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Las Dos Palomas

Las dos palomas, Pluma Blanca y Pluma Azul, son hermanas con diferentes deseos: una ama su hogar y la otra anhela viajar. Pluma Azul decide aventurarse, pero enfrenta peligros y dificultades, lo que la lleva a regresar herida y cansada. Al volver, Pluma Azul promete no separarse de su hermana nuevamente, reafirmando el valor del hogar y la familia.

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Lissethe Coveña
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Las Dos Palomas

Las dos palomas, Pluma Blanca y Pluma Azul, son hermanas con diferentes deseos: una ama su hogar y la otra anhela viajar. Pluma Azul decide aventurarse, pero enfrenta peligros y dificultades, lo que la lleva a regresar herida y cansada. Al volver, Pluma Azul promete no separarse de su hermana nuevamente, reafirmando el valor del hogar y la familia.

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LAS DOS PALOMAS

Había una vez dos palomas que vivían en un palomar. Una de ellas se llamaba
Pluma Blanca, y la otra se llamaba Pluma Azul. Eran hermanas, estaban muy
unidas y se querían mucho. Pluma Blanca amaba estar en su casa, mientras
que a Pluma Azul le gustaba mucho viajar.

Un día Pluma Azul le dijo a Pluma Blanca: “Quiero recorrer el mundo. Este
lugar es muy aburrido. He vivido aquí toda mi vida y ya vi todo lo que tenía
que ver. Quiero visitar otros países”.

“No te vayas”, le dijo Pluma Blanca. “Aquí tenemos comida, todos son muy
amables con nosotras, y tenemos un bonito hogar. Supe que en otros lugares
colocan trampas para las aves y las matan. También que algunas veces los
halcones las atrapan y se las llevan. Si te vas, puede haber una tormenta y tal
vez no encuentres un lugar para refugiarte. Yo me moriría si algo malo te
sucediera. Tal vez tú puedas soportarlo, pero yo no. Es mejor que te quedes
en casa”. En ese momento se escuchó el graznido de un cuervo, y Pluma
Blanca continúo diciendo: ¿Escuchaste eso? Parece que está diciendo que
si te vas lo lamentarás. No te vayas. Ese sonido fue una advertencia. Mira,
también está lloviendo. Si te vas a ir, espérate a que deje de llover y salga el
sol”. Pluma Azul, le contestó: “Pluma Blanca, ¿por qué eres tan dramática?
No me iré más de tres días. Después te contaré todas las cosas maravillosas
que vi, y te diré lo que me sucedió desde que me fui hasta que regrese. Será
como si tú me hubieras acompañado”. “A mí no me importa el mundo”, le dijo
Pluma Blanca. No puedo dejarte ir. ¡Si te vas no podré comer, ni dormir!
Pluma Azul cansada de su insistencia, le contestó: “No te preocupes por mí.
Adiós hermana, regresaré más pronto de lo que te imaginas”. Entonces se
despidieron, y Pluma Azul se fue.
Apenas había abandonado el palomar, cuando una nube negra cubrió el cielo
azul. Pluma Azul buscó refugio, y voló hacia el árbol más cercano, pero sus
hojas no la cubrieron lo suficiente, y ella se mojó y se mojó hasta que el agua
fría le caló hasta los huesos.

Al día siguiente, emprendió el vuelo nuevamente y vio que en una pradera


había granos de trigo. Tenía tanta hambre. Así que decidió bajar a comer, y
cayó presa en una red. Afortunadamente, la red estaba muy vieja, y fue muy
fácil para ella romperla con su pico, aunque con tanto movimiento perdió
algunas de sus hermosas plumas. Entonces emprendió el vuelo nuevamente,
y un buitre que la había estado observando, trató de alcanzarla, pero en ese
momento un águila lo atrapó y se lo llevó, y la paloma pudo salvarse. Pluma
Azul voló tan rápido como podía y como ya estaba tan cansada, se detuvo a
descansar sobre la rama de un árbol. Allí pensó que ya no corría peligro, pero
de pronto sintió un golpe en su cabeza, y otro en su pata, y otro en un ala. Era
un niño travieso que le estaba lanzando piedras para derrumbarla. Pluma
Azul apenas podía volar. Su pata y su ala estaban heridas, pero logró irse
directamente a su casa.
Era de noche cuando llegó a su palomar, cansada y hambrienta, pero feliz de
estar sana y salva en su hogar nuevamente. Pluma Blanca, al verla llegar la
abrazó llena de felicidad, y empezó a curarle las heridas, entonces Pluma Azul
le dijo: “Ya no habrá más aventuras para mí, y te prometo que nunca más me
separaré de ti, ni volveré a abandonar nuestro hogar”. Y las dos se abrazaron
con mucho cariño.

Quien vuelve a su hogar, si

estuvo loco lo dejó de

estar.

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