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Show

La escena se desarrolla en una habitación de hotel de estilo kitsch en los años 60, donde Lucho Peralta, un cantante, se prepara para un espectáculo mientras interactúa con Rubí, una mujer que parece ser parte de su vida personal y profesional. La tensión aumenta cuando Rubí revela que está embarazada, lo que desencadena una violenta reacción de Lucho, quien la maltrata y la presiona para que cumpla con sus demandas. La escena culmina con la llegada de Sotelo, quien interrumpe la situación, exigiendo que Lucho comience su show a tiempo.
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La escena se desarrolla en una habitación de hotel de estilo kitsch en los años 60, donde Lucho Peralta, un cantante, se prepara para un espectáculo mientras interactúa con Rubí, una mujer que parece ser parte de su vida personal y profesional. La tensión aumenta cuando Rubí revela que está embarazada, lo que desencadena una violenta reacción de Lucho, quien la maltrata y la presiona para que cumpla con sus demandas. La escena culmina con la llegada de Sotelo, quien interrumpe la situación, exigiendo que Lucho comience su show a tiempo.
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escena 1

HABITACIÓN DE HOTEL DE AMBIENTE KITSCH. LA DECORACIÓN ES


TÍPICA DE LOS 60, AÑOS EN LOS QUE TRANSCURRE LA OBRA. EL
AMBIENTE ESTÁ PLAGADO DE FALSOS LUJOS Y OROPELES: PAREDES
EMPAPELADAS CON FLORES ENORMES Y DE COLORES CHILLONES,
DORADOS EN LAS MESAS DE LUZ A AMBOS LADOS DE UNA CAMA
MATRIMONIAL. HAY TAMBIÉN UNA BARRA O MESITA CON BEBIDAS, UN
SILLÓN Y UN PAR DE SILLAS. LA“CUARTA PARED” TEATRAL, ES TODO
UNA PARED ESPEJADA EN LA QUE EN GRAN PARTE DE LA OBRA LOS
PERSONAJES NO SE HABLARÁN MIRÁNDOSE A LA CARA, SINO
MIRÁNDOSE A TRAVÉS DEL GRAN ESPEJO, ES DECIR, HACIA EL
PÚBLICO.

SE ABRE LA PUERTA DEL BAÑO Y SALE LUCHO PERALTA CON


PANTALÓN LARGO NEGRO CON BRILLO, ZAPATOS NEGROS (TAL VEZ
DE CHAROL) REMERA MUSCULOSA BLANCA Y CON SU PELO
PERFECTAMENTE ENGOMINADO. TIENE UN FINO BIGOTE
PROLIJAMENTE CORTADO. VA HASTA LA MESITA DE LUZ Y SE
ENCIENDE UN CIGARRILLO CON UN APARATOSO ENCENDEDOR
DORADO. SE TIRA UN MOMENTO EN LA CAMA, PENSATIVO. LUEGO
CONSULTA SU RELOJ PULSERA QUE HA DEJADO EN LA MESA DE LUZ, Y
DE INMEDIATO SE LEVANTA Y APAGA EL CIGARRILLO AL TIEMPO QUE
SE PONE SU RELOJ, UN ANILLO DE ÓNIX NEGRO QUE TIENE TAMBIEN
EN LA MESA DE LUZ. TOMA UNA CAMISA BLANCA, EXTENDIDA EN EL
RESPALDO DE UNA SILLA, Y SE LA PONE.

VUELVE A LA MESITA DE LUZ, ABRE EL CAJÓN Y SACA UNA CAJITA DE


MADERA CON DOBLE FONDO DE LA QUE EXTRAE UN SOBRE DE
COCAÍNA. SE LA LLEVA A LA NARIZ Y ESNIFA. LUEGO SE PONE DE PIE Y
SE DIRIGE A LA PARED ESPEJADA. CAMINA MIRÁNDOSE Y HACIENDO
LOS ÚLTIMOS RETOQUES A SU PEINADO CON UN CEPILLO. HECHO
ESTO, SEPONE EN “VENA” FRENTE AL ESPEJO, UTILIZANDO SU
CEPILLO A MODO DE MICRÓFONO. VA PRACTICANDO SUS ESTUDIADOS
ADEMANES.

LUCHO: Muchas gracias… Buenas noches, damas y caballeros. Es un honor


para mí, estar hoy aquí, en Mar del Pata, en este hotel de vacaciones del
prestigioso sindicato de los trabajadores textiles. Es mi deseo que, a partir de
este momento, puedan ustedes olvidarse por unas horas de sus
preocupaciones, para dejarse llevar por esta embriagadora noche estrellada, a
orillas del mar, escuchando estas bellas melodías que queremos compartir con
ustedes. Quiero pedir un fuerte aplauso para el maestro Ripamonti. (Al espejo
público. sonríe evocando). Con el maestro venimos recorriendo el mundo
desde hace varios años, escenario tras escenario, canción tras canción, amor

1
tras amor, olvido tras olvido... (Se va poniendo meláncólico en su alocución
como si ya estuviera en el show y se oyera el piano tocando la introducción de
una canción). Porque esta profesión maravillosa de cantarle al amor por todo
el mundo también tiene sinsabores. (Cierra los ojos, repasando cada
movimiento que hará en su show. Al fondo, comienza a abrirse la puerta de la
habitación muy lentamente, sin ningún ruido. Con paso muy sigiloso se asoma
Rubí. Es una mujer de unos veinticinco años. lleva una larga bata de seda que
cubre sus ropas sexys para hacer strep tease. El atuendo es muy llamativo y
acorde a la moda de los tiempos: lleva zapatos de tacones altos y el pelo teñido
de rubio, armado con casco de spray. Lleva en su mano una botellita de coca
cola con un sorbete. La fugaz ilusión de haber encontrado el amor en los labios
de una mujer, una noche como esta, para luego partir con la llegada del alba
hacia otros lejanos confines del planeta dejando atrás: “Jirones de Vida”.
Comienza a cantar y Rubí lo mira emocionada). “Sin ti nada soy / no quiero ya
más vivir / y si con mi vida no termino / es por temor de no encontrarte al
morir”. (Abre los ojos con gesto dramático, tal como lo propone la canción. Al
hacerlo ve a través de la pared espejada a Rubí. Se enfurece al ser descubierto
en algo tan íntimo). ¿Qué estás mirando, pelotuda? ¿Cuántas veces te dije que
no entres sin golpear? ¿Querés que te cague a palos?(Va hacia ella furioso y
amaga a pegarle). Rubí se cubre para que no le pegue. ¡La puta que te parió!
¡Mirá cómo me hacés poner antes de salir a escena!

RUBÍ: Disculpame... no quise golpear porque escuché que estabas


ensayando...

LUCHO: (Preocupado)¿Qué? ¿Se escucha todo de afuera?

RUBÍ: Un poco....

LUCHO: (Consulta el reloj). Puta madre... ¡Qué cagada si alguien me escuchó!


(Pequeña pausa).Voy a tener que cambiar la introducción....

RUBÍ: ¿Para qué?

LUCHO: (Irritado)¿Para qué va a ser? ¡Para que parezca espontánea, boluda !


(Da unas vueltas preocupado. En silencio, ella lo mira.) Má si... la hago como
siempre... total… ¡qué saben estos negros de mierda, sindicalistas!
(Imperativo) Traeme el moño. (Lleva una silla frente a la pared espejada y se
sienta).

RUBÍ: (Busca el moño en el placard de sus cosas). Mientras tanto Lucho se


retoca el peinado, hace gestos en el espejo. ¿Dónde lo pusiste?

LUCHO: No sé, debe andar por ahí... servime un whisky y traeme un pucho
prendido.

RUBÍ: No te conviene fumar antes de cantar.

2
LUCHO: (La fusila con la mirada a través del espejo). ¿Quién te pidió una
opinión a vos?

RUBÍ: Bueno... pará un poco... ¿Por qué me tratás así?

Siguen hablando a través de la pared espejada.

LUCHO: ¡Porque te encanta romperme las pelotas cada vez que estoy por salir
a escena!

RUBÍ: Bueno… entendeme… yo también me pongo nerviosa antes de salir a


escena... (Lucho se ríe despectivamente.) ¿Por qué te reís?

LUCHO: (Burlón) No me hagás hablar... traeme el whisky y el faso y búscame


ese moño de una vez... (Se queda haciendo ejercicios faciales para aflojar la
cara y practicando caras estudiadas para el show. Rubí le alcanza el vaso y el
cigarrillo. Da un sorbo con asco.) Ajjj… Qué whisky falopa... estos hijos de puta
se toman ellos el importado y conforman a la negrada con esta mierda. ¿Ya
hablaste con el Perro Sotelo?

RUBÍ: (Detiene la búsqueda del moño.) Avergonzada)No.

LUCHO: ¿No te lo cruzaste cuando fuiste a buscar la coca?

RUBÍ: No. No había nadie en la confitería. Toda la gente ya está en el auditorio


del hotel.

LUCHO: No importa. Seguro que lo arreglamos todo después del show.


Atendeme bien: vos solamente vas con él o con algún otro secretario de alguna
seccional del interior que haya venido a la convención. (Rubí le da el moño que
ya ha encontrado.) ¿Estamos? Vas con quien te diga el Perro, pero ojo:
siempre de a uno. Nada de fiestas. ¿Me oíste?

RUBÍ: Lucho yo...

LUCHO: (La interrumpe). Pará, escuchame: vos hacé lo que te digo. O dejá,
mejor se lo digo yo cuando arregle la guita. Pero igual, ni bien termines el
show, vos te le pegás al Perro. Para la negrada trajeron esas ruteras
mugrientas, vos estás solamente para los capangas. ¿Estamos?

RUBÍ: No, Lucho. Quedamos en que yo iba a hacer nada más que el show. No
pienso meterme en la pieza de nadie.

LUCHO: (La mira a través del espejo con severidad) Te repito: vos te pegás al
Perro y vas nada más que donde él te diga.

RUBÍ: (Trata de enfrentarlo) ¡No! ¡No lo voy a hacer! Yo vine nada más que
contratada para el espectáculo, como vos. No me contrataron para venir a
trabajar de puta.

3
LUCHO: Justamente: eso lo arreglamos más tarde. Vos los dejás bien calientes
en el escenario y después yo me encargo del resto. Y ahora dejame solo que
ya tengo que salir y quiero prepararme un poco más. (Se para).Ayudame con el
saco. (Ella, obediente, lo trae y se lo pone. Es un saco de show, con tela
brillante con fantasías. mientras se lo acomoda habla con rubí a través de la
pared espejada pero más que a ella se habla a sí mismo). El Perro invitó a un
amigo de él de una discográfica. Si todo sale bien, es probable que me
produzcan el disco. Es un arreglo para salir de gira por todo el interior, para
promocionarlo en los hoteles de diferentes gremios. Es toda plata fija, segura.
Van a morder unos cuantos, pero a mí qué me importa si puedo grabar.
Siempre hay que entregar algo para empezar. Así hizo Frank Sinatra con la
mafia de Las Vegas. ¿Sabías eso?

RUBÍ: (Que está con el pensamiento en otro lado)No…

LUCHO: (Se ríe despectivamente) ¡Qué te pregunto a vos, si sos una bestia!
(Termina su pucho y se termina de acomodar el moño) Andate. Después del
show nos vemos. (Retrocede mirándolo a Lucho a través de la pared
espejada. se queda un momento así, mirando fijo, sin detener su
actividad). ¿Qué mirás con esa cara de boluda? ¿No me oíste?

RUBÍ: (Lanza de golpe su frase sin medir los efectos, en un impulso). Estoy
embarazada. (Lucho deja de acomodarse la ropa. Se queda rígido frente al
espejo. Sabe que Rubí está hablando de verdad. La mira fijo sin hablar. Mira
esperando una reacción en Lucho. Larga pausa tensa). ¿Qué pensás? ¿No
vas a decir nada?

LUCHO: (Con violencia contenida )No te muelo a palos, porque no te quiero


dejar marcas en el cuerpo antes del espectáculo. Tengo miedo de que a estos
negros de mierda, nuevos ricos, no les gusten las putas con moretones.

RUBÍ: ¡Yo soy tu mujer, Lucho! ¡Respetame!

LUCHO: (Burlándose) Disculpame, querida...

RUBÍ: ¡Vos me metiste en esto, lo hice todo para complacerte a vos!

LUCHO: (Le habla como a un niño). Entonces complaceme una vez más:
cuando terminás en el escenario, vas adonde te mande el Perro. Si te pide que
se la chupés se la chupás, si quiere hacerte el culo te ponés en cuatro calladita
y si tiene ganas de mearte encima ponés cara de inodoro y dejás que te mee.
¿Está claro?

RUBÍ: (Al borde de la lágrima y la humillación) ¡Si ya no me podés respetar a


mí, respetá a tu hijo! Lucho da un rápido giro y la empuja en la cama y
comienza a darle una paliza. ¡No me pegués, hijo de puta! ¡No me pegués hijo
de puta, cobarde!

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LUCHO: (Disfrutando de la paliza que le está dando)¿Por qué, gritás? ¿Eh?
¿No querías una escena familiar? Bueno, acá la tenés: papá juega a la pelea
con mamá y el nene. (Se ríe hablándole a la panza).“Nene: esto es lo que te
espera si llegás a salir de la panza: un papá muy nervioso que te va a cagar a
palos todo el día”. (Se mira la camisa y está manchada de rouge. Se enfurece)
¡Mirá lo que hiciste, hija de puta, me manchaste con rouge la camisa de
escena. Rubí cae de la cama y trata de escapar arrastrándose en cuatro patas
por la habitación.) ¡Vení para acá, puta asquerosa, ahora me vas a limpiar esto
con la lengua! (La mujer grita desesperada mientras Lucho la golpea. Llora a
los gritos. En ese momento golpean la puerta. (Lucho está fuera de sí.
Pregunta de mal modo). ¿Quién es?

OFF SOTELO: ¡Soy yo, Sotelo! ¡Abran la puerta ya mismo!

LUCHO: (Detiene su paliza. y se queda paralizado, aterrorizado tratando de


pensar qué es lo que va a hacer). Andá a arreglarte un poco al baño. ¡Apurate!
(La empuja al baño).

OFF SOTELO: ¡Abran la puerta!

LUCHO: (Trata de arreglarse un poco y abre la puerta. Entra Sotelo molesto.)


Adelante señor Sotelo...

SOTELO: (Aparece Sotelo. Llevá pantalón y zapatos blancos, una vistosa


camisa hawaiana y usa unos anteojos gruesos de vidrio oscuro al estilo de los
Ernesto Sábato. Luce un prolijo bigote anchoa).¿Qué pasa? ¿Qué es ese
griterío?

LUCHO: Disculpe Sotelo, tuvimos una pequeña pelea doméstica, pero no es


nada...

SOTELO: ¿No tenías que estar cantando ya en el escenario?

LUCHO: (Consulta su reloj).No, todavía es temprano.

SOTELO: ¿Qué hora es?

LUCHO: Las once, pero...

SOTELO: (Lo interrumpe).¿Y no estaba anunciado a las 23 hs el show?

LUCHO: (Simpatiqueando) Sí, Sotelo. Pero, usted sabe, nunca se empieza


puntual, siempre se estila.....

SOTELO: (Lo interrumpe seco). ¿Por qué no se empieza puntual? ¿Porque es


un hotel de un gremio de trabajadores y no un hotel de cinco estrellas?

LUCHO: (Solícito)No, por favor. No tiene nada que ver con eso. Es solo que...

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SOTELO: El pianista te está esperando. Queremos que lo tuyo empiece ya, así
las esposas de los compañeros se van con los pibes a dormir y podemos tener
el show que es solo para hombres.

LUCHO: (Solícito) Bueno, bueno… ya voy yendo… ¿Ya llegó el productor?

SOTELO: ¿Qué productor?

LUCHO: (Tímido) El que usted me dijo… el de la gira y el disco...

SOTELO: ¿El turco? (Lucho hace un gesto de no saber el nombre.) No, ¿para
qué? ¡Si tiene un toscano en la oreja! Le da lo mismo un cantante melódico que
uno de tarantelas. Lo que tiene él son lo contactos. Lo otro corre por cuenta
mía. El Turco hace lo que yo le diga. Me debe muchos favores.

LUCHO: ¿Entonces es un hecho?

SOTELO: ¿De qué estás hablando?

LUCHO: De mi disco, de mi gira....

SOTELO: (Lo mira serio un instante sin contestarle. Luego mira su reloj). Las
once y cinco. ¿Vas a seguir hablando o vas a ir a trabajar?

LUCHO: No, ya me voy. (Grita hacia el baño). ¡Rubí! (Guiñándole un ojo,


cómplice a Sotelo) Lo voy a dejar en buena compañía... ¡Rubí! (Ella sale del
baño con una actitud más tranquila. de todos modos se comporta delante de
Sotelo como se comparta todo el mundo frente a él, con miedo. Lucho quiere
romper el hielo.) ¿Se acuerda de Rubí, no Sotelo?

SOTELO: ¡Por supuesto! ¿Cómo te va, Rubí?

RUBÍ: (Tímida, en una actitud opuesta a la de una puta, incómoda) Bien...


gracias... es muy lindo su hotel....

SOTELO: (Sonríe).No, no es mío. Es del sindicato. Es de todos los


trabajadores. Pero me alegro que te guste....

LUCHO: (Con doble sentido y forzada complicidad) Bueno, cuánta formalidad...


Rubí: ¿no es hora de entrar un poco más en confianza? (Le guiña un ojo a
Sotelo que solo le devuelve una mirada fría. Pausa incómoda). Digo... ¿por qué
no lo tuteás al señor Sotelo?

RUBÍ: Porque lo vi una sola vez antes y porque vos tampoco lo tuteás...

SOTELO: Peralta: llevás casi diez minutos de atraso del show.... ¿vas a
hacerlo o no?

LUCHO: Sí, ya me voy.... (A Rubí) Hacé todo lo que te diga el señor Sotelo,
que yo después arreglo con él...

6
SOTELO: (Seco) ¿Qué es lo que tenemos que arreglar?

LUCHO: (Queda paralizado del miedo) Lo de la plata de Rubí...

SOTELO: ¿No quedó claro cuánto iba a cobrar cada uno por su trabajo en el
contrato del show?

LUCHO: Sí, eso sí, está clarísimo señor Sotelo. Yo digo otra cosa… (Sonríe
tenso) usted me entiende.....

SOTELO: No. ¿Qué otra cosa?

LUCHO: (Tenso) Bueno, ella le va a explicar... de todos modos para usted es


gratis... lo de la plata es por si alguien más quiere… (Sotelo lo mira serio.) Me
voy... (Yéndose, a Rubí) Hacele pasar un buen momento al señor Sotelo y
controlá que no se te pase la hora para tu número. (Sale Lucho. Quedan Rubí y
Sotelo mirando salir a Lucho. Luego Sotelo se sienta en el sillón. Rubí no.
Larga pausa. En otra situación Rubí hubiese tomado cierta actitud para romper
el hielo con un potencial cliente, pero ahora no tiene fuerzas. Sotelo no hace
nada. Espera tranquilo a que Rubí dé el primer paso.)

RUBÍ: Señor Sotelo: discúlpeme pero… yo no voy a poder...

SOTELO: ¿Qué cosa no vas a poder?

RUBÍ: (No sabe cómo decirlo)Hacer... mi trabajo.

SOTELO: ¿Por qué?

RUBÍ: (Da vueltas para evitar decir la verdad). No me siento bien. Pausa.
( Sotelo no dice nada. La mira fijo. Rubí comienza a asustarse. Es un peso
pesado del gremio y su presencia siempre intimida. Finalmente Sotelo se
levanta de su sillón y se dispone a salir de la habitación.)

SOTELO: Voy a avisar que se suspende tu show.

RUBÍ: (Lo ataja al instante). No... no lo suspenda... por favor... no me refería a


eso.

SOTELO: ¿No me dijiste recién que no podías hacer tu trabajo?

RUBÍ: (Avergonzada y siempre temerosa) Me refería a lo otro...

SOTELO: ¿Qué querés decir?

RUBÍ: Usted ya sabe...

SOTELO: No, no lo sé. Todo lo que sé es lo que firmamos en el contrato. ¿No


te lo mostró Peralta o firmaste sin leerlo?

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RUBÍ: Sí lo leí... pero hay cosas que no se ponen por escrito...

SOTELO: (La mira un instante y se sienta nuevamente).Parece que hay cosas


que yo no sabía. ¿A ver? Contámelas.

RUBÍ: (Se ríe nerviosa).No me ponga en esta situación... me da vergüenza...

SOTELO: ¿Por qué? ¿Es algo vergonzoso?

RUBÍ: No juegue conmigo... usted sabe a qué me refiero...(Sotelo le hace un


gesto de ignorarlo.) Bueno, lo que no puedo hacer es acostarme con usted ni
con ninguno de sus amigos del sindicato.

SOTELO: (Se levanta con expresión ceñuda. Va sobre ella que retrocede
aterrada). Perdón: ¿qué dijiste?

RUBÍ: (Retrocede mientras Sotelo avanza sobre sus pasos). Tranquilícese...


por favor... no es nada personal con usted... es por mí... no me siento bien...

SOTELO: (La sacude y comienza a gritarle. Rubí está paralizada por el miedo.)
¿Por quién me tomaste, puta de mierda? ¿Qué te creíste, eh? ¿Qué venías a
un prostíbulo? ¡Estas paredes fueron levantadas con el esfuerzo de mucha
gente de trabajo, con cada peso que aportó a su sindicato para tener un lugar
de descanso digno en sus vacaciones! ¡Para tener un lugar donde albergar a
los compañeros del interior cuando tenemos que discutir mejoras laborales o
elegir autoridades como en la convención de hoy! ¡Andate ya mismo! ¡Si en
cinco minutos vuelvo y estás acá, te hago sacar a patadas en el culo por mis
custodios!

RUBÍ: (Se desespera y le impide que se vaya tomándole con fuerza de un


borde de la camisa. Le suplica al borde del llanto). Señor Sotelo, por favor...
discúlpeme... yo no quise ofenderlo a usted, ni a su gente... por favor, no me
eche... Lucho me mata si se entera que usted me echó...

SOTELO: (Mira fríamente la mano de ella que está apretando la camisa


hawiana. Rubí entiende y la suelta. Alisa el borde de la camisa que fue
arrugado). ¿Sabés cuánto me costó esta camisa?

RUBÍ: Disculpemé... si se la saca un ratito, se la plancho enseguida...

SOTELO: ¿No me escuchaste lo que te pregunté?

RUBÍ: Perdón... ¿qué cosa?

SOTELO: Te pregunté si sabías cuánto me había salido esta camisa.

RUBÍ: No.

SOTELO: Decí un precio...

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RUBÍ: No sé...

SOTELO: ¿Cuánto te pagan a vos por un polvo?

RUBÍ: (Muy avergonzada) No sé...

SOTELO: No te hagás la estúpida. Decime: ¿cuánto cobrás?

RUBÍ: (Cada vez más humillada) De veras no lo sé... eso lo arregla Lucho...
SOTELO: O sea que tu opinión no cuenta... él es el dueño del circo y vos sos el
mono...

RUBÍ: (Sin poder sostenerle la mirada de la vergüenza) Sí...

SOTELO: (Pausa. Una vez que Sotelo logró su objetivo de humillarla, se mira
al espejo y se acomoda la camisa. Le habla a Rubí a través del espejo). Esta
camisa me costó 180 dólares. La compré en Estados Unidos. Es de seda
natural. ¿A cuántos tipos tendrías que atender para comprarte una camisa de
estas? Y eso si consiguieras quien te la traiga de Estados Unidos, porque acá
no la vas a conseguir. ¿Te das cuenta que si quisiera, con lo que me salió
nada más que esta camisa, puedo traer a una corista del Maipo y hacerla que
me baile el can-can en pelotas para mí solo? (La mira a través del espejo. Rubí
está con la cabeza gacha.) Te pregunté algo...

RUBÍ: Sí señor, me doy cuenta.

SOTELO: Me alegro. Ahora andate y no te quiero volver a ver más por acá. Y
de ahora en adelante aprendé a respetar a la gente de trabajo.

RUBÍ: (Va acercándose llorando hasta él en el espejo, dado que Sotelo la ha


mirado siempre desde allí). Señor, le pido por favor que no me eche. Lucho me
va a matar... yo no lo quise despreciar a usted. Lo que pasa es que estoy
embarazada... (Pausa. Sotelo la mira fijo. Sigue deshaciéndose en disculpas).
Por favor señor... no me eche... Lucho es lo último que me queda y si se entera
que usted se enojó conmigo me va a dejar... usted es la última esperanza que
le queda para poder grabar su disco solista... (Sotelo la mira sin decir palabra.)
Señor... dígame algo... estoy muy avergonzada... (Sotelo gira hacia ella y saca
un pañuelo de su bolsillo y se lo ofrece. Ella lo toma en silencio.)

SOTELO: Sentate.

Rubí, avergonzada, obedece.

RUBÍ: ¿No me va a echar, señor?

SOTELO: No.

RUBÍ: Muchas gracias.

9
SOTELO: No me lo agradezcas porque no lo hago por vos. Agradecéselo a ese
futuro hijo tuyo. (Rubí asiente agradecida.) ¿Qué pensás hacer de ahora en
más?

RUBÍ: No sé... tenerlo... cuidarlo... criarlo...

SOTELO: ¡Lindo ejemplo le vas a dar!

RUBÍ: No, señor Sotelo. No se confunda. Yo no voy a seguir con esta vida. Eso
se terminó para mí.

SOTELO: ¿Y con qué le vas a dar de comer a la criatura?

RUBÍ: Bueno, si Dios quiere y usted lo ayuda a Lucho a grabar el disco yo no


voy a tener necesidad de trabajar. Al menos por un tiempo.

SOTELO: ¿Vos estás sorda o sos estúpida? ¿No lo escuchaste a Peralta cómo
te vendió antes de salir al escenario? ¿Qué te hace pensar que se va a ocupar
de vos y del chico? (Rubí no tiene respuesta para eso, intenta defenderse
débilmente pero se adelanta Sotelo.) Contestame lo que te voy a preguntar,
pero de verdad, con una mano en el corazón: si a Peralta le fuera muy bien en
su carrera: ¿creés que seguiría con vos?

RUBÍ: (Torturada, trata de engañarse)Sí...

SOTELO: ¿De veras creés eso? ¿De veras creés que un hombre enamorado
de su mujer le pide que se deje hacer cualquier cosa por un tipo y los amigos
de ese tipo que, supuestamente, le va a conseguir un contrato? ¿De veras
creés que si Peralta encauzara con éxito su carrera artística seguiría con vos?
(Rubí vuelve a llorar, agacha su cabeza y niega.) O sea, que vos en realidad
desearías que no le fuera bien en su carrera de cantante...

RUBÍ: ¡No para nada! ¡Le deseo lo mejor a Lucho!

SOTELO: Pero lo mejor para Lucho es lo peor para vos...

RUBÍ: (Torturada por la situación, se niega a aceptar el dolor). Yo siempre le


deseé lo mejor a Lucho, y ahora también se lo deseo.

SOTELO: Entonces tenés que estar preparada para que él te deje, para que tu
hijo se críe sin padre y para seguir con tu actual “profesión”, por llamarla de
algún modo...

RUBÍ: (Queriendo defenderse) No todo siempre sale mal… hay que tener fe...
también Lucho puede cambiar al ver a su hijo...

SOTELO: Vos sabés que eso no va a pasar. Si no llego a tiempo hace un rato,
cuando te estaba fajando, no sé que hubiera pasado.

10
RUBÍ: Hay cosas que uno no decide. Que están en manos de Dios.

SOTELO: Eso es cierto. Pero hay un momento en que Dios nos concede un
poder para elegir. Y cuando llega ese momento, si no elegimos, otros lo hacen
por nosotros. Por ejemplo, yo tengo que tomar a diario decisiones que no me
gustaría tener que tomar pero que, si no lo hiciera, todo sería mucho peor.

RUBÍ: ¿Qué decisiones?

SOTELO: Por ejemplo, negociar 50 despidos para evitar que haya otros 300,
negociar una huelga cuando en una fábrica sobra stock y hacerles ahorrar a
los dueños una semana de sueldos a cambio de un acuerdo para que no echen
a nadie, engañando de ese modo a los compañeros con algo que está perdido
de antemano. Y así podría nombrarte miles de cosas más. En esas decisiones
que tomamos, lo que hacemos está mal, pero si no lo hiciéramos, sería mucho
peor. ¿Me entendés?

RUBÍ: Sí, creo que lo entiendo. Pero en mi caso no hay nada que yo pueda
decidir.

SOTELO: Eso fue hasta ahora.

RUBÍ: ¿Por qué?

SOTELO: Porque yo ya tengo bastantes decisiones sobre mis espaldas y no


puedo cargar con la de los otros.

RUBÍ: ¿Y qué es lo que tengo que decidir yo?

SOTELO: Si querés que lo ayude a Peralta a que grabe ese disco, y a que
gane buena plata con una gira por los hoteles de nuestro sindicato y de otros
gremios. Es guita segura porque el público es cautivo: son los mismos afiliados
de cada sindicato. Se incluye como show de los distintos hoteles de vacaciones
de la costa y del interior: Córdoba, Mendoza, Entre Ríos… hay varios. Además
tenemos amigos en las radios de las provincias para la difusión del disco. En
una de esas, hasta se vende bien y tenemos otro éxito como pasó con Leo
Jiménez. A él lo inventamos nosotros, ¿te contó eso, Lucho?

RUBÍ: (Pausa. Miradas. Dura)¿Por qué quiere que le diga yo qué es lo que
tiene que hacer con Lucho? ¿Acaso no le gusta como canta?

SOTELO: Yo no sé un carajo de música. Me da igual que sea él o cualquiera.


El negocio lo hacemos todos los años. Lo hago por ayudar. Yo sé lo que es
hacerse de abajo y cuando puedo ayudar a alguien lo hago.

RUBÍ: Si es así, hágalo.

SOTELO: ¿A quién querés que ayude, a él o a vos? ( Rubí se queda mirando


fijo a Sotelo. La imagen se congela. Baja la luz, vira al color rojo. Aparece
11
Lucho como un espectro. Ella lo mira y se repite un momento de la discusión
que tuvieron ambos, aunque no exactamente del mismo modo. Mientras
sucede queda Sotelo presente. Está congelado, mirándola, fuera de la acción
de la escena.)

LUCHO: Cuando terminás en el escenario, vas adonde te mande el Perro. Si te


pide que se la chupes, se la chupás, si quiere hacerte el culo te ponés en
cuatro calladita y si tiene ganas de mearte encima ponés cara de inodoro y
dejás que te mee. ¿Está claro? Rubí se queda mirando su “pensamiento”.
Lucho se aparta mirándose fijo con Rubí. Sale. Sotelo deja de estar congelado
y le habla repitiéndole un texto anterior de la escena entrando al pensamiento
de Rubí.

SOTELO: ¿De veras creés que un hombre enamorado de su mujer le pide que
se deje hacer cualquier cosa por un tipo y los amigos de ese tipo que,
supuestamente, le va a conseguir un contrato? (Lucho se va lentamente de la
escena. El Perro lo sigue con la mirada. Luego vuelve a ella). ¿De veras creés
que si Peralta encauzara con éxito su carrera artística seguiría con vos? (Rubí
vuelve a llorar, agacha su cabeza y niega.) O sea, que vos en realidad
desearías que no le fuera bien en su carrera de cantante...(Vuelve la luz
natural de la escena, la que estaba antes del momento de los recuerdos y
pensamientos.)

RUBÍ: (Respondiendo al recuerdo y no al presente)¡No, para nada!

SOTELO: (Sin entender) ¿Qué decís?

RUBÍ: ¡Yo le deseo lo mejor a Lucho!

SOTELO: Muy bien. (Se mira en la pared espejada, se peina y arregla la


camisa) Si esa es tu decisión la voy a respetar. Mañana mismo llamo al Turco y
le pido que arregle con el estudio de grabación y empiece a mover la gira.

RUBÍ: (Aclara con énfasis al instante, mirando a Sotelo a través del espejo)
¡No, eso no es lo mejor para Lucho! ¡Yo soy lo mejor para él! (Sotelo que
interrumpió su acción para escuchar a Rubí se la queda mirando a través de la
pared espejada. Luego dibuja una sonrisa en su cara, asiente con la cabeza
como dando por sentado que ha interpretado el pedido de Rubí y continúa
peinándose. Rubí, que sigue a sus espaldas de queda mirándose fija al espejo.

Apagón.

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escena 2

HABITACIÓN VACÍA, EN PENUMBRAS NOCTURNAS. ENTRA


LENTAMENTE LUCHO. ENCIENDE LA LUZ. LLEVA EL SACO EN LA MANO
Y EL MOÑO DESABROCHADO. ACABA DE FINALIZAR SU SHOW. SE LO
VE CONTRARIADO. ARROJA CON FURIA SU SACO Y EL MOÑO Y SE
SIRVE UN WHISKY QUE SE LO TOMA DE UNTRAGO. ARMA UNA RAYA DE
COCAÍNA Y SE LA ESNIFA. ENCIENDE UN CIGARRILLO Y SE ECHA EN LA
CAMA FURIOSO. SEGUNDOS DESPUÉS SE ESCUCHA EL RUIDO DE LA
CADENA DEL INODORO DEL BAÑO DE LA HABITACIÓN. LUCHO SE
SOBRESALTA Y SE PONE DE PIE, MOLESTO DE QUE ALGUIEN SE HAYA
METIDO EN SU HABITACIÓN. INMEDIATAMENTE SALE SOTELO
TERMINANDO DE ABROCHARSE LOS PANTALONES.

LUCHO: Señor Sotelo... me asustó...

SOTELO: ¿No te molesta que te haya usado el baño, verdad?

LUCHO: No... pero como estaba la habitación a oscuras pensé que no había

nadie.

SOTELO: Me tiré un rato a descansar. Me dolía un poco la cabeza. Esta


habitación es la que ocupo yo cuando vengo al hotel. No te podés quejar, te di
la más lujosa. La única contra es que no tiene vista al mar. Pero, viste lo que es
la decoración… (Señala en derredor con gesto ampuloso). Está puesta a
todo trapo… esta pared toda espejada la pedí yo… (Cómplice) me encanta
mirarme mientras estoy pirovando. Lucho sonríe cordialmente. Sotelo se
acuesta reclinado en la cama, levanta la almohada para verificar que esté su
pistola. Luego la vuelve a tapar con la almohada. Lucho, asustado, traga saliva
al ver eso.

LUCHO: ¿Y esa pistola?

SOTELO: (Sonriente) Es mi sedante. Si no la siento debajo de la almohada no


puedo dormir. ¿Y? ¿Cómo anduvo el show?

LUCHO: (Decepcionado) Muy bien, solo que pensé que iba a estar usted entre
el público.

SOTELO: Me hubiera encantado, pero, como te dije, andaba con dolor de


cabeza. Organizar estas convenciones me dejan los nervios destrozados.
El hijo de puta de López, el Secretario General de la Seccional Córdoba, me
quería armar una lista opositora para las elecciones del Secretariado Nacional
que se vienen ahora en octubre. Estuve cortando clavos hasta la mitad de la
convención porque no me había llegado el cheque de la cámara de
empresarios para que le cerrara el culo al cordobés. Son duros para soltar la

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guita, pero saben que si vamos divididos los zurdos pueden arrimar el bochín.
Por suerte en el receso llegaron los tipos con el cheque y López se vino a
conformar la lista única. Como se quedaron para ver el final de la convención,
los invité a ver el show. Era una forma de compensarlos por haber viajado
hasta acá. En fin, como te decía antes, estas convenciones me dejan los
nervios destrozados. (Lucho asiente mecánicamente.) Me imagino que vos
también te pondrás un poco nervioso antes de salir a escena.

LUCHO: Sí... un poco... lo normal... siempre antes de empezar. Una vez que
arranco después todo es más fácil.

SOTELO: (Sonríe ampulosamente). Bueno, ya está, ya pasó. Fue un


éxito. Relajate. Estás ahí duro, como si te estuvieran tomando un examen.

LUCHO: (Sonríe intentando disimular su tensión).No... estoy bien... lo que pasa


que tiene que bajar la adrenalina del escenario... (Sotelo se lo queda mirando
fijo sin decir nada. Se pone más tenso, sonríe de manera nerviosa). ¿Pasa
algo?

SOTELO: No, ¿por qué?

LUCHO: No, por nada... como se me quedó mirando...

SOTELO: ¿Te molesta?

LUCHO: No, no es eso, pero pensaba que a lo mejor hubo algo...

SOTELO: (Lo interrumpe).Me da la impresión de que me tenés miedo...

LUCHO: (Tartamudea y no puede articular palabra). No... yo... co... cómo iba a
tenerle…

SOTELO: (Se ríe).¡Estás cagado en las patas! (Palmea el colchón). Vení


sentate acá. ( Lucho obedece, se miran un instante y Sotelo se para sonriente.)
Te voy a servir algo para tomar antes de que te agarre un paro cardíaco.

LUCHO: Le juro que para nada...

SOTELO: (Seco) Callate. (Pausa. Luego Sotelo va sirviendo en los vasos


mientras retoma la charla cordial).No hay problema. Es natural que me tengas
miedo. Todo el mundo me tiene miedo. Tengo fama de pistolero, de haber
mandado matar gente y esas cosas. Y como dice el dicho “hazte la fama y
échate a dormir”.

LUCHO: Señor Sotelo: yo jamás pensé eso de usted...

SOTELO: (Lo interrumpe). Escuchame: te puedo perdonar que me tengas


miedo pero no que me tomes por pelotudo, ¿está claro? (Lucho asiente.)
¿Nunca leíste en los diarios que me enriquecí con la plata del sindicato

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o que mandé matar a delegados combativos para controlar todas las
seccionales o que estoy asociado con empresarios en negocios
millonarios que se financian con las cuotas sindicales? ¿Sabías eso o no?
(Lucho asiente.) ¿Y te parece que son mentiras? (Pausa. Lucho duda antes de
responder y finalmente niega con la cabeza.) Bien. Ahora nos entendemos. Si
vamos a hacer negocios juntos tenemos que hablar de frente. A mí no me
vengas a pasar la mano por el lomo ni te hagas el dandy conmigo porque se te
nota mucho que sos un muerto de hambre. No te olvides que yo también me
hice de abajo. (Pausa de miradas sostenidas. Sotelo le pasa el whisky. Sonríe).
Chin-chin (Choca el vaso de Lucho). ¡Salud! (Sotelo da un sorbo a su vaso).
Me gusta el mundo del espectáculo, siempre me gustó. Y creo que tengo pasta
para eso. Pero a mí no me interesa ni el cine, ni el teatro, ni siquiera la música.
Ya te dije antes que tengo una tapia en la oreja. (Sonríe). Los dedos de una
mano me sobran para enumerar los libros que leí en mi vida. A mí me gusta
otro tipo de espectáculo. Muchas veces trato de imaginarme cómo habrían sido
aquellos circos romanos, donde a los cristianos les soltaban a los leones o los
hacían pelear con esos gladiadores asesinos. Me hubiese encantado ver un
espectáculo así. Pero, ojo: no la boludez que ves en las películas de Semana
Santa. No. Eso es una mierda. Yo hablo de algo real. Ya ni el boxeo me
interesa: están todas las peleas arregladas… en cambio, en el circo romano, lo
que decidía el resultado de una faena era un pulgar hacia arriba o un pulgar
hacia abajo. (Se queda perdido en su pensamiento). ¡Ahí está! ¡Eso es lo que
más me gusta del mundo del espectáculo!

LUCHO: ¿Qué?

SOTELO: El pulgar. (Cambia abruptamente de tema). ¿Así que fue un éxito el


show?

LUCHO: (Áspero) ¿Para qué me pregunta si no le interesa?

SOTELO: (Sorprendido por la respuesta).¿Perdón?

LUCHO: Usted quería que habláramos de frente, ¿no?

SOTELO: Tal cual... (Se lo queda mirando sorprendido y sonríe por la reacción
de Lucho). Me gustás más cuando te ponés insolente, Peralta. Seguí así, que
ahora vas muy bien.

LUCHO: Mire Sotelo, yo sé muy bien que usted me contrató por Rubí. ¿O me
equivoco?

SOTELO: Eso no importa, después te lo contesto si querés. Seguí con lo que


ibas a decirme.

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LUCHO: La verdad es que nunca me creí demasiado lo del disco, pero
bueno… que sé yo… podía ser... está el circuito de vacaciones de los hoteles
sindicales... había alguna posibilidad si usted seguía interesado en Rubí…

SOTELO: Yo nunca estuve interesado en Rubí.

LUCHO: (Como una obviedad) Sotelo: la noche que vio nuestro show en el
cabaret, lo estuve observando mientras Rubí hacía el streep. No le sacó los
ojos de encima. Después me acerqué y lo invité una copa y arreglamos lo del
contrato de esta noche. Usted quería a Rubí y yo arreglé incluirme en el
paquete.

SOTELO: Vos estás convencido que esa mina es tu gallina de los huevos de
oro. (Sonríe).Estás tan equivocado....

LUCHO: (Sonríe). ¿Me quiere levantar el ánimo? No se moleste que no me


hace falta. Yo conozco bien mi negocio.

SOTELO: Y Rubí: ¿conoce el suyo?

LUCHO: (Burlón) Los burros no hacen negocios: solo transportan la carga.


Caminan para alcanzar la zanahoria que tienen delante. Usted sabe cómo es
eso, ¿no?

SOTELO: (Asiente sonriendo).¿Cómo la conociste?

LUCHO: En un casamiento. Me contrató un tano que tenía una curtiembre en


Villa Diamante. Se casaba la hija y el tipo tiraba la casa por la ventana.
Siempre odié hacer casamientos. No me gusta hacer de payaso para que todos
canten y se rían. Cuando canto quiero que me escuchen con atención. Pero a
mí me pasa lo que muchas veces les pasa a los fotógrafos: terminamos
viviendo de los casamientos.

SOTELO: ¿Y Rubí?

LUCHO: Estaba en el grupo de amigas de la novia. Era una borrega recién


salida del secundario. Era hermosa...

SOTELO: Es hermosa, todavía.

LUCHO: (Se encoge de hombros). Puede ser. Pero yo ya estoy acostumbrado.


Pasaron ocho años, ya no me doy cuenta.

SOTELO: ¿Era un yiro cuando la conociste?

LUCHO: (Sorprendido) ¿Rubí, un yiro? (Sonríe).No. Era virgen.

SOTELO: Me estás jodiendo...

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LUCHO: Se lo juro. (Evocando) Me había estado mirando toda la noche. Al final
cuando estaban todos borrachos y cansados, le dije al músico que me
acompañara con los temas compuestos por mí. Nadie me prestaba atención,
pero por aquellos tiempos yo me había impuesto cantar mis propias canciones
adonde me contrataran. Aún en la cantina más miserable de La Boca en la que
actuaba animando fiestas de fin de año, siempre me hacía un espacio para
cantar algunos temas míos. (Sonríe). Usted me dirá que es imposible
encontrar un auditorio sensible en esos lugares. Y tiene razón. Pero yo era
mucho más joven y más inocente que ahora y recién estaba empezando. Por
supuesto que en ese casamiento nadie escuchó mis canciones. Nadie, excepto
Rubí. Ella se acercó hasta donde yo estaba cantando, pero yo no la vi hasta
que terminé de cantar cinco o seis de mis canciones. Había cerrado los ojos
para evitar que la indiferencia de la gente me afectara. Y cuando los volví a
abrir, estaba ella aplaudiendo con los ojos llenos de lágrimas. (Pausa. La
evocación de aquel encuentro lo ha conmovido por un instante a Lucho).

SOTELO: ¿Te enamoraste de ella?

LUCHO: (La pregunta de Sotelo despierta a Lucho de su ensoñación y


responde con una sonrisa cargada de cinismo).Sotelo: yo solamente canto
canciones de amor, pero no tengo idea de qué se trata eso.

SOTELO: (Insiste, ahora afirmando) Esa noche te enamoraste de Rubí…

LUCHO: Si alguna vez estuve enamorado de alguien fue de mí mismo. Y ni


siquiera lo recuerdo con mucha claridad. Si al abrir los ojos aquella noche, en
vez de Rubí, me hubiera encontrado con una gorda de 120 kilos, vizca y renga,
pero que estuviera aplaudiendo emocionada mis canciones, yo me habría
enamorado de ese adefesio al instante.

SOTELO: Pero Rubí, sí que se enamoró de vos.

LUCHO: Eso sí, se lo puedo asegurar. Aquellos ojos húmedos me estaban


pidiendo a los gritos que yo me ocupara de ellos: estaban dispuestos a hacer
cualquier cosa por mí.

SOTELO: Hablás como si fuera una de las estrofas de un bolero...

LUCHO: (Sonríe con ironía).Qué se le va a hacer… Vicio profesional... (Vuelve


a Rubí). Aquella noche me la llevé a mi pieza y la desvirgué. A la semana se
escapó de la casa y la tenía viviendo conmigo.

SOTELO: ¿Y después?

LUCHO: (Sonríe). ¿No le parece que son demasiadas preguntas, teniendo en


cuenta que me dijo que no le interesaba Rubí?

SOTELO: (Obvia la pregunta). ¿Vos le pusiste “Rubí”?

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LUCHO: Sí: fue la noche del casamiento que la conocí. Le dije que como
estábamos en Villa Diamante no me sorprendía encontrar un “rubí”. Y ahí le
quedó.

SOTELO: ¿Y después de desvirgarla cómo la convenciste para que se


acostara con otros?

LUCHO: Ella estudiaba danza y le ofrecí que creáramos un show para vender
en los clubes nocturnos. Rubí se enloqueció porque de esa manera podría
estar conmigo todas las noches. (Sonríe). Más de una vez desaparecía por
unos días con alguna otra mina que conocía en un laburo. Ella sufría, pero no
podía dejarme. Nunca va a poder. Una vez que empezamos a trabajar en
clubes nocturnos, llovieron los ofrecimientos para acostarse con Rubí. Por
supuesto que al principio se negó, pero al final terminó cediendo ante mi
presión. Algunas veces tuve que fajarla, otras tuve que amagar con
abandonarla, en fin... aquí estamos. Ahora, si no le molesta: ¿podemos volver
a hablar del disco?

SOTELO: Sí, claro… ¿es tu primer disco, no?

LUCHO: (Entusiasmándose) Sí. Como intérprete y como autor. Son todas


canciones compuestas por mí.

SOTELO: O sea que el riesgo es doble… digo, para mí.

LUCHO: Al contrario: si el disco se convierte en un éxito, como estoy seguro


que va a pasar, seguramente otros intérpretes van a querer grabar mis
canciones, y eso me va a dejar regalías que, desde ya, pienso compartir
con usted. (Pausa. Sotelo se queda pensativo. Se queda expectante, siente
que algo de lo que le dijo ha prendido en Sotelo, que ahora camina pensativo
por la habitación). ¿En qué se quedó pensando?

SOTELO: No sé… no sé… tengo dudas… me hago varias preguntas…

LUCHO: ¿Qué tipo de preguntas?

SOTELO: (Frena su andar).Peralta: vos ya no sos un pibe. Hace rato que


pasaste los treinta. Si fueras tan bueno como decís tendrías que haber
grabado antes, ya tendrías que estar consagrado.

LUCHO: Estuve a punto de hacerlo. Hace un tiempo estaba en un grupo que se


llamaba Los Emisarios. Trabajábamos mucho en boîtes y bailes de clubes.
Hacíamos temas de Los Plateros y de Los Panchos. Ahí me descubrió Ferraro.

SOTELO: Me estás jodiendo…

LUCHO: Le juro que no….

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SOTELO: Pará: ¿estamos hablando del mismo Ferraro, de Buby Ferraro, el
productor de discos?

LUCHO: Seguro. ¿Qué otro Ferraro conoce en el mercado discográfico?

SOTELO: ¡Entonces no tenés nada que hacer conmigo! ¡Ese tipo es el capo
del negocio de la música! ¡Te conviene toda la vida que te maneje él!

Pausa. Lucho se pone sombrío.

LUCHO: No puedo. En esa época tuve un problema con él. No solo que no me
dejó grabar en su sello, sino que se ocupó de que nadie más me tomara una
prueba en una discográfica.

SOTELO: ¿Qué tipo de problema tuviste?

LUCHO: (Después de una pausa, evocando) Ferraro me vio en una actuación


con Los Emisarios en un baile de un club de barrio y me pidió que fuera a verlo
a su estudio para hacerme una prueba. Un músico amigo me había escrito las
partituras de todas mis canciones para que pudiera acompañarme un pianista.
Pero cuando llegué a la prueba, estaba Ferraro solo en el estudio. Me atendió
muy amablemente y nos sentamos en la banqueta del piano, a esperar al
músico y al técnico de la grabación. Me pidió que le contara mis comienzos con
la música. Yo me entusiasmé y me puse a contarle desde que tuve mi primera
guitarra, los primeros discos que escuché y todo eso, cuando de repente sentí
su mano apoyada en la bragueta de mi pantalón.

SOTELO: ¡No te puedo creer! ¿Y vos qué hiciste?

LUCHO: No sé… todo pasó muy rápido… lo único que recuerdo de esa tarde
es que había manchas de sangre por todo el lugar y Buby estaba tirado contra
un rincón.

SOTELO: Lo cagaste a palos…

LUCHO: (Asiente. Pausa. Perdido en la evocación). Después de ese día no


supe más nada de él. Durante muchos años seguí intentando llegar a otros
productores, pero nunca más conseguí una prueba en una discográfica.
Nadie me lo confirmó, ni tengo pruebas, pero estoy seguro de que Ferraro
estuvo atrás de eso. Yo ya me había resignado a cantar en lugares miserables,
pero entonces apareció usted, y por primera vez en años, volví a ilusionarme.
(Mira a Sotelo). Ya ve que no lo quiero engañar: le acabo de contar algo que no
sabe nadie, ni siquiera Rubí. Usted es la última esperanza que tengo de poder
grabar mis canciones y hacerme conocido.

SOTELO: Cuando decís la verdad te volvés más interesante, Peralta. “La


verdad nos hace libres”. No sé quién dijo esa frase pero es muy cierta.

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Lamento que hayas perdido tantos años preciosos por haber desaprovechado
tu prueba. Fue tu gran oportunidad y la dejaste pasar.

LUCHO: (De repente enojado)¡Yo no dejé pasar la oportunidad! ¡Ese puto de


mierda de Buby no me dejó dar la prueba!

SOTELO: Es increíble que sigas sin ver tu problema, después de todo lo que
pasaste… (Negando con la cabeza, incrédulo) no aprendiste nada, Peralta.

LUCHO: (Molesto) ¿Y cuál es “mi problema”, según usted?

SOTELO: El problema fue que eras muy joven y no entendiste que eso que
quería Buby de vos era “la prueba”. Y no la pasaste. No podés culpar a nadie
más que a vos mismo por eso.

LUCHO: Usted no entiende…

SOTELO: Entiendo perfectamente. Y vos también, pero no querés reconocerlo


porque te duele.

LUCHO: ¿De qué mierda me está hablando?

Larga pausa. Sotelo lo mira fijo unos segundos antes de volver a hablar.

Lucho le sostiene la mirada.

SOTELO: Decime la verdad: ¿no te arrepentiste en todos estos años de haber


corrido la mano de Ferraro de tu bragueta? (Nueva pausa. Lucho se queda en
silencio mirándolo. Luego toma un sorbo de whisky. Lo observa y luego sigue).
Si pudieras volver el tiempo atrás hasta ese momento de tu pasado, con todo lo
que ahora sabés: ¿lo volverías a cagar a trompadas a Buby Ferraro?

LUCHO: (Con la vista baja) No…

SOTELO: ¿Entendés ahora por qué no pudiste concretar tus proyectos?

LUCHO: (Traga saliva, con la mirada perdida). Sí…

SOTELO: ¿Por qué fue, Peralta? Decilo…

LUCHO: Porque no lo quería tanto como pensaba…

SOTELO: Bien, Peralta. Al fin te das cuenta. “Porque no lo querías tanto como
pensabas”. Porque, de haber sido un deseo tan fuerte grabar ese disco,
hubieses hecho cualquier cosa sin medir las consecuencias. Hay que pagar
por todo en la vida, Peralta. Y mucho más por lo que deseamos. Como pagué
yo para estar en el lugar en el que estoy. Como pagó Rubí para estar con vos.
Cuando la mandaste a yirar, ella tuvo “su prueba” y la pasó. Y gracias a eso te
tiene a vos, que es lo que quería.

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LUCHO: (Molesto por el comentario) Usted se equivoca. Rubí no me tiene…

SOTELO: ¿Cómo que no? ¿No viven juntos?

LUCHO: (Sonríe con malicia). Sí, pero porque me conviene a mí.

SOTELO: (Sonríe burlón). ¡Sos un perejil, Peralta! ¡Estás convencido que esa
mina es tu salvación y es el lastre más pesado que llevás! ¡Te hizo perder la fe
en vos mismo! La incluís en tus shows porque te convenció que ella es la que
convoca al público poniéndose en bolas. (Se ríe). ¡Me lo dijiste vos mismo! Te
creés que es lo más importante que tenés.

LUCHO: ¡Rubí me importa un carajo y solo la tengo conmigo para que me


traiga plata fácil! ¡Ella no es ningún estorbo porque hace lo que yo le digo! ¡Si
me hubiera ido bien en mi carrera ya la hubiese echado a patadas en el culo!

SOTELO: ¿Y cómo te va a ir bien estando con esa mina? ¿Sabías que ni bien
te fuiste a cantar me pidió “por favor”, que no te hiciera grabar tu disco?

Pausa. Lucho lo mira con desconfianza.

LUCHO: Eso no es cierto… ella jamás haría una cosa así…

SOTELO: Peralta: si fue capaz de yirar con tal de estar con vos, ¿te pensás
que no se va a animar a pedirme algo tan simple con tal de que no la
abandones? (Lucho lo mira con cierta duda. Sigue atizando el fuego). Ella
sabe, o intuye al menos, que el día que te vaya bien la vas a dejar, como dijiste
vos hace un rato… ahora, pensá un poco: ¿si me lo pidió a mí, no creés que se
lo haya pedido a otros antes? (Sonríe). ¡Y andá a saber haciéndole qué favores
con tal de que no te dejaran grabar! (Lucho se queda helado ante el
comentario. Ahora avanza más).A lo mejor no fue por culpa de Buby Ferraro
que nunca más conseguiste una prueba en una discográfica en todos estos
años… a lo mejor le convino a Rubí que vos pensaras eso…

LUCHO: (Después de pensarlo, ahora convencido). ¡Hija de puta! ¡Hija de re


mil putas! (Se pega a sí mismo en la cabeza). ¡Mierda! ¿Cómo no lo vi antes?
(Se enoja de golpe). ¿Cómo mierda no me di cuenta antes? ¡La voy a matar!
¡Le juro que, en cuanto la vea, la mato!

SOTELO: (Sonríe). Ehhh… ¡Pará un poco! ¡No te pongas así! ¡Vos querés
arreglar todo a las trompadas! Tranquilo… acordate lo que te pasó con Buby
Ferraro por cagarlo a palos… Calmate. Andá a servir otros dos whiskys.
(Lucho obedece. Se sienta en la cama y lo mira mientras los sirve. Lo llama
desde la cama).Vení, sentate acá conmigo. Olvidate de esa putita. Ya es parte
de tu pasado. Tenemos que hablar de negocios.

LUCHO: Sotelo: antes que nada quiero agradecerle que me haya abierto los
ojos. No sé cómo pude vivir engañado tantos años. De veras, gracias.

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SOTELO: (Sonríe con calidez). No es nada. Lo más importante es que te hayas
dado cuenta de lo necesaria que es la verdad. Porque yo seré una bestia que
no terminó ni la primaria, y no sabré un carajo de arte, pero, cuando veo a un
artista en serio, lo sé reconocer. ¿Y sabés qué es lo que marca la diferencia?
Que tenga verdad, que uno pueda creerle todo. Es lo que te decía del circo
romano: ahí no había cuentos chinos como en el teatro o como en el cine que
es todo mentira. Ahí era matar o morir. Por eso la gente ya no va al teatro y en
cambio sí llenaba los circos romanos. Y esa cosa es lo que quiero transmitir a
mis artistas si me dedico al negocio del espectáculo, justamente eso: matar o
morir, ¿entendés?

LUCHO: (Asiente convencido). Creo que empiezo a entenderlo y, si me permite


decirlo, a admirarlo también. Y quiero disculparme por haberlo juzgado sin
conocerlo, Sotelo.

SOTELO: (Sonriente) Tuteame. Y basta de llamarme Sotelo. Decime “Perro”…


mis amigos me llaman así… (Levanta la copa).¡Salud!

LUCHO: ¡Salud! (Beben. Sotelo lo mira y sonríe sin decir nada). ¿Qué pasa?

SOTELO: Nada. Me quedé pensando en una cosa. No me des bola…

LUCHO: (Sonríe también).No, ahora decime lo que estabas pensando…


(Sotelo sonríe negando y tomando más whisky.) Dale, Perro, no me dejes así
con la intriga…

SOTELO: Olvidate… es una boludez…

LUCHO: No importa, decímelo… (El Perro sonríe y niega con el dedo mientras
toma otro sorbo de whisky.) Dale…

SOTELO: Pensaba cuál sería el secreto para que la tuvieras tan enganchada a
Rubí…

LUCHO: (Sonríe canchero).Y bueno… uno tiene sus rebusques…

SOTELO: (Sonríe)¡Hijo de puta! ¡Vos debés de tener una flor de poronga! ¿O


me equivoco?(Le apoya la mano en la entrepierna. Lucho aparta la mano y se
para de la cama como un resorte alejándose.) ¿Qué te pasa? ¿Te asustaste
por algo?

LUCHO: (Tímido y asustado) No, no es eso… es que no sé… me sorprendió lo


que hizo…

SOTELO: No debería sorprenderte: no es la primera vez que te pasa…

LUCHO: No, pero… bueno… es diferente… no me lo esperaba de usted…

SOTELO: ¿De Buby sí te lo esperabas?

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LUCHO: (Avergonzado) De algún modo, sí. Todos en el ambiente saben que
es un maricón de mierda, aunque siempre se haga fotografiar con mujeres
preciosas para disimular.

SOTELO: Entonces cuando fuiste aquella vez a dar la prueba sabías lo que te
podía esperar…

LUCHO: (Incómodo) No sé… no me acuerdo… fue hace mucho tiempo…

SOTELO: Claro… (Pausa. mientras se levanta para irse). Bueno, Peralta… no


te podés quejar: rara vez en la vida de alguien, pasa el mismo tren dos veces.
Lo volviste a dejar pasar… Ahora sí que no vas a poder culpar a nadie más que
a vos por no haberte subido. O a lo mejor, no haya que buscar culpables. A lo
mejor estás en la estación que querías estar y por eso no te subiste. Quién
sabe… te dejo solo para que lo pienses. Chau. (Comienza a salir).

Lucho lo llama antes de que traspase la puerta.

LUCHO: ¡Perro! (Sotelo se da vuelta. Se para y lo mira fijo).No te vayas…

SOTELO: ¿Qué pasa?

LUCHO: (Tímido, con la vergüenza de un niño). Nada… solamente quería


decirte que si tenías ganas de hacer algo conmigo, por mí está bien… (Sotelo
camina lentamente hacia Lucho que comienza a desabrocharse la camisa sin
mucha convicción. Luego se detiene porque Sotelo se lo queda mirando serio y
fijo a los ojos, sin decir nada. Algo incómodo, habla después de esa pausa
molesta). Decime qué es lo que querés… (Sotelo no le dice nada. Lucho
comienza a acuclillarse para desabrocharle la bragueta pero Sotelo se lo
impide, lo levanta suavente con su manos.) ¿No querés eso? ¿Querés hacer
otra cosa? (Sotelo le apoya una mano en la mejilla, le sonríe con calidez y
habla con sinceridad.)

SOTELO: Quería agradecerte mucho a vos y a Rubí. Hoy nos dieron un gran
espectáculo. (Dicho esto cambia de actitud y se da media vuelta y tira unos
billetes en la cama). Te dejo esta propina para que la repartas con tu mujer.
(Sale. Lucho se acerca lentamente hacia la cama y se sienta. Toma los billetes
que le han dejado, se los queda mirando en silencio y luego los empieza a
romper lentamente.) Apagón.

escena 3

HABITACIÓN VACÍA TAL COMO HA QUEDADO EN LA ESCENA ANTERIOR:


CON LOS BILLETES ROTOS Y DESPARRAMADOS POR ELPISO. SE

23
ESCUCHA EL SONIDO SUAVE DE LA DUCHA QUE LLEGA DESDE EL
BAÑO. SE ABRE LA PUERTA DE LA HABITACIÓN Y ENTRA MUY
SIGILOSAMENTE RUBÍ CON SU ROPA DE SHOW Y LA BATA QUE LA
CUBRE TAL CUAL LA VIÉRAMOS EN LA PRIMERA ESCENA. EN PUNTAS
DE PIE CAMINA HACIA EL PLACARD DONDE ESTÁ SU VALIJA Y SU ROPA.
A SU PASO APOYA LA OREJA EN EL BAÑO PARA COMPROBAR QUE
LUCHO SE SIGUE BAÑANDO. LUEGO VA HASTA EL PLACARD Y SE SACA
LA BATA Y SOBRE LA ROPA DEL SHOW SE PONE UNA POLLERA TUBO,
UNA BLUSA Y UN TAPADO ROJO CORTO. SE VISTE RÁPIDO PARA QUE
NO LA ENCUENTRE LUCHO. ESCUCHA QUE EL SONIDO DE LA DUCHA
HA CESADO Y SE APRESURA A GUARDAR LO QUE LE QUEDA EN SU
VALIJA Y A CAMINAR EN PUNTAS DE PIE HACIA LA PUERTA. CUANDO
LLEGA, AL QUERER ABRIRLA, COMPRUEBA QUE LA MISMA HA SIDO
CERRADA DEL LADO DE AFUERA, DEL PASILLO.

RUBÍ: (Grita) ¡Abran! ¡Abran la puerta! (Furiosa se pone a golpearla).¡Abran,


hijos de puta! ¡Abran la puerta! (Forceja y continúa golpeando. Aparece con
una bata y mojado Lucho.)

LUCHO: ¿Te estabas yendo sin despedirte?

RUBÍ: (Alarmada) ¡Estamos encerrados, Lucho! ¡No nos dejan salir!

LUCHO: Querrán revisarnos antes de que nos vayamos para controlar que no
nos llevemos ningún souvenir.

RUBÍ: (Asustada) Tengo miedo de que nos hagan algo malo, Lucho…

LUCHO: ¿Por qué estás tan preocupada? ¿Tenés el culo sucio? ¿Eh? ¿Qué
me estás ocultando?

RUBÍ: Nada. Solamente me quiero ir ya mismo de acá.

LUCHO: ¿Y por qué te estabas escapando a escondidas como una rata si no


tenés nada que ocultar?

RUBÍ: Prefiero que hablemos cuando estemos fuera de esta habitación.

LUCHO: ¿Qué tiene de malo esta habitación? Cuando llegamos te parecía


divina…

RUBÍ: (Asustada) Haceme caso, por favor… salgamos cuanto antes de acá…
(Lucho la mira largamente en silencio y con expresión de odio. Rubí también se
asusta por esto.)

LUCHO: Siempre pensé que sentías admiración por mí. Al menos eso fue lo
que me hiciste creer desde que te conocí. Nunca me di cuenta, hasta esta
noche, que lo que realmente te pasaba era que me envidiabas

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profundamente… ( Rubí, vencida, suspira hondo y agacha la cabeza. La obliga
a levantarse para que lo mire y la sacude de los hombros.) ¡Decime lo que
hiciste para convencer a todos los ejecutivos de las discográficas para que no
me volvieran a tomar una prueba! (Rubí niega con la cabeza, sollozando. La
empuja hacia la cama) ¡Sí, mentirosa de mierda! ¡Hiciste eso todos estos años!
Ahora lo veo claramente en tu mirada… tenías miedo que te dejara si me iba
bien en mi carrera… (Pausa. Rubi se queda sentada en la cama sollozando. La
mira un rato en silencio. luego se va hacia la barra a buscar un trago. se sirve
un whisky y desde allí la mira, escudriñándola). Decime una cosa: ¿Qué
cagada te mandaste para que nos tengan acá encerrados? ¿Eh? (Rubí,
cabizbaja, no contesta.) ¿Qué pasa? ¿Te comieron la lengua los ratones?
¿Hiciste algo malo en el show?

RUBÍ: No lo hice…

LUCHO: ¿Cómo dijiste?

RUBÍ: (Levanta la vista para mirar a Lucho) No hice mi show… lo hizo otra
bailarina…

LUCHO: (Desconfiando) ¿Por qué?

RUBÍ: (Evocando con la mirada perdida). Cuando salí de acá rumbo al


escenario me estaba esperando un guardaespalda de Sotelo, en el pasillo,
atrás de la puerta. Me dijo que lo acompañara. Yo le traté de explicar que
estaba a punto de empezar mi show, pero él me dijo que no me preocupara por
eso porque lo iba a hacer otra bailarina y que a mí me estaban esperando unos
señores en la habitación de al lado. (Se mira y se toma el vientre) Yo lo miré
aterrada y me puse a gritarle que no iba a acostarme con nadie, que estaba
embarazada. Él me contestó que ya lo sabía, que se lo había dicho Sotelo y
que me quedara tranquila que esos señores solo querían conocerme.

LUCHO: ¿Y qué pasó?

RUBÍ: Entré en la habitación de al lado y ni bien se abrió la puerta empezaron a


aplaudir. La habitación estaba llena de tipos que no eran del sindicato… más
bien lo contrario, gente más refinada, de plata. Todos me aplaudían… se
reían…

LUCHO: ¿Por qué te aplaudían?

RUBÍ: Por el show.

LUCHO: (Crispado) ¿De qué carajo estás hablando? ¿Me estás jodiendo,
imbécil? ¿Cuál show? ¡Si no llegaste ni a ir al escenario! (Rubí se levanta y
camina hacia la pared espejada. Se para allí y se acomoda un poco el cabello.

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Lucho, a su espalda, más atrás, la mira a través del reflejo. Pero Rubí mira sin
mirar, perdida en su evocación.)

RUBÍ: Eso mismo dije yo. Y entonces, uno de ellos que estaba muy
borracho, me dijo que ya iba a entender. (Camina el largo de toda la pared
espejada tocándola con sus manos). Entonces me hicieron sentar en una silla,
apagaron las luces de la habitación y descorrieron un largo cortinado bordó
donde se veía esta habitación… (Pausa. Lucho mira a Rubí a través de la
pared espejada, empezando a entender.) Vos volvías a la habitación después
de cantar, Sotelo estaba en el baño… (Comienza a quebrarse y Lucho de a
poco también.) Empezaron a hablar de tu disco… de cómo vos y yo nos
habíamos conocido en la curtiembre del papá de Marisa… (Lucho se cubre la
cara avergonzado. Comienza a llorar).… cuando dijiste que yo era un burro
siguiendo una zanahoria quise salir de la habitación, pero no me dejaron… me
obligaron a que me quedara en la silla viendo todo… (Deja la pared espejada y
se deja caer en una silla de la habitación). Como no podía irme, cerré los ojos.
Pero inmediatamente los volví a abrir porque me dolía más escucharte sin
verte… (Lucho está con la cara tapada de vergüenza.) Escuché lo que dijiste
de Buby Ferraro, te vi con Sotelo cuando te desabrochaste la camisa y le
dijiste… (Se corta, no lo dice).

LUCHO: (Corre hasta la pared espejada y grita desesperado frente a la


misma). ¡Hijos de puta! ¡Hijos de mil puta, den la cara! ¡Son todos unos putos y
unos cagones, como el Perro sarnoso de Sotelo y la reputa madre que lo echó
al mundo! (Risotadas grabadas en off como en los sitcoms americanos.)
¡Abran la puerta para que nos vayamos! ¡Abran la puerta hijos de puta!
¡Cagones de mierda! (Más risas en off. En un rapto de locura corre hasta la
cama y saca el arma que dejara Sotelo debajo de la almohada. Se detienen las
risas en off. Apunta hacia la pared espejada hacia todas direcciones,
caminando por toda la extensión de la misma, tratando de adivinar dónde
puede estar la gente tras el espejo, tras la cámara Gesell). ¡Abran ya mismo la
puerta si no quieren que haga una locura!

RUBÍ: (Se pone de pie alarmada). ¿Qué vas a hacer, Lucho? ¿De dónde
sacaste esa pistola?

LUCHO: ¿No escucharon lo que les dije, hijos de puta?

RUBÍ: Por favor, dejá eso Lucho… (Lucho se pone el caño del arma en la sien
frente a la pared espejada.) ¡No, Lucho, nooooo! (Lucho se dispara pero el
arma no tiene balas. Risotadas en off más fuertes y permanentes. También
aplausos grabados como si hubiese habido un remate de un gran gag.
Después de disparar de gatillar dos o tres veces y comprobar que no hay balas
Lucho se deja caer de rodillas llorando frente a la pared espejada. Se deshace
al verlo así y se acerca a él para que se levante). Lucho, por favor, no llorés

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que te están mirando… no les des el gusto de que te vean así… si querés llorar
encerrate en el baño…

LUCHO: (De rodillas, como está, se abraza a las piernas de Rubí, llorando).
Perdoname, por favor… perdoname… fui un hijo de puta… no me dejes,
Rubí… te lo ruego… por favor, no me dejes…

RUBÍ: (Enojándose por sobre su tristeza)¡No hagas esto, Lucho! ¡No sigamos
dándoles este espectáculo de nuestras miserias a estos degenerados!

(Como si hubiese comprendido todo de golpe, Lucho sale corriendo hacia el


baño, entra y cierra la puerta. Rubí se queda un segundo mirando con
severidad la pared espejada. Luego camina hasta la cama y se acuesta a
esperar que todo termine. Segundos después suena el teléfono de la
habitación. Rubí estira el brazo, levanta el tubo y lo lleva a la oreja sin decir
nada. Escucha algo breve que le dicen y cuelga. Se levanta muy
lentamente, toma su valija y va sigilosa hasta la puerta de la habitación.
Comprueba que está abierta. La abre de par en par. Mira por última vez la
habitación y se va. La habitación queda vacía unos segundos. Luego abre la
puerta del baño Lucho. Al salir ve que ya no está Rubí. Ve la puerta de la
habitación abierta de par en par. Se pone un sweter de cuello redondo, un
pantalón y un saco sport y unos mocasines. Sale dejando su valija con la ropa
de show. Queda unos segundos la escena vacía. Van bajando las luces. Luego
entra Sotelo fumando un gran habano. Camina por la habitación, se agacha y
toma unos billetes rotos que ha dejado tirados en el piso Lucho. Los mira y los
deja caer. Luego encuentra el saco de brillos del show, que ha dejado Lucho.
Se lo pone y camina sonriente hacia la pared espejada. Se mira en la misma
acomodándoselo.)

SOTELO: Muchas veces trato de imaginarme cómo habrían sido aquellos


circos romanos, donde soltaban leones a los cristianos o los hacían pelear con
esos gladiadores asesinos. Me hubiese encantado ver un espectáculo así.
(Al público) Y a ustedes también, aunque jamás lo vayan a admitir. Aunque
sigan creyendo que son personas civilizadas solo quieren ver miserias
humanas. Para eso compran una entrada. Para eso leen el diario. Para eso
prenden el televisor. (Mientras da una pitada a su habano levanta lentamente
el pulgar de su otra mano y sigue su recorrido de elevación hasta que
sobrepasa su cabeza. Luego lo va bajando lentamente. Se queda mirando
el pulgar bajado, pitando sonriente su habano).

Las últimas luces van bajando hasta el apagón final.

FIN

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