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William Layton
métodos interpretativos (2º cuatri)
William Layton, figura fundamental en a pedagogía teatral del siglo XX, desrrolló un
método de entrenamiento actoral profundamente influenciado por su experiencia con los
métodos de interpretación de Stanislavski y Meisner. Su obra El trampolín del actor es
una síntesis de su visión en el proceso creativo del intérprete, en el que articula un
camino pedagógico claro y estructural en tres fases. Estas etapas —liberación, técnica
y creatividad— buscan preparar al actor de forma que sea tanto ejecutante como un ser
humano capaz de vivir con autenticidad las circunstancias de la ficción que está
representando.
etapa 1: liberación. el despertar del instrumento
La primera fase del método de Layton es la liberación del actor como ser humano. Este
proceso es considerado fundamental, ya que parte de la premisa de que el actor no
puede actuar de forma auténtica si no se ha liberado previamente de sus bloqueos
físicos, emocionales y psicológicos. Para Layton el actor es su propio instrumento, y por
tanto debe conocerse, aceptarse y estar disponible para la experiencia.
Está liberación no se limita a la relajación corporal o vocal, sino un se trata también de
una liberación interna que permite al actor recolectar con su sensibilidad, su
vulnerabilidad y su impulso creativo. La educación emocional, el trabajo sobre los
miedos, la autoaceptación y la disponibilidad al otro son pilares fundamentales en esta
etapa.
Layton insiste en que e actor debe reaprender a sentir de manera honesta ya que, a
menudo, los condicionamientos culturales o la autocensura bloquean la verdadera
expresión de las emociones. En este sentido, Layton promueve un trabajo introspectivo
y profundo que devuelva al actor su capacidad de vivir las circunstancias que interpreta,
y no solo representarlas.
En la práctica pedagógica, esta fase se suele abordar mediante ejercicios de relajación,
juegos de confianza, dinámicas de grupo y/o exploración sensorial. Todo esto en busca
de un objetivo clave: que el actor entre en contacto consigo mismo como punto de
partida indispensable para el trabajo técnico y artístico posterior.
etapa 2: técnica. el oficio del actor
Una vez superada la etapa de liberación, Layton nos introduce en la segunda fase: el
desarrollo de la técnica actoral. Aquí el método se vuelve mas estructurado, orientado al
dominio de herramientas concretas que permitirán al actor construir un personaje y
sostener su trabajo escénico con precisión y consistencia.
Para Layton, la técnica no es una serie de fórmulas vacías, sino un conjunto de
principios que ayudan al actor a organizar su creatividad.
Uno de los conceptos centrales es el desarrollo la acción escénica: actuar no es mostrar
emociones, sino realizar acciones con un objetivo específico en una circunstancia
determinada. En este punto notamos claramente la influencia de Stanislavski y su teoría
de las acciones físicas, pero también la impronta de Meisner y su enfoque conductual
del comportamiento humano en escena.
Entre los elementos técnicos que Layton promueve se encuentran:
—Análisis de texto y de circunstancias dadas: el actor debe comprender a fondo el
universo de la obra para poder moverse con libertad en él.
—Objetivos del personaje: cada escena implica un deseo, una intención que guía las
acciones del actor.
—Acciones y tácticas: cómo el personaje intenta lograr su objetivo, y cómo varía su
comportamiento ante los obstáculos.
—Escucha activa y respuesta emocional espontánea: claves para sostener la verdad
escénica en el presente.
En este sentido, la técnica no se opone a la emoción, sino que canaliza el caudal
expresivo del actor y lo transforma en material escénico eficaz. Sin técnica, la emoción
es caótica; sin emoción, la técnica es mecánica. Layton busca ese equilibrio esencial
donde el trabajo riguroso no aplasta la sensibilidad, sino que la potencia.
etapa 3: creatividad. el salto al abismo
La tercera y última fase del método es la creatividad, no entendida como una inspiración
espontánea o un talento innato, sino como la culminación de un proceso de preparación
que permite al actor lanzarse al vacío de la escena con confianza.
En esta etapa, el actor ya ha liberado su instrumento y ha adquirido una técnica sólida.
Ahora debe aprender a confiar en sí mismo y en el momento presente.
Layton utiliza la metáfora del “trampolín” para referirse a ese salto creativo: el actor se
prepara, toma impulso, y finalmente se lanza. Este salto implica asumir riesgos,
abandonar la necesidad de control, y entregarse a la experiencia viva del teatro. Es aquí
donde el actor se convierte en artista, donde deja de repetir una partitura y comienza
verdaderamente a vivir cada función como si fuese la primera vez.
En esta etapa se integran todos los aspectos anteriores: la conexión emocional
(liberación), la estructura escénica (técnica) y la apertura a la sorpresa (creatividad). El
actor debe tener la valentía de confiar en el momento, de escuchar al compañero, al
público, al espacio. La repetición no es rutina, sino una oportunidad para redescubrir.
Layton advierte que la creatividad no puede forzarse ni planificarse completamente: es
un estado de disponibilidad que el actor debe cultivar, por eso insiste en la importancia
de la disciplina y el entrenamiento constante. Cuanto más preparado se encuentra el
actor, más libre es para jugar, improvisar, reaccionar y crear.
conclusión
El método de William Layton, tal como lo desarrolla en El trampolín del actor, representa
una síntesis profunda entre el trabajo interior del actor, el rigor técnico y la dimensión
artística del oficio. Las tres fases no son compartimentos aislados, sino partes de un
mismo camino formativo que buscan acompañar al actor desde su humanidad hasta su
expresividad plena entre escena.
A través de este método, Layton propone una ética del trabajo actoral que privilegia la
autenticidad, la entrega y la excelencia. Su legado, lejos de pertenecer únicamente al
siglo pasado, sigue siendo toda una referencia esencial para la formación de actores
comprometidos con la verdad, la presencia y la emoción.