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N DE LAS
SETENTA
SEMANAS
DE DANIEL
ANTECEDENTES HISTORICOS QUE DIERON ORIGEN A LA
REVELACION DE LAS SETENTA SEMANAS DE DANIEL
El contexto de este pasaje es la conciencia de Daniel sobre la profecía
de Jeremías de que la desolación de Jerusalén a manos de los babilonios
terminaría después de setenta años (Dan.9: 2, ver Jeremías 25:12,
29:10). Levítico 25 ordenaba que cada séptimo año el pueblo de Israel
tenía que descansar la tierra. Pero en setenta ocasiones Israel no
observó un reposo sabático para la tierra. El cautiverio de Babilonia de
setenta años fue la forma en que Dios le dio a la tierra el descanso que
deseaba que tuviera. Cuando Daniel contempló la profecía de Jeremías,
oró en nombre de su pueblo pecador, Israel (Daniel 9:3-19). El ángel
Gabriel luego vino a Daniel y transmitió una visión sobre el futuro de
Israel.
La referencia que Daniel hace a “los libros” es con relación a las
profecías que Dios dio a través de Jeremías. La profecía de la cual
hablaba Daniel era específicamente una que se dio en Jerusalén justo
antes de la invasión de Babilonia y que luego se repetiría a través de
una carta enviada desde Jerusalén a los cautivos en Babilonia (Jeremías
25:1-11; 29:1-10).
Esta profecía predijo que “esta tierra será puesta en ruinas y en
espantos” y que los judíos “servirán estas naciones al rey de Babilonia
setenta años” (Jeremías 25:11). Después de que se completaran los 70
años en Babilonia, Dios les dijo que Él iba “haceros volver a este lugar
(Jerusalén)” (Jeremías 29:10).
Esta profecía tenía dos componentes: la “desolación” de la Tierra y el
hecho de que los judíos tendrían que servirle “al rey de Babilonia
setenta años” (Jeremías 25:11). Cada componente parece haberse
cumplido con muy poca diferencia, incluso superponiéndose, en
períodos de 70 años.
Los 70 años de desolación de la Tierra se pueden calcular como el
tiempo entre la destrucción del templo por parte de los babilonios —que
de hecho sí fue una desolación para la ciudad de Jerusalén— y la
reconstrucción del templo. La cautividad del pueblo judío, que duró 70
años, comenzó antes de la destrucción del templo con la primera
deportación de judíos hacia Babilonia y terminó con el decreto de Ciro
que le permitía a los judíos volver a Jerusalén.
Fechas para los 70 años
La primera deportación de judíos hacia Babilonia (en la que estaban
incluidos Daniel y sus amigos Sadrac, Mesac y Abed-Nego) empezó los
70 años de cautividad. Los comentarios bíblicos indican que esto
ocurrió entre 607 y 605 a.C. Varias fuentes dicen que el regreso de los
judíos a Jerusalén ocurrió entre 539 y 536 a.C.
Con relación al periodo de la destrucción del templo y su
reconstrucción, las fechas más citadas son de 586 o 585 a 516 o 515
a.C. Aunque citar años exactos es difícil, los que comúnmente se citan si
se ajustan a los 70 años profetizados.
¿Por qué 70 años de castigo?
Esta profecía de castigo vino sobre el pueblo de Judá por no obedecer
las leyes de Dios. Jeremías le explicó al pueblo de Judá: “Desde el año
trece de Josías hijo de Amón, rey de Judá, hasta este día, que son
veintitrés años, ha venido a mí palabra del Eterno, y he hablado desde
temprano y sin cesar; pero no oísteis. Y envió el Eterno a vosotros todos
sus siervos los profetas, enviándoles desde temprano y sin cesar; pero
no oísteis, ni inclinasteis vuestro oído para escuchar” (Jeremías 25:3-4).
Los pecados de Judá incluían actos malvados e idolatría (vv. 5-7). Con
respecto a los 70 años de castigo, Dios pudo haber escogido este
periodo de tiempo ya que coincidía aparentemente con el número de
veces que el pueblo de Judá quebrantó el mandamiento de Dios de dejar
descansar la tierra cada siete años (Levítico 25:1-7; Levítico 20:22;
Levítico 26:33-:35; 2 Crónicas 36:20-21).
El papel de Daniel en el castigo de los 70 años
En Daniel 1:21 se explica que: “Y continuó Daniel hasta el año primero
del rey Ciro” —y ese fue el año en el que el rey Ciro proclamó que los
judíos podían volver a Jerusalén y reconstruir el templo. El año de este
anuncio marcó el fin de los 70 años de cautividad para los judíos, así
como Dios lo profetizó a través de Jeremías.
Esta escritura nos cuenta que Daniel vivió en Babilonia durante los 70
años de cautividad de los judíos. Él vivió para ver la caída del imperio
babilónico y el surgimiento repentino del imperio Medo-Persa con Ciro,
su primer gobernante.
Uno de los primeros actos de Ciro fue emitir un decreto permitiéndoles
a los judíos que se fueran de Babilonia. Esdras registra este alegre
acontecimiento para los judíos de la siguiente manera: “En el primer
año de Ciro rey de Persia, para que se cumpliese la palabra del Eterno
por boca de Jeremías, despertó el Eterno el espíritu de Ciro rey de
Persia, el cual hizo pregonar de palabra y también por escrito por todo
su reino, diciendo: Así ha dicho Ciro rey de Persia: el Eterno el Dios de
los cielos me ha dado todos los reinos de la tierra, y me ha mandado
que le edifique casa en Jerusalén, que está en Judá. Quien haya entre
vosotros de su pueblo, sea Dios con él, y suba a Jerusalén que está en
Judá, y edifique la casa al Eterno Dios de Israel (él es el Dios), la cual
está en Jerusalén” (Esdras 1:1-3).
Es interesante saber que Dios anuncio el nacimiento de Ciro y lo que
haría, con 150 años de antelación. Dios, dijo a través del profeta Isaías:
“Así dice el Eterno a su ungido, a Ciro, al cual tomé yo por su mano
derecha, para sujetar naciones delante de él y desatar lomos de reyes;
para abrir delante de él puertas, y las puertas no se cerrarán: Yo iré
delante de ti, y enderezaré los lugares torcidos; quebrantaré puertas de
bronce, y cerrojos de hierro haré pedazos; y te daré los tesoros
escondidos, y los secretos muy guardados, para que sepas que yo soy el
Eterno, el Dios de Israel, que te pongo nombre. Por amor de mi siervo
Jacob, y de Israel mi escogido, te llamé por tu nombre; te puse
sobrenombre, aunque no me conociste” (Isaías 45:1-4).
Antes del castigo que traería sobre los descendientes de Jacob —el
pueblo de Judá— Dios había previsto la persona que llegaría al poder y
liberaría de la cautividad a los judíos.