0% encontró este documento útil (0 votos)
10 vistas33 páginas

CDC JC HITTERS

El artículo examina el control de convencionalidad y la capacidad de la Corte Interamericana de Derechos Humanos para anular fallos de tribunales superiores nacionales, centrándose en el caso Fontevecchia vs. Argentina. La Corte Suprema de Argentina sostiene que no puede ser obligada a acatar decisiones de la Corte IDH, lo que plantea un conflicto de competencias entre ambos órganos. El autor argumenta que esta postura viola la Convención Americana sobre Derechos Humanos y discute las implicaciones legales de no cumplir con los fallos interamericanos.
Derechos de autor
© © All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como PDF, TXT o lee en línea desde Scribd
0% encontró este documento útil (0 votos)
10 vistas33 páginas

CDC JC HITTERS

El artículo examina el control de convencionalidad y la capacidad de la Corte Interamericana de Derechos Humanos para anular fallos de tribunales superiores nacionales, centrándose en el caso Fontevecchia vs. Argentina. La Corte Suprema de Argentina sostiene que no puede ser obligada a acatar decisiones de la Corte IDH, lo que plantea un conflicto de competencias entre ambos órganos. El autor argumenta que esta postura viola la Convención Americana sobre Derechos Humanos y discute las implicaciones legales de no cumplir con los fallos interamericanos.
Derechos de autor
© © All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como PDF, TXT o lee en línea desde Scribd

Control de Convencionalidad.

¿Puede la Corte Interamericana


de Derechos Humanos dejar sin efecto fallos de los Tribunales
Superiores de los países? (El caso Fontevecchia vs. Argentina)

JUAN CARLOS HITTERS*

Resumen
El artículo aborda la problemática del ‘control de convencionalidad’ y si los Tribunales
Supremos domésticos pueden desoír a la Corte Interamericana de Derechos Humanos
invocando normas constitucionales internas.
El máximo órgano jurisdiccional de nuestra región ha dicho que ello es imposible, y que el
accionar de la Corte argentina viola la Convención Americana sobre Derechos Humanos.
Este es el criterio del autor que trae a colación argumentos propios y de la Corte Europea
de Estrasbugo.
Palabras clave: Control de convencionalidad. Corte Interamericana de Derechos Humanos.
Suprema Corte argentina. Convención Americana sobre Derechos Humanos.

Sumilla
I. Antecedentes
A. Generalidades. Conflicto de competencias entre el Supremo Tribunal Argentino y la Corte
Interamericana de Derechos Humanos
B. El Caso Fontevecchia
1. Sentencia de Fondo y Reparaciones
2. Primera Supervisión
3. Segunda Supervisión
II. Contenido del Fallo de la Corte Suprema Nacional del 14 de febrero de 2017 (Caso «… Ministerio
de Relaciones y Culto…»)
A. Postura de la mayoría de la Corte Nacional
B. Postura concurrente del juez Rosatti
C. Postura minoritaria del juez Maqueda
III. Casos en los que la Corte IDH ha mandado a «dejar sin efecto» fallos locales
A. Generalidades
B. El Caso Palamara Iribarne vs. Chile

* Doctor en Ciencias Jurídicas y Sociales por la Universidad Nacional de La Plata, Argentina. Profesor emérito
de la misma casa de estudios. Fue Convencional Nacional Constituyente y tres veces presidente de la Suprema
Corte de la Provincia de Buenos Aires.

Pensamiento Constitucional N° 22, 2017, pp. 109-141 / ISSN 1027-6769


110 Pensamiento Constitucional N° 22, 2017 / ISSN 1027-6769

C. El Caso Tristán Donoso vs. Panamá


D. El Caso Kimel vs. Argentina
E. El Caso Bueno Alvez vs. Argentina
F. El Caso Herrero Ulloa vs. Costa Rica
IV. Es posible dejar sin efecto fallos domésticos
Argumentos del fallo argentino comentado
V. Réplica
A. Tratados clásicos y Tratados sobre derechos humanos
B. Kompetenz kompetenz
C. Vuelta al dualismo
D. El principio de subsidiariedad
E. Margen de apreciación nacional
VI. Consecuencias jurídicas de la falta de anulación
VII. La controvertida interpretación del Tribunal Supremo Nacional
VIII. Imposibilidad de incumplir un Fallo de la Corte IDH. El caso «Radilla Pacheco»
IX. Conclusiones
X. Referencias

I. Antecedentes
A. Generalidades. Conflicto de competencias entre el Supremo Tribunal Argen-
tino y la Corte Interamericana de Derechos Humanos
El difícil problema que pretendemos poner de relieve es focalizar las facultades
decisorias de la Corte Interamericana de Derecho Humanos (Corte IDH) en su
relación con los Supremos Tribunales de los diversos países que se han plegado al
modelo del Pacto de San José de Costa Rica.
Es decir, lo que buscamos saber es si aquel cuerpo regional estaría en condiciones
de «dejar sin efecto» o «revocar» los pronunciamientos de las más Altas Cortes
domésticas.
Esta cuestión se ha planteado recientemente en la Argentina donde la Corte
Suprema le disputa parte de la competencia al Tribunal Interamericano, sosteniendo
que si bien las sentencias de este son obligatorias, dicho organismo no puede «casar»
o «dejar sin efecto» decisiones judiciales locales.
Desanudar esta madeja es trascendente porque se discuten en definitiva las potes-
tades de estos órganos; y en tal cuestión no se puede albergar hesitación alguna
porque hace a la «distribución de competencia» de ambos tribunales uno nacional
y otro supranacional; y además implica resolver si para cumplir con los fallos inte-
ramericanos es necesaria una especie de «contralor previo» por parte de los más
altos cuerpos jurisdiccionales domésticos.
Hitters. Control de Convencionalidad 111

B. El caso Fontevecchia

1. Sentencia de Fondo y Reparaciones1


Conviene aclarar previamente y de modo sintético, para luego desarrollar con mayor
profundidad esta álgida cuestión, que la Corte Suprema de la Nación Argentina
(CSJN), el 14 de febrero de 20172 ha sostenido enfáticamente —por mayoría de
fundamentos— «que ella no puede ser obligada a acatar el fallo supranacional de
´dejar sin efecto´ un pronunciamiento doméstico»3.
Será importante poner de relieve que los Tribunales argentinos habían condenado
a la Editorial Perfil y a los Directivos Jorge Fontevecchia y Héctor D´Amico, en
el año 2001 haciendo lugar al pedimento del entonces Presidente de la Nación,
Carlos Saúl Menem por la infracción a su «derecho a la intimidad» con motivo
de la publicación de dos artículos en el año 1995 en la Revista Noticias; ambos se
referían a un presunto hijo no reconocido del primer mandatario, así como a la
relación de este último con su madre.
Luego la Corte IDH puso énfasis en sostener que «no hubo una injerencia arbi-
traria» en el derecho a la vida privada del Presidente, funcionario público electivo
del más alto grado del país. Ello así pues las publicaciones de marras constituyeron
un ejercicio legítimo del derecho a la libre expresión, habida cuenta que se trataban
de: «1) asuntos de interés público y 2) el presunto afectado no había contribuido
a resguardar la noticia cuya difusión a posteriori objetó».
Entendió entonces que al condenar a la Revista y a los señores Fontevecchia y
D´Amico se cometió el error al excluir de toda ponderación, en el caso concreto,
los aspectos de «interés público de la información».
Aquí queda en claro que la Corte IDH le imputó a la jurisdicción doméstica un
déficit, al «no valorar tal cuestión esencial».

1
Corte IDH, Caso Fontevecchia y D`Amico vs. Argentina, Sentencia de 29 de noviembre de 2011, Serie C
No. 238.
2
CSJN, 14 de febrero de 2017, 368/1998 (34-M)/CS1 Ministerio de Relaciones Exteriores y Culto s/
informe sentencia dictada para el caso «Fontevecchia y D´Amico vs. Argentina» por la Corte Interamericana de
Derechos Humanos.
3
En tanto la Corte IDH resolvió «...Mantener abierto el procedimiento de supervisión de cumplimiento
respecto de las medidas de reparación (...) relativas a: dejar sin efecto la condena civil impuesta a los señores Jorge
Fontevecchia y Héctor D’Amico así como todas sus consecuencias…», conf. Corte IDH, Caso Fontevecchia y
D’Amico vs. Argentina, Supervisión de Cumplimiento de Sentencia, Resolución de la Corte Interamericana de
Derechos Humanos de 22 de noviembre de 2016.
112 Pensamiento Constitucional N° 22, 2017 / ISSN 1027-6769

2. Primera Supervisión4
Como es sabido el Tribunal regional tiene la competencia de Supervisar el Cum-
plimiento (Hitters, 2012, p. 1) de sus fallos5.
Por ello el 19 de septiembre de 2015 ante la falta de acatamiento de alguna de las
mandas impuestas en el proveimiento interamericano de 20116 sostuvo este que
pasados dos años y ocho meses del pronunciamiento prístino, la Argentina no había
informado respecto de implementación del acatamiento de la aludida sentencia ni
presentó escrito alguno7, lo que implica un incumplimiento de la obligación de
informar. Por esto dijo que ante el silencio estatal la Supervisión debía continuar8.

4
Corte IDH, Caso Fontevecchia y D’Amico vs. Argentina, Supervisión de Cumplimiento de Sentencia,
Resolución de la Corte Interamericana de Derechos Humanos de 1 de septiembre de 2015, ver párrs. 93 y 94.
5
Dicha potestad surge de la propia jurisprudencia de la entidad jurisdiccional de marras, caso «Baena Ricardo
y otros vs. Panamá», y además se desprende de los dispuesto en los artículos 33, 62.1, 62.3 y 65 de la Conven-
ción Americana de Derechos Humanos, artículo 30 de su Estatuto y 69 del Reglamento.
6
Corte IDH, Caso Fontevecchia, Sentencia de 29 de noviembre de 2011, cit.
7
Señala la Corte en esta Supervisión de Cumplimiento que: «… los Estados Partes de la Convención Ameri-
cana tienen la obligación convencional de implementar tanto a nivel internacional como interno y de forma
pronta e íntegra, lo dispuesto por el Tribunal en las Sentencias que a ellos conciernan, obligación que, como lo
señala el derecho internacional consuetudinario y lo ha recordado la Corte, vincula a todos los poderes y órganos
estatales (Cfr. Caso Castillo Petruzzi vs. Perú. Resolución de 17 de noviembre de 1999, Considerando tercero; Caso
Baena Ricardo vs. Panamá. Sentencia de 28 de noviembre de 2003. Serie C No. 104, párr. 131, y Caso Masa-
cres de Río Negro y Gudiel Álvarez. Resolución de 21 de agosto de 2014, Considerando sexto) y que, de no
cumplirse, se incurre en un ilícito internacional. Al respecto, es menester añadir que siempre, según el derecho
internacional consuetudinario y lo afirmado por la Corte, al producirse un hecho ilícito atribuible a un Estado,
surge la responsabilidad internacional de este por violación de una norma internacional, dándose así origen a
una relación jurídica nueva que consiste en la obligación de reparar (Cfr. Caso Garrido y Baigorria vs. Argentina.
Sentencia de 27 de agosto de 1998. Serie C No. 39, párr. 40, y Supervisión conjunta de 11 casos vs. Guatemala.
Resolución de la Corte Interamericana de Derechos Humanos de 21 de agosto de 2014, Considerando sexto).
Tal como ha indicado la Corte (Cfr. Caso Castillo Páez vs. Perú. Sentencia de 27 de noviembre de 1998. Serie
C No. 43, párr. 50, y Caso Cruz Sánchez vs. Perú. Sentencia de 17 de abril de 2015, Serie C No. 292, párr.
451.), el artículo 63.1 de la Convención reproduce el texto de una norma consuetudinaria que constituye uno
de los principios fundamentales del derecho de la responsabilidad internacional de los Estados (Cfr. Supervisión
conjunta de 11 casos vs. Guatemala. Resolución del 21 de agosto de 2014, Considerando sexto)» Corte IDH,
Caso Fontevecchia Supervisión de Cumplimiento, Resolución de 1 de septiembre de 2015, cit., Considerando
quinto (Primera Supervisión).
8
Por ello resolvió: «1) Disponer que Argentina adopte, en definitiva y a la mayor brevedad posible, las medidas
que sean necesarias para dar efectivo y pronto cumplimiento a las reparaciones dispuestas en la Sentencia de
fondo, reparaciones y costas dictada en el presente caso, de acuerdo con lo estipulado en el artículo 68.1 de la
Convención Americana sobre Derechos Humanos, 2) Disponer que el Estado presente a la Corte Interameri-
cana de Derechos Humanos, a más tardar el 31 de marzo de 2016, un informe en el cual indique las medidas
adoptadas para cumplir con las reparaciones ordenadas por esta Corte, de conformidad con la parte conside-
rativa de esta Resolución, 3) Disponer que los representantes de las víctimas y la Comisión Interamericana de
Derechos Humanos presenten observaciones al informe del Estado mencionado en el punto resolutivo ante-
rior, en los plazos de cuatro y seis semanas, respectivamente, contados a partir de la recepción del informe, y
4) Disponer que la Secretaría de la Corte notifique la presente Resolución al Estado, a los representantes de las
víctimas y a la Comisión Interamericana de Derechos Humanos», Corte IDH, Caso Fontevecchia Supervisión
de Cumplimiento, Resolución de 1 de septiembre de 2015, cit., Resuelve, puntos 3, 4, 5 y 6.
Hitters. Control de Convencionalidad 113

3. Segunda Supervisión9
Luego, el 22 de noviembre de 2016 consideró que a esa fecha, el Estado había
acatado la mayoría de los mandatos de la sentencia de 2011, salvo: ‘a) dejar sin
efecto la condena civil a los Sres. Jorge Fontevecchia y Héctor D´Amico’ y todas
sus consecuencias (puntos dispositivo 2 de la Sentencia); y b) entregar en con-
cepto de reintegro las sumas efectivamente pagadas, las costas y gastos de la etapa
internacional10.
Por ello «mantuvo abierto el proceso de Supervisión» y no cerró el caso.

II. Contenido del Fallo de la Corte Suprema Nacional del 14 de febrero de


2017 (Caso «… Ministerio de Relaciones y Culto…»)

Para dejar perfectamente enfocada esta problemática no será ocioso llevar a cabo
una pequeña explicación de los tramos de estas actuaciones que pasaron por tres
tribunales locales, por la Comisión IDH y luego la Corte IDH. En efecto la
demanda original fue desestimada en Primera Instancia. La Cámara Nacional de
Apelaciones en lo Civil la revocó, y como consecuencia hizo lugar a la pretensión
del entonces Presidente Carlos Menem y condenó a la Revista Noticias y a los
demandados ya aludidos, fijando un monto indemnizatorio. La Corte Suprema
de la Nación, en su pronunciamiento del 25 de septiembre de 2001, ratificó la
sentencia del aquo, solo reduciendo la cuantía indemnizatoria.
Con posterioridad primero intervino la Comisión IDH y luego la Corte IDH
en su fallo de Fondo del 29 de noviembre de 2011, y en las dos Supervisiones
que ya aludimos, la primera del 1 de septiembre de 2015 y la segunda del 22 de
noviembre de 2016.
La Corte regional ordenó entre otros tópicos que se debía: «a. Dejar sin efecto la
condena civil impuesta a Jorge Fontevecchia y Héctor D´Amico, como así también
todas sus consecuencias…»11.

9
Corte IDH, Caso Fontevecchia y D’Amico vs. Argentina, Supervisión de Cumplimiento de Sentencia,
Resolución de la Corte Interamericana de Derechos Humanos de 22 de noviembre de 2016.
10
Ver párrafo 105, 117, 128 y 129 de la sentencia Corte IDH, Caso Fontevecchia y D’Amico vs. Argentina, 2011.
11
Además dispuso publicar un resumen oficial de su sentencia elaborado por la Corte Suprema, por una sola
vez, en el Diario Oficial y en un diario de amplia circulación nacional, así como publicar la sentencia completa
de la Corte Interamericana en la página del Centro de Información Judicial de la Corte Suprema; y asimismo
entregar sumas de dinero reconocidas como reintegro de los montos de condena oportunamente fijados en la
sentencia de la Corte Suprema de Justicia, como de los correspondientes a las reparaciones admitidas en su
decisión internacional (daño material, gastos derivados del trámite del proceso interno como del procedimiento
internacional).
114 Pensamiento Constitucional N° 22, 2017 / ISSN 1027-6769

Este pronunciamiento fue parcialmente acatado por el sistema doméstico, salvo


el apartado «a.», ya que el más alto tribunal de la Nación, en su fallo de 14 de
febrero de 201712 expuso, por mayoría compuesta por los jueces doctores Ricardo
Lorenzetti, Elena Highton de Nolasco, Carlos Rosenkrantz, y el voto concordante
del doctor Horacio Rosatti, y con el voto disidente del doctor Juan Carlos Maqueda,
que el cuerpo interamericano «no puede dejar sin efecto la condena civil impuesta»,
pese a que señaló que las sentencias de la Corte IDH dictadas en procesos conten-
ciosos contra el Estado argentino son, en principio, de cumplimiento obligatorio.
Empero añadió que «...Dicha obligatoriedad, sin embargo, alcanza únicamente
a las sentencias de dictadas por el tribunal internacional dentro del marco de sus
potestades remediales. En efecto, es con ese alcance que el Estado argentino se ha
obligado internacionalmente a acatar las decisiones de la Corte IDH…»13.
En definitiva la CSJN le negó a su par regional la potestad de revocar fallos domés-
ticos de la más alta jerarquía local.

A. Postura de la mayoría de la Corte Nacional


En forma estenográfica corresponde reiterar que según el más alto cuerpo jurisdic-
cional doméstico este no puede «dejar sin efecto la condena civil impuesta» habida
cuenta que la Corte IDH carece de aptitud para disponer esta orden. Señaló en
paralelo que dicho cuerpo interamericano no constituye una cuarta instancia que
revise o anule decisiones judiciales estatales dado que la jurisdicción es «subsidiaria»,
coadyuvante y complementaria14.
Adunó en paralelo que la vía de «dejar sin efecto» una sentencia pasada en autoridad
de cosa juzgada es «un mecanismo restitutivo que no se encuentra previsto en el
texto convencional». Agregando que por definición los Tribunales Internacionales
son de «competencia limitada de la manera prescrita en los instrumentos que los
han constituido».
«Dejar sin efecto» —añadió— equivale a «revocar» y que ese trámite está fuera de
la competencia convencional.
Postuló en ese sentido que el artículo 63.1 de la Convención Americana de Derechos
Humanos (CADH) no contempla este andarivel, que tampoco ha sido siquiera
imaginado —dice— en los Trabajos Preparatorios de la Convención15.

12
CSJ 368/1998, Ministerio de Relaciones Exteriores y Culto s/ informe, (cit.)
13
CSJ 368/1998, Ministerio de Relaciones Exteriores y Culto s/ informe, (cit.), Considerando 6.
14
CSJ 368/1998, Ministerio de Relaciones Exteriores y Culto s/ informe, (cit.), Considerando 8.
15
Conferencia Especializada Interamericana sobre Derechos Humanos, San José, Costa Rica 7-22 de noviembre de
1969, Actas y Documentos, Secretaría General, Organización de los Estados Americanos, Washington, D.C., OEA/
Ser.K/XVI/1.2. Cfr. CSJ 368/1998, Ministerio de Relaciones Exteriores y Culto s/ informe, (cit.), Considerando 14.
Hitters. Control de Convencionalidad 115

«Dejar sin efecto» un decisorio de la CSJN con calidad de res judicata es uno de
los supuestos en los que la restitución resulta jurídicamente imposible a la luz del
artículo 27 de la Constitución Nacional ya que dicha norma impone una «esfera
de reserva soberana»16 que se denomina «fórmula argentina», postulado este que
no ha sido modificado en la Convención Constituyente de 1994.
Antes de seguir adelante conviene alertar que lo hasta acá expresado por la mayoría
de la CSJN no resulta ser una novedad, ya que remarca en gran parte lo sostenido
por los votos disidentes de los doctores Fayt y Boggiano en los autos Arancibia
Clavel17, y repetido luego por el doctor Fayt en su voto minoritario «Espósito»18,
entre otros19.

B. Postura concurrente del juez Rosatti


Este ministro —que fue miembro de la Convención Nacional Constituyente—
se pliega a los argumentos de la mayoría, particularmente en lo que hace a la esfera
de «reserva soberana» de nuestro país, añadiendo fundamentos propios20.

16
CSJ 368/1998, Ministerio de Relaciones Exteriores y Culto s/ informe, (cit.), Considerando 16.
17
CSJN – 24/08/2004 – «Arancibia Clavel, Enrique Lautaro s/ homicidio calificado y asociación ilícita y otros
– Causa 259».
18
CSJN, E 224 - XXIX. 23 de diciembre de 2004, «Espósito, Miguel Ángel s/ incidente de prescripción de la
acción penal promovido por su defensa – Bulacio, Walter David–».
19
Con respecto al incumplimiento de los tratados en el ámbito doméstico, la argentina (CSJN. Exp.
1307/2003) fue condenada por primera vez por la Corte IDH (fallo del 28 de noviembre de 2002, «Cantos
vs. Argentina»), por violentar los artículos 1.1, 8 y 25 de la CADH. En efecto, el más alto órgano de justicia
local no dio acatamiento al pronunciamiento supranacional con respecto a unas costas producidas en el derecho
interno y a la reducción de los honorarios de los peritos y abogados intervinientes. Como respuesta de ello el
Superior Tribunal de la Argentina (en una sentencia dividida), ante el pedido del Procurador Nacional respecto
a que se cumpla el fallo interamericano (esto es reducir la paga de los emolumentos profesionales), sostuvo por
mayoría que no podía disponer lo pedido porque de esa manera se afectaría el derecho de los terceros que no
intervinieron en el pleito, y que además no podía afectarse a cosa juzgada local que había dispuesto un monto
mayor. Allí el doctor Maqueda en su voto minoritario puso de relieve que el Estado debía dar cumplimiento a
las disposiciones de la Corte Interamericana por ser obligatorias. El 26 de agosto de 2010, al Supervisar la Corte
IDH dichas actuaciones, dispuso que el Estado debía adoptar las medidas necesarias para dar cumplimiento pronto
a los puntos resolutivos pendientes de acatamiento de la sentencia regional. Esta todavía no ha sido cumplida por el
derecho interno pese a que ha habido varias actuaciones para no violentar el fallo regional.
20
Señaló el Juez Rosatti que «...a la luz de la obligación que surge del art. 68.1 de la CADH -que ha sido
suscrita por la República Argentina y goza de jerarquía constitucional (artículo 75, inciso 22 de la Constitución
Nacional), por la cual el Estado Nacional se compromete a cumplir con las decisiones de la Corte IDH en
los procesos en que ha sido parte, corresponde poner de manifiesto lo siguiente: Con relación al inciso c) del
Considerando 2, se ha informado a este Tribunal que, por intermedio del Ministerio de Relaciones Exteriores,
se encuentra en vías de cumplimiento la medida de reparación prevista en el punto 4 de la parte dispositiva del
referido fallo, hecho que da cuenta del principio de ejecución de dicho punto del pronunciamiento internacional
(véase fs. 23/24 del escrito 2869/2016; fs. 1 del escrito 3201/ 2016). Con relación al inciso b) del Considerando
2, el 22 de noviembre de 2016 la Corte IOB declaró que el Estado argentino dio cumplimiento total a la
medida de reparación ordenada en el punto 3 de su sentencia, relativa a la realización de las publicaciones del
pronunciamiento internacional y del resumen oficial en los medios allí contemplados. Cfr. CSJ 368/1998,
Ministerio de Relaciones Exteriores y Culto s/ informe, (cit.), Voto del doctor Rosatti, Considerando 4.
116 Pensamiento Constitucional N° 22, 2017 / ISSN 1027-6769

Pone de relieve en que «no se puede hacer prevalecer automáticamente y sin


escrutinio alguno el derecho internacional —sea de fuente normativa o jurispru-
dencial— sobre el ordenamiento constitucional argentino, a los cuales los Tratados
Internacionales (y con más razón la interpretación de dichos tratados) deben
ajustarse y con los cuales debe guardar conformidad»21.
Esta interpretación, agrega, es reflejo de una fuerte tradición constitucional domés-
tica, tal como supo exponer Joaquín V. González: «Un Tratado no puede tener la
supremacía de la Constitución Nacional».
Señala que frase de la Corte IDH «dejar sin efecto» debe interpretarse de manera
armónica con el ejercicio de la máxima potestad jurisdiccional instituida en el
sistema republicano constituido por el ordenamiento constitucional argentino
(artículos 1, 8 y 16), «no siendo posible concretar la revocación formal del decisorio
nacional sin violentar lo dispuesto en los artículos 27 y 75 inc. 22 de la Constitu-
ción Nacional Argentina, cláusulas por cuya observancia esta Corte debe velar»22.

C. Postura minoritaria del juez Maqueda


El ministro referido en el epígrafe —que también integró la Convención Cons-
tituyente de 1994— se pone, en alguna medida, en las antípodas de sus colegas,
entiende que los decisorios de la Corte Interamericana deben cumplirse en su
totalidad.
Por ello siguiendo a pies juntillas los fundamentos de la Corte IDH en el caso
«Fontevecchia», sostiene justamente que corresponde «dejar sin efecto» la anterior
decisión de la Corte nacional fallada con otra composición.
El doctor Maqueda coherentemente con sus opiniones anteriores, en su lúcido
voto discrepa con los jueces de la mayoría, pues siendo las sentencias del organismo
interamericano «obligatorias» y «vinculantes» en el ámbito de su competencia; no
acatarlas —dice— implica una infracción convencional (artículo 27 de la Con-
vención de Viena sobre el Derecho de los Tratados)23. Además explica que negarse
a dejarlas sin efecto, evita cuestionamientos futuros (Considerando 6).

21
CSJ 368/1998, Ministerio de Relaciones Exteriores y Culto s/ informe, (cit.), Voto del doctor Rosatti, Conside-
rando 5.
22
CSJ 368/1998, Ministerio de Relaciones Exteriores y Culto s/ informe, (cit.), Voto del doctor Rosatti, Conside-
rando 8.
23
CSJ 368/1998, Ministerio de Relaciones Exteriores y Culto s/ informe, (cit.), Voto del doctor Maqueda,
Considerandos 4 y 5.
Hitters. Control de Convencionalidad 117

III. Casos en los que la Corte IDH ha mandado a «dejar sin efecto» fallos
locales

A. Generalidades
Si bien es por demás sabido que los órganos judiciales pueden —y a veces deben—
modificar su jurisprudencia cuando resulte necesario, no lo es menos que en este
asunto la CSJN se pasó a las antípodas, concretando una doctrina que nos parece
muy endeble.
En verdad lo resuelto en «Fontevecchia» por el Tribunal del Pacto no es una novedad
ya que ha habido otros precedentes del mismo cuerpo en sentido similar.
Antes que nada —y para evitar confusiones— hay que tener bien en cuenta que
en este trabajo estamos hablando de casos en que el Tribunal de Costa Rica ha
dejado sin efecto «sentencias», pues como parece una obviedad en muchísimos
otros asuntos mandó a dejar sin efecto, «prácticas», «normas» y «leyes» violatorias
de la Convención (Ferrer Mac-Gregor, 2011, pp. 339-342; 2012, p. 163).
Vamos a traer a colación algunos asuntos sobre el particular sin pretender agotar
los casos.

B. El Caso Palamara Iribarne vs. Chile24


En el fallo citado en el epígrafe la Corte IDH determinó que los procesos llevados
a cabo en la «jurisdicción ´penal´ militar» en contra de la víctima no tuvieron las
garantías de competencia, imparcialidad e independencia necesarios en un Estado
democrático, el país «debe “dejar sin efecto” en el plazo de seis meses la sentencia
emitida por la Corte Marcial de la armada chilena por el delito de desacato»25.
Esta sentencia espeja una saga de pronunciamientos —sobre todo de México— de
ese Tribunal donde fustigó la posibilidad de que los cuerpos judiciales castrenses
juzguen a civiles por delitos comunes26.

24
Corte IDH, Caso Palamara Iribarne vs. Chile, Sentencia de 22 de noviembre de 2005. Serie C No. 135.
25
Corte IDH, Caso Palamara Iribarne vs. Chile, (cit.), párr. 253.
26
Como bien dice la jurista chilena María José Eva Parada (Chile ante el sistema interamericano, el caso
Palamara, Anuario de Derechos Humanos, Universidad de Chile, [Link], 2006) el fallo es de gran
importancia para ese país, pues entre otras cosas exige adecuar el ordenamiento interno no solo en lo que señala
con relación a las leyes de desacato, sino también en lo que respecta a la justicia militar. En ese orden de ideas la
Ley 20477 del 22 de noviembre de 2016 restringió la competencia de los Tribunales Militares de la forma aquí
indicada.
118 Pensamiento Constitucional N° 22, 2017 / ISSN 1027-6769

Importa alertar que Chile finalmente cumplió con el mandato de «dejar sin efecto
en todos sus extremos las sentencias condenatorias emitidas en contra del señor
Humberto Palamara» 27 (quien fue la víctima)28.
Sin duda que la solución aquí brindada no podía ser enfocada de otra manera, ya
que se trataba de una sentencia de un Tribunal Penal Militar totalmente incom-
petente y parcial.

C. El Caso Tristán Donoso vs. Panamá29


Otro ejemplo de esta matriz lo podemos ver en «Tristán Donoso vs. Panamá»
donde finalmente la Corte IDH condenó a «dejar sin efecto» una sentencia penal
por violentar el Pacto de San José de Costa Rica.
La víctima, Santander Tristán Donoso, trabajaba en el año 1996 como asesor legal
de una Diócesis y en paralelo como abogado litigante y defensor. En su momento
tuvo una conversación telefónica privada con su cliente que fue interceptada y
grabada subrepticiamente de donde surgiría prima facie que el procurador general
de la Nación, habría recibido en el año 1994 un dinero en calidad de donación de
dudosa procedencia. Dicho funcionario público divulgó el contenido y debido a
ello el letrado aludido finalmente fue condenado por el delito de injurias.
Ante tal situación, luego de agotar los recursos internos, patrocinado por el CEJIL
promovió la denuncia ante la Comisión Interamericana de Derechos Humanos
(Comisión IDH) que luego llegó a la Corte IDH. El Tribunal regional con fecha
21 de enero de 2009 condenó al Estado a «… dejar sin efecto la condena penal
(…) y todas las consecuencias que de ella se deriven, en el plazo de un año contado
a partir de la notificación de la presente sentencia…»30.
En cumplimiento de lo dispuesto Corte IDH, la Sala Segunda de lo Penal de la
Corte Suprema de Justicia (CCSJ) de Panamá, absolvió al mencionado letrado de los

27
Corte IDH. Caso Palamara Iribarne vs. Chile. Supervisión de Cumplimiento de Sentencia. Resolución de la
Corte Interamericana de Derechos Humanos de 1 de septiembre de 2016.
28
Véase CEJIL, Corte Interamericana de Derechos Humanos dictó resolución en relación con el caso Palamara
Iribarne vs. Chile, de 27 de agosto de 2009.
29
Corte IDH, Caso Tristán Donoso vs. Panamá, Sentencia de 27 de enero de 2009, Serie C No. 193.
30
Dijo allí: «Esta Corte ha determinado que la sanción penal emitida en contra del señor Tristán Donoso
afectó su derecho a la libertad de expresión (supra párr. 130). Por lo tanto el Tribunal dispone que, conforme a
su jurisprudencia, el Estado debe dejar sin efecto dicha sentencia en todos sus extremos, incluyendo los alcances
que esta pudiere tener respecto de terceros, a saber: a) la calificación del señor Tristán Donoso como autor del
delito de calumnia; b) la imposición de la pena de 18 meses de prisión (reemplazada por 75 días-multa); c) la
inhabilitación para el ejercicio de funciones públicas por igual término; d) la indemnización civil pendiente de
determinación; y e) la inclusión de su nombre de cualquier registro penal. Para ello, el Estado cuenta con un
plazo de un año contado a partir de la notificación de la presente Sentencia». Corte IDH, Caso Tristán Donoso
vs. Panamá, (cit.), párr. 195; ibídem Puntos Resolutivos, Disposición 14.
Hitters. Control de Convencionalidad 119

cargos como autor del delito de calumnias; y «dejó sin efecto» las penas impuestas
de dieciocho meses de prisión, la inhabilitación para el ejercicio de cargos públicos
y el pago de la indemnización civil por el daño material causado a la víctima.
Por todo ello, en la Supervisión31 del 1 de septiembre de 2010 a Corte IDH dio
por cumplido en forma total los puntos resolutivos de la Sentencia ya aludida y
«archivó las actuaciones»32.
Obsérvese que el máximo órgano de justicia de Panamá, en su Sala Segunda, acató
sin ambages lo dispuesto por la Corte regional, «dejó sin efecto» la providencia
condenatoria, «basándose exclusivamente en el mandato de la Corte IDH».

D. El Caso Kimel vs. Argentina33


Eduardo Kimel era un conocido periodista de investigación quién escribió el libro
La masacre de San Patricio, ocurrida durante la dictadura militar argentina el día
4 de julio de 1976. Allí se aludía a un asesinato de cinco religiosos de la Orden
de los Palotinos. El actor criticó la actuación de las autoridades encargadas de la
investigación y al juez en particular. El magistrado promovió una querella criminal
de la cual resultó condenado en primera instancia Kimel a un año de prisión en
suspenso y una multa de veinte mil pesos.
Resulta preciso señalar para entender en pocas líneas el trámite de estas actuaciones
que transitaron por el derecho interno, luego por la Comisión IDH y por último
en la Corte IDH.
Allí la Sala VI de la Cámara Nacional de Apelaciones en lo Criminal y Correc-
cional de la Capital Federal había absuelto en 1996 —por mayoría— al señor
Kimel. Sin embargo la Corte Suprema Nacional, también por mayoría, con fecha
22 de diciembre de 199834, revocó la sentencia absolutoria de segunda instancia
y remitió la causa a la Cámara Nacional de Apelaciones en lo Criminal para que
dictara una nueva sentencia. El máximo órgano jurisdiccional nacional considero
que la decisión había sido arbitraria.
Después el 17 de marzo de 1999 la Sala IV siguiendo los lineamientos de la Corte
doméstica confirmó parcialmente la decisión condenatoria de primera instancia en
lo que respecta a las penas, pero en vez de sentenciar al señor Kimel por injurias,
entendió que se había configurado el delito de calumnias.

31
Corte IDH. Caso Tristán Donoso vs. Panamá. Supervisión de Cumplimiento de Sentencia. Resolución de la
Corte Interamericana de Derechos Humanos 1 de septiembre de 2010.
32
Con fecha 1 de septiembre de 2010.
33
Corte IDH, Caso Kimel vs. Argentina, Sentencia de 2 de mayo de 2008, Serie C No. 177.
34
CSJN Fallos 321-3596.
120 Pensamiento Constitucional N° 22, 2017 / ISSN 1027-6769

Contra la providencia de alzada el afectado interpuso un recurso extraordinario


ante la Corte Suprema Nacional que fue rechazado, lo mismo que una queja que
también fue desestimada, por lo que la condena quedó firme en el campo argentino
el 14 de septiembre de 2000.
Ya en la instancia supranacional el Tribunal interamericano el 2 de mayo de 2008
concluyó, entre otros temas, que el Estado debe «dejar sin efecto» la condena penal
impuesta a Kimel y todas las consecuencias que de ella se deriven, en el plazo de
seis meses a partir de la notificación de la sentencia.
Luego —y otra vez al ámbito doméstico—, el pronunciamiento de la Sala IV
aludido fue atacado por vía del recurso de revisión, y resuelto el 10 de noviembre
de 201135, el que se apontocó en dos pilares: 1) el fallo de la Corte IDH que había
mandado dejar sin efecto la sentencia; y 2) que la modificación legal dispuesta por
la Ley argentina 26.55136 de los tipos penales en las que se basó la postura conde-
natoria, habilita el recurso de revisión (artículo 479 inciso 5 del Código Procesal
Penal). Ante dicha petición el fiscal general y la Secretaría de Derechos Humanos
de la Nación, en su calidad de «Amigo del Tribunal» aceptaron que se haga lugar
al recurso de revisión.
En base a ello dicha Sala de la Cámara Nacional de Casación Penal, y basándose
más en la modificación legislativa que en el fallo de la Corte IDH hizo lugar al
recurso de revisión y dejó sin efecto el pronunciamiento condenatorio «acatando
de ese modo el decisorio interamericano del 2 de mayo de 2008».
Finalmente la Corte IDH luego de tres Supervisiones declaró que el Estado argen-
tino ha dado total cumplimiento a la obligación de «dejar sin efecto» la condena
penal por lo que decidió archivar el expediente37.

35
Causa 13.272, Fallo de la Sala III, C.N. P. «Kimel, Eduardo Gabriel sobre recurso de revisión» registro
17/08/2011.
36
Cabe enfatizar que como consecuencia del tránsito supranacional del caso Kimel se sancionó el 18 de
noviembre de 2009 la Ley 26.551, que modificó parcialmente el Código Penal del país. Por el artículo 1 de
dicha norma legislativa se sustituyó el artículo 109 por el siguiente texto: «la calumnia o falsa imputación a
una persona física determinada de la comisión de un delito concreto y circunstanciado que dé lugar a la acción
pública, será reprimida por multa de pesos tres mil ($ 3.000) a pesos treinta mil ($ 30.000). En ningún caso
configurarán delito de calumnia las expresiones referidas a asuntos de interés público o las cuales no sean
asertivas». El artículo 2 de dicha ley modificó el artículo 110 del siguiente modo: «el que intencionalmente
deshonrare o desacreditare a una persona física determinada será reprimido con multa de pesos mil quinientos
($ 1.500) a pesos veinte mil ($ 20.000). En ningún caso configurarán delito de injurias las expresiones referidas
a asuntos de interés público o las que no sean asertivas tampoco configurarán delito de injurias los calificativos
lesivos del honor cuando guardas en relación con un asunto de interés público».
37
El pronunciamiento fue el siguiente: «…Declara que: El Estado ha dado cumplimiento total a la obligación
de dejar sin efecto la condena penal impuesta al señor Kimel y todas las consecuencias que de ella se deriven
(punto resolutivo séptimo de la Sentencia), de conformidad con lo señalado en los Considerandos noveno a
décimo tercero de la presente Resolución. Y Resuelve: 1. Dar por concluido el caso Kimel, dado que la República
Argentina ha dado cumplimiento íntegro a lo dispuesto en la Sentencia emitida por la Corte Interamericana
Hitters. Control de Convencionalidad 121

Se advierte aquí que el Poder Judicial doméstico, por vía indirecta (a través del
recurso de revisión) «dejó sin efecto» una sentencia local, que esta vez no había
sido dictada por la Corte Suprema, sino por un Tribunal inferior.

E. El Caso Bueno Alvez vs. Argentina38


En el caso aludido en el epígrafe, tramitado durante la época democrática en
Argentina (1988), fue detenido Bueno Alvez quien denunció casos de tortura.
Como consecuencia de ello se condenó a René Jesús Derecho, por el delito de
torturas de las que había resultado víctima también Pérez Galindo, siendo el caso
sobreseído por el Tribunal Supremo Argentino como consecuencia de haberse
declarado extinguida la acción penal por prescripción39.
Contra el fallo, y en las mismas actuaciones, el señor Pérez Galindo —como que-
rellante— dedujo un recurso de aclaratoria, vía que fue recalificada por la Corte
Suprema como «recurso de revocatoria». Este cuerpo hizo lugar a tal planteo —por
mayoría—40 citando expresamente las consideraciones expuestas en el precedente
«Espósito»41. En consecuencia, sin más argumentación que la referencia al caso
Bulacio, le dio cabida a la revocatoria, «dejando sin efecto el fallo de la propia
Corte» y devolviendo las actuaciones al Tribunal de origen42.

F. El Caso Herrero Ulloa vs. Costa Rica


El caso Herrera Ulloa43 tiene una gran similitud con el asunto «Fontevecchia».
Mauricio Herrera Ulloa fue condenado por vía penal y civil en el derecho interno
costarricense a raíz de varias publicaciones. Se trató de un periodista que trabajaba
en el diario local La Nación que publicó, en su momento, un grupo de artículos

de Derechos Humanos el 2 de mayo de 2008.2. Archivar el expediente del presente caso. 3. Comunicar esta
Resolución a la Asamblea General de la Organización de los Estados Americanos por conducto del Informe
Anual de la Corte Interamericana de Derechos Humanos del año 2013. 4. Que la Secretaría de la Corte Intera-
mericana de Derechos Humanos notifique la presente Resolución a la República Argentina, a los representantes
de los familiares de la víctima y a la Comisión Interamericana de Derechos Humanos…» Corte IDH, Caso
Kimel vs. Argentina, Supervisión de Cumplimiento de Sentencia, Resolución de la Corte Interamericana de
Derechos Humanos de 5 de febrero de 2013.
38
Corte IDH, Caso Bueno Alves vs. Argentina, Sentencia de 11 de mayo de 2007, Serie C No. 164.
39
Corte Suprema de Justicia de la Nación, Derecho, René Jesús s/ incidente de prescripción de la acción penal
—causa 24.079-. D. 1682. XL. Sentencia 29 de noviembre de 2011.
40
Con los sufragios de los Jueces: Highton de Nolasco, Petracchi, Zaffaroni y Maqueda según su voto, y con
las disidencias de los jueces Fayt y Argibay quienes propusieron hacer lugar a la prescripción.
41
CSJN. Caso «Espósito», año 2004. Fallos: 327:5668.
42
La Corte IDH en su Supervisión de Sentencia del 5 de julio de 2011, dispuso entre otras cosas realizar las
debidas investigaciones para determinar las correspondientes responsabilidades por los hechos de este caso y
aplicar las consecuencias que la ley prevea (punto 3.b).
43
Corte IDH, Caso Herrera Ulloa vs. Costa Rica, Sentencia de 2 de julio de 2004, Serie C No. 107.
122 Pensamiento Constitucional N° 22, 2017 / ISSN 1027-6769

en los cuales denunciaba por diversas conductas ilícitas a un funcionario, Félix


Przedborski, que representaba a dicha nación ante un organismo supranacional,
la Organización Internacional de Energía Atómica (Euraton).
Este último incoo en mayo de 1995 dos querellas por «delitos de difamación,
calumnias y publicaciones ofensas». Herrera Ulloa finalmente fue condenado por
el máximo tribunal de justicia del país, lo mismo que a la empresa periodística
donde trabajaba.
Posteriormente la Corte IDH sancionó al Estado de marras considerando que
en el territorio aludido no estaba prevista la doble instancia en materia penal, de
conformidad con el artículo 8.2.h del Pacto de San José de Costa Rica, y existiendo
otras irregularidades al debido proceso legal. Sostuvo que se debía dejar sin efecto
en todos los extremos la sentencia penal condenatoria.
En la Supervisión de Sentencia del 22 de noviembre de 2010, la Corte IDH señaló
que Costa Rica cumplió a cabalidad con el fallo.
Adviértase que en este asunto en el derecho interno en lugar de «anular» literal-
mente la decisión condenatoria y sus consecuencias; el Estado acató las órdenes
de la siguiente manera: 1- Por medio del Juzgado Contencioso Administrativo
ordenó la cancelación de los intereses, etc., y 2- En cuanto a las costas, a través de
un Tribunal Constitucional Administrativo puso a disposición del diario La Nación
los fondos pertinentes44.
No va a resultar ocioso puntualizar que a causa de ello ese cuerpo judicial intera-
mericano dio por cerrado el caso y archivó las actuaciones45.

44
Sobre el particular dijo el Tribunal «…Con respecto a la obligación de dejar sin efecto, en todos sus
extremos, la sentencia emitida el 12 de noviembre de 1999 por el Tribunal Penal del Primer Circuito Judicial
de San José (punto resolutivo cuarto de la Sentencia), el Estado informó lo siguiente: a) sobre la suma adeudada
por intereses, el Juzgado Contencioso Administrativo y Civil de Hacienda aprobó, mediante resolución de 8 de
septiembre de 2009, la cancelación de intereses legales y moratorios por un monto de ¢8.447.457,44 colones,
el cual fue depositado a favor de La Nación el 13 de noviembre de 2009, y b) en cuanto al monto adeudado por
costas personales, el Tribunal Contencioso Administrativo, Sección Primera del Segundo Circuito Judicial de
San José, aprobó por medio de resolución de 23 de febrero de 2010 la suma de ¢422.372,87 colones, la cual ´se
encuentra a disposición de la empresa para ser girada contra el fondo de costas que el Estado mantiene para este
fin´. Asimismo, señaló que ha solicitado la gestión de los trámites correspondientes para que dicho monto sea
depositado en la cuenta bancaria de la empresa. Por lo anterior, el Estado consideró que ‘ha satisfecho las obliga-
ciones derivadas de la Sentencia de 2 de julio de 2004, motivo por el cual solicitó que se declare el cumplimiento
definitivo en este aspecto´», Corte IDH, Caso Herrera Ulloa vs. Costa Rica, Supervisión de Cumplimiento de
Sentencia, Resolución de la Corte Interamericana de Derechos Humanos de 22 de noviembre de 2010, párr. 7.
45
En tal sentido resolvió: «…1. Dar por concluido el caso Herrera Ulloa, dado que la República de Costa
Rica ha dado cumplimiento íntegro a lo ordenado en la Sentencia emitida por la Corte Interamericana de
Derechos Humanos el 2 de julio de 2004; 2. Archivar el expediente del presente caso; 3. Comunicar esta
Resolución a la Asamblea General de la Organización de los Estados Americanos en su próximo período ordi-
nario de sesiones por conducto del Informe Anual de la Corte Interamericana de Derechos Humanos del año
2010; y 4. Requerir a la Secretaría de la Corte Interamericana de Derechos Humanos que notifique la presente
Hitters. Control de Convencionalidad 123

Obsérvese que ni el Estado en general, ni el Poder Judicial en particular hicieron


objeciones algunas a la posibilidad de «dejar sin efecto» fallos domésticos, no
se cuestionó entonces —como hizo la CSJN Argentina— las potestades del
órgano regional.
De paso debemos tener presente que no fue el Tribunal Superior el que cumplió
el fallo, sino otros órganos del ámbito doméstico.

IV. Es posible dejar sin efecto fallos domésticos

Argumentos del fallo argentino comentado


Como anticipamos el pronunciamiento bajo análisis si bien implicó un tratamiento
meduloso de la cuestión que venimos enfocando, consideramos que la mayoría se
ha apegado demasiado al «dualismo», minimizando de algún modo las potestades
de la Corte IDH en lo que tiene que ver con los artículos 62 incisos 3 y 68 de la
CADH. Fluye de la postura mayoritaria que si bien los pronunciamientos de ese
órgano jurisdiccional regional son obligatorios, «no pueden ordenarle a la más alta
jerarquía judicial doméstica, cazar, anular o dejar sin efecto sentencias».
Lo que importa aquí no es tanto el incumplimiento de la CSJN, sino «los principios
que fijó el fallo»; que puede significar un paso atrás para la Argentina en el ámbito
de los derechos humanos y en el control de convencionalidad (Hitters, 2015).
Se parte del artículo 27 de la Constitución Nacional, que señala que los Tratados
con las potencias extranjeras «deben estar en conformidad con los principios de
derecho público establecidos por la Carta Magna». Parece surgir de ese postulado
un debate que todavía continúa sobre la prioridad de la Constitución con respecto
a los Tratados Internacionales y viceversa. Por ello el pronunciamiento de marras
parte de la idea de que la jurisdicción supranacional tiene una esencia «subsidiaria»
y que nuestro tribunal «supremo» nacional por su carácter de tal, «no puede recibir
órdenes del cuerpo jurisdiccional interamericano».
Lo que debe quedar bien en claro es que los fallos de la Corte IDH tienen como
fuentes el ius cogens (la costumbre internacional), y los Tratados sobre Derechos
Humanos, que como vemos son de distinta esencia que los Tratados entre dos
Estados.
De allí que según nuestra posición el artículo 27 de la Constitución Nacional obvia-
mente no tuvo en miras —considerando la época— los Tratados sobre Derechos

Resolución a la República de Costa Rica, a la Comisión Interamericana de Derechos Humanos y a los repre-
sentantes de la víctima», Corte IDH, Caso Herrera Ulloa vs. Costa Rica, Supervisión de Cumplimiento de
Sentencia, 22 de noviembre de 2010, cit., puntos resolutivos.
124 Pensamiento Constitucional N° 22, 2017 / ISSN 1027-6769

Humanos que implican «una cesión parcial de la soberanía» cuando el Estado se


adhiere a ellos; porque la Corte IDH no es un Tribunal extranjero, sino que forma
una soldadura indestructible entre el derecho interno y el derecho internacional.
Siendo ello así puede ser que la Corte IDH haya utilizado en varias oportunidades
la frase «dejar sin efecto» de manera no muy feliz en su aspecto terminológico ya
que en lugar de sostener ello pudo decir que el derecho doméstico se adapte a la
Convención, sin aludir a esa expresión («dejar sin efecto») que lleva a posturas
ríspidas en el campo local. Por ello pensamos que en el futuro debería adaptarse
esta fraseología sin mutar su esencia.
Lo cierto es que las cuestiones sub examine llegan al Tribunal Supremo argentino vía
un oficio de la Cancillería (Dirección General de Derechos Humanos) para que ese
cuerpo «…cumpla en lo que corresponda y de conformidad con su competencia,
con la sentencia publicada por la Corte Interamericana...» (párr. 4).
Recuérdese que la Corte IDH había dispuesto: «a- dejar sin efecto la condena civil
así como todas sus consecuencias; b- publicar un resumen oficial de la sentencia;
y c- entregar las sumas reconocidas en dicho fallo».
Uno de los puntos nucleares del fallo analizado «es que el cuerpo interamericano
no tiene competencia para ordenar a los órganos jurisdiccionales de la más alta
jerarquía del derecho interno ´dejar sin efecto´ sus sentencias», y otro de los argu-
mentos basilares radica —según la mayoría (Considerando 16)— en que «dejar sin
efecto» una sentencia pasada en autoridad de cosa juzgada es uno de los supuestos
en los que la restitución «resulta jurídicamente imposible a la luz de los principios
centrales del derecho público argentino».
Entre esos postulados inconmovibles se halla —dice el pronunciamiento— el
«carácter de órgano supremo» de la Corte de Justicia de la Nación. De ahí entonces
que según esta opinión —que no compartimos— el mismo no puede recibir
«órdenes» internacionales; se trata de una «esfera de reserva soberana» (artículo 27
Constitución Nacional) a la cual los Tratados Internacionales deben ajustarse. Esta
pauta es totalmente ratificada por el ministro Rosatti46 (Considerandos 4, 5 y 6).
Parece fácil deducir de lo antes contextualizado, que los fundamentos de la mayoría
sumados a los del juez Rosatti se apontocan en alguna medida en la disidencia del
46
Sostiene este ministro —citando a Joaquín V. González— que un Tratado no puede alterar la supremacía de la
Constitución Nacional, por ejemplo, cambiando la forma de gobierno, suprimiendo una provincia, ni suprimir
o disminuir en forma alguna las garantías constitucionales creadas para hacerlos efectivos «… en cuanto a la
Constitución Nacional sea lo que es, el artículo 27 tiene para la Nación significado singular en el derecho inter-
nacional» (cita textual de Joaquín V. González).
Hitters. Control de Convencionalidad 125

doctor Fayt en el caso Espósito47 (Considerando 13) que a su vez venían instalados
en Arancibia Clavel48. Es decir que el ex Ministro supremo enlaza los argumentos de
«Arancibia Clavel» y de «Espósito» que en definitiva —eso creemos— florecen en
el asunto «Ministerio de Relaciones Exteriores» (Fontevecchia) aquí comentado49.
Sin perjuicio de que el doctor Rosatti pone énfasis en sostener que los Tratados
internacionales están en una escala inferior a la Constitución Nacional, por lo que
deduce que no puede cumplirse la orden de la Corte IDH de «dejar sin efecto»
el fallo de la Corte Nacional del 2011. Aclara —y en esto estamos totalmente de
acuerdo— (en el Considerando 8 de su voto), que en un contexto de «diálogo
jurisprudencial» debe procurarse mantener la convergencia decisional entre los
organismos con competencia para dirimir conflictos en los ámbitos nacional e
internacional «reconociendo a la Corte Interamericana de Derechos Humanos
como último intérprete de la CADH (artículo 62, puntos I y III CADH)» y a la
Corte Suprema de Justicia de la Nación como último intérprete de la Constitución
Nacional Argentina (artículos 116 y 117 de la Constitución Nacional)». Por ello
concluye en que la sentencia Fontevecchia está «prácticamente cumplida»50, lo
único que no es posible es revocar —aduna— el decisorio nacional.
En síntesis de los basamentos centrales del fallo mayoritario podemos llegar a las
siguientes conclusiones: 1- no es competencia de la Corte Interamericana «dejar sin
efecto» un fallo de la más alta autoridad judicial del país; 2- tal mecanismo restitu-
tivo no está contemplado en el artículo 63.1 de la CADH, ni siquiera fue pensado
en los trabajos preparatorios de la Convención Americana; 3- la competencia de
la Corte del Pacto está «limitada» sobre la base del principio de subsidiariedad.
Esta comprensión —dice la CSJN— está abrazada enfáticamente por el Tribunal
Europeo de Derechos Humanos en sus doctrinas del «margen de apreciación
nacional»; 4- el cimero tribunal regional no revisa los pronunciamientos domésticos;
5- dejar sin efecto equivaldría a «revocar»; 6- la integrum restitutio —el remedio
restitutivo— vista por la Corte IDH como forma de reparación, solo funciona
47
Dijo allí que «… el artículo 27 de la Constitución Nacional debe ser ponderado como una norma de
inestimable valor para la soberanía de un país, en particular, frente al estado de las relaciones actuales entre los
integrantes de la comunidad internacional. Por ello, la interpretación propiciada preserva —ante las marcadas
asimetrías económicas y sociales que pueden presentar los Estados signatarios de un mismo Tratado—, el avance
de los más poderosos sobre los asuntos internos de los más débiles; en suma, aventa la desnaturalización de las
bases mismas del Derecho Internacional contemporáneo pues procura evitar que detrás de un aparente huma-
nismo jurídico se permitan ejercicios coloniales de extensión de la soberanía» aquí cita su disidencia en el caso
«Arancibia Clavel, Considerando 16».
48
CSJN. Arancibia Clavel, Enrique Lautaro s/ homicidio y asociación ilícita —causa 259—, sentencia del 8
de marzo de 2005.
49
Repárese, y esto creemos que es de gran importancia, que en ambos expedientes donde vota el doctor Fayt
en disidencia se tratan cuestiones «penales», mientras que aquí estamos haciendo referencia a asuntos «civiles».
50
En esto —como veremos—, no estamos de acuerdo.
126 Pensamiento Constitucional N° 22, 2017 / ISSN 1027-6769

cuando es posible llevarla a cabo, ya que por ejemplo si la víctima muere hay que
elegir otra vía de reparación; 7- la cualidad de «órgano supremo» de la CSJN forma
parte de los principios de derecho público a los que hace referencia el artículo 27
de la Constitución Nacional. El constituyente —añade— ha consagrado en la
citada norma51, una esfera de reserva soberana, a la cual los tratados internacionales
deben ajustarse. Por ello no es posible hacer prevalecer automáticamente —sin
escrutinio alguno—, el derecho internacional sobre la Carta Magna; 8- la CSJN
no niega obligatoriedad al pronunciamiento del tribunal internacional, solo que
en este caso carece de competencia; 9- por último, tanto la mayoría como el voto
coincidente del doctor Rosatti, entienden que la cuestión debe resolverse en un
contexto de diálogo jurisprudencial partiendo de la base —para dirimir conflictos
en los ámbitos nacional e internacional—, que la Corte IDH es el último intér-
prete de la CADH (artículo 62, puntos 1 y 3 CADH), y que la CSJN es el último
intérprete de la Constitución Nacional (artículos 116 y 117).

V. Réplica

A. Tratados clásicos y Tratados sobre derechos humanos


Antes que nada conviene repetir que no coincidimos con todos los argumentos del
pronunciamiento local de la mayoría, pues los principios de derecho público, a los
que según el mismo deben conformarse los Tratados, que no fueron pensados para
esta época donde imperan los «Tratados sobre Derechos Humanos», sin perjuicio
—claro está— de lo dispuesto en la Reforma de 1994, esencialmente en el artículo
75 inciso 22 de ese ordenamiento que obviamente los tuvo en cuenta.
Es importante hacer una marcada dicotomía entre los Tratados clásicos, y los que
reglamentan internacionalmente los Derechos Humanos, aunque se aprecian
notables diferencias entre los tradicionales y los atinentes a las libertades del
hombre. En efecto, estos tienen un contenido que apunta a una garantía mínima
cuyo desarrollo progresivo casi siempre se prevé; además no están restringidos por
la contraposición del interés de los signatarios, ni rige para ellos el principio de
reciprocidad entre los derechos y obligaciones contraídas. En este tipo de instru-
mentos el destinatario es el ser humano; y los Estados en estos casos no tienen un
interés propio, puesto que apuntan a mantener las prerrogativas del ser humano.
Por otra parte la mayoría de ellos crea para los gobiernos obligaciones erga omnes,
y además no se aplican las reglas generales sobre «reservas», que imperan para los
tratados clásicos (Hitters, 2015, cap. XI, p. 108).

51
Citando a Joaquín V. González, como ya vimos.
Hitters. Control de Convencionalidad 127

Digamos que el «objeto y fin» de los documentos abordados en este apartado, son
los derechos fundamentales del hombre, y «no quedan sin efecto» —como los
otros— en caso de incumplimiento de las partes. Uno de sus rasgos definidores
es que se le reconoce al individuo la calidad de sujeto de derecho internacional.
Siendo ello así, fácil es colegir que cuando el voto mayoritario habla de la «fórmula
argentina, de la reserva de soberanía, y de los tratados que estén en conformidad
con los principios del derecho público argentino» establecidos en el artículo 27
de la Constitución Nacional (Considerandos 16, 17 y 18), creemos que el razo-
namiento no se autoabastece ya que existe una notable diferencia entre aquellos
tratados y los que regulan los derechos humanos ya aludidos.
En efecto la Carta Magna de 1853-1860 aludía a los Tratados de paz y comercio
de aquel momento que nada tienen que ver con las Convenciones internacionales
tuitivas de las potestades y libertades del hombre52.

B. Kompetenz kompetenz
El fallo de la CSJN considera que la entidad judicial Interamericana no tiene
«competencia» para dejar sin efecto sentencias domésticas que han pasado en
autoridad de cosa juzgada.
Sin embargo como se infiere de un postulado clásico del derecho procesal, es el
cuerpo de la más alta jerarquía judicial quien «tiene la aptitud de juzgar sobre su
propia competencia».
Si bien es cierto que la Conferencia Especializada53 eliminó la potestad que surgía
del artículo 51 del Proyecto de la Comisión (a diferencia de su homónima europea54
que la contempló), la Convención Americana nada dijo sobre esta temática, aunque
de su contexto se infiere tal posibilidad, por ser la Corte IDH el único órgano
jurisdiccional del modelo regional. Además —como expresa Buergenthal— tal
laguna fácilmente puede llenarse sosteniendo que es regla del derecho internacional
generalmente reconocido, que es incumbencia del más alto cuerpo de justicia

52
En este sentido sostiene con acierto Midón que aquel precepto aludía a los Tratados de paz y comercio
propios de ese contexto histórico «…paz en cuanto antítesis de guerra y comercio en la más pura acepción de
compraventa de mercancías», Midón, Mario, El alzamiento de la corte ante una sentencia de la CIDH (citado por
Gil Domínguez, Andrés, Estado constitucional y convencional de derecho y control de convencionalidad, La
Ley, Boletín del 3/4/2017).
53
Conferencia Especializada Interamericana sobre Derechos Humanos, Secretaría General, Organización de
los Estados Americanos, OE/Ser.K/XVI/1.2., San José, Costa Rica, 7-22 de noviembre de 1969. Véase Hitters,
2015, capítulo XI, p. 108.
54
El artículo 49 del Convenio de Roma dice: «En caso de que sea discutida la competencia del Tribunal, este
decidirá sobre la misma». Tal criterio había sido instalado por el Estatuto de la Corte Internacional de Justicia
(Buergenthal, 1980, p. 121)
128 Pensamiento Constitucional N° 22, 2017 / ISSN 1027-6769

sentenciar sobre su propia competencia, lo que los alemanes llaman kompetenz


kompetenz. Es que decidir esto, al igual que interpretar el Estatuto y el Reglamento
que rigen su organización y funciones, constituye una atribución esencial de «la
independencia que debe poseer todo órgano convencional».
Así lo ha hecho presente la Corte IDH al parar mientes en que, como todo cuerpo
con funciones jurisdiccionales, tiene el poder inherente a sus atribuciones de deter-
minar el alcance de su propia competencia, ya que el reconocimiento de la misma
por el Estado presupone la admisión del derecho del Tribunal a resolver cualquier
controversia relativa a su jurisdicción, de acuerdo con lo dispuesto en el artículo
62.1 de la Convención Americana55. En tal sentido, ha considerado que no puede
dejar a la voluntad de los países la determinación de cuáles hechos se encuentran
excluidos de su competencia56.
De ello fácilmente cabe colegir que cualquiera sea el argumento de la Corte argen-
tina, la potestad de decidir la competencia de la interamericana es exclusiva del
Tribunal con asiento en Costa Rica57.

C. Vuelta al dualismo
Desde otro punto de vista, como bien señalan algunos autores al no darle a los
Tratados internacionales la verdadera jerarquía constitucional que poseen se
vuelve a la teoría dualista (Abramovich, 2017) —por oposición a la monista—
apareciendo generalmente una serie de conflictos entre ambos modelos en rela-
ción con la «autonomía» de cada uno y con la «prioridad» o «prelación» que le
corresponde.

55
Corte IDH, casos: Baena Ricardo, sentencia de 28 de noviembre de 2003, cit., párr. 68; del Tribunal Cons-
titucional, sentencia de 24 de septiembre de 1999, párr. 33; Ivcher Bronstein, sentencia de 24 de septiembre de
1999, párr. 34; Niñas Yean y Bosico, sentencia de 8 de septiembre de 2005, párr. 78; de las Hermanas Serrano
Cruz, sentencia de 23 de noviembre de 2004, párr. 74; Almonacid Arellano, sentencia de 26 de septiembre de
2006, párr. 45, García Prieto, sentencia de 20 de noviembre de 2007, párr. 41, Radilla Pacheco, sentencia de 23
de noviembre de 2009, párr. 14.
56
Aplicación de esta potestad se observa en el caso Vélez Loor, en el que se había cuestionado la competencia de
la Corte IDH para conocer de violaciones a la Convención contra la Tortura. Por ello expresó allí que «Si bien
el artículo 8 de la Convención contra la Tortura (Este precepto dispone respecto a la competencia para aplicarla
que «una vez agotado el ordenamiento jurídico interno del respectivo Estado y los recursos que este prevé, el caso
podrá ser sometido a instancias internacionales cuya competencia haya sido aceptada por ese Estado» al que se
atribuye la violación de dicho tratado) no menciona explícitamente a la Corte Interamericana, este Tribunal se
ha referido a su propia competencia para interpretar y aplicar dicha Convención, en base a un medio de inter-
pretación complementario, como son los trabajos preparatorios, ante la posible ambigüedad de la disposición»,
Corte IDH, casos Vélez Loor vs. Panamá, cit., párr. 33; y González y otras («Campo Algodonero»), cit., párr. 51.
57
Desde esta vertiente ha dicho el profesor Nogueira Alcalá que en Chile las reglas derivadas de la Convención
Americana son normas internacionales incorporadas al derecho interno por lo cual deben ser aplicadas por la
jurisdicción local como fuente del ordenamiento jurídico del país, además de ser normas internacionales cuyo
intérprete supremo es la Corte de San José. Nogueira Alcalá (2006, pp. 363-364)..
Hitters. Control de Convencionalidad 129

D. El principio de subsidiariedad
Sostiene el voto mayoritario, en el asunto comentado, que impera en el modelo
regional el «principio de subsidiariedad», criterio que compartimos ampliamente
(Considerando 8). Pero de ello no puede inferirse de ninguna manera que en
el sector nacional es posible resolver los juicios sin acatar los Pactos Internacio-
nales sobre Derechos Humanos y la jurisprudencia de la Corte Interamericana
(Hitters, 2007, pp. 208 y ss.).
La premisa de la CADH es que los países deben concluir sus problemas dentro
de sus fronteras, «pero a sabiendas de que si se equivocan, las actuaciones pueden
llegar —vía la Comisión IDH— a la propia Corte que es —como varias veces
dijimos— el último y más genuino intérprete de los tratados a los que el país se
ha plegado58.
Cuando la el Tribunal cimero nacional en el voto del doctor Rosatti hace referencia
al «diálogo» pensamos que una de las formas más contundentes para lograrlo es
«armonizando» el derecho nacional y el internacional de los derechos humanos
a través de lo que se ha dado en llamar «cláusula de interpretación conforme»59
(artículos 27, 75 incisos 22 y 108 de la Constitución Nacional y artículo 27 de
la CADH).
En síntesis el principio de subsidiariedad tiene en miras que en el ámbito doméstico
se concluyen los pleitos (artículo 46.1 CADH), el Tribunal regional solo interviene
—y con amplias potestades— cuando no se han respetado las convenciones.
Bajo esta hermenéutica, si bien el fallo analizado habla de «diálogo», no debería
haber concluido en que los pronunciamientos de la corte local «no pueden ser
dejados sin efecto por el Tribunal interamericano».

58
Al respecto, debe recordarse, como lo ha establecido el mencionado cuerpo regional que «el Estado ´es el
principal garante de los derechos humanos de la personas, de manera que, si se produce un acto violatorio de
dichos derechos, es el propio Estado quien tiene el deber de resolver el asunto a nivel interno […], antes de
tener que responder ante instancias internacionales como el Sistema Interamericano, lo cual deriva del carácter
subsidiario que reviste el proceso internacional frente a los sistemas nacionales de garantías de los derechos
humanos´» (Conf. Corte IDH, Caso Acevedo Jaramillo y otros vs. Perú, Sentencia de 7 de febrero de 2006,
Serie C No. 144, párr. 66), Corte IDH, Caso Brewer-Carías vs. Venezuela, Sentencia de 26 de mayo de 2014.
Serie C No. 278, Voto Conjunto Disidente los Jueces Manuel E. Ventura Robles y Eduardo Ferrer Mac-Gregor
Poisot, párr. 63.
59
La misma consiste en una técnica hermenéutica por medio de la cual las reglas contenidas en las Cartas
Magnas locales son «armonizadas» con los postulados y principios que surgen de los tratados de derechos
humanos. Hablamos de Tratados constitucionalizados.
130 Pensamiento Constitucional N° 22, 2017 / ISSN 1027-6769

E. Margen de apreciación nacional


El fundamento del «margen de apreciación nacional» utilizado por la mayoría nos
parece que no puede llegar a resultados tan contundentes. Tiene límites y juega a
fondo, solo cuando no hay jurisprudencia de la Corte IDH sobre el tema.
La CSJN señala que el tribunal interamericano no posee carácter de órgano de
casación o de apelación, citando en esto un fallo del tribunal regional «Genie
Lacayo»60. De esa manera liga los conceptos de «margen de apreciación nacional»
con el de «subsidiariedad» (Considerando 10) (Díaz Crego, 2011), deduciendo que
la Corte IDH no posee el poder de dejar sin efecto la sentencia de la causa en cues-
tión porque esto significaría inmiscuirse en el derecho interno (Considerando 11).
Uno de los temas más complicados de esta problemática es saber «cuál es el margen y
qué amplitud tiene»61. Tal figura ha sido utilizada —dice nuestra Corte Nacional—
por el Tribunal Europeo de Derechos Humanos62. La podemos definir como una
especie de «deferencia» del cuerpo supranacional hacia las autoridades locales, para
que sean estas las que fallen en determinadas cuestiones, con independencia de los
organismos que imponen los tratados internacionales. Ello se da en aquellas hipó-
tesis en las que el cuerpo jurisdiccional internacional «considera» que los judiciales
internos están en mejores condiciones para fallar el asunto.
Por eso pensamos que el campo se «achica» cuando existen criterios o estándares
establecidos por la Corte IDH (García Ramírez, 2011).
De todos modos lo cierto es que tal cual ya lo expresamos, sería conveniente
«flexibilizar» en lo posible esa posición que impone la supremacía convencional o
interpretación jerárquica, por el «principio de la coordinación» entre los sistemas
nacionales e internacionales y viceversa (Carpizo, 2013, pp. 939-971), esto es lo
que ha dado en llamarse Diálogo jurisprudencial entre justicia local y la interna-
cional (Nogueira Alcalá, 2013).
Un ejemplo que ha dado la Corte interamericana sobre la aplicación del margen
de apreciación nacional fue en el caso Castañeda Gutman vs. México63, donde
«permitió» que la Dirección del Gobierno y su actividad democrática interior
sea competencia exclusiva del Estado mexicano, en ciertos temas electorales
(Carpizo, 2013).

60
Corte IDH, Caso Genie Lacayo vs. Nicaragua, Sentencia de 29 de enero de 1997, Serie C No. 30.
61
Como vimos esta es la teoría que manejó el doctor Fayt en sus votos de Simón, Mazzeo y Bulacio, entre
otros.
62
Aunque en puridad de verdad fue la Ex Comisión Europea de Derechos Humanos la que hizo expresa refe-
rencia a tal corriente, hundiendo sus raíces en la idea del marge d´appréciation aplicada por el Consejo de Estado
Francés. Díaz Crego (2011).
63
Sentencia de 6 de agosto de 2008.
Hitters. Control de Convencionalidad 131

Sin embargo en asuntos como el caso «Gelman vs. Uruguay»64 el cuerpo regional
de marras le negó a la Suprema Corte65 de ese país la posibilidad de poner en juego
el margen de apreciación nacional. Ello ocurrió cuando el Tribunal interameri-
cano se ocupó del problema en la Supervisión de Cumplimiento de Sentencia66,
sosteniendo que ese país debía acatar el fallo dictado por ella.
Este fue un caso muy similar a Fontevecchia-Ministerio67, ya que la Corte IDH
entendió que la Suprema Corte oriental no había acatado su fallo «Gelman vs.
Uruguay».

VI. Consecuencias jurídicas de la falta de anulación

Al haber rechazado la CSJN en el año 2011 la posibilidad de «dejar sin efecto su


fallo del 2001»68, quedan dos decisorios firmes que encierran una contradicción.
El tribunal cimero argentino había condenado en el año 2001 a los accionados
por violación al derecho a la integridad moral, el honor y la intimidad de las
personas (artículos 14, 19 y 33 Constitución Nacional, 17 párrs. 1 y 2 del Pacto
Internacional de los Derechos Políticos y Civiles; y 2 y 3 de la CADH), y a pagar
una indemnización a favor del expresidente Carlos Menem.
La Corte IDH en el 2011 hizo lugar a la demanda contra el Estado argentino y
dispuso dejar sin efecto aquella «condena civil» así como todas sus consecuencias.
Recuérdese que en la vía doméstica se había dispuesto indemnizar a Carlos Menem,
y que el tribunal supranacional dijo que tal reparación era improcedente. Esto
implicó que al haber abonado el Estado la indemnización correspondiente por la
sentencia del año 2001, luego y como consecuencia de ello, tal pago puede verse
como un enriquecimiento (sin causa) en virtud de lo dispuesto en el artículo 1794
del Código Civil, lo que podría potenciar al Estado a llevar a cabo la repetición69.

64
Corte IDH, Caso Gelman vs. Uruguay, Sentencia de 24 de febrero de 2011, Serie C No. 221, párrs. 241 a 246.
65
Caso «M.L., J.F.F., O – Denuncia Excepción de Inconstitucionalidad… IUE -II- 109971/2011. Sentencia
del 18/02/2013, por mayoría.
66
Caso Gelman vs. Uruguay, Supervisión de Cumplimiento de Sentencia, Resolución del 20 de marzo de
2013, párrafo 69.
67
Similar pero no idéntico, porque la Corte Uruguaya, a diferencia de la Argentina le había negado valor
vinculante al pronunciamiento de la Corte Interamericana sobre el tema.
68
CNJN, 324:2985, del 25/09/2001 (cit.).
69
Como dice Palacio de Caeiro (2017): «aquí se torna importante indagar acerca de un resarcimiento por parte
del Estado nacional debido a sumas pagadas a un tercero que finalmente se benefició. A resultar condenas patri-
moniales aquel debe tener la posibilidad de resarcirse, pero tal contingencia se torna imposible al mantenerse la
autoridad de la cosa juzgada interna en el caso ´Menem…´, cuyos efectos fueron dejados sin efecto y anulados
por la Corte Interamericana de Derechos Humanos» (p. 21).
132 Pensamiento Constitucional N° 22, 2017 / ISSN 1027-6769

Lo cierto es que como acabamos de sostener, y pese a la interpretación de la Corte


argentina70, la contradicción sería: por un lado pagarle a Menem (fallo CSJN
2001), y por otra parte el Estado Nacional debe entregar las sumas reconocidas
en el fallo regional71.
Si esto se acata a pie juntillas el Estado estaría haciendo un pago indebido.

VII. La controvertida interpretación del Tribunal Supremo Nacional

Este órgano judicial llevó a cabo una forzada interpretación del Sistema Intera-
mericano —creemos— para llegar a la conclusión de que no puede ser obligado
a «dejar sin efecto» los pronunciamientos que él emite.
A nuestro modo de ver las reglas regionales «no necesitan ningún tipo de interpre-
tación», pues el artículo 63.1 es muy claro al sostener que cuando hubo violación
la Corte IDH puede disponer que se garantice al lesionado el goce de su derecho
o libertad vulnerados, y si ello fuera procedente, que se reparen las consecuencias
y el pago de una indemnización. Y justamente en la frase «que se reparen las
consecuencias» está incluida la posibilidad de «dejar sin efecto» un decisorio local
(in claris non fit interpretatio).
Ello así pues «anulando» o «revocando» una sentencia local deficitaria se repara las
consecuencias y se puede indemnizar a la víctima.
No obstante eso —y a todo evento— si fuese imprescindible una hermenéutica,
nos parece que la que ejercitó la CSJN es muy discutible, y creemos que los casos
que cita no se acomodan al caso analizado.
Como sabemos, se parte de la base del artículo 27 de la Constitución Nacional
para llegar —a través de los artículos 31 y 32 de la Convención de Viena sobre el
Derecho de los Tratados— al resultado de la imposibilidad de revocar o anular,
por mandato de la Corte IDH, los fallos domésticos.
Vemos que aquí también hay un hueco argumental en nuestro Tribunal argen-
tino, porque si bien es cierto que la Convención de Viena ilumina el Derecho
de los Tratados, no lo es menos, que ese cuerpo normativo apunta especialmente
a los convenios entre países, y no específicamente a los atinentes a los Derechos
Humanos, que como lo expresamos precisan de una interpretación muy afinada
teniendo en cuenta la materia sobre la que se ocupan.

70
Véase voto del doctor Maqueda, Considerando 6.
71
Conforme a lo dispuesto en la sentencia regional y en la última Supervisión de la Corte del 29-11-2016,
Punto Resolutivo 1.d.
Hitters. Control de Convencionalidad 133

Desde esa vertiente pensamos que al «cambiar» la Corte nacional su anterior


jurisprudencia se ha inaplicado el «principio de no regresividad», el cual establece
que no debe crearse o modificarse normativa o postulados que vengan a reducir
la pantalla protectora ya existente.
Esto es por vía del principio, pues obviamente, no significa que un Tribunal no
pueda alterar sus criterios cuando lo considerare necesario; pero debe tenerse mucho
cuidado en el campo de derechos humanos.
En efecto, si tenemos en cuenta que ese cuerpo jurisdiccional en Kimel abrió la
posibilidad de «dejar sin efecto sus sentencias», resulta que ahora ha puesto en
discusión ese postulado, lo que implica una regresión (no regresividad).
En el Considerando 12 dice el Tribunal Supremo Argentino que dejar sin efecto
una sentencia pasada en autoridad de cosa juzgada, importa acudir a un mecanismo
restitutivo que no se encuentra previsto por el texto convencional, agregando que el
análisis «textual» —gramatical— es fundamental puesto que la letra de los tratados
determina los límites de la competencia remedial.
Deduce del artículo 31 de la Convención de Viena, que los organismos interna-
cionales poseen competencia limitada, de la manera prescrita en los instrumentos
que los han constituido y carecen de jurisdicción para seleccionar los remedios que
quieran, y por lo que a tenor literal del artículo 63.1 de la Convención, se entiende
que el Tribunal regional no está en condiciones de disponer tal «amputación» a
una sentencia dictada en sede nacional72.
Observando la problemática interpretativa desde la ventana del el Pacto de San
José y de la jurisprudencia Interamericana, debemos reiterar que cuando la Corte
doméstica se niega a modificar su propio fallo «achica la tutela internacional» dán-
dole prioridad a una norma interna (artículo 27 de la Constitución Nacional)73,
en infracción al artículo 27 de la Convención de Viena ya aludida.
La clave de bóveda para evitar desenfoques es no olvidar la doctrina legal del propio
tribunal del sistema regional donde se sostiene que para interpretar una convención
sobre derechos humanos, hay que tener en cuenta tres elementos fundamentales:
1- el propio tratado, 2- el ius cogens, y 3- la jurisprudencia de la Corte IDH.

72
Considerando 13, voto de la mayoría.
73
Piza Escalante, su voto separado en Corte Interamericana de Derechos Humanos, Opinión Consultiva
OC-4/84 del 19 de enero de 1984.
134 Pensamiento Constitucional N° 22, 2017 / ISSN 1027-6769

Estas doctrinas fueron ratificadas por las Opiniones Consultivas OC-3/8374 y


OC-8/8775 donde —ya lo adelantamos— se llega a la conclusión que el sistema
de la Convención Americana está dirigido a reconocer derechos y libertades a las
personas y no a facultar a los Estados para hacerlo. Cada uno de los Convenios
sobre derechos humanos debe analizarse teniendo como base el objeto y fin de
los mismos. Por ello dijimos que nuestro Tribunal Supremo ha desinterpretado lo
dicho por la Corte IDH en «Perozo», «Genie Lacayo», «Aloeboetoe» y «Blake»76,
entre otros.
Veamos, cuando la CSJN trae a colación los casos «Aloeboetoe» y «Blake» para
llegar a la conclusión que «el mecanismo restitutivo no está regulado en la CADH,
importa poner de relieve que «en ambos asuntos la situación fáctica era muy distinta
a la aquí analizada», pues en sendos precedentes la restitutio no fue posible pues
las víctimas habían fallecido.
El primero de ellos abordaba entre otras la cuestión de la desaparición forzada de
Nicholas Blake77, de ahí que la «revisión» no era factible, aunque sí la indemniza-
ción compensatoria a los familiares.
En el caso «Aloeboetoe»78 se trataba de cinco campesinos que vivían alejados de
los centros urbanos —cimarrones se dice en el fallo— que fueron asesinados por
las fuerzas militares de Surinam. Allí tampoco fue posible la resitutio in integrum79,
por eso se indemnizó a los deudos.
La CSJN80 haciendo referencia al caso Perozo81 sostiene que el sistema interame-
ricano se autodefine como subsidiario y que el cuerpo jurisdiccional regional no
constituye una «cuarta instancia» que revisa o anula fallos internos. Si bien ello es
cierto, creemos que el citado expediente contra Venezuela tampoco es cabalmente
aplicable al caso que nos ocupa, porque allí la Corte IDH no pudo juzgar el fondo
pues «no se habían agotado, en ese momento los recursos internos» (artículo
46.1) ya que el Estado no tenía concluidas las investigaciones (civiles y penales)

74
Corte IDH, Restricciones a la pena de muerte (Arts. 4.2 y 4.4 Convención Americana sobre Derechos
Humanos), Opinión Consultiva OC-3/83 de 8 de septiembre de 1983, Serie A No. 3, párrafo 48.
75
Corte IDH, El hábeas corpus bajo suspensión de garantías (Arts. 27.2, 25.1 y 7.6 Convención Americana
sobre Derechos Humanos), Opinión Consultiva OC-8/87 de 30 de enero de 1987, Serie A No. 8, párrss 4-21.
76
CSJN, fallo «Ministerio del Interior…» (cit.), Considerando 15.
77
Corte IDH, Caso Blake vs. Guatemala, Sentencia de 24 de enero de 1998, Serie C No. 36.
78
Corte IDH, Caso Aloeboetoe y otros vs. Surinam, Sentencia de 4 de diciembre de 1991, Serie C No. 11.
79
Dijo la Corte IDH en lo que hace al derecho a la vida no es posible devolver su goce a las víctimas. En estos
casos la reparación debe asumir otras formas restitutivas, como la reparación pecuniaria (Corte IDH. Caso
Aloeboetoe y otros vs. Surinam, Sentencia de 10 de septiembre de 1993. Serie C No. 1e, párrs. 49 y 50).
80
Considerando 8.
81
Corte IDH, Caso Perozo y otros vs. Venezuela, Sentencia de 28 de enero de 2009, Serie C No. 195, párr. 64.
Hitters. Control de Convencionalidad 135

en sede local82. Por eso dice la Corte IDH que ella solo interviene «después» de
que el país ha tenido la oportunidad de conocer83.
Obsérvese que en «Ministerio-Fontevecchia» las actuaciones «concluyeron en
Argentina», fueron abordadas luego en la Comisión Interamericana y posterior-
mente falladas por la Corte regional; mientras que en Perozo —como ya se dijo—
faltaban una serie de investigaciones domésticas y por ende el proceso no estaba
concluido84 (véase CSJN, Ministerio, cit., Considerando 8).
Algo similar ha sucedido en Genie Lacayo85 donde finalmente el Estado nicara-
güense fue condenado por obstaculizar la investigación policial y por una demora
no razonable en el proceso (artículos 8.1 y 1.1 de la CADH). Aquí la investigación
—como en «Perozo» — «no había sido concluida»86, por ello expresó que la Corte
supranacional87 que «...carece de competencia para subsanar… violaciones en el
ámbito interno…»88.

82
Para entender en profundidad este expediente que cita la Corte argentina como fundamento de su decisión,
conviene conocer en profundidad las circunstancias fácticas. En efecto, los hechos se refieren a una serie de actos
y omisiones, ocurridos entre octubre de 2001 y agosto de 2005, consistentes en declaraciones de funcionarios
públicos, actos de hostigamiento agresiones físicas y verbales, y obstaculizaciones a las labores periodísticas,
cometidos por agentes estatales y particulares en perjuicio de 44 personas vinculadas al canal de Televisión
Globovisión, entre ellas figuran periodistas, personal técnico asociados, empleados, directivos y accionistas.
Corte IDH, Caso Perozo (cit.), párr. 64.
83
Corte IDH, Caso Perozo (cit.), párrs 65 a 74.
84
Por eso la Corte dijo que en el futuro «…El Estado debe conducir eficazmente y dentro de un plazo razonable
las investigaciones y procesos penales abiertos a nivel interno que se encuentran en trámite, así como los que se
abran en lo sucesivo, para determinar las correspondientes responsabilidades por los hechos de este caso y aplicar
las consecuencias que la ley prevea…» véase Corte IDH, Caso Perozo (cit.), puntos resolutivos, párr. 426.11.
85
Los hechos ocurrieron el 28 de octubre de 1990, Jean Paul Genie Lacayo, de 16 años de edad y residente en
la ciudad de Managua, se dirigía en automóvil a su domicilio en el reparto Las Colinas. Cuando conducía en
la carretera se encontró con una caravana de vehículos con efectivos militares quienes, al ver que los trataba de
sobrepasar, le dispararon con sus armas. Luego de ello Jean Paul Genie Lacayo fue abandonado en la carretera y
murió de shock hipovolémico a consecuencia de la hemorragia. Sus familiares presentaron una serie de recursos
ante instancias administrativas, policiales, judiciales y militares, todos ellos dirigidos a investigar y sancionar a
los responsables de la muerte de Jean Paul Genie Lacayo. No obstante, existieron numerosos obstáculos en la
investigación, y no se llegó a identificar y sancionar a los autores (Corte IDH, Caso Genie Lacayo vs. Nicaragua,
Sentencia de 29 de enero de 1997, Serie C No. 30).
86
Por eso señaló que «… Finalmente de acuerdo con el derecho internacional general, la Corte Interameri-
cana no tiene el carácter de tribunal de apelación o de casación de los organismos jurisdiccionales de carácter
nacional; solo puede en este caso, señalar las violaciones procesales de los derechos consagrados en la Conven-
ción que hayan perjudicado al señor Raymond Genie Peñalba, que es el afectado en este asunto, pero carece
de competencia para subsanar dichas violaciones en el ámbito interno, lo que corresponde hacer, según se ha
expresado anteriormente, a la Corte Suprema de Justicia de Nicaragua al resolver el recurso de casación que se
encuentra pendiente…», Corte IDH, Caso Genie Lacayo (cit.), párr. 94.
87
Corte IDH, Caso Genie Lacayo (cit.), párr. 94.
88
Contra ese fallo se interpuso un recurso de revisión que fue desestimado por la Corte Interamericana, pero
ahí sostuvo en un Voto Disidente el Juez Antonio Cancado Trindade: «… Cuando la Corte establece la violación
de una o más disposiciones de la Convención, surge la obligación del Estado de cumplir con el fallo de la Corte,
a la cual corresponde el derecho del individuo demandante de requerir que su fallo sea cumplido» Corte IDH,
Caso Genie Lacayo, 13 de septiembre de 1997, párr. 26 in fine.
136 Pensamiento Constitucional N° 22, 2017 / ISSN 1027-6769

En síntesis digamos por un lado que el artículo 63.1 de la CADH es muy claro, y
no hacía falta más que aplicarlo. Si hubo violación, la Corte IDH debe disponer
que «se deje sin efecto» el fallo doméstico.
Por otro lado, si a todo evento se necesitaba una interpretación, no es pertinente
partir solo de la «letra» (mirada gramatical) de la Convención de Viena (artículos
31 y 32) ni acudir a los Trabajos Preparatorios del Pacto de San José89 (véase
CSJN, Ministerio, cit., Considerando 12), más correcto hubiese sido ejercitar la
interpretación evolutiva de los Tratados sobre Derechos Humanos que ha hecho el
cuerpo judicial de la región (artículos 26 y 29 de dicho instrumento y Opiniones
Consultivas 3, 8 y 9 de la Corte IDH).

VIII. Imposibilidad de incumplir un Fallo de la Corte IDH. El caso «Radilla


Pacheco»

Un ejemplo de lo que venimos marcando lo tenemos en los Estados Unidos de


México cuando la Corte Interamericana, en el caso Radilla Pacheco90, condenó a
ese país por la violación de varios derechos consignados en la CADH, ordenando
reformar el artículo 57 del Código de Justicia Militar referente a la imposibilidad
de juzgar a los civiles en dicho fuero91. Tal apertura ha implicado que esa Nación
reformara su propia Carta Magna Nacional92, incluyendo en su artículo 1 la pro-
blemática de los Derechos Humanos93.

89
La Conferencia Especializada se celebró en San José, Costa Rica, en noviembre de 1969, cuando todavía ni
siquiera funcionaba —obviamente— la Corte IDH. Aunque en dichas sesiones se contempló -como ya pusimos
de relieve- después no se reflejó expresamente en el Pacto. Véase Conferencia Especializada Interamericana sobre
Derechos Humanos, Secretaría General, Organización de los Estados Americanos, (cit.).
90
Corte IDH, Caso Radilla Pacheco vs. México, Sentencia de 23 de noviembre de 2009, Serie C No. 209.
91
Corte IDH, Caso Radilla Pacheco vs. México, Supervisión de Cumplimiento de Sentencia, Resolución de la
Corte IDH 19 de mayo de 2011, párr. 58. 2. c). Dijo allí que el país debía «adoptar, en un plazo razonable, las
reformas legislativas pertinentes para compatibilizar el artículo 57 del Código de Justicia Militar con los están-
dares internacionales en la materia y con la Convención Americana sobre Derechos Humanos (punto resolutivo
décimo y Considerandos 20 a 22)»
92
Véase el libro de los autores Ferrer Mac-Gregory Silva García (2009), El caso Castañeda Gutman ante la Corte
Interamericana de Derechos Humanos; allí se estudia en profundidad el asunto de referencia.
93
En su artículo 1 dispone: «En los Estados Unidos Mexicanos todas las personas gozarán de los derechos
humanos reconocidos en esta Constitución y en los tratados internacionales de los que el Estado Mexicano sea
parte, así como de las garantías para su protección, cuyo ejercicio no podrá restringirse ni suspenderse, salvo
en los casos y bajo las condiciones que esta Constitución establece […] Las normas relativas a los derechos
humanos se interpretarán de conformidad con esta Constitución y con los tratados internacionales de la materia
favoreciendo en todo tiempo a las personas la protección más amplia […] Todas las autoridades, en el ámbito
de sus competencias, tienen la obligación de promover, respetar, proteger y garantizar los derechos humanos de
conformidad con los principios de universalidad, interdependencia, indivisibilidad y progresividad. En conse-
cuencia, el Estado deberá prevenir, investigar, sancionar y reparar las violaciones a los derechos humanos, en
los términos que establezca la ley […] Está prohibida la esclavitud en los Estados Unidos Mexicanos. Los
esclavos del extranjero que entren al territorio nacional alcanzarán, por este solo hecho, su libertad y la protec-
ción de las leyes […] Queda prohibida toda discriminación motivada por origen étnico o nacional, el género,
Hitters. Control de Convencionalidad 137

La Suprema Corte al analizar el pronunciamiento condenatorio, aceptó el


control difuso de «constitucionalidad» y también la inspección difusa94 de
«convencionalidad»95.
Quedó en claro que la sentencia del Tribunal regional es «obligatoria para México
y, por ende, deben ser cumplidas en su totalidad».
Como expresa Ferrer Mac-Gregor (2011, pp. 163, 339-429) «la Suprema Corte
de Justicia al decidir sobre el cumplimiento del caso Radilla Pacheco el 14 de julio
de 2011 y que el propio Presidente de dicho Tribunal calificó como un asunto
«histórico», realizó interpretaciones constitucionales de gran calado para el sistema
jurídico mexicano, apoyándose en gran medida en los nuevos contenidos norma-
tivos del vigente artículo 1 constitucional». Uno de los criterios principales que
deriva de dicho asunto es la «obligatoriedad de las sentencias condenatorias de la
Corte IDH» en los temas donde esa nación ha sido parte; por lo que no pueden
ser objeto de revisión por la el supremo cuerpo judicial del país, ni siquiera cuando
se trata de reservas o declaraciones interpretativas formuladas en su momento por
el Estado mexicano.

IX. Conclusiones

Para finalizar y en forma estenográfica queremos resaltar que el fallo del Supremo
Tribunal argentino fue elaborado sobre la base de una serie de argumentos muy
meditados, empero, respetuosamente, creemos que ha significado para el sistema
interamericano «un retroceso» pues al limitar el poder rectificatorio de la Corte
IDH, queda minimizada la tutela que surge de los Tratados internacionales a los
que el país se ha adherido. Ello así, al desconocer la competencia de ese cuerpo
jurisdiccional de la región, se ha vuelto de alguna manera al dualismo, y además
se ha afectado el principio de «no regresividad».
El Tribunal había reconocido hasta ahora la jurisdicción completa de la Corte con
asiento en San José; empero el nuevo pronunciamiento de la mayoría sostiene que
si bien los fallos de aquel cuerpo son obligatorios, estima que en determinadas
circunstancias pueden carecer de «competencia» para fallar.

la edad, las discapacidades, la condición social, las condiciones de salud, la religión, las opiniones, las preferen-
cias sexuales, el estado civil o cualquier otra que atente contra la dignidad humana y tenga por objeto anular o
menoscabar los derechos y libertades de las personas» (Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos
de 5 de febrero de 1917, modificada el 10 de junio de 2011, publicada en el DOF el 10 de junio de 2011).
94
De ello resulta que ahora todos los jueces de México deben inspeccionar la compatibilidad de las leyes
internas, con las de la CADH en los asuntos en los que están involucrados.
95
Corte IDH, Caso Cabrera García y Montiel Flores vs. México, Sentencia de 26 de noviembre de 2010, Serie
C No. 220.
138 Pensamiento Constitucional N° 22, 2017 / ISSN 1027-6769

Ello implica que se ha partido de la base que para acatar en profundidad una sen-
tencia interamericana es preciso llevar a cabo en el orden doméstico una especie de
exequatur para examinar si la Corte IDH ha tenido «competencia» para expedirse.
Lo que aquí está en juego, en puridad, es una errónea disputa de «competencia»
con el organismo regional, que es el que debe resolver la problemática por ser
justamente el último intérprete del sistema de la región cuando están en juego
normas internacionales (kompetenz-kompetenz)96, tal cual ya lo hemos expresado.
El fallo interno sostiene que no puede ordenársele dejar sin efecto sus propios
pronunciamientos, porque tal potestad no está contemplada en el artículo 63.1
de la CADH ni en los trabajos preparatorios de la Convención.
Adelantamos ya que del análisis de la citada normativa puede inferirse sin hesita-
ción que ese Tribunal regional está expresamente facultado para dejar sin efecto
providencias domésticas, ya que, al permitírsele disponer que «se reparen las
consecuencias» obviamente se lo potencia para anular las sentencias locales que
violen la Convención.
No tenemos que olvidar que los Tratados sobre Derechos Humanos tienen que
ser interpretados, como sostiene la doctrina de la Corte IDH, conforme su objeto
y fin, y que cuando el Estado se sujeta a este tipo de convenios, debe tener en
consideración que de alguna manera «limita» su propia soberanía en beneficio del
modelo regional.
Resulta imposible —a nuestro entender— invocar lisa y llanamente el postulado
del «margen de apreciación nacional», pues el mismo tiene límites que finalmente
dependen de la apreciación del último intérprete de los instrumentos internacionales
como lo es la Corte IDH, que no resulta obviamente un organismo extranjero.
El Tribunal argentino parte del artículo 27 de la Constitución sosteniendo que los
Tratados con las potencias extranjeras deben estar en conformidad con los principios
de derecho público establecidos la Carta Magna y en consecuencia considera que
la jurisdicción supranacional posee una esencia «subsidiaria» que le impide recibir
órdenes del cuerpo jurisdiccional interamericano. Esta fundamentación ha sido
tomada casi textualmente —sin haberlos citado— de los votos del doctor Fayt en
los casos Arancibia Clavel (Considerando 15) y de Bulacio-Espósito (Considerandos
11 a 14) a los que ya hemos aludido.
96
Véase Nogueira Alcalá (2006), donde señala que «... el juez nacional, al resolver los casos específicos de los
cuales conoce en el ámbito de su competencia, puede y debe realizar la interpretación de las normas conven-
cionales incorporadas al derecho interno en clave convencional, debiendo necesariamente tener en cuenta la
jurisprudencia de la Corte Interamericana».
Hitters. Control de Convencionalidad 139

Pensamos que tal argumentación infringe el artículo 27 de la Convención de Viena


sobre el Derecho de los Tratados pues la base hermenéutica del fallo se apontoca en
el concepto que la Corte Nacional es «suprema» en el ámbito de su competencia.
Y esta idea de prelación doméstica se basa en el artículo 27 de la Constitución del
país, dado que la Corte es «suprema» y tal categoría —dice la sentencia— resulta ser
un principio del derecho público de linaje constitucional que no puede infringirse.
Con ese criterio podría dejar de existir el control de convencionalidad y todo el
modelo interamericano quedaría en falsete.
Lo que debe quedar bien en claro es que la Corte IDH y todo el esquema regional
tienen como fuentes el ius cogens (costumbre internacional) y los Tratados sobre
Derechos Humanos, y que tales convenios son de distinta esencia a los que alude el
artículo 27 local y que no fueron ni siquiera pensados al redactar dicha regla magna.
De la forma en que la CSJN juzgó el caso, se advierte que queda plasmada una
contradicción, habida cuenta que el fallo nacional beneficia al expresidente Menem
y lo hace acreedor a una indemnización; mientras que la Corte IDH dice todo lo
contrario.
Desde otro ángulo hemos pretendido poner de relieve que la Corte IDH en
varios casos, entre ellos Palamara Iribarne, Tristán Donoso, Bueno Alves, Kimel
y Herrero Ulloa, ha dispuesto modificaciones a las sentencias locales, decisiones
que han sido toleradas por los órganos jurisdiccionales domésticas, incluyendo a
la Corte argentina.
El Tribunal Europeo de Derechos Humanos ha seguido las mismas aguas que la
Corte IDH en el caso resuelto en el 12 de junio de 2014 (príncipe de Mónaco-
Grimaldi)97, en una temática similar a Fontevecchia sobre libertad de expresión.
97
Dijimos que el tema es muy parecido a Fontevecchia ya que se trató de un decisorio de la más alta jerarquía
jurisdiccional francesa que había condenado a la revista Paris Match por haber revelado la existencia de un hijo
extramatrimonial del príncipe de Mónaco. La abogada de esa editora, Marié Chistrine de Persín, remarcó justa-
mente la diferencia que existe entre las personas públicas y quienes no lo son con referencia a la problemática
aquí abordada. En un fallo unánime la Gran Sala del Tribunal Europeo de Derechos Humanos (TEDH) declaró
que Francia vulneró la libertad de expresión al condenar a la editorial Hachette Filipacchi y a la directora de la
revista Paris Match, por publicar información de la vida privada del príncipe Alberto de Mónaco. El día 5 de
mayo de 2005 la referida revista publicó una entrevista a Nicole Coste, madre soltera de un hijo del príncipe
Alberto de Mónaco, agregando en su portada dos fotos del niño junto a su padre y su madre, razón por la cual
se condenó al pago de 50 000 euros al príncipe por concepto de indemnización. Los afectados recurrieron
al TEDH argumentando que dicha condena vulneró el derecho a la libertad de expresión, consagrado en el
artículo 10 de la Convención Europea de Derechos Humanos. Su recurso fue acogido por la Quinta Sala del
TEDH, ante lo cual Francia apeló. En su sentencia, la Gran Sala del TEDH sostuvo en lo grueso que tanto la
editorial, como la directora de la revista Paris Match, contribuyeron a cubrir un asunto de interés público, dada
la naturaleza hereditaria de las funciones del jefe de Estado de Mónaco. TEDH, Case of Couderc and Hachette
Filipacchi Associés v. France, Application no.40454/07, Estrasburgo, 10 de noviembre 2015.
140 Pensamiento Constitucional N° 22, 2017 / ISSN 1027-6769

El pronunciamiento mayoritario argentino del 2011 —Ministerio de Relaciones


Exteriores (Fontevecchia), desinterpretó —creemos— a la CADH y seguramente
cuando la Corte regional se ocupe nuevamente del tema —no nos olvidemos que
ya realizó dos Supervisiones— condenará al Estado.
Coincidimos ampliamente con el voto minoritario del doctor Maqueda que sigue
una postura que armoniza con sus propios y los precedentes de la CSN, en el sen-
tido que los fallos interamericanos deben cumplirse a cabalidad sin rodeos pues de
lo contrario se incurre en responsabilidad internacional del Estado y en este caso
para acatar no hay otro remedio que dejar sin efecto.
En definitiva la problemática aquí planteada podría resolverse armonizando el
derecho interno con el regional (diálogo) porque por ejemplo el pensamiento del
Jurista Joaquín V. González —vertida hace muchas décadas— no puede invocarse
hoy a rajatabla cuando a partir de la reforma de 1994 tenemos una constitución
convencionalizada (Sagüés, 2017) por ello hablamos de dialogar, armonizar.
La Corte del país utilizó esta fraseología pero finalmente tomó una decisión uni-
lateral, dándole prioridad al derecho doméstico.
Aunque la frase «dejar sin efecto» parezca —y realmente lo es— demasiado fuerte,
quizá sería mejor hablar de «adaptar» las sentencias locales a los fallos interameri-
canas. Técnicamente no es del todo correcto hablar ni de revocación (que implica
una impugnación previa) ni de nulificación o invalidamiento, ya que la Corte IHD
no es un organismo ad-quem respecto a los tribunales locales (Hitters, 2002, p. 190),
se trata de cuerpos jurisdiccionales distintos, que no tienen un relación jerárquica.
De todos modos no debemos olvidar que al dejar sin efecto, casi siempre se afectan
derechos de terceros que no fueron parte en el sector interno.

Referencias
Abramovich, Víctor (2017). Comentarios sobre el «Caso Fontevecchia», 17 de febrero de 2017,
CJDHUNLA.
Buergenthal, Thomas (1980). Las convenciones europeas y americana: algunas similitudes y
diferencias. En La Convención Americana sobre Derechos Humanos. Washington, D.C.:
Organización de los Estados Americanos.
Carpizo, Enrique (2013). El control de convencionalidad y su relación con el sistema constitu-
cional mexicano. Hacia una simple actividad protectora de los derechos humanos. Boletín
Mexicano de Derecho Comparado, XLVI(138), 939-971.
Díaz Crego, María (2011). Margen de apreciación nacional. En Diccionario Iberoamericano
de Derechos Humanos y Fundamentales. Universidad de Alcalá, Última actualización:
09/05/2011. [Link] [Link]/inicio/[Link]/términos_pub/view/94
Hitters. Control de Convencionalidad 141

Ferrer Mac-Gregor, Eduardo y Fernando Silva García (2009). El caso Castañeda Gutman ante
la Corte Interamericana de Derechos Humanos. México: Porrúa México – Universidad
Nacional Autónoma de México.
Ferrer Mac-Gregor, Eduardo (2011). Interpretación conforme y control difuso de conven-
cionalidad. El nuevo paradigma para el juez mexicano. En Carbonel y Salazar (coords.),
Derechos Humanos: un nuevo modelo constitucional (pp. 339-429). México: UNAM, II.
Ferrer Mac-Gregor, Eduardo (coord.) (2012). Interpretación conforme y control difuso de
convencionalidad. El nuevo paradigma para el juez mexicano. En El control difuso de
convencionalidad. Diálogo entre la Corte Interamericana de Derechos Humanos y los jueces
nacionales. México: Fundap.
García Ramírez, Sergio (2011), El control judicial interno de convencionalidad. IUS, Revista
del Instituto de Ciencias Jurídicas de Puebla, A.C., V(28), diciembre. Puebla, México.
Gil Domínguez, Andrés (2017). Estado constitucional y convencional de derecho y control de
convencionalidad. La Ley, Boletín del 3/4/2017.
Hitters, Juan Carlos (2002[1998]). Técnica de los recursos extraordinarios y de la casación. La Plata:
Librería Editora Platense.
Hitters, Juan Carlos (2007). La responsabilidad del Estado por violación de Tratados Interna-
cionales. Revista Estudios Constitucionales, 5(1). Universidad de Talca.
Hitters, Juan Carlos (2012), Cumplimiento de las Sentencias de la Corte Interamericana.
Revista La Ley, 6 de junio.
Hitters, Juan Carlos (2015). Control de Convencionalidad. Adelantos y retrocesos. Colección
Biblioteca Porrúa de Derecho Procesal Constitucional 111. México: Porrúa.
Nogueira Alcalá, Humberto (2006). Los desafíos de la sentencia de la Corte interamericana en
el caso Almonacid Arellano. Ius et Praxis, 12(2), 363-364, 2006.
Nogueira Alcalá, Humberto (2013). El diálogo jurisdiccional entre tribunales nacionales y
la Corte Interamericana de Derechos Humanos en Chile. Ponencia del XXV Congreso
Argentino de Derecho Internacional, La Plata, Argentina. Organizado por la Facultad de
Ciencias Jurídicas y Sociales de las Universidades Nacional de La Plata, Católica de La Plata
y Universidad del Este, septiembre.
Palacio de Caeiro, Silvina (2017). El cumplimiento de las sentencias de la Corte Interamericana
de Derechos Humanos. Revista La Ley, 08/03/2017.
Sagüés, Néstor (2017). ¿Puede válidamente la Corte Interamericana obligar a que una Corte
Suprema Nacional deje sin efecto una sentencia suya? Revista El Derecho, 272, 04/04/2017,
N° 14.155.

También podría gustarte