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2 Biodiversidad

La biodiversidad es la variedad de formas biológicas en los ecosistemas, esencial para el funcionamiento de la vida en el planeta y la calidad de vida humana. Su pérdida representa un riesgo significativo para la economía y la salud, además de implicar conflictos en el acceso a recursos genéticos. La conservación de la biodiversidad es crucial no solo por su valor intrínseco, sino también por su papel en el bienestar humano y la sostenibilidad de los ecosistemas.

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2 Biodiversidad

La biodiversidad es la variedad de formas biológicas en los ecosistemas, esencial para el funcionamiento de la vida en el planeta y la calidad de vida humana. Su pérdida representa un riesgo significativo para la economía y la salud, además de implicar conflictos en el acceso a recursos genéticos. La conservación de la biodiversidad es crucial no solo por su valor intrínseco, sino también por su papel en el bienestar humano y la sostenibilidad de los ecosistemas.

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2.2.

- LA IMPORTANCIA DE LA BIODIVERSIDAD

SINTESIS DE LOS APARTADOS DEL TEMA

Apartado Objeto y Alcance

2.2.1.- Definición e importancia de la Conocer el concepto de biodiversidad


Diversidad Biológica. Valores de la relacionando las ideas previas de los
Biodiversidad. estudiantes con nuevas fuentes de
información objetiva.

2.2.2.- Factores que ponen en riesgo a la Comprender la importancia de la


biodiversidad. Métodos de biodiversidad en el contexto actual y los
conservación. principales métodos para su
conservación.

2.2.3.- Estado de la biodiversidad. Abordar los conflictos entre la


conservación y el uso que hace el ser
humano de la biodiversidad

2.2.1.- Definición e importancia de la Diversidad Biológica. Valores de la


Biodiversidad:

Definición: La biodiversidad biológica (DB) o biodiversidad (BD) es el conjunto de


elementos orgánicos característico de los ecosistemas, que está determinado por el
desarrollo de un proceso histórico, la evolución, vinculado a los factores ambientales en
un contexto espacio-temporal determinado que da como resultado una combinación de
formas de vida diferentes, propias de cada región del planeta.

Existen algunas definiciones que habitualmente son aceptadas para conceptualizar el


término “biodiversidad”, de las cuáles nos parece lo más acertado adoptar la más sencilla
que dice: “La biodiversidad es la variedad y variabilidad de formas biológicas de un
sistema (ecosistema)”, atendiendo a la etimología misma de la palabra. Expresa el
número de especies (incluyendo toda la trama de seres vivos desde virus y bacterias,
hasta las grandes plantas y animales) y también la variabilidad genética en cada especie.
Los seres humanos también pertenecemos a esa trama.

La suma de organismos y sus variantes de cada ecosistema o región del planeta es un


conjunto de elementos estrechamente relacionados entre sí, que conforman una trama
con un alto nivel de ajuste entre ellos y con el ambiente. Como se dijo antes, la evolución
ejerce fuerzas de cambio y adaptación de los organismos desde hace unos 3.600.000.000
de años, en un proceso continuo que genera, mantiene y modifica las formas de vida,
dando lugar al desarrollo de estrategias cada vez más específicas para la supervivencia de
las especies en cada ambiente. Cada tipo de organismo contribuye con su respectiva
adaptación a mantener la estructura y función propia y la del conjunto, en orden a que
constituye un engranaje específico de un mecanismo complejo (sistema) resultante de un
desarrollo histórico conjunto.

Importancia de la biodiversidad: Con esto queremos señalar que la biodiversidad


es un elemento central, característico de los ecosistemas, y que inclusive desde el punto
de vista estrictamente disciplinario ha sido utilizado como un parámetro de las
comunidades biológicas en estudios de ecología básica desde principios de siglo, por lo
menos.

El auge que ha tomado el término en los últimos años está relacionado con la
preocupación creciente que surge de los datos alarmantes sobre la pérdida de
biodiversidad a escala global (planetaria), y entre otros aspectos a las implicancias
económicas que involucra el potencial descubrimiento de nuevos productos,
especialmente los ligados a las industrias farmacéutica y agrícola que pueden perderse al
desaparecer especies que aun ni siquiera conocemos. Otra cuestión estrechamente
relacionada más recientemente al tema de la biodiversidad es la generación de
organismos genéticamente modificados (OGM, también denominados “transgénicos”) y
sus derivaciones, sociales, ambientales, y éticas

Estas problemáticas fueron abarcando distintos ámbitos gubernamentales y no


gubernamentales a partir de los años 70, pero alcanza un abordaje institucional a escala
mundial en ocasión de la Conferencia de Naciones Unidas sobre Medio Ambiente y
Desarrollo (CNUMAD) también llamada ECO’92 y que se llevó a cabo en Rio de Janeiro,
Brasil. El tema fue ampliamente debatido y como consecuencia de ello, se firmó (entre
otros acuerdos), la Convención Internacional sobre la Diversidad Biológica, que entro en
vigencia en Diciembre de 1993.

Según su artículo primero son sus objetivos: “la conservación de la diversidad biológica, la
utilización sustentable de sus elementos y el reparto justo y equitativo de las ventajas que
derivan de la explotación de los recursos genéticos…”

Como principio general nadie podría oponerse a estos objetivos, pero como es de
suponerse, la aplicación de los mismos, está muy lejos de llevarse a la práctica en función
de los múltiples intereses que compromete, lo cual implica una tarea constante de
consolidación y fortalecimiento de todos aquellos aspectos vinculados a la importancia de
la biodiversidad para la conservación de ecosistemas y como herramienta de aplicación a
la creciente demanda de acciones tendientes a la sustentabilidad de los sistemas
antropizados con fines productivos.

La importancia de la biodiversidad puede sintetizarse por dos rasgos esenciales. Por un


lado, es el fruto del trabajo de millones de años de la naturaleza (evolución), por lo que su
valor es incalculable e irremplazable, y no resulta posible repetir el proceso por medio del
cual la biodiversidad ha alcanzado su estado de desarrollo. Por otro, es la única garantía
para el correcto funcionamiento del entramado de los sistemas que forman los seres
vivos, junto con el medio en el que viven y del que son parte estructural y estructurante
para que cumplan su función.

No siempre somos conscientes de la importancia de la biodiversidad, pero está


definitivamente ligada a nuestra sociedad. Somos biodiversidad. Su importancia va más
allá de su valor intrínseco. Toda nuestra calidad de vida depende de lo que la
biodiversidad proporciona. El aire limpio, nuestros recursos hídricos, los recursos
naturales, médicos, alimentarios, provienen directamente de la biodiversidad.

De tal forma, es necesario considerar que la biodiversidad más allá de la fuente de


recursos que representa para los seres humanos, resulta esencial para la vida del planeta,
por lo que no podemos reducirnos a ponderar sólo nuestro interés por los beneficios que
brinda sino también la necesidad de preservarla para no perder ese capital natural. La
biodiversidad de las especies nos provee bienes tan necesarios como el alimento o el
oxígeno, nos proporciona materias primas que favorecen el desarrollo económico,
produce energía que utilizamos como combustible, es el origen de muchos medicamentos
y, finalmente, pero no por ello menos importante, nos ofrece un escenario de hermosos
paisajes que podemos disfrutar. Y aún más allá, nuestra propia cultura y educación ha
evolucionado ligada a la biodiversidad. Todo nuestro bienestar y calidad de vida dependen
de ella.

Como resultado del proceso de evolución, el hombre apareció sobre la faz de la tierra
como una especie más, pero que paulatinamente fue desarrollando el andamiaje de
conocimientos que conocemos como cultura que, paso a paso, fue componiendo un
nuevo escenario que podemos denominar “Dimensión social de la biodiversidad”. La
especie humana y sus culturas han emergido de sus adaptaciones a ella, de su
conocimiento y de su utilización. Forma parte de ella. Casi todos los biomas de la Tierra
presentan hoy en día las huellas de la intervención humana, de la selección y
domesticación de especies vegetales y animales. Ambas diversidad silvestre y diversidad
domesticada, integran la diversidad de la vida, la biodiversidad. Por esto reconocemos hoy
que la biodiversidad tiene dos dimensiones inseparables: la biológica y la cultural.
Comprende tanto a la diversidad genética, de especies y de ecosistemas que integran la
biosfera, como a los múltiples procesos culturales que en diferentes épocas y contextos
ecológicos, han caracterizado la relación del hombre con su ambiente natural (Toledo,
1998).

Como hemos mencionado, las sociedades humanas han co-evolucionado durante miles de
años en interrelación con los otros componentes de la DB, en el caso de la selva
amazónica o en nuestra propia región chaqueña se trata de poblaciones indígenas, que
han convivido en armonía con su ambiente, logrando un conocimiento muy acabado de
los recursos del medio. Al expandirse en forma permanente la frontera agropecuaria,
imponiendo los modelos de producción del mundo occidental estas poblaciones se ven
expulsadas de sus lugares de origen, y además de perderse las especies que allí existían,
con ellas se pierde también un patrimonio cultural de incalculable valor.

Muchas de estas etnias poseen solo lenguajes orales (no escritos), y toda su cultura está
construida en íntima relación con su ambiente; al ser cambiados sus hábitos productivos o
directamente obligados a abandonar sus tierras, se desarticula toda una trama que se ha
ido tejiendo durante miles de años.

Datos del PNUMA indican que de 5000 lenguas orales existentes en el mundo, 2500 están
en estado de inminente desaparición. Lo que se pierde con ellas es por ejemplo el
acabado conocimiento del uso de flores, arboles, hierbas y partes de animales como un
bien social de utilidad en aplicaciones medicinales y otros. (PNUMA, 2001)

En este contexto de biodiversidad/cultura, otro elemento a tener en cuenta a la hora de


analizar la importancia de la diversidad biológica, es el origen del material genético, y sus
implicancias desde el punto de vista económico. El Dr. Hugh Hellmut Iltis, botánico y
naturalista (Profesor Emérito de Botánica y Director Emérito del Herbario WIS en la
Universidad de Wisconsin, Madison. http://www.scielo.org.mx/pdf/abm/n119/2448-
7589-abm-119-00007.pdf), reconoce la importancia de los beneficios potenciales para las
industrias farmacéutica y agrícola que subyace en el descubrimiento de ciertas especies
botánicas. Los países de origen (latinoamericanos, africanos y asiáticos) de dicho material
genético, que en la actualidad poseen la mayor biodiversidad, frecuentemente sufren un
crecimiento poblacional excesivo, con deudas externas siempre crecientes y degradación
del medio ambiente cada vez mayor, mientras ese material genético proveniente de sus
territorios produce enormes beneficios económicos a empresas transnacionales que
basan su éxito en el uso de aquéllos recursos por los cuáles no han pagado nada
(Anderson, 1992).
La situación creada en este sentido parece de difícil solución. Por un lado los argumentos
de que: si los países ricos no intervienen, la biodiversidad de los países pobres disminuye
por las carencias propias de la pobreza, por lo cual se corre el riesgo de que muchas
especies desaparezcan sin que siquiera las hayamos conocido. Sin embargo no podemos
pensar que eso constituye un argumento contundente para permitir una permanente
intervención de los países del denominado primer mundo, apropiándose de dichos
recursos genéticos que a posteriori, una vez desarrollados terminan constituyendo una
causa más de dependencia de los países pobres dado que pagarán elevadas tasas por
derechos, patentes o desarrollos tecnológicos, sobre un recurso que originalmente les
pertenecía.

La biodiversidad introduce este tipo de disputas en las relaciones internacionales, dado


que de alguna forma parece sumamente dificultosa una instancia asociativa, con
beneficios equitativos para ambas partes entre aquéllos países dueños de los recursos y
las poblaciones locales que generalmente no disponen de la tecnología para
desarrollarlos, y aquéllos otros que manejan la tecnología en sus más variadas vertientes,
pero generalmente precisan de proveerse de recursos naturales que no le son propios.
Hasta aquí hemos mencionado algunos beneficios directos que obtenemos de la
utilización de la biodiversidad y algunos conflictos que se presentan en el acceso y
distribución equitativa de los recursos que esta genera.

No menos importantes son los denominados servicios ecológicos, ecosistémicos o


ambientales (que son aquellos servicios que prestan los ecosistemas): el mantenimiento
de los gases de la atmósfera, la regulación del clima, la operación del ciclo hidrológico, la
asimilación de desechos, el reciclado de nutrientes, la generación de suelos, la polinización
de plantas, el mantenimiento de la librería genética y muchos otros.

Los ecosistemas tienen la capacidad de auto-organizarse y de mantener su propio


equilibrio. Ante una agresión externa (polución, depredación, incendios, deforestación,
etc.), tienen cierta elasticidad y capacidad de resistencia para retomar su estructura y
función originales que se denomina resiliencia. La biodiversidad está íntimamente ligada a
la capacidad de los ecosistemas de superar tales situaciones de estrés.

Lo que está en discusión hoy es, hasta donde es capaz de resistir la naturaleza y cuál es el
límite en lo que respecta a la depredación o la perdida de especies o de otros
componentes. O dicho de otra manera cual es la capacidad de los ecosistemas para seguir
manteniendo sus ciclos vitales, de manera que sea compatible con el modo de ser
utilizados productivamente por el ser humano (Spiaggi, 1992)
Biodiversidad como expresión del Proceso Evolutivo: La biodiversidad es una de
las formas más perceptibles en que se expresa el proceso evolutivo. Es el resultado del
creativo proceso de la selección natural y las adaptaciones de la vida a condiciones
ambientales heterogéneas y cambiantes. Este fenómeno inherente a la vida y esencial
para su comprensión, fue interpretado y expuesto por el gran naturalista Charles Darwin
en su paradigmática obra El Origen de las Especies, en 1859. La evolución de la vida y la
evolución del ambiente no vivo están estrechamente ligadas constituyendo un proceso
único e indivisible, es decir, co-evolucionan (Lovelock, 1993). Este indisoluble vínculo entre
vida y ambiente fue clara y sencillamente expresado por el físico J. Wagensberg, que lo
sintetizó diciendo: “El entorno es una de las partes esenciales de un ser vivo”
(Wagensberg, 2002). El individuo y la especie (conjunto de individuos potencialmente
interfértiles) son las unidades en que se manifiesta el proceso evolutivo. La mutación
genética opera en ciertos casos, como posibilidad adaptativa potencial, cuando encuentra
en el ambiente las condiciones que tornan aprovechable o útil el cambio. En las últimas
décadas se ha podido constatar que ciertos mecanismos de simbiosis (asociaciones
cooperativas entre individuos de distintas especies y aun, reinos) han desempeñado un
papel muy importante y decisivo en el proceso evolutivo y la generación de diversidad
biológica (Margulis y Sagan, 2003). La aparición de la vida en la Tierra y las peculiaridades
de su proceso y del sistema biosfera en el cual deviene, han mostrado la ubicuidad y
plasticidad con la que la vida perdura, se reproduce, se adapta y se difunde. Esta
plasticidad hace que el fenómeno de la vida, necesariamente, se exprese en una
multiplicidad de formas (diversidad) y estrategias de supervivencia manifiestas y
potenciales. El ambiente de nuestro planeta tiene dinámica propia, cambia inevitable y
permanentemente en todas sus escalas, a distintas velocidades. Procesos tales como
eventos astronómicos, la tectónica de placas y sus fenómenos asociados, los efectos de la
vida sobre la composición de la atmósfera, hidrosfera y suelo y el impacto humano,
provocan la aparición de nuevas condiciones o fluctuaciones en los ecosistemas a las que
la vida se enfrenta, adaptándose con distintos grados de éxito o sufriendo pérdidas. Las
especies biológicas surgidas en el proceso evolutivo son irrepetibles, esto significa que su
desaparición es irreversible; la pérdida de una de ellas es para siempre. A lo largo del
antiguo devenir de la vida, esa capacidad de generar diversidad –biodiversidad– ha tenido
períodos de florecimiento, de estasis y de merma; estos últimos corresponden a los
grandes episodios de las extinciones naturales pasadas, que produjeron la desaparición de
especies y conjuntos de especies. Si bien las extinciones implicaron mermas de la
biodiversidad en tiempo y espacio, también constituyeron grandes crisis y como tales,
promovieron el surgimiento de nuevas posibilidades para que la vida, a través de su
plasticidad, se expresara nuevamente y de forma original, dando lugar a la aparición de
nuevas y “mejores” (en el sentido de éxito en un marco espacio-temporal específico)
formas de vida.

Valores de la biodiversidad: La vida la ha dado a nuestro Planeta una riqueza de


estructuras que no observamos en ningún otro lugar del universo. La biodiversidad es la
expresión de esa riqueza; es un rasgo del sostenido proceso de la vida en nuestro planeta.
Resulta en apariencia banal preguntarnos sobre su importancia, tan banal tal vez, como
preguntarnos sobre la importancia de la vida o de nuestro planeta. Es necesario, sin
embargo, reflexionar sobre su existencia, su dimensión y su función. La biodiversidad no
es ajena al ser humano, somos parte de ella. Indagar y conocerla implica indagarnos y
conocernos, implica abordar dimensiones históricas e imaginar y evaluar escenarios
ambientales futuros. El ambiente de nuestro planeta es un sistema complejo y dinámico,
que posee una serie de propiedades específicas cuyos valores cambian a través del
tiempo. La temperatura media del planeta, la composición química de la atmósfera, mares
y océanos y sus comportamientos físicos, son algunas de ellas. Dentro de este sistema
global, los elementos bióticos y abióticos interactúan y se condicionan mutuamente. Esta
interacción provoca que la materia esté en constante movimiento. Los átomos del dióxido
de carbono presentes en la atmósfera pasan –a través de la fotosíntesis– a formar parte
de los tejidos vegetales. Cuando ellos son ingeridos por los animales, pasan a formar parte
de éstos, quienes a su vez los liberan nuevamente al medio, por ejemplo al respirar o al
morir. Lo mismo se repite para gran parte del resto de la materia (agua, oxígeno, fósforo,
nitrógeno, etc.). Estas rutas que recorre cíclicamente la materia entre los seres vivos y el
ambiente físico, constituyen los ciclos biogeoquímicos del planeta. Representan los
“procesos fisiológicos” de la Tierra que James Lovelock (1993), autor de la Teoría de Gaia,
denominó geofisiología. La vida, a través de su biodiversidad, asegura su existencia y el
mantenimiento de las condiciones ambientales tal como las conocemos. De esta forma
podemos decir que la biodiversidad, a través de sus funciones ambientales, tiene una
importancia crítica para asegurar nuestra supervivencia. Desde hace tiempo, muchos
investigadores y pensadores han reflexionado sobre los aspectos del valor e importancia
de la biodiversidad. Ehrlich y Wilson (1991) postulan cuatro dimensiones valorativas:

• Productivo: alude al uso que el ser humano hace del medio en que vive y se
desarrolla. La biodiversidad siempre fue una fuente de opciones de uso, siendo fuente
fundamental de los recursos naturales para la sociedad. Inicialmente, en cuanto a
posibilidades alimenticias y, a través del desarrollo de las distintas culturas, opciones de
materialidades para satisfacer necesidades tan diversas como vestimenta, vivienda,
medicina y todo tipo de tecnologías. Actualmente y a modo de ejemplo más conspicuo,
debemos enfatizar la incalculable fuente de moléculas orgánicas que la biodiversidad
representa y que, como ya se ha demostrado, aportan soluciones en el campo de la salud,
la alimentación y la tecnología. La vida humana está indisolublemente vinculada al uso del
ambiente y su futuro fuertemente condicionado al uso racional.

• Científico: nuestra civilización se ha desarrollado en muchos de sus aspectos, a


partir del pensamiento racional y el conocimiento. El progreso material tiene en el
conocimiento científico uno de sus pilares fundamentales. La ciencia busca interpretar
fenómenos, elaborar hipótesis, contrastarlas y corregirlas. Dentro de este proceso, el
conocimiento puro –y en apariencia sin aplicación inmediata– de los objetos materiales /
reales, es un hecho ineludible. El estudio de la biodiversidad en este aspecto es relevante,
necesario e imprescindible y está dirigido a lograr un inventario mundial detallado de
todas las formas de vida que han habitado y habitan nuestro planeta. Si deseamos
comprender el proceso de la vida, necesitamos entre otras cosas, conocer la diversidad de
sus formas.

• Estético: el ser humano siempre ha buscado acercarse a la naturaleza desde un


punto de vista contemplativo. Esta actitud se manifiesta, por ejemplo, en la jardinería, el
acuarismo o en la simple presencia de un ramo de flores sobre una mesa. Existen en todo
el mundo asociaciones de naturalistas dedicados a la observación de aves, y actualmente,
el turismo ecológico también satisface esa necesidad. Hemos manifestado desde siempre
una fuerte atracción hacia la vida, sus formas y sus ambientes, que se ha plasmado en la
actitud contemplativa y en la expresión artística de las culturas a lo largo de toda su
historia. Sin lugar a dudas la multiplicidad de formas vivientes, sus detalles individuales,
sus asociaciones, sus cambios naturales –es decir, la expresión visual de la biodiversidad –
constituyen un valor estético que satisface una necesidad espiritual y genera placer. El
biólogo E. Wilson llamó biofilia a esta vinculación emocional innata que tenemos los seres
humanos con otros seres vivos.

• Ético: la vida (el proceso vital y su existencia) ha sido –desde que el ser humano
comenzó a reflexionar y a preguntarse– un fenómeno para el que ha buscado respuestas
desde dimensiones filosóficas, espirituales o religiosas. Esta búsqueda ha expresado en
todas las culturas una relación particular con la vida y sus formas, en la que el aspecto
sagrado o ético siempre estuvo presente. El hombre siempre intuyó, percibió e imaginó
ser parte de la compleja trama de la vida y a partir de ello compartir un mismo destino.
Por ello adoptó conductas de respeto y armonía que, aunque muchas veces ha violado y
aún viola, sigue sosteniendo. La preocupación y el análisis sobre esta dimensión siempre
ha sido intensa; muchos autores han reflexionado sobre ella. Escritores como D. Thoreau y
R. W. Emerson han expresado bellamente la importancia que la naturaleza tiene para el
alma. A mediados de la década de 1950, Aldo Leopold –uno de los principales impulsores
del conservacionismo– elaboró y propuso la Ética de la Tierra, en la que desarrolla
reflexiones como la siguiente:

“La ética de la Tierra amplía simplemente los límites de la comunidad para incluir el suelo,
el agua, las plantas y los animales, o por decirlo en una palabra, el campo [...] La ética de
la Tierra cambia el papel de Homo sapiens. De conquistador de la comunidad terrícola que
era, pasa a ser miembro de a pie y un ciudadano más. Ello implica un respeto hacia los
miembros individuales y también hacia la comunidad como tal”.

Esta mirada fue parte de un cambio conceptual previo de pensar “el hombre en lucha –
contra- la naturaleza” por el criterio de “el hombre en la naturaleza”.

Por otra parte, la inevitable dependencia que el ser humano tiene con el ambiente natural
y sus recursos, hace imperativa la obligación ética de preservarlo para las futuras
generaciones, que deberán tener las mismas oportunidades que nosotros para obtener
medios de vida, y disfrutarlo.

Toda forma de vida tiene derecho natural a su vida, más allá de la valoración que el
hombre le atribuya.

2.2.2. Factores que ponen en riesgo a la biodiversidad. Métodos de conservación.

Diversos son los factores que determinan la desaparición de las especies. Depende del
momento histórico del que hablemos, podemos atribuir a causas naturales algunas
desapariciones masivas de especies o grupos muy representativos de ciertas épocas. Los
tiempos geológicos han determinado, dentro del proceso evolutivo, apariciones de
muchas especies y extinciones masivas o graduales de otras. La desaparición de especies
es un fenómeno natural dentro de los sistemas vivos. Sin embargo desde un tiempo
(relativamente corto, reciente) el hombre ha facilitado algunos mecanismos que
determinan la desaparición de un importante número de especies. Si bien se ha atribuido
a la persecución directa (caza o pesca, tala de árboles, etc.) ser un factor de desaparición
de especies, y en muchos casos lo fue, a nuestro criterio la causa actual que resulta ser un
factor determinante del decrecimiento de la biodiversidad es la simplificación
(homogenización) o modificación extrema de los ecosistemas y pérdida de hábitas. El
hombre introduce cambios tan profundos en los ecosistemas que las especies no hallan
espacios para sobrevivir.

Los ecosistemas constituyen un nivel de organización de la materia que representa la


máxima complejidad que pudo alcanzar la vida en ese lugar y para este momento de la
historia. En él se ven reflejadas absolutamente todas las expresiones de la vida que la
evolución permitió desarrollar como resultado de un complejo proceso de intercambios
de energía, materia e información, que de hecho es irrepetible. En el seno de cada
ecosistema es posible encontrar tantas formas de vida como nichos ecológicos
disponibles, y unas necesitan de las otras conformando una red indivisible.

Si en ese contexto espacio-temporal el hombre se interesa sólo por unas pocas especies, e
intenta eliminar el resto, deberá ofrecer una inversión energética que permita alterar toda
la información disponible, pero además reducir drásticamente el flujo de información,
impidiendo la continuidad del sistema. De esta manera el ecosistema se simplifica y las
condiciones favorables para la convivencia de muchas especies ya no es la misma. Por eso
consideramos que la principal causa de disminución de la biodiversidad es la modificación
antrópica de los ecosistemas. Este fenómeno atenta día a día contra la supervivencia de
muchas especies.

Debe entenderse como modificación antrópica de los ecosistemas, todo fenómeno ligado
a la actividad humana que, ejecutado sin evaluar sus consecuencias en forma efectiva,
conlleva un deterioro irreversible introduciendo cambios que favorecen la desaparición de
especies a raíz de profundas alteraciones en las condiciones predominantes. A modo de
ejemplo, los procesos más conocidos y generalizados pueden ser: la tala de bosques,
construcción de represas y embalses, incendios intencionales, uso indiscriminado de
biocidas, generalización de sistemas agrícolas monoespecíficos, contaminación profunda
de cuerpos de agua superficiales, desertificación por mal uso del suelo, etc.

Las alteraciones en las condiciones climáticas de las áreas geográficas donde viven las especies, las
Cambio climático
fuerzan a que migren, se adapten, o se extingan. También se alteran interacciones entre las especies

Persecución directa
Especies emblemáticas, desde el oso pardo al rinoceronte están seriamente amenazadas por
de especies y
actividades como la caza, la extracción de recursos, la sobrepesca, etc.
sobreexplotación

La contaminación, los usos intensivos de la tierra para agricultura y urbanización, la extracción de


Destrucción y
recursos hídricos están provocando la destrucción de bosques, humedales, suelos, de los que las
fragmentación de
especies dependen. Infraestructuras como el tren de alta velocidad o las autopistas contribuyen
hábitats
gravemente a la fragmentación de los hábitats.

Las especies foráneas (exóticas) que el hombre traslada y se naturalizan en nuevas áreas compiten
Especies invasoras con las especies autóctonas por los recursos, desplazándolas de sus hábitats y ocasionando graves
alteraciones en los ecosistemas. Pueden ser muy difíciles de erradicar.
El modelo alimentario vigente en general, y en nuestro país en particular, ha fomentado el
Agricultura monocultivo intensivo y la pérdida de miles de variedades de especies cultivadas, adaptadas a cada
intensiva uno de sus hábitats naturales, asociado al proceso de domesticación que el hombre ha conseguido a
lo largo de la historia, seleccionando unas pocas y descartando a la gran mayoría de las otras.

La actividad económica tal y como la desarrollamos está estimulando la sobreexplotación de recursos


y el consumo excesivo, cuando la realidad actual nos indica que deberíamos haber revertido esa
tendencia y mediante un proceso de regulación hacia la reducción del uso excesivo y el despilfarro de
Otros
los recursos Otras causas en la raíz de la crisis de la biodiversidad son el cambio demográfico, el
comercio internacional, factores culturales o los cambios científicos y tecnológicos, todos asociados a
un modelo de consumo descontrolado y bajo el criterio de “úselo y tírelo”.

Conservación in situ y ex situ

Durante los últimos años la conciencia sobre la conservación de la biodiversidad ha


crecido a nivel global, y nuestro país no está ajeno a este fenómeno. Este proceso, aunque
positivo, también conlleva confusión en cuanto a lo que el público percibe sobre lo que es
la conservación y hacia dónde deberíamos colocar nuestros esfuerzos y atención.

¿Debemos potenciar la creación de áreas protegidas y la investigación de las especies con


problemas de conservación o invertir en preservar lo que nos va quedando y ponerlo bajo
nuestra protección directa?

Estás disyuntivas parecen distraer la atención pública hacia donde se ve que se está
haciendo algo directamente sobre la vida silvestre, cosas tangibles y visibles, enfocándose
en la segunda pregunta planteada. Sin embargo, lo que se percibe, que no siempre refleja
la realidad, tampoco es siempre es lo indicado.

La conservación de la biodiversidad se identifica de acuerdo a sus métodos como


conservación in situ y conservación ex situ. Ambas expresiones del latín implican una
contraposición.

Conservación in situ, (término derivado del latín que significa en el lugar), se refiere a las
acciones de conservación que son llevadas a cabo directamente en el ambiente donde los
animales y plantas viven, es decir en su propio hábitat/ecosistema, y que implican desde
la investigación a la creación y mantención de áreas protegidas y otras estrategias de
conservación del territorio y sus ecosistemas.
Por el contrario, conservación ex situ, (término derivado del latín que significa fuera del
lugar), implica acciones de conservación fuera de las áreas naturales en las que viven las
especies, implementadas principalmente en cautividad tales como zoológicos, acuarios,
centros de reproducción, centros de rescate, jardines botánicos y bancos de semillas.

Aunque la diferencia parece clara, muchas veces la confusión está en que ambos “tipos de
conservación” son considerados como caminos paralelos y autónomos, donde cada uno
hace su esfuerzo por separado y con metas independientes. Este error de interpretación
puede llevar a problemas mayores de conservación de la biodiversidad al asumir que si los
esfuerzos in situ no son exitosos, aún tenemos el respaldo de los logros ex situ. Muchas
veces lograr el mantenimiento y aún más la reproducción de especies silvestres en
cautiverio es muy difícil y hasta imposible. Sin descartar que, en muchos casos, aún
lograda la descendencia de determinada especie en cautiverio, los ejemplares así nacidos
pueden no adaptarse a su reinserción en la vida silvestre o al extremo de que no se
puedan liberar en tanto ya no existe el ecosistema al que la especie pertenece.

La conservación de la diversidad biológica en la naturaleza – in situ – implica la


mantención de ecosistemas saludables a través del tiempo, donde sigan ocurriendo los
procesos biológicos y evolutivos de todas las comunidades ecológicas que los conforman.
Estos múltiples procesos, que van más allá de las especies involucradas, son los que nos
entregan los servicios de los ecosistemas que sustentan nuestras vidas. Por esta razón, y
para la mayoría de las especies, la estrategia de conservación correcta y de largo plazo,
es lograr su continuidad en vida libre, in situ, con la menor intervención posible. Sólo las
comunidades naturales de esas especies pueden contribuir a los procesos de adaptación a
los cambios ambientales por venir.

Las interacciones que ocurren en los ecosistemas son muy complejas y no igualables en
cautividad. Entonces, la conservación ex situ no debe ser considerada como la solución
para especies al borde de la extinción. Las limitaciones no sólo son biológicas, sino que
también económicas.

Por ejemplo, los zoológicos son considerablemente más caros que otros programas de
conservación que se realizan directamente en la naturaleza como son la mantención y
creación de áreas protegidas, el control de especies exóticas invasoras, la adaptación de
áreas productivas para la coexistencia con la vida silvestre, la restauración de hábitats
degradados y la educación de las comunidades humanas.

Además, las poblaciones de especies animales cautivas difícilmente son lo suficientemente


grandes para prevenir la pérdida de variabilidad genética y las adaptaciones a los diversos
ambientes que puedan usar. Algunas especies se adaptan genéticamente al cautiverio y
pierden la capacidad de vivir en el medio libre, otras no aprenden a evitar depredadores o
no son capaces de cazar a sus presas habituales.

Los programas de conservación ex situ requieren de continuidad en el tiempo y de la


mantención de sus facilidades, las cuales podrían verse afectadas por problemas
económicos o desastres naturales. Al mismo tiempo, las mayores densidades que se
producen en cautividad hacen proclives a los individuos de una especie a sufrir pérdidas
importantes en catástrofes como incendios, terremotos y epidemias.

Sin embargo, para algunas especies, la conservación in situ no es suficiente,


especialmente cuando sus hábitats originales han sido destruidos o reducidos de tal
manera que no son capaces de sustentar un número mínimo de individuos que mantenga
una población de animales o plantas en el tiempo. Bajo estas circunstancias, es cuando se
necesita que los individuos de la población con problemas sean mantenidos bajo
condiciones artificiales para evitar su extinción y así poder reintroducirlos cuando los
ambientes originales son recuperados. El fin es mantener poblaciones viables en la
naturaleza, no detrás de una reja o un vidrio.

La investigación que se puede y debe realizar en condiciones de cautividad puede proveer


información relevante sobre biología básica y fisiología que posiblemente no sería posible
de relevar en vida libre. Esta información debería ser útil para nuevas estrategias de
conservación en poblaciones silvestres, así como para el desarrollo de nuevas tecnologías
para el monitoreo y la investigación de las especies en vida libre.

Por otro lado, los individuos mantenidos en cautividad sirven para programas de
educación, y así llamar la atención pública sobre los problemas de conservación que
ocurren con esas y otras especies en sus ambientes naturales. Los recursos que se
generan con las visitas a facilidades ex situ pueden contribuir con fondos para
investigación con fines de conservación in situ.

Conservación in situ es la mejor y única alternativa para las especies, comunidades y


ecosistemas. La conservación ex situ es un complemento de la conservación in situ y no la
segunda mejor opción. Las acciones de conservación en cautividad no deben distraer la
atención pública de los problemas reales de conservación y menos aún minimizarlos al ver
erróneamente que podríamos preservar todo en espacios confinados.
Animales y plantas que no tienen poblaciones viables en sus ambientes originales no
contribuyen a los procesos biológicos y evolutivos. Esos procesos, que ocurren en los
ecosistemas, son los que en largo plazo buscamos conservar.

2.2.3.- Estado de la biodiversidad.

Se estima que el 99% de las especies animales y vegetales que han habitado nuestro
planeta se han extinguido (Lewontin, 1968). De las que actualmente lo habitan se han
estudiado, nombrado y registrado científicamente aproximadamente 1,75 millones
(Millennium Ecosystem Assessment, Ecosystems and Human Well-Being: Synthesis Report,
Island Press, Washington, 2005). Es controvertido el número total de especies vivientes; a
pesar de ello hay acuerdo en que dicho número se encontraría entre 10 y 80 millones de
especies. Para muchos biólogos una cifra razonable estaría alrededor de 30 millones.
Según el micólogo D. Hawksworth (Hawksworth, 1991), sólo el grupo correspondiente a
los hongos reuniría actualmente 1,5 millones de especies. Estos datos permiten
dimensionar el tamaño de nuestro desconocimiento. Según los cálculos minimalistas,
desconocemos aproximadamente el 83 % y según los maximalistas, el 98%. Dicho de otra
manera, nuestro conocimiento de la biodiversidad es altamente incompleto (Figura 1).

Figura 1. Estimaciones del grado de conocimiento y desconocimiento de la biodiversidad taxonómica a nivel de especies biológicas.

Aunque los océanos cubren 71% de la superficie del planeta y comprenden más de 95%
del volumen de la biosfera, únicamente de 250.000 a 300.000 especies marinas han sido
descritas, apenas una fracción del número encontrado en tierra. Menos de 5% de los
océanos ha sido explorado, tanto por su vasta extensión como por sus profundidades
inaccesibles, y, en comparación con el esfuerzo que se ha puesto en examinar la vida en
tierra, es muy poco el tiempo dedicado a estudiar la vida en los mares. Con grandes
esfuerzos se ha comenzado a tener una imagen de la enorme extensión de la
biodiversidad marina. En 2004, por ejemplo, como parte del proyecto de 10 años Census
of Marine Life (www.coml.org/), investigadores de 70 países añadieron aproximadamente
13.000 nuevas especies a la cuenta total. Hay una evidencia creciente de que cuando los
organismos marinos más pequeños sean incluidos en estas estadísticas, la biodiversidad
marina se acerca, e incluso excede, los niveles encontrados en tierra.

Si esto es así o no lo es, podremos determinarlo solamente intensificando la investigación


para incrementar el conocimiento de la real dimensión de la biodiversidad, y por sobre
todas las cosas conservando las especies.

Ahora bien, otra dificultad subyacente es que no existe un único “centro” de registro de
especies, si es que se puede hablar en esos términos. Pero no sólo eso, sino que
botánicos, zoólogos y bacteriólogos tienen reglas distintas para nombrar las especies,
publican en diferentes revistas, y se regulan por diferentes Códigos de Nomenclatura
(códigos que regulan el lenguaje de los taxónomos).

Afortunadamente Internet está cambiando las cosas y facilitando que aquellos que están
interesados en lo que, tomando prestado el término de E. A. Poe, podemos llamar “El
nombre de la cifra”, puedan ponerse de acuerdo sobre cuantas especies se conocen
actualmente.

De todos estos recuentos, podemos mencionar el llevado adelante por el investigador


australiano Arthur D. Chapman (2009) y que se puede descargar libremente en:
http://www.environment.gov.au/biodiversity/abrs/publications/other/speciesnumbers/2
009/index.html

En esta obra se hace un balance completo y además se repasa phylum a phylum el


número de especies conocido y el estimado que falta por conocer. Y aunque puede haber
pequeñas discrepancias en algunos grupos el recuento, en general, parece bastante
ajustado a lo que hoy conocemos. En los dos gráficos que siguen resumimos las
cantidades conocidas para los grandes grupos de organismos y los que se esperan
descubrir. El primer gráfico está construido sobre un total de 1.899.583 de especies
conocidas y el segundo sobre un total de 9.327.630 de especies que se cree que faltan por
conocer, asociando su criterio a una percepción minimalista de las anteriormente citadas.
Como podemos ver, toda estimación tiene un sesgo relacionado a intentar predecir cifras
difíciles de comprobar. En este mismo sentido podemos intentar ensayar un juego
evocando a Robert May, eminente zoólogo de la Universidad de Oxford el cual dijo…

Si llegasen unos extraterrestres a la Tierra, una de sus primeras preguntas, seguro que
sería ¿cuántas diferentes formas de vida hay en este planeta? y "nos avergonzaría la
incertidumbre de nuestra respuesta"

Esta anécdota es rememorada por científicos de un equipo internacional que ha realizado


en el año 2011 la más actual y exhaustiva estimación de la cantidad de especies que hay
en la Tierra hasta ahora.

En este nuevo estudio llevado a cabo por científicos del Census of Marine Life y publicado
en la revista PLoS Biology se afirma que el 86 por ciento de todas las especies sobre la
tierra y el 91 por ciento de especies marinas aún no se han descubierto, descrito y
catalogado. Según los nuevos cálculos, se estima que existen 6,5 millones de especies
viviendo en la tierra, mientras que 2,2 millones habitan en las profundidades del océano.
Es decir, que la biodiversidad del planeta se cifra en 8,7 millones de especies, estimación
que se acerca a lo propuesto por Arthur D. Chapman (2009). Según el autor Camilo Mora,
de la Universidad de Hawai (Estados Unidos), "la cuestión sobre cuántas especies existen
ha intrigado a los científicos durante siglos y la respuesta, junto con la investigación sobre
la distribución y abundancia de las especies, es particularmente importante en estos
momentos, puesto que la actividad humana está acelerando la tasa de extinciones". De
acuerdo con el investigador, "muchas especies pueden desaparecer antes de que se sepa
nada sobre su existencia, sobre su nicho único y sobre su función en los ecosistemas".

Para el coautor del estudio, Boris Worm, de la Universidad de Dalhouise (Canadá), "este
trabajo deduce el número más básico necesario para describir la biosfera viviente". A su
juicio, "si no se supiera, por ningún orden de magnitud, el número de personas en una
nación, no se podrían realizar planificaciones futuras. Lo mismo ocurre con la
biodiversidad. La humanidad se ha comprometido a salvar especies en peligro de
extinción, pero hasta ahora hemos tenido muy poca idea real sobre cuántas especies
existen".

El doctor Worm señala que la Lista Roja publicada por la Unión Internacional para la
Conservación de la Naturaleza evaluó a 59.508 especies, de las cuales 19.625 están
clasificadas como amenazadas. Esto significa que la Lista Roja de la UICN, el estudio en
curso más sofisticado de su clase, monitorea a menos del 1 por ciento de las especies del
mundo.

Para el nuevo estudio se han identificado patrones numéricos en el sistema de


clasificación taxonómica. Cuando se aplicó a los cinco reinos eucariotas conocidos, el
enfoque de los investigadores predijo las siguientes cifras: 7,77 millones de especies de
animales (de las cuales 953.434 se han descrito y catalogado), 298.000 especies de plantas
(de las cuales 215.644 se han descrito y catalogado), 611.000 especies de hongos (de los
cuales 43.271 se han descrito y catalogado), 36.400 especies de protozoos (organismos
unicelulares, de los cuales 8.118 se han descrito y catalogado) y 27.500 especies cromistas
(incluyendo, por ejemplo, las algas pardas, las diatomeas y los mohos acuáticos, de los
cuales 13.033 se han descrito y catalogado).

"El inmenso esfuerzo para incluir todas las especies conocidas en bases de datos
taxonómicos, tales como el Catalogue of Life y el World Register of Marine Species, hace
que este análisis sea prácticamente posible", dice el coautor Derek Tittensor, que destaca
que "a medida que estas bases de datos crezcan y mejoren, el método puede ser
perfeccionado y actualizado para proporcionar una estimación más precisa".
¿Dónde hay mayor biodiversidad? Los “hot-spots” en ecosistemas terrestres:

La biodiversidad está distribuída irregularmente alrededor de la tierra. La mayor


biodiversidad se encuentra en los llamados “hot-spots” (puntos calientes) donde la
evolución ha tenido lugar sin impedimento de barreras físicas y cataclismos como las
glaciaciones, actividad volcánica, etc. Un cierto grado de aislamiento favorece la evolución
y aparición de nuevas especies y variedades. El investigador británico Norman Myers y sus
colaboradores identificaron 25 regiones del mundo que contienen un número de especies
inusualmente alto, las cuales han sido sometidas a un grado de destrucción del hábitat
poco común, debido a la actividad del ser humano. Algunos “hot spots” están en islas
como Madagascar o Galápagos, o continentes aislados como África, Sudamérica, Australia
en todos los cuales ha existido un grado mayor de biodiversidad antes de la llegada del ser
humano. Recientemente la organización Conservation International definió 34 “hot-spots”
terrestres – que representan el 2,3% de la superficie terrestre total. Estas áreas, aunque
pequeñas en tamaño, representan las reservas de la diversidad más ricas y amenazadas de
la vida en el planeta, y precisan de protección y actuaciones urgentes (Figura 2). Los
criterios diagnósticos para determinar los “hot spot” son: 1. Número de especies
endémicas (especies que no se encuentran en otro lugar) 2. Grado de amenaza (se mide
en término de pérdida de hábitat).

Figura 2. Ubicación de los 34 “hot-spots” terrestres.


BIBLIOGRAFIA

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- Wagensberg, J. (2002): “Si la naturaleza es la respuesta ¿Cuál era la pregunta?”


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