Seminario 3. Clase XX y XXIII.
Estas dos clases de inscriben el último apartado del seminario llamado 'Los entornos del
agujero'.
Clase XX. El llamado, la alusión.
Lacan en esta clase coloca la diferencia entre la neurosis y la psicosis a nivel de un
significante, pero no de cualquier significante sino de uno en particular. Y agrega que esta
diferencia marca una distinción en su relación a la realidad. ¿porqué? porque ‘la realidad con
que nos enfrentamos está sostenida, tramada, constituida por una trenza de significantes’. Así,
la realidad está determinada por la relación del sujeto al significante, pero es importante
remarcar la idea de trenza, porque no es lo mismo cuando en el sujeto un significante aparece
suelto, desconectado que cuando los significantes hacen trenza.
En la psicosis algo llega a faltar en la relación a la realidad, es decir, algo llega a faltar a
nivel de la relación del sujeto al significante. ‘se trata, en efecto, de una realidad
estructurada por la presencia de cierto significante que es heredado, tradicional,
transmitido: Cómo? Por supuesto, por el hecho de que alrededor del sujeto, se habla’.
Entonces tenemos que poner el acento en que la relación a la realidad en la psicosis está
estructurada a partir de una falta significante, de un significante que falta a nivel de lo
simbólico. Pero esa falta es presencia en otro orden. Lacan marca que en la relación del sujeto
a la realidad está la presencia de un significante en particular, que no es cualquiera. (en la
clase XXV veremos cómo Lacan delimita en ese lugar del significante primordial al Nombre
del Padre). Por último, es interesante como marca aquí su perspectiva acerca de la herencia:
Hace deslizar lo heredado a lo transmitido como si no hubiese otro modo de considerarlo.
Transmisión que se da en tanto el sujeto habita en un contexto que habla.
La realidad implica la integración del sujeto a determinado juego de significantes y eso será
diferente en quienes hayan atravesado por el Edipo: haberse confrontado con sus conflictos,
con sus impasses y hacerlos resuelto. En quienes no hayan pasado esa prueba, quedará cierto
defecto, cierta impotencia. Así Lacan avanza un punto más en su concepción del modo en que
los sujetos se relacionan a la realidad y marca que esta relación es diferente en las neurosis (es
decir, en aquellos casos en los que se ha salido del Edipo, aunque esta salida sea de simpre
alguna manera fallida) y en las psicosis.
Tanto la histeria como la neurosis obsesiva se presenta una pregunta. En el caso de la
histeria la pregunta es por la femineidad mientras que en el obsesivo la pregunta está en torno
de la experiencia mortal, la muerte. Cada uno tiene su modo de preguntarse. En el caso de la
histeria, desde su identificación viril interroga a su propio sexo. Por su parte, el obsesivo
escamotea su pregunta por la muerte, pero este escamoteo no lo saca de la pregunta sino que
por el contrario queda suspendido en ella.
El psicótico se opone a estas dos modalidades de las neurosis ya que ‘si el neurótico habita el
lenguaje, el psicótico es habitado, poseído por el lenguaje’ La fenomenología de la psicosis
muestra que allí el significante es promovido a primer plano de golpe, habla por sí solo, en
voz alta, tanto en su sonido y furia como en su neutralidad. Vemos en estos fenómenos la
aparición del significante suelto, autónomo.
En este sentido Lacan toma el concepto de fenómeno elemental de Clérambault, ese
pensamiento repetitivo, contradicho y dirigido, pero se diferencia de Clérambault en el punto
en que éste los consideraba fenómenos mecánicos, mientras que desde su perspectiva estos
fenómenos nos muestran la estructura interna del lenguaje. Lacan destaca la importancia del
aporte de Clérambault en el hecho de haberlos considerado ‘ideicamente neutros’ aunque le
da a este carácter anideico un valor diferente. Para Clerambault lo anideico hacía referencia a
su incongruencia con el mundo de los afectos, mientras que para Lacan se relaciona con la
estructura misma del lenguaje (es decir, que no se relaciona con el significado).
Lacan agrega que ‘es preciso vincular el núcleo de la psicosis con una relación del sujeto
con el significante, y que todo lo que se construye a su alrededor no son más que reacciones
de afecto al fenómeno primero, la relación con el significante’. Es decir que allí debemos
ubicar el núcleo de la psicosis. Pero lo particular de esa relación es que hay una exterioridad
del psicótico respecto del conjunto del aparato del lenguaje. Esa exterioridad marca entonces
la pregunta acerca de si el psicótico entró verdaderamente en el lenguaje. Podríamos decir que
entra pero de una manera particular y con cierta deficiencia.
Ahora bien, esta estructura de la psicosis lo lleva a preguntarse a Lacan por qué lleva a un
psicótico al desencadenamiento. Explica que su preocupación se funda en que en muchos
casos se toman pacientes pre-psicóticos en el curso de un análisis se produce el
desencadenamiento. El explica que lo que produce en esos casos el desencadenamiento es el
‘tomar la palabra’. El sujeto puede haber vivido toda su vida en condiciones que no le
generaron determinadas exigencias y al momento de iniciar su análisis lo lleva al
desencadenamiento y en consecuencia el analista queda como perseguidor. Entonces, se
produce un desfallecimiento del sujeto al momento de tomar la palabra que produce la
entrada en la fase inaugural de la psicosis.
Si nosotros recordamos el concepto de Verwerfung que nos indicaba que algo faltaba en esa
primera introducción a los significantes fundamentales, entonces a partir del análisis de las
memorias del presidente Schreber podemos ver como la ausencia del significante masculino
primordial. Esto podemos verlo tanto en la protesta que él sostiene frente a un llamado que
le viene de afuera cuando en estado de duermevela surge el fantasma: qué bello sería ser una
mujer sufriendo el acoplamiento. Asimismo vemos esta particularidad al significante
masculino en el eje del delirio que es la solución en tanto le permite reconstruir su
organización del mundo ya que tiene como contenido su transformación en mujer. En este
punto Lacan, luego de hacer una revisión de la idea del amor, sostiene que el psicótico ama a
su delirio como a sí mismo.
En la entrada en la psicosis encontramos un llamado al que el sujeto no puede responder. este
llamado despierta una proliferación imaginaria de modos de ser, proliferación de las
relaciones con los otros que le permiten al psicótico sostener cierto modo del lenguaje y la
palabra. En esa entrada en la psicosis, surge una palabra reveladora, es decir, una palabra que
tiene una resonancia nueva en el sujeto, Lacan dice que es una palabra que genera un
sentimiento de comprensión inefable.
Clase XXIII. La carretera principal y el significante ‘ser padre’.
A lo largo de los primeros parágrafos del capítulo, Lacan trabaja arduamente sobre el ego y
sobre el lugar del Otro. Le interesa marcar qué lugar tiene el Otro en la psicosis dado que no
es el mismo que para las neurosis. Usa la metáfora de la ‘carretera principal’ para transmitir
la inercia del significante en el campo de las relaciones del Otro. A lo largo de esta última
parte del seminario Lacan se dispone a demostrar que el orden propio de lo simbólico, es
decir, de las significaciones humanas dependen de la eficacia del significante primordial
(carretera principal)
Lacan afirma que a diferencia de un sendero que dejan los elefantes, la carretera principal
constituye una vía de comunicación y por ello es generadora de significaciones. Muestra de
esto es todo lo que se construye a su alrededor: residencias,parajes. No debemos entender que
la carretera principal es un modo de llegar más rápido de un lugar a otro sino que hace que en
ese camino pasen otras cosas. Incluso uno podría pasear por la carretera principal y hacer un
camino de ida y vuelta por la mano contraria. La carretera principal así cambia la
significación de lo que sucede a su alrededor sino que también polariza las significaciones.
En este último punto Lacan sostiene que como la carretera principal, el significante polariza
las significaciones, las agrupa. Es más. dirá que el significante es polarizante y que el
significante crea el campo de las significaciones. A tal punto lleva esta analogía que explica
que si uno toma un mapa de las carreteras principales verá de la manera más clara el papel del
significante en la historia: cómo fue avanzando la escritura, las relaciones de derecho, etc.
Ahora bien, ¿qué pasa si la carretera principal falta? Habrá que vérselas con caminos
alternativos, aledaños, secundarios, cuyos indicadores son colocados a orillas del camino.
Con esta metáfora Lacan ilustra la importancia de la función simbólica para orientarse en el
lenguaje, y al mismo tiempo qué sucede frente a la carencia de esta. Lacan refiere que las
alucinaciones verbales de los sujetos psicóticos pueden pensarse como esos carteles a orillas
del camino. Como un significante que hace signo. Cuando el significante ser padre no
funciona, eso se pone a hablar al costado del camino. Vean que aquí nos encontramos por
fuera de la carretera principal, en el campo de las psicosis.
Cuando la masa del significante se desabrocha de la masa de las significaciones, en el
momento del desencadenamiento de la psicosis ocurre un zumbido, un ruido indeterminado
que podría pensarse como el efecto del significante que se pone, dice Lacan, a cantar solo.
‘El murmullo continuo de esas frases, de esos comentarios, no es más que la infinitud de los
caminos’.