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Omega De... Egaverse

La historia se desarrolla en el reino ficticio de Adaman, donde la sociedad está dividida en alfas, omegas y betas, con omegas que ocupan roles importantes y no son sumisos. El relato sigue a Park Jimin, un joven gay que lidia con la presión de su hermana menor, obsesionada con emparejarlo, mientras descubre un libro sobre el 'omegaverse' que desafía sus concepciones sobre el amor y la sexualidad. A través de esta narrativa, se exploran temas de identidad, aceptación y la normalización de las personas trans en un entorno sin discriminación.

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Omega De... Egaverse

La historia se desarrolla en el reino ficticio de Adaman, donde la sociedad está dividida en alfas, omegas y betas, con omegas que ocupan roles importantes y no son sumisos. El relato sigue a Park Jimin, un joven gay que lidia con la presión de su hermana menor, obsesionada con emparejarlo, mientras descubre un libro sobre el 'omegaverse' que desafía sus concepciones sobre el amor y la sexualidad. A través de esta narrativa, se exploran temas de identidad, aceptación y la normalización de las personas trans en un entorno sin discriminación.

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||INTRODUCCIÓN

La historia tiene lugar principalmente en el reino de Adaman, un lugar ficticio que


sólo existe dentro del libro de la hermana menor de Jimin.

En él hay criaturas mágicas y personas alfas, omegas y betas; Y esta división social es
un poco diferente de lo que se ha visto en otras historias. Aquí los omegas no son
absolutamente sumisos, también tienen papeles importantes en la sociedad (reyes,
soldados, matriarcas y patriarcas de clase) y se diferencian física y mentalmente de
los alfas y betas, pero no de modo que sean débiles e inferiores (en la historia será
mejor tratado y explicado).

En este fanfic hay personas transgénero (cuyo sexo difiere de los genitales sexuales).
En el reino de Adaman no hay discriminación entre las personas cis y trans, porque,
mientras la autora estaba creando esta historia, pensó en esto: en el mundo real, el
embarazo es la causa de muchos de nuestros pensamientos estereotipados sobre el
género femenino y masculino. "El papel de la mujer es tener hijos ", dicen los más
conservadores. Por lo tanto, en un mundo donde tanto las personas con senos y vagina
y las personas con pene pueden quedar embarazados (omegaverse). No hay razón
para que tales estereotipos existan.

Y por ser tan natural la presencia de las personas trans en "Omega de Plata", algunos
personajes así y sus "diferencias" pueden pasar desapercibidas durante la lectura. Los
principales que me gustaría citar aquí es a un Omega llamado Lu Keran, que es un
chico trans, y a la madre de Jungkook, Wang Nara, una mujer intersexual (Tiene
características de ambos sexos). En esta historia estas personas no son recordadas
por ser trans, porque esto es absolutamente normal para todos los que viven o vivían
con ellos, sino por sus acciones y personalidades.

Fuera de esa característica, todo lo demás es exactamente igual a cualquier otro


omegaverse.

Ahora, se presentarán los clanes de Adaman.

Clan Wang
Lobos de Tierra
Clan Jeon
Lobos Nocturnos

Clan Min
Lobos del alba
Clan Jung
Lobos de Hierro

Clan Kim
Lobos de acero
Clan choi
Lobos de mar

Ahora, tenemos un árbol genealógico para que puedan situarse mejor en la historia

Me dió flojera traducir, pero creo que sí se entiende fácilmente lo que dice. Jsjsjshjs
Y por último: Una breve introducción sobre el Kookmin y sus personalidades

Park Jimin tiene 24 años, es estudiante de química y es un nerd de tiempo completo.


Es un tipo que le gusta la lógica y sólo soporta los acontecimientos surrealistas si
están sucediendo dentro de un juego, libro o cómic. El chico es arisco y tiene algunas
ideas bastante opuestas.

Jeon Jungkook comienza la historia a la edad de 23 años, es el rey soberano de


adaman y un alfa incompleto. Debido a este último detalle, su personalidad es la de
una persona apática y muy trabajadora, siendo intimidante y amenazante sólo para
quienes se lo merecen.

El Kookmin de ODP son dos opuestos complementarios, uno prefiere la lógica y el otro
cree en antiguas leyendas y mitos. Imagínense lo que puede salir de esto...

Para spoilers y demás cosas, pueden seguirme en mi Instagram. Aparezco con este
mismo usuario @kookiesmiless es la introducción a la historia. Ya tengo el primer
capítulo y espero que sea de su interés. Les agradecería si comentan, votan o
comparten.

Espero les guste mucho. Mañana arrancamos con el cap 1

Muchas gracias a K_M_R_Leda por permitirme hacer esta traducción. Y a Darkkuyy


por la hermosa portada
|1|| Érase una vez...

Para Park Jimin, pocas cosas son peores que ser un chico gay en una sociedad
conservadora. Definitivamente no es fácil tener que reprimirte todo el tiempo, sobre
todo cuando te gusta alguien. Cuando te gusta de verdad.

Sin embargo, en su caso, un poco peor que eso es ser un chico gay en una sociedad
conservadora y, contradictoriamente, tener una hermana menor adicta a las novelas...
¡Gays!

"Oh, pero ¿Eso no debería hacer la vida de Park Jimin más fácil?" El chico a veces
también pensaba exactamente así, porque, después de todo, terminó teniendo algunos
privilegios, como el apoyo y la aceptación de un familiar cercano. Sin embargo, ser el
hermano mayor de una chica loca y fujoshi como Park Yeseo le alteraba los nervios
todo el tiempo, 24/7, desde el día en que se enteró de la homosexualidad de su amado
hermano.

A partir de ese momento, Yeseo comenzó a formular una tabla de chicos que serían
perfectos para Park Jimin, trazando metas de cómo unir a su hermano con el vecino, o
con el cantante del bar de la esquina. Cualquier hombre que se viera mínimamente
gay cerca de Jimin, Yeseo iría allí y shippearía a los dos, crearía fanfics, los dibujabría
besándose y etc. Era realmente problemático.

"No debí haberle contado" Pensaba Park Jimin todo el tiempo, sintiendo el sabor del
arrepentimiento.

Aunque, en medio de esta locura orquestada por su hermana menor, Jimin había
conocido a algunos chicos geniales, tales envolvimientos siempre terminaban
rápidamente, porque Yeseo simplemente no dejaba de inmiscuirse en las citas y
paseos que tenían lugar entre estos chicos y su hermano mayor. La niña era
demasiado curiosa y, digamos, demasiado soñadora, porque siempre trataba de hacer
realidad las parejas homosexuales que encontraba en las novelas que leía e imponer
esas narraciones a la vida amorosa de Park Jimin.

—Entiende, por milésima vez, que ninguno de esos chicos cruzarán esa puerta y
gritarán que están enamorados de mí, porque, primero: no me dejas salir en paz;
Segundo: la vida real no es ese cuento de hadas que te imaginas; Y tercero: nadie con
conciencia hace eso, Yeseo-ah —dijo el joven Park, alborotando el cabello de su
hermana menor, que estaba sentada a su lado en el sofá.

Los dos estaban discutiendo otra más de las casi relaciones de Park Jimin que se
estaba desmoronando.

—Si está enamorado no le importará su conciencia, hermano... Sé que el surfista con


el que saliste por última vez no le eras indiferente. ¡Él volverá, sé que lo hará! —dijo la
pequeña Yeseo dando brinquitos, haciendo que las almohadas del sofá se agitaran.

Jimin entonces pasó su mano por su rostro y rodó los ojos. Sólo quería que esa chica
dejara esas fantasías de relaciones gay de una vez por todas y lo dejara en paz,
leyendo su comic favorito de morbius, un super villano vampírico poco conocido en
comparación con otros villanos. No es que fuera malo, Park Jimin amaba las cosas
nerds exclusivas y raras.

Sin embargo, Park Yeseo tenía 12 años de mucha obstinencia. Alejó el cómic de las
manos de Jimin y se lanzó sobre él, lloriqueando.
Jimín entonces suspiró profundamente y continuó leyendo, pero algunos de sus
pensamientos continuaron en esa discusión.

—Mira, Yeseo... Tienes que ser un poco más realista, porque pronto serás una adulta.
Para gente como yo, las cosas no son como esas series bl tailandesas que ves. Ósea, no
voy a encontrar el amor de mi vida sólo con ver a alguien. Es difícil ser cercano a otro
tipo, porque no sé si él también va a estar interesado en mí o si va a ser un idiota
homofóbico conmigo, ¿Sabes? —dijo el chico con calma frente a la imagen del vampiro
morbius dibujada en la portada del cómic.

—Lo sé... —Yeseo murmuró, triste. —Perdón... Y lo siento por ser tan intrusiva, es tan
difícil ver una pareja de chicos aquí donde vivimos... Y creo que sería tan lindo...

Park Jimin terminó sonriendo, mirando a su hermana menor con una sonrisa.

—Tengo suerte de tenerte, Yeseo... —concluyó en aquel momento.

La niña se alejó, finalmente dejando a su hermano solo en el sofá, leyendo el cómic.


Pero antes de alejarse a encerrarse en su habitación y leer un gran fanfic. Yeseo hizo
un pequeño comentario:

—El mundo sería mucho más interesante y sencillo si el universo omegaverse fuera
real, humm... —lanzó con arrepentimiento, y subió al segundo piso de la casa.

Cuando Jimin escuchó eso, frunció las cejas, mostrando confusión.

"¿Universo omegaverse? ¿Qué es eso...? ¿Es un dibujo?... Sólo espero que sea infantil,
Yeseo está viendo un montón de cosas inapropiadas para su edad... "pensó Jimin para
sí mismo y pasó la página del cómic para leer la siguiente.

Más tarde ese mismo día, Jimin hizo las actividades de sus compañeros en el curso de
química, porque ganaba una buena cantidad de dinero por cada página respondida. El
chico usaba ese dinero para recaudar fondos que en el futuro utilizaría para nuevos
comics, mangas, videojuegos, etc.

Mientras respondía las preguntas -demasiado fáciles para su prometedor intelecto-


,estaba debatiendo, a través de su móvil, con su amigo del grupo RPG de un juego en
línea.

— ¡Dios, Taehyung! ¿Cómo esperas que defina las posiciones para el próximo juego?
Nuestro grupo tiene pocas personas, y siempre sobra un lugar. Necesitamos encontrar
a alguien bueno para ser parte de "los lobos" -ese era el nombre del cuarteto que se
reunía cada fin de semana para una competencia en línea-. Jimin tenía suficiente
perseverancia para soñar que un día llevaría a sus amigos a un campeonato oficial.

Cuando el joven gamer y estudiante se distrajo para girar la silla de ruedas donde
estaba sentado, la Señora Park, su madre, entró en la habitación trayendo un
sándwich con un vaso de leche caliente.

—¡Mamá! —Jimin inconscientemente se puso tenso y cerró el cuaderno donde


respondía preguntas de otras personas de su clase, porque no quería que sus padres
supieran de sus pequeños trucos. Jimin también cortó la llamada con Taehyung en un
acto accidental.

—¿Haciendo el trabajo de la universidad, querido? —claro que la señora Park no lo


descubriría todo con un solo vistazo. Ella se sentía muy orgullosa de su hijo
inteligente.

—Claro, ma-mamá, jeje... —dijo mientras tomaba la copa y el plato de comida de las
manos de la mujer. —¿Qué sucede? Siempre me dices que coma en la cocina...

—Oh, necesito que hagas algo por mí. —dijo ella con una bonita sonrisa.
—Ah, entiendo... ¿Y qué es?

—Tu hermana fue a la casa de una amiga de la escuela para hacer un trabajo. Parece
que hoy es también el cumpleaños de esa niña, y Yeseo se olvidó de llevarse el regalo.
¿Puedes ir a entregarlo? La casa de la niña está a tres cuadras de aquí. Tu padre ya se
fue a trabajar, y tengo que terminar de hacer los pasteles que la vecina encargó... —
dijo la señora Park.

—Hmm, está bien... aprovecharé para correr un poco. —decidió Jimin.

Después de comer el sándwich y beber la leche, y cambiarse la ropa de quedarse en


casa por las del gimnasio, Park Jimin caminó a la habitación de Yeseo para tomar el
regalo que la niña había olvidado llevar.

—Ah, Yeseo dijo que había dejado el paquete encima de su armario. —había dicho la
Señora Park.

Cuando entró a la habitación de su hermana menor, se encontró con muchos arcoíris


dispersos por la habitación, un fuerte olor a perfume dulce, varios animales de
peluche en la cama y docenas de carteles de anime y serie BL.

Ese lugar era muy diferente de la habitación del joven Park, que tenía un olor más a
cítrico y leve, con figuras de acción decorando sus estanterías de libros y comics, y
una pared ilustrada con algún arte oficial del juego Destiny.

Park Jimin pasó a través del recinto lindo y colorido hasta llegar al armario de Yeseo.
Ya avistando el presente encima de las sábanas plegadas, justo en la parte superior de
los muebles, el chico se inclinó para alcanzarlo, levantando la mano hasta tocar el
paquete brillante. Cuando lo consiguió, Jimin lo levantó y, sin querer, acabó llevando
también algo que estaba guardado muy atrás.

Era un libro que desafortunadamente tenía una tapa dura y muchas páginas. El tirón
dado por Park hizo que el objeto volara por encima de él, golpeándole la cabeza. Jimín
cayó al suelo con todo y vio estrellas durante todo un minuto a causa del golpe.

—Dios mío del cielo, maldita cosa... —el joven Park miró a un lado y vio el libro abierto
de par en par en el tapete de la habitación. Una figura peculiar llamó su atención y le
hizo olvidar momentáneamente el golpe punzante en su frente.

La figura era de dos hombres besándose.

Bueno, esto no era algo inusual de ver en la habitación de Park Yeseo, ni era
realmente problemático; porque, después de todo, desde la infancia estamos
acostumbrados a ver parejas heterosexuales besándose, así que las parejas LGBT
también deberían ser tratadas de la misma manera.

Resulta que el beso no era sólo un beso. Eran dos hombres que estaban desnudos, y
uno de ellos parecía estar convirtiéndose en una bestia, con garras, pelo, ojos rojo-
incandescentes, y una cola lobuna. Era un dibujo muy erótico e intenso para estar en
un libro de una niña de 12 años.

—Park Yeseo, ¿Qué estás leyendo...? —Jimín comenzó a hojear las páginas, mirando los
dibujos que decoraban los párrafos.

Algunos eran comunes y muy hermosos, como la figura de un inmenso reino y un


majestuoso castillo que tomaba dos hojas enteras de ese libro. Ya otros eran tan
reveladores y explícitos que Jimín quedó boquiaberto.

—¿Dónde consiguió este libro? —el joven Park estaba en shock.

Fue entonces que fue atraído por el título del capítulo llamado "introducción al
universo omegaverse"
— "Universo omegaverse" —Jimin recordó el comentario que Yeseo había hecho horas
antes ese mismo día.

Cuando leyó algunas líneas de esa página, sus ojos prácticamente casi saltaron de sus
órbitas:

"Cuando el celo del individuo alfa comienza, va tras su omega como una bestia
sedienta, y puede incluso matar si es necesario para alcanzar a su compañero.
Cuando lo encuentra, el alfa toma al omega durante una semana entera, en la
que se envuelven en profundas noches de amor, lujuria e instinto. El deseo de
la carne arde principalmente entre las parejas predestinadas, unidas para
siempre con el vínculo ".

—Jesús... —Park Jimin estaba perplejo.

—¿Así que si existen este tipo de lecturas? —Jimin encontró la cosa más extraña del
mundo. Y no sólo eso, estaba sorprendido por el hecho de que su hermana de 12 años
estaba leyendo un libro tan... Adulto.

—¡Park Yeseo, estás frita! —exclamó y se levantó de un salto, colocando en sus brazos
el presente y aquel libro tan absurdo.

El chico iría hasta la casa de la amiga de Yeseo y le preguntaría a su hermana sobre la


existencia de ese ejemplar infame y erótico que había encontrado entre sus cosas.
Como hermano mayor, tenía el deber de protejer la inocencia y la infancia de la
mocosa fujoshi.

Park Jimin entonces salió de la habitación con esa carga y atravesó la casa pareciendo
un camión descontrolado. Aprovechó los tenis que llevaba para correr un poco por el
atajo que lo llevaría directamente a la residencial donde se encontraba la casa de la
amiga de su hermana. Tal camino pasaba por medio de un parque que estaba en el
centro del barrio. Allí era hermoso, lleno de árboles con hojas coloridas, arbustos
podados, bancos para socializar y juegos infantiles.

El parque siempre estaba bastante concurrido, y Park Jimin disfrutaba de la presencia


de tantas personas mientras hacía sus ejercicios por allí. Sin embargo, curiosamente,
esa tarde el lugar estaba completamente desierto.

—Ah... Qué extraño. —dijo Jimin mientras se movía por un camino de piedras que
adentraba en un área rodeada de plantas y árboles robustos. Allí, notó que parecía
incluso más silencioso y vacío, ni siquiera se escuchaba el sonido de las cigarras, y
una niebla húmeda comenzó a envolverlo.

Con el rostro fruncido, el chico pensó en dar la vuelta y seguir un camino diferente.
No es que Jimin tuviera miedo, ni mucho menos, pero de alguna manera se sentía
aprensivo.

Fue entonces que, cuando Park se dio la vuelta para volver, se tropezó con una raíz
expuesta y fue directo al suelo. El chico se desmayó inmediatamente.

Era ya de noche cuando se despertó y, curiosamente, ningún transeúnte había pasado


por allí y visto al jóven desmayado y herido entre los arbustos del parque.

La niebla parecía más espesa y el frío recorría su ropa, helando los vellos de todo su
cuerpo. Park Jimin tembló mientras se levantaba para sentarse en la hierba cubierta
de rocío.

—Aish... —rezongó, sintiendo que su frente latía a causa del corte fresco que había en
ella.

Jimin tanteó sus bolsillos traseros en busca de su celular para ver qué hora era.
Cuando lo encontró y presionó la pantalla para encenderlo, el dispositivo brilló y el
reloj fue mostrado. Para su completa sorpresa, ya eran más de las diez de la noche.

—¿Cómo así...? Me desmayé todo este tiempo!? —El chido exclamó, y pronto se sintió
golpeado por otro dolor de cabeza. El golpe causado por la caída había sido fuerte,
Jimin llegó a la conclusión de que su frente debió golpear la punta de una de las
piedras esparcidas por el verde césped.

Genial, pensó irónicamente, recordando todas las cosas que debería haber hecho esa
tarde.

—Ya es tarde, mejor voy a casa, luego discutiré este libro con yeseo... —decidió Jimin,
levantándose de la hierba con un poco de desequilibrio.

Tan pronto como puso el paquete del regalo y el libro grueso en sus brazos, el chico
salió, tomando el camino de vuelta para casa.

Después de varios pasos por el sendero que apareció frente a él, Jimin encontró algo
completamente extraño, mucho más que antes de desmayarse. El sendero estaba
ahora deshecho, el pavimento siendo reemplazado gradualmente por piedras comunes
dispuestas al azar, como si estuvieran allí por la acción de la naturaleza, y no por el
ser humano. Los árboles también parecían más grandes y con densas copas, como si
nunca hubieran sido podados, y ese cruce ahora podía considerarse más como un
sendero en un bosque salvaje que a través de un parque en medio de un barrio
civilizado.

Jimin encendió la linterna de su celular con la intención de obtener una mejor visión
de la escena frente a él. Entonces notó austado, que no había bancos ni juegos para
niños, sólo bosque, bosque y bosque. La luna llena estaba encima de él, iluminando el
cielo nocturno con un extraño resplandor casi rojo.

—¿Una luna de sangre en esta época? —Jimin se preguntó, refiriéndose al fenómeno


natural que de vez en cuando hacía a la luna un poco roja. A pesar de que él era un
hombre de ciencia, al joven Park le gustaba utilizar este dramático término para
referirse al evento.

Después de caminar mucho, sin poder salir de ese bosque oscuro y ostil, el chico
decidió utilizar el GPS del teléfono móvil.

—Hey, mobiu. —llamó Jimin al asistente de android de su teléfono. Él lo había


nombrado así en homenaje de, por supuesto, morbius de los cómics.

—¡Buenas noches! —la pantalla del aparato se encendió al mismo tiempo que su voz
artificial respondía al joven Park.

—Dime dónde estoy... —ordenó.

En dos segundos el celular vibró en su mano.

—No hay conexión a Internet. Encuentre un punto de acceso. ¿Le gustaría escuchar
sus canciones guardadas mientras tanto? —el asistente sugirió con su caballerismo
preprogramado.

Jimín no contestó, sólo miró la barra vacía en la esquina superior del teléfono
inteligente y se dio cuenta de que realmente no había ninguna señal en ese lugar.

Extraño. ¡Demasiado extraño!

¿Podría haber sido arrastrado allí por alguien con malas intenciones? ¿O alguien
quería jugarle una broma? A Jimin no se le ocurrió nada más lógico.

Fue entonces que sus atormentados sentidos captaron un sonido a pocos metros de
donde estaba. Jimin apresuró su paso para tratar de acercarse a él y ver si podía
encontrar a alguien que pudiera ayudarlo.
En ese momento, una gran figura surgió de las sombras del bosque. Park Jimin no
estaba preparado para visualizar la aparición de un joven hombre montando en un
enorme lobo gris. La bestia de cuatro patas corría a toda velocidad, pero el hombre en
él no parecía estar perdiendo el equilibrio. Además, parecía estar sosteniendo algo en
sus brazos mientras miraba hacia atrás con un semblante tenso, como si estuviera
escapando de algo.

Ese dúo extraño y apresurado pasó frente a Jimin a la velocidad del sonido. Por un
nanosegundo, él y el joven intercambiaron miradas asustadas y sorprendidas.

Park, con su linterna y su equipaje, quedó paralizado con la escena. Él nunca había
visto a nadie montar un lobo antes, ¡sobre todo a un lobo tan absurdamente grande!

Luego, viniendo de la misma dirección en la que había aparecido el jinete del lobo,
aparecieron decenas de personas con trajes medievales de batalla que harían justicia
a un episodio de "Juego de tronos ". Llevaban lanzas y espadas cuyas laminas
reflejaban la luna llena. Por un instante, Park Jimin dudó.

No pueden ser armas reales, ¿Verdad? Jajaja.. Pensó, un tanto nervioso.

El chico entonces imaginó que, de alguna manera, se había adentrado a un set de


grabación en medio de seúl. Debido a la calidad de la ropa y el hecho de que incluso
estaban utilizando un verdadero lobo para las escenas de acción, esta debería ser una
gran producción.

Cuando las decenas de personas con túnicas de guerrero llegaron a pocos metros de
Park Jimin, se paralizaron y lo enfrentaron confusos, pero sin bajar las armas.

—¡Hola! ¡Buenas noches! Lamento interrumpir la grabación de su película, pero estoy


perdido. ¿Puede alguien decirme qué barrio es este? —el joven preguntó,
inocentemente.

Los guerreros se miraron, fruncieron el ceño y uno de ellos gritó.

—¡No pierdan el tiempo! ¡Siganlo!

Aquella multitud enfurecida se precipitaron hacia atrás en ese mismo instante,


levantando sus espadas, dispuestos a pasar por encima de Jimin sin dudarlo.

Con esto, el chico levantó los brazos, en una actitud corporal automática de defensa, y
así también levantó la mano que sostenía el teléfono celular con la linterna encendida.
La luz blanca y fuerte del dispositivo golpeó los ojos de los guerreros, que gritaron
asustados y dieron varios pasos atrás.

—¡Es un demonio!

— ¡No, no! Hoy es la luna de sangre, por lo que sólo puede ser él!

—¿El ser de las leyendas??

—¿Podría ser el mismo? —Esas personas estaban hablando de Jimin. Mientras


sostenían sus lanzas y espadas, se veían bastante intimidadas.

¿De qué están hablando estos tipos? Park Jimin pensó, tragando en seco. Nadie
parecía ser mentalmente normal para el muchacho.

Hasta que uno de ellos comenzó a acercarse a él, dando un paso a la vez, como si
estuviera acercándose a un león hambriento.

Cuando se paró a un brazo de distancia de Jimin, el hombre mostró una sonrisa alegre
que intentaba parecer confiable.

—Si-si realmente fuera él, se habría invocado a un ejército de seres del bosque. El rey
de Adaman debe estar tratando de distraernos. —dijo, y Park Jimin abrió la boca para
interrogarlo sobre toda esta locura, pero el guerrero loco levantó la voz para hablarle
al chico, como se hace cuando se está desesperado. —¡VUELVE AL LUGAR DE DONDE
VINISTE!

El grito estridente asustó al joven Park y activó el sistema móvil una vez más, que
reconoció
La palabra "volver" del discurso del hombre y buscó entre las canciones de la playlist
de Jimin una cuyo título contenía algo referente al verbo "volver ".

En dos segundos la canción Back In Black, de AC/DC, resonó en el último volumen en


medio del bosque, para el asombro de todos excepto Park Jimin. El sonido de la
guitarra, en la mente de aquellos guerreros, se asemejaba a los rugidos de animales
feroces, la batería era como un trueno del más allá y el canto del vocalista Brian
Johnson era como una poderosa invocación llena de ira.

Las docenas de guerreros salieron corriendo, huyendo de Park Jimin y la amenaza que
vieron en él. Algunos incluso gritaron," ¡Es él!"," ¡Él vino!"," ¡Vino a matarnos!"

Cuando desaparecieron en el bosque y todo quedó en silencio de nuevo, Jimin


parpadeó, aturdido, y frunció las cejas.

¿Qué mierda acaba de pasar...? Su cabeza giraba como un carrusel.

El chico paró la música del celular y suspiró profundamente, dándose cuenta de que
tendría que encontrar el camino a casa solo. ¿Pero cómo? Se preguntaba. Era tarde y
la noche era demasiado fría. No había señales de casas cerca, ese lugar casi parecía
un bosque sin fin.

Mientras Jimin se perdía en sus pensamientos en busca de una solución a su gran


problema, la figura que había aparecido antes, ese joven montado en el lobo, se había
escondido detrás de un arbusto cubierto por la niebla de la noche, y observaba a Park
Jimin con una pelea creciendo en su pecho.

Resulta que, desde el momento en que miró al chico, ese joven sintió la necesidad de
quedarse ahí para ver qué pasaría. Vio todo desde el momento en que la linterna
iluminó a los soldados hasta cuando AC/DC sacudió los tímpanos de todos. Y así como
los corazones de los guerreros que salieron corriendo, el suyo también latió más
fuerte.

La leyenda... ¿Entonces era real...? El joven pensó, con una mezcla de euforia y
nerviosismo ardiendo en sus venas.

Un minuto más tarde, Jimim escuchó los pasos y miró hacia atrás. Con eso, vio la
figura masculina desconocida salir detrás del arbusto. El chico se alejó de un salto,
asustado, y levantó los brazos en una actitud defensiva que vio a personajes de juegos
hacer varias veces cuando iban a pelear.

—Ho-hola...—Jimín usó un tono cauteloso para hablar con el joven desconocido que
salió de las sombras —¿Sabes qué lugar es este? Necesito encontrar mi casa...

—¿Casa ...? —el desconocido habló, e inmediatamente después abrió los ojos en jubilo,
como si hubiera entendido algo. —¿¡Hogar!?

—¿Qué? Ah... Hogar. Sí, mi "hogar ". Quiero encontrar mi hogar.— Jimin intentó usar
la palabra para comunicarse mejor con el otro hombre, porque parecía entender mejor
así.

Sin embargo, para su completa confusión, ese extraño se quedó con una expresión
aún más extraña en su rostro, que era una mezcla de comprensión, asombro y
agitación.

—La leyenda es real... ¡Es real! —El joven se ruborizó, frotando su mano sobre su
cabello, quitándose el sudor de la frente. Entonces levantó la vista y miro a la luna
roja, que, en ese momento, salía de detrás de una nube e iluminaba aquel rincón del
bosque con su resplandor escarlata.

Justo en ese momento, Park Jimin vio más detalles del joven frente a él. Él, al igual
que las personas que habían aparecido antes, llevaba un atuendo de batalla medieval,
pero con diferencias algo llamativas. La armadura perfilaba mejor su cuerpo -¿o era su
cuerpo robusto y fuerte el que hacía que la prenda pareciera más anatómica? -, y era
mucho más elegante, con la superficie negra decorada por detalles estampados
cubiertos por una capa gris llena de piedras rojas. Todo era tan brillante que hizo que
Park Jimin se preguntara si podría ser plata y rubí de verdad.

Aparte de su ropa, su aspecto era definitivamente distintivo. Su pálida piel se tornó


rosácea debido al color de la luna, y su pelo negro reflejaba esa luminosidad carmesí
en algunos mechones, que bajaban hasta llegar a su mandíbula y flotaban alrededor
de su cabeza por la acción del viento nocturno. Mientras el joven desconocido miraba
el satélite natural que había sobre ellos, Park Jimin no dejó de notar que los ojos del
joven desconocido eran hermosos, grandes, oscuros y parecían estar maravillados por
algo. Incluso parecían felices.

—Ehm... Disculpa... —Jimin tuvo que llamar la atención del otro hombre, ya que
parecía que la situación se prolongaría toda la noche si nadie estaba dispuesto a
hablar.

El joven inmediatamente devolvió la mirada a Park Jimin, esta vez un poco


desconcertado por su distracción de hace unos segundos.

Ya seguro de que por fin tendrían una conversación productiva, Park se sobresaltó
cuando vio que el joven que tenía delante se arrodillaba sobre una pierna, inclinaba la
cabeza y se ponía la mano en el pecho, al nivel del corazón.

—Hemos esperado tu magnificencia durante tres generaciones de cambiaformas. He-


he sudo preparado toda mi vida para este momento tan surrealista, pero las palabras
se me escapan en este momento, pues mi corazón salta de mi boca.—el desconocido
habló, sin levantar la cabeza.

—¿Qué? Alto ahí... —Jimin dio un paso atrás, al darse cuenta de que estaba lidiando
con otro loco.

—Tal como dicen las tabletas: "Vendrá en la luz roja de la noche, trayendo consigo el
brillo de la luna y las voces de su ejército espiritual. Vendrá a dejar su sabiduría
celestial a los privados y a encontrar su hogar. Él vendrá a proteger, fortalecer, guiar y
unirse al soberano Alfa en los días de tempestad que abrazarán a Adaman. —Dijo el
otro, conteniendo la emoción del discurso.

Entonces el joven se levantó, casi en un salto, y sonrió a Jimin, mostrando sus bancos
dientes y estirando sus labios sedosos.

—Eres tú... Los cielos te han traído a mi. —dijo, en jubilo... —Eres mi omega de plata.

Y arrancamos con esta traducción. Espero que el primer capítulo les haya resultado
entretenido.

Si le gusta les agradecería mucho si apoyan la historia.

PD: Ya vieron el teaser!????

[Link]
|2||Pero él no es un Omega

Park Jimin podría jurar que su cara era de completa estupefacción.

Desde pequeño le enseñaron a tratar a todas las personas, incluso a las más raras y
groseras, con gran cortesía y caballerosidad. Por eso era raro que el chico cometiera
el error de dejar ver en su rostro sus verdaderos pensamientos sobre alguien.

Sin embargo, en esa situación, era difícil no mostrar algo de extrañeza. No después de
haber escuchado un discurso tan extraño de alguien aún más extraño.

"Tal como dicen las tabletas: Vendrá en la luz roja de la noche, trayendo consigo el
brillo de la luna y las voces de su ejército espiritual. Vendrá a dejar su sabiduría
celestial a los privados y a encontrar su hogar. Él vendrá a proteger, fortalecer, guiar y
unirse al soberano Alfa en los días de tempestad que abrazarán a Adaman. Eres tú...
Los cielos te han traído a mí. Eres mi omega de plata."

Las palabras del joven delante de Park Jimin todavía resonaban dentro de la cabeza de
este último, repitiéndose como una estrofa aburrida de alguna música sin sentido.
Parecía una especie de premonición que a menudo Jimin encontraba en libros de
fantasía y mitología, como Percy Jackson y harry potter, pero con un giro romántico
que dejaba la cosa un tanto desconcertante.

Pero lo peor de todo fue reflexionar sobre el último discurso.

¿Qué es un "omega de plata "? ¿Y qué hay de "MI omega de plata"? Una pequeña
alerta en la mente del joven Park comenzó a palpitar.

Viendo que el chico delante de él lo miraba con expectativa, Jimin se rascó la frente y
decidió decir algo.

—Mira... He entendido un total de cero cosas de lo que dijiste. Las únicas tabletas que
conozco son las de los 10 mandamientos ¿Y qué es esa cosa de alfa y omega? ¿Estás
dictando el alfabeto griego?

La expresión radiante del otro joven comenzó a desvanecerse, siendo reemplazada por
una mezcla de vacilación y confusión.

—T-Tu... Quiero decir, ¿Su magnificencia no conoce la profecía? —Preguntó, confuso.

—¿Profecía? —Park Jimin contrajo el ceño al máximo. Lo único que le impedía concluir
que el otro chico tenía unos tornillos menos en su cerebro era el hecho de que parecía
bastante lúcido, con ojos vivos y centrados, llenos de una energía atrayente, pero no
embriagadora.

Con eso en mente, los pensamientos de Jimin fueron tras lo que podría ser la última
respuesta apropiada a esa situación.

—Oye, ¿es esto una especie de bosque cinematográfico de casualidad? Están filmando
por aquí y terminaste confundiéndome con un actor, ¿no? Por eso dices esas cosas
absurdas con tanta seriedad... Estás practicando tus diálogos conmigo, ahora lo
entiendo.

—Un... "Cinemato...", Uhm...? El otro chico estaba confundido.

—Amigo, quedé muy impresionado con las instalaciones de este lugar y con ese
enorme lobo que estabas montando antes. ¡Ni siquiera sabía que había lobos así de
gigantes! Pero mira, no soy ni un actor ni un extra, sólo estoy aquí porque... En
realidad ni siquiera sé por qué. Sólo quiero ir a casa, estoy cansado, con frío y
hambre. —dijo Jimin, forzando una sonrisa.

El otro joven tardó un largo segundo en conseguir decir algo.

—Ehm, su magnificencia dice cosas muy complicadas, a mi, un simple mortal... Pero
entiendo que deseas ir a un lugar donde puedas descansar. Espero que mi palacio esté
a su altura. —dijo, poniendo la mano sobre su pecho.

Park Jimin dejó salir otra mueca y respiró hondo. profundamente.

Vale, este tipo está totalmente loco. Aquí está lleno de gente loca, pensó.

—Bieen... ¿Sabes qué? Sería descortés de mi parte pedirte que me muestres tu...
palacio... Ni siquiera nos conocemos, y no sé tu nombre, así que seguiré mi camino y
adiós. —con un gesto de su mano, Jimin le dio la espalda al otro joven y se giró para
alejarse de allí.

—¡Espere! —el otro habló, aturdido, y corrió a colocarse de nuevo ante Jimin. Cuando
lo hizo, se arrodilló de nuevo y habló de modo apresurado. —Siento mucho la falta de
decoro, y-yo debí haberme presentado adecuadamente. Soy Jeon Jungkook, quinto hijo
del clan Jeon y soberano de adaman. Me siento honrado de haber sido elegido por los
cielos para ser su guía en el mundo mundano.

Esa fue la gota que derramó el vaso. Park Jimin comenzó a reír hasta doblar su cuerpo
y sintió dolor en el estómago.

—¡Pff! Hombre, esa estuvo buena, en verdad... Hablastes tan maravillosamente que
casi me lo creí por un segundo, jajaja... —Jimin dijo entre una risa y otra.

Todavía de rodillas, el joven que se hacía llamar Jeon Jungkook parpadeó varias veces
y frunció el ceño. Teniendo una ligera impresión de que no estaba siendo tomado en
serio, se levantó del suelo y se sacudió.

—Todo lo que digo es cierto, no entiendo lo que te hace reír...

—Claro, claro. Haha... —Jimin se limpió una lágrima en el rabillo del ojo. —Tú eres un
rey y ese lobo que apareció antes es tu fiel escudero, claro... En fin, fue agradable
conocerte, pero me estoy distrayendo. Buena suerte con tu película, eres un actor muy
convincente. —Jimin dió palmaditas en el hombro de Jeon Jungkook y puso el libro y el
regalo de Yeseo en su brazo derecho para que pudiera iniciar su caminata
cómodamente.

Sin embargo, antes de que pudiera alejarse, una figura bestial surgió detrás de la
oscuridad que penumbraba el bosque oscuro. Park Jimin abrió los ojos al ver al lobo
gris de antes, la luz roja de la luna hacía brillar su pelo de una forma hermosa, casi
incandescente, como llamas ardientes.

Debido a que sólo lo había visto brevemente hace unos momentos, Park Jimin no pudo
captar con precisión el tamaño del lobo y todos sus otros detalles peculiares. Era, en
efecto, bastante grande, de la altura de un hombre adulto aunque estuviera a cuatro
patas, y sus ojos marrones brillaban en la oscuridad como faros de tono sepia.

—Di-dios... —Jimin jadeó y se congeló cuando el gran lobo se acercó a él hasta


alcanzar la distancia de un antebrazo.

A su lado, Jeon Jungkook todavía se encontraba pensativo a causa de las palabras


dichas por Jimin momentos antes.

—Bueno, su magnificencia casi acierta... Él no es mi "fiel escudero", pero si mi fiel


general. —dijo Jeon Jungkook, y luego se giró para hablar con el lobo. —Kim Mamjoon,
muestra respeto al omega de plata.

—¿Estás hablando con el lobo? —la voz de Jimin se debilitó, estaba temblando por
culpa de ese enorme cuadrúpedo.

Con la orden de Jeon, el lobo agachó ligeramente su enorme cabeza y, para completo
asombro de Park, comenzó a transformarse hasta abandonar el cuerpo canino y
adquirir el de un humano.

Jimín cayó al suelo cuando vio, ante sus ojos, a un joven alto y fuerte tomar el lugar de
aquel enorme lobo. Este hombre también tenía ojos marrones y cabello grisáceo. Su
rostro estaba lleno de bellos ángulos, y entre tantas curvas, las más llamativas eran
las de sus párpados, que se estrechaban de forma intimidatoria. También llevaba una
armadura similar a la de Jeon Jungkook, sólo que más simple, más discreta.

Park Jimin olvidó cómo respirar. Se frotó los ojos y parpadeó varias veces para
asegurarse de que no estaba viendo cosas.

Debo haberme pegado muy fuerte la cabeza, dedujo el joven, pero todos sus sentidos
parecían más despiertos que nunca.

—¿He asustado a su magnificencia? Me disculpo. —el lobo/hombre /general Kim


Namjoon se arrodilló rápidamente, e inclinó la cabeza tan lejos como no pudo.

—¿Necesitas ayuda para levantarte? —Jeon Jungkook preguntó a Park Jimin con
sincera preocupación.

—Y-yo... Él era un lobo... E-él se convirtió en una persona... —Jimin señaló al ex lobo
con el dedo índice. El sudor caía de sus sienes, su mente estaba atrapada en un
torbellino.

—Uh, por supuesto, su magnificencia. Los alfas adultos pueden hacer esto fácilmente,
y Kim Namjoon es un honorable alfa adulto. —dijo Jeon Jungkook con una sonrisa llena
de orgullo.

Park Jimin entonces se levantó de un salto y agarró el collar de malla de acero bajo la
armadura de Jeon Jungkook.

—Oye, puedes dejar de llamarme "su magnifinosequé" y centrarte en la pregunta


importante? —Jimin sacudió a Jeon Jungkook y señaló al general arrodillado. —Este
tipo era un lobo hace menos de dos minutos, ¿y todo el mundo está cuerdo con eso?

Tanto Jeon Jungkook como Kim Namjoon miraron a Jimin con muecas de confusión.

—Tal vez su mag... Quiero decir... ¿Quizás estás confundido después de haber sido
enviado del cielo? Después de todo, es natural que los alfas y los omegas se
transformen. Incluso tuve la oportunidad de ver algunos Betas raros haciendo eso. —
la voz de Jeon Jungkook era tranquila, llena de paciencia y gentileza.

—¡Basta ya! —Jimin soltó al otro de repente y dio un paso atrás.

La historia de alfas, omegas y betas atravesó su cabeza como un rayo. Dos


pensamientos se formaron a partir de eso: el primero viajó hasta su período escolar y
trajo de vuelta una clase de biología donde la profesora enseñaba que, en una
manada, estaban los lobos alfa, beta y omega, y cada uno hacía su parte en el grupo.
El segundo pensamiento captó un recuerdo más reciente, ese mismo día, cuando Park
Jimin vio en el libro de su hermana algo acerca de alfas y omegas siendo
predestinados y vinculados.

Con una ráfaga de euforia, Park Jimin tomó una posición defensiva y apuntó a esos dos
extraños.

—¡E-están con Yeseo! Es eso, ¿no? Esa mocosa debe haberlo preparado, como la vez
que le pagó a un tipo para que me invitara a una cita. ¡Ese fue el peor día de mi vida!
—dijo Jimin. —Ese lobo de antes era una especie de proyección holográfica, ¡LO SÉ!
¡Ustedes pusieron toda esta niebla aquí para que sea más difícil de notar, jaja!

Kim Namjoon encaró a Jeon Jungkook con el rostro palido.

—Majestad, ¿será que no está estable mentalmente...? —sugirió el general en un


susurro.

—Hey, ten cuidado con lo que dices, él es una entidad divina. —Jeon Jungkook
reprendió a su subordinado.

Los dos se volvieron hacia Park Jimin y lo vieron arrastrándose por la hierba.

—¿Dónde están los proyectores? Sé que deben estar por ahí, ¡Ese lobo era muy
realista! —Jimin decía y se reía como un loco.

El rey y el general observaron la escena y pronto volvieron a murmurar.

—Tal vez, durante la venida a la Tierra, se haya lastimado un poco la cabeza... —dijo
Jeon Jungkook, rendido.

—Estoy de acuerdo con su majestad. Antes, en mi forma de lobo, olí sangre en él.

Jungkook abrió los ojos y los dirigió en dirección a Park Jimin. Por primera vez vio un
corte en la frente del otro chico, muy discreto y en gran parte escondido por la
oscuridad de la noche.

Con la mandíbula apretada, el joven rey se acercó a él y se inclinó para que ambos
quedaran a la misma altura.

Cuando Jimin levantó los ojos, estaba Jeon Jungkook, a unos pocos centímetros de
distancia, encarandolo con una intensidad desconcertante.

— ¿Q-qué? —el joven Park fue tomado por sorpresa cuando Jungkook puso una mano
en su frente, alejando algunos mechones de su cabello.

—Está herido. Perdóneme por no haberme dado cuenta antes... —Jungkook cortó su
propio discurso y levantó la comisura de sus labios, para continuar inmediatamente
después. —En fin. Su llegada aquí debe haberle cansado bastante. Por desgracia, la
capital está a unos cuantos kilómetros, pero tengo tropas acampando cerca. Le
proporcionaré toda la comodidad posible, lo prometo.

La sinceridad en las palabras de Jeon Jungkook dejó a Jimin paralizado durante largos
segundos. Por mucho que cada coma o sílaba dicha por el otro chico fuera absurda y
completamente surrealista, en ese instante no le parecía así al joven Park.
Principalmente porque, mientras las decía, Jungkook tenía una mirada profunda en su
rostro.

Sus dos pupilas negras reflejaban el rojo de la luna como espejos.

Park entonces bajó la cabeza y comenzó a revolverse sus propios cabellos, ya que se
sentía perdido.

—¿Quieres parar con esto? Esta cosa... No existe tal cosa. Los lobos no se convierten
en personas. Y si todavía estamos en Corea del Sur, porque según mis cálculos, es
probable que todavía lo estemos, el único palacio que voy a encontrar es el de la
época de Joseon, que a estas horas probablemente ni siquiera esté abierto para los
visitantes. Ay. —el chico empezaba a sentirse mareado. Tal vez por la caída, o tal vez
porque se había encontrado con muchas situaciones extrañas en un corto período de
tiempo.

Al notar la incomodidad del otro, Jeon Jungkook tomó una decisión.

—Siento mucho lo que voy a hacer ahora, pero creo que debo llevarte a un sanador lo
antes posible. Por lo tanto, iremos a mi campamento militar. —Jungkook habló,
imperativo. Entonces, sin previo aviso, deslizó sus brazos por debajo del cuerpo de
Jimin y lo cargó de un solo impulso, tan rápido que ni siquiera le dio tiempo al otro de
huir.

—¡Hey! —Jimin comenzó a removerse en los brazos del joven rey, utilizando el libro y
el regalo de Yeseo para golpear la cabeza de Jungkook. —¿A dónde me estás
llevando!? ¡¡¡¡Esto es un secuestro!!! ¡Llamaré a la policía, lunáticos! ¡Déjame ir!

—General. —dijo Jungkook en una orden implícita, ignorando la histeria del joven en
sus brazos.

Después de un asentimiento de cabeza, Kim Namjoon reverenció y comenzó a


transformarse, ganando tamaño y pelo por todo su cuerpo, su ropa se desvaneció
durante la transformación. Park Jimin se enfrentó a esa escena con asombro y
comenzó a reír de desesperación.

—Esto es una locura, jajaja... —Jimin habló, antes de girar los ojos y desmayarse, como
la bella durmiente de los cuentos de hadas.

Park Jimin tuvo una noche de sueño muy problemática. Momentos después de perder
el conocimiento, sintió una sacudida rítmica que provenía de su cuerpo, como si
estuviera montando un caballo rápido. Desde entonces, su mente ha sido
bombardeada por sensaciones externas, como el sabor amargo de un líquido que le
habían metido en la boca, y toques sutiles en su frente herida.

Se despertó cuando sintió un olor a carne asada en algún lugar. Ese sabroso aroma
hizo que el estómago del chico se agitara.

—Hmm. —Jimin se lamió los labios, que, por alguna razón, estaban cubiertos de una
capa amarga familiar.

Después, el joven Park abrió los ojos lentamente, dejando que sus pupilas se
acostumbraran a la luminosidad a su alrededor, hasta que pudo visualizar
perfectamente la habitación en la que se encontraba.

De hecho, ese lugar no era realmente una "habitación ". Era más para una gran carpa,
como las de circo, sólo que mucho más hermosa y elegante.

Cuando Jimin se sentó, se encontró en una cama redonda, hecha enteramente de


pieles, con almohadas llenas de plumas. El piso estaba cubierto de tapices negros, al
igual que la lona de la tienda, y ambos llevaban bordados rojos y grises que perfilaban
el cuerpo de un lobo con cuernos de ciervo. A pesar de lo extraño de esta
combinación, el bordado del lobo era hermoso y daba una sensación de misticismo, y
también le recordaba a Jimin las bestias de sus juegos de ΜΜΟ.

—¿Dónde estoy...? —El chico se preguntó y después se pasó la mano por sus cabellos
enredados, usando los dedos como un peine, hasta que tocó algo sobre su frente. —
Pero qué... Oh. —Después de sacar el pequeño racimo que había, notó que era un
conjunto de hojas secas. Tenían un olor agradable y parecían estar ahí para curar el
corte de su frente.

"Genial, ¿pero qué acaso la gente aquí no usa ungüentos?". Pensó Jimin, mirando un
hoja. Fue entonces cuando se detuvo y se dio cuenta de que no era el momento de
pensar en algo así.

Estaba dentro de una extraña tienda, sobre una cama extraña, y lo último que
recordaba era haber visto a un tipo apuesto que se hacía llamar rey, y a un joven que
se había convertido en lobo.

—Ese lobo sólo puede haber sido una alucinación... —murmuró Jimin para sí mismo, y
se frotó los ojos en agonía. —Dios... ¿Me trajeron aquí esas personas locas?

El chico examinó la tienda con los ojos y luego miró sus pertenencias; el libro, el
regalo de Yeseo y si celular encima de una pequeña mesa de madera.

"Bueno, al menos no son ladrones" pensó aliviado, y comenzó a salir a rastras de la


cama.

Después de guardar su celular en el bolsillo de su pantalón y poner el libro y el regalo


en sus brazos, Park volvió a sentir el olor de la carne que lo había despertado. Su
estómago rugió alto y suspiró profundamente.

Deben estar asando carne. Se imaginó, sintiendo que su boca se llenaba de agua.
Comenzó a inclinarse hacia la idea de pedir un poco de comida.

—No. —se reprimió rápidamente. —No conozco a esas personas, son extraños.
Además, tengo que irme, papá y mamá deben estar preocupados.

Y fue así que se dirigió fuera de la tienda.

Pero justo cuando el chico levantó la sabana para marcharse, un enorme lobo pasó
justo por delante de él y se acercó a un grupo de personas con extrañas ropas
medievales y rústicas. Poco después, la anatomía del mamífero cuadrúpedo comenzó a
cambiar. El cabello desapareció, siendo reemplazado por una capa de piel pálida que
pronto redujo su tamaño hasta dar forma al cuerpo y a la ropa de una mujer alta. Park
Jimin tragó con fuerza y abrió los ojos. Como la luz del sol irradiaba con fuerza, pudo
ver claramente que este cambio no era en absoluto falso ni estaba hecho de
hologramas. Entonces el corazón de Jimin casi se le sale de su orcho y volvió al
interior de la tienda con la rapidez de un parpadeo.

—E-eso... Así que anoche, lo que vi fue real... —el joven Park se estremeció. Comenzó
a preguntarse si la comida que había digerido el día anterior había sido condimentada
con alguna hierba peculiar que provocaba graves alucinaciones.

Como estudiante de ciencias naturales, presenciar la transformación de un mamífero


canino en un humano, y viceversa, era más que absurdo. Sin embargo, todos sus
sentidos estaban absolutamente lúcidos, Jimin estaba consciente de eso y ese hecho lo
asustó más que nada.

No estaba alucinando, así que lo que acababa de ver sólo podía ser real.

¿Pero cómo? Si hubiera algo así en el mundo, los noticieros se volverían locos y la
gente definitivamente estaría asustada. Sin embargo, el grupo que Jimin vio fuera de
la tienda trató la transformación de esa mujer con mucha indiferencia y naturalidad.

Sintiendo que su mente daba vueltas, Jimin caminó hacia atrás hasta tropezar. Con la
caída, las cosas que sostenía en sus manos terminaron por caer, y vislumbró otro
acontecimiento extraño.

El libro que Jimin había encontrado en la habitación de Yeseo se abrió justo en frente
de él, exhibiendo una página donde se mostraba la la figura de acuarela de un chico
con ropa medieval elegante. El joven Park levantó las cejas cuando reconoció los
rasgos de su rostro, aquela mandibula bellamente definida,la alta nariz, los labios
finos y pequeños,los cabellos negros bien delineados y los ojos grandes y profundos.

El diseño era idéntico al tipo que había conocido la noche anterior, el tal Jeon
Jungkook que no dejaba de decir cosas absurdas y divertidas.

¿Por qué está aquí su dibujo? Jimín pensó, frunciendo el ceño y se acercó al libro para
verlo mejor.

Al final de la página que contenía el dibujo, había descripciones sobre ella.

"Jeon Jungkook, Alfa puro, rey Soberano de Adaman, la Tierra del Invierno Plateado, y
5º hijo del Clan Jeon, el clan de los lobos nocturnos."

—¿Qué está pasando aquí? —Jimin pensó en voz alta, recordando a Jeon Jungkook
presentándose para él la noche pasada, usando descripciones casi idénticas a las
expresadas en el libro.

Park comenzó a hojear las páginas, engullendo con avidez cada una de ellas, y se vio
asombrado cuando percibió que el contenido del libro no era el mismo que antes. De
hecho, ya ni siquiera había contenido. Toda la historia había sido borrada, los cientos
de páginas estaban en blanco, sin ninguna línea escrita, y sólo unas pocas páginas al
principio del libro permanecían llenas, pero incluso ellas parecían haber sido
modificadas.

Además de la figura de Jeon Jungkook, había dos hojas en las que yacía la imagen de
una ciudad medieval en las montañas, rodeada de bosques de coníferas y un inmenso
río, con un alto castillo en el centro, rodeado por cientos y cientos de viviendas
medievales. Bien debajo del dibujo grande, Jimin leyó la descripción que decía "capital
del Reino de adaman"

En otra página, el joven Park vio una especie de glosario impreso con letras elegantes.
Sus ojos se centraron en las palabras resaltadas en negrita con las que comenzaba
cada párrafo, y se afanó en leer lo que había escrito.

"Los alfas son personas que tienen cuerpos con algunas características superiores a
las de otros humanos, como una mayor fuerza bruta, agilidad y capacidad sensorial.
Tales atributos los hacen aptos para el liderazgo y el combate cuerpo a cuerpo, por lo
tanto, en cada generación, siempre debe haber un alfa sentado en el trono de
Adaman. Aunque los hombres cis alfa y las mujeres trans alfa son incapaces de tener
hijos en su vientre, pueden fecundar a los omegas y a los betas, incluso fuera de su
época de celo, que dura 7 días y se produce cada cuatro meses. Sin embargo, ambos
pueden fecundar y tener descendencia; pero cada situación se da en función de la
sexualidad de la pareja. El instinto de dominación y territorialidad actúa en ambos
durante sus relaciones, por lo que a veces es necesario vigilar las propias acciones".

"Los Omegas son personas que tienen cuerpos menos aptos para el combate, porque
son más frágiles y delgados, sin embargo, tienen una resistencia superior y tienen
buena capacidad mental. Tales características les ayudan en la protección de la
familia y los hacen buenos estrategas; por lo tanto, en cada generación, siempre debe
haber un omega sentado al lado de un alfa en el trono de Adaman. Todas las personas
omgas son capaces de generar hijos en sus vientres, y entrar en un celo de 7 días cada
dos meses, pero los hombres cis omegas y las mujeres trans omegas también pueden
embarazar a un alfa, y sólo a un alfa, que tenga útero".

"Los Betas son equivalentes a la mayor parte de la población humana. Estas personas
tienen habilidades promedio: superan a los omegas en fuerza, pero no en inteligencia,
y sólo pueden generar niños de betas que son mujeres cis u hombres trans. Los
hombres cis-beta y las mujeres trans-beta pueden fecundar, pero no entran en celo
como los alfas ni poseen los instintos que unen a estos últimos con su familia. Estas
personas tampoco tienen la capacidad de cambiar a forma lobuna, ni pueden captar
feromonas, y menos aún pueden vincularse con una pareja eterna. Estas
características, sin embargo, les dan una cierta libertad que los alfas y los omegas
nunca podrán obtener".

"Las feromonas son olores naturales liberados por las personas alfas y omegas que
causan diversos efectos sobre los demás, desde la seducción hasta la intimidación, o
también sirven para marcar territorio. Durante la época de celo, tales feromonas se
vuelven más fuertes e incontrolables, especialmente en omgas. Las personas Betas
son incapaces de sentir feromonas ni pueden ser influenciados por ellas."

"Los vínculos son raros y pueden existir sólo entre omegas y alfas. Ocurren cuando la
pareja se identifica como predestinados al conectarse emocionalmente y de manera
profunda. A partir de ese momento, las dos almas trabajarán como una sola, lo que
una siente, la otra también lo sentirá. Por último, los vínculos suelen ser "registrados"
instintivamente a través de la mordida del alfa en el cuello del omega. La marca de
esa mordida nunca se borrará, esa es una de las pruebas de la existencia del vínculo".

Vale, esto es extraño, pero tiene una lógica biológica, pensó Jimin al terminar de leer.
Le gustaban mucho las historias en las que el autor conseguía crear un universo con
sus propias leyes detalladas. Para el joven Park, todo valía la pena si tenía sentido en
algún contexto de fantasía.

Al pasar otra página, el joven Park se encontró con el dibujo de un individuo peculiar.
Sólo una parte de su perfil era mostrado, impidiendo al lector visualizar su rostro,
pero había otras características en él que podían llamar la atención, como la piel
blanca como una nevada intensa, los cabellos bastantes plateados, y dos cuernos de
venado surgiendo de su cabeza. En las puntas de los cuernos brotaban flores rojas
cómo la sangre, rodeadas de zarcillos oscuros que caían a su alrededor. Justo debajo
del dibujo, Jimin leyó un mensaje.

"Nacido en plata y concebido como omega, él vendrá bajo la luz roja de la noche,
trayendo consigo el brillo de la luna y las voces de su ejército espiritual. Él vendrá a
dejar su sabiduría celestial a los privados y encontrar su hogar. Él vendrá para
proteger, fortalecer, guiar y unirse con el soberano alfa en los días tormentosos que
abrazarán a Adaman. También vendrá coronado por hilos de plata y cuernos de marfil
donde brotan flores de sangre. Y así, todos lo reconocerán en el momento de su
insurgencia".

—Espera un segundo... —Park tragó en seco, recordando una vez más las palabras del
joven rey que había conocido la noche anterior.

Eres tú... Los cielos te han traído a mí... Eres mi omega de plata.

Park Jimin movió la cabeza de un lado a otro y se rió.

—No, no, no... Esto no está sucediendo, Park Jimin, no entraste en un mundo mágico
después de desmayarte en el parque, ni estás rodeado de gente que se convierte en
lobos y tampoco te confundieron con una extraña criatura mística. Sólo estás atrapado
en el sueño más loco y realista de tu vida, eso es todo. —habló el chico con los ojos
entrecerrados y una sonrisa forzada. —Ahora despierta, —se ordenó— vamos,
despierta, tienes papeles que entregar y un campeonato de MMORPG que ganar.
Despierta. Despierta. Despierta.

En cuanto abrió los ojos, vio que nada había cambiado a su alrededor.

—Por el amor de Dios, esto no puede estar pasando. —Jimin frotó si rostro con las
manos. —Si acepto que es real, entonces voy a ser un loco...

Pronto comenzó a pensar en maneras de "despertar" y volver a la realidad.

"Los personajes de las historias suelen volver a su propio mundo cuando realizan las
mismas acciones que hicieron para salir de él," Jimin reflexionó, "entonces lo que
necesito hacer es volver a donde me caí y me desmayé."

Decidido a probar tal hipótesis, Jimin juntó sus pertenencias, poniendo su celular en
su bolsillo y el libro y el regalo de su hermana en sus brazos y salió de la tienda.
Cuando se vio afuera, Jimin fue abrazado por la luz solar, así que tuvo que apretar los
ojos para ver mejor.

Mientras tanto, algunas personas que estaban alrededor lo vieron y se sorprendieron.

—¡Él es el omega de plata!

—¿Es él el ser de la profecía?

Asustado y temeroso de ser abordado por uno de esos extraños, Park Jimin salió
corriendo. Se dio cuenta de la existencia de otras tiendas en su camino, que no eran
tan grandes y elegantes como en la que estaba antes, y la presencia de decenas de
personas, que vestían ropas extrañas y medievales.

Este lugar parece un campamento del siglo XVI, pensó el chico.

Park Jimin volvió sus ojos hacia todos los lados mientras corría, tratando de encontrar
cualquier señal de Seúl o de una civilización "normal", cualquier indicación del parque
por el que había caminado un día antes. Pero no había nada. Su visión sólo captaba
kilómetros y kilómetros de bosques y montañas.

El punto en el que se encontraba era un gran claro, cortado por un río perenne tan
claro que reflejaba las nubes del cielo.

Al final, cuando se acercó a la orilla del río, Jimin se dio cuenta de que no tenía
sentido correr. ¿A dónde iría de todos modos? Adentrarse al bosque podía ser aún más
peligroso, porque había el riesgo de perderse y encontrar una bestia salvaje aún más
aterradora que esos enormes lobos. Por eso vio, con gran angustia, cómo se esfumaba
su plan de volver al lugar donde se había desmayado.

El joven Park, con el corazón agitado y la garganta seca como un desierto, se arrodilló
y metió la cara en el agua cristalina en un intento de enfriarse la cabeza. Algunas
personas lo vieron haciendo eso y comenzaron a murmurar.

—¿El omega de plata? ¿Qué está haciendo?

—¿Será un ritual?

—¿Debemos imitarlo, entonces?

Más tarde, cuando sacó el rostro del agua, Jimin vio que cinco o seis personas lo
imitaban, metiendo y sacando la cara del río.

—¿Q-qué están haciendo? —¿Hay alguien normal en este lugar? Jimin pensó,
queriendo llorar.

—Estamos siguiendo los pasos del omega de plata. —uno de ellos habló con una
enorme sonrisa en el rostro, y se inclinó ante Jimin. Los otros también se inclinaron.

—Dios, dejen de llamarme así. —balbuceó, con la cabeza palpitando.

—Por casualidad, su Magnificencia se siente confundido y... ¡Ah! —una de las personas
interrumpió su discurso porque, en ese instante, alguien emergió del río. —¡El rey ha
vuelto!

Cuando Jimin volvió sus ojos hacia el centro del río perenne, vio la figura de aquel tipo
que lo abordó anoche, Jeon Jungkook, cruzando el lecho acuático con pasos lentos
pero equilibrados, mientras llevaba en la espalda una red llena de peces recién
pescados.

Ahora, con la luz del día, era posible notar todos los detalles de Jeon Jungkook,
principalmente porque sólo llevaba pantalones negros que, debido al agua,
contorneaba cada centímetro de sus fuertes piernas.

Con los rayos del sol delineando las curvas de los músculos de sus brazos y abdomen,
exaltando las protuberancias allí y el fuerte pecho, siendo reflejado por su piel clara y
su cabello negro, el joven rey era una vista impresionante. Park Jimin contó al menos
siete personas suspirando mientras veían a Su Majestad atravesar el río hasta llegar a
la orilla.

Esa fue la primera vez desde que llegó allí que Park pudo entender y compartir los
pensamientos de aquella gente.

Justo antes de pisar tierra firme, Jeon Jungkook avistó a Jimin, así que dudó antes de
continuar su caminata. Ahora el rey no apartaba la vista del otro chico hacia ningún
otro punto, y esto sobresaltó al último, que se sintió intimidado y dio un paso atrás.

—Está despierto. —señaló Jungkook, esbozando una sonrisa.

—Ehm... —Jimin desvió la mirada y, con eso, vio que una multitud de personas y lobos
los rodeaban, observándolos con una mirada contemplativa, llena de expectativas y
admiración.

—Majestad, —Kim namjoon apareció en medio de ese montón y se acercó al joven rey.
Fue sólo con la aparición del general que Jeon Jungkook dejó de mirar a Jimin. —sabe
que no necesita hacer eso. Hay sirvientes para ese tipo de trabajo. —Kim tomó la red
de peces que llevaba jungkook y la entregó a uno de los lobos.

—Lo sé, pero quería nadar un poco. —Jeon Jungkook se peinó el cabello con los dedos
y los tiró hacia atrás, haciendo que pequeñas gotas de agua salpicaran a su alrededor.
—¿Cómo está la situación a los alrededores?

—Todo normal hasta ahora.

—Que bien... —el rey suspiró, aliviado. Enseguida volvió a encarar a Jimin y dijo: —
Después hablaré con las familias que fueron afectadas. Pídele a los cocineros que
preparen los peces que capturé y los repartan a todos. No haré un banquete después
de lo que ha sucedido, Pero al menos deberíamos celebrar este... este momento. —esta
vez dijo jungkook, y Jimin vio que se veía muy feliz, como si estuviera ansioso por algo.

El joven rey entonces se acercó al chico, tan cerca que lo dejó aturdido.

—Tenemos que celebrar su llegada. —habló Jeon Jungkook en éxtasis, mostrando una
de las sonrisas más hermosas que Park Jimin había visto en su vida.

Viendo que ya no podía huir, Jimin se frotó los ojos, respiró profundo y tomó la muñeca
del joven rey.

—Tenemos que hablar en privado. —después de hablar, Park se alejó tirando del otro
por el camino de vuelta a la tienda. Jungkook se dejó llevar en silencio, pues estaba
demasiado perplejo cómo para decir algo.

La gente que vio la escena, incluyendo al general Kim Namjoon, estaban sorprendidos,
en completo shock, y murmurando "¿Ya son tan cercanos los dos?", "El Omega de
plata es bastante lanzado ".

Cuando llegaron a la tienda, Park Jimin se pasó la mano por el cabello y golpeó
frenéticamente un pie en el suelo.

—Mira, esto es lo que pasa, yo... —el chico dejó de hablar cuando se dio la vuelta y vio
que Jeon estaba completamente enrojecido en la cara. Se veía muy avergonzado por
algo. —Oye, ¿Qué pasa?

—E-esque eso fue un poco repentino. No sabía que su... que me llamaría a... a sus
aposentos tan rápido, sin tener al menos una ceremonia primero... —tartamudeó el
joven. Su voz, pulida y clara,
parecia vacilar a cada silaba.

—¿Uh? A qué... —fue entonces que se dió cuenta del malentendido que estaba
ocurriendo. —¡Ah! ¡No, no! Mira, eres demasiado guapo y todo, pero no te llamé aquí
para follar conmigo.

La palabra "follar" hizo saltar los ojos de Jeon Jungkook de sus órbitas e intensificó el
rojo en sus mejillas. Park Jimin encontró esta reacción bastante linda.

Con un sobresalto, el Rey Jeon trató de recomponerse.

—Entonces... ¿Qué quieres hacer conmigo? —deseaba saber.


—Para empezar, yo no soy de aquí.

—Ah, pero todos somos conscientes de ello. —Jungkook esbozó una bonita sonrisa. —
Por desgracia nos encontramos en un momento complicado, pero en cuanto lleguemos
a la capital de Adaman, le agasajaremos con una gran fiesta.

—No, no. No es eso. ¡Estoy diciendo que no soy de este lugar! No soy ese... ese omega
de plata del que hablas. ¡Fue un error! —Jimin se pasó las manos por el rostro. —Dios,
ni siquiera sé cómo estoy diciendo todo esto sin reírme, ¡porque esta situación es
EXTRAÑA!

La expresión en el rostro de Jeon Jungkook vaciló. El brillo en los ojos del rey comenzó
a desvanecerse de repente.

—Pero... Apareciste para mí como en la profecía...

—Sí, estoy conectado a ese malentendido.

—¿Conectado? —Jungkook frunció el ceño, extrñado por la forma de actuar de Jimin.

—Escucha, rey. Fue una gran coincidencia que apareciera cuando la luna se puso roja,
pero hubo un malentendido sobre la parte de tu profecía que dice "vendrá con la luz
de la luna y la voz de sus ejércitos" y bla, bla, bla. —Jimin sacó de su bolsillo su
teléfono y encendió su linterna. Cuando la luz pálida apareció, los ojos de Jungkook se
abrieron de par en par. —Mira, no es la "luz de la luna", es sólo una linterna.

—"Linterna "? —las cejas de Jungkook se fruncieron un poco más.

—Sí. Es luz artificial, no tiene nada que ver con la luna, créeme — Jimin dió unas
palmadas el hombro desnudo del rey. Con el tacto, sintió lo cálida y suave que era la
piel del otro joven.

—Pero... ¿Qué hay de los rugidos feroces que asustaron a todos esos soldados
enemigos? —Jeon Jungkook insistió un poco más.

—Ya iba a hablar de ello. —Jimin entonces abrió la aplicación de música y buscó Back
un Black AC/DC en medio de las canciones que tenía descargadas. Cuando la
encontró, la reprodujo. El ruido de los instrumentos musicales hizo alejarse a Jeon
Jungkook. Jimin se apresuró a calmarlo. —No tienes que alejarte, es sólo música.
Tengo varias canciones guardadas aquí. No tienen nada que ver con ejércitos, mira.

Jimín tomó la mano del joven rey y puso su teléfono. Los ojos de Jungkook se abrieron
aún más, llenos de un brillo de admiración.

—¡Qué intrigante herramienta mágica! —dijo con un suspiro.

Sin embargo, el rostro de Jungkook fue gradualmente tomado por una aparente
decepción. Con una sonrisa marchita, devolvió el dispositivo a jimin.

—Entonces eres como un hechicero...

—Hmm... Sé un poco de alquimia. —Soy estudiante de química, después de todo,


pensó Jimin.

Al ver la tristeza en el rostro del joven rey, Jimin se mordisqueó los labios, sintiendo
que al menos debía decir algo alentador.

—Eh, Señor Rey de Adaman, no te sientas así, ¿de acuerdo? Apuesto a que debe haber
varios... Omegas por ahí queriendolo.

Jeon Jungkook elevó y una esquina de sus labios, pero su mirada seguía siendo triste.

—Agradezco tu intento de hacerme sentir mejor, pero no es necesario. Yo soy el único


culpable de las expectativas que fueron creadas. Debí haber escuchado a mi general
esta mañana cuando me dijo que no sentía en ti el olor de un Omega. —Jungkook
explicó y se rió de su propia tontería. —Me engañé pensando que... En fin, ahora todo
está aclarado.

—Hm, correcto, no soy un omega... —corroboró Jimin. —Entonces, si no es molestia,


me gustaría ser llevado de vuelta al lugar donde nos encontramos. Ya sabes, justo en
medio del bosque. Tengo que volver a mi tierra mágica y esas cosas.

Jeon Jungkook asintió comprendiendo.

—Claro. Después de toda esta vergüenza, te llevaré allí yo mismo.

Jimin sonrió, aliviado, y pensó que aquel extraño rey de aquella extraña tierra era
bastante amable. Esa amabilidad le hacía aún más hermoso.

—¿Quieres irte ahora? —Preguntó Jungkook.

—¡Sí! Por supuesto, yo... —en ese momento, el estómago de Jimin rugió fuerte,
dejando al chico avergonzado hasta el último cabello.

Pero a Jeon Jungkook eso le pareció gracioso. Después de olvidar brevemente la


decepción de ese día, sonrió genuinamente a Park Jimin.

—Creo que primero debo invitarte a comer.

Más tarde, después de que todo el campamento había probado los peces pescados por
el rey que, por cierto, estaban deliciosos, Park Jimin pidió prestado un caballo para ir
al lugar donde había aparecido por primera vez en aquel mundo.

Jeon Jungkook ya estaba montado en un semental y esperaba pacientemente a que el


otro chico se subiera a su propia montura, pero algo parecía impedir que Jimin lo
hiciera.

—¿Hay algo malo con el caballo, hechicero? Le pedí al general Kim que escogiera al
más manso y obediente. —dijo el joven rey.

—N-no, claro que no. ¡Está todo bien! Todo está bien... —afirmó Jimin a sí mismo. En
toda su vida, nunca había tratado de subirse a un caballo, así que no sabía cómo debía
actuar exactamente con aquel enorme animal cuadrúpedo.

Los animales enormes lo ponían tenso, y esa era una de las principales razones que
hacían que Jimin estuviera ansioso por volver a casa. El lugar estaba repleto de
enormes criaturas.

—Vamos, puedo hacerlo. —Jimin se guardó la bolsa en la espalda, que obtuvo de Kim
Namjoon para poner sus pertenencias, luego puso un pie en uno de los estribos de la
montura y se impulsó hacia arriba. Cuando vio que podía equilibrarse, intentó levantar
la otra pierna para ponerla sobre el lomo del caballo. Fue entonces cuando todo se
arruinó.

De hecho, Park Jimin no se había equilibrado en absoluto. Cuando el chico levantó la


otra pierna, su cuerpo se inclinó completamente hacia atrás y se encontró cayendo,
con su cabeza dirigiéndose hacia el suelo.

La caída habría sido terrible si Jeon Jungkook no la hubiera visto venir unos segundos
antes y hubiera saltado para salvar a Park Jimin.

—¡Cuidado! —el joven rey jadeó, rodeando a Jimin con sus fuertes brazos. Su cálido
aliento recorrió el pelo del otro chico.

Después de ayudar a Jimin a ponerse de pie, Jungkook dijo: —Pudiste haberte


lastimado mucho.
Park Jimin estaba cabizbajo, avergonzado, y reprimió su orgullo.

—Nunca había hecho esto antes...

—¿Nunca montaste en un caballo?

En respuesta, Jimin movió la cabeza a los lados.

—Oh... ¿Entonces te gustaría ir conmigo en mi caballo?—Jungkook sugirió mientras se


dirigía al caballos y montaba sobre su espalda.

Viendo que esa era la opción más segura, Park Jimin aceptó la invitación y se acercó al
caballo del otro.

Jungkook ayudó al joven Park a subir mientras sostenía su mano con firmeza. Cuando
Jimin finalmente se las arregló para sentarse de manera segura, el rey envolvió sus
brazos alrededor de él para tomar las riendas del caballo.

Todo ese acercamiento los desconcertó un poco a ambos, ya que el calor del cuerpo
del Rey Jeon abrazaba al del joven Park, a pesar de que el primero ya llevaba ropa
adecuada y seca, y el aroma de Jimin embriagaba las fosas nasales de Jungkook, no
como lo hacían las feromonas, sino más bien como un agradable perfume. Sin
embargo, no comentaron nada al respecto y siguieron normalmente, trotando en
dirección al bosque.

Después de algún tiempo, Park Jimin comenzó a sentirse feliz cuando reconoció
algunos árboles. Estaba seguro de que regresaría a casa en el momento en que
repitiera los pasos del último día. Así que cuando bajó del animal con la ayuda del rey
Jeon, Jimin no lo pensó dos veces antes de despedirse del otro joven y girarse para ir
tras el rastro de piedras.

—Hmm, creo que fue más o menos... ¡Allí! —Jimin divisó una raíz expuesta en el
centro del arbusto verde que cubría esa parte del suelo. —Bien, ahora debo caer... Y
aquí vamos. —el chico se posicionó cerca de la raíz y se tiró al suelo dramáticamente.

La caída fue pésima. Park Jimin se lastimó con las piedras escondidas en el arbusto y
sintió que había estado acostado justo al lado de un hormiguero. Sin embargo,
permaneció callado y con sus ojos cerrados durante largos minutos.

—¿Uhm... Hechicero? ¿Estás bien? —esa era la voz de Jungkook. El rey se había
quedado para ver lo que haría el otro.

Al darse cuenta de que el primer intento no había funcionado, Jimin se levantó del
suelo, respiró hondo y se prometió a sí mismo: ¡Voy a salir de este extraño lugar ahora
mismo!

—Disculpe, señor rey. ¡¡Pero me tiraré hasta hacer un agujero en el suelo si es


necesario!!

Entonces Jimin comenzó a caer desde todos los ángulos posibles: hacia atrás, de
frente, de lado, de trasero, de cabeza... Ese espectáculo de caídas le robó algunas
risas al Rey Jeon y lo hizo sentarse cerca para ver al extraño hechicero hacer sus
locuras.

Jungkook se reía tanto que, en un momento, comenzó a pensar que sería divertido si
ese chico divertido fuera, de hecho, el Omega de Plata de la profecía. Era una pena
que no lo fuera.

Cuando la luz del sol cayó un poco en el horizonte, y cuando Park Jimin ya estaba a
punto de rogar por alguna entidad divina para sacarlo de ese extraño mundo, Jeon
Jungkook notó algo extraño en los alrededores.

Se levantó y caminó unos pasos hacia el norte, teniendo cuidado de no hacer ruido.
Park Jimin, que estaba acostado sobre la hierba verde después de caer por centésima
vez, notó el movimiento del joven rey y lo siguió con los ojos.

¿Qué está pasando? Jimin quiso preguntar, pero sintió que debía quedarse callado.

Por desgracia, el joven Park recibió su respuesta al instante siguiente, cuando Jeon
Jungkook sacó su espada de la cintura y atacó a una bestia que había surgido de las
sombras del bosque.

Era un lobo enorme de pelaje dorado. Esquivaba los ataques de Jungkook con una
velocidad sobrenatural, y contraatacaba usando sus afilados caninos. El joven rey era
muy hábil con la larga espada, pero estaba en desventaja debido al tamaño y la fuerza
del animal.

—¡Hechicero! ¡Huye! ¡Debe haber otros por aquí! —Jungkook exclamó entre un golpe
y otro.

Qué tonto. Si en verdad cree que soy un hechicero de, debería pedir mi ayuda, pensó
jimín, sintiéndose enfermo y desesperado. ¡Maldita sea, no lo soy!

Park comenzó a mirar a los alrededores del suelo, buscando algo que pudiera ayudar a
Jungkook en su lucha. Entonces vio un tallo estrecho y cilíndrico cerca de un árbol y
trató de sacarlo para usarlo como lanza. Sin embargo, el otro extremo del tallo parecía
estar unido a algo muy resistente bajo tierra.

—Vamos, ayúdame... —dijo con los dientes apretados de tanto esfuerzo.

Para su alivio, el tallo se desprendió del suelo en ese mismo instante. De inmediato
Jimin vio que el otro extremo estaba puntiagudo y pensó que era bastante suertudo.

Sostuvo la lanza de madera con su mano más fuerte y apuntó al lobo que insistía en
atacar a Jungkook.

—Okey, ya haz hecho esto en los videojuegos... —murmuró Jimin para sí mismo,
animándose y tratando de no enloquecer.

Claro que no era lo mismo que disparar a un personaje en un videojuego. Estaba


tratando con un animal real que probablemente era una persona real. Si Jimin lanzaba
esa lanza a la bestia, podría matarla.

Pensar en eso lo afligió terriblemente. Pero


Jeon Jungkook está en peligro, pensó park, tragando seco y apretando el tallo hasta
que sus dedos se volvieron blancos.

—Por favor lanza, no mates al lobo, no lo mates... ¡No lo mates! —y arrojó la lanza al
lobo.

La punta afilada de madera atravesó a la bestia en una de sus patas traseras,


sacándole gruñidos de dolor y obligándolo a retirarse. Pero no lo mató.

Jungkook aprovechó la ocasión para levantar a Jimin y arrastrarlo hasta el caballo.

Se montaron rápidamente y salieron disparados hacia el bosque, lejos de ese lugar.

—Pude oler débilmente a otros alfas. —dijo el joven rey mientras espoleaba al caballo
para que corriera. —Tu ayuda nos permitió escapar antes de que aparecieran. Estoy
agradecido, hechicero.

—De nada, pero ¿¡Quienes eran!?

—Soldados de eliah. —habló, como si eso fuera suficiente para explicar todo a Jimin.

—¿Podría su majestad ser un poco más didáctico? —respondió con un toque de


sarcasmo. —No soy de aquí, no sé quién es eliah.
—Es el reino vecino, al sur del continente. Fuimos socios económicos en el pasado,
pero en el último siglo nuestra relación política ha cambiado negativamente. —Jeon
Jungkook dijo e instó al caballo a correr con más velocidad. —Ese alfa debe haber sido
enviado a rastrearme cuando estuviera lejos de mis soldados. —Jimin no vio la
expresión de Jungkook porque estaba de espaldas a él, pero casi pudo sentir la
mandíbula del joven rey apretándose.

—¿Ellos quieren matarte?

—Sí... Anoche aprovecharon la Luna de Sangre, que es un evento sagrado para


nosotros, para invadir una aldea cerca de la frontera de Adaman. Al principio imaginé
que era una suerte para mí estar con las tropas en los alrededores del pueblo, para
poder defender a mi gente de esos bárbaros. Pero en el momento en que entramos en
combate, me di cuenta de que eran demasiado numerosos, así que no podían estar allí
sólo para saquear a unos simples campesinos. —Las manos de Jungkook apretaron las
riendas de su caballo hasta que Jimin pudo ver las venas abultadas. —Estaban allí
detrás de mí. El rey de Eliah debe haberse enterado de mi viaje por las ciudadelas de
Adaman.

—¿Así que por eso esos soldados te perseguían ayer? —Jimin recordó a la gente de la
noche anterior persiguiendo a Jungkook con lanzas y espadas.

—En ese momento, ya había retirado a toda la población de la aldea a un lugar seguro.
Sólo quedaba salvar a un niño cuyos padres habían muerto durante el ataque. Decidí
quedarme para rescatar al niño. Era lo menos que podía hacer después de lo
ocurrido... —el tono de voz del joven rey era triste y angustiado. Jimin notó que
Jungkook se sentía culpable.

Así que era un niño lo que estaba sosteniendo, pensó el joven Park, recordando el
momento en que vio a Jeon Jungkook salir de la oscuridad del bosque con algo en sus
brazos.

Fue la primera visión que tuvo Jimin cuando se despertó en aquel mundo.

—¿Y por qué te estás culpando de esa manera? - preguntó Jimin. —¿Por casualidad
estabas recorriendo las ciudadelas sólo para jugar?

—N-No. —Jungkook estaba perplejo con la manera audaz de Jimin de dirigirse a él.
Nunca antes nadie había sido tan impetuoso con el joven rey, por lo que tuvo que
jadear para recomponerse antes de tomar la palabra nuevamente. —Estaba visitando
a mi pueblo para distribuir raciones y productos elaborados por el alquimista real para
mejorar la tierra e impulsar la siembra. Al fin y al cabo, pronto llegará la temporada
de invierno.

—¡Ahí está! —Jimin le dio una palmadita en el hombro a Jungkook y levantó su pulgar
en una señal de "cool". —No hay razón para que te sientas culpable. Hiciste un buen
trabajo.

Aunque no conocía la señal de la mano y no estaba totalmente de acuerdo con la


declaración del otro joven, Jeon Jungkook quedó desconcertado por el repentino
elogio.

Se detuvieron algún tiempo después de la fuga, cuando divisaron un arroyo en el valle


entre dos colinas y cuando concluyeron que detenerse allí era seguro.

Jeon llevó al caballo a la orilla para que el animal bebiera del agua, y Jimin se sentó
cerca para pensar en lo que haría a partir de entonces.

En sus reflexiones concluyó que tenía que aceptar el hecho de que el lugar en el que
se encontraba no era el resultado de un mero sueño, ni siquiera de una alucinación.
En cada nuevo momento, las cosas a su alrededor se volvían más y más reales.

Pero, ¿qué había pasado exactamente para que Jimin apareciera en un mundo tan
distinto? Tal vez la respuesta a eso también podría indicarle el camino correcto para
salir de ese lugar.

Mientras Park Jimin reflexionaba intensamente sobre todas esas cosas, el joven rey
Jeon lo analizaba mientras acariciaba el cuello del caballo.

—Eres un hechicero interesante. —comentó Jeon Jungkook.

—No soy un hechicero, Jeon Jungkook, ni un omega. Solo soy yo... —Jimin bajó la
cabeza y suspiró.

—¡Me llamaste por mi nombre! —Jungkook abrió sus grandes ojos.

—¿Acaso es un crimen hacer eso?

—Si. —Jungkook sonrió.

Oh, listo. No tengo forma de volver a casa, así que lo único que me queda es ser
condenado por las leyes de este extraño lugar, pensó Jimin, tragando en seco.

Viendo la angustia del joven Park, el rey sonrió aún más.

—Está bien, no me importa ya que estamos solos. —se encogió de hombros.

Con eso, Jimin se relajó, pero poco después un pensamiento cruzó por su mente.

—Bueno, señor rey. —Park Jimin llamó de repente después de algún tiempo.

—Puedes llamarme Jeon Jungkook, como lo hiciste antes. —dijo Jungkook.

—Okay. Entonces... Jeon Jungkook, si te hago una pregunta y ella te ofende, ¿seré
decapitado o algo así?

Jungkook rió.

—Sólo si la intención de la pregunta es, de hecho, ofenderme. —respondió, con un


ligero toque de sadismo en su voz.

—Bien. Entonces quiero dejar muy claro que NO tengo intención de ofenderte... ¿Pero
en verdad eres rey?

—¿No aparento ser uno? —Jungkook no estaba enojado, de hecho, incluso encontró
esa pregunta muy divertida. Nadie había hecho una pregunta tan osada antes.

—No es eso. Es sólo que eres un tipo de rey extraño.

—Ahora tengo curiosidad en saber por qué.

—Bueno... No actúas como uno. Como cuando pescaste esos peces, y cuando me
trajiste aquí para que pudiera volver a casa. Y también está lo que me dijiste acerca de
visitar las aldeas de tu reino para llevar comida. Por lo general, los reyes sólo se
sientan en el trono, ordenando a sus súbditos que hagan cosas por ellos. Al menos eso
es lo que leí en los libros de historia. —explicó Jimin.

Jeon Jungkook entonces comprendió lo que el otro muchacho quería decir.

El rey se movió hasta que se sentó al lado de Jimin, extendiendo sus brazos delante de
su cuerpo y apoyándose en sus rodillas dobladas. Después, mostró una sonrisa débil y
arrojó una piedra a la superficie de la corriente.

—Los libros de historia que leíste retrataban a reyes perezosos, ¿No estás de acuerdo?
—murmuró Jungkook.

—Si, puede ser... —Pero creo que no es eso, pensó Jimin, sintiendo que había algo que
jungkook no quería decir.
—Y entonces, ¿No funcionó tu hechizo de volver a casa? —el joven rey rápidamente
cambió de tema, con una increíble destreza labial. —por un momento realmente pensé
que te vería hundiendo el suelo de tanta caída.

Park Jimin forzó dramáticamente una carcajada.

—¡No me recuerdes eso, no sé qué voy a hacer a partir de ahora, ya que no puedo
volver a casa... —el pobre chico se encogió, refunfuñando.

Jeon de nuevo lo encontró divertido y reprimió una sonrisa al colocar una mano
cerrada sobre sus labios.

—Después de tu ayuda con los soldados enemigos anoche, estaré encantado de


proporcionarte un lugar para pasar tus días aquí en Adaman, hasta que puedas volver
a casa, hechicero. —dijo el joven rey, tan amable, tan educado; y hasta sacó unas hojas
pegadas al cabello de Jimin, de manera caballerosa, como siempre hacía.

El joven Park de repente sintió que debía dirigir sus ojos a un lugar diferente al rostro
de Jeon Jungkook. Las gestos del otro chico empezaban a distraerle.

—Ya te dije que no soy un hechicero. —respondió, haciendo un puchero con los labios.

—Disculpame, pero no sé de qué forma dirigirme a ti.

—Mi nombre es Park Jimin.

—Oh... Park Jimin. Suena agradable. —sonrió Jungkook, mostrando una fila de dientes
blancos y dos prominentes.

¿Por qué sonríe tanto? Jimín pensó, mirando para otro lado una vez más.

Queriendo cambiar de tema -y cambiar el enfoque de sus pensamientos-, park arrojó


una piedra sobre el agua, haciéndola saltar unas cuantas veces antes de hundirse, y
abrió la boca para hacer una pregunta.

—Jeon jungkook, su general es un alfa, y por eso se convierte en un lobo, ¿cierto?

—Sí. Kim namjoon es uno de los alfas más fuertes y hábiles de Adaman. —el joven rey
estaba orgulloso del general Kim.

—¿Entonces tú, que eres alfa, también te transformas? Y sientes esas... esas... ¿esas
feromonas? —Jimin sentía mucha curiosidad por esas peculiaridades que sólo existían
en aquel mundo.

Pero para su completa confusión, la expresión del joven rey se ensombreció en un


segundo, y su mirada, que hasta ese momento había sido tan viva y brillante, era tan
oscura como una noche sin luna.

—Yo... —Jungkook murmuró, y luego se levantó del suelo. —Debo volver al


campamento de mis tropas. He estado fuera por mucho tiempo.

El rey se acercó al caballo y comenzó a ajustar las hebillas de la montura, que estaban
un poco sueltas.

¿Por qué se puso así...? ¿No debí haber hecho esa pregunta? Jimin no podía entender.

Fue entonces cuando un fuerte movimiento en los arbustos cercanos llamó su


atención. Jungkook sacó su espada y Jimin se mantuvo alerta, ambos esperando que
apareciera otro de los soldados de Eliah.

Sin embargo, los que terminaron apareciendo fueron dos personas que llevaban los
emblemas de Adaman en sus ropas. Una de ellas era una soldado de las tropas reales,
y se encontraba toda herida, con cortes en el rostro y los brazos, y una flecha
atravesando el hombro. La otra Jimin la identificó como trans. Llevaba una túnica
vino-roja, del mismo color que su cabello trenzado.

—¿Qué pasó? —Jungkook enseguida vio que algo estaba mal.

—Majestad. —ambas se inclinaron rápidamente ante el rey. Entonces ña soldado se


apresuró a hablar, haciendo un esfuerzo para no rugir de dolor. —Los enemigos de
eliah están atacando el campamento.

—Miserables... —el rey se subió a su caballo con un salto y se volvió hacia la persona
con una túnica - curandera, cuida de ella, por favor. Y Park Jimin... — Jeon Jungkook
encaró al otro chico. —Hablaremos en otro momento. Qudate aquí, es más seguro...

—¡Su Majestad, espere! —la soldado se puso delante del caballo del rey con cierta
dificultad. —El general Kim cree que su estrategia es atraerlo para capturarlo cuando
se acerque a la escena de combate.

—Bueno, parece que tendrán éxito en atraerme. Pero no dejaré que me atrapen. _dijo
Jungkook con una mirada obstinada, e instó a su caballo a correr.

El corazón de Park Jimin estaba saltando, casi llegando a su garganta. Se encontró


paralizado hasta que Jeon Jungkook desapareció entre los árboles del bosque.
—¡Urgh, Keran! —Jimin escuchó la exclamación de la soldado. Parecía que estaba
siendo tratada por la sanadora, pero estaba temblando un poco. —Si no te concentras,
moriré no porque me hayan disparado, sino porque no puedes dejar de pensar en el
General Kim.

—Lo siento, Miho... —Keran apretó los labios y se concentró en la flecha clavada en el
hombro de la soldado. Jimin quiso apartar la mirada cuando el sanador Keran sacó con
cuidado la punta de la piel de Miho y entonces sacó un frasco de su túnica y vertió el
líquido transparente que contenía sobre la herida. La mujer se retorció de dolor en ese
momento.

—Hey.— Jimin se acercó a las dos, y ellas, en cuanto se dieron cuenta del chico,
abrieron los ojos e inclinaron la cabeza.

—Omega de plata. —dijeron Keran y Miho al unísono.

—No-no... —Jimin negó con la cabeza, pero no perdió el tiempo explicando que él no
era el ser de las profecías. Tenía algo más urgente en lo que pensar en ese momento.
—Diganme, ¿es muy grave la situación allá?

—Sí, Su Magnificencia. El general Kim propuso retirarse por el desfiladero hacia el


norte para reducir la zona de combate y dar tiempo a los civiles del campamento a
escapar. —explicó la soldado, con la voz tomada por el agotamiento.

—¿Un desfiladero...? —dijo Jimin, pensativo y preocupado. —¿Creen que Jun... ¿Que el
rey y sus tropas podrán ganar? Sean sinceras.

Miho y Keran intercambiaron una mirada. El sanador respondió.

—El General Kim cree que aunque formen una barrera en la entrada del cañón, no
podrán aguantar mucho tiempo. Le oí decirlo. —dijo Keran, que parecía muy ansioso.
Sus ojos azules estaban cubiertos por una capa opaca de preocupación.

Park Jimin cerró los párpados y empezó a morderse la uña del pulgar derecho. No
estaba disfrutando de esa situación. Por alguna razón, el chico sintió que no podía
quedarse ahí, esperando noticias. Tal vez nunca llegarían, ya que Kim Namjoon había
dicho palabras tan pesimistas sobre la lucha

La parte más profunda de la mente de Jimin le susurraba que debía moverse y actuar.

¿Pero cómo? No soy fuerte, no puedo luchar, eso sería una locura... se decía Jimin a si
mismo, ansioso hasta las puntas del cabello.
Hasta que algo le vino a la mente y esbozó una sonrisa llena de energía.

—No soy fuerte... Pero el enemigo no lo sabe. —murmuró el chico, formulando una
idea descabellada.

Luego se volvió hacia Keran y Miho.

—¡Tú! El rey me dijo que estabas llevando suministros y productos hechos por un
alquimista a las aldeas. ¿Qué son esos productos?

Tras un segundo de vacilación, la soldado Miho respondió.

—Son mezclas extrañas, señor... Creo que las sales y metales...

—¡Metales! ¿Qué metales? —El pecho de Jimin se agitaba.

—No estoy seguro, señor... Tal vez Keran sepa más, es un discípulo del gran alquimista
real.

Ahora Keran era el centro de atención, Jimin y Miho lo miraban expectantes.

Reprimiendo su timidez y tratando de controlar su nerviosismo, el curandero respiró


profundamente antes de hablar.

—C-Creo que magnesio...

—¡PERFECTO! ¡haha! —Jimin se frotó una mano sobre la otra. —¿Cómo llegaron hasta
aquí?

—Miho vino montada sobre mí, Su Magnificencia. Soy un omega. —dijo Keran.

—¿Puedes llevarme rápidamente a los depósitos de magnesio del campamento y luego


al desfiladero?

—S-sí, pero ¿qué piensa hacer Su Magnificencia...? —Keran frunció el ceño.

Los labios de Jimin se abrieron entonces en una gran y brillante sonrisa.

—Estoy planeando dar a los soldados de Eliah un espectáculo pirotécnico.—respondió.

Después de que Keran se transformara en un lobo de pelaje escarlata, Park Jimin se


subió a su lomo -con el valor que le daba la adrenalina que corría por sus venas- y los
dos salieron corriendo hacia el campamento, que era su primera parada.

Espera un poco, Jeon Jungkook. Hoy seré tu Omega de Plata, pensó Jimin.

Y aquí está el capítulo 2. Espero les haya gustado.

Las actualizaciones serán cada 4 días, es por eso que ya estoy avanzando en la
traducción para no retrasarme. Así que no se preocupen

Adiós! ❤
|3| |Llama incandescente, fuego
escrlata

Entre los acantilados que se elevaban por encima de las nubes grises y bajas, como los
picos de una cordillera, se desarrollaba una batalla agitada y sangrienta. El silencio
del bosque de coníferas que rodeaba el desfiladero formado por dos altas colinas se
vio oprimido por los sonidos metálicos de las espadas que chocaban, los aullidos de los
furiosos guerreros alfa y los gritos de los que tenían la huida como único medio de
supervivencia.

El General Kim Namjoon dirigía a los soldados de Su Majestad, Jeon Jungkook,


mientras éste no estaba presente. Mostrando la intimidante forma de un alto lobo gris,
el general organizó las tropas reales en tres grupos: los Alfas al frente, ya que el uso
de su fuerza bestial destrozaría al enemigo; los Betas con armamento a los lados, para
impedir el avance de las tropas enemigas; y los Omegas detrás, para proteger a los
civiles indefensos. Juntos, formaban una barrera en la entrada del desfiladero. Sería
una maniobra absolutamente eficaz, si el bando enemigo no tuviera una gran ventaja
numérica.

La batalla se desató hasta que el sol se inclinó hacia el oeste, emigrando a un lado del
cielo donde las nubes limitaban la fuerza de sus rayos luminosos. De esa forma, hacia
el este, ya se veían atisbos de oscuridad azul y estrellas lejanas.

¿Dónde está? Kim Namjoon pensó en el joven rey, que hasta ese momento no había
aparecido. Pero el general no quería que Jeon Jungkook estuviera allí, en aquel antro
de sangre y lucha, pues lo consideraba altamente, como un hermano y un amigo; sin
embargo, mientras engullía a dos o tres soldados enemigos y los mataba con sus
afilados caninos, la preocupación rondaba su mente al no saber la ubicación de Su
Majestad.

—¿Dónde está tu rey? —rugió una voz feroz, que se elevó por encima de los demás
sonidos.

Después de derribar otra fila de enemigos, los ojos marrones del lobo Kim Namjoon
barrieron el campo de batalla detrás del que se atrevió a provocarlo, y encontraron
una bestia alfa casi tan grande e intimidante como él. El heterogéneo pelaje pardo,
como si hubiera crecido de forma irregular, delataba la identidad de aquel lobo.

—General Han Untak, mi rey no necesita estar presente en un combate para ganarlo.
—rugió Kim, en respuesta al general de la tropa enemiga, y mostró sus colmillos
manchados con la sangre de sus oponentes muertos.

Untak soltó una carcajada y frunció el puente de su oscuro hocico.

—En realidad, un niño imperfecto como ese no haría ninguna diferencia en una
confrontación. —dijo, lo que hizo hervir la sangre de Kim Namjoon.

—¡Te arrepentirás de semejante ultraje, Untak! —el general Adaniano impulsó sus
fuertes patas y saltó para atacar a su impetuoso oponente, exponiendo sus
puntiagudas garras y abriendo toda su boca para mostrar sus fuertes dientes, capaces
de arrancar la cabeza de un hombre con sólo un bocado.

Sin embargo, Han Untak no tenía intención de ser un honorable guerrero alfa, sino
que prefirió quedarse quieto, dando espacio a sus soldados para que avanzaran
primero contra el general Kim, distrayéndolo hasta que finalmente llegara el momento
de matarlo por la espalda.

La fuerza de Kim Namjoon era conocida en todos los rincones del continente, por lo
que sería arriesgado entablar un combate cuerpo a cuerpo contra él. Untak prefirió
entonces recurrir a las artimañas en lugar de enfrentarse directamente al general
Adaman.

A Namjoon no le quedó más remedio que derribar a cada uno de los soldados lobunos
que se lanzaron ingenua y valientemente sobre él, creyendo que podrían quitarle al
menos un mechón de pelo gris. Pero ni siquiera esto pudieron hacer, pues el general
les arrancó rápidamente la yugular y les rompió el tórax sin dudarlo un segundo.

En medio del baile de sangre, Han Untak vio la oportunidad de saltar sobre Kim
Namjoon y clavar sus caninos en la nuca del otro. Sería fatal. Sería rápido.

Untak se preparó entonces para el salto. Después de lamerse los afilados dientes y
dejar al descubierto las garras de sus patas delanteras, saltó.

Sin embargo, el general de Eliah no alcanzó su objetivo, pues en el momento del salto
se cruzó en su camino un jinete que lo embistió con su caballo.

Tras ser arrojado a varios metros de distancia, el alfa Han Untak se arrastró por el
suelo de tierra, magullado por el repentino ataque. Tardó un minuto en conseguir
levantar su cabeza lobuna y vislumbrar al rey de Adaman, Jeon Jungkook, montado en
su caballo y haciendo girar una espada de plata en sus fuertes y hábiles manos.

—¿Qué pasa con el decoro en el ejército de Eliah? Si hasta el gran general Han utiliza
tales tácticas tan.... reprochables. —Jungkook mostró los dientes y saltó del caballo.
Entonces, se posicionó con su espada, listo para un combate. —Pelea como un alfa,
cobarde.

Con su orgullo herido, el general Han se levantó del suelo y disparó contra el rey del
país de Adaman, utilizando sus cuatro patas para ser más rápido que la espada que le
apuntaba, esquivando los movimientos de esgrima del joven monarca.

Al contrario de lo que se rumoreaba, la juventud de Jeon Jungkook no le daba


inmadurez o inexperiencia en la guerra, sino que le proporcionaba destreza y rapidez
corporal. Se movía como el viento y atacaba con la fuerza de una bestia. Por lo tanto,
Han Untak tuvo dificultades en ese combate, subestimar a su oponente le causó
heridas en los primeros minutos del enfrentamiento. Se sintió molesto por haber
perdido ante un alfa que ni siquiera había mostrado su forma de lobo.

Tras escapar por poco de otro golpe de la espada de Jeon Jungkook, el general Han
decidió que debía recurrir a otro medio de victoria: desestabilizar al enemigo.

—Su Majestad de Adaman es realmente hábil... Algunos rumores sobre usted


probablemente se acallarán después de hoy... —dijo el lobo pardo mientras caminaba
alrededor del rey. Jeon Jungkook entrecerró los ojos, encontrando esa conversación
extraña.

El enemigo alfa continuó la falacia.

—... Pero hay otros rumores que parecen ser bastante reales, como el que dice que Su
Grandeza es un alfa incompleto... Que eres un chico deficiente, igual que tu hermano
degenerado. —Untak se rió burlonamente, sintiendo placer al disparar cada sílaba
llena de veneno.

Las últimas palabras dichas por General Han hicieron que Jeon Jungkook apretara con
más fuerza la empuñadura de su espada. La comisura de sus labios se contrajeron, y
las negras pupilas de sus ojos miraron al otro alfa con un frío odio.

Con el cerebro inundado de rabia, el joven rey tardó en reaccionar cuando Untak
avanzó contra él. En una fracción de segundo, el grande lobo marrón consiguió
arrebatarle la espada a Jeon y herirle las manos, llegando a desgarrarle una de las
muñecas y a atravesar los huesos del brazo derecho del rey. Han Untak tiró la espada
real y se giró para mostrar sus relucientes caninos.

Jeon Jungkook apretó los labios de dolor mientras usaba su mano menos herida para
tratar de detener la sangre que goteaba de su brazo derecho. Al instante siguiente,
rasgó la tela de su túnica y utilizó la tela para cubrir los moratones, haciendo un
rápido nudo sobre ellos. Después, Jungkook sacó una daga que llevaba en la cintura e,
ignorando el dolor palpitante de sus manos, levantó la pequeña arma para seguir
enfrentándose a su oponente.

—¡Entonces es verdad! El rey de Adaman es incapaz de transformarse, ¡Jajaja! Mira


qué gran broma: ¡un alfa incompleto! —la risa del general de Eliah sonó como un
relincho perturbador, lleno de aullidos, como una hiena riendo.

Los soldados cercanos, que eran subordinados de Han, oyeron las exclamaciones del
general y se rieron con él, burlándose del joven rey Jeon.

—General Han Untak, ¿estás así de agitado e inseguro, sólo porque estoy logrando
luchar en igualdad de condiciones contigo, incluso sin haberme transformado? —Jeon
Jungkook curvó las comisuras de sus labios hacia arriba en una sonrisa relajada y de
superioridad. —Si tu reino vive de rumores entonces sería una pena que los rumores
de mañana fueran sobre el gran general Han Untak siendo derrotado por un joven e
incompleto alfa.

Las risas cesaron. Han Untak contrajo el puente de su hocico y mostró sus dientes
delanteros.

—En realidad... Son muchas las historias que recorren los oídos del pueblo de Eliah. Y
hay una en particular que, durante mucho tiempo, ha preocupado a mis reyes y reinas:
la leyenda del Omega de Plata... Esta preocupación también ha llenado los corazones
de mis soldados, hasta el punto de que anoche volvieron a mí con el rabo entre las
piernas, afirmando que habían visto a tal entidad. —el general Han volvió a reírse. —
Los maté, por supuesto, porque no tolero a los creyentes temerosos en mi ejército,
Majestad, sobre todo porque sé que tal entidad divina no aparecerá milagrosamente
para salvar su culo real. Durante generaciones usaron al Omega de Plata para
proteger sus fronteras, pero ahora... Ahora no más.

Han Untak habló con tanta seguridad que, por un momento, el rey Jeon se preguntó si
había alguna razón oculta para ello.

Sin embargo, Jeon Jungkook no podía estar en desacuerdo con el general de Eliah en
ese momento. El Omega de Plata no estaba allí para ayudarlos, y probablemente no
aparecería milagrosamente, como decía la leyenda. A decir verdad, su fe estaba ahora
algo debilitada. Por lo tanto, el joven rey sólo podía contar con él mismo y con la
fuerza de sus tropas.

Mientras se preparaba para un nuevo avance del general enemigo, levantando su daga
y tratando de mantener la mano firme, Jungkook vislumbró un extraño movimiento al
pie de una de las laderas que iniciaban el desfiladero. Un grupo de curanderos
Adaneses estaba vertiendo un líquido oscuro sobre montones de paja y arbustos.

Como la luz del horizonte occidental ya se atenuaba, y el enemigo que tenía delante ya
preparaba sus garras para atacar, el joven rey no estaba muy seguro de lo que iba a
ocurrir a continuación con los curanderos, porque ante todo necesitaba concentrarse
para no morir.

Fue entonces cuando, en el momento en que Han Untak avanzó hacia el rey de
Adaman, las llamas surgieron alrededor de las laderas, quemando arbustos y altas
coníferas, expulsando nubes de humo oscuro que podían alcanzar los picos rocosos
más cercanos, como si las puertas del infierno se hubieran abierto de repente.
En seguida, un extraño sonido resonó por encima de uno de esos picos. Era melódico,
pues llevaba un cierto ritmo, pero los extraños latidos que se mezclaban con sonidos
estridentes sobresaltaron a todos los individuos del desfiladero hasta el punto de
paralizar la batalla.

—¡USTEDES MALDITOS! —gritó una voz, que provenía del mismo pico. Llamó la
atención de todos y provocó escalofríos en los soldados de Eliah.

Antes de que Jeon Jungkook levantara la vista, supo quién era el dueño de esa voz.
Con una sonrisa incrédula en el rostro, el joven rey levantó la cabeza para vislumbrar
a la figura de blanco que estaba de pie en la alta elevación rocosa, rodeado de un
fuego incandescente que hacía brillar su piel, sus ojos y su cabello.

Al son de "Rock You Like a Hurricane" de los Scorpions, Park Jimin interrumpió la
pelea triunfalmente.

—ESTO ES LO SIGUIENTE, SOLDADOS DE ALIEN... ¡ELIAH! —Jimin resopló —¡EL


CIELO NO LOS QUIERE AQUÍ EN ADAMAN, ASI QUE ME HAN LLAMADO PARA QUE
PARE ESTA PUTA MIERDA! ¡QUIERO A TODOS FUERA DE AQUÍ A LA CUENTA DE
10! ¡SI NO SE VAN, LOS CARBONIZARÉ A TODOS, HAHAHA!

En cuanto terminó de amenazar, Jimin arrojó discretamente trozos de magnesio al


fuego que ardía en la base del desfiladero, provocando brillantes chispas blancas, tan
fuertes que herían los ojos de quienes intentaban mirarlas.

Asustados, los soldados de Eliah comenzaron a retirarse, esperando sólo la aprobación


del general Han Untak para huir de aquel lugar.

Pero Untak no pensaba rendirse. Aunque temblaba hasta la última hebra de su vello
corporal, se negó a huir del lugar.

—N-no me... ¡No me asustas! Es imposible que seas el Omega de Plata. —gritó el
general de Eliah, aullando.

—¿Cómo puede estar tan seguro, General Han? —dijo Jeon Jungkook, agitando la daga
entre sus dedos. Incluso lesionado, podría hacerlo fácilmente.

Justo en ese momento, los guerreros de Adaman se reunieron justo detrás de su rey,
rodeando al general enemigo, dejándolo arrinconado. Han Untak miró hacia atrás y
vio que sus soldados estaban tan aterrorizados que apenas podían mantenerse en pie
con su poderosa forma lobuna, o levantar las espadas y lanzas en sus temblorosas
manos.

Desde la cima del pico, Park Jimin reparó en la insistencia de las tropas enemigas en
mantenerse allí, así que echó unos cuantos gramos más de magnesio a las coníferas
que ardían al lado de la ladera, provocando un fuego explosivo de color blanco.

—¿QUIÉN ES EL IDIOTA QUE SIGUE QUERIENDO DESAFIARME?

Toda esa escena, unida a la voz de Park Jimin y a los estridentes sonidos de la guitarra
de los Scorpions, hizo que los soldados de Eliah retrajeran sus cuerpos y retrocedieran
varios metros. Han Untak se quedó en el mismo sitio, mostrando los dientes en un
intento de mantener la pose de valentía, pero eso fue lo más lejos que pudo llegar ya
que el resto de su cuerpo lobuno delataba el terror que sentía.

Fue entonces cuando una nube cargada y pasajera cruzó el cielo sobre ellos, invitada
por los vientos del sur. Jeon Jungkook se dio cuenta de que, en poco tiempo, empezaría
a llover. El joven rey miró a Park Jimin con temor.

No sé cómo has hecho tanto fuego tan rápidamente, hechicero Park, pero la lluvia
podrá apagarlo... Y Han Untak dejará de tener miedo, pensó, tragando en seco.

Para su desgracia, el general de Eliah tuvo pensamientos similares al vislumbrar las


nubes grises sobre ellos. Incluso mostró sus colmillos en una sonrisa lobuna,
recuperando su confianza.

Sin embargo, lo que no sabían era que Park Jimin ya contaba con la llegada de esa
lluvia. El joven estudiante de química también estuvo a punto de reírse por anticipado
cuando se dio cuenta de que el agua que caería de aquellas nubes no sería mucha,
sólo la suficiente para culminar su espectáculo pirotécnico.

—HAHAHAHA. —Jimin volvió con la voz dramática, con una confianza que tomó de
sorpresa a Jeon Jungkook y Han Untak. —HE CONTADO HASTA 10 Y TODAVÍA ESTÁN
AQUÍ... creo que es hora de convocar a mis... ehm... ¡¡¡MIS PODERES DIVINOS!!!

La lluvia comenzó a caer, y en cuanto las primeras gotas de agua tocaron el fuego
incendiario, se inició una explosión en cadena, aturdiendo los sentidos de todos y
acabando, de una vez por todas, con el valor que aún resistía en el orgulloso pecho del
general Han. Con un aullido, hizo retroceder a sus tropas y todos salieron corriendo
de vuelta a la Nación Eliah.

—ESO ES, ¡CORRAN CACHORROS, CORRAN MUCHO! PORQUE SI NO LO HACEN,


MI FUEGO LOS SEGUIRÁ HASTA SUS CAMAS CUANDO ESTÉN DORMIDOS. —..
Espera, eso sonó un poco mal, Jimin continuó en sus pensamientos.

Mientras las tropas enemigas huían, los guerreros de Adaman aullaban emocionados y
gritaban victoria mientras la lluvia limpiaba sus cuerpos sudorosos y ensangrentados
por la reciente lucha.

El joven rey Jeon tampoco pudo contener su alegría y alivio. Corrió hasta el pie del
acantilado donde estaba Jimin y comenzó a escalar el pico rocoso para alcanzarlo.

—¡Oye, cuidado! —Park Jimin habló cuando vio a Jungkook acercarse.

Cuando el rey estaba a punto de llegar a la cima, se tomaron de la mano y Jimin tiró
del otro joven hacia arriba. Semejante impulso hizo que ambos cayeran, uno al lado
del otro, agitados, con el corazón saltando por la adrenalina que aún hervía en sus
venas.

—¡Eso fue una locura! —exclamó Jimin, jadeando y pasándose las manos por el pelo
empapado por la lluvia.

—Estoy seguro de que sí... —Jungkook suspiró profundamente, recargando sus


energías. —Cómo... ¿Cómo has conseguido hacer eso? Ese fuego brillante y la
explosión... ¡Fue muy impresionante!

—Ah, el fuego brillante es el resultado de quemar magnesio puro. Quería hacer fuego
azul, pero es difícil encontrar cloruro de cobre por aquí, y no tenía mucho tiempo para
buscarlo ni para fabricarlo. Podría hacerse con electrólisis, pero llevaría demasiado
tiempo y... —Park Jimin habló con entusiasmo, sin darse cuenta de que el chico a su
lado no entendía mucho. Jeon Jungkook, sin embargo, escuchó con asombro,
encontrándolo increíblemente peculiar.

Cuando se dio cuenta de que se había excedido con su parloteo científico, Jimin se
aclaró la garganta y sonrió torpemente.

—Lo siento, ehm... —Park se rascó la nuca, avergonzado, y decidió responder a la otra
pregunta. —Esa explosión ocurrió porque pedí a tus curanderos que echaran mucho
aceite a las plantas. La mezcla de aceite, fuego y agua es eso: ¡BOOOM! —Jimin
extendió sus brazos, escenificando. —Es por eso que nunca debes apagar el fuego del
aceite con agua. No, no.

—Asombroso. —dijo Jungkook, abriendo los ojos mientras observaba a Jimin.

—Hmm... ¿Por qué tanta sorpresa?


—No, no, me refería a que eres increíble. —dijo el rey con una brillante sonrisa,
levantándose del suelo.

Park Jimin sintió que se estremecía y miró hacia abajo mientras él también se
levantaba. Con eso, se dio cuenta por primera vez de los moretones en las manos y el
brazo del otro joven.

—¡Dios mío, eso está horrible! Necesitas un médico, hombre. —dijo Jimin,
apresurándose a tomar su teléfono, que estaba unido a un artilugio fabricado
apresuradamente cuya función era servir de altavoz, y apagar la música que seguía
sonando en el aparato. Cuando lo hizo, Park lo guardó y tiró de Jungkook para que
bajaran juntos de la cima. —Vamos a por uno de tus curanderos.

—Estaba tan emocionado que me olvidé de las heridas, já... —murmuró Jungkook,
mirando la mano de Jimin sobre su muñeca sana. Al joven rey le hizo gracia que aquel
chico, además de tratarle de manera tan informal, le siguiera tocando sin
miramientos.

Por extraño que fuera, a Jungkook le estaba empezando a gustar.

—Lo sé, hice todo un espectáculo. Pero tus soldados lucharon demasiado bien. Y vi
desde allá arriba cuando te enfrentaste a ese lobo. Hombre, fue mejor que una
película, en verdad... No sé si sabes lo que es eso, ya entendí que este mundo es
diferente al mío... —dijo Jjmin, bajando el tono de su voz. De repente, la mala
sensación de estar lejos de casa comenzaba a regresar a su pecho.

Jeon Jungkook entonces dejó de caminar cuando llegaron a la base del desfiladero,
interrumpiendo también el paseo de Park Jimin.

—Aprecio tus cumplidos, pero ahora mismo... —el joven rey habló seriamente,
parándose frente a Park Jimin, mirándolo profundamente con sus brillantes ojos
negros. —Ahora necesito enfocar mi agradecimiento en tus acciones de este día. Me
ayudaste a proteger a mi gente, a mis soldados, y por segunda vez en menos de
veinticuatro horas, apareciste justo cuando mi vida estaba en riesgo. Puede que me
esté volviendo loco pero he comenzado a orar para que seas el prometido... el omega
de plata. —la voz de Jungkook vaciló por un instante. Se sintió avergonzado por
revelar un profundo anhelo.

Y el rey no fue el único que se sintió avergonzado, a Park Jimin casi se le salen los ojos
de las órbitas cuando escuchó las palabras del otro chico.

—Hey... Tranquilo, ya hemos superado esta fase, no soy un ser divino... No. —Jimin se
apartó de Jungkook lentamente, mostrando una sonrisa forzada y nerviosa.

—Sí, lo sé, perdóname... Pero, como puedes ver, no sé qué haré con ellos. —Jungkook
señaló detrás de ellos, mostrando a Jimin que todos los soldados de Adaman y los
civiles allí presentes estaban arrodillados, con sus frentes tocando el suelo. —No
importa lo que le diga a mi gente, ellos vieron con sus propios ojos lo que hiciste hoy.
En sus corazones, el Omega de Plata está aquí, frente a nosotros.

Park Jimin tragó en seco y parpadeó varias veces, sin saber qué hacer.

—Pero no soy... ¡No lo soy! Soy una persona ordinaria, Jeon Jungkook... ¡Quiero decir,
Rey, Su Majestad, lo que sea! —tartamudeó Jimin, frustrado. —quiero ir a casa...

Jeon Jungkook observó al otro chico con un rastro de tristeza en su mirada, algo que
tomó por sorpresa al joven rey. De alguna manera, la presencia extraña y peculiar de
Jimin era agradable, y perderla no sería agradable.

—Lo siento, fui muy impetuoso... Sólo... Acompáñanos esta noche. Acamparemos más
al norte y haré un festín, para celebrar la retirada de Eliah. —dijo Jungkook, bajando
la mirada. —Mañana, en cuanto aparezca el alba, te llevaré a ese punto del bosque
donde podrás volver a tu mundo.
"Alba", "Aparezca el alba". Maldita sea, habla tan bien, es guapo y todavía me mira
así, eso no es justo.... pensó Park, en un lamento silencioso.

—Bueno, nada me dice que vaya a llegar a casa si intento lanzarme de nuevo a ese
arbusto ahora mismo. Además, un festín me vendría muy bien, hmm....

—Muy bien, rey. Trato hecho. —Jimin levantó la mano, esperando que el otro la
estrechara. Pero Jeon Jungkook sólo la miró, confundido. —Tienes que darme la mano.
_Jimin explicó, pero pronto se dio cuenta de un detalle urgente. —Dios, no importa,
¡mira el estado de sus manos! ¡Ven, voy a buscar un sanador para ti ahora mismo!

Park Jimin entonces volvió a arrastrar a Jeon Jungkook, tomando su muñeca saludable.
Y el joven rey, suprimiendo una sonrisa en sus labios, se dejó llevar por el otro
muchacho.

Las tropas de Adaman acamparon cerca de un bosque lleno de árboles frutales,


bañado por un arroyo que recibía agua fría del manantial situado en una montaña
cercana. El cielo ya estaba azul oscuro cuando los soldados y los civiles terminaron de
montar las tiendas y de encender las fogatas, y entonces los cocineros empezaron a
preparar el banquete.

Mientras los sanadores se turnaban entre los alfas y betas heridos por los combates de
ese día, ofreciéndoles pociones medicinales y tratamientos de hierbas, las omegas se
encargaron de la caza de esa noche, trayendo, tiempo después, buenos kilos de carne
y fruta para asar en las hogueras.

Cuando por fin comenzó el banquete, algunos civiles iniciaron un animado círculo
musical, cantando y tocando sus instrumentos rústicos. Park Jimin, mientras
saboreaba carne de ciervo asada por primera vez en su vida, observaba sonriente a
algunas personas que bailaban mientras destilaban felicidad. Incluso de pie, sentado
en un tronco cerca de una de las hogueras, los pies del chico seguían el ritmo de la
melodía, golpeando el suelo mientras los músicos tocaban sus tambores.

Fue divertido para el joven Park ser testigo de tal evento tan "medieval", él estaba
acostumbrado a las fiestas que daba la gente de su universidad, llenas de música
electrónica a todo volumen, luces intermitentes, mezclas de bebidas alcohólicas y
drogas... Bueno, Jimin decidió que prefería el bullicio rústico que tenía delante,
porque era más acogedor. Con ella, el chico podía sentir el calor entre las personas.

Y de repente, un calor extra envolvió a Jimin, porque vio, entre la gente que bailaba al
ritmo de la música, a Jeon Jungkook girando y saltando, siguiendo la coreografía de
los demás, sonriendo de oreja a oreja mientras sus súbditos lo animaban.

Con sus heridas ya debidamente tratadas, el joven rey pudo coger de la mano a sus
compañeros de baile, elegante y caballeroso como siempre.

En ese momento, el chico tuvo el siguiente pensamiento: Jeon ungkook es realmente


guapo, fue lo que rondó la mente de Park Jimin en ese momento. Se sorprendió a sí
mismo sonriendo como un tonto por segunda vez ese día.

Mientras intentaba reprimir esa sonrisa atontada, se dio cuenta con cierto temor de
que su mirada había entrado en el campo de visión del joven rey.

Jeon Jungkook dejó de bailar en ese mismo instante y comenzó a alejarse del centro de
la fiesta, donde la música estaba más alta y la gente se divertía con coreografías
improvisadas. Se cruzó con algunos súbditos sentados alrededor de las hogueras y
correspondió sus reverencias con palabras amables, sin apartar la vista de su objetivo
final.

—¿Te gustaría bailar un poco? —le preguntó Jungkook a Jimin en el momento en que
estuvieron lo suficientemente cerca.
Jimin se quedó mirando al rey, con las cejas arqueadas, y recordó los cuentos de hadas
que había leído de niño, como la historia de Cenicienta, a la que el príncipe había
invitado a bailar en el baile real.

"Comienzo a creer que he entrado por arte de magia en el extraño libro de Yeseo.
"pensó por fin el chico, sintiendo que los pelos de su cuerpo se erizaban. Desde el
momento en que empezó a darse cuenta de que este mundo no era "su" mundo, Park
Jimin había estado formulando teorías e hipótesis sobre cómo había acabado en este
lugar. Hasta ahora, cualquier idea era válida, aunque pareciera surrealista.

Tras un segundo de ensoñación, el joven Park desvió la mirada hacia el suelo, se rascó
la nuca con una mano y decidió responder a la invitación del rey.

—Y-yo no sé cómo bailar eso, mejor me quedo aquí, comiendo, —dijo Jimin. —soy
genial comiendo.

Jeon Jungkook lo consideró gracioso y se rió.

—Ninguno de nosotros sabe bailar "eso". Sólo hay que seguir el ritmo. —dijo,
tendiendo una mano al chico sentado.

Jimin miró fijamente esa mano y movió sus labios carnosos. Después de un momento
de vacilación, el chico la extendió y Jungkook le ayudó a levantarse.

Los músicos no tardaron en percatarse de la aproximación del Rey y el Omega de


plata, y recargaron la energía del círculo de baile con música aún más animada. Al
notar las miradas sobre si, Park Jimin se sintió intimidado, se puso rojo de vergüenza y
su cuerpo se endureció como una piedra.

—No sé... H-hay un montón de gente m-mirándo, h-hombre. —murmuró a Jungkook,


mirándolo temeroso.

—Te sientes incómodo bailando, pero ¿no te acobardas cuando haces una actuación
como la de hoy? —Jeon Jungkook se rió, recordando que se sintió eufórico cuando vio
al chico Park de pie en ese pico lleno de fuego.

Ante su burla, Jimin sintió que iba a soltar humo por las orejas.

—¡Eso fue diferente! Estaba concentrado en ayudarte, no pensaba en nada más, por
eso funcionó. —se cruzó de brazos, resoplando.

El joven rey sintió un cálido placer al escuchar tal afirmación del otro muchacho. Lo
saboreó en silencio, como algo que no debía hacerse, y resopló.

—Entonces... Concéntrate en mí de nuevo, y baila. —Jungkook tiró de Jimin hacia el


centro del círculo de baile, y este último no tuvo más remedio que seguir la
coreografía.

Con la música agitando sus nervios, y con el chico que tenía enfrente desprendiendo
una animación tan cautivadora, Park Jimin se fue dejando llevar lentamente. Al
principio sacudía la cabeza y daba palmas rítmicas, luego daba pequeños saltos aquí y
allá, animado por las otras personas que también disfrutaban de la música. Al final,
Jimin se sintió como en una película antigua, en medio de un baile barroco lleno de
gritos de felicidad, sosteniendo un vaso de cerveza artesanal y brindando por la
victoria con Su Majestad y sus soldados hasta que, finalmente, perdió la noción del
tiempo.

La luna ya se inclinaba en el horizonte cuando el joven se retiró del círculo para


sentarse y descansar. El corazón aún le hervía en el pecho cuando se hundió en un
tronco blando y terminó de tragar toda la cerveza de su vaso.

—Aaah... —Jimin dejó escapar un suspiro, mirando al cielo, y habló para sí mismo. —
Hombre, esto es lo más loco que le voy a contar a mis nietos.
—¿Tienes hijos? —preguntó una voz a su derecha. —Jimin giró su rostro y notó la
presencia del General Kim Namjoon. Estaba sentado en el mismo tronco que Park
Jimin, pero un poco alejado del joven, y tenía una férula atada a su brazo izquierdo
con una tela blanca.

—Un... Oh, no. No tengo hijos, era sólo una forma de decir... —explicó Jimin con una
sonrisa. —Entonces, abrió los ojos al darse cuenta de algo: —ya no me dices "Su
Magnificencia", finalmente...

—Mi rey ya me ha explicado lo que está pasando. Es vergonzoso pensar en ello...


Bebamos. —el general se apresuró a coger una jarra de cerveza y un vaso limpio de la
mesa cercana.

Jimin ya estaba acompañando al otro con su bebida cuando ambos fueron


interrumpidos por una figura vestida de rojo vino. Los ojos azules de Keran, el sanador
que Jimin había conocido ese mismo día, se estrecharon sobre Kim Namjoon.

—Mi señor, ya le he informado que las bebidas alcohólicas no le ayudarán con sus
heridas. Así que por hoy, no beba. —Keran se cruzó de brazos y golpeó un pie en el
suelo. El omega parecía dispuesto a desafiar al general de Adaman si era necesario.

—Es sólo un sorbo, Lu Keran, no me voy a morir. —Namjoon puso los ojos en blanco y
señaló a la multitud que seguía bailando. —Mira ahí el rey, tiene los dos brazos
heridos y sin embargo puede disfrutar de una cerveza, ¿por qué yo no?

—No tengo autoridad para detener al rey, General Kim.

—Tampoco a mí. —Namjoon vació entonces un vaso de cerveza de un solo trago, y


todavía sonrió al final. —Soy tu general, sanador.

Lu Keran suspiró con fuerza.

—Sólo estoy tratando de curarlo antes de que lleguemos a la capital. ¿O quiere que su
hija lo vea así, en ese estado? —el sanador omega bajó la mirada, entristecido. Parecía
que la curación de Kim Namjoon no sólo era importante para su hija...

Al sentirse confrontado, el general Adaniano cerró los labios y apretó la mandíbula.


Cuando volvió a hablar, su voz profunda salió baja y fría.

—Te diriges a mí con más intimidad de la que está bien vista. No lo toleraré
nuevamente, Lu Keran...

El semblante del curandero se cerró y sus ojos azules se volvieron opacos. Los que
estaban cerca, que podían sentir las feromonas, se sintieron helados por el olor
intimidante y amenazante que exhalaba Kim Namjoon en ese momento. Park Jimin,
aunque era completamente ajeno a esas sensaciones, pudo notar la tensión entre el
alfa y el omega a su lado.

La situación parecía tan incómoda e inquietante que el rey Jeon apareció para
intervenir. Jungkook puso una mano en el hombro del general y apretó, como en una
petición silenciosa de que se detuviera. Kim Namjoon se relajó entonces y apartó la
mirada de Lu Keran hacia el fuego crepitante de la hoguera más cercana.

—Yo también me equivoco. Dejemos de beber por hoy, amigo... —dijo Jungkook a
Namjoon. —Voy a buscar agua para nosotros.

—Su Majestad. —Keran se apresuró. —No tiene que molestarse. Déjenme traerles un
poco de agua, mis señores.

—Gracias, pero quiero moverme un poco más... —insistió Jungkook. Sin embargo,
rápidamente se dio cuenta de que Lu Keran quería organizar urgentemente una tarea
que le ocupara y al mismo tiempo le permitiera ayudar al general Kim. —Pero si
quieres acompañarme, entonces está bien.
El rey se adentró en el bosque, llevando una botella en las manos para llenarla de
agua del arroyo que había a unos metros. Lu Keran, tras observar al general Kim
durante un rápido instante, siguió a Su Majestad detrás, apresurándose para no
perderlo de vista entre los árboles.

Jimin observó toda la escena en silencio, pensando que sería demasiado intrusivo
decir o sugerir algo a aquellas personas que sólo conocía desde hacía menos de un
día. Pero su bocaza no pudo contener el comentario que hizo a continuación, cuando
se quedó a solas con el general Adaman.

—¿Es mi impresión o le gustas a ese curandero?

Kim Namjoon casi se ahoga con su propia saliva. Comenzó a toser, golpeándose el
pecho hasta que finalmente recuperó el aliento.

—¿Estás bien? —Jimin se arrepintió de haber abierto la boca.

—E-estoy bien... —el general parpadeó, recomponiéndose lentamente.

Viendo que las cosas se pondrían incómodas para él si el tema de conversación no


cambiaba, Park se apresuró a comentar otra cosa.

—¿Así que tienes una hija?

—Ah, sí... —los labios de Namjoon se curvaron en una sonrisa y sus ojos entrecerrados
brillaron por primera vez esa noche.

—Oh... —los ojos de Jimin se abrieron de par en par. Pero es tan joven, pensó Jimin, y
luego preguntó: —¿Te está esperando con su madre en la capital?

Esta pregunta, por desgracia, hizo que los ánimos entre los dos se enrarecieran aún
más, porque el rostro de Kim Namjoon se volvió sombrío.

—No, su madre... Murió hace unos años. Mi hija


está al cuidado del ama de llaves. —dijo el general, mirando con nostalgia una jarra de
cerveza en la mesa más cercana, pensando en la posibilidad de perderse en la bebida
durante esa noche.

Por Dios, sólo estoy empeorando la conversación, ojalá Jungkook vuelva pronto... Jimin
pensó, en un lamento, y trató de pasar a un tema más ligero.

—Parece que le tienes mucho cariño a tu hija. ¿Puedo saber su nombre?

Y mágicamente el semblante del General Kim volvió a ser alegre.

—Es Jina. Kim Jina.

—Es un nombre bonito... —dijo Jimin, sintiéndose aliviado por haber acertado. —De
donde yo vengo, eres demasiado joven para ser padre, así que me sorprendió. —
explicó, arrastrando los pies por la hierba del suelo. —En realidad hay mucha gente
joven aquí. Los soldados, los médicos, el rey... Siempre he pensado que la gente así es
mayor, más experimentada, no sé...

Kim Namjoon observó al chico a su lado durante un momento de reflexión.

—Por desgracia, la guerra no permite que nuestros niños sean... niños. Y el rey,
bueno... Su Majestad también teme por su propia posición. —el general recogió un
palo del suelo y comenzó a quemarlo en el fuego. Jimin observó cómo la superficie de
madera se convertía en brasas y caía sobre la hierba húmeda, mientras oía a Namjoon
murmurar solemnemente. —digo esto sólo porque parece confiar en ti, señor Park
Jimin... El rey tampoco cree que tenga la suficiente experiencia y capacidad para
llevar la corona. Es por eso que siempre se sacrifica, incluso cuando no es necesario,
incluso cuando su propia vida está en juego.
—Realmente... Me he dado cuenta de que es un poco temerario. —murmuró Jimin con
una sonrisa.

Kim Namjoon lo miró con el ceño fruncido, con el rostro cubierto de confusión.

—"¿Temerario?" —el general no comprendía.

—Es como 'valiente' y, al mismo tiempo, 'imprudente', sólo que en un sentido menos
malo. N-no estoy ofendiendo a tu rey, ¿sabes? —dijo Jimin rápidamente, viendo que la
cara de Kim Namjoon ya empezaba a tensarse.

—Hmm... Creo que entiendo... —el general se relajó y volvió a contemplar el fuego.

Al cabo de un rato, Lu Keran volvió con un vaso lleno de agua y se lo entregó al


general de Adaman. Éste último le dio las gracias calurosamente y bebió el frío líquido
en silencio, permaneciendo frío e indiferente al curandero hasta que finalmente se
alejó, cabizbajo.

La situación entre los dos seguía siendo incómoda, sobre todo porque, en la mente de
Kim, las palabras de Jimin sobre que el curandero sentía algo por el general estaban
empezando a molestarle. No es que Namjoon no supiera ya de esos sentimientos, pero
prefería fingir que no existían, sería más fácil para ambos. Sería más seguro para ese
joven e ingenuo omega enamorado.

El General Kim clamó en silencio por Lu Keran para que le dé la espalda y vaya tras
otro alfa. Un alfa que no estuviera ya profundamente marcado por el pasado.

Cuando hubo saciado su sed, Kim Namjoon se volvió a dialogar nuevamente con Park
Jimin, porque distraía su mente eficazmente.

—Anoche, cuando Su Majestad te encontró en esos bosques, estaba casi eufórico. Le


diste esperanzas.

Jimin giró su rostro para mirar al general.

—¿Esperanza...?

—Sí. No me corresponde decir mucho, pero las circunstancias que lo llevaron a cargar
la corona le quitaron casi toda la fe en que pudiera llegar a ser un rey digno. Sin
embargo, ayer, cuando pensamos que el Omega de Plata había surgido por fin, Su
Majestad recobró las esperanzas. —dijo Kim Namjoon con aire pensativo,
manteniendo una sonrisa solemne en sus regordetes labios.

Escuchar eso hizo que Park Jimin se sintiera incómodo y un poco triste. Se tragó el
sentimiento de culpa que había empezado a subir en su garganta.

¿Por qué me siento culpable? No me confundieron con un ente milagroso porque yo


quisiera. El joven se debatía consigo mismo en sus pensamientos.

—Mantén la calma, señor Park Jimin. —dijo el general en cuanto notó la reacción
abatida del chico. —Incluso después de que el rey descubriera la verdad, seguía
creyendo que tu aparición era una especie de 'buena señal', especialmente después de
que le ayudaras.

—Ah, yo... Te lo agradezco, supongo. —Jimin se sintió tímido. —¿por qué me dices
estas cosas tan geniales?

—Porque él es mi amigo. Te estoy agradecido, al igual que él. —explicó el general. —


Park Jimin se dio cuenta de que, aunque era muy joven, Kim Namjoon tenía un aura de
sabiduría y experiencia a su alrededor. Incluso sus ojos marrones brillaban como rocas
que han sido testigos de años y años de sedimentación y erosión hasta formar lo que
son hoy.

—Hablando de Su Majestad... —Park Jimin miró el bosque oscuro y se preguntó por


qué Jeon Jungkook no había regresado de allí todavía.

—Debe estar admirando la luna. —dijo Namjoon, respondiendo a la pregunta implícita


en el rostro del otro joven.

—Ah... —comprendió Jimin, sacudiendo ligeramente la cabeza.

De repente, tuvo ganas de ir tras el joven rey.

—Ehm, tengo sed... Creo que voy a ir a por agua fresca, jeje... —el chico se levantó del
tronco con una mano en la nuca y una sonrisa avergonzada en el rostro.

—Por supuesto... —el General Kim sonrió, sabiendo muy bien que Jimin no iba a ir al
bosque a conseguir el agua. —Dígale a Su Majestad que no es seguro estar lejos del
campamento por mucho tiempo.

La cara de Jimin entonces se llenó de sangre caliente.

—Ah, uhm... Claro. —habló, y atravesó los primeros arbustos del bosque, sintiéndose
el mayor tonto del mundo.

Jeon Jungkook ya había saciado su propia sed momentos antes, cuando la luna aún se
veía ligeramente inclinada. Ahora levantó la vista y la contempló mientras descendía,
rodeada de miles de millones de maravillosos y distantes puntos de luz. Una escena
que siempre robaba suspiros al joven rey alfa.

Si pudiera, aullaría a las estrellas en ese instante, tan fuerte que llegaría a los oídos
de sus súbditos en la capital, de su hermano, que esperaba reencontrarse con él, y de
su madre, que siempre rezaba a los ancestros para que su hijo volviera sano y salvo.

Cuando Jeon Jungkook pensó en esto, se replanteó sus propias actitudes de los últimos
días, los momentos en los que se puso en riesgo, como siempre hacía. Tan torpe, tan
impetuoso. ¿Pero qué podía hacer? Si no actuaba así, Jungkook no se sentía realmente
útil. No se sentía digno.

—¿Qué tiene de bueno ver cómo explotan bolas a millones de años luz? —la voz de
Park Jimin le pilló por sorpresa. Jungkook estaba tan distraído que no vio aparecer en
su campo de visión al chico bajito de pelo oscuro.

Cuando giró su mirada hacia él, el joven rey se dio cuenta de que a la pálida luz de la
luna, Park Jimin parecía tan hermoso como un ángel de los cuentos de su madre.

—¿Bolas explotando? —Jungkook frunció el ceño, una vez más confundido por el
parloteo científico de Jimin.

—Eso es lo que son las estrellas: bolas de gas que explotan. La explosión da lugar al
resplandor, que es lo que vemos. Y todo esto ocurre muy lejos de aquí. —Jimin explicó,
usando su tono de voz relajado. Se sentó junto al joven rey mientras éste procesaba la
información que acababa de recibir.

—Intrigante... El alquimista real también habla cosas similares, pero utiliza términos
un poco más comprensibles para mí. —dijo Jungkook.

—Hmm, lo siento, dejaré de hablar así a partir de ahora. No me gusta ser de esos tipos
que se creen sabelo-todos. —Park se encogió de hombros, metiendo las manos en los
bolsillos de su sudadera. No se había cambiado de ropa desde el día anterior debido a
las circunstancias. El olor de la falta de baño empezaba a incomodarlo.

Espero que Jungkook no tenga una buena nariz.... Pensó.

—No lo detengas. —el joven rey dijo de repente, tomando a Jimin por sorpresa. Con
una sonrisa en la cara, que al otro chico le pareció bastante simpática, Jungkook
explicó. —Me divierto cuando hablas así, es entretenido y curioso.

—Oh... —Jimin se mordisqueó los labios y se rió torpemente. De repente, su corazón


comenzó a latir con más fuerza, enviando sangre caliente a sus mejillas, que
rápidamente comenzaron a sonrojarse.

Gracias a Dios que está oscuro, Park Jimin agradeció en silencio.

—Me pregunto cuántas cosas intrigantes debe haber en tu mundo. —murmuró Jeon
Jungkook contemplativamente, observando el reflejo del cielo en la clara superficie del
arroyo.

—Parece que manejas bien la idea de que no soy de este lugar. —comentó Jimin. —En
realidad, ustedes manejan bien muchas cosas aquí, como con las relaciones entre
personas del mismo género, con las personas trans y con el hecho de convertirse en
lobos. Hombre, esto es como un paraíso gay, sólo que sin unicornios y con hombres
lobo. —se impresionó Park.

Sin entender la mayor parte de lo que decía el chico de al lado, Jeon Jungkook se
concentró en la parte en la que el otro hablaba de las transformaciones lobunas
realizadas por alfas y omegas.

—Park Jimin, creo que te debo una explicación, después de hoy... —comenzó a decir el
joven rey, su tono serio pero tranquilo captó la atención de Jimin. —Cuando me
preguntaste sobre ser un alfa y sobre las transformaciones, entre otras cosas, no te di
una respuesta. Confieso que por recelo, temor y vergüenza. Recelo y temor porque
esta información puede ser utilizada por los enemigos contra mí, y vergüenza
porque... porque de hecho soy un alfa incompleto. Eso no es un orgullo. Y un rey alfa
incompleto es ciertamente algo decepcionante...

—Oh, vamos. Te vi luchar contra ese gran lobo hoy. ¡Casi le ganas! Pudiste haberlo
hecho si yo no hubiera aparecido. Sólo lo hice porque tenía miedo de... Ehm... —Jimin
frunció el ceño, sus orejas ardiendo. —En fin, debí haber esperado un poco más,
¡habrías ganado!

Jeon Jungkook miró fijamente a Park Jimin con enormes ojos paralizados. Después de
un instante, parpadeó, miró hacia otro lado y sonrió. Sonrió de avergonzado.

—Tu confianza me... me halaga, te lo agradezco. —dijo el joven rey. Después de


aclararse la garganta, continuó. —Finalmente, para responder a tu pregunta: No, no
puedo transformarme, ni puedo sentir las feromonas como un alfa normal. Durante
gran parte de mi infancia me trataron como un beta, pero luego comencé a sentir los
olores de los alfas que me rodeaban y ellos el mío. Mi madre estaba feliz de pensar en
mí como un niño pequeño que aún no había madurado lo suficiente. Pero para su
decepción, ese no fue el caso. —los labios de Jungkook se movieron en una sonrisa
triste. —Sólo sé que soy un alfa porque los demás dicen que huelo como uno, pero no
tengo la capacidad de encontrar siquiera una pareja porque mi nariz no capta el olor
de los omegas...

El joven rey suspiró profundamente, como si hablar de ello le costara todo su aliento.

—Fue entonces cuando, un día, mientras luchaba contra los bárbaros de Oriente, al
lado de la antigua reina, mi otra madre, ya fallecida; me crucé con una chamán del
bando enemigo, que me miró fijamente y me dijo unas palabras que me dieron
esperanza: "el Omega de Plata será el milagro que te traerá al lobo" —Jungkook recitó
la frase de la chamán, utilizando el mismo tono que ella había entonado en su
momento, mientras mantenía una mirada distante al frente.

—¿Es por eso que actuaste así cuando me viste por primera vez? —preguntó Jimin,
sintiendo que su pecho se ponía un poco pesado.

Jungkook sonrió en respuesta, confirmando.


—Para serte sincero, una buena parte de mí nunca creyó en esa mujer, porque lo
profetizó en el momento en que la difunta reina ordenó el asesinato de los prisioneros
de guerra. Mi condición de "alfa incompleto" ya era muy discutida por las bocas del
pueblo, esa chamán probablemente estaba consciente de ello antes de encontrarme en
el campo de batalla.

—¿Crees que inventó eso sobre ti para no morir? —Jimin se sentía cada vez más
concentrado en esa historia.

—Sí... Al final, realmente se salvó. A mi madre le gustaron sus palabras y le dió


libertad. Y yo me quedé con las tontas esperanzas. —Jungkook volvió a sonreír, esta
vez con más amargura.

Tal vez fue el alcohol haciendo efecto en su cerebro, o la agitación de ese día de locos,
pero Park Jimin comenzó a sentirse realmente culpable de no ser una criatura divina.

—¡Lo siento, hombre! —los ojos de Jimin se aguaron. —LO SIENTO POR SER SÓLO
YO Y NO EL OMEGA DE PLATA.

Jeon Jungkook estalló entonces en una fuerte carcajada, hasta que le dolió el
estómago de tanto reír.

—¡Pa-Park Jimin, e-eres muy divertido! —Jungkook intentó formular palabras entre
risas. Inconscientemente alcanzó el hombro del otro y sosteniéndolo mientras se
recuperaba de su risa. —E-esta bien. Apareciste en el momento perfecto, jamás diría
que estoy triste por tu aparición. Por el contrario, yo... Me gustas.

Los ojos de Park Jimin se abrieron y enmudeció, y Jeon Jungkook hizo lo mismo al
darse cuenta de sus palabras. La sangre de ambos comenzó a fluir por sus mejillas,
enrojeciéndolas por completo, hasta calentarlas. Los dos jóvenes no sabían dónde
enfocar sus miradas ni qué hacer a continuación. Todo parecía tan desconcertante.

Pero no tuvieron que pensar mucho más en cómo actuarían a partir de entonces,
porque justo en ese momento, apareció una figura bestial al otro lado de la orilla del
arroyo. Los ojos brillaban en la penumbra nocturna, el heterogéneo pelo castaño
cubría todo el cuerpo de la inmensa bestia, los afilados caninos brillaban como
cuchillas asesinas.

El general de Eliah, Han Untak, volvía a dar la cara nuevamente, y parecía


completamente enfurecido.

—¡Lo sabía! —gruñó, como un perro enfurecido. —¡sabía que el Omega de Plata no
había aparecido! ¡Fue un truco! ¡Un engaño! ¡Hechicería! ¡Tú, Rey Jeon, eres un falso,
todos ustedes lo son! ¡Lo mataré! ¡¡Lo mataré y le entregaré su maldita cabeza a ese
zorro!

¿¡Zorro!? pensó Jimin, pero no tuvo mucho tiempo para reflexionar sobre esa palabra,
porque en la velocidad de un parpadeo, Han Untak saltó, levantando sus garras para
atravesar a los dos chicos.

Jungkook y Jimin loesquivaron por poco con un salto, cayendo directamente en un


conjunto de duras raíces de árboles que los rodeaban. El rey aprovechó una de de
ellas y la sacó, para usarla como lanza.

—Corre al campamento y llama a mis soldados. Puede que Han Untak no esté solo.
_dijo Jeon al otro chico, mientras levantaba el trozo de madera y se colocaba como un
esgrimista.

Aunque temía dejar a Jungkook solo, Jimin sabía que tenía razón, así que empezó a
correr para atravesar el bosque lo más rápido posible. Sin embargo, antes de que
pudiera dar dos pasos, Han Untak llegó corriendo y se interpuso en su camino.

—No dejaré que impidas mis objetivos, jovencito. —el general abrió su boca llena de
saliva y dientes afilados, y ladró antes de intentar morder a Park Jimin.

Sin embargo, Jeon Jungkook fue más rápido que el general y lo golpeó fuertemente
con la raíz.

—Quédate detrás de mí. Me encargaré de él. —le dijo Jungkook a Jimin, lleno de
determinación. Pero el otro joven vio que a Su Majestad le temblaban las manos, pues
aún se estaban recuperando de sus recientes heridas.

Park comenzó entonces a buscar algo que pudiera ayudarles en esa lucha. Una ramita,
una roca afilada, cualquier cosa.

Han Untak avanzó de nuevo, con más cuidado esta vez, y trató de agarrar el trozo de
raíz de las manos de Jeon Jungkook. El rey aprovechó la brecha en la defensa de su
oponente y le golpeó el cuello con una fuerte patada, que hizo que el otro alfa tosiera
como si se estuviera muriendo. En el siguiente ataque, Untak se lanzó sobre el rey,
utilizando su propio peso como arma.

Desgraciadamente,la embestida fue eficaz para el general de Eliah, ya que el joven


rey, incluso con su físico fuerte y saludable, fue incapaz de detener a un cuadrúpedo
de altura y peso tan superiores. Jeon Jungkook cayó de cabeza al suelo, pero siguió
sujetando al lobo con la raíz metida en su boca canina, impidiendo que llegara a su
cabeza y lo destrozara.

Park Jimin observó la escena con terror. Cuando finalmente vio una pesada piedra
llena de desniveles puntiagudos en el suelo frente a él, no lo pensó dos veces antes de
recogerla y lanzarla directamente a la cabeza del maldito alfa, usando toda la fuerza
que tenía en sus brazos.

El lanzamiento fue fatal para la bestia. El cráneo de Han Untak fue destrozado por la
piedra y cayó muerto junto al joven rey Jeon.

Jungkook miró desconcertado al general Eliah, mientras su cuerpo volvía lentamente a


la forma humana.

—¿E-estás bien? —preguntó Jimin, angustiado. Le temblaba todo el cuerpo, demasiado


asustado, casi aterrorizado porque nunca había matado a un ser vivo de esa manera.

¡Dios mío, había matado a una persona! Park Jimin sintió que podría morir allí mismo.

Al ver el temor en la expresión del otro, Jeon Jungkook se levantó de un salto para
acercarse a él.

—Está bien. Está bien, está todo bien. Me has salvado la vida. —dijo el rey, también
temblando. Muchas emociones pasaban por su mente en ese momento.

Jimin sacudió la cabeza ante las palabras del otro, tratando de concentrarse en ellas
para no tener un ataque de pánico.

Pero todo se fue al desagüe cuando Park comenzó a sentir de repente un inmenso
malestar en lo más profundo de su pecho, que luego se extendió a su estómago y
finalmente infectó el resto de su cuerpo. Se balanceó hacia adelante, jadeando, como
si fuera víctima de una calamidad sobrenatural, y se aferró a Jeon Jungkook, lo único
que había alrededor para apoyarse.

—¿Qué... qué es esto? —Jimin jadeó sin aliento.

—¡Estás herido! ¿Te atacó en algún momento, Park? —Jungkook lo abrazó con
preocupación, escudriñándolo con los ojos en busca de alguna herida visible. Pero no
había nada.

Fue entonces cuando Park Jimin recuperó el aliento, pero con ello una nueva serie de
intensos olores le embriagaron, como una droga que provoca ardor en el sistema
sanguíneo.
Se sentía confuso y débil, como un paciente dopado con morfina y otros narcóticos.
Deliciosos narcóticos.

Después de un minuto en un profundo trance, Park Jimin cayó inconsciente, justo en


los brazos de Jeon Jungkook, que lo sostuvo en ese mismo instante.

Momentos después, el general Kim Namjoon y otros guerreros de Adaman emergieron


en el claro del arroyo, ya transformados en lobos, pues habían sentido un fuerte olor a
alfa.

El general Kim apenas podía creer que aquel olor no fuera realmente de un individuo
extraño, y que ni siquiera procediera del cadáver de Han Untak.

La fuente de las amenazantes y extremadamente intimidantes feromonas se


encontraba en el joven que abrazaba a Park Jimin y que lo miraba con ojos teñidos del
más intenso escarlata, como el rojo del crepúsculo tras la puesta de sol.

—¿Majestad...? —intentó llamarle Kim Namjoon, vacilante, sintiendo un escalofrío que


le recorría la espalda.

Jeon Jungkook miró al general con una frialdad mortal, aunque sus ojos estaban llenos
de las llamas del infierno.

El joven rey abrazó con más fuerza a Park, demostrando que el chico en sus brazos
era suyo, advirtiendo de una muerte tortuosa a quien intentara acercarse al alfa que
había elegido a su omega.

Reino de Eliah, capital de Elong

Los pasillos del palacio parecían impregnados de una creciente inquietud. Los
murmullos de los sirvientes y soldados difundieron, en forma de rumores, la
información urgente de ese día que había llegado del norte, más allá de la frontera.

El rey, Chang Sun, un beta de gran estatura, sintió que la ira le carcomía las entrañas
mientras atravesaba los pabellones del enorme castillo y meditaba, en sus
pensamientos, las últimas noticias de su ejército traídas por el mensajero real.

"Las tropas se han retirado". "Han Untak ha muerto". "el Omega de Plata ha
aparecido".

Cuando llegó al último piso de la torre más exiliada del palacio, Chang Sun abrió de
un empujón las grandes y pesadas puertas que lo separaban de las habitaciones que
allí existían.

Entre las pomposas alfombras y los sofás de llamativos colores, frente a la cálida
chimenea de cobre y madera noble, se encontraba el individuo al que Chang Sun
quería estrangular hasta exprimir su despreciable carne.

—¿A qué debo el honor de recibir a Vuestra Excelencia en mis aposentos esta noche?
—habló el individuo, retorciéndose entre las almohadas, levantando sus nueve colas
doradas que, aun teniendo forma humana, se negaban a abandonarlo.

Chang Sun dudaba cada vez que se dirigía a él, incluso si estaba lleno de odio, como
era el caso de aquella noche. El individuo que tenía delante, además de portar una
belleza deslumbrante, con un rostro limpio y claro, ojos redondos y dorados como su
cola y su pelo, y labios dibujados como pétalos de flores; también emanaba un aura
mortal a su alrededor, como una hermosa flor que exudaba toxinas fatales para
embelesar a quien intentara tomarla.

—¿¡Creías que nunca me enteraría de tu farsa!?


—el Rey de Eliah bramó, con rabia. —Acabo de recibir noticias sobre la invasión en
Adaman. Mi general está muerto y mi ejército está acobardado, ¿y sabes por quién?
¡Por el maldito Omega de Plata!

El individuo de nueve colas frunció el ceño y palideció.

—¿Qué has dicho? —Mostró sus caninos ligeramente puntiagudos.

—¡No te hagas el tonto, porque el tonto soy yo! —el rey se dirigió al otro lado de la
sala y arrancó la cortina que protegía y cubría una vitrina de cristal y su contenido.

En el interior del cristal yacía la cabeza disecada de un lobo con pelo plateado y
cuernos de ciervo. Los ojos rojos de la criatura estaban opacos, sin vida, y las flores de
color rubí que brotaban de sus tallos estaban ya secas y marchitas, como las plantas
en invierno.

—Cuando apareciste aquí con esta falsificación, me cagaste y te acogí.... ¡Ahora mis
súbditos se burlan de mí! —Chang Sun tiró la vitrina al suelo, haciéndola estallar en
mil fragmentos de cristal. —¡Te mataré, Seokjin! ¡Te mataré, zorro traicionero!

El rey de Eliah desenfundó entonces la espada que llevaba en la cintura y se volvió


para correr hacia el individuo que estaba en el centro del cuarto.

Pero tan pronto como dio el primer paso, Seokjin lo arrojó con una de sus colas,
haciéndolo caer justo al lado de la chimenea.

—No eres capaz de matarme y no eres digno, Chang Sun. —el zorro se relamió los
labios perfectos mientras se acercaba al rey caído. Entonces, Seokjin señaló el lobo
plateado dentro de la vitrina rota. —Esa cabeza no es falsa, tú y los tuyos lo
comprobaron docenas de veces. Sabes que aún puedo sentir la sangre del Omega de
plata manchando mis manos cuando lo destripé. O tu ejército ha sido completamente
engañado por el pequeño rey de Adaman, o hay algo mal en esta historia...

—¿H-historia? —Chang Sun tartamudeó, con todo el cuerpo dolorido.

Ignorando al rey, el zorro Seokjin se volvió hacia el fuego crepitante. Las chispas del
fuego lo iluminaban ardientemente, reflejándose en sus hilos dorados de una manera
casi mística.

—Pero si la leyenda de Adaman se está haciendo realidad, y si hay un verdadero


Omega de Plata entre nosotros, entonces tendré que actuar rápido. —murmuró
Seokjin, estrechando sus brillantes ojos. —Rápido y con inteligencia.

Yo sólo paso a avisar que ya comenzaré a publicar los sopilers en mi Instagram, justo
como hacía con Submissive.

Gracias por leer


|4||Predestinados al despertar

Reino de Eliah, frontera norte

El séquito real de Chang Sun cruzó los valles entre las montañas heladas en un
número mucho menor que el habitual, para evitar llamar la atención innecesariamente
de bandidos u otros individuos que pudieran servir de obstáculo en su travesía. El frío
cortante natural de esa región también permitía un viaje tranquilo, evitando que se
encontraran con animales feroces, por ejemplo, pues se retiraban a las zonas más
cálidas del bosque.

Sin embargo, incluso después de tres días de viaje tranquilo, el rey de Eliah se veía
estupefacto. En su elegante y confortable carruaje, apretaba los dientes cada vez que
observaba a través de la ventanilla la exuberante e inamovible figura del hombre zorro
mientras balanceaba sus nueve colas doradas y guiaba a la comitiva como si él fuera
el monarca de todo lo que allí se encontraba.

Seokjin era su nombre. Hermoso, misterioso y fatal. Chang Sun lo odiaba con toda la
fuerza de su corazón.

Al principio, cuando vio al joven cruzar el puerto de su palacio por primera vez, el rey
de eliah estaba intrigado por su forma hermosa y mágica, similar ala de un zorro.
Pocos fueron los que nacieron con peculiaridades distintas, y cada vez que sucedía,
creía que podía ser una bendición de los dioses.

Sabiendo esto, Chang Sun se interesó rápidamente en Seokjin y pensó en darle la


bienvenida en su harém como un símbolo de suerte, una gracia divina. Y este deseo se
multiplicó cuando vio que el joven zorro llevaba con él la cabeza cortada de un lobo de
plata con cuernos de marfil.

Desde allí, el rey estaba seguro de que Seokjin era su clave para la conquista de
Adaman y para la gloria eterna.

Pero en cuanto el zorro puso un pie en el consejo de guerra de Eliah, todo cambió.
Poco a poco, Seokjin se apoderó de las mentes de los lords y ministros de Chang Sun,
seduciéndolos con su magia maligna, llevándolos a una profunda sumisión como si
fueran un grupo de alfas enamorados de una omega en celo.

El rey comenzó entonces a notar la peligrosa fuerza de aquel zorro, pero cada vez que
su conciencia iba más allá, volvía a pensar en las ventajas de tener a su lado a una
criatura tan poderosa.

Chang Sun, un rey beta que no tenía nada que ofrecer, visualizó de repente en sus
manos la cabeza del Omega de Plata y la posibilidad de invadir con éxito Adaman. Por
lo tanto, ¿cómo podría sentirse intimidado? ¿Cómo su orgullo podía distraer
se con otros pensamientos que no fueran los de la conquista y la gloria?

Chang Sun estuvo cegado durante mucho tiempo, hasta que un día vio a Seokjin
desparratado en su trono mientras follaba y era follado por las concubinas y los
concubinos reales, con los sirvientes sirviéndoles frutas y bebidas a su alrededor. A
partir de entonces, el rey de Eliag recuperó la vista y la claridad mental. Sin embargo,
ya era demasiado tarde, pues casi todo su palacio obedecía ahora a ese joven traidor, y
sólo unos pocos de sus generales permanecían cuerdos y leales a la corona.

El impulso de matar a Seokjin crecía como un parásito palpitante en el pecho de


Chang Sun, pero la falta de interés del zorro por el título del monarca cambió
radicalmente las circunstancias de la historia. A Seokjin le importaba poco si iba a ser
señor, general o rey, se limitaba a ignorar a la gente de Eliah y la corona, y a
satisfacerse con un lujoso confort. Además, parecía que lo único que anhelaba aquel
joven era invadir Adaman y arruinar la realeza del reino vecino, un anhelo que Chang
Sun también compartía.

Viéndolo en esos términos, el zorro y el rey de Eliah no eran enemigos. No. Podrían
trabajar juntos, sería mucho más ventajoso así. Al menos por el momento.

Desde entonces, Chang Sun había estado tolerando al insidioso Seokjin y todas sus
actitudes subversivas. Ese viaje a la frontera sur de Eliah, incluso, había sido
solicitado y planeado por el joven zorro un día después de que los mensajeros trajeran
noticias del Norte, sobre la situación de las tropas dirigidas por Han Untak.

Han Untak estaba muerto y el Omega de Plata había aparecido. Era una noticia
demasiado aterradora para el orgullo de Chang Sun.

El rey de Eliah estaba enfadado con Seokjin y, al mismo tiempo, acobardado y


patético. Le hirvieron las entrañas al escuchar a su gente reírse de su desgracia
mientras lo tachaban de tonto.

Sólo había una manera de resolver esto, y desafortunadamente, no era matando a


Seokjin. Al contrario, el poder del zorro era todo lo que tenía a su favor. Porque si
realmente las leyendas de Adaman se estaban haciendo realidad, el Omega de Plata
tenía que ser asesinado, ya que sólo entonces Eliah tendría alguna posibilidad de
victoria en esta guerra.

Por lo tanto, Chang Sun, al enterarse del viaje a la frontera, sólo pudo agachar la
cabeza y seguir a Seokjin hacia el destino desconocido.

Al cuarto día de viaje, cuando la comitiva real había llegado por fin al punto que
dividía Eliah de Adaman, un lugar marcado por un enorme lago helado, tan grande
que parecía un pequeño mar, Chang Sun solicitó con impaciencia la presencia de la
figura de las nueve colas.

—Sí, Su Majestad... —La voz tranquila y suave de Seokjin casi hizo que su sarcasmo
pasara desapercibido. Los ojos dorados del chico zorro miraban fijamente al rey de
Eliah a través de la ventanilla del carruaje, con un brillo mortal que siempre helaba
las entrañas del otro.

—Hemos recorrido un largo camino. Te he dado otro voto de confianza al creer que tus
intenciones al venir aquí están relacionadas con la solución de mis problemas. Quiero
que me digas claramente lo que pretendes, o haré que mis guerreros alfa más fuertes
te arranquen todas las colas. —amenazó el rey con palabras débiles..

Seokjin escuchó en silencio, suspirando pacientemente y reprimiendo la sombra de


una sonrisa en sus redondos labios.

—Qué bien que hayas traído a gente tan fuerte contigo, Chang Sun, pues necesitaré a
cada uno de ellos en el Bosque Fúnebre. —el joven volvió los ojos para mirar el
horizonte no muy lejano, en el que se encontraba un bosque que destacaba entre las
coníferas de los alrededores.

Para empezar, los árboles en ese punto parecían muertos y secos, sus ramas se
retorcían hasta formar una barrera contra la luz, oscureciendo toda la zona bajo ellos.
La nieve no llegaba a ese lugar, pues algo visiblemente sobrenatural se cernía allí,
formando una cúpula oscura y amenazante

—¿El bosque fúnebre? ¿Qué crees que estás haciendo, zorro? No enviaré a mis
soldados allí. —rugió el rey.

—No irán solos. Tus lobitos irán conmigo y, por supuesto, Su Majestad. —dijo Seokjin
en voz baja y se alejó por la orilla del estanque mientras transformaba su propio
cuerpo en el de un gran zorro dorado, cuyo pelaje brillaba como el oro blanco.

Aunque era una criatura magnífica a la vista, que en ese momento conseguía arrancar
suspiros de admiración a todos los miembros del séquito de Chang Sun, una sola
mirada de ese zorro podía hacerles agachar la cabeza con miedo.

—Si quieres superar al ejército de Adaman, te sugiero que no tardes mucho en venir
trás de mi con tus mejores soldados. —la voz feral de Seokjin, a diferencia de la
humana, no era suave, sino más bien ronca, grave y etérea, con inquietantes risitas
acompañando cada discurso.

A pesar de su desconfianza, la ambición de Chang Sun le llevó a dar los siguientes


pasos hacia el Bosque Fúnebre. La idea de obtener ventajas que le permitieran vencer
al ejército enemigo era como un manjar para el narcisismo ligado a su alter-ego
interior. Por lo tanto, después de un gesto de la mano, Su Majestad de Eliah y sus
guerreros alfa marcharon detrás de Seokjin.

El grupo caminó hasta que la nieve bajo sus pies desapareció y dio paso a la hierba
seca y ennegrecida del bosque maldito. El sol poniente empezó a ser ocultado de
repente por un grupo de ramas retorcidas, que formaban un techo natural sobre esa
parte de la vegetación; y la oscuridad se hizo más profunda cuando una densa niebla
envolvió el entorno, dando la impresión de que la noche había llegado pronto.

Chang Sun tragó saliva cuando, tras unos minutos más de marcha, divisó un claro
circular en el centro del Bosque. De repente, el rey sintió una sacudida en su alma, y
recordó las terribles historias que explicaban la aparición de aquel inquietante lugar.

Las leyendas decían que, en el pasado, el Bosque Fúnebre había sido un gran campo
abierto, escenario de centenarias batallas territoriales entre Adaman y Eliah. Por ello,
el suelo se llenó de la sangre de miles de vidas perdidas, impidiendo el crecimiento de
una vegetación sana en él. Desde entonces, todo lo que nacía en ese terreno acababa
teniendo su propia vitalidad chupada por los fantasmas de los guerreros muertos.

Aunque eran terroríficas, estas historias no eran el principal foco de interés de Seokjin
cuando entró en el Bosque con el séquito real de Eliah, sino lo que se escondía en el
oscuro interior de ese bosque.

El zorro de nueve colas atravesó el claro circular hasta situarse ante un portal de
bronce que cerraba la entrada a una cueva. Se encontraba al final de la brecha entre
los árboles secos, y estaba cubierta de magia antigua, musgo y zarcillos que habían
crecido con el tiempo. El portal parecía una celda, pues estaba formado por barrotes
oxidados, pero ese óxido no disminuía la impenetrabilidad sobrenatural de aquella
prisión.

—Puedo oírte a ti y a tus soldados temblar, Chang Sun. —murmuró Seokjin tras notar
que el rey de Eliah no había dado un paso más después de que el grupo llegara al
claro.

—¿Qué hay detrás de esos barrotes, zorro? —Chang Sun colocó su mano derecha en la
empuñadura de la espada que tenía en la cintura, inclinándose ligeramente en
posición de defensa.

A pesar de ser un beta, los instintos del rey de Eliah podían captar algo peligroso
dentro de la cueva que tenían delante.

—Una criatura a la que tus enemigos temen. —siseó en respuesta Seokjin.

A continuación, balanceó sus nueve colas y comenzó a acumular poder en ellas.


Debido a esto, el brillo naturalmente dorado del pelo de su cuerpo se intensificó, y
todo el aire a su alrededor comenzó a brillar.

Seokjin, con sus cuatro patas, saltó contra los barrotes y los arrancó por completo,
utilizando un golpe de sus colas, que actuaban como látigos irrompibles.

No pasó ni un segundo antes de que la criatura atrapada en el interior de la cueva


emergiera, corriendo a la velocidad de un rayo cruzando el cielo, y atacara al soldado
de Eliah más cercano, arrancándole después la cabeza.

Chang Sun lo miró con horror mientras devoraba las entrañas de su víctima, llenando
sus retorcidos y puntiagudos colmillos de carne humana recién sacrificada, y
ensuciando su vello corporal negro como el carbón con sangre fresca.

Parecía un lobo alfa, pero era más grande y estaba lleno de deformidades, con dos
patas más hinchadas que las otras dos, venas que implosionaban por encima de su
pelaje, cicatrices que cubrían la mitad de su espalda y su cara, y ojos que se salían de
sus cuencas normales. Era un espectáculo monstruoso y petrificante.

Los soldados alfa de Su Majestad comenzaron entonces a rugir, preparándose para


atacar. Sin embargo, incluso ellos estaban completamente aterrorizados.

—¿¡Seokjin, ¿qué si-significa e-esto!? _Chang Sun apretó sus temblorosos puños.
Temía hacer movimientos bruscos, pues no quería atraer la atención de la criatura
asesina, que seguía distraída con la carne de su presa.

—Este monstruo no es más que un hombre que fue maldecido hace siglos, un alfa que
perdió toda conciencia humana y actúa guiado por los instintos. —el zorro se rió,
poniendo los ojos brillantes y moviendo las colas, pareciendo animado. —fue
encarcelado porque arruinó a innumerables omegas tras violarlas. Matarlo no era una
opción, porque su maldición aparecería en alguien más, y el ciclo del asesinato
comenzaría de nuevo.

—¡Tú! Bastardo, ¿pretendes matarnos ahora con esa bestia? ¿Y nuestros planes?
Invadir Adaman, derrocar a Jeon, ¡matar al Omega de Plata! —Chang Sun buscó una
vez más la espada que llevaba en la cintura, prometiéndose a sí mismo que, antes de
ser devorado por aquel monstruo, le cortaría la cabeza a Seokjin.

—Relájese, Su Majestad... —Seokjin comenzó a caminar alrededor de la bestia,


caminando lenta y suavemente, casi seductoramente. —La pobre cosa sólo está
satisfaciendo su hambre, no le importará tu presencia después de estar satisfecha...

—¿Qué quieres decir? —el rey de Eliah apretó la empuñadura de su espada de forma
amenazante

Seokjin se cansó de satisfacer al rey beta y decidió seguir actuando para completar su
plan.

—Hagan un fila, queridos alfas. —susurró el joven zorro, con un encanto que amansó
por completo a los soldados de Eliah.

Como si fueran abejas siguiendo a su reina, los lobos se dispusieron obedientemente


en una fila india, ante el completo terror de Chang Sun.

Tras sonreír satisfecho, Seokjin continuó dando las extrañas órdenes.

—Ahora acérquense.

Y así lo hicieron los alfas, caminando ebrios hasta acercarse peligrosamente a la


criatura asesina

Con eso, Seokjin les dio la última orden de sus vidas.

—Sacrifiquense, porque lo necesito fuerte. —ordenó el zorro, casi tarareando.

Dejando escapar un gruñido de miedo, Chang Sun vio cómo todos sus mejores
guerreros se entregaban a ser devorados por la criatura. Y lo hizo con una velocidad
espantosa, tragándose a cada uno de ellos violentamente, esparciendo sangre y
vísceras a su alrededor.

El rey de Eliah cayó al suelo, debilitado por la escena que tenía delante y el terror que
se cernía sobre su cuerpo. No tendría ninguna oportunidad, había sido un completo
idiota al arriesgarse a ir a ese malvado lugar y seguir las palabras del zorro
traicionero.

Sin embargo, para alivio de Chang Sun, cuando la bestia terminó de comer, se quedó
quieta, sin atacar a nadie, como si estuviera en trance.

Y, efectivamente, lo estaba.

El joven zorro le murmuraba palabras, susurros etéreos parecidos a antiguas


canciones, encantos llenos de magia oscura que dominaban la cabeza de aquella fiera
bestial.

—Tengo curiosidad por saber qué pasa cuando te mando a cazar antes de la hora
ideal. —dijo Seokjin en melodía. —Busca al Omega de Plata... Haz lo que quieras con
él, pero tráeme su cabeza...

Reino de Adaman

Park Jimin se despertó sintiendo una brisa fresca que mecía los mechones de su
cabello sobre su frente. Movió los párpados y luego parpadeó varias veces en un
intento de acostumbrar sus ojos a la luz del día. Poco a poco, a medida que la brumosa
sensación del despertar se disipaba de su cuerpo, el joven empezó a fijarse en su
entorno. Era un lugar pequeño, estrecho como un coche, pero acogedor, con las
paredes cubiertas de una tela acolchada, almohadas en todos los lados y pequeñas
ventanas de cristal cubiertas por cortinas blancas.

Después de un balanceo, Jimin supo que estaba dentro de un carruaje, como los que
había visto innumerables veces en las películas medievales. Pero ésta parecía mucho
más elegante y cómodo, y los asientos habían sido sustituidos por una cama, en la que
el joven se encontraba.

Park Jimin también se dio cuenta de que ahora llevaba ropa nueva, un pijama de seda
gris, y su piel se veía limpia y olorosa.

¿Mi cabello huele a rosas? Pensó, después de inhalar.

Después de captar el aroma, Jimin notó que parecía más sensible a ciertas
sensaciones, como la suave superficie de la pijama contra su piel y los olores
circundantes que entraban en sus fosas nasales. Con tantas cosas nuevas que
involucraban a sus sentidos, la cabeza del chico comenzó a palpitar ligeramente, lo
que le dificultó organizar sus revueltos pensamientos.

Mientras Jimin se masajeaba las sienes con la punta de los dedos, una de las
puertecillas del carruaje se abrió, y por ella entró la figura de Lu Keran, el sanador
que el chico había conocido antes.

Lu Keran, como siempre, llevaba una toga tan roja como su pelo; y en medio de los
muchos matices de rojo, sus penetrantes ojos azules destacaban.

—¡Su Magnificencia ha despertado por fin, por los dioses! —Keran se sorprendió al
ver que Park Jimin se incorporaba, y estuvo a punto de volcar la bandeja que llevaba
en las manos.

—H-hey, por favor no hables fuerte, mi cabeza me está matando. —Jimin se encogió
entre las mantas. Todo su cuerpo se sentía hipersensible y un extraño calor hervía en
sus venas.

—Claro, lo siento... Con permiso. —murmuró Keran y se arrastró hacia el interior,


colocando la bandeja entre él y Jimin. —Yo me encargaba de su comida mientras
dormía, también me dedicaba a comprobar su temperatura todo el tiempo y a
cambiarle de ropa. Así que, discúlpeme por entrar aquí sin pedir permiso.

—Uh, gracias... —Jimin dirigió sus ojos hacia abajo y miró el contenido de la bandeja.
Había una cuchara, dos cuencos, uno con sopa de pollo y otro con agua tibia, y un
paño limpio doblado. El olor de la sopa hizo al chico salivar. —Ehm, no necesitas
disculparte, uhm... Keran, ¿cierto? ¿Lu Keran? Así te llamó el General Kim. —el joven
Park quería estar seguro.

La mención del general de Adaman hizo que las mejillas de Keran se colorearan un
poco. El sanador respondió que sí con un movimiento de cabeza.

—Bien... Entonces, gracias por la comida. —respondió Park, agachándose para coger
el cuenco de sopa. —Dios, me muero de hambre, ¡parece que no he comido en un
siglo! —dijo sin miramientos antes de empezar a comer el caldo de pollo. El sabor
picante fue la alegría del estómago del joven.

—Su Magnificencia no ha comido bien durante una semana, desde que se quedó
profundamente dormido. Todos estábamos bastante preocupados por su salud,
especialmente el rey... —murmuró Keran con un suspiro.

El comentario del curandero hizo que Park Jimin se congelara.

¡Una semana! ¡He estado durmiendo durante una semana! Los pensamientos del chico
empezaron a girar de repente en su cabeza, desenredándose hasta desatar los nudos
que ocultaban sus recuerdos más recientes.

Afloraron los recuerdos del último momento en que había estado despierto. Park Jimin
recordó cuando Han Untak había salido de las sombras del bosque para matar a Jeon
Jungkook, y también cuando mató al general enemigo en un movimiento desesperado
para salvar al joven rey.

—Yo... yo maté a alguien. —musitó Jimin, poniéndose pálido. Sus manos empezaron a
temblar tanto que unas gotas de la sopa caliente cayeron sobre él, quemándole.

—¡Señor! —Se apresuró Keran a coger el cuenco y limpiar el caldo derramado con el
paño que había traído en la bandeja.

—Maté a una persona, yo... —el joven Park se miraba las manos, con sus ojos
llenándose de lágrimas mientras intentaba recuperar el aliento.

—Señor, yo no estaba presente en ese momento, pero entiendo que sus acciones
salvaron su vida y la del rey... Intente pensar en eso. —la voz de Keran era suave,
tratando de calmar al otro chico.

Aunque las palabras del sanador no calmaron completamente la gravedad del hecho
de que Park Jimin había matado a un hombre con sus propias manos, ni los
sentimientos de culpa que empezaban a asolar el interior de su pecho, el joven sintió
un poco de alivio al pensar que Jeon Jungkook estaba bien después de todo.

—¿Dónde está? —preguntó Jimin. —¿Dónde está el rey...?

El rostro de Keran formó una pequeña sonrisa.

—Su Majestad está dirigiendo las tropas adelante. Si lo desea, puedo informarle de su
despertar en este mismo momento. —sugirió el sanador.

Los ojos de Jimin se abrieron de par en par, sintiéndose repentinamente nervioso ante
esa idea.

—¡No-no! No es necesario, yo... Ni siquiera me he despertado bien, llevo una semana


aquí tumbado, ¿no? Necesito al menos una ducha decente antes de encontrarme con
él. —dijo Jimin mientras se rascaba la nuca, sintiéndose incómodo y extrañamente
avergonzado. —¡No es que vaya a hacer algo con el rey que necesito un baño! Es
simplemente una cuestión de educación, ¿captas?

—Oh... Creo que entiendo, sí, señor. —las cejas de Keran se arrugaron con confusión
mientras pensaba en el posible significado de "captas".

El sanador añadió: —He oído que haremos una parada en un momento. Ahí, puede
disfrutar de un baño.

—Oh, genial... —Los labios de Jimin se curvaron en una tímida sonrisa y volvió a
concentrarse en el plato de sopa. El olor de esa comida permanecía en sus ahora
sensibles fosas nasales.

Después de engullir todo el caldo, el chico llamó:

—...Lu Keran...

—¿Desea algo?

—Cómo está Ju... ¿Está el rey? Realmente no recuerdo lo que pasó después... —Jjimin
se tragó la amargura de su garganta antes de terminar de hablar. —Después de la
muerte de Han Untak.

—Oh. —el curandero cogió el cuenco vacío y lo acomodó en la bandeja que ahora yacía
en sus brazos. —Sólo tenía heridas leves, si es eso lo que le preocupa.

Ante su respuesta, Park Jimin sintió que su interior se tranquilizaba un poco.

—... P-pero... —añadió Keran de repente, sin embargo cerró los labios en seguida y
juntó las manos como si empezara una oración silenciosa.

—"Pero" ¿qué? _Jimin frunció el ceño, sin entender nada.

Después de unos segundos en trance, el sanador le mostró a Park Jimin una gran
sonrisa llena de gratitud.

—Lo siento, estaba agradeciendo a los dioses por enviarlo aquí, porque recordé el
hecho de que la leyenda finalmente está sucediendo, ah... —los ojos del curandero
brillaron. —Mi maestro seguramente estará intrigado por usted, Omega de Plata, no
puedo esperar a que sean presentadls cuando lleguemos a la capital Adwan.

—¡Espera un momento! ¿Adónde vamos? —el joven Park casi sintió que su propia alma
se le escapaba del cuerpo.

—A Adwan, señor. La capital de nuestro Reino de Adaman. Ahí es donde está el


palacio de Su Majestad y donde reside mi maestro, el alquimista real. —respondió Lu
Keran, como si fuera lo más obvio del mundo.

El aire entonces se escapó de los pulmones de Jimin. El chico empezó a desesperarse


interiormente.

Si estamos viajando a la capital, y este viaje comenzó hace una semana, entonces...
Entonces estoy muy lejos de esos bosques donde aparecí por primera vez en este
lugar. Maldita sea, ¿Y ahora?

Mientras el chico reflexionaba sobre su propia mala suerte, Lu Keran comenzó a


retirarse del carruaje, llevándose la bandeja con él. Pero antes de que el sanador
pudiera saltar del transporte y cerrar la pequeña puerta, Jimin levantó una mano y le
gritó.

—¡ESPERA! ¿Por qué decidieron regresar de repente al palacio? Jung- quiero decir, ¿el
rey no intentó retrasar su regreso o algo así? Ese día, después de que ahuyentamos a
los soldados de Eliah, prometió que me llevaría de vuelta a casa... —se lamentó el
chico.
—Ah, no señor, fue el propio rey quien ordenó el regreso inmediato a Adwan. —Keran
miró a Jimin con una mirada confusa.

—¿Q-qué...?

—Sin embargo, no se preocupe, Su Magnificencia, porque su casa pronto será el


palacio. —dijo el curandero con una sonrisa genuina en su rostro, como si sus palabras
fueran la solución a todos los problemas de Park Jimin.

Al instante siguiente, Lu Keran saltó del carruaje y cerró la puerta tras de sí, dejando
al otro chico solo en medio de su desesperación.

Jimin permaneció estático durante mucho tiempo, repasando la información en su


mente sin parar. Quería reír y llorar al mismo tiempo, pensando en lo que había
sucedido hasta ese momento, y también sentía que estaba dispuesto a enfrentarse a
las tropas reales de Adaman para tener una conversación seria con Su Majestad. Una
charla que incluía puños y golpes.

—¡Ese cosa de ser un Príncipe Azul me engañó!


Dijo que me iba a llevar a casa, aaaaaargh. —Jimin golpeó las almohadas. Dios, ¿qué
voy a hacer ahora...? No puedo creerlo... —sentenció con amargura al recordar la
última noche que estuvo despierto. La escena de Han Untak sangrando a sus pies
probablemente lo atormentaría para siempre.

De repente, el carruaje dio una sacudida y dejó de moverse

—¡Retornaremos el viaje cuando se ponga el sol! —gritó un soldado desde fuera,


anunciando la parada a mitad de camino.

Cuando el transporte aparcó bruscamente, algunas cosas que estaban organizadas en


una estantería fijada al techo del vagón cayeron sobre la cama junto al joven Park. El
chico vio que se trataba de sus pertenencias: la ropa que llevaba antes, su teléfono
móvil, el regalo que su hermana pequeña Yeseo le iba a hacer a su mejor amiga y el
libro de la menor.

Los ojos del chico se fijaron entonces en el libro de tapa dura. Después de sentir un
pitido en su sexto sentido, Jimin lo sacó y lo hojeó.

—No me lo creo. —murmuró el chico, con los ojos saliéndosele de las órbitas tras ver
las primeras páginas del libro.

Para el asombro de Park Jimin, algunas de las hojas que antes estaban completamente
en blanco, ahora llevaban texto escrito y dibujos que, sumados, narraban lo que
parecía ser el primer capítulo de esa historia. Sólo el primer capítulo.

El joven se puso entonces a leer para intentar comprender aquel suceso surrealista.
Tal vez las respuestas a todos sus absurdos y misteriosos problemas estén ahí, entre
los párrafos.

"Había una vez un pequeño príncipe alfa que nació imperfecto. No fue el primero de
su linaje en nacer así, pero, siendo el segundo hijo de la valiente Reina de Adaman, y
la segunda oportunidad para obtener un monarca adecuado, todas las expectativas
estaban sobre él..."

Mientras leía, Jimin pasó la mano por encima de un dibujo que representaba a dos
mujeres muy hermosas, una de pelo negro tumbada en una cama, con un bebé recién
nacido en brazos, y la otra de pie junto a ella, con una lustrosa corona adornando su
pelo castaño.

"...Cuando alcanzó la mayoría de edad, el pequeño príncipe alfa acompañó a la gran


reina en sus campañas de conquista, yendo en lugar de su incapaz hermano mayor..."

—Así que este libro realmente está contando la historia de este lugar.... Y Jungkook
parece ser el protagonista. —señaló Park, arqueando las cejas en un semblante de
sorpresa.

Jimin continuó leyendo, consumiendo la información sobre, consumiendo vorazmente


la información de cada página, prestando más atención sólo a ciertos momentos, como
el que mostraba la muerte de la reina y el ascenso de Jungkook al trono. Un gran
cuadro que representaba la coronación de la nueva Majestad ocupaba dos páginas
enteras. Jeon Jungkook estaba dibujado encima de un podio, vestido con ropas
ceremoniales negras y plateadas y con una corona de plata y rubíes en la cabeza. El
nuevo rey estaba rodeado de lo que parecían ser sacerdotes y gente de la nobleza,
todos con magníficas ropas en tonos grises y rojos. Los súbditos, justo debajo del
podio, observaron el acto mientras levantaban faroles blancos con el escudo del reino
de Adaman.

Había tantos detalles hermosos en ese cuadro, como la expresión solemne e intensa
del nuevo rey y la forma en que la luz se reflejaba en su corona y sus pupilas, que
Jimin pasó un largo rato perdido en él.

Páginas después, el joven Park jadeó al leer un pasaje que describía la aparición de un
alquimista supuestamente loco.

—"La hazaña del desconocido, que no olía a alfa ni a omega, dio al rey y a su general
el tiempo suficiente para que escaparan de las tropas de Elías y salvaran la vida del
niño campesino que había quedado atrás... —¡¡Ca-ra-jo!! ¡Soy yo! ¡Estoy en el libro,
Dios mío! —Jimin se pasó la mano por el pelo, echando los mechones hacia atrás con
total incredulidad.

Mientras leía, el chico vio que, en realidad, todo lo que le había ocurrido en ese
mundo estaba allí narrado en las últimas páginas de ese primer capítulo, como el
momento en que todos confundieron a Jimin con el Omega de Plata, y aquel en que el
chico apareció en el cañón haciéndose pasar por la entidad legendaria para poder
ahuyentar a las tropas de Eliah. Cada una de esas hilarantes situaciones pudo
encontrarse entre las páginas del libro.

—Hmm, hasta que se fui dibujado bonito. —Jimin murmuró, frotándose la barbilla
mientras examinaba una de las pequeñas pinturas en la esquina de una hoja de papel.
—Sí, sí. Muy bonito... hmmm. —el chico entonces sacudió la cabeza rápidamente —De
acuerdo, este NO es el punto principal aquí, Jimin. ¡¡Con-cen-tra-te!

Jimin se cruzó de brazos, apretó los párpados y pensó un momento, luego volvió a
hablar para sí mismo.

—Muy bien... Estoy abierto a todas las hipótesis posibles, incluso a las más
descabelladas. —se pellizcó el puente de la nariz y frunció el ceño. —¿Es posible que
me haya metido en este libro después de desmayarme al ir a ver a Yeseo? No se me
ocurre nada más, ¡todo lo que me pasó está escrito aquí, después de todo! Y, si esa
posibilidad es correcta, entonces tal vez no haya... no haya tomado la vida de una
persona real... —tartamudeó el chico.

Jimin hojeó las páginas hasta llegar a la última donde había algo escrito. El resto del
libro quedó en blanco.

La expresión de agonía en el rostro del muchacho se desmoronó entonces al


vislumbrar el último dibujo de ese único capítulo. El cuadro representaba los hechos
narrados por los últimos párrafos, mostrando una intensa escena que hizo que el
corazón de Park Jimin latiera con fuerza.

Era Jeon Jungkook bajo la luz nocturna de un bosque, vistiendo su típica túnica real
negra, llena de adornos de plata y rubí. Y en sus brazos había un chico un poco más
pequeño que el rey, tal vez más delgado y pálido, con las mejillas sonrosadas y los
labios gruesos, con finos cabellos castaños movidos por viento y con una vestimenta
moderna que no coincidía con el aire medieval de aquella historia.
Jeon Jungkook miró al joven en su regazo con una intensidad casi feroz, abrazándolo
como si fueran parte del otro, y mostró unos ojos rojos como la luna más sangrienta.

Jimin, tras perder el aliento ante la ilustración, leyó los párrafos de al lado:

"Tras la muerte del general enemigo, algo misterioso ocurrió entre el rey de Adaman y
el peculiar alquimista, y fue tan mágicamente fuerte que implosionó, en el corazón de
ambos y los lobos que antes dormían. El Alfa salió a la superficie, el Omega nació"

—Esto... Esto no está pasando, ¿verdad? Hahahahaha... —una risa desesperada


comenzó a salir de la boca del chico. —Si lo que ocurre en este mundo pasa en este
libro, entonces... ¡No, no! ¡No he convertido esa cosa de "omega" ¡No! Ni hablar,
bastante tengo con ser maricón, ¿ahora voy a ser un maricón mágico? ¿Qué es lo
siguiente? ¿Un cuerno de unicornio metido en el culo?

Volvió a hojear el objeto hasta que regresó al principio, donde estaba la introducción y
los detalles sobre los personajes de la historia. Jimin miraba fijamente un grabado que
se representaba a sí mismo. Definitivamente no estaba allí antes, de lo contrario el
chico lo habría notado la primera vez.

El dibujo estaba bien hecho, dejando a Park Jimin con una apariencia presentable al
delinear sus expresiones con elegancia y vestirlo con un traje parecido al de un
sacerdote. Justo debajo de la ilustración había descripciones del chico, y entre todas
las que ya conocía muy bien, -como su adicción a los juegos y a las historias de
fantasía y sus conocimientos de química- encontró una que le dejó aún más atónito:
"Omega"

Park Jimin se revolvió el cabello con las manos, como si tratara de desenredar sus
pensamientos conflictivos.

Entonces saltó del carruaje, resoplando como un toro.

"¡No voy a caer en esto, maldito libro! ¡En absoluto!" Jimin refunfuñó mientras
cruzaba la hierba del campo abierto que las tropas de Adaman habían elegido para
descansar durante unas horas. "¡Sigo siendo el mismo, nada ha cambiado en mí! Me
voy a ir de aquí, ¡oh sí! ¿Dónde está ese rey mentiroso? ¡Me debe un viaje a casa!"

Como estaba tan concentrado en reunir en su mente todas las maldiciones que
conocía, Park Jimin no se dio cuenta de que, allá donde iba, algunos soldados alfa
percibían su presencia y quedaban algo hipnotizados por su esencia. Una esencia que
el chico apenas era consciente que exudaba.

Sólo al cabo de un rato, el chico miró hacia atrás y se vio sorprendido por una hilera
de hombres y mujeres que le miraban con cara de desconcierto y las mejillas
sonrojadas.

—¿Qué? ¿Qué es lo que están... ¿Mirando...? ¡¡¡Hmm...!!! —Jimin se llevó la mano a la


nariz y dio un salto hacia atrás, sobresaltado por la mezcla de olores que ahora
tomaba el aire a su alrededor.

Ella estaba allí desde la sutil fragancia de la hierba sobre sus pies hasta el fuerte
aroma cítrico que provenía de aquellos alfas. Esto último hizo que Jimin sintiera algo
que nunca antes había sentido, una sensación placentera que lo arrastró como una
droga.

El chico recordó entonces lo que había leído en la introducción del libro de su


hermana menor sobre las feromonas de los alfas y omegas.

—Que. Mierda. ¡Noo! —Jimin se arrodilló en una escena dramática. —no puedo
haberme convertido en un marica mágico...

—Su Magnificencia... —llamó cortésmente uno de los alfas al chico.


Alerta, el joven Park sacó un palo del suelo y apuntó a los soldados que lo miraban.

—¡Miren, ustedes! ¡Ni lo piensen! Sólo porque tengo estos... Estos olores... no
significa que puedan olerlo. NO QUIERO QUE NADIE ME TOQUE, ¿DE ACUERDO?
Esto del calor y las feromonas NO es lo mío. —exclamó Jimin, rompiendo a sudar frío
al recordar todo lo que había leído sobre el llamado "Universo omegaverse".

En el mismo momento, todas aquellas personas se arrodillaron, inclinando la cabeza,


con expresiones de vergüenza, alarma y culpa en sus rostros.

—Mil perdones, Su Magnificencia. Por favor, no piense así de nosotros. —uno de los
soldados se apresuró a hablar, parecía ser alguien de alto rango, como un coronel. —
No somos salvajes incontrolados, la organización de las tropas existe por la disciplina
militar. Además, es una regla absoluta alimentarnos siempre con hierbas para aliviar
nuestros... instintos... Pero estamos sorprendidos por su... su presencia, señor. Es muy
fuerte...

Esa explicación había hecho que Park Jimin se sintiera extremadamente avergonzado.
Parecía que alguien había descrito la forma de sus partes privadas en público.

Entonces dio un paso atrás, y luego otro y otro, alejándose de todos hasta que
finalmente se dio la vuelta y corrió hacia el bosque.

—¿"Presencia"? ¿Olor? ¡Ni siquiera soy un perfumista para estar rociando perfume!
¡Tengo que huir de estos locos! —Jimin charlaba consigo mismo mientras pasaba entre
los árboles, saltando de las raíces expuestas aquí y allá, hasta estar seguro de estar
bien lejos de cualquier tipo de feromona.

Cuando dejó de caminar, se apoyó en el tronco de un alto árbol y respiró


profundamente para recuperar el aliento. Con cada inhalación, sus fosas nasales se
llenaban de los aromas del bosque.

"Bueno, mi sentido del olfato está muy sensible. No puedo ignorar ese cambio" pensó
Jimin, dejando escapar un largo suspiro.

Maldita sea, debí haber traído mis cosas cuando dejé el carruaje. No puedo huir sin
ellos. —murmuró, pateando una piedra. Me gustaría saber qué día es hoy, hmmm...

Después de patear dos rocas más, los ojos de Jimin se abrieron de par en par y se llevó
las dos manos a la cabeza, tirándose del cabello.

—¡ESPERA!... Si dormí una semana... Entonces, hoy comienza el campeonato de


videojuegos. —El chico se golpeó la frente contra el tronco, gimiendo: —¿cuánto
tiempo más voy a estar aquí? Tengo que volver a mi PC.

Park Jimin pasó varios minutos más así, llorando de amargura, mientras golpeaba su
frente contra el árbol hasta hundirla unos milímetros en la superficie de madera.
Hasta que sintió una "presencia" que captó su atención casi inmediatamente.

Entonces Jimin escuchó los sonidos de galopes, silbidos y exclamaciones humanas.


Siguiendo todos los olores y sonidos, el chico caminó unos metros hasta acercarse a la
orilla de un pequeño lago. Un segundo después de divisar a los dueños del ruido, se
escondió detrás de unos arbustos y los observó.

Se trataba de un pequeño grupo de soldados Adaneses que llegaban cerca de la orilla


opuesta del estanque. Entre ellos estaban el general Kim Namjoon y el joven rey Jeon
Jungkook.

El pecho de Park Jimin se calentó al ver la cara de Su Majestad, y luego ese calor se
extendió sin escrúpulos por el resto de su cuerpo al darse cuenta de que Jungkook
sólo llevaba unos pantalones negros ajustados y unas botas oscuras, dejando a la vista
todo el resto de su anatomía perfectamente diseñada.
—Ah, ¿me estás diciendo que te entristece que haya atrapado más liebres que tú, Kim
Namjoon? —dijo Jungkook con una sonrisa burlona, y dejó caer al suelo una bolsa
llena de animales recién cazados.

—Lo que me frustra, Su Majestad, es que esta vez me ha tomado desprevenido. No


estaba al tanto de sus habilidades alfa mejoradas, así que no utilicé: toda mi
capacidad. —el general a su lado habló de forma relajada mientras empezaba a
quitarse los zapatos.

Tras unas risas contenidas, uno de los soldados comentó:

—Sólo el gran General Kim tiene el valor de hablarle así a Su Majestad.

Jeon Jungkook, con una sonrisa afilada y una mirada traviesa, se lanzó sobre los
soldados y los empujó, tirándolos al estanque. Los dos alfas y un beta lucharon en el
agua cristalina hasta que volvieron a la superficie riendo.

—Los enviaré a la guillotina. —el joven rey habló con seriedad, lo que asustó a los
soldados al principio, pero luego esbozó una gran sonrisa divertida y devolvió la
situación a la normalidad.

Ahora frente a Kim Namjoon, Jeon Jungkook chasqueó el cuello y los dedos, y dijo: —
Por ahora, me concentraré en derribar a este lobo irrespetuoso.

Fue entonces cuando estalló una pelea entre el rey y su general. Los dos se empujaron
e intercambiaron golpes más rápidos que un parpadeo, y tan potentes como los
luchadores en un ring de la UFC. Park Jimin empezó a extasiarse con lo que estaba
viendo, nunca había visto una pelea en vivo, y esta, aunque se realizara de manera
informal y sin intención real de hacer daño, era demasiado buena para verla.

Tras un resbalón causado por una raíz resbaladiza, Kim Namjoon perdió
momentáneamente el equilibrio de su cuerpo, un instante que fue rápidamente
aprovechado por Jeon Jungkook. El joven rey empujó a su general y los dos cayeron al
estanque, salpicando agua por todas partes. Los soldados gritaban victorias y
aplaudían.

Ojalá hubiera tenido tiempo de quitarme la túnica antes de entrar en el agua, Su


Majestad. —dijo Namjoon tras salir a la superficie. Se peinó con los dedos de la mano
y empezó a abrirse la camisa empapada para quitársela, mostrando su escultural
cuerpo de guerrero militar.

—También puedes quitártelos en el agua, Kim. —respondió Jungkook encogiéndose de


hombros sarcásticamente. Park Jimin se sorprendió al conocer el lado libertino y
juguetón del joven rey.

"Así que no es sólo un caballero emocional" pensó el chico.

—Hoy está mucho más soleado que otros días.


Sólo tienes que extender tu ropa y se secará rápidamente. —dijo el rey, y, al igual que
los demás, se despojó de sus ropas mojadas.

Después de estar completamente desnudo bajo el agua, Jeon Jungkook se acercó a la


orilla cerca de donde Park se estaba encogiendo, para poder dejar su ropa húmeda
sobre una roca de cara al sol. Con ese acto, el joven rey salió lentamente del agua,
revelando mucho más que un abdomen perfectamente definido, mostrando también un
miembro bien dotado entre sus musculosos muslos.

Dios mío, pensó Jimin en cuanto vio al rey completamente fuera del estanque, en su
completa desnudez, revelando cada centímetro de piel

Era guapo, demasiado guapo, y tenía unos músculos que añadían gran sensualidad a
su belleza.
Además, el perfume de Jeon Jungkook era ahora abrumador. Jimin tragó en seco y se
puso ambas manos sobre la nariz, para intentar controlar la reacción de su cuerpo a
esa feromona alfa.

Pero el aroma era tan bueno... Daba la impresión de que Jungkook, a pesar de estar a
metros de Jimin, lo envolvía en un cálido abrazo y un cálido beso. Y esto provocó una
inusual subida de temperatura en el cuerpo del chico, con la sangre en sus venas
hirviendo ligeramente.

Park Jimin no se dio cuenta, pero al reaccionar a la presencia del rey, su olor se hizo
más fuerte. Realmente fuerte. Y actuó como una droga hipnótica en todos esos alfas
que estaban cerca.

Jimin se dio cuenta de que, excepto el beta, todos dejaron de sonreír al mismo tiempo,
y sus expresiones adquirieron un brillo de interés. Los alfas rápidamente giraron sus
rostros hacia la fuente del aroma, y Jimin observó con miedo como su escondite era
descubierto.

—¿No te vas a mostrar? —preguntó Jeon Jungkook, dirigiéndose hacia el arbusto


donde se escondía Jimin. El rey también tenía ese intenso brillo en los ojos, pero su
aspecto era algo diferente al de los demás. Tal vez un poco más reluciente.

Park Jimin, avergonzado por haber sido sorprendido espiando, se levantó del arbusto,
con la cabeza inclinada, y se rascó la nuca con una mano.

—¿¡Señor Park Jimin!? —Kim Namjoon frunció el ceño tras verlo, preguntándose por
qué el chico había mostrado feromonas por primera vez desde que lo conoció. Los
soldados se miraron entre sí, también aturdidos por la presencia del chico.

El único que no parecía sorprendido en el grupo era Jeon Jungkook, y miraba a Jimin
en silencio, con una expresión misteriosa en su rostro.

—Yo pasaba por allí y los vi. No quise e-escuchar a escondidas, ¡lo juro! Sólo me
asusté por... —Con sus presencias, Jimin se sintió demasiado avergonzado para
completar su explicación. —Ya me voy.

—Espera. —Pidió Jeon, levantando la mano como si quisiera alcanzar al otro chico.

Sin embargo, lo alcanzó. No con un toque, sino con su presencia alfa, que parecía
haberse hecho más fuerte desde el momento en que sintió a Park Jimin. Este último
acabó paralizado antes de que se diera la vuelta para salir de ese lado del bosque.

Entonces el joven rey se volvió hacia sus súbditos guerreros y, con una mirada
inusualmente estrecha, les dio una orden.

—Déjennos a solas.

Kim Namjoon arqueó las cejas, sorprendido por la nueva y muy intimidante sensación
que le daba Jeon Jungkook en ese momento. Con una mirada, el general Adaniano
concluyó que los otros soldados alfa también parecían sentir lo mismo, pues sus
expresiones eran temerosas y tensas. Era como si Su Majestad estuviera celoso, y por
eso marcaba ese territorio con su propio olor, queriendo que los demás alfas se
alejaran del omega que tenía enfrente

En respeto a eso y a la autoridad real, el General Kim condujo a los soldados fuera de
la laguna, llevando con ellos sus ropas y las cazas que habían obtenido momentos
antes, dejando al alfa y omega solos en ese punto del bosque. Mientras se retiraban,
Jeon Jungkook se apresuró a ponerse de nuevo los pantalones, manteniendo sus ojos
alejados de los de Jimin durante todo el proceso.

Tras un tiempo en silencio, escuchando sólo las libélulas que volaban cerca de la
superficie del agua y el susurro del viento en las copas de los árboles, Park Jimin y
Jeon Jungkook consiguieron por fin intercambiar sus primeras palabras. De alguna
manera, todo entre ellos ahora parecía bastante incómodo.

—Ehm... entonces... —Jimin desvió la mirada hacia la laguna, luego hacia los peces
que nadaban en ella y después hacia un tronco caído en el borde del agua.

Sintiendo que sus piernas se tambaleaban ligeramente, y juraba que era porque
acababa de despertarse hace unos minutos, Jimin se arrastró hasta el tronco, se sentó
en él y hundió los pies en el agua cristalina.

El joven rey, tras dudar un segundo, decidió sentarse cerca del tronco, sobre la hierba
húmeda que cubría el borde del estanque, para estar un poco más cerca de donde
estaba el otro chico.

—¿Te sientes bien? —preguntó Jungkook con un tono de voz bajo y contenido. —Has
dormido durante varios días. Estaba... Preocupado.

¿Lo estaba? Park sintió que su corazón se aceleraba.

—A-ah, cierto, me desmayé. —Jimin también se sintió desconcertado por eso. —Nunca
me había pasado, es raro... Pero estoy bien, sí.

El rostro de Jeon parecía más relajado tras la respuesta del otro jóven.

—Lu Keran ha estado cuidando de ti mientras tanto.

—Sí, me enteré de eso. Cuando me desperté, me trajo comida. _Jimin se relamió


recordando la sopa que había traído el curandero.

—Eso es bueno. Le pedí que hiciera esa cosas, porque supuse que te sentirías más
cómodo al lado de otro omega...

La cara de Park Jimin se desfiguró al escuchar la palabra "omega" saliendo de la boca


de Su Majestad.

—Por favor, no digas eso, si no me volveré a asustar. —el chico se pasó las manos por
la cara.

—Creo que no entiendo. —sentenció Jungkook con una mirada confusa.

—No digas que soy un omega, por el amor de Dios.


Yo no soy eso. Deja eso. —Jimin se encogió sobre el tronco y giró el rostro lejos la cara
de Jungkook.

—Pero... ¿No lo sientes? ¿No me sientes a mí y a ti mismo. —el rey se levantó del
suelo, aturdido. —¿no ves que has cambiado?

—¿Cambiar qué? ¿Acaso me crecieron cuernos y ahora me he convertido en tu Omega


de Plata? Jaja, muy gracioso. —Jimin se cruzó de brazos, enfurruñado.

Después de escuchar el profundo silencio del joven rey, el muchacho sintió que le
subía la desesperación a la garganta.

—¡Hey!. No me digas que... —se inclinó para mirar su propio reflejo en el agua,
temiendo encontrarse con la imagen de dos cuernos de ciervo sobre su cabeza.

Para su absoluto alivio, todo seguía igual que antes No había cuerno, ni pelo plateado.
Sólo el mismo Park Jimin de siempre.

—Dios, eso me asustó... —dijo el chico, con una mano en el pecho. Entonces se dio la
vuelta asombrado para mirar a Jeon Jungkook: —¡Mire, Su Majestad! Estoy sintiendo
olores raros, pero eso no cambia mi plan original, ¿vale? De hecho, ¡es exactamente
por eso que vine a buscarte!

Jimin se levantó de su tronco y comenzó a acercarse a Jungkook, pisando con fuerza la


hierba húmeda y señalando con un dedo al joven rey. Este último le miró fijamente con
una mirada misteriosa.

—Ese día, me prometiste que me llevarías a donde iba a intentar llegar a casa. ¡Pero
ahora, ni siquiera esperaste a que me despertara, antes de decidir volver a tu palacio!
—Park picó el centro del pecho de Jungkook mientras éste entrecerraba los ojos.

Fue entonces cuando el rey tomó aquella mano atrevida y comenzó a separar sus
dedos, acariciando la palma tensa hasta relajarla. Esa actitud hizo que los vellos del
cuerpo de Jimin se erizaran.

—¿Olvidaste lo que pasó aquella noche? —preguntó Jeon en un susurro bajo, con un
tono que transmitía cierta tristeza. No dio ningún indicio de que fuera a soltar la mano
de Jimin.

Con la pregunta, el joven Park repasó sus recuerdos de los últimos momentos que
había vivido antes de borrarlos durante toda una semana, y sumó cada recuerdo con lo
que había leído en el libro de su hermana menor.

La sangre volvió a cubrir su rostro, enrojeciéndolo, mientras la imagen de él yaciendo


inconsciente entre los brazos de Jeon Jungkook aparecía. Aquel momento parecía tan
íntimo e intenso que sólo el recuerdo logró terminar de desquiciar los latidos de Jimin.
Las feromonas de Jungkook habían hecho el resto.

—¿Qué estás haciendo... —Park apretó los labios, tratando de mantener la calma y la
sensatez.

—Por favor, contéstame. —la mirada de Jeon era tan profunda y llena de expectación
que Jimin tuvo que ampliar su campo de visión para no ceder a los extraños
sentimientos que empezaban a nublar su mente.

—Recuerdo todo lo que pasó. Incluso recuerdo lo que le ocurrió al general de Eliah. —
Park tragó en seco, bajando la cabeza.

—Me salvaste.

—Y también maté a alguien... Yo... —Park mordió su labio inferior. —No me arrepiento
de haberlo hecho para ayudarte, pero, sinceramente, fue una pesadilla. A decir
verdad, cuando me preguntaste antes si estaba bien, mentí. No lo estoy, no me siento
bien, lo que hice es imperdonable, todo es muy extraño, este lugar es extraño, y esto...
Estas cosas que siento son extrañas. Quiero ir a casa. Así que, por favor, mantén tu
promesa y déjame intentar volver.

—Jimin... — el rostro de Jungkook parecía aún más triste. —No puedo.

Angustiado, Jimin retiró su mano y dio un paso atrás.

—¿Por qué? —apretó los dientes. —¿Adónde fue a parar toda esa charla sobre lo
agradecido que estabas por lo que hice? No me vas a decir que has cambiado de
opinión después de que ¡Que me convertí en esto!

—Sí, las razones están relacionadas. —una sombra se cernía sobre el rostro del joven
rey.

Jimin lo miró fijamente y se rió incrédulo.

—¡Ja! ¿Crees que el hecho de que sea un omega ahora cambia algo? ¡Jungkook, no soy
de aquí y no soy parte de ninguna profecía que te involucre! Mi cuerpo sólo debe
haber cambiado para, no sé, obedecer las leyes biológicas de este mundo....

—Park Jimin. —Jungkook interrumpió el discurso del otro con una voz más grave,
como si contuviera un sentimiento de frustración en su garganta.

—¿Q-qué? —la voz de Jimin vaciló.


—Huyes de este tema a propósito, has buscado soluciones que te alejen de mí y de
todo esto que nos rodea desde que intercambiamos las primeras palabras...

—¿Y qué esperas que haga? ¿Sonreír y aceptar todo esto como algo natural? Este
mundo ni siquiera debería ser real. No tengo ni idea de cómo he llegado aquí y ni
siquiera sé por qué. ¡Es frustrante! No tiene ningún sentido ni lógica para mí...

—¡Me has despertado! —exclamó Jeon Jungkook, frunciendo el ceño. El tono de su voz
asustó a Jimin, tomándolo por sorpresa. Al notar esto, el joven rey suspiró
profundamente, cerrando los ojos, y volvió a hablar, esta vez en un tono de voz bajo. —
¿No entiendes lo que significa? Esa noche, cuando me salvaste, todo cambió. Tú y yo
cambiamos. Cualquier tonto puede darse cuenta de eso, ¡porque es muy obvio! No sé
si estos cambios están relacionados con alguna leyenda o profecía, Park Jimin. Pero
ahora, los pensamientos que más me afectan son los que tienen que ver contigo, ¡y
sólo contigo!

— ¿Uhm...? —Jimin estaba listo para dar otro paso atrás, cuando las manos de
Jungkook lo tomaron de los hombros. Con esa cercanía, las feromonas de ambos
hombres se combinaron en un aroma embriagador y cálido, que los llevó a ambos al
estupor.

—Pasé todos estos días vigilando mis propias acciones inconscientes, porque cada vez
que mi mente se distraía, me arrastraba al vagón donde dormías, sólo para
contemplarte mientras lo hacías. —un rubor marcó las mejillas de Jungkook,
exponiendo su vergüenza al revelar esto. —Esa noche, cuando me salvaste la vida,
reaccioné de una manera inexplicable, Park Jimin. Tan pronto como mis soldados se
acercaron a nosotros, traté de atacarlos. ¡Incluso intenté atacar a Kim Namjoon, el
hombre en el que más confío! Todo porque mi cuerpo reconocía el tuyo y deseaba
protegerlo de cualquiera que se acercara.

El joven rey jadeó, como si hablar de esas cosas lo consumiera.

Observando el rostro de Su Majestad, Jimin captó la absoluta vergüenza, y también la


determinación, que brillaba en sus ojos; y se sintió sacudido por ello y por sus
palabras.

—¿A dónde quieres llegar...? —preguntó Park, tartamudeando. Temía la respuesta del
rey, pero al mismo tiempo quería escucharla.

—Estoy diciendo que...Muy probablemente esté unido a ti —la voz de Jungkook no


flaqueó, pero los sentimientos en su pecho eran tan fuertes que estuvo a un paso de
hacerlo.

"Ah, no" pensó Jimin en cuanto escuchó la respuesta del otro. Cerró los ojos, sacudió
la cabeza y contuvo una sonrisa desesperada.

—Estás hablando de esa cosa... el "vínculo", ¿eh? —El chico quitó las manos de
Jungkook de sus hombros y se apartó de él.

"Los lazos son raros y sólo pueden existir entre omegas y alfas. Se producen cuando
las parejas se identifican como predestinados al conectar emocional y profundamente.
A partir de ese momento, las dos almas funcionarán como una sola, lo que una siente,
la otra también lo sentirá. Por último, los vínculos suelen "registrarse" instintivamente
a través de la mordida del alfa en el cuello del omega. La marca de ese mordisco
nunca se desvanecerá, y esa es una de las pruebas de la existencia del vínculo", esta
explicación fue escrita en la introducción del libro de Yeseo. Park Jimin procesaba
ahora cada palabra mientras sacudía la cabeza de lado a lado, frotándose los ojos con
los dedos.

—Esto es un libro, es una historia, o incluso podría ser el sueño más loco de mi vida.
No importa, al final no es real, no puedo estar"'predestinado'" a alguien, eso... eso... —
murmuró Jimin para sí mismo, en un estado de negación.
Desgraciadamente, el buen oído de Jeon Jungkook consiguió captar la última frase
dicha por el otro chico, y le entristeció de nuevo.

—¿Cómo puedes despreciar todo lo que he dicho hasta ahora? ¿Crees que lo que
siento no es real?

—No, no es eso. Podría ser real, pero... ¡Aaaaargh! Es arriesgado. —Jimin se revolvió
el pelo con agonía.

—¿Cómo arriesgado?

Park Jimin ignoró la pregunta de Jungkook y volvió a concentrarse en sus propios


pensamientos problemáticos.

—Esto es malo... bastante malo... Necesito salir de aquí antes de que las cosas se
pongan demasiado grandes. ¿Pero cómo? No puedo intentar volver a ese bosque
donde aparecí por primera vez en este mundo, estoy demasiado lejos de él... Piensa,
Jimin, ¿qué harían los personajes de libros...?

Tras pensarlo un segundo, el chico miró el lago que tenía delante y entrecerró los
ojos.

—Los personajes salen de los libros cuando... Mueren. —Jimin susurró con una sonrisa
demente en su rostro. Llegó a esa conclusión porque su mente ya había estallado.

El joven Park comenzó entonces a entrar en el lago hasta que el agua cubrió su
barbilla.

—¿¡Qué haces!? —exclamó Jungkook, todavía de pie fuera, frunciendo el ceño al tener
un mal presentimiento sobre la repentina actitud del otro chico.

—Hasta la vista. ¡Me voy a casa! —en cuanto gritó eso, Park Jimin se zambulló y se
dejó flotar boca abajo en el agua hasta que no pudo más. Pensó que tal vez entonces
sería sacado del libro.

Durante los primeros segundos, Jimin se divirtió al ver un pequeño pez nadando
alrededor de su cabeza. Era de color naranja y de la raza Betta -detalle que el joven
encontró súper irónico-, y parecía gustarle mucho las mejillas del chico. Justo cuando
estaba creando un nombre para el pequeño nadador, Jimin tuvo el cuello de su camisa
agarrado y empujado hacia atrás en una repentina sacudida.

A causa del susto, Park se atragantó con un poco de agua y se removió hasta rodear
con sus brazos la figura de Jungkook. El rey de Adaman lo levantó sobre el agua, sin la
caballerosidad habitual, y lo obligó a mirarlo a los ojos.

—¿¡Estás loco!? ¡¿Qué has intentado hacer?! —la voz de Jungkook casi temblaba.

—¡COF! ¡COF! Intenté volver a mi... ¡mi mundo! —Jimin dijo entre toses. El agua que
entraba por sus fosas nasales parecía quemarle los pulmones.

—¡Suicidándote! ¿¡Qué te pasa!? —Su mirada había perdido todo su brillo anterior-
¿Prefieres morir a estar vinculado a mí, Park Jimin?

—No-no es eso... ¡COF! —Jimin todavía estaba tratando de recuperar el aliento... Vale,
lo que hice fue una locura. Me volví totalmente loco.

Jeon Jungkook lo observó en silencio, con cara de decepción y tristeza. Tras un


asentimiento deprimido de cabeza, el joven rey se pasó una mano por el pelo
desordenado y húmedo, y soltó a Park Jimin para darse la vuelta y alejarse.

Pero el otro chico le impidió alejarse sujetando su brazo con ambas manos
temblorosas.

—Jungkook... Esto no tiene sentido para mí... Mira, nos conocimos, te ayudé un poco y
luego entablamos una bonita amistad. ¡No estamos enamorados! Así que todo esto de
la unión es ilógico en mi mente. ¿Siquiera sabes cómo funciona esto de los vínculos? —
Jimin se apretó las sienes con los dedos-. —Hace unos días tú mismo me dijiste que ni
siquiera sabías identificar a un omega porque no podías sentir las feromonas. De
repente me convertí en eso y "despertaste" ¿Y qué?, yo sólo estaba allí en hora
equivocada y el momento equivocado. Fui el primer omega que apareció frente a ti,
eso debió marcarte, eso es todo.

—¿Cómo puedes hacer esas conclusiones con tanta certeza? La oscuridad en el rostro
de Jungkook parecía más profunda. —Para mí es un hecho evidente, Park Jimin: eres
tan ignorante sobre mi mundo como yo sobre mi futuro. Tus deducciones me parecen
excusas y negaciones.

—¿Excusas para qué, Su Majestad? —los labios de Jimin se comprimieron.

—Para evitar aceptar la verdad. Mírame a los ojos y dime, con todas las letras, que
sabes a qué has venido, que sabes cómo apareciste prácticamente delante de mí
aquella noche de la Luna de Sangre, y que todo esto, desde nuestro encuentro hasta
nuestras transformaciones, sólo pueden ser una mera coincidencia. ¿No te gusta la
lógica y el razonamiento? ¡Entonces habla!

Los ojos de Park Jimin se abrieron de par en par y perdió el habla por un largo
momento.

Mientras tanto, el joven rey relajó los hombros, suspiró profundamente y volvió a
encarar al otro chico. Entonces, en un acto repentino, le abrazó con fuerza, pero sin
hacerle daño, creando una especie de barrera que impedía que el frío y la
incomodidad llegaran a la empapada piel de Park Jimin.

Park se estremeció bajo el abrazo de Jeon, no por miedo, sino porque se sentía
espantosamente bien. Las feromonas del otro lo cubrían como una manta protectora, y
el cuerpo de Su Majestad le proporcionaba una calma y una sensación de seguridad
que el chico nunca había sentido.

Casi se rinde allí mismo.

—¿Realmente crees que soy el ser de la profecía...? —Jimin tragó en seco: —¿el Omega
de Plata?

—No sé, a veces lo espero, pero eso no es realmente importante para mí, para lo que
realmente quiero. —la voz baja de Jungkook parecía acariciar los tímpanos de Jimin.

Después de parpadear, el jóven Park, sintiéndose un poco angustiado, decidió exponer


sus propios pensamientos.

—Antes dije que era arriesgado para mí porque existe la posibilidad de que no sea él.
Y esa posibilidad es muy grande. —Porque, en el libro de Yeseo, sólo soy el "Alquimista
Loco", y no un candidato al "Omega de Plata". Incluso tengo una página con mis
descripciones, y está muy lejos de la página del ser de la profecía. Añadió el chico
pensando

Deseó poder decir estas cosas, explicar la historia del libro a Jeon Jungkook, pero todo
parecía empeorar y volverse más confuso. Además, Jimin no sabía si había efectos
colaterales si hacía eso, así que prefirió ocultar ese detalle de la explicación.

—Entonces, un día, cuando aparezca, y sé que aparecerá... —porque eres el


protagonista del libro, así como tu compañero predestinado, y claro que el Omega de
Plata aparecerá en cualquier momento. —No tendré ninguna oportunidad y seré
olvidado por ti.

La fuerza del abrazo de Jungkook se intensificó.

—Y otra vez estás haciendo suposiciones como si fueras el amo del futuro. —Jeon se
apartó un poco de Jimin para mirarlo a los ojos. —¿Cómo puedes concluir que seré tan
canalla como para olvidarte?

Los labios de Park formaron una débil sonrisa. Con una mano, retiró un mechón de
pelo pegado con agua en el centro de la frente del joven rey. Un gesto suave que hizo
que Jungkook se sonrojara ligeramente.

—No estoy diciendo que eso va a pasar por culpa tuya. Así es como funcionan los
romances. —Los personajes secundarios no tienen mucho derecho en el amor... El
chico pensó y luego añadió encogiéndose de hombros. —Bueno, son posibilidades...
Siempre que decido hacer algo, pienso en todos ellos y calculo si vale la pena el costo.
Como aún no tenemos sentimientos profundos que nos involucren, es mejor que nos
detengamos.

Jimin entonces apartó a Jungkook cortésmente. El otro joven parecía desconcertado.

—¿Y todo lo que te dije sobre que nuestros cuerpos reaccionan entre sí? ¿Simplemente
desprecias mis palabras?

—Es sólo un evento químico, Jeon, he estudiado sobre... Existen muchas especies que
se reproducen así, pero eso no significa que los animales formen parejas eternas tras
la ocasión. —dijo Jimin, entonando como un verdadero estudiante de ciencias exactas.

Si antes Jeon Jungkook encontraba linda y curiosa esa manera de ser del chico, ahora
sólo podía sentir rabia y frustración.

Después de darse la vuelta para no seguir mirando a Jimin, el rey de Adaman, con los
puños apretados bajo el agua, interrogó entre dientes.

—¿Cómo piensas volver a tu casa?

—Todavía estoy esperando el cumplimiento de la promesa que me hiciste.

Lejos del campo de visión de Jimin, Jeon Jungkook apretó los ojos.

—Muy bien, si quieres irte, entonces me encargaré de eso.... Sin embargo, hay algo
que debes saber. —la voz del rey adquirió un tono tenso. —Justo después de que te
desmayaras hace una semana, recibí un cuervo con noticias de la capital Adwan. Mi
madre me envió un mensaje avisando que mi hermano estaba postrado en cama. Él...
—Jungkook dudó: —En fin, tengo motivos para volver a Adwan urgentemente. Estamos
a un día de la capital, así que espero que lo entiendas y me ofrezcas tu paciencia.
Cuando lleguemos allí, resolveré este asunto adecuadamente.

—A-ah, sí... yo... lo siento mucho... Y gracias. —Park Jimin no sabía dónde mirar. Esa
noticia sí que era seria, y por la forma en que Jungkook se veía angustiado, Jimin se
sintió bastante miserable por quejarse y maldecir el regreso al palacio.

Sin siquiera un movimiento de despedida, Jeon Jungkook salió del lago y caminó a
través del bosque para regresar a donde estaban sus tropas.

En cuanto se quedó solo, teniendo todo el lago para él, Park Jimin se vió agraciado por
el silencio del bosque y el suave aroma de las plantas a su alrededor.

Se arrastró hasta la orilla y se sentó en ella, con los pies aún sumergidos en el
estanque cristalino. Entonces Jimin sintió cosquillas cuando el pequeño pez Betta de
antes reapareció y empezó a jugar con los dedos del chico.

—Gracias por hacerme compañía. Desgraciadamente tengo que estar de acuerdo con
ese rey encantado con la reacción de mi cuerpo al suyo.... Después de que se fue,
comencé a sentirme un poco solo...

Así quedé cuando me di cuenta de que los capítulos cada uno tiene de 8k a 10k
palabras. Osea, los capítulos están igual que largos que los capítulos de Submissive.

Imagínense cuánto tardo en traducir

Pero bueno, la historia lo vale siksi.


|5||La nobleza de Adwan

Park Jimin tardó algún tiempo en volver a donde estaban estacionadas las tropas de
Adaman, descansando antes de retomar el camino hacia Adwan, la capital del reino. El
chico se pasó un buen puñado de horas discutiendo consigo mismo y con los pececitos
del estanque sobre todo lo que había pasado desde el momento en que se había
despertado. También aprovechó para darse un baño en el lago para refrescar su
cabeza que aún parecía dar vueltas con tanta información.

Entre tantas cosas nuevas y extrañas, lo que más le impresionó fue la capacidad de
sus fosas nasales. Podía sentir todo lo que le rodeaba, como si realmente hubiera
obtenido el olfato de un lobo.

Pero entre tantos olores intensos, los restos del perfume de Jeon Jungkook lo
perturbaron de una manera indescriptible.

—Tal vez fui un poco grosero con él... —murmuró Jimin para sí mismo, mientras pisaba
la hierba hasta llegar al carruaje donde había sido colocado mientras dormía durante
los últimos días.

Esta vez no se encontró con ningún soldado en el camino, pues todos estaban ya
colocados al frente de la comitiva, probablemente junto al rey, preparándose para la
salida. Park sólo se cruzó con Lu Keran mientras éste analizaba algo en un arbusto
mediano, utilizando una lente similar a una gran lupa.

—¿Qué estás haciendo? —preguntó Jimin al sanador, encontrándolo lo suficientemente


interesante como para distraer sus conflictivos pensamientos.

Keran estaba tan concentrado que dió un brinco del susto.

—¡Señor!... Ah, estaba mirando este bichito de aquí, vea. —el chico le pasó la lente al
otro, y Jimin miró a través de ella y vió un lindo gusanito, muy regordete y lleno de
pelaje amarillo. —Estoy bastante seguro de que es un "Pell de oro"

—¿Un qué?

—Es una especie de gusano muy rara. Lo utilizamos en los medicamentos para los
ancianos, porque estas pequeñas criaturas tienen una sustancia que retrasa el
deterioro de los músculos. —explicó alegremente Keran. Jimin tenía ese mismo brillo
en los ojos cuando hablaba de química.

—Hm, genial. —La medicina de este lugar parece estar un poco avanzada, al parecer,
pensó Jimin.

Mientras tanto, Lu Keran sacó un frasco de cristal de su túnica. Con mucho cuidado, el
curandero capturó al pequeño gusano y lo encerró en su interior.

—Mi maestro me felicitará por esto. —dijo Keran con orgullo, agitando el frasco con el
gusano. —Encontrar un "Pelo de Oro" es bastante difícil, y el palacio siempre paga
mucho a los que nos dan estos gusanos.

—¿Ah, sí? ¿Y por qué? ¿La usa el rey para desarrollar músculos y conseguir un cuerpo
grande y definido? ¿Es posible que haya crossfiters incluso aquí...? —Jimin murmuró
esta última pregunta con una sonrisa ladeada.

—Oh, no, señor. Lo utilizamos para ayudar al hermano mayor del rey. —dijo Keran,
poniendo una expresión ligeramente triste. —Nació con algunas dificultades, por lo
que siempre necesita suministros.

Con eso, Park Jimin borró la sonrisa de su cara y miró al principio de la fila de
soldados, donde probablemente estaba Jeon Jungkook. Recordó lo que el joven rey
había dicho antes sobre su hermano mayor, y sobre que éste estaba en la cama.

—¿En verdad muy grave la situación del hermano del rey? —Jimin quiso saber,
sintiendo repentinamente melancolía por Jungkook.

—Desgraciadamente... Mi maestro lamenta cada día no poder revertir el caso del


príncipe... Ese sentimiento de inutilidad lo entiendo un poco. —Keran levantó entonces
la vista y divisó una figura que caminaba en medio de los soldados. El general Kim
Namjoon estaba haciendo los últimos preparativos, dando órdenes a sus subordinados,
siempre con una mirada seria y distante.

Tras observarlo durante unos segundos, el sanador suspiró profundamente y añadió:

—Es frustrante no poder ayudar a alguien a quien amamos tanto.

—¿Amamos?—Park Jimin se quedó momentáneamente aturdido.

Justo cuando estaba a punto de cuestionar el discurso del curandero, surgieron


exclamaciones de la primera línea de tropas y fueron repetidas por los demás soldados
de las líneas posteriores, anunciando la salida de la comitiva. Lu Keran se despidió
rápida y cortésmente de Park Jimin antes de dirigirse a los vagones donde se
encontraban los demás sanadores.

Con un suspiro, Jimin subió al carruaje y se acostó dentro, en completa soledad.


Minutos después, el transporte comenzó a moverse. Ahora se dirigían a Adwan.

"Parece que Jungkook tiene muchas ganas de ver a su hermano enfermo.... Hmm, y yo
que pensaba que quería secuestrarme para llevarme a su palacio" El chico movió la
cabeza de un lado a otro y se rió para sí mismo. Luego se dio la vuelta y buscó su
teléfono, estirando la mano hasta alcanzarlo.

Park Jimin dudó un segundo antes de pulsar la pantalla para encenderla, ya que pensó
que después de toda una semana, su batería debía estar agotada.

Pero no fue así. El teléfono se encendió con normalidad, y las pequeñas barras que
indicaban su batería estaban intactas, al 100%. Era como si el aparato acabara de
recargarse.

Y la extrañeza no se detuvo ahí. Jimin también se dio cuenta de que la fecha y la hora
en la pantalla no habían avanzado desde el día en que apareció en ese extraño mundo.
Era como si el tiempo se hubiera detenido para su celular.

—Ah, vale... ¿Qué carajo está pasando aquí? —cerró los ojos y respiró profundamente,
cansado de experimentar tantas cosas extrañas al mismo tiempo.

Tras calentarse los sesos mientras reflexionaba sobre ello, el chico volvió a mirar el
aparato con los ojos entrecerrados.

—O bien el móvil se ha vuelto loco por las extrañas propiedades de este mundo, o bien
el hecho de estar dentro de un libro me hace vivir un tiempo diferente al de fuera...
Aaaah. —Jimin casi se arranca sus mechones de cabello.

Cuando Park dejó de retorcerse y revolcarse en el vagón, se pellizcó el puente de la


nariz con una expresión profunda y pensativa.

Bien, a este paso voy a enloquecer. No puedo jugar a Alicia en el País de las
Maravillas, o me meterán en un psiquiátrico cuando llegue a casa. —decidió,
llevándose dos dedos a la barbilla. —Jungkook tenía razón cuando dijo que tenía que
usar la lógica. No voy a salir de este libro sólo lanzándome al lago o arriesgando mi
vida. Si estoy aquí es por algo, o quizá tenga que hacer ese "algo" ....

¿Será que mi personaje tiene algún un propósito?

Park tomó el libro y volvió a hojearlo hasta encontrar la página con sus descripciones.

Desgraciadamente, nada había cambiado desde el principio de ese día. Sus


descripciones eran las mismas, sin añadir nada curioso. Park Jimin era un simple y
extraño personaje secundario.

—Hmmm... Tal vez sea un apoyo para el protagonista, porque al final, todo lo que he
hecho hasta es ayudar a Jeon Jungkook, —se encogió de hombros, pensando que la
idea era factible. —pero... Si tengo en cuenta todo lo que pasó entre él y yo, también
existe la posibilidad de que yo sea un segundo protagonista, ese tipo de personaje que
existe para estorbar a la pareja principa. —resopló, apartando el libro. —Estoy
cansado de ver programas de televisión con triángulos amorosos. Siempre me enfadan
los segundos protagonistas porque son muy molestos.

Park Jimin se echó hacia atrás, hundiéndose en las almohadas apiladas en la esquina
del vagón, y miró al techo con una mirada desolada.

—Yo. Solo. Quería. Un. Manual De Instrucciones, ¡Ahhhh! —bramó Jimin, tan fuerte
que sus gritos y gruñidos llegaron a los oídos de los soldados más cercanos al vagón
en el que se encontraba.

Algunos de los oyentes se miraron, preocupados y confusos, y empezaron a murmurar


entre ellos cosas como:

—"Su Magnificencia suele gritar mucho, ¿no les parece?"

—"He oído que se golpeó la cabeza cuando llegó aquí desde el mundo celestial"

—"Su Majestad necesitará tener una santa paciencia y dos oídos divinos para desposar
al Omega de Plata"

—"De hecho, no es una tarea para cualquier persona"

Más adelante, al frente de las tropas, algunos de los alfas más hábiles también
captaron las exclamaciones y ciertas maldiciones de Park Jimin. Sus miradas se
dirigieron directamente al rey, que escuchaba todo en silencio.

Jeon Jungkook apretó discretamente las riendas de su caballo y cerró la mandíbula,


tratando de reprimir el impulso de dar la vuelta a su montura e ir hacia Park Jimin y
luego tener otra pelea con ese chico. Esta vez, sin embargo, le robaría al menos un
beso antes de alejarse arrepentido y angustiado.

—¿Por qué esa cara de culpabilidad, Su Majestad? —Kim Namjoon se acercó al rey,
siguiendo fácilmente los pasos del caballo real con sus poderosas y rápidas patas
lobunas.

—Lo estoy forzando... —murmuró Jungkook.

—Pero tiene que estar seguro de que él es... él... Es por un bien mayor, es por su gente
también. —dijo Namjoon, usando su habitual tono sabio y severo.

—Lo sé, pero... —el joven rey comprimió sus labios, sellándolos.

El general Kim levantó los ojos para mirarlo más de cerca.

—Se ha encariñado con él... Entiendo.

Jeon Jungkook giró su cara que ya empezaba a tomar color.

—Park Jimin cree que es por las feromonas. No cree en su propia capacidad para
hacerme perder la cabeza. —refunfuñó el rey, frunciendo el ceño, sintiendo la
amargura en la garganta. —Rechaza la idea de que haya un "nosotros".

Kim Namjoon se sorprendió por la intensidad incrustada en las palabras del joven, y
se quedó momentáneamente en silencio, un poco aturdido por las ideas que cruzaban
su mente en ese momento.

—Si fuera un poco más osado, Su Majestad, incluso afirmaría que su melancolía es el
resultado de un vínculo... Pero eso no es posible, ¿tengo razón? Vincularse a alguien
tan rápidamente... No es normal. —dijo el general de Adaman.

El joven rey volvió a mirar el camino frente a él, con una mirada distante y opaca.

—¿Y si ha ocurrido? Cómo es la sensación de tener que separarse del omega... —


Jungkook no podía dejar de pensar en el insistente deseo de Park Jimin de volver a
casa. Tenía el deseo intenso de dar todo lo que ese bendito y extraño omega quería,
pero dejarlo ir parecía tan... Mal.

El semblante del general Kim se convirtió en una hoja en blanco, inexpresivo, sólo
sosteniendo una fría mirada marrón entre las canas de su rostro canino.

—La sensación es como... Querer morir constantemente. —la profunda voz de


Namjoon hizo que Jungkook se arrepintiera de haber hecho esa pregunta en el mismo
instante.

El general continuó explicando:

—Es un vacío. Un gran vacío. Como si una parte de tu alma hubiera sido arrancada....
Por eso la mayoría de nosotros morimos junto con nuestros omegas, y viceversa.

—Nunca has sido tan honesto conmigo sobre este tema, Kim... Lo siento mucho. —las
palabras parecían pesar en los labios de Jungkook. —¿cómo te las arreglaste para...?

—Vivir... —El semblante inexpresivo del general mostró de repente una pequeña
sonrisa. —La razón es Jina, por supuesto. Mi hija necesita de alguien. Es demasiado
joven para estar sola en el mundo.

Jeon Jungkook asintió, comprendiendo, y relajó los músculos de su rostro, pues las
palabras de su viejo amigo habían sido tan solemnes e intensas que hicieron que el
pecho angustiado del joven rey fuera abrazado por una triste calma.

Con una mirada hacia atrás por encima de su hombro, Jeon Jungkook observó una vez
más el carruaje en el que yacía aquel bendito y exaltado omega. Era como si Su
Majestad intentara verle a través de los revestimientos de madera, pues su mirada era
profunda, como la negrura sin estrellas de la noche.

Las tropas tardaron toda la noche y parte de la mañana en cruzar una cordillera de
montañas, el último obstáculo antes de los campos llanos que rodeaban el territorio de
la capital. Jeon Jungkook y Kim Namjoon guiaron a la compañía a través de un valle
que atravesaba el centro de la cordillera, un atajo seguro para llegar rápidamente al
otro lado.

Desde el interior del carruaje, Park Jimin admiraba el grandioso paisaje que se alzaba
ante él. El chico nunca había visto montañas tan altas y tan juntas, y ni siquiera ese
tipo de vegetación que las cubría como un manto natural. Los árboles al pie de las
montañas parecían coníferas, pero el color de sus hojas era amarillo. Así, cuando
caían, formaban una alfombra de oro por todo el fondo del valle.

Al cabo de un tiempo, tras acostumbrarse a la vista y no tener ganas de dormir, el


joven Park se aburrió e intentó recurrir a los juegos de su teléfono móvil. Sin
embargo, para su desgracia, todos ellos necesitaban Internet para funcionar.
Jimin entonces fue a releer el extraño y mágico libro de su hermana pequeña. Pero
incluso después de horas de tragar páginas y páginas, no pudo encontrar nada nuevo.
El aburrimiento, que ya lo consumía, casi le hizo abrir el paquete de regalo que Yeseo
iba a entregar a su mejor amiga y que, por una gran casualidad, todavía estaba en
manos del chico. Pero como a Jimin no le gustaba revisar las cosas de los demás, y
todavía esperaba volver pronto a casa, prefirió dejar el paquete intacto.

Cuando las tropas de Adaman estaban a punto de llegar al final de la cordillera, el


chico estaba a un paso de implosionar. Lo que antes parecía un simple aburrimiento
ahora se asemejaba a una mezcla de ansiedad y energía reprimida. Park Jimin se dio
cuenta de que no era una sensación normal, nunca se había sentido tan alterado y
electrizado en toda su vida, ni siquiera cuando se bebió dos latas de energizante antes
de hacer un examen importante en su universidad. En esa ocasión, el corazón del
chico saltó frenéticamente en su pecho, y los músculos de todo su cuerpo giraron en
impulsos automáticos e inconscientes. Fue tan malo que Park Jimin se prometió a sí
mismo que nunca repetiría tal dosis.

"Mierda... Si tuviera vagina, diría que estoy en mis días. Mi madre se estresa en esos
días..." murmuró el chico, apoyando la cabeza en la ventanilla del vagón.

En ese instante, la línea de soldados atravesaba un declive del valle, lo que daba a
Park una perfecta visión del frente de las tropas.

Sin darse cuenta, sus pupilas se dilataron ligeramente cuando vio a Jeon Jungkook
montando su caballo de pelo negro. Las ropas oscuras y plateadas del joven rey le
daban un aspecto extremadamente elegante y moldeaban muy bien su fuerte cuerpo.

Al notar que después de vislumbrar a Su Majestad, su cuerpo se sintió algo más


tranquilo, Jimin suspiró profundamente.

—¿Qué piensas hacer, eh, Park Jimin...? —murmuró para sí mismo mientras una idea
cruzaba su mente.

Momentos después, durante la hora de la comida, mientras los curanderos distribuían


comida a las tropas sin detener la marcha de su viaje, los sentidos de Jeon Jungkook
captaron algo que se acercaba justo detrás de él. La peculiar y encantadora presencia
hizo que su pecho se sintiera inquieto.

Cuando volvió los ojos a un lado, el rey parpadeó, sin saber cómo reaccionar ante lo
que veía.

—¿Pa-Park Jimin? —la voz de Jungkook vaciló al ver al chico a unos metros de
distancia, montado en una figura lobuna ligeramente más pequeña que la de Kim
Namjoon, por ejemplo.

—¡H-hey! Hm. Hola, Su Majestad... —la sonrisa de Jimin se abrió con dificultad. El
chico intentaba mantener el equilibrio sobre el lomo de la criatura en movimiento
mientras evitaba mostrar el ligero nerviosismo que sentía.

—Es un soldado... —Jungkook miró al lobo que estaba debajo de Jimin, y entrecerró los
ojos cuando se dio cuenta de que era un alfa.

El alfa dudó ante la mirada del rey e inclinó la cabeza, pero sin disminuir el ritmo de
su marcha.

Fue Park Jimin quien tomó la palabra primero para explicar lo que estaba pasando.

—Entonces, Jun... Quiero decir, rey. El carruaje es un poco aburrido, así que pensé que
tal vez podría viajar fuera de él, sabe... —el chico se rascó la nuca, incómodo.

—Hay asientos en la parte delantera exterior del carruaje. Siéntete libre de disfrutar
del viaje a través del valle sentado allá. —dijo Jungkook con sencillez, volviendo los
ojos al caminó con un semblante tan frío que hizo que a Jimin se le encogiera el pecho.
Sí, creo que me merezco un poco este trato.... Pensó Park.

Tras aclararse la garganta, el joven continuó con su discurso.

—Hmmm, no. Tenía ganas de montar un poco, haha.

—Pensé que no sabías montar... Y que te atemorizaban nuestras transformaciones


lobunas. —la voz de Jungkook estaba bañada en un ligero sarcasmo.

—¡L-lo hacen! —Jimin se irguió, pero inmediatamente volvió a prestar atención al


soldado que le estaba dando un paseo: —Pero no le tengo miedo, señor Gong. Es
usted un buen hombre. —El chico acarició el pelo de su ayudante y éste casi no pudo
contener una sonrisa.

Ese pequeño gesto de afecto entre Jimin y el soldado Gong hizo que la mandíbula del
joven rey se tendara y animó al caballo a moverse más rápido, alejándose de la pareja.

—¡Hey! —gritó Jimin, y Gong volvió a acelerar para que el omega alcanzara al rey.
Cuando volvieron a estar uno al lado del otro, el joven Park murmuró: —¿¡Qué pasa,
Jungkook!? Espera, ¿no puedo hablar más contigo?

—Primero me provocas acercándote a mí montando en un alfa, ¿y ahora te refieres a


mí por mi nombre, en público? Estás cruzando los límites, Park. —los ojos de Su
Majestad brillaron y sus feromonas intimidantes y furiosas quemaron las fosas nasales
de todos los que estaban cerca. Sin embargo, Jimin podía percibir, en medio de esa
ira, una turbia sensación de tristeza y decepción.

Debajo del chico, el soldado Gong ya se estaba arrepintiendo de estar allí.

—Su Magnificencia... —El pobre alfa murmuró a Park... —Temo a la ira del rey.

—No te preocupes, Gong. Me encargaré de ello, —Jimin apretó sus manos en puños,
en una pose decidida. —sólo necesito que hagas una última cosa por mí.

Al ver a Gong y a Jimin susurrándose cosas como si fueran dos confidentes, la fría
expresión de Jungkook se rompió en mil pedazos, y sintió un sabor amargo recorrer su
garganta y su pecho.

Pero justo en ese momento, el rey frunció el ceño al ver que el soldado alfa aceleraba
repentinamente su velocidad, y cuando Jimin comenzó a arrodillarse encima él,
levantando una mano hacia el caballo de Su Majestad.

Cuanto más se acercaba Jimin al cuadrúpedo, más se elevaba por encima del lobo,
hasta quedar en una posición peligrosa.

—¡¿Estás intentando suicidarte otra vez?! —exclamó Jungkook con los dientes
apretados.

—¡No! Es sólo que... ¡Si la montaña no viene a Mahoma, Mahoma irá a la


montaña!AAAAAAAAH. —gritó Jimin mientras saltaba de Gong, apuntando a la parte
trasera del caballo del rey, esperando poder alcanzarlo sin demasiados problemas.

Pero Jeon Jungkook no iba a esperar lo peor. Alcanzó el brazo del otro chico, todavía
en el aire, y tiró de él con fuerza hasta que lo tuvo sentado frente a él en su regazo,
donde estaba caliente y seguro.

—¿¡Has perdido la cabeza!? ¡¿En qué estabas pensando?! ¿¡Por qué siempre actúas de
forma tan impetuosa!? —Jungkook sacudió los hombros de Jimin, ignorando su aroma
por estar demasiado enfadado y preocupado.

—¡No ibas a parar aunque te lo pidiera! —habló Jimin, ladeando la cabeza, formando
un puchero con los labios.

—Después de la discusión que tuvimos, tengo derecho a querer mantener mi distancia


contigo... —Jeon apartó la mirada y respiró profundamente.

—No hagas eso. —dijo Jimin, sintiéndose débil de repente. —Eres la única persona con
la que puedo contar en este extraño lugar. Y también... Me había gustado la idea de
ser tu amigo.

Jungkook resopló. Luego cerró los ojos mientras inhalaba aire para llenar sus
pulmones y luego los vaciaba. Era un acto que siempre le permitía recuperar la
paciencia y la razón en los momentos turbulentos.

—Si querías acercarte a mí, ¿por qué no montaste en uno de los caballos de mis
tropas? No es... No está bien visto que un omega salga andando sobre la espalda de
un alfa que no es su compañero... —murmuró el joven rey con contención.

Park Jimin parpadeó y luego abrió los ojos, bastante sorprendido e intrigado por esa
reacción de Jeon Jungkook.

—Dios, eso es tan... ¿Cómo puedo decirlo? Alfachista... Alfista... —se rió el chico.

—"¿Alfista?" —el rey frunció el ceño y se volvió a mirar a Jimin, buscando respuestas.

—Sí, es algo así como el machismo, sólo que en lugar de hombres, los opresores son
los alfas. De donde yo vengo, el problema es el machismo. Aquí, aparentemente, es
"alfismo".

—¡Pero yo no quiero oprimirte! Yo... —Jungkook se replanteó lo que había dicho


minutos atrás y tragó en seco, la sangre subió a sus mejillas. —No fue mi intención...
—el joven rey miró entonces profundamente a los ojos del otro chico. —Sólo me dieron
celos.

El rostro de Park estaba tan enrojecido por la sangre que su piel se calentó. Sus
mejillas, ahora extremadamente rosadas, parecían dos manzanas maduras. Y, por si
todo eso fuera poco, el chico se vio envuelto en las feromonas del rey, con tanta fuerza
que elevaron su temperatura corporal.

—T-tu... —Jimin trató de encarar algo más que a esas dos pupilas negras de Jeon. —
Mira, sólo le pedí a ese soldado que me llevara porque no había ningún caballo libre.
Tuvo la amabilidad de traerme aquí, pero lo asustaste con esa cara amargada...

Al escuchar la explicación, el semblante de Jungkook comenzó a relajarse, quedando


cubierto por una capa de vergüenza.

—... Además, pedí esos inhibidores de feromonas para uno de los sanadores, para
evitar atraer la atención de tus soldados alfa. Este asunto del aroma es bastante
espeluznante, ¿sabes? No sé si alguna vez me acostumbraré. —Jimin se cruzó de
brazos, resoplando.

—¿Tomaste una "Semilla de lobo"? —La última línea llamó la atención del rey.

—¿Es ese el nombre del inhibidor? Hmmm, sí, lo tomé. Es bastante amargo, argh.

—Pero... —Jungkook se inclinó instintivamente hacia el cuello de Jimin y respiró


profundamente la fragancia e n él. —Sigue siendo fuerte para mí... Sigue igual... —
Rosas, huele a rosas, pensó el rey, sintiendo la piel de gallina en su cuerpo.

Tanta cercanía entre ellos, encima del caballo en movimiento, mientras se


encontraban rodeados
por la comitiva real, dejaba la situación tremendamente desconcertante. Por mucho
que los sentidos de ambos estuvieran nublados por sus nuevos instintos lobunos, sus
razones hablaron más fuerte, y se separaron el uno del otro.

—Ta-tal vez no funcionó en mí. Algunos medicamentos simplemente no son aceptados


por ciertos organismos, haha... Debe ser eso... Debe ser eso. —repitió Jimin, en un
intento fallido de cambiar el enfoque de la discusión y el ambiente incómodo entre
ellos.

—Hmm. —Concordó Jungkook, apenas escuchando lo que el otro decía.

—Bien... Bien... ¡Ah, ehm, su majestad! ¿Puedes convertirte ya en un lobo gigante


también? Hombre, por mucho que dé miedo, es muy impresionante.

—No... No puedo. Tal vez esto sea lo máximo. —Los labios de Jungkook se curvaron en
una sonrisa forzada. —Pero soy más fuerte y más rápido. Es suficiente.

—Oh... —Jimin movió la cabeza, comprendiendo.

—Park Jimin, lo que dije antes sobre ti


dirigiéndote a mí usando mi nombre, eso no fue cierto... Puedes llamarme así, si lo
deseas. —habló el joven rey.

—¿De verdad? ¿Pero no es un delito si lo digo delante de la gente?

—Soy el rey, puedo hacer excepciones. —la débil sonrisa de Jungkook fue reemplazada
por una divertida y confiada, algo que Jimin encontró muy agradable de ver.

—Bien... Jeon Jungkook. —murmuró el chico, sin querer asumir que le había gustado
el privilegio.

Momentos después, el final del valle se hizo visible. El sol de la tarde caía sobre el
horizonte, descendiendo como una esfera ardiente entre dos montañas que marcaban
el final de la cordillera. Esa iluminación amarillo-anaranjada se mezclaba con la
oscuridad fría y azulada que existía entre los picos agrupados de las montañas.
Incluso parecía que el día comenzaba de nuevo, en toda su magnitud.

Park Jimin se quedó boquiabierto cuando las tropas abandonaron la cordillera y


entraron en los campos abiertos, ya que desde ese punto era posible ver la espléndida
capital de Adaman, Adwan.

Adwan estaba rodeada por una muralla alta y fortificada, con torres que permitían una
gran visión de lo que ocurría fuera de la ciudad. En su interior había cientos y cientos
de viviendas y otras estructuras, dispuestas de forma alineada y bien organizada. Y en
el centro yacía un palacio alto e imponente, tan majestuoso que una sola mirada
arrancó un suspiro al joven Park.

La capital estaba situada en el centro de un inmenso río azul, en una isla apartada de
las dos orillas del río. Para llegar a ella había que cruzar un amplio y extenso puente, y
pasar por las vigilancias de la torre que abrían las puertas de la muralla.

—Bienvenido a mi hogar. —susurró Jungkook al oído de Jimin, y fue como si finalmente


este último hubiera entrado finalmente en razón

Park Jimin se dio cuenta de que la historia que le esperaba era mucho más compleja y
grandiosa de lo que había imaginado en un principio.

El camino hacia el puente estaba formado por aldeas con tierras llenas de ricas
plantaciones y la cría de animales gordos para la matanza. Aquella tierra, incluso
medieval, parecía próspera y feliz. Los campesinos, al ver la comitiva de Su Majestad,
esbozaron grandes sonrisas y se inclinaron en señal de respeto, formando filas para
saludar el regreso del rey.

Algunas personas notaron la presencia de Park Jimin en la montura real y se miraron


entre sí, con expresiones confusas y divertidas en sus rostros.

—"¿El rey encontró un compañero?"

—"¿Quién podrá ser ese chico tan guapo en su regazo?"

Los súbditos murmuraban, en éxtasis.


Cuando la marcha llegó al puente, las trompetas resonaron desde lo alto de la muralla
y los soldados que la custodiaban se movieron para abrir las inmensas puertas.

Se encendieron hogueras para iluminar el camino a través del paso elevado sobre el
río, y los guerreros lobunos salieron de Adwan para guiar a las tropas de Adaman
durante todo el camino.

En ese instante, pareció que incluso la naturaleza daba la bienvenida al rey, pues una
ventisca levantó el follaje por los aires, decorando el cielo como adornos, provocando
una lluvia de hojas rojas y amarillas. El río también se calmó bajo el puente, lo que
permitió a Park Jimin vislumbrar cientos de peces de colores saltando de vez en
cuando.

Jeon Jungkook y Jimin ni siquiera habían llegado a las puertas antes de que sus oídos
captaran una celebración procedente de Adwan. Los vítores y las voces emocionadas
de los ciudadanos de la capital llenaron el ambiente de alegría. El rey, montado en su
caballo, saludó a sus súbditos que le esperaban ya en la entrada de la ciudad. Jimin se
quedó perplejo ante la cantidad de gente que les miraba, era una multitud de un
kilómetro de largo, con mucha gente sosteniendo pancartas en las que estaba
plasmado el escudo del Reino de Adaman.

Jeon Jungkook parece ser muy querido... Debe ser un buen rey, reflexionó Jimin en
silencio, todavía maravillado por aquella celebración de bienvenida.

Otra cosa que el joven Park se encontró contemplando fue la estructura de la ciudad.
La forma en que se construyeron las casas y mansiones, mezclando estilos similares al
románico medieval y al oriental antiguo, era impresionante. Gruesas columnas de
piedra sostenían techos que se curvaban en sus extremos, y gárgolas de lobo
decoraban la entrada de las viviendas más ricas.

Mientras cruzaban la avenida principal que llevaba directamente al castillo, Jimin


vislumbró algunas fuentes con estatuas femeninas y masculinas que servían de
fuentes.

La primera estatua que apareció en su camino fue la de una hermosa mujer, sentada
sobre un lobo con expresión solemne, vistiendo una armadura que, sumada a la
intensa y aguda mirada de su rostro, le daba un aire de grandeza.

—Ella es Wang Nara, la Gran Reina... Y mi difunta madre alfa. —le explicó Jungkook a
Park, al notar la expresión de curiosidad en su rostro.

—Es hermosa, sin duda... —murmuró Jimin, recordando el dibujo de Wang Nara en el
libro de Yoseo.

Jungkook se parece bastante a esa reina, pensó Park, después de notar que toda la
forma de la cara de Jeon Jungkook, excepto los ojos, parecía ser la copia más joven y
masculina del rostro de Wang Nara.

—Oye, Jeon Jungkook, ¿por qué ustedes dos tienen apellidos diferentes? Ya que Wang
Nara era la reina a cargo, ¿no deberías tener el mismo apellido que ella? —Incluso
después de leer y releer el libro de Yeseo, Jimin aún no tenía idea de cómo
funcionaban algunas cosas en ese mundo.

—Hmm, no. Los hijos e hijas siempre heredan el apellido del clan del omega que se
une en matrimonio al monarca de Adaman. —explicó Jungkook con paciencia. —Yo
llevo el apellido del clan de mi madre omega, el clan Jeon de los lobos nocturnos.

Hmm, esa última parte ya la sabía, Jimin habló en sus pensamientos.

—Por eso mi hermano y yo tenemos apellidos diferentes. Yo, un Jeon, y él, un Min, del
clan de los lobo del amanecer. —añadió el rey.

Jimin sacudió la cabeza, procesando la información. Hasta que se congeló al darse


cuenta de un detalle —¿Ah? ¡Un momento! ¿Qué quieres decir con "diferente"? ¿Son
hijos de padres diferentes?

—Hmm, sí. Su progenitora era la heredera omega del clan Min... Escuché que no
estaba en la lista para casarse con la Gran Reina, pero después de unos cuantos
encuentros, las dos se unieron fuertemente, y así nació mi hermano. —Jungkook miró
un horizonte diferente. Parecía que había algo más que decir, pero que Su Majestad
no se sentía del todo cómodo compartiendo.

—¿Entonces. Wang Nara se casó con dos personas al mismo tiempo...? —El ceño de
Jimin se frunció un poco.

—Sí. No es tan raro tener concubinos. —dijo el otro. Explicar este tipo de cosas no
debería ser tan difícil para Jeon Jungkook, sin embargo, el chico sintió que le estaba
diciendo algo malo a Park Jimin. Algo que no debería decir.

Al ver la expresión sombría en el rostro del otro, el joven rey comprendió rápidamente
ese sentimiento.

—Jeon Jungkook, ¿pretendes tener un concubino...? —Jimin entrecerró sus ojos hacia
él.

—¡N-no! No veo la necesidad de hacerlo... —respondió rápidamente Jungkook,


aclarándose la garganta. Enseguida disminuyó el espacio entre sus brazos, donde
estaba sentado Park Jimin, y murmuró. —No cuando ya he encontrado lo que quiero.

El cuerpo de Jimin se encogió automáticamente y volvió a estar sonrojado como el


cielo del amanecer. Con repentino nerviosismo, buscó cualquier otra cosa que pudiera
generar un rápido cambio de tema, y sus ojos se detuvieron en la imagen de la última
fuente situada antes de la entrada del castillo.

—¡Eso! Es decir... Ese es el Omega de Plata? —señaló la estatua en el centro de la


fuente de agua. Era un lobo enorme, sentado sobre sus patas traseras con la cabeza
peluda vuelta hacia arriba, como si admirara el cielo. En la parte superior de su frente
brotaban dos cuernos de ciervo, de los que crecía un follaje que caía a su alrededor en
una espiral danzante.

—Es él, sí. La entidad legendaria... —respondió el joven rey, contemplativo.

—Oh, vaya... —Cuando aparezca, será increíble. ¿Será que su versión humana es tan
bella como la lobuna? Si es así, definitivamente no tendré ninguna oportunidad,
haha.... Este pensamiento provocó una débil sonrisa en el rostro de Park Jimin.
Empezaba a sentir una dolorosa lástima por todos esos personajes secundarios que se
enamoraban en vano de los protagonistas.

Su atención estaba tan distraída por ese asunto


que el joven Park casi se pierde el momento en que se abrieron las puertas del palacio
para que entrara la comitiva al territorio real. En el interior, fueron recibidos por un
gran grupo de personas. Jimin supo enseguida que los que vestían ropas sencillas y
estándar eran funcionarios y sirvientes del castillo, y los que llevaban ropas elegantes,
con joyas y escudos, eran miembros de la nobleza.

Cuando Jeon Jungkook detuvo su caballo y se bajó, ayudando a Park Jimin a hacer lo
mismo, los sirvientes del castillo se arrodillaron e inclinaron sus cuerpos hasta que sus
frentes tocaron el suelo, poniendo sus manos juntas frente a sus cabezas. Los nobles
también mostraron respeto a Su Majestad inclinándose hacia delante, agachando la
cabeza en un ángulo de noventa grados.

Una hermosa mujer de mediana edad encabezaba el grupo de nobles, y mostraba una
radiante sonrisa en su rostro limpio y claro. La mujer llevaba un largo vestido teñido
del color del vino, cuyo dobladillo se arrastraba por el suelo de piedra de aquel patio;
y llevaba el pelo negro sujeto en lo alto de la cabeza con pinzas de plata y rubí. Park
Jimin notó que sus ojos eran tan grandes, redondos y oscuros como los del rey.
—Bienvenido, de vuela, Su Majestad. —recitó la mujer con solemnidad, e inclinó la
cabeza con elegancia. Los demás imitaron su actuación y su discurso al unísono,
haciéndose eco del saludo en todo el patio real.

Park Jimin ahora se sentía como si estuviera dentro de un drama sobre la edad
imperial.

—Es bueno estar de vuelta, consorte Jeon Haerin. —Jeon Jungkook se dirigió a la
mujer, altivo, lleno de decoro, como exigía su posición.

Pero poco después, su elegante pose se relajó y se acercó a la consorte con una
enorme sonrisa, hasta envolverla en un fuerte abrazo.

—Te he echado de menos, madre. —murmuró contra el fino hombro de ella.

—Yo también, querido. —Jeon Haerin acarició el pelo del rey con ambas manos, luego
le tocó la cara y tiró de él para observarlo mejor. —Cariño, sólo has viajado tres meses
por las ciudadelas de Adaman, y sin embargo pareces haber madurado dos años
enteros. Estás más alto, con un aspecto más fuerte.

—Experimenté muchas cosas mientras estaba fuera. —explicó Jeon con solemnidad,
retirando los brazos de su alrededor.

—Me lo imagino. Leímos todas las noticias que nos envió el general Kim, incluidas las
relativas a la invasión de Eliah. —el rostro de la mujer se ensombreció.

—Hay muchos asuntos urgentes que discutir, y este es sólo uno de los más
importantes. —la voz de Jungkook sonaba tensa, y miró a Jimin en silencio. —No
quiero perder el tiempo. Veo que los líderes de los principales clanes ya están aquí, así
que. llámalos a la Mesa de Plata inmediatamente.

Tras procesar la petición de su hijo, la consorte Jeon asintió, comprendiendo. A


continuación, el joven rey giró su cuerpo hacia Park Jimin.

Con una mirada intensa y vacilante, Jeon Jungkook lo llamó.

—Necesito que vengas conmigo.

Jimin parpadeó, sin entender lo que estaba sucediendo, pero decidió seguir al otro
chico cuando empezó a caminar hacia el castillo.

Los sirvientes abrieron las enormes puertas en arco para que el rey y su invitado
pasaran. En el interior, Park Jimin se sintió como si entrara en una catedral gótica, ya
que las paredes eran extremadamente altas, con muchos detalles en madera y
concreto, y vidrieras que formaban imágenes en las ventanas. Había varias esculturas
de personas en poses imponentes y con ropas pomposas, y de enormes lobos que
mostraban sus garras y afilados dientes. Aunque eran intimidantes, esas estatuas eran
muy hermosas.

Jimin también se fijó en los marcos pegados a las paredes donde se exponían cuadros
al óleo, y en los escudos alineados a lo largo del pasillo, cada uno con un escudo de
armas con un lobo en el centro. También había armaduras vacías en el camino, Park
no sabía si estaban allí para amenazar a los intrusos o simplemente para añadir más
lujo al espacio, ya que estaban revestidas de plata, oro y bronce.

Incluso con la increíble sensación de estar en medio de un viaje turístico, Park Jimin
no podía dejar de martillar en su mente la idea de que algo estaba fuera de lugar. No
entendía lo que estaba pasando.

—Oye, Jeon, ¿qué es esa 'Mesa de Plata'? —preguntó el chico mientras seguían
caminando por el largo pasillo. Algunos sirvientes aparecían aquí y allá en el camino, y
siempre se inclinaban cuando veían al rey

—Aquí es donde celebro reuniones con mis consejeros, soldados y súbditos de la


nobleza... —explicó Jungkook, manteniendo el rostro impasible, siempre mirando al
frente.

Park Jimin comenzó a encontrar la actitud de Jungkook un poco extraña. No había


estado así hasta hace unos minutos.

—Hmmm, así que es algo así como la mesa redonda del Rey Arturo, genial. —murmuró
el chico en voz baja para sí mismo, tocándose la barbilla con los dedos. Enseguida
levantó la voz para hablar de nuevo al rey. —Entonces... ¿Vas a tener una reunión
ahora?

—Sí.

—¿Pero qué pasa con tu hermano? Pensé que estabas ansioso de verlo... ¿No fue por él
por lo que decidiste volver aquí tan pronto? —las piezas no encajaban en la mente del
chico.

Doblaron una esquina antes de que Jeon Jungkook abriera la boca para responder a la
pregunta. Parecía que el joven rey se estaba guardando algo y aún no sabía cómo
soltar las palabras que tenía atascadas en la boca.

Al final, Su Majestad de Adaman habló rápida y fríamente.

—Mentí. Mentí para convencerte de que me acompañaras aquí.

Park Jimin dejó de caminar y entrecerró los ojos hacia Jungkook.

—¿Tu hermano no está enfermo?

—Lo está, —Jungkook también se detuvo en su camino. —pero, afortunadamente,


todavía no camina al lado de la muerte.

—¿Y cuándo pensabas decirme que has estado mintiendo?

—Ahora. —suspiró profundamente, pasándose una mano por la frente. —Vamos a


tomar la ruta más lejana hasta la Mesa de Plata para poder hablar de esto contigo.
¿No te has dado cuenta de que no hay nadie que nos esté siguiendo hasta llegar a
ella?

Es verdad, ninguno de esos nobles vino trás nosotros, pensó Jimin, frunciendo los
labios.

—Por un momento realmente me sentí mal por ti y tu familia, Jeon. —Jimin se dio la
vuelta, amargado.

La cara de Jungkook se marchitó.

—Sobre eso, en verdad lo siento. —dijo con un tono de culpabilidad en su voz.

—¿En qué estabas pensando cuando me dijiste eso? Que cuando llegáramos a Adwan,
me impresionaría tu castillo y entonces decidiría vivir aquí para siempre... —Jimin se
cruzó de brazos.

—No, ya sabía que reaccionarías así. Pero aún así, tenía que traerte aquí de alguna
manera.

Park Jimin se rió, incrédulo, y giró la cara para mirar al rey por encima del hombro.

—"¿De alguna manera?" De donde yo vengo hay una palabra para eso: secuestro.
Sabes, en realidad estaba empezando a pensar mejor en la idea de pasar un tiempo en
este lugar para saber a qué he venido, pero si pretendes manipular mis decisiones y
voluntades con mentiras... —Jimin se mordió los labios, sin saber cómo amenazar a
Jungkook, y luego miró a su alrededor en busca de alguna idea, hasta que se fijó en
una de las armaduras revestidas de metal precioso.
El chico corrió hacia ella y la sacó de la vitrina de inmediato.

—... Me llevaré esto, lo venderé en algún lugar de tu reino y usaré el dinero para
comprar una casa lejos de ti, Jeon Jungkook. —dijo Park, abrazando la pesada
armadura.

El joven rey le miró fijamente, estático. Por muy cómica que fuera la "amenaza" de
Jimin, ya que aunque el chico comprara una casa lejos, no habría nada que impidiera
que el rey de Adaman se presentara en cualquier parte del mundo buscándolo, la idea
de que Park prefiriera quedarse lejos era angustiosa.

—Sé que estuvo mal engañarte.... Por los dioses, ¡me atreví a mentir sobre la situación
de mi querido hermano para eso! —Jungkook apretó los párpados mientras se quejaba
amargamente de sus propias acciones. —De todos modos... Lo que estoy tratando de
decir es sólo... Sólo dame una oportunidad para que pueda explicar las razones por las
que te traje a mi casa.

—Sé que estuvo mal engañarte.... Por los dioses, ¡me atreví a mentir sobre la situación
de mi querido hermano para eso! —Jungkook apretó los párpados mientras se quejaba
amargamente de sus propias acciones. —De todos modos... Lo que estoy tratando de
decir es sólo... Sólo dame una oportunidad para que pueda explicar las razones por las
que te traje a mi hogar. Asiste a esta reunión conmigo, escucha lo que se dirá en ella,
y si incluso después de eso encuentras que mis pretensiones son falsas y deshonrosas,
te daré una fortaleza lejos de aquí y joyas que te sustentarán toda la vida.

Park Jimin se quedó sin voz por un momento, aturdido por la vehemencia intrínseca a
las palabras de Jeon Jungkook, su tono de voz e incluso su oscura mirada.

—Si tenías una verdadera razón, ¿por qué no me dijiste la verdad?

—Porque tiene que ver con el asunto que has rechazado desde el momento en que nos
conocimos. —el joven rey tomó la palabra y comenzó a acercarse al otro muchacho.
Cuando se puso delante de éste, tan cerca que sus olores se mezclaron, Jeon tomó
amablemente la armadura de las manos de Park y la volvió a colocar en el expositor.

—Ah, entiendo... —Jimin murmuró, frunciendo el ceño.

¿Cuánto tiempo me va a perseguir aquí la leyenda del Omega de Plata?

—Sé que estás agotado de repetir que no eres él, pero incluso con todas las pruebas
que demuestran la veracidad de lo que crees, yo, como rey de Adaman y heredero del
clan Jeon, no puedo dejar pasar esta situación sin haber hecho una última
comprobación. —Jungkook giró entonces su rostro y miró fijamente el rostro del otro
chico. Park Jimin se vio instintivamente obligado a devolverle la mirada, recibiendo así
otra oleada de calor, que parecía emanar sobre ellos.

El joven rey levantó una mano, casi alcanzando el lateral de la cara de Park, pero se
controló en el último segundo y no lo tocó. Tras tragar con fuerza y suspirar
profundamente, continuó explicando:

—Aunque llevo dentro de mí el obstinado y extraño deseo de mantenerte a mi lado,


esa no es la razón por la que te he traído aquí. Quiero decir, no es la razón principal...
Entonces... —apretó los labios finamente. —espero que el malentendido entre nosotros
se aclare.

Jimin procesó las palabras del rey durante minutos de silencio. No es que fuera difícil
aceptar la disculpa y la explicación de Jeon Jungkook. De hecho, lo más difícil era
organizar sus pensamientos, que habían sido caóticos estos días debido a los
sentimientos y sensaciones desconocidas que impregnaban su cuerpo.

—Confiaré en ti. —consiguió decir Jimin, dando un paso atrás. Fue desconcertante
permanecer cara a cara con Jeon Jungkook durante tanto tiempo.
Un brillo de alivio cruzó el rostro del joven rey. Sacudió la cabeza lentamente, de
arriba a abajo, y se volvió para retomar el camino que los llevaría a la Mesa de Plata.
Park le siguió de cerca, sin más preguntas, refunfuños u objeciones. Su curiosidad
hablaba ahora más fuerte, y admirar los rincones del castillo también le distraía
eficazmente.

Los dos muchachos terminaron su recorrido cuando llegaron a un estrecho salón que
no dejaba de ser tan inmenso como cualquier otro del palacio. La entrada estaba
formada por un alto arco lleno de plantas talladas en hierro, y estos detalles se
extendían por el techo y las paredes hasta descender al suelo y fundirse justo en el
centro de la sala. donde el hierro fue sustituido por la plata y las plantas talladas se
moldearon en una mesa triangular.

Como Jungkook y Jimin habían recorrido el camino largo, encontraron la Mesa de


Plata ya rodeada por la nobleza, que esperaba a su rey con sumisa paciencia.

—Su Majestad, estábamos ansiosos. —esta vez fue el líder de uno de los clanes quien
tomó la palabra.

Park Jimin se dio cuenta de que su tono de voz, aunque lleno de respeto, llevaba cierta
irritación. También se dio cuenta de que el hombre tenía la túnica más pomposa del
lugar, que cubría su curvilíneo cuerpo con un hanbok azul intenso lleno de zafiros y
topacios, y que llevaba un sombrero cilíndrico de color añil sobre su cabello grisáceo y
un bastón de madera blanca con un lobo tallado en el borde superior.

Jimin pudo notar por la mirada azulada del anciano, y por la forma en que se portaba
junto a la Mesa de Plata -tomándola como propia- que era una persona rígida y
exigente, quizás hasta bastante arrogante.

Jeon Jungkook lanzó una última mirada a Park, antes de apartarse de él y caminar
hacia la punta más aguda de la mesa triangular, que era el lugar que le correspondía
al monarca

Jimin dio las gracias en silencio cuando el general Kim Namjoon lo llamó con un
discreto gesto de la mano y le ofreció un asiento en esa reunión, situado unos pasos
atrás entre él y la consorte Jeon Haerin.

Después de un momento de preparación y de un carraspeo, Jeon Jungkook tomó la


palabra.

—Imagino que ustedes, ya conocen el motivo que me llevó a convocarlos en esta


fecha, poco después de mi llegada... El general Kim les envió unas cartas muy
completas, en mi opinión. —el joven rey levantó las cejas, mirando a todos los
presentes en la Mesa de Plata.

Los nobles se miraron con tensión, y Jimin captó algunos rostros que lo miraban
discretamente, analizándolo de pies a cabeza.

—Sí, lo hizo... —fue la consorte Jeon Haerin la que respondió a la pregunta no


formulada: —Sabemos sobre la osadía de Eliah y los percances causados por Han
Untak en las aldeas del sur. Por desgracia, los pájaros que trajeron los mensajes de
aviso de la invasión no fueron lo suficientemente rápidos como para que pudiéramos
enviar refuerzos desde la capital. Entonces, me gustaría dirigirme con gratitud a este
joven desconocido que, según Kim Namjoon, ha actuado con astucia para ayudarnos.
—la mujer se volvió hacia Park Jimin y le dedicó una sonrisa brillante y sincera.

Park Jimin devolvió la sonrisa un poco avergonzado, sin saber qué hacer con tantos
ojos sobre él.

—¿Cómo te llamas, joven? —preguntó una mujer mayor a Park. Parecía estar ciega
pues además de no mirar hacia él cuando le habló, sus dos ojos eran blancos y opacos.

Y tan blanco como ellos era su vestido de encaje, que le cubría todo el cuerpo,
incluidos los brazos y la parte superior del cuello. A diferencia de la anciana de azul
que estaba a su lado, ella llevaba pocas joyas; sólo pendientes y un collar de oro. Su
pelo, atado en dos trenzas desde la raíz, llevaba un rubio que se iba desvaneciendo en
blanco debido a su edad

—Es Park Jimin... Señora. —Park Jimin respondió, sintiéndose un poco nervioso.

—Bueno... Siento una buena presencia a su alrededor, Su Majestad. Es adorable y


llena de vitalidad. —la anciana se comunicaba ahora con el rey.

Jungkook reprimió la sonrisa de satisfacción que quería aparecer en sus labios.

Entonces, rompiendo el agradable ritmo de la conversación, el mismo hombre de


antes, el que llevaba ropa azul, abrió la boca para hablar.

—Matriarca Min, ciertamente la presencia de este chico es... Interesante... Pero me


gustaría proponer una discusión sobre la manera imprudente en que se llevó a cabo el
viaje de Su Majestad. —el anciano contrajo su rostro y se dirigió a Jeon Jungkook. —Mi
Rey, se ha puesto en un riesgo innecesario, cuando ni siquiera tiene un heredero
todavía. Es arriesgado y peligroso. Su madre sólo volvió al campo de batalla después
de dar a luz a dos hijos.

—¿Ya está entrando de nuevo en ese asunto, Patriarca Choi? —Kim Namjoon
sorprendió a todos con su tono de voz frío y enfadado. Parecía que había un asunto
entre él y el líder del clan Choi.

—¿Espera que lo olvidemos, General Kim? Por cierto, ¿qué pasó con sus tropas?
Necesitaban la ayuda de un chico desconocido para deshacerse del ejército enemigo.
—escupió Choi las palabras.

Jimin se encogió al mismo tiempo, por haber sido citado de la peor manera, pero se
sintió aliviado al comprobar que el general Kim no se había plegado a las palabras
ofensivas y ambiguas de aquel anciano.

—Habíamos estado en una paz fría y calculada todos estos años, excepto que la
información sobre Su Majestad viajando con nosotros a través de la frontera no era
conocida por muchos. Sin embargo, parece que el Rey de Eliah sabía muy bien el
momento oportuno para entrar en el territorio de Adaman, y lo hizo como si estuviera
declarando la guerra. —dijo Kim Namjoon, estrechando su mirada marrón.

—Aún así...

—Basta. —Jungkook interrumpió al Patriarca Choi y suspiró profundamente, irritado.


—Líder Choi, comprendo sus temores, pero esto ya ha sido discutido en otras
reuniones y no pretendo cambiar mi horario, ya que es lo que me hace estar al tanto
de las necesidades del reino... Y una cosa más, no use ese tono de voz cuando vaya a
referirse a la forma en que Kim Namjoon dirige el ejército de Adaman. Todo el mundo
en este lugar es consciente de su habilidad, no hay otro, ni siquiera entre los del clan
Kim, que pueda igualarlo. Además, Patriarca Choi, ¿ha olvidado que buena parte del
territorio de su clan fue salvado por las estrategias del General Kim durante la última
invasión bárbara que tuvimos en el Norte?

El anciano Choi respiró, contrayendo la nariz, sintiendo que había perdido la cara
frente a todos.

—¡Muy bien, Jungkook! —Park Jimi celebró en voz baja, como si estuviera viendo un
enfrentamiento en la televisión.

—En fin... —el joven rey relajó su discurso, pellizcándose el puente de la nariz. —
quiero ser conciso en nuestra discusión, ya que estoy cansado después de tanto
tiempo de viaje.

—¿Entonces Su Majestad desea hablar sobre este cjico? —dijo una mujer adulta, alta y
delgada, de rostro alargado y mejillas profundas. Por su olor, era una alfa.

La mujer llevaba un vestido verde pegado al cuerpo. Tenía un profundo escote y


dejaba a la vista sus hombros, pero sus brazos estaban cubiertos por una manta verde
semitransparente. Su pelo era largo, oscuro y estaba recogido en una elegante coleta
en lo alto de su cabeza.

—Para mí no hay duda de cuál es el verdadero tema de esta reunión, Wang Jena. —la
consorte Jeon Haerin tomó la palabra. —¿Creo que aún no te has dado cuenta? Pero
está claro que hay posibilidades de que tengamos el Omega de Plata aquí.

De repente, una oleada de charlas y exclamaciones avergonzadas se desató entre los


nobles. Algunos se mostraron completamente incrédulos, como los miembros de los
clanes Choi y Wang, encontrando la idea absurda y completamente reprobable. Otros,
en cambio, sólo parecían perplejos, como los miembros de los clanes Min, Kim y Jeon.

Estos últimos miraban a Jimin con una mirada más analítica mientras debatían entre sí
sobre los mensajes enviados por Kim Namjoon.

—¡¿Consorte Jeon, ¿nos está diciendo que este... chico ordinario es la entidad que
hemos estado esperando durante siglos...?! —Wang Jena dio un golpe en la superficie
plateada de la mesa triangular.

—Estoy de acuerdo con la matriarca Wang, ¡esto es una barbaridad! ¡Un completo
desprecio por las profecías de nuestros antepasados! —exclamó asombrado el viejo
Choi, y señaló a Jimin como si el chico fuera un insecto. —Ese pequeño plebeyo no
tiene nada de especial. ¡Míralo! ¿Dónde están los cuernos de marfil? ¿Sus ojos son
rojos como la sangre? ¿Su pelo plateado-platino? ¿Y su lobo? ¿Cómo es?

Jimin tragó con fuerza, sintiéndose como un acusado en un tribunal.

—No me convierto en lobo. Creo... —murmuró, inseguro.

—¿Lo ves? ¡Es un farsante! Ni siquiera puede transformarse, entonces ¡¿cómo puede
ser un omega?! ¡Cómo se atreve a considerarse a sí mismo la entidad legendaria! —el
patriarca Choi se acercó al chico, lo miró con el ceño fruncido y golpeó su bastón
contra el suelo. Al otro lado, Jeon Jungkook trató de controlar sus propios instintos
para no lanzarse sobre el anciano.

—¡Este mendigo debe haber usado trucos para atrapar a Su Majestad en un momento
de vida o muerte. El olor que emana debe ser una de sus trampas, he oído hablar de
betas que usan hierbas aromáticas que son muy efectivas. Además, sus acciones
contra los soldados de Eliah son demasiado sospechosas!

Choi seguía escupiendo sobre Jimin. —Piensen bien, en los mensajes del General Kim
se dice que este chico apareció precisamente en una noche de Luna de Sangre, y justo
en el momento en que el rey estaba en gran peligro. ¡Para mí, él fue enviado por Eliah
como espía!

Las exclamaciones en torno a la Mesa de Plata se intensificaron, los que ya estaban de


acuerdo con Cho aumentaron sus voces, y los que antes no sabían qué pensar
comenzaron a inclinarse hacia el lado del viejo Patriarca.

Sin embargo, un segundo antes de que Jeon Jungkook rugiera otro "¡Basta!", alguien
gritó y silenció a todos.

—¡Alto ahí! —Park Jimin golpeó su pie en el suelo frenéticamente y puso sus manos en
la cintura. Su cara era una mueca de rabia y frustración: —Mire, viejo decrépito, no
soy un mendigo, ¿De acuerdo? ¡Y no soy un farsante! ¡Nunca dije que fuera ese
Omega de Plata en primer lugar! ¡Fueron ustedes los que inventaron esa historia! Y
otra cosa: yo ni siquiera quiero estar aquí en Adaman, ¡sólo quiero volver a casa! Así
que antes de ir por ahí señalando con el dedo arrugado a la gente, al menos quítate de
la cabeza esa ridícula cosa azul. ¿Qué es eso? ¿Un sombrero? ¡Me daría vergüenza
andar así por ahí!

La Mesa de Plata se vio invadida por un silencio aturdidor.

Todos se miraron, atónitos y petrificados, con los ojos muy abiertos. Algunos, sin
embargo, tuvieron que controlarse para no reírse; entre ellos estaba Jeon Jungkook,
que hizo lo posible por no perder su pose solemne ante sus súbditos.

Pero era difícil.

Escuchar a Park Jimin explotando y hablando, sin ningún filtro todos sus pensamientos
hacía el líder del clan Choi fue absolutamente divertido. Pocos tendrían el mismo valor
que ese extraño muchacho.

Por ello, el viejo Choi se tomó un momento para recuperarse de las palabras del joven
que tenía delante.

—Tú... Eres lo suficientemente audaz como para insistir en que no mientes sobre tu
condición de omega, incluso después de contradecirte al afirmar que no eres capaz de
transformar tu propio cuerpo en el de un lobo... —los ojos azules del anciano
relampaguearon, amenazantes. —Estás aquí para seducir al rey y engañarlo, ¿no es
así?

En ese momento, antes de que nadie pudiera responder a las preguntas, un enorme
lobo pardo cruzó el arco de entrada al salón de la Mesa de Plata, llevando a su espalda
a un joven un poco mayor que Jeon Jungkook, pero más pequeño y frágil, con la piel
extremadamente pálida, como si rara vez hubiera estado en contacto con el sol. Su
pelo tenía mechones rubios y el mismo tono de amarillo se veía en sus ojos y en su
ropa.

—Choi Kangson, deberías contener tu lengua cuando no tienes propiedad para debatir
sobre ciertos temas. —la voz del lobo pardo era animada, como si estuviera
disfrutando de la situación.

—Gran Alquimista... Pensé que estabas demasiado ocupado cuidando de Su Alteza, el


Príncipe Min, y no llevarlo por el castillo como si fueras un caballo. —dijo el Patriarca
Choi con voz aguda, llena de arrogancia.

—No hables de mí como si no estuviera delante de ti, Señor Choi. — el príncipe Min, el
chico sobre el lobo, parecía aburrido. Se bajó del cuadrúpedo y, con un poco de
dificultad, se situó junto a la Mesa de Plata.

¿Así que ese es el hermano mayor de Jungkook? se preguntó Jimin, y luego miró al rey.
Casualmente, intercambiaron miradas, y la pregunta de Park fue respondida
afirmativamente con un guiño.

—No pretendía dar esa impresión, Su Alteza. —Choi inclinó ligeramente la cabeza
ante el chico rubio.

—Claro que no. —había una pizca de sarcasmo en el discurso de Min.

Tras una risa nasal, el lobo pardo que había llevado a Su Alteza hasta allí comenzó a
transformarse. Esas transformaciones siempre impresionaban y asustaban a Jimin, y
esta vez no era diferente.

Cuando su figura canina dio paso a la humana, todos vislumbraron a un joven alto
cuyo largo rostro albergaba una enorme sonrisa y unos ojos tan dorados como el oro.
Su pelo llegaba hasta la nuca, moreno, con trenzas laterales atadas por mechones
llenos de piedras marrones que tintineaban con el movimiento.

Vestía con la misma elegancia que los nobles de la Mesa de Plata, pero su ropa tenía
un toque exótico, como el llamativo estampado de su kimono oscuro y sus holgados
pantalones marrones. Sin embargo, nada de eso le restaba belleza.
—El Príncipe Min Yoongi es totalmente capaz de recorrer el perímetro del castillo y
asistir a las reuniones con el rey, Lord Choi. —dijo el alquimista real con una sonrisa
cínica. —Estas posturas suyas sobre ciertas cosas podrían terminar perjudicándole.

—¿Estás amenazando a nuestro patriarca del clan, alquimista Jung Hoseok? —un joven
del caln Choi se entrometió en la charla. Era casi tan alto como el alquimista real,
llevaba ropas azules como el señor Choi y tenía los ojos del color del mar. Era un
hermoso omega, notó Park Jimin.

—No, es sólo un consejo. Estoy aquí para aconsejar... Y para explicarles lo desconocido
a ustedes, caballeros. —Jung se giró entonces y se inclinó ante el rey, con una mano en
el pecho, en señal de respeto. —Su Majestad, me disculpo por el retraso. Estaba en
medio de un experimento cuando me avisaron de su llegada.

— Comprendo, —respondió Jungkook, relajado, y miró a Min Yoongi. —me alegra


saber que no has explotado a mi hermano. —Min, Jung y otros miembros de la nobleza
se rieron.

—Ah, pero casi me hace estallar un día de estos. —el príncipe Min se rió nasalmente.

—Hmm. —el Gran Alquimista sacudió los hombros, encontrándolo divertido. —En fin...
Si mi rey lo permite, me gustaría investigar el asunto señalado por el Patriarca Choi
Kangson.

—Sientete como en casa. —dijo Jeon.

Jung se giró rápidamente y se acercó a Park Jimin. Éste retrocedió e hizo una mueca
en el momento en que el alquimista acercó su rostro para olerlo, como un perro
olfateador.

Después de un rápido minuto, Jung levantó un dedo índice hacia el cielo y esbozó una
enorme sonrisa

—¡Vaya! —exclamó de repente, sobresaltando a todos. —Es un caso peculiar, por lo


que veo...

—Tenía razón, ¿no? Este chico es un farsante después de todo. —rugió el viejo Choi.

—Nada de eso, Milord Choi. El señor Park Jimin es sólo un raro individuo omega que
es incapaz de transformarse. Su olor es fuerte e intrínseco y, me atrevo a decir, con
todo respeto, muy agradable; no es el resultado de hierbas aromáticas. Ellas no
actúan así en el individuo.

El patriarca Choi resopló y golpeó su bastón contra el suelo, lleno de rencor.

—Es una aberración. —murmuró el anciano.

La Mesa de Plata fue entonces tomada por otra ola de silencio, sin embargo, esta vez,
no hubo risas ni murmullos entretenidos. No, sólo era una quietud sepulcral y tensa.

A continuación, sólo se oyeron los sonidos de los pasos del rey caminando por la
superficie de hierro del salón. Cada golpe contra el metal parecía más agudo y frío,
congelando los cuerpos de los presentes, especialmente el de Choi Kangson. En el
momento en que Su Majestad se estuvo ante el Patriarca, lamentó amargamente no
haber controlado su propia lengua.

—Choi Kangson, pensé que eras un hombre experimentado.... Incluso yo, en mis 23
años de vida, he sido testigo de algunos raros individuos alfa y omega que no han
recibido la capacidad de transformación. Entonces, ¿no es algo tan absurdo como para
ser considerado una "aberración"? Por cierto, curiosamente me incluyo como uno de
esos casos. Así que... ¿Y así es como el líder de los Choi ve a su propio rey? Como una
aberración... —la voz de Jeon Jungkook heló incluso los vellos de Park Jimin. El chico
nunca había visto al joven rey con aquella mirada.... Con esa aura. Y por la forma en
que todos los demás miraban a Su Majestad, con expresiones tensas y nerviosas,
parecía que Jimin no era el único.

La presencia alfa de Jungkook temblaba en el aire sobre ellos, como una nube densa,
invisible e intimidante.

—Ma-Majestad... —Choi seguía intentando ser firme, pero su voz y toda su pose
flaqueaban.

Fue entonces cuando el joven de antes, el hermoso omega del clan Choi, se acercó a él
y le tomó la mano, para detenerlo.

—Abuelo. —murmuró, lanzando su mirada color mar al viejo patriarca. Luego se volvió
hacia Jungkook, mostrándole una sonrisa perfecta, al igual que el resto de su pálido
rostro, y habló con voz dulce. —Mi rey, le ruego que me perdone. Todos estamos
ansiosos, las noticias sobre los acontecimientos de los últimos días nos han puesto los
nervios de punta... Mi abuelo sólo teme que a usted le afecten negativamente los
extraños. Ninguno de nosotros del Cla Choi tiene esos pensamientos sobre Su
Majestad, porque, después de todo, su reinado es uno de los más completos que
hemos tenido en siglos, y nada ha interferido en el hecho de que sea un rey glorioso.

Fue entonces que, junto a las feromonas de Jeon Jungkook, el aroma de ese omega se
cernió, y fue tan hipnotizante y fuerte que incluso aturdió los sentidos de Park Jimin.
Todos los alfas del recinto se removieron en sus asientos, provocados por el sensual
aroma. El rostro del joven rey llegó a vacilar por un segundo.

Y por si fuera poco, el omega incluso tocó la mano de Jeon y le miró profundamente a
los ojos.

—Entonces... Espero que podamos ser perdonados por el mal uso de las palabras de
mi abuelo, Su Majestad.

El olor a omega parecía ser cada vez más fuerte, las fosas nasales de Jeon Jungkook
ardían y sus instintos empezaban a gritar en su interior.

Al otro lado, Park Jimin se dio cuenta de las reacciones del rey y sintió un sabor
amargo en su garganta, que bajó hasta su pecho y lo marchitó.

Sin embargo, Jeon no se permitió permanecer en ese trance durante mucho tiempo.
Tiró de la mano que sostenía el joven Choi y resopló, apartándose del chico.

—No deseo escuchar adulaciones, Choi Ren... Pero esta vez, haré caso omiso de las
palabras del Señor Choi Kangson debido a mi relación con su clan todos estos años. —
dijo Jungkook, apretando los puños discretamente. —Ahora, espero que pueda
contener su presencia en la Mesa de Plata.

Choi Ren se sonrojó entonces, como si estuviera avergonzado, pero la sutil sonrisa de
sus labios decía lo contrario. Parecía disfrutar sabiendo que que había molestado al
rey con su aroma.

Junto al omega, una chica del mismo clan lo miraba con cierta irritación y ponía los
ojos en blanco mientras agitaba un abanico azul.

—No deberías aparecer en público cuando estás tan cerca del celo, Ren. —murmuró,
golpeando el abanico en el hombro del chico. Jimin podía oír sus palabras porque
estaba muy cerca de ellos, y se preguntaba qué significaban mientras intentaba
distraer su mente de los acontecimientos recientes.

Ver a Jeon Jungkook tan agitado por el olor de otras personas, especialmente alguien
tan hermoso como Choi Ren, aturdió un poco los pensamientos del joven Park.

Una vez terminada la discusión, los ánimos sobre la Mesa de Plata volvieron a la
normalidad. Ahora el tema principal de la reunión volvió.
—En fin... Los he convocado aquí para hablar de las circunstancias que me llevaron a
traer a Park Jimin a la Mesa de Plata. —Jungkook se apretó las sienes con los dedos.

—Su Majestad, aunque el Señor Choi se haya exaltado hace un momento, su posición
es similar a la mía. —la Matriarca Wang Jena balanceó la falda verde de su vestido
después de volverse hacia el rey. —Sólo el hecho de que este muchacho haya
aparecido durante una Luna de Sangre y le haya ayudado no lo convierte en un
candidato al 'Omega de Plata'. Todos podemos percibir que no hay nada raro en él, ni
en su aspecto, ni en sus feromonas. Ni siquiera se transforma. ¿Ha demostrado por
casualidad tener alguna peculiaridad sobrenatural?

Wang Jena se dirigía ahora a Park Jimin. Todos se volvieron hacia él al mismo tiempo,
esperando su respuesta.

—S-soy normal, —Jimin dio un paso atrás sintiéndose presionado. —ya les dije antes
que no tengo nada especial...

—Hmm, lo sospechaba. —Wang Jena cruzó los brazos delante de su cuerpo.

—Hijo mío, acláranos un poco más tus pensamientos. —ahora hablaba Jeon Haerin

—Las sospechas son sospechas. Siempre comprobamos profundamente cuando


aparece alguien muy distinguido en nuestro reino. Y eso es lo que propongo que se
haga ahora mismo. —explicó Jungkook con sencillez.

—Entonces quieres que llevemos a Park Jimin al árbol sagrado. —preguntó el anciano
del clan Min. Sus ojos blancos miraban un horizonte infinito.

—Sí.

Con la respuesta del rey, resonaron más murmullos alrededor de la Mesa de Plata.
Park Jimin no sabía si ese árbol sagrado era algo bueno o malo.

—Hermano, estás proponiendo algo bastante serio.... No cualquiera puede acercarse a


ese lugar. —el Príncipe Min Yoongi caminó con un poco de dificultad hasta acercarse a
Jungkook. —Y además, te conozco, no reunirías a los principales clanes de Adaman
sólo por unas simples sospechas. ¿Qué pasa realmente por tu cabeza?

Jeon Jungkook cerró la boca y miró a su hermano mayor con seriedad y duda.
Entonces sus pupilas se volvieron hacia Jimin, cubiertas de un misterioso resplandor,
para mirarlo en silencio durante un largo momento.

—Hay una razón, pero aún es incierta... —el joven rey hizo una pausa antes de
continuar. —Estamos vinculados.

La sala se llenó de exclamaciones de asombro y de ojos que se salían de sus órbitas.

¿¡¡El Rey de Adaman se había vinculado a alguien!? Una noticia así podría sacudir a
todo el reino. Todos, especialmente la consorte Jeon, estaban en completo shock.

Jimin casi se ahoga con su propia saliva. Dio un paso adelante, dispuesto a negar esa
afirmación con todas sus fuerzas, pero una mano se posó en su hombro, deteniéndolo.

Cuando Jimin giró su cara hacia un lado, vio la mirada del General Kim Namjoon.

—Espera. —dijo en un tono de voz bajo y contenido. La mirada del general explicaba lo
que realmente quería decir: "Espera y mira qué quiere hacer Jeon Jungkook"

Con eso, Jimin decidió quedarse callado, sólo observando el desarrollo de la situación.

—Majestad, ¿e-eso es cierto...? —Wang Jena apenas podía formular palabras.

—Mi rey. —quien habló a continuación fue el anciano del clan Min. —La consorte Jeon
me habló de los cambios que ha sufrido en los últimos tiempos. Todo lo que le está
sucediendo es tan repentino, ¿acaso Su Majestad conoce el peso y el significado de lo
que es estar vinculado a un omega?

¡Hay alguien aquí que me entiende! Jimin sonrió aliviado en silencio.

—Precisamente porque conozco el peso de esto, estoy trayendo mis sospechas. —dijo
el joven rey.

—Si esa es la situación, entonces ninguno de nosotros tiene derecho a intervenir en su


decisión, Su Majestad. —el Gran Alquimista Jung Hoseok se inclinó ligeramente ante
el rey. —Abramos las puertas del árbol sagrado.

Jeon Jungkook echó una última mirada a Park Jimin. Entonces el rey y los jefes de clan
se volvieron y se dirigieron a la pared hacia la que apuntaba la punta más afilada de la
Mesa de Plata. Al mismo tiempo, todos levantaron las manos sobre la superficie de
hierro y la tocaron.

El corazón de Park Jimin perdió el ritmo cuando


vio que las enredaderas talladas en el metal de la pared empezaban a moverse,
haciendo el movimiento inverso al de las plantas creciendo.

Las lianas se comprimieron hasta abrir un portal que conducía directamente a una
escalera estrecha y oscura. Un viento frío proveniente de esa abertura sacudió el
cabello de todos y revolvió el estómago nervioso de Park Jimin.

—¿En qué me he metido? —susurró Jimin, sobresaltado, pensando seriamente en


darse la vuelta y correr.

Pero la mano de Jungkook lo alcanzó antes de que sus piernas pudieran hacer el
movimiento pensado. Con un suave toque, el joven rey persuadió al chico para que le
siguiera por las escaleras.

"Todo está bien" dijo la mirada de Jungkook, y Park quiso confiar en él, ya que sentía
que realmente podía hacerlo.

Fueron los primeros en bajar los oscuros y húmedos escalones. Cuanto más se
adentraban, más intensa era la negrura que les rodeaba. Cuando Jimin pensó que no
podía ir más lejos, porque no podía ver nada delante de él, Jungkook le guió
pacientemente hacia abajo. Al ser un alfa y también heredero de la clan de los lobos
nocturnos, la oscuridad era casi una amiga del joven rey. Podía ver todo a través de
ella.

Pero la ceguera duró poco. Al final de la escalera, cuando llegaron a un suelo de tierra
húmeda, el grupo se vio iluminado por una luz pálida, casi rosada, que procedía de un
punto situado más adelante. Caminaron unos metros más antes de toparse con un
gran árbol, cuyas ramas se retorcían y sostenían hojas tan rubicundas que parecían
obra de una sangría. La luz provenía de aquel hermoso e intrigante árbol, y se
reflejaba en el agua cristalina que rodeaba sus raíces.

Park Jimin vio que había dos tablones tallados en el grueso tronco de esa enorme
planta. Las superficies rectas y rectangulares eran lo suficientemente grandes como
para tener la altura de un adulto promedio, por lo que las palabras escritas en ellas
podían leerse incluso a distancia, ya que también tenían un buen tamaño.

El joven Park tardó sólo un instante en darse cuenta de que el texto grabado en las
tablillas era la profecía del Omega de Plata, una de las primeras cosas que Jeon
Jungkook había recitado cuando los dos chicos se conocieron y también algo que Jimin
había leído en la introducción del libro de su hermana menor Yeseo.

"Nacido en Plata y concebido como Omega, vendrá en la luz roja de la noche, trayendo
consigo el brillo de la Luna y las voces de su ejército espiritual. Vendrá a dejar su
sabiduría celestial a los privados y a encontrar su hogar. Vendrá a proteger, a
fortalecer, a guiar y a unirse al soberano Alfa en los días tormentosos que abrazarán a
Adaman. También vendrá coronado por hilos de plata y cuernos de marfil de los que
brotan flores de sangre. Y así todos lo reconocerán en el momento de su insurgencia".

—¿Ves, chico? —el patriarca Choi se puso al lado de Park Jimin y señaló las tablillas
con sus dedos temblorosos y arrugados mientras le susurraba palabras. —Lo que dice
el árbol sagrado es absoluto. No fue un simple humano el que la hizo y escribió la
profecía.... Fue el primer omega de nuestro reino, el creador de todos nosotros. Tu no
eres la entidad que esperamos.

Lo sé, Jimin tragó en seco. Por alguna razón, ahora le molestaba ligeramente.

Se sentía como un completo intruso en aquel lugar.

—Señor Park Jimin. —Llamó el consorte Jeon Haerin, y luego levantó su mano
derecha, mostrando el camino hacia el árbol. —Tócalo. Veremos si hay respuesta o no.

Jimin sacudió la cabeza, comprendiendo, y empezó a caminar hacia el grueso tronco


marrón. Sus pies se hundieron en el agua que rodeaba la planta, la cálida humedad
abrazó su piel y alivió el irritante nerviosismo que recorría su cuerpo.

El chico utilizó ambas manos para tocar la superficie casi incandescente, fuente de
toda la luz en aquel espacio, y cuando lo hizo, se dio cuenta de que aquel tronco y
todas las ramas eran de marfil, como debían ser los cuernos del Omega de Plata. Otro
detalle impresionante que dejó a Jimin sin aliento.

Sin embargo, nada más allá de eso parecía tan surrealista en ese momento. Las
miradas llenas de expectativas de los nobles, y especialmente de Jeon Jungkook,
cesaron rápidamente y fueron reemplazadas por una opaca decepción. Park Jimin,
después de todo, no era la entidad legendaria.

—Lo sabía. —Refunfuñó el viejo Choi. —¡Algo debería pasar, pero aquí estamos, siendo
ridiculizados por ese muchacho!

—Su Majestad, tal vez su vínculo sea sólo... —Wang Jena intentó hablar, pero se calló
rápidamente al ver el semblante oscuro y distante del rey.

—Esperen en la Mesa de Plata. —dijo fríamente Jeon Jungkook. —Todavía tengo la


intención de discutir las invasiones al Sur hasta el anochecer. Ese asunto tampoco
puede esperar.

Los nobles, todavía un poco indecisos, inclinaron sus cuerpos ante el rey y se dieron la
vuelta para volver a la escalera. El príncipe Min y el alquimista Jung echaron una
última mirada tras ellos antes de salir. Al final, la única persona que seguía en pie era
la consorte Jeon Haerin. Observando a su hijo con pesar.

Después de suspirar profundamente, la mujer se acercó a Park Jimin, todavía con la


misma expresión amable de siempre.

—Perdónanos por las palabras ofensivas que escuchaste este día. —Jeon Haerin tocó
el hombro del muchacho. La gente muestra facetas horribles cuando se enfrenta a
algo que podría debilitarla de alguna manera.

—Realmente no hice nada... Señora. —murmuró Jimin, evitando mirar en dirección a


Jeon Jungkook.

—De hecho, lo hiciste. Has ayudado a mi hijo. Además, esta sospecha de que ustedes
dos están vinculados... Eso implica la corona y el linaje real. —Sacudió los hombros y
juntó las manos frente a su cuerpo. —En fin, señor Park Jimin, sigue siendo un
invitado, su habitación ya debería estar lista. Espero que puedas quedarte un par de
días más, ya que mañana por la noche habrá un baile de celebración.

—Uhm... ¿Un baile?

—Sí. No te preocupes por los trajes ni por otros detalles, todo se arreglará para ti. —
dijo la consorte, ampliando su sonrisa.

Luego volvió los ojos para mirar a su hijo, que permanecía quieto y callado.

—Ahora me retiraré y los dejaré solos. —Jeon Haerin se despidió con una elegante
inclinación de cabeza y se dirigió hacia la escalera.

Cuando la falda roja del vestido de la consorte desapareció del campo de visión de
Park Jimin, el chico se alejó del árbol sagrado, cruzando la charca para llegar al suelo
del otro lado.

Debido al suelo resbaladizo, Jimin perdió el equilibrio antes de pisar tierra firme. Pero
los instintos del rey fueron más rápidos que la gravedad, e hicieron que su cuerpo se
moviera para alcanzar al del otro chico, antes de que éste sufriera una caída.

—G-gracias... —murmuró Jimin, sintiendo que su pecho se agitaba por el toque del
brazo de Jungkook que lo sostenía a sus espaldas.

Todavía sin palabras, el joven rey ayudó a Park a levantarse del agua, manteniéndolo
cerca de su cuerpo hasta que se equilibró de nuevo.

Cuando encontró tierra firme bajo sus pies, Jimin esbozó una débil sonrisa y se soltó
de Jungkook educadamente.

—Te lo dije, ¿no? Te lo dije... No soy la persona que has estado esperando toda tu vida.
No debería haberles mentido sobre el vínculo. —murmuró, apartando la vista para
observar al árbol sagrado. Algunas de sus hojas rojas caían y giraban con el vaivén de
un viento que venía de un lugar desconocido.

Pero un segundo antes de que tocaran la superficie acuosa del pequeño estanque,
Park Jimin fue abrazado fuertemente por Jeon Jungkook, siendo envuelto en los cálidos
y musculosos brazos del joven rey.

—¿Cuántas veces tengo que repetir que nada de eso importa? —el abrazo se hizo más
fuerte, el pecho de Jungkook golpeaba con fuerza contra el de Jimin. —Si el árbol lo
hubiera reconocido, hubiera brincado de felicidad. No porque la leyenda se hiciera
realidad, sino porque habría una razón concreta para convencerte de que te quedaras
aquí más tiempo...

Jimin tocó uno de los brazos del rey y tragó con fuerza.

Le estaba empezando a gustar mucho ese abrazo, y le asustaba. Era aterradora la idea
de involucrarse emocionalmente con alguien que pronto dejaría de estar ahí, con los
mismos sentimientos de antes.

—Bu-Bueno... De todos modos, voy a pasar unos días más aquí. No sé cómo salir de
este lugar. —murmuró Jimin con un fuerte suspiro. —Después de todo, tenías razón en
que necesitaba usar la lógica.

—Genial. —susurró Jungkook, tirando suavemente de la cara de Jimin para que


pudiera verle mejor. —Porque pretendo demostrar que mis palabras no son sólo el
resultado de instintos primitivos, como has estado insistiendo todo este tiempo.

Tras acariciar la mejilla sonrosada del muchacho, el joven rey se vio obligado a
controlar sus propios impulsos internos para no sobrepasar los límites adecuados.
Pero para su desgracia, era casi imposible reprimir las feromonas alfa, que insistían
en aparecer y cubrir la piel del omega que tenía delante.

Park Jimin sintió toda esa intensidad y trató de no mostrarla en su rostro. No sabía
qué tipo de cara hacer, o qué hacer, ni cómo afrontarlo con todo eso. Todo parecía
demasiado extraño, demasiado nuevo, y revolvían su cabeza donde la química, los
juegos y los cómics eran lo único que tenía sentido.

Además, la chispa de inseguridad que amenazaba con explotar en un fuego infernal


dentro del pecho del joven Park era algo que nunca había sentido en toda su vida.

Park Jimin y Jeon Jungkook salieron juntos del rincón del árbol sagrado y volvieron a la
Sala de la Mesa de Plata, donde los principales clanes de Adaman esperaban a Su
Majestad para el inicio del segundo debate de ese día.

Como ya no tenía relación con lo que se debatiría a partir de entonces, Jimin prefirió
retirarse a los aposentos que le habían asignado. Mientras se alejaba de la sala, el
joven Park pudo sentir el peso de la mirada de Jungkook en su espalda, siguiéndolo
hasta que estuvo fuera de su campo de visión.

Un criado le guió hasta la habitación, situada dos pisos más arriba en una torre al
norte. Jimin se sentía como un animalito mientras recorría los inmensos pasillos del
palacio, asombrado a cada vuelta de esquina por las esculturas que decoraban el
espacio, por las paredes cubiertas de tapizados y cortinas, y por las vidrieras.

Sin embargo, aunque ya estaba bastante deslumbrado por tanto lujo y belleza, el chico
se quedó boquiabierto cuando llegó a sus aposentos. La habitación en la que dormiría
durante los próximos días era tan grande como un piso pequeño, y tenía las paredes
cubiertas con una capa de gamuza roja y madera oscura que también cubría el suelo.
La iluminación corría a cargo de dos lámparas de araña sujetas al techo y de
candelabros repartidos por la sala, todos llenos de velas ya encendidas.

En el centro había una enorme y hermosa cama, cubierta con colchas y almohadas
adornadas con bordados. Junto a ella, había dos elegantes y barrocas mesitas de
noche. Este estilo también se encontraba en las cómodas y sofás repartidos por la
habitación, y en el gran armario que ocupaba casi toda una pared.

En el rincón más alejado de la cama había también una bañera de porcelana sostenida
por pies dorados. Ya estaba llena de agua caliente, como si esperara al nuevo
propietario de las habitación.

—Señor, si no va a necesitar nada, entonces me retiro. —dijo la sirvienta, que era una
beta, mientras mantenía la cabeza baja.

—Hmm, no necesito nada. Puedes irte. Vale... Quiero decir, gracias. —dijo Jimin, sin
saber muy bien cómo hablarle a alguien que insistía en hacerle una reverencia.

—Muy bien. Pronto le traeremos la cena. Que tenga una buena noche, Señor Park
Jimin. —respondió, y comenzó a salir de la habitación.

Pero antes de que la sirvienta pudiera irse, Jimin se apresuró a hacerle una última
pregunta.

—¡Espera! Jeon... ¿El rey también va a cenar? Osea, ¿Va a cenar solo?

—Oh, no, señor. Disfrutará de su comida con los nobles en la Mesa de Plata. Las
reuniones siempre duran mucho tiempo. —explicó la sirvienta.

—Ah... Ya veo. —el chico se encogió de hombros.

Entonces supongo que no nos volveremos a ver hoy, pensó, riéndose internamente de
su propia tontería.

—Entonces, con permiso. —la sirvienta se fue, cerrando la puerta tras de sí.

En cuanto estuvo solo, Park Jimin decidió explorar la habitación en busca de cosas que
distrajeran su mente.

Tan pronto como estuvo solo, Park Jimin decidió explorar la habitación en busca de
cosas para distraer su mente, mientras examinaba y admiraba la ropa, los zapatos y
otros accesorios en el armario, y los libros esparcidos por las cómodas. Se dio cuenta
de ahí estaban las cosas que había dejado en el carruaje; el libro de Yeseo, su regalo y
su teléfono yacían juntos en una de las mesillas de noche, intactas y organizadas.

Más tarde, cuando se había cambiado de ropa después de darse un largo baño en la
bañera, dos criados llamaron a la puerta, llevando bandejas con la cena del joven.
Jimin miraba los sabrosos platos con un brillo hambriento en sus ojos. Había pescado y
pollo asado, así como verduras sazonadas, salsas, fideos y arroz, entre otros alimentos
que el chico no había probado en su vida.

Mientras se deleitaba en esa abundancia, pensó, por un breve instante, que la idea de
quedarse en ese lugar para siempre no era tan mala. Sin embargo, en el momento en
que terminó de comer y volvió a ser dejado solo por los sirvientes en aquella gran
habitación, Jimin recordó todas las razones que le hacían temer quedarse allí.

Con la cabeza dando vueltas, el chico intentó dormirse entre la exuberante manta y
las almohadas de plumas. Desgraciadamente, ni siquiera todo ese extraordinario
confort consiguió darle una buena y tranquila noche de sueño.

Sin embargo, en plena noche, en un momento en el que sólo reinaban los sonidos de
los búhos y los insectos nocturnos, Park Jimin sintió de repente que su cuerpo se
relajaba y se calmaba, como si estuviera en casa y como si todos sus problemas se
hubieran evaporado. Al estar dormido, el chico no era consciente de que esta reacción
era consecuencia de la presencia que empezaba a rondar a su alrededor; pero sus
instintos, que ahora vivían despiertos, la reconocieron inmediatamente. Venía de un
conocido alfa que había entrado silenciosamente en la habitación.

El alfa se acercó para mirar al omega en su descanso, sólo para contemplarlo un poco.
En otras ocasiones, ese alfa nunca invadiría los aposentos de alguien, pues era
demasiado educado y respetuoso para hacerlo, aunque todo su cuerpo lo pidiera a
gritos.

Pero sólo quería ver la cara de Jimin una última vez antes de retirarse por la noche.
Sólo una vez, desde la distancia, sin tocarlo, sin faltarle el respeto, sin romper ningún
límite.

El cansancio de la reunión y del viaje le estaba afectando, así que ese breve momento
de agradecimiento a su mente era todo lo que necesitaba ahora. Ver al omega dormido
le producía una paz absurda, y eso le asustaba, pues a cada momento aquel muchacho
amenazaba con desaparecer de su vista.

Pensar en ello hizo que el tiempo dentro de la habitación pasara a una velocidad
absurda. Cuando el alfa se liberó de sus ensueños, la luna ya estaba cayendo en el
horizonte, y concluyó que debía marcharse.

Por lo tanto, cuando Jimin se despertó, la habitación ya estaba absolutamente vacía.

—Hmm, eso fue extraño... Podría jurar que...—murmuró el chico mientras se frotaba
los ojos con el dorso de las manos.

Después de sentarse, se abrazó a sus piernas dobladas bajo la manta y apoyó la


cabeza sobre las rodillas. Cuando sus ojos se acostumbraron a la tenue claridad que
entraba por los cristales de la ventana y en la habitación, Jimin moqueó, reaccionando
a los restos del olor del alfa que habían quedado.

Una leve viento hizo oscilar repentinamente las cortinas y disipó ese aroma. La cálida
brisa de la mañana despertó los otros sentidos del chico y le hizo levantarse de la
cama.

Se acercó al alféizar de la ventana y vio que unos metros más abajo, entre los tejados,
había un enorme balcón que conectaba dos torres diferentes. Como no era tan alto,
Jimin se sentó allí, con una de sus piernas sobresaliendo, y se quedó admirando el
paisaje de la aurora sobre la naturaleza.
La belleza de Adwan, en ese momento, no podría describirse simplemente con
palabras. Ningún adjetivo era suficiente para caracterizar adecuadamente la forma en
que los rayos del sol de la mañana golpeaban el bosque que rodeaba la ciudad, las
casas de los plebeyos y los nobles, y la muralla que rodeaba la capital. Los campos
abiertos que rodeaban el perímetro del castillo también estaban embellecidos por sus
jardines, cuyas flores aprovechaban el periodo matutino para florecer. Los pájaros
flotaban por encima de todos ellos, tarareando la melodía del primer día.

Park Jimin cerró los ojos, sólo por un momento, y levantó una de sus manos hacia el
horizonte. En ese instante, sintió otra brisa, y ésta se paseó entre sus dedos,
levantando la manga de su camisa hasta llegar a su cara y a su cabello.

—Hey... Agui es muy genial. —se dijo el chico, sonriendo y frunciendo las cejas.

Ahora, con los ojos abiertos, Jimin vio que en el balcón de abajo yacía una figura baja y
delgada que llevaba la toga roja de los curanderos. Aquella persona parecía estar
concentrada en un mecanismo de hierro y madera, apretando tornillos aquí y allá,
utilizando una lupa para analizar los más mínimos detalles del extraño objetom

—¡¿Lu Keran?! —Jimin gritó, curioso.

El sanador parpadeó y levantó la cabeza. Cuando Keran vio al joven Park sentado en el
alféizar de la ventana, sonrió y saludó.

—¡Su magnificencia! ¡Buenos días!

Todavía me llama así... Pensó Jimin divertido.

—Buenos días. ¿Qué estás haciendo? —preguntó.

—Oh, es una máquina para el baile de esta noche. El maestro Jung me enseñó sobre el
punto de ebullición de algunas sustancias, y sobre su forma gaseosa. Eso me inspiró y
ahora estoy planeando crear humo ficticio para el momento del baile principal. —
explicó Keran mientras sostenía su invento para que Jimin lo viera mejor. —¿¡Qué le
parece, señor!?

Los ojos de Jimin se abrieron de par en par y esbozó una gran sonrisa.

Ahora están hablando mi idioma, pensó emocionado.

—¡Espera ahí, voy a bajar! —Park sacó la otra pierna por la ventana y empezó a
apoyarse en los ladrillos del armazón de la torre. Incluso con un poco de dificultad,
consiguió llegar hasta el balcón donde estaba Lu Keran.

—Vaya, eso parece muy ingenioso, Lu Keran. —dijo el chico tras examinar la máquina
de cerca. Era pequeño y cúbico, como una caja, y tenía recipientes donde
probablemente se colocarían las sustancias que se convertirían en gas en el momento
adecuado. —¿Cómo se te ocurrió hacer esta cosa? —Jimin había visto algo parecido en
las fiestas de su mundo, así que tenía curiosidad.

—A-ah, bueno. —los ojos del curandero se dirigieron rápidamente a algo que ocurría
en el patio del castillo, a pocos metros de distancia.

Abajo pasó un grupo de soldados que se ejercitaban duramente, corriendo y moviendo


los brazos con un movimiento rítmico. La mirada de Keran observó a uno de los dos
hombres que encabezaban la marcha: Kim Namjoon, el general de Adaman. El otro
era nada menos que Su Majestad, Jeon Jungkook, y eso capturó un poco la atención de
Jimin.

Tanto el rey como el general iban vestidos únicamente con botas, pantalones negros
cómodos y llevaban guantes en los puños. El sudor corría por sus pectorales, haciendo
brillar la piel de ambos y permitiendo que la luz del sol se reflejara en ella.

A través de las ventanas de las torres cercanas, se podía observar que los empleados
del castillo y la gente de la nobleza habían detenido sus actividades para contemplar
el ejercicio matutino de aquel grupo. Un círculo de chicas y chicos revolotearon y
lanzaron algunos pañuelos cuando Kim Namjoon, Jeon Jungkook y sus soldados se
dieron la vuelta y se acercaron. Mientras se concentraban en sus actividades, el rey y
sus súbditos saludaban cortésmente a los curiosos.

Park Jimin apartó la mirada antes de que Jungkook pudiera verlo, y resopló para
llamar la atención del sanador que también estaba distraído con lo que estaba viendo.

—Hola, Lu Keran. No terminaste de explicar de dónde sacaste la idea para hacer esta
máquina. —refunfuñó Jimin, quedando de espalda hacia el patio.

—¡Ah! Bueno... Una noche, el general Kim paseaba por el jardín del castillo. Había
mucha niebla en ese momento, así que como era difícil ver con ojos humanos, utilizó
sus ojos lobunld. Y eran muy brillantes... Y brillaban muy bonito... —Habló Keran con
una mirada distante y una sonrisa tonta en el rostro. Pero enseguida se removió y se
aclaró la garganta, recomponiéndose. —Lo-lo que quiero decir es que el efecto de la
niebla hizo la escena bastante agradable... ¡Así que quiero recrearlo!

—Hmmm. Eso suena genial. —Jimin habló con sinceridad.

—Sí, y espero que funcione. El baile de hoy tendrá lugar tanto para celebrar el regreso
del rey como su noche de luna. Es doblemente importante. —explicó el curador
mientras apretaba el tornillo de una palanca.

—¿Su noche de luna? ¿Qué quieres decir?

—Señor, ¿no lo sabe? Me imagino que en su hogar es diferente. Aquí celebramos el día
de nacimiento de nuestros seres queridos según la luna que apareció en el cielo en
esa fecha, y le damos el nombre de "Noche de la luz de luna" —Keran dibujó una
pequeña luna en el suelo del balcón, usando uno de sus implementos mecánicos. —Mi
noche de luz de luna fue hace semanas, recibí como regalo del maestro Jung un
pequeño carruaje que no necesita caballos. Es bastante útil, y quedé muy contento... Y
el general Kim me regaló rosas nocturnas, unas flores muy raras que sólo florecen una
vez en la vida. —los labios del chico se curvaron en una tímida sonris.

Park Jimin escuchó atentamente la explicación del otro, encontrando interesante cómo
funcionaban ciertos detalles en ese mundo tan distinto.

—Ah, sí... —murmuró mientras procesaba las palabras de Keran. Sin embargo, tan
pronto como los absorbió por completo, su cuerpo saltó hacia adelante. —Alto... ¿Qué?
¿Hoy es el cumpleaños de Jungkook?

—Por los dioses, has utilizado el nombre del rey. —los ojos de Keran casi se salen de
sus órbitas.

—Fue él quien me dejó usarlo. —el chico casi frunció la nariz. —Pero espera, no
cambies de tema. ¿Hoy es el cumpleaños del rey? Quiero decir, ¿nació en la fecha de
hoy? ¿En la luna de hoy?

—Hmm, no exactamente, señor. La noche de Luna del rey ocurre durante la


medianoche de hoy. Entonces cuando llega ese momento, levantamos nuestras copas
para saludarle.

—Ah... —Jimin se puso la mano en la frente, sintiendo que se le marchitaba el pecho.


—Ni siquiera preparé algo... Él no me dijo nada de eso.

—Pero usted parece ser muy inteligente. Por qué no piensa en construir algo. —sugirió
el curador con vigor. —Tal vez mi maestro ya esté despierto. Él puede ayudarlo. ¡El
Gran Alquimista siempre ayuda con los mejores inventos!

—¿Pero qué podía hacer...? Park se volteó de nuevo para mirar el patio del castillo.
Abajo, el grupo seguía ejercitándose con entusiasmo, completamente concentrado,
aunque recibían innumerables halagos de los admiradores que los observaban.

¿Qué podría impresionarlo? Jimin pensó mientras miraba la figura de Jungkook.

Le gusta mirar al cielo. El chico recordó la noche que habían acampado cerca de un
pequeño arroyo

Momentos antes de que el general de Eliah los atormentara, Jungkook y Jimin estaban
hablando del cielo y las estrellas.

Eso le dio una idea.

—Lu Keran, ¿tienen fuegos artificiales aquí?

—¿Qué es eso, señor?

—Son cosas de colores que explotan y brillan en el cielo. Es muy bonito de ver por la
noche.

—¡Vaya, eso suena maravilloso, señor! Aquí no tenemos nada parecido. —Los ojos de
Keran brillaron, imaginativos.

Emocionado al saber que en ese mundo aún no existían los fuegos artificiales, Park
Jimin decidió que ese sería el regalo de Jeon Jungkook. Algo único y brillante, no está
mal...

—Lu keran, por favor llévame hasta tu maestro, porque quiero hablar con él sobre las
sustancias explosivas y coloridas! —pidió el chico, tirando del curandero por el cuello
de su túnica roja.

Tendrían un largo día por delante.

Me encanta traducir, nunca me aburro, pero, confirmamos que los modismos propios
de cada país son el peor enemigo de los que están aprendiendo un idioma?!

Si vieran como batallo cada vez que me topo con un modismo AHHHHHH
|6||Sangre azul, roja y gris

Park Jimin siguió a Lu Keran por los rincones del palacio real, a través de salones y
largos pasillos, hasta llegar a los impresionantes jardines del ala norte. Mientras
caminaban, vieron grupos de nobles charlando fuera y disfrutando de juegos de mesa,
sentados en mesas de piedra cerca de las fuentes y los rosales.

Las ropas abullonadas y de colores vivos de la gente, sus transformaciones lobunas, la


fuente que salpicaba agua a metros de altura y los arbustos llenos de flores en plena
floración, hacían que fuera un escenario digno de una película medieval de fantasía.

Park Jimin casi sonríe al ver tantas cosas bonitas a la vez, si no hubiera notado las
miradas de desaprobación que recibió en cuanto entró a los jardines.

No todos los nobles lo miraban así, por supuesto, pero los que lo hacían dejaban claro
que no les gustaba su presencia.

—Mira eso, el farsante. —escuchó Jimin a uno de ellos hablar, y, acompañado de éste,
otro dijo: —"¿Por qué sigue aquí, incluso después de ser desenmascarado?".

El chico decidió ignorarlo, suspirando profundamente. No le apetecía empezar otro


lío, porque al final, aunque repitiera mil veces que sus intenciones en aquel lugar eran
otras, esa gente que le juzgaba no le escucharía. Sólo mirarían a Park Jimin como un
cualquiera que compite por un lugar en el harem del rey.

Cuando la mirada indiferente del chico casi se desmorona tras escuchar otro insulto
pronunciado entre susurros, Lu Keran señaló un conjunto de flores azules junto a
Jimin y exclamó, ocultando cualquier susurro desagradable.

—¡Señor, mire esto! Creo que podrían ser útiles para su invento! —Keran cogió una de
las flores y sacó el pétalo más grande de ella. —Son rosas del océano, fueron un
regalo del clan Choi a la Gran Reina. Su color es muy fuerte y se tiñe bien. Necesitará
algo muy colorido para sus fuegos artificiales, ¿verdad, señor?

Park Jimin encontró la actitud del joven curandero bastante gentil, por lo que volvió a
sonreír como antes.

—Gracias, pero si eran un regalo para su reina, creo que será mejor no tocarlas...
Además, parece que el clan Choi no me quiere mucho. —dijo el chico, recordando la
forma en que el patriarca Choi Kangson lo había tratado el otro día.

—Oh, no, señor. Estas flores son utilizadas en todo el reino, incluso por los más
humildes. Aquí crecen abundantemente. No será en absoluto una falta de respeto. —
explicó Lu Keran, doblando ya las mangas de su túnica roja para empezar a recoger
más flores azules.

—Ah, entonces... Bueno, el color de los fuegos artificiales no funciona exactamente


como uno piensa, pero nunca está de más probar algunas sustancias nuevas. Tal vez el
color azul de la flor se convierta en púrpura durante la explosión en el cielo. —pensó
en voz alta Jimin, pasando sus dedos por los suaves pétalos. Las rosas oceánicas se
parecían a las rosas ordinarias, pero además del color único, tenían una diferencia
peculiar: en su centro había pequeños tallos blancos que terminaban en espiral y
liberaban polen. Era muy bonito.

—¿Púrpura? Vaya, ¡debe ser estupendo, señor! —Los ojos de Lu Keran estaban
cubiertos de una capa de brillo de ensueño. El sanador se llenó rápidamente los
bolsillos con las flores azules.

—Sí, hehe... Eh, Lu Keran, no tienes que seguir llamándome "señor". ¿No te has
enterado del gran disgusto de ayer? —Jimin se rascó la nuca y sacudió el cuerpo.

Cada vez que sus ojos parpadeaban, la imagen del árbol sagrado cruzaba su mente,
intrigándole de forma extraña. Park podría jurar que había soñado con él la noche
anterior, con sus hojas rojas y su grueso y pálido tronco. Había algo realmente
misterioso en esa planta, sólo que no podía entender qué. Quizá si le dejaran analizar
sus propiedades químicas...

—No me importa, señor, —replicó Keran de repente, devolviendo los pensamientos de


Park Jimin a la realidad. —no me importa si es el Omega de Plata o no. Lo trato con
respeto porque siento que debo hacerlo. Estaríamos en problemas si no hubiera
utilizado su inteligencia para ayudarnos a todos. Algunas personas también deberían
tenerlo en cuenta antes de pronunciar tan malas palabras...

El sanador entrecerró los ojos ante dos nobles que miraban a Jimin con gran
desprecio.

—Desgraciadamente, algunas personas nacidas en cunas de oro no suelen mirar


mucho más allá de sus propias narices... —Keran se arremangó las mangas de la
túnica y juntó las manos. Luego le dio a Jimin una sonrisa complaciente. —Sé por lo
que está pasando en este momento, también me miraron así cuando fui apadrinado
por el maestro Jung. Nunca seremos considerados dignos por esta gente... Pero eso no
significa que sus opiniones sean realmente relevantes.

La sonrisa en la cara de Park Jimin se ensanchó por completo, y aún así se las arregló
para dejar salir una pequeña risa.

—¡Vaya, Lu Keran! Eres un amor, haha... —dijo el chico, torpemente, pero sumamente
aliviado. Al fin y al cabo, no era considerado un indigente por todos los habitantes del
lugar.

—Tiene usted un vocabulario muy curioso, señor. — Keran observó con una mirada de
desconcierto.

—Ah, haha... Quise decir que gracias. —tengo que cambiar un poco mi forma de
hablar en este lugar, pensó el chico. —En fin... ¿Cuánto falta para que veamos a el
Alquimista real?

—Oh, no, está justo ahí, mire. —señaló el curandero hacia un horizonte cercano. Park
Jimin miró hacia arriba, y una vez más sintió que se le caía la mandíbula.

Al final del jardín, entre dos manzanos, había una estructura muy parecida a un
invernadero, ya que tenía paredes de cristal esmerilado que se curvaban en forma de
arco hasta el alto techo, y era del tamaño de una pequeña casa de campo.

Jimin y Keran se acercaron rápidamente a la gran puerta de cristal y metal gris. El


sanador giró el pomo con cuidado, evitando hacer un ruido innecesario mientras abría
la puerta para permitir el paso.

En el interior, el joven Park respiró el aire fresco promovido por las raras y delicadas
plantas que crecían en las macetas abonadas que se alineaban alrededor del espacio.
Sintió el calor húmedo que flotaba allí a causa del ambiente cerrado por el techo de
cristal, que facilitaba la entrada de la luz, y que al mismo tiempo impedía que la
luminosidad y sus propiedades se escaparan a la velocidad de un soplo. Aquel lugar sí
que se parecía a un invernadero, y quizá lo fuera realmente, pero con algunas
diferencias notables.

Entre las hileras de plantas y arbustos, y tras un


gran tallo verde que crecía y se retorcía en el centro del lugar, del que brotaban
zarcillos que se adherían al techo, era un espacio lleno de armarios, libros, baratijas
rústicas, cristales con contenidos extraños, y un escritorio de madera completamente
desordenado, con papeles y plumas esparcidas por su superficie.

—Hm, durante la mañana, el maestro Jung suele quedarse en su escritorio, leyendo las
notas que hizo la noche anterior. —explicó Lu Keran, mirando el escritorio mientras
fruncía el ceño.

—Tal vez aún esté durmiendo... —sugirió Jimin, no queriendo perder la esperanza de
encontrar al alquimista.

Sin embargo, Lu Keran negó rápidamente con la cabeza.

—El Gran Alquimista se despierta junto con el sol, señor... A menos que... —Keran se
giró y se dirigió a una puerta situada en la parte trasera del invernadero. Jimin lo
siguió, curioso por la actitud del sanador.

Los dos chicos se acercaron a la puerta en silencio, con los oídos atentos, y se
detuvieron cuando oyeron dos voces masculinas susurrantes que provenían de la
habitación del otro lado.

—Me siento incómodo dejándote descansar en mi cama, no es lo suficientemente


cómodo para ti aquí, mi príncipe... —el suave tono era de Jung Hoseok, el alquimista
real. Inmediatamente después se escuchó un ruido de telas crujiendo y una risa nasal.

—Hemos hecho el amor aquí tantas veces, ¿por qué no iba a ser cómodo para mí? —el
dueño de la segunda voz era Min Yoongi, el hermano mayor de Jeon Jungkook. Su tono
llevaba un hilo de sensualidad mezclado con las feromonas alfa que parecían inundar
aquella habitación cerrada hasta el punto de desbordarla, haciendo que la
conversación fuera bastante íntima y seductora.

¿Son dos alfas? se preguntaba Jimin en sus pensamientos, sintiéndose intrigado


mientras se sonrojaba al escuchar la conversación. A su lado, Lu Keran tenía el color
de un tomate maduro.

—Pero no puedo prestarte tanta atención esta mañana, ya lo sabes. Tengo que hacer
tu tónico antes de que termine el día. —dijo Jung Hoseok, parecía entristecido. —
Tienes que estar fuerte para el baile de esta noche.

—Un beso tuyo me recarga la energía mucho más que esa horrible medicina que
haces con gusanos. —refunfuñó Yoongi, lo que provocó una pequeña risa del
alquimista.

—Si besarte fuera realmente tan eficaz como las sustancias de los "Pelo de oro", hace
tiempo que habría perdido mis labios por ti, mi príncipe. —murmuró el alquimista, y
entonces se oyeron sonidos de besos, húmedos y cálidos, inmersos en una intensidad
estremecedora.

Jimin y Keran se miraron y tragaron en seco.

—Será mejor que volvamos más tarde. —murmuró el sanador con la cara encendida.
Jimin asintió en acuerdo con el otro chico y se sonrojó.

Sin embargo, un segundo antes de que dieran el primer paso, la voz del príncipe Min
sonó fuerte y clara.

—Si van a espiar, háganlo hasta el final, como dos buenos fisgones. —Su Alteza
parecía estar disfrutando.

La puerta fue abierta por Jung Hoseok poco después. El alquimista primero miró al
discípulo Lu Keran con una ceja arqueada. Luego dirigió su mirada a Park Jimin y lo
analizó de pies a cabeza.

—¡Mil perdones, maestro! No era mi intención espiar... —Keran dobló el torso en


noventa grados, un hilillo de sudor le empapó la frente.

—Sí, perdón por interrumpirlos, haha. —Jimin se puso la mano en la nuca mientras se
alejaba. —Muy linda pareja, haha. Felicidades. Ahora, discúlpeme...

—Espere un segundo, señor Park Jimin. —el alquimista agarró el cuello de la camisa
del chico, antes de que éste huyera. —en verdad quería verlo para que pudiéramos
discutir algo.

—¿Estás seguro? —Jimin miró hacia la habitación, donde Min Yoongi yacía en una
cama estrecha, mirando la escena con una sonrisa en los labios.

—Ah, no se preocupen por mí. —el Príncipe Min agitó lentamente una fina mano. —
Sólo he venido a distraer a Hoseok y a dormir. Este es el único lugar del palacio donde
los sirvientes me dejan en paz.

—Realmente... Me tienen miedo. —por alguna razón el alquimista Jung pensó en voz
alta, rascándose la barbilla.

—Tal vez porque siempre los amenaza con convertirlos en perros. —sugirió Lu Keran
con una sonrisa nerviosa.

—Ah, sí... Sería increíble si realmente pudiera lograr semejante hazaña. —reflexionó
Hoseok, sacudiendo las pequeñas trenzas que se le caían del pelo. —En fin... Mi
discípulo no vendría aquí a estas horas por razones de debilidad. ¿En qué puedo
ayudarlos?

Lu Keran y Park Jimin intercambiaron miradas antes de que este último tomara la
palabra.

—He oído que hoy es el cumpleaños del Rey... Es decir, hoy es su noche de luna. Así
que... Quería hacer un regalo... Pero, para construir este regalo, necesitaré algunas
cosas difíciles de conseguir. —Jimin cambió su peso de un pie a otro. —Como eres
alquimista, supuse que podrías ayudarme a encontrar algunas sustancias... Si no es
mucha molestia...

Los labios de Hoseok se abrieron en una gran sonrisa divertida.

—Aaaaah. —el alquimista se giró entonces para mirar a Yoongi. —¿Ha oído eso, Su
Alteza? Su futuro cuñado es bastante romántico, hmmm...

—¡H-hey! No es así... —Jimin sintió la sangre arder en sus mejillas.

—¿Ah? ¿Hoy es noche es la noche de luna de Jungkook? —Min Yoongi se revolvió en la


cama, parpadeando somnoliento.

—Mi príncipe, ¿no lo sabía? —el alquimista miró incrédulo a su compañero.

—Siempre lo olvido, y él también olvida mi noche de luna. Es una reciprocidad común


entre hermanos. —Yoongi se encogió de hombros mientras se levantaba lentamente de
la cama. —Ahora iré a buscar algo bonito para regalarle.

El príncipe se levantó lentamente, cuidando de mantener el equilibrio, y luego


arrastró su cuerpo hacia la salida, apoyándose en los muebles y finalmente
apoyándose en Jung Hoseok, que le ofreció gustosamente su mano.

—Llamaré a un sirviente para que te ayude, mi amor. —murmuró el alquimista a


Yoongi, acariciando la mano entrelazada.

—No es necesario. Encontraré uno por el camino. —el príncipe sonrió y soltó la mano
del alquimista para alejarse. Cuando se acercó a Park Jimin, inclinó la cabeza
ligeramente hacia un lado, con curiosidad por el chico. —No me he presentado
adecuadamente a ti, señor Park. Sé que ya lo debes saber, pero mi nombre es Min
Yoongi. Espero que podamos ser amigos en el futuro, ya que mi hermano te tiene en
tan alta estima.

Señalar este último hecho hizo que Jimin mirara hacia otro lado, ligeramente
avergonzado. Parecía que todo Adaman ya era consciente de la forma en que Jeon
Jungkook había estado tratando a su nuevo y desconocido invitado omega.

—Ah, es... Estaría bien, hm... Su Alteza. —dijo Jimin, tratando de sonar cortés.

El príncipe del clan Min se rió una vez más, mostrando una sonrisa blanca y
glamurosa, y luego salió del invernadero con pasos lentos y pesados.

Al instante siguiente, el alquimista real resopló, llamando la atención de los intrusos


en su lugar de trabajo.

—¿No vas a decirme de qué va tu regalo, señor Park? —Jung cruzó los brazos delante
de su cuerpo.

—Buenp... Quiero hacer algo que vuele hacia el cielo y explote de forma colorida. De
donde yo vengo, eso se llama Fuegos Artificiales. —trató de explicar Jimin mientras
gesticulaba con sus manos.

—Intrigante. Realmente intrigante. —el alquimista frunció el ceño, imaginando los


fuegos artificiales en acción. —Si realmente eres capaz de crearlos, entonces Su
Majestad estará bastante impresionado.

Las palabras de Jung Hoseok despertaron una ansiedad oculta dentro del pecho de
Park Jimin. El chico comenzó entonces a revolverse, excitándose cada vez más ante la
idea.

—Sí, puedo crearlo. Sólo necesito papel, pólvora, algunas sales y también compuestos
de una sustancia llamada potasio... No sé si sabes lo que es eso.

—Potasio... Potasio... Hmmm, experimento constantemente con rocas y minerales, por


lo que encuentro algunas sustancias muy interesantes durante ciertos procesos.
Algunos incluso los guardo en mi cristalería. —Hoseok se acercó a las estanterías que
había junto a su desordenado escritorio y señaló los cristales que allí se exponían. —
Tu explicación me ha llamado la atención, así que te doy permiso para que uses lo que
quieras de mi arsenal... Mientras tanto, me concentraré en mi propio trabajo. Con su
permiso...

El alquimista inclinó ligeramente la cabeza y luego dio la espalda a Keran y Jimin. A


continuación, limpió la superficie de su escritorio, retirando los papeles y libros del
centro, y colocó encima un frasco lleno de gusanos "Pelo de Oro"

Aparentemente, va a hacer la medicina para el príncipe... Park Jimin concluyó,


observándolo rápidamente.

—Gracias, Alquimista Real. —dijo el chico, girandose a examinar cada una de las
cristalerías de la estantería.

—Señor... —Lu Keran se acercó a Park. —Si no va a necesitar nada más, entonces
volveré a hacer mi invento.

—Ah, claro. Siento haberte quitado tiempo.

—No hay problema. —El joven sanador inclinó su cuerpo y se dio la vuelta para irse.

Ahora solo, Park Jimin se centró única y exclusivamente en las sustancias de Jung
Hoseok. Tras comprobar el olor y la reacción de algunos de ellos, el chico sonrió,
completamente satisfecho.

—Me está empezando a gustar este sitio. —murmuró, reuniendo en su regazo una
cristalería con todo lo que necesitaría para el espectáculo de esa noche.
El proceso para fabricar fuegos artificiales es relativamente sencillo. Basta tener el
papel necesario para construir la estructura, donde se colocarán de forma organizada
todos los sustratos que definirán el efecto de explosión colorida. El único problema es
que, aunque parece un proceso fácil, también es extremadamente delicado. Un error
en la estructura podría provocar una explosión antes de tiempo y, en consecuencia,
lesiones graves o incluso la muerte de alguien.

Park Jimin era muy consciente de ello. En sus clases prácticas en la universidad,
estuvo a punto de presenciar un accidente de este tipo con uno de sus compañeros.
Debido a esto, desde entonces, Jimin siempre hacía pruebas previas con los
explosivos. El chico creaba mini fuegos artificiales para probar su calidad.

El alquimista real, Jung Hoseok, fue testigo cuando Jimin hizo la primera prueba.
Hasta ese momento, estaba muy concentrado en unir el aceite obtenido de los gusanos
"Piel de Oro" con las vitaminas tomadas de las frutas y verduras; creando así la
medicina que le daría al Príncipe Min.

Sin embargo, su atención fue captada por un sonido de desgarro, un BOOM y un grito
de sorpresa. Luego, Hoseok olió humo.

—Opa. —murmuró Jimin, aturdido. La prueba con los mini fuegos artificiales había
salido mal.

El alquimista se giró para ver qué había pasado, y cuando vio el estado de Park Jimin,
contuvo la risa.

—¿Qué pasa, chico? Pfff... —Hoseok se tapó la boca, deteniendo la risa histérica que
insistía en llegar a él.

Park Jimin estaba decadente. La explosión había conseguido esparcir las sales y la
pólvora por todas partes. Por eso, desde su pecho hasta el último mechón de su
cabello había una densa cobertura de ceniza. Sus mechones estaban levantados, como
si hubiera estática, y su cara tenía el color del hollín, como un niño sucio jugando en la
arena mojada.

Pero a pesar de lo sucio que estaba, la concentración del chico le impidió darse cuenta
de este hecho. Entonces, cuando Jimin vio al Alquimista Real conteniendo su risa,
pensó que el otro hombre se estaba riendo de su fracaso.

—Lo arreglaré, ¿vale? ¡No se supone que sea así! Creo que mezclé el equivocado y se
quemó antes de tiempo. —el chico se apresuró a hacer otra estructura de cilindro de
papel, donde de nuevo pondría sales y sustancias explosivas.

—Haha, muy bien... —respondió Jung Hoseok, ya recuperado de su carcajada. —


Cuando las noticias sobre tu aparición llegaron a Adwan, tuve un buen
presentimiento.

—¿Enserio? —Jimin sonrió.

—En serio. ¡Tenía la sensación de que estabas completamente loco!

La sonrisa de Park vaciló.

—Haha, aprecio a las personas locas, señor Park. Tanto así que me propuse traer a Lu
Keran a mi clan. —Jung explicó mientras terminaba de hacer la medicina Su Alteza,
Min Yoongi.

—Pero Lu Keran parece ser bastante normal... —murmuró Jimin, enrollando un papel
grueso para crear la estructura de un nuevo fuego artificial.

Fue entonces cuando el alquimista real saltó delante de Park y le dio una palmada en
la frente.
—Me refiero a la forma de pensar, querido. Lulu es un poco tímido, pero tiene unas
ideas adorables y es bastante curioso, así que siempre intenta hacer cosas nuevas. —
Jung dio vueltas, pasando la mano por la superficie de las plantas que brotaban de las
macetas del invernadero. —En otras palabras, ustedes son unos genios. Y me atraen
los genios.

—Oh... Gracias, supongo. —se las arregló para halagarme después de llamarme loco,
genial, pensó Jimin mientras dejaba escapar una risa nasal.

Después de pensar un momento y de llenar el rollo de papel con las últimas sustancias
necesarias, el joven sintió que una impetuosa curiosidad le subía a la garganta y que
las palabras se formaban en su boca.

—¿El Príncipe Min también está loco para ti? Es sólo que ustedes dos parecen, ehm...
Atraídos el uno por el otro. —Jimin miró al alquimista, observando su reacción,
rezando para que la pregunta no lo ofendiera de alguna manera.

Para su alivio, el rostro de Jung Hoseok se vio envuelto en una sutil sonrisa, y sus ojos
adquirieron un brillo encantador.

—No está loco... Pero me roba hasta la última pizca de cordura. —murmuró el
alquimista, con voz distante y pensativa.

—Dios. —Jimin dejó escapar, parpadeando rápidamente.

—¿Qué? —Hoseok encontró divertido el semblante de sorpresa de Park.

—Ah, eh... Hm... —Jimin tartamudeó, volviendo los ojos al cilindro de papel que pronto
explotaría. —Es que, en este lugar, parecen tan seguros de sus sentimientos. No sé, es
todo tan... Intenso.

El alquimista meditó las palabras de Jimin durante unos segundos mientras el chico
sellaba el cilindro lleno de sal y lo colocaba cuidadosamente en una pequeña ventana
del invernadero, para que esta vez los fuegos explotaran fuera.

—Lo dices no sólo por mi relación con el príncipe, ¿verdad? He visto la forma en que
tu y Su Majestad se miran. Jung Hoseok se acercó hasta ponerse al lado de Jimin. Sus
ojos se entrecerraron en una expresión de concentración, como si se esforzara por
destapar un misterio. —Había una cierta vacilación, especialmente en ti.

Park suspiró profundamente y miró hacia otro lado, tratando de alejarse de la


pregunta. Entonces, el joven se apresuró a encender la mecha del cilindro y retrocedió
varios pasos, arrastrando al alquimista con él.

Los dos esperaron en silencio el resultado


de la segunda prueba. Tragaron en seco al mismo tiempo que el fuego quemaba toda
la mecha y alcanzaba el propulsor. En unos segundos, la explosión comenzaría. Si salía
mal, otra nube de humo cubriría el invernadero.

La segunda prueba, sin embargo, fue completamente exitosa. La combustión hizo que
los explosivos propulsaran el cilindro por la ventana, y éste se elevó hasta alcanzar
unos metros de altura, donde se deshizo en un resplandor anaranjado con forma de
flor de pétalos largos y finos.

Park Jimin cerró sus manos en puños y las levantó en el aire mientras saltaba,
celebrando el resultado.

—¿Qué te pareció, Alquimista Jung? —El chico se preguntó cómo reaccionaría la gente
de ese mundo a sus fuegos artificiales.

—¡Eso fue increíble! Definitivamente con eso la noche será magistral. Después me
explicarás cómo funciona, ¿verdad? —Jung Hoseok dio una palmada, sinceramente
impresionado. A continuación, dio un codazo a Jimin con su codo doblado y le hizo un
guiño.

—A-ah, bien. —Park se rascó la nuca. El chico sintió que sus mejillas se sonrojaban al
imaginarse a Jungkook mirando al cielo nocturno y viendo las explosiones que lo
iluminaban.

Jimin volvió a reunir los materiales para empezar a hacer los fuegos artificiales que se
usarían esa noche. Esta vez, debían ser de mayor tamaño y más potentes, para que el
cielo quedara cubierto por su brillo explosivo.

Mientras calculaba la cantidad de sales y propulsores necesarios, el chico se encontró


atrapado en otro ensueño. Después de comprimir sus carnosos labios y pensar varias
veces las palabras que diría a continuación, finalmente las dejó salir.

—Alquimista Jung, ¿puede aclararme una duda?

—Hmm, siéntete como en casa- Hoseok estaba analizando la medicina del Príncipe
Min. Quería asegurarse de que esa medicina era lo suficientemente adecuada para ser
ingerida.

—¿Hasta qué punto interfieren las feromonas en los sentimientos de las personas?

Finalmente pregunté, pensó Jimin dejando escapar un suspiro.

—Hmmm... Ellas no interfieren. —respondió el alquimista, todavía sin apartar los ojos
del vaso medicinal.

Park Jimin casi se ahoga.

—¿Ah? ¿Cómo que no interfieren? ¿Qué pasa con el tema del vínculo? Y eso del celo...
—Pensar en ello hizo que la cara de Jimin se calentara. —¿N-no crees, como hombre
de ciencia, como investigador, que estas cosas se meten en la mente de la gente?

—Claro que lo hacen. —Jung frunció el ceño, como si hablara de un hecho muy
conocido. —señor Park, ¿realmente no sabes nada sobre esto?

—No soy de aquí... —Y todo lo que sé de este mundo viene de un libro de una niña de
doce años, completó Jimin en sus pensamientos.

—Curioso... Bueno, respondiendo a tu pregunta: sí se meten, pero no


sentimentalmente. Puedes sentir el deseo de acostarte con alguien hermoso, pero eso
no significa que esa persona sea el amor de tu vida. —el alquimista sacudió los
hombros, afirmando lo obvio.

—Oh, claro, es verdad, viéndolo desde ese punto de vista. —Jimin apretó la boca y se
acercó al alquimista real. —Pero he leído sobre el celo, y los enredos entre omegas y
alfas... Me preguntaba si... Si usted y el... ehm —no sabía cómo terminar sin sonar
extremadamente invasivo

Pero el alquimista no esperó al chico para dar su respuesta.

—¿Tienes curiosidad por mi relación con Su Alteza, Min Yoongi? —Jung Hoseok
mostró una sonrisa divertida. —Sí, los dos somos alfas y estamos desafiando todos
nuestros instintos primitivos.... Y ya que quieres saber tanto, en nuestros períodos,
nos bastamos mutuamente.

—Oh... —Jimin procesó las palabras del joven y giró los ojos para mirar al suelo.

—¿Te resulta extraño?

—Oh, en absoluto. —se apresuró a decir Jimi , agitando las manos frenéticamente. —
Sólo estaba pensando que... Para mí, su relación es quizás una de las más sinceras que
pueden existir en este lugar, ya que no necesitan de vínculos ni instintos para
quererse...
Tras escuchar las palabras del chico, Jung Hoseok volvió a entrecerrar los ojos y lo
miró fijamente durante largos segundos, hasta que levantó el dedo índice de su mano
derecha y exclamó:

—¡Ajá! señor Park Jimin, creo que he entendido a dónde quieres llegar con esta
conversación... —sus labios se curvaron hacia arriba. —¡Tienes miedo de los supuestos
sentimientos de Su Majestad!

—Haha, ¿sentimientos? En absoluto, haha. —con el sudor goteando de su frente


manchada de ceniza, Jimin giró rápidamente su cuerpo para alejarse del alquimista. —
Gracias por quitarme la duda, ahora terminaré de hacer...

—¿De hacer el regalo para el rey? Sí, parece que el asunto realmente tiene que ver
con los sentimientos... —Las ceja de Hoseok se arquearon. —¿De qué tienes miedo,
muchacho? ¿Tienes miedo de la vida en el palacio? ¿De convertirte en un rey
consorte? O, tal vez, teniendo en cuenta todo lo que hemos discutido hace unos
segundos, ¿temes que el rey te esté engañando de alguna manera?

—P-por ahí mismo. —murmuró el chico, dejando de pasearse. —Alquimista Jung. Esa
es una pregunta que todavía no me has contestado: ¿Los vínculos obligan a las
personas a permanecer juntas?

—Jamás. — el semblante de Hoseok era solemne. —Los vínculos sólo se forman


cuando dos personas están profundamente involucradas.

—Entonces, al final, la idea de que esté vinculado a él es realmente imposible. Apenas


nos conocemos...

—No lo entiendes, chico. —Jung le dio a Jimin otra palmada en la frente. —Puede que
sólo haya durado un año, un mes, una semana, un día, un minuto o incluso un solo
segundo; si hay algo real mientras tanto, algo que conecta el núcleo de ambos de la
forma más armoniosa posible, entonces significa que puede producirse un vínculo. Y
esto no es forzar una relación, porque es como si sólo ocurriera entre aquellos que, de
una manera u otra, permanecerán juntos hasta el final. Desgraciadamente no hay
forma racional de explicar este suceso, he intentado analizarlo, pero es realmente
complicado. Por eso digo estas afirmaciones basadas en experiencias transcritas de la
historia de nuestro pueblo.

Park Jimin permaneció paralizado, sin voz, mientras su mente absorbía cada coma y
sílaba pronunciada por el Gran Alquimista. Al instante siguiente, un calor envolvió su
pecho, intensificando el latido de su impetuoso y contradictoriamente temeroso
corazón.

Una tensa mezcla de agitación y felicidad rondaba sobre el chico, y no tenía idea de
cómo actuar al respecto. No cuando sólo la mitad de sus problemas fueron resueltos.
Park Jimin realmente no sabía qué hacer con el sentimiento de ligera esperanza y
alivio que había empezado a desencadenar, y al mismo tiempo temía romperlo en un
millón de pedazos, al igual que los sentimientos del ganador de la primera ronda de un
partido que, después de alegrarse por la victoria, acaba perdiendo en la segunda
ronda.

Pero el interrogatorio no había llegado a su fin.


Todavía había una pregunta que rascaba bajo la lengua de Park.

—Alquimista Jung... ¿Es posible que alguien se vincule más de una vez? Con diferentes
personas... —el chico necesitaba saberlo, de lo contrario las cosas que pasaban por su
cabeza no tendrían sentido.

—Hmm... Hay informes antiguos que confirman la tesis de que es posible que alguien
pase por esto más de una vez. Pero es tan difícil, tan absurdamente difícil que suceda,
que la mayoría de la gente no cree en la posibilidad. —Jung Hoseok guardó el frasco
de la medicina que se le daría al Príncipe Min en una pequeña caja de madera. —Pero
yo me guío por estudios y análisis, así que si mis estudios apuntan a la posibilidad,
entonces mi respuesta a tu pregunta es: Sí.

—Ah... Pero, ¿por qué es tan difícil que ocurra? —Jimin inclinó la cabeza hacia un lado.

—Por el simple hecho de que el vínculo, cuando se produce, dura toda la vida. Así que
para que alguien pueda establecer un vínculo con otra persona, su pareja tendría que
morir primero. Y cuando muera, esa muerte dañará las dos almas. —explicó el
alquimista mientras guardaba bajo el brazo la caja que contenía la medicina de Min
Yoongi.

Después de arreglar su chaqueta oscura y pasarse la mano por el pelo trenzado,


Hoseok se volvió por última vez hacia Park Jimin, con la intención de terminar la
conversación

—Un ejemplo conocido por todos en Adaman es el de la Gran Reina, Wang Nara.
Cuando la omega Min Hyuna, que era la madre de Min Yoongi, falleció, la fuerte e
imponente guerrera que existía dentro de Nara murió junto con su amada. La reina
vivió sólo unos días más después del funeral de Hyuna. —dijo Jung con un suspiro
pesado, con una mirada lejana, como si estuviera reviviendo aquellos fatídicos y
fúnebres días: —Para conseguir un nuevo vínculo, primero hay que ser lo
suficientemente fuerte para superar la pérdida del anterior.

El alquimista le dio una ligera palmadita en la espalda a Jimin y se dirigió hacia la


salida del invernadero.

—Tengo que entregar esta medicina al Príncipe Min. Nos vemos en el baile, señor
Park. —se despidió sin mirar atrás.

En cuanto estuvo solo, Park Jimin se sentó en el tallo de la planta que ocupaba el
centro del invernadero y se acurrucó allí, entre las hojas y los zarcillos que caían a su
alrededor. Luego se encogió hacia atrás, abrazando sus piernas dobladas mientras
suspiraba profundamente.

—Hipótesis número... Maldita sea, no recuerdo cuántas hipótesis he hecho ya. —


artamudeó el chico, moqueando. —En fin, la hipótesis número X: soy el segundo
protagonista y estoy aquí para guiar al protagonista hasta que lleguemos a un
determinado momento de la historia en el que... —le tembló la voz. — en el que moriré
y se romperá nuestro vínculo. Así que pasará por la "pérdida" y se hará más fuerte.
Después de eso, el protagonista se encontrará con el Omega de Plata y comenzará el
arco principal de la historia. —Jimin tragó en seco, y esbozó una sonrisa forzada
después. —Y... No hay nada como el buen "monomito". Harry Potter, Percy Jackson y
Luke Skywalker pasaron por ello, tiene sentido que Jeon también lo haga... Y, jeje...
Todo va a estar bien, me iré a casa cuando pase... Todo bien.

Jimin se levantó de nuevo y respiró profundamente.


llenando sus pulmones de aire fresco en un intento de calmar su pecho dolorido y
nervioso.

—Mierda, me encantaba el monomito.... Nunca más miraré a los secundarios como


solía hacerlo. —el chico se frotó la mano sobre sus ojos cerrados y relativamente
húmedos.

Tras resoplar y recomponerse, sacudió la cabeza de un lado a otro y tomó una


decisión:

—Una cosa a la vez, Park Jimin: Primero, tengo que terminar estos fuegos artificiales,
ya que el baile empezará pronto. —el chico volvió a enrollar los papeles para formar la
estructura de un nuevo explosivo. Pero se detuvo enseguida, pues pensó en algo
importante. —¿Qué color debo elegir para brillar en el cielo durante la explosión?
Aaaaaaa... ¡Debería haberle preguntado al alquimista Jung cuál es el color favorito de
Jungkook! ¡Mierda!

Park Jimin cerró los ojos y se alborotó el cabello.


Ahora sólo hay una manera de que me entere de eso.

Puso las manos a los lados de su cadera y golpeó frenéticamente con los pies el suelo
de piedra mientras reflexionaba sobre lo que debía hacer a continuación.

Finalmente, el joven Park se subió las mangas de la camisa, como si se preparara para
una pelea, y empezó a salir del invernadero, con aspecto decidido.

Le preguntaría personalmente a Jeon Jungkook cuál era su color favorito, y poco


después volvería para terminar de construir los fuegos artificiales. Sería conciso y
rápido, así de simple.

Park Jimin ignoró a todas las personas que se cruzaron en su camino, creyendo que
sus miradas eran meramente despectivas, como parecían serlo aquella mañana. Poco
sabía el chico que su aspecto era lo que más llamaba la atención de los nobles que
paseaban por el castillo. Jimin tenía un aspecto extraño, con la cara llena de ceniza y
el pelo revuelto, completamente sucio. Visto de lejos, cualquiera lo confundiría con un
niño malhumorado y gruñón.

Sólo dejó de caminar cuando se topó con la figura arrogante y superguapa de Choi
Ren, el omega que había intervenido en la discusión de la Mesa de Plata en nombre de
su abuelo, el patriarca Choi Kangson, y al que parecía haberle encantado burlarse del
rey el último día con su sensual aroma.

Choi Ren miró a Park Jimin de pies a cabeza y mostró una pequeña risa burlona en sus
labios tan finos y rosados como un pétalo de flor.

—Señor Park Jimin, ese es su nombre, ¿verdad? —preguntó el noble, girando uno de
los botones de su blazer azul de cola larga.

—Sí, lo es. Y el tuyo es Choi Ren, ¿no? Un placer. —Jimin casi puso los ojos en blanco.
Él no iba en busca de la cara de ese omega, así que no perdió tiempo antes de intentar
apartarse. —Ahora, discúlpeme...

—Déjame adivinar... Estás buscando al rey. —Choi Ren se interpuso en el camino del
otro joven, impidiéndole continuar.

—Sí, así es. Entonces, ¿podría dejarme pasar?

—¿Sabes dónde está, señor Park? —había un toque de sarcasmo en el discurso de Ren
cada vez que usaba "señor" para referirse a Jimin.

—No, no lo sé. Pero puedo encontrarlo por mi cuenta. Así que de nuevo, discúlpeme.
—Jimin trató de esquivar a Choi Ren una vez más. Sin embargo, el joven noble se
movió para interponerse en su camino.

—El rey está en la sala del trono, con sus súbditos más importantes y los líderes de los
principales clanes de Adaman. La reunión es abierta, ya que están tratando sobre el
baile de esta noche y la noche de luna de Su Majestad. Sin embargo... —Los labios de
Choi Ren soltaba las palabras de una manera que, en la mente de Park, se asemejaba
a la entonación de un encantamiento maligno.

—... Todos los que ven al rey en este día se muestran mínimamente presentables,
señor Park Jimin, ¿siquiera sabes lo que es estar "mínimamente presentable"?

Jimin frunció el ceño y casi hizo una mueca.

¿De qué habla este tipo? pensó el chico. Me duché y cogí ropa bonita del armario de la
habitación. Si quieres quejarte con alguien sobre mi ropa, quéjate con el rey.

Un segundo antes de que Park iniciara una discusión con el chico de pelo largo, que
era casi tan grande como su arrogancia, una joven un poco mayor que Choi Ren se
acercó y le lanzó un abanico de encaje en la nuca.
—¿Qué haces aquí, Ren? Cuánto te cuesta quedarte en tu habitación, descansando, en
lugar de estar aquí, creando más problemas diplomáticos a nuestro clan. —la chica
comenzó a abanicarse, estupefacta.
También había asistido a la reunión de la Mesa de Plata el día anterior. Era una chica
preciosa, con el pelo rizado, la cara ovalada, las mejillas bonitas y los labios finos
como los de Choi Ren.

—¿Problemas diplomáticos? Con este... Indigente. —Ren señaló con el dedo índice a
Jimin.

—Sigo aquí, gracias. —Park bufó.

—Así es, Ren, no hables así de la gente y... ¡Ah! —los ojos de la chica se abrieron de
par en par cuando finalmente se enfrentó a Park Jimin. —Por los dioses... ¿Estás bien?

—Sí, ahora adiós ahora. —Jimin se dio la vuelta rápidamente y se alejó de ellos.

El color favorito de Jungkook. El color favorito de Jungkook. Esos eran los únicos
pensamientos que importaban en la mente del chico en ese momento, nada más le
quitaría la atención.

De esa rápida molestia con Choi Ren, Park Jimin logró ganar al menos alguna ventaja:
ahora sabía dónde ir a buscar a Jeon Jungkook.

Esa mañana, Lu Keran le había enseñado el palacio mientras se dirigían al lugar de


trabajo del alquimista real, así que fue fácil encontrar la sala en la que estaría Su
Majestad.

Cuando llegó allí, Park Jimin vio que las grandes puertas de la sala denotaban la
importancia del ambiente. En el interior, había altísimas columnas de hormigón gris
que sostenían un techo arqueado cubierto de mosaicos de colores. Cada mosaico
representaba magníficamente una escena histórica del reino de Adaman.

Una inmensa alfombra roja atravesaba el centro del gran espacio, y al final se dividía
en dos para cubrir las dos escaleras laterales redondeadas que conducían a un podio.
En este podio había dos tronos unidos entre sí que parecían haber sido tallados en el
tronco de un árbol de plata. Este árbol crecía a lo largo del muro en un gigantesco y
glorioso monumento.

Park Jimin se sintió tan pequeño como una hormiga en cuanto puso un pie en ese
lugar.

"¿Cuál es tu color favorito?". "¿Cuál es tu color favorito?" "Oh, ¿es ese? Entonces,
¡gracias y hasta luego!" —el chico murmuraba una y otra vez las líneas
preprogramadas que le diría a Jungkook, mientras se arrastraba velozmente por la
alfombra, manteniendo siempre la vista en el suelo frente a él para evitar humillantes
tropiezos.

Jeon Jungkook estaba sentado en su trono, con la cabeza apoyada en uno de sus puños
cerrados, escuchando a sus súbditos que le felicitaban por su noche de luna, por su
regreso a Adwan, por su victoria sobre Eliah y por el proyecto de distribuir alimentos
a los campesinos de Adaman durante el periodo invernal.

La concentración en Su Majestad era tan grande que sólo se dieron cuenta de la


aparición de la extraña y estrafalaria figura de Park Jimin cuando el chico apareció
justo detrás de ellos, como un fantasma atormentado.

—¡Por los dioses! —exclamaron los súbditos y se alejaron de un salto, algunos de ellos
se convirtieron en lobos sólo por el susto.

Jeon Jungkook levantó entonces la mirada y parpadeó varias veces mientras sentía que
las comisuras de sus labios se curvaban hacia arriba, formando una sonrisa feliz y
divertida.
Se levantó y movió la cabeza de un lado a otro con incredulidad en cuanto se dio
cuenta del estado de Park.

Eres realmente impresionante, Park Jimin, pensó el joven rey, sintiendo un gran
impulso de reír.

—Park Jimin, ¿qué pasa? —Jungkook utilizó un tono de voz lo suficientemente alto
como para ser escuchado por el otro chico, que estaba de pie un poco lejos del podio
del trono.

Vale, no digas nada malo delante de esta gente, pensó Jimin, al notar las miradas
extrañas que todos los presentes le dirigían.

Respiró profundamente, levantó la cabeza y habló en voz alta.

—Su Majestad, ¿puedo hacerle una pregunta? —desgraciadamente, su voz se quebró a


mitad de la frase, lo que provocó la risa de los súbditos del rey. Esto hizo que Park
Jimin se sintiera aún más nervioso y fuera de lugar.

Jeon Jungkook, a diferencia de todos los demás, sólo pudo encontrar otro chico
extremadamente dulce y lindo.

—Puedes preguntar. —dijo el joven rey. A continuación, comenzó a bajar del podio,
bajando una de las escaleras con su forma de actuar tranquila y elegante.

Al ver que Jungkook se acercaba, el corazón de Jimin dio un salto. Park sintió un
fuerte impulso de huir de aquel lugar. Todo parecía extremadamente incómodo en ese
momento.

Tuvo que volver a respirar profundo antes de que las palabras pudieran formarse en
su boca. Pero, para su total desesperación, eso fue todo lo que el chico pudo hacer.

—¿Cual favorito tu es color? —Jimin sintió una neurona morir.

Jeon Jungkook contuvo otra carcajada y frunció el ceño ante el chico.

—¿Podrías repetirlo, por favor? Creo que no entendí.

—Ehm... —Jimin entrecerró los ojos y tragó. Había mucha gente en ese lugar, y todos
parecían tragárselo con los ojos. —Color. Cual. Tu... ¿Tu color?

—¿Mi color? No entiendo. —Jungkook parecía casi tan perdido como Jimin. —¿Te
refieres al color de mi clan?

Park Jimin sacudió la cabeza con agonía. Quería llorar en ese mismo momento.

—Entonces el color de mi ropa... —el rey volvió a intentarlo, mirando la camisa que
llevaba puesta. Era blanca, con mangas largas y encaje negro alrededor del cuello.

—No, tu... Te gusta... El que te gusta... Tu favorito. —Jimin se encogió de hombros,


aliviado. Por fin había conseguido hacer la pregunta.

—Ah... ¿Mi color favorito? —Jeon Jungkook ya no pudo reprimir la amplia sonrisa que
había estado reprimiendo durante varios minutos.

En cuanto terminó de bajar las escaleras y se acercó a aquel muchacho nervioso, Su


Majestad se acercó a él y comenzó a pensar en la respuesta que le daría.

El joven rey nunca se había parado a pensar qué color le gustaba más, ni siquiera
cuando se trataba de su ropa, porque siempre estaba confeccionada en base a los
colores de su clan: negro, blanco y rojo. No era algo de su elección personal.

Después de pensarlo mucho, Jeon Jungkook miró la cara sucia de Park Jimin. Tenía
una curiosa capa de polvo, como si el chico hubiera estado frente a una chimenea que
le hubiera arrojado cenizas.

—Gris. Me gusta el color gris. —dijo por fin el rey.

—Oh... Entonces, m-me voy. No interrumpiré más sus asuntos. —Jimin giró su cuerpo y
se fue. Sin embargo, antes de que pudiera hacerlo, Jungkook habló rápidamente.

—No interrumpes. —el rey puso las manos sobre los hombros del muchacho y se giró
para hablar con sus súbditos. —Ahora me retiro. Espero verlos en el baile esta noche.

La gente se miró y rápidamente inclinaron sus cuerpos para despedirse del rey.
Jungkook asintió, y al momento siguiente arrastró a Park Jimin fuera de la habitación
sin soltarlo.

—Gracias a los dioses que apareciste. Estaba cansado de oírlos. —murmuró el joven
rey, sintiéndose agitado por la vigorosa presencia del otro muchacho.

A su lado, Park Jimin reprimió una sonrisa alegre, también afectado por las feromonas.

El dúo caminó hasta llegar a un pequeño patio, situado al final de un pasillo vacío. En
ese espacio había un jardín, con dos altos árboles de coloración amarilla y rosales
esparcidos de forma bonita. En el centro, también se podía ver una pequeña fuente de
agua, cuya forma era de dos lobos danzantes.

—Vaya, parece que no existe un lugar feo en este castillo tuyo. —murmuró Jimin tras
un siseo de sorpresa.

—¿Te gusta? —Jungkook quería saber, había un brillo en sus ojos.

—¿Cómo no gustarme? Mira esta fuente, hombre. —Jimin se acercó a la fuente y miró
de cerca la escultura de los dos lobos. Estaban de pie sobre sus patas traseras. En el
aire, los dos unieron sus patas delanteras, y el agua brotaba hacia arriba de sus bocas.

—También me gusta esto. Se construyó antes de que yo naciera, por orden de mi


madre, Wang Nara, para presentárselo a mi madre omega, Jeon Haerin, en su noche
de luna. Los lobos las representan. —Jungkook explicó en un suspiro. —De lo que sé,
este lugar era el favorito de Haerin. Pero hoy en día lo evita. Así que... Me he tomado
la libertad de apropiármelo. Es uno de los pocos recuerdos que tengo de la Gran
Reina.

—Oh. —Park recordó entonces la historia que había


oído del alquimista Jung sobre los romances de Wang Nara. —¿La razón por la que
Jeon Haerin no viene aquí tiene que ver con la madre de tu hermano mayor? ¿La
omega del clan Min?

Jeon Jungkook reflexionó por un momento.

—Creo que sí. Jeon Haerin quería mucho a Wang Nara, y viceversa, pero... Nada es
más fuerte que un vínculo. Ni siquiera toda la atención de mi madre omega fue
suficiente para reconquistar todo el corazón de la Gran Reina.

—¿Y tienes algún resentimiento por eso? —preguntó Jimin, al notar la expresión de
melancolía en el rostro del otro chico.

—¿Y ha tenido algún resentimiento por ello? No... Nunca odié a Min Hyuna o a mi
hermano por ello. Porque, después de todo, no es culpa de nadie.

Park procesó esa información y frunció sus labios hacia abajo.

—¿Qué edad tenías cuando murió Wang Nara?

—Ah, yo era un adolescente. Fue justo después de regresar a la capital, cuando Nara
terminó su campaña por la frontera norte. Mientras luchábamos contra los bárbaros
invasores, Min Hyuna fue atacada por una extraña bestia que apareció
repentinamente en los alrededores del castillo. —la expresión de Jungkook se volvió
sombría. —Nadie lo vio pasar, Hyuna simplemente había desaparecido de la vista de
todos. Fue encontrada muerta a pocos kilómetros del palacio al día siguiente. La
noticia nos llegó a la frontera sólo tres días después. Pero cuando lo pienso ahora,
Wang Nara ya lo sabía. Sintió cuando Hyuna murió. Recuerdo haberla visto caer en su
tienda y murmurar el nombre de la omega

De repente, el aire que rodeaba al joven rey comenzó a volverse más denso. Una
dolorosa melancolía lo envolvió profundamente

—Mi madre alfa vivió sólo para volver a Adwan y ver de nuevo la cara muerta de Min
Hyuna. Poco después, se fue de este mundo...

—Lo siento, Jeon... —la voz de Jimin salió débilmente.

—Gracias, pero está bien. —Jungkook acarició el hombro del chico. —Creemos que las
parejas vinculadas van al mismo lugar después de la muerte... Sólo lo lamento por mi
otra madre, Jeon Haerin. Ni siquiera pudo despedirse de Nara, todo pasó tan rápido...

Park Jimin miró al rey a su lado y se mordisqueó los labios mientras un pensamiento
cruzaba su mente.

La hipótesis número X que había creado esa tarde salió de repente a la luz. Si
resultaba ser la correcta, entonces Jeon Jungkook probablemente se enfrentaría a un
momento bastante difícil después de la muerte de Jimin.

Con esta idea palpitando en su cabeza, el joven Park pronunció la siguiente petición:

—Promete que serás muy fuerte.

—¿Uhm..? —Las cejas de Jungkook se fruncieron.

—Solo... Promete que serás muy fuerte y que vivirás mucho tiempo, pase lo que pase.
—Eres el protagonista, así que tienes que terminar esta historia con un final feliz,
completó Park Jimin en su mente.

Jeon Jungkook parpadeó varias veces, sin entender todavía el punto del otro chico.

—Lo prometo... Pero, ¿por qué dices eso?

—Hmm, nada... Eres el rey, ¿no? Entonces hay que ser fuerte para poder comandar un
reino tan grande. Sólo imagina cuántos problemas debes resolver... —Jimin se encogió
de hombros. —Ah, y hablando de problemas, ¿qué clase de bestia es la que mató a Min
Hyuna?

—No estamos seguros, ya que se evaporó como el agua bajo el sol justo después de la
muerte de Hyuna. Sin embargo, algunos plebeyos han afirmado haber visto un alfa
lobuno desconocido escalando la muralla que rodea la capital. Sólo recibimos dos
informes, y en ambos se describía a esta criatura como un monstruo espantoso. —
explicó el joven rey, con la mirada fija en un horizonte lejano.

Park Jimin sintió que todo su cuerpo se estremecía. Antes, la idea de estar en un
mundo donde existían criaturas mágicas no le parecía tan aterradora. Ahora, tras
saber que los monstruos también podían caminar por esas tierras, esa idea se había
convertido en algo tan malo como una pesadilla.

Al ver la mirada nerviosa del otro chico, Jeon Jungkook le apartó un mechón de pelo y
le dedicó una sonrisa tranquila, llena de confianza.

—La seguridad en Adwan se ha reforzado desde ese día. No tienes que preocuparte...
Y siempre estaré cerca. —La voz del rey era suave, y transmitía la misma serenidad
que sus feromonas alfa, algo que rápidamente relajó los nervios de Park Jimin.

Lentamente, las sucias mejillas del chico comenzaron a calentarse, ganando una fina
capa de rubor. Incapaz de sostener la mirada de Jungkook por más tiempo, Jimin
volvió su rostro en dirección a la fuente. Sin embargo, esta vez, al estar cabizbajo, vio
su reflejo en la clara superficie del agua.

—¡AH! —exclamó Park y se tocó la cara. —¡Madre mía! Parece que me ha caído un
rayo.

Jeon Jungkook sonrió a su lado.

—¿No sabías que estabas así?

—No, clar q-que no... Sé que soy extraño en este lugar, pero no estoy tan loco como
para ir por allá así. —tartamudeó Jimin, encogiéndose.

—¿Pero nadie te lo dijo mientras caminabas hacia la sala del trono?

—No... La gente me miraba de forma extraña. Pero, de todos modos, desde que puse
un pie en este lugar, no le he gustado a casi nadie... —Jimin puso los ojos en blanco y
se sentó en el borde de hormigón de la fuente.

El joven rey se sintió frustrado por esa declaración de Park. Con los puños cerrados,
se sentó junto al chico, sacó un pañuelo del bolsillo de su camisa y lo sumergió en el
agua. Entonces Jungkook sostuvo cariñosamente la cara de Jimin y comenzó a
limpiarla suavemente, deteniéndose en sus suaves mejillas.

Jimin sintió que su mente daba vueltas con ese toque tan cálido y cariñoso de Su
Majestad. Y para empeorar las cosas, las feromonas del alfa marcaban mucha
presencia.

—Perdóname por eso. Te prometí comodidad, pero mi hogar sólo te entregó lo


contrario... —Los ojos de Jungkook estaban caídos. —Dime quién te hizo esto, y lo
castigaré inmediatamente.

—¿Esto...? ¿Te refieres a esta porquería?

—Sí. Imagino que algún sinvergüenza se atrevió a molestar a mi ome... D-digo... A


molestar a mi invitado. —Jungkook tartamudeó.

—¡Oh, no! Me ensucié así en el lugar de trabajo del alquimista Jung.

—Hmm. —Jungkook entrecerró los ojos con una mirada reflexiva. —Voy a tener que
pedir disculpas a mi hermano....

—¿Ah? ¿Por qué?

—¡Porque castigaré a Jung Hoseok por hacerte esto! ¡Iré tras él ahora mismo! —Jeon
Jungkook se levantó de un salto, decidido a hacer lo que había dicho.

Park Jimin se alarmó y rápidamente agarró el brazo del rey, alejándolo. Este repentino
movimiento suyo obligó a Jungkook a retroceder, desequilibrándolo y haciéndolo caer
encima de Jimin. Este último apenas tuvo tiempo de pensar antes de ser golpeado por
la coraza del rey. Los dos chicos acabaron hundiéndose en el agua de la fuente por la
fuerza del encuentro.

Después de luchar en el pequeño depósito de agua, Jimin y Jungkook intercambiaron


miradas y se rieron hasta que sus pulmones se quedaron sin aliento.

—¿Por qué has hecho eso? —preguntó el joven rey tras escupir el agua que le había
entrado en la garganta.

Como había caído justo encima del cuerpo de Park Jimin cuando los dos se
sumergieron en la fuente, Jeon Jungkook utilizó la fuerza de los músculos de sus
brazos para sostener su propio peso, evitando así que todo el peso de su cuerpo
presionara al otro joven.
Tras recuperar el aliento, Park se retorció bajo el rey en busca de una posición
cómoda que le permitiera respirar correctamente.

—Po-Por qué no lo entendiste... —replicó jimin, pasándose la mano por el pelo para
apartar los mechones húmedos. —El alquimista Jung no me ensució. De hecho, Jung
Hoseok fue una de las únicas personas que me trató bien, e incluso me ayudó con un
asunto... Fui yo quien se llenó de pólvora y cenizas.

La expresión del rostro de Jeon se relajó y adoptó un aspecto de comprensión.

—Ahora tengo curiosidad... ¿Por qué te estuviste metiendo con la pólvora? —volvió a
sonreír.

Park Jimin selló inmediatamente sus labios y giró su cuerpo para escapar de las garras
del rey. Sin embargo, Jeon fue más rápido y lo inmovilizó allí, entre sus brazos.

—Espera, Park Jimin, ¿qué está pasando? ¿Por qué no me contestas? —el joven rey
miró al otro chico. —¿Estás planeando otra actuación con fuego? Park, si te metes con
cosas peligrosas para impresionar a mis súbditos y así ser aceptado, por favor no lo
hagas...

—No, ¡no es así! —Jimin hinchó las mejillas con frustración. —Es tu cump... tu noche
de luna. Estoy tratando de hacer algo bonito para regalarte....
Esos súbditos tuyos no me molestan realmente.

Jeon Jungkook se quedó sin palabras durante unos segundos y sus ojos adquirieron un
brillo negro que parecía reunir las estrellas.

—¿Estás creando algo para regalarme? —sonrió el joven rey, sintiéndose extraña y
absolutamente feliz.

—Sí, lo hago, —Jimin apartó la mirada, con la cara ardiendo. —pero si no fuera porque
Lu Keran me informó sobre tu noche de luna, ni siquiera tendría nada que darte. ¿Por
qué no me hablaste de esto?

Jungkook frunció los labios.

—Ayer te sometí a una situación embarazosa delante de los lords. Me molestó


demasiado lo que te pasó y no me atreví a decir nada sobre las celebraciones. —
explicó soltando un suspiro.

Su aliento olía a miel. Sentirlo tan cerca hizo que Park Jimin deseara poder probarlo
para ver si el sabor de Jungkook sería igual de dulce.

Con sus rostros tan cerca, los dos chicos volvieron a estar inmersos en una nube
invisible de calor y feromonas. Esa sensación no parecía tan evidente como antes para
los sentidos de Park, pero al contrario, sus efectos se veían más intensos.

El joven rey curvó entonces sus labios cerrados en una sonrisa comedida y pasó una
mano húmeda por el lado de la cara de Jimin.

—Ahora estás completamente limpio, Park Jimin. —murmuró Jeon, cepillando los
últimos restos de ceniza de la piel del chico.

—Sí, limpio y empapado de agua. —Jimin se rió en un susurro.

La temperatura entre ellos subió cada vez más. Sus miradas se dirigieron a sus bocas,
analizando cada movimiento de sus labios húmedos y sus lenguas ávidas. La
respiración de los dos jóvenes comenzó a volverse pesada e inestable, al igual que las
pulsaciones de sus corazones. Jeon Jungkook estaba listo para reducir la distancia
entre ellos y sólo esperaba el permiso del terco y vacilante Park Jimin.

Y ese permiso llegó antes de que el rey se diera cuenta.


Fue Park Jimin quien se inclinó para sellar el primer beso. El toque de los labios del
chico despertó algo dentro de él y de Jeon Jungkook que, hasta ahora, había
permanecido dormido.

Los lobos encadenados en sus almas se balancearon, despertando, reconociéndose


una vez más.

Jungkook siguió el ritmo del omega y se aventuró en esos labios suaves y regordetes.
La timidez de aquel gesto y los temores que envolvían a los dos jóvenes mantuvieron
reprimido el verdadero deseo que podría haberse liberado, pero no impidió la
placentera sensación del beso que incluso consiguió robar bajos gemidos de las
gargantas de ambos.

Park Jimin se maldijo a sí mismo por no haber cedido un poco antes, porque eso era
como estar en las nubes. Besar a Jungkook fue como tocar el cielo y flotar.

El beso duró largos y prolongados minutos, llenos de caricias contenidas y jadeos


bajos. Sólo se separaron cuando, desde la torre más alta del palacio, sonó una
campana que anunciaba el final de la tarde. El atardecer en el horizonte se
desdibujaba en rojo y naranja, y el cielo era tomado por el color índigo que se
oscurecía.

—¿Qué pasa? —preguntó Jimin, un poco sin aliento, tras notar la expresión dividida de
Su Majestad.

—Debería estar preparándome para el baile, para


mis súbditos e invitados que pronto me esperarán en el salón de baile. Pero no quiero
alejarme de ti. —Jungkook bajó su mirada a los labios de jimin y los tocó con dos
dedos. —No cuando finalmente te tengo... Temo que esto sea un ilusión.

El corazón de Park Jimin latía tan fuerte en su pecho que el chico temía haber sido
escuchado por el gran oído de Jeon Jungkook.

—No es una ilusión. —susurró Jimin, levantando una mano para acariciar los cabellos
de Jungkook.

Sólo estoy aprovechando el momento, si mi hipótesis es correcta, pensó el chico. En su


exterior, una sonrisa sutilmente lúgubre asomó.

—Será mejor que te vayas, yo también tengo que volver para terminar tu regalo. —
Park se arrastró hacia atrás e inclinó su cuerpo para quedar sentado.

Jeon Jungkook le siguió, y se puso de cunclillas dentro de la fuente para salir de ella
en un impulso.

—¿Lo mostrarás en el baile de esta noche? —el rey quería saber. Se sintió como si
hubiera vuelto a la edad de doce años, cuando la idea de recibir regalos le hacía
muchísima ilusión.

—I-intentaré tenerlo listo para entonces. —Jimin se llevó la mano a la nuca y ocultó su
rostro sonrojado.

Después de salir de la fuente, chapoteando y goteando agua en el suelo de piedra del


patio por la ropa empapada, Jeon Jungkook, con una expresión ligera y feliz, sostuvo
cuidadosamente la parte trasera de la cabeza de Park Jimin y depositó un pequeño
beso en la frente del otro joven.

—Estoy muy ansioso.—dijo el rey.

Entonces Jungkook se dio la vuelta y desapareció por el pasillo, llevándose consigo su


agradable aroma y todas las certezas que Park Jimin podía tener en ese mundo.
Así quedé cuando dije que iba a publicar los spoilers en Instagram y no he hecho nada

Les prometo que ya los publicaré jsjs

Estoy en un pequeño bloqueo (cómo siempre) y se me está dificultando traducir los


capítulos. PWEROOO no teman. Ya tengo varios capítulos terminados, así que las
actualizaciones serán normales y seguramente superaré mi bloqueo muy pronto.

En otras noticias: ESTOY ENFERMAAAA Creo que muchas personas se enfermaron


la anterior semana y esta.
|7||La danza del alfa

La noche de luna de Su Majestad estaba marcada por una luna nueva, y en ese
momento de celebración, se fundía en el cielo profundamente negro y sin nubes, sólo
estrellas lejanas que juntas pintaban galaxias. Los ojos lobunos de los alfas y omegas,
al ser tan poderosos, podían ver las constelaciones que se cernían sobre todos. Los
más espirituales aprovechaban el momento para hacer una pequeña oración a los
dioses, porque creían que aquella noche, con todas sus peculiaridades, estaba inmersa
en una sacralidad indescriptible.

Park Jimin, ajeno a todo esto, pasó las últimas horas libres antes del baile terminando
los fuegos artificiales y revisando cada milímetro de sus estructuras. Los explosivos de
colores tenían que estar perfectos para la medianoche.

Cuando los primeros carruajes atravesaron las puertas del palacio, trayendo consigo
una avalancha de invitados, desde plebeyos adinerados hasta nobles de los principales
clanes del reino, Jimin supo que llegaría tarde a la fiesta.

—Vaya, qué decadencia. —dijo el chico tras salir de la ducha y mirarse al espejo.
Llevaba marcas de cansancio bajo los ojos y su pelo había cobrado vida propia,
negándose a bajar los mechones oscuros

Fue entonces cuando un golpe en la puerta le obligó a alejarse de su decepcionante


reflexión. Se puso una bata y giró el pomo para saber quién podía ser a esas horas.

Jimin parpadeó, completamente sorprendido, cuando se encontró con la joven del clan
Choi, la que había estado presente en la reunión de la Mesa de Plata y que había
aparecido esa tarde para golpear a Choi Ren con su abanico de encaje.

—¡Señor Park Jimin! Buenas noches, —la chica inclinó ligeramente la cabeza en un
saludo cortés y elegante. —me llamo Choi Yoojung. Ya nos conocimos fugazmente...

—Sí, creo que... Estabas con Choi Ren. —Jimin arqueó una ceja, desconfiado.

Ah, sí, mi hermano menor. —Yoojung puso los ojos en blanco y suspiró. —Bueno, mis
intenciones aquí tienen que ver con sus actitudes y también con las de mi abuelo...
¿Podemos hablar un momento? Será rápido, podemos hacer esto mientras te preparas
para el baile. No tienes que preocuparte por mí, sólo soy una beta a la que sólo le
interesa el género femenino.

—Oh, vale, entonces... —Jimin, ahora con el ceño fruncido, hizo espacio para que la
noble Choi entrara en la habitación.

La chica llevaba un hermoso vestido de gala medieval, cuya falda se arrastraba por el
suelo al caminar. El color de la seda brillaba tan azul como los zafiros, y exaltaba sus
ojos, que tenían el mismo tono. Por último, los rizos de su cabello se ataron en la parte
superior de su cabeza con una diadema de plata, mostrando su rostro bellamente
maquillado y su cuello rodeado por una gargantilla de topacios.

A su lado, Park Jimin se sentía como un mendigo.

Nada más entrar en la habitación, Choi Yoojung carraspeó con fuerza, como si
quisiera llamar la atención de alguien. Poco después, un sirviente apareció en la
puerta, sosteniendo un paquete.
—No se me puede olvidar. Me encontré con la consorte Jeon Haerin a mitad de
camino. Ella quería que te dieran esto. —la chica cogió el paquete y lo puso en las
manos de Jimin. —No sé que es lo que hay dentro, pero por el suave tacto, creo que es
una prenda.

—Ok... Quiero decir, gracias... —El chico empezó a abrir el paquete con cuidado,
todavía asustado por esa actitud tan amable que venía de un Choi.

Cuando terminó de hacerlo, Park Jimin descubrió que era de hecho un conjunto. ¡Y
qué conjunto! Se trataba de un sofisticado conjunto de pantalón y camisa cubierto por
un largo blazer de color blanco y rojo. La camisa clara, llena de bordados antiguos,
muy apropiados para la época de Adaman, también tenía piedras preciosas, que
formaban dibujos de plantas y escudos.

Además de la ropa, en el fondo del paquete Jimin también encontró joyas. Había
pendientes, pulseras y broches de plata y rubí. El chico no sabía qué hacer después de
ver tantos accesorios y ropa bonita.

—La consorte Jeon tiene muy buen gusto. —Comentó Choi Yoojung. Parecía bastante
sincera en sus elogios. —Señor Park, será mejor que sea rápida. Veo que lo estoy
molestando en su alistamiento. He venido aquí para disculparme sinceramente por la
forma en que algunas personas de mi clan se han comportado con usted. Esta
descortesía es algo que no toleraré cuando llegue mi momento de tomar el relevo
como matriarca.

—Oh...—Park Jimin aún no podía formar palabras.

—Uhm... Es vergonzoso, pero mi abuelo viene de una época de rigor jerárquico y


tradiciones conservadoras, y mi hermano está influenciado por la arrogancia del
linaje... pero no apoyo este tipo de comportamientos, sobre todo cuando el ofendido es
un invitado del rey que lo ayudó en la batalla. ¡Es un ultraje! —Choi Yoojung resopló y
sacó un abanico que tenía escondido en su escote. Empezó a abanicarse con él
mientras mostraba un semblante enfadado.

—Hmm... Entiendo... —Jimin cambió el peso de su cuerpo de un pie a otro, sintiéndose


aliviado al comprobar que la nobleza de Adaman no estaba completamente formada
por personas mezquinas.

—Gracias por su comprensión. Espero que en el futuro el clan Choi pueda mostrar una
segunda y mejor impresión. Hasta entonces, si quiere algún favor, sólo hable conmigo.
—Yoojung inclinó la cabeza una vez más y giró su cuerpo para salir de la habitación de
Jimin.

El chico, aún aturdido, escuchó la palabra "favor" reverberar a su alrededor y pensó


que podía aprovechar esa oportunidad.

—Oye, Choi Yoojung. —se giró la chica cuando la llamaron por su nombre. —¿Sabes
por casualidad dónde puedo conseguir un... Bueno... ¿Una crema para el cabello, tal
vez...?

Los ojos de Yoojung se abrieron de par en par, sorprendida por la pregunta. Poco
después, esbozó una amplia sonrisa, como si estuviera planeando algo.

—Sí, claro. Pero ¿qué tal si te ayudo no sólo con el cabello, sino también con la cara?
—sugirió agitando su abanico.

Minutos después, el salón de baile del palacio ya estaba lleno y completamente


colorido por las ropas de los invitados. El techo de mosaico y el suelo lacado
reflejaban la luz que emanaba de las decenas de lámparas de araña y candelabros
repartidos por el salón, haciendo que éste se iluminara. A ello se sumó la decoración,
basada en arreglos de rosas rojas y blancas con orquídeas negras -que representan los
colores del clan Jeon- y estatuas de hielo con forma de lobo.
La orquesta tocó sus mejores melodías, en un ritmo que mezclaba el barroco clásico
con el celta nórdico. En el centro de la sala, una inmensa flecha de invitados bailaba
por igual, siguiendo la música, a veces animada y juguetona, a veces lenta y
romántica.

Jeon Jungkook estaba observando todo desde lo alto del podio, sentado en su elegante
trono. Sus pies golpeaban discretamente el suelo al ritmo de la orquesta, mientras
mantenía intacta su pose austera y plena.

El rostro del joven rey no denunciaba la ansiedad que yacia escondida en su pecho.
Bajo la máscara idónea, él buscaba entre las filas de invitados a una persona en
concreto.

—¿Todavía no tienes ganas de bailar, hijo mío? —La consorte Jeon Haerin apareció a
su lado. Ella, como siempre, estaba impresionante, con un vestido rojo vino con cuello
alto y encaje nacarado.

—Acabo de saludar a los invitados, madre. Hablar con cada uno de ellos fue agotador.
Quiero sentarme un rato. —explicó Jeon Jungkook con una pequeña sonrisa.

—Hmm, de acuerdo entonces...—Haerin arqueó las cejas y juntó las manos delante de
su cuerpo, balanceándose de lado a lado. —Querido, por muy callado que estés, he
notado que tu mirada barre todo el salón en busca de algo.... O alguien.

Volvió a enfrentarse al joven rey, esta vez con una sonrisa más grande, llena de
ambigüedad. Jeon Jungkook giró la cara hacia el otro lado, tratando de huir
discretamente de su madre.

—Pronto la orquesta tocará la Ode Alfa... ¿Elegirás a un omega para bailar esta vez?
—la consorte siguió insistiendo en el asunto. Tenía bastante curiosidad por la
respuesta de su hijo.

—... No lo sé. Tal vez. —Jungkook respondió, conteniendo sus labios que querían
sonreír.

Jeon Haerin dejó escapar una risa nasal, tapándose la boca con una mano enguantada.

En ese instante, una figura vestida de gala en tonos blancos y dorados subía
lentamente por la escalera de la derecha. Su pelo rubio estaba recogido en un
elegante copete que le hacía parecer aún más guapo y hacía que sus ojos blancos y
dorados llamaran la atención.

Una vez que llegó a la cima de las escaleras, miró a Jungkook y a su madre, y se
inclinó en una media reverencia.

—Su Majestad. Consorte Jeon. —saludó el príncipe Min Yoongi amablemente.

—Hermano. —Jungkook devolvió la reverencia.

La expresión de la consorte Jeon cambió al ver al hermano mayor de Jungkook. Si


antes su semblante había sido alegre, esa alegría era sustituida ahora por una
implícita frialdad colérica.

—Príncipe Min, el baile comenzó hace más de una hora, ¿pero hasta ahora vienes a
saludar al rey...? —la dulzura en la voz de Haerin también se había desvanecido. —Y
no creas que tu tardanza en la reunión de la Mesa de Plata ha sido olvidada.

—Madre .... —Jungkook suspiró, cansado, y miró a Min Yoongi con pesar.

El príncipe Min mantuvo la mirada baja, aceptando la queja.

—Lo siento. —fue todo lo que dijo.

La consorte Jeon Haerin soltó aire por la nariz, resoplando. Cerró los ojos,
apretándose las sienes con los dedos, y decidió aceptar las disculpas del príncipe, ya
que había demasiada gente alrededor que podría escuchar aquella discusión.

Haerin entonces se volvió hacia Jeon Jungkook y, después de asentir, dijo:

—Mi hijo, discúlpame.

La consorte se apartó del trono y caminó hacia la escalera de la derecha, pasando al


lado de Min Yoongi. Antes de bajar los escalones, ella le dirigió una mirada aguda.

Aunque compartan la misma sangre y tú hayas llegado al mundo primero, él es tu rey.


Por milésima vez, ponte en tu lugar. —murmuró Haerin, y luego se dirigió al espacio
de baile.

En cuanto la consorte se distanció, Min Yoongi dejó salir el aire de sus pulmones y
mostró una sonrisa a Jeon Jungkook. El rey se levantó y se acercó a su hermano mayor
para ofrecerle una mano.

—No hace falta, aún puedo caminar muy bien, Jungkook. —Yoongi rechazó ela mano
del otro chico y caminó lentamente hasta sentarse cerca del trono.

—He perdido la cuenta de las veces que le he pedido que te deje en paz. —Jungkook
volvió a su trono y se hundió en él.

—No desperdicies tu aliento con eso. Sabes, a veces me gusta, porque Jeon Haerin es
una de las pocas personas que no me trata como el inválido que soy.

—No eres un inválido, sólo eres...

—¿Débil? ¿Enfermo? —se burló Yoongi con una carcajada. —Está bien, Lo acepté hace
mucho tiempo... Además, esta condición tiene sus ventajas. Nadie me pone de los
nervios porque esté involucrado románticamente con otro alfa.

El rey sonrió a su hermano.

—¿Cómo es acostarse con alguien tan excéntrico como el alquimista Jung?

—Bueno, ¿cómo puedo decirlo? Nunca es aburrido. —Yoongi se miró la mano derecha
y contempló un pequeño anillo de bronce que adornaba su dedo anular. —Él hace que
me sienta más vivo de lo que realmente estoy.

Los dos hermanos se sumieron en un silencio reflexivo durante unos minutos.

—¿Qué hay de ti, Jungkook? ¿Cómo es dormir con alguien tan excéntrico como Park
Jimin? —preguntó el príncipe. Lanzó una mirada llena de picardía a su hermano
menor.

La cara de Jungkook se sonrojó.

—No me acosté con él...

—Hmmm. —Yoongi se encogió de hombros. —Oí a tu madre hablar de la Ode Alfa.


¿Tienes la intención de llevar a Park Jimin a bailar?

—Bueno, sí, si él no se escapa. —Jungkook se rió para sí mismo.

—Por cierto, ¿dónde está? No lo vi cuando venía hacia aquí. —el príncipe levantó la
cabeza y entrecerró los ojos hacia el horizonte, buscando la figura de Park.

—También me gustaría saberlo. —susurró el joven rey, sintiéndose incómodo.

Todo el tiempo sus pensamientos fueron tomados por los recuerdos de esa tarde,
cuando Jimin y él se besaron sumergidos en la fuente de agua. Se sintió tan bien que
la sensación impregnó su cuerpo durante el resto del día, el olor de omega ahora
también se negaba a abandonar sus fosas nasales.

Jeon Jungkook temía, ahora más que nunca, la desaparición de ese chico.

—¡Mira! Por lo visto, apareció. —exclamó Min Yoongi de repente, llamando la atención
del rey inmediatamente.

Cuando Jungkook levantó la mirada para observar al otro extremo del salón, vio que
los sirvientes abrían las puertas y, a través de ellas, dos figuras entraban en el enorme
salón. La persona al frente era Choi Yoojung con su hermoso traje de gala azul. La
segunda persona era Park Jimin, que llevaba ropa de baile con los colores del clan
Jeon, una mezcla que, para profunda felicidad de Jeon Jungkook, le sentaba bastante
bien al chico.

Utilizando su aguda visión alfa, el rey escaneó al omega de pies a cabeza y jadeó en
silencio cuando obtuvo una de las imágenes más hermosas que había visto.

El lado izquierdo del pelo de Jimin estaba atado en pequeñas trenzas, y todos los
mechones sueltos estaban peinados para que cayeran en el lado derecho de su cabeza.
Llevaba pendientes de clip que sostenían cadenas de plata en la zona de las orejas, y
un collar de rubíes adornaba su cuello desnudo. El rostro de Park llevaba un sutil
maquillaje, que se había aplicado sólo para disimular su aspecto cansado y realzar su
belleza natural.

—Tengo que irme. —dijo Jungkook, sin apartar la vista del omega que estaba a metros
de distancia.

—Claro... Pero al menos trata de ocultar esa expresión tonta de tu cara, aún tienes una
imagen que mantener. —respondió el Príncipe Min mientras alcanzaba una copa de
vino que un sirviente había dejado junto a su asiento.

El joven rey resopló y se apresuró a bajar la escalera, sin revelar el éxtasis que hervía
en sus venas.

Al otro lado, Park Jimin jadeó al ver a tanta gente mirándole. El baile fue espléndido
para el chico, pero todo sería más fácil si no fuera el centro de atención en ese
momento. Intentó cantar suavemente unas líneas de Crazy Train, una de sus
canciones favoritas de Ozzy Osbourne, para relajarse mientras se abría paso entre la
multitud.

Jimin nunca había visto tanta gente bien vestida


en toda su vida, ni siquiera cuando veía los estrenos de grandes películas o los desfiles
de moda que a veces aparecían en la televisión de su casa. Además, otro detalle que le
obligaba a concentrarse más en lo que estaba haciendo era la absurda mezcla de
decenas y decenas de olores diferentes, desde perfumes y olores de comida hasta
feromonas de lobo. Los ahora sensibles sentidos de Park se volvieron locos.

—¡Señor! —Lu Keran surgió entre la multitud de gente, Jimin apenas lo reconoció sin
la toga roja que el sanador siempre llevaba. Esta vez para el baile, llevaba un largo
vestido negro que le llegaba hasta los tobillos, y unas botas oscuras bastante
sofisticadas. Su pelo rojo estaba recogido hacia atrás, resaltando su rostro ovalado y
sus ojos azules.

—Qué tal, Lu Keran. —saludó Park al otro chico, aliviado de encontrar a alguien
conocido en aquel enorme lugar.

—Está usted muy hermoso, señor.

—Gracias. La señorita Choi Yoojung me ayudó un poco con el cabe... ¡Auch!

Justo en ese momento, una niña pequeña chocó con Park Jimin, y con el impacto, los
dos cayeron al suelo juntos. El chico consiguió apoyarse con las manos antes de que se
produjeran lesiones, y la niña salió ilesa gracias al miriñaque de su vestido que recibió
todo el impacto de la caída.

—¡Jina! —El General Kim Namjoon apareció poco después, soltando aire por la nariz.
Llevaba un uniforme militar de gala, con escudos y medallas que decoraban la
pechera de su chaqueta de piel y seda gris.

Mientras Lu Keran ayudaba a Park Jimin a levantarse, Kim Namjoon levantaba a la


pequeña del suelo.

—Mira lo que has hecho con esa impulsividad tuya, Jina... —reprendió el general, con
aspecto cansado.

—Lo siento, papi. —la niña juntó las manos tras espalda e inclinó la cabeza,
sintiéndose culpable y avergonzada.

Entonces la pequeña Jina se volvió hacia Park Jimin y le saludó con una reverencia.

—Lo siento, señor. —dijo ella, manteniendo los ojos en el suelo.

—A-ah, está bien, haha.... Puedes estar tranquila, estoy bien. —Park sonrió y se
enderezó el cuello de la ropa. Luego asintió al hombre que estaba detrás de Jina. —
Hola, general Kim.

—Buenas noches, señor Park. —el semblante del general se veía más leve. —Siento
esta situación, mi hija, ella...

—¡Tío Lu! —Jina se lanzó rápidamente encima de Keran y lo abrazó. El sanador, entre
sonrisas, la sostuvo en su regazo y le devolvió el fuerte abrazo.

—Pequeña Jina, ¿¡cuánto tiempo sin verte!?

Keran parecía estar encantado con ese encuentro, haciendo girar en el aire a la niña.

—Ha pasado mucho tiempo. —los pequeños labios de Jina se curvaron hacia abajo de
forma triste. —Tío Lu, te he echado tanto de menos... Pero el Alquimista Jung me dijo
que estarías con papá, así que estaba menos triste...

—Oh-oh, ¿en serio? ¿Por qué? —Keran acunó a la niña en sus brazos, poniéndola en
una posición más cómoda para ambos.

—Porque entonces papá no se sentiría solo. Podrías abrazarlo, como yo siempre hago.
—la niña se hundió en el pecho del sanador. Al ser un hombre trans, la anatomía de Lu
Keran tenía pechos, y a la pequeña Kim Jina le encantaba acurrucarse allí, ya que le
recordaba inconscientemente a su difunta madre.

Mientras tanto, Keran y Namjoon intercambiaron miradas avergonzadas y tímidas. No


estaban seguros de cómo comportarse tras escuchar la respuesta de la niña. El
general era el que se sentía más desubicado en ese momento, ya que ver al sanador
sosteniendo a su querida hija con tanto cariño siempre le calentaba el pecho.

Al darse cuenta de la incómoda situación que se vivía, Park Jimin trató de llamar la
atención de su nuevo amigo con un carraspeo, sólo para aliviar la tensión.

—Entonces, Lu Keran... ¿Has conseguido terminar ese invento tuyo? —preguntó el


joven, recordando el artilugio que el sanador estaba construyendo esa mañana.

—¡Sí! —Los ojos de Keran se iluminaron rápidamente. —En cuanto empiece la Oda
Alfa, pondré en marcha mi máquina, y entonces verás una nube en el suelo, ¡lo
prometo!

—¿Oda alfa? ¿Qué es eso? —Jimin frunció el ceño, sin entender.

Antes de que pudiera escuchar la respuesta de Lu Keran, algo lo envolvió de repente.


Un calor discreto, un manto invisible, una presencia imponente. —La oda alfa es una
canción secular que se baila en una ceremonia. —una voz profunda pero suave
encontró los oídos de Park Jimin, congelandolo por completo.

El chico no necesitó mirar hacia atrás para saber que el dueño de esas palabras era
Jeon Jungkook, pues su aroma actuaba como un faro ardiente en medio de la
oscuridad oceánica.

En cuanto se percataron de la figura del rey de Adaman, la gente que estaba cerca se
inclinó profundamente. Park Jimin se dio la vuelta, de cara a él, y lo admiró en silencio
durante unos rápidos segundos.

Su Majestad estaba aún más guapo que de costumbre.

Había dejado a un lado su habitual ropa negra y ahora vestía un atuendo formal en
tonos rojo sangre. Su cabello, cortado con un estilo elegante, estaba peinado hacia
atrás, y sólo unos pocos mechones rebeldes caían hasta alcanzar la fuerte mandíbula
del rey.

—¿Un baile ceremonial? —Jimin trató de concentrarse en la información entregada


por Jungkook, tal vez entonces sus pensamientos más absurdos se dispersarían.

—Sí... En el pasado, la Oda Alfa se utilizaba en los rituales de boda. Según la tradición,
cada vez que se toca esta melodía, un alfa debe elegir a su omega y sacarlo a bailar. —
la explicación de Jeon sonaba más bien como un canto hipnótico.

Jimin parpadeó varias veces y respiró por la boca, para no recibir más de ese aroma
embriagador que recorría sus pulmones.

—Estás muy hermoso... Demasiado hermoso. —añadió el rey. —¿Bailarías conmigo?

—Yo-yo-yo... —ahora era como si toda la sangre del cuerpo de Jimin se le hubiera
subido a la cabeza. No sabía cómo responder a esa invitación, de hecho, en ese
momento, ni siquiera podía formar palabras o frases completas. Su pecho latía
demasiado rápido, Jimin no podía entender las actitudes de su propio cuerpo.

Fue entonces cuando la orquesta terminó la melodía que había estado tocando antes y
se detuvo un poco para comenzar la canción más esperada de la noche: la Oda Alfa.

Jeon Jungkook alcanzó la mano de Park Jimin y la entrelazó con la suya. Al momento
siguiente, condujo al muchacho al centro del salón, que ya se estaba vaciando de
invitados, pues al ver al rey con el omega, se dieron cuenta rápidamente de lo que
ocurría.

Era la primera vez que veían a Su Majestad sacar a un omega a bailar con esa música.
Un momento así debería ser admirado por todos los presentes.

—¿Qué debo hacer? No sé cómo bailar, Jungkook. —susurró Jimin, sin embargo,
completamente desesperado.

—El que más baila es el alfa. No te preocupes, sólo sigue mis palabras. —el joven rey
sonrió, amando ese momento. —A decir verdad, también es mi primera vez.

—¡¿Qué?! —la voz de Jimin sonó sorprendida, pero fue amortiguada por el sonido de
los instrumentos musicales que empezaron a ser tocados por la orquesta.

La Oda Alfa fue iniciada.

—Primero, una reverencia. —murmuró Jungkook con sus ojos fijos en los de Jimin. Los
dos se inclinaron al mismo tiempo, Park con su forma de actuar vacilante.

Entonces el rey puso su mano derecha sobre el hombro derecho del muchacho y se
acercó a él con una mirada intensa.

—Ahora, quédate quieto... —dijo Jungkook mientras giraba alrededor de Jimin, sin
quitarle la mano del hombro, haciendo que su aliento caliente recorriera el cabello del
chico, dejándolo aturdido.

Cuando terminó de darse la vuelta, el joven rey volvió a la misma posición que antes,
pero ahora su brazo pasó por detrás de la cabeza del otro chico.

—¿Y ahora? —preguntó Jimin, nervioso.

—Pon tu mano izquierda en mi mano derecha que está en tu hombro, y no la sueltes.


—explicó Jeon.

Park Jimin hizo lo que dijo Jungkook y unió las dos manos. Jeon entonces tiró de ellas,
haciendo que el otro chico girara de repente.

Con sus dedos aún entrelazados, Jungkook levantó la mano izquierda de Jimin con la
derecha y comenzaron a girar uno al lado del otro, con sus rostros enfrentados,
intercambiando las manos de vez en cuando.

Para entonces, el ritmo de la música se aceleraba. Otras parejas también se dirigieron


al centro del salón y comenzaron a bailar, llenando la pista con coreografías y
feromonas ardientes. El ambiente romántico y apasionado se mezcló con el
ligeramente agitado promovido por la música ceremonial. Debido a esto, y a la
confianza que transmitía Jeon Jungkook, Park Jimin comenzó a relajarse y se dejó
entretener con eso.

Al final de la canción, en su último paso de baile, Jungkook puso su mano en el brazo


izquierdo del chico y, con un giro, lo envolvió en un abrazo por detrás.

Todas las demás parejas también realizaron la coreografía, sin embargo, parecía que
el abrazo de Park y Jeon era el que más tiempo llevaba.

—Un detalle curioso de esta coreografía es el significado que conllevan algunos pasos
de baile. —el Rey murmuraba contra el oído de Jimin, con el chico aún en sus brazos.
—Este final, por ejemplo, simboliza la realización del vínculo entre un alfa y un omega.
El abrazo representa la fuerza de los dos cuerpos unidos y la imposibilidad de que
haya una separación.

—¿Ah, sí? —Park sonrió, nervioso, y se separó lentamente del abrazo.

Aunque estaban separados, seguían cogidos de la mano, delante de todos los sujetos
que les rodeaban. Jimin podía sentir las miradas en los rostros de cada una de esas
personas.

—Jungkook, tus súbditos están mirando... —susurró el chico, tragando con dificultad.

—Sabes... Realmente no me importa. Mi deseo es seguir tomandote de la mano un


tiempo más. —dijo el rey encogiéndose de hombros.

Por mucho que la idea complacía a Park Jimin, también lo hacía temer. Mucha
atención se centró en los dos, las expectativas eran altas, y muchos ya susurraban
sobre un futuro matrimonio de Su Majestad. Jimin no sabía qué pensar o qué sentir. A
decir verdad, sintió miedo.

Miedo al futuro, a las siguientes páginas de esa historia fantasiosa.

Fue entonces cuando un pequeño estruendo golpeó un lado de la sala, seguido de


exclamaciones. Ahora todas las miradas estaban puestas en esa esquina. Un olor a
quemado comenzó a flotar sobre las cabezas de todos y un humo gris se elevó hasta el
techo.

Resultó que algo había salido mal con el invento de Lu Keran, el sanador había
presionado tanto su artilugio que al final se rompió y explotó, lanzando sustancias y
trozos de su estructura por todas partes.
En dos tiempos, Jimin vio al General Kim Namjoon con Lu Keran en sus brazos. Por lo
que se pudo ver, algunos fragmentos metálicos habían atravesado el brazo del
sanador, empapando de sangre la bata del joven.

El general adaniano sacó rápidamente a Keran del salón y lo acomodó sobre su fuerte
pecho, dándole su hombro para que el muchacho apoyara la cabeza en él y
descansara, pues le dolía mucho.

—No... —Jimin murmuró, preocupado.

Pero, para alivio de varios invitados, Jung Hoseok, que hasta ese momento había
estado bailando solo con un vaso de ron, dio la bebida a uno de los sirvientes que
andaban por allí y se apresuró a seguir al general Kim y Lu Keran.

—No se preocupen, ¡me encargaré de ello! ¡Continúen con los festejos! Disculpe, Su
Majestad. —el alquimista se inclinó rápidamente ante Jeon Jungkook y desapareció
por la puerta.

—Espero que el discípulo del alquimista Jung esté bien. —Jungkook habló, volviéndose
hacia Jimin. —Prométeme que el regalo que has preparado para mí no es peligroso...

—B-bueno... —Los fuegos artificiales pueden ser muy peligrosos, Jimin no se atrevió a
decir la verdad en voz alta, pero rápidamente olvidó ese detalle cuando surgió otro
más importante: —¡Tu regalo! Casi lo olvido, Dios... Jungkook, tengo que ir a
prepararlo.

—Espera un momento. Déjame acompañarte a buscarlo juntos. —el rey no quería


perder de vista al chico.

—No es necesario, Jungkook. No se puede tocar, sabes.... Hmmm. —el chico pensó por
un momento, hasta que se le ocurrió una buena idea. —Ven conmigo...

Los dos salieron del salón y recorrieron el pasillo exterior hasta acercarse a dos
grandes ventanales que daban a uno de los jardines del palacio.

—Quiero que te pongas aquí y mires al cielo. —le dijo Park al rey, con las dos manos
sobre sus hombros.

—¿Qué vas a hacer? —Los labios de Jungkook se curvaron, saboreando un acertijo.

—Mira al cielo, ¿vale? Si funciona, verás tu regalo. —Jimin empezó a alejarse del otro
joven. Sin embargo, antes de que pudiera girar para ir al lugar donde había dejado
preparados los fuegos artificiales, fue agarrado de la mano por Jeon Jungkook.

—Para negociar con un rey, primero hay que darle alguna garantía.

—¿Qué quieres decir?

Park fue entonces arrastrado contra muro por el monarca. Después, antes de que
apenas pudiera recuperar el aliento, los labios del chico fueron besados con un ardor
sensual lleno de deseo. En medio de un pasillo oscuro y vacío, esa escena podría
parecerse a la imagen de dos amantes prohibidos saboreándose a escondidas.

A Jeon Jungkook le costó un poco de fuerza entrar en razón, pues perderla al lado de
aquel omega se estaba volviendo extremadamente fácil con el paso de los días.

—Esa fue la garantía. —el joven rey murmuró contra los labios de Jimin y lo soltó a
regañadientes.

El chico, todavía aturdido, se apartó de Jungkook y se alejó de él, mirando hacia atrás
de vez en cuando mientras intentaba controlar todas las chispas de agitación que
corrían por su torrente sanguíneo. Las palpitaciones de su corazón sonaban como
tambores en sus chamuscados oídos, y comenzaron a hacerse más intensas al llegar a
una de las torres del palacio donde había dejado los fuegos artificiales.
—Listo... Sin nubes de lluvia, sin nada en el camino. Va a ser genial. —señaló el chico
con una sonrisa tras comprobar rápidamente el cielo.

Con una antorcha en la mano, encendió la mecha del explosivo y se alejó rápidamente,
buscando refugio.

Sentado en el alféizar de la ventana, Park Jimin esperaba ansiosamente la primera


explosión.

Por favor, por favor, por favor, por favor. Rezaba el chico en sus pensamientos.

Entonces, sus ojos se abrieron de par en par cuando las primeras luces en forma de
flor surcaron el cielo. Las explosiones en rojo, blanco y, sobre todo, gris se apoderaron
de la noche de luna de Jeon Jungkook de la forma más increíble e impresionante
posible.

Los guardias que custodiaban los muros del palacio estaban impresionados. Los
nobles y otros invitados al baile miraron por las ventanas y suspiraron ante la mágica
escena. Pero entre todas las reacciones a los fuegos artificiales, Park Jimin sólo quería
ver la de una sola persona.

Así que se apresuró a volver al pasillo donde había dejado a Jeon Jungkook solo. Jimin
ni siquiera pensó en contener una sonrisa mientras bajaba a toda prisa las escaleras y
recorría las enormes salas del castillo a la velocidad del rayo.

Ahora sólo faltaba una esquina para que el chico finalmente viera la cara de Jungkook.

¿Estará sonriendo?

¿Le gustó el regalo?

¿Le brillarán los ojos?

Estos pensamientos rondaban en su mente y lo llenaban de adrenalina y ansiedad.

Pero en cuanto dobló el pie en esa bendita esquina, todo ese éxtasis se rompió en un
millón de fragmentos.

Primero, Park Jimin sintió un fuerte olor a omega. No era un olor normal el que
captaba, por ejemplo, al acercarse a Lu Keran. Muy al contrario, aquella densa brisa
era más bien un aguacero catastrófico que sacudía todo lo que se cruzaba en su
camino. Fue deliciosamente hipnotizante. Si fuera veneno, habría matado a Jimin de
un solo aliento.

Entonces el chico vio a dos personas donde debería haber sólo una. Jeon Jungkook
estaba allí, como se esperaba: sin embargo, para profundo tormento de Jimin, estaba
abrazando ferozmente a otro joven extremadamente guapo que llevaba los colores
azules del clan Choi.

Choi Ren se encontró envuelto en los brazos del rey de Adaman y mostró una sonrisa
ebria en su perfecto rostro de porcelana. Los charcos de sus iris brillaron como una
bestia llena de libido, y se aferró a Jungkook con la misma fiereza que su mirada.

Lo peor de todo para Jimin no fue ver a ese miembro del clan Choi abrazando a Jeon,
fue ver que Jeon ni siquiera intentó apartarlo. Ni siquiera con un fuerte empuje. En su
lugar, el rey parecía bastante envuelto en el cuello de Choi Ren

Tras tragar aire varias veces hasta sentir que se le secaba la boca, el pobre Park se
alejó de aquel lugar y decidió volver a sus aposentos en silencio, únicamente bajo el
sonido de los fuegos artificiales que aún estallaban magníficamente en el cielo de
Adwan.

A mitad de camino, vio el patio que Jeon Jungkook le había mostrado esa tarde y se
dirigió a él.
Al acercarse a la fuente, el chico miró su reflejo y se echó a reír.

—Eres patético. —se dijo Jimin mientras agitaba el dedo en el agua. —Estás en un
libro y ni siquiera eres el protagonista. ¿Qué esperabas? Amor eterno... —intensificó
las ondas y soltó otra carcajada. Esta vez, en lugar de autocompasión, llevaba
implícita la tristeza: —¡esperabas quedarte junto a él! ¿Con un personaje del libro?
¿¡Eres estúpido!?

Entonces, Jimin levantó entonces una mano para hundirla en su reflejo y desgarrarlo
en la superficie del líquido. Pero antes de hundirla, un jadeo ahogado salió de su boca
y luego una lágrima mojó su mejilla. El chico se sentó entonces en un banco cercano y,
abrazándose a sus piernas dobladas, lloró suavemente.

—Quiero ir a casa, por favor... —murmuró Jimin, moqueando, deseando que le


escuchara alguna entidad responsable de los sucesos del libro maldito de su hermana
menor.

Pero, para su desgracia, de nuevo no se dio ninguna respuesta milagrosa. Park Jimin
se encontró en una situación extremadamente solitaria, sin la presencia de nadie a su
alrededor.

O al menos eso es lo que pensó al principio.

De repente, un fuerte aroma procedente del fondo del patio, tras los árboles y
arbustos del exterior, le atravesó las fosas nasales y le envolvió como una cálida
sábana invisible. Era una mezcla de almizcle y vainilla, en una dulzura profunda y
extraña, pero bastante agradable.

Park Jimin respiró profundamente ese aroma y, sin darse cuenta, su visión comenzó a
nublarse. Su cuerpo se fue calentando poco a poco, excitándose ardientemente. Este
calor, provocado por las rápidas palpitaciones de su corazón ebrio, hizo que su piel
estuviera tan caliente como un horno y tan roja como una rosa cubierta de sangre.
Finalmente, su mente también perdió el compás, acelerando el giro como un animal
enloquecido.

El chico perdió el conocimiento en ese instante. Su cuerpo se movió por sí solo, siendo
guiado por el olor hasta la parte más profunda y oscura de aquel lugar Caminando
como un zombi, Jimin cruzó el borde del patio y se adentró en los arbustos, caminando
con pies tambaleantes e inseguros hasta llegar a la fuente del olor: un alfa
desconocido.

El chico se detuvo un momento, analizando ebriamente a aquel extraño individuo que


se encontraba a unos metros de él. El hombre era alto y fuerte, y para los ojos
embrujados de Jimin, parecía bastante guapo.

Por ello, Park se adelantó sin dudar, acercándose al alfa a instancias de sus instintos
más primarios.

Pero algo parecía estar mal. Muy mal. Incluso perdido en sus pensamientos distraídos,
tenía la sensación de que esta situación no era la correcta. Ese macho alfa no parecía
estar... bien. Además, en lo más profundo de sus entrañas, una voz retumbante le
gritaba a Jimin, advirtiéndole de algún peligro.

¿Pero qué peligro? No podría haber ninguno... Todo estaba completamente bien. Ese
alfa le sonreía tan dulcemente.

Así que Park Jimin caminó con paso ligero hasta situarse ante el desconocido sin
ninguna duda ni temor, esperando que aquel hombre le diera lo que sus feromonas
prometían dar: afecto y placer eterno.

Sin embargo, en cuanto estuvo lo suficientemente cerca de él, el alfa levantó su mano
derecha con la rapidez de un parpadeo y agarró sin piedad el cuello de Jimin,
levantándolo del suelo en seguida.
El chico necesitó un segundo para disipar la niebla que se cernía sobre su razón, antes
de poder darse cuenta de lo que realmente estaba sucediendo.

El velo de belleza que cubría aquel alfa parpadeó y desapareció, revelando su


verdadero y aterrador rostro. Era espantoso, con un rostro lobuno y un cuerpo
humano muy deformado, lleno de venas hinchadas y pelo heterogéneo, y dientes
afilados que se retorcían en distintas direcciones. Una criatura verdaderamente
monstruosa que petrificó hasta el último pelo de la cabeza de Park Jimin.

¿Así es como voy a morir en este lugar...? Pensó el chico, aterrorizado, mientras era
estrangulado por la mano de aquel demonio canino.

Las venas de la frente de Jeon Jungkook se abultaron mientras intentaba, por tercera
o cuarta vez, despertar de ese ensueño hipnótico provocado por las feromonas del
omega Choi Ren.

El joven rey no estaba acostumbrado a tratar con olores omega, y menos aún con los
procedentes de omegas en celo, como parecía ser el caso; pues creció sin ninguna
experiencia en el tema. Además, por lo que informaban otros alfas, escapar de una
situación así era una de las cosas más difíciles de hacer.

No era una simple cuestión de "no querer" o "querer", pues implicaba algo mucho más
profundo e instintivo que la razón. Pero la conciencia de Jungkook quiso hablar más
fuerte en ese instante, aunque, al hacerlo, todo el cuerpo del chico se quejara de
dolor.

Su última opción para recuperar sus sentidos fue visualizar el rostro de un omega en
particular que tenía una cara ovalada y suave y unos labios carnosos con forma de
melocotón maduro. Con un sentimiento interno de culpa y vergüenza, Jungkook
transmitió esa imagen a su lobo interior y trató de convencerlo de que debía esperar
el aroma, los labios y el cuerpo de Park Jimin.

El tormento se hizo poco a poco manejable; y en un ataque de rabia, el monarca


empujó a Choi Ren con tanta fuerza que el omega cayó al suelo a unos metros de
distancia, completamente aturdido.

—Ma-majestad.... —tartamudeó el miembro del clan Choi Ren, casi gimiendo.

—Cómo osas... ¿Intentas seducirme con tu celo? —dijo Jungkook con los dientes
apretados, usando una mano para cubrirse la nariz.

—Mi-mi rey, yo sólo... Lo deseo mucho....

Ren intentó levantarse del suelo, pero sus propias feromonas lo estaban debilitando,
domando su cuerpo hasta el punto de hacerle actuar como alguien que se hubiera
dopado con afrodisíacos. —Por favor, hagame suyo y márcame... Por favor...

El olor a omega parecía ser cada vez más fuerte. Jeon Jungkook luchó contra sus
impulsos internos para conseguir darse la vuelta y alejarse de Choi Ren, hasta que
consiguió una distancia suficiente para recuperar el control total de su mente.

Cuando por fin pudo respirar hondo y recomponerse, se apoyó en una de las ventanas
y se puso una mano en la frente sudorosa.

—Dioses... —murmuró Jungkook, nervioso. No había pasado por eso en su vida, así
que se sintió responsable de lo ocurrido y de su propio descontrol, fruto de la
inexperiencia.

La forma en que Choi Ren se acercó al joven monarca justo después de que Park Jimin
lo dejara solo, fue rápida y sin previo aviso, y nubloó su mente por completo. Por lo
tanto, Jeon Jungkook no pudo ver el momento en que el cielo comenzó a ser cubierto
por innumerables explosiones brillantes.

Sin embargo, ahora que estaba libre, el chico parpadeó al notar los sonidos explosivos
que venían del cielo. Luego volvió la vista hacia arriba y observó el brillante paisaje
que cubría el palacio de Adwan.

—¿Jimin...? —Jungkook sonrió como un tonto, sintiendo que su pecho era abrazado por
un calor placentero tras darse cuenta de que aquellas maravillosas luces eran su
regalo.

Tras la contemplación, su primer pensamiento fue encontrar a Park lo antes posible.


¿Dónde podría estar? Tal vez en una torre alta, disparando esos coloridos explosivos; o
tal vez en uno de los jardines cercanos, ya que era un lugar abierto. Jeon Jungkook
quería encontrar a Jimin y decirle que era el mejor regalo que había recibido en su
vida.

Pero este sentimiento de alegría que le consumía se topó de repente con una
sensación persistente y palpitante en el punto más inconsciente y profundo de su
núcleo. El lobo interior del monarca se levantó, alerta, olfateando algo sospechoso en
el aire y en su corazón.

Park Jimin... ¿Dónde está Park Jimin? Si antes esta pregunta se arremolinaba en los
pensamientos de Jeon Jungkook de forma romántica y feliz, ahora echaba raíces como
una hierba venenosa, infundiendo un malestar alarmante.

El joven rey no podía entender por qué, pero intuía que algo le había pasado a Park
Jimin. Algo malo y peligroso. Así que en ese instante, Jeon se dejó guiar por sus
instintos. El lobo en su interior aulló, absorbiendo fuerzas y preparándose para lo
desconocido.

Tiempo después, el rey de Adaman corría por los pasillos del palacio, con una espada
en la cintura y los ojos rojos como rubíes.

Cuanto más avanzaba Jeon Jungkook, más fuerte se volvía la sensación de pulsación,
como el olor de una presa al acercarse a ella.

En cuanto divisó el patio de sus madres, desenvainó la espada y enseñó los dientes, ya
enfadado por el fuerte olor a alfa que empezaba a contaminar el aire de aquel espacio
del castillo.

Por favor, que estés bien... ¡Park Jimin, por favor...!

Aunque podía sentir en el fondo de su pecho que Jimin seguía vivo, esa sensación era
incierta y bastante débil. La inconstancia provocó en el rey una agonía que se mezcló
con la ira que empezaba a controlar todos sus movimientos.

Después de cruzar el patio, Jungkook logró captar el olor del Omega. Seguía
pareciendo fuerte y llamativo, como siempre, para alivio del monarca. Esto le dio
mayor impulso para seguir corriendo hacia la fuente de su malestar.

Entonces, tan pronto como vio al terrorífico monstruo con una mano en el cuello de
Park Jimin, levantándolo en el aire como un pájaro abatido, Jeon Jungkook no dudó en
levantar su espada y cortar el maldito brazo de la criatura.

Entonces, usando una velocidad y fuerza que nunca pensó que tendría, tomó a Jimin
en sus brazos de un solo tirón y se alejó corriendo de la bestia, buscando un lugar
seguro donde pudiera dejar al otro chico

—¿Ju-Jungkook? ¿N-no estoy m-muerto...? -la voz de Jimin salió rasposa, ya que sus
cuerdas vocales se lesionaron durante el estrangulamiento.

—Nunca te dejaré morir. Jamás. —la voz deJungkook temblaba de ira y desesperación
contenida.
Dejó al joven en uno de los bancos de hormigón del patio y apoyó su frente contra la
del otro. Ambos respiraron profundamente, absorbiendo el aroma del otro y calmando
así el palpitar de sus corazones.

Pero un aullido bestial resonó detrás de los árboles, despertando a Jeon para el
combate que se avecinaba.

Con sus ojos aún brillando en rojo, apretó la empuñadura de su espada y se preparó
para acabar con la bestia. La rabia que estalló en su cuerpo parecía tener la capacidad
de crear llamas y arder en una enorme hoguera durante toda una noche de invierno.
Jungkook usaría ese infierno que corría por sus venas para matar a lo que fuese esa
bestia.

En el momento en que el joven monarca levantó su espada, el monstruo salió de


detrás de los arbustos con un salto. Jungkook actuó con rapidez y utilizó la hoja de su
arma como escudo, para barrer el puñado de uñas puntiagudas que aún tenía la
bestia. Luego saltó para esquivar un golpe en las piernas y se inclinó hacia atrás,
evitando ser tragado por los colmillos filosos de su oponente.

Jeon Jungkook giró y giró una vez más, atravesando al alfa bestial en su torax lleno de
costillas salidas, y bolsas de sangre putrefacta que se rompían con un simple toque. La
criatura rugió de dolor y atacó una vez más. Incluso sin un brazo, se las arregló para
ser extremadamente fuerte, y todas sus garras y colmillos le ayudaron a atacar de
manera mortal.

Frustrado tras ser herido varias veces, la bestia se dirigió hacia el rey a una velocidad
absurda, tan rápida que Park Jimin, aún tumbado en el banco de cemento, apenas
pudo ver el momento del ataque. Sin embargo, Jungkook se anticipó a ese movimiento,
pero no pudo evitar del todo que las garras del monstruo le atravesaran el brazo y
rompieran la hoja de su espada.

El joven rey retrocedió unos pasos, escapando de la zona de peligro durante unos
segundos. Gruñó al ver el lamentable estado de su hombro y optó por rasgar la manga
de su camisa para contener la sangre de la herida con el trozo de tela.

Después de anudar la parte superior de su brazo, Jeon Jungkook miró la espada rota y
decidió usarla como daga. Ahora se enfrentaría a la bestia en un cuerpo a cuerpo un
poco más arriesgado, ya que requeriría un acercamiento para herirla.

—¿Qué eres? —preguntó el rey al deforme alfa, pero la criatura no parecía ser capaz
de razonar o formar palabras, ya que no reaccionaba a las del joven que tenía delante.

En cambio, le ignoró y se volvió hacia Park Jimin, que estaba tumbado en un banco. De
la boca de la bestia goteaba saliva oscura y sebo pegajoso, como un perro hambriento
ante un jugoso trozo de carne.

Esta pequeña reacción provocó la ira de Jeon Jungkook a niveles colosales.

—¡Morirás por mi mano! —el rey avanzó rápidamente contra la bestia y le clavó la
daga en la espalda. Cuando se giró para defenderse, tiró de la hoja hacia abajo con un
movimiento circular que cortó todos los músculos y huesos de esa zona, haciendo que
la sangre oscura goteara por el suelo del patio.

Todavía invadido por la adrenalina, Jungkook esquivó uno de los golpes de la criatura
y saltó para atravesar su cabeza. Por desgracia, no pudo ser tan rápido como su
oponente, ya que éste se echó hacia atrás en el último segundo, recibiendo la daga
sólo en el centro de la mandíbula.

Pero ni siquiera esa cuchilla que atravesó tan fatalmente la cabeza del monstruo alfa
fue suficiente para matarlo. Y debido a eso, Jeon Jungkook fue finalmente tomado por
sorpresa, ya que se imaginó que esa bestia estaría al menos aturdida.

Sin embargo, siguió siendo ágil y fuerte. Entonces, antes de que se diera cuenta de
nada, el rey de Adaman tenía el estómago atravesado por sus garras.

Entonces fue arrojado por la criatura, cayendo de bruces sobre el suelo de piedra del
patio.

—¡N-no! —La voz de Jimin falló al gritar. Jadeó, sintiendo una gran dificultad para
respirar a causa de su cuello herido.

Sin embargo, incluso sin la oxigenación necesaria, el chico se levantó del banco y
corrió hacia el monarca tan rápido como pudo. Sintió que los ojos del monstruo le
seguían con curiosidad y hambre, y entonces tuvo la absurda idea de quitarse la
chaqueta y lanzársela al depredador. Tal vez el olor de omega en su ropa lo distraería
por unos momentos.

Para su absoluto alivio, la hipótesis no tardó en resultar real, ya que aquel alfa
comenzó a mirar la prenda como si estuviera completamente entumecido.

—Jung... kook... —Jimin se esforzó por murmurar en cuanto se acercó a Jeon. El simple
gesto de abrir y cerrar la boca le exigía mucho. —Tenemos...que... salir...de... aquí.

—No p-puedo. —el rey tartamudeó, viendo las estrellas. Tenía una hemorragia. Con
cada segundo que pasaba, se perdían varios mililitros de sangre de su cuerpo. —T-tu
puedes c-correr. H-huye, Jimin.

—¿Qué es lo que... ¿Estás diciendo...? ¡Eso no tiene... sentido...? —entonces las


lágrimas nublaron la visión de Park y su garganta comenzó a palpitar con más fuerza,
pero ignoró el dolor: —Tu...no... d-deberías... estar... aquí.

—¡¿E-esperabas que te dejara morir?! E-estás loco, co-completamente loco... —La cara
de Jungkook estaba cada vez más pálida, sus labios ya tenían el color del papel.

—N-No sé... —tartamudeó Jimin en voz baja, temblando. —¡Tiene más sentido... para
la historia... que yo muera, y no tú...! Tienes que... ¡tienes que ser fuerte!

Tras escuchar al chico, Jeon cerró los ojos y le agarró la mano con todas las fuerzas
que le quedaban. E incluso así, Park apenas sintió la presión del tacto.

—¿Historia? Nada de esoo tiene s-sentido, Jimin. —el rey habló, sus ojos perdiendo
brillo. —Tengo u-una sensación. S-siento que puedo ser... Argh... Que puedo ser m-nás
fuerte contigo... Contigo c-cerca...

Justo cuando terminó de decir la última palabra, la mano de Jungkook sobre la del otro
chico se debilitó por completo y cayó inerte. Park Jimin lo miró fijamente, y luego miró
la cara del monarca. Todo rastro de luz y calor que lo había coloreado se había
convertido en cenizas fúnebres.

Entonces, Jimin giró la cara para ver al bestial alfa y se dio cuenta de que ya no sentía
ningún interés por la chaqueta que se había ganado. El olor que desprendía ya no era
lo suficientemente fuerte como para mantenerlo alejado.

Se acabó. Esto sólo puede ser el final... pensó el chico, paralizado como una estatua.

Todos los sentimientos que, hasta ese momento, le habían golpeado con la fuerza de
un maremoto, se encontraban ahora fríos y petrificados dentro de su pecho marchito.
Era como si su cuerpo estuviera bajo el efecto de fuertes anestésicos. Park Jimin lo vio
todo a cámara lenta, cansado y totalmente triste, sin ninguna chispa de esperanza que
lo calentara.

Luego se acostó sobre el pecho inmóvil de Jeon Jungkook y lo abrazó.

—Mentiroso... Estoy aquí... a-a tu lado... Y tú no estás fuerte. —murmuró Jimin, sus
lágrimas humedecieron la camisa del joven rey.

Pasó un segundo y fue como experimentar una hora entera de tormento. Park Jimin,
todavía tumbado y absorbiendo los últimos residuos de calor de la piel de Jeon
Jungkook, parpadeó lentamente.

Tras el primer parpadeo, visualizó la aproximación de la monstruosa criatura.

Después del segundo, se encontró con una luz pálida a pocos centímetros.

Jimin no cerró los ojos esta vez. Los amplió, sorprendido por lo que vio.

La luz tenía en realidad la forma de un lobo de tamaño medio con cuernos en la parte
superior de su cabeza. Era una criatura hermosa y mística. Por un instante Park pensó
que estaba delirando.

Sin embargo, ese lobo era real, y se acercó a los dos chicos que estaban tirados en el
suelo. Jimin notó que el tiempo parecía haberse detenido en ese segundo, pues al otro
lado, la bestia alfa caminaba a cámara lenta.

El chico también se fijó en otro detalle surrealista: las hierbas y las flores brotaban
donde pisaban las patas del lobo plateado con cuernos. Era como si la naturaleza lo
reconociera como parte de ella, o quizás como algo que le pertenecía.

En cuanto se situó ante Jimin y Jungkook, la brillante entidad se encaró con este
último muchacho y apoyó su frente contra la suya, rozando con su pelaje la pálida piel
del joven monarca.

—Tú... eres... el Omega de plata... ¿v-verdad? Por favor, sálvalo. —suplicó Jimin,
forzando su garganta.

La entidad entonces lo miró fijamente con sus ojos carmesí. El chico quedó inmerso en
esa fantástica mirada que parecía decir mil cosas a la vez. Lentamente, su corazón
comenzó a latir con fuerza de nuevo, y la frialdad de su interior se derritió, creando un
mar de calor.

Jimin miró a Jungkook y se dio cuenta de que al otro joven le pasaba lo mismo. El color
volvió a sus mejillas, la herida de su estómago se cerró y un soplo de vida salió de sus
fosas nasales. Estaba vivo. Jeon Jungkook viviría.

Y no sólo eso. En cuanto el Omega de Plata desapareció, el rey abrió los ojos de
repente. Sus iris eran ahora dos infiernos rojos, cuyo fuego ardía en su piel. Jeon
Jungkook se sintió vigorizado, como si hubiera renacido. Algo había cambiado bajo la
capa más profunda de su existencia.

—Jung... Kook. —murmuró Park con el corazón saltando en su pecho.

El rey miró al chico y le acarició la cara, sin decir nada. Luego se volvió para mirar al
bestial alfa y frunció el ceño, con el semblante cargado de fría ira. Jeon Jungkook se
levantó rápidamente del suelo y se puso de pie con la espalda erguida y los puños
cerrados.

Jimin sintió que su cuerpo se llenaba de las feromonas del rey alfa, ya que parecían
ser mucho más densas e intimidantes que de costumbre. El chico casi pudo visualizar
una cortina de fuego envolviendo a Jeon, mientras el aire a su alrededor brillaba.

Al otro lado, la bestia rugió, abriendo una boca llena de dientes puntiagudos. Avanzó a
la velocidad del rayo, sintiéndose provocado por la presencia de Jeon Jungkook. En
consecuencia, el rey de Adaman saltó hacia ella en el mismo segundo.

Park Jimin tragó en seco, aterrado, pensando que Jungkook se defendería con las
manos vacías. No había esperado que durante el salto, en el aire, el joven monarca se
transformara en una inmensa bestia lobuna tan grande como su oponente. Jeon
Jungkook finalmente había alcanzado la cúspide de un alfa. Ahora, en su forma de
lobo, con el pelo negro como la noche y los ojos escarlatas como rubíes ardientes,
parecía imbatible.
Las ágiles patas del rey alfa alcanzaron la yugular de la bestia y rebanaron esa región
con sus garras tan afiladas como hojas de acero. El enemigo se debilitó, saltando hacia
atrás, y aulló de rabia.

Entonces el monstruo volvió a atacar, esta vez más receloso del monarca, e intentó
usar sus dientes para engullir una de sus patas.

Jeon Jungkook lo esquivó hábilmente, aprovechando el salto para golpear la cabeza de


la criatura con una patada. El golpe fue tan fuerte que lanzó a la criatura a lo alto
hasta casi noquearla y hacerla caer en giros secuenciales.

No satisfecho, el monarca ni siquiera esperó a que la bestia dejara de girar en el suelo


antes de correr hacia ella y herirle todo el cuerpo en una escena brutal y estomagante.
La sangre podrida estaba salpicada por todas partes, manchando la pureza del patio; y
las dos patas de la criatura -mitad humana, mitad lobuna- también estaban
destrozadas por los mortíferos caninos de Jeon Jungkook.

Viendo que iba a perder esa pelea, el monstruo trató de arrastrarse, gruñendo como
un cachorro herido, pero el rey alfa no quiso dejarlo escapar. Así que inició una
persecución.

Park Jimin apenas podía seguir el ritmo mientras la pelea se dirigía fuera del patio.
Los dos lobos salieron corriendo por el jardín hasta llegar a la fachada del castillo. En
ese momento, volvieron a intercambiar poderosos golpes con sus garras y caninos. El
movimiento, los aullidos y los ladridos furiosos llamaron la atención de los soldados de
palacio y de los invitados al baile que deambulaban por allí. Debido a esto, los festejos
se interrumpieron rápidamente.

Entre todos los espectadores de la escena de la pelea, sólo Park Jimin entendió lo que
estaba pasando.

Los dos alfas siguieron arañándose e intercambiando potentes golpes, ignorando a las
decenas de espectadores que observaban aterrorizados el choque. Con cada nuevo
ataque, la bestia deforme parecía más debilitada, y sus golpes perdían intensidad.

Entonces decidió escapar, ya que su última oportunidad de vida dependía únicamente


de esta opción. Tras concentrar todas sus últimas fuerzas en un puñetazo que aturdió
los sentidos del rey, corrió a toda velocidad fuera del perímetro del palacio, ignorando
sus músculos rotos, pisando con sus tendones destrozados.

—¡AVISA A LOS GUARDIAS DEL MURO. NO DEJEN QUE ESCAPE LA CRIATURA!—la


voz lobuna de Jeon Jungkook cortó el cielo como un trueno. Los soldados del castillo se
postraron inmediatamente, reconociendo a su rey, y se pusieron a obedecer la orden.

La horrible bestia atravesó las callejuelas de Adwan a una velocidad anormal,


atropellando y matando a cualquier individuo que se cruzara en su camino hacia la
salida de la capital.

La sangre brotó de su cuerpo, formando una alfombra oscura y fétida por donde pasó.

Por encima del muro, sonaron trompetas y campanas. Los soldados alfa y omega que
estaban en lo alto de la gran muralla se convirtieron en lobos y se prepararon para
atacar.

Miraron la oscuridad bajo sus pies y tragaron con fuerza, pues aunque podían sentir el
fuerte olor a almizcle de la bestia apropiándose de sus fosas nasales, sus ojos no
podían captar más que el tono profundo.

Fue entonces cuando la figura de la bestia apareció ante ellos y destrozó, con un poco
de dificultad, a los primeros soldados que intentaron detenerla.

Esa bestia, ya actuando de una manera completamente demente y desesperada, saltó


del muro y cayó decenas de metros hasta llegar al río que rodeaba la capital, donde
desapareció con la fuerza de la corriente.

De vuelta al palacio, la multitud de invitados y guardias reales observaban en silencio


al gran lobo negro en medio del jardín, y él les devolvía la mirada, recuperando el
aliento tras haberlo perdido en la última pelea.

Park Jimin, un poco vacilante, se acercó al alfa. Por algún milagro, sus piernas
temblorosas lo alcanzaron antes de que tropezara con sus propios talones.

—Ju-Jungkook. —murmuró el chico, con la garganta palpitante.

El lobo miró fijamente a Jimin con sus enormes ojos rojos y rozó con su negro hocico el
cuello magullado del chico. Tras un gruñido bajo, comenzó a transformarse, perdiendo
su cuerpo cuadrúpedo y ganando una anatomía humana.

En cuanto vieron la figura de Su Majestad, los invitados que observaban el momento


murmuraron y soltaron varias exclamaciones de sorpresa.

Ahora sin pelo, Jeon Jungkook mostraba un cuerpo lleno de cortes y moratones, pero
nada tan grave como la lesión que antes casi le había quitado la vida.

La sangre oscura de la bestia brillaba en sus ropas. Su rostro despejado estaba sucio y
tenía pequeños arañazos en un lado de la mejilla. Su pelo caía delante de sus ojos,
desordenado y mojado por el sudor. Pero incluso en ese estado, el joven monarca
seguía siendo uno de los hombres más guapos que Park Jimin había visto en su vida.

—Estás herido. —afirmó Jungkook, apretando los dientes y mirando los moretones en
el cuello de Jimin.

—... Y tú... moriste... por un segundo. —Park esbozó una débil sonrisa. —Si el O-omega
de plata no hubiera... aparecido... Oh.

El chico dejó de hablar de repente cuando, un poco detrás de Jeon Jungkook,


reapareció el lobo plateado con cuernos, emanando el mismo brillo y poder que antes.

La visión de él fue alucinante para todos los espectadores. La multitud no tardó en


arrodillarse e inclinar sus cuerpos ante la entidad divina. Algunos lloraron de emoción
al ser testigos de la realización de una antigua leyenda. Otros se quedaron paralizados
y perplejos, admirando a la sagrada criatura que era aún más hermosa de lo que
decían las escrituras.

Después de encarar al Omega de Plata, lo primero que hizo Jeon Jungkook fue tomar
la mano de Park jimin con mucha fuerza.

Con ese gesto, el monarca mostró la decisión que ya había tomado en su corazón. No
iba a obedecer lo que estaba escrito en las tablas del árbol sagrado. No iba a
involucrarse con el Omega de Plata en un matrimonio. El único omega con el que
Jungkook se casaría sería Park Jimin, y eso sería todo.

Park Jimin no supo cómo reaccionar ante esa actitud del rey, y tragó en seco cuando
notó que el Omega de Plata miraba fijamente su mano unida a la del rey con una
intensidad misteriosa

—G-gracias... Por ayudarnos... —intentó decir el chico a la entidad.

El Omega de Plata parpadeó entonces, girando sus ojos para observar sólo a Park
Jimin, y comenzó a acercarse a él a una velocidad creciente.

Jimin dio un paso atrás, temiendo a la criatura mística, y Jungkook frunció el ceño,
preparándose para otra pelea si era necesario.

Pero lo que ocurrió a continuación dejó a todos absolutamente sorprendidos.

La figura del lobo sagrado se transformó en luz pura, y esa luz entró en el cuerpo de
Park Jimin y lo cubrió como una segunda piel, que moldeó un par de cuernos de ciervo
sobre su cabeza.

Cuando el brillo cesó, Jimin sintió que su visión se volvía borrosa y los sonidos a su
alrededor comenzaron a distanciarse y Jeon Jungkook sostuvo rápidamente el cuerpo
del chico antes de que cayera al suelo.

—Lo sabía. Fuiste tú todo el tiempo. —dijo el monarca apenas conteniendo su enorme
sonrisa. —Tú eres mi Omega de Plata, Park Jimin.

En ese instante, con su mente girando en un torbellino de pensamientos, Park Jimin


sólo pudo pensar en el hecho de que había perdido la cuenta de cuántas veces se
había desmayado desde el momento en que puso un pie en ese extraño y loco mundo.

Aquí les dejo un fanart de cómo son los lobos. Después les enseño cómo luce Jm.

Tenía que publicar este capítulo mañana, pero me emociona ver el apoyo que está
recibiendo la historia y no pude resistirme.
|8||Canción de amor entre lobos

Antes de los acontecimientos más dramáticos de la noche de luna de Su Majestad,


mientras la Oda Alfa seguía vibrando con los instrumentos musicales de la orquesta de
palacio, Kim Namjoon se situó entre los invitados al evento para observar las
actuaciones coreográficas de las parejas.

Con una mano sosteniendo un vaso de vino blanco y la otra acariciando el suave
cabello de la pequeña Kim Jina, el general de Adaman contempló toda la escena con
una mirada serena y nostálgica, y mantuvo una pequeña sonrisa en los labios. En su
mente, recordó los momentos en los que bailó bajo el sonido de aquella balada junto a
la madre de Jina. Por lo tanto, cada movimiento de manos y pies parecía arraigado en
sus recuerdos.

Inconscientemente, su cuerpo se balanceaba a ese ritmo.

—Papá, ¿quieres bailar? —preguntó Jina, con sus grandes ojos marrones abiertos
hacia él.

Un ligero rubor apareció en las mejillas del general. Resopló para recuperar su pose
altiva y tomó un sorbo de su vino antes de hablar.

—Sólo estoy disfrutando de la música, cariño. —explicó Kim.

Jina asintió con la cabeza, comprendiendo, y giró la cara para observar a una pareja
que bailaba justo delante de ellos. Su mente inocente y curiosa pensó rápidamente en
algo.

—¿También bailaste así con mamá? —quiso saber, emocionada por la idea. Ver a los
alfas con sus omegas en medio del salón de baile, tan felices e irradiando pasión, era
como ver la personificación de las historias infantiles que sus niñeras le leen a la niña
justo antes de acostarse.

Kim Jina deseaba que su querido padre también hubiera experimentado algo tan
maravilloso. Le molestaba verlo constantemente distante y silencioso, a veces
cabizbajo en su soledad.

Kim Namjoon logró sonreír ante la pregunta de su hija al comprender lo que pasaba
por su cabeza.

—Sí, a veces. —respondió con un tono de voz suave.

A Jina le encantó esa información. —¿Y te gustaría volver a bailar?

El general no se lo pensó mucho antes de contestarle.

—Sí... —su mente estaba en otro plano.

Con la afirmación, la niña se animó y giró la cara para buscar una figura en medio de
la multitud. Tras unos minutos escudriñando la sala con la mirada, dejó escapar un
grito y se acercó a la persona que llevaba un largo vestido negro y que mantenía su
pelo rojo peinado hacia atrás de forma elegante y atractiva.

Era Lu Keran, y arqueó las cejas hacia arriba al ver a la niña acercarse.

—Tío Lu, ven conmigo. —dijo Jina mientras le agarraba la muñeca.


—¿Qué pasa, pequeña Jina? —preguntó Keran mientras era arrastrado por la chica,
pero ésta no dijo nada, sólo selló sus labios con una sonrisa traviesa mientras se abría
paso entre la multitud de gente.

En cuanto volvió al lado de su padre, Kim Jina abrió la boca con una enorme sonrisa y
le tomó la mano, llamando su atención

—Papá, baila con el tío Lu. —dijo imperativamente, sin importarle que estuviera
creando una situación incómoda para ambos.

Lu Keran, al darse cuenta de las intenciones de la pequeña, parpadeó varias veces,


levantando los ojos para mirar al general Kim y volviéndolos a bajar, lleno de
vergüenza. Su rostro logró ponerse tan rojo como las hebras de su cabello.

Al otro lado, Kim Namjoon se quedó estático, con el semblante tenso, comprimiendo
sus finos labios y frunciendo ligeramente el ceño mientras se enfrentaba al joven
discípulo del alquimista real.

—Jina... —la voz del general salió menos serena esta vez. —Esa canción sólo la bailan
las parejas.

El discurso de Kim Namjoon hizo que algo se marchitara en el interior del pecho de Lu
Keran, pero acostumbrado a las negativas del general, el chico no dejó que la tristeza
se reflejara en su rostro. En cambio, intentó esbozar una pequeña sonrisa divertida y
acarició una de las mejillas de Jina.

—Así es, señorita Kim. No es apropiado que dos personas que no tienen una relación
bailen la Oda Alfa. —Keran explicó.

—¿Es eso cierto, papá? —se volvió hacia Kim Namjoon con una cara triste.

—Sí... —respondió el general con una mirada lejana.

La niña reflexionó durante un momento.

—Pero... El rey no está comprometido ni siquiera casado con ese apuesto caballero, y
sin embargo están bailando, mira. —señaló al centro del salón donde Park Jimin y Jeon
Jungkook estaban tomados de la mano y acercando sus cuerpos como si estuvieran
solos en este enorme lugar. —¿Significa entonces que el rey está siendo inapropiado?
—añadió Jina.

Tanto Kim Namjoon como Lu Keran se atragantaron con el aire y tosieron. Mientras
dejaban escapar jadeos y risas nerviosas, se miraron y suavizaron sus rostros.

Kim Namjoon se agachó entonces para ponerse a la misma altura que su hija y,
mirándola profundamente a los ojos, le dijo:

—Jina, tener una relación con alguien no sólo implica un compromiso oficial, como una
relación o un matrimonio. Implica, sobre todo, tener fuertes sentimientos por otra
persona, y que éstos sean recíprocos. ¿Lo entiendes?

La niña frunció el ceño. Todo le parecía aún más confuso.

—Pero, papá... El tío Lu te aprecia. Así que eso significa que no es re... ¿Recíproco? —
preguntó ella, bastante molesta.

En ese momento, Keran contuvo la respiración. Su corazón latía amargo y nervioso en


su pecho. Tragó aire hasta que sintió que su garganta se secaba por completo cuando
Kim Namjoon volvió los ojos hacia él y lo miró con indecisión.

Antes de que el general pudiera pensar en una respuesta, el discípulo de Jung Hoseok
se apresuró a interrumpir la conversación.

—Pequeña Jina, mira eso, ¡la música ya está terminando! Casi me haces perder la hora
para usar mi más reciente invento. —le agradeció en silencio por recordar su artilugio
generador de humo. Fue una gran excusa para alejarse de esa discusión, ya que
rápidamente atrajo el interés de la pequeña.

—¿¡Invento!? —Los ojos de Jina brillaron como estrellas. Comenzó a brincar, haciendo
que la falda de su vestido abullonado se agitara. —¡¿Dónde?! ¡Muéstranos, tío Lu!

Entonces, el general Kim se levantó del suelo y volvió a quedar de pie con su pose
legante e intimidante de siempre, que ahora parecía aún más vistosa por el uniforme
militar que llevaba. El alfa observó a Lu Keran en silencio. Sus profundos ojos
marrones brillaban como el ámbar sobre el omega, pero sin revelar lo que ocurría
detrás de ellos.

Nervioso, Keran apuró el paso para dirigirse a un rincón del salón donde había dejado
su "máquina de niebla". Mientras jugueteaba con las palanquitas para hacerlo
funcionar, cientos de pensamientos cruzaron su mente a la vez. El chico se sintió tenso
y, como siempre después de intercambiar palabras con el general de Adaman,
decepcionado.

Además, pensar en que cada vez era más difícil acercarse a Kim Namjoon sin ser
sacudido por su presencia y su mirada le resultaba absolutamente frustrante. De este
modo, Keran sintió que sus ojos se volvían pesados y llorosos.

Con los ojos llenos de lágrimas, no vio cuando tocó la palanca equivocada y terminó
quemando una sustancia que no debería entrar en contacto con el calor.

Pronto, la explosión que vino después fue inevitable.

Las astillas de madera y los hierros finos salieron despedidos por todas partes, y una
gruesa cortina de humo se elevó hasta el techo, llamando la atención de todos los
presentes en la sala.

Kim Namjoon fue el único que no se quedó paralizado por la explosión, pues su mirada
se centró en Lu Keran desde el instante en que el chico se apartó, por lo que vio
cuando se produjo el accidente.

Si hubiera sido consciente de que aquella cajita de madera y hierro iba a fragmentarse
de forma tan violenta como para herir al discípulo del clan Jung, el general habría
actuado incluso antes de que pasara nada. Pero ahora era demasiado tarde. Lu Keran
estaba herido, con los brazos ensangrentados por los trozos de hierro que atravesaban
su piel.

El alfa corrió entonces hacia él, sin dudarlo, por primera vez desde que lo conoció,
desde el momento en que había puesto los ojos en aquel peculiar omega

—Keran... —ni siquiera se dio cuenta de que le había llamado por su nombre de pila,
sin honoríficos.

—¿General Ki-Kim? ¡Argh! —Lu Keran gimió y se estremeció de dolor.

Sin más preámbulos, Kim Namjoon deslizó sus fuertes brazos bajo el cuerpo del chico
y lo levantó sobre su regazo, con cuidado de no hacerle más daño. Luego apoyó la
cabeza de Keran en su hombro, con la intención de ofrecerle algo de consuelo. Poco
sabía el general que ese simple gesto aliviaría cualquier mal sentimiento que se
cerniera sobre el cuerpo del discípulo, incluso el que había hecho que se le encogiera
el pecho, pues el olor y el calor de Kim Namjoon siempre actuaban como un dulce
láudano sobre Lu Keran.

Con el chico debidamente colocado en sus brazos,


el general adaniano se abrió paso entre la aturdida multitud mientras exudaba sus
intimidantes feromonas alfa. La pequeña Kim Jina le siguió de cerca, completamente
nerviosa, tirando del dobladillo de su vestido para no tropezar mientras intentaba
alcanzar el rápido ritmo de su padre.
Cuando el trío ya estaba a un paso de la puerta del salón de baile, visualizaron al
alquimista Jung Hoseok acercándose después de haber exclamado a los invitados que
todo estaría bien y que ayudaría al discípulo.

Ahora había cuatro personas que se dirigían al jardín trasero del palacio, donde se
encontraba el invernadero del alquimista real, en el que reposaban todas sus
medicinas y hierbas curativas.

En cuanto llegaron, Hoseok vació la superficie del escritorio, tirando las cosas que
había en él, e hizo espacio para que Kim Namjoon acostara a Lu Keran allí.

Jina observaba desde lejos, junto a algunos jarrones llenos de flores exóticas que el
gran alquimista estaba cultivando. Todos le parecían muy tensos, especialmente su
padre, lo que le resultaba algo sorprendente. La mayor parte del tiempo, Kim
Namjoon actuaba movido por la razón, siempre con austeridad, incluso si alguien
estaba muriendo delante de él.

Tras rebuscar en su cristalería llena de sustancias extrañas, Jung Hoseok cogió dos
recipientes, uno con un líquido claro y otro con algo gelatinoso y oscuro. Tras verter
cuidadosamente el primer frasco sobre los pinchazos del brazo de Keran para
desinfectarlos, entregó el segundo a su discípulo.

—Bebe al menos tres sorbos. —ordenó mientras se preparaba para cortar la manga
del abrigo del chico herido. Este procedimiento debía hacerse con mucho cuidado, ya
que los hierros habían atravesado la piel de Keran a través de la tela.

Consciente de lo que se avecinaba, el discípulo alcanzó el vaso para tomar el


sospechoso contenido; pero Kim Namjoon le sujetó la pequeña mano, impidiéndole
llevarse esa sustancia viscosa a la boca.

—¿Qué es esa... ¿Cosa? —el alfa frunció el ceño mirando a Jung Hoseok.

—Es un nuevo anestésico, general. Lo hice yo mismo, es seguro. —respondió el


alquimista con una amplia sonrisa.

Kim Namjoon todavía no parecía muy seguro, pero cedió cuando Lu Keran sonrió,
confirmando las palabras del alquimista. El discípulo bebió entonces los tres sorbos
rápidamente, frunciendo el ceño cada vez que el anestésico tenía un sabor amargo y
era demasiado viscoso.

—Bien... —murmuró Jung en cuanto Keran terminó el último sorbo. —Ahora hay que
esperar el efecto de la sustancia. Señorita Jina y General Kim, si pudieran distraer a
Lulu mientras hiervo mis herramientas quirúrgicas, les agradecería... —preguntó
mientras se alejaba, llevando consigo una maleta cerca de una pequeña cocina de leña
en la parte trasera.

Namjoon dudó ante la petición, pero no dio ninguna señal de que fuera a alejarse del
lado de Lu Keran. La pequeña Jina, sin embargo, se animó ante la idea.

—Sí, señor alquimista. —se acercó la niña dando saltos. Cuando se acercó a Keran, le
mostró una flor azul que había cogido de uno de los jarrones: —hace juego con tus
ojos, tío Lu.

—G-gracias, maestro. —Keran intentó mover la mano para recoger la pequeña flor,
pero pronto desistió porque el movimiento le causaba dolor.

El chico no esperaba que el que hiciera eso por él


sería el General Kim. El hombre grande y aparentemente rudo se esforzaba por no
desgarrar la pequeña flor entre sus dedos mientras la llevaba a la oreja izquierda de
Lu Keran, dejándola allí como un delicado adorno.

Esta dulce actitud tomó por sorpresa tanto a Jina como a Keran. La niña sonrió
desconcertada, y el chico cerró la boca al sentir que su cara ardía de vergüenza.
—¡Conseguiré más flores para que podamos hacer un collar! —Jina salió corriendo,
emocionada por la idea.

Mientras tanto, los dos hombres se quedaron solos en un nervioso silencio.

—Yo... g-gracias, general. —murmuró por fin el joven Lu-

Las palabras de Kim Namjoon se desvanecieron en su garganta. No supo qué decir al


otro en ese instante.

Sin embargo, para su suerte, un conjunto de explosiones de colores brilló de repente


en el cielo nocturno, y fue posible ver a través del techo de cristal del invernadero. Los
tres miraron asombrados, y también bastante sorprendidos, ya que nunca habían visto
nada parecido.

Desde la distancia, oyeron a Jung Hoseok exclamar algo así como: "¡HAHAHA! ¡Señor
Park lo ha hecho! Voy a adoptarlo, ¡ah si lo haré!"

¿Señor Park? Namjoon parecía confundido.

—Creo que... Que estas luces son el regalo


del señor Park Jimin a... Su majestad, el rey. —la voz de Keran empezaba a ser
arrastrada, como la de un borracho después de unas cuantas copas de vino.

—Oh, ya veo... —el general levantó los ojos para contemplar el espectáculo de las
explosiones.

Keran también estaba contemplativo, pero no exactamente por las luces del cielo, sino
por su reflejo contra el sublime rostro del general de Adaman.

Era realmente guapo. Su rostro ovalado, con labios carnosos y ojos que parecían
dibujados con un toque de pintura negra y marrón, transmitía una virilidad
impresionante.

—Lo-lo siento, general. —tartamudeó Lu Keran, con la voz un poco más pesada.

—¿Por qué lo sientes? —preguntó Kim Namjoon.

El chico apretó los labios antes de explicarse:

—Señor, debe estar perdiéndose lo mejor de la fiesta por mi... culpa.

Namjoon lo miró fijamente y, después de un segundo, suspiró profundamente.

—No te culpes. —dijo.

—... Mi descuido es lo que causó esto.... Esta situación. —el discípulo ya sentía el
mareo causado por la sustancia viscosa que había tragado, pero se esforzaba por
hablar correctamente.

Tras escuchar a Lu Keran, Kim bajó la mirada y suavizó su semblante serio.

—Prefiero esta tranquilidad, para ser sincero. —dijo con serenidad.

Luego se rió.

—General... —Keran no entendió la risa del otro. Debido al sedante, las ideas
empezaron a rondar en su mente: "¿Al general Kim le están divirtiendo las luces?",
"Tal vez yo soy divertido para él", "La flor de Jina debe haber hecho algo en mi cara".

Mientras tanto, Kim Namjoon sacudía la cabeza y se aclaraba la garganta.

—Recordé el día en que nos conocimos. Fue así, como hoy. Es divertido. —explicó.

—Oh... —Keran sacudió la cabeza, procesando esa información, y cerró los ojos para
concentrarse en despejar la niebla que de repente se cernía sobre su cerebro. Al
recordar de nuevo la primera vez que vio a Kim Namjoon, el discípulo sonrió... —
Estaba tratando de construir un molino de agua más eficiente para mi pueblo... Su
Excelencia estaba cazando cerca con sus tropas... Si usted no fuera tan rápido, me
habría ahogado en ese arroyo...

—Ese detalle no es gracioso, Lu Keran. —Namjoon volvió a ponerse serio.

Fue entonces, para su total sorpresa, cuando el chico borracho le dio una pequeña
patada y se rió.

—Siempre tan serio, general Kim, haha... —los ojos de Keran estaban distantes,
ebrios. —Sin embargo, siempre admiré eso de usted... Desde el momento en que me
sacó de esas aguas, hasta... Hasta ahora. Esa forma controlada de vivir es lo que lo
mantiene vivo, ¿verdad?

Kim Namjoon no respondió. Con eso, Keran continuó hablando en sus divagaciones.

—Ah... Después de que me presentara al clan Jung, estaba tan agradecido, pero... ¡P-
pero intercambiar unas pocas palabras con usted fue absurdamente difícil! —El chico
sacudió su cuerpo. Un sentimiento incontrolable de tristeza se extendió por su pecho,
aprovechó la anestesia para entrar en erupción. —Al principio pensé tontamente que
me odiaba. Entonces llegué a comprender. A comprendelo. Tenía entendido que
siempre... siempre mantuvo su distancia con todos los omegas... Así que concluí q-que
el problema no era... yo.

Lu Keran dejó de hablar un segundo para respirar profundamente. El general Kim, en


su perturbado silencio, vio cuando una lágrima corrió por la mejilla del muchacho.

En ese momento, Jung Hoseok á regresó con su material quirúrgico debidamente


esterilizado, y Kim Jina se acercó saltando, sosteniendo un collar de flores azules y
rojas hecho por ella.

—¿Cómo está Lulu? ¿Ya ha empezado a hacer efecto la anestesia? —preguntó el


alquimista real con una sonrisa inocente.

Al segundo siguiente, como si nadie hubiera interrumpido el ambiente de aquella


discusión, Lu Keran reanudó la palabra, mirando directamente a los ojos de los ojos
del General Kim:

—Sin embargo, señor... Recientemente descubrí que, en sus días de... celo, Su
Excelencia se acuesta con omegas de los pueblos situados a-alrededor de la... ¡capital!
—tartamudeó, con el mismo tono de quien ha sido traicionado. —Durante todos estos
a-años yo... he hecho evidentes mis sentimientos hacia usted... ¿Entonces por qué
nunca, nunca, nunca me ha aceptado en sus días de celo?

La pregunta formulada por el chico hizo enmudecer a todos.

Kim Namjoon se quedó paralizado, con la respiración entrecortada y los ojos brillando
como ámbar luminescente; y Jung Hoseok arqueó las cejas, sorprendido y al mismo
tiempo agitado por la repentina actitud valiente de su discípulo. Kim Jina fue la única
que se quedó callada porque le sorprendió el tono de voz de Lu Keran, no el contenido
de su discurso. La niña ni siquiera sabía qué eran esos llamados "días de celo", estaba
más preocupada por las lágrimas que caían de los ojos de su querido tío Lu.

—Señor Alquimista, ¿por qué llora el tío Lu? —murmuró Jina a Hoseok.

—Ah... Tiene que ver con su corazón. —respondió suavemente Jung Hoseok.

—¡También le duele el corazón! —gimió la niña, poniéndose rápidamente nerviosa y


llenando sus ojitos de lágrimas.

Al ver el estado de su hija, Kim Namjoon tragó en seco y se pellizcó un lado de la


frente con dos dedos. Luego tomó el material quirúrgico de las manos de Jung Hoseok
y habló:

—Por favor, alquimista Jung, ¿podrías llevar a Jina a ver las luces? Me encargaré de
las heridas de tu discípulo.

—....De acuerdo, pero ¿podrá manejar esos pinchazos en el brazo de Keran? —Hoseok
necesitaba preguntar, incluso bajo la intensa y suplicante mirada de Kim Namjoon.

—He luchado en guerras, señor. Sé cómo tratar todo tipo de heridas. —el general no
pretendía ser arrogante, sólo decía la verdad

Con eso, el alquimista levantó las manos y murmuró un "Bien", mostrando con el gesto
que había cedido.

—Venga, señorita Kim. Vamos a ver los... ¿Cómo se llamaban? ¡Ah! Vamos a ver los
"Fuegos Artificiales" del señor Park. —le indicó a la niña el camino hacia la salida.

—¿Fuegos artificiales? —Jina enarcó las cejas.

—Sí, sí. Esas explosiones en el cielo.

—Pero qué pasa con el tío Lu... —giró la cabeza hacia atrás, todavía preocupada por
Keran.

—Ah, no hay problema. Tu padre se encargará de él...

Y con eso, los dos desaparecieron por la puerta, dejando todo el invernadero a Kim
Namjoon y Lu Keran.

El general tomó entonces un par de alicates de entre los objetos esterilizados del
alquimista real y, con gran cuidado, comenzó a retirar cada pedacito que había
perforado la piel del otro chico. Después de ocuparse de los fragmentos más grandes,
cambió la herramienta por unas pinzas, para sacar los residuos más pequeños. Lu
Keran lo observó todo el tiempo, con una mirada distante y brumosa, como si
estuviera soñando despierto.

Por un segundo, Kim Namjoon pensó realmente que el chico estaba dormido con los
ojos abiertos, pero ese pensamiento murió cuando Keran murmuró las siguientes
palabras:

—¿Hay un problema ... Conmigo? —quiso saber el chico. En su mente aún rondaba el
tema de la discusión anterior.

—¿Perdón? —el general levantó la mirada hacia el otro.

—Usted nunca me quiso. ¿Es por qué no te atraigo? —Los ojos de Keran se llenaron de
lágrimas.

—Y-yo... No es eso. —Namjoon tragó en seco y volvió a centrarse en el brazo herido


del chico. Ya había terminado, sólo faltaba pasarle una capa de hierbas curativas y
vendarlo con un paño limpio. Tales objetos podrían encontrarse fácilmente entre las
herramientas de Jung Hoseok.

—Entonces... ¿simplemente m-me odia, General? —las lágrimas se desbordaron y


llenaron las mejillas sonrojadas del joven discípulo.

Con un profundo suspiro, Namjoon guardó las pinzas y comenzó a aplicar las hierbas
medicinales. Después de un momento, abrió la boca para hablar:

—Nunca te he considerado de forma tan negativa, Keran... ¿Cómo podría odiarte


cuando, desde el primer momento en que nos conocimos, fuiste tan cálido y cariñoso
conmigo? —el alfa terminó de cubrir las heridas del omega con las plantas, y comenzó
a envolver su brazo con un paño fino de algodón. —Sí, siempre he sido consciente de
tus sentimientos hacia mí. Pero precisamente por eso nunca me atreví a utilizarlos
durante mis días... —Ninguno de esos omegas con los que me involucré tenía ningún
vínculo conmigo. Sólo eran personas dispuestas a entregarse. La culpa recaería sobre
mí si comenzara a tratarte así, Keran...

—Todavía no... entiendo. —el chico se abrazó a sus rodillas mientras Namjoon
terminaba de curar sus heridas, y apoyó su cabeza tambaleante allí, entre ellas. —
Realmente no me importaría... Estoy volviendo a p-pensar que no le gusto...

—Keran. —el general apretó los párpados y los puños . —No hay nada, absolutamente
nada que no sea atractivo en ti. Eres uno de los omegas más bellos que he visto en mi
vida, y tan inteligente.... Entonces, ¿cómo no podrías gustarle a alguien? No puedo
arriesgarme a ponerte en una situación que probablemente te decepcione en el futuro.

—General... —Keran le miró atónito.

Namjoon respiró profundamente.

—Nunca podré ser tu alfa, Keran. Ser completa y exclusivamente tuyo... es imposible
para mí.

Giró su cuerpo, dispuesto a apartarse y poner fin a aquella melancólica discusión. Sin
embargo, la mano inestable y débil de Lu Keran alcanzó su rostro antes de que
pudiera darse cuenta.

—Son afortunados aquellos... que pueden entregarse completamente uno al otro... —


tartamudeó el chico con una sonrisa triste y eufórica, sus ojos azules brillaban como el
mar al reflejar las estrellas del cielo. —Pero, en mi humilde suerte... Sería felíz si
hubiese, en el corazón del General, al menos un espacio cálido en el que cupiera yo.

Sólo un segundo irresoluto se cernió entre ellos antes de que ambos se acercaran en
un impulso, uniendo sus sombras en una sola mientras se hundían en un tímido beso a
la vez que se sumergían en una profusión de sentimientos reprimidos.

Kim Namjoon envolvió la parte trasera de la entorpecida cabeza de Lu Keran con sus
grandes y cálidas manos, y lo acercó. Notó la falta de experiencia del chico con ese
tímido toque, y por un instante se sintió terriblemente culpable por ceder, pues era
como si le robara sus experiencias más pueriles, como haría un libertino.

Sin embargo, antes de que el general tuviera la oportunidad de recapacitar, Keran lo


abrazó y depositó besos en la comisura de sus labios mientras mostraba una sonrisa
genuinamente feliz.

¿Cómo podría Kim Namjoon seguir resistiendo eso? Aunque la mitad de su pecho
estaba muerto, la otra mitad vibraba ahora con un calor vigoroso. Casi sintió lo mismo
que la primera vez que se enamoró de una omega, esa sensación de ardor que derritió
cada muro de su rigurosa alma volviendo como un poderoso tsunami, dispuesto a
arrasar todo a su paso.

De repente, la idea de volver a amar no parecía tan aterradora.

Cuando el corazón se permite amar, asume algunos riesgos. Es como un cuchillo de


doble filo, una moneda de dos caras, una acción con varias consecuencias. Hay
quienes temen estos riesgos más que cualquier otra cosa, y en esta constante
vacilación acaban perdiendo la mejor parte de lo que este sentimiento puede ofrecer:
La adrenalina de sentir todas las emociones mezcladas en una sola, como una droga
que derrite y congela, que quema y calma, que vibra y anestesia.

Sin embargo, es necesario subrayar que, a priori, hay que asumir un riesgo.
La turbulenta noche pasó lentamente para algunos, pero para Park Jimin fue rápida
como un parpadeo de ojos.

Primero, al despertarse, se frotó los ojos somnolientos y se revolvió hasta detenerse


ante un conjunto de almohadas suaves y olorosas. Luego acarició la colcha de seda y
las gruesas mantas, que desprendían un agradable aroma a lavanda y rosas.
Lentamente, la luz del día ocupó el espacio entre sus pestañas, haciendo que sus
párpados se elevaran y retrajeran sus pupilas.

Con tantas sensaciones externas, Jimin no tardó en despertarse. Se incorporó, todavía


un poco aturdido, y parpadeó para observar la extraña habitación en la que había
dormido.

¿Dónde estoy...? Se preguntó Jimin al notar que esta habitación era diferente a la
anterior.

El espacio no sólo era más amplio, con las paredes revestidas de un papel pintado
beige más elegante, en un estilo que recuerda mucho al victoriano, sino que también
tenía ventanas más grandes, cubiertas por cortinas de dos capas, una transparente y
otra blanca. Las enormes puertas de madera clara estaban cubiertas con tallas de
plantas, un detalle que también podía verse en los muebles del dormitorio, como las
cómodas, las sillas tapizadas, las tumbonas, las mesitas de rincón, los cabeceros y la
estructura de la cama.

Y el lujo no se detuvo ahí. Una inmensa lámpara de araña de cristal colgaba del techo,
y en las esquinas de la habitación colgaban candelabros del mismo material.

Park Jimin frunció el ceño, sintiéndose confundido ya que no podía recordar cómo
había terminado allí.

—¿Robé la habitación de alguien? —murmuró, casi riendo.

En ese momento un ligero malestar le subió a la garganta, y le trajo todos los


recuerdos de la noche anterior.

La imagen de la bestia atrayéndolo a la matanza, la mano monstruosa estrangulándolo


sin piedad; el instante en que Jeon Jungkook apareció para luchar contra ella, su
muerte y resurrección, su transformación en un alfa completo, y finalmente, la
aparición del Omega de Plata.

—¿En verdad pasó todo eso...? —La respiración de Jimin se volvió pesada y todo su
cuerpo se estremeció.

Luego se tocó el cuello, buscando moretones, pero no encontró nada tan evidente,
ninguna molestia real y profunda que fuera la misma de la noche anterior. Era como si
sus moretones se hubieran curado milagrosamente.

Curado igual que Jeon Jungkook.

Me pregunto cómo estará. El pensamiento cruzó la mente de Jimin.

La lucha entre Su Majestad y la monstruosa criatura fue aterradora. El chico nunca


había presenciado tal brutalidad en toda su vida. Ni siquiera sus juegos más violentos
podían transmitir la misma sensación de ver, en vivo y en directo, la carne desgarrada,
la sangre salpicada por el suelo, los gruñidos y gritos de dolor y los rugidos de pura
rabia.

Así que preocuparse por Jeon Jungkook era algo inevitable para él.

—Cálmate, Jimin. —dejó salir el aire de sus pulmones. —El Omega de Plata finalmente
apareció y salvó a Jeon, así que debe estar bien con él y... Hmm... —Al final, ¿qué pasó
después de que apareciera el Omega? No lo recuerdo, completó Jimin pensativo. Su
mente seguía girando en confusión, con imágenes y escenas inconexas que se cernían
sobre ella.

Mientras intentaba organizar los recuerdos, el chico inclinó la cabeza hacia abajo y la
sacudió, esparciendo mechones de su pelo. Algo le molestaba extrañamente, una
pesadez inusual, un pequeño dolor de cabeza muy extraño.

Sólo se dio cuenta del origen de la molestia cuando intentó peinar sus hebras con los
dedos. A mitad de camino, sus manos encontraron dos elevaciones duras e incrustadas
en su cabeza, como si hubieran brotado de su cráneo.

—Ah... —Jimin comenzó a tantear esos dos cosas entre su pelo, sintiendo su dureza y
su longitud media, del tamaño de una mano grande.

El corazón del chico empezó a latir con más fuerza y su respiración perdió el ritmo
tres o cuatro veces seguidas. Dejó escapar un gruñido de asombro, y luego saltó de la
cama para ir al espejo más cercano.

No. No. No. No. No.

En cuanto miró su reflejo, los ojos de Park se abrieron de par en par, dio un salto hacia
atrás y gritó como si le diera un infarto.

—¡QUÉ DEMONIOS!

Tropezó con los talones y con la alfombra de pieles que cubría esa parte de la
habitación, y se hundió con un golpe, cayendo hacia atrás y estrellándose
dolorosamente.

Cuando dejó de ver las estrellas, Jimin se arrastró de nuevo hasta el tocador y escaló
el mueble para mirarse de nuevo en el espejo.

Tal vez todavía estaba dormido. Quizá lo que vio no fue más que un absurdo
espejismo. El chico rezó para que estas opciones fueran reales.

Pero no lo eran.

Cuando Park Jimin miró su reflejo una vez más, vio que definitivamente había
cambiado. No era un sueño, ni una ilusión.

Su piel parecía ahora hecha de hielo, como si la nieve la cubriera. El marrón oscuro de
sus ojos estaba ahora teñido de radiantes gotas de rojo brillante, como sangre
luminiscente en medio del carbón. La raíz naturalmente negra de su cabello parecía
desvanecerse en plata, y los mechones bajaban platinados hasta llegar a las puntas; en
medio de ellas se veían dos cuernos estrechos y curvados, similares a las de un ciervo
joven, del color del marfil y tan duros como esta materia.

En las puntas de los cuernos, Jimin vio brotes de pequeñas hojas tan rojas como sus
ojos ahora.

—Yo... yo... —intentó tocar la superficie del espejo con dedos temblorosos. —Me c-
convertí en...

A Jimin le costaba respirar, como si tuviera un ataque de ansiedad. Se miró las manos
y luego las levantó para tocar los cuernos una vez más, moviendo la cabeza de un lado
a otro.

—C-cálmate, Jimin. E-estoy en un lugar en el que existen monstruos y criaturas


místicas, a-así que todo está bien. E-es sólo un cuento... —tragó con fuerza y jadeó al
recordar el libro de su hermana menor. —¡El libro! ¿Dónde está ese maldito libro?

Park se dispuso a abrir todos los cajones de la cómoda que tenía delante, buscando el
objeto que le había llevado a aquel extraño mundo. Tras encontrar sólo calcetines,
lazos, bufandas y accesorios para el cabello, se dirigió al resto de los muebles,
rebuscando desesperadamente.
Después de toparse con ropa de alta costura, zapatos elegantes, bonitos sombreros,
joyas, ropa de cama y tantas otras cosas pomposas, finalmente encontró el bendito
libro junto a su teléfono móvil y el regalo de Yeseo.

Jimin lo hojeó como si su vida dependiera de ello -y parecía que así era, de hecho-
pasando las páginas hasta que se detuvo en las que se habían escrito mágicamente
dos nuevos capítulos.

—¡Aquí! —estrelló la cara entre las páginas abiertas, justo donde se describían los
acontecimientos de los últimos días, empezando por la llegada de las tropas de Jeon
Jungkook a la capital de Adwan, pasando por el encuentro en la Mesa de Plata y luego
la vergüenza de Jimin al no ser reconocido por el árbol sagrado.

En el final del capítulo había redactado un hecho peculiar que Park Jimin no
reconocía.

Como la historia consideraba a Jeon Jungkook como su protagonista, las cosas que
hacía se mostraban en primer plano. Pronto, el libro reveló que la noche en que Jimin
fue descartado como candidato al Omega de Plata, el joven rey apareció en su
habitación y se quedó allí un rato, observando al chico dormido con cierta tristeza.

"En su lánguido silencio, el joven rey deseó que aquel nuevo omega no se le escapara
de la vista tan pronto como fue su extraordinaria aparición" esta era la frase con la
que terminaba el capítulo. Jimin pasó sus dedos por encima de las palabras y del
hermoso dibujo de Jeon Jungkook en la esquina inferior de la página.

—Jungkook? —murmuró el chico, sintiendo que una sonrisa inclinaba las comisuras de
sus regordetes labios hacia arriba.

Esa agradable sensación impregnó su pecho con calidez, pero Park Jimin no se
permitió quedarse con ella por mucho tiempo, pues necesitaba seguir analizando el
libro.

Al pasar a la siguiente página y entrar en el siguiente capítulo, leyó los párrafos que
describían los acontecimientos del día anterior.

Todo estaba allí, narrado entre palabras: la reunión de Jeon Jungkook en la sala del
trono, su encuentro con un sucio y desaliñado Park Iimin, la conversación en el patio y
el beso en la fuente.

Antes de proceder a leer las siguientes páginas, el chico suspiró profundamente. Su


pecho se agitó al darse cuenta de que a partir de ese momento se narrarían los
acontecimientos del baile.

Para sorpresa y asombro de Jimin, el salón de baile abarrotado de gente con ropa
elegante estaba representado en una pintura de acuarela que ocupaba dos páginas
enteras. En el centro de la multitud hecha de pinceladas se podía ver a la pareja de la
noche, un dúo vestido de rojo y blanco: Park Jimin y Jeon Jungkook.

En los siguientes párrafos también se expone lo que ocurrió después de ese baile.
Detallaron los besos y las caricias que los dos chicos intercambiaron fuera del salón
de baile. Las palabras empleadas allí dejaron al lector de Jimin embelesado hasta la
médula.

Pero esa emoción quedó cubierta por una masa de aire frío cuando el chico leyó lo que
ocurrió inmediatamente después del beso: la aparición de Choi Ren y su momento
"intensamente romántico" con el Rey.

Park Jimin cerró los ojos, movió la cabeza de lado a lado en una pequeña negación, y
giró las sábanas para pasar rápidamente a la última escena, la más importante en ese
momento de urgencia.

Otros problemas pueden esperar por el momento.


"La monstruosa criatura escapó de las garras del soberano alfa... Bla, bla, bla... Jeon
Jungkook se volvió humano de nuevo... Park Jimin se acercó al rey y bla, bla, bla... —
Jimin leyó en voz alta, apresurándose a encontrar lo que quería. —"... Y entonces la
figura del lobo plateado, con cuernos de ciervo, fue presenciada por todos.... Y el
Omega de Plata se reveló en el chico extranjero".

Park tragó en seco.

"En el chico extranjero..." murmuró mientras cerraba el libro y lo volvía a abrir en la


Introducción, donde se encontraban las fotos de los personajes.

Y ahí estaba Park Jimin, pero ahora no como un extraño alquimista, sino como la
verdadera entidad legendaria. El dibujo del chico se había modificado en la misma
medida en que él había sido transformado por ese mundo.

Con el cuerpo temblando en un sudor frío, Jimin volvió a guardar el libro y se apoyó en
la pared más cercana.

—Muy bien. Muy bien. Hahaha... —se pasó la mano por la cara y empezó a pasearse
de un lado a otro. —¡Concéntrate! ¡Focus! Respira e inspira. No es el fin del mundo.
Con fe en todos los dioses y espíritus superiores, no me veré así para siempre. ¡No lo
haré! Por ahora, sólo soy un personaje que... —Los ojos de Jimin se abrieron de par en
par al darse cuenta de algo... —Mierda. Ahora soy parte del elenco de personajes
principales... es decir... Aaaaaaaaaah, necesito escribir esto o-o grabarlo para
recordarlo después.

El chico sacó su teléfono móvil, cuya batería aún brillaba con energía, y abrió la
cámara frontal.

Otro susto.

Esperaba ver su propio reflejo sin más rarezas que las que ahora conformaban su
rostro. Pero en lugar de un rostro naturalmente humano, como el que veía en el
espejo, lo que captó la cámara se parecía más a un dibujo como los que decoraban el
libro de su hermana pequeña.

Era como si Jimin utilizara un efecto especial que hacía que todo pareciera una
acuarela, como en un cómic medieval. Su cara parecía un cuadro animado en la
pantalla del móvil.

—Ok... Eso es jodido, pero también espeluznante. —dijo nervioso y resopló. Entonces
su dedo pulsó el botón para empezar a filmar. —¡Cierto! Es la primera vez que abro la
cámara en este lugar... Antes tenía miedo de hacer algunas cosas, pero ahora voy a
mandar todo esto al diablo.

Jimin infló sus pulmones y miró fijamente a la cámara.

—Encantado, espectadores imaginarios, ahora soy uno de los personajes principales


de este mundo bizarro, tengo cuernos y estoy a punto de entrar en un arrebato. —dejó
escapar un fuerte suspiro y comenzó a gesticular. —Resulta que ayer apareció una
bestia que quería matarme, y después de eso me convertí en esta.... Esta cosa de aquí.
Jungkook también logró transformarse en uno de esos lobos gigantes que existen en
este lugar. En otras palabras: surgió un obstáculo y ese obstáculo hizo evolucionar a
los protagonistas. Así que, en mi teoría, acabamos de concluir la primera parte del
"monomito".

El chico caminaba en círculos por la habitación, pero lo que más le daba vueltas en
ese momento era su mente.

—¿Por qué creo que todavía estamos en la primera parte? ¡HAHA! Porque este maldito
libro todavía tiene un montón de páginas en blanco, esperando a ser rellenadas. —
Jimin se quejó. —Ah, mira... ¡Si empiezo a lanzar purpurina por el culo después de que
aparezca el villano principal de esta historia...! — interrumpió su paseo en círculos
cuando se le pasó por la cabeza un pensamiento urgente. —E-epa. Epa. Epa. ¡PERO
ESTÁ CLARO! Si el monstruo de ayer ha sido derrotado, significa que la historia
avanzará hacia la "prueba definitiva" En otras palabras, ¡EL JEFE DE LOS VILLANOS
VA A APARECER!

Park Jimin podía sentir que su cerebro explotaba. Con una risa desesperada, dejó caer
el teléfono sobre la cama y corrió hacia la ventana, buscando aire fresco para sus
nerviosos pulmones. La fresca brisa de la mañana los llenó en un instante.

Después de mirar el cielo despejado que cubría Adwan, el chico murmuró al viento:

—Sólo espero estar equivocado. Algún personaje podría acabar muriendo en medio de
esto.... —sus carnosos labios se comprimieron.

Con la intención de calmarse, ya que no tenía sentido perder los nervios a partir de
ese momento, Park Jimin comenzó a tararear fragmentos de la música Heroes dek
cantante inglés David Bowie, balanceando su cuerpo y chasqueando sus dedos
corazón con los pulgares al ritmo de la melodía.

Después de cantar el estribillo "Though nothing will drive us away/ We can be Heroes,
just for one day", el chico se dio cuenta de algo interesante.

Poco a poco, el alféizar de la ventana comenzó a llenarse de pajaritos. Observaban


atentamente a Park Jimin, balanceando sus pequeños cuerpos y moviéndose como si
les atrajera el canto del chico.

—¿Uh? Me pregunto si... —después de murmurar, el chico decidió probar una idea.

Con un tono de voz ligeramente más alto, Jimin cantó el coro de "Heroes" una vez
más. En un instante, seis o siete pájaros más salieron volando, arremolinándose a su
alrededor, y se posaron en la habitación.

—Haha, ¡muy gracioso! Puedo atraer a los pajaritos con mi canto. Me he convertido en
una princesa de Disney, por lo visto. —dijo el chico, con las manos en la cadera.

Entonces, con una mirada divertida, Park Jimin estiró los brazos y el cuello, luego
agitó las manos en el aire y sacó medio cuerpo por la ventana

A ver qué puedo hacer ahora, pensó el chico.

Con los pulmones llenos de aire se preparó para cantar tan fuerte como un altavoz:

—¡WE CAN BE HEROES! WE'RE NOTHING! AND NOTHING WILL HELP US!

Con una sonrisa loca en los labios, Jimin esperó a que aparecieran al menos una
docena de pájaros. Sin embargo, para su desafortunada sorpresa, sólo tres se
deslizaron hasta su ventana.

—Ah... Parece que no puedo conseguir más que eso. —se sintió un poco decepcionado
y apartó su cuerpo de la ventana. —Será mejor que vaya a desayunar. Tengo mucha
hambre.

Girando su cuerpo para caminar hacia la puerta de salida del dormitorio, Jimin dudó y
frunció el ceño cuando un ruido lejano y extraño llamó su atención.

Sonaba como un conjunto de aleteos y chirridos de lo más variado, que se acercaban a


una velocidad aparentemente rápida.

El chico volvió a mirar por la ventana. Fue entonces cuando vio un número
incalculable de pájaros volando hacia él, como un enjambre de abejas tras su reina.

En ese momento, la sangre de Park Jimin se congeló.

—Ah... A-AAAAAAAAAAAAAAH. —se dio la vuelta y salió corriendo.


Su batalla con el pomo de la puerta le llevó unos preciosos segundos. Cuando por fin
consiguió escapar de la habitación, las aves más rápidas, como las águilas y los
halcones, ya estaban llegando a la ventana.

Jimin cruzó el pasillo exterior como lo haría un corredor de maratón. Se encontró con
algunos guardias y sirvientes que, al ver su figura, se arrodillaron inmediatamente y
apoyaron la frente en el suelo en señal de profundo respeto.

El chico pasó junto a ellos como una hoja arrastrada por un tifón, siguiendo el largo y
estrecho camino en busca de un lugar seguro donde refugiarse, o de alguien que
pudiera ayudarle.

En esa misma planta del castillo, en un ala separada pero no lejana, el príncipe Min
Yoongi estaba sentado en un sillón cerca del dormitorio de Su Majestad, el Rey. Esperó
pacientemente mientras contemplaba un cuadro colgado en una pared cercana.

En el cuadro, tres mujeres aparecían vestidas con elegantes ropas que resaltaban sus
sublimes bellezas. La del centro era la Gran Reina, Wang Nara. Se encontraba en un
trono de plata y llevaba una armadura verde oscuro, el color de los bosques del sur de
Adaman.

A su derecha, en una posición importante y llena de simbolismo, estaba Jeon Haerin,


adornada con un vestido rojo y joyas negras.

A su izquierda, ligeramente escondida detrás del trono, estaba la madre de Yoongi,


Min Hyuna. El rubio de su pelo, la ropa blanca que llevaba y la sonrisa que cruzaba su
perfecto rostro era lo que aportaba luz a aquel cuadro tan serio.

En silencio, el príncipe Min suspiró y trató de imitar la sonrisa de su madre.

Incluso después de algunos intentos, no pudo ser tan sincero y radiante como ella.

Para su alivio, la puerta del dormitorio del rey se abrió en ese momento.

—Siento el retraso, Su Alteza. —dijo Jung Hoseok en un tono de voz bajo, y giró el
pomo lentamente para evitar ruidos fuertes.

—¿Cómo está? —preguntó Yoongi, volviéndose hacia el alquimista.

—Los tónicos funcionaron, creo... El rey acaba de irse a la cama. Después de una
siesta, volverá a la normalidad.

El Príncipe Min respiró profundamente

—Efectivamente, el fuerte olor ha desaparecido. —frunció el ceño. —Es la primera vez


que mi hermano pasa por esto, no debería reprimirse así.... Si Jeon Haerin se entera...

—Él ordenó que se mantuviera en secreto, cariño.

—Me lo imaginaba. —Yoongi puso los ojos en blanco y se levantó de la silla. Hacerlo
supuso un esfuerzo, el príncipe necesitó la ayuda del alquimista para equilibrarse
erguido.

—No hace falta que me des las gracias, ya lo sabes.

Los dos salieron, uno al lado del otro, cogidos de la mano. Los guardias que estaban
alrededor, protegiendo los aposentos de Su Majestad, se inclinaron en presencia del
príncipe y luego volvieron a sus tareas.

Cuando se quedaron solos de nuevo, Min Yoongi y Jung Hoseok volvieron a su


conversación.
—Hoseok... ¿Crees en los rumores? —preguntó el príncipe. Sus ojos claros miraban el
horizonte lejano.

—¿Te refieres a las que involucran a la criatura con la que el rey luchó ayer?

—... Sí.

Un silencio se cernió entre ellos.

—No estoy seguro, Alteza. —respondió el alquimista Jung, vacilante.

—Jung Hoseok, definitivamente odio que seas formal conmigo mientras estamos solos.
—Yoongi resopló. —Dí de una vez que crees en ellos. La posibilidad de que esa bestia
haya sido la responsable del asesinato de mi madre omega no me romperá como si
fuera de porcelana.

—¿Para qué escuchar rumores que sólo traen a colación malos sucesos del pasado? —
Hoseok se sacudió los hombros y apretó la mano del otro alfa con afecto. —No tienes
que sentirte herido por ninguno de ellos, mi amor.

Min Yoongi se quedó callado por un momento. Su rostro, siempre tan sereno, llevaba
ahora una sombra de inquietud.

—Lo sé. Sólo... —dejó escapar un suspiro. —De todos modos, tienes razón.

Jung miró a su compañero con pesar y, sin dudarlo, lo atrajo cariñosamente en un


fuerte abrazo, rodeándolo con sus brazos. Su estatura era más alta que la del príncipe,
lo que le permitía recostar la cabeza entre sus cabellos.

Así, el alquimista pudo apreciar el abundante aroma a cítricos entre los cabellos
rubios.

Mientras tanto, Min Yoongi se hundió en la curvatura del cuello de Jung Hoseok,
saboreando el calor de ese lugar y el aroma único allí impregnado, siempre tan
vigorizante, que funcionaba como una cura incluso en los peores días del débil cuerpo
de Su Alteza.

—¿Qué haría sin ti...? —susurró el príncipe contra el suave pecho del otro alfa.

—¿Qué haría yo sin ti? &recalcó Jung con una enorme sonrisa, típica de él.

Esta serenidad entre ellos se podía notar desde lejos. Había una calma que los
envolvía, como paredes que recubren un entorno privado lleno de sentimientos. Nada
podría romperlas.

Quiero decir... Nada que fuera normal.

De repente, una figura en pijama y con cuernos pasó entre los dos gritando, como un
fantasma que huye de su parca. Justo detrás venía una oleada de pájaros que parecía
no tener fin.

Jung Hoseok y Min Yoongi se apretaron, entre dos columnas, para evitar ser
atropellados. Vieron que la persona que se abría paso a gritos por el pabellón era el
peculiar Park Jimin; y lo observaron mientras se refugiaba, sin más, en las primeras
habitaciones que aparecieron frente a él.

Casualmente, eran los aposentos de Su Majestad, el rey.

Tras el escondite de Park Jimin, los pájaros que le habían perseguido se dispersaron
lejos, planeando a través de las ventanas para levantar el vuelo en el cielo.

—¡Fascinante! —Jung se sujetó la barbilla con los dedos. Ahora mantenía su habitual
mirada analítica de amante de las ciencias naturales.
Min Yoongi estaba enamorado de esa mirada, pero ese era un secreto, ya que le
gustaba guardar algunas cosas para sí mismo.

—Yoongi, ¿no crees que deberíamos sacar al señor Park de la habitación de tu


hermano? —Hoseok parecía seriamente preocupado, completamente ajeno a los
pensamientos que rondaban la cabeza del príncipe Min.

—Park Jimin es el Omega de Plata, cariño. Él sabrá cómo manejar a Jeon Jungkook
mucho mejor que nosotros. —Yoongi puso una mano sobre el lado de la cara del
alquimista y tiró de ella para que el otro le mirara.

Un poco aturdido por el toque del príncipe, Jung mostró una sonrisa tímida.

—Pero en las circunstancias actuales del rey... —intentó decir, y pronto fue
interrumpido.

—Hoseok... ¿Sabes dónde estamos ahora?

El alquimista contrajo las cejas, confundido por el repentino cambio de tema.

—¿En el lado ala de Su Majestad? —inclinó la cabeza hacia un lado.

—Hmm, sí, pero. Aquí, en este lugar, entre esas dos columnas... —Yoongi acercó su
boca al oído de Hoseok para murmurar. —Estamos frente a la entrada de un pasaje
secreto. Ayúdame a empujar el muro, es falso.

El alquimista real entró inmediatamente en éxtasis ante esa información. Incluso sin
saber las razones por las que Min Yoongi le había hablado de esto, se movió para
lanzar su cuerpo contra la pared. Después de unos cuantos empujones, se abrió una
brecha, dejando a la pareja alfa animada.

Los dos se colaron en el oscuro pasadizo, Hoseok ayudando a Yoongi todo el tiempo,
evitando que el príncipe tropezara en algún momento por la ausencia de luz. Las
caídas eran peligrosas para él, incluso las que no causarían muchas lesiones a una
persona normal.

—¡Increíble! Había conocido algunos pasajes como éste, pero es la primera vez que
recorro uno situado en el ala del rey. Son tan reservadas para la familia real... —
comentó Jung Hoseok mientras bajaban unas escaleras. Sus ojos de alfa le ayudaban a
ver los escalones bajo él. —Yoongi, ¿por qué me conteste de esto tan repentinamente?

—Quería traerte aquí alguna vez, porque sé que te gustan ese tipo de cosas. —en la
oscuridad, el príncipe se encogió de hombros. —Co estábamos justo en la entrada de
este lugar, acabé deseando poder venir aquí contigo. Sobre todo por el final del
camino.

—¿Qué hay ahí?

Min Yoongi no contestó, pero suspiró con una sonrisa, creando suspenso.

A medida que avanzaban, la luz del sol del final del pasillo se derramaba a través de
las estrechas paredes, pintándolas de amarillo y marrón y revelando las plantas que
habían brotado hace cientos de años entre los ladrillos del lugar cuando el castillo
acababa de ser construido.

Cuando llegaron al final del oscuro túnel, los dos alfas se tomaron unos segundos para
que sus ojos se acostumbraran de nuevo a la claridad. En cuanto sus pupilas se
retrajeron a la luz, vislumbraron un jardín secreto y abandonado situado justo fuera
del perímetro del palacio.

—En todos mis años de vida, nunca he conocido este lugar... —dijo Jung Hoseok,
deslumbrado.

—Pocos lo conocen, de hecho, porque sólo los reyes y las reinas podían escapar por
aquí, en caso de que hubiera una invasión del castillo. —explicó el príncipe Min,
pasando la mano por el pétalo de una flor exótica. —Técnicamente, yo no debería
conocer este pasaje, ya que no fui ni seré nunca el príncipe heredero. Sólo Jeon
Jungkook debería saberlo... Pero Wang Nara terminó mostrandomelo a mí.

Se rió con un ligero toque de burla y añadió:

—Quizá realmente estaba hechizada por mi madre omega, como decían todas los
rumores de entonces. Y por eso, decidió impresionarla dándome algún tipo de
privilegio.

Aunque Min Yoongi sabía disimular muy bien sus sentimientos con un marcado tono
de indiferencia, Jung Hoseok supo leerlo como un lector voraz y experimentado.
Conocía los lamentos que rondaban el corazón de su amado príncipe.

—Wang Nara siempre quiso a ti y a tu hermano por igual. Esta enemistad nunca
existió en su corazón, todo el mundo lo sabe. —habló el alquimista, colocando sus
manos sobre los hombros del otro.

—Sí, y tampoco existió en el mío ni en el de mi hermano. Lo siento, traté de hacer una


broma, pero terminé sonando un poco mal.

Hoseok echó un mechón de pelo rubio hacia atrás, colocándolo detrás de su oreja
sonrosada.

—He sentido una perturbación en ti desde anoche. ¿Quieres desahogarte?

Min Yoongi parpadeó, mirando hacia otro lado, sintiéndose un poco avergonzado.
Nunca pudo escapar de los ojos sagaces y analíticos de ese alquimista.

—Es nuevamente de la cuestión de la bestia. Estoy agitado por lo que ha pasado. —el
chico suspiró profundamente. —Aunque me has dicho que no preste atención a
simples rumores, no puedo ignorarlos....

El príncipe apretó los puños a los lados de su cuerpo. Sintió que un temblor le
envolvía junto con un sentimiento de ira y melancolía. Sus ojos comenzaron a pesar.

—S-si tuviera fuerza. P-podría haber ayudado a mi madre omega en aquel entonces. —
tartamudeó Yoongi, con amargura.

—No, mi amor. Nadie pudo ayudarla porque todo ocurrió de repente, fuera de la vista
de todos. —Hoseok acarició la cabeza del príncipe.

Éste se revolvió, inquieto.

—No. Sucedió delante de nuestras narices. ¿Sabes lo que pasó aquella noche, hace
años? —Yoongi levantó los ojos húmedos de lágrimas. —¡Nunca se lo dije a nadie,
porque me atormenta más que esta maldita enfermedad de mi cuerpo! Esa noche, olí
a la criatura. Vi a Min Hyuna a través de la ventana de mis aposentos, salía
rápidamente del jardín sur, tambaleándose como una alcohólica. Pude haberla seguido
y evitar que se fuera, pero mis piernas no podían correr más, Hoseok.

El príncipe temblaba por todo el cuerpo, las lágrimas frustradas rodaban por sus
mejillas. Jung Hoseok lo sujetó con más fuerza, pues temía que se cayera y se
rompiera más.

—N-ni siquiera pude seguirla, porque desaparecía de mi vista cada vez m-más rápido.
—Yoongi apretó los dientes. —Si mi cuerpo fuera n-normal, podría haber ido tras ese
monstruo y haberlo matado con mis propias manos.

—Y entonces tú también habrías corrido riesgo... Algo que tu y Su Majestad heredaron


de Wang Nara es esta impetuosa voluntad de actuar por su cuenta... —Jung Hoseok
cerró los ojos y sacudió la cabeza, alejando los malos pensamientos. —Mi amor, aún
eras muy joven... Aunque tu cuerpo fuera como el de cualquier otro chico de tu edad,
eso no te daría muchas posibilidades contra una criatura como la que vimos ayer,
luchando con el rey. El fallecimiento de tu madre no es ni será nunca tu culpa....

Min Yoongi se apartó de él y giró su cuerpo hacia el otro lado, todavía en negación.

—Min Hyuna era la única familia real para mí en ese castillo.... No lamentaría morir
luchando por su vida. Sería mejor pasar por ese riesgo que vivir de esta manera
mediocre, como una sombra inquilina.

—¿Inquilina de quién? —Hoseok se volvió a acercar a él. —Eres nuestro príncipe y el


hijo primogénito de la Gran Reina. La gente te adora, tu hermano te aprecia.

—Jeon Jungkook es la única persona que todavía me mantiene en este castillo. Pero
aún así, no me arrepentiría de ir tras esa bestia si pudiera.

Silencio.

—¿Así que yo soy nada para ti? —el semblante de Jung estaba cubierto por un velo de
tristeza.

Min Yoongi se volvió rápidamente hacia él, con el corazón latiendo cada vez más
fuerte, y trató de corregirse:

—N-no quise... —pero pronto fue interrumpido.

—Si murieras así... Si mueres, de cualquier modo, yo moriré contigo. —el murmullo de
Jung Hoseok sonó tan desolado como un barco sin velas en medio de un océano
salvaje.

Una oleada de culpa inundó el pecho de Min Yoongi y se mezcló con el torbellino de
sentimientos tristes que ya rondaban en el fondo de su corazón.

La sola idea de que Jung Hoseok muriera era, para el príncipe, como una pesadilla
eterna.

—No estamos vinculados. Es imposible. No digas eso. —murmuró Min.

—¡No me refiero a los vínculos, Min Yoongi! Lo que eres para mí no puede medirse
por eso. —el alimista resopló, lánguidamente, y se volvió para regresar al pasillo. —
Volveré a mi invernadero y pasaré el resto de mis días encerrado en él, investigando
una cura para Su Alteza. Con permiso...

La delgada mano del príncipe Min agarró, con gran esfuerzo, el brazo de Jung.

—Jeon Jungkook es el único que me mantiene en este castillo porque, si no fuera por
su existencia, ya te habría sugerido emigrar contigo lejos de Adwan. Sólo nosotros
dos, para siempre. —Yoongi se esforzó por mantener la voz firm. — Cuando saqué el
tema de que no estamos vinculados, no fue con la intención de minimizar lo que
tenemos.... O-odio escucharte decir que morirías c-conmigo.

—Hablas de la muerte y de actuar de forma suicida, dejándote llevar por la venganza y


el rencor; ¿pero sólo yo soy el que está mal porque dije que me negaría a continuar, en
caso de que te pasara algo...? —Los labios de Hoseok se inclinaron en una sonrisa
apagada.

—No... No es eso. Ya no me refiero a esa criatura, ni a mis ansias de venganza,


Hoseok. —Yoongi se sintió aún más cansado que de costumbre. Con la cabeza y el
torso inclinados, y ambas manos apoyadas en el brazo de Jung Hoseok, sollozó en
silencio, tragando aire, y luego logró explicarse: —Resulta que soy absolutamente
consciente de mi condición, y sé que naturalmente no viviré la misma cantidad de
años que un hombre normal. Estoy obligado a ocupar una tumba antes que tú, de una
forma u otra. ¡Y ya lo hemos superado! Así que no te atrevas a hablar de tu muerte.
¡No de esa manera! Como si, para mí, fuera placentero arrastrarte conmigo en ese
destino.
Después de un momento de sollozos apagados, Jung Hoseok tomó las manos del
príncipe y depositó un pequeño beso en ellas, acariciándolas con sus largos dedos.

—Te equivocas... No superé la idea de verte marchar antes que yo, _su cálido aliento
heló la piel de las muñecas de Min Yoongi. —así que sé justo conmigo, mi amor, y no
sigas hablando de los "Y si" de esa manera. Me gustaría que pudieras vivir en el
presente, conmigo, con quien está a tu lado hoy....

El príncipe asintió con un movimiento de cabeza y se mordisqueó los labios,


moqueando. Las comisuras de sus ojos fueron limpiadas por Hoseok, primero con la
punta de su pulgar derecho y luego con sus suaves labios.

Entonces el alquimista frotó su nariz contra la de Min Yoongi y, con una dulce sonrisa,
besó sus labios húmedos con inmensa ternura. El calor contenido en su piel fluyó
entre ellos en una nube invisible de respiraciones, que se hicieron más profundas e
intensas a medida que el beso se convertía en algo más que un simple roce de labios.

Ahora, envueltos en un fuerte abrazo lleno de ambiguo anhelo, la pareja de alfas se


tumbó en la verde y húmeda hierba. Con un brazo sujetando la espalda del Príncipe
Min, Jung Hoseok cuidó de que el cuerpo del otro no cayera de golpe al suelo, y de
que ninguna piedra entre la hierba pudiera hacerle daño.

Siempre pensativo, el alquimista refrenó sus propios instintos abrumadores, cuyo


ardor naturalmente superaba al de Min Yoongi, pues sería arriesgado para el frágil
cuerpo del príncipe recibir toda la carga de deseo que estallaba dentro del pecho de
Jung.

Sumergidos en un beso lleno de lenguas y jadeos, intercambiando caricias con sus


manos, acariciando sus cabellos y mejillas, respirando cálidamente contra la piel del
otro y cerrando los párpados para concentrarse única y exclusivamente en las
sensaciones que se estaban provocando mutuamente; Hoseok y Yoongi comenzaron a
desatar los nudos de sus ropas, tirando de los lazos que sujetaban ambos lados de la
camisa del alquimista y de las cintas que cerraban el corsé masculino del príncipe.

Tras bajar los labios, trazando una hilera de besos hasta llegar a la marcada clavícula
de Min, Jung empujó el inminente bulto de su entrepierna bajo el pantalón contra lel
del otro chico, y movió las caderas para excitarlo con el embiste.

Yoongi sintió que las chispas hervían en sus venas en ese instante. Gimió suavemente
y sonrió.

—Siempre me provocas así. —murmuró, lascivamente.

Y como si quisiera tragarse todo e incluso la suave voz del príncipe, Jung Hoseok
volvió a besarlo con ardor. Sus largas manos tocaron la hebilla del pantalón del otro
chico y procedieron a abrirlo, tirando de él lentamente.

El sonido de la tela al pasar por el metal de la prenda llevaba implícito el mensaje de


que algo se acercaba. Algo sensual y placentero.

En cuanto se bajó la cremallera de los pantalones, Hoseok se aventuró bajo ellos.


Primero, utilizó sus manos, acariciando el suave y duro relieve que empezó a palpitar
con más fuerza bajo el contacto de sus dedos. Luego se inclinó hacia ese lugar,
acercando su boca al excitado miembro, y lo succionó lentamente, absorbiéndolo sin
freno, sin vacilación.

—Ho-Hoseok... —el príncipe echó la cabeza hacia atrás y jadeó. Su cuerpo se


estremeció ante el tsunami de placer provocado por su amante. La cálida y húmeda
boca de Jung le arrancó pensamientos y sensaciones llenos de lujuria, que impulsaron
sus caderas hacia arriba con la intención de estimular al otro para que continuara la
maravillosa obra.
El alquimista se deleitó con la expresión de placer en el rostro de su amado y comenzó
a chuparlo con más fuerza, en un movimiento constante y frenético, contando con la
ayuda de sus manos para intensificar los estímulos en esa región tan sensible.

Para provocar aún más a Su Alteza, Hoseok le sujetó las caderas, impidiéndole
moverse, y se lo tragó enérgicamente, apretándolo con los labios en una acción
profunda que iba desde la base hasta la punta del miembro.

Después de repetir el movimiento cuatro veces más, Min Yoongi jadeó y sintió que la
profusión de su interior explotaba y se derramaba en la boca del alquimista. Este
último saboreó el momento con una sonrisa, pasando la lengua por sus labios
húmedos y tragando el líquido caliente.

—Y t-también odio q-que te lo tragues... —tartamudeó el príncipe con un tono de voz


frustrado, pero su rostro se ruborizó.

En respuesta, Jung le acarició la mejilla, puso los ojos en blanco y susurró:

—Pues me encanta...

Min Yoongi comenzó a manosearlo, pasando su mano por la camisa abierta, tocando
su pecho y abdomen, y luego masajeando el endurecimiento en la ingle del alquimista.

—Déjame hacerlo a mí también. —pidió el príncipe.

Jung Hoseok se inclinó, besó el lado de la cara del otro y murmuró contra su oído:

—Hmmm, perdón... —el alquimista negó la petición. —Por el momento necesito algo
más. —sus manos comenzaron a bajar los pantalones de Yoongi para revelar una
pálida y esbelta desnudez.

La piel de porcelana del príncipe era suave como una pluma y brillaba como una
escultura hecha de perlas. Cada vez que lo desnudaba, Jung Hoseok suspiraba y daba
las gracias en silencio, sosteniendo una mirada hambrienta que nunca parecía
saciarse.

En cuanto hubo retirado los pantalones, el alquimista abrió las piernas de Yoongi y se
colocó entre ellas, lentamente, con todo el cuidado del mundo. Mientras sus manos
acariciaban los esbeltos muslos del otro joven, lo besó apasionadamente, presionando
su ingle contra el otro, abriéndolo y relajándolo

Las embestidas hicieron que Min Yoongi se ahogara en deseo y anhelo. Su necesidad
del otro creció en una inclinación repentina y pronunciada. Lo quería dentro de sí, en
toda su amplitud y calidez.

—Por favor. —suplicó el príncipe, gimiendo. Nunca necesitó suplicar nada, pues en
cuanto exigía algo, la gente que le rodeaba se apresuraba a atenderle. Jung Hoseok
era el único que podía hacerlo rogar.

Sin poder soportar más el deseo palpitante, el alquimista se desabrochó los


pantalones y dejó al descubierto el falo erecto. Luego, con dos dedos muy húmedos de
saliva, preparó el estrecho interior de Min Yoongi introduciéndose allí, en ese pequeño
y deseado anillo.

Entonces, sujetando su propio miembro frenéticamente, Hoseok lo presionó contra la


entrada del príncipe y trató de llenarlo cuidadosamente.

Yoongi jadeó cuando sintió entrar a su amado. Las paredes de su interior se


expandieron agradablemente con la intromisión. Su fuego se mezcló con el suyo, y
juntos crearon un incendio que se extendió por el cuerpo del joven Alteza y del
alquimista.

Ambos se estremecieron, gimiendo. Sus manos se buscaron, acercando sus


respectivos cuerpos, más cerca de lo que ya estaban, como si quisieran crear un solo
individuo conjugado.

Abrazados, sudorosos y temblorosos, practicaron el sexo como si nunca lo hubieran


hecho antes y como si nunca lo fueran a volver a hacer. No había límite para lo que
querían sentir, al igual que el amor en sus corazones era inconmensurable.

Mientras Jung Hoseok empujaba a Min Yoongi, moviéndose rítmicamente con una
fuerza abrumadora pero soportable para el príncipe, se besaban y gruñían
suavemente, jadeando de vez en cuando.

En un momento dado, cuando el falo de su amante comenzó a llenar con avidez a


Yoongi, tocando un punto extremadamente sensible en sus profundidades; gimió con
fuerza, aturdido y debilitado, y volvió a explotar. El líquido transparente mojó el
abdomen de Hoseok, dejándolo feliz y satisfecho.

Pero no del todo satisfecho.

A continuación, el alquimista dio la vuelta al príncipe en la hierba y lo cubrió como un


caparazón. Después de penetrar al otro una vez más, movió sus caderas contra las
nalgas del otro, hundiéndose al máximo, robando otra ola de gemidos y
estremecimientos de Min Yoongi.

Sintiendo que estaba a punto de explotar, Jung sujetó las manos de su amado y le
mordió la nuca con sus caninos alfa. Saboreó la sangre real mientras daba un último
empujón, el más profundo de todos, y se derramó por completo.

Ambos jadearon fuertemente, llenos de placer. Los lobos de sus corazones aullaron,
felices y apasionados.

En ese instante, cuando Hoseok y Yoongi cayeron uno al lado del otro en la hierba,
abrazados y sonriendo, parecía que nada podría separarlos. Eran los únicos en el
mundo, y por lo tanto, no habría un mundo sin uno de ellos.

Disfrutando de la soledad de aquel lugar, los dos descansaron desnudos bajo el sol de
la mañana, entre la hierba llena de rocío y las exóticas flores que allí brotaban.

Volvamos al palacio, más concretamente al ala de Su Majestad el Rey, y al momento en


que Park jimin se refugió desesperada e inocentemente en los aposentos reales en una
medida de último momento.

El chico no tenía ni idea de dónde estaba, ya que las ventanas de la habitación se


encontraban cerradas por pesadas cortinas que apenas dejaban pasar una pizca de luz
al interior.

Sin embargo, a priori, esa no era su principal preocupación.

Con una oreja pegada a la puerta, esperó pacientemente a que se desvanecieran los
sonidos de los pájaros, lo que indicaría su liberación del extraño y bizarro evento.

Cuando se calló, Jimin comenzó a reírse con incredulidad nerviosa.

¿Qué demonios acaba de pasar?, pensó, apartando la cabeza de la puerta y girando


para apoyar la espalda en ella.

Para calmar el pulso agitado de su corazón y frenar la adrenalina que había corrido
repentinamente por sus venas, el chico respiró profundamente, llenando sus pulmones
de aire. Con eso, captó algo en el aire.

Eran sólo pequeños rastros de un aroma, uno que Park Jimin había olido antes en
algún lugar. Aunque era tenue y estaba disperso en las partículas de aire que lo
rodeaban, era agradable, envolvente y... Caliente, de una manera peculiar.
—¿Quién está ahí? —una voz familiar y ronca atravesó la oscuridad. Parecía provenir
de lo más profundo de los aposentos, lo que provocó eco en su camino. Debido a esto,
Jimin llegó a la conclusión de que la habitación en la que estaba era el doble de
grande que la de su nuevo cuarto.

Antes de responder a la pregunta, se dio cuenta de que los vellos de su cuerpo se


erizaron.

—Es... Soy yo, Park Jimin.

Un instante de silencio.

De repente, dos anillos rojos brillaron en las profundidades de la habitación. Dos ojos
encendidos, llameantes y feroces.

—¿Park... Jimin? —la voz vaciló.

Esta vez, el chico logró reconocer ese timbre. Su pecho volvió a su anterior
inestabilidad.

—¿Jeon Jungkook? ¿Eres tú? —Jimin comenzó a caminar por la oscuridad, con la
intención de acercarse al otro. —¿Por qué está tan oscuro aquí? Hombre, necesitas
tomar el sol. Existe algo llamado "Vitamina D" que...

—¿Quién te ha dejado entrar? —el rey parecía ahora muy serio, como si estuviera
enfadado.

Al notar esto, el chico detuvo su paso. Algo en su interior se arrugó y sintió frío.

—Yo... Entré solo. Nadie me detuvo... —contestó Jimin, sintiéndose como un niño al
que han pillado haciendo algo malo.

En cuanto se dio cuenta de esto, y de lo insensato de la situación, el chico resopló.

—M-mira, siento la intromisión. Estaba en una emergencia, ¿de acuerdo? Pero


teníamos que hablar de una manera u otra, porque lo que me pasó tiene que ver
contigo, ¡y es espeluznante!

El sonido de algo arrastrándose entre las telas reverberó en el fondo de la habitación.


Sonó como si Jungkook se levantara de la cama y se quitara las mantas del cuerpo.

Park Jimin escuchó entonces cómo los pies del rey tocaban el suelo de madera, y
caminó suavemente por el suelo, silencioso como un lobo que observa a su presa.

Fue entonces cuando el olor de antes se volvió unos niveles más intensos, más
elocuentes, mezclándose en el aire alrededor del chico, dejándole la respiración un
poco agitada y pesada.

Jimin inconscientemente retrocedió un paso, como si se sintiera intimidado.

¿Pero intimidado por qué? ¿Por Jeon Jungkook?

El chico se negaba a aceptar esa posibilidad; porque, al fin y al cabo, la noche anterior
había visto a aquel joven gobernante transformarse en un feroz lobo, y sin embargo en
ningún momento se le pasó por la cabeza que Jungkook pudiera hacerle daño.

¿A qué se debe esta actitud irracional? Nada parecía estar fuera de lugar para él.
Nada, excepto el repentino y ligero mareo en su mente, y la sutil aceleración de los
latidos de su corazón. ¿O tal vez las piernas tambaleantes y las pequeñas chispas
invisibles que ardían en la base de su estómago?

¿Qué estaba pasando con él?

Park Jimin apenas tuvo tiempo de reflexionar sobre esto antes de que la figura de Jeon
Jungkook apareciera frente a él, como una imagen que llevaba dos faros brillantes y
sonrojados en lugar de ojos.

Una brisa matutina hizo que la punta de una de las cortinas se inclinara unos
centímetros hacia un lado, abriendo un hueco mayor a la luz del sol, dejando que ésta
se aventurara en la habitación con mayor libertad.

La luminosidad permitía a los dos chicos ver bien sus cuerpos. Para entonces, Park
Jimin vio que el rey estaba a pocos centímetros, desaliñado, vistiendo sólo pantalones
negros ajustados, dejando sus pectorales y músculos a la vista.

Guapo. Más guapo que antes, si es que eso era posible.

Además de su aspecto desaliñado, Jeon Jungkook miraba intensamente al chico, con


un semblante tenso y nervioso; pero al mismo tiempo, sus profundas pupilas brillaban
como si estuvieran contemplando al ser más perfecto de todos.

Se quedaron así, quietos, mirándose con las palabras atascadas en la garganta,


amordazados por una fuerza invisible que se caracterizaba por una profusión de
sentimientos gritantes: Miedo, confusión, asombro, ardor, pasión y lujuria.
|9||Profecía del Omega

Aunque la temperatura sobre Adwan no era


tan alta esa mañana, siendo constantemente aliviada por la brisa fresca que traía el
cauce del río que rodeaba la capital; dentro de los aposentos de Su Majestad el calor
era sofocante.

Park Jimin se dio cuenta de ello en cuanto Jeon Jungkook apareció en su campo de
visión, emergiendo de las sombras de la habitación como una figura intimidante y
extrañamente arrebatadora.

En medio de los esbeltos músculos que se combinaban con la alta anatomía del joven
monarca, hasta el pelo negro enmarañado que parecía haber caído entre las
almohadas de la cama, y los labios seductoramente atrayentes; lo que más llamó la
atención de Park en Jeon fueron esos ojos rojos llameantes, que brillaban como
botones luminiscentes.

En ese instante, inmerso en una confusión de pensamientos y sensaciones, el chico


pensó en lo increíble y aterrador que era todo al mismo tiempo. En el mundo real
nadie podría tener ojos brillantes, ni siquiera transformarse en lobos gigantes. Pero
allí, dentro del libro de su hermana pequeña, todas las experiencias que había vivido
llevaban consigo un toque de magia.

Incluso en la mirada de Jeon Jungkook se podía encontrar ese surrealismo....

—Tú... —la voz susurrante del rey también parecía sobrenatural. Casi entorpece los
sentidos de Jimin. —¿Por qué tú? —Jeon se estremeció.

Parecía frustrado, angustiado.

Park Jimin frunció el ceño, confundido

—¿Ah?

—¿Por qué veniste aquí? No deberías... Tú, entre todas las personas, no deberías... —
Jungkook tomó aire para recuperar el aliento, como si estuviera usando buena parte
de sus fuerzas en algo.

Luego se distanció dando dos pasos atrás, volviendo a las sombras de la oscura
habitación.

Park Jimin no podía entender esta actitud, el chico se sentía perdido y algo
abandonado. Era la primera vez que Jeon lo trataba con tanta ignorancia, como si no
fuera bienvenido.

¿Qué le había pasado al corazón del rey en una sola noche? El chico no tenía
respuesta a esa pregunta. Pensó que sería recibido por el otro con al menos una
pequeña sonrisa, o quizás una conversación sobre sus extraños cuernos.

—Jeon Jungkook... —murmuró el chico, vacilante, pero aún sintiendo chispas


calentando las venas de su cuerpo. —Siento la intromisión, no sabía que esta era tu
habitación. ¿Pero por qué me hablas así? Como... "De entre todas las personas", ¿por
qué yo iba a ser la peor opción?

Un momento de silencio.
—Me exedí con mis palabras. Lo siento. —la voz de Jungkook se perdió en la
oscuridad. Después no añadió nada más. Parecía evitar prolongar la conversación.

Al notar esto, Jimin apretó los labios e inclinó la cabeza, molesto.

¿Por qué Jeon no le decía cuál era el problema? ¿Por qué ponerse tan raro de repente?
Si no lo quería allí, tenía que haber una razón...

"De entre todas las personas", esa frase aún rondaba en su cabeza mientras se daba la
vuelta y empezaba a caminar hacia la salida de los aposentos reales. El ruido de los
pájaros ya se había desvanecido, por lo que el pasillo del exterior estaba
probablemente despejado y seguro.

Sin embargo, tan pronto como tocó el pomo de la puerta, Jimin detuvo su paso.
Movido por un ímpetu irracional, dijo:

—Ya que prefieres a cualquier otra persona en tu habitación, llamaré a Choi Ren. Debe
estar ansioso por verte.

No era propio de él actuar con sarcasmo e ironía en este tipo de situaciones. Jimin
pensó que era demasiado adulto para comportarse como un adolescente celoso. ¿Pero
qué podía hacer? La sensación que pesaba en su pecho era más fuerte.

Fue entonces cuando Jeon Jungkook apareció de nuevo a su lado, tan rápido y
silencioso como un carnívoro en caza. Pero en lugar de mirar a Park Jimin como si el
chico fuera una presa, lo miró con arrepentimiento y culpa.

Sus ojos rojos también habían desaparecido.

—¿Qué quieres decir? —preguntó el rey, sujetando la mano de Jimin en el pomo de la


puerta.

—¿Tú que crees? —Jimin puso los ojos en blanco y se apartó de su contacto. Hacer
esto, curiosamente, le hizo sentirse aún más incómodo.

—Es un desafortunado malentendido, y-yo...

—Está bien. No es para tanto. —el chico se encogió de hombros, fingiendo que no le
importaba. —Tenemos problemas más importantes que discutir, como estas extrañas
ramitas que me salen del cráneo. —señaló su cabeza y luego abrió la puerta para
marcharse. —Cuando deje de ser la peor opción, "de entre todas las personas",
entonces podremos hablar.

Pero Jeon Jungkook la cerró antes de que Jimin pudiera pasar.

El aire que los rodeaba se diluyó de repente.

—Cometí dos grandes errores anoche: Primero cuando permití que Choi Ren se
acercara a mí. En segundo lugar, cuando te dejé solo, a merced de ese monstruo... —el
cuerpo del joven rey se estremeció... —Debo evitar que ahora se produzca un tercer
error... Así que, por favor, espera un segundo.

Park Jimin pensó por un momento antes de apartar su mano de la puerta y ceder a la
petición del otro chico.

—¿Qué? ¿Ahora quieres hablar bien conmigo? —dejó salir el aire de su boca.

—Perdón. Acabé muy afectado por... los acontecimientos de ayer. —la voz de Jungkook
sonaba tensa, al igual que su oscura mirada. —Yo... yo pretendía quedarme toda la
noche a tu lado después de lo que pasó, pero... Tuve que retirarme a mis aposentos lo
antes posible. Por eso estoy actuando de esta forma. Lo siento.

Tras escuchar esta explicación, Jimin frunció el celo y dio un paso más hacia
Jungkook, con los ojos muy abiertos, buscando heridas en el cuerpo del otro.
—¿Qué quieres decir con "muy afectado"? ¿Sigues lesionado?

El rey se distanció una vez más. Parecía temer la presencia del chico.

—No... Me refiero a mi transformación, Park. —Jungkook contuvo la respiración. —


Convertirse en lobo por primera vez marca la maduración completa de un alfa y un
omega. Ayer fue mi momento, así que... Algunos detalles sobre mí cambiaron
inevitablemente, ¿entiendes?

—Oh... —murmuró Jimin, abriendo sus ojos. —¡Ah, ahora lo entiendo! En mi mundo
algunas personas también pasan por algo parecido a lo que tú sientes.

Jeon inclinó la cabeza hacia un lado, confundido.

-¿En serio? —frunció el ceño.

—Sí, sí. De donde yo vengo, el nombre es TPM. —Jimin agitó sus manos, relajando su
cuerpo.

—¿TPМ...?

—Sí. Todo este tema hormonal y demás. Imagino que es más o menos lo que sientes,
sólo que sin la parte de la menstruación. Mi madre también se pone un poco irritable
por esas fechas, ah....

Jeon Jungkook procesó en silencio las palabras del chico. Algo no parecía encajar, así
que el rey tuvo la ligera impresión de que Jimin y él no estaban hablando de lo mismo.

Sin embargo, Jungkook prefirió ignorar eso por ahora porque había algo más urgente
de lo que ocuparse.

—Park... Sobre Choi Ren, lo que pasó ayer, —el rey sacudió la cabeza de un lado a
otro, luchando por mantener la cordura. —t-tengo que explicarlo, pero... Me pregunto
si, más tarde, un poco antes del mediodía, podríamos, ta-tal vez... —luchó contra el
mareo para terminar de hablar: —¿Podemos dar un paseo por la ciudad? Quiero hacer
las paces con tu persona... Poner las cosas en orden...

Jimin notó la vacilación en la voz del monarca y se molestó por ello.

Aunque estaba ansioso por una explicación sobre la escena de Choi Ren, estaba más
preocupado por el estado de Jeon Jungkook. Al parecer, convertirse en un enorme lobo
en ese mundo no era tan sencillo como parecía.

—¿Seguro que está bien salir así? Te ves terrible... ¿No tiene el alquimista Jung alguna
medicina que pueda ayudarte a sentirte mejor? —sugirió el chico. Casi podía oír el
estado febril del otro chico, aunque estaba un poco lejos.

—Sí, todo está bien. —Jungkook se alejó un poco. —Ya me recetó algunos...
medicamentos... Ahora sólo necesito un poco de descanso y... Estar solo. Por favor...

Todo en la voz del joven rey alfa parecía temer ofender al otro chico de alguna
manera.

—Claro. Volveré a mi habitación... —Jimin no se sintió ofendido, sólo extrañamente


incómodo. No sabía cómo describir lo que ocurría dentro de su pecho.

Cuando volvió a abrir la puerta de los aposentos reales para que pudiera salir, el
muchacho trató de observar al alfa oculto en la penumbra de la habitación y preguntó:

—¿Realmente vas a estar bien? —sus nuevos instintos se agitaron, inexplicablemente


agonizantes.

—.... Lo haré. —el silencio del cuarto hizo que la voz murmurante de Jungkook fuera
algo más fuerte. No había ninguna certeza convincente en ello, pero Jimin decidió que
cuestionaría a ese alfa más tarde, cuando estuviera de mejor humor.

Justo cuando salía de la habitación, pero antes de cerrar el pomo de la puerta tras de
sí, el ahora Omega de Plata escuchó un susurro del soberano de Adaman:

—Te ves hermoso, Park.

Ahora, en el pasillo frente a los aposentos de Su Majestad, apoyado en la superficie de


la puerta y recibiendo los rayos de luz de la mañana que entraban por las ventanas de
las paredes que tenía delante, Park Jimin suspiró profundamente y apretó los labios.
Se sentía mal, con una ansiedad y un nerviosismo que vibraban en lo más profundo de
sus entrañas, pesando en su respiración.

El chico sospechaba que parte de este sentimiento mixto era el resultado de la pesada
carga que había recibido dentro de la recámara del rey. La otra parte probablemente
provenía de él mismo, de los propios cambios que había sufrido su cuerpo, y de la
reacción a los elogios de Jeon Jungkook sobre su aspecto.

Pensar en ello hizo hervir la sangre de las mejillas de Jimin, calentándolo por
completo, poniéndolo tan rojo como los brotes escarlata de sus cuernos.

Luego cerró los párpados y se alejó de aquel lugar un poco aturdido, llenando sus
pulmones con el aire fresco que entraba por las ventanas para poder recuperar sus
sentidos.

En el camino, Park Jimin se encontró con soldados y sirvientes del castillo. Todos se
inclinaron al verle y mantuvieron expresiones de nerviosismo y sorpresa en sus
rostros.

Como todavía estaba aturdido, el chico no sabía qué hacer al respecto. Así que salió
corriendo, deseando volver a la habitación donde había pasado la última noche.

Fue entonces cuando, a mitad de camino, divisó una figura pelirroja muy familiar
junto a una soldado rubia que también le resultaba familiar.

—¡Lu Keran! —Jimin se sintió bien al reencontrarse con un amigo. —Ah, hombre,
realmente necesitaba encontrarme contigo, no sabes lo que pasó hoy cuando...

En cuanto el discípulo del alquimista Jung y la soldado vieron al chico con cuernos, se
arrodillaron rápidamente en el suelo y apoyaron la frente en el suelo, completamente
curvados.

—Su Magnificencia. —Keran y la mujer rubia hablaron al unísono. Parecían casi tan
nerviosos como los funcionarios del castillo que también habían visto a Park Jimin.

—H-hey... No se inclinen. Basta, en serio. —El chico se agachó e intentó tirar de ellos
por los hombros. —¿Tú, Keran? Somos amigos, ¿por qué te inclinas ante mí?

—Es el protocolo, señor. —explicó el discípulo con una sonrisa. —El reino lleva
generaciones esperando la llegada del Omega de Plata. Por lo tanto, debemos tratarlo
con extremo respeto.

—Oh, que bien, pero sólo me salieron un par de cuernos. Si no te levantas ahora, me
voy a enojar mucho. —Jimin apartó la comisura de sus labios, manteniendo una
expresión de fastidio en su rostro.

Con eso, Lu Keran se levantó finalmente, aunque un poco vacilante. Su compañera, sin
embargo, seguía postrada en el suelo.

—Tú también, ehm... —Jimin no sabía cómo llamarla.

—Miho, señor. Miho, del clan de soldados Min. —se presentó. Ella, al igual que Keran,
se levantó del suelo con incertidumbre, y mantuvo la mirada baja todo el tiempo.
Min Miho era una mujer hermosa, de ojos verdes y cuerpo atlético, y más alta que los
dos chicos que estaban allí. No había feromonas con ella, así que Park Jimin, incluso
con su poca experiencia en ello, concluyó que Miho era una beta. Después de mirar un
poco más su cara, el chico tuvo un déjà vu y dijo:

—Te conozco de alguna parte...

—Ah, ya la ha visto antes. —Keran tomó la palabra. —Todavía de camino a la capital de


Adwan, cuando las tropas de Eliah rodearon a las de Su Majestad en ese cañón. Miho
y yo lo conocimos a usted cuando fuimos a advertir al rey sobre el combate.

—... ¡Ah! ¡Ya me acordé! ¡Tenías una flecha en el hombro! Fue todo un susto, espero
que te encuentres mejor. —dijo Jimin a la soldado y se rascó la nuca

—Agradezco la preocupación, Su Magnificencia, pero estoy bien recuperada... Lu es


muy bueno en el arte de la medicina, aunque prefiere la creación de maquinarias
excéntricas. —Miho dio un codazo a Keran y esbozó una sonrisa socarrona —Sin
embargo, después de lo de ayer, nunca volverá volverá a preferirlas.

Ante el discurso de la soldado, Lu Keran se sonrojó hasta ponerse tan rojo como su
cabello, resaltando los ojos azules de su rostro.

—¿Ayer...? —Park Jimin se detuvo un momento para recordar qué más había sucedido
en la noche de luna del rey, además de la aparición de la bestial criatura. —¡Es cierto!
Te has hecho daño, ¿verdad? —el chico se acercó a Keran. —¿estás bien?

—S-sí, señor... —tartamudeó el discípulo del Clan Jung.

—Seguro que sí, ya que te has ganado la atención del general Kim hasta el amanecer.
—Miho no escatimó en sarcasmo en su tono.

Keran la apartó entonces, con el rostro ahora más caliente que antes, pero sin poder
ocultar la sonrisa que jugaba en sus pequeños labios.

—¡Un momento! ¿Cómo? —Jimin se agitó ante el chisme. Le gustaba escuchar ese tipo
de conversaciones.

—Y-yo, —Keran se atragantó de nervios. —es desconcertante hablar de esto en un


lugar abierto, señor... —se giró rápidamente para encarar a un par de siervas que
limpiaban un conjunto de estandartes dispuestos en una pared cercana. —Los chismes
distorsionados podrían empañar la reputación del general, más aún porque no estaba
allí cuando el rey necesitaba ayuda para acabar con la bestia invasora.

El ambiente de la conversación se enfrió de repente.

Miho afirmó con la cabeza, estando de acuerdo con la afirmación del discípulo.

Park Jimin también entendió lo que Keran quería decir.

Como general, Kim Namjoon debería haber apoyado a su rey en un momento tan
crítico. Si se corriera la voz de que realmente había pasado la noche en los brazos de
un omega, dando la espalda a sus deberes con Su Majestad, podrían surgir muchos
problemas.

—Lo sé, hablemos en mi habitación. Iba a volver allí. —sugirió Park, rodeando con sus
brazos la derecha de Miho y la izquierda de Keran. —Quiero decir que no estoy seguro
de que esa sea realmente mi habitación, pero como he dormido en ella y nadie se ha
quejado, entonces debería estar bien.

Tras encogerse de hombros, el chico se marchó arrastrando a la soldado y al discípulo


de Jung Hoseok por los alrededores del palacio, como en la escena de "El Mago de Oz"
en la que Dorothy y sus extraños amigos van por el camino de baldosas amarillas.

Al llegar a las nuevos aposentos de Park Jimin, el chico dibujó en su rostro una mueca,
pues vio que había dejado aquella habitación hecha un caos.

Todos los muebles estaban abiertos y su contenido sobresalía, llenando el suelo de


desorden. Encima del montón de ropa, zapatos y accesorios, había una capa de
plumas sueltas y unos cuantos pajaritos tumbados, como en sus nidos.

Miho y Keran abrieron los ojos con asombro y se volvieron en dirección a Jimin,
deseosos de recibir alguna explicación de la escena.

—Ah, es una larga historia, haha... —el omega trató de rascarse la cabeza,
avergonzado, pero terminó golpeando con los dedos sus cuernos.

—¿Deberíamos llamar a unos sirvientes para que limpien su habitación, señor? —


preguntó la soldado.

—No... No es necesario. Lo haré yo mismo. Pueden seguir hablando. —Jimin agitó las
manos en posición agachada para empezar a recoger las cosas esparcidas por el suelo.
Tras sonreír, hizo un guiño juguetón. —Tengo curiosidad por saber qué ha hecho Lulú
con el general Kim.

Min Miho y Lu Keran, éste último bastante sonrojado,


acompañaron al Omega de Plata en la limpieza, ya que no se atrevieron a dejarle
hacer el trabajo manual solo.

—No ha p-pasado gran cosa, señor... —murmuró el discípulo del Alquimista Real
mientras doblaba unas camisas de seda.

—No mientas, Lu Keran. —Miho empujó ligeramente al chico: —un beso nunca podría
considerarse poca cosa.

—¡Un beso! —Jimin levantó la cabeza de un salto.

—Sí, Su Magnificencia. ¡El General tomó a Lu Keran en sus brazos e intercambiaron


besos bajo la luna nueva! —La dramatización que utilizó hizo que el discípulo se
sintiera aún más avergonzado.

—¡Pero-pero no pasamos ninguna otra límite! —Keran tartamudeó, nervioso.

—Entonces, ¿cómo explicas el hecho de que hayas pasado la noche en el cuarto del
General? Antes me habías dicho que su cama era absolutamente cómoda... —Miho
enarcó una ceja ante su sonrojado amigo. En ese momento, incluso Park Jimin se
quedó perplejo y atónito.

Con las manos ocultando su rostro, Lu movió la cabeza de un lado a otro


frenéticamente.

—¡Dormir en la cama del General no es lo mismo que haber tenido... relaciones


íntimas con él! —exclamar eso requería mucho esfuerzo por parte de Keran. —para
facilitar la extracción de los fragmentos clavados en mi brazo, tuve que ingerir un
sedante del alquimista Jung... Al cabo de un rato, me invadió un mareo que me dejó
bastante descolocado. De ese modo, acabé declarando todos mis sentimientos al
General.

—La bebida siempre es milagrosa... —murmuró Park Jimin en voz baja, pensando que
era divertido.

Keran siguió hablando, esta vez con un semblante más sereno.

—... Mi sinceridad le hizo ser sincero conmigo, y así nos entendimos un poco más. El
beso vino a continuación. —resopló con el puño sobre los labios. —Después de unos
momentos, el mareo se hizo más fuerte y me quedé dormido. Creo que el General me
llevó a su habitación sólo por mera complacencia.

—Menuda autocomplacencia. —Miho puso los ojos en blanco mientras cerraba los
últimos cajones abiertos de una cómoda. —Es obvio que el general Kim también siente
algo por ti, Keran... Sólo duda en mostrarlo porque siempre ha sido un alfa honorable
que actúa con precaución. Sin embargo, eso es algo muy bueno para ti.

—Lo sé... —tras doblar las últimas prendas del armario, Keran mostró una pequeña
sonrisa de felicidad. —Eso lo convierte en una persona verdaderamente confiable. Si
fuera cualquier otro alfa, me habría despertado esta mañana con algunos temores....

Al otro lado, espantando a los pajaritos que insistían en pegarse a él mientras


organizaba los últimos accesorios y joyas que se habían desperdigado por el suelo,
Park Jimin escuchaba aquella conversación con una expresión de desconcierto en su
rostro.

—¿Qué quieres decir con eso de "cualquier otro alfa"?—quiso saber. En ese momento,
dos pequeños ruiseñores se posaron sobre sus cuernos, como en las ramas de un árbol
pálido.

—Ah, señor... La vida de un omega es a veces un poco difícil... —respondió Lu Keran,


suspirando. —Por desgracia, ofrecer demasiadas libertades a un alfa no es muy seguro
para quien es un omega. Y viceversa, por supuesto. Pero nuestro caso es más
alarmante debido a que somos físicamente más débiles que ellos.

Park Jimin frunció el ceño, encontrando este tema cada vez más intrigante y extraño.
En cuanto terminó de ordenar las joyas en cajas sobre una cómoda, se volvió para
mirar a Miho y Keran.

—Todavía no entiendo... ¿Cómo que no es seguro? ¿Es por la transformación? ¿Ellos se


ven diferentes después de haberse convertido en grandes lobos...? —Jimin tragó en
seco, pensando en Jeon Jungkook y en las palabras que el joven rey le había dicho
momentos antes. —Los omegas también se transforman, ¿no es así? Te he visto
hacerlo, Keran. Osea.... No debería ser un problema.

—No, señor. No es eso... No exactamente... Andar por ahí como un lobo no causa
ningún problema a los sentidos. —Lu Keran se apresuró a explicar.

Jimin se sintió rápidamente aliviado y concluyó, feliz y también inocentemente, que lo


que le ocurría a Jeon no estaba relacionado con ese asunto, sino, más bien, con otro
tipo de cambio físico extraño, igual que el que había generado los cuernos en su
cabeza.

—De acuerdo, ¿entonces cuál es el problema? —siguió queriendo entender las


preocupaciones de la soldado y del discípulo.

—Son los instintos, Su Magnificencia. —Miho tomó la palabra, con los ojos verdes
bajos, evitando el contacto visual con Park Jimin. —Los Omegas y los Alfas a veces
sucumben a las necesidades carnales. En ocasiones, ni siquiera los medicamentos
pueden evitar esas ansias.

—Sí, sí. —asintió Keran con un movimiento de cabeza. —Yo, por mi parte, siempre me
he contenido con las hierbas de Semilla de Lobo. Son muy eficaces en aquellos que
nunca han experimentado el... El acto carnal. —se sonrojó de nuevo.

—Por ello, el General valora a los soldados jóvenes y castos, ya que son más fáciles de
controlar con la medicación. Así es como mantiene el orden en las tropas. —Miho se
pasó la mano por su pelo rubio y agitó los cortos mechones de un lado a otro.

Park Jimin procesó esta información en silencio, encontrándola continuamente muy


extraña y fuera de lo común.

Sin embargo, cuando empezó a relatar todas estas cuestiones relacionadas con los
alfas y los omegas, el discípulo de Jung Hoseok hizo un comentario interesante:

—Realmente, sería un caos si Su Excelencia no fuera una autoridad tan firme... —la
mirada de Lu Keran volvió a brillar, como siempre que hablaba de Kim Namjoon. —
Pensemos en lo que pasó anoche en el baile.

—Ah... Eso... —la cara de Miho palideció.

—¿Ah?, ¿Uh?, ¿Qué?, ¿Pasó algo más además del asunto del monstruo? —preguntó
Jimin.

Min Miho y Lu Keran intercambiaron miradas tensas.

—Sí... El clan principal decidió mantener el asunto en silencio, pero Miho me informó,
ya que ella estaba allí cuando sucedió... —el chico de pelo escarlata bajó la voz hasta
susurrar: —Choi Ren, El hijo menor del linaje principal del clan, está en sus días de
celo. Por ello, acabó acosando a algunos de los invitados del baile de Su Majestad,
entre ellos el primo del rey, que es el primogénito de la matriarca del clan Wang.

Al escuchar esto, Park Jimin inclinó la cabeza y reflexionó sobre la escena que había
visto la noche anterior: Choi Ren en los brazos de Jeon Jungkook.

Por la forma en que Keran hablaba, parecía que nadie sabía que el chico Choi se había
involucrado con el rey.

Tal vez no hubo testigos, o tal vez Jungkook prefirió no hablarle a la gente sobre el
chico por alguna razón.

Los sentimientos confusos se agolparon de repente en el pecho de Park, y se agitaron


más cuando Min Miho hizo el siguiente comentario:

—Ahora mismo, la situación entre los Wang y los Choi es inestable, ya que el hijo de
Wang Jena estaba comprometido con una omega de otra familia. —la rubia beta se
apretó las sienes con los dedos índices. —Se iniciará un juicio privado después de la
puesta de sol. La pobre Señorita Yoojung tendrá que asistir a la audiencia en nombre
de su inconsecuente hermano menor, porque no puede salir en público en ese
estado....

—Espera un segundo. —Jimin levantó su palma derecha, interrumpiendo a la soldado.


—Si todo es tan instintivo e inevitable, ¿por qué sólo le echan la culpa a ese idiota de
Choi Ren? Mira, no me agrada ese tipo, pero eso es un poco injusto. Para mí, si eres
consciente de lo que pasa con alguien, entonces también tienes algo de
responsabilidad en la situación. —los ojos de Jimin se volvieron pesados mientras no
podía dejar de pensar en la imagen de Jungkook rozando su nariz contra el rosado
cuello de Ren.

Al final, él también lo quería... El chico pensó con tristeza.

—Señor... —Lu Keran se acercó a Jimin, un poco vacilante. Para él, la idea de estar en
una conversación con el Omega de Plata era todavía muy diferente. —Miho fue un
poco mal comprendida. Adaman no condena así a sus omegas. El maestro Jung me
contó historias sobre naciones que nos tratan con falta de respeto, pero eso no ha
ocurrido aquí desde el comienzo del reinado de la Gran Reina. Su Majestad el Rey, ha
heredado el carácter y los ideales de Wang Nara, por lo que estamos viviendo muy
bien. Pronto lo verá...

—... ¿Es enserio? —Jimin estaba un poco impresionado.

—Sí, Su Magnificencia. —la soldado Min se adelantó, también un poco nerviosa.


Nerviosa porque aparentemente había entristecido al Omega de Plata y porque no
entendía muy bien en qué se había equivocado con sus palabras.

Tras un resoplido, habló:

—Permítame aclarar lo que dije antes... Choi Ren será juzgado como cualquier otro
individuo que haya cometido un delito durante su arrebato. Y el delito que cometió fue
el de acosar a la gente; gente que además es de la alta nobleza de Adaman. Por
supuesto, se tendrá en cuenta lo que causó su descontrol, pero Choi Ren debería ser
consciente de que cuando se llega a la cima del celo, el alfa o el omega deben aislarse
de todo el mundo, para evitar estas situaciones desconcertantes. Desgraciadamente,
lo que se sabe es que, aunque llevaba días sintiendo los síntomas, él no ha tomado
ninguna precaución.

Terminada la explicación de Min Miho, Park Jimin movió la cabeza de arriba abajo,
absorbiendo las palabras de la soldado y reflexionando sobre ellas.

Todo lo que la beta había dicho ahora tenía sentido. Las cosas estaban encajando. Al
parecer, el juicio no sería injusto después de todo. Eso fue bueno e hizo que Jimin
estuviera más relajado, aunque no del todo.

Algunas dudas aún rondaban su mente en confitura. Dudas sobre las actitudes de Jeon
Jungkook, sobre las chispas que ahora serpenteaban por su pecho, sobre los
sentimientos que calentaban su corazón.

Park Jimin tampoco pudo evitar incluir en sus turbulentas reflexiones el hecho de que
todo le parecía más intenso después de los acontecimientos de la noche anterior. Era
como si el chico hubiera subido literalmente de nivel y ahora fuera a enfrentarse a una
nueva oleada de emociones y circunstancias que le harían evolucionar como un
personaje principal.

En medio de estos pensamientos, finalmente se dio cuenta de un hecho obvio que sólo
ahora, después de todas las explicaciones de Keran y Miho, parecía relucir ante sus
ojos.

Si él era un omega, y ahora más omega que nunca, ¿podría eso significar que esos
instintos inevitables también lo acosarían en el futuro?

¿Podrá Park Jimin pasar por algo parecido a un "celo"?

Un escalofrío le heló de repente la espina dorsal e impregnó todo su cuerpo hasta


llegar a la punta de sus dos cuernos de marfil.

Con el corazón acelerado, ignoró la presencia de Keran y Miho y volvió a coger el libro
de su hermana pequeña. El objeto estaba junto a la cama, con la tapa hacia arriba.

Eso puede ser, ¿verdad? pensó Jimin.

Temblaba mientras hojeaba desesperadamente las páginas en busca de algo escrito


que afirmara lo contrario de sus suposiciones.

Miho y Keran lo observaron desconcertados, sin entender qué pasaba por la mente del
chico.

—¿Señor? Qué libro más bonito. ¿Puedo preguntar de qué se trata? —dijo Keran con
curiosidad.

—... Cuenta una historia aburrida sobre un tipo realmente jodido en la vida. —
murmuró Jimin, nervioso y vacilante, pero sin apartar los ojos de las páginas.

Para el chico, lo mejor sería mantener en secreto el contenido del libro. Park aún
quería asegurarse de que no habría efectos secundarios si decía a la gente que el
Reino de Adaman sólo existía porque alguien había escrito sobre él.

Tras releer párrafos y párrafos, el chico llegó a la conclusión de que no había nada
que pudiera salvarle de ese destino cómo omega.

Park Jimin cerró entonces el libro y se hundió entre las almohadas de la cama,
controlando unas ganas irrefrenables de gritar.

Al otro lado, la soldado Min y el discípulo Lu terminaban de ordenar la habitación


mientras intercambiaban cotilleos sobre los acontecimientos de la noche anterior. Los
dos estaban terminando cuando uno de ellos vio un interesante paquete tirado en un
rincón de la habitación.

El paquete brillante les llamó la atención.

—¿Qué puede ser esto? —los ojos de Miho se entrecerraron, mirando fijamente el
objeto que tenía en sus manos.

—Nunca he visto este material... —Keran tocó la superficie del paquete. —Parece
metal, pero es tan maleable...

Jimin escuchó la discusión y se levantó de las almohadas, girando la cara para saber
de qué iba la conversación. Se dio cuenta de que se trataba del regalo que su hermana
menor, Park Yeseo, iba a hacer a unq amiga que cumplía años.

Por un accidente del destino, el pequeño paquete cayó en ese mundo junto con Jimin.
El chico nunca lo abrió, porque en ningún momento sintió la necesidad de hacerlo, ya
que había demasiadas cosas en las que pensar y preocuparse desde que puso el pie en
Adaman.

—Es un paquete de regalo. —dijo, saltando de la cama y acercándose a los dos


curiosos.

—¿Paquete de regalo, señor? —Keran inclinó la cabeza hacia un lado, confundido. La


expresión de la cara de Miho también era de incomprensión.

—Sí... De donde yo vengo, ponemos los regalos más sencillos en estas bonitas bolsas.
—explicó Jimin, tomando el paquete en sus manos.

—Oh... ¿Y qué hay dentro? —los ojos del pelirrojo brillaron con interés.

—Yo también quiero saberlo... —el Omega de Plata empezó a rasgar la cinta adhesiva
que mantenía abierta la bolsa, haciendo un poco de fuerza al tirar de los extremos.
Cuando por fin abrió el envoltorio, sacó una pequeña caja de poliestireno que iba
acompañada de una carta escrita a mano.

La letra de Park Yeseo era evidente ya en el exterior de la carta, donde se leía, en


grandes caracteres, "Para mi alma gemela, Kang Somi".

Kang Somi debe ser el alma gemela de Yeseo que estaba de cumpleaños, pensó Jimin
después de leer el primer mensaje.

Antes de ver qué más había escrito su hermana a su mejor amiga, el chico se
concentró en abrir la caja de poliestireno.

En cuanto sacó la tapa y reveló su contenido, los tres presentes abrieron los ojos con
perplejidad.

El regalo que Yeseo daría a aquella niña Kang Somi era nada menos que una pequeña
escultura de arcilla blanca con forma de lobo con cuernos, idéntica a las historias del
Reino de Adaman, idéntica al ser legendario del libro de la niña.

—Estás bromeando, haha... —Jimin se rió incrédulo.

—...¿Eso siempre estuvo con usted, señor? —preguntó Lu Keran, con sus ojos azules
saliéndose de las órbitas. —Y pensar que todo este tiempo, la respuesta sobre su
identidad estaba delante de nuestras narices.... La nobleza de Adaman realmente le
debe muchas disculpas.

Tanto el discípulo del Alquimista real como la soldado Min adquirieron miradas tensas
y culpables en sus rostros.

—M-mira, me gustaría que dejaran de hacer eso. Quiren esas caras de culpabilidad
como si hubieran cometido un crimen. —Jimin se pasó la mano por la cara, suspirando
profundamente. —Ninguno de ustedes me trató mal, así que estoy bien. Y Keran, sigue
tratándome con normalidad, por favor. Como dije antes, somos amigos, ¿verdad?

—S-sí, señor. —dijo el chico pelirrojo, feliz y emocionado.

Min Miho también relajó su postura y curvó sus labios en una pequeña sonrisa.

—Al fin y al cabo, la corazonada del rey era correcta desde el principio. —murmuró,
apoyando la cabeza en la palma de una mano y mirando hacia arriba de forma
contemplativa. —Anoche, después de que la feroz criatura se marchara, todo el mundo
escuchó cuando le dijo esas palabras a Su Magnificencia, ah...

—... ¿Qué palabras...? —algunos de los recuerdos de Jimin de la noche anterior yacen
bajo una fina capa de niebla.

—"Lo sabía... Eras tú todo este tiempo... Eres mi Omega de Plata" —recitó Miho, con
cierto dramatismo y emoción. A su lado, Keran reprimió un pequeño grito, poniendo
una mano sobre su boca.

Park Jimin giró la cara, ocultando el inminente rubor de sus mejillas. En su pecho, su
corazón palpitaba fuerte y agitado, bastante acalorado.

Sintiéndose incómodo, tragó aire y decidió abrir la carta de su hermana. Tal vez algo
escrito allí lo distraería.

Para su alivio y sorpresa, algunas cosas escritas por Park Yeseo le llamaron
especialmente la atención.

"Feliz cumpleaños, Soso. ¡Vuelves a ser mi unnie, ¡porque ahora nos separa
oficialmente un año! Pero quiero seguir tratándote como mi alma gemela, nenita. :(
¿Me dejas? Voy a fingir que escuché un sí"

"Es curioso el hecho de que te haya conocido cuando teníamos la misma edad. Y en los
últimos tiempos han pasado muchas cosas. Al principio era un poco tonta, así que no
me di cuenta de que había razones para que fueras tan callada. Después de descubrir
esas razones, me sentí realmente avergonzada por haberte obligado a ser más amable
con todo el mundo. Lo siento..."

"Sé que nunca podré sustituir la presencia de tu hermano mayor, pero te aseguro que
estaré ahí cuando necesites un hombro en el que apoyarte. Y hablaremos mucho de
nuestros BL's, yaois, doramas tailandeses (vi el que me recomendaste, 2Gether The
Series, y me encantó).

"Ahora, para terminar esta carta, ¡voy a contarte un poco sobre mi pequeño regaloo!

"¿Sabes ese libro que escribió tu hermano angelical y celestial? Acabo de terminar de
leerlo. Es taaaan perfecto (¡No es justo que sólo haya un ejemplar en el mundo, más
gente debería conocerlo!), ¡¡¡no puedo esperar a hablar del final de la historia contigo,
Soso!!! Sé que te encanta su obra (y ahora entiendo por qué), así que reuní mis
ahorros para que me encargaran una escultura del Omega de Plata. Espero que con
ella puedas recordar siempre a tu hermano.... ¡Es un regalo de corazón! Te quiero".

Cuando terminó de leer la carta, Park Jimin dejó salir el aire que, hasta ese momento,
había quedado atrapado en sus pulmones, murmuró, un poco sentimental ante la
delicadeza de su hermana menor, y estremecido por la información que había reunido.

Entonces debe ser eso. Park comenzó a reflexionar en su quietud, el libro pertenece al
hermano de esta chica, Kang Somi.

Por la forma en que Yeseo habló de ese hombre, algo debe haberle pasado. Quizá haya
muerto.

Hmmm...
¿Tiene esto que ver con la existencia de este mundo? Dado que sólo existe un ejemplar
del libro, ¿podría tener algún tipo de carga mágica o espiritual debido a esas
circunstancias?

Park Jimin frunció el ceño y metió la carta de su hermana entre las páginas del libro.
Las cosas, para él, parecían cada vez más enigmáticas. Quería respuestas, pero no
podía obtenerlas si intentaba razonar de forma lógica, como si estuviera en el mundo
real donde las leyes físicas y químicas rigen de forma "normal". De este modo, había
comenzado a abrazar ideas e hipótesis algo más milagrosas.

Pero su imaginación aún no podía llegar tan lejos. El chico no pudo deducir cuál era su
relación con todo este lío.

¿Por qué fue arrastrado al libro? ¿Por qué tuvo que convertirse en el Omega de Plata?
¿Y qué había hecho para merecer todo esto? Si hubiera hecho algo....

¿Fue el destino? ¿O tal vez una mera coincidencia?

Y, después de todo, ¿era él el único visitante del mundo real en ese universo lleno de
lobos? ¿Había alguien más por ahí...?

Con tantas preguntas sin respuesta, el chico sintió que su mente iba a explotar.

—... ¿Su Magnificencia? —la voz de Min Miho sonaba distante, pero se las arregló
para sacar a Jimin de sus ensueños caóticos.

—Ah... Uh... —el chico se volvió hacia la pareja que lo observaba expectante.

—Nos preguntábamos si ya había merendado. —explicó Keran con calma.

—¿Merendado? Ah, ¿el desayuno? Todavía no he comido.

—Entonces será mejor que lo haga pronto, el día de hoy será intenso-. —habló la
soldado con una sonrisa, colocando las manos en sus bien dibujadas caderas,
cubiertas por su armadura militar.

—¿Qué pasará hoy. —Jimin contrajo su ceño. —Además del juicio de Choi, por
supuesto...

—Una celebración, señor. ¡En su nombre! —Keran balanceó su toga roja de un lado a
otro. —Toda la capital se prepara para el atardecer, cuando se inicie la celebración.
Así que hay que comer bien. Por cierto... Se suponía que debía unirme al Maestro Jung
para hacer las bebidas ceremoniales, pero no lo encuentro por ningún lado.

—Tal vez esté con el príncipe... —murmuró el Miho Min con una mirada sugerente.

Park Jimin miró hacia arriba, pensativo.

—Hmmm, sí. Estoy bastante seguro de que vi al Alquimista Jung con el hermano de
Jeon Jungkook esta mañana. —Mientras huía de esos pájaros demoníacos, añadió en
su pensamiento

Cuando volvió a bajar la vista, el chico se percató del semblante desconcertado de Min
Miho

—¿Qué?

—A-Ah, perdóneme, Su Magnificencia... Es que nunca había visto a nadie citar, sin
escrúpulos, el nombre del rey. Excepto, por supuesto, los parientes cercanos de Su
Majestad. —explicó la soldado, desviando la mirada. —Por un segundo, olvidé que son
una pareja.

Park Jimin removió su cuerpo, algo desconcertado.


—No somos exactamente una... Pareja. —dijo, con una mano en la nuca y cerrando los
labios en un mohín.

De repente, una atmósfera de curiosidad y emoción rodeó a Miho y Keran.

—¿Usted ya ha intercambiado alguna vez palabras dulces con el rey? —preguntó el


chico pelirrojo a Jimin, juntando las manos frente a su cara.

—Ehm... No lo he hecho, pero me ha dicho cosas bonitas. —el rostro del Omega de
Plata se calentó.

Qué pasaría si les dijera que ya nos hemos besado, pensó.

—Y, si puedo preguntar, ¿ha tenido alguna vez un paseo romántico? —quería saber la
soldado Min.

Jimin alzó los hombros, fingiendo no estar avergonzado.

—Me llamó para dar un paseo por la capital. Más tarde...

Los dos curiosos que estaban a su lado esbozaron animadas sonrisas, encantados de
escuchar aquello. Los chismes sobre los romances reales siempre llenaban los ojos de
la gente.

—¿Por qué no nos avisó antes, señor? Nos tomamos nuestro tiempo. —Keran agarró el
brazo de Miho a toda prisa, y juntos se dirigieron a la salida de los aposentos del
Omega de Plata. —Llame a los sirvientes para que lo ayuden a prepararse. También
avisaré a la cocinera sobre su desayuno.

—¡Bien pensado, Lu! —exclamó la soldado, abriendo la puerta de su habitación. —


Preguntaré al general Kim cómo está la seguridad de las calles de la capital, para que
Su Magnificencia y Su Majestad puedan recorrerlas sin preocupaciones...

—¡H-hey!. No es necesario... Creo. —¿Por qué parece como si estuviera yendo a mi


boda? —Jimin comenzó a sentirse nervioso.

—Desgraciadamente, es muy necesario... —Los ojos verdes de Min Miho se


oscurecieron de repente. —Todavía no hemos encontrado ningún rastro de la bestia
que invadió el palacio. En este momento, podría estar en cualquier lugar.

Al principio Park Jimin tuvo ganas de pedirles que se relajaran, porque la posibilidad
de que una criatura tan herida siguiera viva era minúscula, más aún después de haber
caído desde lo alto de un muro a un río profundo.

Pero entonces el chico recordó el hecho de que se encontraba dentro de un libro.

Ese detalle, por tanto, lo cambió todo.

En un mundo donde reinaba la fantasía, un monstruo no podía considerarse muerto


hasta que se encontraba su cuerpo sin vida. Años de ser un ávido consumidor de
historias fantásticas habían hecho que Park Jimin fuera muy consciente de este
desafortunado e inquietante hecho.

El personal del castillo lo mimó más de lo que nunca imaginó.

Park Jimin no sabía qué hacer cuando una tropa de sirvientes entró en sus aposentos,
trayendo consigo una bandeja de fruta, toallas y baldes llenos de agua caliente para
llenar la bañera en la que se bañaría.

El chico se sentía como un muñeco, al que le cepillaban cuidadosamente el cuerpo


mientras recibía las uvas directamente en la boca. Hubo momentos en los que deseó
poder pedirles a todos que se alejaran, ya que no necesitaba que nadie lo bañara, —
aparte de que la situación era extremadamente embarazosa— pero al final no dijo
nada, ya que se dio cuenta de que aquellos sirvientes estaban muy nerviosos y se
esforzaban sinceramente por complacerlo.

Supongo que ahora soy una especie de dios para ellos, reflexionó el chico.

Con eso en mente, Park Jimin se dejó llevar por la situación.

Pensándolo bien, sólo ganaría ventajas.

Una vez terminado el baño, los sirvientes lo secaron con suaves toallas y cubrieron su
cuerpo con perfume de rosas. Luego lo vistieron con una camisa roja llena de encajes,
unos pantalones blancos sueltos y elegantes y un corsé beige claro con hilos de plata
adornando su superficie.

Frente al espejo, Jimin recibió una ligera capa de maquillaje, sólo para resaltar sus
estrechos ojos rojos, y el carmesí de sus labios. Mientras perfilaban los párpados del
muchacho, otros dos sirvientes lo cubrían con pendientes y anillos de plata.

Incluso sus cuernos ganaron accesorios.

En cada asta de marfil, entre los brotes rojizos se colocaron finos hilos de plata que
bajaban hasta llegar a los hombros de Park. El sirviente que los puso allí seguía
temblando y tragando en seco. Tenía miedo de tocar los cuernos y acabar así
ofendiendo al Omega de Plata.

Cuando terminaron de poner orden, los funcionarios del palacio hicieron un hueco
para que el chico se observara libremente en el espejo.

Los ojos de Jimin se abrieron de par en par ante lo que vio. Esos sirvientes habían
hecho realmente un buen trabajo.

—Gracias. —dijo a los demás.

—Es un honor, Su Magnificencia. —dijeron los demás al unísono e inclinaron la cabeza


en señal de reverencia.

De repente, tras admirarse un poco más, en la mente de Park rondó una única
pregunta:

¿Será que Jungkook pensará que me veo hermoso así?

Justo en ese momento, sacudió la cabeza, tratando de dispersar los sentimientos


palpitantes que volvían a vibrar en su pecho.

—Señor... Su mesa de desayuno ya está preparada en el jardín principal. —dijo uno de


los criados, captando de nuevo la atención de Jimin.

—... Oye... ¿No era esa bandeja de frutas mi desayuno?

Los criados se miraron con las cejas arqueadas.

—Oh, no, Su Magnificencia. Eso fue simplemente un aperitivo...

—¿De verdad? Wow. —Park Jimin se revolvió y sonrió. —Ahora si estoy disfrutando de
esto, hehe...

El chico salió entonces de la habitación, con el estómago forrado y sintiendo la


ligereza de su nueva ropa, pero todavía incómodo por el sutil peso de los cuernos en
su cabeza.

Mientras recorría los pasillos y bajaba las escaleras, se dio cuenta de que le
acompañaban algunos sirvientes, que parecían estar allí para estar a su disposición.
Jimin también vio que los soldados y los nobles con los que se cruzaba lo veneraban
hasta doblar su espalda en noventa grados.

Hmmm, la forma en que esta gente me trata ha cambiado bastante. Interesante, el


chico levantó la vista y una sonrisa traviesa jugó en sus labios regordetes.

Al llegar al jardín, observó que la mesa del desayuno había sido preparada bajo una
zona circular cubierta por un techo abovedado. Todo allí era de gran refinamiento,
desde el mantel de la superficie plana, con elegantes bordados en colores suaves,
hasta la vajilla de porcelana. Había platos de varios tamaños, cubiertos dispuestos en
orden de uso, copas y vasos de cristal, y bandejas con abundante comida.

—¿Pero qué es esto? ¿Un banquete? —Park miró la mesa con una expresión de
desconcierto. —¿Debo comerlo todo?... ¿Yo solo?

—Hmm... —uno de los sirvientes que le había acompañado hasta allí dudó mientras
hablaba. Nervioso, parpadeó varias veces y dijo: —Al principio, teníamos previsto
organizar un desayuno para Su Magnificencia y el rey. Sin embargo, nos han
informado que él se encuentra indispuesto...

—Ah, cierto. —Jimin se sintió un poco solo al saber que no podría compartir esa
agradable comida con Jeon Jungkook.

Un sentimiento persistente en su interior le quitó algo de emoción.

—Bueno, de todos modos, no podré comerlo todo yo solo... —pensó en voz alta,
dándose un golpecito en la barbilla con el índice, y luego se volvió hacia los sirvientes.
Oigan, ¿ya comieron?

—¿A-ah? —una sirvienta miró confundida a los demás. —Todavía no, Su Magnificencia.
Es costumbre que nos alimentemos sólo después de nuestros señores y señoras.

—¿De verdad? Qué aburrido... Hmm, ¿quieren ayudarme a comer todo esto?
Realmente creo que es un desperdicio tener tanto para mí.

El grupo de funcionarios abrió los ojos y encogió sus cuerpos ansiosos.

—No o-osaríamos compartir una mesa con el Omega de Plata.

—Eh, pero yo los estoy invitando a ustedes. —el chico se sentó en la silla de un
extremo de la mesa y, con una gran sonrisa, señaló los otros asientos.

Los sirvientes se miraron, sin saber qué hacer, y se dirigieron a las sillas frente a Park
Jimin. Con ello, intentaban al menos mantener el respeto a la diferencia jerárquica.

El chico no vio ningún sentido en forzarlos, así que se encogió de hombros y comenzó
a atiborrarse de las albóndigas y caldos que había en la mesa.

Cada vez que probaba un nuevo plato, Jimin suspiraba, deleitándose con los
maravillosos sabores. También animó a los criados a probar cada uno de esos
alimentos, entablando mientras tanto una pequeña charla con ellos para que se
sintieran más a gusto.

Poco a poco, los sirvientes comenzaron a sonreír y a respirar con normalidad, e


incluso intercambiaron algunas palabras tímidas con el chico, cuyo interés por ciertos
detalles de aquel mundo seguía presente.

—¿Y qué? ¿Son todos "betas"? Así es como se dice, ¿no? "Beta" —quiso saber Jimin.
Notó que no había ningún aroma peculiar proveniente de esas personas y de todos los
demás funcionarios del castillo con los que se había cruzado

—Sí, señor. Los sirvientes del palacio deben ser betas para poder servir en cualquier
circunstancia... Íntima y personal. En cuanto a los guardias, sólo los que protegen el
ala del rey y sus consortes necesitan ser betas. En las otras zonas de palacio, la
mayoría de los soldados son alfas. —explicó uno de los sirvientes.
—Hmm, creo que puedo entender por qué. —murmuró Jimin.

Después de la pequeña lección de Miho y Keran, comenzó a comprender mejor las


peculiaridades de cada tipo de persona en ese universo de fantasía.

Si un omega que vive en el castillo fuera atendido por un alfa, habría grandes riesgos
en torno a ellos debido a los instintos de cada uno. Un beta, sin embargo, podía
controlarse totalmente, aunque tuviera los pensamientos más lujuriosos del mundo.

Mientras analizaba en silencio todas estas peculiaridades, Park Jimin apenas se dio
cuenta de que un una pequeña figura corría de un lado a otro, arrastrando el
dobladillo de su vestido, mientras sentía el viento de la mañana azotando las sedosas
ondas de su cabello castaño.

¿No es la hija del general Kim? se preguntó el chico mientras se llenaba la boca de
bolas de masa.

Sintiéndose observada, la niña se detuvo y volvió sus ojos hacia Jimin. Cuando vio que
era el Omega de Plata, soltó un pequeño grito y corrió detrás de un arbusto.

Un segundo después, Jina inclinó la cabeza hacia un lado queriendo observarlo una
vez más, llena de curiosidad. Los cuernos de marfil de Park fueron lo que más le llamó
la atención.

—Kim Jina, ese es tu nombre, ¿no? —preguntó, y luego le mostró la bandeja de comida
en la mesa. Estas cosas están realmente buenas.

La niña, todavía un poco indecisa y avergonzada, salió de detrás del arbusto con las
manos a la espalda y la cabeza agachada.

Se acercó a él lentamente, mordisqueando sus pequeños labios, hasta que finalmente


se detuvo cerca de él y sacudió la cabeza, aceptando la comida.

Después de dar un mordisco a un bollito, Kim Jina levantó los ojos y se quedó mirando
los cuernos de la cabeza del omega que tenía delante.

—¿Es usted el Omega de Plata? —preguntó, un poco nerviosa.

—Creo que sí... —respondió Jjimin, hundiéndose en su silla.

—... Papá dijo que le debemos respeto, señor, igual que se lo debemos al rey... —Jina
parecía estar recitando una frase del general Kim.

—Ah... Mira, —Esto es algo gracioso, pensó. —quiero que la gente me trate bien, pero
no así, ¿sabes?

—"¿Así...?" —la confusión era evidente en el semblante de la niña.

—Tipo... Quiero ser amigo de todos, ¿sabes? Sólo amigos.

—"Amigo de todos..." —murmuró Jina. Luego se balanceó de un lado a otro, con


bastante timidez, y dijo:

—Señor Omega de Plata... ¿Deseas ser mi amigo?

—Por supuesto, ¿por qué no? Me recuerdas mucho a cierta persona... —Me recuerda a
mi hermana pequeña, añadió pensativo, dejando escapar un pequeño suspiro.

Ante su respuesta, los ojos de la pequeña Kim se llenaron de chispas.

—¿Entonces puedo tocar tus cuernos?

La mirada de Jimin palideció.


"Con que era eso", casi se rió. "Realmente se parece a Yeseo".

Por mucho que odiara la idea de tener dos llamativos cuernos colgando sobre su
cabeza, y por mucho que se esforzara en olvidarlos, Park Jimin no creía que la petición
de la niña fuera tan mala.

—Vale, puedes tocarlos. —dijo, inclinando la cabeza hacia abajo.

Kim Jina se levantó de un salto, emocionada, y empezó a pasar los dedos por los
cuernos del otro con sumo cuidado, palpando la textura del marfil y los brotes rojos
que nacían.

—Es como un árbol. —murmuró, asombrada.

Jimin hizo una ligera mueca y dijo:

—Gracias por la gran comparación.

Se levantó cuando ella terminó de admirar los dos tallos. Justo en ese momento, Kim
Jina empezó a mirar de un lado a otro, con cara de saber una gran información.

—Señor Omega de plata, necesito contarle un secreto... —susurró la niña con ambas
manos cerradas sobre su pequeña boca. Por la expresión cerrada de su rostro, parecía
ser algo bastante serio para ella.

Por lo tanto, Jimin tenía curiosidad.

—¿Qué es?

—Acabo de escuchar a algunas personas diciendo que no lo aprecian a usted, pero que
aún así lo adu... adu... —no sabía muy bien cómo pronunciar la palabra. Después de
pensarlo un segundo, finalmente lo consiguió: —¡lo adularían!

—¿De verdad? —se rió Park con un toque de burla. Luego, en el mismo tono
susurrante de Jina, preguntó: —¿Qué más has oído? ¿Quiénes son esas personas?

—Son personas de otros clanes. Lo sé porque cada clan tiene un símbolo y unos
colores, ¡papá me lo enseñó todo! —habló la niña con orgullo, y luego volvió a
murmurar. —Les oí repetir que estaban arrepentidos de haberlo tratado mal.

Ah, son esos nobles idiotas, concluyó Jimin y respiró profundamente.

—Hmmm... así que están arrepentidos... —el chico esbozó una enorme sonrisa. —
Entonces les daré la oportunidad de redimirse conmigo, hehe...

Buscó un objeto metálico estrecho y de tamaño medio que había guardado en el


bolsillo antes de salir de sus aposentos, y se lo mostró a la señorita Kim, que lo
observaba todo con una mirada interesada.

—Pequeña Jina, ¿ves esto de aquí?

—Sí, ¿qué es? —Jina se quedó mirando el objeto.

—Se llama teléfono... Y voy a usarlo para mi venganza.

Jeon Jungkook se despertó de su siesta con un sobresalto.

Su cuerpo todavía estaba ablandado por las medicinas del alquimista Jung, por lo que
podría pasar fácilmente el resto del día en un sueño profundo.

Pero su mente no le permitía hacerlo, ya que a ello se unía la promesa que le había
hecho a Park Jimin. La invitación a un paseo por la capital de Adwan. Un paseo en el
que podían hablar de asuntos importantes y corregir malentendidos.

Así que se arrastró por los aposentos reales, sintiéndose ligeramente mareado, pero
con una voluntad mucho más instintiva que antes.

La sensación febril había pasado, al igual que el sudor frío, el pulso acelerado y los
temblores internos. Sólo quedaban restos de esa ola de sensación de ardor,
sensaciones que constantemente traían a la mente de Jeon Jungkook imágenes de un
Park Jimin sonriente, de piel sedosa y con aroma a rosas.

Era inquietante y agonizante. Cada nano centímetro de su interior parecía anhelar ese
omega.

Pero el rey no quería tomarlo así, de una manera tan salvaje y primitiva, como si fuera
un alfa sin honor, sin carácter.

Lo quería, pero también quería reciprocidad.

Por eso el primer celo del soberano de Adaman fue mantenido en secreto por dos
personas: el Alquimista Jung y el Príncipe Min. Jeon Jungkook llevaría ese secreto
hasta cuando pudiera, y se escondería de todos si no fuera más fuerte que sus
instintos internos.

El chico no quería asustar a Park con preguntas relacionadas con el celo, y tampoco
quería dar motivos a los nobles de la Mesa de Plata para ofrecerle la mano de las
omegas de sus respectivos clanes, para formar el harén real.

Jeon Jungkook incluso creía que ningún omega podría hacer cesar esa intensidad que
ardía en lo más profundo de su cuerpo. Y su vínculo con Park Jimin fue el culpable de
eso.

Por eso se sintió agradecido con la inteligencia del Gran Alquimista cuando, al abrir
las cortinas de su habitación, el único aroma que entraba por la ventana y en sus fosas
nasales era el del jardín que rodeaba la torre del castillo. Sin las medicinas de Jung
Hoseok, ese autocontrol sería imposible de lograr tan rápidamente.

Todo está bien ahora... pensó Jungkook, relajando su tenso cuerpo.

El rey llamó entonces a sus sirvientes para que le ayudaran en los preparativos.

Tras darse una ducha fría -para ayudar a reducir el calor de su cuerpo- se puso unos
pantalones negros, unas botas del mismo color, una camisa blanca con bordados en
hilos negros y un abrigo oscuro.

Jungkook desayunó allí mismo, en su habitación. No comió mucho, ya que su apetito


también se había visto afectado por sus condiciones físicas, ni tardó en prepararse
para salir por la puerta en busca de su pareja predestinada.

El corazón del monarca palpitó de repente con fuerza.

"Pareja predestinado" era una expresión muy fuerte, incluso para él, que se había
criado en el clan Jeon, donde a los niños se les enseñaba sobre profecías y
espiritualismo desde una edad temprana.

Pensar en ello mientras se dirigía directamente al jardín principal del castillo, después
de que uno de los sirvientes le dijera que Park Jimin estaba allí, le puso un poco
nervioso.

El joven rey bajó las escaleras un poco mareado, apoyándose de vez en cuando en las
paredes circundantes, pero recuperando el equilibrio en cuanto apareció alguien en su
camino.

Cuando llegó a las puertas de cristal que le llevarían a la salida lateral del ala, situada
justo delante de su destino previsto, Kim Namjoon apareció en su campo de visión.
El general de Adaman, con su elegante y estilizado atuendo militar, se inclinó ante su
rey tan profundamente que apenas le llegaban las rodillas.

Jeon Jungkook se enfrentó a su homenajeado con pesar, consciente de lo que pasaba


por la mente del general.

—Levántate, Kim... No te culpo de nada, y tampoco me atrevería nadie a hacerlo.

—Pero la culpa es mía... No estaba allí cuando la bestia asaltó el perímetro del castillo.
—Namjoon apretó los puños. —Podría haber ocurrido una tragedia. Si Su Majestad no
hubiera alcanzado la forma lobina... —su voz se tensó... —Me cuesta imaginar un
escenario así.

—Esto está mal. —Jeon Jungkook puso las manos trás su espalda y miró hacia arriba,
altivo. —Tu lógica está equivocada. Durante el baile, no estabas vigilando el castillo,
pues eras mi invitado. Mi amigo en mi noche de luna. Nadie sintió la presencia de la
bestia, excepto los soldados que fueron asesinados silenciosamente por ella durante
su invasión,—el rey había recibido el informe sobre el grupo que había sido mutilado
justo la noche anterior. —así que es ilógico llevar las cosas en esa dirección.

El General apretó su mandíbula, perdido en sus lamentaciones.

—Aún así... Debí haber estado presente cuando su Majestad luchó contra ella, para
ayudarle. Dos contra uno, y entonces hubiera sido mucho más sencillo...

Jeon Jungkook respiró profundamente, abriendo y cerrando los ojos lentamente.

—Está bien... Por favor, no te culpes por lo que podría haber pasado, de lo contrario
tendré que martirizarme por el resto de mi vida.

Al oír esto, Kim Namjoon levantó la cabeza y miró a su rey con el ceño fruncido.

—¿Mi señor? ¿Qué quiere decir?

—... Si no hubiera llegado a tiempo, Park Jimin probablemente ya no estaría aquí,


entre nosotros. —un nudo amargo se formó en su garganta. El lobo interior del rey se
encogió. —Si no fuera por la suerte que me dieron los dioses al vincularlo a mí, ni
siquiera habría sospechado lo que estaba pasando...

El General se levantó, erguido y altivo, pero todavía con la cabeza baja.

A continuación, Jeon le puso la mano derecha en el hombro en un gesto de


compañerismo y esbozó una débil sonrisa.

—Por ahora, olvidemos nuestras lamentaciones ansiosas. Tengo una cita con él y
quiero tu ayuda.

—Una cita... —el ambiente entre ellos comenzó a aligerarse. La curiosidad de Kim
Namjoon jugaba en su mirada.

—Sí, un paseo por Adwan... Dame algunas ideas que puedan complacer a Park.

Comenzaron a caminar mientras intercambiaban palabras.

—Honestamente, mi rey... No tengo ni idea de lo que podría complacer a ese omega.


Él es... Exótico.

—Cuida tu lengua, ahora Park es de hecho el Omega de Plata. —dijo Jungkook,


sintiendo un ligero orgullo mientras hablaba y una fuerte sensación de déjà vu. —Pero
tienes razón. Es diferente a todos los demás.

—Usted, señor, lo conoce más que yo...

—Tal vez, hmm... —el joven monarca se rascó la barbilla, pensativo. —Park Jimin
probablemente se siente un poco extraño en este momento, debido a los cuernos...
Creo que se asustó bastante cuando se despertó esta mañana y los vio... —Jungkook
suspiró con fuerza. —Ojalá hubiera estado allí, a su lado.

—Entonces, ¿es real lo que describen las tablillas sobre el Omega de Plata? Lleva
cuernos, ojos rojos... —Kim Namjoon se encontró desconcertado.

—Sí. Y es muy... Muy hermoso. —los ojos del rey estaban muy lejos, volviendo al
momento de aquella mañana en que Park Jimin atravesó las puertas de sus aposentos,
como un ratoncito que cae en una trampa peligrosa sin darse cuenta.

Mientras tanto, el General trató de imaginar cómo sería la nueva apariencia de Park
Jimin.

—Hmmm, debe ser bastante interesante. —murmuró, pensativo, sin segundas


intenciones en sus palabras.

Ni siquiera los remedios del alquimista real podían tener el efecto completo sobre la
racionalidad de un alfa en sus días de celo. Debido a esto, los ojos de Su Majestad se
volvieron rojos, incandescentes, y los celos se extendieron por su cuerpo como un
veneno altamente letal.

—Callate. —la voz de Jeon adquirió un tono amenazante que hizo que el General
sintiera escalofríos.

Kim Namjoon se congeló de inmediato, abriendo los ojos y frunciendo las cejas, sin
entender al principio lo que estaba pasando.

Sólo después de unos momentos comprendió.

—Mi rey... ¿está en sus días?

Jeon Jungkook entonces se dio cuenta de la irracionalidad de su última actitud.


Sacudió la cabeza, intentando recuperar el sentido común, y parpadeó varias veces,
hasta que la luz escarlata de sus iris fue sustituida por la negrura natural.

Ahora que había recuperado el control, el rey miró a Kim Namjoon avergonzado.

—Lo siento mucho... —dijo.

—Mi rey... ¿De verdad? ¿Esta no sería su primera vez... —actuando como un hermano
mayor, Kim Namjoon se sintió preocupado.

—Sí, lo es... Pero mantén el secreto. Estoy bien.


Hay cosas que son nuevas para mí, por eso actué antes como un loco celoso. La
próxima vez me controlaré más.

Incluso con el tono de confianza en la voz del soberano, el general Kim seguía
inquieto.

—Mi rey... Esos celos irracionales sólo se harán más fuertes. Confie en mí. Si, durante
su recorrido por la ciudad, algún alfa intenta acercarse a Park Jimin, es probable que
su lobo salga a la superficie de forma descontrolada.

Un escalofrío recorrió la columna vertebral de Jeon Jungkook.

—¿Te ha pasado alguna vez? —quiso saber el joven.

—Dos veces. Una vez en el pasado, cuando mi esposa estaba viva. Casi maté a ese alfa
—Namjoon dejó escapar un fuerte suspiro. —y otra vez el año pasado.

—El año pasado... —Jungkook se encontró confundido. —Pero su difunta esposa se fue
hace ya varios años, General.
Kim Namjoon apartó la mirada, avergonzado.

—Ella no fue la causa esa vez.... Fue Lu Keran. Estaba tratando las heridas de algunos
de mis soldados. En mi mente ebria, me imaginé matando a cada uno de ellos. Me
desahogué en una sesión de entrenamiento que empecé después. Todo el mundo
pensó que sólo estaba siendo un poco más estricto y violento de lo habitual al luchar
contra mis subordinados.... Dejé que pensaran así.

Jeon escuchó esa historia con una expresión de perplejidad en su rostro, y tragó en
seco.

—Yo... está bien. —el joven rey apretó los ojos, cediendo. —Acompañaré a Park Jimin
durante un rato, sólo para ocuparme de cierto... malentendido. Y luego regresaré
rápidamente al palacio y me encerraré en mis aposentos durante los próximos días.

—Buena decisión, Su Majestad.

Asintieron con la cabeza y se concentraron en su paseo, pasando por el camino de


piedra del jardín entre los arbustos y rosales, y entre los altos y coloridos árboles allí
dispuestos armoniosamente.

Después de un rato, Jeon Jungkook notó el inusual vacío en ese lugar. En días
normales, la nobleza de Adaman se reunía allí para el ocio, ocupándose de
conversaciones, juegos al aire libre y romances. Pero en ese momento no había nadie.

El joven rey estaba ya a un paso de interrogarlo cuando escuchó un coro de voces y


música bulliciosa que resonaba desde el otro lado del jardín, detrás de los arbustos
más grandes.

Kim Namjoon y Jeon Jungkook se acercaron y se encontraron con una escena


increíble.

Los nobles de los principales clanes del reino estaban reunidos en filas, como las
tropas en una sesión de entrenamiento militar, y se movían ordenadamente al son de
una música llena de ritmos frenéticos y voces aullantes. Parecían cansados, pero no
daban señales de que fueran a detenerse.

—¿Pero qué pasa? —murmuró Jungkook, aturdido, y recorrió con la mirada las filas
hasta encontrar a un chico con cuernos y hermosos ojos rojos en medio de todo.
Estaba sentado en un escenario improvisado junto a una niña agitada.

—¡QUIERO ANIMACIÓN! —el chico, que era Park Jimin, gritó. Gesticulaba como un
director de orquesta y sonreía divertido al ver a los nobles balancearse. —¡VAMOS,
LOBITOS FRACASADOS! Los dioses me dijeron que querían hacer las paces conmigo.
PUES AHORA QUIERO HONESTIDAD, ¿OK? ¡MUEVAN LAS CADERAS! MENEO,
MENEO, MENEO...

La noble multitud se esforzó por mostrar más energía.

—Muy bien. —Jimin dio una palmada y se dirigió a la niña sentada a su lado. —Oye,
Jiji, pon otra música en el celular.

"Jiji" era Kim Jina, la hija del General, y sostenía el delgado objeto metálico en sus
pequeñas manos.

La música vibrante salía de ella, pero su sonido no era tan fuerte como la vez que se
utilizó para asustar a las tropas del reino de Eliah; porque, en aquella ocasión, Park
Jimin utilizó un artilugio fabricado apresuradamente que permitía amplificar los
ruidos de la melodía resonante.

Animada por la petición del Omega de Plata, la niña se quedó mirando el aparato, lo
levantó por encima de la altura de los hombros y se aclaró la garganta para hablar:

—¡Eh, Mobiu! —llamó al asistente del sistema del teléfono móvil. El truco se lo había
enseñado Jimin.

Al cabo de un segundo, la pantalla del aparato vibró, a la espera de nuevas "órdenes".

Kim Jina le dio la siguiente:

—¡Pasa a la siguiente canción!

Mobiu obedeció y puso en marcha la lista de reproducción. En un instante, un nuevo


ritmo lleno de guitarras y tambores resonó en el jardín.

—¡Woah! ¡Woah! "Bad To The Bone", Haha... ¡Muy bien, Jiji, Muy bien! —le dijo Jimin,
levantando el pulgar de su mano derecha.

La niña sonrió, extremadamente feliz, y copió ese gesto de la mano. Esa mañana
estaba aprendiendo muchas cosas interesantes.

Girándose a continuación para observar las filas de nobles, Park Jimin entrecerró los
ojos, formulando una idea en su fértil mente.

—¡Hey, chicos! —llamó la atención de todos. —He oído que más tarde van a hacer una
fiesta para mí... ¿Qué va a pasar en ella?

Un hombre con el ceño fruncido se acercó, inclinándose más y más con cada paso que
daba hacia el chico de pelo plateado.

—Nada va a pasar, Su Magnificencia. —dijo después de interpretar la palabra "pasar"


literalmente, esperando ser útil para conseguir que Jimin le excusara de sus
vergonzosos bailecitos.

En cambio, Park se cayó hacia atrás, riendo. Todos los que lo observaban se miraron
entre sí, confundidos y nerviosos.

—"Nada va a pasar", ¡Haha! Hombre, lo siento... Sigo olvidando que aquí hablan
diferente. —dijo el chico entre risas. —sólo quiero saber qué habrá en esa fiesta.

—Oh, bueno... —el hombre se recompuso. —Habrá una cena abundante, en


agradecimiento a su presencia entre nosotros. El rey también abrirá las puertas del
castillo a todos los ciudadanos de Adaman que puedan estar presentes, para que
puedan apreciar y alabar su imagen...

—Sí, ajá ¿Qué más?

—Ehm... La matriarca del clan Min, que es una anciana de mucha virtud y experiencia,
recitará la profecía del Omega de Plata, su profecía, delante de la multitud.

—... Bueno, pero ¿qué pasa con la parte de la fiesta? —Jimin empezó a encontrar todo
el asunto extremadamente aburrido.

El hombre que le respondió frunció el ceño al máximo, extremadamente inquisitivo.

—Pero, señor. Ya le he dicho todo lo que va a pasar.

—¿Qué? —Jimin se levantó del podio de un salto.

Su repentina actitud sorprendió a todos. Inmediatamente agacharon la cabeza,


temiendo la ira de la entidad divina.

—Sé que es un evento muy tradicional para ustedes, pero es un poco aburrido. Es
bastante aburrido. Disfruté de la parte de la cena, pero la forma en que hablaste de
ella me dio sueño, Dios... —Jimin se rascó la nuca y frunció los labios en un mohín.

Justo en ese momento, cuando todos se sentían responsables del fastidio del Omega
de Plata y temían incluso abrir la boca para preguntarle qué se podía mejorar, una voz
profunda llena de un alegre vigor atravesó la fila de los nobles.

—¿Y qué sugieres que hagamos, Omega de Plata? —la voz heló el cuerpo de Park Jimin
como lo haría un viento helado. Sin embargo, en lugar de frío, el chico sólo sintió el
más profundo y aturdido calor.

Se volvió en busca de la fuente del discurso, y encontró al gobernante de Adaman


mirándolo con ojos tan brillantes y negros como el ónix.

Jeon Jungkook estaba de pie elegantemente y en silencio, tan quieto y contenido en su


plenitud que no lo había notado allí hasta que se hizo notar.

En cuanto vieron al rey, todos los nobles lo reverenciaron respetuosamente y le


abrieron paso.

Con el espacio despejado, Jungkook caminó hasta quedar a escasos centímetros de


Park Jimin, y con una sonrisa que lo hacía aún más guapo que de costumbre, dijo:

—Dígame, ¿qué más apreciaría Su Magnificencia además de la devoción y una cena


abundante?

El monarca parecía jugar con las palabras al hablar, utilizando un sutil tono de
sarcasmo mezclado con su cortesía y encanto natural.

Park Jimin se sintió un poco hipnotizado por cada cosa que salía de la boca del rey
alfa. Por la forma en que sus labios se movían y formaban sílabas, y por el aroma
meloso que se escapaba del aliento del otro.

El chico tardó unos segundos en conseguir salir de los ensueños de su mente nublada
por los sentimientos.

—... Y-yo... No me llames así, por favor. —Jimin trató de enfrentarse a él de igual a
igual, pero en cuanto sintió que la presencia de Jungkook le llegaba como un perfume
adictivo, bajó la mirada, ligeramente sonrojado.

Jeon notó el efecto y, avergonzado, dio un paso atrás.

—¿No apruebas que te llamen Su Magnificencia? —preguntó el rey, ahora sereno.

—Es una expresión muy extraña. Y es aún más extraña cuando lo dices tú. Prefiero
que continúes tratándome como lo hacías antes. —Jimin frunció los labios y se rió. —
Trátame como Park Jimin, así como me dejas tratarte como Jeon Jungkook.

Jeon volvió a sonreír, esta vez con un brillo extra.

—Bien, entonces... Park Jimin, ¿qué debemos hacer para ofrecerte una fiesta
satisfactoria?

Jimin pensó por un momento antes de responder:

—Buena música, baile animado y mucha bebida.... Y con eso. No hace falta mucho
para que un evento sea divertido.

—Entiendo. —Jungkook negó con la cabeza. —Lo arreglaré.

—Espera... Sus canciones son geniales, pero me gustaría añadir algunas nuevas. Oye,
Jiji, —Jimin se dirigió a Kim Jina, que ahora estaba junto a su padre, Kim Namjoon,
que había aparecido junto a la figura del rey.

—Sí, señor... —la niña dirigió los ojos hacia el chico.

—Te voy a dar una misión.

La pequeña, encontrando eso muy divertido, adoptó la posición de soldado, con las
piernas y los brazos rectos a los lados, y preguntó:

—¿Qué misión, señor?

Kim Namjoon levantó las cejas, asombrado por la actitud de su hija. Jeon Jungkook
observó en silencio divertido.

—Ya te explicado. —dijo Jimin, volviéndose hacia el gran grupo de nobles. —¿Hay
alguien aquí que sepa tocar un instrumento musical y cantar?

Algunos brazos se levantaron, temblorosos y temerosos.

—Bueno, —el chico sonrió satisfecho. —este es el trato: Ji va a poner cinco canciones
para que las escuchen e intentes reproducir exactamente cada una de ellas. Quiero un
concierto de rock para esta noche, ¿entendido? Si pueden hacer eso, los perdono.

Los nobles no tenían ni idea de lo que significaba el "rock", pero entendieron que el
Omega de Plata quería un evento musical impresionante.

Como tocar instrumentos y cantar era mil veces más honorable que girar y bailar en
medio del jardín del castillo, aceptaron rápidamente la orden de Park Jimin.

—Bien. —el chico de los cuernos habló, cruzando los brazos con orgullo.

A su lado, Jungkook movía la cabeza de lado a lado, bastante impresionado.

—Increíble. —murmuró el rey. —Él es increíble.

Con un resoplido, la conversación volvió a centrarse


entre él y Jimin.

—¿Deseas caminar conmigo ahora? —la simple pregunta puso nervioso el cuerpo del
alfa. Le resultaba bastante curioso, porque casi nunca perdía la calma interior.

—Por supuesto. Pero, ¿realmente estás bien? —Jimin quería saber. No había olvidado
lo que había sucedido esa misma mañana, cuando había entrado en los aposentos del
rey.

—Estoy... Estoy mucho mejor. —dijo Jungkook mitad en serio.

—Ah, bueno, hehe. Entonces vamos, ¿no?

Los dos muchachos sonrieron y salieron caminando, uno al lado del otro, pero
manteniendo cierta distancia promovida por su inconsciente respectivo.

En cuanto salieron del perímetro del palacio, todas las miradas se volvieron hacia
ellos. Después de todo, eran el Rey de Adaman y el Omega de Plata. Por ello, muchos
se detenían a observarlos.

Esto era tan esperado que Kim Namjoon les siguió justo detrás con algunos de sus
mejores soldados como medida de precaución.

Sin embargo, Park Jimin no estaba nada contento de tener a tanta gente mirándole. Se
sentía desnudo en medio de decenas de personas, y su autoestima bajaba varios
peldaños cada vez que alguien le señalaba los cuernos.

Al notar la inquietud en el rostro pálido del chico, el alfa que estaba a su lado le
susurró:

—¿No estás disfrutando del paseo?

—... Más o menos... Es que no se puede disfrutar en un lugar con tanta gente
mirándote como si fueras un nuevo tipo de animal. —explicó Jimin en voz baja,
inclinando la cabeza.

—¿Así que es eso lo que pasa por tu cabeza? —el rey se rió. —No eres una aberración
para ellos, sino un monumento sagrado andante.

—Con cuernos. —dijo el omega, frunciendo el ceño.

—¿No los aprecias?

—En realidad no... Me siento extraño. ¡Me siento raro! ¿Y si estas cosas crecen cómo
los cuernos de ciervo? No quiero ir por ahí como Bambi, llevando ramas en la cabeza.
—el chico suspiró profundamente y se estremeció. —La hija del general Kim ya me ha
comparado con un árbol. Pronto todo el mundo pensará como ella.

—¿No escuchaste lo que dije esta mañana, Park Jimin? —los ojos del rey estaban
entristecidos.

—¿Ah?

—Estás muy hermoso... Nunca he sido más sincero. Y todos los que te están viendo
ahora deben pensar lo mismo, porque es verdad.... Eso me molesta un poco —un rubor
cruzó sus mejillas.

Jimin, que ya estaba sonrojado, lo miró confundido.

—¿Te molesta?

—Sí... Quería ser el único que lo admirara. —dijo Jeon sin pensar mucho en lo
avergonzado que estaría después de hacerlo.

Los dos apartaron la mirada, sonriendo tímidamente, sonrojándose por completo.

—Mira... Hmm. —Jimin se aclaró la garganta. —Realmente quiero esconderme por un


tiempo, por ahora, hasta que me acostumbre a todo esto... Especialmente porque no
hay manera de que podamos caminar en paz así.

Jeon analizó esa sugerencia y, tras pensarlo un poco, tuvo una idea.

El rey hizo entonces una petición a los soldados que les seguían. Un momento
después, sacaron túnicas y paños gruesos para poner sobre su cabeza.

Jimin y Jungkook entraron en una caseta de vigilancia cerca de las puertas del palacio.
En el interior, se cubrieron con esas túnicas, ocultando sus rostros y los cuernos de
marfil.

—Hmm, genial, pero ¿no nos encontrarán extraños tus súbditos? Ya sabes... La
intención era no llamar la atención. —recordó Jimin.

—No pasa nada. Estas prendas son típicas de las ramas familiares del clan Wang.
Estas comunidades están situadas cerca del desierto en el noroeste, pero a veces
recibimos a sus viajeros aquí en la capital. —explicó Jungkook mientras escondía el
nudo de tela en su cabeza.

—El clan Wang es el clan de una de tus madres, ¿no es así?

—Sí. De Wang Nara.

—Oh... tu familia parece tener una ascendencia impresionante. Siempre he oído que la
gente que vive en zonas áridas es muy resistente.

—Eso es correcto. No es de extrañar que el clan Wang sean conocidos como los Lobos
de Tierra... En todos mis veintitrés, quiero decir veinticuatro años, nunca he visto
gente más adaptable a situaciones extremas que los que comparten la sangre de la
Gran Reina.

—Increíble. —murmuró Park, pensando en esas palabras. —Ayer cumpliste


veinticuatro años, ¿verdad?

—Así es. Todavía me estoy acostumbrando a esta nueva era. —dijo Jeon, riéndose para
sus adentros.

—Hmm, no tuve la oportunidad de decir "Feliz Cumpleaños" —el omega suspiró


profundamente, volviendo la cara y tragándose un nudo en la garganta. —Había
planeado decirlo durante los fuegos artificiales. Pero cuando volví a buscarte, tú...

—"¿Fuegos artificiales? Podría ser... ¿Ese resplandor en el cielo...? —la voz del alfa
vaciló un poco al recordar lo que estaba haciendo cuando unas luces espectaculares
empezaron a adornar su noche de luna.

Jeon Jungkook con sus brazos alrededor del omega de azul. Esa escena había marcado
profundamente a Park Jimin.

—Eh, vi lo que pasó con Choi Ren... Pero...- El chico no sabía cómo hablar de ello sin
sonar acusador.

—Más de la mitad fue culpa mía. —Los ojos de Jungkook miraban al suelo, culpables y
avergonzados. —Algunas cosas son nuevas para mí. Estoy tratando de ganar más
control y conciencia de lo que hago. Te prometo que soy un buen aprendiz. Prometo
que esa escena nunca se repetirá.

El joven monarca tragó con fuerza y buscó la mano de Jimin oculta por la tela de su
toga.

Sosteniéndola con vacilación, sintiendo la suavidad y el calor de ella contra su propia


piel, murmuró:

—Y pensar que mi falta de razón casi me cuesta la vida.... Si no hubiera ocurrido ese
malentendido, habrías estado conmigo cuando las luces empezaron a brillar, y esa
bestia nunca te habría atrapado solo. —una sombra cubrió el pálido rostro del rey. —
Antes le dije al general Kim que no debíamos martirizarnos por lo que pudiera haber
ocurrido, pero me veo obligado a ser hipócrita al respecto.

La temperatura de la mano de Jeon Jungkook envió chispas directamente al corazón


de Park. El chico suspiró profundamente, cerrando y abriendo los ojos, y entrelazó los
dedos con los de él.

—Pues no lo hagas. Sigue tus propias palabras. Todo está bien conmigo porque, al
final de todo, tú estuviste ahí, y literalmente moriste para protegerme. —dijo en voz
baja, con los labios ligeramente sonrientes. —Creo que sería muy estúpido por mi
parte si no confiara en ti, en lo que dices, después de todo lo que ha pasado.

Un instante de silencio lleno de respiraciones entrecortadas.

—Realmente quiero confiar en tus sentimientos, porque... Creo que me estás gustando
mucho. Y, hasta ahora, he estado tratando de mentir al respecto, encontrando excusas
y razones para no admitirlo. —Jimin tomó aire. —Este lugar... este mundo me tiene tan
confundido. E-es por eso que...

Cuando encaró de nuevo a Jeon Jungkook, vio que lo observaba intensamente y en sus
labios se asomaba una sonrisa ansiosa.

Con las entrañas llenas de alegría y otros sentimientos vibrantes, el joven monarca
acortó la distancia entre ambos y tocó la mejilla del muchacho con cautela, queriendo
besarlo.

Deseándolo.
Lo habría hecho, lleno de ternura y tímida pasión, si hubiera estado en mejores y
menos arriesgadas condiciones.

Pero Jeon era muy consciente de que estaba pisando una pared delicada. Si cruzaba la
línea con Park Jimin, sería arrastrado por una ola de instintos que lo lanzaría a una
caída sin fin y sin retorno. Si eso ocurriera, ni siquiera su lado más racional podría
impedirle tomar el cuerpo de ese omega.

Enfócate. ¡Concéntrate! El rey daba órdenes mentales a su propio cuerpo.

Respirando profundamente, se recompuso y retiró su mano sobre el rostro de Park


Jimin.

El omega, que no sabía nada de lo que le ocurría al alfa, mantuvo una expresión de
decepción y tristeza.

—¿Jeon...? —buscó la mirada del otro chico en busca de respuestas, pero no encontró
ninguna.

Sabiendo que debía decir al menos una pequeña parte de las cosas reprimidas en su
garganta y mostrar alguna reacción a la respuesta del omega, Jungkook se
mordisqueó los labios, contuvo la respiración y depositó un tierno beso en la frente de
Jimin.

—No soy capaz de describir lo feliz y aliviado que me siento ahora mismo. —murmuró
con sinceridad y se apartó del chico lentamente, con una sonrisa genuina en el rostro.

Park Jimin se relajó después del pequeño beso.

En su interior, quería algo más que un simple gesto de afecto en la frente, pero
prefirió no hacer nada, ya que notó que Jungkook parecía más contenido y tímido que
de costumbre.

Pensó que tal vez el joven rey aún no se sentía totalmente recuperado después de
haberse transformado en un lobo gigante.

El chico decidió cambiar de tema, y lo hizo mientras rodeaba con su mano izquierda la
del otro.

—Ahora que estamos disfrazados, ¿a dónde me vas a llevar?

Con una mirada serena e iluminada, el rey alfa dijo:

—Acompáñame.

Caminaron por las empinadas callejuelas de Adwan, hechas de ladrillos encalados


ordenados, y bordeadas de altos árboles plantados en sus extremos a lo largo del
camino.

Algunas llevaban hojas de colores, en tonos rojos y amarillos, además del típico verde.

Esta mezcla de tonos se unió a los colores de los hogares de toda la ciudad. Los
tejados de las casas, la pintura de las paredes de las tiendas, los bares, los talleres y
muchas otras cosas. Esto ofrecía una gran armonía a los ojos y llenaba de belleza el
paisaje de la mañana.

La población estaba aparentemente tranquila y feliz.

Jeon y Park volvieron a pasar por las fuentes que habían visto cuando llegaron a
Adwan días atrás tras su largo viaje. Jimin no pudo evitar quedar impresionado por
ellas, ya que de cerca eran aún más hermosas.

Los detalles tallados en el mármol de la fuente que salpicaba el agua estaban muy
bien hechos y eran delicados. Las estatuas más elaboradas eran claramente la de la
Gran Reina y la del Omega de Plata, este último en su forma lobuna.

Mientras Jimin pasaba por la fuente que honraba a la madre de Jeon Jungkook, sintió
la necesidad de traer a colación uno de los temas que habían discutido esa mañana.

—Escuché que Choi Ren será juzgado... Juzgado por acosar a algunas personas en el
baile. Pero nadie te citó en la historia, sólo a tu primo.

Jeon Jungkook abrió y cerró su boca.

—Prefiero que nadie sepa lo que pasó. Lo que viste... Podría traer serios problemas al
clan de Choi Ren. —la mirada del alfa era distante. —Si la gente sabe que él también
se acercó a mí, exigirán que se cumpla la ley.

—¿Qué ley?

—La que lo condenaría a muerte.

En ese momento, Jimin palideció.

—Entiendo. Odio a ese pequeño pijo, pero estoy de acuerdo contigo en mantener lo
que pasó en secreto. Es algo lindo lo que has hecho.

—No creas que decido mantenerlo en secreto para librar a Choi Ren de una muerte
segura porque siento algo por él, por favor. —Jungkook dijo apresuradamente,
temiendo crear otro malentendido.

—Ah, no lo pensé. —el omega sonrió, sincero, y acarició la mano del alfa con un
pulgar.

El ánimo ligero volvió a rondar entre ellos. El paseo fue bastante agradable.

—Park, ¿qué significa la palabra "pijo"? —Jeon encontró la expresión intrigante.

—Es una persona joven con una buena posición económica. Un riquillo.

—Hmm, ya veo. Amplías mi vocabulario.

—Son los modismos de mi mundo, haha. —Jimin inclinó la cabeza hacia atrás, riendo.
Justo en ese momento, el nudo de la tela en su cabeza se deshizo y casi reveló sus
cuernos cubiertos-. —Ah, maldición...

—Déjame arreglarlo.

Jungkook se puso frente a él, muy cerca, sin darse cuenta de que no estaba
respetando ningún límite de distancia de seguridad. Luego comenzó a ordenar la tela
con agilidad, pasando un extremo por encima del otro y haciendo un nudo firme en el
extremo.

Mientras daba los últimos toques a la tela, el joven rey se dio cuenta de que le
observaba Park Jimin. Los ojos escarlata del chico parecían desnudar su alma.

—Eres muy bueno haciendo nudos... —murmuró el omega, soñando despierto. No fue
consciente de que esta frase y su tono de voz podían tener un doble sentido hasta
momentos después.

Al darse cuenta, Jimin bajó la mirada y comprimió los labios, sintiendo que su cara se
calentaba.

Jungkook jadeó y trató de controlar sus impulsos internos con algo que pudiera ocupar
su mente.

—Mi madre alfa fue la que me enseñó a usar estas ropas, —hablar de Wang Nara era
un acierto, ya que siempre aportaba serenidad a su pecho. —a veces, durante sus
campañas militares, me llevaba en su forma lobuna a las llanuras desérticas situadas
en la patria de los Wang. Y allí, bajo la luz de las estrellas, me contaba historias de su
vida.

En cuanto el alfa terminó de arreglar la ropa del omega, volvieron a caminar uno al
lado del otro. Mientras tanto, Jimin escuchaba atentamente.

—Me habló de sus victorias durante la expansión de Adaman y de lo irónico que


resultaba ser tratada como una vencedora por sus súbditos mientras, dentro del
palacio, su vida familiar se convertía en una catástrofe.

—¿Estás hablando de su romance con tu madre omega y la madre omega del Príncipe
Min?

—Sí... —susurró Jungkook, sus pensamientos viajando lejos. —Park, necesito sacarme
de encima un pensamiento que he estado guardando desde que tengo conciencia de la
vida... No creo que ella haya sido feliz. No hablo por la rigidez inherente a la Gran
Reina, sino por los problemas que rodeaban a las personas que le eran valiosas. Mi
abuelo del clan Jeon rara vez fue misericordioso con Min Hyuna.... Odiaba su
existencia y una vez intentó matar a mi hermano cuando aún era un recién nacido. El
caso fue silenciado porque el clan Jeon siempre ha estado en la cima. Es más
poderoso, incluso, que el clan de Wang Nara. Así, ¿quién se atrevería a ir contra el
patriarca Jeon?

Jungkook dejó escapar un fuerte suspiro.

Jimin parpadeó, aturdido.

—Cuántos problemas... ¿Y Jeon Haerin? ¿Es tu madre omega igual que tu abuelo con
respecto al Príncipe Min?

—... Le guarda rencor por haber sido puesta en segundo lugar en el corazón de Wang
Nara, pero nunca siguió los pasos de mi abuelo. Por mucho que sea un poco muy
intolerante con Min Yoongi, Jeon Haerin nunca ha cruzado ningún límite. —el rey miró
al horizonte, divisando el puente que les llevaría al campo de la capital, situado justo
fuera de la muralla. —Ah, en un momento saldremos del área urbana de Adwan...
Tomé de tu tiempo sólo con historias de mis problemas familiares.

—Me gusta escucharlas. —Jimin sacudió los hombros.

—Aún así, quiero hablar de nosotros... —Jungkook miró su mano unida a la del otro
chico. —Háblame de ti. Sobre su familia. Te conozco tan poco...

—Vale. —el omega se preguntó por un momento qué podría decir. —Tengo un padre,
una madre y una hermana menor. Mi madre trabaja haciendo postres para vender. Sus
pasteles son muy buenos.

—Me gustaría probarlos algún día, si es posible.

—... Por supuesto. —Jimin dudó, sintiéndose un poco triste porque sabía que Jeon
Jungkook probablemente nunca conocería a su familia. —Y mi padre trabaja en una
empresa... No sé si sabes lo que es, pero la empresa es como una gran tienda con
varias personas dirigiéndola.

—Creo que lo entiendo. ¿Y tu hermana?

—Todavía no trabaja, sólo tiene 12 años. Mi hermana sólo estudia y pasa la mayor
parte del día leyendo novelas románticas entre dos hombres. —el chico suspiró. —Le
hubiera encantado que estuvieras conmigo...

—¿De verdad? —Los ojos de Jungkook se volvieron felices.

—Sí. Yeseo soñaba con conseguirme un buen partido. ¡He pasado muchas vergüenzas
con ella! He perdido la cuenta de las veces que he quedado con tipos raros por culpa
de esa chica.

La mano de Jungkook se apretó con la de Jimin. El joven rey enmudeció y se cubrió de


tensión.

La idea de que Park Jimin se había reunido con otras personas antes provocó chispas
de celos irracionales en el cuerpo del alfa.

—¿Jeon Jungkook? —el omega notó la mirada tensa en el rostro del otro.

—Tú... ¿has tenido una relación con alguien?

La voz de Jeon era un poco pesada, como si tratara de contenerse.

—Ahm, ajá... —Park, por alguna razón, comenzó a sentirse ansioso.

La respuesta del omega hizo que el lobo interior del alfa se levantara, un poco
enfadado.

¿Quiénes podrían ser estas personas que se involucraron con mi omega? Los mataré...
Mátalos..., los pensamientos del rey se sentían como afiladas púas de metal. Fue como
si, en ese momento, se despertara el inconsciente más salvaje de Jeon Jungkook, sin
ningún filtro que lo controlara, sólo la pequeña e inestable racionalidad.

A su lado, Park Jimin se percató del malestar de su compañero y, ajeno al violento caos
instaurado en su mente, pero con la intención de calmarlo, lo atrajo hacia sí en un
cálido beso.

Labios contra labios, dulzura y pasión. Una pasión tranquilizadora.

—Hey... Ahora estoy contigo, ¿no? —murmuró Jimin a Jungkook justo después del
beso, mirándole profundamente a los ojos.

Eso devolvió la razón al rey, y la vergüenza vino con ella.

Qué peligro. ¡Casi me descontrolé! pensó.

Le prometí a Kim Namjoon que el paseo sería breve, y luego me retiraría a mi


habitación....

—Park,... ¿Podemos dar la vuelta? —preguntó.

En eso, la cara de Jimin cayó.

—¿Ya quieres volver al castillo?

—N-no, yo...—Jungkook no podía explicarle al chico, y sin una explicación, sintió que
lo lastimaría.

Después de todo, el paseo había sido muy rápido.

Puedo aguantar unos minutos más, decidió mentalmente.

Con una sonrisa, el monarca volvió a tomar la mano del omega y le dijo:

—Vamos. El camino sobre el puente ofrece una vista espectacular.

Todavía escoltados discretamente por Kim Namjoon y sus soldados, cruzaron las
puertas de la muralla que rodeaba Adwan y subieron al puente que atravesaba el
inmenso río.

Caminando junto al muro de seguridad, Jimin miró la extensión de agua que había
debajo de ellos, el horizonte donde se elevaba y el que desaparecía. En su superficie
había barcos de pesca y otras embarcaciones, algunas eran pequeñas y sencillas, otras
eran gigantes y transportaban personas de otros lugares, así como mercancías de todo
Adaman.

Jeon Jungkook tenía razón cuando dijo que la vista allí sería espectacular, porque, de
hecho, lo era. No sólo por el color del agua y su inmensidad, o el reflejo del cielo azul
pintando el río, sino también por los bosques que lo rodeaban y los campos abiertos de
las granjas situadas al otro lado del puente.

—Vaya... —Jimin suspiró asombrado y levantó la vista, sintiendo la brisa en su cuello.

Entonces el chico vio que, en lo alto del cielo, grandes pájaros merodeaban junto a las
gaviotas. Eran mucho más grandes que los que habían perseguido a Park Jimin cuando
el chico había usado inconsecuentemente sus habilidades de Omega de Plata horas
atrás.

Un escalofrío recorrió su cuerpo al imaginar a aquellas enormes criaturas volando tras


él.

—Qué gigantes. —murmuró el Omega, todavía con los ojos puestos en los pájaros.

Jeon siguió su mirada.

—¿Te refieres a esos pájaros? —el rey señaló unos que se habían posado en una
barandilla sobre la muralla.

—Sí. Nunca he visto un pájaro tan grande.

—Son cóndores del desierto. Mis tropas utilizan estas aves para el transporte urgente
de mercancías entre ciudadelas. Su tamaño les permite transportar grandes cargas.

—Que ingenioso... Me pregunto si pueden sostener a una persona.

La idea les intrigaba a ambos.

—Si se lo sugieres al Alquimista Real, podría empezar a hacer pruebas... —sugirió


Jungkook. —Pero también me gustaría saber... Saber lo que se siente volar.

Park Jimin observó al alfa con una mirada pensativa, y luego se volvió a mirar al cielo.

—En mi mundo, tenemos formas de volar. —dijo.

A su lado, los ojos de Jungkook se abrieron de par en par.

—¿Es eso posible? ¿Has experimentado el vuelo?

—Sí. He viajado por el aire algunas veces, dentro de un avión. Un avión es un tipo de
transporte que vuela y tiene alas. —Jimin explicó, tratando de ser lo más claro posible.
—No sentí el viento de fuera, porque los aviones son completamente cerrados. Pero
puedes ver el cielo a través de la ventana.

—¿Y qué aspecto tiene ahí arriba? —los ojos oscuros de Jungkook parecían iluminarse,
llenos de expectación.

—Es impresionante, a decir verdad. Las nubes están muy cerca de ti. Es como si
pudieras tocar un mar de algodón. A veces el avión pasaba cerca de tormentas
eléctricas, en esos momentos podía ver las nubes completamente unidas, como una
colosal bola de algodón negro, con relámpagos que entraban y salían de ella. El color
del cielo también es más vivo allí arriba, como un cuadro. La puesta de sol es el
acontecimiento más hermoso. —el chico suspiró profundamente.

Ojalá pudiera enseñarle todo esto, pensó, lamentándose.

Y como si supiera exactamente lo que pasaba por la mente del omega, el joven rey
sonrió y se permitió abrazarlo por la espalda, apoyando la barbilla en su hombro.
El gesto los calentó a ambos.

_Gracias por darme esos detalles.... Ahora puedo imaginármelos en mi mente, y será,
así, como una experiencia no vivida. —murmuró el alfa.

Un segundo después, se apartó del omega y volvió a la distancia de seguridad de


antes. Jimin sintió un ligero vacío cuando los brazos del otro abandonaron su cuerpo.

—Jeon... ¿Qué se siente convertirse en lobo? —sus pensamientos giraban ahora en


torno a esto, pues aparentemente todas las dudas del joven rey estaban relacionadas
con la madurez que había alcanzado.

—No sé si puedo explicarlo con palabras, pero...


Me siento más ágil cuando estoy en forma lobuna. Mis músculos se vuelven más
atléticos, por lo que tengo la sensación de que podría correr kilómetros y kilómetros
de distancia sin cansarme. Mis sentidos también se agudizan. Por ejemplo, cuando
luché contra ese monstruo, pude saber exactamente en qué puntos debía golpearle
para hacerle el mayor daño posible....

Jungkook apretó una de sus sienes, cerrando los ojos.

—Quería matarlo. Faltaba poco. Muy poco... Lo único que me impidió ir tras esa bestia
cuando se escapó fuiste tú, Park. Necesitaba asegurarme de que estabas bien, y de
que estabas a salvo. —pasó dos dedos por el cuello de Jimin, recordando los
moratones que le había causado la criatura.

La piel del omega ya no mostraba ningún hematoma, para completo alivio de Jeon.
Pero el fantasma de los moretones aún lo perseguía.

Jimin sonrió, dándole al otro una mirada que decía: "Estoy bien"

—¿También me convertiré en lobo? —preguntó el chico, más para sí mismo que para
Jeon Jungkook.

—No puedo esperar a ver eso.

—Un lobo con cuernos... Qué cosa más extraña.

Los dos se rieron.

—Me pregunto si su pelo también serán plateados, igual que tu pelo, tal y como dicen
las tablas. —dijo Jungkook, mirando el cabello platino de Jimin.

—Tal vez... ¿Pero eso no es lógico? Tipo, tu cabello es negro, por eso tu pelo es del
mismo color.

—En realidad, no es por esa razón. Un lobo del clan Jeon acostumbra tener el cabello
decolorado, pero el mío es negro porque he heredado el tono de lobo de Wang Nara.

—Aaaah. —Jimin procesó esa información. —¿Tu hermano también heredó eso?

—No. Min Yoongi es completamente rubio, al igual que Min Hyuna. Los dos comparten
muchas similitudes.

—Entiendo.

Siguieron caminando por el puente, pasando junto a viajeros y ciudadanos que


llevaban mercancías a la capital. La baja temperatura de la mañana empezaba a ser
sustituida por el sutil calor del mediodía, lo que provocaba vientos más fuertes a su
alrededor y la subida del agua que se evaporaba del río.

Jimin y Jungkook hablaron un poco más sobre sus respectivas personalidades.


Descubrieron que, al igual que al primer chico, al segundo le fascinaban los juegos,
también tenía buenas inclinaciones por el mismo tipo de ocio. La pareja decidió
entonces que un día competirían en un juego de mesa en el palacio, con apuestas y
castigos para el perdedor de cada ronda.

La salida iba bien, tan bien que Jeon Jungkook pensó que podría pasar más horas
largas al lado del omega, sin tener problemas ni recaídas.

Hasta que se formó una multitud de personas en una esquina del puente.

Todos tenían miradas nerviosas mientras observaban algo que estaba a metros de
distancia, en medio del río.

—¿Qué está pasando? —el Rey de Adaman frunció el ceño, endureciendo los músculos,
y trató de seguir la mirada de la multitud para averiguar a qué se debía todo el
alboroto.

Park Jimin se quedó quieto, inerte, porque algo había accedido al interior de su alma,
enviándole información precisa sobre lo que ocurría en la naturaleza que le rodeaba,
en un lenguaje no humano.

Y como si sintiera todo lo que las plantas y las aguas a su alrededor sentían, el omega
percibió la presencia de un niño que había caído en medio del río. Estaba a punto de
ser ahogado por la violenta corriente.

—Oh, Dios mío. Dios. Dios. Dios. —Jimin se apoyó en la pared, agachándose para ver
la pequeña figura que luchaba en el agua.

En ese momento, algunas embarcaciones intentaban alcanzar al niño, pero la


velocidad del cauce del río les superaba.

No podrían salvarlo ese ritmo.

Park Jimin entonces planeó algo loco.

Con el miedo sustituido por la necesidad de ayudar al pequeño, el omega se situó en la


pared del puente y miró hacia los cóndores del desierto.

—¿Park Jimin...? —Jungkook se quedó estático al ver al chico en una posición


arriesgada. La sangre se heló dentro de su corazón invadido por el miedo.

Ignorando la llamada del alfa, Jimin llenó sus pulmones de aire y pensó en alguna
canción que pudiera cantar.

La primera melodía que se le pasó por la cabeza fue Help, de los Beatles. La música
perfecta para la situación.

—"HELP! I NEED SOMEBODY! HELP! NOT JUST ANYBODY! HELP! YOU KNOW I
NEED SOMEONE HEEEELP!" —cantó el chico, usando todo el aliento contenido en
sus pulmones.

En un instante, los cóndores que volaban por encima planearon hacia él a una
velocidad aterradora.

Tragando con fuerza, Jimin levantó los brazos y esperó a ser agarrado.

"Funciona. Funciona. Funciona. Funciona" pidió mentalmente, cerrando los párpados


y balbuceando cómo un mantra.

Con los ojos aún cerrados, el chico sintió que las patas de un cóndor le agarraban las
muñecas y tiraban de él hacia arriba.

Sus pies tocaban ahora el aire y el viento ensordecía sus oídos.

Estaba planeando sobre el río, suspendido por el pájaro gigante.


—Hahahaha. —se rió con desesperación, con el corazón subiéndole a la garganta. —
¡Vamos, pajarito! ¡Llévame a ese niño!

Con sus órdenes, el cóndor batió sus alas y voló hacia la niña que se ahogaba.

Desde el suelo, la gente observaba la escena con asombro. En sus vidas habían visto
algo tan absurdo como un pájaro cargando a un hombre. Pero cuando el público
comprendió que las intenciones de Park Jimin se centraban en salvar al niño de morir
ahogado, se empezaron a corear aullidos y rugidos de ánimo.

Jeon Jungkook fue el más sorprendido entre los espectadores. El monarca siempre se
asustó por las locuras e inexplicables maneras del otro chico, y sintió que nunca se
acostumbraría a ese rasgo de su personalidad.

El joven temía que el pájaro se soltara de repente los brazos de Jimin y arrojarlo al río.
Si eso ocurriera, Jungkook seguramente saltaría del puente tras él.

"Tranquilo. Park Jimin es capaz de hacerlo. Ahora es el Omega de Plata, tengo que
confiar en él..." Jungkook intentaba convencerse a sí mismo, pero su lobo interior se
agitaba con preocupación.

—¡Su Majestad! —Kim Namjoon apareció a su lado, casi tan perplejo como el rey.

—General, prepare el bote más rápido y llame a los soldados del clan Choi, ellos son
los mejores nadadores. —habló Jeon imperativamente. —Park Jimin ha demostrado
que tiene habilidades, pero necesito tomar precauciones.

—Señor... Los soldados Choi salieron a buscar rastros de la bestia en el río.

La información hizo que Jungkook apretara las manos en puños.

—Lo había olvidado. —resopló, ansioso, y tragó en seco. —Al menos encuentra un
barco tan rápido como el viento.

—Inmediatamente. —Kim Namjoon se volvió para dar órdenes a sus soldados.

En ese momento, alguien que observaba los acontecimientos en el cielo gritó de


repente. Jeon Jungkook se giró rápidamente para mirar, y cuando lo hizo, su corazón
dio un salto.

—¡Bueno! ¡Ahora desciende un poco!

El pájaro lo ignoró y siguió volando en círculos en el mismo lugar.

—¡Desciende! —insistió Jimin, agonizando por el retraso. Tenía que salvar al pequeño
inmediatamente.

Pero el cóndor no parecía dispuesto a obedecerle.

—¡Qué cabrón! Desciende! —Jimin comenzó a forcejear, pero fue en vano. —¡Al menos
suéltame! ¡Así tomaré al niño y llamaré a otro pájaro más tarde! ¡Déjame ir!

Nada. Completamente ignorado.

Sintiendo que iba a enloquecer allí mismo, y enfadado porque las cosas iban mal
mientras el niño justo debajo de él ya mostraba signos de fatiga, Jimin sintió que una
presión estallaba dentro de él y se extendía por todo su cuerpo, cambiando cada
pequeña célula de sus tejidos.

Ardiendo febrilmente, vio cómo su propio cuerpo se transformaba, adoptando una


anatomía cuadrúpeda, peluda y platinada.
Ahora, el cóndor ya no aseguraba brazos humanos, sino patas lobinas llenas de uñas
afiladas.

Sin otra alternativa, mordió una de las garras del gran pájaro, forzándolo a soltarlo.

El resultado fue inmediato.

El pájaro soltó a Jimin en el mismo instante, dejándolo caer justo al lado de la niña que
se ahogaba.

Aunque no tenía experiencia con su nuevo cuerpo, Park consiguió estabilizarse en el


agua, nadando como un cachorro en una piscina. Y así cortó la corriente para situarse
al lado del niño, que miraba con expresión asustada a la figura platicada de cuernos
que se acercaba.

—¡Sube a mi! —la voz de Jimin también había cambiado. Era etérea y melódica, con
voces secundarias que acompañaban cada sílaba que se pronunciaba, como si hubiera
espíritus allí repitiendo las palabras del chico.

El niño no dudó mucho antes de aferrarse al lomo del gran lobo. Cuando vio que
estaba a salvo allí, abrazó a Park Jimin con fuerza, temblando de pies a cabeza y
llorando.

—Hey, está bien. Voy a sacarnos de esta. —le dijo con un tono de voz seguro, y levantó
la vista para buscar otros cóndores.

Para su desgracia, todos parecían estar demasiado lejos, incluso el que había llevado
al omega hasta allí. Además, la corriente era otro gran problema. La fuerza del agua
intentó succionar la calma y la respiración de Jimin, tirando de él hacia el fondo,
arrastrándolo hacia las rocas del río.

Tuvo que concentrarse para no perder el control y acabar hundiéndose con el niño. En
medio de este proceso, el lecho de agua comenzó a hacerse más violento y rápido.

Jeon Jungkook observaba desde el puente con los nervios a flor de piel, ahora en su
terrorífica forma lobuna.

Hicieron falta tres soldados alfa, además de Kim Namjoon, para impedir que el rey
saltara del puente detrás del Omega de plata. Debido a este obstáculo, Jungkook se
encontró enfurecido.

—Por milésima vez, ¡Aparte de mi camino, kim namjoon! —rugió ferozmente, como un
trueno. Sus ojos inyectados en sangre brillaban de forma mortal: —No quiero tener
que hacerte daño.

—Los barcos ya están cruzando el río. El Omega de Plata puede refugiarse en las
rocas del cauce hasta que sean rescatados. Su Majestad no necesita saltar. —ladró de
vuelta Kim, también en su cuerpo de lobo. Era el único que podía mantenerse firme y
audaz ante la forma lobuna del rey.

—¡Eso si no es golpeado contra las rocas! ¡FUERA!

—No puedo permitir que se arriesgue. Es mi trabajo mantenerlo a salvo, Su Majestad.


—los ojos marrones de Namjoon suplicaban comprensión. —Es el legendario Omega
de Plata, mi rey. Su mera existencia ya lo hace más resistente y capaz que cualquiera
de nosotros. Piénselo.

—¡No ha pasado ni un día completo desde que se convirtió en el Omega de Plata!


Cómo puedes estar tan seguro ante tantos riesgos! —Jungkook mostró sus afilados
colmillos. —¡Si quieres mi bien, recuerda que si él muere, yo también lo haré!

—¡Y si usted muere en el río, Park Jimin también lo sufrirá! ¡Y al final, nuestro reino se
quedará sin un rey capaz de gobernar. Los clanes se enfrentarán por el trono, los
territorios por los que luchó la Gran Reina se fragmentarán, y las naciones vecinas
aprovecharán el caos para hacer de la vida de nuestro pueblo un infierno! —exclamó
el General, hundiendo sus garras en el suelo del puente. —Jugaré mi papel hasta el
final, aunque ahora me odies, mi rey.

Jeon gruñó y apretó sus puntiagudos dientes. Sabía que Kim Namjoon tenía razón,
pero la razón no era importante para él en ese momento.

Así que sus patas se posicionaron para saltar por encima del General, evitando así un
choque innecesario con su viejo amigo.

Sin embargo, un segundo antes del salto, una chispa brilló en las profundidades de su
interior. Se detuvo, escuchando una llamada pacífica, sintiendo una calma etérea que
vaciaba sus preocupaciones.

Volviendo a su forma humana, el joven rey miró hacia el río, sabiendo ya lo que iba a
encontrar.

Kim Namjoon, confundido por el repentino cambio de actitud de Su Majestad, se


volvió para buscar lo que le había llamado su atención.

Lentamente, todos los espectadores de la escena copiaron el acto y miraron el


horizonte acuático.

En el centro del río había surgido un árbol gigantesco. Su tronco, del color del marfil,
era tan grueso y fuerte que el agua lo rodeaba servilmente. Sus ramas se alzaban
espléndidas, llenas de hojas rojas, muy parecidas a las del árbol sagrado situado bajo
tierra en el castillo de Adwan.

Y en lo alto del tronco, entre la corona carmesí, como si fuera un nido protector y
acogedor de sangre, yacía un niño montado en un loo plateado con cuernos de ciervo.

Los ciudadanos de adwan, asombrados y embelesadod por la visión milagrosa, se


arrodillaron en devoción al Omega de plata.

Nota de la autora: [1 cóndor del desierto: me tomé la libertad de crear una raza de
cóndor, basada en las características de los cóndores andinos y las arpías (dos de las
aves más grandes del mundo). Son realmente pájaros enormes, con una longitud
superior a los 170 cm. Pero debido a que son relativamente dóciles, son utilizados por
el ejército de Adaman apenas para transporte de cargas urgentes.]

Alaaaa 17K palabras en este capítulo. Son incluso más que las de Submissive. Es
cansado traducir, pero muy entendido. Espero que les haya gustado

En otras noticias: ESTOY ENAMORADA DE KIT CONNOR. AIUDAAAAAAA

ESQUE VEANLO
Jamás creí que pondría a alguien de fondo de pantalla que no fueran los BTS. Pero es
que Kit es taannn ajskwiwubsbskwk
|10||Corazones atados

El agua del río estaba fría y su corriente era capaz de arrastrar a un hombre adulto un
largo trecho. Incluso bajo el cuerpo de un inmenso lobo, a Park Jimin le resultaba
difícil mantenerse estable, con la cara y la espalda por encima de la superficie para
que tanto él como el niño que llevaba pudieran respirar.

Si no fuera por el denso pelaje plateado que lo recubría, el chico estaría temblando
tanto como la pequeña que había salvado.

Hubo un instante en el que Jimin simplemente se desesperó. Rezó en silencio por la


aparición de alguna balsa u objeto flotante que le sirviera de apoyo, pues sus patas no
podían aguantar la lucha eternamente, y las rocas río abajo tampoco parecían muy
amigables.

Al final, sus oraciones llegaron realmente a alguien.

La naturaleza que le rodeaba lo identificó y escuchó su llamada. Los espíritus


terrestres murmuraron en susurros melódicos, haciendo cosquillas a los oídos del
omega. Un instante después, el brote de un árbol atravesó el fondo del río y adquirió
un tamaño gigantesco a una velocidad absurda. El pálido tronco creció y cortó el lecho
acuoso por la mitad. Las ramas se levantaron llenas de brotes rojos y florecieron como
un jardín en primavera.

Park Jimin no tuvo que hacer nada, pues cuando abrió los ojos, ya estaba en la cima
del gran árbol, como un pájaro en su nido protector.

Con su cuerpo aún lleno de adrenalina, su respiración tardó unos instantes en volver a
su ritmo normal.

Jadeando, el chico se dio cuenta de que, involuntariamente, había empezado a respirar


como un perro, sacando la lengua y abriendo mucho la mandíbula

Que curioso, pensó.

Jimin se habría concentrado un poco más en esta y otras nuevas peculiaridades que
adquirió con el cuerpo canino, si el pequeño niño que tenía a su espalda no estuviera
llorando y aferrándose desesperadamente a él.

—Oye... está bien, te he salvado. No te dejaré caer al agua. —dijo el omega, con su voz
sobrenatural.

Transmitió una calma y una confianza tan grandes que el niño redujo su llanto a un
pequeño sollozo.

—Bien. ¡Sólo tengo que encontrar la manera de volver a tierra firme!

Mientras pensaba en ello, Jimin se dio cuenta de que en el puente y alrededor de él se


agolpaban decenas y decenas de ciudadanos de Adaman, mirándole con asombro e
inclinando sus cuerpos en señal de reverencia.

Tratando de ignorar tanta atención -porque se sentía demasiado extraño recibirla-, el


omega se concentró en las voces de los espíritus que seguían cantando en sus oídos.

Con las mariposas revolviéndose en su estómago, porque hablar con criaturas mágicas
era todavía algo bastante absurdo para Jimin, pidió a los espíritus que crearan un
puente hasta la orilla del río.

Su oración trascendió y se elevó a través del viento, llegando al lecho y hundiéndose


en el agua hasta tocar el suelo acuático. Un segundo después, empezaron a surgir
brotes parecidos a los del gran árbol, que fueron ganando tamaño y anchura.

—¡Sí! ¡Haha! ¡Mira eso!, ¡Soy bastante genial, hombre! —exclamó Jimin, con una
mirada de satisfacción. Esto era mucho mejor que subir de nivel en uno de sus
videojuegos.

Pero, por desgracia, su excitación llegó demasiado pronto, pues en lugar de formarse
un camino ancho y recto que conectara el árbol con tierra firme, los brotes se
fundieron en un sendero irregular y bastante estrecho.

Park no estaba seguro de lo bien que podría controlar el cuerpo del lobo, y más aún
con un niño pequeño aferrado a su espalda sin medidas de seguridad adicionales. Así
que sería arriesgado cruzar así.

Así que pensó en volver a la forma humana, y pidió que, una vez más -al menos una
vez más-, su deseo fuera plenamente concedido.

Nada del ser mitad lobo, mitad hombre. Ni transformaciones incompletas. Jimin
quería volver a ser humano. Lo necesitaba, y con urgencia.

Así, tras rezar para que aquel mundo fantástico le escuchara, su cuerpo volvió a la
normalidad.

El omega suspiró aliviado, con la pequeña ahora en sus húmedos pero seguros brazos.

Al principio, el niño lo miró un poco sorprendido, con extrañeza. Pero entonces se dio
cuenta de que los ojos rojos seguían ahí, y los bonitos cuernos también, y entonces
concluyó que era el mismo individuo de antes. Su salvador.

Park Jimin se acercó a la punta del árbol y saltó con cuidado para pisar uno de los
brotes del sendero que cruzaba el río. Estaba un poco resbaladizo, así que en ese
momento casi perdió el equilibrio. La repentina inclinación hizo que el pequeño en sus
brazos volviera a gritar de miedo.

—Oye, oye, relájate. No nos caeremos, ¡lo prometo!" —Ahora con voz normal, Jimin
trató de parecer convincente, pero incluso él temía cometer un resbalón durante el
camino.

En un intento de calmarse y, sobre todo, de calmar al niño que lloraba en sus brazos,
el chico dijo:

—¿Has jugado alguna vez al avioncito?

El niño movió tímidamente la cabeza en sentido negativo y se acurrucó en los brazos


del omega.

Ya me imaginaba que los niños de aquí no conocerían ese juego, pensó Jimin.

—Hm, entonces vamos a jugar ahora, ¿de acuerdo? No tienes que mirar el agua, sólo a
mí. El juego es así: Uno, dos, tres... —Durante su discurso, el omega fue saltando de
brote en brote, con todo el cuidado que podía tener, en un ritmo aparentemente
animado que, poco a poco, fue cautivando al pequeño.

A medio camino del final del sendero, la corriente comenzó a agitarse por los vientos
que venían del norte. Eran vientos muy fuertes y fríos, que recorrían el cuerpo mojado
de Park Jimin y le producían escalofríos. Era difícil mantener una postura firme y
segura después de eso, pero lo hizo de todos modos, porque el pequeño bajo su tutela
todavía estaba muy asustado por todo.

Las cosas empeoraron entonces cuando vio que río arriba se acercaba una corriente
que arrasaba todo a su paso, elevando el nivel del agua y empujando las barcas por
encima de ella.

Jimin ya había oído hablar de ese fenómeno.


Sucedía cuando llovía en una región lejana y el agua de esa lluvia era absorbida por el
lecho acuoso, haciendo que la corriente fuera extremadamente peligrosa.

El omega tragó en seco y apuró el paso cantando para mantener al niño distraído. Las
olas le rozaban el tobillo mientras se acercaba a la orilla. Era un camino corto para
llegar a tierra, pero el sendero irregular y resbaloso lo hacía muy difícil.

Su corazón dio un salto cuando vio la lobuna y extraordinaria figura de Jeon Jungkook
corriendo hacia él.

El rey de Adaman volvió a la forma humana en el último segundo con un salto, y


levantó el brazo para alcanzar la mano de Jimin, la mano libre que no estaba usando
para sostener al pequeño niño.

En cuanto entrelazó sus dedos con los del omega, lo arrastró a tierra firme y lo abrazó
con todo lo que tenía.

Respiración agitada, pecho palpitante, sudor frío y mucho miedo. Miedo a perderlo.

El río se desbordó poco después, y fue como si hubiera pasado un tsunami.

—¡Estuve a un paso de saltar de ese puente para nadar tras de ti! —murmuró Jeon, sin
soltarlo. Sintió que podría quedarse abrazado a Park Jimin por el resto de sus días, sin
importar sus más profundos anhelos carnales.

Justo detrás de él, acercándose con pasos vacilantes, estaba el general Kim y sus
soldados. Este último parecía tenso y miraba al Omega de Plata con cierto aire de
admiración. Casi tropiezan al inclinarse ante él.

—Su Majestad me hizo perder los estribos hoy. —Kim Namjoon mostró una pequeña
sonrisa nerviosa al recordar que estuvo a punto de entrar en combate con el rey.

—Lo siento. —dijo el omega, sonrojándose.

Jungkook miró al niño en sus brazos y sonrió.

—No te disculpes, porque has hecho algo muy noble Sólo.... Sólo me preocupé
profundamente. —el alfa suspiró. —Ustedes dos se están congelando, permítanme. —
Jungkook se quitó su propia manta y la colocó sobre el otro joven.

Ella tenía su calor y aroma, así que a Jimin le encantó recibirla.

—Creo que tenemos que encontrar a tus padres ahora. —sugirió, acariciando la
cabeza del pequeño y acurrucándola con un trozo de la manta de Jungkook.

El joven soberano se quedó momentáneamente estático mientras observaba la escena.


Su mente ligeramente ebria comenzó a divagar ante la idea de ver a Park Jimin con un
niño en brazos.

Un pequeñito...

Un hijo...

Si divagación fue tan grande que el omega tuvo que llamar su atención para devolverli
a la realidad.

—Hey, Jeon, ¿me escuchas? —Jimin se pasó la mano por la cara. —Tenemos que
encontrar a los padres del niño.

—Cierto. —Jungkook se sobresaltó y se inclinó para hablar con el niño. —Hola.


El niño se hundió más en el abrazo de Jimin, con todo su cuerpo temblando,
negándose incluso a mostrar su rostro.

Pero Jungkook era paciente.

—Nunca he visto a un niño tan resistente como tú. ¡Eres incluso más fuerte que
muchos de mis soldados! ¿Puedo saber tu nombre, pequeño guerrero?—preguntó, y
esbozó una brillante sonrisa que hizo parpadear a Park Jimin.

El niño cedió entonces a la conversación del rey y se volvió lentamente hacia él,
mostrando su rostro, pero sin desprenderse del abrazo del omega.

En ese momento, Jeon se dio cuenta de que ya había conocido a ese niño.

—Enviaré a mis soldados a por la familia del niño, si lo desea, Majestad. —dijo el
general Kim, siempre proactivo.

—Eso no será necesario, —el rostro del rey adoptó un tono sombrío. —este niño ha
quedado huérfano recientemente...

—¿Cómo lo sabes? —preguntó Jimin, sintiendo una pesadez en el pecho.

—Sucedió durante mi viaje por las aldeas del reino. ¿Recuerdas el día en que nos
conocimos, Park? —Jungkook cruzó mirada con el otro chico, y exhaló aire por la
nariz. —Ese día, los soldados de Eliah destruyeron un pueblo entero y mataron a
docenas de personas. Este niño fue uno de los pocos que logré salvar. Nunca olvidaré
su cara.

Los recuerdos de ese momento volvieron a la mente de Park Jimin. También nunca
olvidaría esa noche, el momento en que vio a Jeon Jungkook por primera vez. El rey
estaba sobre la espalda de Kim Namjoon, huyendo con un pequeño niño en brazos.

—Eso... Pero entonces, ¿qué está haciendo aquí? —Jimin miró al pequeño con pesar.
—¿Está solo? ¿Vino solo a la capital?

Kim Namjoon tomó la palabra:

—Habíamos puesto a todos los huérfanos bajo la tutela de algunas familias


sobrevivientes. Realmente no entiendo qué pasó...

—Así que estaba vagando por ahí, solo, y se cayó del puente, sin que nadie se diera
cuenta. —Jimin no hizo una pregunta

Un sabor amargo comenzó a arder en la garganta del chico, formando un nudo. Junto
a él, Jungkook también parecía estar bastante perturbado.

—¿Qué pasará con él ahora? —Park miró a Jeon en busca de ayuda.

El rey sabía muy bien lo que debía hacer.

—Definitivamente no pasaré la tutela del niño a otro extraño. El palacio es grande, allí
estará bien atendido.

Jimin suspiró aliviado. Nunca le habían gustado mucho los niños, pero la tragedia de
aquel pequeño lo había sacudido profundamente.

—¿¡Entonces podemos adoptarlo!? —dijo, tan aliviado que apenas se dio cuenta de sus
propias palabras.

Cuando cayó cuenta de ello, sonrió sin ganas y se sonrojó como un tomate.

Oh, mierda. ¡Mierda! ¿¡De qué demonio estoy hablando!? pensó.

Mientras tanto, el soberano de Adaman procesaba esa sugerencia con un intenso


brillo en los ojos. En su pecho, su corazón latía rítmicamente, brotando oleadas de
sentimientos nuevos, extraños y embriagadores.

Si antes el celo afectaba a su mente, enviándole pensamientos desconcertantes y


emotivos sobre tener hijos con Park Jimin, ahora Jeon Jungkook se sentía como una
palmera solitaria en una amplia playa, recibiendo vientos huracanados que luchaban
por arrancar sus raíces de la arena. Para sacar los restos de su cordura y control.

—General Kim, —llamó Jungkook, de repente, justo después de tragar en seco. —lleva
al niño al castillo y dirige a los sirvientes para él. Quiero que lo limpien, lo alimenten y
lo que sea necesario.

—Por supuesto, pero, señor... ¿Cree que va a estar seguro sin mi presencia? —"¿Cree
que podrá controlarse sin mi estando cerca?" era lo que quería preguntar Kim
Namjoon.

Sabiendo eso, el rey respondió:

—Yo también volveré.

—Espera, Jeon. —Jimin levantó la manga de su abrigo. Con un semblante ligeramente


decepcionado, continuó: —¿Ya ha terminado nuestro recorrido?

—Sería bueno volver. ¿No estás cansado después de lo que pasó? —la preocupación de
Jungkook no era sólo una excusa para terminar el paseo.

—Lo estoy, pero... No lo sé. Tengo el presentimiento de que vas a desaparecer y te


volverás a comportar raro, como esta mañana.

Oh, no sabe que tiene razón, pensó Jungkook, deprimido y ansioso.

—Y pues, hombre, quería hablar contigo sobre lo que pasó. ¡Me transformé! ¿Viste?
Me convertí en un lobo, vaya, y también quería contarte algunas cosas que me
pasaron mientras estaba en el agua.

—¿Pasó algo? — la atención del rey fue capturada.

—Te lo diré si caminas conmigo un poco más. —provocó Jimin, con una sonrisa
traviesa.

Por supuesto que Jungkook quería hablar con el chico, y durante horas, sin
interrupciones, sin miedo.

Pero, ¿podría hacerlo ese día? El jóven no se sentía fuera de sí, el calor latente en lo
profundo de su núcleo también era bastante estable. Lo único inconstante eran sus
pensamientos, que de vez en cuando fluctuaban con ideas embarazosas y poco
caballerosas.

Sin embargo, la mente es un pozo profundo que controla toda la máquina humana. Las
inestabilidades podrían dar lugar a actitudes inciertas, a profusiones de deseos y
anhelos, y a la pérdida de la razón.

¿Qué pasaría si le dijera la verdad sobre lo que me pasa? Se preguntó el rey.

"No" pensó. "No está familiarizado con él. Jimin pensará que es su culpa, que es su
responsabilidad. No quiero eso"

Su Majestad se quedó entonces en un silencio reflexivo, sin dar una respuesta a Jimin.

El otro, sin embargo, no esperó por ella.

—¡Entonces quedémonos! General Kim, —llamó el omega —cuide bien al niño, ¿de
acuerdo? —le entregó el niño en brazos al militar.
Cuando colocó al pequeño en sus brazos, Jimin lo miró a los ojos, ofreciéndole una
gran sonrisa, y dijo:

—Ahora vas a vivir en un castillo. ¿No es genial?

El pequeño no estaba seguro de que lo fuera. Levantó sus pequeños brazos, pidiendo
el abrazo de Jimin de nuevo, pero en su lugar recibió una caricia en la mejilla.

—Volveré a buscarte dentro de un rato, lo prometo por el meñique. —dijo el omega,


entrelazando su dedo con el del niño.

El simple gesto le pareció algo muy importante al niño, así que se puso menos ansioso
y decidió creer al joven de cuernos.

Después de eso, Park se despidió del grupo de Kim Namjoon con una inclinación de
cabeza y, sin pestañear, tiró de Jungkook hacia el lado opuesto, hacia un campo
abierto con hierba húmeda enrojecida por el otoño.

No había gente en esa zona, ya que estaba situada un poco fuera de los límites de la
civilización, sin casas, y sólo algunas plantaciones cerca del bosque ribereño.

—Necesitas aire fresco, Jeon Jungkook. Tienes que relajarte... Puedo ver en tu cara
que todavía no te sientes bien. —dijo Jimin, llevando a Jungkook al centro del campo.

—Tenía la intención de volver al palacio para descansar.

—¿Quedarse en una habitación cerrada? ¡Ni lo pienses! Siente el viento en la cara y


respira profundamente. Ustedes tienen suerte de tener un aire tan fresco y limpio. —
De donde yo vengo, todo estaba bastante contaminado, añadió en sus pensamientos.

El rey sonrió un poco, encontrando la preocupación de Jimin muy linda.

—Está bien. Haré lo que desees. —Jungkook respiró profundamente, dejando que la
brisa lo refrescara.

La verdad es que fue bastante agradable. El olor del rocío, el aroma de los eucaliptos
y las flores silvestres que formaban jardines bordeados por la propia naturaleza.

El olfato de Jungkook se lo agradeció, enviando ondas de relajación por todos sus


músculos.

Sin embargo, Park Jimin terminó interponiéndose en el camino del viento. Justo en ese
momento, el olor de omega golpeó al alfa de lleno como una droga aromática.

Sin ser consciente de lo que le ocurría al otro, Jimin se tiró sobre la hierba y rió al
cielo.

—¡Ah! Me he convertido en un lobo, ¿¡puedes creerlo!? Fue muy ¡Guau! —el chico
suspiró agitadamente: —Pensé que me sentiría raro, ¿sabes?, como algún tipo de dolor
o molestia, pero nada de eso.

El rey se sentó a su lado, escuchándole en silencio, conteniendo la respiración.

—Sólo necesito controlar mejor estas cosas. Fue casi un milagro que lograra
recuperar mi cuerpo humano. Tuve que rezar mucho a esas vocecitas. —Jimin
continuó hablando.

—¿Vocecitas...? —la atención de Jungkook fue captada momentáneamente, para su


alivio interior.

—Sí, eso es lo que quería decirte. —Jimin se incorporó de repente, mostrando una
sonrisa emocionada. —Mientras estaba en el agua, empecé a escuchar unos extraños
susurros. Algunas voces con eco. Pero no me dieron miedl, —se interrumpió un
segundo, con aspecto pensativo. —sentí que eran amigos, que estaban ahí para
ayudarme. Era casi como si estuviera hablando con el agua y las plantas, y entonces
ese árbol surgió de la nada... Fue demasiado increíble.

Al escuchar esto, Jeon Jungkook volvió su rostro al cielo con una expresión solemne y
murmuró:

—Creo que las voces que oíste eran los espíritus de la naturaleza. La gente de mi clan
siempre los menciona, y los que tienen el don de la mediumnidad a veces se
comunican con ellos.... —suspiró. —Todas las leyendas sobre el Omega de Plata lo
describen como una deidad terrenal que salvaguarda el equilibrio de la vida.

El alfa tomó la mano izquierda de Jimin y la colocó sobre la hierba. Ese toque
transfirió calidez y buenos sentimientos de un chico a otro.

Una calidez acogedora que entró en choque con la suavidad proporcionada por las
plantas rastreras.

Tratando de ignorar esto, Jungkook continuó su discurso.

—Siendo así, tales espíritus deben guiarlo... Servirle... —Su mano en la de Jimin se
volvió más cálida. —Yo también debo servirle...

La sangre quería subir a las mejillas del omega.

—Pensé que los reyes no servían a nadie... Sólo a ellos mismos.

—Un rey no es superior a una entidad divina, Park Jimin. —dijo Jungkook, sonriendo.

—No quiero ser superior a ti. Podemos seguir igual. Sólo trátame como siempre lo has
hecho, ¿de acuerdo?

Los ojos redondos de Jungkook volvieron a brillar. Antes estaban tensos y opacos.

—Como desees. —dijo.

—Bieeen. —Jimin balanceó su cuerpo, planeando algo. —Necesito de tu ayuda.

—¿Con qué?

—¡Con la transformación! Cuéntame los trucos, por favor. Quiero saltar y convertirme
en lobo en el aire como Jacob en Crepúsculo. —señaló Jimin.

Al ver la mirada confusa e inquieta de Jeon Jungkook, el chico se apresuró a explicar:

—Haha, Jacob es un personaje de una historia llamada Crepúsculo. También se


convierte en un lobo gigante.

—Suena interesante. —el alfa arqueó las cejas hacia arriba.

—Y muy cliché, a veces no tiene sentido, pero me gusta. —Incluso el otro personaje
masculino, Edward Cullen, fue uno de los primeros en hacerme cuestionar mi
sexualidad, pero no voy a contarle eso a Jeon, pensó Jimin.

—En fin. Enséñame a hacerlo, por favor. —Jimin juntó las manos frente a su rostro.

—Estaré encantado de enseñarte.

Jungkook se levantó del césped y esperó a que el chico hiciera lo mismo.

Cuando los dos se pusieron uno al lado del otro, comenzó la lección.

—No es algo difícil. Habla con tus instintos, piensa en correr sobre cuatro patas, tan
rápido como el viento que nos atraviesa en este momento.

Como si lo hubiera convocado, la brisa de la mañana levantó los mechones negros del
cabello del rey. Fue una hermosa vista para Park Jimin.

—Piensa en tu lobo interior, imagínate aullando, con garras y colmillos, y luego


libérate. —Jungkook saltó justo después de hablar, y se transformó en un enorme lobo
negro, con ojos rojos como el infierno. Era aterrador y hermoso a la vez.

El alfa giró su cabeza animal en dirección al omega, esperándolo.

Jimin asintió, tragó en seco y apretó los puños.

—Muy bien. Bueno. ¡Allá voy! —Con los ojos cerrados, pensó en aullidos, lobos, lunas
llenas e incluso perros.

—Siente tus instintos. —repitió Jungkook.

Jimin frunció el ceño y trató de sacar de lo más profundo de su ser algo que pudiera
ayudarle en esto.

Fue entonces cuando apareció la sombra de un lobo, con altos y magníficos cuernos y
ojos escarlata, igual que los tonos rojos de una rosa.

El omega fue absorbido por esa sombra y se dejó llevar, "liberándose".

Cuando volvió a abrir los ojos, Jimin tenía patas, pelo plateado y un hocico rosado.

—Yo... ¿lo hice? ¡Lo hice! HAHA, ¡LO HICE! —El chico comenzó a saltar como un
cachorro feliz. Su excitación contagió completamente a Jungkook, robándole una risa.

—¡Oh, Dios, tengo un rabo! Un rabo peludo, ¡HAHA! —Jimin se quedó entonces helado
al notar que, debido a la excitación, el rabo se meneaba solo. —¡EL RABO SE
BALANCEA SOLO! ¡MI RABO SE MUEVE! ¡Mira, Jeon Jungkook! Ahora entiendo
cómo se sienten los perros.

—Te ves muy emocionado. Me imaginé que te asustarías, como siempre te asustan los
detalles de mi mundo. —dijo el alfa a su lado. Sus iris rojos brillaban, pero no tanto
como la noche anterior, cuando había luchado contra la criatura bestial.

—Ah, me he acostumbrado a ver estas transformaciones. Además, no hay muchas


cosas en este lugar que me den mucho miedo, excepto el monstruo que apareció ayer.
—el recuerdo de las garras del temible alfa en su garganta era aterrador. El joven
nunca se había sentido tan frágil, tan indefenso y tan pequeño.

Con un poco de duda, pero queriendo ofrecer algo de consuelo y tranquilidad,


Jungkook se acercó a Jimin y utilizó la longitud de su hocico para acariciar su cabeza.

Los cabellos negros se encontraron con los plateados, haciendo el Yin-Yang.

—¿Esa bestia te atacó mientras estabas distraído?


—el alfa quiso saber, mirando fijamente a los ojos del omega.

—Más o menos. No sé lo que hizo, pero en un instante estaba muy consciente y al


siguiente mi cuerpo se sintió como si estuviera drogado. El monstruo tenía un olor
muy fuerte. Realmente fuerte... y bueno, era adictivo. Perdí la cabeza, Jeon... ¿No lo
sentiste?

Las garras de Jungkook querían saltar y desgarrar a esa bestia una vez más.

—Lo sentí, pero no me afectó porque soy un alfa...

—¿Qué quieres decir?

—El aroma que sentiste eran feromonas de alfa. Esos... olores pueden atraer a los
omegas, alejar a otros alfas, marcar territorio... Pero la bestia sólo los usó para
llevarte a ella, Park.
Un escalofrío congeló la espina dorsal lobuna de Jimin.

—¿Quieres decir entonces que, si hubiera querido, podría haber utilizado sus propias
feromonas para alejarte?

Sintiendo que algo de su orgullo era herido, Jungkook inconscientemente mostró sus
colmillos puntiagudos, inyectó sus ojos y dijo con su voz profunda:

—No. La pelea de ayer me dio una certeza. Soy más fuerte que él, y en consecuencia
mi presencia también puede serlo, si así lo deseo...

Park Jimin parpadeó, vidrioso ante la expresión casi amenazante del rostro lobuno
negro, con los ojos encendidos, y las promesas intimidatorias que salían de su boca
como ecos fuertes y sobrenaturales.

Mierda, si ese monstruo pudo atraerme como un patito, me pregunto qué podrían
hacer conmigo las feromonas de Jungkook, pensó el chico, sintiéndose extrañamente
nervioso.

Así que dio un paso atrás, encogiéndose. No por miedo, sino por otra sensación de
aturdimiento.

Por desgracia, las reacciones de un lobo eran mucho más explícitas y difíciles de
ignorar. La cola de Jimin, por ejemplo, dejó de balancearse en lo alto y bajó,
enroscándose entre sus patas traseras, retorciéndose nerviosamente.

El rey de Adaman se dio cuenta de esto y rápidamente escondió sus feroces colmillos.

—Perdona, ¿Te he asustado? —preguntó.

—No-no es eso, hahaha. —Jimin no podía entender por qué se sentía tan inquieto.

Decidiendo cambiar de tema, porque esa conversación leo había afectado


extrañamente, el chico omega corrió hacia una colina cercana e irguió su cuerpo.

—¡Hey! —llamó al rey. —¿Ustedes también aúllan cómo los lobos?.

Jungkook tardó unos instantes en contestar. Había notado el repentino cambio de


actitud de Park Jimin y su incomodidad. Esto hizo que el joven gobernante se sintiera
bastante temeroso y seguro de no poder revelar la verdad sobre sus vacilaciones ese
día.

—Sí, aullamos. Es una buena forma de comunicarnos cuando estamos de cacería, por
ejemplo. —respondió Jungkook después de descansar.

—Hmmm, genial. ¿Y ustedes le aúllan a la luna?

Jeon inclinó su cabeza canina hacia un lado y dejó escapar una pequeña risa, que salió
en un débil ladrido.

—¿Por qué le aullariamos a la luna? —respondió.

—De donde yo vengo, hay un cuento de hadas sobre gente que se convierte en lobos
durante la luna llena, como una maldición. ¿La luna no hace nada aquí? Recuerdo que
hablaste sobre que la Luna de Sangre influyó en la leyenda del Omega de Plata...

El rey se tumbó a su lado, con las patas delanteras extendidas y la cabeza alta.

—Tienes razón. La Luna de Sangre siempre ha sido tratada como un preludio de


grandes acontecimientos, principalmente porque se describe en las tablillas como un
símbolo de la llegada de la entidad divina... De tu llegada.

—Y pensar que aparecí cuando la luna era roja. Todo esto es muy loco. —Jimin sacudió
la cabeza de lado a lado. —Bueno, ¿y hay algo más sobre ella? Esta conversación me
parece interesante.

Jeon se detuvo a pensar su respuesta por un momento.

—Algunos clanes tienen sus habilidades lobunas influenciadas por los astros del
cielo... Mi clan, Jeon, se siente físicamente más fuerte durante la noche, especialmente
cuando la luna está en su punto máximo. Con el clan Min, el de mi hermano mayor
ocurre lo contrario. Se sienten vigorizados con la caída de la Luna y la salida del Sol.
—el alfa dejó escapar una carcajada. —Yoongi y yo somos prácticamente las caras
opuestas de una moneda.

—Wow... —Jimin pensó que el habla de Jungkook era bastante poética.

—Desearía que él pudiera recibir la bendición de un igual que yo. —suspiró el rey Alfa.
—Desde mi infancia, me he imaginado cazando a su lado, practicando lucha,
entrenando juntos, haciendo actividades normales de hermanos. Normalmente es el
mayor quien guía al más joven en su juventud, pero fue Kim Namjoon quien me
enseñó todo lo que sé. Así que el General es como mi segundo hermano. Sé que es una
de las cosas que atormenta a Min Yoongi.

—Lo siento, Jeon...

—Ah, no, no. —Jungkook abrió los ojos de golpe. —Siento haberte hecho escuchar mis
divagaciones.

—Puedes hablar conmigo... Siempre que lo necesites.

—Siempre... —los iris rojos del alfa adquirieron un brillo resplandeciente...


—"siempre" es un tiempo muy largo.

La sugestión implícita en esas palabras hizo que Park Jimin se sintiera un poco
incómodo.

Me pregunto cuánto tiempo durará el "siempre" dentro de este mundo. ¿Dentro del
libro?

¿Cuánto tiempo de ese "siempre" estaré aquí, con Jungkook?

Por alguna razón, el chico seguía sin querer saber la respuesta. Prefiere dejar que la
"historia" fluya antes de tener alguna noción de dónde se detendrá.

¿Y si fuera una parada brusca? ¿Y si el final no fuera


¿un "felices para siempre"? ¿O tal vez lo sea, pero sucedería mañana, o pasado
mañana? ¿Y luego qué? ¿Se iría Jimin de allí y no volvería a ver a esa gente? ¿No
volvería a ver a Jeon Jungkook? Después de todo, técnicamente se estaba relacionando
con personajes de un libro que, mágicamente, eran tan complejos como los humanos
reales.

La mente de Park estaba en conflicto. Sin embargo, no quería volver a perder la


cabeza como en sus primeros días en el Reino de Adaman, así que prefirió reprimir
esos pensamientos y cambiar el tema de la conversación.

—Jeon, voy a intentar aullar ahora. —dijo levantando de nuevo su bestial cabeza. Los
cuernos de la misma pesaron al inclinarse hacia atrás.

—¿Para qué? &Jungkook se sintió divertido.

—Sólo quiero saber qué sienten los lobos cuando aúllan. —Jimin se posicionó,
moviendo la cola como un abanico. —¿Me responderá algún lobo?

—Probablemente. —El alfa se colocó a su lado y esperó lo que vendría, curioso por el
sonido que saldría.

La voz de Jimin en su forma lobuna es tan hermosa... pensó, sintiendo que su pecho se
agitaba.

El omega se colocó entonces en la colina, estabilizando sus patas delanteras y


traseras, levantando la cabeza e inflando sus pulmones con aire. Entonces hizo lo que
creía que debía hacer para conseguir un buen sonido de su boca, y entonces aulló con
fuerza.

Sus cuerdas vocales estaban preparadas para ese sonido, así que todo fue muy natural
para Park Jimin.

Cuando se detuvo, los oídos de ambos jóvenes captaron sonidos de lobos aullando en
el bosque.

—¡Funcionó! —Jimin vibró.

—... Espera... ¿Qué es eso? —Jungkook dio un paso adelante, estirando sus
puntiagudas orejas.

Empezó a captar un ruido distinto a los aullidos de los lobos. Sonaba como el trote de
caballos, pero era más ligero y tenía un ritmo distinto.

Jimin también escuchó ese sonido y, junto con él, relinchos que eran más bien una
extraña mezcla de risas, motores de motos y los aullidos de un grupo de burros.

—¿Qué mierda...? —Los ojos del chico se abrieron de par en par cuando vio, a lo lejos,
acercándose a gran velocidad, a toda una comunidad completa de llamas.

—No... ¡No! ¡Mierda, pero si ni siquiera he cantado! ¡¡CORRE, JEON!!

De un salto, Jimin y Jungkook se dieron la vuelta y salieron a toda velocidad hacia el


lado opuesto del campo abierto, atravesando un campo de cultivo de arroz y luego un
campo de algodón. —Su Majestad terminó con enormes bolas blancas y esponjosos
pegados a su cuerpo

—¡Qué está pasando! —exclamó Jungkook durante su huida, moqueando para apartar
el algodón pegado a su negro hocico.

—¡No lo sé! ¡Convertirse en una criatura divina que atrae a los animales con cantos y
gritos NO ESTABA EN MIS PLANES!

—¡Fueron atraídos por tus aullidos!? —se rió el alfa con su voz chillona.

—¿Por qué te ríes?

—Porque desde el día en que nos conocimos, no he tenido ni un solo momento de


calma y normalidad. ¡Y eso es GENIAL!

Park lo miró, jadeando por la prisa, pero sintiendo que su pecho se agitaba.

—¡Esa frase debería ser MÍA! —dijo, sacando su larga lengua. Parecía un cachorro
mirando por la ventana de un coche, recibiendo el viento en la cara.

—Si están aquí porque los has llamado, ¡entonces por qué estamos huyendo!

—No puedo controlar estas cosas, Jeon. ¡Nos atropellarán si nos detenemos ahora!

En ese momento, los dos saltaron sincronizadamente sobre un pequeño lecho de agua.
Segundos después, el grupo de llamas hizo lo mismo, siguiéndolos a toda velocidad.

—Intenta comunicarte con ellos, Park. Recuerda lo que dije antes sobre que la
naturaleza te sirve. —dijo el joven rey.

Jimin gruñó, tragando con fuerza y mirando hacia atrás a sus perseguidores.
—Lo intentaré... —gruñó tras darse cuenta de que esta fuga duraría todo el día si no
se hacía nada al respecto.

Sacando coraje de algún lugar profundo de su núcleo, el omega giró de repente,


volteando su cuerpo canino en dirección a las docenas de llamas que se acercaban
locamente.

Con un ladrido, gritó:

—¡¡¡PAREN YA!!!

Los llamas dudaron, pero no se detuvieron.

Park Jimin cerró los ojos y esperó a ser arrollado por esa avalancha.

Nada sucedió.

—¿Qué...? —volvió a abrir los ojos y, sobresaltado, se dio cuenta de que aquellos
animales de cuello ancho y relinchos extraños se habían extendido a su alrededor.
Bienhumorados y pasivos, como si el chico fuera un pastor de llamas.

El alivio fue tan grande que Jimin volvió a su forma humana sin siquiera pedirlo, y
cayó de espaldas.

Sintió el fuerte brazo de Jeon Jungkook alrededor de su espalda en el mismo instante.

Cuando levantó la vista, el rey le observaba con una sonrisa casi contemplativa. El
calor entre ellos brilló en el aire.

—Eres tan hermoso. —dijeron al unísono, y sonrieron levemente poco después, sin
distanciarse el uno del otro.

Sabiendo que Jungkook había elegido ese día para ser un chico retraído y
aparentemente tímido -porque seguía evitando el contacto y las caricias- Park Jimin
decidió actuar por su cuenta.

El omega rodeó el cuello del alfa con sus brazos y lo atrajo para besarlo intensamente.

Jimin sintió que Jungkook se congelaba bajo su agarre, y se estremeció cuando los
finos labios se unieron a los suyos. El sabor de aquel intercambio de lenguas y jadeos
hizo que el joven soberano se entregara lentamente, deleitándose como un niño con
un trozo de pastel, hundiéndose como un pez en el océano infinito.

Sin pensarlo mucho, tumbó a Jimin en la hierba, metiéndolo debajo de su cuerpo,


atrayéndolo hacia sí con sus brazos alrededor de su espalda, hundiendo sus manos en
su pelo plateado.

Jungkook seguía controlando las feromonas, aunque quisieran entrar en erupción


como un volcán, pero el chico en sus brazos apenas había empezado esa vida de
omega. Entonces fue como abrir un grifo que chorreaba pesados afrodisíacos.

Y cuando se abre un grifo junto a una cuenca casi llena, lo que se produce es un
desbordamiento.

Así, poco a poco, la razón abandonó la mente del rey de Adaman. Su piel acumulaba
un calor febril y sus ojos ardían de rojo.

Comenzó a manosear el cuerpo de Jimin, apretando la carne, masajeando algunas


zonas y arrancando jadeos al chico. Esos sonidos provocaron aún más los instintos alfa
del joven rey, lanzándolo a una perdición sin límites.

Jungkook estaba a un paso de explotar de deseo. El chico quería desnudar a Park


Jimin allí mismo, en medio de una plantación llena de llamas, a plena luz del día,
frente a la civilización; y tomarlo para sí con todo lo que tenía.
Él quería hacerlo. Lo deseaba. Estaba perdiendo la razón.

—Ju-Jungkook... ¿qué estás haciendo? —murmuró Jimin, jadeando.

No muy lejos había gente, ciudadanos de Adaman curiosos por la reciente estampida
del grupo de llamas y los dos chicos tirados entre las plantas.

El rey no parecía ser consciente de ello. No parecía importarle los curiosos ni la falta
de privacidad que ofrecía aquel lugar.

Pero Jimin lo hizo. Por mucho que quisiera que Jungkook continuara con las caricias y
los besos, no quería pasar a la siguiente fase de esa relación en público, con la gente
mirando.

¿Qué demonios? Contrólate, hombre, pensó el chico.

—Jungkook, e-espera... ¡Para, Jungkook! —Jimin intentó apartarlo, pero el otro chico
parecía fuera de sí mientras desabrochaba los botones de la ropa del omega.

—¡Para! ¡Jeon Jungkook, PARA!

El rey entonces se alejó en un impulso bastante desesperado. Park se arrastró hacia


atrás y trató de cerrar rápidamente la camisa que había sido desgarrada por las
manos ajenas.

Habían muchas miradas indiscretas, más ahora que antes.

—Jimin... —Jungkook volvió en sí por primera vez en minutos. Vio la expresión de


vergüenza en el rostro del chico y el estado de su camisa, y también se dio cuenta de
que había cruzado la línea.

Jimin se levantó del suelo, palmeando su ropa para limpiar la suciedad de la misma, y
se puso de espaldas, ocultando su cara roja.

—P-podemls salir de aquí. U-hhm, rápido. —pidió, ya alejándose de los curiosos.

Qué vergüenza. Qué vergüenza. Que Vergüenza. Se repetía en su mente. La vergüenza


no fue sólo por tener espectadores en un momento casi íntimo, sino también por casi
tener un momento íntimo con Jeon Jungkook.

La mirada del rey, la forma en que lo tocó, los olores que sintió... El mero pensamiento
dejó el cuerpo de Park Jimin completamente perdido, y no podía entender por qué. Las
sensaciones se encontraron multiplicadas, las ondas de calor que viajaban por sus
venas también. El pecho del omega se sentía como una especie de explosivo.

¿Por qué estoy tan... ¿Tan?, pensó

Los dos volvieron a la orilla del río, ahora sólo tenían que cruzar el puente para volver
a entrar en el territorio de la capital Adwan.

Jeon Jungkook, sin embargo, dejó de caminar a mitad de camino.

—Park, ¿puedes llegar al castillo por tu cuenta?

—¿Ah? Sí, pero... ¿No vienes conmigo?

Un instante de silencio.

—... Estaba pensando en cazar para las festividades de esta noche.... —Jungkook
mintió.

—Entonces vayamos juntos.

—Mejor no...
Jimin frunció el ceño.

—¿Por qué? —preguntó, sintiéndose incómodo. —¿Estás enfadado conmigo después de


lo que pasó?

—No, no. Has hecho lo correcto, fui yo que... En fin. —Jungkook se pasó una mano por
el pelo y suspiró profundamente. Por primera vez parecía no saber cómo comportarse
en una situación. —Ve al castillo antes que yo, ¿vale? Te prometo que te veré esta
noche... Traeré un poco de carne sabrosa para tu festín.

El rey esbozó una sonrisa, pero eso no fue suficiente para que el omega estuviera más
relajado.

—Jeon.

—¿Qué carne deseas probar? ¿Conejo? ¿venado? ¿Alce? ¿O tal vez un pájaro?

—No sé... No tienes que ir de caza. Vuelve al castillo conmigo.

Jeon cerró los labios y dio un paso atrás, luego intentó sonreír de nuevo y dijo:

—Te veré en el banquete.

Giró su cuerpo y se transformó en un lobo. Luego salió corriendo hacia el bosque


como una mancha negra.

Park Jimin se quedó quieto, mirando al alfa hasta que desapareció entre los árboles
del bosque. Cuando lo hizo, el chico sintió un repentino y silencioso golpe en lo más
profundo de su núcleo. Un vacío frío, un malestar latente.

Este malestar le acompañó en su camino de vuelta al castillo, y se intensificó cuando


sintió la presencia de la gente que se cruzaba en su camino.

La gente alfa, más concretamente.

Jimin tuvo que cubrirse la mitad de la cara con la manta de Jungkook para no sentirse
mal, ya que el fuerte olor de esos alfas entró en sus fosas nasales como un olor fétido.

El omega no entendía lo que estaba pasando. No tenía ni idea.

¿Había comido algo malo esa mañana? ¿Podría ser que los cambios en su cuerpo le
estuvieran provocando náuseas? Porque, al fin y al cabo, ningún humano normal
tendría cuernos sin pasar por una serie de modificaciones físicas y fisiológicas.

Sí, podría ser eso. Sólo espero que esa sensación pase pronto. Sólo espero que
Jungkook vuelva pronto, pensó el chico.

uando regresó al palacio, Park Jimin preguntó a los sirvientes sobre el niño que había
salvado. Dijeron que al niño se le había dado una habitación, se le había limpiado y
alimentado bien, y que ahora estaba con Kim Jina, la hija del general Kim.

Al parecer, el pequeño era extremadamente tímido y no quería relacionarse con


ninguno de los residentes del castillo, pero Jina insistió en jugar y ahora no se
separaba de ella.

Con esa buena información, Jimin se dirigió a su habitación, donde se duchó, almorzó
y se echó una siesta.

Esperaba que el descanso mejorara el malestar de su cuerpo, pero descubrió que, en


cambio, empeoraba con el paso del tiempo.
Parecía que la soledad de aquella inmensa habitación no ayudaba en absoluto, por lo
que el muchacho sólo pudo salir de la torre y pasear por los jardines del palacio,
dirigiéndose al patio donde jugaban los niños. Verlos correr y reír se convirtió en una
distracción medianamente efectiva.

De hecho, cualquier distracción sería útil en ese momento.

Cuando Jina y el niño del río se dieron cuenta de la presencia del omega, se acercaron
rápidamente a él.

—Su Magnificencia, ¡he cumplido mi misión! —dijo la hija del General Kim, saludando
tras inclinar la cabeza cortésmente.

Mientras tanto, el pequeño se acurrucó en la pierna derecha de Park.

—¿Misión? —el omega frunció el ceño, su mente estaba dispersa.

Sólo después de acariciar el pelo del chico, ahora limpio, y de centrar sus
pensamientos en recordar lo que había sucedido esa misma mañana, Park Jimin se dio
cuenta de la "misión" de la que hablaba Kim Jina.

—¡Ah! ¿Has conseguido que esos molestos nobles se aprendan las cinco canciones de
la fiesta de hoy?

—¡Sí! Quiero decir... No sé si realmente lo han aprendido, —Jina se llevó las manos a
la espalda y se balanceó de un lado a otro. —creo que siguen practicando en el otro
jardín, pero verlos se está volviendo aburrido, señor Omega de Plata... Prefiero jugar
con Soobin.

A Park le tomó por sorpresa.

—¿Soobin? ¿Así se llama? —el chico miró al niño en su pierna y se agachó para quedar
a su misma altura. —Oh, ¿entonces le dijiste tu nombre a Jiji?

Soobin afirmó con un pequeño movimiento de cabeza.

—Soobin... Jeon Soobin...—murmuró el pequeño, su voz salió débil y temblorosa. Era


muy tímido.

—¿Jeon? Espera... ¿Entonces eres del clan de Jungkook?

—Shhhhh. —Jina puso un dedo sobre sus labios rosados. —Papá dijo que no podemos
decir el nombre de pila del rey, Su Magnificencia.

—Sólo llámame Señor Park, o tío Park, Jiji. —Jimin sintió pena por la chica que se
esforzaba por decir la palabra "Magnificencia" a toda costa. —Y puedo decir el
nombre del rey libremente, hehe.

—¿Por qué?

—Porque soy especial.

—¡Oh, entiendo! —el omega levantó la nariz.

—En fin. Si Soobin es del clan Jeon, entonces creo que tenemos que dejar que alguien
lo sepa. Tal vez entonces pueda encontrar un pariente cercano.

—¡Sí! ¡Misión dos: encontrarle a Soobin una familia! —Jina levantó el puño por encima
de su cabeza en una pose decidida.

—¿Por dónde empezamos?

—¡Le preguntaremos al rey!


—El rey se ha ido de caza... —el pecho de Jimin se volvió a inquietar.

—Oh, entonces...

Los dos pensaron en silencio durante unos segundos, con sus respectivos dedos
índices doblados y apoyados en la barbilla, hasta que se les ocurrió una idea.

—¡La consorte Jeon Haerin! —exclamaron al unísono.

Claro. Además de Jeon Jungkook, la única persona conocida por ambos que podría
ayudarlos sería la madre de Su Majestad. Ella había sido muy amable con Jimin
incluso cuando todo el mundo lo había condenado como una persona interesada y
engañosa, por lo que probablemente estaría dispuesta a verificar al pequeño Soobin.

—Bien, vamos a por ella. —Park puso al pequeño en sus brazos y se marchó con Jina a
su lado.

Atravesaron el patio, dejando la zona de los jardines y entrando en los pasillos del
castillo. En cuanto vieron al primer criado, preguntaron por el paradero de su
consorte

—Está en la sala del trono, Su Magnificencia. —dijo, inclinándose.

—Gracias. —dijo el omega, y se dirigió hacia el lugar indicado, con Jina dando saltos
de alegría.

Cuando llegó a las puertas cerradas de la sala del trono, interrumpió su paseo. Los
guardias que custodiaban el paso se miraron nerviosos al ver al omega con cuernos.

—Hey, ¿está la consorte Jeon Haerin ahí? —les preguntó Jimin.

—Sí, Su Magnificencia. —contestó uno de ellos.

—Ah, ¿entonces podría dejarnos pasar? Necesito hablar con ella.

Los guardias se miraron de nuevo.

—La audiencia privada con el clan Choi sigue en marcha, Su Magnificencia. —habló el
mismo guardia de antes. —Sólo pueden entrar personas autorizadas.

Hm, supongo que tendremos que esperar, pensó Jimin, tirando de una esquina de su
boca.

Pero antes de que pudiera dar un paso de allí, Kim Jina se interpuso entre los dos
guardias y los señaló, con una pose que la hacía parecerse mucho a su padre.

—¡Están equivocados señores! ¡Él es especial! Él es el Omega de Plata. —la niña se


refería a Jimin. —Papá me dijo que el Omega de Plata es tan importante como el Rey,
¡entonces puede entrar donde quiera y cuando lo necesite!

—Ji-jina. —Park estaba perplejo por la intensidad de la niña.

Los guardias se miraron una vez más, tragando ahora en seco y sudando frío.

—Tiene razón, señorita Kim. Mil disculpas, Su Magnificencia. Siéntase libre de entrar.

Con eso, Jina sonrió y levantó un pulgar hacia Jimin, formando el gesto "cool" que
había aprendido del chico ese mismo día. Él devolvió el gesto poco después,
encontrándolo bastante divertido.

Las puertas se abrieron, las cerraduras de hierro y plata del pomo se desplegaron y
resonaron con un tintineo mecánico. El sonido de las dos enormes puertas metálicas
que se deslizaron de forma circular hasta abrirse de par en par llamó la atención de
todos los asistentes.
El silencio se rompió cuando vieron a Park Jimin y su compañía entrar en la sala del
trono.

Hubo miradas de sorpresa. Miradas de recelo. Miradas de miedo.

Los de miedo provenían principalmente de algunos miembros del clan Choi.

—Señor Park Jimin... O más bien, Omega de Plata. —dijo Jeon Haerin, alto y claro. La
voz suave y elegante de la consorte hacía justicia a su deslumbrante figura, que lucía
un vestido negro sin muchos detalles. Bastante formal y acorde con la seriedad de la
ocasión

Se situó en el podio del trono, en el centro entre las dos escaleras, con las manos
unidas delante del cuerpo y la cabeza elevada, contemplando toda la sala.

—¿A qué debemos la honorable presencia de nuestra tan esperada entidad divina en
esta sala? Por mucho que este tipo de pregunta diera pie a un posible sarcasmo,
Haerin sólo estaba siendo educada y sincera, curiosa por saber qué pretendía Park
Jimin al entrar en la sala del trono.

La omega continuó:

—Desgraciadamente, asuntos urgentes nos han desplazado hasta aquí, impidiéndonos


celebrar una abundante y animada cena esta mañana..., pero prometo, en nombre de
mi sangre, que Su Magnificencia recibirá un adecuado y satisfactorio banquete de
felicitación esta noche.

—Ah, haha... Entiendo. Bueno... —Jimin se corrigió en el último segundo: —Quiero


decir, gracias, consorte Jeon, pero no tienes que preocuparte demasiado por ello.

—Oh... —murmuró.

A su derecha, sentada cerca de la escalera, podía verse a Wang Jena, la matriarca del
clan Wang y hermana menor de la difunta Gran Reina.

Park Jimin había visto la cara larga de esa mujer antes, durante la reunión en la Mesa
de Plata el primer día que pisó Adwan. Y no sólo reconocía su figura, sino también la
de dos o tres jefes de clanes.

La vieja matriarca Min estaba sentada a la izquierda de Jeon Haerin, y sonreía a Park
como si le agradara, aunque sus ojos ciegos no podían ver ni la sombra del rostro del
muchacho.

Además de las tres mujeres, también había una cuarta persona en el podio. Era un
hombre delgado con un semblante inteligente, llevando gafas y cadenas de oro
alrededor del cuello.

Finalmente, el último líder del clan presente en la sala era el Patriarca Choi. Sólo que
no estaba sentado en el podio, sino de pie frente a él, con los miembros de su familia a
su lado, todos vestidos con el característico azul topacio.

La señorita Choi Yoojung estaba entre ellos, con su cara bonita y limpia, pero abatida.

Jimin también se dio cuenta de la presencia de personas de otro clan. Por los colores
de sus ropas, llegó a la conclusión de que eran el séquito del hombre de las gafas y de
Wang Jena.

Aparentemente, la audiencia giraba en torno a esas tres familias.

—Bueno... —Haerin volvió a tomar la palabra, ahora bajando la escalera para


acercarse al chico. —Enfatizando, es un honor tenerlo con nosotros. Sinceramente, es
una gran felicidad.

En cuanto se acercó a él, inclinó su cuerpo en un arco equilibrado en un ángulo


completamente perfecto. En efecto, la consorte era una excelente dama.

Los demás presentes en la sala del trono repitieron el acto. Se volvieron hacia Park
Jimin e inclinaron sus cabezas respetuosamente. Incluso el viejo líder Choi se vio
obligado a hacerlo.

Aunque disfrutaba viendo la cara de frustración del anciano, Jimin agitó su mano libre
para rechazar tal ceremonia.

—No tienen que hacer eso. Creo que estoy interrumpiendo demasiado su trabajo... —
dijo, un poco incómodo. Jimin estaba agradecido de tener al pequeño Soobin en sus
brazos, porque así tendría un lugar donde ponerlos mientras estaba nervioso.

—La energía del Omega de Plata está siendo dirigida hacia ti, Consorte Jeon. Debe
tener asuntos con tu persona. —dijo la matriarca Min. Sus ojos blancos brillaron de
forma casi sobrenatural.

—¿Es eso cierto? —Haerin inclinó la cabeza para mirar al chico con cuernos.

—S-sí... si puede. —respondió él.

—Debemos estar siempre a disposición de Su Magnificencia.

Fue entonces cuando una tercera voz entró en la conversación. Era el hombre de las
gafas.

—Mil perdones si esto es una ofensa, excelentísima santidad —se refería a Jimin.
—,pero estamos en medio de un dilema que involucra el honor de tres grandes clanes
del reino de Su Majestad el Rey. Y la consorte Jeon está aquí como nuestra mediadora.

Ahora más cerca de Jimin, era posible sentir las feromonas alfa revoloteando a su
alrededor. Un empalagoso olor a madera que se alejaba un poco de su túnica violácea.

—No sabía que estaba siendo la jueza de este asunto, siento mucho haber irrumpido
así. No quise ser grosero. —dijo el omega mientras sentía que su rostro se sonrojaba
por la vergüenza.

Debería haberme dado la vuelta cuando vi cerradas las puertas de la sala del trono,
pensó.

—Pueden ignorarme. Me quedaré en la esquina y esperaré, ¿de acuerdo? Vamos, Jiji.


—tiró de la niña por la muñeca y se acercó para sentarse en una de las sillas libres
que había en el lateral del pasillo.

Había nobles de los Wang cla sentados a su alrededor. Lo miraban con cierto
nerviosismo y contemplación.

Viendo que la situación iba a continuar así, Jeon Haerin carraspeó con una sonrisa y
volvió al podio, influyendo en los demás para que volvieran a sus respectivas
posiciones.

A ninguno de ellos le molestó la presencia del Omega de Plata, al contrario,


consideraron que tenerlo allí era un signo de buena suerte.

Sin embargo, no todos pensaban así. El orgullo de Choi Kangson, el líder de los Choi,
estaba ya herido al límite después de todo lo ocurrido. Y cuando un hombre pierde la
cara, también se arriesga a perder sus escrúpulos.

—Consorte Jeon Haerin, mi familia está siendo prácticamente insultada ahora mismo
con esta... audiencia —resopló. —¿No es suficiente que estemos en una situación tan
embarazosa? Tener una deidad como testigo está más allá de lo que puedo...

—Abuelo, por favor. —suplicó Yoojung a su lado. Entrecerró sus ojos azules al máximo,
intentando mantener su pose de nobleza incluso ante los caprichos del anciano.
Pero la que realmente logró hacer que el patriarca Choi doblara la lengua fue la
matriarca del clan Wang.

—¿Y qué sugieres, Choi Kangson? ¿Esperas que expulsemos al Omega de Plata de la
sala del trono? ¿Una habitación que será suya muy pronto? Un trono que el destino ya
ha reservado para él y Su Majestad el Rey... —soltó una risa seca mientras hacía un
gesto de asombro. —¡Ese descaro tuyo es lo que nos ha traído aquí en esta fecha! ¡Te
has atrevido a influir en tu nieto para que actúe de forma libidinosa! ¡Un escándalo!

—¡Vaya, tú! —Kangson golpeó el bastón contra el suelo, haciendo un eco


ensordecedor.

—¡¿Acaso estoy mintiendo?! —Jena se levantó de su asiento de un salto. La capa del


vestido verde que llevaba flotó hacia arriba.

—Sí, como una borracha en celo. —espetó Kangson.

—Les ruego un poco de decoro, por favor... Sus familias están presentes. —Haerin
levantó las manos. incluso solemnemente, tenía una intensidad en su tono que podía
silenciar a las multitudes.

Cuando los dos líderes se calmaron, la consorte se dirigió al patriarca Choi.

—Creo que Su Señoría ha olvidado un hecho cuando, antes, pidió que se le evitara la
presencia del Omega de Plata en esta audiencia.

—¿Y qué hecho sería ese, consorte Jeon? —Kangson frotó la parte superior de su
bastón con sus dos manos arrugadas.

—El de la jerarquía en nuestras tierras. —ofreció una hermosa sonrisa. —Como todos
saben, yo soy la mediadora en esta cita porque mi hijo se siente incapaz de juzgar. Él
es el rey y, como soberano absoluto, su palabra es la ley. Estoy aquí como sustituto
legítimo. Sin embargo...

Una pausa dramática, antes de continuar

—... Junto a Su Majestad, con similar poder de decisión, se ve la santidad del omega.
Por lo tanto, en este momento ya no soy el sustituto legítimo de mi hijo para mediar
entre nosotros.

Cuando Jeon Haerin terminó de hablar, los ojos de la sala se volvieron para mirar a
Park Jimin. El chico, que hasta ese momento había estado un poco perdido entre las
numerosas palabras cultas que pronunciaban los nobles, parpadeó de repente,
sorprendido.

—¿Ah? ¿Cómo? —arqueó las cejas hacia arriba, sintiendo un poco de miedo.

—Esto no puede ser cierto. —tartamudeó el patriarca Choi.

—¿Está diciendo que soy yo quien debería juzgar en este rol? —Jimin se señaló a sí
mismo mientras miraba fijamente a la consorte.

—Seguro que sí. A menos que Su Magnificencia no esté dispuesta a mediar en este...
rol. —respondió el omega, tratando de utilizar el mismo vocabulario extraño que el
chico.

—¡Alto! —se levantó de golpe y volvió a sentar al pequeño Soobin. Luego se giró de
nuevo para mirar a Choi Kangson, con una sonrisa traviesa en los labios, y habló: —
Creo que estoy muy dispuesto, consorte Jeon.

Ahora, consciente de que estar allí era casi su derecho, Jimin se relajó y decidió
aprovechar la situación.

El chico no era extremadamente rencoroso, pero había sido calumniado y avergonzado


por algunas personas de la sala, y Choi Kangson era el principal.

Sin embargo, Jimin no se creía dueño de la razón ni moralmente apto para actuar
como juez —y ni siquiera había estudiado nada de derecho—, así que un poco de
venganza contra ese viejo le bastaba para quedar satisfecho.

Pero, por supuesto, un poco de drama y suspenso siempre lo mejora todo.

—Bien, vamos. —Jimin se frotó las manos y se crujió el cuello. —Así que el Patriarca
Choi ha estado tonteando con su nieto, ¿eh? Y eso causó un problema entre la
matriarca Wang y el señor...

—Lee Chunhee, Su Magnificencia. Lee Chunhee es mi nombre. —dijo el hombre con


gafas y ropa morada.

—Sí. Un problema entre la matriarca Wang y el patriarca Lee relacionado con el


matrimonio de sus hijos, ¿verdad? —recordó el chico su conversación con Lu Keran y
Miho esa misma mañana.

—Correcto. —respondió Wang Jena. Doblando las piernas bajo la falda del vestido.
Parecía un poco
impaciente.

—Bueno. Entonces, como diría Jack el Destripador, "Vamos por partes". —En cuanto
Jimin hizo la cita, Choi Kangson y algunas personas del público tragaron con fuerza.

La palabra "destripar" no le sentó muy bien en ese momento, sobre todo porque nadie
allí sabía que Jack el Destripador era un simple personaje de una película de terror. Se
imaginaban que era una especie de soldado sanguinario del inframundo que seguía las
órdenes del Omega de Plata.

Caminando de un lado a otro como el protagonista de "Suits" en un juzgado, Park


Jimin comenzó su dramatización:

—¿Dónde están sus hijos? —preguntó mientras miraba fijamente a Wang Jena y Lee
Chunhee.

Los dos no tuvieron que responder porque poco después, sus primogénitos se
presentaron ante el omega.

—Su Magnificencia. —dijeron casi al mismo tiempo. Uno vestía ropas moradas como
las del Patriarca Lee, y el otro llevaba ropas con la misma combinación de colores
verdosos como la matriarca Wang.

—Les haré unas cuantas preguntas, y ustedes dos me responderán rápidamente y con
la verdad. —dijo Jimin.

Los dos chicos asintieron y se movieron con ansiedad.

—¿Se gustan?

—Sí. —Si.

Murmullos y risas en el público.

—¿Se traicionarían el uno al otro?

—Nunca. —Jamás.

El chico de púrpura volvió la cara y apretó los labios. A su lado, el hijo de Jena adoptó
una mirada culpable y avergonzada.

—Fui completamente sincero —murmuró él al apretar los puños.


—Te creo. Y tú ahí... —Jimin se volvió hacia el primogénito del hombre con gafas. —¿le
crees?

—Sé... Sé que no me miente... Lo conozco desde hace mucho tiempo.

—Entonces, ¿por qué esa cara de haber chupado pimienta?

Las mejillas del chico adquirieron un intenso tinte rojo de vergüenza.

—... Su Magnificencia, sólo estoy frustrado porque fuimos arrastrados a esta audiencia
¡antes de que hayamos dialogado sobre lo ocurrido!

—¡Lee Yan! —su padre lo reprendió.

—Si me casaré o no con Jiaer, esa decisión la tenemos que tomar en privado, ¡no en la
sala del trono de Su Majestad! —Lee Yan tomó la mano del hijo de Wang Jena. A
continuación, entrelazaron sus dedos en una escena bastante tierna.

—Ustedes, señores, están más preocupados por sus problemas políticos que, de
hecho, por nuestra vida personal. Han aprovechado este contratiempo para sacar a
relucir sus riñas entre clanes. —dijo Wang Jiaer, apretando la mandíbula.

Esas acusaciones dejaron a todo el mundo en estado de shock y momentáneamente sin


palabras.

El que vio una oportunidad en la discusión fue el líder Choi.

—¿¡Lo ven!? ¡Es un complot contra mi familia! ¡Han creado esta audiencia para juzgar
una tontería! ¡Para inculparnos a mí y a mi nieto por nada!

—¿¡Estás bromeando!? —Wang Jena prácticamente saltó de la silla donde estaba


sentada.

Entonces, la vieja matriarca del clan Min tomó brevemente la palabra:

—Patriarca Choi, usted ha sido llamado aquí única y exclusivamente para responder
por su supuesta influencia en las actitudes de Choi Ren.

—¡Me acusan basándose en suposiciones!

—Ah, sí, ¿y cuáles podrían ser? —Jimin cruzó los brazos frente a su pecho.

La respuesta vino de la Consorte Jeon Haerin:

—No son suposiciones, Su Magnificencia. Los siervos del palacio vieron cómo Choi
Kangson enviaba a su nieto al salón de baile.

—¡Siervos, ja! —el viejo se rió con desprecio. —Se puede pagar a plebeyos como esos
para que inventen mentiras.

—¿Y también mintieron sobre tu intención de que Choi Ren se reuniera con el rey para
influir en él, utilizando las feromonas omega...? —los ojos oscuros de Haerin se
entrecerraron y brillaron como cuchillas afiladas.

—Eso... ¡Me están acusando de un crimen capital! ¡Un crimen de muerte! ¡Tenga más
respeto, Consorte Jeon!

Detrás de la cara de enfado del anciano, había una sombra de puro miedo.

Todos los presentes se miraron entre sí.

Aunque Choi lo negó con vehemencia, no había un alma en la sala que no supiera que,
de hecho, siempre había tenido la intención de unir a uno de sus descendientes con la
corona de Adaman.
Park Jimin fue incluso testigo de su plan, pero prefirió guardar silencio sobre el asunto
en ese momento, al igual que había hablado con Jungkook.

Nadie tenía que morir. Choi Ren era una escoria, pero no debería sufrir por la
intrascendencia de su abuelo.

—De hecho, es una acusación grave... Ahora entiendo por qué insiste tanto en esta
audiencia, consorte Jeon. —el tono de voz de la matriarca Min no parecía tranquilo.

Así que fue por eso. Lo descubrieron por sí mismos, pensó Jimin, sintiéndose incómodo
al ver la expresión de angustia que empezaba a adornar el rostro de la señorita Choi
Yoojung.

—Por las miradas de los hombres Choi aquí presentes, es evidente que tal acusación
tiene algo de cierto. —dijo Lee Chunhee, fijando sus gafas en el puente de la nariz. —
Señorita Yoojung, por favor acérquese al trono real.

Los murmullos resonaron en la sala. Una nube de tensión comenzó a cernirse sobre
todos.

Choi Yoojung se aclaró la garganta y dio un paso adelante, levantando su vestido azul
antes de empezar a caminar hacia el podio. Temblaba ligeramente y parecía
empequeñecerse cada vez que acortaba la distancia entre ella y el trono del rey.

Park Jimin no entendió lo que estaba pasando al principio, pero poco después se
dieron las explicaciones:

—Toca la plata tallada en el trono, niña. —ordenó la vieja Min cuando Yoojung llegó a
su destino.

La chica lo hizo, dudando un poco.

A continuación, Min les dijo a todos:

—Choi Yoojung tiene un aura pura y transparente a su alrededor, a diferencia de su


abuelo. Así, bajo el toque de la plata real, una mentira que fue contada se revelará.
Las mentiras son venenos del alma, y un alma honesta las revela tan fácilmente como
un papel blanco resalta una gota de tinta. —la anciana se volvió entonces hacia
Yoojung. —Eres la más cercana a tu abuelo, después de tu hermano menor. ¿Estabas
consciente de ese crimen?

—Matriarca Min... ¿Cuál será el destino de mi hermano si no lo niego? —la muchacha


temblaba por todo el cuerpo, las órbitas de su cara profundamente rojas. Temía por la
vida de Choi Ren.

—Conoce la Ley de nuestra Nación. —esa fue la respuesta.

Yoojung sintió un nudo en la garganta.

—Yo... Me enteré del plan esta mañana, por casualidad, mientras le llevaba la comida
a Ren. Pero me dijeron que falló. ¡Falló! Así que, por favor, perdonelo. —le rogó. La
plata del trono permaneció brillante y prístina, exponiendo su sinceridad.

—Falló y causó un embarazoso revuelo en medio de la fiesta del rey. Y nos afectó,
afectó a mi hijo. Choi Ren estaba fuera de control, señorita. —Wang Jena la miró con
un ligero desprecio.

Park Jimin se sintió un poco incómodo al escuchar ese debate. Sabía que, en realidad,
Choi Ren no había fracasado del todo, y que si la gente lo supiera, se acabaría la
discusión.

Pero al chico no le hizo ninguna gracia conocer esa información. Todo lo contrario, el
evento ya había pasado y las cosas ya se habían arreglado con Jeon Jungkook. Tal
alboroto no sería necesario.
Y la pobre Choi Yoojung...

—Ya he tomado mi decisión. —dijo Jimin de repente, llamando la atención de todos.

El silencio llenó la sala. Ahora todos prestaban atención a las siguientes palabras del
Omega de Plata.

—En cuanto al problema entre los clanes del señor Lee y la señora Wang, es mejor que
se resuelvan fuera de aquí. Sus hijos se gustan mucho, no entiendo a qué viene tanto
alboroto. Y sobre el caso de Choi Ren... —Jimin se acercó a la chica Choi. —Señorita
Yoojung, ¿su clan vive aquí en el castillo?

—No-no, Su Magnificencia. Sólo una parte reside en la casa del rey, al igual que el
resto de los nobles. El resto de nuestra familia protege una fortaleza situada en la
costa norte. —explicó.

—Bueno... Entonces esa será la "pena" de tu abuelo y de tu hermano. Deberán volver a


casa y quedarse allí. Ya está, no hace falta discutirlo más.

—¡Oh, muchas gracias! —la chica casi se arrodilla, pero Jimin la detuvo.

—Su Magnificencia, ¿está seguro de que esta decisión mantendrá el honor y la


dignidad del rey? _Jeon Haerin parecía un poco molesao por algo.

—Sí, estará bien. —Jungkook estará de acuerdo conmigo, añadió pensativo.

—¿Y su honor? ¿El honor de su futuro matrimonio?

—¿Matrimonio? —el Omega frunció el ceño y se echó a reír. —¿Qué quieres decir?

Otra oleada de murmullos entre los presentes en la sala del trono.

—El matrimonio predestinado entre el soberano alfa y el Omega de plata. Llevamos


siglos esperando este feliz acontecimiento. —Haerin parecía casi emocionada al
decirlo.

—Ahahaha... Já... ¿Matrimonio? ¿Predestinado? haha... Claro... Hablemos de eso más


tarde, ¿de acuerdo? —el cerebro de Jimin se anudó y dio vueltas.

¿Qué cosa dijo?

¿Me voy a casar con Jungkook?

¿Jungkook y yo nos vamos a casar? ¡Pero si apenas nos conocemos!

El chico estaba a punto de tener una explosión interna, una erupción de sentimientos
encontrados, y también una profusión de mariposas volando en su estómago. Su
cuerpo era un maremoto de contradicciones.

Jimin sólo recuperó sus sentidos porque Choi Kangson habló poco después. Su voz
fuerte era lo suficientemente molesta como para romper cualquier tipo de estado de
ánimo.

—Si me voy al Norte, ¿quién representará a los Choi en la Mesa de Plata? ¿O


pretenden eliminarnos de la vista de Su Majestad?

Qué viejo más desvergonzado... pensó el chico con una sonrisa afilada.

Dio unos pasos y se detuvo justo delante del anciano. Este último trató de sostener la
mirada del omega todo lo que pudo, pero había un brillo en esos iris rojos de Jimin que
lo hacía sentir sumamente incómodo.

—He dicho que tú y tu nieto se irán de aquí. La señorita Yoojung se quedará, así que
será la nueva líder y representante de su clan. ¿Entendido? —el chico le dio a Kangson
un pequeño y "amistoso" puñetazo en el hombro.

El semblante del anciano vaciló. Miró a su nieta, no del todo contento con ese final,
antes de murmurar finalmente:

—Entendido... Su magnificencia.

—¡Bueno, abuelo! —esta vez, Jimin le dio una palmada en la espalda al anciano, que lo
lanzó hacia adelante. —Vamos, la pelea ha terminado.

Los nobles se miraron entre sí, abriendo los ojos.

—Bueno... Realmente, todo ha sido debidamente arreglado. —dijo la consorte Jeon.


Tras un resoplido, se volvió para hablar a todos los presentes: —La audiencia ha
llegado a su fin. Pueden retirarse.

Después de unos cuantos saludos educados, llenos de tolerancia superficial, los tres
miembros del clan y la matriarca Min salieron de la sala del trono, dejando a Jeon
Haerin sola con Park Jimin, Kim Jina y el pequeño Soobin.

—¿Qué desea tratar con mi persona, Su Magnificencia? —preguntó la Omega mientras


miraba al curioso trío.

—Ah, se trata de él. —Jimin señaló al pequeño que seguía sentado en una de las sillas
del podio. Jina y él estaban jugando con las palmas de las manos.

El chico continuó su explicación:

—Jeon salvó al niño la noche que me conoció. Y hoy lo he encontrado casi ahogado en
el río que rodea la capital. Es huérfano, pero descubrí que su nombre es Jeon Soobin.

—¿Jeon?

Los ojos de Haerin se abrieron de par en par.

—Así es, el niño lo dijo. Es muy pequeño, no creo que mienta sobre ser parte de su
clan.

—Claro... Y no es completamente absurdo que tenga sangre Jeon. Las raíces de mi


clan son sureñas. La mayoría de nosotros reside en los castillos de piedra que
protegen la frontera con el reino de Eliah. Antes estábamos más dispersos, pero hoy
somos pocos, así que confieso que estoy un poco impresionada... —la consorte observó
con interés las rarezas de Soobin. —¿Puedo revisarlo más de cerca?

—¡Sí! ¡Hey, Soobin, ven aquí!

Al oír la llamada, el pequeño corrió hacia Park Jimin y se abrazó a su pierna como un
monito asustado. Haerin sonrió, pensando que Soobin era lindo.

—Saludos, pequeñito. —dijo, agachándose para acercarse al niño.

La belleza de Haerin le aturdió, así que se quedó quieto mientras ella acariciaba sus
mejillas regordetas y examinaba los rasgos de su rostro infantil.

—Pelo negro como la noche sin estrellas, nariz respingona, mandíbula y barbilla
pronunciadas... Estas características están presentes en todos los Jeons que conozco.
Soobin las tiene todas y más. —su consorte parecía realmente sorprendido. —Puedo
ver, en el fondo de sus ojos, una palidez, un degradados que termina en blanco.

—De verdad. —Jimin frunció el entrecejo y miró fijamente a los ojos de Soobin.

Allí estaba la capa blanca, un poco por detrás de la pupila negra, quedando disimulada
por el marrón oscuro de los iris del chico. Era casi imperceptible, pero se asemejaba
mucho a la luz de la luna cuando estaba cubierta por las nubes nocturnas.
—Mis antepasados del clan Jeon llevaban este rasgo, es algo raro y muy venerado en
nuestra familia... No entiendo cómo un niño como Soobin ha acabado en esta
situación.

Haerin volvió a la postura de antes, erguida y con los hombros hacia atrás. Tras un
suspiro, añadió:

—Podemos enviar al niño a los castillos de mi clan. Soobin será bienvenido y


encontrará otros niños como él. Habrá familiares, amigos, instructores...

—Eso es bueno. ¿No crees que es bueno, Soobin? —Jimin buscó la mirada del
pequeño, pero éste no estaba disfrutando de esa conversación, así que apretó su
abrazo alrededor de la pierna del omega.

—¿Qué? ¿No quieres conocer a tu familia?

Soobin sacudió la cabeza, negando con vehemencia, y tartamudeó:

—Quedar.

—¿Quieres quedarte?

El niño asintió, confirmando.

—Por lo que parece, no quiere ir, el consorte Jeon. —Habló Jimin, volviéndose hacia la
otra omega.

—Bueno, entonces Soobin se quedará con nosotros. —Ella aplaudió y juntó sus manos.
—El niño parece bastante apegado a Su Magnificencia.

—Hm, creo que es porque lo salvé.

—Oh... —murmuró, pensativa.

Una idea cruzó su mente y la dejó momentáneamente reflexionando. Tras unos


segundos, Haerin dijo:

—¿Qué le parece la idea de tener hijos?

Esto tomó al chico completamente por sorpresa. Casi se atragantó con su propia saliva
y empezó a toser desesperadamente.

—¡Perdóname! Mi curiosidad me ha llevado al límite... —la consorte inclinó la cabeza y


frunció los labios rojos.

—¿H-hijos? Tranquila, Consorte Jeon... Estas conversaciones sobre los niños, los hijos
y el matrimonio son un poco precipitadas.

—... Entiendo. No quise ser tan impaciente. Mi hijo estaría estupefacto si me


escuchara ahora, él es tan cauteloso con quién tanto estima.

—¿Cauteloso?

—Sí. Cauteloso y preocupado.

Esa información agitó el pecho de Park Jimin. Recordó el momento en que volvió a
tierra firme después de salvar a Soobin del río. El rostro de Jeon Jungkook tenía una
expresión de dolor y preocupación, y el abrazo del rey era tan fuerte y cómodo que
Jimin sintió que su cuerpo flotaba.

Jungkook era tan dulce, y esa dulzura seguía presente en él incluso en momentos
extremos, como la noche anterior, cuando luchó contra esa monstruosa criatura. El
rey no había sido piadoso durante el enfrentamiento, pero una vez que Jimin se
acercó, sus ojos rojos lo observaron como si nada más importara.
Ojalá volviera al castillo conmigo, pensó Park, cabizbajo. El malestar que le invadía el
pecho parecía de repente más fuerte.

—Omega de plata. —llamó a Haerin. Por el tono de su voz, parecía querer cambiar de
tema: —Fue bastante misericordioso de su parte decidir castigar a Choi Ren sólo con
el exilio.

—Ah, creo que eso fue suficiente. Matar a alguien sólo porque esa persona se ligue a
alguien que le gusta es demasiado extremo, haha... — el chico dejó escapar una risa
seca.

Jeon Haerin lo observó en silencio durante un momento.

—Déjeme contarle a Su Magnificencia una historia. Ves el mosaico que hay sobre
nosotros. —señaló la claraboya que adornaba el techo de la sala del trono. El cristal de
la ventana estaba hecho de mosaicos coloridos y bien dispuestos, formando bellas
imágenes que reflejaban la luz del sol.

—Sí. ¿Son personas? —Jimin notó que las imágenes mostraban individuos con coronas.

—Son reyes y reinas del pasado. Mi tío abuelo es el hombre de la corona negra y roja.

El Omega buscó la figura indicada y la encontró rápidamente. El tío abuelo de Haerin


se destacaba del resto. Tenía un aspecto sombrío al lado de tantos reyes brillantes.

—Su nombre era Jeon Siwoo, era un macho alfa muy difícil.... No recuerdo mucho de
su reinado ya que era pequeña, pero sí recuerdo el miedo que tenía la gente al
acercarse a su omega, el rey consorte. El omega se llamaba Jung Young y no estaba
vinculado a Siwoo, debido a esto, el rey desarrolló una paranoia preocupante y
empezó a no permitir que otros alfas estuvieran cerca de su consorte. Temía que
Young terminara vinculandose a otro y lo abandonara, aunque sus sentimientos fueran
los más profundos posibles. —Haerin dejó escapar un breve suspiro.

Aquella historia parecía afectarle íntimamente, quizás porque lo que ocurrió entre ella
y la Gran Reina Wang Nara, fue exactamente así.

—Entonces se creó la ley, la ley que condena a muerte al que actúa libidinosamente
ante Sus Majestades. Pero, por supuesto, eso no impidió la existencia de los harenes...
Lo cual es un poco contradictorio. —dejó escapar una débil carcajada. —Nos guste o
no, los alfas tienen algunos privilegios, sobre todo si son reyes o reinas de una nación.

Esa declaración llevaba una parte de amargura que Park Jimin podía entender un
poco.

—Consorte Jeon... ¿Por qué me cuentas exactamente esta historia? ¿Crees que
Jungkook haría un harén con ese chico Choi?

—No. En absoluto. Sólo pretendía conversar con Su Magnificencia... —Haerin inclinó


las comisuras de sus labios hacia arriba en una sonrisa genuina, pero un poco
melancólica. Una antigua melancolía. —Estoy ante algo extremadamente raro... Algo
que muchos envidian. Un privilegio divino... Ninguno de ellos tendrá que preocuparse
por un tercer individuo en sus vidas.

"Un amante", era lo que estaba implícito en sus palabras.

—Bueno, a menos que... —Haerin hace un breve suspenso.

—Q-qué...? —Jimin tragó en seco.

—A menos que el tercer individuo sea un niño. O quizás dos, tres, cuatro... Cuantos
más sean, mejor.

Dios mío, esta mujer quiere que Jungkook y yo adoptemos a todos los niños del reino,
pensó Jimin, sintiéndose nervioso pero aliviado por la respuesta de Haerin.
El chico no sabía que ella no se refería a la adopción.

—Hehe, creo que me iré ahora, consorte Jeon. Ha sido un placer hablar con usted. —
se alejó mientras se despedía. Detrás de él iban Kim Jina y Jeon Soobin, siguiéndolo
como si fueran sus discípulos.

—Ah, ha sido un honor para mí. —dijo la consorte, haciendo una profunda reverencia
ante él.

El patio principal del castillo estaba decorado con flores rojas y blancas y réplicas del
Árbol Sagrado. A su alrededor se dispusieron mesas y sillas, cubiertas con manteles
de plata y vajilla clara, en exuberante armonía. Para la iluminación, los sirvientes
encendieron antorchas y las distribuyeron en diversos lugares, de modo que ningún
rincón quedara a oscuras cuando el sol desapareciera por el horizonte.

Cuando los músicos se organizaron entre los arbustos del jardín y los soldados reales
se instalaron en sus puestos, se abrieron las puertas para que entraran los plebeyos y
la nobleza.

Al poco tiempo, el patio bullía de música y baile. Las bebidas y la comida iban y
venían, las conversaciones en voz alta y las risas rompían la calma nocturna.

Los eventos en los que participaban todas las clases sociales de Adwan, y que además
reunían a personas de otras ciudades del Reino de Adaman, eran poco frecuentes. Por
lo tanto, esa extraña mezcla humana generó un escenario peculiar casi nunca antes
visto. Nobles y plebeyos bailando en círculos en medio del jardín, emborrachándose
como si fueran amigos de la misma casta mientras agradecían a los dioses la llegada
del Omega de Plata.

La paz reinaba literalmente, todo el mundo parecía bastante feliz.

Park Jimin, sin embargo, no se sentía muy bien.

Llevaba así desde aquella mañana, desde que Jeon Jungkook le había dado la espalda
y había salido corriendo, con la excusa de que iba a cazar.

"Me reuniré contigo en el banquete", le había dicho el rey. Pero incluso después de
que Park pasara largos minutos acicalándose con la ayuda de los sirvientes, y
afrontara una interminable hora caminando entre los invitados a la fiesta,
saludándolos y recibiendo sus oraciones desde la distancia -porque sus olores
parecían tan espantosamente fuertes en ese momento que lo mareaban-, no había
rastro de Su Majestad.

Ni una sombra. Ningún olor.

El único aroma que Jimin quería sentir, aunque no entendiera su significado.

El Omega no entendía lo que le estaba pasando. Pensó que había comido algo malo, o
que había entrado en un extraño estado de necesidad porque estaba enfermo.

Tal vez era el tal vínculo. Tal vez dos personas vinculadas, cuando están demasiado
lejos la una de la otra, sienten una cierta incomodidad.

Esa hipótesis suya no era errónea, pero el chico no sabía que había algo más
ocurriendo en las profundidades de su cuerpo.

—"Me reuniré contigo en el banquete" ¡Y una mierda!—Jimin tomó todo del vaso de
cerveza y lo dejó de golpe sobre la mesa en la que estaba sentado. —Es tarde, hace
tiempo que empezó la fiesta y nada que ha aparecido....

—¿Se refieres al rey, Su Magnificencia? —Jung Hoseok estaba sentado al otro lado de
la mesa, un poco alejado del omega y junto a su príncipe, Min Yoongi.
La pareja compartió una botella de vino y un plato lleno de cordero. Una y otra vez se
les podía pillar dándose de comer el uno al otro, un gesto romántico que les parecía
casi automático.

—Simplemente dijo que se iba de caza y se fue. —Jimin frunció el ceño y miró algo en
la distancia. —Jeon estaba extraño. Parecía enfermo... ¿Y si su estado empeoró
mientras estaba cazando?

Jung Hoseok y Min Yoongi se miraron rápidamente y en silencio. Ambos sabían lo que
le había pasado al rey, y también eran conscientes de que él no quería que la gente, y
especialmente Jimin, lo supiera.

Así que trataron de inventar algo para relajar los nervios del chico.

—Jungkook es así. Siempre le gustaba pasar horas en el bosque, cazando y pensando


en todo. —dijo Yoongi, tragando un poco de vino. —No hay que preocuparse tanto, Su
Magnificencia.

—Creo que está enfadado conmigo. —el omega hundió su cara dramáticamente en la
mesa.

Esa afirmación provocó una fuerte carcajada en Min Yoongi.

—¡Es serio, Príncipe Min! —Jimin rellenó su vaso de cerveza. —Está actuando de
forma extraña conmigo desde esta mañana. Algo está mal.

—Hm. —Yoongi suspiró con una sonrisa en la cara, y sacudió la cabeza lentamente
mientras se enfrentaba al omega. —Tómatelo con calma, ya volverá. A Jungkook no le
gusta romper promesas. Si ha prometido que aparecerá, lo hará en cualquier
momento.

—Lo sé... —dijo el chico, tocando sus cuernos. De alguna manera, palpar la superficie
irregular de marfil de los cuernos, y los brotes en ella, se había convertido en una
especie de pasatiempo relajante.

Justo entonces, la figura de Lu Keran se acercó junto con la del General Kim. Cuando
vio a Jung Hoseok y al príncipe, el curandero inclinó ligeramente la cabeza y los
saludó:

—Maestro Jung. Su Alteza.

—Siéntate, Lulu. —dijo Hoseok, señalando una silla.

El discípulo le obedeció, acercando la silla vacía al Omega de Plata. Ahora con un


omega a su lado, Park Jimin se sintió un poco más relajado.

—General Kim, ¿dónde has estado? —preguntó Yoongi.

—Organizando la seguridad del palacio. Con las puertas abiertas a la población, es


más fácil que los malos entren. —respondió el otro.

—Muy bien. —el príncipe se quedó mirando la copa que sostenía su mano izquierda. —
Vivimos en tiempos difíciles. La presencia del Omega de Plata es, de hecho, la única
razón por la que podemos disfrutar de un evento como éste.

—¿Qué quieres decir? —preguntó Jimin, por primera vez cambiando su atención a algo
que no giraba completamente alrededor de Jeon Jungkook.

—La invasión de Eliah, Su Magnificencia. —Namjoon tomó la palabra. —Con la


destrucción de los pueblos del sur, desafiaron la soberanía de Adaman e invitaron al
rey a la guerra sin razón aparente. Por mucho que tengamos enemistades antiguas,
moverse así es extraño. El rey de Eliah nunca nos ha dado una razón para tal avance
contra nosotros.
El General parecía tenso, sus cejas se movían al máximo. Sólo relajó su expresión
cuando Lu Keran le tocó una de sus manos y le mostró una mirada brillante.

Al otro lado de la mesa, Min Yoongi suspiró y giró su copa de vino.

—En la última guerra en la que luchó el ejército de Adaman, yo tenía dieciséis años y
Jungkook quince. Nuestra madre lo llevó a la mayoría de las batallas. Escuché que
nuestros enemigos enviaron asesinos para entrar en los campamentos militares de la
Gran Reina y matarla. Algo así puede ocurrir también en estos días, no podemos bajar
la guardia.

—Entonces, si es tan peligroso... ¿¡Por qué decidieron hacer una fiesta así!? —Jimin
levantó la cabeza sorprendido.

—No podemos ignorar la tradición, Su Magnificencia. Queremos demostrar que


estamos agradecidos por los milagros que se han producido, y la gente tiene que
saber que honramos su presencia aquí... Además, darles toda la felicidad posible hasta
el momento en que se inicie la guerra es una estrategia para mantenerlos
estabilizados en el futuro. —explicó el príncipe Min.

—Bien. Tradición, estrategia... pero ahora hay otro problema... —Jimin se levantó de la
silla en la que estaba sentado. —¿Y Jungkook? Su Alteza acaba de decir que Eliah
puede enviar asesinos aquí. Tu hermano se fue solo a un bosque y aún no ha vuelto.

Min Yoongi vaciló y dejó caer la copa sobre la mesa.

Al principio, el príncipe creyó que su hermano menor había entrado en el bosque sólo
para entrar en razón y escapar de sus propios instintos, así que no se preocupó
cuando Jimin empezó a quejarse de su desaparición.

Pero ahora, mirando desde esta nueva perspectiva, había una seria razón para
preocuparse por Jeon Jungkook.

Al ver el pálido semblante de Su Alteza, el omega con cuernos tragó en seco.

—Iré tras él. Creo que podré seguirle la pista después de convertirme en lobo. —dijo,
alejándose de la mesa a toda prisa.

Justo entonces, alguien exclamó un "¡Espera!", pero Jimin lo ignoró y siguió su


camino, cubriendo su nariz con ambas manos para no estresarse por los olores que
captaba mientras se abría paso entre la distraída multitud.

Hasta que finalmente chocó con un pecho fuerte, o el pecho chocó con él, y dos brazos
le sujetaron los hombros.

Cuando levantó la vista y descubrió su nariz, Jimin recibió un torrente de alivio y


felicidad.

Los ojos oscuros de Jeon Jungkook lo observaron intensamente.

—Estás de vuelta. —dijo el omega.

—Prometí que te vería en el banquete. —el rey sonrió.

—Llegas tarde.

—Perdoname. Regresé hace unos minutos, pero necesitaba un baño. Acabé con la ropa
embarrada después de cazar un jugoso alce.

—No me hubiera importado que estuvieras sucio.

Imaginar la figura del cuerpo sudoroso y cubierto de barro de Jungkook hizo que Park
Jimin experimentara olas de calor que hicieron que sus mejillas se sonrojaran. Gracias
a las antorchas naranjas que iluminaban el patio, este hecho no era muy visible.
—Quiero besarlo, pensó de repente.

Y justo cuando estaba a punto de hacerlo, Jungkook tiró de él hacia la mesa con una
sonrisa contenida.

—Majestad. —dijeron al unísono los que estaban sentados en la mesa y se inclinaron


en cuanto vieron acercarse a Jeon.

—Siéntense, por favor, y denme algo de bebe. —pidió

—¿Qué bebida desea, señor? —preguntó el general Kim.

—La más fuerte que tenemos.

Mientras un sirviente llenaba la copa del rey con un líquido claro, Jimin lo miró con
desprecio. Los dos estaban sentados uno al lado del otro, pero todavía parecían muy
alejados, como si hubiera un muro invisible de hielo que los separaba.

Jungkook evitó enfrentarse a él. Cuando lo hizo, esbozó una simple sonrisa y giró la
cara hacia el otro lado.

El malestar en el pecho del omega creció.

—¿De qué hablaban antes de que llegara?

—Sobre las invasiones de Eliah y ¡Por la barba de un oso pardo! Qué clase de música
chillona es ésta! —exclamó el alquimista Jung, cuando la orquesta melódica fue
sustituida por un conjunto de tambores estridentes, arpas enloquecidas, flautas que
silban ruidosamente, guitarras desafinadas y gritos frenéticos.

—¡Señor Paaaark! —Kim Jina apareció de repente al lado de Jimin.

Detrás de ella venía el pequeño Soobin, que jadeaba tras intentar seguir el ritmo de la
mayor.

—Los nobles comenzarán el concierto de rock ahora. —dijo la hija del general Kim.

—Concierto de rock... ¿Concierto de rock? —su padre inclinó la cabeza hacia un lado,
sin saber qué significaba eso.

—¡Sí, papá! ¡Bailemos! ¡Tú también, tío Lu! —Jina comenzó a arrastrar a los dos
hombres hasta el centro del abarrotado patio.

Al ver que el General y Lu Keran se divertían al ritmo ensordecedor, Min Yoongi


dirigió su mirada al alfa que estaba a su lado y le ofreció una sugerente sonrisa.

—¿Qué pasa, mi príncipe? —preguntó Hoseok.

—Vamos a bailar.

—¿Bailar? Cómo se baila esto... ¿Cómo se baila este barullo?

—¡Hey! —exclamó Jimin, señalando con un dedo. —Respeta Paradise City, señor
Alquimista. Que mal que los tipos que están tocando no puedan ni siquiera
compararse con los reyes de Guns N' Roses... y, ¡maldita sea, qué clase de inglés es
este que estoy escuchando! esta canción es un icono en mi mundo.

—¿Pudiste entender una palabra de lo que dijo Su Magnificencia, mi amor? —Jung se


volvió hacia el príncipe, poniéndole el brazo sobre los hombros.

—Absolutamente ninguna. ¡Bailemos de una vez, Hoseok!

La pareja alfa se levantó entonces y se dirigió a


la multitud de gente agitada. Yoongi, con sus limitaciones, se movía mientras era
guiado por Hoseok, que le acompañaba lentamente, disfrutando de cada roce y
balanceo. En sus caras se notaba la diversión y también la pasión.

Ahora esa parte de la mesa estaba prácticamente vacía, dejando sólo a Park Jimin y
Jeon Jungkook. Este último sorbía en silencio de su copa llena de alcohol mientras
zapateaba al ritmo de la música.

—¿Te gusta? —preguntó de repente Jimin, queriendo entablar conversación. Las cosas
estaban definitivamente raras entre ellos.

—¿A qué te refieres?

—La música.

—Hm... Es interesante. —Jungkook se rió y se encogió de hombros. ¿Qué dicen? ¿Qué


idioma es ese?

—Ah, haha... No tengo ni idea. Creo que esos nobles están improvisando, ya que no
saben inglés. —Jimin se puso una mano en la nuca y se rió suavemente. —El inglés es
el idioma en el que se canta la canción en la versión original.

—Ya veo.

—Técnicamente, deberían cantar "Take me down to the paradise city, where the grass
is green and the girls are pretty. Oh, won't you, please, take me home?"

—Qué lenguaje tan peculiar. ¿Podría traducirlo?

Tan cortante. Tan absolutamente cortante. ¿Cuál es tu problema, hombre? pensó


Jimin, atónito ante la actitud casi fría del otro chico.

—Significa "Llévame a Paradise City, donde la hierba es verde y las chicas son
bonitas". ¿No podrías llevarme a casa, por favor?" —espondió el omega, suspirando
sombríamente.

Jungkook adquirió una sombra en su rostro después de procesar la última parte de la


letra en su mente ebria.

Mientras tanto, Jimin tomó otro sorbo de su cerveza y resopló en silencio.

La canción ya está terminando y ni siquiera me ha sacado a bailar. Bueno, yo tampoco


voy a hacerlo, pensó, llevando el contenido del vaso a su boca, llevando el líquido a su
garganta.

La situación sólo cambió cuando la segunda melodía resonó en el patio del castillo.

A diferencia de la anterior, esta fue más tranquila y romántica, con suaves toques de
guitarras y flautas.

Los ojos de Jimin se abrieron de par en par cuando se dio cuenta de que era la canción
"Send me an Angel" de los Scorpions.

—Hombre, Jiji supo elegir las canciones de mi lista de reproducción. Me encanta esta.
—murmuró.

—Es bonita. Muy bonita... —Jungkook cerró los párpados para asimilar la melodía.

—"Send me an Angel". Significa "Envíame un ángel.

—¿Te gustaría bailar conmigo?

A Jimin le sorprendió esa invitación. Cuando giró la cara para mirar a Jungkook, el alfa
resopló y extendió la mano, esperando que el chico la tomara.
Después de un segundo, lo hizo. Los dos entrelazaron sus dedos mientras caminaban
hacia el centro del patio.

Allí se acercaron, rodeándose con los brazos, no tan cerca como les gustaría, pero sí
mucho más que antes.

El muro de hielo parecía estar derritiéndose.

Al cabo de un rato, resultaba insoportable limitarse a mirarse mientras se


balanceaban. La presencia de Jimin afectó a Jungkook, y la presencia de Jungkook
aturdió a Jimin. La profusión de sentimientos que se arremolinaban en el interior de
sus pechos les afectó de lleno.

Para evitar una explosión, el rey sugirió una conversación:

—¿Puedes traducir la letra de esta canción?

—Vale, pero no lo recuerdo tan bien... —Jimin pensó por un momento. —Sé que hay
una parte de la canción en la que el cantante habla de un sabio que le dice varias
cosas. Mis partes favoritas son aquellas en las que este sabio le dice al cantante que
encuentre su lugar, "en el ojo de la tormenta, busca las rosas en el camino, sólo
cuídate de las espinas"; y también "cree en ti mismo, escucha la voz que viene de
dentro porque es la llamada de tu corazón". Y el estribillo es "¿Me enviarás un ángel?
Estoy aquí, en la tierra prometida.

Cuando terminó de decir eso, el chico se rió suavemente.

—¿Qué pasa? —Jungkook no vio ninguna razón para reírse, pues la letra era tan
hermosa como la melodía.

—Nada, es que... Cuando aparecí aquí, estaba como necesitado de un sabio que me
dijera que encontrara mi lugar, y también que me guiara un poco.

El alfa reflexionó durante un momento, antes de acariciar el lado de la cara de Jimin y


echar un mechón de pelo plateado hacia atrás.

—También me identifico un poco con la letra de esta canción. —dijo, su aliento


calentando la mejilla del omega.

—¿Qué quieres decir?

—"Estoy aquí, en la tierra prometida. ¿Me enviarás un ángel?". Alguien me envió uno.

Jimin lo miró atónito, con el pecho acalorado y agitado, y buscó en su semblante


alguna intensidad que se pareciera a la que implicaban sus palabras.

Pero no lo había. Jungkook estaba siendo sincero, pero esa sinceridad se transmitía
sólo por su tono
de voz. Todo lo demás parecía luchar contra algo, evitando mostrar el más mínimo
cambio de expresión facial.

—Todavía te sientes mal, ¿no? —preguntó Jimin.

El omega trató de tocar la frente del alfa, para tomarle la temperatura, pero éste se
echó atrás.

—No necesitas pensar en ello, estaré bien...

Jungkook esbozó una pequeña sonrisa. No parecía estar mintiendo. Jimin entonces
comprimió sus labios.

No pudiendo soportar más la aparente incomodidad entre ellos, el chico dijo:

—¿Puedo besarte?
El joven rey parpadeó y abrió y cerró la boca, como si estuviera a un paso de poner
excusas para negar la invitación de Jimin.

Después de notar eso, el chico sintió como si su cuerpo se redujera en tamaño. El lobo
en el fondo de su corazón gruñó.

Pero ese instante de agonía cesó cuando Jungkook lo atrajo hacia un beso profundo y
abrasador.

El alfa lo envolvió en un suave y cuidadoso abrazo, lleno de etiqueta y vacilación,


como si estuviera tocando porcelana fina, y como si fuera una bestia salvaje que
pudiera romper a Jimin en cualquier momento.

Bajo el sonido de la romántica melodía, los dos intercambiaron caricias, murmullos y


un sellado de labios húmedos. El perfume de cada uno volvió a formar una capa entre
ellos, mezclándose y alejando a las personas que estaban alrededor.

Nadie se acercaba a las parejas atadas en su instante de romance, era una norma
moral instintiva que todos respetaban.

Cuando la música terminó, Jimin seguía en los cálidos brazos del otro chico,
embriagado por las sensaciones que surgían en su corazón y las que provenían de su
compañero.

El chico no entendía sus propios instintos lobunos, pero sabía que quería quedarse en
ese abrazo, entre ese manto de fuego y miel.

—Están tocando Highway to Hell de AC/DC. Esa canción es realmente... Bonita... —


dijo Jimin, un poco aletargado, después de que empezara la siguiente melodía.

Su cara estaba caliente, sus ojos apagados. Parecía que estaba drogado con
aromatizantes. Drogado por el rey.

Jungkook tragó en seco y apretó los puños. La fiebre que ardía en su cuerpo le haría
estallar en cualquier momento.

—¿Por qué no bailas? —sugirió, fingiendo calma.

—¿Ya no quieres bailar conmigo?

—Prefiero verte a ti, por favor.

—...¡Está bien! —el chico tuvo que levantar la voz para que el otro le oyera, pues el
ruido que les rodeaba era ensordecedor.

Los invitados a la fiesta estaban ya tan embriagados y entretenidos por el ritmo


frenético que intentaban imitar el canto del grupo musical con todo el aliento de sus
pulmones, y se agitaban entre ellos, saltando y levantando las manos.

Por eso, cuando Park se separó de Jeon Jungkook, pronto se encontró en medio de un
círculo de baile loco. En cuanto se percataron de la presencia del Omega de Plata, los
allí presentes perdieron la vergüenza y lanzaron al chico hacia arriba, levantándolo
por encima de la multitud como si de hecho estuvieran en un concierto de rock.

—¡HAHA! ¡VAMOS! —exclamó el chico mientras levantaba ambos brazos y cerraba los
dedos centrales para formar unas manos con cuernos, un gesto habitual en el rock. —
DON'T STOP MEEEEH! OH! I'M ON THE HIGHWAY TO HELL! —cantó en medio del
coro de los demás, sintiéndose libre de preocupaciones porque acababa de besar al
chico del que estaba enamorado.

Las cosas estaban bien. ¡Las cosas estaban muy bien! Eso es lo que imaginaba.

Pero cuando volvió a mirar en dirección a Jungkook, el alfa había desaparecido.


Después de pedir que lo bajaran, Jimin se fue en busca del otro chico, buscando su
cara y su olor entre el amontonamiento de gente.

Justo cuando empezaba a preocuparse más de lo habitual, sintiendo, con angustia, la


interminable oleada de aromas empalagosos y nauseabundos que le rodeaban y que ya
no eran amortiguados por el aroma de Jungkook; Park Jimin vio la figura del rey
desvanecerse en el interior del castillo, entre dos altas columnas que sostenían y
embellecían una de las entradas principales.

El omega corrió hacia él, pero no fue lo suficientemente rápido, ya que el otro se fijó
en él y simplemente se evaporó, dejando sólo restos de sus feromonas alfa, ahora tan
llamativas e imposibles de ignorar.

No pasó ni un segundo antes de que Jimin fuera sacudido por un temblor que provenía
de lo más profundo de su ser. Su cuerpo se sintió de repente débil, y caliente,
extremadamente caliente. Una mezcla de angustia y confusión recorrió la mente del
chico, sus inseguridades sobre las extrañas actitudes de Jungkook parecían gritar de
repente contra su oído, exclamando cosas irracionales como: "No quiere mirarte a la
cara", "Huyó porque empezó a odiarte", "A Jungkook ya no le gustas".

Un extraño y punzante dolor le golpeó en el vientre, y bajó hasta la ingle, quemándole


como el fuego de un incendio forestal. Sus piernas, carentes de fuerza, cedieron,
llevándolo al suelo. Las feromonas que ahora era capaz de liberar brotaron en una
concentración absurda, casi formando nubes visibles a su alrededor.

El pobre chico empezó a pensar que se estaba muriendo.

—Jungkook... Jun-Jungkook, por favor regresa... —¿Qué me está pasando? Jungkook,


ayúdame... quería gritar

Por suerte para él, quienes pasaban por allí, intercambiando conversaciones casuales
y algo tímidas, eran la soldado Min Miho y la señorita Yoojung, ahora la nueva
matriarca del Clan Choi.

Cuando vieron a Jimin tirado en el suelo en esa parte aislada de la zona de la fiesta,
corrieron rápidamente hacia él, preocupados.

—Su Magnificencia, ¿qué ha pasado? —ella y Miho eran betas, así que al principio no
entendían lo que le pasaba a Park Jimin.

—Dios mío, tiene fiebre. —señaló Miho, tras tocar brevemente la frente del chico. —
Señor, ¿de casualidad es su celo?

—¿Celo? —Jimin se atragantó. —Yo-yo no tengo eso, no-no...

—No reconoce su propio celo, así que debe ser el primero. Mi hermano también
estaba en ese estado. —Yoojung miró a Miho mientras hablaba. —Tenemos que sacarlo
de aquí lo antes posible y llevarlo a una habitación. Hay muchos alfas alrededor,
podría ser peligroso para su magnificencia.

—Sí, señorita.

La soldado Min puso el brazo de Jimin alrededor de sus hombros y lo levantó. La vida
como militar la había convertido en una mujer fuerte, así que arrastrar al Omega al
castillo fue bastante fácil.

Yoojung estaba abriendo las puertas y guiando cuidadosamente su camino hacia los
aposentos del joven.

Cuando llegaron allí, lo colocaron en la cómoda cama y pidieron a los sirvientes que se
organizaran ante esa situación.

Mientras la matriarca Choi les indicaba lo que debían hacer para que Jimin estuviera
lo más cómodo posible, él gruñía y gemía entre las almohadas de plumas,
murmurando suavemente el nombre de Jeon Jungkook

—Está llamando al rey. —señaló Miho. —¿Alguien conoce la ubicación de Su Majestad?

Los sirvientes negaron con la cabeza. La preocupación rondaba entre ellos.

—Tenemos que encontrar una manera de aliviar el malestar del Omega de Plata hasta
que el rey regrese. —Yoojung frunció el ceño y se mordió una uña mientras pensaba.

Cuando se le ocurrió una idea, se apresuró a movilizar a los sirvientes.

—¡Encuentren la ropa de Su Majestad, objetos de su uso personal, cosas que todavía


lleven su olor!

El personal la obedeció de inmediato, saliendo y volviendo rápidamente con las cosas


que se pidieron.

Yoojung se las entregó al omega en agonía, y éste las aceptó como si fuera una especie
de remedio reconfortante, algo temporal pero efectivo.

El aroma de Jungkook lo calmó y alivió el dolor de su ingle, borrando un cierto


porcentaje de la niebla que confundía sus pensamientos.

—S-señorita Yoojung... Jungkook, él... —Jimin trató de decir, pero a diferencia de su


cuerpo -y especialmente de la zona entre sus piernas- su garganta estaba seca y
parecía rasposa, lo que dificultaba el habla.

—Su Majestad no puede estar lejos. Pronto volverá para calmarlo. —dijo la chica
mientras colocaba un paño empapado de agua fría en la frente del omega.

En lugar de reconfortarlo, la declaración de la Matriarca Choi hizo que el semblante


de Jimin se viera aún más afligido.

—E-él huyó de m-mi... Jungkook me ha evitado todo el día.

—Eso no puede ser cierto, debe haber algún error. El rey te mira como Wang Nara
miraba a la madre del príncipe Min. Estoy seguro de que en cuanto se entere de tu
estado, vendrá corriendo.

—No es ve-verdad, no es... Ugh... —el Omega abrazó la túnica del rey y la envolvió
alrededor de sí mismo, como si formara un nido.

Miho y Yoojung vieron que era el momento de dejarlo solo en su intimidad.

—Vamos a por el rey, mi señora. —dijo la soldado.

—Sí.

Unos minutos después de que las dos mujeres y los sirvientes se marcharan, Jimin
empezó a llorar desconsoladamente. Todo se sentía mal en su cuerpo, nunca se había
sentido tan perdido, con pensamientos tan confusos y extraños, y nunca había
necesitado tanto la presencia de alguien, su olor y su calor.

Era más que una simple necesidad. El lobo dentro de su cuerpo aulló y envió
temblores y espasmos a sus músculos nerviosos. La ingle y el lugar entre sus nalgas
eran las zonas más afectadas. Estaban mojados y a la vez sedientos.

El chico no sabía qué hacer, sólo podía pensar en Jungkook y en la absurda idea de
que sólo ese hombre podía consolarlo y salvarlo de la perdición.

Pasó una hora y ni rastro de él. Ninguna.

La música de la fiesta seguía resonando en el cielo de Adwan, los alegres gritos


continuaban completamente ajenos a lo que ocurría dentro de aquella habitación, y la
luna alcanzaba la cima del cielo en su magnitud, echando en cara a Jimin que el
tiempo pasaba pero Jungkook no aparecía.

Así que lo llamó de nuevo, pero sin vocalizar. La llamada se hizo en el rincón más
profundo de su núcleo, donde el lobo plateado yacía acurrucado sobre sí mismo,
gruñendo en soledad.

Poco después, se oyó una exclamación en algún lugar del castillo:

—¡El rey ha vuelto!

Por fin, después de días de agonía he logrado terminar de traducir. Sé que antes
tardaba menos, pero aún no superó mi bloqueo, por lo que traducir me resultó algo
extremadamente difícil. Lit, necesitaba un día completo para traducir 1k palabras. Y
bueno, cada Cap de Omega de Plata rondan las 17K palabras...

A eso sumenle que ando re obsesionada con Heartstopper, la serie y los libros. He
estado viendo y leyendo y de nuevo viendo y leyendo miles de veces todo. Se
convirtieron cómo mi lugar de confort jsjsjs.

De hecho, iré a ver de nuevo la serie y me releere de nuevo todos los tomos jajsjs.

Espero no tardar mucho con el siguiente capítulo. Yo me despido con esta foto de mi
nuevo esposo, aka Kit Connor

PINCHE HOMBRE GUAPOTE. ¿PUEDEN CREER QUE SOLO TIENE 18 AÑOS?!!!


11||Finalmente, marcados

Jungkook, ¿dónde estás?

Park Jimin se acurrucó en la cama, entre los objetos personales de Su Majestad, en un


nido omega que había creado inconscientemente.

Sus dedos tiraron de la túnica real y tantearon la elegante textura, llena de bordados y
diseños pintados a mano. Cada pequeño hilo de aquellas ropas parecía llevar el olor
del alfa y los restos de su tan deseada presencia.

Tumbado en posición fetal, el chico se abrazó las piernas mientras recibía otra
avalancha de calor, que le corroía las venas y le provocaba una dolorosa opresión en la
ingle.

Los pantalones holgados que llevaba se pegaban con el sudor y el líquido claro que
empezaba a inundar el valle entre sus nalgas. La respiración en sus pulmones era
caliente y pesada, y el aire a su alrededor estaba espeso con las feromonas liberadas
por el propio chico, por lo que el simple acto de respirar parecía difícil.

Con la mente cubierta por una neblina, Jimin murmuró y masculló el nombre de quien
aparentemente tenía la respuesta a todas sus incertidumbres, el remedio para todos
sus males.

Y cuando el grito de los soldados anunció el regreso del rey al castillo, sintió que podía
volver a respirar profundamente.

Jungkook no se fue realmente, pensó el omega, con diferentes sentimientos vibrando


en su pecho.

Jimin se apoyó en sus temblorosos brazos y se estiró hacia arriba, mirando la puerta y
tragando en seco.

Cuando sus sensibles fosas nasales captaron los primeros filamentos del aroma de
Jeon Jungkook, el chico quedó extasiado por una embriagadora ligereza. Sus mejillas y
otras zonas de su cuerpo se llenaron de color, la sangre hirviendo bajo su pálida piel.

Jimin escuchó los pasos del lobo, que poco después se convirtieron en pasos humanos.
Y entonces el pomo giró lentamente, abriendo las grandes puertas con un estruendo
metálico.

Y allí estaba el monarca de esas tierras, rey y gobernante de Adaman, en su plenitud


tan seductora y deslumbrante que casi hace caer el pecho de Park Jimin al suelo.

Los ojos de Su Majestad ardían de un rojo intenso.

—Jimin. —dijo, todavía vacilante, todavía


frustrantemente contenido.

Jungkook todavía llevaba la ropa que había llevado a la fiesta esa noche. Pantalones
oscuros, abrigo blanco con bordados rojos, anillos plateados y botas negras. Pero toda
la pulcritud de antes parecía haberse empañado de alguna manera. Los mechones de
pelo se escapaban de su peinado y las bolsas bajo sus ojos redondos eran un poco
profundas.

Por supuesto, ninguno de estos detalles podía robarle al rey su impactante belleza,
pero le daba un cierto toque de salvajismo que Jimin no estaba acostumbrado a ver.

—Jimin, estás... —Jungkook cerró sus fosas nasales y parpadeó varias veces. Sus
puños se cerraron a los lados de su cuerpo.

El olor a omega era demasiado fuerte e imposible de ignorar.

—¿P-por qué huiste de m-mí? —su mente estaba inestable, así que gritó de dolor, de
rabia y de algo más que no entendía.

—¿A d-dónde f-fuiste? ¡Argh! —el chico se encogió hacia delante al sentir que su pecho
se tensaba y su miembro íntimo palpitaba. No sabía por qué estaba tan triste, ni por
qué el calor que vibraba en su cuerpo se había intensificado con la presencia de Jeon.

Tal vez estaba entristecido porque el alfa se había comportado de forma extraña varias
veces, como si quisiera rechazarlo, evitándolo a toda costa.

Tal vez estaba caliente porque su cuerpo anhelaba el cuerpo de Jungkook como nunca
había anhelado ningún otro.

Pero esas sensaciones parecían tan fuertes que podían cobrar vida propia y vagar por
ahí.

—¿P-por qué estás tan d-distante? —Jimin miró fijamente al alfa que parecía una
estatua frente a la puerta de la habitación. —¿Y-ya no te g-gusto?

Fue entonces cuando el alfa decidió dar los primeros pasos hacia el omega. Sus botas
pisaron la alfombra de pieles, creando un sonido sordo que se mezclaba con los
agónicos gruñidos del chico en la cama.

Cuando se acercó a Jimin, Jungkook puso ambas manos en su cara y apretó los labios.

—'Gustar' es una palabra con un significado tan simple que ya no cabe. En realidad,
estoy absolutamente enamorado de ti, Park Jimin. —los latidos dentro del pecho del
rey se intensificaron.

De repente, un extraordinario alivio atravesó el alma de Jimin. El lobo atormentado en


su interior dejó de aullar, haciendo que los ojos del chico se llenaran de lágrimas.
Ahora sólo quedaba ese mar de fuego en su cuerpo, las pulsaciones calientes, el deseo
insaciable lleno de lujuria.

La presencia del rey hizo hervir los pulmones del omega, pero en el buen sentido. Un
muy buen sentido. Luego lo abrazó, rodeando con sus brazos el fuerte cuello del alfa,
mirando fijamente la profundidad de sus ojos rojos.

—Haz que pare, po-por favor. —pidió, sabiendo instintivamente que Jungkook podía
satisfacerlo.

Por primera vez, Jeon respiró profundamente y cerró los párpados, permitiéndose
apreciar plenamente los dulces aromas que rodeaban a Park, dejando que su propio
cuerpo reaccionara a todos ellos sin más restricciones.

Cuando volvió a abrir los ojos, las llamas rojas de sus cuencas parecían querer
consumirlo todo.

—Lo haré. —murmuró en respuesta.

Jungkook exhaló sus feromonas libremente, enviando un cálido torrente sobre Jimin,
embriagando al chico hasta la médula, domando al lobo de su corazón como si lo
acariciara.

Sin más, el omega intensificó el estrechamiento del abrazo y tiró a su compañero


sobre la cama mientras le olfateaba y besaba el cuello.
Jungkook se dejó guiar sólo hasta el momento en que se colocó sobre el cuerpo de su
compañero, con sus brazos alrededor de Jimin, y sus caderas entre sus muslos.
Después de eso, se volvió deliciosamente proactivo.

Sus grandes y firmes manos sujetaron la cintura y la espalda del chico. Comenzó a
besarlo, sintiendo la suavidad única de los labios carnosos de Jimin, pasando su lengua
hacia adentro, uniéndola con la del otro en una danza rítmica.

Park estaba un poco ansioso, el deseo de sentir el cuerpo del rey sobre el suyo era
inmenso, así que sus dedos se apresuraron a tantear la cálida piel de Jungkook bajo el
abrigo, arrancando las hebillas y los botones que cerraban la prenda, trazando líneas
imaginarias en los pliegues del músculo, la fuerte clavícula, los definidos hombros.

Las caderas del omega también se movieron instintivamente, presionando su propia


ingle contra la del alfa, frotándose mutuamente en una invitación urgente, actuando
como gasolina en el fuego.

La erección de ambos era evidente y les provocaba. En un instante, comenzaron a


despojarse de todas sus vestimentas. Las manos temblorosas de Jimin arrastraron las
mangas del abrigo abierto del rey hasta dejar al descubierto su pecho y su abdomen
perfectamente esculpidos. Luego pasaron al cinturón de su pantalón y liberaron un
poco más el palpitante bulto de esa zona.

Mientras tanto, Jungkook arrancó los botones de la camisa del omega, sin ninguna
paciencia ni calma, y le arrancó los pantalones húmedos que le separaban de su gran
deseo.

Estaba hirviendo como lava, sus ojos gritaban al ver el cuerpo desnudo de Jimin.
Entonces, cuando lo consiguió, el lobo de su interior rugió ferozmente.

—Desde el instante en que abriste las puertas de mi habitación esta mañana, anhelé
tocarte así. Lloré por la vista de tu cuerpo, por tu aroma.... Nunca he anhelado tanto a
alguien. —murmuró contra el cuello del omega, haciendo que se le pusiera la piel de
gallina en esa región con su cálido aliento.

Jimin se estremeció ante esas palabras, pues sintió que podía entenderlas
completamente.

—... ¿Por qué no me tocaste? —preguntó el joven, ronroneando. —¿por qué me


mantuviste alejado todo el tiempo?

La mirada del alfa era como una brasa caliente, que lo desnudaba hasta la médula.

—No estaba seguro de que me quisieras, como soy, y en este estado... —las feromonas
de Jungkook se hicieron cada vez más fuertes, entrando en las células de los pulmones
de Jimin e invadiendo su torrente sanguíneo; enviando adrenalina, oxitocina y otras
hormonas que provocaron una erección pura.

El Omega inspiró profundamente, absorbiendo aquella droga lobuna, y volvió a besar


a su compañero.

—Quiero... —balbuceó contra los labios húmedos del otro.

Sus delgadas manos buscaron el miembro que aún estaba metido en los pantalones
oscuros de Jungkook. El cálido toque de la palma de Jimin en esa zona febril hizo que
los músculos del rey se tensaran y se relajaran. Cerró los ojos para sentir, por primera
vez, el tacto de los dedos en su prepucio, tirando de él hacia abajo y revelando un
endurecimiento completo.

Su aliento se encendió cuando Omega comenzó a masturbarlo lentamente, con mucha


habilidad, y unió su miembro al suyo, frotándolos. La pulsación fue sentida por ambos,
el pre-semen se mezcló y se acumuló en la mano del chico, facilitando así la
aceleración del toque.
Jungkook nunca había llegado a ese punto con alguien, así que se sintió flotar en un
volcán. Sin dolor, sólo una energía infinita.

Se mordió los labios, abrazó a Jimin con fuerza y luego procedió a cubrirlo de besos
sedientos.

De los labios regordetes, Jungkook bajó hasta el cuello del omega y luego lamió los
pezones endurecidos de la pectoral. Cuando escuchó pequeños gemidos, decidió que
quería ofrecer más placer al otro, un placer mayor que el que se obtiene con la
masturbación.

Sus manos viajaron a las nalgas húmedas del chico en sus brazos y buscaron la
entrada. Cuando la encontró, el alfa se sintió crecer un poco más, endureciéndose
como una roca.

Primero, introdujo su dedo índice. Esto hizo que Jimin se estremeciera y dudara
durante su masturbación.

Jungkook metió el dedo más adentro, alisando la pared interior con movimientos
lentos, arrancando gemidos más fuertes al otro chico.

Luego introdujo otro grueso dedo y se aventuró en aquel estrecho y húmedo pasaje,
tan atrayente. Ese fue el comienzo de la caída de Jimin.

—Ju-Jungkook... —el chico jadeó, echando la cabeza hacia atrás cuando el alfa aceleró
el movimiento de sus dedos, metiéndolos hasta el fondo.

Park Jimin soltó ambos penes erectos y apretó la almohada bajo su cabeza. Volvió a
mover las caderas y abrió un poco más las piernas, prácticamente rogando a Jeon
Jungkook que lo devorara inmediatamente.

Al notar esto, el joven rey salivó y parpadeó asombrado. Retiró sus dedos de la
entrada del omega y acercó su boca a la oreja derecha para mordisquear el lóbulo.

Al sentir la ausencia de la mano de Jungkook, Jimin gruñó en agonía:

—N-no... No te detengas. No, no...

Los labios del alfa se curvaron en una sutil y apasionada sonrisa.

—Este rey te servirá.

Jungkook se desnudó por completo, bajándose los pantalones y tirando las botas.
Luego tomó un muslo y una nalga de Jimin, para abrirlo un poco más, y puso la punta
de su propio falo duro en la cavidad húmeda del omega, preparándolo para su
entrada.

El alfa lo penetró con una lentitud casi dolorosa.

Aunque sus instintos le gritaban que lo hiciera más fuerte y más rápido, temía herir al
omega, cuyo cuerpo se estremecía y temblaba, sintiendo cada centímetro del
palpitante miembro que lo dilataba.

En cuanto se sumergió por completo en ese mar, Jungkook vio cómo la razón se
desvanecía, guiándose casi únicamente por su lobo interior.

Jimin se debilitó al ser penetrado. Con cada empujón dado por el alfa, parte de su
fuerza se consumía. Se estaba volviendo loco, gimiendo fuerte, jadeando sin aliento,
agarrando el pelo de Jungkook y pidiendo más.

Más fuerte. Más profundo.

Las lágrimas inundaron sus ojos, mientras el placer y todos los sentimientos que
llenaban su pecho parecían explotar. Quería explotar, como una mina , un volcán, una
bomba.

Sus manos sujetaron los hombros flexionados del rey y se hundieron allí, en esa carne
incendiaria, en ese sudor libidinoso.

—¡F-fuerte...! Más fuerte... mi rey... —murmuró, ebrio.

Las palabras "Mi rey" fueron un caos para Jeon Jungkook

Si antes todavía había algún rincón de su mente que mantenía cierta sobriedad, ahora
esa parte estaba en un lugar lejano e incomunicable.

El alfa intensificó sus caricias, aumentando la velocidad de cómo sus caderas iban y
venían, ahogándose en las profundidades del omega hasta chocar con el muro que
marcaba el límite.

—Repite... Repitelo, por favor. —ordenó, en un susurro roto.

—Hmm, mi r-rey.

Sus cuerpos chocaron ferozmente, ansiosos y desesperados, como si quisieran unir lo


que antes había sido un solo individuo.

—Mi rey... ¡Argh! —el miembro de Jimin se contrajo y comenzó a derramarse en


pequeños chorros. El orgasmo llegó con profusión, oleadas de frío y calor, y
sentimientos mezclados.

Estaba cegado por las sensaciones, así que no se dio cuenta cuando los brotes de sus
cuernos de marfil se convirtieron en flores escarlatas, ni cuando las paredes y el suelo
de sus aposentos se cubrieron de un jardín lleno de colores, flores y otras plantas
nacidas del placer del Omega de Plata.

Pero Jeon Jungkook lo observaba todo y estaba embelesado, enmudecido como un


devoto que ha visto un milagro divino, asombrado con el pecho latiendo a mil por
hora. Tuvo que besar a Jimin una vez más, envolviendo las mejillas sonrojadas del
chico con sus grandes manos.

El omega agradeció esa caricia y suspiró un poco cansado. Sin embargo, este acto no
era una indicación de que se sintiera completamente satisfecho.

No. Ni mucho menos. Park Jimin creía que podía permanecer en esa cama con Jeon
Jungkook durante varios días, e incluso entonces, seguiría siendo insuficiente para
suavizar todo el fervor que corría por su alma.

El omega seguía recibiendo las profundas y rítmicas caricias de su alfa, gimiendo cada
vez que el bien dotado miembro lo atravesaba y rozaba el límite de su conducto
interno. También ardía bajo los dedos del rey que a veces le masajeaban las nalgas, le
pellizcaban los pezones hinchados, le acariciaban el rostro y jugaban con su boca.

Al otro lado, Jungkook gruñía suavemente cada vez que penetraba a Jimin. Ese pasaje
apretado y húmedo era un manjar divino y lo dejó boquiabierto. El pene de su
compañero vibraba y rozaba su abdomen con cada balanceo, y la visión de su rostro
enrojecido de placer hacía que olas de calamidad recorrieran el pecho de Su
Majestad.

—Eres tan hermoso... Tan hermoso... Mi omega. —le murmuró al oído, acariciando los
mechones de pelo plateado y la base de sus cuernos, que en ese momento parecían
una hermosa corona.

De repente, un tsunami estalló en su interior, enviando señales salvajes a su cuerpo.


Así que el alfa empujó una vez más, tan profundamente que hizo que el omega jadeara
fuertemente y apretara la carne de sus músculos, dejando marcas de arañazos.

Entonces la parte superior de su falo se hinchó y se clavó allí, en esas profundidades.


Los ojos de Jimin se abrieron de par en par y parpadeó, desconcertado, sintiendo que
se rompía por dentro.

No era un gran dolor, pero no obstante era ligeramente incómodo.

El rey, inmerso en una niebla densa e invisible, se estremeció entonces y se derramó.


Sus ojos rojos brillaron incandescentes en el proceso.

—Ju-Jungkook ¡Ah! —exclamó Jimin más fuerte, en un gemido, al verse inundado. Se


abrazó al alfa en un impulso y se encerró en esa posición, temblando y jadeando.

Jungkook le devolvió el abrazo, inhalando el aroma de las rosas que rodeaban al


omega. Su nariz buscó su cuello y sus labios depositaron allí pequeños besos. Luego
se acercó con la boca a esa zona y clavó sus caninos, que ahora estaban puntiagudos.

Jimin apretó su abrazo y gimió. No entendía lo que estaba pasando en ese momento,
eran tantas las sensaciones que bombardeaban su cuerpo que su mente se encontraba
fuera de órbita.

No se sintió mal, Jimin no se sintió mal. Por el contrario, en su pecho flotaba una
extraña felicidad. El chico no lo entendía.

Quería entenderlo.

—... ¿Qué ha pasado? Hm... —preguntó en voz baja, gruñendo.

Jungkook sacó los dientes de su piel y besó la marca creada durante largos segundos.

—El símbolo de nuestra unión... —dijo, su boca buscando la de Jimin. —Eres mío, y yo
soy tuyo. Somos uno solo para siempre...

Y con esa promesa de eternidad, los dos se besaron abrazados. El viento nocturno que
entraba en la habitación por la ventana abierta levantaba las cortinas de la cama y las
flores del jardín recién hecho. Luego se arremolinó alrededor de los dos amantes,
creando un torbellino invisible y místico. Era como si, con esto, una entidad superior
estuviera otorgando sus bendiciones a aquél romance.

—¡Jaque mate! —exclamó Park Jimin tras mover la pieza de la reina blanca por el
tablero, rodeando al rey adversario.

—Hm... He vuelto a perder. —murmuró Jeon Jungkook, fingiendo estar decepcionado


consigo mismo. Mientras tanto, acarició el lado del cuello de Jimin con sus labios y la
parte superior de su nariz, abrazándolo por detrás y depositando unos cuantos besos
cálidos.

El omega sintió un delicioso escalofrío y casi puso los ojos en blanco.

—Al menos podrías centrarte un poco más en el juego. Apostamos. Ahora me debes
dos favores . —dijo.

—Estoy concentrado. Muy concentrado. —el rey le besó la mejilla y esbozó una sonrisa
perversa.

Hacía tres días desde el inicio del celo en ambos, pero seguían sintiendo un deseo
colosal que sólo podía cesar tras horas seguidas en la cama.

Sus cuerpos estaban cansados y más delgados, a pesar de que se alimentaban con los
alimentos vitamínicos que les entregaban los criados a la hora de comer.

Jimin era el más débil de los dos. Jungkook podría robarle toda su carga de energía en
sólo unas pocas caricias y besos. Debido a esto, las piernas del omega se sentían
aletargadas, y su cuerpo, constantemente somnoliento.
Así que la pareja d