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El Ruiseñor y La Rosa

El joven estudiante desea una rosa roja para conquistar a su amada, pero no encuentra ninguna en su jardín. Un ruiseñor, al escuchar su tristeza, decide sacrificarse para crear la rosa con su propia sangre, simbolizando el verdadero amor. Sin embargo, cuando el estudiante finalmente obtiene la rosa, su amada la rechaza, lo que lo lleva a despreciar el amor y volver a la lógica y la filosofía.

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El Ruiseñor y La Rosa

El joven estudiante desea una rosa roja para conquistar a su amada, pero no encuentra ninguna en su jardín. Un ruiseñor, al escuchar su tristeza, decide sacrificarse para crear la rosa con su propia sangre, simbolizando el verdadero amor. Sin embargo, cuando el estudiante finalmente obtiene la rosa, su amada la rechaza, lo que lo lleva a despreciar el amor y volver a la lógica y la filosofía.

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EL RUISEÑOR Y LA ROSA

El joven estudiante estaba desolado pensando que ella le había dicho


que bailaría con él solo si le llevaba rosas rojas. Pero no hay ni una
sola rosa roja en todo mi jardín terminó diciendo en voz alta. Si le
llevo una rosa roja, la tendré entre mis brazos, y su cabeza
descansará sobre mi hombro, y su mano será mía. Pero no hay
ninguna rosa roja en mi jardín; me sentaré solo y ella pasará ante mí,
no me hará caso, y sentiré desgarrarse mi corazón.

Desde su nido en un encino le oyó el ruiseñor. “He aquí, al fin, un


verdadero enamorado” ––dijo el ruiseñor––. “Noche tras noche he
cantado para él, a pesar de no conocerle y ahora le contemplo. Su
cabello es oscuro como la flor del jacinto, y sus labios rojos como la
rosa que desea encontrar; pero su ansiedad ha tornado su faz tan
pálida como el marfil; y la tristeza le ha dejado su sello en la frente.
Ciertamente el amor es algo enigmatico, es más valioso que las
esmeraldas, y más precioso que los finos ópalos. Ni las perlas ni el
dinero pueden comprarle, porque no está en los mercados”.

Mientras, el estudiante se dejó caer sobre la hierba, y ocultando su


cara entre las manos, lloró.

––“¿Por qué llora?” ––preguntó una pequeña lagartija

––“Es cierto, ¿por qué?” ––susurró una margarita a su vecina.

––“Llora por una rosa roja” ––dijo el ruiseñor.

––“¿Por una rosa roja? ¡Qué tontería!” Y la largartija, que era algo
cínica, se echó a reír.

Pero el ruiseñor conocía el secreto de la pena del estudiante, y


permanecía silencioso, posado en el encino, y reflexionando sobre el
misterio del amor. De pronto, extendiendo sus alas, se remontó en el
aire. Pasó a través de la arboleda como una sombra, y como una
sombra cruzó el jardín. En el centro se erguía un rosal precioso.

–“Dame una rosa roja” ––le dijo–– “y te cantaré la más dulce de mis
canciones”. Pero el rosal sacudió su cabeza. ––“Mis rosas son blancas”
“Tan blancas como la espuma del mar, y más blancas que la nieve en
la cumbre de las montañas. Pero ve a mi hermano que crece bajo la
ventana del estudiante, y quizá pueda darte lo que deseas.” Entonces
el ruiseñor voló al rosal que crecía bajo la ventana del estudiante.

––“Dame una rosa roja” ––dijo–– “y te cantaré la más dulce de mis


canciones”. Pero el rosal sacudió la cabeza. –“Mis rosas son rojas, tan
rojas como la pata de la paloma. Pero el invierno ha helado mis venas,
y la escarcha ha quemado mis capullos, y no tendré rosas en todo el
año.”

Y el ruiseñor insistía: ––“Una sola rosa roja es lo que necesito. ¡Sólo


una rosa roja!

––” Hay una forma en que podrías conseguirla” ––contestó el rosal––.


“Pero es tan terrible, que no me atrevo a decírtelo. Si quieres una rosa
roja, la tendrás que formar con música a la luz de la luna, y teñirla
con la sangre de tu propio corazón. Tendrás que cantarme con tu
pecho apoyado contra una espina. Toda la noche deberás cantarme, y
la espina entrará tu corazón, y tu sangre correrá por mis venas, y tu
vida será mía.”

––“La vida es un precio muy elevado por una rosa roja” ––dije el
ruiseñor–– “y la vida nos es a todos muy querida. Es agradable
posarse en los árboles del bosque, contemplar el sol en su carroza de
oro, y la luna en su carroza de nácar. Sin embargo, el amor es mejor
que la vida, y... ¿qué es el corazón de un pájaro, comparado con el
corazón de un hombre?”

Entonces como una sombra cruzó el bosque. El joven estudiante


permanecía tendido sobre la hierba ––“¡Alégrate!” ––gritó el
ruiseñor–– “¡alégrate!, ¡vas a conseguir tu rosa roja! La voy a crear
con música, a la luz de la luna, y la teñiré con la sangre de mi propio
corazón. Todo lo que pido de ti, en recompensa, es que seas un
enamorado perfecto, porque el Amor es más sabio que la Filosofía, y
más fuerte que la fuerza. El estudiante mirando hacia arriba escuchó.
Pero no pudo entender lo que decía el ruiseñor, pues sólo le era
posible comprender las cosas que estaban escritas en los libros. Pero
el encino, dándose cuenta de todo, se sintió triste; porque quería
mucho al ruiseñor que había hecho su nido entre sus ramas.
––“Cántame una última canción” ––murmuró––, “me voy a sentir muy
solo cuando te vayas”. el ruiseñor cantó para el encino, y su canto era
fluido como agua cristalina. Y cuando la luna brillaba alta en los
cielos, el ruiseñor voló hacia el rosal apoyando fuertemente su pecho
contra la espina. Cantó durante toda la noche con el pecho oprimido
sobre la espina; y la luna gélida, como hecha de cristal, se inclinaba
hacia la tierra para escucharle. Cantó toda la noche, y la espina iba
clavándose más y más honda en su pecho, y la sangre de su vida se
escapaba... Primero cantó del amor naciente en el corazón de un
joven y una doncella. Y en el retoño más alto del rosal apareció;
pétalo tras pétalo, al igual que canción tras canción, una rosa
espléndida. Al principio era pálida, como la neblina suspendida sobre
el río. Pero el rosal le dijo al ruiseñor que apoyase con más fuerza su
pecho contra la espina. ––“Oprime más tu pecho contra la espina,
ruiseñor” ––decía el rosal–– “o llegará el día antes de que la rosa esté
terminada”. Entonces el ruiseñor uniendo su pecho con más fuerza a
la espina, entonó una melodía cada vez más vibrante. Y el rosal decía
al ruiseñor: ––“Oprime más, pequeño ruiseñor; o llegará el día antes
de que la rosa esté terminada.” Y el ruiseñor uniendo con todas sus
fuerzas su pequeño pecho contra la espina, hizo que ésta hiriese su
corazón, y el dolor le atravesó. Terrible, terrible era el dolor mientras
el canto crecía alocado, porque ahora cantaba del amor después de la
muerte; del amor que no termina en la tumba. Y la rosa magnífica se
tornó roja, como las rosas de Oriente. Rojos eran los pétalos que la
circundaban, y rojo como el rubí era su corazón. Pero la voz del
ruiseñor iba apagándose, y sus alas comenzaron a vibrar, y un velo le
cubrió los ojos. Su canto era cada vez más débil, algo estrangulaba su
garganta. Entonces lanzó un último trino musical. “¡Mira, mira!” ––
gritó el rosal–– “Ya está terminada la rosa.” Pero el ruiseñor ya no
podía contestar. Y al mediodía el estudiante, abriendo su ventana,
miró afuera. ¡Cómo... qué suerte maravillosa!” ––exclamó––. “¡Hay
una rosa roja! ¡Nunca había visto rosa como ésta en toda mi vida! E
inclinándose la cortó. En seguida, poniéndose el sombrero, fue
corriendo a casa del profesor, con la rosa en la mano. La hija del
profesor estaba sentada en el umbral de su casa devanando seda
azul en la rueca y su perro descansaba a sus pies. ––“Me dijiste que
bailarías conmigo, si te obsequiaba una rosa roja” –– dijo el
estudiante––. “Aquí tienes la rosa más roja de todo el mundo. La
lucirás está noche junto a tu corazón, y mientras bailamos juntos, ella
te dirá lo mucho que te amo.” Pero la muchacha hizo un gesto
desdeñoso. ––“Temo que no va a hacer juego con mi vestido, y
además el sobrino del chambelán me ha obsequiado unas joyas
finísimas, y todo el mundo sabe que las joyas valen más que las
flores. ––“En verdad, eres una ingrata” ––dijo furioso el estudiante. Y
tiró la rosa al arroyo, y un pesado carromato la deshizo.
––“¿Ingrata...?, debo confesarte que me pareces un mal educado.
Después de todo; ¿quién eres tú? Nada más un estudiante. Creo que
ni tienes hebillas de plata en tus zapatos, como las tiene el sobrino
del chambelán.” Y levantándose de la silla, entró en la casa. ––“¡Qué
cosa más tonta es el amor!” ––dijo el estudiante alejándose––. “No
tiene la mitad de utilidad que tiene la Lógica; porque no demuestra
nada, y siempre nos habla de lo irrealizable, y nos hace creer en
cosas que no existen. Como en estos tiempos el ser práctico lo es
todo, volveré a la Filosofía, y estudiaré Metafísica.” Así pues, regresó a
su cuarto, y tomando en sus manos un gran libro polvoriento,
comenzó a leer.

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