Título de la obra: "Silencio en el Viento"
Resumen:
En un pequeño pueblo de Aragón, en el siglo XXI, un grupo de personas se reúne en la
vieja bodega de un masivo caserón en las afueras del pueblo. La reunión, que en un
principio parecía ser una celebración, pronto se convierte en un terreno de confrontación,
cuando el anfitrión, un prominente empresario local, es encontrado muerto en
circunstancias sospechosas. Todos los asistentes son interrogados, pero todos parecen
tener algo que ocultar. Mientras las tensiones suben, la verdad parece tan turbia como el
viento que azota el campo exterior. En esta obra, los secretos de cada uno de los
personajes comienzan a salir a la luz.
Personajes:
1. Miguel Sánchez – Empresario local, víctima del asesinato (Hombre, 52 años).
2. Isabel Ortega – Esposa de Miguel (Mujer, 45 años).
3. Clara Martínez – Amiga cercana de Isabel, madre de tres hijos (Mujer, 40 años).
4. Raquel López – Abogada, amiga de Miguel, conocida por su carácter frío (Mujer,
38 años).
5. Teresa Ruiz – Hermana de Miguel (Mujer, 50 años).
6. Lourdes González – Jefa de la policía local, encargada de la investigación (Mujer,
47 años).
7. David Morales – Detective privado, contratado por la familia de Miguel (Hombre,
45 años).
8. Juan García – Jardinero del caserón, hombre de pocas palabras (Hombre, 39
años).
9. José Ramos – Ingeniero, amigo de Miguel (Hombre, 34 años).
10. Ana López – Secretaria personal de Miguel (Mujer, 28 años).
11. Carmen Vidal – Vecina del pueblo, amiga de la familia (Mujer, 50 años).
12. Luis Pérez – Médico de cabecera del pueblo (Hombre, 55 años).
Escena Única: La Bodega del Caserón
(El escenario está dividido en varias partes, todas dentro de la bodega de un gran
caserón. Una mesa central con sillas rodeándola, algunas botellas de vino abiertas,
copas, y papeles desordenados sobre la mesa. En un rincón, una chimenea apagada,
y ventanas altas por las que se ve la tormenta afuera. El ambiente es sombrío, el
viento sopla fuerte desde el exterior. Todos los personajes están reunidos dentro,
tensionados. La atmósfera es pesada.)
(Lourdes González, jefa de la policía local, se levanta de la mesa. Todos los demás
personajes permanecen sentados, observándola. La muerte de Miguel Sánchez ha
desatado una serie de interrogatorios, pero nadie sabe cómo ni quién lo mató.)
Lourdes González (con tono firme):
La situación es clara: Miguel Sánchez ha sido asesinado. No fue un accidente. Todos
ustedes estaban aquí, en esta misma bodega, cuando ocurrió. Nadie ha salido ni ha
entrado durante el tiempo crítico. (Pausa, mirando a cada uno de ellos)
Así que vamos a hacerlo de esta manera: quiero que cada uno de ustedes me diga qué
hacía, exactamente, en el momento en que Miguel cayó muerto.
Raquel López (sonríe de forma nerviosa, ajustando sus gafas):
¿Es necesario que todos hagamos esto? Nadie vio nada... fue un error. Simplemente se
cayó, Lourdes. Todos sabemos que no era un joven, estaba enfermo del corazón.
(Todos la miran, pero nadie responde.)
Isabel Ortega (con voz quebrada):
¡No fue un accidente! ¡Mi esposo estaba en perfecto estado de salud! ¡Él... él no pudo
haberse caído solo!
(Se levanta de la silla, visiblemente alterada. Lourdes la observa con atención.)
Clara Martínez (tratando de calmar a Isabel):
Isabel, por favor... debemos mantener la calma. Lourdes está haciendo su trabajo. A
todos nos está interrogando por igual.
(Mira a Lourdes con una expresión tensa, sin saber qué decir.)
Lourdes González (dirigiéndose a Clara):
Tranquila, Clara. Sabemos que la situación es difícil para todos. Pero necesitamos
respuestas. ¿Alguien vio a Miguel en el momento exacto antes de que cayera?
José Ramos (hablando por primera vez, su voz baja pero clara):
No. Nadie lo vio caer. Pero yo vi algo raro. Antes de que se desmayara, Miguel me miró...
estaba asustado. Algo lo aterrorizó.
(Lourdes se le queda mirando con atención, todos los demás se sienten incómodos.)
David Morales (como si quisiera añadir algo, levantando la mano):
¿Y qué es lo que lo aterrorizaba? Si todos estábamos aquí, nadie notó nada raro en su
comportamiento.
(Mira a los presentes, esperando una respuesta.)
Teresa Ruiz (interrumpe, mirando de reojo a David):
Lo que David quiere decir es que Miguel estaba agobiado por sus propios demonios.
Llevaba semanas comportándose de forma extraña. De hecho, algunas de sus
inversiones no iban bien...
(Silencio. Lourdes observa a Teresa con suspicacia.)
Lourdes González (con voz grave):
¿Entonces crees que su muerte tiene que ver con algo más? ¿Un posible suicidio o un
error relacionado con sus negocios?
Teresa Ruiz (nerviosa, moviendo las manos):
¡No! ¡No quiero decir eso! Pero, Lourdes... Miguel tenía enemigos. Y no todos eran de
fuera. Algunas personas en este grupo...
(Silencio incómodo. Todos se miran entre sí, nadie habla.)
Ana López (se adelanta, parece nerviosa):
Yo... yo estaba con Miguel poco antes de que todo ocurriera. Le estaba ayudando con
unos papeles. Lo vi beber de la copa que había en su mesa. Pero... no vi nada raro.
(Pausa. Los demás la miran, pero su declaración no convence.)
Juan García (con voz grave, mirando al suelo):
Miguel... estaba preocupado por algo. Algo de hace mucho tiempo. No lo decía
abiertamente, pero... la forma en que me hablaba de sus proyectos... todo estaba a punto
de estallar.
(Lourdes se acerca a Juan.)
Lourdes González:
¿Qué quieres decir con "todo estaba a punto de estallar", Juan?
Juan García (vacilante):
Yo no sé... No sé si tenía algo que ver con sus socios o algo personal. Pero algo había
cambiado en él.
Luis Pérez (interviene, intentando desviar la conversación):
Podemos especular todo lo que queramos, pero eso no nos va a ayudar a encontrar al
culpable. Lo único que sabemos es que Miguel ya no está, y alguien aquí sabe más de lo
que está diciendo.
Carmen Vidal (con tono resentido):
¡Eso no es justo! ¡Nos estás acusando a todos sin pruebas! Nadie aquí es un asesino. Si
Miguel estaba tan preocupado por sus negocios, ¿por qué no se lo dijo a nadie? ¡¿Por qué
no pidió ayuda?!
(El tono de Carmen eleva la tensión en la sala.)
Raquel López (mirando a Carmen con desdén):
Miguel no confiaba en nadie, Carmen. Sabías bien cómo era. Guardaba secretos, incluso
con su propia familia. Pero claro, nunca es fácil ser la esposa de un hombre poderoso.
(Ríe de manera forzada.)
Isabel Ortega (gritando, furiosa):
¡No hables de mi esposo de esa manera, Raquel! ¡¡Tú no sabes nada!!
(Todos la miran, tensos, el ambiente se llena de agresividad. Lourdes golpea la mesa con
fuerza.)
Lourdes González (con voz firme):
¡Basta ya! ¡Ya hemos tenido suficiente!
(Pausa. Todos se quedan en silencio.)
Miguel Sánchez está muerto. Y la única manera de saber qué pasó es que todos empiecen
a decir la verdad. El tiempo se acaba. Todos están involucrados de alguna forma, pero hay
un culpable aquí... y lo descubriremos.
(La tensión se palpa en el aire mientras los personajes se quedan mirando entre sí, con
secretos enterrados bajo una capa de mentiras. La tormenta continúa rugiendo afuera.
Fin de la escena.)
Acto 1: Escena Única (continuación)
(La tensión en la sala es palpable. Todos los personajes permanecen en silencio,
intercambiando miradas cautelosas. Lourdes González observa a cada uno de ellos,
su mirada firme y analítica. La tormenta afuera aumenta en intensidad, y la luz
parpadea levemente debido al viento que azota las ventanas.)
Lourdes González (con voz grave y decidida):
Voy a ser clara: todos aquí están bajo sospecha. El asesinato de Miguel no es un
accidente, y no va a quedar sin respuesta.
(Se acerca a la mesa, observando detenidamente a cada uno de los presentes, como si
estuviera midiendo su reacción.)
Alguien aquí sabe más de lo que está diciendo. Y no descansaré hasta descubrir qué
pasó.
Raquel López (con un tono desafiante, cruzando los brazos):
¿Y qué? ¿Nos vas a interrogar uno por uno, Lourdes? ¿A todos nos vas a hacer
responsables por lo que pasó?
(Se ríe de forma burlona, pero su nerviosismo es evidente.)
Lourdes González (con tono frío):
No me hagas perder el tiempo, Raquel. Sé que tienes algo que ocultar. Todos lo sabemos.
Pero si no vas a colaborar, no te va a gustar el final de esto.
(Tensión en el aire, todos se quedan en silencio, esperando a ver si alguien reacciona.)
Isabel Ortega (rompiendo el silencio, con la voz temblorosa pero firme):
Raquel está equivocada. No sé qué piensan todos ustedes, pero no estoy dispuesta a
quedarme callada.
(Pausa, se ve angustiada.)
Yo... yo sé lo que pasó. Sé lo que estaba ocurriendo. Miguel... Miguel estaba recibiendo
amenazas. Amenazas de gente cercana.
(Los ojos de todos se vuelven hacia Isabel, expectantes.)
Clara Martínez (desconcertada):
Isabel, ¿qué estás diciendo? ¿Quién te amenazaba? ¿Por qué no nos lo habías contado
antes?
Isabel Ortega (mirando al suelo, con lágrimas en los ojos):
No quería decirlo... No quería arruinarlo todo. Pero ya no puedo callarme. Miguel estaba
recibiendo llamadas de alguien. Pero no sé quién era... solo decía que se iba a arrepentir
de sus decisiones, que lo iban a pagar.
(Silencio tenso en la sala.)
David Morales (murmurando, interesado):
¿Llamadas? ¿De quién?
Isabel Ortega (temblando, pero firmemente):
No lo sé. Solo... él nunca quiso decirme nada más. Solo me dijo que iba a estar bien, que
lo solucionaría. Pero lo que no sabía era que estaba atrapado. Había alguien aquí, entre
nosotros, que lo estaba manipulando.
(Se vuelve hacia Teresa Ruiz, sin decir nada, pero con una mirada acusadora.)
Teresa Ruiz (con una risa nerviosa, tratando de desviar la mirada):
No... Isabel, no sé de qué hablas. Yo nunca... nunca he amenazado a Miguel. Estás
equivocada.
(Se lleva las manos al rostro, visiblemente incómoda.)
Lourdes González (con voz firme, mirando a Teresa):
¿Te atreves a negar lo que tu propia hermana acaba de decir? Si sabes algo, es mejor que
lo sueltes ahora. Cualquier intento de ocultar la verdad solo empeorará las cosas.
(Todos esperan la reacción de Teresa.)
Teresa Ruiz (con voz quebrada, finalmente cede):
No... no era yo quien lo amenazaba. Pero sí sabía algo.
(Los ojos de todos se fijan en ella, expectantes.)
Miguel estaba metido en algo turbio, algo relacionado con los terrenos que iba a comprar.
Todos aquí sabíamos que quería hacer una gran inversión, pero no tenía los medios.
Estaba endeudado, Lourdes. Estaba jugando con fuego.
(Una pausa llena de tensión.)
José Ramos (interviniendo, con nerviosismo creciente):
¡Basta, Teresa! ¡¿Qué estás insinuando?! Miguel no era un hombre perfecto, pero nadie lo
merece... nadie merece morir de esa manera.
(Todos se giran hacia José, sorprendidos por su emoción.)
Juan García (hablando por primera vez desde hace un rato, su tono grave):
¿Y si alguien aquí tiene la respuesta? ¿Y si el culpable no está entre nosotros, sino que
está jugando con nosotros desde afuera?
(Los ojos se vuelven hacia Juan, quien los observa con calma, como si supiera más de lo
que está dejando entrever.)
Ana López (acercándose a la mesa, con una expresión preocupada):
¿Qué quieres decir, Juan? ¿De qué hablas?
(La tensión sube aún más mientras Juan se levanta lentamente.)
Juan García (con voz baja y enigmática):
Lo que digo es que Miguel estaba siendo chantajeado. Y el que lo hacía estaba muy cerca.
Pero él no era el único que tenía algo que perder en esa operación.
(Los murmullos comienzan a hacerse más fuertes mientras los demás intentan
comprender sus palabras.)
Luis Pérez (con voz calmada, pero con una mirada penetrante):
¿De qué operación hablas, Juan? Si tienes algo que decir, este es el momento.
(Todos lo observan, a la espera de que Juan hable.)
Juan García (con un suspiro, mirando a todos):
Miguel estaba implicado en algo ilegal, algo que nadie quería que saliera a la luz. Estaba
comprando tierras de manera fraudulenta. Y no solo eso. Tenía socios dentro de este
grupo, y no puedo decir más porque no sé quién... Pero les aseguro que uno de ustedes
estaba metido hasta el cuello en todo esto.
(Tensión máxima. Todos se quedan paralizados, nadie puede moverse ni hablar.)
Lourdes González (golpeando la mesa con firmeza):
¡Esto basta! ¡No quiero más juegos!
(Toma una respiración profunda, observando detenidamente a cada uno.)
Lo que acaba de decir Juan cambia todo. La pregunta ya no es solo quién lo mató, sino
quién estaba dispuesto a todo para que sus secretos se quedaran enterrados.
(Se vuelve hacia todos.)
Así que les repito: si alguien sabe algo, este es el momento de hablar. Si no lo hacen, los
que estén callados serán los culpables.
Raquel López (con una sonrisa forzada, tratando de ocultar el miedo):
No sé qué están insinuando, pero si Miguel estaba metido en algo sucio, yo no tengo la
culpa de nada. No soy responsable de lo que hizo.
(Pausa, todos la miran, sintiendo que sus palabras no convencen.)
Carmen Vidal (mirando a todos con desdén):
Cada uno de nosotros tiene algo que ocultar. Quizá sea el momento de que todos
miremos en nuestro interior y nos preguntemos si somos culpables de algo.
(El viento golpea fuertemente las ventanas, causando un estremecimiento general. Nadie
dice nada. Todos quedan en silencio, mientras la tormenta afuera se intensifica.)
Fin del Acto 1
La atmósfera está cargada de tensión. El suspense se incrementa a medida que los
personajes revelan más detalles de la vida secreta de Miguel y los oscuros vínculos dentro
del grupo. Todos están conectados de alguna manera, y las pistas parecen señalar que la
verdad está mucho más cerca de lo que ninguno de ellos quiere admitir.
Este acto concluye en un punto álgido, que puede abrir paso a nuevas revelaciones sobre
la conexión de los personajes con el asesinato de Miguel. Si deseas que continúe con más
detalles o si tienes alguna preferencia sobre el desarrollo posterior de la trama, estaré
encantado de seguir elaborando el guion.
Acto 2: Escena Única (continuación)
(La escena permanece en la misma bodega del caserón. La tormenta afuera es cada
vez más fuerte, y el viento sacude las ventanas. La tensión en la sala es palpable.
Todos los personajes permanecen en silencio tras las últimas revelaciones de Juan.
Lourdes González se ha alejado de la mesa, caminando lentamente mientras observa
a cada uno de los presentes. Los murmullos cesan, todos los ojos están fijos en ella.)
Lourdes González (rompiendo el silencio, con una calma ominosa):
Las piezas están comenzando a encajar, pero aún nos falta algo.
(Pausa. Se dirige hacia la mesa, con la mirada fija en cada uno de los personajes.)
Miguel estaba siendo chantajeado. Sabemos que algo ocultaba, pero la pregunta ahora
es: ¿quiénes se beneficiaban de que Miguel estuviera muerto? ¿Quién quería que sus
secretos no salieran a la luz?
Isabel Ortega (desesperada, levantándose de su asiento):
¡Yo no sé nada más, Lourdes! Miguel nunca me dijo nada sobre chantajes o amenazas.
(Se lleva las manos a la cabeza, angustiada. Clara la mira con una mezcla de compasión y
preocupación.)
Clara Martínez (interviniendo, tratando de calmarla):
Isabel, por favor... tenemos que pensar en lo que sabemos. Todos estamos aquí
atrapados en esta tormenta. Pero... no nos ayuda seguir acusándonos unos a otros.
(Todos la observan, algunos en silencio, otros visiblemente tensos.)
Raquel López (interrumpiendo a Clara, con tono sarcástico):
Claro, Clara, porque el silencio siempre ha resuelto algo, ¿verdad? Todos sabemos que la
verdad está en el aire, pero ninguno tiene el valor de decirla.
(Pausa, mirando a cada uno de los presentes.)
Lo que Juan dijo, sobre los terrenos... Yo sé algo más.
(La sala queda en silencio. Todos la miran, sorprendidos.)
Lourdes González (inclinándose hacia adelante, con voz autoritaria):
¿Qué sabes, Raquel? Ahora es el momento de hablar. No quiero más juegos.
Raquel López (mirando fijamente a Lourdes, casi desafiante):
Miguel estaba comprando terrenos de forma ilegal. Pero no solo eso. Estaba comprando
terrenos que pertenecían a familias del pueblo. Los mismos terrenos que el gobierno local
estaba intentando expropiar.
(Pausa. Todos se quedan en silencio, procesando sus palabras.)
Teresa Ruiz (nerviosa, mirando a Raquel con sorpresa):
¡Eso no puede ser! ¡Miguel no podía hacer algo así! ¡No podía meterse en negocios
ilegales con el gobierno!
(Lourdes observa a Teresa con una mirada incisiva.)
Lourdes González (con voz firme):
Lo que Raquel dice tiene sentido. Hay algo en la forma en que Miguel estaba manejando
esos terrenos que no encaja. Si alguien aquí estaba involucrado en las operaciones
turbias de Miguel, necesitamos saberlo ahora. No tenemos más tiempo para ocultar la
verdad.
José Ramos (hablando en voz baja, casi temeroso):
Eso... eso no es todo. Miguel estaba haciendo un trato con... (mira a Lourdes, dudando) …
con gente fuera del pueblo. Yo los vi, Lourdes. Vi a unos hombres de fuera en la casa de
Miguel, pero nunca les pregunté nada.
(Pausa tensa. Lourdes se acerca lentamente a José.)
Lourdes González (con mirada intensa):
¿Quiénes eran esos hombres, José? ¿Qué hacían allí?
José Ramos (nervioso, con las manos sudorosas):
No lo sé. Sólo vi que Miguel les estaba entregando dinero. Mucho dinero.
(Mira a los demás personajes, sin atreverse a mirar a Lourdes a los ojos.)
Juan García (levantándose de su silla, interviniendo de manera brusca):
¡Esto ya está demasiado lejos! Si todos siguen acusándonos unos a otros, no vamos a
llegar a nada. Todos estamos aquí porque estábamos involucrados de alguna manera.
(Mira de reojo a Teresa, luego a Raquel.)
No voy a mentir, Lourdes. Miguel me pidió ayuda para hacer ese trato. Él me lo confesó.
Pero... no sabía que la cosa iba a escalar hasta aquí. Yo estaba ahí para ayudarlo a
controlar los terrenos, pero nunca imaginé que alguien lo mataría por eso.
(Tensión palpable. Todos lo observan, algunos sorprendidos, otros incrédulos.)
Carmen Vidal (con un tono incrédulo):
¿Y tú, Juan? ¿Qué clase de ayuda le ofrecías? ¿Estabas tan involucrado que no te diste
cuenta de lo que estaba pasando?
(Su mirada es acusatoria.)
Juan García (con voz grave, mirándola fijamente):
Sí. Estaba involucrado. Pero no era el único. Todos aquí tienen algo que ver con esto,
aunque sea indirectamente. Todos nos hemos aprovechado de algo de Miguel. Si no lo
sabíamos antes, lo sabemos ahora.
(Todos se quedan en silencio, procesando sus palabras.)
Ana López (murmurando, con voz casi rota):
No es justo. No es justo que todos estén culpándonos a todos. Yo... yo solo estaba
trabajando para Miguel. Le hacía su agenda, le organizaba los papeles... pero nunca supe
nada de los tratos sucios.
(La mirada de Ana es de angustia y desesperación. Lourdes la observa con detenimiento.)
Lourdes González (sin apartar la vista de Ana):
La cuestión aquí, Ana, no es si sabías o no sabías. La cuestión es quién tenía más que
perder con la muerte de Miguel.
(Se dirige a todos, mirando a cada uno de ellos.)
Si alguno de ustedes tenía algo que ver con el chantaje o con sus tratos turbios, es mejor
que lo digan ahora. Si no lo hacen, la justicia los alcanzará de una forma u otra.
David Morales (levantándose de su silla, mirando a Lourdes con determinación):
Lo que está claro es que alguien aquí sabe más de lo que está diciendo. No podemos
seguir con esta farsa.
(Todos lo observan, desconcertados. David da un paso hacia el centro de la sala, se gira
lentamente hacia Teresa.)
Teresa, no puedes seguir ocultando la verdad. Todos sabemos que tú tenías mucho que
perder si los negocios de Miguel salían mal.
Teresa Ruiz (con la voz temblorosa, pero alzando la cabeza):
No es cierto. Yo... no lo maté. No... no era yo quien estaba detrás de su muerte.
(Pausa, una fuerte tormenta de viento golpea las ventanas, aumentando la sensación de
claustrofobia en la sala.)
Pero sí sabía algo. Miguel había descubierto que el gobierno estaba detrás de la compra
de esos terrenos. Y lo peor es que no iba a ser él quien se beneficiara. Había gente
poderosa interesada en esas tierras. Gente que no duda en eliminar a quienes se les
pongan en su camino.
(Lourdes observa a Teresa con una mezcla de incredulidad y asombro.)
Lourdes González (después de un largo silencio):
¿Y tú, Raquel? ¿Estabas al tanto de todo esto?
Raquel López (sonríe fríamente, consciente de que ya no puede ocultar nada):
Miguel tenía muchos enemigos, Lourdes. No lo mató cualquiera. Pero… tal vez sea hora de
que algunos de ustedes empiecen a pensar en sus propios intereses.
(La tensión crece. Todos los ojos están fijos en Raquel.)
(Pausa dramática. La tormenta afuera aumenta, las luces parpadean y el silencio es
pesado. El culpable parece estar entre ellos, pero la verdad sigue escapando. Fin del
Acto 2.)
Acto 3: Escena Única (continuación)
(La bodega sigue siendo el escenario principal. La tormenta afuera continúa
arremetiendo con furia, y el viento hace que las ventanas tiemblen. Dentro, la
atmósfera es cargada de tensión. Lourdes González se encuentra en el centro de la
habitación, observando a los demás con detenimiento. Todos parecen estar al borde
de explotar, cada uno con algo que ocultar. La luz parpadea, lo que añade un toque
aún más ominoso a la escena.)
Lourdes González (con voz grave y controlada):
La verdad siempre sale a la luz, tarde o temprano. No importa cuántos secretos hayamos
guardado, todos nos enfrentamos a lo que hicimos.
(Todos la observan en silencio, algunos evitando su mirada. Lourdes camina lentamente
entre ellos, como una sombra que se acerca a cada uno.)
Miguel estaba jugando con fuego. ¿Pero quién realmente tenía algo que perder si sus
tratos ilegales se salían de control? ¿Quién podría haberle silenciado para siempre?
Carmen Vidal (nerviosa, rompiendo el silencio):
¡Basta, Lourdes! Ya no sé qué más decirte. Todos aquí estamos atrapados en esta
tormenta, pero no podemos seguir acusándonos unos a otros. ¡Miguel ya no está aquí! ¡El
daño está hecho!
(Mira a los demás con desesperación. Lourdes se detiene frente a ella.)
Lourdes González (mirándola fijamente):
Carmen, ¿estás tratando de cubrir a alguien? Todos tenemos algo que esconder, pero no
hay forma de que sigamos en este juego.
(Todos se quedan en silencio, observando a Carmen con atención. Ella comienza a sudar.)
Carmen Vidal (con la voz temblorosa, empieza a hablar a regañadientes):
No... no quiero que esto se descontrole, Lourdes. Yo... yo no maté a Miguel, pero sí sabía
lo que estaba pasando.
(Una pausa tensa, Lourdes la observa fijamente.)
Carmen Vidal (continuando, con dificultad):
Miguel estaba en deuda. No solo con gente del pueblo, sino con empresarios de fuera.
Estaba negociando con gente peligrosa. Yo traté de advertirle, pero no me hizo caso.
(Tensión palpable. Lourdes se acerca a Carmen, esperando más detalles.)
Lourdes González (exigiendo):
¿Con qué empresarios? ¿Quiénes? Necesito saberlo, Carmen. Todos necesitamos
saberlo.
Carmen Vidal (vacilando):
Miguel estaba vendiendo terrenos en secreto. Terrenos que no le pertenecían. Pero... los
empresarios que le compraban esos terrenos eran poderosos. Y no tienen escrúpulos.
(Mira a los demás, sintiendo la presión. La angustia en su rostro es evidente.)
Una vez le pregunté qué haría si alguien descubría lo que hacía. Me dijo que temía por su
vida, pero que había un “acuerdo” que lo protegería. ¡Un acuerdo con gente más poderosa
que nosotros!
(Silencio absoluto. Todos procesan lo que acaba de decir.)
José Ramos (interrumpiendo, con voz áspera):
¿Y tú crees que alguien de fuera vino a matarlo por esos terrenos? ¿Por unas tierras? ¡No
es tan simple!
(Pausa. Lourdes observa a José con atención.)
Lourdes González (pensativa, con calma):
No es solo por las tierras, José. No es solo el dinero. Es mucho más. Si Miguel estuvo
metido en algo tan grande, alguien aquí podría haberlo silenciado para protegerse a sí
mismo.
(Todos se giran hacia Juan García, quien ha estado en silencio durante la mayor parte de la
conversación. Lourdes lo observa, como si esperara algo.)
Lourdes González (con voz firme):
Juan, ¿tú sabías algo de este trato? ¿De este acuerdo secreto? ¿Qué no nos has contado?
Juan García (con una sonrisa amarga, cruzando los brazos):
Sabía que Miguel estaba negociando con personas peligrosas. Sabía que no estaba
jugando limpio. Pero no sabía que esto iba a escalar hasta aquí.
(Pausa. Juan mira a Lourdes con una mezcla de desdén y cansancio.)
Lo que no entiendo es por qué todos se sorprenden ahora. ¿Por qué creen que Miguel
tenía tantas deudas? Si estuviera solo con nosotros, nunca habría llegado tan lejos. El
problema es que estaba jugando en un nivel mucho más alto.
(Los demás lo miran con creciente desconfianza.)
Isabel Ortega (con voz temblorosa, acercándose a Lourdes):
¿Tú qué piensas, Lourdes? ¿Quién lo mató?
(Pausa. Lourdes se queda en silencio por un momento, mirando a todos con intensidad.)
Lourdes González (con una calma fría):
Creo que el asesino está entre nosotros. Y no solo porque alguno de ustedes estuviera
involucrado en sus tratos, sino porque Miguel había descubierto algo que no debía haber
descubierto.
(Los murmullos aumentan, todos empiezan a sospechar, se sienten nerviosos, mirándose
unos a otros.)
Teresa Ruiz (con voz asustada, mirando a todos):
¿A qué te refieres, Lourdes? ¿Qué descubrió?
(Pausa tensa. Lourdes observa a cada uno con una mirada calculadora.)
Lourdes González (finalmente, rompiendo el silencio):
Miguel había descubierto que uno de nosotros estaba robando. Uno de nosotros estaba
implicado en el fraude de los terrenos. Y no solo estaba implicado, sino que había
manipulado las transacciones para beneficiarse personalmente.
(Todos se miran, horrorizados, mientras Lourdes señala lentamente con el dedo.)
Lourdes González:
El culpable es... (pausa dramática)
¡Raquel López!
(Raquel se queda completamente paralizada. Todos la observan con sorpresa y
shock. Ella parece no poder reaccionar al principio.)
Raquel López (con voz baja, casi susurrando):
¿Yo? ¿Por qué me acusas a mí? ¿Qué pruebas tienes? ¡No tengo nada que ver con su
muerte!
(Se aleja, tratando de alejarse de la acusación, pero la tensión en la habitación es
insoportable.)
Lourdes González (en voz baja pero llena de autoridad):
Porque tú tenías todo que perder, Raquel. Estabas metida en el fraude de los terrenos. Tú
sabías que Miguel iba a exponerlo.
(Todos los demás comienzan a mirar a Raquel con sospecha.)
Raquel López (desesperada, levantando las manos en señal de defensa):
¡Es mentira! ¡Es mentira! Yo solo lo estaba ayudando con la venta de los terrenos. ¡Pero
nunca lo maté!
(Lourdes la observa fijamente.)
Lourdes González (con voz dura):
No lo hiciste tú, Raquel. Pero tú sabías que si Miguel hablaba, todo se iría a la ruina. Y tú,
como todos los demás, tenías algo que esconder. Pero no fuiste tú la que lo mató. El que
mató a Miguel está aquí, entre nosotros, y el culpable no lo ha reconocido.
(Tensión en el aire. Todos permanecen inmóviles.)
(La luz parpadea de nuevo, y el viento arremete contra las ventanas. Todos se miran,
sabiendo que la verdad está cerca, pero sin poder dar el paso final. Fin del Acto 3.)
Acto 4: Escena Única (continuación)
(La bodega sigue siendo el mismo escenario. La tormenta ha cesado, pero las luces
siguen titilando, creando una atmósfera de inquietud. Todos los personajes están
reunidos, casi inmóviles, como si supieran que este es el momento final para revelar
la verdad. Lourdes González se encuentra en el centro, observando a todos con una
intensidad implacable. Cada uno de los demás personajes se encuentra en un estado
de ansiedad contenida, a punto de estallar.)
Lourdes González (con una calma ominosa, mirando a todos los presentes):
Parece que todos tienen algo que ocultar. Pero lo que me intriga es la siguiente pregunta:
¿quién está dispuesto a arriesgarlo todo para cubrir sus huellas? ¿Quién está dispuesto a
seguir mintiendo hasta el final?
(Todos permanecen en silencio, mirándose entre ellos, sin atreverse a responder. Lourdes
da un paso hacia Raquel, sin apartar su mirada de ella.)
Raquel López (con una risa nerviosa, retrocediendo un paso):
¿A qué te refieres, Lourdes? Yo no tengo nada más que ocultar. Si tú dices que yo tenía
algo que ver con los terrenos... es una mentira. ¡Una mentira!
(Pausa. Lourdes se queda observándola, mientras los demás se miran entre sí.)
Lourdes González (con una voz fría y decidida):
Tú no lo mataste, Raquel, pero tienes algo que ver con su muerte. Sabías lo que Miguel
había descubierto. Sabías que alguien más estaba involucrado.
(Tensión. Raquel no sabe cómo responder, pero está visiblemente nerviosa.)
Lourdes González (mirando a todos los demás):
Miguel estaba a punto de destapar a alguien. Pero había algo más en juego. No solo eran
los terrenos. Había más, mucho más que todos querían mantener en secreto.
(Se detiene frente a José, mirando fijamente.)
Lourdes González:
José, tú sabías algo que ninguno de los demás sabía. Tu presencia en la vida de Miguel no
era casual. Tu amistad con él era solo una fachada.
(José se tensa, mira a Lourdes con una mezcla de angustia y enojo.)
José Ramos (en tono defencivo):
¡Yo no lo maté! ¡No tuve nada que ver con su muerte!
(Se da vuelta hacia los demás, buscando apoyo, pero todos lo miran con sospecha.)
Lourdes González (sin inmutarse):
Lo que tú sabías, José, era que Miguel estaba siendo vigilado. Estaba siendo observado
por alguien fuera de este pueblo. No solo por sus tratos, sino por lo que estaba a punto de
descubrir.
(Silencio absoluto. Todos se miran, y José comienza a sudar.)
José Ramos (desesperado, mirando a Lourdes con miedo):
¿Quién te ha contado todo esto? ¿Por qué estás acusándome? ¡No es cierto! ¡Yo solo era
su amigo! ¡No sabía nada más!
(Lourdes se acerca un paso más, con la mirada fija en él.)
Lourdes González (con voz firme):
Tú lo sabías. Miguel tenía una carta secreta, José. Un documento que lo incriminaba todo.
Sabía que los terrenos, los acuerdos ilegales, el chantaje, todo estaba conectado a una
red más grande. Pero había algo más que Miguel había descubierto. Algo que podría
destruir a todos los involucrados. Y tú lo sabías.
(José se queda sin palabras, parece visiblemente culpable, pero sigue negando todo.)
Raquel López (interrumpiendo, con voz temblorosa):
¡No! ¡Esto no está bien! Yo no sé de qué carta estás hablando. ¡Es una trampa! Lourdes,
¿qué es lo que quieres que creamos? ¿Qué todos somos culpables?
(Lourdes, sin apartar la vista de José, ignora a Raquel y se acerca a Juan.)
Lourdes González (en tono autoritario):
Juan... tú también eres parte de esto. Sabías que Miguel estaba investigando. Sabías que
el peligro acechaba, pero no actuaste a tiempo.
(Juan, quien había permanecido en silencio, ahora se ve incómodo. Baja la cabeza y
suspira.)
Juan García (con voz baja):
Miguel me pidió que lo ayudara. Que lo cubriera. Pero no sabía lo que estaba a punto de
descubrir. Yo solo trataba de mantener las apariencias.
(Se aleja un paso, mientras Lourdes lo observa detenidamente.)
Lourdes González:
Lo que todos ustedes no entienden, lo que aún no quieren aceptar, es que Miguel no solo
estaba atrapado en sus propios errores. Él estaba arrastrando a todos en esta red de
mentiras. No solo por los terrenos.
(Pausa dramática. Todos la miran con creciente pavor.)
Lourdes González (cambiando el tono a uno más sombrío):
Miguel había descubierto a quién le pertenecían realmente los terrenos. No a los
empresarios. No a los corruptos del gobierno. No a los falsos amigos. El verdadero dueño
de todo esto...
(Se detiene, y todos la miran con ansiedad.)
Lourdes González (con una mirada decidida, y luego señalando a uno de los presentes):
... eres tú, Clara. Tú eres quien realmente tiene todo que perder.
(Clara se queda paralizada, sus ojos se abren de par en par. Todos los demás la miran
fijamente, algunos con horror y otros con incredulidad. Clara intenta decir algo, pero
las palabras se le atragantan.)
Clara Martínez (en voz baja, temblando):
No... no... no...
(Pausa. Todos esperan, el aire está cargado de tensión.)
Clara Martínez (finalmente, con una voz quebrada):
Es cierto. Es cierto... Yo... Yo compré los terrenos. Todo el tiempo, lo sabía. Era yo quien
controlaba las compras. No era Miguel. Él pensaba que se beneficiaba, pero yo manipulé
todo. Yo lo empujé a descubrirlo. Pero no quería que me delatara.
(Una pausa. Lourdes observa fijamente a Clara, quien se ve derrotada y quebrada. Clara
se deja caer en una silla.)
Clara Martínez (sollozando):
Lo maté. Yo lo maté. No pude dejar que supiera lo que estaba pasando. No pude...
(Todos se quedan en silencio, digiriendo lo que acaban de escuchar. La tensión es
insoportable.)
Lourdes González (con voz baja, pero llena de autoridad):
Tú no lo mataste, Clara. Pero tú lo empujaste a la muerte. Lo que hiciste fue peor.
(Pausa larga. La sala está en silencio. El culpable ha sido revelado, pero la
culpabilidad pesa sobre todos. Lourdes da un paso atrás, mirando a todos.)
Lourdes González (finalmente, con voz resuelta):
La justicia no la traen solo las autoridades. La justicia la traen aquellos que enfrentan sus
propios pecados. Y aquí, todos tienen algo que enfrentar.
(Los personajes permanecen inmóviles, enfrentando el peso de sus acciones. La luz titila
por última vez.)
(Fin del Acto 4 y de la obra.)
(Silencio absoluto. Las luces se apagan lentamente.)
FIN.