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Calvete, Benjamín

La Corte Suprema de Justicia de la Nación resolvió sobre la acusación del Procurador Fiscal contra Benjamín Calvete por injurias y amenazas publicadas en el diario El Pueblo, relacionadas con un senador. La Corte determinó que la jurisdicción para tratar este caso no corresponde a los tribunales federales, ya que la Constitución prohíbe que se establezca jurisdicción federal sobre la libertad de prensa. Finalmente, se revocó el auto del juez seccional y se devolvió el caso para que se proceda conforme a derecho.

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Calvete, Benjamín

La Corte Suprema de Justicia de la Nación resolvió sobre la acusación del Procurador Fiscal contra Benjamín Calvete por injurias y amenazas publicadas en el diario El Pueblo, relacionadas con un senador. La Corte determinó que la jurisdicción para tratar este caso no corresponde a los tribunales federales, ya que la Constitución prohíbe que se establezca jurisdicción federal sobre la libertad de prensa. Finalmente, se revocó el auto del juez seccional y se devolvió el caso para que se proceda conforme a derecho.

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Calvete, Benjamín

SENTENCIA
19 de Septiembre de 1864
CORTE SUPREMA DE JUSTICIA DE LA NACION. CAPITAL FEDERAL, CIUDAD AUTÓNOMA DE BUENOS
AIRES
Magistrados: Francisco de las Carreras - Salvador María del Carril - Francisco Delgado - José Barros Pazos
Id SAIJ: FA64998066

TEXTO COMPLETO

Sobre Jurisdiccion del Juzgado Seccional de Buenos-Aires para conocer de la acusacion entablada por el
Procurador Fiscal, Contra Don Benjamin Calvete por publicaciones en la prensa.

El Procurador Fiscal se presenta diciendo: Acompaño la resolucion del Honorable Senado por el cual se
ordena la acusacion del Señor Calvete, y tambien el número 148 del diario El Pueblo que se publica en esta
capital, en el cual se registra el artículo que ha dado oríjen á aquella determinacion, para que V. S. previo el
reconocimiento correspondiente, imponga al señor Calvete la pena establecida por el artículo 32 de la Ley
del Congreso de 14 de Setiembre de 1863, pues segun el artículo 30, inciso 2º de la misma Ley, el delito
cometido contra el Senador Don Martin Piñero, injuriándole y amenazándole con torpeza, por opiniones
vertidas en el recinto de la Cámara, en ejercicio de sus funciones, es un verdadero desacato contra las
autoridades nacionales. -Salustiano J. Zavalia.

El remitido publicado en El Pueblo es el siguiente:

½He leido en la Nación del 29 del pasado el artículo Seccion Parlamentaria.

þÿ%W Seria hacer mucho honor al tuerto Piñero, refutar sus soeces insultos, ó protestar contra ellos; sabido es,
que solo los produce garantido por el sagrado del recinto en que lo hace, y por otra parte, para desfogar un
poco la hiel que siempre está dispuesto á vomitar.

þÿ%W No será difícil, que éste señalado por la mano de Dios, llegue á serlo por partida doble; es decir, puede
hacer de repente la adquisición de algunos latigazos administrados por alguno de los muchos que se ha
permitido ofender.

Sírvase publicar la presente en su acreditado periódico, y contar con el aprecio con que siempre lo ha
distinguido.

Su afectísimo.

þÿBenjamín Calvete.%W Nueve de Julio, Julio 13 de 1864.

Auto del Juez Seccional.

Buenos-Aires, Agosto 25 de 1864.

Vista la presente acusacion de la que resulta: que el Procurador Fiscal en cumplimiento de una resolucion
del Honorable Senado de la Nacion, deduce acusacion en forma contra Don Benjamin Calvete, por haber
publicado en el diario El Pueblo, un escrito en el cual se infiere una torpe amenaza y se injuria al señor
Senador Don Martin Piñero, con motivo de opiniones vertidas por él en el ejercicio de sus funciones. Y
fundándose en que ese escrito ha sido considerado por el Honorable Senado como una ofensa hecha á su
propia dignidad; como un quebrantamiento del privilegio parlamentario y como un delito cuyo
conocimiento compete á los Tribunales Nacionales; y clasificando el delito como un desacato contra las
autoridades nacionales, previsto por el artículo treinta de la ley de catorce de Setiembre de mil ochocientos
sesenta y tres, pide la aplicacion de la pena que ese artículo establece. Y considerando: Primero. Que en este
caso no se trata solamente de un desacato contra la autoridad, sino mas bien, de un abuso de la libertad de
imprenta, porque los abusos de la prensa los constituyen los delitos cometidos por medio de ella, y estar tan
estrechamente ligados el uno con el otro, que el juicio tiene forzosamente que comprender á ambos.
Segundo. Que el artículo treinta de la ley nacional penal invocada por el Procurador Fiscal, al tratar de las
injurias y desacatos contra las autoridades nacionales, no se ha referido á los delitos de la prensa. Primero.
Porque de su tenor no se deduce tal cosa. Segundo. Porque no podia hacerlo en vista del artículo treinta y
dos de la Constitucion Nacional, que establece, que el Congreso Federal no dictará leyes que restrinjan la
libertad de imprenta ó establezcan sobre ella la jurisdiccion federal. Tercero. Porque la soberanía provincial
se ha reservado la facultad de reprimir tales delitos, como espresamente se reconoció al tratarse en la
Convencion del artículo citado; (diario de Sesiones de la Convencion del Estado de Buenos-Aires, página
97) y porque asi ha sido reconocido por la Suprema Corte de Justicia en el caso promovido por el señor
Fiscal General de la Nacion contra el Doctor Don Manuel G. Argerich. Que no existiendo, pues, ley alguna
nacional que rija el delito que se acusa; y prohibiendo la Constitucion toda jurisdiccion en materias de
imprenta, carece el Juzgado de la facultad necesaria para entender en esta acusacion. Declara: Que no debe
hacer lugar á la acusacion deducida por el señor Procurador Fiscal contra Don Benjamin Calvete. -Alejandro
Heredia.

El Procurador Fiscal apeló de esta resolucion, en cuyo recurso recayó el siguiente:

Fallo de la Suprema Corte.

Buenos-Aires, Setiembre 19 de 1864.

Vista la acusacion del Procurador Fiscal contra el Sargento Mayor Don Benjamin Calvete, por un
comunicado que publicó bajo su firma, el diario titulado El Pueblo, y en el cual, á juicio de aquel
funcionario, se injuria gravemente y se amenaza al señor Senador de la Nacion, Don Martin Piñero, con
motivo de un discurso que pronunció en una Sesion del Congreso; visto tambien el auto del Juez de Seccion
de esta Provincia, declarándose incompetente para conocer de la causa, y espresando como razon principal
de este pronunciamiento la de que, habiéndose prohibido por el artículo treinta y dos de la Constitucion
Nacional que se establezca sobre la libertad de la prensa la jurisdiccion federal, las dichas injurias y
amenazas no pueden ser castigadas por los Tribunales que ejercen esa jurisdiccion. Y considerando:
Primero. Que atendidos los fines que se propone la misma Constitucion, disponiendo, en su artículo sesenta,
que los miembros del Congreso no puedan ser acusados, interrogados, ni molestados por las opiniones ó
discursos que emitan desempeñando su mandato de legisladores, esta inmunidad debe interpretarse en el
sentido mas amplio y absoluto; porque si hubiera un medio de violarla impunemente, se emplearia él con
frecuencia por los que intentasen coartar la libertad de los legisladores, dejando burlado su privilegio, y
frustrada la Constitucion en una de sus mas subtanciales disposiciones. Segundo. Que este seria
efectivamente el resultado, si los libelos impresos contra los Representantes por las opiniones que emitan en
el Congreso, no pudieran ser acusados ante los Tribunales de la Nacion; pues la inmunidad de que gozan es
un derecho creado por la Constitucion Nacional, que no puede ser regido sino por ella y por las leyes del
Congreso, segun el inciso veinte y ocho del artículo sesenta y siete de la misma Constitucion, y por el
artículo cien se atribuye esclusivamente á la jurisdiccion federal el conocimiento y decision de las causas
que versan sobre puntos comprendidos en esa clasificacion; deduciéndose de estos principios que si los
Tribunales Nacionales fueran incompetentes para proceder en el presente caso, lo serian tambien los de
Provincia, y que la Constitucion habría dado á los Legisladores de la República un privilegio ilusorio, contra
la manifiesta intencion de sus autores. Tercero. Que la inconsecuencia ó la falta de prevision jamas se
supone en el Legislador, y por esto se reconoce como un principio inconcuso, que la interpretacion de las
leyes debe hacerse siempre evitando darles aquel sentido que ponga en pugna sus disposiciones,
destruyendo las unas por las otras, y adoptando, como verdadero, el que las concilie, y deje á todas con valor
y efecto. Cuarto. Que aplicando esta regla de interpretacion al artículo treinta y dos citado, resulta: que la
abstencion que por él se impone á la jurisdiccion federal, está circunscripta á aquellas infracciones de las
leyes comunes que pueden ser castigadas por los Tribunales de Provincia quienes compete hacer cumplir sus
preceptos; como son: las ofensas á la moral, y demas que se cometan abusando del derecho garantido á la
prensa de poder discutir libremente todas las materias religiosas, filosóficas y políticas; las injurias y
calumnias inferidas á personas privadas, ó á empleados cuyas faltas es permitido denunciar ó inculpar,
porque la Constitucion no les ha concedido inmunidad, ...; pero que de ningun modo se estiende á aquellos
delitos que, aunque cometidos por medio de la prensa, son violaciones de la Constitucion Nacional, ó
atentados contra el órden establecido por ella, y puesto bajo el Ómparo de las autoridades que ha creado para
su defensa. Quinto. Que esta fue la inteligencia que se dió al artículo treinta y dos por la comision
examinadora de la anterior Constitucion que lo propuso á la Convencion de Buenos-Aires (donde como en
la que se reunió en Santa-Fé fue sancionado sin discusion). Segun claramente se deduce del informe con que
acompañó sus proyectos de reformas y del discurso del miembro encargado de sostenerlas; diciéndose en el
primero: ½Aun considerando los abusos de la palabra escrita como verdaderos delitos (que en realidad no
son sino actos dañosos á la sociedad), ellos no podrian caer bajo la jurisdiccion nacional, como no caen los
delitos comunes, y seria un contrasentido que fuese Tribunal Nacional un jurado de imprenta, y no lo fuese
þÿun juzgado civil ó criminal;%W y en el discurso del segundo: ½El Congreso dando leyes de imprenta, sugetaria
þÿel juicio Ó los Tribunales federales, sacando el delito de su fuero natural;%W lo que solamente puede ser
verdad entendiéndose por abuso de la libertad de imprenta, la infraccion, por medio de ella, de algun
precepto del derecho comun; pues el juicio de las que se cometen contra la Constitucion Nacional y las leyes
del Congreso, no pertenece al fuero provincial, y deduciéndose de estos fundamentos que el Juzgado de
Seccion es competente para conocer de la acusacion que el Procurador Fiscal ha entablado, ante él, contra el
Sargento Mayor Don Benjamin Calvete; se revoca el auto apelado de foja cuatro, y devuélvase para que
poniendo aquel Juzgado en ejercicio su jurisdiccion, proceda en la causa y resuelva lo que corresponda por
derecho. -Francisco de las Carreras. -Salvador María del Carril. -Francisco Delgado. -José Barros Pazos.

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