Teorías del Aprendizaje
1)Teorías del aprendizaje: Conductismo y Constructivismo: construir deductivamente el
perfil del docente y del estudiante en uno y otro modelo.
El estudio de las teorías del aprendizaje permite comprender las distintas formas en
que se concibe la enseñanza, el rol del docente, la participación del estudiante y la
construcción del conocimiento. A lo largo del tiempo, han surgido diferentes enfoques
que explican cómo aprendemos y cómo se debe enseñar. Entre ellos, el conductismo y
el constructivismo son dos modelos fundamentales que proponen visiones muy
distintas, tanto del proceso de aprendizaje como de los sujetos que participan en él.
Analizar estos modelos no solo ayuda a comprender sus fundamentos, sino también a
deducir los perfiles del docente y del estudiante que cada uno promueve, así como las
implicancias educativas que se derivan de estas teorías.
CONDUCTISMO
El conductismo sostiene que el aprendizaje es un cambio de conducta observable y
medible, generado por la asociación entre estímulos y respuestas. No se toma en
cuenta lo que ocurre internamente en la mente del estudiante, sino que se considera
que la conducta es el único dato confiable para evaluar el aprendizaje. Este enfoque
tiene como principales referentes a Watson, Pavlov, Thorndike y Skinner, y su aplicación
en la educación se caracteriza por una enseñanza estructurada, centrada en la
repetición, la práctica y la regulación externa del comportamiento.
EL DOCENTE DESDE UNA PERSPECTIVA CONDUCTISTA
En este modelo, el docente asume un rol protagónico como transmisor del
conocimiento. Es quien domina los contenidos, los organiza en secuencias lógicas y los
presenta de manera clara y precisa. Planifica actividades con el objetivo de que el
estudiante repita lo enseñado, y utiliza el refuerzo para moldear las conductas
deseadas. El refuerzo puede ser positivo, cuando se premia una conducta adecuada
(por ejemplo, mediante una calificación alta o un elogio), o negativo, cuando se elimina
un estímulo aversivo como recompensa (por ejemplo, quitar una tarea). También se
puede aplicar el castigo, que implica imponer una consecuencia negativa o retirar un
beneficio con el fin de disminuir una conducta no deseada. En este marco, el docente
evalúa mediante pruebas objetivas que permiten verificar si el estudiante ha alcanzado
la conducta esperada. Un referente clave en la aplicación educativa del conductismo es
Robert Gagné, quien propuso una secuencia de nueve pasos instruccionales para guiar
el aprendizaje de manera eficaz y controlada, destacando la importancia de captar la
atención, establecer objetivos claros, guiar la práctica y proporcionar
retroalimentación.
EL ESTUDIANTE DESDE UNA PERSPECTIVA CONSTRUCTUVISTA
Desde esta perspectiva, el estudiante ocupa una posición pasiva. Es un receptor de
estímulos que debe repetir, memorizar y ejecutar las tareas según lo que el docente
plantea. Su aprendizaje se basa en la práctica repetitiva y no necesariamente en la
comprensión. La motivación que se promueve es extrínseca, es decir, el estudiante
actúa en función de recompensas externas, como premios, notas o reconocimiento, o
para evitar consecuencias negativas. No se espera que tenga objetivos propios ni que
elabore conocimientos a partir de su experiencia, sino que aprenda a responder de
manera correcta a los estímulos que se le presentan.
Las implicancias educativas del modelo conductista son significativas. Por un lado, la
práctica sistemática resulta útil para la adquisición de habilidades técnicas o mecánicas,
que requieren repetición y precisión. Además, este enfoque permite desarrollar
aptitudes decisivas en contextos donde se espera una ejecución rápida, eficaz y
controlada. Sin embargo, cuando el contenido no se vincula con los intereses del
estudiante ni se comprende en profundidad, el aprendizaje corre el riesgo de volverse
superfluo o superficial. La ausencia de motivación intrínseca limita la posibilidad de
que el conocimiento tenga sentido personal y, por tanto, durabilidad en el tiempo.
CONSTRUCTIVISMO
En contraste con esta visión, el constructivismo plantea que el aprendizaje no es la
simple incorporación de información, sino un proceso activo y personal de
construcción del conocimiento. Según este enfoque, cada persona interpreta lo que
aprende a partir de sus saberes previos, sus experiencias y el contexto en el que se
encuentra. Este conocimiento se construye mediante la reorganización interna de
estructuras mentales, en diálogo constante con el entorno. Los principales referentes
del constructivismo son Jean Piaget, Lev Vygotsky, Jerome Bruner y David Ausubel.
Jean Piaget sostiene que el desarrollo cognitivo se produce a partir de dos procesos
complementarios: la asimilación y la acomodación. La asimilación consiste en
incorporar una nueva información dentro de un esquema ya existente, mientras que la
acomodación implica modificar ese esquema cuando la información nueva no encaja
en lo que el sujeto ya sabe. A través del equilibrio entre estos dos procesos, se produce
el aprendizaje como reestructuración cognitiva.
Por su parte, David Ausubel introduce el concepto de aprendizaje significativo. Según
este autor, aprender no consiste en repetir o memorizar datos, sino en establecer
relaciones sustanciales entre los nuevos contenidos y los conocimientos previos.
Cuando el estudiante puede vincular lo nuevo con lo que ya sabe de manera no
arbitraria, el aprendizaje se vuelve profundo, duradero y transferible. Esta comprensión
otorga sentido a lo que se aprende, y es precisamente ese sentido el que estimula la
motivación intrínseca.
EL DOCENTE DESDE UNA PERSPECTIVA CONSTRUCTUVISTA
En el marco constructivista, el docente deja de ser el centro de la escena para
convertirse en un guía o mediador del aprendizaje. Su función principal es crear
situaciones problemáticas, proyectos o desafíos que despierten el interés de los
estudiantes y los motiven a construir conocimiento. Tiene en cuenta el punto de
partida de cada alumno, sus saberes previos, su contexto cultural y sus formas de
aprender. Además, fomenta la colaboración, el intercambio de ideas y la reflexión
metacognitiva, es decir, la capacidad del estudiante de pensar sobre su propio proceso
de aprendizaje. La evaluación se orienta más al proceso que al resultado final,
observando cómo el estudiante construye, transforma y aplica lo aprendido.
EL ESTUDIANTE DESDE UNA PERSPECTIVA CONSTRUCTUVISTA
El estudiante, en este modelo, es un sujeto activo, que aprende en interacción con
otros y con el entorno. Participa, investiga, pregunta, reflexiona y toma decisiones
sobre lo que aprende. Vygotsky introduce el concepto de individuo deliberante, es
decir, una persona capaz de actuar con intención, de expresar sus ideas, de asumir una
posición frente al conocimiento. El aprendizaje guiado, en este sentido, no significa que
el docente imponga, sino que acompañe, interviniendo de manera oportuna dentro de
la Zona de Desarrollo Próximo, ese espacio entre lo que el estudiante puede hacer solo
y lo que puede lograr con ayuda. El lenguaje cumple un papel central en este proceso,
ya que es la herramienta que permite mediar, construir significados y organizar el
pensamiento.
Las implicancias educativas del constructivismo son múltiples. Por un lado, permite que
el aprendizaje sea verdaderamente significativo, ya que parte del interés del
estudiante, de sus experiencias y de su deseo de comprender. Esto genera motivación
intrínseca, es decir, un impulso interno que lleva al estudiante a querer aprender, no
por un premio externo, sino porque siente que ese conocimiento le resulta útil,
interesante o importante. En este marco, el estudiante fija sus propios objetivos, se
involucra con las actividades y desarrolla autonomía. Por otro lado, este enfoque
permite formar habilidades de pensamiento crítico, creatividad, toma de decisiones y
trabajo colaborativo, consideradas hoy aptitudes decisivas para desenvolverse en un
mundo cambiante y complejo.
APRENDIZAJE SIGNIFICATIVO
2)Aprendizaje significativo: producir una breve reflexión sobre las situaciones de
aprendizaje.
Para que el aprendizaje tenga verdadero valor, no alcanza con que los estudiantes
memoricen información. Es importante que puedan entender lo que aprenden y
relacionarlo con cosas que ya saben o vivieron. Eso es lo que se llama aprendizaje
significativo, una idea desarrollada por el psicólogo David Ausubel.
Según esta perspectiva, los contenidos no deben enseñarse de forma aislada o sin
contexto. Al contrario, las situaciones de enseñanza tienen que estar pensadas de
manera que resulten interesantes, cercanas y útiles para los estudiantes. Además, es
clave que puedan participar activamente, hacer preguntas, expresar lo que piensan y
construir sus propias ideas.
El rol del docente es crear las condiciones necesarias para que eso suceda. No se
trata solo de explicar un tema, sino de proponer actividades que despierten la
curiosidad y ayuden a los alumnos a comprender y aplicar lo aprendido.
En resumen, el aprendizaje significativo se da cuando las clases logran conectar con el
mundo del estudiante, cuando no se aprenden las cosas "porque sí", sino porque
tienen sentido. Así, aprender deja de ser una obligación y se convierte en una
experiencia valiosa y personal.
INTELEGENCIAS MULTIPLES
3) Inteligencias múltiples en el aula: Reflexionar: ¿Por qué el aula de Prácticas del
Lenguaje nos permitiría poner en juego las inteligencias múltiples?
El aula de Prácticas del Lenguaje es un entorno especialmente adecuado para poner
en juego las inteligencias múltiples porque el lenguaje no se transmite de manera única
ni uniforme. Por el contrario, cada estudiante interpreta los textos, las palabras y los
mensajes desde su propia perspectiva, influenciado por su historia personal, sus
conocimientos lingüísticos, sus experiencias culturales y su comprensión del mundo.
Las propuestas que se desarrollan en Prácticas del Lenguaje —como leer, escribir,
dialogar o analizar distintos tipos de textos— suelen presentar espacios abiertos a la
interpretación, donde no siempre hay una única respuesta correcta. Allí es donde
entran en juego las inteligencias múltiples: permiten que cada estudiante complete
esos “espacios vacíos” o indeterminados del texto desde sus propios saberes y
habilidades.
Por ejemplo, al leer un cuento, un estudiante puede visualizar las escenas con
facilidad (inteligencia visual-espacial), otro puede conectar la historia con sus propias
emociones (intrapersonal), mientras que otro puede enfocarse en el ritmo del lenguaje
o en las sonoridades del texto (musical). Al escribir, algunos necesitarán moverse,
dramatizar o debatir ideas en grupo antes de plasmarlo por escrito, lo que pone en
juego otras inteligencias como la corporal o la interpersonal.
En definitiva, las inteligencias múltiples hacen posible que cada estudiante
comprenda, interprete y exprese el lenguaje desde su singularidad. Por eso, el área de
Prácticas del Lenguaje no solo enseña a usar el lenguaje, sino que también invita a
pensar, sentir, imaginar y construir sentidos propios, a partir de la diversidad de formas
que tenemos de aprender y comprender el mundo.