Título: La importancia de evaluar el control de impulsos en guardias de seguridad
1. Introducción
En el contexto de la seguridad privada, los guardias cumplen una función crítica en la prevención de
delitos, el resguardo de bienes y la protección de personas. Esta labor implica una exposición constante
a situaciones potencialmente estresantes, confrontacionales y de alta tensión. Por esta razón, evaluar el
control de impulsos en los aspirantes y en el personal activo es fundamental para garantizar un
comportamiento profesional, ético y ajustado a las normativas. El presente documento analiza la
importancia de dicha evaluación desde diversas perspectivas: psicológica, operativa, legal y social.
1. Definición de control de impulsos
El control de impulsos se refiere a la capacidad de una persona para resistir deseos o impulsos
inmediatos en favor de conductas más apropiadas o socialmente aceptables. En el ámbito de la
psicología, se considera una función ejecutiva del cerebro, relacionada con la autorregulación
emocional, la planificación y la toma de decisiones. Un individuo con buen control de impulsos es capaz
de pensar antes de actuar, evaluar las consecuencias de sus actos y manejar adecuadamente su
frustración o enojo.
1. Relevancia en el rol del guardia de seguridad
Un guardia de seguridad enfrenta, de manera frecuente, situaciones que requieren intervención
inmediata, como intentos de robo, agresiones verbales, emergencias médicas o desórdenes públicos.
En tales escenarios, la capacidad de mantener la calma, tomar decisiones prudentes y actuar de manera
proporcional es crucial. Un bajo control de impulsos puede derivar en reacciones desmedidas, violencia
innecesaria o conflictos que escalan rápidamente, lo que compromete no solo la integridad del guardia
y de terceros, sino también la reputación de la empresa o institución contratante.
1. Implicancias legales y éticas
El uso excesivo de la fuerza o comportamientos inadecuados por parte de un guardia de seguridad
pueden acarrear consecuencias legales graves. La evaluación del control de impulsos permite prevenir
la contratación de individuos con riesgos elevados de incurrir en este tipo de acciones. Desde una
perspectiva ética, las empresas tienen la responsabilidad de asegurar que su personal actúe de forma
respetuosa, profesional y conforme a los derechos humanos. Por lo tanto, contar con herramientas que
midan la capacidad de autocontrol resulta indispensable para cumplir con estos estándares.
1. Evaluación psicológica como filtro preventivo
La implementación de evaluaciones psicológicas, que incluyan pruebas específicas para medir el control
de impulsos, como la Escala de Impulsividad de Barratt (BIS-11), junto con entrevistas por competencias
y análisis conductuales, actúa como un filtro preventivo. Este enfoque permite detectar posibles
dificultades en el manejo emocional y ofrecer intervenciones oportunas, ya sea mediante la no
selección del candidato o la recomendación de procesos de formación y acompañamiento psicológico.
1. Relación entre impulsividad y riesgo operativo
Diversos estudios han demostrado que la impulsividad se relaciona con conductas de riesgo, accidentes
laborales y errores de juicio. En contextos de seguridad, esto puede significar desde la omisión de
procedimientos hasta decisiones erradas que pongan en peligro a otros. Un guardia impulsivo podría,
por ejemplo, enfrentarse innecesariamente a una amenaza, intervenir sin apoyo, o provocar una
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escalada del conflicto. Evaluar esta variable permite proyectar el nivel de riesgo operativo y adoptar
medidas correctivas.
1. Impacto en la convivencia y el trabajo en equipo
La impulsividad no solo afecta la relación con usuarios o personas externas, sino también con los
compañeros de trabajo. Un guardia con baja tolerancia a la frustración puede generar conflictos
internos, afectar el clima laboral y debilitar la cohesión del equipo. La evaluación de esta dimensión
permite también prever el ajuste del candidato al grupo de trabajo, favoreciendo ambientes
colaborativos y armoniosos.
1. Formación y desarrollo de habilidades blandas
Evaluar el control de impulsos no implica excluir automáticamente a quienes presentan ciertas
dificultades, sino que también permite identificar necesidades formativas. A través de talleres de
autocontrol, inteligencia emocional, resolución de conflictos y manejo del estrés, es posible desarrollar
competencias que mejoren el desempeño del personal. Esta visión promueve un enfoque de mejora
continua y desarrollo humano dentro de la empresa de seguridad.
1. Beneficios institucionales
Contar con personal evaluado y entrenado en el manejo de impulsos tiene repercusiones positivas para
las instituciones: disminución de incidentes, mejora en la relación con los clientes, aumento de la
confianza en los servicios prestados, y fortalecimiento de la imagen corporativa. Además, permite
anticiparse a posibles problemas, reducir rotación y fomentar la estabilidad del equipo de trabajo.
1. Conclusión
La evaluación del control de impulsos es una práctica esencial en los procesos de selección, evaluación y
formación de guardias de seguridad. Dada la naturaleza de su trabajo, la capacidad de autorregulación
emocional influye directamente en la calidad del servicio, la seguridad de las personas y el
cumplimiento de la normativa vigente. Incorporar herramientas validadas y procesos éticos en esta
evaluación constituye una inversión en seguridad, eficiencia y reputación institucional.