-"En las vastas llanuras de Europa oriental, donde el Danubio se enrosca como una serpiente
de plata entre las colinas, emergió en el siglo VI de nuestra era una fuerza nómada que haría
temblar a emperadores, doblegaría ciudades fortificadas y pondría en jaque a la mismísima
Constantinopla..."
"Fueron jinetes sin rostro, astutos en la estrategia, maestros en la guerra móvil. Llegaron
desde el Este como una tormenta de pasos olvidados: eran los ávaros."
"Durante más de dos siglos, su nombre inspiró temor y respeto entre romanos orientales,
francos y eslavos. El Imperio romano de Oriente los sobornaba. El Imperio carolingio los
enfrentaba. Y el corazón de Europa... les pertenecía."
"Pero ¿quiénes fueron realmente los ávaros? ¿Un imperio de sombras o los arquitectos de un
nuevo orden en las estepas?"
"En el presente Histórico, exploraremos el ascenso y la caída del Qaganato Ávaro: sus
secretos, sus guerras, su cultura, y el legado que aún susurra bajo las tierras del Danubio."
"Prepárate para cabalgar con los señores de la estepa."
?ᄌマ (Logo del canal / título del episodio se desliza suavemente por la pantalla)
ÁVAROS: EL IMPERIO NÓMADA QUE DESAFIÓ A EUROPA.
Ávaros: Señores nómadas de los Cárpatos.
A mediados del siglo VI, un grupo étnico de origen estepario irrumpió en el escenario europeo: los
ávaros. De procedencia incierta —posiblemente de Asia Central, con nexos culturales y militares
con pueblos túrquicos y mongólicos—, estos jinetes se establecieron en la cuenca de los Cárpatos,
fundando un poderoso qaganato que dominaría la región durante casi dos siglos.
Los ávaros fueron una de las más enigmáticas y formidables potencias nómadas de la
Tardoantigüedad y la Alta Edad Media, dominando durante siglos la cuenca de los Cárpatos y
ejerciendo una influencia decisiva en el devenir político, militar y cultural de Europa oriental.
Uno de los aspectos más llamativos de los ávaros fue su capacidad de adaptación y de innovación
tecnológica. Aunque el Strategikon —manual militar atribuido al emperador Mauricio— no
menciona explícitamente que los ávaros introdujeran los estribos en Europa, sí reconoce que
numerosas prácticas militares romanas fueron influenciadas por ellos. Estas incluían el uso de
lanzas largas con correas y pendones, túnicas anchas para la monta, pesadas armaduras lamelares
para caballos, tiendas portátiles y otras técnicas que definían el arte de la guerra a caballo.
De hecho, la destreza de los ávaros en el combate a caballo fue tal que las tropas romanas intentaron
emular sus métodos, entrenando para disparar flechas a toda velocidad desde la montura y luego
cambiar rápidamente a la lanza, como ellos hacían. Su dominio del terreno, la rapidez de sus
incursiones y su predilección por el engaño y la guerra relámpago hicieron de ellos un enemigo
formidable.
En la batalla, los ávaros empleaban tácticas que priorizaban el ataque nocturno, la sorpresa y la
interrupción de las líneas de suministro enemigas, aunque no dudaban en combatir en campo abierto
cuando era necesario. A veces obtenían grandes victorias, como en Heraclea e Iatrus; otras, sufrían
severas derrotas, como en el río Tisza en el 599.
Culturalmente, su legado también es palpable. La arqueología ha revelado su maestría en la
orfebrería y la metalurgia. Aunque después del año 650 dejaron de producir objetos con tecnología
merovingia, su contacto con Bizancio dejó huella en sus técnicas de manufactura y decoración. La
elaboración de hebillas, broches y ornamentos sofisticados demuestra una compleja red de
conexiones comerciales y culturales que los integraba al mundo bizantino y más allá.
El análisis de artefactos ávaros, especialmente del período tardío, ha revelado el uso de aleaciones
de latón y procedimientos de fundición avanzados. Estos hallazgos sitúan al qaganato ávaro no
como una entidad meramente bárbara, sino como una civilización con una artesanía refinada y
códigos estéticos propios.
Políticamente, los ávaros establecieron una estructura jerárquica centrada en el "qagan", aunque su
identidad y la de sus subordinados no siempre ha estado del todo clara. Las fuentes romano
orientales a veces empleaban los términos “ávaro” y “eslavo” de manera intercambiable o ambigua,
lo cual complica la reconstrucción precisa de su organización interna y de sus vínculos con pueblos
vecinos como los búlgaros.
El legado ávaro perdura en las tradiciones, nombres y estructuras políticas de Europa oriental. Su
qaganato fue uno de los pilares fundamentales del equilibrio de poder en la región hasta su colapso
en el siglo IX, cuando fueron suplantados por nuevas fuerzas, entre ellas los búlgaros y los
magiares. Sin embargo, durante más de dos siglos, los ávaros representaron el arquetipo del
guerrero de la estepa, y su sombra se proyectó tanto en la política imperial romana oriental como en
las crónicas monásticas del occidente latino.
Los primeros pasos del Qaganato.
La llegada de los ávaros marcó una transformación radical en la dinámica sociopolítica del centro
de Europa. Aprovechando el vacío de poder dejado por la decadencia de los gépidos y la retirada
parcial de los longobardos, establecieron su hegemonía en la llanura húngara. Su sistema de poder,
típicamente nómada, giraba en torno a la figura del Qagán, un gobernante supremo cuyo poder
combinaba liderazgo militar, control espiritual de las diferentes tribus y la redistribución de riquezas
obtenidas mediante tributos y botines.
Teofilacto Simocates, historiador romano oriental nos
cuenta lo siguiente sobre los ávaros describiendo las dos
últimas décadas del siglo VI.
Porque este mismo Qagan había superado de hecho al líder de la nación de los Abdali
(quiero decir, de hecho, de los Heftalitas, como se les llama), lo conquistó y asumió el
gobierno de la nación.
Entonces él... esclavizó a la nación Avar.
Pero que nadie piense que estamos distorsionando la historia de estos tiempos
porque suponga que los ávaros son aquellos bárbaros vecinos de Europa y
Panonia, y que su llegada fue anterior a los tiempos del emperador Mauricio.
Los bárbaros del Ister recibieron el nombre de ávaros por un error de
denominación; el origen de su raza será revelado en breve.
Así, cuando los ávaros fueron derrotados (pues volvemos al relato), algunos de
ellos escaparon a los que habitan Taugast. Taugast es una ciudad famosa, que
está a un total de mil quinientas millas de distancia de los que se llaman
turcos, ... Otros de los ávaros, que declinaron a una fortuna más humilde a
causa de su derrota, llegaron a los que se llaman Moukri; esta nación es la
vecina más cercana a los hombres de Taugast;
Luego los chaganes se embarcaron en otra empresa, y sometieron a todos los
ogur, que es una de las tribus más fuertes por su gran población y su
entrenamiento armado para la guerra. Éstos tienen sus asentamientos en el
este, junto al curso del Til, que los turcos acostumbran a llamar Melas. Los
primeros líderes de esta nación se llamaban Var y Chunni; de ellos se derivó
también su nomenclatura, llamándose Var y Chunni.
Luego, mientras el emperador Justiniano estaba en posesión del poder real,
una pequeña parte de estos Var y Chunni huyó de esa tribu ancestral y se
estableció en Europa. Estos se autodenominaron ávaros y glorificaron a su líder
con el apelativo de Chagan. Declaremos, sin apartarnos en lo más mínimo de la
verdad, cómo les llegó el medio de cambiar su nombre.
Cuando los barsilos, onoguros, sabiros, y otras naciones hunas además de
éstas, vieron que una parte de los que aún eran Var y Chunni habían huido a
sus regiones, se sumieron en un pánico extremo, ya que sospechaban que los
colonos eran ávaros. Por esta razón, honraron a los fugitivos con espléndidos
regalos y supusieron que recibían de ellos seguridad a cambio.
Entonces, después de que los Var y los Chunni vieran el buen comienzo de su
huida, se apropiaron del error de los embajadores y se llamaron a sí mismos
ávaros: pues entre las naciones escitas se dice que la de los ávaros es la tribu
más adepta. De hecho, hasta nuestros días, los pseudoávaros (ya que es más
correcto referirse a ellos así) están divididos en su ascendencia, ya que algunos
llevan el nombre consagrado de Var mientras que otros se llaman Chunni.
Teofilacto Simocates, Historiae
La arqueología reciente ha permitido comprender mejor la estructura de este magnífico poder. La
organización funeraria, por ejemplo, revela jerarquías claras: los jinetes ávaros eran enterrados con
sus caballos y armas —arcos compuestos, puntas de lanza y cinturones ricamente decorados—, lo
que evidencia una élite guerrera dominante y una fuerte ideología militar.
Interacciones y multiculturalismo.
Contrario a la imagen monolítica y bárbara que proyectan las fuentes de los francos carolingios, el
Qaganato ávaro fue un entramado multicultural. Las excavaciones en regiones como Keszthely
revelan la coexistencia de comunidades romanas orientales bajo dominio ávaro. Estas poblaciones,
en algunos casos, gozaron de autonomía local hasta que las convulsiones internas —como la guerra
civil tras la derrota ante Constantinopla en 626— acabaron con esa pluralidad y condujeron a una
homogeneización cultural.
La vestimenta, los ajuares y las monedas halladas en distintos enterramientos dan testimonio de
intensas interacciones culturales con Bizancio, los eslavos, y los pueblos germánicos. Elementos
“exóticos” del atuendo ávaro aparecen incluso representados en manuscritos occidentales, como
símbolo del “Otro” oriental.
Relaciones con Bizancio y el mundo exterior.
El poder ávaro se consolidó gracias, en parte, a su capacidad de extraer tributos del Imperio
Romano de Oriente. Estos pagos, consistentes principalmente en monedas de oro, fluyeron de
manera sistemática hasta el año 626, cuando tras un fallido asedio conjunto a Constantinopla
aliados con los persas sasánidas, los pagos cesaron abruptamente. Sin embargo, nuevas remesas —
ahora más esporádicas y a veces privadas— comenzaron a llegar desde el 650 en adelante,
indicando un cierto acercamiento diplomático entre ambas potencias.
Estos vínculos también se revelan en el hallazgo de tesoros como el de Zemianský Vrbovok y en
monedas romanas orientales de plata (miliarensia y hexagramas), cuyo uso y circulación apuntan a
una economía mixta y flexible, no únicamente basada en la depredación o el saqueo.
La caída del Qaganato.
A pesar de su fortaleza inicial, el Qaganato ávaro comenzó a declinar a fines del siglo VIII de
nuestra era. La evidencia arqueológica apunta a una crisis prolongada, en parte reflejada en la
disminución de objetos valiosos en las tumbas y en el debilitamiento del poder central. La llegada
de Carlomagno y sus campañas contra los ávaros a partir de la década del 790 fue determinante. Los
anillos fortificados —como el célebre “anillo ávaro”— fueron asaltados por los carolingios y los
fastuosos tesoros imperiales trasladados a Aquisgrán.
El final del Qaganato no fue de alguna forma súbito. Algunas fuentes arqueológicas y crónicas
sugieren una convivencia entre los últimos ávaros y los primeros magiares en el siglo IX, una
coexistencia que todavía genera debates entre los historiadores húngaros.
Un legado subestimado.
Lejos de ser simples bárbaros o enemigos de la cristiandad, los ávaros fueron actores clave en la
configuración de la Europa central. Controlaron rutas de comercio, integraron diversas etnias bajo
su dominio y dejaron una huella duradera en la cultura material del continente. Su historia es un
testimonio de cómo un imperio nómada puede, en relativamente poco tiempo, transformar el mapa
político y cultural de toda una región.
FUENTES:
La otra Europa en la Edad Media: Ávaros, búlgaros, kazajos y cumanos.
Florin Curta y Roman Kovalev.
Teofilacto Simocates. Historiae y Cartas rústicas.