Sermón para la iniciativa «YO CREO»
MI CASA Y YO SERVIREMOS A JEHOVÁ
Lectura bíblica: Josué 24:15 «Pero yo y mi casa serviremos a Jehová».
Introducción:
Imaginen que una noche reciben una llamada de emergencia: alguien de su familia está
en el hospital. Sin pensarlo, dejan todo y corren hacia allá. En el camino, la mente se llena de
recuerdos, conversaciones pendientes, palabras que debieron decir, abrazos que postergaron.
En ese momento, nada más importa. No importa el trabajo, no importa el dinero, no importan
las distracciones. Solo importa la familia.
¿Por qué? Porque la familia es nuestro primer hogar, nuestra primera iglesia, nuestro
primer campo misionero. Es el lugar donde Dios nos enseña a amar, a perdonar y a servir. Sin
embargo, muchas veces la damos por sentada hasta que una crisis nos sacude y nos recuerda lo
verdaderamente importante.
I. La familia: Idea original de Dios
Desde el principio, Dios diseñó la familia como el núcleo de la sociedad. No es un invento
humano ni una simple estructura cultural; es un diseño divino con un propósito claro.
Génesis [Link] «Y dijo Jehová Dios: No es bueno que el hombre esté solo; le haré ayuda
idónea para él».
Dios nos diseñó para vivir en comunidad. Su plan nunca fue que estuviéramos aislados,
por lo que creó la familia como un ambiente ideal para vivir, construir nuestras vidas y
desarrollar una sociedad según el ideal divino. Parte del plan de Dios para la primera familia
fue la reproducción (Génesis 1:28). Pero al reproducirse, la familia extendería la imagen de
Dios en toda la humanidad.
La familia es el canal por el cual Dios quiere extender su amor y su gloria. Mediante esta,
Dios tenía la intención de formar corazones que amen y sirvan a Dios. Desde los primeros días,
la familia fue creada como un ambiente para el crecimiento espiritual, el amor mutuo y la
enseñanza de la fe.
Sin embargo, desde el principio, Satanás ha intentado destruir la familia porque sabe que
es la base del plan de Dios para la humanidad. En el Edén, atacó la unidad entre Adán y Eva,
sembrando la desconfianza y el pecado en su relación (Génesis 3:1-6). Desde entonces, el
enemigo ha buscado desvirtuar el concepto de familia, introduciendo confusión sobre su
verdadera naturaleza.
Hoy en día, el mundo ha redefinido la familia para adaptarla a sus propios deseos y
filosofías. En lugar del diseño original de Dios de un hombre y una mujer unidos en matrimonio
para formar una familia, ahora se enseña que cualquier tipo de relación puede llamarse familia,
sin importar si sigue los principios divinos. Este ataque directo al modelo de Dios ha traído
caos en la sociedad: el aumento del divorcio, la crisis de identidad en los hijos, la destrucción
del concepto de paternidad y maternidad, y la falta de valores en los hogares.
Como dice el apóstol Pablo en Romanos [Link] «Ya que cambiaron la verdad de Dios por
la mentira, honrando y dando culto a las criaturas antes que al Creador».
Cuando la familia falla, la sociedad se desmorona. Pero cuando la familia sigue el diseño
de Dios, la sociedad prospera y se fortalece.
II. La familia como modelo del carácter de Dios
Dios no solo creó la familia, sino que la usa como una metáfora de su relación con
nosotros:
• Dios es Padre: Mateo 6:9 «Padre nuestro que estás en los cielos...».
• Cristo es el esposo de la iglesia: Efesios 5:25 «Maridos, amad a vuestras mujeres, así
como Cristo amó a la iglesia, y se entregó a sí mismo por ella».
• Nosotros somos hijos de Dios: 1 Juan 3:1 «Mirad cuál amor nos ha dado el Padre, para
que seamos llamados hijos de Dios».
La relación familiar es el reflejo del amor de Dios. Un hogar donde hay amor, perdón y
sacrificio es un testimonio del carácter divino. La forma en que tratamos a nuestra familia
refleja nuestra relación con Dios.
Así como Dios nos ama incondicionalmente, la familia debe ser el espacio donde
experimentamos ese amor tangible. En la familia aprendemos lo que significa el compromiso,
la fidelidad y la misericordia. Cuando un padre ama a su hijo a pesar de sus errores, refleja el
amor de Dios por la humanidad. Cuando un esposo y una esposa permanecen juntos en tiempos
difíciles, muestran el pacto eterno de Cristo con su iglesia. Cuando los hermanos se apoyan y
se perdonan mutuamente, ejemplifican la relación que Dios desea con nosotros.
El apóstol Pablo dice en Colosenses 3:13-14: «Soportándoos unos a otros, y
perdonándoos unos a otros si alguno tuviere queja contra otro. De la manera que Cristo os
perdonó, así también hacedlo vosotros. Y sobre todas estas cosas vestíos de amor, que es el
vínculo perfecto».
El amor familiar es un reflejo del amor divino. Cuando la familia es fuerte en el amor de
Dios, se convierte en un testimonio poderoso para el mundo. En contraste, cuando la familia
se desmorona, el dolor, la amargura y la separación son señales del alejamiento del plan de
Dios.
Por esta razón, el enemigo ataca la unidad familiar, sembrando discordia, infidelidad y
resentimiento. Pero si permitimos que Dios sea el centro de nuestro hogar, podremos vencer
cualquier adversidad y reflejar Su gloria.
Dios ha diseñado la familia para que sea una manifestación de su amor eterno. Si
queremos que nuestras familias prosperen, debemos imitar su carácter en nuestro hogar. Juan
13:35 dice: «En esto conocerán todos que sois mis discípulos, si tuviereis amor los unos con
los otros».
III. Los ataques a la familia en la actualidad
Desde el principio, la familia ha sido el diseño de Dios para la estabilidad, el amor y la
transmisión de valores de generación en generación. Es el primer núcleo de formación, el
primer espacio donde conocemos el amor y la disciplina, el lugar donde aprendemos lo que
significa confiar, cuidar y ser responsables unos de otros. No es de extrañar que el enemigo
ataque con todas sus fuerzas este pilar fundamental de la sociedad.
Josué 24:15 «Pero yo y mi casa serviremos a Jehová».
Esta declaración de Josué no era solo un compromiso personal, sino un pacto familiar.
Hoy, más que nunca, necesitamos esta determinación, porque la familia enfrenta ataques
intensos que buscan debilitar su propósito y desviar su enfoque de Dios. Veamos algunos de
los ataques más comunes:
El individualismo: El «yo» por encima del «nosotros»
Vivimos en una época donde el individualismo es promovido como una virtud. Se nos
enseña a priorizar nuestros sueños, nuestras metas y nuestro bienestar personal, incluso a costa
de nuestra familia. El mundo dice: «Haz lo que te haga feliz, sin importar a quién afectes».
Pero Dios diseñó la familia para que funcione con un propósito común, no como un grupo
de individuos viviendo bajo el mismo techo, sino como un equipo que se apoya y camina unido.
Efesios 5:21 nos exhorta a «someternos unos a otros en el temor de Dios», recordándonos que
el verdadero amor no busca lo suyo, sino el bienestar del otro (1 Corintios 13:5).
¿Estamos priorizando el bienestar de nuestra familia o estamos más enfocados en
nuestros propios deseos?
La desconexión emocional: Más conectados a las pantallas que a nuestros seres queridos
Si alguien mirara nuestras interacciones diarias en casa, ¿vería conversaciones profundas
o solo personas pegadas a sus teléfonos? Hoy en día, la tecnología, en lugar de unirnos, muchas
veces nos separa. En un mismo hogar, podemos encontrar a cada miembro aislado en su propio
mundo digital, mientras las relaciones reales se enfrían.
El Salmo 127:3 nos recuerda: «He aquí, herencia de Jehová son los hijos; cosa de estima
el fruto del vientre». Nuestros hijos, cónyuges y padres son un regalo de Dios, pero muchas
veces les damos más tiempo a las redes sociales que a ellos.
Esta semana, puedes practicar el dedicar tiempo intencionalmente a tu familia sin
distracciones digitales. Apaga los dispositivos durante la cena, haz preguntas significativas y
fortalece los lazos que realmente importan.
El relativismo moral: La erosión de los valores familiares
Vivimos en una era donde la verdad parece depender de cada quien. El mundo nos dice:
«No hay una verdad absoluta, cada quien decide lo que es correcto para sí mismo». Esta
mentalidad ha debilitado los principios sobre los cuales se fundamentan los hogares. Se tolera
el pecado, se justifican conductas dañinas y se rechazan los valores bíblicos como «anticuados»
o «opresivos».
Pero la Palabra de Dios es clara: «Lámpara es a mis pies tu palabra, y lumbrera a mi
camino» (Salmo 119:105). No podemos permitir que la sociedad dicte la moralidad en nuestros
hogares. La familia necesita cimentarse en principios inquebrantables, no en tendencias
pasajeras.
¿Qué valores estamos enseñando en casa? ¿Son los valores del mundo o los de la Palabra
de Dios? Así como Josué desafió a Israel a tomar una postura firme, hoy Dios nos llama a
decidir: ¿Permitiremos que el mundo moldee nuestra familia? ¿O afirmaremos con convicción:
«Yo y mi casa serviremos a Jehová»? No podemos simplemente esperar que la familia se
mantenga fuerte por sí sola. Necesitamos decidir intencionalmente vivir conforme a los
principios divinos, resistir la presión del mundo y modelar una fe genuina en nuestro hogar.
Uno de los grandes problemas de nuestro tiempo es que muchos no valoramos nuestra
familia hasta que la perdemos. Vivimos ocupados, distraídos, dando por hecho que nuestros
seres queridos siempre estarán ahí.
IV. La familia y el plan de salvación
La familia no solo es un regalo de Dios, sino también un instrumento en Su plan de
salvación. Dios quiere que nuestras familias no solo sean bendecidas, sino que también sean
canales de bendición para otros.
Hechos [Link] «Cree en el Señor Jesucristo, y serás salvo, tú y tu casa».
Las familias que siguen a Dios pueden impactar a otras familias. A lo largo de la Biblia
vemos ejemplos de hogares que fueron fundamentales en la expansión del evangelio: La familia
de Noé: Dios salvó a Noé y a su familia por su fidelidad (Génesis 7:1). La familia de Abraham:
Su descendencia fue escogida para ser una bendición para todas las naciones (Génesis 12:2-3).
La familia de Cornelio: Cuando él creyó en Cristo, toda su casa fue transformada (Hechos 10:1-
48).
Cuando una familia camina en el propósito de Dios, no solo experimenta salvación, sino
que también es un faro de luz para otras familias. Nuestra misión no es solo salvarnos
individualmente, sino también traer a otros a Cristo. Una vez más las palabras de Josué suenan
como melodía: «Pero yo y mi casa serviremos a Jehová».
Dios quiere que cada hogar sea un altar de adoración y un refugio donde otros puedan
encontrar la verdad del evangelio. La pregunta es: ¿será tu familia una familia que salva a otras
familias?
Conclusión:
Dios hoy te llama a restaurar su propósito en tu familia. ¿Cómo puedes hacerlo? Te llama
a priorizar la familia sobre las distracciones, pues todo tiempo invertido en la familia es una
inversión en la eternidad. Dios también te llama a sanar relaciones rotas, con tus hijos, tu
cónyuge o tus hermanos. Dios tiene el poder de restaurar corazones heridos.
Dios también te llama a ser intencional en la fe: Orar juntos, leer la Biblia y servir juntos
fortalece el hogar. Si algo no debe faltar en un hogar que se prepara para ir al cielo es el culto
familiar.
Llamado:
Hoy es el día de tomar una decisión radical:
• Si necesitas pedir perdón, hazlo.
• Si necesitas pasar más tiempo con tu familia, hazlo.
• Si necesitas reconectar con Dios para ser mejor esposo, esposa, padre o hijo, hazlo.
Salmo [Link] «Si Jehová no edificare la casa, en vano trabajan los que la edifican».
Dejemos que Dios edifique nuestro hogar y su gloria se manifestará en nuestra familia.
¡Es tiempo de volver al plan original de Dios!