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Documento Final PRECOP30

El documento cierra la 'Agenda Ambiental Latinoamericana', destacando la importancia de la justicia climática y social en el contexto de la próxima COP30 en Belém. Se enfatiza la necesidad de un financiamiento climático justo, la participación activa de la ciudadanía y una gobernanza inclusiva para enfrentar la crisis climática. Además, se critica el negacionismo climático del Gobierno Nacional de Argentina y se llama a construir un modelo de desarrollo que priorice el bienestar de los pueblos.

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Documento Final PRECOP30

El documento cierra la 'Agenda Ambiental Latinoamericana', destacando la importancia de la justicia climática y social en el contexto de la próxima COP30 en Belém. Se enfatiza la necesidad de un financiamiento climático justo, la participación activa de la ciudadanía y una gobernanza inclusiva para enfrentar la crisis climática. Además, se critica el negacionismo climático del Gobierno Nacional de Argentina y se llama a construir un modelo de desarrollo que priorice el bienestar de los pueblos.

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Texto Final

Documento de Cierre – PRECOP30 Buenos Aires


Camino a Belém: una voz latinoamericana hacia la justicia climática global

Queridas y queridos participantes:

Con enorme gratitud llegamos al cierre de la “Agenda Ambiental Latinoamericana”, un espacio de


diálogo, construcción colectiva y compromiso, en el camino hacia la próxima Conferencia de las
Partes que se celebrará en noviembre en Belém do Pará, el corazón del Amazonas.

Durante estos días compartimos ideas, experiencias y propuestas en torno a los grandes desafíos
que nos plantea la crisis climática, con una mirada profundamente latinoamericana y el compromiso
firme de defender la justicia ambiental y social. Desde el Ministerio de Ambiente de la Provincia de
Buenos Aires impulsamos este encuentro con la certeza de que la acción climática no puede seguir
esperando, y con la convicción de que los territorios deben tener un rol central en la transformación
que necesitamos. Construimos propuestas junto a la comunidad científica, líderes políticos,
representantes del sector privado y organizaciones sociales, dialogando sobre temas tan
importantes como la transición energética, el modelo de producción de alimentos, la educación
ambiental, la gestión del riesgo frente al cambio climático y el rol clave de las juventudes, las
universidades, los pueblos originarios y la comunidad organizada. También hablamos de cómo
garantizar que las transformaciones necesarias no repitan la lógica extractivista que nos trajo hasta
acá, sino que reparen, distribuyan y democraticen.

La crisis climática no impacta a todas las personas ni a todos los territorios por igual. Por el
contrario, profundiza desigualdades estructurales que ya están presentes en nuestras ciudades, en
nuestros sistemas productivos, en nuestra salud, en nuestra seguridad alimentaria y en nuestra vida
cotidiana. Por eso, uno de los grandes desafíos de la agenda climática es lograr que los países con
mayor responsabilidad histórica reconozcan y asuman su deuda ecológica con el Sur Global. Eso
implica garantizar un financiamiento climático justo, accesible y no condicionado, promover la
transferencia de tecnología, y brindar un apoyo real a las políticas de adaptación y transición,
poniendo en el centro a quienes más lo necesitan.

Miramos hacia la COP30 con esperanza y responsabilidad. No será una cumbre más: marcará los diez
años del Acuerdo de París y los veinte del Protocolo de Kioto. También se cumplen diez años de la
Encíclica Laudato Si’ del Papa Francisco, un hito en el pensamiento ambiental contemporáneo que
convoca a una ecología integral desde una perspectiva de justicia social y popular.

Pero no se puede hablar de justicia climática sin hablar de democracia. En toda América Latina
asistimos a un fenómeno alarmante: el avance del lawfare, que busca proscribir liderazgos populares
y bloquear proyectos políticos transformadores. En Argentina, la reciente condena judicial a Cristina
Fernández de Kirchner es uno de los casos más emblemáticos de este tipo de persecución. Lo mismo
ocurrió en Brasil con Lula, en Ecuador con Correa, en Paraguay con Lugo. No se trata solo de
nombres propios: cuando se ataca la voluntad popular se debilita la capacidad de nuestros pueblos
de decidir sobre su destino y construir caminos de justicia social y ambiental.

En este contexto, la crisis climática nos convoca a repensar los caminos de la integración regional en
clave ambiental, y desde América Latina tenemos la oportunidad histórica de construir un frente
ambiental latinoamericano que una nuestras demandas:

1
➔​ El financiamiento climático debe ser justo, equitativo y con acceso directo para los gobiernos
locales y subnacionales, que son quienes implementan en el territorio las políticas climáticas.

➔​ La transición ecológica debe ser una transición justa, que no deje a nadie afuera, que
garantice trabajo digno, soberanía energética y alimentaria.

➔​ Es necesaria la participación activa de la ciudadanía, las juventudes, las comunidades


campesinas y los pueblos originarios, pero también del conocimiento científico y tecnológico
de nuestra región.

➔​ La nueva etapa de las negociaciones debe estar marcada por una gobernanza climática más
inclusiva y transparente, con mecanismos efectivos de rendición de cuentas y cumplimiento.

➔​ Y la acción climática debe ser, sin dudas, la puerta hacia un nuevo modelo de desarrollo: más
justo, más resiliente, más humano.

Desde la Provincia de Buenos Aires sostenemos ese compromiso con convicción, pero también con
la certeza de que podríamos hacer mucho más si contáramos con una política ambiental nacional
acorde a la gravedad del contexto. Porque mientras en la Provincia de Buenos Aires trabajamos
todos los días para enfrentar la crisis climática, el Gobierno Nacional niega su existencia, desfinancia
organismos clave y desarma normativas que costaron años de construcción colectiva. El
negacionismo climático que impulsa el Gobierno de Milei forma parte de una batalla cultural más
amplia sobre qué modelo de sociedad queremos construir.

También sabemos que ningún esfuerzo local o subnacional alcanza si no está acompañado de
compromisos globales reales. La transformación que el planeta necesita requiere recursos, voluntad
política y cooperación multilateral efectiva. Este encuentro fue la expresión concreta de que existe
un ambientalismo popular latinoamericano, con ideas y con voluntad de transformación.

Nos llevamos un mandato: hacer oír nuestra voz en Belém. Construir un modelo de desarrollo
compatible con el buen vivir de nuestros pueblos no es una opción: es una responsabilidad ética y
política.

Porque no hay justicia climática sin justicia social. Porque no hay futuro posible si no es con la gente
adentro. Desde el Sur también marcamos el camino.

Gracias. Sigamos construyendo juntos todos y todas.

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