Notas Hebreos
Notas Hebreos
Estudio Bíblico
Albert Leckie
1.4 al 14
Así está escrito
El escritor encuentra siete pasajes en el Antiguo Testamento para confirmar lo
que ha venido diciendo acerca del Hijo de Dios. El Salmo 2 y 2 Samuel 7
confirman que Dios ha hablado “en Hijo”. Los Salmos 97, 104 y 45 hacen
mención del Hijo como heredero de todo; el 102 habla del Hijo que hizo los
mundos; y el 110 del que se ha sentado a la diestra de la Majestad en las alturas.
El versículo 5, como en todo caso donde se cita Salmo 2.7, hace referencia al
nacimiento del Salvador. Luego fue en la madurez que heredó un nombre más
excelente que el que era suyo eternamente. Con qué contentamiento habrá
contemplado Dios aquel Niño Santo y dijo: “Mi Hijo eres tú”. 2 Samuel 7.14,
citado en el 1.5, trata de la reciprocidad perfecta que existía siempre entre Padre
e Hijo cuando el Hijo estaba aquí.
Salmo 97.7 conduce la mente a la manifestación futura: “Póstrense a él todos los
dioses”. Cuando vino a Belén, fue dado como el Unigénito, pero al traerle de
nuevo Dios, será como el Primogénito. Al ser dado Él como el Unigénito, los
ángeles dirigieron sus alabanzas a Dios, Lucas 2.13, 14; cuando Dios le trae de
nuevo, dirigirá a su Hijo la adoración de todos los ángeles de Dios. ¡Qué día será
aquel! ¡Los ángeles innumerables, Hebreos 12.22, adorando al Hijo! Salmo
104.4 y 45.6, 7, citados en 1.7 al 9, anticipan su reino venidero, cuando Él, cual
Dios inmutable, se sentará sobre su trono mientras los ángeles sean
transformados acorde con su misión. Pero es hombre aún, y Dios le ha ungido
por encima de sus contemporáneos.
Salmo 102.25 al 27, citado en los versículos 10 al 12, se refiere al fin, cuando
Aquel que hizo los mundos, y ahora los sostiene, los fundirá. Aquel será el día
de Dios, el día de la eternidad. Pero, cambiado todo, Él no cambia.
Salmo 110.1, citado en el versículo 13, termina este capítulo emocionante,
presentando al Hijo de Dios sentado a la diestra de la Majestad, y en el 13 se
sienta allí por decreto divino, hasta que sus enemigos estén a estrado de sus pies.
El Hijo se sienta pero los ángeles son “despechados para servicio”, como lo
expresa cierta traducción, y esos servidores atienden a los herederos de la
salvación: ¡nosotros!
2.1 al 9
Ley y gracia
Los vv 1 al 4 pertenecen al capítulo 1. Ahora aprendemos por qué el escritor ha
enfatizado la superioridad del Hijo de Dios sobre los ángeles. Es para proceder a
comparar la ley y la gracia. En los vv 5 al 9 aprendemos la superioridad del Hijo
el Hombre sobre los ángeles, a ser vista todavía en el mundo venidero.
Al comienzo del capítulo, “no sea que vayamos a la deriva”, la figura es la de
una nave cuyos armares están sueltos y el ancla no puede detenerla, ilustrando
un alma que no tiene el vínculo vital de la fe. “Si descuidamos”, o “si hemos
sido negligentes”, de la gran salvación, contempla un acto deliberado después de
haber hecho una profesión; es los primeros pasos de la apostasía. La pregunta es:
“¿Cómo escaparemos?”
Se responde con contrastar la solemnidad de la ley y la certeza de juicio por
desobediencia con la abundante grandeza del evangelio; e, implícitamente, la
certeza del juicio por negligencia. La palabra dicha por ángeles es la ley.
(“Vosotros que recibisteis la ley por disposición de ángeles, y no la guardasteis”,
Hechos 7.53. “… la ley… fue ordenada por medio de ángeles en mano de un
mediador”, Gálatas 3.19). Fue una palabra firme; cada violación tenía que ser
castigada.
Si así fue de la palabra dicha por ángeles, cuánto más en el caso de esta
“salvación tan grande”, ya que no depende simplemente de ángeles, sino de las
tres Personas de la Deidad. El Señor ha hablado, Dios ha afirmado y el Espíritu
Santo ha repartido.
En los vv 5 al 9 aprendemos que “el mundo venidero” no estará sujeto a ángeles
sino al hombre, al Hijo del Hombre, Jesús. La cita del Salmo 8 tiene el fin de
mostrar que el dominio que le fue confiscado a Adán será más que restaurado en
el Hijo del Hombre en el mundo venidero. Jesús, coronado actualmente de gloria
y de honra, es el aval de esto. No habrá nada que no esté puesto debajo de él; aun
los ángeles, mayores en poder y fuerza que los hombres, 2 Pedro 2.11, estarán
sujetos a él, aun cuando por un poco de tiempo Él fue hecho menor que ellos.
Ahora podemos apreciar el futuro de Jesús; “nada… que no sea sujeto a él”, v. 8,
en el pasado; “hecho por [sic] un poco menor que los ángeles”, v. 9, en el
presente; “coronado de gloria y de honra”, v. 9.
Los ángeles adorarán al Hijo, 1.6; todas las cosas serán sujetadas al Hijo del
Hombre, 2.8.
2.10 al 18
La encarnación
Aprendemos ahora de nuestro propio futuro, pasado y presente. Nuestro Capitán
nos está conduciendo a gloria futura como hijos que somos. Nuestro Señor nos
tomó como hermanos suyos al resucitar de entre los muertos, y nos atesora como
hijos de Dios, cual obsequio de amor para él ahora. Todo esto está en los vv 10 al
13.
Si incluimos el v. 9 en esta sección, podemos observar tres pasos en la
encarnación del Señor y también su propósito tripartito.
Primer paso, v. 9, “hecho un poco menor que los ángeles”. Ningún ángel ha
podido asumir nuestro lugar, ya que ellos no mueren, Lucas 20.36. Por lo tanto
damos gracias a Dios por Uno que, con miras al padecimiento de la muerte,
estaba dispuesto a ser hecho menor que ellos.
Segundo paso, v. 14. Él participó de carne y sangre. Nuestro Señor no era una
mera emanación de la Deidad, sino un verdadero hombre pero con una
diferencia. Mientras que los hijos son participantes de carne y sangre sin voz y
voto en el asunto, Él participó voluntariamente de la misma.
Tercer paso, v. 17, “en todo semejante a sus hermanos”. No sólo participó de
carne y sangre, sino se hizo un ser tripartito; tenía espíritu, alma y cuerpo
humanos.
El primer propósito de su encarnación, según se registra aquí, fue el de tratar con
el diablo quien tenía el dominio sobre la muerte, v. 14. El diablo no tenía ni
poder absoluto ni autoridad delegada irrestricta en esta materia, sino sólo la
fuerza dada a ejercer aquel poder bajo permiso. Bendecimos a Dios que el diablo
haya sido desactivado en este asunto en lo que a nosotros se refiere.
El segundo propósito, v. 19, fue el de expiar el pecado del pueblo. Gloria a Dios,
¡nuestros pecados han sido quitados, eliminados, para siempre!
El tercer propósito, v. 18, es que Él es poderoso para socorrer a los que son
tentados. Gracias a Dios por Aquel que nos ayuda cuando estamos siendo
tentados, cuando estamos bajo presión.
Así que, se ha atendido a Satanás, los pecados y la necesidad presente de los
santos.
Capítulo 3
El pecado de la incredulidad
Los hermanos santificados y los hijos que van rumbo a la gloria, vv 11, 10, son a
la vez “santos, participantes del llamamiento celestial” e invocados a considerar
al Hijo del capítulo 1 que Dios ha enviado cual Apóstol suyo y cual Sumo
Sacerdote del capítulo 2 para representarles delante de él.
En los vv 1 al 6 el tema es la casa de Dios en el día presente. Moisés era siervo
fiel en la casa de Dios y Cristo está sobre la casa como un Hijo. “El que hizo
todas las cosas es Dios”, es una referencia indirecta a la deidad de Cristo. Si
Moisés estaba en la casa de Dios, vv 2, 5, nosotros somos la tal casa, v. 6.
Retener firme no es un medio de salvación sino simplemente una evidencia de
tenerla.
El reposo de Dios en el futuro es el tema de los vv 7 al 19 y las tres menciones de
“hoy” señalan la urgencia de examinarse el corazón — no la posibilidad de tener
un corazón frío, sino uno errado, endurecido o malo. El problema podría ser muy
arraigado; no se trata de un lapso temporal sino de un estado irreversible.
El ejemplo de la nación de Israel deja esto muy en claro. ¿De quién juró Dios en
su ira que ellos no entrarían en su reposo? Fue de una nación que vio las obras a
lo largo de cuarenta años pero persiguió con corazón endurecido. Fue una
generación que siempre erraba de corazón y desconocía su proceder. El suyo era
un corazón malo de incredulidad que se apartaba del Dios vivo.
No debe alarmarnos el llamado a los “hermanos” en los vv 12 y 13. Dios
siempre se dirige a los hombres con base en su profesión hasta que se haya
manifestado ser falsa. Así fue que Jesús trato con Judas Iscariote.
Los vv 16 al 19 presentan una serie de preguntas y respuestas. ¿Quiénes
provocaron? Todos los que salieron de Egipto. ¿Con quiénes se disgustó? Con
los que pecaron y murieron en el desierto. ¿A quiénes juró que no entrarían en su
reposo? A los incrédulos. ¿Cuál fue su pecado? No una fe débil, sino la
incredulidad de una nación apóstata.
Capítulo 4
Temor y osadía
Los vv 1 al 13 concluyen el primer paréntesis de la Epístola y rematan el tema del
reposo. No se ha realizado aún el reposo que estaba en la mente de Dios en la
creación, repetida en la ley y después de un largo lapso en los Salmos también.
Con todo, no obstante el fracaso de parte del hombre, la promesa del reposo está
vigente: “queda un reposo para el pueblo de Dios”,
vv 1 y 9. Es futuro; la evidencia está en el v. 10: todavía no hemos cesado de
nuestras propias obras. La experiencia del hombre en el Edén y en Canaán, vv 4,
8, anticiparon este reposo, pero muy débilmente. Pero Dios reposará en su amor
una vez que todo esté acorde con su naturaleza santa, y el hombre reposará
también; vv 1, 3, 5, 10.
Temamos, v. 1; procuremos, v. 11. Estas exhortaciones figuran contra el
trasfondo del fracaso de Israel. “A nosotros se nos ha anunciado la buena nueva
como a ellos”, v. 2, y aun cuando los mensajes eran diferentes, ambos ofrecían
reposo. ¿En qué fallaron ellos? No oyeron con fe, y fue debido a la incredulidad,
vv 2, 6, 11. Está especificada la única condición para entrar en este reposo: “los
que hemos creído entramos”, v. 3, y el v. 11 hace un llamado: “Procuremos,
pues, entrar en aquel reposo”, acaso uno caiga en el mismo ejemplo de
incredulidad.
No es, entonces, una cuestión de fe débil o fuerte, sino de fe o falta de fe, y los
vv 12, 13 presentan maneras importantes para probar nuestra fe: la Palabra de
Dios y el ojo de Dios. El hijo suyo puede temer quedarse expuesto por esa
Palabra y por ese ojo escrutador, pero no los evitará si reconoce su necesidad.
Reposando ahora por fe en el Señor Jesús, el creyente está asegurado del disfrute
del reposo eterno de Dios, un reposo en el amor divino.
En el v. 14 se recoge el tema del sacerdocio de Cristo, habiéndolo interrumpido
después de 2.18. El creyente cuenta con todo lo necesario para quedarse firme.
Tenemos un gran sumo sacerdote en el cielo en quien se combinan la humanidad
y la deidad, v. 14. Lo que no tenemos es un sacerdote indiferente. Con base en el
ministerio infalible del gran Sacerdote, tenemos el recurso del acceso irrestricto
a un trono de gracia, con la misericordia y la gracia siempre disponibles para
ayudar.
Capítulo 5
Seleccionado y convocado
Ahora nuestro Señor figura como cumpliendo los dos requisitos esenciales para
el sacerdocio: seleccionado de entre los hombres, v. 1, y llamado por Dios, v. 4.
En el Antiguo Testamento el sacerdote era seleccionado de entre hombres para el
bien de los hombres, dedicándose a los sacrificios y a la compasión, vv 1, 2.
Sacrificar involucraba la adoración (los dones) del pueblo y sus debilidades (los
sacrificios por el pecado). La compasión no se manifestaba por ser un deber
legal, sino como una obligación moral en vista de la debilidad del sacerdote
mismo, cosa que le obligaba a sacrificar por sí mismo.
Era llamado de Dios, porque su oficio era un honor que uno no podía tomar para
sí, pero si su sacerdocio era un honor concedido, el de Cristo era uno añadido, v.
5. El segundo salmo (citado en el versículo y ampliado en vv 7, 8) alude a la
encarnación del Hijo de Dios, y confirma que nuestro Sumo Sacerdote fue
seleccionado de entre los hombres. El Salmo 110 (citado en v. 6 y ampliado en v.
9) alude a su resurrección y confirma que fue llamado por Dios.
¡Qué Sumo Sacerdote es el nuestro! Seleccionado de entre hombres, sufrió toda
prueba que podía embestir la Humanidad Santa, y las soportó todas. En los días
de su carne, orando y llorando, clamaba a Aquel que podía salvarle de la muerte
por resurrección una vez finalizados sus días de prueba. Convocado también por
Dios en resurrección, Éste le saludó cual sacerdote para siempre quien no
conocería interrupción ni tendría sucesor. A la vez ha venido a ser Autor de
salvación eterna, y todos aquellos que son de la obediencia de la fe están
asegurados de contar con un Sacerdote eterno y bendiciones eternas.
Sigue un paréntesis en la Epístola, 5.11 al 6.20, necesario antes de volver al tema
de Mel-quisedec.
Los versículos 11 al 14 son una reprimenda. Aquellos hebreos habían progresado
algo pero se habían vuelto “tardos para oir” y también necesitaban “leche”. Ellos
asociaban con la ley lo que Cristo había introducido, dejando de reconocer que la
ley no era más que los primeros principios del comienzo de los oráculos de Dios
ahora vigentes. No eran niños espirituales en el sentido de 1 Corintios 3.1, 2 (“no
pude hablaros como a espirituales, sino como a carnales, como a niños en
Cristo”), sino niños dispensacionalmente en el sentido de Gálatas 4.3 (“cuando
éramos niños, estábamos en esclavitud bajo los rudimentos del mundo”).
6.1 al 8
Nosotros, ellos, vosotros
Al observar un cambio en pronombres en este capítulo nos damos cuenta de que
está dividido en tres: vv 1 al 3, profesión, vamos ; vv 4 al 6, apostasía, sean
renovados ; vv 9 al 20, realidad, vosotros .
En los vv 1 al 3 el escritor se asocia con aquellos que habían sido atraídos a
Cristo, entre quienes había ciertas personas en peligro de alejarse, 2.1, y se
estaban alejando, 3.12. La exhortación del v. 1 es la de dejar y de proseguir
adelante. Dejar los rudimentos (los principios elementales) de la doctrina de
Cristo era para reconocer que el ministerio terrenal suyo era un comienzo que
conducía a lo que Él aseguró en su muerte y resurrección, e ir adelante a la
perfección de su enseñanza (la “madurez” del 5.14) era tener fe en el Salvador
resucitado, el Autor de salvación eterna y el Sacerdote en perpetuidad.
Fallar era (i) echar de nuevo el fundamento antiguotestamentario del
arrepentimiento de obras muertas y de fe en Dios; (ii) retener la doctrina de los
bautismos y rehusar el solo bautismo; (iii) revertirse a la imposición de manos
sobre tanto la gente como los sacrificios; (iv) afirmar una resurrección general y
no una resurrección ecléctica; (v) temer un juicio eterno y no reposar en una
salvación eterna.
En los vv 4 al 6 hay la posibilidad de la apostasía. Ninguna de las descripciones
da a entender una conversión: (i) “una vez iluminados” es un alumbramiento
mental, como en 10.26: “el conocimiento de la verdad”, y no el alumbramiento
de 2 Corintios 4.6: “el conocimiento de la gloria de Dios”. (ii) “gustaron del don
celestial”, así como aquellos de Lucas 4.22 que estaban maravillados de las
palabras de gracia de Jesús. (iii) los partícipes del Espíritu Santo no eran
poseedores (Se nos dice en Lucas 5.10 que Jacobo y Juan eran compañeros con
Simón, y en 5.7 que hicieron señas a los compañeros que estaban en la otra
barca. La segunda palabra griega traducida “compañeros” se usa aquí en
Hebreos. Compartieron el mismo oficio, pero no el mismo negocio). (iv)
“gustaron de… los poderes del siglo venidero” puede incluir un milagro de
sanidad sin la conversión.
6.9 al 20
El ancla del alma
Recaer es un acto deliberado de deserción de parte de un cristiano nominal. El
caso aquí es uno del judío que renuncia a Cristo después de haber hecho alguna
forma de profesión. Una persona de estas no podría ser renovada al
arrepentimiento ni la conversión por cuanto nunca había experimentado tal cosa.
Habiendo cambiado de parecer en cuanto a Cristo en primera instancia, y luego
revertido a su posición anterior, él declaraba que había buena razón para que
Cristo fuera escarnecido y muerto, “crucificando de nuevo para sí mismo al Hijo
de Dios”, v. 6.
Un hijo de fe nunca haría de esto. El efecto del evangelio se asemeja a la tierra
que bebe el agua de lluvia; los resultados son diversos. La tierra que produce
hierbas recibe beneficio y la tierra que produce abrojos “está condenada a la
quema”: “a éstos ciertamente olor de muerte para muerte, y a aquéllos olor de
vida para vida”, 2 Corintios 2.16.
Los vv 9 al 20 están dirigidos a aquellos cuyas obras de amor han evidenciado
que son salvos, y para ellos van palabras de exhortación y estímulo. En vista de
la esperanza futura, debemos ser diligentes, y debido a las aflicciones del
presente no debemos ser perezosos sino pacientes. Abraham está presentado
como ejemplo. Él recibió una promesa antes de haber nacido Isaac, Génesis
12.2, la cual fue confirmada por un juramento, 22.16. La promesa del v. 14 no
fue cumplida hasta que Rebeca diera a luz a morochos a la edad de sesenta años.
La palabra de Dios, y el juramento de Dios en el cual confirmó su propia
integridad, le permitieron a Abraham esperar pacientemente. ¿Qué era su
estímulo (fortísimo consuelo) del v. 18? Fue por estos, la palabra y el juramento,
los cuales no admiten cambio, que ha hecho saber su propósito que tampoco
admite cambio.
Habiendo huido a Cristo por refugio para aferrarnos a la esperanza de bendición
en él, tenemos una esperanza que, aun invisible y celestial (dentro del velo), es
un ancla fija para el alma. Jesús también ha entrado velo adentro a favor nuestro
cual precursor y aval de nuestra entrada en un día glorioso. Mientras tanto vela
allí por los intereses nuestros en su carácter de un Sumo Sacerdote según el
orden de Melquisedec.
Capitulo 7
El orden de Melquisedec
El tema de este capítulo está en el v. 11: “según el orden de Melquisedec… No…
según el orden de Aarón”. El orden aarónico no perduró “debido a que por la
muerte no podían continuar”, v. 23, pero Melquisedec era sacerdote para
siempre, v. 24.
La grandeza de Melquisedec, sacerdote del Dios Altísimo, presentado como sin
tener una genealogía y sin nacimiento y muerte, nos está presentado como un
tipo del Hijo de Dios. Era superior a Abraham; recibió el diezmo de él y le
bendijo. Era superior al sacerdote levítico; recibió el diezmo sobre una base
voluntaria y no por mandamiento, como en el esquema levítico. Aquellos
recibieron diezmos y murieron, pero Melquisedec vive (figurada-mente). Leví,
cuando todavía en los lomos de Abraham, le pagó el diezmo a Melquisedec
cuando Abraham lo hizo.
Surgió la necesidad de otro sacerdocio debido a que eran imperfectos y
provisorios tanto el sacrificio como la ley, vv 11, 19. Por dos razones el
sacerdocio de nuestro Señor requería un cambio en la ley concerniente a los
sacerdotes. Él procedió de Judá y no de Leví. El sacerdocio suyo cuenta de una
vida sin fin, mientras que el levítico dependía de la ley del mandamiento carnal
con su exclusión de las deformaciones físicas y con la muerte predeterminada.
Los sacerdotes levíticos, cuyo llamamiento era temporal, fueron con-stituidos sin
un juramento definitivo. Aquello admitía cambios, pero por cuanto nuestro
Señor es un sacerdote por juramento, no puede haber cambio, vv 20, 21. Nos
favorece ahora una esperanza superior.
Capítulo 8
En algún lugar y con alguna cosa
Reflexionamos ahora acerca de nuestro Señor como el ministro del verdadero
tabernáculo, vv 1 al 5, y el mediador de un mejor pacto, vv 6 al 13.
Habiendo sido escogido de entre hombres y convocado por Dios, como leemos
en el capítulo 5, es preciso que Él tenga ahora dónde oficiar, vv 1, 2, y algo que
ofrecer, vv 3, 5. Los sacerdotes terrenales ofrecen aportes según la ley y sirven
en lo que es una copia y una sombra de cosas celestiales. Nuestro Sumo
Sacerdote es un ministro del verdadero tabernáculo cuyo patrón le fue mostrado
a Moisés.
Habiéndose ofrecido a sí mismo una vez por todas, ahora está en la presencia de
Dios con base en el valor eterno de aquel sacrificio. Esto también hace que su
sacerdocio sea único; está sentado y está sirviendo, vv 1, 2.
Nada se sabía de un sacerdote sentado, pero ahora Él está sentado donde nunca
se sentó un ángel, 1.13. Aquí, entonces, está el punto principal: el Sumo
Sacerdote que tenemos es el Hombre del oprobio del madero que ahora está
sentado en el trono de la Majestad celestial, y en toda la eficacia de su sacrificio
de valor eterno. Aarón ha sido eclipsado.
Él es también el mediador de un mejor pacto establecido sobre mejores
promesas, v. 6. El primer pacto era un contrato entre Dios y los padres. Sus
promesas dependían del cumplimiento con las condiciones pero los padres no
prosiguieron en obediencia, aun cuando Dios les tomó por la mano, v. 9. El
hombre no es una parte del pacto nuevo, sino lo es la casa de Israel y la casa de
Judá, v. 8. Dios asume toda obligación y por ende las condiciones no son
“harás”, como en el primer pacto, sino “haré”, vv 10 al 12. ¡Es superior!
¿Pero qué promesas mejores? Las leyes de Dios serán puestas en su mente
renovada para conocerlas y practicarlas, escritas sobre corazones purificados
para amarlas; las promesas reposarán sobre lo que Dios mismo será para su
pueblo, v. 10. Todos le conocerán en sí mismos debido a la unción del Espíritu
Santo. Dios será propicio a su injusticia, y de ninguna manera se acordará de sus
pecados e iniquidades, v. 12.
Cual mediador de este pacto superior, nuestro Señor vive para que el hombre
disfrute de sus mejores promesas. El primer pacto está caduco y Moisés ha sido
eclipsado. Si bien Israel es el beneficiario en este capítulo, veremos en el
capítulo 10 que nosotros disfrutaremos de las mejores promesas.
9.1 al 10
Un santuario terrenal
Leemos ahora del carácter temporal y limitado de la ceremonia bajo el primer
pacto, descrita como un servicio divino y un santuario terrenal. Los vv 2 al 5
describen ese santuario terrenal, los 6, 7 el servicio divino y los 8 al 10
concluyen el párrafo.
El tabernáculo era “un santuario de este mundo” en su localidad que, una vez
erigido, consistía en dos dependencias, divididas por un velo, cada una con sus
muebles correspondientes. La primera era el santuario, o lugar santo, y la otra el
lugar santísimo, o santo de los santos. La referencia al incensario de oro, sin
mención del altar de oro, nos hace pensar que en el día de expiación el
incensario vinculaba el lugar santo con el santísimo. La expresión “el cual tenía”
en el v. 4, y no “en”, como en el v. 2, hace entender que el arca de oro no tenía
un lugar fijo en el lugar santo.
Los vv 6, 7 nos explican que en el servicio divino los sacerdotes entraban siempre
en el lugar santo, tanto cada mañana para limpiar las lámparas como cada tarde
para quemar incienso, y cada sábado para reponer los panes. El sumo sacerdote
entraba una vez al año, portando sangre siempre, para sacrificar por sí y por los
yerros del pueblo.
La conclusión en los vv 8 al 10 era que este santuario, mientras estuviera en pie,
contaba con cierto significado pero no manifestaba el camino de acceso al lugar
santísimo que es el cielo. Al hablar en el v. 8 del primer taber-náculo,
obviamente se alude a la estructura entera, y no como en el v. 6. La palabra para
“lugar santísimo” en el v. 8 no es la del v. 3, pero sí es la del 10.19 y por ende se
refiere al cielo. Los dones y sacrificios del servicio divino, v. 9, nunca podían dar
paz a la conciencia.
El v. 9 habla del tiempo presente, o “el tiempo de poner las cosas en orden”.
¡Cuán privilegiados somos nosotros! El tabernáculo ha servido su función en la
práctica pero no en el alumbramiento: es ahora que está manifestado el camino
al santísimo. Los sacrificios y las ordenanzas de la carne, impuestos como una
carga, han servido su propósito temporal, y ahora las cosas han sido puestas en
orden; tenemos la conciencia tranquila. ¡Pero más de esto más adelante!
9.11 al 28
Ya presente Cristo
Los vv 11 al 23 tratan específicamente del judío. Obsérvese la referencia a las
obras muertas en el v. 14 y las transgresiones bajo el primer pacto en el v. 15. En
vv 11, 12 véanse al Sumo Sacerdote Cristo cual cumplimiento de la tipología del
tabernáculo y el lugar santo. Su propia sangre es de tal valor que Él ha entrado
en el lugar santo una vez por todas porque es eterna la redención que ha
realizado. Por esto no tiene que entrar cada año.
En los vv 13 al 15 encontramos al mediador del pacto nuevo, por cuya sangre la
conciencia puede ser limpiada y por cuya muerte se puede recibir la promesa de
una herencia eterna. En contraste con los sacrificios ignorantes, involuntarios de
animales físicamente perfectos, el sacrificio de Cristo era inteligente (el Espíritu
eterno), voluntario (se ofreció a sí mismo) y moralmente perfecto (sin mancha),
v. 14.
La sangre derramada de animales procuró una santidad externa, v. 13, pero la de
Cristo una limpieza interna. El carácter retrospectivo de la muerte de Cristo le
vindicó a Dios en su trato con las transgresiones bajo el primer pacto, de manera
que antes y después del Calvario los judíos reciben la promesa de una herencia
eterna, v. 15.
En los vv 18 al 23 volvemos al primer pacto y el rociamiento de sangre. Parece
que se agrupan diversas ocasiones del rociamiento para enfatizar que era un
elemento esencial en el trato de Dios con Israel: en el v. 19 Dios mora entre
ellos, Éxodo 24, y viaja con ellos, Números 19; en el v. 21 es para que le sirvan,
Éxodo 29, Levítico 8.
Tres apariciones están en los vv 24 al 28 :
• En el v. 24 Cristo se presenta ahora ante la faz de Dios por nosotros en la
eficacia de su sangre derramada. (Esto es el sumo sacerdote en el lugar santísimo
cuando hace expiación por su familia, Levítico 16.11, 14).
• En el v. 26, una vez en la consumación de los tiempos, Él se ha manifestado
para quitar
el pecado. (Esto es el sacrificio ofrecido en Levítico 16. 11, 15).
• En el v. 28 “aparecerá por segunda vez sin relación con el pecado, para salvar”,
una referencia a su manifestación futura para la salvación de Israel.
Capítulo 10
Israel, creyente y apóstata
En los vv 1 al 14 queda abolido el antiguo orden de santificación y queda
establecido el sacrificio de Cristo. Aquellos sacrificios antiguos no expresaban
en sí la voluntad de Dios ni le agradaban. Su ineficacia estaba manifiesta en su
repetición diaria y anual. La paz de conciencia era desconocida y la culpa del
pasado seguía latente; no se gozaba de confianza en cuanto al futuro y el
oferente nunca era perfeccionado.
El Hijo de Dios ofreció su cuerpo, realizó la voluntad del Padre y procuró
nuestra salvación, vv 6 al 10. Habiéndose ofrecido una sola vez, se ha sentado
para siempre y ahora los santificados están perfeccionados para siempre, vv 10
al 14.
En los vv 15 al 25 los creyentes de nuestros tiempos son los beneficiarios del
nuevo pacto. No se hace mención aquí de Israel y Judá, como en el capítulo 8.
Aquel capítulo habla del pacto “con ellos”, 10.16, pero éste habla del mensaje
del Espíritu para “nos”, 10.15. Por cuanto “no hay ofrenda por el pecado”, ni
Dios se acuerda más de las transgresiones, y nosotros nos avanzamos en
adoración, vv 17 al 22, anticipando confiadamente y manteniendo firme la
profesión de nuestra esperanza, sin dejar de interesarnos por los demás, vv 23 al
25.
En los vv 26 al 39 aprendemos el verdadero carácter del apóstata. Él ha recibido
un conocimiento de la verdad y ha sido alumbrado pero peca adrede y es un
adversario. El escritor descarta de hecho una debilidad o un lapso temporal,
enfatizando el hábito y la osadía de uno que ha rechazado deliberadamente al dar
la espalda al solo Sacrificio. Dios no tiene otra cosa que ofrecer y el juicio es
inevitable, vv 26, 27. El haber despreciado la ley de Moisés significa la muerte
sin misericordia ante dos o tres testigos, pero pecar deliberada-mente conlleva un
castigo mucho más severo, porque los testigos aquí en los vv 28, 29 son las tres
Personas de la Deidad.
¿Puede ser posible que ellos habían sufrido pérdida en vano, habiendo sido
alumbrados y habiendo aceptado que tenían una sustancia mejor y más
duradera? Todo era asunto de vivir por fe o echar para atrás. El “poquito” (de
tiempo) hasta que Él viniera es la prueba de fe. Si el israelita “se acerca”, v. 1, el
creyente “entra”, v. 19, y el apóstata “retrocede”, v. 38.
Capítulo 10
Entrar y acercarse
El israelita, tema de los vv 1 al 14 , nunca alcanzaba la dichosa condición de
“no… más conciencia del pecado”, v. 2. Pero para el creyente, vv 15 al 25, no
hay — no se requiere — “más ofrenda por el pecado”, v. 12. Para el apóstata, vv
26 al 38, no se puede ofrecer “más sacrificio por los pecados”, v. 26.
La obra de Cristo está a la vista en los vv 11 al 14. Habiendo ofrecido un solo
sacrificio, voluntario y vicario, nuestro Señor se sentó en perpetuidad con base
en esa obra terminada, en un lugar que deja entrever claramente que había sido
aceptado. Sus enemigos están todavía por ser subyugados y mientras tanto sus
amigos, en lo referente a sus pecados, están perfeccionados en perpetuidad.
El testimonio del Espíritu Santo es el tema de los vv 15 al 18 . Él testifica a un
pacto nuevo muy diferente al antiguo, que requería una memoria continua de
pecados, v. 3. Hoy día el creyente disfruta de una remisión de pecados plena y
perpetua; el Espíritu le dice: “Nunca más me acordaré de sus pecados y
transgresiones”, v. 17.
La adoración de los santos es lo que vemos en los vv 19 al 22 . En virtud de la
obra de Cristo, y el testimonio del Espíritu a la remisión de pecados, Dios nos
invita ahora a entrar en el lugar santísimo y hacerlo con plena confianza, vv 19,
22. Esta confianza es resultado de un perdón absoluto y una aceptación ilimitada.
Entramos por una vía recién ofrecida y viva; no sólo está siempre presente la
eficacia del Sacrificio, sino que no hay ninguna amenaza de muerte para los que
entran.
Entramos debido a una obra consumada: “la sangre de Jesús”, v. 19; nos
acercamos debido a una obra en progreso: “un gran sacerdote”, v. 21. El apóstata
retrocede, el creyente se acerca; el apóstata tiene un corazón malo de
incredulidad, 3.12, pero el creyente un corazón “verdadero” que responde en
“plena certidumbre de fe”. El v. 22 enseña la sangre para nuestra culpa y el agua
para nuestro renacimiento — cosa que ningún sacerdote hubiera atrevido hacer.
Capítulo 11
El justo por la fe vivirá
La edad antediluviana, vv 1 al 7 : La fe como sustituto de la esperanza, tan
necesaria para los judíos convertidos, no era algo nuevo, como se ve por el
ejemplo de Abraham en vv 9, 10. Tampoco lo era lo invisible, vv 7, 13 y 27.
Además se había experimentado alcanzar un “buen testimonio”, vv 4, 5 y 39.
Después de esta introducción, tenemos la fe que reconoce a un Dios Creador y
luego la fe que se expresaba en agradar a Dios y resultó en la separación del
mundo.
La edad patriarcal, vv 8 al 22 : Si Noé se hizo heredero de una posición,
Abraham se hizo heredero de un lugar. En Abraham vemos la obediencia de la fe
y en Sara su reconocimiento. En los vv 13 al 16 hay la fe que rehúsa retroceder.
Si ella consideró que Dios era fiel y recibió a un hijo, Abraham consideró que
Dios era poderoso y él también recibió al hijo, vv 17 al 19.
Leemos luego de la bendición de la fe, las “cosas venideras”, y su alcance, “cada
uno de los hijos de José”. En los vv 21, 22 la fe en la promesa de Dios no
mengua en la muerte; Jacob adoró cuando le fue prometida sepultura en Canaán,
y José mandó que él mismo fuese sepultado allí.
La servidumbre egipcia, vv 23 al 29 : Ahora vemos que la fe es más fuerte que el
temor. Los padres de Moisés no temían la orden real, ni temía Moisés la ira real.
En el v. 28, en relación con la pascua, había seguridad y en el 29, en la salida,
había separación.
La tierra de Canaán, vv 30 al 40: Dos incidentes asociados con la fe describen la
entrada de Israel en Canaán: los muros cayeron y la mujer no pereció. Una vez
identificadas las personas señaladas por fe en los días de los jueces y la
monarquía, sigue una mención de hazañas maravillosas de la misma. En los vv
33, 34 vemos sus éxitos, en el 35 su sufrimiento y en 36 al 38 la fe en lo que
parecía ser la derrota.
Los dos versículos finales nos proporcionan una conclusión humillante. Aquellos
nobles del Antiguo Testamento, cuya fe nos deja avergonzados, no serán
perfeccionados sin nosotros, y no es lo menos la gloriosa posibilidad de ser
nosotros arrebatados en cuerpos de gloria, sin morir.
12.1 al 11
Jesús nuestro ejemplo y estímulo
La carrera, vv 1, 2: Debemos fijarnos en Jesús, nuestro Ejemplo, donde Él está
ahora. El gozo estaba puesto delante de él, pero en cambio la carrera está puesta
delante de nosotros. Se requiere aguante; Jesús sufrió la cruz y nosotros debemos
correr con paciencia (persistencia).
Estamos rodeados de testigos y estorbados por pecado, de manera que la
necesidad es doble.
Primeramente, no nos ocupemos de aquellos héroes de la fe del capítulo 11 que
alcanzaron buen testimonio con base en la fe, sino ocupémonos de Jesús que
comenzó y terminó la senda de fe sin fallar. Fijemos el ojo en Aquel que, por el
gozo puesto delante de él, soportó la crucifixión, menospreció el oprobio y se
sentó a la diestra de Dios, no en virtud de su obra terminada como en el 10.12,
sino de una carrera finalizada.
En segundo lugar, debemos poner a un lado todo impedimento y el pecado que
asecha: el de abandonar la carrera. Para los hebreos, el peligro era su asociación
de por vida con un santuario terrenal y sus rutinas que se cumplían por vista y no
por fe.
La disciplina, vv 3 al 11: Para nuestro estímulo, le consideramos tal como era
aquí. Es significativo que se dice que la oposición nuestra viene del pecado
cuando para él venía de los pecadores. De nuevo la necesidad es la de la
persistencia, y debemos notar que tenemos que soportar la disciplina, mentiras
que Jesús tuvo que soportar la contradicción.
La disciplina es la instrucción parental y la corrección de un niño. Sin embargo,
el papel de Dios difiere de aquel de nuestros padres terrenales. Estamos bajo su
jurisdicción por un lapso breve, cuando nos castigan según les parezca
apropiado. No son infalibles, pero con todo les veneramos. El castigo divino, del
Padre de nuestros espíritus, es siempre para provecho. Él no se equivoca, ¿y por
esto no debemos estarle sujetos?
La fuente de la disciplina es el Señor, v. 5; los recipientes son hijos, v. 7; el
alcance es que todos somos participantes, v. 8. Son cuatro las respuestas
mencionadas:
• menospreciar, v. 5, o no prestar la debida atención al porqué
de la disciplina
• desmayar, v. 5, o darse por vencido debido al fracaso
• soportar, v. 7, o soportar la prueba con miras a aprender la lección
• ejercitarse, v. 11, o tomar la cosa en serio así como un acróbata
que domina todo músculo
El Señor es la fuente, v. 5; el amor el motivo, v. 6; nuestro provecho el objetivo,
v. 10.
12.25 al 29
Sinaí y Sion
Los vv 12 al 17 concluyen la sección bajo consideración y a la vez presentan la
siguiente. Para ayudar al débil, uno tiene que levantar las manos caídas,
fortalecer las rodillas endebles y enderezar la senda por dónde camina. Para ver
al Señor, uno debe proseguir la paz y la santificación.
Se precisa de vigilancia, acaso haya entre los débiles un apóstata que no tiene la
gracia de Dios y ha sido envenenado por una raíz de amargura. Esaú, quien
renunció la bendición por un poco de comida, figura como ejemplo de un
apóstata que optó por lo temporal en vez de lo eternal. No obstante sus lágrimas,
Esaú descubrió por su elección deliberada que su padre no podía arrepentirse;
irrevocablemente, la bendición era para Jacob.
Para dejar expuestas la necedad y la gravedad de la apostasía, los vv 18 al 21 nos
explican qué es el cristianismo y los vv 22 al 24 explican qué no es. Apostatarse
era retroceder a lo palpable, a la ley con la muerte y los juicios tan temerosos
que el Sinaí proyectaba. El creyente no ha venido a esto sino a un monte
simbólico de la constitución de un reino en Cristo.
Los vv 22 al 24 presentan la gran edad futura del reino, y por fe el creyente ha
venido ya. Hay una ciudad celestial que Abraham esperaba; una congregación
universal de huestes innumerables de ángeles; la asamblea general de aquellos
inscritos en el cielo que comparten la primogenitura; Dios con todo bajo sus
escrutinio; las santos del Antiguo Testamento perfeccionados ya; Jesús el
mediador del pacto nuevo para Israel y Judá sobre la tierra; y la sangre rociada
que asegura bendiciones terrenales.
El apóstata, una persona profana, escoge lo que es palpable y pierde el derecho a
lo que es de fe. Si no había escape para aquellos que rechazan los oráculos del
Sinaí, menos habrá para aquellos que rechazan los oráculos del cielo que ofrecen
una redención eterna. Los temblores del Sinaí no pueden ser comparados con un
sacudimiento futuro cuando se quitará todo lo que no es de Dios y quedará un
reino sempiterno. Esto no es algo que el creyente teme, sino una promesa que
atesora; es la constitución de la creación nueva. Sin embargo, teniendo presente
el carácter de Dios, procuramos servirle ahora con gracia, reverencia y temor.
Capítulo 13
Establecidos con gracia
Vv 1 al 6, prácticos: El amor hermanable es hospitalario, y no debemos
olvidarlo. Simpatía: acordarnos también de los presos. Pureza: man-tengamos
honroso el matrimonio. Contentamiento: guardemos “sin rastro del amor del
dinero”, contentos con lo que tuviéramos.
Vv 7 al 17, doctrinales: Jesucristo sigue fiel cuando se van los líderes fieles. La
gracia estabiliza cuando hay peligro de zozobra. Tenemos un altar que no es
tangible ni visible. Es el Calvario y descarta a los que todavía sirven al tipo del
Antiguo Testamento.
El padecimiento de Cristo puerta afuera era un cumplimiento del sacrificio por el
pecado que no se comía sino se quemaba. El lugar de su sufrimiento no sólo
cumplió un tipo sino también significó el fin de todo lo que representaba el
campamento de Israel. Todos los que hoy día están separados, puestos aparte
para Dios, son puestos aparte del judaísmo y lo que corresponde a ello en estos
tiempos.
Para el judío convertido, el reproche era seguro, pero era el reproche de Cristo.
No había nada duradero aquí, aun Jerusalén sería destruida dentro de poco, pero
una ciudad celestial estaba asegurada. Le correspondía a ese judío un sacrificio
doble — un corazón que expresaba su gozo continuamente a Dios por medio de
Cristo, y su bondad para con los hombres. Él contaba también con líderes que
velaban por su alma. Lo que era suyo por gracia es nuestro también.
Vv 18 al 25, exhortativos: El que escribe solicita la oración, reconociendo que el
pueblo de Dios le necesita y confiando que su conciencia y conducta hayan sido
dignos de esta solicitud. Él oro por ellos también, que sean perfeccionados en
toda buena obra de gracia para hacer la voluntad de Dios como está declarada en
esta Epístola, y a la vez que Dios efectuara en ellos por medio de Jesucristo lo
que a él le agrade.
Si, una vez que Dios había vuelto a traer a sus padres del Mar Rojo, con Moisés
y Aarón como sus pastores (Isaías 63.11), este Dios de paz también había
resucitado de los muertos al Señor Jesús como su Gran Pastor. Si, una vez que
sus padres habían sido traídos del Mar Rojo, les fue dado un pacto de
condenación, entonces su Gran Pastor había sacado de la muerte un pacto eterno,
ratificado en su propia sangre, que les aseguraba la bendición eterna.
Comparada con lo que se ha podido escribir, la Epístola a los Hebreos era tan
sólo unas pocas palabras.
El sacerdocio en la Epístola a los Hebreos
Hasta Moisés
Por la fe Abel ofreció a Dios... excelente sacrificio... dando Dios testimonio de
sus ofrendas, 11.4.
Melquisedec, rey de Salem, era sacerdote del Dios Altísimo... Su nombre
significa primeramente Rey de justicia, y también Rey de paz. Era sin padre, sin
madre, sin genealogía. No tiene principio de días, ni fin de vida, sino, hecho
semejante a Hijo de Dios, permanece sacerdote para siempre, 7.1
al 3.
Abraham le dio los diezmos de todo. Él bendijo a Abraham quien tenía las
promesas. En esto Abraham, el menor, fue bendecido por Melquisedec, el mayor.
7.1 al 7.
Por la fe Abraham... ofreció a Isaac, 11.17. Por la fe Jacob... adoró, 11.21. Por la
fe [Moisés] celebró la pascua y la aspersión de la sangre, 11.28.
Nada perfeccionó la ley, 7.18