La ansiedad en adolescentes: prevalencia, causas e intervenciones
La ansiedad es una de las problemáticas de salud mental más frecuentes en la
adolescencia. Aunque sentir ansiedad en ciertos momentos puede ser una respuesta
normal ante situaciones estresantes, cuando esta emoción se vuelve intensa, persistente
e interfiere con el funcionamiento diario, se convierte en un trastorno que requiere
atención profesional. Reconocer sus causas, síntomas y formas de intervención es clave
para prevenir consecuencias graves en el desarrollo emocional de los adolescentes.
Se estima que los trastornos de ansiedad afectan entre el 10% y el 20% de los
adolescentes a nivel mundial, según datos de la Organización Mundial de la Salud
(OMS). En muchos casos, estos trastornos comienzan en la infancia o adolescencia, y si
no se abordan a tiempo, pueden persistir hasta la edad adulta, afectando la calidad de
vida, el rendimiento académico, las relaciones sociales y la autoestima.
Las causas de la ansiedad en adolescentes son múltiples y suelen interactuar entre sí. A
nivel biológico, algunos adolescentes pueden tener una predisposición genética a
desarrollar ansiedad. Además, los cambios hormonales propios de la adolescencia
pueden influir en su aparición. En el plano psicológico y social, el miedo al fracaso, las
altas exigencias escolares, el bullying, los conflictos familiares, la inseguridad o la
presión social pueden generar niveles de ansiedad elevados. En la actualidad, también se
ha observado un vínculo entre el uso excesivo de redes sociales y el aumento de
síntomas ansiosos, especialmente por la comparación constante con otros y la necesidad
de validación externa.
Los síntomas de ansiedad en adolescentes pueden variar, pero comúnmente incluyen
preocupación excesiva, dificultad para concentrarse, inquietud, tensión muscular,
problemas para dormir, fatiga constante y síntomas físicos como palpitaciones, dolor de
estómago o sudoración. También pueden manifestar conductas de evitación, como faltar
a la escuela o evitar situaciones sociales. En muchos casos, estos síntomas se confunden
con “problemas de comportamiento”, lo que dificulta su detección.
Las intervenciones para la ansiedad en adolescentes deben centrarse en brindar
herramientas efectivas para enfrentar sus emociones. La terapia cognitivo-conductual
(TCC) es una de las más utilizadas y eficaces, ya que ayuda a identificar pensamientos
distorsionados, desarrollar habilidades de afrontamiento y mejorar la autorregulación
emocional. También puede ser útil la práctica de técnicas de relajación, mindfulness y
respiración consciente. En casos moderados o graves, se puede considerar el uso de
medicamentos ansiolíticos, siempre bajo supervisión médica especializada.
Además del tratamiento individual, es fundamental crear entornos seguros y
comprensivos. Las familias, las escuelas y la comunidad deben participar activamente
en la promoción de la salud mental. La educación emocional desde etapas tempranas, el
acceso a apoyo psicológico en escuelas y la capacitación de docentes pueden hacer una
gran diferencia en la prevención y atención oportuna de los trastornos de ansiedad.
En conclusión, la ansiedad en adolescentes es un tema que merece mayor visibilidad y
atención. Comprenderla como un fenómeno real, y no como una exageración o
debilidad, permite generar respuestas más humanas y efectivas. Atender la salud mental
de los jóvenes hoy, es invertir en adultos más sanos y resilientes mañana.