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Fallo 1

La Cámara de Apelaciones en lo Civil y Comercial de Azul resolvió sobre la legitimación activa de un cesionario en una acción reivindicatoria, considerando que la falta de una sentencia declarativa de usucapión no impide el ejercicio de dicha acción. Se argumentó que el usucapiente consolidado puede accionar reivindicatoriamente, ya que la adquisición de dominio por usucapión se opera ipso iure con el transcurso del tiempo y la posesión. La sentencia subraya que la acción reivindicatoria puede ser ejercida por quienes tengan un derecho real, independientemente de la titularidad actual del dominio.
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Fallo 1

La Cámara de Apelaciones en lo Civil y Comercial de Azul resolvió sobre la legitimación activa de un cesionario en una acción reivindicatoria, considerando que la falta de una sentencia declarativa de usucapión no impide el ejercicio de dicha acción. Se argumentó que el usucapiente consolidado puede accionar reivindicatoriamente, ya que la adquisición de dominio por usucapión se opera ipso iure con el transcurso del tiempo y la posesión. La sentencia subraya que la acción reivindicatoria puede ser ejercida por quienes tengan un derecho real, independientemente de la titularidad actual del dominio.
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Autos: A., D. S. c/ P., A.

y otro s/ reivindicación País: Argentina Tribunal: Cámara


de Apelaciones en lo Civil y Comercial de Azul - Sala II Fecha: 13-04-2023
Publicación: El Derecho - Diario, Tomo 302 Cita Digital: ED-MVDCCXXI-698

FALLO COMPLETO
M.M.F.L. Cámara de Apelaciones en lo Civil y Comercial de Azul - Sala II En la
ciudad de Azul, a los trece días del mes de abril del año Dos Mil Veintitrés, celebrando
Acuerdo Ordinario (Acuerdo 3975/2020), se reúnen los Señores Jueces de la Excma.
Cámara de Apelación en lo Civil y Comercial Departamental, Sala II, Doctores Víctor
Mario Peralta Reyes y María Inés Longobardi, con la presencia del Secretario, para
pronunciar sentencia definitiva en los autos caratulados “A. D. S. c/ P. A. y otro s/
Reivindicación” (causa nº 69.183). Habiéndose practicado el sorteo pertinente (art. 168
de la Constitución Provincial; arts. 263 y 266 del C.P.C.C.), resultó que debían votar en
el siguiente orden: Dr. Peralta Reyes y Dra. Longobardi. Estudiados los autos, el
Tribunal resolvió plantear y votar las siguientes cuestiones: 1ra - ¿Procede el recurso de
apelación incoado contra la sentencia definitiva del 13/4/22, que hizo lugar a la
excepción de falta de legitimación activa planteada por los accionados? 2da - En caso
afirmativo, ¿procede hacer lugar a la acción reivindicatoria incoada? 3ra - En caso
negativo, ¿procede el recurso de apelación planteado contra la sentencia interlocutoria
del 2/5/22? 4ta - ¿Qué pronunciamiento corresponde dictar? A la primera cuestión, el
Sr. Juez Dr. Peralta Reyes, dijo: I. 1. Con fecha 11/2/10 (fs. 53 vta.), D. S. A. interpuso
acción reivindicatoria contra J. A. P. y M. C. A., respecto del inmueble nomenclatura
catastral Circ. I, Secc. A, Mz 47, Parcela 13, de la ciudad de Laprida (56). Para ello,
invocó su carácter de cesionaria (por escritura pública del 25/11/09; fs. 9 y vta.) de la
acción reivindicatoria que respecto del aludido inmueble le correspondería a la Sra. I. N.
Q. de P. (cedente), presunta adquirente del aludido inmueble por prescripción
adquisitiva no declarada. La sentencia definitiva del 13/4/22, hizo lugar a la excepción
de falta de legitimación activa opuesta por los accionados al contestar demanda (fs. 415
vta./417), por considerar que, no habiéndose acreditado una sentencia declaratoria de
prescripción adquisitiva del inmueble en favor de la cedente Q., la parte actora (la Sra.
A.) no probó su carácter de titular del dominio, necesario para el planteo de la acción
reivindicatoria objeto de su pretensión. En consecuencia, rechazó la acción
reivindicatoria objeto de la demanda. 2. Contra el aludido decisorio interpuso recurso de
apelación la accionante (21/4/22). Elevadas las actuaciones a esta Alzada, argumenta la
recurrente en su expresión agravios del 4/8/22 que, conforme la opinión de Guilermo A.
Borda, que cita la propia sentencia, “el art. 2772 es claro (...) cuando dice que la acción
de reivindicación puede ser ejercida contra el poseedor de la cosa por todos los que
tengan sobre ésta un derecho real perfecto o imperfecto. Ya no se trata solamente del
propietario sino de todos los que tengan un derecho real sobre la cosa”; por lo que,
acorde el referido autor, “…el comprador que no ha recibido la tradición tiene acción
reivindicatoria contra los terceros. Los fundamentos de esta doctrina parecen
incontrovertibles. Hay que observar, en primer término, que acción real y derecho real
no son conceptos equivalentes y, por ello, es perfectamente posible el ejercicio de una
acción real sin la titularidad actual de un derecho real, dado que la transmisión de las
acciones reales en independiente de los derechos reales que le sirven de base”.
Argumenta que, tal como lo refirió al incoar la demanda, al momento de cederse la
acción reivindicatoria por la Sra. Q. de P., el inmueble objeto de la acción ya había sido
adquirido por usucapión, cesando por ello el dominio del anterior propietario. Esgrime
que el título de la adquisición del dominio es la posesión continua con los elementos
característicos que marca la ley y por el plazo que ella misma exige; y que la
adquisición surge de la ley cuando se dan las condiciones necesarias. Agrega que el
proceso de usucapión sólo interesa a la comprobación de esas condiciones; y, en su
caso, conduce al dictado de una sentencia meramente declarativa, que logra la
publicidad de la situación adquirida, mediante la inscripción registral. Trae a colación
jurisprudencia conforme la que, con la acción correspondiente, el usucapiente no
persigue el dominio del inmueble, pues ya lo tiene por este modo de adquisición legal;
sino que busca sólo un título comprobatorio de ese dominio. Que tal derecho constituye
un derecho adquirido, que se encuentra en su patrimonio independientemente de la
acción ejercitada; y que la prescripción es uno de los modos de adquirir el dominio (art.
2524 inc. 7 del CC). Argumenta que, acorde la jurisprudencia, la exigencia de obtención
previa de la sentencia declarativa de usucapión no es rigurosa, si en el juicio
reivindicatorio se prueba el tiempo de la posesión; de lo contrario –conforme la
jurisprudencia que cita–, habría que concluir que el poseedor por el tiempo de la
prescripción adquisitiva (animus domine), sólo tendría en defensa de su derecho de
propiedad el interdicto o acción posesoria, y si no la dedujera dentro del año (art. 4038
C.C.) quedaría en total desamparo jurídico frente al usurpador. Cita doctrina conforme a
la cual la posesión veinteañal es un título por excelencia que elimina cualquier otro;
bastando el transcurso del plazo legal para que la posesión constituya un título de
adquisición, tan perfecto como el de la compra o cualquier otro. Agrega que la Sra. Q.
de P., es propietaria por prescripción animus domine por más de veinte años, pues su
posesión fue a título de dueña, pública y pacífica, durante veintiséis años. Añade que no
interesa que la cedente hubiera perdido la posesión de su inmueble al tiempo de la
cesión, atento que la adquisición dominial ya se había producido al cumplirse el plazo
legal de veinte años; por lo que, en su carácter de cesionaria, se encuentra legitimada
para incoar la presente acción reivindicatoria. Corrido el traslado de ley, contestó la
parte demandada por escrito del 12/09/22; con lo que, firme el llamado de autos para
sentencia y practicado el sorteo de rigor, se encuentran estos obrados en condiciones de
ser resueltos. II. 1. Legitimación activa del usucapiente consumado no declarado
Adelanto que, a mi juicio, asiste razón a la actora en cuanto sostiene que no debió
admitirse la excepción de falta de legitimación activa planteada por la parte accionada.
A fin de fundamentar mi criterio, señalo en primer término que, acorde la fecha de
promoción de la demanda (11/2/10; fs. 53 vta.), la determinación de la legitimación
activa para el planteo de la acción reivindicatoria objeto de la pretensión, queda sujeta a
las previsiones del derogado Código Civil (art. 7 CCCN). Ello sin perjuicio de que, en
lo que estrictamente interesa al aludido tópico, no se advierten sustanciales diferencias
con el Código Civil y Comercial vigente. Se discute en autos si el usucapiente
consolidado pero no declarado (en el caso, la cedente, I. N. Q. de P.), posee legitimación
activa para plantear una acción reivindicatoria, poseyéndola entonces también la aquí
actora, en su carácter de cesionaria de los derechos y acciones de aquella (cf. art. 1444
C.C. y último párrafo de la nota al art. 1445 C.C.; sobre la legitimación del cesionario
del derecho real de dominio para plantear la acción reivindicatoria, puede verse Ricardo
J. Papaño, Claudio M. Kiper, Gregorio A. Dillón y Jorge R. Causse, Derecho Civil.
Derechos reales, 3ª ed., Bs. As., 2012, Ed. Astrea, T. 2, pág. 434; y en el marco del
actual Código Civil y Comercial, Jorge H. Alterini, Ignacio E. Alterini y María E.
Alterini, Tratado de los Derechos Reales, 1ª ed., 1ª reimp., La Ley, Bs. As, 2018, T. I,
pág. 655 a 658). 2. En referencia a la prescripción como modo de adquirir el derecho
real de dominio, señala Areán que “la prescripción debe ser alegada por el sujeto que ha
prescripto. Ello no significa que la prescripción no se opere de pleno derecho y que
hasta tanto no haya sido alegada no se adquiera el derecho. La prescripción es un modo
de adquisición de un derecho real. Transcurrido el plazo que la ley determina y
habiendo reunido la posesión todos los requisitos que de acuerdo con aquélla la torna
hábil para usucapir, el efecto adquisitivo se opera ipso iure. No hay ninguna disposición
que establezca que para ganar el derecho real por usucapión, es necesario un juicio. (...)
Consideramos, en consecuencia, que la adquisición se opera ipso iure, pero ello no se
opone a que el juez no pueda decretar de oficio la prescripción” (Beatriz A. Areán,
Juicio de usucapión, 5ª ed. act. y amp., Hammurabi, Bs. As., 2009, págs. 60 y 61; el
destacado es propio). Cabe destacar que el aludido carácter declarativo de la sentencia
de prescripción adquisitiva, ha sido expresamente recogido por el actual art. 1905
CCCN. Así es que, en su marco, explican Nelson G. A. Cossari y Leandro R. N.
Cossari, que “la sentencia es declarativa. Así lo dice expresamente el art. 1905 en su
segundo párrafo. Ello significa que el usucapiente adquiere el dominio por el simple
transcurso del tiempo unido a su posesión. La sentencia no es constitutiva de su
derecho, sino simplemente declarativa del mismo. (...) El derecho real, puede afirmarse,
se adquiere ipso iure por la sola consumación del término sin que sea necesaria una
sentencia que así lo declare. El efecto adquisitivo de la usucapión es producido por la
ley, y basta con cumplir los requisitos previstos en ésta. No es necesaria una sentencia
que así lo disponga. La adquisición es automática. Las Jornadas Nacionales de Derecho
Civil (Tucumán 2011) concluyeron de lege data que: “La adquisición por usucapión
larga no requiere la sentencia ni su registración para su oponibilidad a terceros. El titular
registral que perdió el dominio del inmueble por efecto de la usucapión carece de
facultad dispositiva. El tercero adquirente del titular registral no propietario carece de
título suficiente, aunque estuviese inscripto; de posesión, por ausencia de vacuidad (art.
2383 Código Civil) y de buena fe, en razón de que sabía o debía saber que requería de la
tradición efectiva del inmueble para adquirir el derecho que se ejerce por la posesión”
(firmaron el despacho: Pepe, Rojas Torres, Villanustre, Bressan, Luverá, Daniel G.
Luna, Puerta de Chacón, Pujol de Zizzias, Alterini, Fernández, Corna, Morales,
Ventura, Padilla, Hirsch, Orelle, Casabé, Casal, Pereyra, José R., Pérez, Zencic, Salas,
Cornejo, Sierz, Rossetti, Daguerre, Castruccio, Anis, Farina, Palomanes, Encabo,
Guardiola, Vázquez, Gabriela A., Barbaglia, Colombo, Toledo, Chocobar, Nelson
Cossari, Víctor Martínez [h.]). Con sentencia o sin ella, con proceso o sin él, la posesión
va germinando en el tiempo y mientras no exista interrupción de ésta, su fruto maduro
será el dominio –o el derecho real de que se trate– . Sin embargo, al poseedor le
resultará conveniente recurrir al proceso judicial para hacerse con una resolución
judicial que declare su derecho. Existe consenso en que queda a la autonomía de la
voluntad del prescribiente oponer la usucapión a quien le discute el dominio y que el
juez no podría declarar ante un reclamo del antiguo titular de oficio la usucapión. (...)
Un error en la defensa, la falta de contestación en término de una acción, la pérdida de
las pruebas de la posesión durante el lapso legal pueden tornar ilusorio el derecho
adquirido” (cf. Nelson G. A. Cossari y Leandro R. N. Cossari en Código Civil y
Comercial Comentado. Tratado Exegético, Dir. Jorge H. Alterini, Coord. Ignacio E.
Alterini, 3ª ed. act. y amp., 2019, T. IX, págs. 226 y 227, el destacado es propio). 3.
Como se advierte, tanto en el marco del derogado Código Civil como del actual Código
Civil y Comercial, la sentencia dictada en un juicio de usucapión posee carácter
declarativo, y no constitutivo del derecho real. Sobre ese presupuesto, y en torno, en
concreto, a la facultad del adquirente por usucapión –no declarado– de accionar por
reivindicación, se ha señalado que “quien adquirió por usucapión también ha obtenido
un título con tanto valor como el de quien ha habido su derecho por un modo derivado;
pero tal supuesto, frente al ataque de un tercero no tiene contemplación expresa en el
contexto normativo” (Gabriel B. Ventura, La acción reivindicatoria del adquirente por
usucapión antes de la sentencia que declara su dominio, trabajo incorporado al libro
“Homenaje a Dalmacio Vélez Sarsfield” Ed. Academia Nacional de Derecho de
Córdoba; Córdoba, 2000, Tomo III, pág. 167 a 181; la negrita es propia). Seguidamente,
agregaba el referido autor que “el caso que nos interesa desarrollar en este breve estudio
se presenta cuando el adquirente por usucapión, respecto del cual se han cumplido los
plazos de posesión, adquirida y mantenida con todos los requisitos que la ley exige para
permitir la adquisición por dicho modo, aun sin haber obtenido una sentencia favorable
que le permita de manera indiscutida la oponibilidad de su derecho, intenta una acción
reivindicatoria. Ese adquirente es desposeído por un tercero; es decir no por el
propietario o quien tenga un título adquisitivo, sino por un simple tercero que logra
desplazar de su posesión al adquirente por usucapión. Obviamente dicho propietario
tendrá, en primer lugar todas las acciones posesorias y policiales que le puedan
corresponder, según la previsión de los arts. 2468 y ss.; pero si partimos del supuesto de
haber prescripto las mismas por haberse cumplido el plazo del año previsto en el art.
4038 del C.C., estaríamos frente a un propietario desprovisto de defensas correlativas a
un titular dominial. Desde ya desechamos por muy simplista y poco profunda la
posición de sostener que al no tener documento acreditativo de su derecho, a este
adquirente por usucapión le estén vedadas, no sólo la reivindicatoria, sino cualquier otra
acción real. No creemos que sea ésa la solución que respete el espíritu de la ley cuando
en el art. 2524, inc. 7º enuncia la prescripción como modo de adquirir. Tampoco
coincidiría esta postura con el pronunciamiento doctrinario que establece que la
sentencia de usucapión tiene solo efecto declarativo y que el derecho real adquirido por
el usucapiente se adquiere desde el momento del cumplimiento de los supuestos legales,
razón por la cual amén de ser poseedor, estaríamos en presencia de un verdadero
“dominus” que, como tal, merece todo el respaldo y protección legal” (Gabriel B.
Ventura, art. cit. La acción reivindicatoria del adquirente por usucapión antes de la
sentencia que declara su dominio; el destacado me pertenece). Más adelante, postula el
referido autor la necesidad de distinguir la titularidad material, sustancial o real (causa
generadora del derecho real); de la titularidad formal, cartular o instrumental (referida al
instrumento continente de la causa idónea del derecho real); y de la titularidad registral
(la que surge de las constancias registrales). Sobre esa base, pone de relieve que si bien
los artículos 2789 a 2790 del Código de Vélez, sólo parecieran tener en cuenta los
modos derivados de adquirir el dominio, “frente a este vacío, interpretar la expresión
“título” solo aludiendo al título en sentido formal (titularidad cartular, instrumental o
formal, según nuestra terminología) sin dudas nos llevaría a la falsa conclusión que el
usucapiente no tiene título”. Pero, continúa el autor que vengo citando, “si, por el
contrario, damos a dicha expresión el sentido más técnico refiriéndonos al título en
sentido sustancial (titularidad real en nuestra terminología) y la armonizamos con el
resto de la normativa, no podremos negar que el usucapiente tiene el título al que hacen
referencia los dispositivos citados”. De allí que, concluye Ventura, “el adquirente por
usucapión tiene título, aun cuando todavía no haya tan siquiera iniciado el trámite
judicial para obtener una sentencia favorable. Tiene pues título en sentido material y
falta concretar a su respecto el título en sentido formal, mediante la sentencia
declarativa. Por ello no es dable negarle acción reivindicatoria frente a un tercero
usurpador que logre desplazarlo de su posesión” (cf. Gabriel B. Ventura, art. cit., el
destacado es propio). En la misma dirección, en torno al reivindicante que tiene el
inmueble por modo y no por título, señalaba Levitán que “el inmueble se tiene por
modo y no por título, cuando se ejerció la posesión durante más de veinte años, en
forma pública, pacífica, continua, ininterrumpida como si fuera real propietario del bien,
y sin haberse presentado a la justicia para obtener el reconocimiento de su dominio. Si
el prescribiente es privado de su posesión, ya vencido el plazo prescribitorio, bien puede
reivindicar el inmueble de quien lo tiene bajo su propia posesión. Naturalmente en este
juicio deberá acreditar su dominio por modo (art. 2524, inc. 7º, Cód. Civ.), en cuyo caso
volverá a tener bajo su posesión el inmueble. Independientemente de que, en forma
simultánea, inicie juicio de usucapión contra el titular de dominio del bien, en el nuevo
proceso o por juicio separado, o bien inicie posteriormente a su reivindicación el juicio
por usucapión” (José Levitán, Prescripción adquisitiva de dominio, 3ª ed. act. y amp.,
Bs. As., Astrea, 1990, pág. 335; la negrita es propia). Por su parte, en las XVII Jornadas
Nacionales de Derecho Civil, celebradas en 1999 en Santa Fe (Universidad Nacional del
Litoral), la Comisión nº 4 concluyó que “no obsta a la acción reivindicatoria que quien
es titular por usucapión no haya sido declarado como tal por sentencia, sin perjuicio de
que debe necesariamente integrarse la litis con el titular registral”. Acompañando la
conclusión alcanzada en las aludidas jornadas, se han expedido autores como Ricardo J.
Papaño, Claudio M. Kiper, Gregorio A. Dillón y Jorge R. Causse (Derecho Civil.
Derechos reales, ob. cit., T. 2, pág. 450; y Claudio Kiper, Tratado de Derecho Reales,
Santa Fe, Rubinzal Culzoni, 2016, T. II, pág. 460); Jorge H. Alterini, Ignacio E. Alterini
y María E. Alterini (Tratado de los Derechos Reales, ob. cit., T. I, pág. 665); y Juan José
Guardiola (La usucapión en el nuevo Código, RCCyC 2016 –marzo–, 07/03/2016, 19;
ver nota 111), entre otros. En efecto, se ha señalado que la conclusión de las XII
Jornadas Nacionales de Derecho Civil de 1999, es congruente con el efecto
simplemente declarativo de la sentencia de prescripción adquisitiva; y que esa
conclusión debiera extenderse a otras acciones reales (cf. Jorge H. Alterini, Ignacio E.
Alterini y María E. Alterini, Tratado de los Derechos Reales, ob. cit., T. I, pág. 665; en
igual sentido, Marina Mariani de Vidal y Adriana Avella, Derechos reales en el Código
Civil y Comercial, Bs. As., Zavalía, 2016, T. 2, pág. 357). En consecuencia, conforme
lo hasta aquí expuesto, corresponde concluir que quien cuenta con una usucapión
consumada y no declarada en su favor, posee legitimación activa para accionar por
reivindicación. Por ello, más allá de lo que se resuelva en el apartado siguiente en punto
a la efectiva configuración de la prescripción adquisitiva, cabe concluir que la
accionante de autos, cesionaria por escritura pública del 25/11/09 (fs. 9 y vta.) de los
derechos de la usucapiente, I. N. Q., se encuentra legitimada para postular la pretensión
reivindicatoria objeto de autos. En consecuencia, propongo al acuerdo hacer lugar al
recurso de apelación de la parte actora, y revocar la sentencia recurrida en cuanto hizo
lugar a la excepción de falta de legitimación activa planteada por los accionados, con
costas de ambas instancias a éstos en su calidad de vencidos (arts. 1, 2, 3 y 7 CCCN;
arts. 1444, nota al 1445, 2524 inc. 7, 2758, 2789 y 2790 C.C.; arts. 68, 274 y 384
CPCC). Así lo voto. A la misma cuestión, la Dra. Longobardi adhiere al voto que
antecede, votando en idéntico sentido por los mismos fundamentos. A la segunda
cuestión, el Sr. Juez Dr. Peralta Reyes, dijo: I. 1. Resuelta la revocación de la sentencia
apelada del 13/4/22 en cuanto hizo lugar a la excepción de falta de legitimación activa
opuesta por los accionados, corresponde ingresar en el análisis de fundabilidad de la
pretensión reivindicatoria planteada. Referiré, a esos efectos, los antecedentes del caso.
La actora A. relató en su demanda de fs. 36/53 que la Sra. Q. tuvo la posesión pública,
pacífica e ininterrumpida del lote de terreno y su galpón durante más de 26 años,
habiendo sido despojada de su posesión con abuso de confianza por los aquí
demandados. Narró, en lo que importa, que en el año 1979 el Ingeniero M. O. D. –
interventor municipal con cargo de Intendente de facto–, le otorgó al Sr. O. P. y a su
esposa I. N. Q. (cedente), la posesión del terreno de autos. Explicó que, originariamente,
el inmueble recibido por el matrimonio P. (hoy parcela 13) abarcaba también la
posteriormente subdividida parcela 13 a, hoy de propiedad de la actora. Refirió que el
terreno en cuestión, pertenecía, como muchos otros de la ciudad –por entonces ociosos–
, al Sr. F. P., quien nunca se radicó en la ciudad. Que poco tiempo después, el Sr. P. y la
Sra. Q., mandaron a confeccionar un plano de edificación con un empleado de obras
públicas municipal, y construyeron un galpón sobre calle Mitre, destinado a un taller
mecánico. Narró que el Sr. P. trabajó en su taller mecánico hasta su fallecimiento en el
año 1987; y que, de allí en adelante, su esposa, I. N. Q. (cedente), comisionó el alquiler
de dicho inmueble a la empresa Miguel Torres y Cía. Que lo alquiló a M. Á. P. de 1988
a 1990; luego a E. V., de mayo de 1990 a septiembre de 1991; y luego a la empresa de
combis CARLAP. Que, posteriormente, al pasar un tiempo sin poder alquilarlo, la Sra.
Q. lo ofreció en comodato a unos vecinos, C. de V. y M. de los Á. U., para que lo
usaran para el depósito de semillas, herbicidas etc., vinculados a su actividad comercial.
Relató que debido al olor que ocasionaban las semillas y los herbicidas, los vecinos
inmediatos del lugar –hoy accionados– se quejaron en la Municipalidad y ante la Sra.
Q., por lo que ésta habló con de V. para realizar una limpieza del lugar. Que con el
pasar de los años, y atendiendo a que de V. usaba muy poco el inmueble, el accionado J.
A. P. solicitó a la Sra. Q. utilizar el galpón para guardar vehículos; a lo que la
mencionada accedió bajo la condición de que lo mantuviera limpio y ordenado,
autorizando así al nombrado a usar dicho galpón conjuntamente con el Sr. de V. Que,
posteriormente, el accionando P. comenzó a usar el inmueble en forma exclusiva,
devolviendo el Sr. de V. la llave del galpón a la Sra. Q., a fines del año 2003. Explicó
que en el año 2005, la Sra. Q. decidió vender el galpón y se lo ofreció al accionado P.,
con quien no llegó a un acuerdo sobre el precio. Que en mayo de 2005 se lo cedió a la
Sra. A. y su pareja, Sr. O. P., junto con los derechos posesorios, por la suma $6.700;
pero cuando la Sra. Q. le comunicó al Sr. P. que había vendido el galpón, el mencionado
se negó a entregarle las llaves. Que con fecha 12/5/05, la Sra. Q. le remitió al Sr. P. una
carta documento notificándole la venta, rescindiendo el contrato de comodato e
intimándolo al desalojo del inmueble (ver fs. 33); a la que éste respondió, mediante CD
del 18/5/5 (fs. 32), rechazando la intimación y negando la existencia de un contrato de
comodato entre las partes. 2. Al contestar demanda –en forma subsidiaria a la excepción
de falta de legitimación activa abordada en la cuestión anterior–, los accionados J. A. P.
y M. C. A. sostuvieron (ver fs. 415/424) que la Sra. Q. no fue poseedora del inmueble
por más de 20 años, pues en los autos “P., O. A. - P., J. A. s/ su denuncia” (causa 11165
en trámite ante la UFI Nº 7 de Olavarría), la mencionada declaró que lo poseía desde el
año 1982 aproximadamente, y no desde el año 1979. Destacaron que entre el año 1976 y
1981, fue interventor municipal el Sr. A. S., y que el Ingeniero D. fue desde el año 1981
a diciembre de 1983. Narraron que contrajeron matrimonio el 20/10/2000, y que se
fueron a vivir a la casa de su propiedad, sita en calle Mitre Nº …, lindante con el
inmueble de autos. Explicaron que “la parte del inmueble en litigio que estaba sin
edificar estaba totalmente abandonado, es por ello, que nuestros mandantes comienzan a
limpiarlo y desratizar y en general a hacer mantenimiento del mismo. Con posterioridad,
aproximadamente desde marzo de 2001, por la actividad que realiza el Sr. P., posee
diferentes maquinarias de labor para el campo y al carecer de lugar cercano a su casa
deciden comenzar a poseer con ánimo de dueños dicho sector del terreno, y utilizarlo
así, para guardar las maquinarias. Todo esto fue aconteciendo sin la expresa
autorización de nadie, como tampoco sin el reclamo expreso de persona alguna” (sic, fs.
418 vta.). Continuaron explicando que en el mes de marzo de 2003, le solicitaron al Sr.
C. de V. –que hacía uso exclusivamente del galpón ubicado sobre el terreno en litigio–,
que procediera a su limpieza y desinfección, dado que el nombrado guardaba varias
cosas, entre ellas semillas, que provocaban olores nauseabundos. Relataron que de V.
hizo la limpieza del galpón y luego lo abandonó, dejándolo abierto y sin ánimo aparente
de continuar ocupándolo. Por ello es que, relataron, a principio de abril de 2003,
decidieron tomar posesión del galpón juntamente con el terreno circundante, para
proceder a su limpieza y desinfección. Luego realizaron arreglos en general –según
detallaron a fs. 419–; y continuaron poseyendo en forma pública e ininterrumpida con
ánimo de dueños, para prescribir en el futuro. Así es que en el año 2005 –y conforme
acta de manifestación y constatación que agregan; fs. 189 y vta.– dejaron constancia
notarial de que poseían el inmueble “animus domini” desde dos años atrás
aproximadamente; y solicitaron liquidaciones de tributos y cambio de responsable del
pago de impuestos a su nombre. Narraron que cuando recibieron la carta documento de
la Sra. Q. (el 14 de mayo de 2005), intimándolos al desalojo del inmueble, e invocando
un contrato de comodato, quedaron desconcertados, pues nunca habían celebrado
contrato alguno con la mencionada. Esgrimieron que ignoraban que ésta pretendiera
derechos sobre el inmueble; y que luego de la intimación comenzó el hostigamiento y
amenazas por parte del Sr. P. (pareja de la aquí accionante), lo que dio motivo a
diferentes causas penales; iniciando luego la aquí accionante un juicio de desalojo que
fue rechazado. Finalmente, argumentaron que con la prueba acompañada y ofrecida, y,
fundamentalmente con el acta notarial de constatación del 5 de mayo de 2005, queda
acreditado que son poseedores a título de dueños; y adujeron que de haber tenido la Sra.
Q. derechos posesorios sobre el inmueble, ellos se perdieron por abandono, conforme
los arts. 2454 y 2456 C.C. Ello desde que, esgrimieron, al momento en que ellos
comenzaron a poseer a título de dueños, el inmueble se hallaba totalmente abandonado
y libre de todo ocupante. II. Integración de la litis. Alcance de una eventual sentencia
que admita la reivindicación Antes de ponderar la efectiva verificación de una
adquisición prescriptiva del dominio (lo que acarrearía el acogimiento de la acción
reivindicatoria intentada), es necesario formular algunas precisiones relativas a la
adecuada integración de la litis (en concreto, a la ausencia de integración con el titular
registral o sus herederos), y al concreto alcance que, en su caso, tendrá una eventual
procedencia de la presente reivindicación. Esta cuestión debe ser valorada con
antelación al fondo del asunto, desde que, si se optara por la postura que –como se verá–
considera que siempre debe integrarse la litis con el titular registral, la pretensión de
fondo objeto de autos (acción de reivindicación) no podría resolverse en esta ocasión.
Pues bien, a la luz de las particularidades que posee una acción reivindicatoria planteada
por el usucapiente consumado y no declarado, cuando es incoada contra un tercero, se
han planteado diferentes posibles escenarios procesales, que interesan a la adecuada
integración de la litis y a los consecuentes alcances de una sentencia de reivindicación.
En las Jornadas Nacionales de Derecho Civil celebradas en Santa Fe en el año 1999 –ya
aludidas en este voto–, se concluyó que si bien el titular de una usucapión no declarada
se encuentra legitimado para plantear la acción reivindicatoria, “debe necesariamente
integrarse la litis con el titular registral”. Advierto que a la luz de los desarrollos más
específicos efectuados por otros autores a los que seguidamente aludo, esa conclusión
podría tildarse de excesivamente dogmática o genérica, pues se desentiende de otras
posibles alternativas procesales, hábiles para conjugar las exigencias de una adecuada
integración de la litis, con los alcances de la sentencia dictada en un juicio de
reivindicación. En efecto, como anticipé, autores que han formulado un desarrollo más
casuístico sobre el tópico, plantean otras posibles alternativas para conjugar ambos
extremos. Ciertamente, tras reconocer legitimación activa en el juicio de reivindicación
al usucapiente consumado pero no declarado, señalaba Levitán que ello es
independiente “de que, en forma simultánea, inicie juicio de usucapión contra el titular
de dominio del bien, en el nuevo proceso o por juicio separado, o bien inicie
posteriormente a su reivindicación el juicio por usucapión. Con varias acciones
obtendrá, si triunfa en ellas, el reintegro de la posesión y la inscripción del dominio a su
nombre en el Registro de la Propiedad” (José Levitán, Prescripción adquisitiva de
dominio, ob. cit., pág. 335). Como se ve, este autor admite que pueda tramitarse el
proceso de reivindicación sin la integración con el titular registral, no obstante lo cual,
para obtener la titularidad formal del derecho y su oponibilidad al titular registral,
deberá en todo caso el accionante, en forma concomitante o posterior, iniciar el
pertinente proceso de usucapión. Por su parte, en el trabajo más minucioso que he
hallado sobre la cuestión, distingue Ventura dos situaciones, a saber: que el demandado
reconozca expresa o tácitamente el derecho del actor; o que lo niegue. En el primer
supuesto, el autor concluye que la acción debe prosperar, aunque “no proporcionará al
reivindicante adquirente por usucapión la titularidad formal o cartular, para lo que
deberá iniciar acción aparte”. En el segundo, “juntamente con la acción reivindicatoria
deberá otorgársele al actor la posibilidad de generar toda la prueba del dominio (...) para
ello el reivindicante deberá proceder conforme a los arts. 4015 y 4016 y a la ley 14.159,
lo que implicará necesariamente también todas las diligencias preparatorias y
posteriores exigidas y la citación del propietario antecedente y de quienes se consideren
con derecho (...) De procederse como lo proponemos resulta obvio que el adquirente,
además de la protección jurídica frente al ataque, obtendrá la titularidad cartular o
formal del dominio, puesto que virtualmente se han seguido todos los pasos para
obtenerla” .” (Gabriel B. Ventura, La acción reivindicatoria del adquirente por
usucapión antes de la sentencia que declara su dominio, ob. cit.; el destacado es propio).
Como puede observarse, este autor admite un juicio de reivindicación planteado por el
usucapiente no declarado, sin integración con el titular registral (sea porque el tercero
demandado se allanó a la pretensión, o porque el accionante no hizo uso de la
posibilidad de proceder conforme los arts. 4015 y 4016 C.C. y la ley 14.159 y citar al
titular registral), caso en el cual, el proceso de reivindicación podrá tramitarse, pero el
accionante no podrá obtener la titularidad cartular o formal del dominio. Ahora bien, en
el caso de autos, advierto que no se ha requerido ni se ha ordenado en la anterior
instancia integrar la litis con el titular registral, ni tampoco se ha verificado el
cumplimiento de los demás recaudos de rigor propios de un juicio de usucapión (arts.
679 y ss. CPCC; art. 24, Ley 14.159). Ante ese cuadro, y en vistas de las diferentes
alternativas procesales ponderadas por los autores recién citados (Levitán y Ventura); y
sin tomar partido sobre la conveniencia en términos generales y abstractos, de integrar
la litis con el titular registral, entiendo razonable y útil, en este específico caso e
instancia del proceso, continuar su tramitación, dejando desde ya sentado que, en caso
de prosperar la acción reivindicatoria, ella no acarreará la modificación de la titularidad
formal del inmueble, ni tendrá efectos de cosa juzgada frente al titular registral o sus
sucesores. Los efectos de una posible sentencia favorable, se limitarán entonces a
resolver la entrega del inmueble a la accionante, debiendo en todo caso la mencionada
iniciar luego el pertinente juicio de usucapión, cumplimentando todos los recaudos
atinentes a ese proceso (citados arts. 679 y ss. CPCC; art. 24 Ley 14.159). Ello pues, en
el caso, la alternativa procesal seleccionada es hábil para dar pronta solución a un
proceso que ya lleva más de trece años de tramitación (impidiendo se retrotraiga en sus
etapas por falta de debida integración), dando respuesta judicial al largo conflicto
habido entre las partes, sin afectar el derecho de defensa de quienes no han sido traídos
a juicio (arts. 18 CN y 15 CBA; arts. 1, 2 y 3 CCCN; arts. 34 inc. 5 e y 384 CPCC). Con
el alcance antes indicado, me adentro entonces, seguidamente, en el meollo de la
cuestión. III. Configuración de la prescripción adquisitiva del dominio por parte de la
cedente 1. Ahora sí, es procedente ingresar en el análisis de la configuración, a los
efectos del presente proceso, de una adquisición del derecho de dominio por
prescripción adquisitiva en favor de la Sra. Q. de P., cedente de la acción reivindicatoria
a la aquí accionante. A esos fines, recuerdo que la cuestión de autos se encuentra regida
por el derogado Código Civil (art. 7 del C.C. y C.). De todos modos, señalo también que
el actual Código Civil y Comercial de la Nación tampoco trajo una regulación
sustancialmente diferente de la materia en examen, por lo que sus contenidos sirven de
valiosa guía interpretativa, tal como lo ha señalado este tribunal en anteriores
precedentes (causas nº 61.761, “Casaux”, del 04-5-2017; nº 64.698, “Sevillano
Carlos...”, del 20/04/21 entre muchas otras). En efecto, el nuevo código no modificó el
plazo veinteañal para usucapir careciendo de justo título y buena fe, ni tampoco
introdujo alteraciones sustanciales con relación a los presupuestos que viabilizan esta
clase de acciones (arts. 1897, 1899, 1900, 1909, 1928 y ccs. del C.C. y C.); lo que
resulta de utilidad, como pauta hermenéutica, al momento de resolver (cf. esta Sala,
causas nº 60.441 del 06-10-16, “Arias…”; nº 61.692 del 12-9-17, “Presso…”; nº 62.132
del 09-10-17, “Weber…”; nº 64.204, del 28-11-19, “Bruggesser…”; nº 65610, “Romero
Miguel Ángel…”, del 18/08/2020). 2. En el presente caso, se verifica suficiente y
concordante prueba en punto a la época de inicio de la posesión ostentada por la Sra. Q.
–y su cónyuge fallecido, O. P.–, cedente de la acción reivindicatoria a la aquí actora, D.
S. A. (escritura nº 147 del 25/11/2009, que obra a fs. 9/9 vta.). En particular, la parte
actora produjo abundante prueba testimonial, así como prueba pericial para acreditar el
inicio de la posesión. Sabido es que, como lo ha destacado esta Sala, la prueba
testimonial resulta insuficiente para fundar la sentencia de usucapión, conforme lo
dispone el art. 24 inc. c. de la Ley 14.159 (Ley de Catastro Nacional, BO 10/10/1952) –
texto según el art. 1º del Decr. Ley 5756/58– (cfr. Areán, Beatriz A. “Juicio de
usucapión”, 5ta. Edición –reimpresión–, Ed. Hammurabi, 2009, pág. 580). Pero ello no
significa que el art. 1 del Decr. Ley 5756/58 le reste importancia a este medio
probatorio, pues como lo subrayan Kiper y Otero, ‘la ley considera a la prueba
testimonial como uno de los medios más importantes, aunque expresamente imponga
que la adquisición no pueda basarse exclusivamente en los dichos de testigos. En este
caso puede verse claramente la aplicación de la necesidad de contar con prueba
compuesta’ (Claudio M. Kiper y Mariano C. Otero “Prescripción adquisitiva”,
Ediciones Jurídicas Cuyo, Mendoza, 2007, pág. 316, citado por esta Sala en la causa nº
66237, “Vitale Luis María y Añorga Patricia Norma...”, del 11/02/21; en esta causa se
cita también, en sentido concordante, jurisprudencia de la Cám. Civ. y Com. 2º de La
Plata, Sala 3, causa nro. 116791, del 33/2014 y de la Cám. Civ. y Com. de Pergamino,
“Benavídez…”, del 15/10/19). Por otras parte, señala Camps que el Código Procesal
Civil y Comercial de la Provincia de Buenos Aires “…no exige que la prueba no
testifical cubra todo el plazo señalado en el art. 4015, Cód. Civ., sino tan sólo que el
fallo no se base exclusivamente en la prueba de testigos, si esta prueba resulta vigorosa,
el rigor valorativo de las restantes piezas podrá amenguarse; caso contrario la valoración
de estos medios corroborantes deberá verificarse con severidad (…) la prueba testifical
mantiene todo su valor y por lo general resulta la más apta para acreditar las
afirmaciones del demandante puesto que posibilita la reconstrucción de los hechos a
través del lapso posesorio, pero debe confrontarse con otras pruebas que reflejen esos
mismos hechos (…) aun cuando la sentencia no pueda fundarse exclusivamente en
prueba testimonial en la usucapión, esta prueba es por lo común la más importante y
convincente porque se trata de acreditar hechos materiales” (cfr. Camps, Carlos Enrique
“Código Procesal Civil y Comercial de la Provincia de Buenos Aires,”, Tomo II, Ed.
Lexis-Nexis, 2004, pág. 519; citado por esta Sala en la aludida causa “Vitale...”, del
11/02/21; en la que se trajo a colación también la opinión coincidente de Gabriel H.
Quadri, en La prueba en el proceso civil y comercial, Tomo II, Ed. Abeledo-Perrot,
2011, pág. 1788; cf. cita de esta Sala, en la causa cit. nº 66237, “Vitale...”, del
11/02/21). De modo que es tarea del magistrado combinar los distintos elementos
probatorios para formar su convicción a través de una prueba compuesta, que en
palabras de Alsina “…resulta de la combinación de pruebas simples imperfectas, es
decir que consideradas aisladamente, no hacen prueba por sí solas, pero que
consideradas en conjunto, llevan a un pleno convencimiento. Como puede apreciarse, en
materia de usucapión, la prueba testimonial es una prueba simple, que requiere ser
complementada con otro medio probatorio, dando así lugar a la prueba compuesta, de
que habla en forma permanente la jurisprudencia” (cfr. “Tratado teórico práctico de
derecho procesal civil y comercial “, Tomo IV, pág. 304; Areán, Beatriz A. “Juicio de
usucapión”, 5ta. Ed. act. y amp., reimp., 2009, pág. 580, nota 216, esta Sala, causa Nº
51.037, del 23/10/07 “Quillehauquy…”, causa Nº 60.441, del 6/10/16 “Arias…”,
63.022, del 23/10/18 “Sorsoli…”; causa cit. nº 66237, “Vitale...”, del 11/02/21, entre
otras). 3. Conforme los lineamientos expuestos, analizaré la prueba testimonial ofrecida
por la accionante, rendida conforme los interrogatorios obrantes a fs. 617/619. S. A. A.,
herrero, declaró a fs. 629 vta. que la tarea de confeccionar el portón del galpón
construido en el inmueble de autos, le fue encomendada por la Sra. Q. y el Sr. P. entre
los años 1980 y 1985. Por su parte, E. B., albañil, preguntado sobre en qué año
aproximadamente construyó el galpón situado en el inmueble, respondió “el año 1978 y
1979, la fecha exacta no la sé, sé que era invierno” (fs. 631 vta.); agregando luego que
lo construyó por encargo del Sr. P., quien le pagó los trabajos. A su turno, C. A. V.,
albañil que ayudó al testigo B. en la construcción del galpón, declaró que ello ocurrió
“año 1970 y algo; 1978 o 1976” (fs. 633 vta.). Asimismo, el testigo C. E. I., cuyo
nombre luce en el proyecto de galpón para taller mecánico acompañado con la demanda
(fs. 35), declaró que hacia el 1º de octubre de 1978 comenzó a trabajar en la
Municipalidad de Laprida como dibujante en la oficina técnica (lo que implica, declaró,
desarrollar tareas de proyectos y planos); y que, a esa época, también trabajaba en el
sector privado, en la oficina técnica del maestro mayor de obras D. N. Declaró que en el
marco de ese trabajo privado, proyectaba planos –que no firmaba–; y contestó
afirmativamente a la pregunta de “si es viable la posibilidad de la aparición de un plano
que junto con el proyecto aparezca su propio nombre” (sic fs. 639 vta.). Igualmente, M.
F. L., quien conocía a la cedente y su cónyuge por ir al colegio con la hija mayor de los
mencionados, preguntado por si conocía al Sr. P., respondió “yo le conozco cuando él
trabajaba en la Ford en la década del 1970, después como era mecánico habilitó un local
de atención a los vehículos en Mitre entre Rivadavia y Lavalle, en ese momento eran
descampados...” (fs. 640); y más adelante, preguntado por la razón de sus dichos,
refirió: “lo sé y me consta por mi trabajo cuando yo iba a la escuela primaria y vendía
fruta y verdura casa por casa”. A renglón seguido, a la pregunta relativa a los años en
que se dedicó a la venta de frutas y verduras, contestó “del año 1978 al 1983, en que
marcó mi vida Mundial, inundación y la Guerra de las Malvinas” (sic fs. 640 vta.). De
la valoración global de la prueba testimonial transcripta en sus partes pertinentes,
representada por cinco declaraciones de testigos directos y con edad suficiente para
recordar hechos de tiempos pretéritos, que se advierten espontáneas y concordantes, y
de cuyo vigor probatorio en lo atinente al período de inicio de la posesión no encuentro
motivos para dudar (arts. 384 y 456 CPCC), puede tenerse por acreditado que la Sra. Q.
(cedente de la accionante), comenzó a poseer el inmueble de autos junto con quien fuera
su cónyuge, hacia el año 1980. 4. Esa conclusión, se ve además avalada por la pericia
del 17/08/16, llevada a cabo por el Ingeniero en Construcciones, C. D. C. (fs. 725 a 731
vta.), en la que, al requerimiento de que determine en forma fehaciente el tiempo
estimativo del que datan los cerramientos del galpón, concluyó que “es posible datar la
fecha de la fabricación de estos cerramientos en torno a unos treinta y cinco o cuarenta
años atrás, o lo que es lo mismo, a finales de la década de 1970 o principio de la década
de 1980, y dado el estado de los anclajes y sujeción de los mismos a la mampostería con
una fecha de colocación similar a la de la fabricación” (sic fs. 729 vta., punto d). Y
luego, en respuesta al requerimiento de informe sobre “cualquier otro punto de interés”
(fs. 730, punto g), agregó que “la fecha de construcción del galpón es similar a la de la
carpintería metálica también con poco mantenimiento en los últimos años, en torno a los
treinta y cinco o cuarenta años de ejecutado, por lo que puede datarse a finales de los
años 70 o en el primer lustro de los años 80”. Incluso, refirió el experto en su respuesta
al punto “a” de la accionada (fs. 730 vta.), que “el dibujo del plano del galpón agregado
a folio 33 del cuaderno de pruebas coincide con la construcción realizada sobre el
inmueble en litigio...” (arts. 384 y 474 CPCC). 5. Pudiendo tenerse entonces por
acreditado que el inicio de la posesión de la cedente de la parte actora, se remonta, al
menos, al comienzo del año 1980, procede valorar la continuidad de la posesión pacífica
e ininterrumpida por ella invocada por el período legal de 20 años. Al respecto, advierto
como probanzas a considerar, en el marco de una valoración integrada de la prueba, la
existencia de constancias de tasas por alumbrado, limpieza y conservación de la vía
pública (fs. 12 y 14), por inspección de seguridad e higiene (fs. 13) y por servicios
sanitarios (fs. 34), que se encontraron, al menos a partir de los años 1986/1988, a
nombre de O. J. P. (ver fs. 12/14). Asimismo, la prueba testimonial rendida en autos
también da cuenta de que, iniciada la posesión, la Sra. Q. y el Sr. P. la continuaron
pública y pacíficamente en el tiempo, pues este último tenía allí su taller mecánico (cf.
declaraciones de E. L. A. a fs. 635 vta.; de C. A. de V. a fs. 637, de C. E. I., a fs. 639 y
vta., y de M. F. L., a fs. 640). Luego de fallecer su cónyuge (el 12/10/88), la Sra. Q.
continuó ejerciendo actos posesorios, al otorgar el inmueble en alquiler o en comodato.
En efecto, al declarar en el juicio de desalojo que tengo a la vista (Expte. 4.487/05,
Juzgado de Paz de Gral. La Madrid), la Sra. Q. declaró que su marido P. falleció el
13/10/88; y que, tras ello, comenzó a alquilar el galpón, habiéndoselo locado a “P.,
quien es mecánico, V., M. P., C. de V. y después a P. en préstamo como a C. de V.,
ambos en préstamo” (sic fs. 190 del citado expediente de desalojo). En concordancia
con esas declaraciones, se advierten en autos las constancias numeradas como fs. 15 a
31 (que han sido luego aglutinadas en seis fojas), relativas a pagos por contratos de
alquiler recibidos por la Sra. Q. de parte del Sr. M. P. (constancias nº 17, 18, 19, 30 y
31; la más antigua de noviembre del 1988, y la más reciente de febrero del 1990), y del
Sr. E. V. (constancias nº 16 y 20 a 29; la más antigua de mayo de 1990 y la más reciente
de agosto de 1991). Por su parte, las declaraciones testimoniales del martillero M. Á. T.,
y C. A. de V., otorgan fuerza probatoria a las anteriores constancias; las que, si bien no
pueden considerarse auténticas por adolecer del debido reconocimiento, sí pueden,
atento a la aludida prueba testimonial, considerarse verosímiles en las circunstancias del
caso (art. 384 CPCC). Ciertamente, declaró el martillero T. a fs. 632 y vta.
(interrogatorio a fs. 617 y vta.) que la Sra. P. le otorgó el galpón de calle Mitre entre
Lavalle y Rivadavia para que lo alquile (respuesta a pregunta sexta), y que se lo alquiló
al Sr. M. P. (respuesta a pregunta octava). Por su parte, el testigo C. A. de V.,
comerciante y vecino de los Sres. P., declaró a fs. 637/638 (interrogatorio a fs. 618 y
vta.), que el Sr. P. era mecánico, y había trabajado en Ford y después en el galpón en
cuestión (respuestas a preguntas cuarta y quinta). Declaró además que tuvo depósito de
granos en el aludido galpón; y que su propietaria era la Sra. P., quien se lo prestó para
guardar semillas y “otras cosas”, desde los años 2000/2001 hasta 2002/2003 (ver
declaraciones de fs. 637 vta., coincidentes con las oportunamente efectuadas por el
mencionado a fs. 192 y vta. del referido juicio de desalojo). Relató asimismo que estuvo
en el galpón hasta que se generaron inconvenientes con el vecindario en razón de los
productos almacenados en el galpón; y que “a raíz del problema de la semilla, lo
desocupé, me quedó una balanza y un equipo de aire acondicionado y devolví las llaves
a chongui Q. la Sra. de P.” (cf. fs. 637 vta.; el destacado es propio). Asimismo, a fs. 192
vta. del juicio de desalojo, el Sr. V. declaró que mientras él ocupaba el galpón, el
accionado P. guardaba máquinas agrícolas. La prueba referida en los párrafos
precedentes, que, como se dijo, debe ser ponderada con visión de conjunto (cf. esta
Sala, causas citadas nº 51.037, del 23/10/07 “Quillehauquy…”, nº 60.441, del 6/10/16
“Arias…”, nº 63.022, del 23/10/18 “Sorsoli…”; nº 66237, “Vitale...”, del 11/02/21,
entre otras), acredita suficientemente a mi juicio la continuidad y duración necesaria de
la posesión pacífica; y en particular la intención de poseer con ánimo de dueño durante
el período prescriptivo de veinte años. Ello al menos desde el año 1980 hasta el mes de
mayo de 2005 (fs. 32 y 289/289 vta.), en que, como se verá, puede considerarse que los
accionados intervirtieron el título por el cual se encontraban en poder de la cosa. Es que,
a partir de las declaraciones del Sr. de V. en cuanto refieren que mientras él ocupaba en
préstamo el galpón, el Sr. P. dejaba máquinas –declaraciones de las que no encuentro
motivos para dudar, y que no se ven desvirtuadas por prueba en contrario; arts. 375, 384
y 456 CPCC–, encuentro verosímil que los accionados también ingresaron en el
inmueble en carácter de comodatarios (tenedores). Es que, a la luz del historial descripto
en punto a la utilidad que se otorgó al inmueble (taller mecánico primero y locaciones o
comodatos luego); y atendiendo a que el Sr. de V. ratificó la versión contenida en la
demanda de que ocupaba el galpón por autorización y comodato de la Sra. Q., al mismo
tiempo en que los accionados comenzaron a ocupar el inmueble, no es verosímil que
estos últimos efectivamente desconocieran, como dicen, los derechos posesorios de
aquella. Por el contrario, es más verosímil frente a la prueba rendida, la versión de la
actora de que éstos también comenzaron a utilizar el inmueble como comodatarios, con
la autorización de la Sra. Q., a cambio de mantenerlo en buenas condiciones (cf.
demanda a fs. 38 vta.; arts., 1, 2, 3 y 1727 CCCN; arts. 375, 384 y 456 CPCC). Siendo
ello así, debo ponderar que los demandados no pusieron en conocimiento de la Sra. Q.
su intención de intervertir el título, sino hasta la contestación brindada en su CD del
18/5/05, donde pusieron de manifiesto su voluntad de apropiarse del inmueble. Antes de
ello, los mencionados no pueden ser considerados poseedores, de conformidad con lo
estatuido por el art. 2353 C.C., en cuanto prescribe que “nadie puede cambiar por sí
mismo, ni por el transcurso del tiempo, la causa de la posesión. El que comenzó a
poseer por sí y como propietario de la cosa, continúa poseyendo como tal, mientras no
se pruebe que ha comenzado a poseer por otro. El que ha comenzado a poseer por otro,
se presume que continúa poseyendo por el mismo título, mientras no se pruebe lo
contrario” (en igual sentido, actual 1.915 CCCN). Por lo demás, cabe destacar que todas
las pruebas que los mencionados traen como relevantes en punto a la prueba de su
posesión animus domini (fs. 289 y ss.), son a partir del año 2005, de manera que ello
coadyuva a considerar que, para esa fecha, habiendo la Sra. Q. comenzado a poseer
animus domini al menos hacia el año 1980, ya se había consumado en su beneficio el
derecho real de dominio (art. 2524 inc. 7 CC), por haber transcurrido –holgadamente– el
plazo de prescripción establecido en el art. 4015 del Código Civil. Tampoco los
accionados ofrecieron en autos probanzas tendientes a acreditar, más allá de sus meros
dichos, su alegación de que al momento en que comenzó su relación de poder con el
inmueble, la posesión de la Sra. Q. ya se había extinguido por abandono (art. 2454 C.C.;
art. 375 CPCC). Más aún, en torno al accionar procesal de los demandados, cabe señalar
que éstos desistieron de la prueba testimonial que habían ofrecido (fs. 780, 781, 784 y
785). IV. En razón de lo expuesto, propicio hacer lugar a la acción reivindicatoria
incoada, ordenando a los accionados, J. A. P. y M. C. A. de P., entregar a la actora, D.
S. A., el inmueble objeto de autos, con todo lo construido o adherido a él, en el plazo de
10 días de quedar firme la presente sentencia. Ello, con costas de ambas instancias a los
demandados, en su calidad de vencidos (arts. 1, 2, 3, 5, 7 y 1727 del Código Civil y
Comercial, y doctrina interpretativa de los arts. 1905, 1915, 1928, 1930 del referido
Código; arts. 2353, 2384, 2445, 2458, 2524 inc. 7, 2758, 2790, 2794, 4015 y ccs. del
Código Civil; arts. 68, 375, 384, 456, 474 y ccs. CPCC). Asimismo, propongo aclarar
que conforme lo desarrollado en el Considerando II, a fin de obtener la modificación de
la titularidad formal del inmueble objeto de este juicio, la accionante deberá iniciar el
pertinente juicio de usucapión contra sus legítimos contradictores (art. 679 y sgtes. del
CPCC). Finalmente, propongo disponer el levantamiento por la instancia de origen, una
vez firme la presente, de la medida cautelar de no innovar ordenada en contra de la
accionante por providencia del 20/09/10 (fs. 456/457). Así lo voto. A la misma cuestión,
la Dra. Longobardi adhiere al voto que antecede, votando en idéntico sentido por los
mismos fundamentos. A la tercera cuestión, el Sr. Juez Dr. Peralta Reyes, dijo: De
conformidad con lo resuelto en las anteriores cuestiones, propongo declarar abstracto el
tratamiento del recurso de apelación incoado por los accionados (9/5/22), contra la
resolución del 2/5/22 que rechazó su pretensión de ordenar la demolición de lo
construido por la accionante, en incumplimiento de la medida cautelar de no innovar
ordenada con fecha 20/09/10. Así lo voto. A la misma cuestión, la Dra. Longobardi
adhiere al voto que antecede, votando en idéntico sentido por los mismos fundamentos.
A la cuarta cuestión, el Sr. Juez Dr. Peralta Reyes, dijo: Atento a lo que resulta del
tratamiento de las cuestiones anteriores, corresponde: 1) Hacer lugar al recurso de
apelación de la parte actora, y revocar la sentencia definitiva del 13/4/22, que hizo lugar
a la excepción de falta de legitimación activa planteada por los accionados. Ello, con
costas de ambas instancias a los demandados en su calidad de vencidos. 2) Hacer lugar a
la acción reivindicatoria incoada, ordenando a los accionados, J. A. P. y M. C. A. de P.,
entregar a la actora, D. S. A., el inmueble objeto de autos, con todo lo construido o
adherido a él, en el plazo de 10 días de quedar firme la presente sentencia sentencia.
Ello, con costas de ambas instancias a los accionados, en su calidad de vencidos. 3)
Aclarar que a fin de obtener la modificación de la titularidad formal del inmueble objeto
de este juicio, la accionante deberá iniciar el pertinente juicio de usucapión, contra sus
legítimos contradictores. 4) Disponer el levantamiento, por la instancia de origen y una
vez firme la presente, de la medida cautelar de no innovar ordenada en contra de la
accionante por providencia del 20/09/10. 5) Declarar abstracto el tratamiento del recurso
de apelación incoado por los accionados contra la sentencia interlocutoria del 2/5/22. 6)
Diferir la regulación de honorarios para su oportunidad (arts. 31 y 51 Ley 14.967). Así
lo voto. A la misma cuestión, la Dra. Longobardi adhiere al voto que antecede, votando
en idéntico sentido. Autos y Vistos: Considerando: Por todo lo expuesto, atento lo
acordado al tratar las cuestiones anteriores, demás fundamentos del acuerdo, citas
legales, doctrina y jurisprudencia referenciada, y lo dispuesto por los arts. 266, 267 y
concs. del C.P.C.C., se resuelve: 1) Hacer lugar al recurso de apelación de la parte
actora, y revocar la sentencia definitiva del 13/4/22, que hizo lugar a la excepción de
falta de legitimación activa planteada por los accionados. Ello, con costas de ambas
instancias a los demandados en su calidad de vencidos. 2) Hacer lugar a la acción
reivindicatoria incoada, ordenando a los accionados, J. A. P. y M. C. A. de P., entregar a
la actora, D. S. A., el inmueble objeto de autos, con todo lo construido o adherido a él,
en el plazo de 10 días de quedar firme la presente sentencia sentencia. Ello, con costas
de ambas instancias a los accionados, en su calidad de vencidos. 3) Aclarar que a fin de
obtener la modificación de la titularidad formal del inmueble objeto de este juicio, la
accionante deberá iniciar el pertinente juicio de usucapión, contra sus legítimos
contradictores. 4) Disponer el levantamiento, por la instancia de origen y una vez firme
la presente, de la medida cautelar de no innovar ordenada en contra de la accionante por
providencia del 20/09/10. 5) Declarar abstracto el tratamiento del recurso de apelación
incoado por los accionados contra la sentencia interlocutoria del 2/5/22. 6) Diferir la
regulación de honorarios para su oportunidad (arts. 31 y 51 Ley 14.967). Regístrese.
Notifíquese por Secretaría y devuélvase. – Víctor M. Peralta Reyes. – María Inés
Longobardi (Sec.: Claudio M. Camino).

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