CARMENCITA
CARMENCITA
Patricia Suárez
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[Link]: cazadoraoculta@[Link]
1958
Pueblo de provincia, Argentina.
Personajes:
MENENA, la hermana mayor
ROSARIO, la menor.
Ambas tienen entre 35 y 45 años.
Escena 1
MENENA: Llegaste tarde.
ROSARIO: No. Esperé a que alguno viniera hasta acá. Luchetti, me trajo en el coche.
Seguía hasta Maizales.
MENENA:(Contexto) Maizales antes también era una estación. Ahora ya no hay más
estación. Ahora lo importante, dicen los políticos, es desarrollar la red caminera. Esto
no quiere decir que la gente comience a ir a pie, pero es como si lo dijeran. Las
carreteras: lo que importan son las carreteras. (La descripción del contexto la invade)
Porque si el tren lo dejaban que siguiera llegando a Maizales, te bajabas acá a media
legua, hacías el camino andando. Así estamos, sin tren. Gurruchaga cerró la fonda, no
hay quien se apee (Desensille, baje del caballo) a comer algo. (vuelve a su orgullo) Los
rusos, los de la Unión Soviética, el año pasado echaron al espacio un cohete para ver si
hay otros mundos, pero acá los políticos empiezan a levantar las vías del tren. (irónica)
Le llaman progreso.
MENENA: (Reclamando) Vinieron los nueve hijos y se llenaron la panza como unos
tábanos.
ROSARIO: (Evade) ¿Nueve hijos tiene? Es lindo tener hijos. ¡Pero tantos!
1
MENENA: (Desborda) Ya está todo hecho, Rosario. Me ocupé yo, por supuesto. Un
momento: no te reprocho nada. No tengo ningún reproche para hacerte. Sí tengo una
cuenta de gastos. No te imaginarás que…
ROSARIO va hasta MENENA que está sentada. La abraza, MENENA se abraza al seno
de ROSARIO.
ROSARIO: Fue un viaje agotador. Fue tan largo que pensé que la espalda iba a
pegárseme al asiento…
MENENA: Te quejás de lleno. Acá hay mucho colchón de plumas, pero yo no echo un
ojo.
MENENA: De colibrí.
MENENA: …
MENENA: Hubo que hacer una comida. Para que la gente no hable mal de tu madre.
2
MENENA: Ahora somos huérfanas.
ROSARIO: Tu marido no quiso matar más que un lechón esa vez. Había tanta gente
llorando a papá. Un lechón no alcanzaba ni por asomo. El era muy avaro; me refiero a
tu marido. Papá era un santo. Carmencita ayudó a cocinarlo; qué poca maña se daba
para la cocina. Se le quemó; menos hubo para comer. Se echó a llorar, le dio un ataque
de nervios. Vos le diste un cachetazo para que reaccione. Hasta le quedó marcada la
cara. Mirá que sos bruta, pobre chica.
ROSARIO: Qué habrás visto. Y aunque hubieras visto qué. Papá tenía derecho a hacer
uso. O iba a irse hasta la ciudad para buscar una casa pública. Vos sabés que mamá
tenía el mal de matriz y no podía. A ella no le importaba. Ella siempre decía: Un
hombre no es para tenerlo pegado a la pollera.
MENENA: ¿Yo?
MENENA: Es raro porque a veces me parece una tragedia. Lo de tu padre. Otras veces
me parece un desliz, un accidente.
ROSARIO: …
MENENA: Lo de Carmencita.
3
ROSARIO: Qué hicieron de comida.
MENENA: No, ahora que me acuerdo no quedaron. Le digo a Carmencita que te ponga
un bife a hacer. ¿Te gusta jugoso?
ROSARIO: No.
MENENA: Qué linda sonrisa que tenías. La heredaste de papá. Todas sonrisitas,
brillitos. Pero después se le picaron los dientes y no había dentadura que le aguantara.
ROSARIO: ¿Vos te pensás que papá era un sátiro? ¿Qué podía andar con la madre y la
hija? Doña Carmen y con la hija.
ROSARIO: ¿Qué?
4
MENENA: Era militar. Llegó a general del Ejército en su tiempo.
ROSARIO: Pero no peleó nunca. Les enseñaba a los conscriptos los ejercicios, las
lagartijas, los saltos de rana, vigilaba a los imaginarias que no se durmieran. Les hacía
bromas con el santo y seña cuando estaban de imaginaria y después los mandaba al
calabozo. Daba igual que fuera general o un crápula.
ROSARIO: Pero no fue. Se rió una semana entera. ¡Mirá si papá iba a ir a chupar frío
entre los hielos! Se cagaba en el Ejército, en la Patria y en la madre. Con perdón de la
abuela que era una santa.
MENENA: Mezclás todo cuando hablás. No tenés criterio. Los militares tienen mucha
energía. Es famoso este hecho. ¿Qué te pensás? ¿Qué cómo se hace una guerra, jugando
a los naipes?
ROSARIO: Me gustaría que te quitaras esas ideas idiotas de la cabeza sobre la virilidad
de papá.
ROSARIO: No.
MENENA: Estaba segura de que no sabías. Estás hecha una inculta. Vos tampoco lo
querías a tu padre.
ROSARIO: No.
MENENA: Para qué lo defendés. Vos nomás tenías ojos para Pancho.
MENENA: ¿Qué?
ROSARIO: Eso.
ROSARIO: No.
MENENA: ¿Qué …?
ROSARIO: Es de Pancho.
5
ROSARIO: El me visitó allá, en la ciudad. Hace como un mes.
MENENA: ¿Pancho? Si yo misma lo mandé a ver las tierras de Palo Seco. ¿Qué hacía
en la ciudad? No le queda de paso para ir a Palo Seco.
MENENA: Pero si Ramón mismo antes de morir le ordenó expresamente que él tenía
que obedecer en todo a su esposa, que era yo… La de Ramón; el Pancho siempre me
pareció un trepador y un cazafortunas.
MENENA: Y lo lloré.
MENENA: Hay galleta marina, te hago mate cocido. Te ponés algo adentro del buche.
Así te dejás de decir pavadas.
MENENA: ¡Vos estás loca! Mirá los chistes que hacés en un momento así.
ROSARIO: No me importa que él sea un capataz, que él no tenga nada… Yo… yo…
MENENA: Qué mala que sos para hacer chistes. No me hacés reir ni un poquito.
ROSARIO: No es chiste.
ROSARIO: No.
6
ROSARIO: Mirá que sos malvada.
ROSARIO: No es posible.
MENENA: Lo de tu padre, mi padre, se lo perdonás pero esto no. Capaz que encima es
tu hermana.
MENENA: ¿Vos a qué viniste? ¿Porque hasta ahora mucho no me preguntaste dónde
está tu madre, en qué tumba? Querés que te enganche el carro para ir a decirle adiós,
besar la lápida, esas cosas?
ROSARIO: No.
ROSARIO: ¡Porque no hay más trenes que pasen por acá! ¡Están levantando la vía!
MENENA: Qué sinvergüenzas. Pensar que el General Perón compró los ferrocarriles a
esos mamelucos de los ingleses. En este país nada tiene importancia; el General Perón
se rompió los cuernos negociando con los ingleses –que si por mí fuera ojalá hubieran
perdido la guerra- y ahora le vienen a pagar así, pobrecito.
MENENA: Mentiras. Me caía bien porque era General, como tu padre. Yo a un militar
de ley lo respeto.
7
ROSARIO: Decíle a Carmen que venga.
MENENA: No. Además, no cambia nada que Pancho ande o no con Carmencita. ¿Qué
te importa a vos? ¿No te parecía bien el refrán de tu madre, eso de que un hombre no es
para tenerlo pegado a las polleras? A mi Ramón siempre le criticaste que fuera un
pollerudo. Y era amor, el amor. El amor lo hacía querer estar siempre cerca de mí.
MENENA: Con un poco de suerte lo perdés. A tu edad se aborta de nada y con un viaje
tan largo, en tren… No habrás venido en primera, seguro. No llores, Rosario. Parece
terrible pero peor es tener un hijo de un zanguango. Daña tu cuerpo y tu espíritu, y el del
hijo que nace. Ya nace dañado, herido por un rayo, negada su gracia al Padre Eterno…
MENENA: Estás molesta por el argumento. Pero vas a ver que a la larga es mejor.
Duele solo un momento, es un pinchazo que sentís adentro, pero después pasa. No duele
más que lo otro y un parto es la muerte en vida en comparación. Acá, pasás el monte y
hay una señora que lo hace. Muy discreta. Primero prueba con unos yuyos, y si no dá
resultado con lo que te digo.
MENENA: ¡Ay, pero qué estúpida! No te vas a morir de eso. Aparte vos sos grande,
tenés la carne dura. Dejá de abanicarte que me ponés nerviosa.
8
ROSARIO: …
MENENA: ¿Vos creés que te lo digo porque sigo enamorada de Pancho? A mí Pancho
me importa dos pepinos.
ROSARIO: Ramón.
MENENA: Ramón no podía. Era muy viejo. Empezaba y cuando había que trajinar,
perdía la fuerza. Pancho. Francisco Antúnez.
MENENA: Preguntáselo.
ROSARIO: Me odiás.
9
MENENA: Sé fuerte.
ROSARIO: No puedo.
ROSARIO: No sé si puedo.
MENENA: Ay, calláte. Ponerte sentimental ahora. Mirá, se me puso la piel de gallina
tanta estupidez junta.
MENENA: ¿Qué hartura? ¿De qué hablás? Vos sabés que ese es el problema de entrada
entre vos y yo. Que hablamos dos idiomas diferentes. Sabés lo que tengo que hacer
ahora? Estoy que no puedo de la rabia. Ahí tenés, mirá cómo se me pone la piel de
gallina de rabia. ¿Podés creer que tengo que ir a comprarle un regalito a cada infeliz que
le dio sangre a tu madre, a mi madre, quiero decir?
ROSARIO: ¿Qué?
MENENA: Como oís. Ella por joder daba órdenes para cualquier cosa. Estaba muy mal
últimamente, hubo que hacerle transfusiones. Vino gente a darle sangre: “Lo que
precise, doña Carlota”. Como veinte tarados haciendo fila en el hospital por tu madre,
mi madre. En paz descanse. Ella, cuando termina el asunto de las transfusiones me dice,
“María Elena, a cada uno que me dio sangre, le hacés un regalito de agradecimiento:
una caja de bombones”. Decíme qué necesidad.
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ROSARIO: Un gesto…
ROSARIO: ¡Menena!
MENENA: Andá vos a comprar los bombones. Veinte cajas. Cuatro kilos de
bombones. Como ciento cincuenta pesos para cumplir la última voluntad de tu madre,
de mi madre. Quién sabe si no la habrá matado la sangre legañosa de alguno de esos
negros…
ROSARIO: Yo hoy me siento muy mal. Pero mañana, si querés voy. O pasado.
ROSARIO: Si me lo decís así, si querés me voy ahora. Camino, camino por entre las
totoras hasta que me caiga muerta de hambre y de sed.
MENENA: Bueno, te vas. Está bien. ¿Te muestro la tumba de tu madre primero o te vas
sin decirle ni Adiós ni Muchas gracias?
ROSARIO: No me puedo ir hoy. Tengo asuntos que arreglar. Esta es mi casa también…
ROSARIO: No me digas eso. No me corras con sustos. Las cuentas nunca pueden dar
tan mal. Pensá que tengo un hijo en camino que vestir, que alimentar.
ROSARIO: ¿Qué?
MENENA: Perdió un dineral. Hipotecó la casa. Esta casa, se vendieron tierras que
lindaban con los Ayala, los frutales. Preguntále a los Ayala si no me creés.
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ROSARIO: ¿Cómo qué jugaba?
ROSARIO: No entiendo.
MENENA: Jugaba y perdía plata. ¿Qué hay que entender? Hay que ser una científica
atómica para entender que jugaba a los naipes y cuando perdía entregaba lo que había.
ROSARIO: ¿Mamá sabía? Eso le habrá dado el cáncer, el gran disgusto… ella adoraba
esta propiedad… donde había nacido, se había criado… los frutales, los naranjos los
plantó el abuelo uno por uno…, contaba ella….
ROSARIO: …
ROSARIO: …
MENENA: ¿Qué pasa? ¿No vas a hablarme? Considerás que sos demasiado pura para
esta familia de degenerados?
ROSARIO se desmaya.
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MENENA: Dale, adelante. Desmayáte si querés. Dale: caéte y rompéte la cabeza.
Fin de Escena 1
Escena 2
Entra ROSARIO con unas flores en la mano.
ROSARIO: Se los voy a llevar ahora a mamá. Tenés un jarrón adonde ponerlos.
MENENA: ¿Vos estás loca, Rosario? ¿Estás afectada por el… por el… por la preñez?
Le dejás los jacintos sobre la piedra. ¿Para qué quiere tu madre, mi madre, una jarra con
agua? Vos sos sabés que no comprendo. Va a atraer a los perros, a los gatos que tienen
sed. Entendéme bien lo que te digo, Rosario, porque te conozco. Dije que atrae los
animales vagabundos, no las almas en pena.
ROSARIO: Yo, yo, sufro. Yo estoy condenada. Llevo un hijo en mis entrañas de un
hombre que me engañó para poseerme y me traicionó. Me hizo traición, me abandona
para casarse con esta mala yegua de Carmencita a quien mamá que era una santa le dio
cobijo para que no anduviera haciendo la puta por cualquier burdel de frontera y así nos
paga, esta perra sucia…
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ROSARIO: ¡Me quitó a mi hombre!
MENENA: Bueno, tampoco lo habías yerrado a Pancho. Los hombres son libres,
Rosario. La esclavitud se abolió en la Asamblea del año 13. Te lo digo por si no te
acordás que te lo enseñaron en la escuela.
MENENA: No te agites así que rompés los jacintos, Rosario. ¡Qué pecado, pobres
flores mías!
MENENA: Todavía estamos a tiempo. Vamos a ver a la señora que te digo y acá no
pasó nada. Que el sátiro de Pancho se case con su negrita y asunto terminado. Vos te
volvés a la ciudad linda y solterita como siempre.
MENENA: Sí, vas a poder. Porque yo soy tu hermana y te voy a ayudar. Vamos a hacer
esto juntas. De chica, nunca hicimos cosas juntas. De jovencitas tampoco. De más
grandes, menos. Pero esta vez vamos a obrar juntas, de común acuerdo y vas a salir
adelante. Ya vas a ver.
ROSARIO: Ay, no me sacudas así. Mirá cómo pierden los pétalos los jacintos.
MENENA: Me importan tres cominos los jacintos. ¿Qué pasó con tu casa?
ROSARIO: La vendí.
MENENA: Vendiste la casa que te compró tu padre, mi padre, para que estudiaras allá,
de maestra. Cosa que nunca hiciste. Ni de enfermera. Ni de peluquera, ni corte y
confección.
ROSARIO: La vendí hace nueve años, Menena. Nunca te lo conté porque no me pareció
necesario. La vendí porque me aconsejé con un contador. Me dijo que comprara títulos
y acciones de una fábrica de fideos. Hice lo que me dijo y me alquilé una habitación en
una pensión muy monona, en el centro.
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MENENA: ¿Muy qué?
ROSARIO: Tuve así unas rentas que me permitían no tener que estar de esclava blanca
en un taller de costura. Me empleé en el Balenciaga, pegaba lentejuelas. Pegaba
canutillos, era encajera. No ganaba una fortuna, pero no tenía necesidad de quemarme
las pestañas, de jorobarme la espalda. Pero la fábrica de fideos quebró. La fábrica de
jabones quebró. Fue un crack de la Bolsa de Comercio. No leés los diarios. Hubo un
crack en la Bolsa de Comercio hace seis meses. El contador se tiró por la ventana. Se
suicidó, se murió. No tengo adonde volver.
MENENA: Al que no le agarra cáncer, se tira por la ventana. Qué ganas de morirse que
tiene la gente. No quiero saber que vas a hacer. Quiero que te quede claro que acá
conmigo no podés vivir. Acá vivimos Carmencita que me ayuda y yo. Yo a Carmencita
la quiero como una hija, hasta voy a ser la madrina de casamiento con el Pancho.
Aunque vos revientes, yo se lo prometí a doña Carmen. Madrina del casamiento y del
primer hijito. Porque la Carmencita apenas empiece no para hasta tener un batallón, vas
a ver qué familión que van a tener. Será lo que será Carmencita, yo no te quito la razón,
pero ella es buena conmigo. A mí no me hizo ninguna trastada. El día que me haga una,
sabe que no me vé más la cara porque le arranco los ojos. ¡Maldito caballero don
dinero! ¿Tan fuerte es que hace que un contador, un señor con una profesión, se arroje
por la ventana?
MENENA: ¡Pesarle más el papel moneda que la vida! Cuando él ahora bien podría serte
útil dándote una mano, buscándote un lugar donde ampararte a vos y a tu hijo, o a vos
sola si vamos a ver a esa señora…
MENENA: Sabés que tu corazón me tiene hinchada. Te lo arrancaría con las uñas, mirá.
¿Cuándo pasó esto del amor con el ingeniero?
ROSARIO: ¿Qué?
ROSARIO: Ah.
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MENENA: ¿Cuándo? ¿Hace nueve años cuando te aconsejó arruinarte, hace seis meses
cuando el crack de la bolsa, ayer…? ¿Cuándo fue, Rosario?
ROSARIO: Cuando se enteró que estaba esperando un hijo de Pancho, ya no quiso vivir
más. Fue y se tiró por la ventana. En el hotel, después que él se tiró por la ventana, me
pidieron que me fuera. Me retuvieron los bienes personales, porque yo no tenía con que
pagar. No era mucho, la cafeterita, un tapiz con la Virgen y Santa Ana… Salimos en
todos los diarios. Imagináte que no queda muy bien el hotel si sale en titulares. A la
familia de él no le cayó bien el asunto: él tenía hijos grandes, uno de los hijos es
concejal… Yo quise ir al entierro, pero los hijos, la familia de él, no me dejó ni acercar.
Me gritaban palabras soeces, insultos, me dijeron que iban a apedrearme. No pude
resistir tanto dolor…
ROSARIO: No. Eso es lo bueno. No lo quería nada, nada. Sino estaría destrozada tantas
tragedias que me pasan.
ROSARIO: ¿Qué?
MENENA: Te sentaste arriba de los jacintos. Los aplastaste. Vos naciste para hacer
daño, Rosario. Es un destino.
ROSARIO: ¿Qué?
MENENA: Conste que te lo digo sin haber hecho las cuentas. Podés quedarte, pero no
como un huésped ni una invitada, sino como una persona de esta casa. No es una casa
de beneficencia, es la casa natal, tu casa natal, la que te dejaron tus padres, mis padres, y
que está hipotecada hasta los cimientos. Ya voy a ver qué tarea puedo asignarte. Algo
para que entretengas la mente y…
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MENENA: Los pasajes se devuelven. Adónde vas a estar mejor que con tu familia. Acá
te podemos ayudar a criar el chico. Conste que no me hace la menor gracia. Yo cuidé a
esa vieja puta de tu madre, mi madre, hasta que murió la cuidé como una esclava
blanca, cuidé a Ramón, pobre infeliz hasta que estiró la pata. A tu padre no lo cuidé
porque por suerte se cayó del caballo y se descalabró ahí mismo. Ahora voy a tener que
cuidarte el crío: ah, ¡a quien Dios no le dá hijos, el diablo le manda sobrinos!
MENENA: ¿Por qué? ¿Qué? ¿Hay otro más que te espera en la ciudad?
MENENA: Virgen santa: ¿cuántos puntos tenés?? Hay un Regimiento de tipos atrás
tuyo. Esta fiebre por la milicia te viene de tu padre. A él también le gustaba estar entre
muchos hombres, claro que no en el mismo sentido que vos, Rosarito.
ROSARIO (lloriqueando): No voy a poder criar a Panchito, si acá van a estar viviendo
su padre y Carmencita.
ROSARIO: ¿Cómo voy a criar a mi hijo, si acá está esa puta de Carmencita haciendo
vida de matrimonio con Pancho??
ROSARIO: Hace un rato me dijiste que la esclava eras vos, Menena. No te querés
deshacer de la negra esta porque te hace todo. Te gusta tener sirvienta, eso es lo que
pasa. Siempre te tiró la burocracia.
MENENA: Te vas.
MENENA: ¿Ni un minuto? ¿Faltan siete horas para que salga el tren? ¿Qué pensás
hacer? ¿Revolcarte con el Pancho entre los frutales que ahora son de los Ayala? No me
la angustiés a Carmencita, mirá que hay un trabajo bárbaro que hacer y no quiero que
ande a media máquina.
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MENENA: Qué idiotez.
MENENA: Sí, claro. Porque ponerle a tu madre, mi madre, los jacintos ni soñando. Los
dejaste hechos papilla con ese culo enorme que tenés.
ROSARIO: …
MENENA: Mirá Carmencita ahí fuera como trabaja. Limpia, limpia, friega. Nunca se
queja; parece muda. Pero no es muda: es virtuosa. Vos no debés saber ni cón qué v se
escribe virtuosa. Con la ve corta: te lo dije. ¿Vos te creés que ella llora, se lamenta?
Nada de nada. Carmencita se aguanta; es una mujer como un caballo de tiro. Admirable.
Tendrías que aprender de ella.
MENENA: ¿Yo, aprender ese espíritu de bestia de carga que tiene? Dejáme de
embromar.
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MENENA: Ya me dijiste todo eso. Si me lo repetís, me cuelgo yo.
MENENA: ¡Acabáramos!
MENENA: Yo creo que hoy me estalla la cabeza. Explota como naranja madura
colgada del árbol.
ROSARIO: Esperaba venir acá y tener una conversación con él, estar con él…
MENENA: Vos no tenés el menor respeto por la muerte de tu madre. Terminemos acá,
Rosario. Te vas, te echo de la casa. Dos minutos con vos y es como viajar en la
Montaña Rusa. Me pasa esto, me pasa lo otro. Una cosa peor que la anterior. Yo estoy
con los nervios masacrados.
ROSARIO: Nunca subiste a una Montaña Rusa; la habrás visto en el cine. En alguna
película. Vaya a saber cuál película que hayan traído hasta acá los salesianos… Aunque
vos no pisás adonde están los curas. Como te hiciste anticlerical; propio de una
burócrata. Primero rezan, después escupen las sotanas. Hipócrita como mamá, saliste.
Me venís con que mamá jugaba al bingo, a la tómbola. ¿Y qué? Qué vicio tendrás vos
que estás tan calladita. Haciéndote la santurrona anticlerical.
MENENA: Perra.
MENENA Así está mejor. Género femenino, hay que ver las correspondencias cuando
se habla.
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ROSARIO: Perra.
MENENA: Sí, sí. No soy sorda. ¡Carmen, el sulky! Está todo el día tirada, no hace
nada. Se hace la chancha renga: cuando no le duele una cosa, le duele otra. ¡Carmen
vení, hacé el favor! Otra que va a volar de acá de una patada en el culo.
ROSARIO: Perra.
MENENA: Cambiá la púa de surco, que estás repitiendo el disco. ¡Carmen! ¡Te estoy
llamando! Ay, pero por la puta que lo parió, ¿por qué me quedé tan sola? Tan sola y tan
desobedecida.
MENENA (mientras Rosario sale): No caminés al rayo del sol que le va a hacer mal a
la criatura. Mirá que si te descomponés, el doctor está como a cien leguas de acá. ¿Qué
criatura? ¿Qué criatura? ¡Pero sí! Andá e insoláte. Por ahí en la insolación se te
acomodan los sesos.
Fin de la escena 2.
Escena 3
Muy tarde en la noche. Rosario entra llorando, con su maletita en la mano. MENENA
sale en camisón y mañanita de lana a ver qué pasa.
MENENA: Menos mal que no estás preñada. Una mojadura así y te agarrabas
neumonía. Con eso perdés a la criatura seguro.
ROSARIO: Llueve a cántaros. Hace rato que llueve. Perdí el tren, se fue el tren.
MENENA: Estabas borracha. ¿Carmencita dónde estaba? ¿Estaba con vos o no?
20
MENENA: ¿Qué hiciste? ¿Tomaron copitas de jerez? Oporto. A Carmencita le gusta el
oporto. ¿Empinaron el codo? Vos donde vas sos la manzana podrida.
ROSARIO: No tomé nada, no. El vidrio del café estaba todo empañado, por la lluvia.
Las ventanas, los cristales. Todavía tienen la lámpara del caireles. Esa que era del Club
Italiano, cuando íbamos a bailar.
ROSARIO: De vos.
MENENA: …
ROSARIO: Me dijo que desde chica que la querés, le andabas atrás. Desde antes de
Ramón. Que por eso no te importaba que Ramón fuera un viejo cochambroso cuando se
casó con vos, porque total estaba ella y vos. Ella y vos ¡y se querían a escondidas pero
que nunca se atrevieron a hacer nada por el qué dirán!
21
MENENA: ¿Sabés que no te puedo entender?
ROSARIO: Para mí es muy fuerte enterarme de una cosa así: ¡mi propia hermana! ¡mi
sangre!
MENENA: Vos sabés que estás muy mal, María del Rosario. O hay un pedazo de
cerebro que te falta: a lo mejor tu madre, tu padre, te mandó a hacer una lobotomía ese
año que fuiste a las sierras solita, tenías once años… dijeron que ibas a lo de la tía
Zenobia a visitarla, pero capaz te mandaron a un instituto… te rebanaron un pedazo de
lóbulo cerebral. Si vos tenías once años, yo tenía trece y medio; así que pude no
entender qué pasaba en casa…
MENENA: A los médicos les dá todo igual: si es un niño, si es un grande: ellos cortan,
serruchan, no tienen miramientos. Viste cómo son. Cuando les ponen un bisturí en las
manos se convierten en unos matasanos. Unos asesinos.
MENENA: Con qué derecho me pedís explicaciones. ¿Yo te pregunté tu lista de mujer
fatal, de rompehogares?
MENENA: Querés saber. Querés saber te cuento una de Joan Crawford. Te cuento
“Johny Guitar”, ¿querés? Te cuento “La Condesa Descalza” de la Ava Gardner. Vos no
vas mucho al cine, si no me falla la intuición. Tenés la matiné ocupada en otras cosas,
las nochecitas… Un vermucito, una copita, unos besitos, un bailecito…
MENENA: Querés que te cuente mi vida. Te cuento “Picnic” con Kim Novak, que baila
el mambo en la mitad de la película: una belleza. ¿Y por qué te contaría mi vida? Te
cuento una con Ingrid Bergman. ¿La has visto en “Notorius”? Ella está loca por Cary
Grant que es un espía. ¡Cómo me gusta Ingrid Bergman! Lo digo como cinéfila, como
espectadora: no vayas a pensar mal. (bajo, perversa) No con ojos sáficos te lo estoy
diciendo. Está bien, no te gusta Ingrid Bergman. Probemos con el cine nacional.
¿Amelia Bence en “Nuestra Natacha”? No. ¿Delia Garcés en “Casa de Muñecas”?
Tampoco. ¿Laura Hidalgo? Menos que menos. Estás asustada de mí; ¿me tenés miedo,
Rosario? Te resulté una especie de monstruo.
MENENA: Porque sos mi hermana, decís, querés saber. ¿Por qué tendrías más derecho
vos, por qué habría de ser más natural que te enteres vos lo que me pasa por dentro que,
pongamos por caso, la KGB o la Interpol?
22
ROSARIO: Pancho. Él, ¿dónde está?
ROSARIO: Pero tiene que saber que ella lo dejó. Era su prometida, su novia. Ahora lo
abandonó, ya no es nada.
MENENA: Tu madre no es nada, tu padre no es nada que están dos metros bajo tierra y
son cenizas. (…) ¿Cómo que lo dejó Carmencita a Pancho? Si ella se está por casar con
Pancho.
MENENA: Te vengás.
23
Sale.
ROSARIO: ¡Se fue, te digo! ¡Volvé, Menena! Está lloviendo, te vas a enfermar.
¡Menena, no seas terca! Regresá que esta es tu casa.
Al cabo de un tiempo.
MENENA: No la encontré.
MENENA: No.
ROSARIO: ¿Se habrá ido él también? ¿Atrás de ella? Parece que él la amaba.
MENENA: Se habrá ido al casín. Van a levantar un casino más adelante. A ver si atraen
a alguien de nuevo por este pueblo maldito de Dios. Pero mientras tanto, los paisanos se
juntan en el pueblo y juegan. Debe estar jugando. Le tira jugar a los dados a Pancho.
ROSARIO: Ella, Carmencita, dijo que la querías casar con Pancho a la fuerza, para que
no hubiera comentarios en el pueblo. A Pancho no le iba ni le venía, pero como vos le
ofreciste plata, tierra: le ibas a dar la lagunita de los patos…
MENENA: Se está secando la lagunita. Está hecha un chiquero, un asco. Se metió una
familia de patos el otro día y se murió. Se envenenaron; se les pegó ese lodo en las
plumas y…
ROSARIO: Carmencita se fue porque dijo que es lo mejor para vos. Para ella. Para ella
y para vos. Mucho no le entendí porque de los nervios por el cuchillo le castañeteaban
los dientes…
MENENA: Estaba enamorada de Pancho. Era la luz de sus ojos, decía ella.
ROSARIO: No me engañes. ¿Qué otra mujer aparte de mí podía poner sus ojos en
Pancho? ¿Acaso no lo viste bien?
MENENA: Yo qué sé. Ustedes le ven ese aire de matungo, de compadrito y caen
muertas a sus pies. Para mí es un bruto al que tengo que pagarle un jornal al principio de
cada mes. Sirve para la zapa y para el caballo chúcaro nomás. Pero ni siquiera a ustedes
les sirve. Eso está a la vista. Traéme un poco de agua y azúcar, Rosario. No me siento
bien.
24
ROSARIO: Carmencita no lo quiere a Pancho.
MENENA: El también se iba a ir. Lo contrata la red caminera, para que haga la ruta.
Por ahí va a pasar la ruta. El Estado le compró los frutales a los Ayala, porque la ruta les
pasará por encima. Los frutales que eran nuestros y tu madre vendió. Ayala le sacó sus
buenos pesos al intendente de la comuna… Pancho va a trabajar con los camineros…
MENENA; Me voy.
MENENA: Se fue con tu pasaje; está en la ciudad. Muy lejos no pudo haber ido. La
busco y la traigo de los pelos.
MENENA: ¿Quién te dijo que yo la quiero? Esa historia del amor está en las novelas,
no está en la vida real. En la vida real hay vísceras, no sentimientos. La traigo y la
encierro. En el cuartito atrás del gallinero. A pan y agua. Que la visite el Pancho, ya que
es tan donjuán. Así la ablanda. Después converso bien con ella, que ni levante la vista
del suelo cuando me hable. A ver si la perdono. Si pone voluntad, la perdono.
ROSARIO: No vuelve.
MENENA: Yo sé lo que ella quiere; mejor que nadie lo sé yo. Porque la conozco
mucho. Igual que si la hubiera llevado en el vientre. Ella vuelve.
MENENA: Lo que no sé es qué pito tocás vos mientras tanto, Rosario. ¿Te querés
quedar a cuidar la casa o te querés conquistar a Pancho? Aprovechá ahora que tenés la
oportunidad, tenés cancha libre.
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ROSARIO: Me quiero ir.
MENENA: Todo esto es un enredo tuyo. Hacéme el favor, Rosario, quedáte y regá la
tumba de mi madre, tu madre de vez en cuando.
MENENA: Un caballero.
ROSARIO: Sí.
ROSARIO: No.
ROSARIO: No sé.
MENENA: Cierto. Me lo leyó Carmencita. Se reía cuando lo leía. Estaba segura de que
no ibas a venir. Qué sorpresa que se llevó cuando te vio. La pobre casi se muere. Mirá
que ella tiene la piel como un carbón y cuando te vio se puso pálida como un papel.
Creía que venías a apuñalarla por el asunto de Pancho… algo así. Tres pepinos le
importaban el Pancho a ella. Como a todo el mundo. ¿Qué voy a hacer yo sin
Carmencita?
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MENENA: Ella era más que una madre, más que un hijo para mí. La vengo a perder por
tu culpa.
ROSARIO: ¡Yo no hice nada, Menena! ¡Fue ella! Me puso un cuchillo así acá en el
cuello. ¿Qué querías que hiciera? ¿Dejarme matar?
MENENA: Apenas despunte el sol, me voy en el primer tren. Hay uno a las seis, que
viene de Corrientes. Llego en tres horas, tres horas y algo. Seguro siguió hasta
Pergamino. Le conozco las inclinaciones a esa negra.
ROSARIO: Es que me voy, Menena. No voy a estar mirándome la cara con Pancho.
ROSARIO: Pero el boletero te conoce. Conocía a papá de toda la vida. Nos puede fiar.
MENENA: Esa ingrata. Yo le enseñé a leer y a escribir. ¿Para qué? Decíme ¿Para qué?
MENENA: Para que ahora lea los carteles de los pueblos en la ruta.
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ROSARIO: A mí me gustaría pasar antes por la tumba de mamá. A ponerle unas
begonias.
MENENA: No me vas a arruinar las begonias, también. Está lleno de almas en pena el
cementerio a esta hora, Rosario. No vayas a joder.
ROSARIO: Es que pusiste una voz. Una convicción. Yo no tengo muy claro que pasa
con el alma cuando ya salió del cuerpo. Si hay otro mundo, un Más Allá o…
MENENA: Tenés los oídos especialmente abiertos para percibir cualquier idiotez. Sos
como una antena de radio para la estupidez.
ROSARIO: Menena…
MENENA: Que?
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ROSARIO: No me parece una buena idea. Pero la acepto. Si se te metió entre ceja y
ceja…
Fin de la Obra
Apagón
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