta notarial que constató dictámenes médicos que otorgaban el
alta laboral a la actora, publicaciones en LinkedIn donde ella manifestaba la
finalización de su relación con la empresa y su disponibilidad para nuevos
desafíos, así como informes de la consultora Randstad sobre postulaciones
laborales. Alega que el sentenciante valoró livianamente el contenido del acta
notarial, sin considerar su plena validez probatoria en ausencia de redargución
de falsedad.
Por otro lado, cuestiona que el juez omitiera valorar prueba testimonial
relevante, en particular la declaración de una testigo ofrecida por la propia parte
actora, quien habría afirmado que la trabajadora ingresó a un nuevo empleo en
junio de 2020, lo que demostraría su capacidad laborativa. También sostiene
que la prueba informativa al Correo Oficial y la escribanía respaldan la postura
de la demandada respecto de los controles médicos y la forma en que se
extinguió el vínculo.
Finalmente, la recurrente objeta que el sentenciante haya desestimado
las declaraciones de testigos bajo la premisa de que eran empleados en relación
de dependencia, lo que considera contrario a la normativa procesal. Asimismo,
sostiene que no existía obligación de implementar un procedimiento
administrativo de junta médica y que no se acreditó en autos ninguna suma

Fecha de firma: 16/04/2025


Alta en sistema: 08/05/2025
Firmado por: MANUEL PABLO DIEZ SELVA, JUEZ DE CAMARA
1
Firmado por: HECTOR CESAR GUISADO, JUEZ DE CAMARA
Firmado por: GRACIELA GONZALEZ, SECRETARIA DE CAMARA

#35443009#451690114#20250414105704024
adeudada conforme el artículo 213 de la LCT. Con base en ello, afirma que el
fallo es arbitrario y que la condena se basó en valoraciones parciales e
infundadas de la prueba.
Adelanto que, desde mi perspectiva, cabe confirmar lo resuelto en el fallo
anterior
Hago esta afirmación pues, aún de considerar que la empleadora contara
con un informe médico que dictaminara que la trabajadora se encontraba con
plena aptitud para retomar tareas, nos encontraríamos ante un supuesto de
discrepancia entre los diagnósticos del médico tratante del actor y del servicio
médico de la empleadora.
En esta inteligencia, tal como sostuvo esta Sala en reiteradas
oportunidades, “ante una enfermedad inculpable (art. 208 L.C.T) y cuando existe
discrepancia entre el diagnóstico del médico del trabajador y el profesional que
efectúa el control en representación del empleador (art. 210 L.C.T), el
interrogante se suscita acerca de sí cabe otorgarle preeminencia a la opinión de
uno u otro galeno, ante la ausencia de un “Tribunal Médico” como el que
suprimió la ley 21.297 que dependía del entonces Ministerio de Trabajo –
Departamento de Reconocimientos Médicos- y cuyas facultades estaban
reguladas por el decreto 825/74 y que comprendían la de “´determinar el grado
de incapacidad o condiciones de salud cuando haya discrepancias con el
empleador´” (v. esta Sala, S.D. Nº 97.908 “Gentile María Rosa c/
Gerenciamiento Hospitalario S.A s/ despido”)
Ahora bien, la jurisprudencia de esta Cámara ha establecido que, frente a
las discrepancias entre los criterios médicos de los profesionales del trabajador y
del empleador acerca de la aptitud del trabajador para retomar tareas, y la
ausencia de organismos oficiales donde se pudiera dirimir la cuestión, de
conformidad con el deber de diligencia e iniciativa que el artículo 79 L.C.T le
impone al empleador, es éste quien debe arbitrar –por encontrarse en mejores
condiciones fácticas- una prudente solución para determinar la real situación de
salud del trabajador. De este modo, el obrar prudente del empleador le exige,
cuando menos, la realización de una tercera consulta y si continuara la
discrepancia, puede para ello designar una junta médica con participación de
profesionales de ambas partes, requerir la opinión de profesionales de algún
organismo público e incluso zanjar la cuestión en forma administrativa o judicial
(v. en este sentido CNAT, Sala VIII, 31-10-89, “Monzón c/ Piso Uno S.A”, T y S S
1990-243; Sala III, 8-2-2000, “Remón, María c/ Eurosat S.A”; y Sala VII, 17-9-
2003, S.D Nº 36.961“Barbe, José María c/ Metrovías S.A”).
Sin embargo, la accionada no procedió de tal modo sino que citó a la
accionante por lo menos en dos oportunidades a control médico –que concluyó

Fecha de firma: 16/04/2025


Alta en sistema: 08/05/2025
Firmado por: MANUEL PABLO DIEZ SELVA, JUEZ DE CAMARA
2
Firmado por: HECTOR CESAR GUISADO, JUEZ DE CAMARA
Firmado por: GRACIELA GONZALEZ, SECRETARIA DE CAMARA

#35443009#451690114#20250414105704024
que se encontraba apto para retomar las labores- cuando aun no contaba con el
alta médica de su profesional tratante para retomar sus labores habituales.
Por otra parte, más allá de que asiste razón a la accionada en cuanto
afirma que algunas de las intimaciones cursadas fueron dirigidas a la profesional
tratante de la actora para que concurriera junto con Nesci a los controles
dispuestos por la demandada (las cuales fueron “rechazadas” por el destinatario
cfr. lo informado por el Correo), en verdad no se advierte que se haya
garantizado un procedimiento adecuado para resolver la discrepancia entre los
dictámenes médicos, dado que de los términos del intercambio telegráfico surge
que únicamente estaría presente un profesional por cada una de las partes, sin
que se constituyera, asimismo, un tercero imparcial que pudiera resolver las
diferencias que allí se suscitaran.
En tal contexto, sabido es que el deber de buena fe debe ser exigido a
ambas partes. Constituye un patrón de conducta que obliga tanto al empleador
como al trabajador a actuar lealmente en el ejercicio de sus derechos y en el
cumplimiento de sus obligaciones, preservando el contrato de trabajo y evitando
un accionar abusivo. El art. 63 de la LCT prevé expresamente que este deber es
exigido a las partes tanto al celebrar o ejecutar como al extinguir la relación
laboral.
En este marco, tampoco resulta determinante la circunstancia de que la
actora hubiera manifestado en una publicación de LinkedIn su disponibilidad
para nuevos desafíos o que se haya postulado a través de la consultora
Randstad para otros empleos. En primer lugar, cabe señalar que la agencia de
empleo informó que no poseía registros sobre dichas postulaciones, lo que
impide atribuirles la entidad probatoria que pretende la recurrente. Pero, aun si
se tuviera por acreditado que la trabajadora efectivamente buscaba nuevas
oportunidades laborales, ello no conduce necesariamente a la conclusión de que
se encontraba en condiciones de reintegrarse a su puesto en la demandada.
Máxime cuando en el proceso se planteó que la patología padecida encontraba
su origen en las condiciones de trabajo en QBOX, lo que torna razonable que la
actora no estuviera en condiciones de retomar tareas en dicha empresa, aunque
sí pudiera considerar alternativas en otros ámbitos laborales.
Tampoco resulta atendible el planteo de la recurrente respecto de la
valoración de la prueba testimonial, en tanto la sola declaración de una testigo
sobre el ingreso de la actora a un nuevo empleo en junio de 2020 no permite
acreditar la existencia de justa causa para el despido. En efecto, el desempeño
en otro trabajo no implica necesariamente que la actora estuviera en condiciones
de reincorporarse a la demandada, ni desvirtúa la existencia de la discrepancia
médica que debió haber sido dirimida por los canales correspondientes.

Fecha de firma: 16/04/2025


Alta en sistema: 08/05/2025
Firmado por: MANUEL PABLO DIEZ SELVA, JUEZ DE CAMARA
3
Firmado por: HECTOR CESAR GUISADO, JUEZ DE CAMARA
Firmado por: GRACIELA GONZALEZ, SECRETARIA DE CAMARA

#35443009#451690114#20250414105704024
Asimismo, cabe destacar que la alegada falta de exclusividad en la
relación laboral no resulta un elemento determinante en el caso, pues lo que se
encuentra en debate no es la existencia de otro empleo en sí misma, sino la
justificación del despido con causa decidida unilateralmente por la empleadora
sin haber agotado los medios razonables para esclarecer la situación médica de
la trabajadora.
En consecuencia, y dado que la demandada no logró acreditar en autos
que la actora hubiera incurrido en un incumplimiento grave y de entidad
suficiente para justificar la disolución del vínculo en los términos del artículo 242
de la LCT, corresponde desestimar los agravios y confirmar lo decidido en la
instancia de grado.
III. Se agravia la accionada por la admisión de una reparación por daño
moral. Destaca que el decisorio parece abordar la cuestión como si se tratara de
un reclamo derivado de un accidente de derecho común, cuando en rigor se
encuentra en juego la extinción de un vínculo laboral, materia regulada por la
Ley de Contrato de Trabajo bajo un sistema tarifado.
Aduce que la jurisprudencia mayoritaria ha rechazado la procedencia del
daño moral en casos de despido, en tanto la indemnización prevista en el
artículo 245 de la LCT abarca la totalidad de los perjuicios derivados del
distracto. En sustento de su postura, cita diversos precedentes que concluyen
que el resarcimiento adicional por daño moral solo resulta admisible en
circunstancias extraordinarias, cuando el empleador incurre en conductas de
carácter delictual o cuasidelictual, lo que en la especie no se acreditó.
Adelanto que, desde mi perspectiva, le asiste razón.
En primer lugar cabe señalar que, más allá de posiciones de orden moral
o ético que podrían sostenerse en relación con el caso en consideración, la ley
no mejora el nivel de estabilidad en el empleo de los trabajadores que, por
alguna razón, adquieren una disminución de su capacidad laboral. En efecto,
tanto esos empleados, como aquellos que se hallan en la plenitud de sus
capacidades físicas y mentales, podrían ser despedidos válidamente por sus
empleadores sin causa justificada (aunque en el caso de autos el accionante se
consideró despedido por otras cuestiones, a las que aludí previamente), caso en
el que sólo son acreedores a las indemnizaciones tabuladas que el
ordenamiento legal prevé para tal supuesto (como regla, las previstas en los
artículos 156, 232, 233 y 245 LCT).
No obstante lo expuesto, admito que la solución varía si la motivación
trasciende la simple disminución de la capacidad laboral del empleado y – es de
suponer – la incidencia que ésta ha de tener en su rendimiento en el trabajo, y
se proyecta de modo negativo sobre aspectos personales del empleado
afectado que – según los casos – pueden abarcar sus hábitos, sus costumbres y

Fecha de firma: 16/04/2025


Alta en sistema: 08/05/2025
Firmado por: MANUEL PABLO DIEZ SELVA, JUEZ DE CAMARA
4
Firmado por: HECTOR CESAR GUISADO, JUEZ DE CAMARA
Firmado por: GRACIELA GONZALEZ, SECRETARIA DE CAMARA

#35443009#451690114#20250414105704024
– en alguna medida – sus creencias y que lo colocan en una posición de
desprestigio y descrédito frente al resto, lo que normalmente ocurre en relación
con enfermedades que – normalmente por falta de conocimiento - tienen
asociada una importante carga conceptual acerca de quienes las padecen, tal
como ocurre, por ejemplo, con el HIV. Es claro que esta situación no se presenta
en el caso, ya el impedimento para la realización de sus labores habituales en
ciertos períodos es atribuible a dolencias padecidas como consecuencia de una
enfermedad inculpable, que no podría razonablemente generar posiciones
negativas acerca de sus cualidades personales, aspecto sobre el que, de
cualquier modo, nada se ha invocado ni probado.
Nótese, en este sentido, que no se encuentra discutido en autos que la
actora gozó de licencia por enfermedad paga durante los períodos que así lo
requirió.
Además, tal como sostuve en reiteradas oportunidades, el resarcimiento
tarifado excluye la posibilidad de acumular una indemnización destinada a
reparar el daño moral, salvo que se vislumbre un acto ilícito llevado a cabo por la
contraparte, en este caso la empleadora, que no se advierte en la especie.
Por los motivos expuestos, cabe admitir la queja del recurrente y dejar sin
efecto la reparación por daño moral. Por ello cabe reducir el monto de condena a
la suma de $2.701.009,08 ($3.439.425,08 - $738.416).
IV. Seguidamente me abocaré al tratamiento de los planteos de la
accionada tendientes a cuestionar la improcedencia de la duplicación
indemnizatoria establecida por DNU 34/19, dado que sostiene que es
inconstitucional porque no respeta los lineamientos constitucionales en torno de
la improcedencia de que el Poder Ejecutivo dicte disposiciones de carácter
legislativo. También destaca que en el presente caso se trata de un despido por
justa causa y no, uno sin justificación, como el que propone la norma.
Sin embargo, comparto la solución de grado, por los motivos que
seguidamente expresaré.
Digo ello pues la Comisión Bicameral Permanente prevista en los arts. 99
inc. 3 y 100, incisos 12 y 13 de la Constitución Nacional aconsejó declarar la
validez de esos decretos1 y el Senado de la Nación a través de la Resolución
75/2021 declaró la validez de los decretos 34/2019, 156/2020, 528/2020,
624/2020, 761/2020, 891/2020, 961/2020, 39/2021, 266/2021, 345/2021 y
413/2021, entre los cuales se encuentra el cuestionado, lo que echa por tierra el
razonamiento esbozado en el memorial de agravios.
Por lo demás, la Corte ha dicho de modo invariable que la escueta y
genérica alegación de la inconstitucionalidad, o la mera invocación de que se
habría violado una cláusula de la Constitución sin intentar siquiera demostrar las

1 https://www.senado.gob.ar/parlamentario/parlamentaria/34468/downloadOrdenDia
Fecha de firma: 16/04/2025
Alta en sistema: 08/05/2025
Firmado por: MANUEL PABLO DIEZ SELVA, JUEZ DE CAMARA
5
Firmado por: HECTOR CESAR GUISADO, JUEZ DE CAMARA
Firmado por: GRACIELA GONZALEZ, SECRETARIA DE CAMARA

#35443009#451690114#20250414105704024
razones de esa afirmación, no bastan para que los magistrados ejerzan la
atribución que reiteradamente ha calificado como la más delicada de las
funciones que pueden encomendarse a un tribunal de justicia y acto de suma
gravedad que debe considerarse como “última ratio” del orden jurídico (CSJN,
Fallos: 301:904; 312:72; 316:842; 316:1718; 321:1888; 322:842; 324:2327;
325:1922; 326:3852; 326:4105; 326:4193; 326:4727; entre muchas otras).
A ello cabe añadir que tal como lo he sostenido con anterioridad, respecto
de las disposiciones de la ley 25.561 que “como lo ha señalado la Corte
Suprema, en el régimen constitucional actual es deber inexcusable del Congreso
asegurar al trabajador un conjunto de derechos inviolables, entre los que figura,
de manera conspicua, el de tener protección contra el despido arbitrario -art. 14
bis, C.N.- (CSJN, 28/3/62, “Mata, José María c/ Ferretería Francesa S.A.”,
Fallos: 252:158). Desde esa perspectiva, las normas impugnadas no merecen
objeciones constitucionales, dado que se limitan a efectivizar esa tutela,
mediante una indemnización que no resulta caprichosa ni exorbitante (CSJN,
6/10/61, “Acebal, Héctor León c/ Acindar Industria Argentina de Aceros SA”,
Fallos: 251:21). A ello cabe agregar que el Congreso de la Nación posee
facultades suficientes para reforzar la protección ordinaria ordenando la
duplicación de las indemnizaciones por despidos sin causa justificada en una
situación de emergencia pública como la declarada (conf. Etala, Carlos A., “La
duplicación de las indemnizaciones durante el período de emergencia”, en “La
emergencia económica en el derecho del trabajo”, suplemento especial de la
revista Derecho del Trabajo, octubre de 2002, p. 24).
En el mismo sentido, la Sala VII de esta Cámara ha sostenido que no
parece irrazonable que, en el estado de emergencia que vive el país, el
legislador tienda a preservar la fuente de trabajo de los dependientes (art. 10 de
la LCT), en relación con el estado de emergencia ocupacional. Si bien no ha
logrado impedir los despidos, su objetivo ha sido brindar una herramienta
legislativa protectora para que disminuyeran (los despidos sin causa justificada o
con falsa invocación de causa) y también para que, si ellos se producen, la
contrapartida económica sea importante (CNAT, Sala VII, 26/2/04, exp.
18186/02, “Puric, Julia c/ Hotelería y Desarrollos SA s/ despido”)...” (ver, entre
otros, SD 94.431 del 26/11/2009 “Menéndez, Daniel Alfredo c/ Asociación
Francesa Filantrópica y de Beneficencia c/ Hospital Francés s/ despido”).
Finalmente, contrariamente a lo sugerido por la demandada, el recargo en
cuestión también procede en los casos como el presente, dado que aun cuando
la determinación de la existencia de justa causa de despido (despido directo o
indirecto) es, en última instancia, judicial, esta decisión es en cierto sentido
retroactiva al momento de la desvinculación, circunstancia que justifica, por

Fecha de firma: 16/04/2025


Alta en sistema: 08/05/2025
Firmado por: MANUEL PABLO DIEZ SELVA, JUEZ DE CAMARA
6
Firmado por: HECTOR CESAR GUISADO, JUEZ DE CAMARA
Firmado por: GRACIELA GONZALEZ, SECRETARIA DE CAMARA

#35443009#451690114#20250414105704024
ejemplo, el cómputo de intereses.
Cabe pues, desestimar la queja.
V. Se agravia la accionada por la admisión de una suma de dinero de
conformidad con las previsiones del art. 213 de la LCT. Afirma que “...no ha
despedido con JUSTA CAUSA, a una persona con una patología inculpable que
le hubiere impedido la prestación de tareas. Por el contrario, ha quedado
acreditado, que, independientemente de la patología, la aquí accionante, NO
TENÍA AFECTADA SU CAPACIDAD LABORATIVA. Por lo expuesto, no
corresponde dogmáticamente suma alguna en los términos del art. 213 de la
LCT…”.
Sin embargo, advierto que el fundamento recursivo gira en torno de la
preeminencia que otorgó al alta médica brindada por el personal del servicio
médico aunque no existen dudas que, en la especie, a la fecha en la que se
dispuso su despido, la trabajadora se encontraba en reposo bajo prescripción de
su profesional tratante (v. pág. 32).
Es por ello que cabe desestimar la queja.
VI. También cuestiona la demandada que se haya admitido la sanción del
art. 2 de la ley 25.323. Destaca que a partir de la entrada en vigencia de la ley
27.742 el incremento en cuestión quedó derogado. A todo evento, solicita que se
proceda a reducir o eximirlo pues sostiene que “...ha tenido razones fundadas
para considerar rechazar el reclamo en su totalidad…”.
En torno de la primera cuestión, cabe memorar que las modificaciones
introducidas por la ley 27.742 fueron posteriores a los hechos que dieron lugar a
las cuestiones aquí debatidas; y, por ende, éstas debían ser dilucidadas con las
normas vigentes al momento en que se configuraron (cfr. art. 7º del Código Civil
y Comercial), lo cual lo que obstaba, por sí solo, a su aplicación (v., en sentido
similar, esta Sala in re “Debbag, Norberto c/ Instituto Nacional de Servicios
Sociales para Jubilados y Pensionados s/ Otros reclamos”, SD Nº 116.172 del
30/04/2024; también, “Cordini Juncos, Martín Alejandro y otros c/ Comisión
Nacional de Regulación del Transporte s/ Despido”, expte. Nº 24.616/2020, SD
del 9/08/2024, del registro de la Sala II de esta Cámara).
Y, por lo demás, más allá de la denominación que intenta imponer el
recurrente, lo cierto es que en la norma se utiliza la expresión “indemnizaciones”,
que están destinadas a resarcir el perjuicio ocasionado por el incumplimiento de
la empleadora; de allí que no puede equipararse, en modo alguno, con
“penalidades” o “sanciones” en sentido estricto, propias del derecho penal
represivo -como pretende la apelante-, lo que termina de sellar la suerte adversa
del planteo.
Despejada esta cuestión, si bien comparto la tesis de que corresponde la
exoneración o reducción de dicha sanción en los casos en que existe una

Fecha de firma: 16/04/2025


Alta en sistema: 08/05/2025
Firmado por: MANUEL PABLO DIEZ SELVA, JUEZ DE CAMARA
7
Firmado por: HECTOR CESAR GUISADO, JUEZ DE CAMARA
Firmado por: GRACIELA GONZALEZ, SECRETARIA DE CAMARA

#35443009#451690114#20250414105704024
controversia seria y fundada sobre la causal del despido (cfr. CNAT Sala III,
18/6/02, “Martínez, María Jimena c/ Kapelusz Editora SA s/ despido”), esto es
cuando “la actitud de la empresa de no pagar y defenderse judicialmente no
merece ningún reproche, después de ejercer una defensa seria” (CNAT, Sala VI,
15/8/02, “Ares, Hugo E. C/ ACT S.A., DT, 2002-B-1810).
Sin embargo, no ocurre así en el caso de autos, pues, como se
desprende de lo expuesto en los considerandos anteriores, no existieron “causas
que justificaren la conducta del empleador”.
Cabe pues, desestimar la queja.
VII. También se agravia la accionada porque en el fallo anterior se
dispuso que el capital de condena se ajustaría de desde que cada suma es
debida y hasta su efectivo pago de acuerdo con las pautas del IPC con más una
tasa pura del 6%.
Como punto de partida, cabe señalar que, como explicaba hace ya varios
años Justo López, el principio “nominalista” es el más adecuado en épocas de
moneda estable o con lentas variaciones de valor, pero cuando no se verifica
esa situación, su aplicación hace que la moneda de curso legal deje de confiable
como medida de valor económico y resulta perjudicada su función como medio
de pago, porque no realiza efectivamente la satisfacción del acreedor. Y en
circunstancias de inflación intensa, si se mantiene aquel principio, los créditos se
volatilizan .
Uno de los arbitrios utilizados para conjurar ese deterioro ha sido la
actualización monetaria. En un señero fallo de 1973, la Sala II de esta Cámara
(con voto de Justo López al que adhirió Humberto Podetti) habilitó
pretorianamente dicha actualización, con el argumento de que no había razón
para que, al fijar los intereses moratorios, el juez dejara de considerar la
depreciación monetaria, pues si no resultaría que aquellos no compensarían el
daño sufrido .
Poco tiempo después, la ley 20.695 (sancionada el 11 de julio de 1974)
estableció que “los créditos provenientes de las relaciones individuales de
trabajo, demandados judicialmente, serán actualizados teniendo en cuenta la
depreciación monetaria, que se operara desde que cada suma es debida hasta
el efectivo pago. A tal fin, los jueces, de oficio o a petición de parte, aplicarán los
índices oficiales de incremento del costo de vida”, es decir lo que el INDEC llama
el índice de precios al consumidor (IPC). El texto de la ley 20.695 fue
reproducido muy poco después por la ley 20744 (LCT), vigente desde el 20 de
septiembre.
A su vez, la jurisprudencia de la Corte Suprema respaldó este mecanismo
de repotenciación de los créditos. Así, en 1976 el Alto Tribunal dictó dos fallos
en los que declaró la constitucionalidad de la ley citada 20.695: “Camusso Vda.

Fecha de firma: 16/04/2025


Alta en sistema: 08/05/2025
Firmado por: MANUEL PABLO DIEZ SELVA, JUEZ DE CAMARA
8
Firmado por: HECTOR CESAR GUISADO, JUEZ DE CAMARA
Firmado por: GRACIELA GONZALEZ, SECRETARIA DE CAMARA

#35443009#451690114#20250414105704024
de Marino, Amalia c/ Perkins S.A” y Valdez, José R. c/ Nación Argentina” . En
ellos sostuvo, entre otras consideraciones, que “el aumento en el monto nominal
en función de los índices oficiales de precios al consumidor no hace a la deuda
más onerosa en su origen, sólo mantiene el valor económico real frente al
paulatino envilecimiento de la moneda”.
También en 1976, la Corte dictó un tercer fallo (Vieytes de Fernández,
Juana, suc. c/ Provincia de Buenos Aires). En un juicio por cobro de alquileres, y
sin norma legal que impusiera la actualización, hizo lugar al reajuste del crédito
de la actora por depreciación monetaria, con invocación de la doctrina de
aquellos precedentes, es decir por fundamentos de índole constitucional. Esta
doctrina del Alto Tribunal influyó decisivamente en sendos fallos plenarios de la
Cámara Comercial y de la Cámara Civil, ambos de 1977, que habilitaron también
la actualización monetaria .
La reforma de 1976 (ley 21.297) modificó el punto de partida de la
actualización monetaria (que pasó a ser la fecha de promoción de la demanda) y
el índice (que pasó a ser el de salarios del peón industrial).
Pero esa modificación fue declarada inconstitucional por la Corte
Suprema de Justicia de la Nación en el caso “Valdez c/ Cintioni”, por entender
que, si bien el legislador tiene la facultad de establecer el criterio que estime
adecuado a la realidad para proceder a la actualización de los créditos laborales,
las cambiantes circunstancias pueden hacer que la solución legal no
ostensiblemente incorrecta, tal vez, en su inicio, se torne irrazonable y la norma
que la consagra devengue así indefendible desde el punto de vista
constitucional, que es lo acontecido con el índice salarial oficial del peón
industrial de la Capital Federal establecido por el art. 276 del Régimen de
Contrato de Trabajo, t. o., pues es manifiesto que dicho índice dista de reflejar
razonablemente el hecho notorio de emergencia inflacionaria durante el lapso
que interesa en el caso en litigio. Y agregó que, para el adecuado cobro del
crédito, éste deberá ser actualizado desde la fecha de promoción de la demanda
hasta el momento del efectivo pago, según las pautas que el tribunal de la causa
estime prudentes, sobre la base de criterios económicos objetivos de
ponderación de la realidad y evitando que la discrecionalidad judicial se
convierta en arbitrariedad .
Tras ese fallo, la ley 22.311 (de 1980) restauró, con pequeños cambios de
redacción, el texto originario del art. 276 de la LCT (t.o. 1976). Luego la ley
23.616 (de 1988) sustituyó el IPC nivel general por el IPC de la Capital Federal
y amplió el ámbito de aplicación de la actualización monetaria a los casos de
concursos y quiebras y a los créditos no demandados judicialmente.
En síntesis: entre 1976 y 1991, los créditos laborales, por expresa
disposición legal, avalada por la jurisprudencia de la Corte Suprema de Justicia

Fecha de firma: 16/04/2025


Alta en sistema: 08/05/2025
Firmado por: MANUEL PABLO DIEZ SELVA, JUEZ DE CAMARA
9
Firmado por: HECTOR CESAR GUISADO, JUEZ DE CAMARA
Firmado por: GRACIELA GONZALEZ, SECRETARIA DE CAMARA

#35443009#451690114#20250414105704024
de la Nación, se ajustaban con un índice oficial que, en la mayor parte de ese
período, era el IPC, con más un interés “puro”, que en el ámbito de la Capital
Federal era del 15% anual. Respecto de estos accesorios, la Corte sostuvo
reiteradamente que, tratándose de deudas de naturaleza laboral y aun cuando
estuvieran actualizadas, esa tasa del 15% no se mostraba como
manifiestamente injusta o irrazonable .
Pero en abril de 1991, la ley de convertibilidad 23.928 prohibió
expresamente toda actualización monetaria, indexación por precios, variación de
costos o repotenciación de deudas, hubiera o no mora del deudor, y derogó toda
disposición legal o reglamentaria que la previera.
En 2002, la ley 25.561 derogó las disposiciones de la ley 23.928 que se
referían a la convertibilidad del peso en relación con el dólar, pero mantuvo, con
apenas modificaciones formales, los artículos de aquella que prohibían toda
forma de actualización monetaria y derogaban toda norma que la previera.
Ese mismo año, el DNU 214/02 estableció un Coeficiente de
Estabilización de Referencia (CER) para los créditos que antes de la ley 25.561
habían sido contraídos en moneda extranjera, con la finalidad de equilibrar las
prestaciones. Pero aclaró expresamente que esa norma no derogaba la
prohibición de indexar establecida por los Artículos 7° y 10° de la Ley N° 23.928
en la redacción establecida por el Artículo 4° de la Ley N° 25.561, y que “Las
obligaciones de cualquier naturaleza u origen que se generen con posterioridad
a la sanción de la Ley N° 25.561, no podrán contener ni ser alcanzadas por
cláusulas de ajuste”.
Ahora bien, el abandono de la convertibilidad fue acompañado de la
devaluación del peso, que terminó con la estabilidad monetaria y provocó una
fuerte inflación , situación que perdura hasta nuestros días.
Ya en 2002 algunos autores pronosticaron que, tarde o temprano, la
actualización monetaria retornaría por vía de la jurisprudencia. Pero la solución
no es tan fácil, porque antes de 1991 no había norma expresa que la prohibiera,
y el obstáculo del nominalismo del art. 619 CC se zanjó por vía de la
interpretación armónica del ordenamiento jurídico. En cambio, ahora la situación
es distinta, ya que cualquier decisión judicial que ordene la actualización
requerirá una previa declaración de inconstitucionalidad de las normas que
expresamente la prohíben .
A su vez, la Corte Suprema declaró la validez constitucional de la
prohibición de indexar en varios fallos: “Chiara Díaz” (de 2006, sobre
actualización de remuneraciones de jueces provinciales), “Massolo” (de 2010,
sobre cláusula de ajuste valor dólar, ante el incumplimiento de un acuerdo de
pago de indemnización por accidente de tránsito), y “Puente Olivera” (2016,

Fecha de firma: 16/04/2025


Alta en sistema: 08/05/2025
Firmado por: MANUEL PABLO DIEZ SELVA, JUEZ DE CAMARA
10
Firmado por: HECTOR CESAR GUISADO, JUEZ DE CAMARA
Firmado por: GRACIELA GONZALEZ, SECRETARIA DE CAMARA

#35443009#451690114#20250414105704024
demanda por cobro de indemnizaciones por despido y comisiones, Sala III
CNAT).
En estos fallos, el Cimero Tribunal sostuvo, entre otras consideraciones,
que la decisión de invalidar una norma comporta la última ratio del orden juridico,
a la que sólo cabe acudir cuando no existe otro modo de salvaguardar algún
derecho o garantía amparado por la Constitución.
Vedada entonces la indexación por las leyes 23.928 y 25.561 (y por la
citada jurisprudencia de la Corte Suprema) la única vía que quedaba para la
adecuación de los créditos laborales sería la aplicación de intereses.
En un principio, el Alto Tribunal, en la causa “López, Antonio c/
Explotación Pesquera de la Patagonia SA” (de 1992) dispuso la obligatoriedad
de aplicar la tasa de interés pasiva promedio publicada por el BCRA.
Pero en mayo de 1994 la Corte dictó el fallo "Banco Sudameris c/ Belcam
S.A. y otra" , en el que se apartó del criterio de “López” y estableció que “la
determinación de la tasa de interés a aplicar como consecuencia del régimen de
la ley de convertibilidad 23.928… queda ubicada en el espacio de la razonable
discreción de los jueces de la causa que interpretan dicho ordenamiento”.
Ya desde 1991, esta Cámara fijó las tasas de interés para los procesos
sometidos a su conocimiento.
a.- Así, cuando se adoptó la convertibilidad y se eliminó la indexación
hasta entonces vigente, dictó la Resolución Nº 6/91, del 10/4/91, cuyo artículo 6°
establecía que “a partir del 1° de abril de 1991 se aplicará la tasa de interés que
resulte del promedio mensual de la tasa activa aplicada por el Banco de la
Nación Argentina para operaciones corrientes de descuento de documentos
comerciales”.
b.- Después del citado fallo "López, Antonio Manuel c/Explotación
Pesquera de la Patagonia S.A." de la Corte Suprema de Justicia, esta Cámara
adaptó el anterior criterio y sustituyó la tasa activa por la pasiva (Acta 2100 del
24/6/92).
c.- A partir del también mencionado fallo "Banco Sudameris c/Belcam S.A.
y otro", este Tribunal acordó, mediante acta 2155 del 9/6/94, dejar sin efecto el
punto 6º de la Resolución 6/91, así como su modificación por acta 2106; pero en
el mismo momento (aunque sin dejar constancia escrita de ello) acordó tasas de
interés fijas para períodos sucesivos, la última de las cuales era 12% anual.
d.- Desde 2002, en cambio, se decidió aconsejar la adopción de tasas
bancarias activas: el promedio mensual de la tasa activa fijada por el Banco de
la Nación Argentina para el otorgamiento de préstamos (Acta n° 2357 del 7 de
mayo de 2002), la tasa nominal anual para préstamos personales libre destino
del Banco Nación para un plazo de 49 a 60 meses (Actas n° 2601 del 21 de
mayo de 2014 y n° 2630 del 27 de abril de 2016) y la tasa activa efectiva anual

Fecha de firma: 16/04/2025


Alta en sistema: 08/05/2025
Firmado por: MANUEL PABLO DIEZ SELVA, JUEZ DE CAMARA
11
Firmado por: HECTOR CESAR GUISADO, JUEZ DE CAMARA
Firmado por: GRACIELA GONZALEZ, SECRETARIA DE CAMARA

#35443009#451690114#20250414105704024
vencida, cartera general diversa del Banco Nación (Acta n° 2658 del 8 de
noviembre de 2017).
Esa metodología nos parecía satisfactoria, pero con el tiempo advertimos
que, por más positivas que fueran las tasas activas usuales, su utilización en la
forma tradicional (plana o lineal, es decir, sin capitalización periódica) producía
en muchos casos, sobre todo en las acreencias más antiguas, la licuación del
valor del crédito.
Por eso, en septiembre de 2022 esta Cámara se reunió nuevamente y,
tras evaluar distintas opciones, se resolvió, por mayoría, mantener las tasas de
interés establecidas en las Actas CNAT Nros. 2601/14, 2630/16 y 2658/17, pero
con capitalización anual desde la fecha de notificación de traslado de la
demanda, y con la aclaración de que lo sugerido en ese acuerdo era para
aquellos créditos que no tuvieran un régimen legal en materia de intereses.
Asimismo, varias salas (entre ellas, la Sala IV que integro), disponían en sus
sentencias que, por aplicación del art. 771 del Código Civil y Comercial, el
resultado de este mecanismo de adecuación no podía exceder el importe que
resultara de actualizar el capital con el índice de precios al consumidor más una
tasa del 6% anual.
Sin embargo, la del Cimero Tribunal, en la causa “Oliva, Fabio Omar c/
COMA SA s/ despido” (del 29/2/24), revocó una sentencia de la Sala IX que
había aplicado el Acta n° 2764, con base en la doctrina de la arbitrariedad. Para
así decidir, el Alto Tribunal sostuvo, por un lado, que “la capitalización periódica
y sucesiva…no encuentra sustento en las disposiciones del CCC que el aquo
dijo aplicar”, pues el inciso “b” del art. 770 “alude a una única capitalización”; y,
por otro lado, expresó que esa capitalización periódica y sucesiva “derivó en un
resultado económico desproporcionado y carente de respaldo” porque el capital
nominal se había incrementado en un 7745,30%.
Esa decisión nos llevó a reunirnos nuevamente para ajustarnos a la
doctrina de la Corte. Así, en el Acta n° 2783 (del 13 de marzo del corriente año)
y en la Res. de Cámara n° 3 (del día 14 del mismo mes), por mayoría, se
resolvió “Reemplazar lo dispuesto por el Acta Nro.2764 del 07.09.2022 y
disponer, como recomendación, que se adecuen los créditos laborales sin tasa
legal, de acuerdo a la tasa CER (Coeficiente de Estabilización de Referencia)
reglamentada por el BCRA más una tasa pura del 6% anual, en ambos casos,
desde la fecha de exigibilidad del crédito hasta la fecha del efectivo pago; 2)
Disponer que la única capitalización del artículo 770 inciso b del Código Civil y
Comercial de la Nación se produce a la fecha de notificación de la demanda
exclusivamente sobre la tasa pura del 6% anual”. En los considerandos de dicha
acta se sostuvo, entre otras motivaciones, que “de conservarse la
recomendación de las tasas de interés de las Actas 2601/2014, 2630/2016 y

Fecha de firma: 16/04/2025


Alta en sistema: 08/05/2025
Firmado por: MANUEL PABLO DIEZ SELVA, JUEZ DE CAMARA
12
Firmado por: HECTOR CESAR GUISADO, JUEZ DE CAMARA
Firmado por: GRACIELA GONZALEZ, SECRETARIA DE CAMARA

#35443009#451690114#20250414105704024
2658/2017, todas ellas negativas -al menos aplicadas de manera plana-, se
produciría la pulverización de los créditos y, en consecuencia, la afectación de la
garantía de propiedad (artículo 17, CN) de acreedores/as que, por otro lado,
resultan sujetos de preferente tutela (artículo 14 bis, CN)”.
Pero, como es sabido, en fecha reciente, la Corte descalificó también este
método de actualización en la causa “Lacuadra, Jonatan Daniel c/DirecTV
Argentina S.A. y otros s/despido” (del 13/08/2024), porque consideró que el CER
en modo alguno es una tasa de interés “reglamentada por el BCRA”. Puntualizó
que “el artículo 768 del CCyCN establece tres criterios para la determinación de
la tasa del interés moratorio: lo que acuerden las partes, lo que dispongan las
leyes especiales y ‘en subsidio, por las tasas que se fijen según las
reglamentaciones del Banco Central’”. Agregó que “el método de reajuste
instituido por la cámara en el acta 2783/2024 implica apartarse sin fundamento
de las facultades acordadas a los jueces por el inciso c del artículo citado ya que
comporta la aplicación de un coeficiente para la actualización del capital y no de
una tasa de interés fijada según las reglamentaciones del Banco Central”. Puso
de relieve que “esta Corte ha sostenido reiteradamente que la imposición de
accesorios del capital constituye solo un arbitrio tendiente a obtener una
ponderación objetiva de la realidad económica a partir de pautas de legítimo
resarcimiento. Si ello no opera de ese modo, el resultado se vuelve injusto
objetivamente y debe ser corregido por los magistrados (Fallos: 315:2558;
316:1972; 319:351; 323:2562; 326:259; 347:100 entre otros)”. Tal era, a criterio
de la Corte, la situación que se configuraba en esa causa y concluyó que “la
forma en la cual se ha dispuesto la adecuación del crédito y la liquidación de los
accesorios conduce a un resultado manifiestamente desproporcionado, que
excede cualquier parámetro de ponderación razonable sin el debido sustento
legal (conf. artículo 771 del CCyCN)”.
Ese fallo motivó una nueva reunión de esta Cámara, en la que se resolvió
“Dejar sin efecto la recomendación efectuada en la Resolución de Cámara Nº3
de 14/03/24, dictada en el marco del Acta CNAT Nº2783 del 13/03/24 y Acta
CNAT Nº2784 del 20/03/24” (Acta n° 2788 del 21 de agosto de 2024), con lo
que, de hecho, se dejó librado al criterio de cada sala o juzgado la solución a
adoptar en el futuro en cada causa.
Por mi parte, he examinado cuidadosamente las distintas alternativas.
Como dije antes, ya en las reuniones que culminaron en la adopción del Acta n°
2764, advertí, al igual que mis colegas, que la utilización de una tasa bancaria,
aun la más alta de las fijadas según la reglamentación del Banco Central, solo
podía acercarse a una solución justa si se la aplicaba del mismo modo que la
aplican los bancos, es decir, con una capitalización periódica. Descartada esa
posibilidad, en virtud de la doctrina sentada por la Corte en el citado caso

Fecha de firma: 16/04/2025


Alta en sistema: 08/05/2025
Firmado por: MANUEL PABLO DIEZ SELVA, JUEZ DE CAMARA
13
Firmado por: HECTOR CESAR GUISADO, JUEZ DE CAMARA
Firmado por: GRACIELA GONZALEZ, SECRETARIA DE CAMARA

#35443009#451690114#20250414105704024
“OIiva”, y desechado también el empleo de tasas “multiplicadas”, a mérito del
criterio exteriorizado por el Alto Tribunal en el caso “García, Javier Omar y otro c/
Ugofe SA y otros s/ daños y perjuicios” , parecería que el único arbitrio
autorizado por la jurisprudencia de la Corte sería el recurso a una tasa de interés
activa con una única capitalización.
Pero ya anticipé que ese mecanismo conduce, al menos en muchos
casos, a la licuación del crédito. Así se verifica en el sub lite, pues el capital de
condena ($2.701.009), ajustado con las tasas activas de las actas 2601, 2630 y
2658 desde el 09/09/2020 (fecha a partir de la cual deben correr los intereses),
con una sola capitalización al 17/08/2021 (la fecha de notificación del traslado de
la demanda), arrojaría, al 31 de marzo de 2025, un monto de $20.626.496. Si en
cambio se utiliza, a los efectos de la comparación, el índice de precios al
consumidor (que, como señaló la Corte en reiterados pronunciamientos, sólo
mantiene el valor económico real frente al paulatino envilecimiento de la moneda
), se arribaría a un monto de $62.752.183.
Para evitar esa licuación del crédito del trabajador, y vedadas –como
vimos- otras opciones, solo queda, entonces, recurrir a la última ratio del orden
jurídico, que es la declaración de inconstitucionalidad, para el caso concreto, de
las normas de las leyes 23.928 y 25.561 que vedan la actualización de los
créditos. Ello es así, porque, como sostuvo la Corte Suprema en numerosas
oportunidades (entre otras, en el recordado caso “Valdez, Julio Héctor c/
Cintioni, Alberto Daniel”), si bien el legislador tiene la facultad de establecer el
criterio que estime adecuado a la realidad para proceder a la actualización de los
créditos laborales las cambiantes circunstancias pueden hacer que la solución
legal no ostensiblemente incorrecta, tal vez, en su inicio, se torne irrazonable y la
norma que la consagra devengue así indefendible desde el punto de vista
constitucional. Así ocurre, como anticipé, en el sublite, pues el art. 7 de la ley
23.928, texto según ley 25.561, en su aplicación al caso, conduce a la licuación
del crédito del trabajador y, consecuentemente, desconoce el principio de
razonabilidad, el derecho de propiedad del reclamante y no permite proveer una
tutela judicial eficaz -arts. 1, 17, 18, 28 y concs., CN- .
Removido ese obstáculo, considero que la actualización del crédito
mediante el índice de precios al consumidor, acompañado de una tasa de
interés “pura” del 3% anual, constituye un arbitrio razonable que contempla una
ponderación objetiva de la realidad económica a partir de pautas de legítimo
resarcimiento, en los términos de la doctrina de los mencionados precedentes
“Oliva” y “Lacuadra” de la Corte Suprema.
En abono de esta solución recuerdo que el art. 84 del DNU 70/2023 (B.O.
del 21/12/2023), ha propiciado la modificación del art. 276 de la LCT en el
sentido de que “los créditos provenientes de las relaciones individuales de

Fecha de firma: 16/04/2025


Alta en sistema: 08/05/2025
Firmado por: MANUEL PABLO DIEZ SELVA, JUEZ DE CAMARA
14
Firmado por: HECTOR CESAR GUISADO, JUEZ DE CAMARA
Firmado por: GRACIELA GONZALEZ, SECRETARIA DE CAMARA

#35443009#451690114#20250414105704024
trabajo serán actualizados y/o repotenciados y/o devengarán intereses”, con la
aclaración de que “la suma que resulte de dicha actualización y/o repotenciación
y/o aplicación de intereses en ningún caso podrá ser superior a la que resulte de
calcular el capital histórico actualizado por el Índice de Precios al Consumidor
(IPC) con más una tasa de interés pura del 3% anual”. Traigo a colación esta
norma, pues, más allá de su vicio de origen (que llevó a la Sala de Feria de esta
Cámara a suspender la aplicación del Título IV del citado DNU y a declarar su
invalidez constitucional ), revela, al menos, que el Estado Nacional ha
reconocido la necesidad de computar la inflación para compensar los efectos
negativos que ella misma provoca .
Además, actualmente se encuentran en trámite en el Senado de la Nación
al menos tres iniciativas que replican el texto del citado art. 84 del DNU 70/2023:
el Proyecto de ley n° S-0208/2024 ), el n° S-0724/2024 , y el n° S-459/2024 .
A su vez, varios tribunales provinciales han seguido la impronta de ese
DNU al disponer la actualización de créditos laborales por el IPC más un interés
del 3% anual.
Por todo lo hasta aquí expresado, y en plena coincidencia con los
fundamentos expuestos por mi distinguida colega, la Dra. Silvia E. Pinto Varela
en su voto (al que adherí) en la causa “Cambronero, Hernán Matías c/ Sentinell
SA s/ despido” (sentencia 117.125 del 26/8/2024), propicio modificar el fallo
apelado en lo referente a la adecuación del crédito, que se actualizará desde
que cada suma era debida hasta el efectivo pago mediante el IPC INDEC –Nivel
General-, con más un interés puro del 3% anual sobre el capital actualizado.
VIII. Respecto del planteo sobre las costas de la accionada, cabe señalar
que si bien se supeditó el agravio a que se revocara lo resuelto en el fallo
anterior y ello no ha sido admitido, lo cierto es que en atención a los términos de
la traba de litis, las constancias probatorias de la causa, y los rubros por los que
en definitiva prospera la acción, considero que la imposición de costas dispuesta
en la instancia de grado anterior se ajusta a derecho, por lo que propicio su
confirmación (art. 68 CPCC) y fijar las de alzada del mismo modo.
Cabe señalar que en la distribución de las costas no debe prevalecer un
criterio aritmético sino jurídico, atendiendo a la índole de las pretensiones de las
partes y a los rubros que resultaron procedentes, de manera que si –como
ocurre en el presente caso- el actor resultó vencedor en el pleito deben
imponerse en su totalidad a la demandada, aunque la demanda haya
prosperado por una suma inferior a la reclamada (ver, esta Sala in re “Díaz
Néstor Alejandro c/ Bayton SA y otro s/ Despido” SD 97.802 del 14/04/2014).
En atención a las modificaciones que he sugerido adoptar en el
considerando que antecede y lo expuesto en párrafos anteriores respecto del
monto de condena, cabe readecuar los estipendios reconocidos a los

Fecha de firma: 16/04/2025


Alta en sistema: 08/05/2025
Firmado por: MANUEL PABLO DIEZ SELVA, JUEZ DE CAMARA
15
Firmado por: HECTOR CESAR GUISADO, JUEZ DE CAMARA
Firmado por: GRACIELA GONZALEZ, SECRETARIA DE CAMARA

#35443009#451690114#20250414105704024
profesionales intervinientes, de conformidad con las pautas de la ley 27.423. Así,
en atención a la calidad y extensión de las labores desarrolladas y las pautas
arancelarias vigentes, propicio fijarlos en las cantidades de respectivamente, de
200 UMAS, 185 UMAS y 75 UMAS para la representación letrada de la parte
actora, demandada y perito psiquiatra.
En la Alzada cabe fijar los estipendios de los profesionales intervinientes
en el 30% de lo que le corresponde percibir a cada uno por su actuación en la
instancia anterior.
IX. En definitiva, de compartirse mi voto, corresponderá: 1) Modificar la
sentencia apelada y reducir el monto de condena a la suma de $2.701.009,08
que llevará el ajuste previsto en el considerando VII del presente voto. 2)
Reajustar los estipendios de los profesionales intervinientes en la primera
instancia a las cantidades de de 200 UMAS, 185 UMAS y 75 UMAS,
respectivamente, para la representación letrada de la parte actora, demandada y
perito psiquiatra. 3) Costas y honorarios en la Alzada conforme lo indicado en el
considerando VIII.
El doctor Manuel P. Díez Selva dijo:
Si bien no soslayo la opinión de parte de la doctrina (v. gr., Schiel,
Eduardo O. “Acerca de la aplicación de las llamadas “multas” con relación a las
situaciones jurídicas ocurridas antes de la sanción de la Ley de Bases”,
publicado en https://documento.errepar.com/doctrina/acerca-de-la-aplicacion-de-
las-llamadas-multas-con-relacion-a-las-situaciones-juridicas-ocurridas-
20240827152841496), así como lo expresado en la sentencia definitiva de la
Sala de Feria en la causa n° 56.862/2023, “Confederación General del Trabajo
de la República Argentina c/ Poder Ejecutivo Nacional s/ Acción de Amparo”, del
30/1/2024, en cuanto a que varias de las normas que se intentaban modificar a
través del DNU 70/2023 tienen naturaleza represiva o sancionatoria, al punto
que se las ha incluido como integrativas de un derecho penal laboral, ello no
significa que tales normas de orden sancionatorio (que se pueden hallar en
todas las disciplinas jurídicas), propias del derecho laboral, sean estrictamente
de idéntica naturaleza que las normas legisladas través del Código Penal y sus
leyes complementarias, al que resulta aplicable lo dispuesto por el art. 2° del
Código Penal de la República Argentina -ajenas en principio a la materia propia
del Fuero Laboral-.
Sin perjuicio de ello, de aplicarse el principio de la ley penal más benigna
(propio, reitero, del derecho penal y no de las disciplinas jurídicas diferentes que
puedan contener normas de carácter sancionatorio) en un caso como el de
autos, ello colisionaría directamente con el principio troncal de la disciplina
jurídica laboral, a saber, el principio protectorio del derecho del trabajo, que
otrora hube de definir como “aquello de lo cual procede el derecho del trabajo a

Fecha de firma: 16/04/2025


Alta en sistema: 08/05/2025
Firmado por: MANUEL PABLO DIEZ SELVA, JUEZ DE CAMARA
16
Firmado por: HECTOR CESAR GUISADO, JUEZ DE CAMARA
Firmado por: GRACIELA GONZALEZ, SECRETARIA DE CAMARA

#35443009#451690114#20250414105704024
fin de lograr un cierto equilibrio jurídico entre empleado y empleador en la
relación laboral en dependencia, y así permitir el imperio de la virtud de la
justicia en dicho tipo de vinculación particular” (cfr. de mi autoría, “Los créditos
laborales ante la insolvencia del empleador, Cathedra Jurídica, Buenos Aires,
2020, p. 27.), y del cual Martínez Vivot adujo: “La razón del nacimiento de
nuestro derecho es esencialmente protectoria. Se sancionan las normas legales
precisamente para proteger a los trabajadores, establecimiento limitaciones a la
libertad de contratación y desdeñando, por desigualdad notoria, la vigencia del
principio liberal de la autonomía de la voluntad de las partes en la creación de su
derecho” (cfr. Martínez Vivot, Elementos del derecho del trabajo y de la
seguridad social, Editorial Astrea, 1991, p. 71), principio que, a su vez, se
plasma en la legislación laboral argentina, de manera particular y entre otras
reglas hermenéuticas, a través del principio de la norma más favorable para el
trabajador (art. 9 de la LCT).
En otras palabras, resulta obvio que, aun si consideramos la naturaleza
sancionatoria de las normas invocadas por la parte demandada, el principio de la
ley penal más benigna (propio del Derecho Penal) colisionaría directamente con
la aplicación del principio de la norma más favorable para el trabajador (propio
del Derecho Laboral), y por ello, al ser éste específico (y fundante) de la
disciplina jurídica laboral, debe necesariamente prevalecer sobre aquél, y ello
que termina de sellar la suerte adversa del planteo.
Por otra parte, sin perjuicio de que sostuve en mi voto en los autos
“YTURRIA, FUNDORA ALIANDY C/ SKF ARGENTINA S.A. Y OTRO S/
DESPIDO” (causa N° 30.692/2016, SD N° 117.208 del 10/9/2024) la pertinencia
de declarar la inconstitucionalidad del art. 7° de la ley 23.928 (texto según el art.
4° de la ley 25.561), así como la aplicación, a los fines de adecuar el capital de
condena, del indicador salarial de naturaleza previsional elaborado por la
Subsecretaria de Seguridad Social denominado “Remuneración Imponible
Promedio de los Trabajadores Estables” (Ripte), con más un 7% anual de interés
puro sobre el capital, sin perjuicio de las facultades previstas en el art. 771 del
CCyCN, toda vez que dicho criterio no resulta mayoritario en la composición
actual de esta Sala (v. autos “CAMBRONERO, HERNÁN MATÍAS C/
SENTINELL S.A. S/ DESPIDO”, causa N° 30.741/2020, SD N° 117.125 del
26/8/2024; íd. “MACHADO MARTÍNEZ, WILSON C/ ÁLVAREZ CRESPO, JOSÉ
S/ DESPIDO”, causa N° 3.552/2017, SD N° 117.126 del 27/8/2024), por razones
de economía procesal he de adherir al voto anterior en dicho aspecto.
En tales términos, y en todo lo demás por análogos fundamentos, adhiero
al voto que antecede.
Por ello, el Tribunal RESUELVE: 1) Modificar la sentencia apelada y
reducir el monto de condena a la suma de $2.701.009,08 que llevará el ajuste

Fecha de firma: 16/04/2025


Alta en sistema: 08/05/2025
Firmado por: MANUEL PABLO DIEZ SELVA, JUEZ DE CAMARA
17
Firmado por: HECTOR CESAR GUISADO, JUEZ DE CAMARA
Firmado por: GRACIELA GONZALEZ, SECRETARIA DE CAMARA

#35443009#451690114#20250414105704024
previsto en el considerando VII del compartido primer voto. 2) Reajustar los
estipendios de los profesionales intervinientes en la primera instancia a las
cantidades de de 200 UMAS, 185 UMAS y 75 UMAS, respectivamente, para la
representación letrada de la parte actora, demandada y perito psiquiatra. 3)
Costas y honorarios en la Alzada conforme lo indicado en el considerando VIII
del compartido primer voto.
Cópiese, regístrese, notifíquese, y oportunamente devuélvase.

HÉCTOR C. GUISADO MANUEL P. DÍEZ SELVA


Juez de Cámara Juez de Cámara

ANTE MÍ:

GRACIELA GONZALEZ
Secretaria

Fecha de firma: 16/04/2025


Alta en sistema: 08/05/2025
Firmado por: MANUEL PABLO DIEZ SELVA, JUEZ DE CAMARA
18
Firmado por: HECTOR CESAR GUISADO, JUEZ DE CAMARA
Firmado por: GRACIELA GONZALEZ, SECRETARIA DE CAMARA

#35443009#451690114#20250414105704024

También podría gustarte