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LOS CUENTOS DE MARÍA ELENA
1 FEBRERO, 2020 POR ALICIA ORIGGI
El lenguaje como juego en los cuentos de María Elena. En este análisis
literario y social sobre los disparatados e inolvidables Cuentopos de Gulubú,
encontrarás un recorrido profundo sobre la obra literaria de MEW.
CUENTOPOS DE GULUBÚ
«Los cuentos que se cuentan en Gulubú se llaman cuentopos. – Muy bien
contestarán ustedes -, ¿pero qué diablos quiere decir Gulubú? Muy sencillo:
Gulubú es un bosque donde los cuentos se llaman cuentopos.” [1] Con este
diálogo del más hilarante sinsentido, desde la solapa de la primera edición
de Cuentopos de Gulubú, se abre el territorio de la imaginación donde se
despliegan dieciséis cuentos inolvidables. Antes de que Gianni Rodari
publique Gramática de la fantasía [2], donde dedica más de un capítulo a la
creación de nuevos vocablos mediante la unión de dos palabras a la que
denomina «binomio fantástico«, María Elena nos sorprende en
sus Cuentopos con la creación de muchas nuevas palabras como los
«gatolines» y «los gatiperros» [3], el «Cochezapato«, el «Gatopato» y la
«Plapla«.
JUGAR CON LAS PALABRAS
En los cuentos de María Elena se emplea una concepción de lenguaje como
juego que consolida una nueva poética dentro de la literatura infantil
argentina. Reproduce el vocabulario de un chico que recién incorpora la
lengua y donde las palabras le nacen «pegadas a las cosas» [4]. «_Sí, quiero
que me quieras, dijo el Gatopato, siempre que tú quieras que yo quiera que
me quieras, Princesa. _ Yo sí quiero que quieras que yo te quiera, respondió
la princesa.» [5] Incluye el idioma de juego infantil denominado «jerigonza”
que consiste en agregar después de cada sílaba una sílaba nueva con la
consonante «p», imitando a un juego de chicos común para la época.
Procedimiento que ya había sido usado por José S. Tallon en la poesía infantil
argentina. [6] Los juegos de palabras, las onomatopeyas y la creación de
nuevas palabras muestran un estilo que define la originalidad de Walsh. En
medio de la página del cuaderno de Felipito Tacatún, aparece una «Plapla
cantante y patinadora», una letra que debe esconderse para que «nadie se
entere» de su existencia, porque ella no figura en el abecedario. Se introducen
breves rimas donde se indica el ritmo en que deben ser entonadas. Como «Yo
tengo una verruga», que sigue la melodía de «Yo no soy buena moza», una
poesía de origen folklórico usada en los juegos infantiles. La mayoría de los
cuentos finalizan con un verso pareado.
IDEAS FEMINISTAS EN LOS CUENTOS DE
MARÍA ELENA
En la década de los ’60 se empieza el debate de las ideas feministas en
Argentina como en el resto del mundo. Los cuentos de Walsh no están exentos
del revisionismo sobre los roles de género. En “Historia de una princesa, su
papá y el Príncipe Kinoto Fukasuka” Walsh revisa y critica con humor los
estereotipos de las princesas tontas y los príncipes galantes de los cuentos de
hadas tradicionales. El cuento mantiene un esquema clásico con final feliz,
pero el disparate trabaja la materia prima de la lengua y desestructura la
historia, que se transforma en una parodia de los cuentos de hadas. La acción
se ubica “hace como dos mil años, tres meses y media hora.” La princesa
obediente pasa sus días en el “jardín papando moscas” y habla en “jerigonza”
simulando ser idioma japonés: “Nopo puedopo, contestó la Princesa en
japonés” [7]. Su papá, el Emperador, es un personaje siempre ridículo “con
voz de trueno y ojos de relámpago” que usaba tres pares de anteojos. La
protagonista no cuestiona la ideología del padre que opina que las princesas
deben estar quietas. El príncipe Fukasuka es el que la convence de
desobedecer, apareciéndose bajo la forma de una mariposa, como en los
cuentos tradicionales, donde no nos sorprenden las transformaciones de
humanos en animales o viceversa. La princesa sale de la inmovilidad indicada
por el protocolo, para ir a jugar, correr y bailar por el jardín, desafiando los
mandatos paternos. El final es feliz y la princesa se casa después de que el
príncipe logra vencer en combate a los enviados del padre. Pero este combate
es ridiculizado, ya que sus adversarios eran las tías, que “se
escondieron aterradas debajo de la alfombra”, los lustrabotas, que
“escaparon por una ventana”, y los vigilantes, “que se treparon a la
lámpara”. Se evita la violencia en un cuento destinado a los más pequeños.
EL HUMOR DE MEW
En el cuento del Gatopato que dice “cuac” y “miau” indistintamente, según el
día de la semana, la princesa señala: “Yo sí que quiero que quieras que yo te
quiera”. Aquí el lenguaje disparatado es la materia prima con que se trabaja el
tema de la discriminación del diferente. La inversión humorística de los
cuentos tradicionales se plantea en «El enanito y las siete Blancanieves»,
donde el dueño del bosque de Gulubú, señor enanito Carozo es el profesor de
música de las hijas del jardinero Nieves. La inversión y la hipérbole son
recursos para producir humor, como el del pescador pescado por el Delfín
Domador, que “volvió a su playa en una carroza tirada por 25.000 tiburones”
LA RIMA EN LOS CUENTOS DE MARÍA
ELENA
Es el libro donde la prosa y la poesía están más entrelazadas; desde los títulos
y desde los textos de los cuentos se busca la musicalidad que brindan las rimas
sencillas. Rimas hechas a semejanza del lenguaje infantil: «peces
pekineses», «langostinos finos», «camarones cimarrones». O como en el caso
del elefantito que tenía mocasines de aluminio que hacían «clin clan chin chan
plin plan por la calle», la onomatopeya marca el ritmo de la prosa,
transformándola en prosa poética. El folklore literario infantil brinda a quien
lo estudia una fuente inagotable de recursos rítmicos y conceptuales que
trabajan el disparate y el humor. María Elena conoce las fuentes argentinas,
españolas e inglesas de poesía oral, no sólo las dedicadas a los niños.
Afirma: «Muchas veces me han formulado preguntas acerca del «disparate»
como si el disparate fuera una novedad. El juego silábico sin sentido que en
español llamamos jitanjáfora, es viejo de toda vejez.» [8] .
LA TRADICIÓN Y EL FOLKLORE
El tema del árbol mágico, que encontramos en «El árbol de
guitarritas» de Tutú Marambá reaparece en el cuento «Capítulo
CXXVIII» incluido en Cuentopos de Gulubú. [9] El cuento de la Sombrera que
está narrado en el estilo de un cuento folklórico, con final feliz y moraleja
incluida, retoma un tema de larga tradición. Este árbol puede relacionarse con
el del Paraíso, hecho para satisfacer todas las necesidades, antes de que
entrase el pecado en el mundo. También el tema del árbol que florece objetos,
puede vincularse con el remoto país de Jauja. Lugar simbólico famoso en el
imaginario medieval europeo [10], en donde la comida aparece preparada al
alcance de la mano y el hombre obtiene todo de la naturaleza sin
esfuerzo [11]. En su libro Versos tradicionales para Cebollitas Walsh
elige: «La ciudad de Jauja» y presenta el poema que da origen al tema del
cuento de la Sombrera que dice en uno de los versos: Los árboles dan
levitas, Pantalones y botitas. (VTC 50) MEW coloca en el bosque de Gulubú
un árbol que da sombreros y provoca la codicia de un tal señor Platini, que lo
roba para comercializar los sombreros. Pero finalmente el Viento hace justicia
y los vecinos recuperan el árbol. En «La luna y la vaca» reelabora una
leyenda folklórica, que explica las fases de la luna. También es folklórico el
tema del «Domingo siete», que cierra el libro Cuentopos…»con un firulete».
ORIGINALIDAD INDISCUTIBLE EN LOS
CUENTOS DE MARIA ELENA
La obra de Walsh es original por sus innovaciones retóricas, temáticas e
ideológicas, que abrieron un nuevo ciclo dentro del ámbito de obras con
destinatario infantil en nuestro país. Su actitud ante el folklore y la música
popular nacionales superó el mero intento de investigación y preservación de
formas expresivas. Pues esas formas fueron incorporadas a su poética como
elementos activos y modernos, despojados de toda intención
«pintoresquista». Exploró con éxito diversas formas de expresión como la
canción y el teatro. Se interesó particularmente en penetrar otros canales de
comunicación como el cine y la televisión. Convirtiéndola en uno de los pocos
intelectuales de su época que encaró con decisión y lucidez la tarea de intentar
una reubicación del escritor respecto de los medios masivos.
[1] WALSH, María Elena: Cuentopos de Gulubú, Bs.As., Luis Fariña, editor,
1966, solapa de tapa. [2] RODARI, Gianni, Gramática de la Fantasía,
Introducción al arte de inventar historias, Ediciones Comamex, Reforma de la
Escuela, México, 1973. Rodari propone la creación de nuevas palabras
mediante el agregado de prefijos a los sustantivos comunes, como por
ejemplo: «archiperro» y «trigato». A este método lo denomina Prefijo
Arbitrario (Capítulo 8, página 38 de esta edición) [3] WALSH, María
Elena: Cuentopos de Gulubú, Buenos Aires., Penguin Random House, 2019
p.5. [4] MONTES, Graciela: El corral de la infancia, Buenos Aires, Libros
del Quirquincho, 1990. [5] WALSH, María Elena: Cuentopos de Gulubú,
Buenos Aires Penguin Random House, 2019 p.41 [6] TALLON, José
Sebastián: El poema RAPA TONPO CIPI TOPO, canción en jerigonza, se
publicó en 1927 en el libro de poemas para niños: Las torres de
Nüremberg [7] WALSH, María Elena: Cuentopos de Gulubú, Buenos Aires
Penguin Random House, 2019 p.16. [8] WALSH, María Elena: Viajes y
homenajes, Buenos Aires, Biblioteca de Bolsillo, p.76 [9] WALSH, María
Elena: Cuentopos de Gulubú, Bs.As., Penguin Random House, 2019 p.
31 [10] Ver el cuadro de Pieter Bruegel (el viejo) titulado.: «El país de Jauja»,
de 1567 [11] WALSH, María Elena: «La ciudad de Jauja», en: Versos
Tradicionales para Cebollitas, Bs.As., AlfaWalsh, 2015.