Introducción
La cultura Wayuú es una de las culturas precolombinas
americanas más emblemáticas del país de Colombia. En este trabajo
escrito se desglosarán una serie de argumentos oficiales, detallados y
reales que comprueban la veracidad de dicha afirmación.
Argumentos que no solo van desde un ámbito antiguo sino
también desde uno con historias, noticias, relatos, entre otros
artículos muy recientes. Lo que sin duda de muestra franqueza de
todo lo que se expondrá en este existente trabajo.
Este trabajo abordará principalmente los temas más
relevantes que dan a conocer toda la historia y origen de la cultura
Wayuú. Tales como su ubicación, su Economía, su Gastronomía
(esta está ligada a su bebida y a su dulce tradicional) continuando
con sus artesanías, su vestuario, su peinado, sus alegres danzas, su
lengua de origen y como no menos importante, su Religión y ritos
fúnebres.
Objetivo especifico
Dicho trabajo, así como aborda y tiene un objetivo general,
también consta de uno específico.
El objetivo específico de este trabajo es Identificar, Analizar
y Explorar las principales tradiciones y costumbres del pueblo
Wayuú. También reconoce la importancia de la cultura Wayuú como
una organización social y familiar.
Este objetivo parte de todos los temas principales que se
sustentaran, es un evidente logro que se alcanza a identificar
mediante la información planteada a lo largo del escrito.
Este objetivo específico es muy importante para poder crear
uno general, esto gracias a que este es el que sintetiza de manera
breve y concisa toda la información en logros fundamentales que
trabajan muy de la mano para llevar a cabo el objetivo general.
Objetivo general
Explorar de manera comprensiva la cultura del pueblo
Wayuu, reconociendo la profundidad de sus tradiciones, su
cosmovisión, su organización social, sus manifestaciones artísticas
como el tejido, y su lengua materna, el wayuunaiki, con el propósito
de valorar su riqueza cultural y visibilizar su papel fundamental en
el tejido social y étnico de Colombia. Este trabajo busca no solo
describir sus costumbres, sino también generar conciencia sobre la
importancia de preservar y respetar la identidad cultural de esta
comunidad indígena, que, a pesar de enfrentar múltiples desafíos
sociales, económicos y ambientales, continúa resistiendo y
transmitiendo su sabiduría ancestral de generación en generación.
Desarrollo
Origen
La historia del pueblo Wayuú es una travesía de resistencia,
identidad y profunda conexión con la tierra y el espíritu. Ellos
habitan la península de La Guajira, una zona árida entre Colombia y
Venezuela, donde el desierto se encuentra con el mar y la vida brota
en medio de la adversidad. Desde tiempos ancestrales, los Wayuu
han vivido en este territorio, mucho antes de la llegada de los
europeos. No se consideran un solo grupo indígena, sino una nación
con su propio idioma, el wayuunaiki, y una estructura social única
basada en clanes o “castas” que se transmiten por la línea materna.
Durante siglos, los Wayuu han defendido su autonomía
cultural y territorial. A diferencia de otros pueblos indígenas de
América, nunca fueron completamente conquistados por los
españoles. Su conocimiento del terreno, su habilidad para montar a
caballo y su fuerte sentido comunitario les permitió resistir la
colonización. En vez de someterse, negociaron, lucharon y se
adaptaron, siempre manteniendo su esencia viva.
Una parte importante de su historia es su espiritualidad y la
manera en que entienden el mundo. Para los Wayuu, la vida no se
divide simplemente entre lo terrenal y lo espiritual, sino que todo
está entrelazado. Creen en sueños que revelan mensajes del más allá,
en la sabiduría de sus ancestros y en la fuerza de la naturaleza. Su
historia no solo está escrita en hechos, sino también en leyendas,
cantos y peinados que cuentan quiénes son y de dónde vienen.
En los tiempos modernos, los Wayuu han enfrentado nuevos
retos. Han tenido que lidiar con el abandono estatal, la explotación
de sus recursos naturales, el cambio climático y la violencia de
grupos armados en su territorio. Sin embargo, han sabido seguir
adelante, preservando su cultura a través del tejido, el canto, la
danza, la palabra y la educación.
Hoy, los Wayuu siguen siendo símbolo de resistencia y
sabiduría ancestral. Su historia no es una página del pasado, sino una
lucha continua por la dignidad, la memoria y el derecho a vivir
según sus propias formas de entender el mundo
Ubicación
En el hemisferio occidental, en la parte norte de Sudamérica se
encuentra ubicada la península de la guajira, ubicada en el extremo
norte de Colombia en la región caribe, compartiendo frontera con el
Estado de Zulia de Venezuela. Rodeada por las aguas de la cuenca
del gran Caribe. Es la península de la guajira y parte del Estado de
Zulia, el hogar de los Wayuú.
El pueblo Wayuú habita la árida península de la guajira y el
noroeste de Venezuela. Ocupan un territorio de 15.300 km² en
Colombia, 12.000 km² en Estado de Zulia al noroccidente de la
sierra nevada y al suroriente la serranía del perijao de los que nacen
los ríos Ranchería y Limón que bañan la llanura de la baja guajira.
La media guajira tiene relieve estable (altura Max 40m),
combina paisajes semiserticos, sabanas cubiertas de montes
espinosos y estepas herbáceas.
La alta guajira es principalmente desértica con un sistema
montañoso de máximo 800m, llamado la macuira. El clima de esta
región varia de árido a seco. Cuenta con un escaso régimen de
lluvias y la constante presencia de los vientos alisios. La principal
época de lluvias se da de octubre a noviembre, contando con otras
tres épocas, pero en menos cantidad.
Al sur de la guajira se encuentras la mayor vegetación, siendo
ya la zona media y específicamente el alta de carácter desértico o
semidesértico.
Los dos ríos más importantes son el Ranchería y el limón que
alimentan toda la región. Las demás formaciones de agua son
algunos pequeños Jagüey que se alimentan de las lluvias
esporádicas. La macuira es un importante complejo montañoso que
no sobre pasa los 800m de altura. Dada su presencia se presenta
fenomenos aluviales diferentes lo cual le provee diversidad
biológica de gran importancia para la región.
Población
El Censo DANE 2005 reportó 270.413 personas que se
reconocen como pertenecientes a pueblo Wayuú, cifra que posiciona
a este pueblo indígena como el de mayor cantidad de población del
país. El 48,88% son hombres (132.180 personas) y el 51,12%
mujeres (138.233 personas)
La población Wayuú se concentra en el departamento de la
Guajira, en donde habita el 98,03% del total. Le siguen Cesar con el
0,48% (1.293 personas) y Magdalena con el 0,42% (1.127 personas).
Estos departamentos concentran el 98,92% poblacional de este
pueblo. Los Wayuú representan el 19,42% de la población indígena
de Colombia. La población Wayuú que habita en zonas urbanas
corresponde al 12,22% (33.038 personas), cifra inferior al promedio
nacional de población indígena urbana que es del 21,43% (298.499
personas).
El territorio tradicional del pueblo Wayuú comprende toda la
península de la Guajira hasta el lago de Maracaibo, zonas aledañas a
la Sierra Nevada de Santa Marta y la Serranía del Perijá (Cabo de la
Vela), denominado “Jepira” en la lengua del pueblo es un sitio
sagrado de gran importancia para el pueblo, y se le asocia al último
recorrido que hacen los espíritus hacia el fondo del mar, al cual se le
denomina “la tierra de los guajiros muertos”. (Ministerio de Cultura.
República de Colombia)
Su distribución demográfica está intrínsecamente relacionada
con los cambios estacionales; durante la estación seca, muchos
Wayúu buscan trabajo en territorio venezolano o en otras ciudades o
pueblos y en la temporada de lluvias muchos retornan a sus
rancherías.
Es importante señalar que los Wayúu no se distribuyen de
manera uniforme en su territorio tradicional. La densidad de
población en los alrededores de Nazareth (corregimiento de Uribia),
por ejemplo, es mayor que en las otras áreas de la península. Otras
zonas de alta densidad de población Guajira están ubicadas en los
alrededores de Uribia, la Serranía de Jala'ala y en las sabanas de
Wopu'müin, en los municipios de Maicao y Manaure.
La dinámica de poblamiento de este grupo étnico es matrilocal
y se caracteriza por asentamientos basados en la ranchería o
Piichipala. Las rancherías están formadas por varios ranchos de una
planta habitados por familias extensas. El sistema de rancherías
alberga unidades familiares de parientes uterinos, conformando un
grupo de residencia definido por un corral colectivo, huertas, un
cementerio, algunas tienen un molino para bombear agua o jagueyes
(pozos artificiales) y casimbas (presas en los lechos de los ríos) para
almacenar el agua; una red estrecha de cooperación y el derecho de
acceso a una fuente de agua local.
Economía
La pesca artesanal y el pastoreo constituyen dos sectores
tradicionales de la economía. Dadas las condiciones de sus tierras,
los wayúu desarrollan una economía mixta, basada en la cría y
pastoreo de ganado caprino y vacuno (caballar) combinada con una
horticultura especializada de maíz, fríjol, yuca, auyama, pepinos,
melones y patilla, además de actividades como la caza. Además de
ser parte de la base alimenticia y objeto de intercambio, el ganado -
especialmente los chivos - tiene un significado cultural que lo erige
en símbolo de poder, estatus y prestigio. Las familias indígenas
ubicadas en la costa occidental y que dependen mayoritariamente de
la pesca, conservan celosamente sus derechos a ésta. Cada huerta es
propiedad de un hombre y éste asigna a sus hijos el derecho a
utilizar secciones del terreno. Cada hombre cultiva su parcela
asistido por su mujer. La explotación de sal en Manaure también es
otra fuente de subsistencia, la cual se hace de manera mecanizada o
artesanal; en esta última, participa principalmente un indígena
utilizando "charcas", de las que saca dos cosechas anuales.
Gastronomía
La gastronomía del pueblo Wayuu, originario del norte de
Colombia y parte de Venezuela, es una expresión viva de su
identidad, su conexión con la naturaleza y su capacidad de
adaptación al árido paisaje de La Guajira. Su cocina tradicional ha
sido moldeada por generaciones a partir de los recursos disponibles
en su entorno desértico: el maíz, el chivo, los frutos del cactus, el
pescado y el mar, combinados con una forma de vida comunitaria,
espiritual y respetuosa con la tierra.
Uno de los platos más representativos es el friche, una
preparación a base de carne de chivo cocinada en su propia sangre y
grasa, acompañada de ajo, cebolla y sal. Esta receta ancestral es un
símbolo de celebración y respeto, presente en rituales, reuniones
familiares y ocasiones importantes. También es común el chivo
guisado o asado, sazonado con ingredientes locales y preparado con
lentitud y cuidado, como lo han hecho por siglos. En las
comunidades cercanas al mar Caribe, el pescado seco es una fuente
importante de alimento; se sala y seca al sol para luego freírse o
prepararse en guisos. La mazamorra de maíz, espesa y nutritiva, es
parte fundamental de la dieta diaria, al igual que las arepas y los
bollos de maíz, elaborados de forma artesanal sobre piedras
calientes.
En ciertas zonas también se preparan sopas tradicionales con
carne de iguana o conejo, dependiendo de la temporada y las
condiciones naturales. Estos platos reflejan no solo creatividad en la
cocina, sino también una profunda relación con el entorno y la fauna
local.
Las bebidas tradicionales también tienen un lugar importante
dentro de la cultura Wayuu. El chirrinchi es una bebida alcohólica
artesanal hecha con caña de azúcar fermentada, utilizada tanto en
celebraciones como en rituales espirituales, donde tiene un valor
simbólico. Otra bebida destacada es el jugo de iguaraya, fruto del
cactus típico del desierto, que ofrece un sabor refrescante y
propiedades hidratantes. La chicha de maíz, fermentada o dulce, es
otra bebida ancestral que se sirve fría en ocasiones especiales.
Además, el agua de panela con limón, preparada con ingredientes
sencillos, ayuda a refrescar el cuerpo en medio del calor guajiro.
En cuanto a los dulces, también existe una variedad que refleja
la creatividad y la sabiduría culinaria Wayuu. El dulce de iguaraya
se elabora con el fruto del cactus y se presenta en forma de
mermelada o jalea espumosa. También preparan dulce de leche de
cabra, parecido al arequipe, cocinado lentamente hasta lograr una
textura espesa y cremosa. La mazamorra dulce, una variante de la
versión salada, lleva azúcar y a veces coco, y es consumida como
postre. Incluso algunas frutas, como el dividivi o el guayabo, se
deshidratan y endulzan para conservarse por más tiempo y
disfrutarse como golosina natural.
La cocina Wayuu es mucho más que el acto de alimentarse. Es
una herencia transmitida con amor y sabiduría por las mujeres
mayores, quienes enseñan a las nuevas generaciones no solo las
recetas, sino también el valor de agradecer a la tierra y compartir
con la comunidad. Preparar y servir comida es un acto espiritual,
lleno de significado, que conecta a las personas entre sí y con sus
raíces. En cada plato se encuentra una historia, una enseñanza y un
acto de resistencia cultural que sigue vivo pese al paso del tiempo.
Artesania
La artesanía Wayuu es mucho más que simples productos; son
expresiones de una cultura ancestral, transmitidas de generación en
generación. Cada tejido, cada color y cada diseño cuentan una
historia única del pueblo Wayuu, una comunidad indígena que ha
sabido conservar sus tradiciones a lo largo del tiempo.
Si buscas una pieza auténtica, vibrante y con un significado
profundo, aquí encontrarás mochilas, hamacas, sombreros, manillas
y otros accesorios, todos elaborados a mano con técnicas
tradicionales. Cada creación es única, reflejando la identidad y
cosmovisión de sus artesanos.
• Mochilas Wayuu:
Las icónicas mochilas Wayuu son mundialmente reconocidas
por sus tejidos coloridos y su resistencia. Elaboradas con hilo de
algodón, cada mochila puede tardar hasta 30 días en completarse, ya
que se tejen a mano con paciencia y dedicación. Son perfectas para
quienes buscan un accesorio auténtico y funcional.
Según cuenta la leyenda, Wale’ Kerü era una araña tejedora
que podía tejer fajas y chinchorros enteros en una noche. Y las
personas de la comunidad le preguntaron como las había hecho y
Wale’ Kerü decidió enseñarle a una sola mujer. Quien le dijo a las
otras mujeres de la comunidad que la araña les enseñaría a tejer si
ellas le daban una burro o una cabra, y así lo hicieron.
La historia tambien cuenta que Wale’ Kerü se anamoró de un
Wayuú, se fugó con el, y la madre del enamorado le dio algodón a la
araña para que pudiera tener material para tejer. Esta se comió todo
el algodón y de su boca empezó a salir el hilo listo para tejer. Con el
paso del tiempo, Wale’ Kerü le empezó a enseñar a las jóvenes de la
comunidad a tejer, pero les pedía que pusieran mucha atención y que
no se distrajeran, porque ella no podía estar siempre enseñando.
Y así es como el tejido se transformó para el pueblo Wayúu en
mas que una práctica cultural y una herencia ancestral, sino en una
forma de concebir y expresar la vida.
• Hamacas wayuu:
Las hamacas tejidas por los Wayuu son símbolo de descanso y
conexión con la naturaleza. Sus diseños reflejan el paisaje de La
Guajira y la cosmovisión de su pueblo. Cómodas, resistentes y
tejidas con fibras naturales, son ideales para darle un toque especial
a tu hogar.
• Sombreros Wayuu:
Elaborados con palma de Iraca y decorados con coloridos
tejidos, los sombreros Wayuu combinan arte, tradición y
funcionalidad. Son una excelente opción para protegerse del sol con
estilo.
El sombrero wayúu –o uwomü– es uno de esos accesorios
coloridos que han ganado protagonismo en las últimas décadas al
lado de las célebres hamacas, mantas y mochilas, sin embargo, su
uso generalizado es relativamente reciente.
En las descripciones de jefes wayúu de principios del siglo
XX, el sombrero casi nunca aparece aunque sí forma parte de la
indumentaria del palabrero –o putchipüu– quien gana a través de él
un grado de distinción.
A lo largo del siglo XX, y sobre todo a finales, el sombrero
gana en presencia en el seno de la comunidad y aparece en la cabeza
de hombres y mujeres, primero adornado de una cintilla de iraca, y
después con los colores extraídos de la pintura de aceite (cruzados
de rojos, azules, amarillos y verdes).
Una de los grandes intereses del sombrero es el reflejo de una
clara división del trabajo dentro de las costumbres wayúu. El
sombrero uwomü es –junto con las guaireñas, el calzado típico– uno
de los adornos elaborados exclusivamente por los hombres. Las
otras (mochilas, pulseras, chinchorros, hamacas y mantas) son
dominio de las mujeres quienes en grupos generacionales se
encargan de mantener vivas estas tradiciones.
La técnica empleada en la elaboración del sombrero se llama
comúnmente la técnica de “sarga” o tejido en diagonal con hilos
planos o cintillas de paja de isii o mawisa. Los colores también
tienen su importancia, dos suelen predominar: el crudo natural de la
fibra con la cual se teje y un color negro, aunque últimamente, el uso
de colorantes y pintura de aceite ha favorecido la incorporación de
otros colores no tradicionales como el rojo, amarillo verde y azul.
El sombrero wayúu se compone de tres partes muy
diferenciables:
(1) la base de la copa que representa un círculo de textura
plana,
(2) el “cuerpo” de la copa en forma de cilindro, y
(3) el ala que tiene una extensión variable y sobre el cual se
aprecian dibujos en relieve.
Más allá de estos datos técnicos, el sombrero wayúu alude a un
estilo de vida y un trabajo minucioso donde la calidad es un
elemento fundamental. Elaborar un sombrero siguiendo las
costumbres tradicionales requiere habitualmente un día de trabajo.
Por eso, su fama y longevidad son incuestionables.
• Pulseras y accesorios:
Los pequeños detalles también cuentan. Las pulseras y collares
Wayuu son perfectos para quienes desean llevar un pedazo de la
cultura indígena en su día a día. Diseñados con patrones geométricos
llenos de simbolismo, cada accesorio tiene una historia detrás.
Vestuario
La apariencia física de los Wayuu es la típica de las razas
amerindias: pelo lacio, negro y grueso, escasa vellosidad del cuerpo,
ojos rasgados y pómulos salientes. Entre los Wayuu se encuentran
ya muchos trazos de mestizaje racial, y entre las mujeres entre
palidez o blancura de la piel es muy apreciada como símbolo de
belleza.
En cuanto al vestido los hombres utilizan un "guayuco" o
taparrabo corto amarrado con una banda estrecha de la cual cuelgan
unas borlas con fines de adorno, una mochila corta y un cuchillo. El
torso lo visten con una camisa de blanco, usan sombrero de fieltro y
calzan sandalias de cuero sin adornos. Lo Wayuu comienzan a sentir
vergüenza y pena de usar el guayuco, por que este empieza a ser
reemplazado por los pantalones al estilo del blanco.
Las mujeres llevan pañoletas de colores vivos en la cabeza y
visten un atuendo largo que llega hasta el suelo y es muy holgado,
llamado "manta". En los pies llevan sandalias de cuero adornadas
con grandes borlas de colores que representan o simbolizan el nivel
socioeconómico de la mujer que las lleva.
Sobre el pecho lucen collares de cuentas arqueológicas
llamados "tumas". Estos collares tienen un gran valor emocional y
mágico, y pasan con gran cuidado como herencia de madres a hijas
y de generación en generación. Con frecuencia las mujeres usan una
decoración en la cara y en los brazos a base de colorantes de origen
vegetal. Esta decoración facial representa a veces la pertenencia de
casta de la mujer
Peinado
La historia de los peinados wayuu es mucho más que una
cuestión de estética: es un lenguaje silencioso que habla de quién
eres, de dónde vienes y en qué momento de tu vida te encuentras.
Para las mujeres del pueblo Wayuu, cada trenza y cada forma que
toma su cabello guarda un significado profundo, lleno de tradición y
sabiduría ancestral.
Desde pequeñas, las niñas wayuu van aprendiendo que su
cabello es sagrado. No solo es parte de su cuerpo, sino también una
forma de expresión cultural. Cuando una niña entra en la
adolescencia, pasa por un rito importante llamado encierro, donde
aprende sobre su rol como mujer en la comunidad. Al salir, uno de
los primeros símbolos de su transformación es su peinado: un
trenzado especial que muestra al mundo que ha crecido.
Los peinados varían según el estado civil, la edad y hasta la
responsabilidad que se tiene dentro de la comunidad. Por ejemplo,
una mujer casada no lleva el mismo peinado que una joven soltera, y
hay trenzados únicos para quienes ya han vivido y guiado a otros,
como las sabias o abuelas.
Muchos de estos peinados llevan nombres que conectan con la
naturaleza y la espiritualidad. Está el Pulowi, que representa a una
mujer guardiana de los sueños, o el Juya, que se asocia con la lluvia
y la fertilidad. El Majayut es uno de los más especiales: lo llevan las
jóvenes que han salido del encierro, como una forma de mostrar que
ahora son mujeres listas para asumir nuevos retos.
Hacer estos peinados es un arte y un acto de amor. Puede
tomar horas, pero ese tiempo también se llena de conversación, de
historias antiguas, de consejos que van pasando de madres a hijas,
de abuelas a nietas. Es un momento íntimo, donde se teje algo más
que el cabello: se tejen los lazos de la memoria y la identidad.
Hoy, aunque muchas jóvenes combinan sus trenzas
tradicionales con estilos modernos, el valor del peinado Wayuu
sigue intacto. Es una manera de decir: “Esto soy yo, esto es mi
cultura, y esto no lo olvido”.
Danza
La Danza Wayuu. Comúnmente llamada danza Chichamaya, la
Yonna es considerada la manifestación folclórica Colombo-
Venezolana más auténtica, pues simboliza el enorme patrimonio
cultural albergado por la etnia wayúu.
Es un rito comportamental de múltiples connotaciones
simbólicas que mantiene dentro de la cultura guajira tres atributos
esenciales: búsqueda del equilibrio social, solidaridad colectiva y
relación entre el cosmos y el hombre. Básicamente los wayúu se
reencuentran a través de este baile que consolida y perpetúa sus
tradiciones.
La yonna es la danza tradicional de los indígenas wayuu, que
guarda en sus pasos el legado de un pueblo milenario lleno de
riqueza cultural.
“La yonna significa bailar o danzar y hace parte de nuestra
identidad cultural como pueblo indígena wayuu, es el legado de
nuestros ancestros”, relató Geily Solano, bailarina del resguardo
Mayabangloma, ubicado en Fonseca, La Guajira.
Tiene diversos motivos para bailarla, los cuales están
relacionados con la espiritualidad de esta población indígena y van
desde celebraciones, hasta pagamentos.
“Se danza cuando es la salida de una majayut (la
transformación de una niña indígena a señorita), cuando estamos
felices, cuando hay algún evento importante, para recibir una visita y
también cuando hay revelación de sueños”, contó la joven wayuu.
El color rojo, intenso y vibrante es protagonista del baile típico
con el que los indígenas wayuu le rinden homenaje a sus ancestros.
La mujer usa una manta roja con un velo del mismo color, mientras
que el hombre lleva por atuendo un ‘wayuuco’ (traje típico usado
por los hombres wayuu).
“La sangre para nosotros es sagrada, por eso nos vestimos de
rojo cuando bailamos, como símbolo de nuestro sentido de
pertenencia hacia nuestra sangre y el valor que tiene para nosotros”,
explicó.
Los pasos que se hacen en esta danza representan un coqueteo,
una especie de conquista que enaltece a la mujer, como símbolo de
la madre naturaleza.
“La mujer danza hacia adelante mostrando su poderío,
emprendimiento y sabiduría; el hombre danza hacia atrás
demostrando el respeto hacia ella”, expresó.
La kasha: instrumento para el baile
La yonna se baila al ritmo de la kasha, instrumento que para el
pueblo wayuu representa lo que para la cultura occidental es el
tambor.
“Es nuestra música, también representa nuestra identidad
cultural. Se utiliza para que podamos transmitir ese sentimiento que
queremos a través de la danza”, señaló Geily.
La kasha está hecha de tronco de árbol, principalmente de
pino, ceiba o volador, y lleva en sus extremos cuero de chivo o tiras
de piel de vaca, que provocan el efecto de redoblante.
Procesos de formación en danza
Actualmente, en el resguardo indígena de Mayabangloma, se
desarrollan varios procesos de formación en danza, que buscan
conservar las tradiciones de sus ancestros. Geily es una de las líderes
que, a través de su grupo de danzas denominado ‘Somos dancistas’,
busca preservar el legado cultural del pueblo wayuu.
“Nació hace unos cuatro años, somos mujeres muy entregadas,
maduras, que nos encanta lo que hacemos y que buscamos conservar
nuestras tradiciones y cultura”, indicó.
La cultura wayuu es parte fundamental del turismo en La
Guajira y una de sus representaciones más importantes es el baile de
la yonna, que se danza en las rancherías como parte de la oferta
turística de las agencias de viaje del departamento.
Lengua
Los Wayúu son en su mayoría bilingües, aunque una fracción
de ellos en la Media y Alta Guajira es monolingüe. Su idioma
autóctono, de la familia lingüística Arawak, cuenta con dos formas
dialectales que no impiden la comunicación entre quienes las
hablan: el wayuunaiki "arribero" (o de la Alta Guajira), y el
"abajero" (o de la Baja Guajira).
En cuanto al estado de la lengua nativa, un 85,25% de
hablantes (230.514 personas) sobre el total poblacional evidencian
un alto grado de pervivencia. Las mujeres representan la mayoría en
este indicador con el 51,14% (117.894 personas).
Religión
Para el pueblo Wayuu, la espiritualidad no está encerrada en
templos ni en libros sagrados. Está en el viento que sopla desde el
desierto, en los sueños que llegan por las noches y en los susurros
que dejan los abuelos cuando parten. Su forma de ver el mundo es
profundamente espiritual, conectada con la naturaleza, los ancestros
y todo lo invisible que guía sus pasos.
Desde pequeños, los Wayuu aprenden que hay tres mundos: el
de los vivos, donde se teje la vida día a día; el de los sueños, donde
se reciben mensajes importantes; y el de los muertos, un lugar
sagrado donde descansan los espíritus y que muchos ubican en Cabo
de la Vela, un sitio mágico lleno de memoria.
Soñar, para ellos, no es solo dormir. Es entrar en otro plano,
donde los antepasados pueden hablar, advertir o enseñar. Por eso,
los sueños se respetan y se escuchan con atención. Hay personas
sabias, llamadas piache, que tienen el don de entenderlos y también
de curar el alma y el cuerpo a través de rituales, plantas y palabras
ancestrales.
Entre sus seres espirituales más importantes está Maleiwa,
quien dio origen a los Wayuu y al mundo. También están Pulowi y
Juya, espíritus poderosos del viento y la lluvia, que protegen,
castigan o bendicen, según la forma en que se viva en armonía con
la tierra. Y no podemos olvidar a Walekerü, esa figura mítica con
forma de ave que, según cuentan, enseñó a las mujeres a tejer… y
desde entonces, el tejido es también una forma de oración.
Cuando un Wayuu muere, su alma no se va del todo. Primero
es enterrada, pero pasado un tiempo, su cuerpo se desentierra, se
limpia y se vuelve a enterrar en una ceremonia íntima y llena de
respeto. Solo entonces su espíritu puede descansar en paz. Es un
acto de amor y de conexión con lo eterno.
Hoy en día, muchos Wayuu han adoptado el catolicismo, y
celebran fiestas religiosas o se casan por la iglesia. Pero en su
corazón, su espiritualidad ancestral sigue viva. Siguen escuchando a
la tierra, respetando a los muertos, soñando con los ojos del alma.
Ritos fúnebres
Los huesos del difunto se colocan en una urna funeraria y las
mujeres deben bañar al difunto. Se realizan dos entierros.
Los ritos funerarios de la cultura wayuu son complejos y están
llenos de simbolismo, centrados en la creencia de que el alma
(aa'inse) viaja a Jepirra, un lugar espiritual, tras la muerte. Estos ritos
no solo marcan el duelo por la pérdida física, sino que también
facilitan la transición del difunto a su nueva vida en Jepirra, donde
se reunirá con sus antepasados.
Etapas principales de los ritos funerarios wayuu:
1. El primer velorio (Alapajaa):
Se realiza en la casa familiar, donde se prepara el cuerpo y se
le visten sus mejores pertenencias.
Se sacrifican animales (vacas, cabras, ovejas) para el consumo
de los asistentes y para acompañar al difunto en su viaje.
Los familiares y allegados se reúnen, lloran, cantan y
comparten alimentos y bebidas.
Se vela al difunto durante varios días, y se le dedica tiempo
para el recuerdo y la reflexión.
Es un momento de unión familiar y comunitaria, donde se
fortalecen los lazos entre los parientes.
2. El entierro (E'kaa):
El cuerpo es llevado al cementerio, acompañado por los
dolientes.
El entierro se realiza en una fosa común o bóveda, y se despide
al difunto con disparos al aire.
Los wayuu creen que el difunto no debe ser abandonado
rápidamente, para que su espíritu no se sienta solo y pueda encontrar
la paz.
3. El segundo velorio o exhumación:
Después de varios años, se realiza una exhumación de los
huesos del difunto.
Este rito es planificado con anticipación y puede durar varios
días.
Se repite el proceso de velorio, sacrificando animales y
compartiendo alimentos y bebidas.
Los huesos son limpiados, recogidos y guardados en un cofre o
urna.
Este rito marca la última despedida del difunto y su partida
definitiva a Jepirra.
Bibliografía
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