3º PREJUICIO LINGÜÍSTICO – UN ESTADO, UNA LENGUA
Tras investigar sobre el tema he llegado a la conclusión de que existen personas que creen que
en cada estado sólo se debería hablar una lengua. En la actualidad, en el mundo se hablan
aproximadamente seis mil lenguas en alrededor de doscientos cincuenta estados, por lo que
podemos concluir que esta idea es errónea y se trata de un prejuicio lingüístico, ya que para que
se hiciese realidad deberíamos hacer desaparecer cinco mil ochocientas de estas lenguas.
¿Pero de dónde surge esta idea? Todos, involuntariamente, tendemos a relacionar cada estado
con una lengua; por ejemplo, Italia con el italiano o Estonia con el estonio. Esto sucede, como
ya hemos visto, debido a que, aunque en una región se hablen diferentes variedad lingüística o
lenguas, una se impone como lengua vehicular, esto es, como lengua usada entre sus miembros
para facilitar la comunicación entre los mismos. Normalmente esa lengua goza del estatus de
lengua oficial, lo que la protege de la marginación, fragmentación y desaparición. Así, podemos
concluir que el ser una lengua oficial o no es lo que marca la diferencia en su porvenir porque,
como dice Rafael del Moral, este estatus trae consigo multitud de ventajas como son los medios
necesarios para su desarrollo como lengua de administración, enseñanza y cultura.
Muchas lenguas o variedades no reconocidas como oficiales que comparten territorio con otras
que sí lo son quedan postergadas a su extinción. La lengua romaní, por ejemplo, tiene millones
de hablantes por todo el mundo, pero no es reconocida como lengua oficial en ningún estado, lo
que ha supuesto la fragmentación y difícil situación actual.
Para hacer frente a esta situación, se creó la Carta Europea de las Lengua Minoritarias y
Regionales, un acuerdo entre países cuya finalidad es la defensa y promoción a todas las lenguas
habladas en el continente. Aunque la intención fuera buena, en la actualidad, muy pocos de los
países firmantes han ratificado la carta y, por consiguiente, fomentan la protección de las lenguas
que se hablan dentro de sus fronteras. Entre los países comprometidos se encuentra España que
además de reconocer el castellano como lengua oficial, y el euskera, catalán y gallego como
cooficiales en sus respectivas comunidades, reconoce como lenguas minoritarias y objeto de
protección el valenciano, aranés, bables, leonés y aragonés. Además, menciona el romaní, el
rifeño, el arabe marroquí o el portugues de olivenza como lenguas autóctonas que no son objeto
de protección.
En conclusión, todos los idiomas del mundo, por muy pocos hablantes que tenga, merecen tener
un estatus oficial que les respalde, ayude en su desarrollo y garantice su supervivencia durante
años. Como vascos y hablantes de una lengua minoritaria, que también sufrió de persecución en
el pasado, cabe preguntarse qué sería del Euskara hoy en día sin el apoyo de gobiernos,
instituciones y los ciudadanos. Como Tusón dice todos los hablantes tienen derecho a que su
lengua (ya sea minoritaria o no) obtenga el estatus merecido; el de ser usadas como lengua de
cultura y administración.