Tema 5: Iglesia Y Estado. Los Visigodos Y El Papado
Tema 5: Iglesia Y Estado. Los Visigodos Y El Papado
5.1. Introducción
• La declaración de confesionalidad cristiana del Imperio romano en el año 380, su división en 395 y
la entrada de pueblos germanos en 406 sirven de umbral al período. Su cierre lo situamos a comienzos
del siglo VIII con la irrupción del poder islámico y los inicios de la construcción carolingia. Entre
una y otra fecha, la historia tuvo un argumento principal: la desaparición del Imperio romano en
Occidente y la aparición de unos reinos bárbaros cuya sociedad fue, inevitablemente, una sociedad
romanogermánica. Sus rasgos más visibles permiten considerarla como una pervivencia de la
tardoantigua, esto es, de una sociedad antigua cuyas estructuras se van debilitando.
La entrada de estos godos en el Imperio se produjo en el año 376, cuando cruzaron el río Danubio en
una acción provocada por la presión de los hunos que procedían de las estepas del Asia central. Los
godos fueron aceptados a regañadientes por el emperador. Dos años después, los invasores, quejosos
de que los romanos no cumplieran sus promesas de instalarlos, se sublevaron y en 378 aplastaron al
ejército imperial en Adrianópolis. La batalla, con el triunfo de la caballería goda sobre la infantería
romana, inauguró una nueva época en materia de estrategia militar y composición de los ejércitos. La
derrota y la muerte del propio emperador Valente en el campo de batalla fueron decisivas para que su
sucesor, Teodosio, estableciera un pacto con los godos. En virtud del foedus del año 382, los godos se
instalaron en Mesia en calidad de tropas al servicio de Roma. Durante catorce años, la situación se
serenó pero en 396 la entrada de los hunos en la cuenca de Panonia perturbó la existencia de otros
pueblos germanos, que, a su vez, presionaron y entraron en el Imperio.
• En 408, los visigodos, con su jefe Alarico, entraron en Italia. A finales de 409, suevos, alanos y
vándalos cruzaron los Pirineos y se internaron en Hispania. En 410, las gentes de Alarico saquearon
Roma. La conciencia de la romanidad se estremeció. Para tranquilizarla, Agustín de Hipona y su
discípulo Paulo Orosio escribieron, respectivamente, su Ciudad de Dios y sus Siete libros de historia
contra paganos. Para ambos, las invasiones podían ser tanto un instrumento que permitiera a otros
pueblos conocer la verdadera fe como una prueba que recordara a los cristianos que no debían poner
su esperanza en la ciudad terrena sino en la celeste. Las correrías de los visigodos por Italia
estimularon al emperador Honorio a ensayar una nueva fórmula: convertirlos en una fuerza de policía
que controlara a los demás pueblos germanos que habían entrado en el Imperio. El pago por sus
primeros servicios contra los vándalos no satisfizo a los visigodos, quienes, en 415, entraron, por
primera vez, en Hispania. Tres años después, el emperador accedió a instalarlos en Aquitania: el
foedus de 418 convirtió a los visigodos en federados del Imperio. Ello supuso el reconocimiento
imperial del primer «reino» bárbaro en Occidente.
La historia del reino visigodo a finales del siglo VI hasta la primera mitad del siglo VII. Tenemos que
entender una serie de acontecimientos pero también de hechos históricos. ¿Cuáles fueron los rasgos
más importantes de la monarquía visigoda? ¿Por qué fracasó? En realidad la llegada de los árabes
y la incapacidad de hacer frente a la invasión es una consecuencia de la debilidad interna del reino
visigodo de Toledo. Al llegar los árabes hay un reino dividido, una guerra civil, dos bandos, una
aristocracia militar dividida, por lo que el éxito árabe no nos sorprende. Hay que intentar comprender
cómo evoluciona la política de los visigodos en la península ibérica a mitad del siglo V hasta la
primera mitad del siglo VII.
Los visigodos constituían el pueblo más romanizado de los que habían entrado en el Imperio
romano. Entre el año 376, en que cruzaron el Danubio, y el año 507, en que, tras su derrota por los
francos de Clodoveo en Vouillé, tuvieron que renunciar a sus establecimientos del sur de la Galia, y se
instalaron en Hispania, los visigodos habían pasado más de un siglo recorriendo las tierras del Imperio
y familiarizándose con sus estructuras. Una vez que se instalaron en la PI, comenzaron a integrarse con
la población peninsular. Los síntomas de la fusión de ambas sociedades fueron: los matrimonios entre
visigodos e hispanorromanos, los progresos en el establecimiento de un único sistema administrativo
y judicial y la defensa del territorio tanto frente a los francos, que atacaban por los Pirineos, como
frente a las tropas bizantinas de Justiniano, que en 554 consiguieron instalarse en las actuales regiones
de Murcia y Andalucía oriental. Mientras, los visigodos eligieron Toledo como capital de su reino.
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TEMA 5: IGLESIA Y ESTADO. LOS VISIGODOS Y EL PAPADO
Este mapa nos muestra las cinco provincias romanas en las que la administración imperial dividió
la Península: Gallaecia, Lusitania, Baetica, Tarraconensis y Carthaginensis (estas dos últimas tienen
el nombre de la ciudad capital). En la administración romana, a cada provincia le correspondía una
ciudad capital. ¿Qué pasa después del 476, cuando desaparece la jurisdicción romana? La
Tarraconensis y la Carthaginensis son invadidas por los visigodos y se organizan por dependencia de
estos. Pero hay otros territorios como la ciudad de Córdoba, que existe como regiones autónomas
respecto al dominio de los visigodos,y que sustituyeron el gobierno imperial por un gobierno local. En
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Córdoba, este gobierno se fundaba en las instituciones romanas, un gobierno de carácter aristocrático,
oligárquico, que supo mantener su autonomía hasta que Leovigildo lleva a cabo una operación para
acabar con el gobierno de Córdoba. Durante la primera mitad del siglo VI, los visigodos avanzan en la
Bética pero Córdoba se mantiene inexpugnable. Hay que entender estos fenómenos, como fenómenos
de larga duración, incluso de un siglo como en el caso de Córdoba. Sus instituciones están bien
arraigadas en su realidad histórico social, y después de la desaparición de la jurisdicción romana, en
cualquier ciudad hay que mantener el orden. Cuando Roma desaparece, las ciudades no se precipitan
en el caos, las instituciones locales sobreviven, porque quien ostenta un poder quiere mantenerlo.
• Los inicios de la institución monárquica visigoda se establecen en: la elección de una ciudad como
sede regia, Toulouse; la conformación de una corte; la necesidad de aprender de las formas romanas
(leyes y costumbres romanas); preservación de las tradiciones culturales y políticas de Roma en
detrimento de las germánicas.
El perfil fundamental de los sucesores de Ataulfo, es impreciso, no es una dinastía única, sino que
es una sucesión de caudillos militares que luchan entre sí para ocupar el trono real. Nunca la
monarquía visigoda llegó a ser una monarquía hereditaria. En paralelo, por ejemplo, en el reino de
los Francos, la transformación institucional de la monarquía en un reino hereditario, fue algo que se
instauró de manera temprana garantizando la legitimidad y la continuidad de lo que se configura como
dinastía, la sucesión familiar de un grupo que ocupa la principal institución de un reino. La sucesión
de reyes y soberanos del mismo ámbito familiar.
La monarquía no es hereditaria, sino electiva. Cada vez que se presentaba la necesidad de nombrar a
un soberano, había unos altos mandos entre los que se elegía al caudillo merecedor de este cargo
monárquico. La consecuencia es que puede debilitar mucho la monarquía, ya que un porcentaje de los
34 reyes, no murió de muerte natural, sino que fueron víctimas asesinadas o de una conjura, o de un
golpe de Estado. La característica electiva favorece una fuerte inestabilidad porque si el rey sólo es
un primus interpares (oximódica, paradoja, si uno es primeros, los del entorno son subordinados), es
un difícil balance entre alguien que ostenta un cargo superior, pero que no tiene un cargo jurídico.
Otra consecuencia es que a menudo, un soberano intenta prolongar su poder nombrando a su
heredero, y a su hijo como sucesor al trono real. En algunos casos funciona, el hijo se convierte en el
nuevo soberano, pero en la mayoría, esta infracción pasa a ser un levantamiento y a causar problemas.
• A pesar de los dos siglos de historia de sus instituciones, la monarquía visigoda no llegó a unos
rasgos firmes y coherentes. El reinado de Leovigildo, fue elegido soberano en el 569, durante casi 20
años, hasta su fallecimiento en el 586. Fue un reformador de todos los ámbitos de la monarquía
visigoda, con un modelo constitucional en el Imperio Romano. Leovigildo vislumbró la debilidad
congénita de la monarquía visigoda, queriendo reformarla desde el interior teniendo como referencia
al Imperio Romano de la contemporaneidad, el Bizantino. Es el primer soberano visigodo que se
inspira al basileus bizantino, acuña la moneda con su efigie, amasa un tesoro del reino dentro de la
catedral de Toledo, las posesiones no son personales del rey, sino de todo el reino, algo ajeno a lo
visigodo y que procede de la ideología republicana del imperio Romano (res publica). Leovigildo
intentó que el patrimonio personal del monarca se convierta en algo público, riquezas y bienes de la
catedral de Toledo, y que son los recursos básicos de la civilización visigoda. Leovigildo actúa como
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un emperador bizantino, viste de color púrpura, funda nuevas ciudades con el nombre de sus
herederos (Recópolis, de Recaredo que heredaría el poder). Leovigildo es un innovador de los rasgos
de la monarquía visigoda incluso en el ámbito religioso. Debemos retomar el cristianismo, respecto
a la conversión de los pueblos germanos al cristianismo. Ellos obedecieron a la doctrina arriana, no
reconocían una autoridad religiosa central, sino que gozaban de una autonomía que Leovigildo intentó
convertir en una prerrogativa (el terrible error, que hizo que la monarquía de Leovigildo cayera).
Insistió en el carácter arriano de los visigodos, como característica fundamental. Cuando llegan a la
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PI, los visigodos confiesan su arrianismo, cuando la mayoría eran católicos, difundidos a través del
Concilio de Nicea (325) y la concepción de la Santísima Trinidad.
A mediados del siglo VI, la jerarquía eclesiástica se dividía en: las familias cristianas romanas eran
católicas (naturaleza de Cristo humana y divina), mientras que las familias visigodas eran arrianas.
El obispo no es solo el responsable espiritual, cumple con las tareas de organizador civil y local y
sustituye al antiguo gobernador romano. La oposición entre católico y arriano, oculta una oposición
entre visigodo e hispanorromano. Los obispos se dividen en arrianos (nombrados por el rey visigodo)
y los católicos (elegidos por la asamblea de los eclesiásticos católicos, sínodo o cabildo). Los dos son
obispos pero son naturalmente diferentes. Leovigildo intenta unificar el reino y su religión
insistiendo en el arrianismo; llegando a convocar un concilio con el objetivo de que los eclesiásticos
se convirtieran al arrianismo (naturaleza de Dios humana y mortal. María madre de Jesús hombre).
Sin embargo, esto fracasó ya que fue rechazada, e incluso cuando intentaron sobornarlos; alguno
aceptó pero la mayoría no. De esta manera, se determina el fracaso de la política religiosa de
Leovigildo.
El Concilio General del reino de Toledo, (las instituciones son un factor de debilidad de la
monarquía visigoda), una institución de reunión esporádica. La palabra concilio (del latín concilium,
correspondiente al griego sýnodos), indica una asamblea de eclesiásticos, de obispos. La traducción
latina concilium se debe a Jerónimo. En la Antigüedad Tardía hubo una superposición entre concilio y
sínodo. Pero hay una segunda acepción de carácter técnico, según la cual: el sínodo es una asamblea
de obispos local, restringida a un ámbito geográfico; mientras que el concilio ecuménico, es la reunión
de todos los obispos de la cristiandad, convocado por el emperador bizantino (primero el de Nicea por
Constantino). Una variante es la del reino de Toledo, el Concilio General, que hace referencia a una
asamblea de los obispos hispánicos, de las antiguas cinco provincias romanas, que ahora une a
eclesiásticos católicos y arrianos, a la que pueden acudir obispos de las Galias, a la que se añaden
otros integrantes eclesiásticos, a la que se unen el rey, sus funcionarios más importantes, altos mandos
del ejército, el entorno organizativo de la monarquía visigoda.
(El Concilio de Jerusalén no se considera concilio ya que sus integrantes no eran obispos, sino
apóstoles y presbíteros. Además sus fuentes son apócrifas. Hay tres niveles dentro de la comunidad
cristiana original (II d.C): diácono, presbítero y obispos. Esta expresión procede de la rama de la
historiografía cristiana española, pero por ejemplo la alemana no habla de Concilio de Jerusalén, sino
de Asamblea).
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Leovigildo no sólo intentó transformar toda la Iglesia de la Península en arriana sino que tuvo
que combatir el cristianismo católico dentro de su familia. Tuvo dos hijos, Recaredo y
Hermenegildo, que a partir del 584 se enfrentó a su padre y se convirtió al cristianismo católico. Esto
determina un conflicto entre padre e hijo, que desemboca en el encarcelamiento de Hermenegido y su
asesinato por parte de su padre. La importancia entre el contraste religioso llega hasta tal punto. Como
consecuencia el único heredero es Recaredo. Tras la muerte de su padre en el 586, asume el poder
Recaredo en una atmósfera pacífica, pero lo primero que hace es convocar un Concilio para confesar
su conversión al catolicismo. Se ve ese cambio de rumbo en la monarquía visigoda, la distinta
percepción del reino visigodo: Leovigildo imitaba al basileus bizantino (funda Recópolis →
Constantinopla); Recaredo se beneficia del poder de su padre, lo que le permite asumir el cargo de rey
hereditario, pero la opción del arrianismo es una opción perdida, y al igual que Constantino se
convierte al cristianismo, Recaredo se convierte al catolicismo para unificar la iglesia de su reino, para
ejercer un control en todos los componentes eclesiásticos del concilio general.
En el 589, Tercer Concilio General, ya no hay división religiosa, todos los súbditos se convierten a la
doctrina de Roma. De esta manera, se habla de una conversión colectiva y no únicamente
individual. Hoy en día concebimos la religión como algo libre e individual, mientras que en la Edad
Media no era así. Se acuñaron refranes entre la fe religiosa del soberano, de su pueblo, y la fe de una
tierra (de quien es la tierra, de aquella misma persona será la religión), automáticamente toda su
Iglesia pasará a ser de la religión del soberano. Con la publicación de las actas del concilio, el clero
hispánico pasó del arrianismo al catolicismo.
En la era hispánica de 624 [= era cristiana, año 589], en el tercer año del reinado del emperador
Mauricio, una vez muerto Leovigildo, fue coronado como rey su hijo Recaredo, cuya actitud religiosa
distaba mucho de la de su padre. Si éste era irreligioso y agresivo, aquél se mostraba piadoso y
pacífico; si el padre amplió sus dominios con la fuerza de las armas, el hijo supo integrarlos en la
verdadera fe. El autor de esto es Isidoro de Sevilla, que continúa diciendo que en los comienzos
mismos de su reinado aceptó el catolicismo, apartó a los godos de la doctrina errónea en la que habían
crecido y los hizo volver a la ortodoxia. Después, convocó un sínodo de obispos de las distintas
provincias de Hispania y la Galia para condenar la herejía arriana. El propio monarca asistió al
concilio [III de Toledo, año 589] y confirmó sus cánones, abdicando con todos los suyos de la
doctrina de Arrio, que hasta entonces habían profesado, y confesando la unidad de las tres personas de
la divina Trinidad, de las que el Hijo es consustancial al Padre y el Espíritu Santo procede
inseparablemente del Padre y del Hijo (Filioque), con quienes forma un solo Dios. Isidoro recupera
que según la doctrina católica, el hijo es consustancial al padre, tiene la misma naturaleza, humana y
divina, se añade Filioque, define la relación entre el padre y el Espíritu Santo siendo otro problema
teológico, y siendo el germen de la división entre la Iglesia cristiana de Oriente y de Occidente, según
los bizantinos el Espíritu santo sólo procede del padre. Una diferencia entre el cristianismo ortodoxo y
el católico, sigue siendo la doctrina del Filioque.
A la altura del año 633, se celebra el Cuarto Concilio de Toledo, bajo el reinado de Sisenando. Hay
disposiciones sobre la estabilidad política, rechazando las conjuras e incluso, los herederos (en
términos generales, naturales), a la muerte fueron privados de los bienes que legítimamente hubiesen
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adquirido. La legitimación del concepto patrimonial entre lo público y lo privado. Si el rey adquiere
bienes y riquezas, esos pertenecen al reino y no son una posesión patrimonial personal, por eso a su
muerte vuelven a la propiedad de la nación. Este concilio establece que sólo los nobles godos podían
acceder a la monarquía: la vieja monarquía hispánica no tenía aspiraciones de acceder al trono; o los
eclesiásticos no estaban interesados en sustituir al cargo del soberano (típico en la Iglesia cristiana
medieval). Nunca quisieron eso, porque lo importante es controlar directa o indirectamente a la
propia monarquía. Este concilio anula la posibilidad de herencia del cargo monárquico incluso para
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los herederos del cargo monárquico.
Anatematizar es excomulgar, excluyendo de la comunidad cristiana por un delito cometido, sin ningún
tipo de solución alguna. Tachan a alguien de ser un enemigo del estado y del cristianismo. Se sigue
hablando de las resoluciones del concilio, emite un decreto: a beneficio de la fuerza de nuestros
reyes y de la estabilidad de la nación de los godos, establece que una muerto el rey, en presencia de
los obispos y de los integrantes de la nación, designarán de común acuerdo la sucesión al trono. Este
canon fue dictado por Isidoro de Sevilla e identifica al elector del rey en el reino de Toledo. Al decir
que es un conjunto de la nobleza y obispos, es evidente que Isidoro dice que sólo el Concilio General
es el órgano institucional adecuado para elegir al soberano. En otro decreto se dice que una vez
elegido por el concilio general, el rey legitima su nueva autoridad espiritual a través de la
consagración como rey por mano del arzobispo de Toledo, se presenta como un elegido de Dios al
igual que el basileus bizantino, debe pasar por el sacramento de la unción (derramamiento de óleo
sagrado en la cabeza).
Por otro lado, acabamos con el Cuarto Concilio de Toledo y subrayamos la importancia de Isidoro
de Sevilla. A partir de aquí, se convirtió en sacramento, una práctica consagrada la llamada unción del
rey visigodo. Después de ser elegido por el concilio general del reino, el soberano elegido se consagra
también como elegido de Dios. Esta ceremonia es un verdadero sacramento tal y como lo estableció
Isidoro de Sevilla. El máximo representante de la vida religiosa en Toledo, el Arzobispo derrama un
óleo sagrado en la cabeza del rey. Esta práctica, la unción del soberano europeo, es el último acta en la
definición de la naturaleza consagrada del rey soberano. Hablamos de la mezcla entre lo romano y lo
germánico. Esta práctica no es ni romana ni germánica, es un reminiscencia de Isidoro del Antiguo
Testamento, ya que en la carta de Samuel, por indicación de Dios, este selecciona al nuevo rey (el
soberano perfecto, David). Para celebrar el enlace entre la voluntad de Dios y el profeta, se consagra
con ese óleo sagrado. Es una práctica del pueblo judío, que no tiene qu ever con Europa continental,
pasa a ser la costumbre más típica de presentar al sobrerano cristiano como elegido de Dios. Cualquier
idea política poderosa de la Edad Media está relacionada con el libro de la revelación cristiana,por lo
que para entender la Edad Media debemos prescindir del siglo XXI, y aceptar que una costumbre
arcaica se aplique en el contexto del reino de Toledo.
• En el Corpus Juris Civilis, el uso de los términos populus y populi sirve para indicar,
respectivamente, a todos los habitantes del Imperio Romano o una parte de ellos, correspondientes a
los pertenecientes a un distrito geográfico dentro del imperio, como una provincia o una ciudad,
contrastando con las gentes o nationes, las aglomeraciones de extranjeros, aunque políticamente
relevantes, pero ajenas al imperio, fuera de sus fronteras y, a menudo, opuestas a él. Estas entidades
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no son populus, lo que parece implicar su degradación o diversidad objetiva con respecto a la posición
privilegiada de la comunidad romana y sus confines geográficos. El uso del término populus (y no de
gens) ya está incluido en el Liber Iudiciorum, I 1, 2 (pp. 39-43), promulgado en el año 654.
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la iglesia toledana. El judaísmo se sitúa en la frontera, en el límite cercano a la herejía y representa
una perfidia para la patrística del siglo VII. El concepto de herejía no está exento de connotaciones
que lo relacionan con la disidencia política.
• La cuestión del primado del obispo de Roma, el Papa. Perspectiva dogmática y perspectiva histórica:
- Mateo 16, 18-20
- Lista de los obispos de Roma en Ireneo de Lyon, Contra los herejes, III 3, 3 (desde Pedro
hasta Pío, 140-155)
- Víctor (189-199), primer obispo atestiguado con seguridad en Roma, africano de lengua latina
- Ausencia del obispo de Roma, Silvestre, en el Concilio de Nicea del 325
- Contrastes entre los obispos orientales y el obispo Dámaso en el Concilio de Constantinopla
del 381
- León Magno (440-461): papa Petrus ipse
Entre los siglos V y VII, surge y se difunde un conjunto de leyendas conocido bajo el nombre de
Constitutum Constantini, que son dos burdas falsificaciones sucesivas y complementarias: la
denominada Vita o Actus Silvestri y la Donatio Constantini. Según este documento, el emperador
Constantino le había cedido el gobierno de Roma a la potestad, no sólo religiosa sino también
políticamente efectiva, del Papa Silvestre I ya en el siglo IV.
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