1.
Dios nos hace participes de su vida: La Gracia
Referencias bíblicas:
Jn. 1, 12-13; 3,5; 14, 23; Jn. 20, 17:
Rom. 8, 29; 8, 14-16;1
Cor. 3, 16; 6, 19-20; 2
Cor. 1,21-22; Gal. 4, 4-7;
Tit. 3, 4-7; 1 Ped. 1, 23; 2
Ped. 1, 4;
Sgo. 1, 18; 1
Jn. 3, 1 y 5.
Es normalmente en el seno de la Iglesia donde Cristo, por su Espíritu, nos hace partícipes de la vida divina
que recibió de su Padre.
Los escritos del nuevo Testamento emplean la palabra gracia para referirse a este Don Singularísimo de Dios
que supera toda capacidad y merito nuestro (Rom. 11. 6).
La reflexión teológica la define como don sobrenatural que nos hace justos, santos y amigos de Dios,
templos del Espíritu Santo, partícipes de la vida divina y, por eso, hijos y herederos de Dios.
En plan de forjarnos una idea siquiera remota de cómo Dios nos hace partícipes de si propia vida, volvamos
a describir -en uso de lo que nos dijo Cristo de su propia vida, volvamos a describir -en uso de lo que nos
dijo Cristo de su Padre y de su Espíritu, y en términos necesariamente analógicos- lo que ocurre en el seno
de la Trinidad divina:
-Dios es amor, y el dinamismo fecundo de ese amor hace que, en acto personal de paternidad, dé origen a
una segunda persona a la que se dona todo cuanto es, y que , por recibir de El, en generación, la naturaleza
divina, es llamada Hijo.
-Al tiempo que el Padre engendra de sí y junto a sí a si Hijo, un intercambio de infinito amor fluye y refluye
de uno a otro, consustanciándolos en la unidad indisoluble de un solo Dios. Esta relación unitiva es tan total
y perfecta que subsiste en sí y por sí: es la persona de Espíritu Santo.
Ahora bien: en su designio de comunicarse en el amor más allá de sí, Dios quiso hacernos partícipes de su
vida, prolongando sus procesiones íntimas en dirección a nosotros y circuyéndonos dentro del giro
divinizante de su Trinidad.
Esto lo hizo El por su hijo en el Espíritu.
-Dios envió a su propio Hijo al mundo para que se hiciera hombre y, en intercambio fraternal, nos participara
su propia filiación divina. Gracias aCristo fuimos cobijados bajo la fecunda pater
nidad de Dios: el acto de generación eterna el que el Padre
engendra a su Unigénito, nos invadió y penetró en profundidad,
otorgándosenos, en Cristo y por Cristo, una gracia entrañable de adopción filial.
A su vez, el Espíritu que acerca y consustancia al Hijo con el Pa dre en el éxtasis unitivo del amor, se
aproximótambién a noso tros y nos envolvió con su abrazo atrapándonos dentro del cir
cuito intimo de la Trinidad.
2. HIJOS DE DIOS
REFERENCIAS BIBLICAS: Jn. 1, 12-13; 3, 5-6; Rom. 8, 14-16; Gál. 4, 5; Col. 1, 12; 1 Jn. 3, 1y s.
Dijimos que la participación que nos hace Dios de su propia vida, nos constituye en hijos suyos.
En efecto, un ser se llama hijo por el hecho de recibir. por genera ción la naturaleza y la vida de otro ser que
se la transmite y que, por ello, se llama padre.
En los evangelios encontramos que Jesús nos enseña a dar a Dios este apelativo. A partir de él, Dios tiene,
para los hombres, este nombre nuevo, que es el cotidiano y preferido de Dios. Y Jesús casi no lo Ila
maba de otro modo.
Pero no estaba todo en que Jesús nos enseñara a tratar a Dios co mo Padre. Lo verdaderamente importante
fue que nos otorgó, en verdad
y en profundidad, el poder de ser hijos de Dios. "Nos dio el poder -di ce san Juan en el cuarto evangelio de
ser hijos de Dios" (Jn. 1, 12).
172
No somos,desde luego, hijos de Dios del mismo modo y en la mis
ma medida en que lo es Cristo. El es Hijo de Dios por naturaleza y esencia. Nosotros somos hijos de Dios
por adopción. Hay una-distancia
infinita entre la filiación divina de Cristo y nuestra filiación adoptiva.
Cristo es Hijo de Dios de un modo enteramente único.e incomunicable. Tan asi es que no aparece nunca en
los evangelios que Jesús se con
numerara con nosotros en su relación filial respecto del Padre celestial.
Delimitacuidadosamente las distancias: nunca dice "nuestro Padre", si
no una de dos: "mi Padre", o bien "vuestro Padre'". Y es que debía salvar la trascendencia de su filiación.
Con todo, por infinita que sea la distancia que nos separa de Cris
to, nuestra filiación está hecha a imagen y semejanza de la de Cristo. Nosotros somos hijos de Dios de
verdad y no sólo de nombre. EI evan
gelista Juan lo dice en un pasaje que no deja ningún lugar a dudas: "Mi ren cómo nos amó el Padre: quiso
que nos llamárámos hijos de Dios Vni mente tivos que porsuyos. con lo obra fuéramos sude "No paternidad,
la nacimos carne realmente" nihaciéndonos dedice la(1voluntad nuevamente Jn. en 3, Cristo 1). delDios san
hombre, y por nos Juan- Cristo, invadió sinodeque hijos laprofunda sangre, fuimos adop engendrados por
Dios" (Jn. 1, 13).
Ahora podemos comprender mejor lo que queremos decir cuando afirmamos que somos hijos adoptivos de
Dios: Nuestra adopción res pecto de Dios no es como las demás, como la que ocurre, por ejemplo0, en el
plano humano. Cuando demos el caso- un matrimonio sin hi
jos adopta auna criatura extraña, sólo le confiere un título jurídico,
un derecho a vivir en la casa, y a recibir de ellos cuanto necesita. Pero, esa criatura sigue siendo, en realidad.
hija de sus padres, es decir, de aquellos que la trajeron ala vida. No sereconfigura, fisica y espiritualmente,
de acuerdo al ser de aquellos que ia adoptaron. No
se le cambia la sangre, la fisonomía, el temperamento, y las demás características corporales y psíquicas que
recibió de sus progenitores
naturales. En cambio, cuando Dios nos adopta como hijos suyos, re
nacemos de verdad, adquirimos un nuevo ser, se realiza en nosotros una remodelación a fondo, volvemos a
nacer con un ser nuevo. Dios
nos envía su Espíritu el cual nos rehace de raíz, a imagen de Jesús,
Su Hijo. Adquirimos espiritualmente el rostro de Cristo, que atrae so bre nosotros las complacencias del
Padre. Somos hijos de Dios, hijos de verdad -el Padre de Jesús es nuestro Padre-. No ès fácil caer en la
cuenta de todo lo que esto significa.
3. OTROs EFECTOS DE LAGRACIA
Refirámonos ahora rápidamente a otros efectos sobrenaturales que
obra en nosotros la gracia y que se hallan estrechamente relacionados entre sí y con los antes mencionados:
- Primeramente Dios, por su gracia, nos hace justos, santificándo nos y renovándonos profundamente a
punto de convertirnos, con toda verdad, en hombres nuevos en Cristo Jesús (Efes. 4, 24). San Pablo nos lo
recuerda: "Ustedes han sido purificados, santificados y justificados en el nombre de nuestro Señor Jesucristo
y por el Espíritu de nuestro Dios" (1 Cor. 6, 11).
Digamos de paso ya que hemos citado este pasaje de san Pa
blo- que, en el léxico teológico del cristianismo, es frecuente el uso
del término justificación, tomado precisamente del Apóstol, para ex presar el paso del estado de pecado y
enemistad con Dios al estado
de gracia.
Se comprende que, al hacernos justos y santos, la gracia nos establece en comunión de amistad entrañable
con Dios (Jn. 15, 14 y s.; Efes. 2, 19; Rom. 5, 10).
- Más aún, la gracia nos convierte en templos donde habita Dios.
0, por apropiación, el Espíritu Santo (Jn. 14, 23; 1 Cor. 3, 16 y 6, 19:
Rom. 5, 5 y 8, 11). Por último, la gracia nos hace, a la par de hijos, también here deros de Dios, es decir,
partícipes, más alláde la vida presente, de su
Agreguemos que la gracia no viene sola sino con su séquito. Jun tamente con ella Dios nos infunde las tres
virtudes teologales, fe, espe ranza y caridad, (Rom. 5. 5 y 1 Cor. 13, 13), las virtudes morales (2 Ped. 1, 3 y
s.) y los dones del Espíritu Santo (ls. 11, 2, comp. con Rom. 8, 29), que son disposiciones sobrenaturales
para obrar cristia namente. Los dones se diferencian de las virtudes en que su princi pio dinámico es, de
modo inmediato, el Espíritu Santo.
La gracia de la que hemos hablado hasta aquí se denomina santifi. cante o habitual, pues nos constituye en
estado o hábito de santidad,
0sea, en comunión de vida y amistad con Dios. Digamos ahora que Dios, a lo largo de nuestra vida, nos
otorga también gracias actuales, que son ayudas o auxilios transitorios de orden sobrenatural. Se lla man
actuales porque por ellas realizamos actos de valor salvífico que nos
orientan a la gracia santificante (en caso de no haberla adquirido aún) ola acompañan impulsando toda
nuestra existencia cristiana.
4. LA SACRAMENTALIDAD
Dios, ordinariamente, nos otorga la gracia santificante a través de
los sacramentos recibidos en la fe. ¿Qué son los sacramentos?
Para entrar en profundidad en este tema, esbocemos primeramente
algunas reflexiones básicas sobre sacramentalidad.
La sacramentalidad es un plan de acción por el,que Dios se mani festó al hombre, lo salvóe hizo partícipe de-
su propia vida, valiéndose
de mediaciones al alcance del hombre, en consonancia con la naturaleza físicoespiritual de éste.
174
Dios es, como sabemos, un ser espiritualy trascendente. Para ha cerse oír y comprender por el hombre, hubo
de manifestarse a él a tra
vés de expresiones fisicas y humanas que fueran signo de su presencia
y acción divina.
¿Cómo llevó Dios a cabo este plan de "materializarse" y huma nizarse? En la antigua Alianza, El se valía de
portavoces, los profetas, alosquienes hechosinfundia salvadores su Espíritu asombrosos y comunicaba e
impactantes- su Palabra; de y también la historia de santa a los que, en su momento, nos hemos referddo.
Pero el acontecimiento máximo en el orden de la sacramentalidad fue la Encarnación por la que el Hijo de
Dios, la misma Palabra del Pa dre, se hizo hombre, vivió, sintióy pensó como hombre, habló a los hombres
en su propio lenguaje, y los salvó muriendo y resucitando co
mo hombre.
5. CRISTO, SACRAMENTO DEL PADRE, Y LA IGLESIA, SACRAMENTO
DE CRISTO
Por todo ello, Cristo es llamado el Sacramento del Padre, es decir, el medio natural y humano a través del
cual Dios hizo visible su presen cia salvadora y comunicósu gracia a los hombres.
Ahora bien: así como Cristo es el Sacramento del Padre, la lglesia es el Sacramento de Cristo. En efecto, ella
como prolongación del Hom bre Dios -humana y divina como El, es el signo visible e histórico a
través del cual obra Jesús por su Espíritu.
La lglesia cumple estafunción sacramental mediante siete celebra ciones de fe a las que suele denominarse
más corrientemente con el
término sacramentos.
6. LOS SIETE SACRAMENTOS
Los siete sacramentos son canales a través de los cuales desembo ca la acción salvadora de Cristo,
Sacramento del Padre, y de la lglesia,
Sacramento de Cristo.
Por su propia dinámica constitutiva, ellos poseen, a imagen de Cris to y de la lglesia, una estructura divino-
humana, constituida por la gracia del Espíritu que es participación en la vida de Dios, y el signo exterior y
sensible por el cual se expresan.
En este sentido podemos decir que los sacramentos son cristifor mes: llevan la impronta de Cristo: están
construidos sobre el paradigma
de la Encarnación.
7. HACIA UNA DEFINICION DE SACRAMENTO
Y ahora podemos avanzar hacia una definición: los Sacramentos son signos sensibles y comunicativos de la
gracia, instituidos por Jesucristo y dispensados por El, por medio de la lglesia, para hacernos partícipes
de la vida de Dios y desarrollarla en las diversas etapas, situaciones y tareas de nuestra existencia cristiana.
Expliquemos esta definición:
a) Dios nos manifestó sU amor no sólo otorgándonos el ser y la
vida humana, sino que, en su infinlta bondad, nos quiso elevar
asu propia esfera y hecernos partícipes de su vida divina, adop
tándonos como hijos suyos. Esto lo hizo enviándonos a nuestro salvador Jesucristo (misión pascual) y el
Espíritu santificador (misión pentecostal). Ya hemos hablado de ello. Esta participa ción en la vida de Dios y
en la filiación de Cristo nace y se de sarrolla en nosotros por la fe y los sacramentos que cubren toda la
existencia personal y comunitatia del cristiano santificándola
desde su nacimiento hasta su muerte.
b) Los sacramentos fueron instituidos y dispensados por Jesús, y.
al presente, siguen siendo acciones suyas, es decir, que El mis
mo realiza por ministerio de la lglesia. Dicho con otras palabras:
Cristo -sumo y eterno Sacerdote- es el ministro principal de
los sacramentos, cuantas veces se celebran; y se vale, en ello,
de un ministro secundario que actúa en representación suya: el
obispo (Confirmación y Orden), el presbítero (EUcaristía, Peni
tencia, Unción), el diácono (Bautismo) o un simple bautizado (Ma
trimonio).
c) Todos los sacramentos confieren la gracia santificante a quienes
lo reciben. Algunos de ellos la confieren por primera vez, o la
hacen recuperar si se la ha perdido por algún pecado mortal. Son
los sacramentos de muertos (el Bautismo y la Penitencia). Otros
sacramentos aumentan la gracia santificante ya existente: son
los sacramentos de vivos (la Confirmación, la Eucaristía, la Un
ción de los enfermos, el Orden Sagrado y el Matrimonio).
Además todos los sacramentos confieren la gracia sacramen tal, que consiste en la misma gracia santificante,
en cuanto se ordena a realizar el fin propio del sacramento.
Finalmente hay tres sacramentos (el Bautismo, la Confirma
ción y el Orden Sagrado) que imprimen en el alma un carácter, o sea, una marca espiritual indeleble (2 Cor.
1, 21 y s.; Efes. 1, 13 y 4,30), que es una participación en el sacerdocio de Cristo que confiere el poder de
realizar actos de culto cristiano. En razón del carácter, los sacramentos mencionados no pueden re petirse.
d) Los sacramentos expresan y comunican la gracia a través de sig
nos o formas materiales y visibles, hechas a la medida del ser
fisico unción espiritual con el santo del crisma hombre:(Confirmación), el lavado con laagua comida
(Bautismo), del pan lay
vino consagrados (Eucaristia), etc.
e) Los sacramentos no tienen como finalidad exclusiva la santifica
ción del hombre, sino también y sobre todo, el culto de Dios.
Ambas finalidades se hallan estrechamente vinculadas: el sacra
mento realiza el culto o adoración de Dios en la misma santifica
ción del hombre, ya que ¿staes consagración a Dios y comunión de amor con El. El carácter sacramental que
imprimen el Bau tismo, la Confirrmación y el Orden sagrado, orienta al cristiano
en esa dirección a Dios que es el fin último de todo sacramento.
8. ORDEN Y DISTRIBUCION DE LOS SACRAMENTOS
Los sacramentos se ordenan, como ya dijimos, a dispensar y desa rrollar la gracia de Dios y el nuevo orden
de Cristo a través de las di versas etapas, situaciones y tareas de la vida humana.
a) Sacramentos de inicisción: Tres de elios son de iniciación. Se
los denomina así porque se los recibe al comienzo de la vida
de fe, y desarrollan progresivamente la estructura sobrenatural
del creyente, es decir, el ser-en-gracia-basico que constituye al
cristiano en calidad de tal:
- El Bautismo es el sacramento de génesis. Por él, el nuevo
creyente da una respuesta afirmativa al Evangelio y se incor pora aCristo y a la iglesia, muriendo al pecado y
naciendo a la vida nueva de los hijos de Dios.
La Confirmación es un sacramento de maduración y mayorl
dad espiritual. Por ella el bautizado se vincula más perfecta mente a Cristo y a la lglesia, y recibe una fuerza
especial del Espíritu Santo para el ejercicio de su fe.
La Eucaristia es un sacramento de plenitud. En ella culmina la inserción en la lglesia del bautizado-
confirmado, que es ad mitido a la mesa común del Cuerpo de la Sangre de Cristo.
b) Sacramentos de curación: Entre los sacramentos hay dos que tienen carácter curativo, medicinal,
reconstituyente, y se orien tan a la recuperación de la vida de la gracia:
La Penitencia es el sacramento del perdón y de la reconcllla ción del pecador con Dios.
La santa Unción es el sacramento que alivia y reconforta al
cristiano debilitado por la enfermedad,y lo purifica de su fon
do de pecado.
c) Sacramentos para misiones especiales: Los dos sacramentos res
tantes se ordenan a surtir espiritualmente a los cristianos para
las misionesy tareas especificas que, según el lamado de Dlos, deben cumplir en la lglesia:
EI Orden sagrado es el sacramento que reclben los que son
llamados a ejercer una función jerárqulca -de enseñanza, gobierno y santificación en la glesia.
El Matrimonio es el sacramento que provee espiritualmente a los cristianos que constituyen sus hogares,
células de fe por las que se van sumando nuevos miembros a la comunidad
creyente.
9. RELACION ENTRE EL SIGNO Y LA GRACIA PARTICULAR DEL SACRA
MENTO
Nos hemos referido, en rápido esbozo, a la finalidad y gracia par
ticular de cada sacramento.
178
Ahora bien: en relación con el efecto que le es propio, cada sacra mento toma un signo visible que lo expresa
adecuadamente.
Así, el lavado de agua significa la purificación y la nueva vida de la gracia que genera el Bautismo. La
unción con el santo crisma expre sa la fuerza del Espíritu con que es investido el nuevo soldado de
Cristo por la Confirmación. La comida del pan y vino consagrados, es signo exterior del banquete espiritual
en el que la comunidad cre yentese alimenta de Cristo. Nuevamente la unción del cuerpo enfer mo indica el
allvio yla fortaleza que otorga Jesús al cristiano debi
litado.
En otros sacramentos no se emplean elementosro sustancias teriales. El signo está constituido por un gesto0
una acción. Por ejemplo, la imposición de las manos con que el obispo confiere el Orden sagrado expresa el
llamado de la lglesia y la comunicación de los poderes jerárquicos. La Penitencia está hecha a modo de
juicio, en el que el pecador confiesa su culpa y el sacerdote da sentencia absolutoria acompañada de una
satisfacción: así quedan significados la conversión del pecador y el perdón de Dios que son específicos de
este sacramento. Finalmente el Matrimonio se celebra en for ma de alianza entre un hombre y una mujer, que
es signo eficaz de laalianza santificante de Dios con su Pueblo.