Daneels 2001
Daneels 2001
2001 La relación entre la costa del Golfo de México y la Costa del Pacífico de Centroamérica, vista
desde Veracruz. En XIV Simposio de Investigaciones Arqueológicas en Guatemala, 2000
(editado por J.P. Laporte, A.C. Suasnávar y B. Arroyo), pp.1013-1029. Museo Nacional de
Arqueología y Etnología, Guatemala (versión digital).
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EL PRECLÁSICO
Mencionaremos brevemente la existencia de ocupación humana en la planicie costera
del Golfo desde la época Pre-cerámica, bien atestiguada en varios sitios entre 4000-2000 AC,
con un modo de vida sedentario basado en la caza, pesca y la recolección (de mariscos),
asociada a una industria primitiva de talla de obsidiana en nódulos de río, con indicios de
domesticación (perro) (Wilkerson 1981; Merino y Cook 1989; Daneels y Pastrana 1988;
Daneels 1997). De este periodo se obtuvo la primera evidencia de polen de maíz y
perturbación de vegetación por actividades agrícolas (Sluyter 1997, ca. 4100 AC; Goman y
Byrne 1998, ca. 1900 AC). Sin embargo, las piedras de moler y manos no aparecen sino hasta
la fase siguiente, junto con la cerámica. Estos datos ponen en entredicho la teoría
generalmente aceptada que el sedentarismo, la agricultura y la producción cerámica hayan
1013
sido introducidos en conjunto desde el sur. Aunque una influencia del sur no se descarta,
parece probable que la adopción de estos rasgos no haya sido simultánea, ni impulsada por
los mismos estímulos.
Las fases tempranas en la costa de Chiapas (Barra, Locona y Ocós, 1550-1100 AC)
han sido recientemente duplicadas tanto en el sur y norte de Veracruz, donde los complejos
culturales presentan una similitud general, aunque con un repertorio más pobre: tecomates con
engobe rojo y/o color guinda (hematita especular), alisados o cepillados, decorados por medio
de acanaladuras, incisiones, impresión de mecedora (rocker-stamping), así como cuencos de
piedra. En la Huasteca, Merino y Cook (1989, 1997) definen las fases Chajil (1600-1400 AC) y
Pujal (1400-1150 AC), mientras Wilkerson (1981) en el Centro-Norte de Veracruz, define las
fases Raudal (1700-1450 AC), Almería (1450-1350 AC), Monte Gordo (1350-1150 AC) y Ojite
(1150-1000 AC), y estima que la fase Almería tardía (1400-1350 AC) en particular, refleja una
influencia directa del istmo. En la cuenca del Coatzacoalcos, Rodríguez y Ortiz (1997) reportan
una ofrenda de hachas pulidas y pelotas de hule fechada hacia 1600 AC, cuya cerámica
asociada ofrece similitudes con vasijas Barra y Locona. La presencia de pelotas de hule y una
posible cancha de juego de pelota (Rodríguez, comunicación personal 1999), se puede
interpretar como evidencia cuando menos tan temprana de la práctica del juego como la
cancha Barra Tardío y Locona reportada en Chiapas (Clark 1996). En Tabasco, Rust y Sharer
(1988) tienen la fase Bari (1750-1150 AC), parcialmente equivalente a las fases Pellicer y
Molina de Sisson (1976), respectivamente fechadas 1350-1250 AC y 1250-1050 AC.
Hasta ahora, no hay nada que invalide la posición de Clark (1997: 228), según la cual
las similitudes en el inventario básico de artefactos indica que hubo una intensiva interacción
entre dos grupos empezando alrededor de 1500 AC; sin embargo, su otro enunciado sobre que
los Olmecas podrían haber recibido su estímulo inicial para desarrollar una sociedad compleja
de los habitantes de la región del Soconusco, ya no es tan evidente.
“At about 1100 BC [fase Cherla], significant contact with the Gulf Coast Olmec became
evident in the presence of imported ceramic vessels (sans dragon designs) and human
figurines (...). Thus, the initial period of clear Olmec influence in the Soconusco involved
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trade and emulation by a thriving, independent society. (...). In the first half of the
eleventh century [fase Cuadros], the Mazatan region underwent radical reorganization
that can be attributed to intervention by the Olmecs (...) from domestic cooking vessels
to figurines to public art” (Clark 1997: 228).
La distribución de la obsidiana parece sugerir una ruta por el istmo, pasando por
Laguna Zope (Nelson y Clark 1998). La evidencia para la primera ruta es bastante escasa,
aunque sí parece ser la más directa hacia la cuenca del Coatzacoalcos. Es posible que para
entonces ya también se utilizara la ruta del Grijalva, entrando por su afluente el río La Venta
(Figura 1; Navarrete 1973).
Para el Preclásico Superior la costa del sur de Veracruz y Tabasco parece entrar en un
periodo de receso, pero no se interrumpe la relación con el istmo, como lo refleja las similitudes
en el complejo cerámico con cerámica negra de silueta compuesta, a veces con decoración
incisa, que abarca desde la zona Huasteca (Merino y Cook 1987) hasta la zona de Chiapas.
Una esfera más meridional está conformada durante el Protoclásico (100 AC -100 DC)
por el estilo escultórico a veces llamado “Post-Olmeca”, compartido por Izapa en Chiapas,
Kaminaljuyu y Monte Alto/La Democracia en Guatemala, Santa Leticia en El Salvador,
Remojadas, Cerro de las Mesas, La Mojarra, Loma Iguana y Nopiloa en el Centro-Sur de
Veracruz y Tres Zapotes en la sierra de Los Tuxtlas (Scott 1980; Parsons 1981; Miller 1991;
Medellín 1987). Este estilo incluye “barrigones”, jaguares, columnas basálticas y estelas, con
motivos de volutas y de monstruo de la tierra semejante a un cocodrilo, y personajes ricamente
ataviados. Asociado a este complejo escultórico aparecen en el Centro-Sur de Veracruz los
primeros yugos y ritos de decapitación, relacionados con el juego de pelota; en los complejos
cerámicos, tanto la costa de Guatemala como el Centro-Sur de Veracruz siguen la misma
transición de vasijas de silueta compuesta con incisiones geométricas a vasijas de fondo plano
y formas cilíndricas (a veces con reborde basal), en acabados monocromos negro, café,
guinda, y en menor proporción naranja y crema (Daneels s.f.). En cuanto a la obsidiana, al
contrario, se interrumpe el intercambio (Nelson y Clark 1998): es interesante que este
fenómeno ha sido ligado a la toma de control de los yacimientos de obsidiana por Kaminaljuyu,
ya que para el mismo momento la distribución de obsidiana en el Centro y Sur de Veracruz se
reorienta hacia un abastecimiento casi exclusivo de los yacimientos de Zaragoza-Oyameles,
probablemente ya en este entonces controlados por Cantona (Daneels y Miranda 1999).
Del Protoclásico también proceden las primeras evidencias de fechas de Cuenta Larga
y escritura: la estela de La Mojarra, descubierta en la cuenca del río Papaloapan, con una larga
inscripción jeroglífica, fue interpretada como un texto en un idioma pre-proto-Zoqueano por
Justeson y Kaufmann (1993, 1997). Méluzin (1995) presenta un catálogo de las piezas con
glifos relacionados, cuya distribución abarca desde Cerro de las Mesas en el Centro-Sur de
Veracruz hasta Guatemala, pasando por Chiapas y Oaxaca.
Durante el periodo de 100-300 DC, que algunos autores llaman Clásico Temprano y
1015
otros como final de Formativo o Preclásico, es más difícil establecer las relaciones, porque es
uno de los periodos menos estudiados. En el Centro de Veracruz se caracteriza por la
aparición del acabado de doble engobe naranja sobre crema y naranja sobre blanco. En los
ejemplares más finos, la representación del monstruo de la tierra, con rasgos de cocodrilo o de
iguana, es frecuente, así como el mono, varias clases de pájaros, y a veces humanos. Es
interesante observar que a la par con las secuencias de Chiapas, se continúa produciendo
cerámica de cocción diferencial, en particular una variante que consiste en un cuenco sencillo
de fondo plano, negro con el borde claro. La zona comprendida entre el Centro de Veracruz y
la mitad norte de Chiapas es la única donde la supervivencia de la tradición y tecnología de
cocción diferencial continúa después del Preclásico Medio.
En el Clásico Medio, que se puede fechar grosso modo 300-600 DC, uno de los
fenómenos que más ha llamado la atención es la distribución de elementos teotihuacanos.
Borhegyi (1965) y Jiménez Moreno (1959) han supuesto que los elementos de Teotihuacan
pasaron por “el Golfo” en su ruta hacia el Soconusco y la costa de Guatemala, en parte por la
escultura de Cerro de las Mesas y por la iconografía de decapitación que aparece en los
cilindros trípodes de la vajilla Tiquisate y los cajetes hemisféricos moldeados del Centro de
Veracruz. Sin embargo, es preciso indicar aquí que si bien el rito de decapitación está
atestiguado en el Centro-Sur de Veracruz tan temprano como el Protoclásico (por ejemplo, en
la Trinchera 30 de Cerro de las Mesas, Drucker 1943), la iconografía (tanto en piedra como en
cerámica) y la tecnología del molde cóncavo aparecen hasta en Clásico Tardío. Además, en
Veracruz los elementos que reflejan influencia Teotihuacana consisten por lo general en
manufactura local de: 1) vasijas cilíndricas son soportes rectangulares; 2) candeleros; y 3)
figurillas de tipo retrato y femeninas de molde; y en mucho menor grado braseros con tres
soportes internos, floreros, vasijas Tlaloc, máscaras de piedra, y excepcionalmente fragmentos
de incensario de tipo teatro. Estos elementos han sido encontrados tanto en contextos de
unidades domésticas como de montículos mayores, y siempre en proporciones menores al 1 %
del complejo cultural del periodo, aun en Matacapan donde se ha supuesto la existencia de un
enclave (Pascual 1997; Wilkerson 1994a-b; Daneels 1997a; Stark 1989, 1990 y 1997; Stark y
Curet 1994; Santley 1987; Santley y Alexander 1996). Esto no corresponde al patrón que se
observa por ejemplo en la zona de Escuintla, donde los incensarios tipo teatro parecen ser
hasta más frecuentes que en el mismo Teotihuacan (Berlo 1989). Se esperaría más
consistencia entre los elementos transmitidos si el Centro y Sur de Veracruz, y el sur de
Guatemala hubieran formado parte de una misma ruta de interacción.
Para el Clásico Tardío y Terminal nos encontramos con otro corpus de literatura
referente a la relación Golfo-Pacífico con la escultura de Cotzumalguapa, y el reporte de yugos,
hachas y en particular palmas en Guatemala, Honduras y Salvador, así como en la
problemática de los Pipiles o grupos Nahuas de Centroamérica.
Los yugos y las hachas aparecen en todo el centro de Veracruz a partir del
Protoclásico, esto es al principio de nuestra era (Daneels s.f.); las palmas, por su lado, se
restringen al área Centro-Norte (entre los ríos Cazones y La Antigua), y al Clásico
Tardío/Epiclásico (Sánchez 1978). La presencia de palmas fuera de esta área indica por lo
tanto un contacto de alguna índole con el Centro-Norte de Veracruz durante la última parte del
Clásico, ca. 700-1000 DC.
Las esculturas de Cotzumalguapa tienen un estilo propio (Chinchilla 1996), pero muchos
elementos tienen su paralelo en la iconografía del Centro-Norte de Veracruz en el Clásico
Tardío/Epiclásico: decapitación con sangre que brota del cuello en forma de serpientes, ser
esquelético, figura humana con tocado de fauces de serpiente (¿emplumada?),
representaciones relacionadas al juego de pelota como pelotas, manoplas, yugos,
indumentaria de faldellines con bandas anudadas que cuelgan al frente y/o atrás, etc. Pero
sorprende la ausencia de palmas.
En El Salvador, la fase Lepa de Quelepa (Andrews 1976) tiene algunos tipos cerámicos cuyas
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formas y decoración tienen equivalentes en los complejos del Clásico Tardío y/o Epiclásico del
centro y sur de Veracruz (Figura 2). Por otro lado, la fase Guazapa, con incensarios Tlaloc,
sahumerios de mango, a veces con decoración impresa por molde cóncavo, y cerámicas
Anaranjada Fina, ha sido descrita como Postclásica por Fowler (1989), pero recientemente
reubicada en la esfera Epiclásica (Ringle 1999).
Visto desde Veracruz, es importante recalcar que hasta el final del Clásico no hay
evidencia de presencia Nahua o Totonaca en la Costa del Golfo. La transición del Preclásico al
Clásico se hace de una manera progresiva e ininterrumpida, sin que se pueda reconocer una
inmigración (ver Stark y Arnold 1997 para una síntesis de investigaciones recientes). Aunque
no hay seguridad al respecto, lo más probable que los grupos del Golfo hayan sido constituidos
por un substrato proto-Mayense, posteriormente fuertemente matizado de Mixe-Zoque,
considerando la similitud general con los materiales Olmecas en el Preclásico Inferior y Medio,
y la interpretación Zoqueana de la estela de La Mojarra, que ya se inscribe perfectamente en el
patrón cultural del Clásico en el Centro de Veracruz. Por esto, si bien son innegables los
puntos de similitud entre varios rasgos de Veracruz y la Centroamérica en el Epiclásico, y si se
sostiene que el origen de estos rasgos está en Veracruz (como lo sugiere su trayectoria local),
no hay evidencia para atribuirlos a un grupo Nahua.
EL POSTCLÁSICO
La transición al Postclásico ha experimentado los mismos ajustes que se han dado en
el llamado “Clásico Terminal Maya”, 800-1000 DC, que incluye la aparición de los elementos
“mexicanos” de Chichen Itza (complejo Sotuta), y de Ceibal y Altar de Sacrificios (Tepeu III),
entre otros. En Veracruz se expresa como una prolongación de los patrones del Clásico Tardío
hasta una fecha tan tardía como 1000 DC, incluso tal vez más tarde, abarcando parte de lo que
tradicionalmente se consideraba el Postclásico Temprano.
1017
dos partes, con la parte superior empatada con un ribete de barro a la parte inferior hecha en
molde convexo), lleva mucho parecido con las piezas Protohistóricas de Guatemala
(Wauchope 1970), pero recalcamos que: 1) este complejo es intrusivo en el Centro de
Veracruz, con origen probable en la zona Popoloca del sur de Puebla; y 2) que es claramente
Postclásico Temprano, y por lo tanto anterior a la fecha Protohistórica propuesta para los
materiales guatemaltecos.
Las evidencias concretas de interacción hacia el sur son escasas: por un lado la
obsidiana, por el otro algunos ejemplares de figuras de barro monumentales halladas en El
Salvador. En cuanto a la obsidiana, es relevante la información acerca del Pico de Orizaba.
Iniciando en el Epiclásico y continuando durante todo el Postclásico, se explotan las minas de
obsidiana en el flanco este del Pico, y las características navajas gris transparente de
plataforma pulida son diagnósticas en todo el Centro-Sur de Veracruz, en la misma región
donde aparece el complejo “Mixteco-Puebla” (Figura 4). Tanto la explotación de las minas
como la distribución de los productos parecen haber estado en manos de los Nahuas locales,
tal vez bajo el control de Quauhtochco, sitio principal al momento de la Conquista. La obsidiana
del Pico de Orizaba se distribuye por el valle de Tehuacán hasta la Costa del Pacífico (Laguna
Zope), al mismo tiempo que la obsidiana de Pachuca y Otumba, en una proporción de 50-50%.
Esto contrasta con la proporción de 90% (Pico) y 10% (Pachuca) que impera en el Centro-Sur
de Veracruz, lo que sugiere otra red de distribución, tal vez no-Nahua, hacia el sur (Daneels y
Miranda 1999).
Juzgando por los materiales descritos por Wauchope (1970), en general hay poca
relación directa entre los complejos del Postclásico entre la Costa del Golfo y la del Pacífico.
Ya mencionamos que los cuencos de soportes zoomorfos tiene más parecido con cerámicas
del Postclásico Temprano en el valle de Puebla que con los tipos del complejo “Mixteco-
Puebla” del Centro-Sur de Veracruz. Con base en la evidencia arqueológica conocida hasta la
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fecha es difícil reconocer un lugar en Veracruz que hubiera podido ser el punto de partida de
los Pipiles a Centroamérica, como lo sugieren las fuentes. Un problema crucial al respecto es
el problema de reconocer los sitios del Postclásico tanto en el sur de Veracruz como en
Centroamérica.
CONCLUSIONES
Las investigaciones recientes ponen en una nueva luz los contactos entre la Costa del
Golfo y la Costa del Pacífico de Centroamérica. Tanto la ruta, como la naturaleza misma de la
interacción, parece haber variado a través del tiempo: en un principio corría por el istmo
(Preclásico Inferior), luego se desplazó a la cuenca del Grijalva (Preclásico Medio hasta por lo
menos el Protoclásico). Si la identificación con grupos Zoques se confirma (como lo sugiere
entre otros la traducción Zoque de la estela de La Mojarra), la interacción temprana podría
tener raíces en un substrato lingüístico y cultural común, cuando menos para los periodos
Preclásico y Clásico.
Esperamos que el repaso de los datos recientes de Veracruz, apoyados con las
referencias bibliográficas, permita a los investigadores evaluar de manera más precisa de
dónde proviene la “influencia del Golfo” que ven en las culturas locales de la vertiente Pacífica
de Centroamérica.
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Figura 1 Sitios Preclásicos mencionados en el texto, y posibles rutas de intercambio
1026
Figura 2 Comparación entre materiales de Quelepa y el Centro de Veracruz (redibujado de
García 1951: Foto 2 a y b, Strebel 1885: Taf. XIV, Figura 17, Andrews 1976: Figura 136 e, o, q,
u, a, 131:c-e, t-u, k, n, y, bb, 137: a)
1027
Figura 3 Sitios Clásicos mencionados en el texto y posible ruta de interacción
1028
Figura 4 Sitios Postclásicos del Centro de Veracruz mencionados en el texto y distribución de
los
complejos cerámicos
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