En la búsqueda constante.
Tras las pistas de un amante.
Buscas el oro donde solo hay polvo.
Y la inmortalidad ajena, vacía e inexistente.
Se va haciendo llanto tu sutil canto.
Y fuego vivo tu dulce encanto.
Experimentando con sentimientos de los demás.
Ensayando y mezclando sustancias que jamás comprenderás.
Es ahí donde radica el error.
Donde traiciona y muerde el temor.
Pretendes una mágica solución.
A todos tus problemas, sin resolución.
Fallas y reintentas, cometes la misma equivocación.
Te rodeas de burbujas, te ciegas y no quieres ver.
No admites que buscabas, lo que ya habías encontrado mucho tiempo atrás.
Ansiabas el oro que se desvanece ante tus ojos.
No comprendes que algo aun más valioso palpita dentro de tu ser.
Un corazón por el que fluyen maravillas, muy juntas y apretadas en un mismo caudal.
Virtudes más caras que el platino, que el cobre y que cualquier otro metal.
Te consumías buscando una respuesta.
Que bailaba riéndose ante tus ojos.
Querías vivir parar siempre, no querías caer jamás.
Mas regalado don es el que se transmite, cuando das vida y te fusionas con los demás.
Cuando procreas y engendras, una nueva parte de tu viejo ser.
Una descendencia que vivirá tus días, pasada ya tu hora de fallecer.
Es que ahora comprendes, poderoso alquimista.
Que en la vida las esperanzas brillan, y se esconden donde más las puedas ver.
Buscabas oro sólido y una vida inmortal.
Conseguiste seguir viviendo a través de otros, latiendo dentro de estos tu corazón de
plata y cristal.