En síntesis, la violencia simbólica es una autoridad forzada de un dominador hacia un
dominado, imponiendo comportamientos individuales y/o sociales de manera pasiva;
impidiendo la libre expresión, la destrucción del patrimonio, el modo de vida o la
reorganización en el espacio social. Hoy en día, la violencia simbólica considera que el
sentir y el pensar del individuo surte efecto en la dominación, haciéndole pensar que sus
razones y motivos son iguales a los de una sociedad masificada.
Desde la antigüedad, se ejercía la violencia simbólica influenciando a las personas a crear
perfiles que sólo podían ejercer algunas actividades respecto a su sexualidad, estrato social
o región; motivo por el cual actualmente, aun se ven marcadas las conductas asimétricas del
poder, la fuerza, la inteligencia entre ambos géneros.
En todos los sectores sociales, políticos, culturales y económicos hay presencia de la
violencia simbólica, pues la misma ciudadanía se ha encargado del dominio continuo hacia
los más débiles; con la corrupción, el bullying, el maltrato psicológico, la belleza estética,
el desplazamiento forzado, etc.