Show
Show
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tras amor, olvido tras olvido... (Se va poniendo meláncólico en su alocución
como si ya estuviera en el show y se oyera el piano tocando la introducción de
una canción). Porque esta profesión maravillosa de cantarle al amor por todo
el mundo también tiene sinsabores. (Cierra los ojos, repasando cada
movimiento que hará en su show. Al fondo, comienza a abrirse la puerta de la
habitación muy lentamente, sin ningún ruido. Con paso muy sigiloso se asoma
Rubí. Es una mujer de unos veinticinco años. lleva una larga bata de seda que
cubre sus ropas sexys para hacer strep tease. El atuendo es muy llamativo y
acorde a la moda de los tiempos: lleva zapatos de tacones altos y el pelo teñido
de rubio, armado con casco de spray. Lleva en su mano una botellita de coca
cola con un sorbete. La fugaz ilusión de haber encontrado el amor en los labios
de una mujer, una noche como esta, para luego partir con la llegada del alba
hacia otros lejanos confines del planeta dejando atrás: “Jirones de Vida”.
Comienza a cantar y Rubí lo mira emocionada). “Sin ti nada soy / no quiero ya
más vivir / y si con mi vida no termino / es por temor de no encontrarte al
morir”. (Abre los ojos con gesto dramático, tal como lo propone la canción. Al
hacerlo ve a través de la pared espejada a Rubí. Se enfurece al ser descubierto
en algo tan íntimo). ¿Qué estás mirando, pelotuda? ¿Cuántas veces te dije que
no entres sin golpear? ¿Querés que te cague a palos?(Va hacia ella furioso y
amaga a pegarle). Rubí se cubre para que no le pegue. ¡La puta que te parió!
¡Mirá cómo me hacés poner antes de salir a escena!
RUBÍ: Un poco....
LUCHO: No sé, debe andar por ahí... servime un whisky y traeme un pucho
prendido.
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LUCHO: (La fusila con la mirada a través del espejo). ¿Quién te pidió una
opinión a vos?
LUCHO: ¡Porque te encanta romperme las pelotas cada vez que estoy por salir
a escena!
LUCHO: (La interrumpe). Pará, escuchame: vos hacé lo que te digo. O dejá,
mejor se lo digo yo cuando arregle la guita. Pero igual, ni bien termines el
show, vos te le pegás al Perro. Para la negrada trajeron esas ruteras
mugrientas, vos estás solamente para los capangas. ¿Estamos?
RUBÍ: No, Lucho. Quedamos en que yo iba a hacer nada más que el show. No
pienso meterme en la pieza de nadie.
LUCHO: (La mira a través del espejo con severidad) Te repito: vos te pegás al
Perro y vas nada más que donde él te diga.
RUBÍ: (Trata de enfrentarlo) ¡No! ¡No lo voy a hacer! Yo vine nada más que
contratada para el espectáculo, como vos. No me contrataron para venir a
trabajar de puta.
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LUCHO: Justamente: eso lo arreglamos más tarde. Vos los dejás bien calientes
en el escenario y después yo me encargo del resto. Y ahora dejame solo que
ya tengo que salir y quiero prepararme un poco más. (Se para).Ayudame con el
saco. (Ella, obediente, lo trae y se lo pone. Es un saco de show, con tela
brillante con fantasías. mientras se lo acomoda habla con rubí a través de la
pared espejada pero más que a ella se habla a sí mismo). El Perro invitó a un
amigo de él de una discográfica. Si todo sale bien, es probable que me
produzcan el disco. Es un arreglo para salir de gira por todo el interior, para
promocionarlo en los hoteles de diferentes gremios. Es toda plata fija, segura.
Van a morder unos cuantos, pero a mí qué me importa si puedo grabar.
Siempre hay que entregar algo para empezar. Así hizo Frank Sinatra con la
mafia de Las Vegas. ¿Sabías eso?
LUCHO: (Se ríe despectivamente) ¡Qué te pregunto a vos, si sos una bestia!
(Termina su pucho y se termina de acomodar el moño) Andate. Después del
show nos vemos. (Retrocede mirándolo a Lucho a través de la pared
espejada. se queda un momento así, mirando fijo, sin detener su
actividad). ¿Qué mirás con esa cara de boluda? ¿No me oíste?
RUBÍ: (Lanza de golpe su frase sin medir los efectos, en un impulso). Estoy
embarazada. (Lucho deja de acomodarse la ropa. Se queda rígido frente al
espejo. Sabe que Rubí está hablando de verdad. La mira fijo sin hablar. Mira
esperando una reacción en Lucho. Larga pausa tensa). ¿Qué pensás? ¿No
vas a decir nada?
LUCHO: (Le habla como a un niño). Entonces complaceme una vez más:
cuando terminás en el escenario, vas adonde te mande el Perro. Si te pide que
se la chupés se la chupás, si quiere hacerte el culo te ponés en cuatro calladita
y si tiene ganas de mearte encima ponés cara de inodoro y dejás que te mee.
¿Está claro?
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LUCHO: (Disfrutando de la paliza que le está dando)¿Por qué, gritás? ¿Eh?
¿No querías una escena familiar? Bueno, acá la tenés: papá juega a la pelea
con mamá y el nene. (Se ríe hablándole a la panza).“Nene: esto es lo que te
espera si llegás a salir de la panza: un papá muy nervioso que te va a cagar a
palos todo el día”. (Se mira la camisa y está manchada de rouge. Se enfurece)
¡Mirá lo que hiciste, hija de puta, me manchaste con rouge la camisa de
escena. Rubí cae de la cama y trata de escapar arrastrándose en cuatro patas
por la habitación.) ¡Vení para acá, puta asquerosa, ahora me vas a limpiar esto
con la lengua! (La mujer grita desesperada mientras Lucho la golpea. Llora a
los gritos. En ese momento golpean la puerta. (Lucho está fuera de sí.
Pregunta de mal modo). ¿Quién es?
LUCHO: (Solícito)No, por favor. No tiene nada que ver con eso. Es solo que...
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SOTELO: El pianista te está esperando. Queremos que lo tuyo empiece ya, así
las esposas de los compañeros se van con los pibes a dormir y podemos tener
el show que es solo para hombres.
SOTELO: ¿El turco? (Lucho hace un gesto de no saber el nombre.) No, ¿para
qué? ¡Si tiene un toscano en la oreja! Le da lo mismo un cantante melódico que
uno de tarantelas. Lo que tiene él son lo contactos. Lo otro corre por cuenta
mía. El Turco hace lo que yo le diga. Me debe muchos favores.
SOTELO: (Lo mira serio un instante sin contestarle. Luego mira su reloj). Las
once y cinco. ¿Vas a seguir hablando o vas a ir a trabajar?
RUBÍ: Porque lo vi una sola vez antes y porque vos tampoco lo tuteás...
SOTELO: Peralta: llevás casi diez minutos de atraso del show.... ¿vas a
hacerlo o no?
LUCHO: Sí, ya me voy.... (A Rubí) Hacé todo lo que te diga el señor Sotelo,
que yo después arreglo con él...
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SOTELO: (Seco) ¿Qué es lo que tenemos que arreglar?
SOTELO: ¿No quedó claro cuánto iba a cobrar cada uno por su trabajo en el
contrato del show?
LUCHO: Sí, eso sí, está clarísimo señor Sotelo. Yo digo otra cosa… (Sonríe
tenso) usted me entiende.....
RUBÍ: (Da vueltas para evitar decir la verdad). No me siento bien. Pausa.
( Sotelo no dice nada. La mira fijo. Rubí comienza a asustarse. Es un peso
pesado del gremio y su presencia siempre intimida. Finalmente Sotelo se
levanta de su sillón y se dispone a salir de la habitación.)
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RUBÍ: Sí lo leí... pero hay cosas que no se ponen por escrito...
SOTELO: (Se levanta con expresión ceñuda. Va sobre ella que retrocede
aterrada). Perdón: ¿qué dijiste?
SOTELO: (La sacude y comienza a gritarle. Rubí está paralizada por el miedo.)
¿Por quién me tomaste, puta de mierda? ¿Qué te creíste, eh? ¿Qué venías a
un prostíbulo? ¡Estas paredes fueron levantadas con el esfuerzo de mucha
gente de trabajo, con cada peso que aportó a su sindicato para tener un lugar
de descanso digno en sus vacaciones! ¡Para tener un lugar donde albergar a
los compañeros del interior cuando tenemos que discutir mejoras laborales o
elegir autoridades como en la convención de hoy! ¡Andate ya mismo! ¡Si en
cinco minutos vuelvo y estás acá, te hago sacar a patadas en el culo por mis
custodios!
RUBÍ: No.
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RUBÍ: No sé...
RUBÍ: (Cada vez más humillada) De veras no lo sé... eso lo arregla Lucho...
SOTELO: O sea que tu opinión no cuenta... él es el dueño del circo y vos sos el
mono...
SOTELO: (Pausa. Una vez que Sotelo logró su objetivo de humillarla, se mira
al espejo y se acomoda la camisa. Le habla a Rubí a través del espejo). Esta
camisa me costó 180 dólares. La compré en Estados Unidos. Es de seda
natural. ¿A cuántos tipos tendrías que atender para comprarte una camisa de
estas? Y eso si consiguieras quien te la traiga de Estados Unidos, porque acá
no la vas a conseguir. ¿Te das cuenta que si quisiera, con lo que me salió
nada más que esta camisa, puedo traer a una corista del Maipo y hacerla que
me baile el can-can en pelotas para mí solo? (La mira a través del espejo. Rubí
está con la cabeza gacha.) Te pregunté algo...
SOTELO: Me alegro. Ahora andate y no te quiero volver a ver más por acá. Y
de ahora en adelante aprendé a respetar a la gente de trabajo.
SOTELO: Sentate.
SOTELO: No.
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SOTELO: No me lo agradezcas porque no lo hago por vos. Agradecéselo a ese
futuro hijo tuyo. (Rubí asiente agradecida.) ¿Qué pensás hacer de ahora en
más?
RUBÍ: No, señor Sotelo. No se confunda. Yo no voy a seguir con esta vida. Eso
se terminó para mí.
SOTELO: ¿Vos estás sorda o sos estúpida? ¿No lo escuchaste a Peralta cómo
te vendió antes de salir al escenario? ¿Qué te hace pensar que se va a ocupar
de vos y del chico? (Rubí no tiene respuesta para eso, intenta defenderse
débilmente pero se adelanta Sotelo.) Contestame lo que te voy a preguntar,
pero de verdad, con una mano en el corazón: si a Peralta le fuera muy bien en
su carrera: ¿creés que seguiría con vos?
SOTELO: ¿De veras creés eso? ¿De veras creés que un hombre enamorado
de su mujer le pide que se deje hacer cualquier cosa por un tipo y los amigos
de ese tipo que, supuestamente, le va a conseguir un contrato? ¿De veras
creés que si Peralta encauzara con éxito su carrera artística seguiría con vos?
(Rubí vuelve a llorar, agacha su cabeza y niega.) O sea, que vos en realidad
desearías que no le fuera bien en su carrera de cantante...
SOTELO: Entonces tenés que estar preparada para que él te deje, para que tu
hijo se críe sin padre y para seguir con tu actual “profesión”, por llamarla de
algún modo...
RUBÍ: (Queriendo defenderse) No todo siempre sale mal… hay que tener fe...
también Lucho puede cambiar al ver a su hijo...
SOTELO: Vos sabés que eso no va a pasar. Si no llego a tiempo hace un rato,
cuando te estaba fajando, no sé que hubiera pasado.
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RUBÍ: Hay cosas que uno no decide. Que están en manos de Dios.
SOTELO: Eso es cierto. Pero hay un momento en que Dios nos concede un
poder para elegir. Y cuando llega ese momento, si no elegimos, otros lo hacen
por nosotros. Por ejemplo, yo tengo que tomar a diario decisiones que no me
gustaría tener que tomar pero que, si no lo hiciera, todo sería mucho peor.
SOTELO: Por ejemplo, negociar 50 despidos para evitar que haya otros 300,
negociar una huelga cuando en una fábrica sobra stock y hacerles ahorrar a
los dueños una semana de sueldos a cambio de un acuerdo para que no echen
a nadie, engañando de ese modo a los compañeros con algo que está perdido
de antemano. Y así podría nombrarte miles de cosas más. En esas decisiones
que tomamos, lo que hacemos está mal, pero si no lo hiciéramos, sería mucho
peor. ¿Me entendés?
RUBÍ: Sí, creo que lo entiendo. Pero en mi caso no hay nada que yo pueda
decidir.
SOTELO: Si querés que lo ayude a Peralta a que grabe ese disco, y a que
gane buena plata con una gira por los hoteles de nuestro sindicato y de otros
gremios. Es guita segura porque el público es cautivo: son los mismos afiliados
de cada sindicato. Se incluye como show de los distintos hoteles de vacaciones
de la costa y del interior: Córdoba, Mendoza, Entre Ríos… hay varios. Además
tenemos amigos en las radios de las provincias para la difusión del disco. En
una de esas, hasta se vende bien y tenemos otro éxito como pasó con Leo
Jiménez. A él lo inventamos nosotros, ¿te contó eso, Lucho?
RUBÍ: (Pausa. Miradas. Dura)¿Por qué quiere que le diga yo qué es lo que
tiene que hacer con Lucho? ¿Acaso no le gusta como canta?
SOTELO: ¿De veras creés que un hombre enamorado de su mujer le pide que
se deje hacer cualquier cosa por un tipo y los amigos de ese tipo que,
supuestamente, le va a conseguir un contrato? (Lucho se va lentamente de la
escena. El Perro lo sigue con la mirada. Luego vuelve a ella). ¿De veras creés
que si Peralta encauzara con éxito su carrera artística seguiría con vos? (Rubí
vuelve a llorar, agacha su cabeza y niega.) O sea, que vos en realidad
desearías que no le fuera bien en su carrera de cantante...(Vuelve la luz
natural de la escena, la que estaba antes del momento de los recuerdos y
pensamientos.)
RUBÍ: (Aclara con énfasis al instante, mirando a Sotelo a través del espejo)
¡No, eso no es lo mejor para Lucho! ¡Yo soy lo mejor para él! (Sotelo que
interrumpió su acción para escuchar a Rubí se la queda mirando a través de la
pared espejada. Luego dibuja una sonrisa en su cara, asiente con la cabeza
como dando por sentado que ha interpretado el pedido de Rubí y continúa
peinándose. Rubí, que sigue a sus espaldas de queda mirándose fija al espejo.
Apagón.
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escena 2
LUCHO: No... pero como estaba la habitación a oscuras pensé que no había
nadie.
LUCHO: (Decepcionado) Muy bien, solo que pensé que iba a estar usted entre
el público.
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guita, pero saben que si vamos divididos los zurdos pueden arrimar el bochín.
Por suerte en el receso llegaron los tipos con el cheque y López se vino a
conformar la lista única. Como se quedaron para ver el final de la convención,
los invité a ver el show. Era una forma de compensarlos por haber viajado
hasta acá. En fin, como te decía antes, estas convenciones me dejan los
nervios destrozados. (Lucho asiente mecánicamente.) Me imagino que vos
también te pondrás un poco nervioso antes de salir a escena.
LUCHO: Sí... un poco... lo normal... siempre antes de empezar. Una vez que
arranco después todo es más fácil.
LUCHO: (Tartamudea y no puede articular palabra). No... yo... co... cómo iba a
tenerle…
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o que mandé matar a delegados combativos para controlar todas las
seccionales o que estoy asociado con empresarios en negocios
millonarios que se financian con las cuotas sindicales? ¿Sabías eso o no?
(Lucho asiente.) ¿Y te parece que son mentiras? (Pausa. Lucho duda antes de
responder y finalmente niega con la cabeza.) Bien. Ahora nos entendemos. Si
vamos a hacer negocios juntos tenemos que hablar de frente. A mí no me
vengas a pasar la mano por el lomo ni te hagas el dandy conmigo porque se te
nota mucho que sos un muerto de hambre. No te olvides que yo también me
hice de abajo. (Pausa de miradas sostenidas. Sotelo le pasa el whisky. Sonríe).
Chin-chin (Choca el vaso de Lucho). ¡Salud! (Sotelo da un sorbo a su vaso).
Me gusta el mundo del espectáculo, siempre me gustó. Y creo que tengo pasta
para eso. Pero a mí no me interesa ni el cine, ni el teatro, ni siquiera la música.
Ya te dije antes que tengo una tapia en la oreja. (Sonríe). Los dedos de una
mano me sobran para enumerar los libros que leí en mi vida. A mí me gusta
otro tipo de espectáculo. Muchas veces trato de imaginarme cómo habrían sido
aquellos circos romanos, donde a los cristianos les soltaban a los leones o los
hacían pelear con esos gladiadores asesinos. Me hubiese encantado ver un
espectáculo así. Pero, ojo: no la boludez que ves en las películas de Semana
Santa. No. Eso es una mierda. Yo hablo de algo real. Ya ni el boxeo me
interesa: están todas las peleas arregladas… en cambio, en el circo romano, lo
que decidía el resultado de una faena era un pulgar hacia arriba o un pulgar
hacia abajo. (Se queda perdido en su pensamiento). ¡Ahí está! ¡Eso es lo que
más me gusta del mundo del espectáculo!
LUCHO: ¿Qué?
SOTELO: Tal cual... (Se lo queda mirando sorprendido y sonríe por la reacción
de Lucho). Me gustás más cuando te ponés insolente, Peralta. Seguí así, que
ahora vas muy bien.
LUCHO: Mire Sotelo, yo sé muy bien que usted me contrató por Rubí. ¿O me
equivoco?
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LUCHO: La verdad es que nunca me creí demasiado lo del disco, pero
bueno… que sé yo… podía ser... está el circuito de vacaciones de los hoteles
sindicales... había alguna posibilidad si usted seguía interesado en Rubí…
LUCHO: (Como una obviedad) Sotelo: la noche que vio nuestro show en el
cabaret, lo estuve observando mientras Rubí hacía el streep. No le sacó los
ojos de encima. Después me acerqué y lo invité una copa y arreglamos lo del
contrato de esta noche. Usted quería a Rubí y yo arreglé incluirme en el
paquete.
SOTELO: Vos estás convencido que esa mina es tu gallina de los huevos de
oro. (Sonríe).Estás tan equivocado....
SOTELO: ¿Y Rubí?
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LUCHO: Se lo juro. (Evocando) Me había estado mirando toda la noche. Al final
cuando estaban todos borrachos y cansados, le dije al músico que me
acompañara con los temas compuestos por mí. Nadie me prestaba atención,
pero por aquellos tiempos yo me había impuesto cantar mis propias canciones
adonde me contrataran. Aún en la cantina más miserable de La Boca en la que
actuaba animando fiestas de fin de año, siempre me hacía un espacio para
cantar algunos temas míos. (Sonríe). Usted me dirá que es imposible
encontrar un auditorio sensible en esos lugares. Y tiene razón. Pero yo era
mucho más joven y más inocente que ahora y recién estaba empezando. Por
supuesto que en ese casamiento nadie escuchó mis canciones. Nadie, excepto
Rubí. Ella se acercó hasta donde yo estaba cantando, pero yo no la vi hasta
que terminé de cantar cinco o seis de mis canciones. Había cerrado los ojos
para evitar que la indiferencia de la gente me afectara. Y cuando los volví a
abrir, estaba ella aplaudiendo con los ojos llenos de lágrimas. (Pausa. La
evocación de aquel encuentro lo ha conmovido por un instante a Lucho).
SOTELO: ¿Y después?
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LUCHO: Sí: fue la noche del casamiento que la conocí. Le dije que como
estábamos en Villa Diamante no me sorprendía encontrar un “rubí”. Y ahí le
quedó.
LUCHO: Ella estudiaba danza y le ofrecí que creáramos un show para vender
en los clubes nocturnos. Rubí se enloqueció porque de esa manera podría
estar conmigo todas las noches. (Sonríe). Más de una vez desaparecía por
unos días con alguna otra mina que conocía en un laburo. Ella sufría, pero no
podía dejarme. Nunca va a poder. Una vez que empezamos a trabajar en
clubes nocturnos, llovieron los ofrecimientos para acostarse con Rubí. Por
supuesto que al principio se negó, pero al final terminó cediendo ante mi
presión. Algunas veces tuve que fajarla, otras tuve que amagar con
abandonarla, en fin... aquí estamos. Ahora, si no le molesta: ¿podemos volver
a hablar del disco?
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SOTELO: Pará: ¿estamos hablando del mismo Ferraro, de Buby Ferraro, el
productor de discos?
SOTELO: ¡Entonces no tenés nada que hacer conmigo! ¡Ese tipo es el capo
del negocio de la música! ¡Te conviene toda la vida que te maneje él!
LUCHO: No puedo. En esa época tuve un problema con él. No solo que no me
dejó grabar en su sello, sino que se ocupó de que nadie más me tomara una
prueba en una discográfica.
LUCHO: No sé… todo pasó muy rápido… lo único que recuerdo de esa tarde
es que había manchas de sangre por todo el lugar y Buby estaba tirado contra
un rincón.
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Lamento que hayas perdido tantos años preciosos por haber desaprovechado
tu prueba. Fue tu gran oportunidad y la dejaste pasar.
SOTELO: Es increíble que sigas sin ver tu problema, después de todo lo que
pasaste… (Negando con la cabeza, incrédulo) no aprendiste nada, Peralta.
SOTELO: El problema fue que eras muy joven y no entendiste que eso que
quería Buby de vos era “la prueba”. Y no la pasaste. No podés culpar a nadie
más que a vos mismo por eso.
Larga pausa. Sotelo lo mira fijo unos segundos antes de volver a hablar.
SOTELO: Bien, Peralta. Al fin te das cuenta. “Porque no lo querías tanto como
pensabas”. Porque, de haber sido un deseo tan fuerte grabar ese disco,
hubieses hecho cualquier cosa sin medir las consecuencias. Hay que pagar
por todo en la vida, Peralta. Y mucho más por lo que deseamos. Como pagué
yo para estar en el lugar en el que estoy. Como pagó Rubí para estar con vos.
Cuando la mandaste a yirar, ella tuvo “su prueba” y la pasó. Y gracias a eso te
tiene a vos, que es lo que quería.
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LUCHO: (Molesto por el comentario) Usted se equivoca. Rubí no me tiene…
SOTELO: (Sonríe burlón). ¡Sos un perejil, Peralta! ¡Estás convencido que esa
mina es tu salvación y es el lastre más pesado que llevás! ¡Te hizo perder la fe
en vos mismo! La incluís en tus shows porque te convenció que ella es la que
convoca al público poniéndose en bolas. (Se ríe). ¡Me lo dijiste vos mismo! Te
creés que es lo más importante que tenés.
SOTELO: ¿Y cómo te va a ir bien estando con esa mina? ¿Sabías que ni bien
te fuiste a cantar me pidió “por favor”, que no te hiciera grabar tu disco?
SOTELO: Peralta: si fue capaz de yirar con tal de estar con vos, ¿te pensás
que no se va a animar a pedirme algo tan simple con tal de que no la
abandones? (Lucho lo mira con cierta duda. Sigue atizando el fuego). Ella
sabe, o intuye al menos, que el día que te vaya bien la vas a dejar, como dijiste
vos hace un rato… ahora, pensá un poco: ¿si me lo pidió a mí, no creés que se
lo haya pedido a otros antes? (Sonríe). ¡Y andá a saber haciéndole qué favores
con tal de que no te dejaran grabar! (Lucho se queda helado ante el
comentario. Ahora avanza más).A lo mejor no fue por culpa de Buby Ferraro
que nunca más conseguiste una prueba en una discográfica en todos estos
años… a lo mejor le convino a Rubí que vos pensaras eso…
SOTELO: (Sonríe). Ehhh… ¡Pará un poco! ¡No te pongas así! ¡Vos querés
arreglar todo a las trompadas! Tranquilo… acordate lo que te pasó con Buby
Ferraro por cagarlo a palos… Calmate. Andá a servir otros dos whiskys.
(Lucho obedece. Se sienta en la cama y lo mira mientras los sirve. Lo llama
desde la cama).Vení, sentate acá conmigo. Olvidate de esa putita. Ya es parte
de tu pasado. Tenemos que hablar de negocios.
LUCHO: Sotelo: antes que nada quiero agradecerle que me haya abierto los
ojos. No sé cómo pude vivir engañado tantos años. De veras, gracias.
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SOTELO: (Sonríe con calidez). No es nada. Lo más importante es que te hayas
dado cuenta de lo necesaria que es la verdad. Porque yo seré una bestia que
no terminó ni la primaria, y no sabré un carajo de arte, pero, cuando veo a un
artista en serio, lo sé reconocer. ¿Y sabés qué es lo que marca la diferencia?
Que tenga verdad, que uno pueda creerle todo. Es lo que te decía del circo
romano: ahí no había cuentos chinos como en el teatro o como en el cine que
es todo mentira. Ahí era matar o morir. Por eso la gente ya no va al teatro y en
cambio sí llenaba los circos romanos. Y esa cosa es lo que quiero transmitir a
mis artistas si me dedico al negocio del espectáculo, justamente eso: matar o
morir, ¿entendés?
LUCHO: ¡Salud! (Beben. Sotelo lo mira y sonríe sin decir nada). ¿Qué pasa?
LUCHO: No importa, decímelo… (El Perro sonríe y niega con el dedo mientras
toma otro sorbo de whisky.) Dale…
SOTELO: Pensaba cuál sería el secreto para que la tuvieras tan enganchada a
Rubí…
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LUCHO: (Avergonzado) De algún modo, sí. Todos en el ambiente saben que
es un maricón de mierda, aunque siempre se haga fotografiar con mujeres
preciosas para disimular.
SOTELO: Entonces cuando fuiste aquella vez a dar la prueba sabías lo que te
podía esperar…
SOTELO: Quería agradecerte mucho a vos y a Rubí. Hoy nos dieron un gran
espectáculo. (Dicho esto cambia de actitud y se da media vuelta y tira unos
billetes en la cama). Te dejo esta propina para que la repartas con tu mujer.
(Sale. Lucho se acerca lentamente hacia la cama y se sienta. Toma los billetes
que le han dejado, se los queda mirando en silencio y luego los empieza a
romper lentamente.) Apagón.
escena 3
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ESCUCHA EL SONIDO SUAVE DE LA DUCHA QUE LLEGA DESDE EL
BAÑO. SE ABRE LA PUERTA DE LA HABITACIÓN Y ENTRA MUY
SIGILOSAMENTE RUBÍ CON SU ROPA DE SHOW Y LA BATA QUE LA
CUBRE TAL CUAL LA VIÉRAMOS EN LA PRIMERA ESCENA. EN PUNTAS
DE PIE CAMINA HACIA EL PLACARD DONDE ESTÁ SU VALIJA Y SU ROPA.
A SU PASO APOYA LA OREJA EN EL BAÑO PARA COMPROBAR QUE
LUCHO SE SIGUE BAÑANDO. LUEGO VA HASTA EL PLACARD Y SE SACA
LA BATA Y SOBRE LA ROPA DEL SHOW SE PONE UNA POLLERA TUBO,
UNA BLUSA Y UN TAPADO ROJO CORTO. SE VISTE RÁPIDO PARA QUE
NO LA ENCUENTRE LUCHO. ESCUCHA QUE EL SONIDO DE LA DUCHA
HA CESADO Y SE APRESURA A GUARDAR LO QUE LE QUEDA EN SU
VALIJA Y A CAMINAR EN PUNTAS DE PIE HACIA LA PUERTA. CUANDO
LLEGA, AL QUERER ABRIRLA, COMPRUEBA QUE LA MISMA HA SIDO
CERRADA DEL LADO DE AFUERA, DEL PASILLO.
LUCHO: Querrán revisarnos antes de que nos vayamos para controlar que no
nos llevemos ningún souvenir.
RUBÍ: (Asustada) Tengo miedo de que nos hagan algo malo, Lucho…
LUCHO: ¿Por qué estás tan preocupada? ¿Tenés el culo sucio? ¿Eh? ¿Qué
me estás ocultando?
RUBÍ: (Asustada) Haceme caso, por favor… salgamos cuanto antes de acá…
(Lucho la mira largamente en silencio y con expresión de odio. Rubí también se
asusta por esto.)
LUCHO: Siempre pensé que sentías admiración por mí. Al menos eso fue lo
que me hiciste creer desde que te conocí. Nunca me di cuenta, hasta esta
noche, que lo que realmente te pasaba era que me envidiabas
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profundamente… ( Rubí, vencida, suspira hondo y agacha la cabeza. La obliga
a levantarse para que lo mire y la sacude de los hombros.) ¡Decime lo que
hiciste para convencer a todos los ejecutivos de las discográficas para que no
me volvieran a tomar una prueba! (Rubí niega con la cabeza, sollozando. La
empuja hacia la cama) ¡Sí, mentirosa de mierda! ¡Hiciste eso todos estos años!
Ahora lo veo claramente en tu mirada… tenías miedo que te dejara si me iba
bien en mi carrera… (Pausa. Rubi se queda sentada en la cama sollozando. La
mira un rato en silencio. luego se va hacia la barra a buscar un trago. se sirve
un whisky y desde allí la mira, escudriñándola). Decime una cosa: ¿Qué
cagada te mandaste para que nos tengan acá encerrados? ¿Eh? (Rubí,
cabizbaja, no contesta.) ¿Qué pasa? ¿Te comieron la lengua los ratones?
¿Hiciste algo malo en el show?
RUBÍ: No lo hice…
RUBÍ: (Levanta la vista para mirar a Lucho) No hice mi show… lo hizo otra
bailarina…
LUCHO: (Crispado) ¿De qué carajo estás hablando? ¿Me estás jodiendo,
imbécil? ¿Cuál show? ¡Si no llegaste ni a ir al escenario! (Rubí se levanta y
camina hacia la pared espejada. Se para allí y se acomoda un poco el cabello.
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Lucho, a su espalda, más atrás, la mira a través del reflejo. Pero Rubí mira sin
mirar, perdida en su evocación.)
RUBÍ: Eso mismo dije yo. Y entonces, uno de ellos que estaba muy
borracho, me dijo que ya iba a entender. (Camina el largo de toda la pared
espejada tocándola con sus manos). Entonces me hicieron sentar en una silla,
apagaron las luces de la habitación y descorrieron un largo cortinado bordó
donde se veía esta habitación… (Pausa. Lucho mira a Rubí a través de la
pared espejada, empezando a entender.) Vos volvías a la habitación después
de cantar, Sotelo estaba en el baño… (Comienza a quebrarse y Lucho de a
poco también.) Empezaron a hablar de tu disco… de cómo vos y yo nos
habíamos conocido en la curtiembre del papá de Marisa… (Lucho se cubre la
cara avergonzado. Comienza a llorar).… cuando dijiste que yo era un burro
siguiendo una zanahoria quise salir de la habitación, pero no me dejaron… me
obligaron a que me quedara en la silla viendo todo… (Deja la pared espejada y
se deja caer en una silla de la habitación). Como no podía irme, cerré los ojos.
Pero inmediatamente los volví a abrir porque me dolía más escucharte sin
verte… (Lucho está con la cara tapada de vergüenza.) Escuché lo que dijiste
de Buby Ferraro, te vi con Sotelo cuando te desabrochaste la camisa y le
dijiste… (Se corta, no lo dice).
RUBÍ: (Se pone de pie alarmada). ¿Qué vas a hacer, Lucho? ¿De dónde
sacaste esa pistola?
RUBÍ: Por favor, dejá eso Lucho… (Lucho se pone el caño del arma en la sien
frente a la pared espejada.) ¡No, Lucho, nooooo! (Lucho se dispara pero el
arma no tiene balas. Risotadas en off más fuertes y permanentes. También
aplausos grabados como si hubiese habido un remate de un gran gag.
Después de disparar de gatillar dos o tres veces y comprobar que no hay balas
Lucho se deja caer de rodillas llorando frente a la pared espejada. Se deshace
al verlo así y se acerca a él para que se levante). Lucho, por favor, no llorés
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que te están mirando… no les des el gusto de que te vean así… si querés llorar
encerrate en el baño…
LUCHO: (De rodillas, como está, se abraza a las piernas de Rubí, llorando).
Perdoname, por favor… perdoname… fui un hijo de puta… no me dejes,
Rubí… te lo ruego… por favor, no me dejes…
RUBÍ: (Enojándose por sobre su tristeza)¡No hagas esto, Lucho! ¡No sigamos
dándoles este espectáculo de nuestras miserias a estos degenerados!
FIN
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