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LBD3 Imputabilidad

El ensayo examina la responsabilidad penal de psicópatas y psicóticos, destacando las diferencias en su capacidad de culpabilidad y tratamiento legal. Los psicópatas son considerados imputables debido a su comprensión de las normas sociales, mientras que los psicóticos pueden ser considerados inimputables durante episodios de psicosis. La autora argumenta que la justicia común es la mejor herramienta para responsabilizar a los psicópatas, dado que comprenden sus actos, a diferencia de los psicóticos que actúan bajo una percepción distorsionada de la realidad.

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El ensayo examina la responsabilidad penal de psicópatas y psicóticos, destacando las diferencias en su capacidad de culpabilidad y tratamiento legal. Los psicópatas son considerados imputables debido a su comprensión de las normas sociales, mientras que los psicóticos pueden ser considerados inimputables durante episodios de psicosis. La autora argumenta que la justicia común es la mejor herramienta para responsabilizar a los psicópatas, dado que comprenden sus actos, a diferencia de los psicóticos que actúan bajo una percepción distorsionada de la realidad.

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Ensayo sobre los niveles de

responsabilidad penal/imputabilidad de
las personas psicópatas y psicóticas.

LBD3
ASIGNATURA: Valoración e intervención en psicopatías

DOCENTE: Dra. Ma. Camila Parra Ortiz

Realizado por: Luisa Villora Mascarell

25 de junio del 2025


La responsabilidad penal de psicópatas y psicóticos: ¿ Es la
aplicación de la justicia común nuestra mejor herramienta
como sociedad?

1. Introducción

La forma en que el derecho penal trata a las personas con psicopatía frente a aquellas con psicosis es un tema
de debate interesante en el marco de la psicología.

En este ensayo argumentativo y re exivo, comparo la responsabilidad penal atribuida a los individuos
psicópatas versus los psicóticos, basándome en literatura cientí ca y marcos jurídicos vigentes. La hipótesis
que de endo es si la aplicación de la justicia común es nuestra mejor herramienta como sociedad cuando se
trata de imputar a per les psicopáticos o psicóticos.

El sistema legal distingue entre unos y otros por razones válidas (capacidad de culpabilidad), pero existe un
margen de duda sobre si esta diferenciación logra equilibrio nuestro desarrollo a nivel de consideración de la
enfermedad mental como sociedad, o de la protección social como esfera prioritaria.

A continuación, desarrollaré esta hipótesis examinando, por separado, las características clínicas y legales del
psicópata y del psicótico, para luego compararlas en busca de conclusiones fundamentadas.

2. Responsabilidad penal del psicópata

De nición clínica: El término psicopatía se re ere a un trastorno de la personalidad caracterizado por un


per l distintivo de rasgos afectivos, interpersonales y comportamentales. Hervey Cleckley, en su clásica obra
The Mask of Sanity, describió al psicópata mediante 16 criterios que incluyen encanto super cial,
egocentrismo patológico, incapacidad de amar, falta de remordimiento, pobreza emocional y conducta
antisocial persistente, entre otros (Cleckley, 1976). En palabras de Torrubia y Cuquerella (2008), se trata de
“una entidad clínica controvertida caracterizada por su carácter frío, manipulador e impulsivo, su agresividad
y su violación persistente de las normas sociales” (p. 26). Estas características implican que el psicópata
puede relacionarse con los demás de forma depredadora, careciendo de empatía y culpa incluso mientras
entiende perfectamente lo que hace.

Desde el punto de vista cognitivo, el psicópata suele entender perfectamente la naturaleza de sus actos y
distinguir lo correcto de lo incorrecto en términos intelectuales. Tal como señala Hare (2003b), los psicópatas
“entienden las reglas de la sociedad y el signi cado del bien y del mal. Son capaces de controlar su
conducta y se dan cuenta de las consecuencias potenciales de sus actos” (p. 76)scielo.sa.cr. Su problema,
añade Hare, es que ese conocimiento no detiene su conducta antisocial – es decir, saben que hacen daño o
infringen la ley, pero carecen de los frenos morales o afectivos para abstenerse. En esa línea, Pozueco
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Romero (2011) enfatiza que “los psicópatas conocen y comprenden perfectamente la distinción entre el bien
y el mal, pero eso no les importa”, ya que poseen una capacidad de razonamiento moral normal en lo
intelectual, pero nula en lo afectivo (p. 207).

Desde el punto de vista jurídico, esto signi ca que un psicópata sí tiene capacidad de culpabilidad: entiende
la ilicitud de sus hechos y puede actuar conforme a esa comprensión, aunque elija no hacerlo. Por tanto –y
esta es la tesis dominante en la esfera penal– la psicopatía por sí sola no exime de responsabilidad penal.

La jurisprudencia (al menos en sistemas como el español) ha sostenido sistemáticamente que el psicópata es
imputable: comete delitos con discernimiento su ciente, y por ello se le juzga y condena como a cualquier
persona responsable de sus actos ilícitos.

En el Código Penal de España, por ejemplo, el artículo 20.1 establece que estará exento de responsabilidad
penal quien, “al tiempo de cometer la infracción, a causa de cualquier anomalía o alteración psíquica, no
pueda comprender la ilicitud del hecho o actuar conforme a esa comprensión” (Congreso de los Diputados,
1995, art. 20.1). Los tribunales españoles han debatido si la psicopatía encaja o no en esa categoría de
“anomalía psíquica”. La postura dominante, como mencioné, es negativa: se argumenta que, pese a tratarse
de un trastorno de la personalidad, el psicópata sí comprende lo que hace y su voluntad no está anulada.

La consecuencia práctica de lo anterior es que al psicópata condenado se le impone pena de prisión


ordinaria, igual que a un delincuente sin trastornos, y no una medida de seguridad terapéutica. En prisión,
suele participar en programas generales de rehabilitación, los cuales –según diversos estudios– tienen
e cacia limitada con estos individuos. Como han señalado varios autores, no existe hasta la fecha un
programa de tratamiento e caz que logre reintegrar al psicópata en la sociedad (Pozueco, 2011; Hare,
2003b). Los psicópatas tienden a manipular los programas terapéuticos o simplemente a no sentir necesidad
de cambio, dado que no experimentan remordimiento ni ven nada “malo” en su forma de ser.

En lo personal, encuentro preocupante que la única respuesta sea encarcelar hasta cumplir la pena y luego
liberar, considerando que muchos psicópatas presentan altos índices de reincidencia en delitos violentos.

En resumen, el psicópata es clínicamente un individuo sin empatía pero racional, y legalmente


responsable de sus actos en la mayoría de los casos. Esta posición jurídica se basa en que no hay “locura” en
él: sabe lo que hace, aunque no le importe.
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3. Responsabilidad penal del psicótico

El término psicótico se re ere a aquella persona que padece psicosis, es decir, una alteración mental grave en
la cual se pierde el contacto con la realidad. El psicótico sufre de delirios, alucinaciones, pensamiento
desorganizado y/o graves alteraciones sensoperceptivas. Un ejemplo paradigmático es la esquizofrenia,
trastorno psicótico crónico. La esquizofrenia “es una enfermedad mental grave que afecta el modo de
pensar, sentir y comportarse de las personas. Puede dar lugar a una mezcla de alucinaciones, ideas
delirantes y pensamientos desorganizados [...] Puede parecer que las personas con esquizofrenia han
perdido contacto con la realidad” (Mayo Clinic, 2023, párr.1). En un episodio psicótico agudo, el individuo
puede escuchar voces que comentan o ordenan acciones (alucinaciones auditivas) o creer rmemente cosas
falsas como, por ejemplo, que está siendo perseguido por conspiradores o que es un personaje con una
misión divina (delirios). Su discurso puede volverse incoherente o ilógico y su comportamiento, caótico o
fuera de contexto.

En suma, la psicosis implica que la capacidad de juicio de la realidad está profundamente comprometida:
la persona no interpreta correctamente lo que sucede a su alrededor ni el signi cado de sus propios actos..

Desde el punto de vista jurídico-penal, la pregunta clave es: ¿Tenía el sujeto psicótico la capacidad de
comprender la ilicitud de sus actos o de actuar conforme a esa comprensión? En muchos casos de psicosis
aguda, la respuesta será un no. Una persona en pleno delirio puede cometer un hecho violento creyendo
sinceramente que actúa en defensa propia contra un perseguidor imaginario, o bajo órdenes de “voces”
imperativas. Su voluntad y entendimiento están distorsionados por la enfermedad.

Los códigos penales modernos contemplan esta situación bajo la gura de la inimputabilidad por trastorno
mental (tradicionalmente llamada enajenación mental o locura en el lenguaje jurídico antiguo). Nuevamente
tomando el ejemplo español, el art. 20.1 CP que cité antes aplica típicamente a casos de esquizofrenia,
trastorno bipolar con psicosis (antes “psicosis maníaco-depresiva”) o demencia, entre otros trastornos que
“impidan comprender la ilicitud del hecho o actuar conforme a ella”.

Esto signi ca que, si un individuo comete un delito durante un brote psicótico –por ejemplo, mata a alguien
convencido de que es un demonio que lo acechaba–, el sistema legal lo considerará no culpable por razón de
trastorno mental.

La medida de seguridad más frecuente en estos casos es el internamiento en un hospital psiquiátrico forense,
donde el individuo recibirá tratamiento hasta lograr la estabilización de su estado mental. Esta no es una pena
en sentido estricto, sino un mecanismo de protección dual: proteger a la sociedad de eventuales actos
peligrosos mientras la persona está fuera de la realidad, y proteger al propio enfermo brindándole cuidados
médicos.
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En España, por ejemplo, el Código Penal prevé que al inimputable se le aplique un internamiento por un
tiempo máximo generalmente no superior al que habría durado la pena de prisión si hubiera sido
condenado, aunque prorrogable si persiste la peligrosidad (arts. 101 y 102 CP). Solo si con el tiempo la
persona mejora su cientemente (por medicación antipsicótica u otras terapias) y deja de ser peligrosa, podrá
al n obtener la libertad. Cabe destacar que el objetivo aquí no es la retribución sino la rehabilitación y
curación del individuo, en la medida de lo posible, y la salvaguarda de la sociedad mientras tanto.

En algunos casos, la psicosis puede no anular totalmente la capacidad de la persona sino meramente
reducirla. Por ejemplo, imaginemos un individuo con esquizofrenia residual, con algo de conciencia de
realidad pero con ideas delirantes parciales que in uyeron en su delito. En estas situaciones de imputabilidad
disminuida, muchas legislaciones (incluyendo la española, art. 21.1 CP) contemplan una circunstancia
atenuante: el sujeto es considerado culpable pero con responsabilidad mitigada. La consecuencia suele ser
una pena de prisión reducida, a veces combinada con tratamiento psiquiátrico obligatorio.

En mi opinión personal, estos matices son re ejo de un esfuerzo genuino del sistema por ser justo: no es
blanco o negro (cuerdo vs loco), sino que reconoce gradaciones en la capacidad de comprensión del sujeto.

En síntesis, el psicótico delincuente es tratado legalmente como un enfermo más que como un culpable.
La ley asume –con base médica– que ese individuo no escogió libremente hacer el mal, sino que actuó
impulsado por una percepción distorsionada de la realidad. Por ello, se le brinda tratamiento en lugar de
castigo. Esta aproximación se considera tanto justa en términos de culpabilidad, como bene ciosa
socialmente, ya que idealmente conduce a la recuperación del individuo.
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4. Análisis comparado: psicópata vs. psicótico

Para visualizar las diferencias clave entre la situación del psicópata y la del psicótico en el ámbito penal,
presento a continuación una tabla comparativa que resume aspectos clínicos, jurídicos y sociales de ambos
per les:

Aspecto Psicópata) Psicótico


Alterado o perdido durante episodios
Consciente de la realidad (no hay delirios
Contacto con la (presencia de delirios, alucinaciones,
ni alucinaciones). Puede parecer muy
realidad etc.). Percepción de la realidad
“normal” en términos cognitivos.
distorsionada.
Puede estar gravemente afectada
Intacta: comprenden perfectamente sus
durante la crisis psicótica: no
actos y sus consecuencias legales y
Capacidad intelectual comprenden la naturaleza real de sus
morales (Hare, 2003b). Saben lo que está
actos o confunden las consecuencias
bien o mal, aunque no lo sientan.
(APA, 2013).
Preservada fuera del brote
Nula o muy reducida: incapacidad de
No preservada durante el brote, pero
Empatía y emociones empatizar con el sufrimiento ajeno,
no es una falta de empatía
morales ausencia de remordimiento o culpa
deliberada, sino consecuencia del
genuina
trastorno.
Capacidad volitiva intacta: pueden Capacidad volitiva anulada o
controlar su conducta, plani car delitos y disminuida durante la psicosis: la
inhibirse si les conviene; simplemente no conducta puede estar controlada
Control de la conducta tienen freno moral ni miedo al castigo en Pueden ser incapaces de elegir otra
muchos casos (Hare, 2003b). Su conducta porque su mente enferma les
impulsividad es alta por búsqueda de impone esa acción. Fuera del brote,
excitación o falta de miedo. recuperan el control.
Inimputable en caso de brote: se le
declara no responsable penal
(eximente completa por trastorno
Imputable en general ya que no cumple mental) – no tenía culpa por estar
Imputabilidad legal
criterio de “anomalía psíquica” eximente. “loco” en ese momento (Congreso de
los Diputados, 1995, art.20.1). Si la
afectación era parcial, cabría
imputabilidad disminuida.
Medida de seguridad terapéutica:
internamiento en hospital psiquiátrico
Pena de prisión ordinaria (régimen forense, hasta remisión o control de la
Consecuencia jurídica
penitenciario común). enfermedad. En casos de semi-
imputabilidad, combinación de pena
reducida + tratamiento.
Problemáticos: No existe tratamiento Disponibles: Sí hay tratamientos
Tratamiento y psicológico o farmacológico validado e caces para las psicosis
rehabilitación para “curar” la psicopatía (Pozueco, (antipsicóticos, terapia, rehabilitación
2011).. psicosocial).
Episódica/controlable: La
Crónica/persistente: Los psicópatas
peligrosidad de un psicótico suele
Peligrosidad y tienden a mostrar conductas antisociales
concentrarse en sus episodios agudos
reincidencia desde la adolescencia y su riesgo de
no tratados. Con tratamiento, el riesgo
reincidencia violenta es alto,
de violencia disminuye drásticamente.
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¿Justicia o prevención? La cárcel como respuesta al psicópata

Considerando lo anteriormente expuesto, lo primero que me viene a la mente es una pregunta incómoda: ¿de
verdad sirve de algo castigar a alguien que, por su propia con guración psicológica, parece no verse afectado
por el castigo?. Cuanto más re exiono sobre ello, más convencida estoy de que la aplicación de la justicia
legal (imputabilidad y en la lógica retributiva) es hoy por hoy la mejor forma que tenemos de responder a
estos casos. Porque, al nal, la justicia no se construye solo sobre la base de si alguien puede cambiar o no,
sino sobre la idea de que cada persona debe hacerse responsable de sus actos.

El psicópata, aunque actúe sin empatía, comprende perfectamente las normas sociales, distingue el bien del
mal y puede anticipar las consecuencias legales de sus acciones. Puede que no sienta culpa, pero no actúa
desde la confusión o la alucinación. Y ahí está, en mi opinión, el punto clave: elige actuar como actúa.

Desde esta perspectiva, considero que la imputabilidad del psicopata, busca sostener un orden social basado
en normas comunes. Y aunque a menudo se critica a la cárcel por no rehabilitar al psicópata, yo creo que su
función principal en estos casos no es la rehabilitación, sino proteger a la sociedad. Y eso ya es bastante.

Ahora bien, no niego que hay muchas preguntas que merecen atención. Por ejemplo: ¿tiene sentido pensar
que una persona con rasgos psicopáticos podría haber sido diferente si hubiese nacido en otras
circunstancias? ¿Cuánto de lo que hace es fruto de su biología, y cuánto de sus elecciones? La neurociencia
ha demostrado que muchos psicópatas presentan disfunciones cerebrales reales, sobre todo en áreas como la
amígdala, responsables del procesamiento emocional. Esto plantea el debate de hasta qué punto “eligen” ser
como son. Pero, incluso admitiendo ese determinismo parcial, sigo creyendo que no podemos retirar la
responsabilidad penal. Si alguien es capaz de plani car un crimen, de manipular a su entorno para llevarlo a
cabo y de comprender perfectamente que lo que hace está mal, debe responder por ello. Lo contrario sería
enviar un mensaje de total impunidad ante per les que, además, presentan una alta probabilidad de
reincidencia.

Sin duda, como sociedad, debemos apostar por investigar nuevas formas de intervención, pero también creo
que no podemos construir una justicia penal en base a hipótesis de mejora futura. El presente exige
soluciones realistas y de protección social ahora. Y, a día de hoy, la cárcel —con todos sus límites— es la
única estructura sólida que tenemos para contener a quienes, como algunos psicópatas, representan un
riesgo real y constante para los demás.

En de nitiva, estoy convencida de que la justicia penal, en su forma actual, es coherente, proporcional y
necesaria. No es perfecta, claro. Pero sigue siendo la mejor herramienta que tenemos para equilibrar el
respeto a los derechos individuales con la protección del bien común.

Si hablamos de bene cio social, hay pocas cosas más valiosas que actuar en busca del mayor bene cio
común.
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Bibliografía (formato APA 7ª ed.):

• American Psychiatric Association (APA). (2013). Diagnóstico and Statistical Manual of Mental
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