Querido Tommy:
No sé muy bien cómo empezar, porque hay muchas cosas que me gustaría decirte y no sé
si las palabras van a estar a la altura. Pero sí tengo claro que no podía acabar este curso
sin escribirte esta carta.
Han sido dos años intensos, llenos de fórmulas, experimentos, cálculos… pero también
llenos de aprendizajes mucho más importantes. Al principio, Física y Química se me
hacían cuesta arriba. Había momentos en los que sentía que no podía, que era demasiado
para mí. Pero tú supiste estar ahí de una forma especial. No solo me enseñaste una
asignatura, me enseñaste a no rendirme. Poco a poco, con tu paciencia y tu forma de
explicar, conseguiste que algo que me parecía imposible terminara gustándome. Y eso,
para mí, ya fue un logro enorme.
Pero si hay algo que de verdad quiero agradecerte, más allá de lo académico, es que
hayas confiado en mí incluso cuando yo no lo hacía. Has sido ese profesor que mira más
allá de las notas y de los ejercicios. Me escuchaste cuando necesitaba ser escuchada, me
diste fuerzas cuando me sentía más perdida, y lograste que sacara lo mejor de mí incluso
en los momentos en los que ni yo creía que pudiera hacerlo.
Gracias por haber estado. Por haberme entendido sin necesidad de muchas palabras. Por
haberte preocupado, por haber hecho que me sintiera acompañada, por haber tenido esa
capacidad de ver lo que otros no veían. Has sido una figura muy importante para mí,
aunque a veces no lo diga o no se note. Porque esas pequeñas cosas que hiciste, esos
gestos, esas miradas de ánimo, esos momentos de confianza… son los que realmente se
quedan grabados.
Siempre he intentado ayudar en clase, tanto a ti como a mis compañeros, porque sé lo
complicado que puede ser estar al frente, y porque tú te merecías ese apoyo. Has dado lo
mejor de ti para que todos aprendiéramos, y yo quería devolverte un poquito de todo lo
que tú nos has dado. De verdad espero que te lleves un buen recuerdo de mí, porque yo
me llevo uno enorme de ti. Me cuesta imaginar que vaya a tener a alguien como tú otra
vez. Porque tú no solo das clase: tú dejas huella.
Espero, de corazón, que nunca te olvides de mí. Yo no lo haré jamás. En parte, gracias a
ti soy quien soy hoy. Has sido alguien que creyó en mí, que me dio confianza cuando más
lo necesitaba, y eso vale más que cualquier lección. Me has ayudado a crecer, y no hay
manera de agradecer eso del todo.
Y ojalá, si en algún momento de la vida necesito algo, estés ahí, como siempre has
estado. Porque saber que hay personas como tú cerca da tranquilidad. Me encantaría
poder contar contigo aunque ya no compartamos aula.
Me da muchísima pena que este haya sido nuestro último año juntos en clase. Me va a
costar no verte cada semana, no escucharte explicar, bromear, estar pendiente de todos.
Pero me quedo con todo lo vivido, con todo lo que me enseñaste, y con el cariño enorme
que me llevo de ti.
Gracias por todo, Tommy. De verdad. Por tu paciencia, por tu confianza, por tu cercanía,
por enseñarme tanto. Y sobre todo, por haber sido más que un profesor.
Con muchísimo cariño,
[Tu nombre]